“La cultura occidental contemporánea glorifica el conocimiento y la verdad.
Los
científicos son los supremos sacerdotes del conocimiento. ¿A quién se le
hubiese ocurrido cuestionar la verdad hace sólo algunos siglos?”, se pregunta
Paul Watzlawick (1994), y la respuesta es que nuestros antepasados tenían un
aparato conceptual diferente, constituido por una serie de mecanismos que
llevaban a apreciar “la realidad”.
La idea de verdad se afianza desde dos vertientes, una teológica, donde “las
verdades absolutas suponen un ser absoluto, como ellas”; los Evangelios que
nos dicen “yo soy la vía, la verdad y la vida”. “La verdad” se imponía en la vida
cotidiana. Se escuchaba y escucha todavía en un juicio, pedirle a un testigo
jurar sobre la Biblia, “decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”.
La idea es que la verdad sólo puede ser una.
Quizá una de las cuestiones que hacen del camino hacia la verdad, un camino
lleno de obstáculo sea nuestra falta de confianza absoluta en las ideas de los
demás, pues de una forma u otra, directa o indirectamente, defendemos y
quisiéramos que lo que cada uno de nosotros decimos fuera precisamente la
verdad y, por lo tanto, también quisiéramos que fuera irrefutable. Como seres
humanos necesitamos de equilibrio e inclusión en nuestra vida, de la verdad y
la no verdad, la confianza y la desconfianza, pues es eso lo que hace que
funcionen las distintas realidades. La verdad es muy peligrosa cuando es una
interpretación, un punto de vista, una inferencia o una versión posible de algo.
Es todavía más peligroso cuando es un prejuicio, una mentira o una creencia. Y
cuando la verdad no es verdad, usará el miedo de motivación, la violencia de
vehículo y la destrucción como fijador.
El Diccionario Petit Robert señala que antes del siglo XVI, la verdad se refería a
la idea opuesta de ilusión. La otra es la verdad, imperfecta y provisoria, a la que
se llama ciencia. Pero también el diccionario dice que “la verdad” se refiere a
“lo real”; la correspondencia con aquello que le atribuimos a un objeto o a un
sujeto; también lo opuesto al error, que es aquello susceptible de ser verificado
por los sentidos. Pero también hace referencia a lo que es auténtico, en este
caso se trata de la conformidad dada por el espíritu.
Escuchamos mentiras constantemente; ya sea un anuncio, en la radio o
cualquier otro medio. Es nuestra responsabilidad ser sinceros cuando importa;
y particularmente a los que nos importan. No necesitamos ser exagerados; sólo
honestos. Todos tenemos derecho a la privacidad y absolutamente todos
tenemos derecho a ser un poco hipócritas (es demasiado difícil ser humano
como para no serlo). Sin embargo, es importante que examinemos las mentiras
que decimos, seleccionemos a mano las que puedan ser perjudiciales y
comencemos de nuevo con honestidad.
La verdad es verdad hasta que esté demostrada, declarada y evidente. Pero
los humanos no tenemos todos los elementos nunca para acceder a la verdad,
que en lo humano es relativa, pero en otros casos es absoluta como que el Sol
puede fomentar la vida o acabar con ella, como que todos habremos de morir y
que todo ser humano lo es, desde la concepción. La verdad libera, la verdad te
esclaviza, depende cómo la Interpretes y cómo la apliques en tu vida y eso no
depende de la verdad, sino de uno mismo
La verdad es lo que nos permite escapar de las redes del engaño que alguien
más ha tendido. Mientras que en los dos casos anteriores la búsqueda de la
verdad es una relación que involucra a un sujeto (o a varios de ellos) con la
realidad objetiva, en este caso hay un segundo sujeto que nos engaña o nos
oculta información.
Descubrir la verdad, en este caso, es encontrar la puerta de salida de la cárcel
de la mentira en la que alguien nos quiere encerrar. La verdad adquiere, así,
una dimensión moral e incluso política.
Nos permite superar la oposición de los puntos de vista, descansar del debate,
acabar con la batalla de las opiniones. En esta situación, encontrar la verdad
puede llevarnos a la justicia, como en un juicio, y a veces incluso puede
servirnos para alcanzar la paz entre los contendientes. Es más que una
propiedad metafísica de las proposiciones o un atributo semántico de los
enunciados. La verdad es la respuesta a varios problemas con los que nos
enfrentamos en la vida diaria. Algunos de ellos tienen que ver con nuestra
relación con el mundo, otros involucran, además, nuestra relación con nuestros
semejantes.
Kant defendía que la verdad debía estar por encima de todo, pero no
podríamos vivir en sociedad soltando verdades al lucero del alba, mentir es
humano, recalca García Huete. Y necesario: la capacidad para decir mentiras
piadosas es una forma de competencia comunicativa que resulta necesaria
para negociar con éxito las interacciones sociales.