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LETRAS
DE SEINAEL@A
TEISDMA DE LA JUVENTUD
SUMARIO: :
DE ARTICULOS QUis CONTIENE Ex PRESENTE NUMERO:
SINCERIDAD CREADORA DEL EGOISTA. Por Jorge Gaxiola. ~ VA
MOS-A TRATAR DE PROLONGAR NUESTRA JUVENTUD, Por
Ralsel Vidalee Tamayo. — A SINALOA, Poesia de José Antonio Urbina
Gueie. — DOS LAGRIMAS, Por Inés Amelia Camelo. — UNA TRAGE-
DIA HOGARENA, Por Alejandro Torronteguit ~ DON CHALBQUIN,
Por Catlos Fils, = SENTIDO Y_AIMA DE SINALOA, Por Fausto
“Antonio Marin. — LOS MAYOS DE SINATOA, Por Amalia Millan. =
CARTAS NIGROMANTICAS, Eserias por don Ignacie Ramirez, (el NL
gromante) a don Giulieemo Proto (Fidel) desde Macatlsn[Link] y Cia., S.A.
A sus Ordenes en
su Nuevo Local
Concesionario F O RD Autorizado.
Llantas, Camaras y Refacciones
Esq. A. Flores y R. Palacio. Apdo. Postal No. 5.
CULIACAN, SIN.LETRAS
DE SINALOA
Revista de Universitarios Sinaloenses.
TRIBUNA DE LA JUVENTUD
‘MIEMBRO DEL BLOQUE PERIODISTICO DE SINALOA.
SUMARIO:
SINCERIDAD CREADORA DEI
EGOIBTA, por Jorge Ganiola 5
VAMOS A TRATAR DE PROLONGAR
NUESTRA JUVENTUD, por Rafael
Vidales Tamayo 3
[A SINALOA, poesia de Jos® Antonio Uir-
bina. Gare 6
DOS LAGRIMAS, por Inés Amelia Ca
melo mn
UNA TRAGEDIA HOGARENA, por
Alejandro Tetrontegui 26
DON CHALEQUIN, por Carlos Fillo... 34
SENTIDO Y ALMA DE SINALOA, por
Fausto Antonio Marin a4
LOS MAYOS DE SINALOA, por Aina.
ia Millan 38
CARTAS NIGROMANTICAS, Escritas
por dom Ignacio Ramirez, (cl Nigroman-
(s) ss Guillerine Delta (Fidel) des
de Mazadlin 6
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‘Caliacan, Sin, com fecha 6 de marzo de 1947
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neJORGE GAXIOLA
Sinceridad Creadora del
Egoista (1)
ACE MILES DE ANOS un hombre descubrié el procedimiento
para elaborar fuego. Probablemente suftié quemaduras al mos-
trar esta inovacién a sus congéneres. Quizé también fué con-
siderado como un molhechor que pretendia jugar con un demonio te-
mide por la humanidad da ese tiempo. Paro desde ese entonces el hom-
bre posela el procedimionto para elaborar fuego, que utilizé para pro-
togerse de los inclemencias. cocer sus alimentos e iluminar las cuevas.
Aquel hombre les habie legado a los demas una gran herencia que cun-
‘que no comprendieron habfa terminado con la obscuridad, obstéculo fa-
fidico para el progreso.
Siglos después otro hombre inventé la rueda, Quist fué casti-
gado y dostruido sobre su primer ejemplar. Posiblemente le considera
ron un transgresor el cual sé habia atrevido a aventurarse a terrenos
prohibides. Pero desde entonces el hombre alcanz6, por este medio, nue-
vos horizontes. Habiales dado una nocién hasta entonces inconcebi-
Ble para todos los hombres: les habia abierto nuevos caminos hacia
mundos desconocidos.
