8 de diciembre, Inmaculada Concepción
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Celebramos hoy la Solemnidad de la inmaculada Concepción de María. En medio
de este tiempo de Adviento, mientras esperamos la venida del Señor, la
contemplamos a ella, la muchacha sencilla de Nazaret, escogida por Dios, llena de
su gracia, liberada del pecado, para ser la madre del Salvador. Y las maravillas
obradas por Dios en María se convierten en un anuncio de su amor también hacia
nosotros.
Comencemos nuestra celebración poniéndonos en silencio ante el señor. Pídamele
que descienda sobre nosotros su gracia, su amor, su perdón.
- Tú, el hijo de maría, el Hijo de Dios - Señor ten piedad
- Tú, que vienes a visitar a tu pueblo con el don de la paz – Cristo ten piedad
- Tú, que vienes a salvarnos – Señor ten piedad
Homilía 1
Hoy celebramos esta fiesta tan entrañable de la Virgen Inmaculada. Es la solemnidad de
la Concepción Inmaculada de la bienaventurada Virgen María, que realmente llena de
gracia y bendita entre todas las mujeres, en previsión del nacimiento y de la muerte
salvadora del Hijo de Dios, desde el mismo primer instante de su Concepción fue
preservada de toda culpa original, por singular privilegio de Dios. Todos nos sentimos
felices y gozosos al contemplar este gran misterio de amor que Dios nos ha regalado.
Tenemos una Madre que nos abraza y nos guía para que seamos fieles y buenos hijos de
Dios.
María Inmaculada es la llena de gracia, porque acepta a Dios en plenitud. “Alégrate,
María, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lc 1,28). No
se afirma a sí misma. Deja que haga Dios su obra en ella. La Inmaculada es obra de Dios
y su gracia. A través de ella nos llega la salvación en Cristo y la salvación del mundo no
es obra humana, sino que viene de la gracia.
Lo expresa y comenta muy bien el papa Benedicto XVI hablando de María: “¿Qué
significa la palabra Gracia? Gracia quiere decir el Amor en su pureza y belleza; es Dios
mismo tal como se ha revelado en la historia de salvación narrada en la Biblia y
enteramente en Jesucristo. María es llamada la ‘llena de gracia’ (Lc 1,28), y con esta
identidad nos recuerda la primacía de Dios en nuestra vida y en la historia del mundo;
que el poder del amor de Dios es más fuerte que el mal y puede colmar los vacíos que el
egoísmo provoca en la historia de las personas y del mundo. Estos vacíos pueden
convertirse en infiernos donde es como si la vida humana fuera arrastrada hacia abajo y
hacia la nada, privada de sentido y de luz…”
María Inmaculada es la expresión más hermosa de la alegría. Es el mismo papa
Benedicto XVI que va enumerando cómo María es esta expresión tan hermosa: “Esa
alegría auténtica que se difunde en el corazón liberado del pecado. El pecado lleva
consigo una tristeza negativa que induce a cerrarse en uno mismo. La gracia trae la
verdadera alegría, que no depende de la posesión de las cosas, sino que está enraizada
en lo íntimo, en lo profundo de la persona y que nadie ni nada pueden quitar. El
cristianismo es esencialmente un Evangelio, una alegre noticia, aunque algunos piensan
que se opone a la alegría porque ven en él un conjunto de prohibiciones y reglas. En
realidad, el cristianismo es el anuncio de la victoria de la gracia sobre el pecado, de la
vida sobre la muerte. Y si comporta renuncias y una disciplina de la mente, del corazón
y del comportamiento, es precisamente porque en el hombre existe la raíz venenosa del
egoísmo, que le hace daño a él mismo y a los demás.
Así que es necesario aprender a decir no la voz del egoísmo y a decir sí a la del amor
auténtico. La alegría de María es plena, pues en su corazón no hay sombra de pecado.
Esta alegría coincide con la presencia de Jesús en su vida: Jesús concebido y llevado en
el seno, después niño confiado a sus cuidados maternos, luego adolescente, joven y
hombre maduro; Jesús a quien ve partir de casa, seguido a distancia con fe hasta la cruz
y la resurrección: Jesús es la alegría de María y alegría de la Iglesia, de todos nosotros”.
Preparemos este Adviento con María y vivamos la Navidad poniéndonos ante el Niño
Dios con la alegría de sentirnos amados y con la respuesta gozosa a su amor. “Todo lo
que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María
engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y,
de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas
de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado”
¡Virgen Inmaculada ampáranos, ayúdanos y concédenos vivir en el Amor de Hijo
Jesucristo para que un día participemos del Reino Eterno!
Homilía 2
Un día más para pensar y reflexionar sobre la importancia de María, la Virgen, Madre
de Dios, en nuestra vida. Al comienzo del año litúrgico, cuando preparamos para recibir
a Dios encarnado, la Iglesia nos invita pensar sobre María, la Madre de Dios encarnado.
Esta solemnidad nos es presentada como una dulce invitación a fijar nuestra mirada en
María, la llena de gracia y limpia de pecado ya en su misma concepción. Si el camino del
Adviento nos prepara para recibir la Luz sin ocaso que representa y es el Hijo de Dios,
María es la aurora que anuncia el nacimiento de esa Luz: Ella es el modelo acabado
donde poder mirarnos y donde encontrar las actitudes propias de cómo esperar y
acoger al Señor prometido.
