2.3.
EL SIGLO XVII: LA CRISIS DE LA MONARQUÍA DE LOS AUSTRIAS
En el siglo XVII, la Monarquía Hispánica estuvo gobernada por los Austrias Menores:
Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Estos años fueron un periodo de crisis económica y
política, pero no cultural, ya que el país vivió una etapa de esplendor conocida como el
Siglo de Oro, que coincidió con el arte barroco, con figuras como Velázquez o Zurbarán
en pintura, o Quevedo o Cervantes en literatura .
2.1. La crisis del siglo XVII.
Este siglo comenzó con una grave crisis agrícola provocada por malas cosechas.
Además, hubo un descenso del comercio con América y de los metales preciosos
procedentes de allí. Este hecho provocó que la moneda se devaluara, así que los
precios subieron. Asimismo, hubo un descenso de población por una epidemia de peste
que asoló Castilla y por brotes de enfermedades como la viruela o difteria. En esta crisis
demográfica, también fue clave la expulsión de los moriscos.
2.2. Felipe III (1598–1521).
a) Política interior.
Aparición del valido: el duque de Lerma.
El valido era un aristócrata que gobernaba en nombre del rey con su conformidad.
Felipe III tuvo como valido al duque de Lerma, que usó el poder para enriquecerse.
Incluso trasladó la corte a Valladolid porque él era de allí. Con el tiempo, fue criticado
por no tener proyecto político y por no querer entrar en la guerra de los Treinta Años,
así que fue sustituido en 1618 por el duque de Uceda, su hijo.
La expulsión de los moriscos (1609).
Tras la guerra de las Alpujarras, los moriscos se dispersaron por la Península. Aunque
eran cristianos, para Felipe III y el duque de Lerma eran peligrosos porque seguían
costumbres musulmanas y temían que se rebelaran y se aliaran con los turcos. La
expulsión se decretó en 1609 y supuso la pérdida de 300.000 personas .
b) Política exterior.
Felipe III y el duque de Lerma desarrollaron una política exterior pacífica, firmando así
acuerdos con diferentes países, como la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos.
Cuando en 1618 estalló la guerra de los Treinta Años, Lerma decidió no entrar en ella,
provocando que el rey, presionado por la nobleza, lo destituyera.
2.3. Felipe IV (1621–1665).
El reinado de Felipe IV está marcado por su valido, el conde-duque de Olivares, que sí
tenía un programa político para mantener a la Monarquía Hispánica como la potencia
más fuerte de Europa, aunque fracasó.
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a) Política interior: la crisis de 1640.
Felipe IV y Olivares tomaron medidas que provocaron la crisis de 1640. Así, reforzó el
sistema de Juntas de Gobierno para escapar del control de los Consejos. Otra medida
fue la reforma institucional propuesta en el Gran Memorial en 1624. Fue un informe
redactado por Olivares para que Felipe IV unificara sus reinos bajo unas mismas leyes,
las de Castilla, convirtiéndose en rey de España. También se lanzó una reforma
hacendística para recaudar más impuestos y que no fuera Castilla la que soportara los
gastos de las guerras. Relacionado con ello, se quiso crear la Unión de Armas, que
sería un ejército común financiado por todos los reinos. Sin embargo, estas medidas
derivaron en una crisis política muy severa en 1640.
La sublevación de Cataluña.
La Corona aumentó la presión fiscal sobre Cataluña, pero este territorio se oponía a
ello y a formar parte de la Unión de Armas. Con esta situación y en el escenario de la
guerra de los Treinta Años, Cataluña fue un frente de batalla contra Francia. Las tropas
imperiales cometían abusos contra campesinos, así que los segadores se rebelaron y
mataron al virrey en junio de 1640. Este hecho fue el Corpus de Sangre. Los catalanes
entonces pidieron ayuda a Luis XIII de Francia, que fue proclamado conde de
Barcelona. Las tropas francesas permanecieron en Cataluña durante años .
La independencia de Portugal.
Por las medidas del rey y los ataques de los ingleses, en 1640 la nobleza portuguesa se
alzó contra Felipe IV y proclamó nuevo rey a Juan IV.
Complot señorial en Andalucía.
Varios nobles querían convertir Andalucía en un reino independiente, pero su plan se
descubrió y los conspiradores fueron juzgados.
Revueltas en Nápoles y Sicilia.
Aquí hubo una grave crisis económica y las clases populares se rebelaron, pero la
sublevación fue sofocada.
Ante esta situación de deterioro, Olivares fue cesado en 1643 y Felipe IV se involucró
más en los asuntos de gobierno.
b) Política exterior: la guerra de los Treinta Años (1618–1648).
Este conflicto comenzó siendo un enfrentamiento entre príncipes protestantes y católicos
alemanes. Los católicos eran apoyados por Austria y España, y los protestantes tuvieron la
ayuda de Francia y otros países. Entre sus batallas, destaca la de Rocroi (1643), donde los
franceses arrasaron a los tercios españoles, lo que supuso el principio del fin de la hegemonía
militar española en Europa.
El conflicto acabó con la derrota de los Habsburgo y de los príncipes alemanes
católicos, que firmaron el Tratado de Westfalia (1648), donde Felipe IV reconoció la
independencia de las Provincias Unidas. La guerra entre España y Francia acabó en
1659, cuando ambos países firmaron la Paz de los Pirineos. En ella, Felipe IV perdió
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ante Francia regiones como Rosellón y Cerdaña, y significó la entrega a Francia del
estatus de primera potencia europea.
2.4. Carlos II (1665–1700).
Tradicionalmente, se ha considerado este reinado como la culminación de la crisis hispana,
pero en realidad fue un periodo de recuperación económica que precedió al impulso vivido con
los Borbones.
La clave de este reinado fue la cuestión sucesoria, pues Carlos II no tuvo hijos y había que
buscar un heredero. El elegido fue José Fernando de Baviera, pero murió en 1699. Por eso,
hubo que nombrar otro sucesor, para lo que se propusieron dos candidatos: Felipe de Borbón
(nieto de Luis XIV de Francia) y Carlos de Austria.
La persona elegida fue Felipe porque la corte entendió que la monarquía francesa era
más fuerte por su centralismo y absolutismo. Cuando Carlos II murió en 1700, Felipe V
se convirtió en el primer rey Borbón de España, pero este hecho provocó la guerra de
Sucesión española (1701-1714) porque Carlos no reconoció el testamento del último
Habsburgo español y porque el resto de los países europeos temía la unión de Francia
y España.