EI hombre insumiso, intrépido, ol primero, refleja su gigantesca
figura ent todos los capitulos y leyendas que la humanidad a través de
Ja historia he registrado. Prometeo fué encadenado « una piedra y de-
‘vorade por buitres porque habia robado el fuego de los dioses, Adén
condenado a sufrir porque habia comido del fruto prohibido. Cualquie-
ra que seq la leyenda, cualquiera que sect el acontecimiento, la huma-
nidad ha de reconocer que entre las sombras del evento Ie gloria em-
pezé con uno. y que uno pagé con su coraje,
Registra Ia historia través de los siglos la existencia de hom-
‘bres que iniciaron los primeros pasos hacia nuevos derroteros, sin més
ma que su propia visién. Sus objetos diferian en mucho, pero con-
{G) Conceptos tratadgs por Ayon Rand en “The Fountainhead”,
LETRAS 5cordaban en’un fin comin: que el paso fué-el primero, el sendero. nue-
vo, la visién propia y la reaccién de sus somejontes es’ le misma: el
ox Los grandes creadores —los pensadores, los artistas, los cienti-
ficos, los inventores—, permianecian solos contra los hombres do su
tiempo, Todo pensamiento innovador, combatide: todo nuevo invento,
repudiado; el primer motor, considerado ridiculo; el avién, imposible; la
amestesia, considerada pecade, Pero los hombres de visién propia, do
confimza en sus enunciaciones, siguieron avante soporiando todas las
adversidades, pues su finalidad éstaber inscrita: en sus mentes y esto era:
‘el objeto de [Link]: su creencia, su {6 Pelearon, suirieron y paga-
ron... pero triunfaron.
Ningiin cregdor fué iniciado por el deseo de servir a sus herma-
nos, porque éllos rechazaban lo que lés ofrecia temiendo destruir la
monotonia de su existencia, cosa propi dé los cobardes. Su creencia
era el tinico y exclusive motivo, Su propia creencia, su propio traba-
fo, que habria de realizarlos « su manera propia. Una sinfonfa, un
bro, una méquina, und filosofia, un acroplano, un edificio: ese era su
fin y su vida: no aquellos que cycron, leyeron, operaron, creyeron
habitaron la cost creada. Le creacién [Link], no sus dostinatarios. La
creacién, no los beneficiados por ella. La creacién, que representa 1a
solidificacién do sus pénsamiontos. Sostenicr la croencia ante todos los
hombres y sobre todas las cosas.
Su vision, su fuerza, su valor, brotaban de su propio espiritu. EL
espitity de un hombre es propio de él.y nada més quo de él. Esto es
le conciencia. Perisar, sentir, juzgar, actuar, son. funciones de uno mis-
mor son funciones del egoismo individual.
‘Los creadores no dependian de nadie. En esto estriba el secre-
to desu poder. El creador so bastabe « si mismo, motivaba sus creen-
sias por su propio pensamiento y las generaba él mismo. La primera
cauisd, Ia fuente de cnergia, la fuerza de existir, eran para él fuerzas
primordiales. El creador no servic « nadie nia nada. Vivia para él
mismo.. El vivir pata é1 mismo hizo posible todas las cosas que son la
gloria de lx humanidad. Esta es le naturaleza de la progresividad,
El hombre no puede existiy sine a través de su mente. Lega a la
tierra desarmado. Su cerobro es su ‘mica arma. Los cmimales obtienen
su alimento por la fuerza. El hombre no, esté dotado de garras, ni de
cuemos, ni de gram fuerza muscular, ni de ninguna defensa corporal.
Debe cosechar'su climonto © cézarlo. Para sembrar necesita antes un.
procéso del pensamiento. Para’ cazar necesita armas y para construir-
6 _ LETRASJas, un proceso del pensamionto. Desde esta necosidad primordial a la
abstraccién ideal més elevada, todo lo que somos y todo lo que tene-
mos. proviene de un singular atributo del hombre: la funcién de su men-
te razonadora. :
Pero la mente és atributo del individuo, No existe una mente co-
lective, No hay un pensamiento colectivo. Un acuerdo alcanzado por
un grupo de hombres no es més que una transaccién, un resultado pro-
mediado de muchos pensomientos individuales...Es, por lo tanto, una
“eonsecuencia secundaria. El acto primario, el proceso de razonamien-
fo, debe ser ojecutado por cada ser en lo individual. Podemos dividir
un banquete en muchos hombres, pero no poderhos digeritlo en un es-
témago colectivo. Ningiin hombre puede usar sus pulmones para res
plrar por otto. Todas las funciones del cuerpo y del alma son priva-
das. No pueden set compentidas ni tranaforidas.
Heredamos los productos del pensamiento de otros hombres. Ho-
redamos la meda, Construimos una carreta. La carreta so convierté
‘en automévil. El automévil se convierte en aeroplano, Pero « través
do este proceso Jo que en realidad recibimos es ol producto final, ya
elaborado; del pensamiento de otros, La fuerza moviente de la facultad
creative que toma este producto como material, lo usa para originar el
paso progresivo. La facultad creative no puede ser dada o recibida,
prestada ni compartida. Pertenece a cada hombre en lo individual. Lo
creado os propiedad del creador. El hombre aprende de les otros hom-
bres. El aprender implica solamente el cambio de materiales. Ningtin
hombre puede dar a otro la facultad de pensar. Sin embargo esa ca
Pacidad es nuestro tinico niedio de sobrevivir.