¿Porqué María es tan importante para la Iglesia y a mi vida personal? Podemos
encontrar varias respuestas, pero todas las respuestas se basan en sola palabra, la Fe, la
Fe de María, su fe en el altísimo, su fe en su hijo, su fe en la palabra de Dios. María es
madre de Dios y madre de nosotros por su fe, por su fe en el altísimo.
Desde el primer momento que la vemos en el evangelio, desde la visitación del
mensajero divino, hasta el calvario junto con la cruz de su hijo, vemos a una persona
que ha sido fiel a su fe, uno que había cumplido con su promesa, "Hágase en mi según
tu Palabra".
Sabemos que la vida de María, siempre ha sido un verdadero camino al Calvario. Desde
el primer momento hasta el final.
Vemos a una joven confundida ante la inesperada visita del mensajero divino. Las
consecuencias de su SÍ, tendrá que soportar sola en toda su vida. Las experiencias que
tuvo que afrontar junto con su hijo no eran tan agradables para una madre de Dios.
El Novio que piensa abandonarla. La imposibilidad de encontrar un sitio adecuado para
dar la luz al Hijo de Dios. La salida de su patria para salvar la vida de su recién nacido.
La profecía de Simón "la espada atravesará su corazón", se cumple desde el primer
momento de su vida, hasta el momento en que tuvo que ver en su hijo a un Dios
colgado en la cruz.
Escribe San Luca sobre María, "Su madre conservaba estas cosas en su corazón". Es
decir, ella sabía de qué trataba todo, sabía que Dios no va abandonarle nunca, sabía que
su hijo es el Hijo de Dios. Comprendía bien el plan divino, comprendía bien el camino
de Dios, comprendía bien que el camino al Calvario le llevaría hasta la resurrección,
porque confiaba absolutamente en la voluntad divina. Porque fue capaz, a decir al todo
poderoso, "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra".
Pues, hermanos, es la fe de María en el Altísimo que le ayudó a dejarse en manos de
Dios y le hace la Madre de Dios encarnado. Es la misma fe que le ayudó a dar el sí al
mismo Dios; es la misma fe que le llevó desde el Belén hasta el Calvario dónde la
recibimos como madre de cada uno de nosotros. No olvidemos, lo que pone el
evangelista en la boca de Isabel, ¡Bienaventurada la que ha creído que se cumplirían las
cosas que le fueron dichas de parte del Señor!
Por eso creemos que María, Madre del Salvador, es Inmaculada. Para ser la Madre del
Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de una misión tan
importante; así nos enseña la Iglesia.
Es madre de FE, es madre de Esperanza, por eso ella es madre de Dios y también madre
nuestra.
Que así sea.
Homilía 3
Un día más para reflexionar sobre la importancia de María, la Virgen, Madre de Dios, en
nuestra vida. Al comienzo del año litúrgico, cuando preparamos a recibir al Dios
encarnado, la Iglesia nos invita pensar sobre María, la Madre de Dios encarnado. ¿Por
qué María es tan importante para la Iglesia y para la vida personal de un cristiano?
Podemos encontrar varias respuestas, pero todas las respuestas se basan en una sola
palabra, la Fe de María, su fe en el altísimo, su fe en su hijo, el Dios encarnado. María es
madre de Dios y madre de cada uno de nosotros por su fe.
Desde el primer momento que la vemos en el evangelio, el momento de la visitación del
mensajero divino, hasta el calvario junto con la cruz de su hijo, vemos a una persona
que ha sido fiel a su fe, uno que había cumplido su promesa, "Hágase en mi según tu
Palabra".
Sabemos que la vida de María, siempre ha sido un verdadero camino al Calvario. Desde
el primer momento hasta el final. Las consecuencias de su SÍ, tendrá que soportar sola
en toda su vida. Las experiencias que tuvo que afrontar junto con su hijo no eran tan
agradables para una madre de Dios. La profecía de Simón "la espada atravesará su
corazón", se cumple desde el primer momento de su vida, hasta el momento en el que
tuvo que ver en su hijo a un Dios colgado en la cruz.
San Luca habla de María, " Su madre conservaba estas cosas en su corazón”. Es decir,
ella sabía de qué trataba todo, sabía que Dios no va abandonarle nunca, sabía que su
hijo es el Hijo de Dios. Comprendía bien el plan divino, comprendía bien el camino de
Dios, comprendía bien que el camino al Calvario le llevaría hasta la resurrección,
porque confiaba absolutamente en la voluntad divina. Porque fue capaz decir al todo
poderoso, "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su palabra".
Pues, es la fe de María en el Altísimo que le ayudó a dejarse en manos de Dios y le hizo
la Madre de Dios encarnado. Es la misma fe que le ayudó a dar el sí a su Dios; es la
misma fe que le llevó desde el Belén hasta el Calvario dónde la recibimos como madre
de cada uno de nosotros. No olvidemos, lo que dice el evangelista ¡Bienaventurada la
que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!
Para ser la Madre del Salvador, María fue dotada por Dios con dones a la medida de
una misión tan importante; así nos enseña nuestra madre Iglesia. Por eso creemos que
María, Madre del Salvador, es Inmaculada. Es madre de FE, es madre de Esperanza, por
eso ella es madre de Dios y también madre nuestra.
Que Dios nos bendiga.