Al hombre no le es’ dado nada en Ia tierra. Lo que necesita es
forz0so producirlo. Ex « rafz de este probleme donde: a) hombre 20 an
frenta « su olternativa bésica: sobrevivir por'su trabajo independiente,
derivado de su mentalidad creativa, o como parésito alimentado por las
montes de los demés. El creador origina; ol pardsito pide prestado. El
cxeador so enfrenta a a naturolezd, solo; ol pardsito se enirenta @ la
naturaleza por medio de un segundo. Lo que preocupa al creador es
la conquista de la naturaleza, Lo que preocupe al: parasite es la con
quista del hombre, .
El creador vive para su trabajo: no necesita de ottos hombres!
su finglidad primaria est& dentro de él. El pardsito vive de segunda
mano, necesita de otros: los demés se convierten, por lo tanto, en su fin
primario.
LETRAS 7La necosidad bésica del creador es la INDEPENDENCIA. La inen-
to razonadora no puede trabojar ni evolucionar bojo ninguna coaccién.
No,puede delineada, sacrificada © subordinade a ninguna conside-
racién en lo absoluto, Necesita total independencia en funcién y en mo-
tivo, Pare el creador toda relacién humane es secunderia.
La necesidad bésica del parésito es afionzar sus ligas con sus
ongéneres para lograr ser climentado. Antepone las relaciones « to-
do lo demas, Confirma que el hombre existe para servir a otros. Pre-
dica ¢l ALTRUISMO. *
“Altruismo”, es la: doctrin que exige que el hombre viva para
otros y los antepone a uno solo.
‘Ningiin hombre puedo vivir por otro. No puede compartir su
cuerpo como tampoco puede compartir su espiritu. Pero el porésito ha
empleado el altruismo como arma de explotacién y ha trasgiversado
Ia base moral de los principios de la humanidad. Al hombre se le ha
inculcado el medio para destruir al creador. Se le ha ensefiado la de-
pendencia como VIRTUD.
El hombre que intent vivir para otros es un DEPENDIENTE: su
motive es parasitario y convierto on pardisitos a quienes sirve. Este ti-
po de relacién produce corrupcién mutua; conceptuarla es imposible.
Le definicién real del hombre que vive para otros es la de ESCLAVO.
aSi la esclavitud fisicr os repulsive, cuanto més repulsive es el sorvi-
lismo espiritual? El esclave conquistado tiene un vestigio de honor, tie-
ne el mérito de haber opuesto resistencia, de haberse defendido, de so-
juzgarse por Ia fuerza y de considerar su condicién maligna. Pero el
hombre que se esclavize voluntariamente en nombre del amor, es el
més bajo de todas los criaturas: degrada la dignidad del hombre y de-
‘grada le concepcién del amor. Pero he aqui la esencia del altruismo.
Al hombre se le he ensefiado que ler virtud més alta no es la de
reclizar algo. sino lx de DAR. Sin embargo uno no puede dar lo que
no ha sido creado. La ereacién os antes que la distribucién, o no ha-
brie qué disteibuir. Le necesidad del croador vieno antes que la de un
posible beneficiario, Sin embargo se nos ensefic « admirar al hombre-
de-segunda-mano, al que hace regalos que no he producido; no asi al
hombre que hizo posible los rogelos. Aclamamos un acto de caridad.
Nos estremecemos ante un acto de reclizacién.
Al hombre se Je ha instruido diciéndote que su primera preocu-
pacién deberia ser olivier los sufrimientos do los otros. Pero el sulri-
mionte eg ung enfermedad. Si uno Ie leqgse @ encontrar trataria de
9 LETRASdar el alivio y la asistencia. Hacer de eso la més alta prucba de vir-
fud, es hacer del sulrimiento y por consiguiente de la enfermedad, lo
més importante de la vida. En este caso el hombre desearia ver a
otros suftir parc poder practicar Ie virtud. El creador no se interesa en
las enfermedades, pero si tiene un alto interés por la vida. Sin! embar-
go la obra del creador ha eliminado una enfermedad tras otra en el
‘cuerpo y on el espiritu del hombre, y aliviade mas sufrimientos que al-
truista alguno pudiera concebir.
Al hombre se le ha: ensefiado que es virtuoso convenir con los de-
més. Pero el creador os ol hombre que desaviene. Se le ha ensefiado
que os virtuoso nadar con la cortiente: el creador nada contra Ix co-
mriente. Se le ha enseiiado que es virtuoso permanecer unidos,, El croa-
dor es el hombre que permanece cislado. .
Se le ha enséiiado al hombre que el egeismo os sinénimo de pe-
cado y la dependencia ol ideal de virtud. Pero el creador es el egois-
ta on sentido absoluto y el hombre dependiente, aquel que piensa. sion-
te, juzga 0 achic. Estas son funciones del yo.
Aqui lc trasgiversacién bésica es més moral. El fin ha sido per-
vertide y al hombre so le ha dejado sin alternative y sin libertad. Co-
mo polos del bien y del mal se le han ofrecido. des concepciones: egois-
mo y altruismo. Egeismo, queriendo significar ol sactificio de otros en
bien de uno. Altruismo, ol sacrificio de uno oni bien de otros. Este hom-
bre irrevocablemente encadenado a otros hombres ha quedado sin mas
que una eleccién, la del dolor: su propio dolor soportado en beneficio
de ottos 0 el dolor infligide « otros por el bienestar personal. Cuando
se agregé quo el placer consistic en Ja propia: inmolacién, la trampa se
cerré.. Se le forzé a aceptar el sacrificio individual como su ideal bajo
Ja amenaza de [Link] sadismo era su ‘nica altemativa. Este fué el frau-
de mas grande perpetrado en Ja humanidad. Esta fué la invencién por
Ja cual la dependencia y el sufrimiente fueron perpetuados como cosas
fundamentales del existir. La altemativa no consiste on Ia eleccién on-
tre propio-sacrificio 0 dominacién, La eleccién esté entre independen-
cia y dependencia. El credo del parésito o el credo del creador. Este
es el fin bésico, Descansa sobre la altemativa de vida o muerte. El
ctedo del creador es el construir en las necesidades de la mente-razo-
nadora que permita al hombre sobrevivir. El credo del pardsito es cons-
truir en las necesidades de la mente incapaz de sobrevivir. Todo aque-
lo que proviene del egoismo independiente del hombre, es hueno. To-
LETRAS 8do aquelio que proviene-de- ia dependencia del hombre con ‘el honi-
bre, 6s malo, :
El egoista en sentido absoluto no es el hombre que sacritica «
otros: es el hombre que no necesita de los demas en ningtin sentido: no
funciona o través de ellos: no le conciernon on sus causas primordiales:
ni en su fin, ni en su motivo, ni en su pensamiento, ni en sus deseos, ni
en su fuente de energia. No éxiste para ningiin hombre, ni pide que
otra hombre existe para él. Ester es lo tinica forma de fraternidad ver
dadera y de respeto mutuo posible entre los hombres.
Los grados de la habilidad vation, pero el principio basico por
manece inmutable: Ia independencia, Inicistiva y amor por'su traba-
jo determinan su talento come trabajador y su valer como hombre. La
independencia es en la humanidad el valor y la’ virtud més elevada, Lo
que un hombre es o se hace, no lo que haya hecho © no haya hecho por
otros. La dignidad personal no admite sustitutes y no hay dignidad per-
sonal sin independencia,
Jamiés so réaliza un trabajo colectivamente, ni por una decision
mayoritaria. Toda creacién es realizada. bajo la vigilancia de un solo
cerebro. Un arquitecto requiere muchos hombres para erigir su cons-
truccién, Pero no les pide que apruchen sus planos. Trabajan juntos
voluntariamente y cade quien es libre en sus propias obligaciotes. Un.
arquitecto necesita acero, vidrio y concreto producide por otros, pero
éstos permanecen como objetos hasta que él les dé su finalidad. Lo
que 61 ha hecho con ellos es su producto y propiedad PROPIA. Este es
el tinico molde pare la cooperacién debida entre los hombres,
El primer derecho terrencl es ol derecho egoista, El deber pri-
mario del hombre es consigo mismo. Su principio moral es el de nun-
ca anteponer otros a su finalidad. Su obligacién moral es la de ha-
cer Io que desée siempre que no dependa primordialmente de otros
hombres. Esto constituye la esfera totel de su facultad creativa, su pen-
sat, su trabajo, Pero no incluye la esfera del gangster, del altruista y
dol dictador,
Un hombre pionsa y trabaja solo. Un hombre no puede robar.
explotar © dominar solo. El robo, la explotacién y la dominacién pre-
suponen victimas, implicon dependencia, son de la provincia del hom-
bre-de-segunda-mano.
Los dominadores del hombre no son egofstas, No crean nada.
Existen enteramente a través de los personas de otros. Su fin esté en
10 LETRASsus sujetos, on la actividad de esclavizar. Son ion dependientes comd
‘el mendigo, eb trabajador social y el bandido. La [Link] dependen-
cia es socunderia,
Pero al hombre se le ha aleccionade « que contidere a estos par
“ résitos —tiranos, emperadores, dictadores— como exponentes del egois-
mo, Por este fraude fueron obligados a destruir el egoismo on sentido
absolute, dostruirse ellos mismos y destruir « los demas. El propésito
dol-fraude fué destruir al creador, o encadonarlo que es lo mismo,
Desde el principio de Ia historia los dos antagonismos han per-
manecido frente a frente: el creador y el hombre-de-segunda-mano.
Cuando el primer creador inventé la rueda, el pardsito respondié inven-
tando el gliruismo,
El creader —negado, perseguido, explotado— siguié adelante y
eared a toda la humunidud ul progres por medio de su energia. El
hombre-de-segunda-mano, el pardsito, no contribuyé en nada, excep-
to con su impedimentos. Esta contionda es: el individuo contra la co-
lectividad, ©
EL “bien comén” de la colectividad —uma raza, unc clase, un E5~
tado— era proclamar y justificar a todo tirano establecide sobre el hom-
bre, Las mayoyes tragedias de la historia fueron perpetradas on nom-
bre de algiin motivo aliruista. Pregunto: zAlgin acto de egoismo pue-
de iguclarse con las carnicerias hechas por los discipulos del altruis-
mo? La falta, zsobre quién descansa? zSobre la hipocresia de] hom-
bre o en Ja naturcleza del principio en si? Los verdugos més temibles
eran Ios més sincoros. Ellos crefam on la sociedad perfect cleanzada
por medio de la guillotina y el pelotén. Nadie dudaba de su derecho a
matar puesto que mataban en aras de un propésito altruista, Acepta-
ban que el hombre debe ser sacrificado para otros hombres. Los pro-
fagonistas de estas tragedias difieren en nombre, pero su curso perma-
‘nece inmutable. El humanitario empieza predicando el amor a la hu-
manidad y termina con un mar de sangre. Sigue y seguiré mientras el
hombre crec que una accién es buena si no es egoista. Eso permite al
dltruista actuar y forzar a sus victimas a soportarlo. Los dirigentes de
Jos movimientos colectivistas no piden nada para ellos, pero si obser-
van los resultados.
El Gnico bien que el hombro puede hacer con sus congéneres y
el nico modo de observar relaciones amistosas, es: "NO ME TO-
QUES”.
LETRAS nLEn nuestra era el colectivismo —el dominio del pardsito, del in-
fra-hombre, del ancesiral monstruo— se ha desencadenado amenazan-
te, Ha rebajado al hombre « un nivel de independencia intelectual nun-
cq igualado en la tierra. Ha alcanzado una escala horrorizante, sin pre-
cedente, Ha envenenado a todas los mentes. Se ha tragado a la mayo-
ria de Europa. Esté parclizando a nuestros continentes,
Es un conflicto antiguo. El hombre se ha acercado a la verdad,
pero ha sido destruida on cada ocasién y una civilizacién ha caido tras
otra, La Civilizacién es el progreso hacia una sociedad de privacidad.
Toda la existencia del salvaje es publica, regulada por las leyes de su
tribu, La Civilizacién es el proceso de libertar al hombre del hombre.
Khora, observemos los resultados de unc sociedad construida on
el individualismo, Este, nuestro pats: pais noble desde todo respecto:
pais de grandes acontecimienios, gran prosperidad, gram libertad.
Este pais no fué cimentado por el sacrificio, ja renunciacién o algin
‘otro precepto del altruismo, Fué basado en el derecho del hombre a
perseguir su felicidad. Su propia felicidad. No lq felicidad de otros.
Un motive personal, privado, egoista. Observen los resultados. Escu-
drifien su propia conciencia.
12 LETRASVamos a tratar de prolongar
Una charla con ef General
Rubén, Sarcta
Por Rafael VIDALES TAMAYO.
“Los hombres trobojan intensamente; se dedican al tomate, al
gorbanzo, pero muy poco @ la cultura”, Esta fué la primer frase que
més lamé nuestra atencién, dicha por un luchador revelucionario en
Ja idea y en la cccién: el General Rubén Garcia se estaba refiriendo &
los hombres que manejan la agricultura de Sinaloa, A nosotros nos in-
teres6 la frase, A los hombres que se refiere el General, también les
interes, Se han enfrascado tanto en su tarea de hacer miles de pe-
808 que con Ja tolvanera que levanton estén empolvando, enterrando,
Ja cultura del noroeste; y a tal grado Ilega el ambiente que se han for-
mado que ya los mismos intelectuales —s{ considerados entre ellos—,
sienten, no sélo escepticismo, sino que dan por hecha la crisis de la
cultura en nuestro solar, Recordamos perfectamente las palabras que
tin abogado de Culiceén nos dijo, en son profético, por alld en los pri-
meros néimeros de nuestra querida revista "Letras": aquel abogado ase-
guré.que no pasarfamos del tercer ntimero, -y qué cosas, ya estamos
en el doce. Nos hemos batido y hemos sacado a luz algunas cosas in-
teresantes y enterradas de este Sinaloa nuestro; hemos tomado el plu-
mero y dado una necesaria sacudida —aunque no completa ain—, y
deempelvade todo aquello; en ‘nuestra tarea nos dié més de un cata
Tro porque aspirar demasiado polvo es malo para las vias respirato-
vias, También nos han ayudado gentes buenas y nos han queride me-
ter zancadilla los malas gentes, Pero lo interesante es que aqui esto
mos y seguiremos aqui.
Con estas o parecides palabras saludamos en e! “hall” del Hotel
Comercial al Gral, Rubén Gorela. Nos proponfamos entrevisterlo y. sa-
Timos entrevistados; resulté como cquello de la lana: salimes trasqui-
Jados. Pero. enhorcbuena, Estamos contentos de ello porque al decir-
LETRAS wBfe cosas de las cuales nosotros yé ho nés dcordébamos, volvimos a vét
el panorama en Ja extensién a que nos es permitid mirarlo y nos en-
contramos desilusionadamente ante la misma realidad en que nos en-
contrébamos al emprender la tarea de nuestra revista: la gente de Cu-
Yiacdin y de Sinaloa entero tienen harta prisa por lenarse los bolsillos.
de billetes. Pero nosotros hemos tenido siempre la misma ilusién y la
misma esperanza: por ello seguimos trabajando. "Cuando menos —nos
pensamos—, podemos creer que después de que hayan saciado su ape-
tito de dinero, se sentarén plécidamente y nos dirén: ahora s{ mucha-
chos, cuéntenme como’andon esos cosas de la cultura”. Mientras tan-
to estaremes haciendo “esas cosas”, fomenténdolas, déndoles calor y
vider para que no estén tan marchitas como para que no les interesen
cuando legue Ja hora de baloncear y de reconocer Jo hecho.
Pero de una crisis de la cultura, no podemos hablar. La crisis es
general. No-se puede escribir, pintar, ni componer cosas verdadera-
mente buenas cuando se tiene al artista agarrado por el estémago; y en-
tonces 0 se sacrifica lo primero en beneficio de una buena cena o no
hay cena, La disyuntiva no se puede plantear porque no es’ un’ pro-
blema de mateméticas ni la aplicacién exacta de un silogismo: el pro-
blema es de cardcier completamente humano, espiritual. Bien puede
suceden que de un dia para otro surja la obra o el escritor que lance
Ja primera novela que pueda considerarse como a la piedra angular
de la novelfstica mexicana, porque se ha venido considerando inexis-
tente la novela mexicana, diciendo simplemente; no hay novela mexi-
cana, México, los éscritores mexicanes, no han producido Ia novela
que. pueda considerarse como autéctona, como verdaderamente mexi-
cana. Ante este panorama general, qué podemos esperar de Sinaloa
encuadrado en Ja realidad nacional y mundial? Hablar de crisis es im-
ptopio, desde luego; pero no podemos negar el letargo'en que se en-
cuentran sumidos nuestros artistas. No sélo en la novela, sino en el ci-
ne, en la pintura y en las artes todas que son la manifestacién més be-
la de la cultura del tiempo. Y el Téatro, gdénde queda? Ni siquiera
hemos podido crear la tradicién necesaria pora dar lugar a las obtas
extranjeras. Por otra parte, los compositores pierden su talento en can-
cioncillas de moda, amelcochadas, que se olvidan en un afio y que fo-
mentan la morbosidad pervirtiendo las conciencias adolescentes. Y es-
to es por cuanto a las artes. Por cuanto alos demés factores que integran_
Ja culture,, no podemos menos que sentamos a llorar viendo que no hay
camino a seguir. Ya Dios no es Dios; la ley se vuelve odiosa; los siste-
u LETRASiad pedagégicos sén tint confusién itemenda; todo el mundo se olvi-
da de la historia: de’ la humanidad y el hombre cada vez se apart més
de él mismo, se olvida de su espiritu, se despreocupa de todo.
Seguimos platicando.
El General Garcfa nuestro amigo, nos dice a propésito de nues-
tra avalancha de cuestiones: “La regeneracién de. México tiene que
venir del Norte porque sus hombres son més leales, més sinceros y més
honrados”, Ojald tenga usted razén y que los aventureros del centro
que han venido en plan de conquisia, sclgan conquistados, Ojalé y
cuando menos se leven el espiritu del nortefio y nos dejen su espiritu
de empresa. Ya hacia falta tin movimiento de esta naturaleza.
“Sincloa ¢& una riqueza desbordante que no puede derramarse
en el resto de la Repiiblica". En este aspecto atajamos al General. Si-
naloa no es una excepcién: toda la Repitblica carece de vias de comu-
nicacién y las que hay no son suficientes para transporter los produc-
tos regionales. Pero’ el Noroeste esté espantosamente desamparado. El
Sud-Pacitico, sucio, antihigiénico e insoportablemente pésimo medio ‘de
transporte, es una demostracién de la buena vecindad en el sentido eco-
némico. No queremos meternos en los pero la realidad de las cosas no
se puede tapar calléndose, y de los males el menor: por mucho que
protesten de la administracién federal de los ferrocarriles nacionales
nunca podrén compararse los dos servicios. El Sud-Pacifico en cuan-
to a su servicio de carga es una burla a la economfa del Noroeste. En
cuanto al transporte de pasajeros podriamos decir que las reses vic~
jon més cémoda e higiénicamente que nosotros, porque cuando me-
nos traténdose de ganado que ver al extranjero se observa los precep-
tos del Cédigo Samitario Federal y atm los del vecino pais que exige
tales y cuales requisites.
Nuestra loca econom{a palpita al son de los délares, moneda ti-
pe de cambio intemacional: tomate al Norte, garbanzo al Norte, chile
al Norte y todo al Norte, inclusive hombres, Y luego vienien los perié-
dicos 7 editorialistas tendenciosos démdoles sezgos mentirosos al asun-
to y trasgiversando los datos hasta legar a let consobida {6rmula de
moda en el momento: fulano es comunista, como si el comunismo fue-
ra el Gngulo de los problemas y el foco infeccioso de las discordias,
sabedores de que el comunismo no es en sf causa ni problema de Mé-
xico, sino los que tratan de poner esta docirina en un paisaje que nun-
ca podré encajar, Asi, los conservadores tratan de ocultar sus propias
LETRAS Btculpas —traideres—, sembrando la divisién en las filas progresistas del
pais. .
Nosotros hemos tenido que luchar fuertemente contra aquellas
gentes que ven en nuestra revista un medio de publicar las ideas de
las juventudes que se consideran en las filas de la avanzada. No s6-
lo de ellos hemos recibido la vigorosa savia de sus entusiasmos y de
sus cspiraciones, sino también de las gentes que desean ir siempre ha-
cic adelante, que no quieren permanecer estancados ni que el pats per-
manezca suspenso en el necesario evolucionar de la idea y de la po-
Itica, Algunos se sienten resentidos: es que no podemos permitir la
doble personalidad, quienquiera que sea. Necesitamos mantener la in-
tegridad pora poder seguir desarrollando nuestro pian y continucr con
nuestra tarea. Por un momenta habremos de olvidar desavenencias.
Pero eeguiremos adelante, luchande cuando de ello se trate, porque
las gentes de la tenebrosa derecha no subati al poder por ello se ha
sactificado el 50% de ler democracia: el pueblo, en su soberana volun-
tad, tiene una fuerte taxativa, una barrera que le impide ejercer com-
pletamente sus derechos y hacer patente la calidad de “un pais de-
mécrata”. Nos estamos refiriendo a la NO REELECCION. ¢Por qué se
Je impide al puchlo que reclija a aquellos hombres que crea conve-
niente y necesario contintien en el poder? “El continuismo es tremen-
do: aqu{ en México es peligrosisimo. gQuién que ha subido al poder
no ha querido perpetuarse en 61? Desde Iturbide hasta la etapa re-
volucionaria, que [Link] peculiares casos de continuismo.” Palabras
del General Rubén Garcia. ¢Qué hacemos con ellas?. ¢Exprimiremos
su contenido de un esencia formidable? Hay cosas que no pueden
sufrir la prueba de! colador de colores porque solos se separan: el agua
y el aceite no pueden juntarse, no pueden revolverse, pero si pueden
estar en el mismo recipiente. Asi estamos en México: juntos pero no re-
vueltos, Espero que se me entienda, no obstante la obligada ambi-
giiedad.
2Qué posicién debemos guardar nosotros? gEs correcto que in-
tervengames en politica? ¢Es justo que revolucionemos temas? 2Es po-
sible que nos dejemos ir por la desbandada? El General Rubén Gar-
cla contesta: “Yo no soy politico. Pero en cualquier rincén de México
hay jévenes cupsces, concientes, que desempefiarian con toda recti-
tud los cargos piiblicos y sobre todo edificariom, trabajarian intensa~
mente, Por otra parte los temas de la Revolucién ya estén muy gasta-
16 LETRASdos: espulguen en las costumbres de Ia tierra, en el optimismo de su fe-
cundidad. Ustedes deben de seguir adelante. Esta es su posicién”.
General Rubén Garcfa: nos ha hecho recordar cosas que ya ha-
biamos olvidado, Por nuestra parte, auf tiene usted, en toda su-am-
plitud, nuestra mano; estréchela, es suya. Haga usted saber que en
Sinaloa se trabaja por consolidar una fuerte y vigorosa economia y
se trabajar por [Link] ésa economia.
Solamente una vez'se es joven, usted lo sabe bien: jvamos a tra-
tar de prolonger nuestra juventud!
ACLARACION
En el naimero anterior de LETRAS DE SINALOA publica-
mos un articulo de Viconte Vila, “Tesoros Pordidos on Sinaloa”,
donde se exponen las investigaciones levadas a cabo en nues-
tro Estado por un sabio mexicano desconocido.
Justo es que aclaremos que ese sabio es el sefior Ingeniie-
ro don Manuel Bonilla, Gerente de Ia Cémara de Comercio de
Mazatlém, donde actualmente radica. Sus investigaciones las
publicé on su documentada e interesonte obra: “De Atailén «
México”.
LETRAS WVA SINALOA
Que suene en tu Joor mi lira,
no para plaiiir melancolias
sino para cantar,
on natural sonido,
Ia hermesure: de todas tus mujeres
y el temple de tus hombres todos:
—produciendo admiracién aquéllas,
y éstos, que ol trabajo. aman,
Hiquezas prédigus y varius
en cada una y todas las semanas
que tiene por fortuna el afio.
Tus once rios
son los ayudantes que Naturc te dié por aguinaldo,
pare que con su fluir sin pausa © trogua,
empapara tus Herras labrantias,
matrones paridoras de maices,
de tomate, frijol y ajonjoli
y de los garbanzos
que apenas sien Espaiic encuentran
rivales dignos para sf.
Tienen tus hombres indole festiva,
le par que sui generis franqueza.
Y i un dia el Infortunio lega
@ ponerse a las puertas de sus casas,
placer disfrutan de empronder de: nuevo
la lucha que los alza y que les templa
para obras que la postre rinden
opimos frutos y perennes goces.
Desde mucho antes que los Conquistadores
imprimieron sus huellas en tu suelo,
Principié tu historia de milagro.
18 LETRAS¥ cuando por fin desaparecieron,
indeleble dejaron en tu entrafic
‘el don de gentileza que te adomna,
tu voluntad de acore inconfundible
que te hace surgir de los desastres
—causados por los hiclos imprevistos—
con més indémitos anhelos
de cultivar tu torre prodigiosa
y scar de ella mil variadas miesos
para placer de propios y de extraiios,
Canto mas grande que el mio te ofrendara
quien un principe fuera de Ia lira.
‘Mas como en ti vivo, Sinaloa,
deja que ensalce tu porte de sefiora
—gentil, feraz y agricultora—
que alberga, sin orgullo fétuo
mujeres de hermosura prodigiosa
y. varones que tienen por divisa
una franqueza sin limite mareado
++++como Ia cortiente sin descemso
del portento de tus once rios,
toh agricola y fértil Sinaloa!
ENVIO:
Que @ Hi vongen los esclavos de lo hello
@ mirar tus crepisculos de gloria
en tu cielo de azul inmaculado,
Que sigan tus diversos climas
atendiéndote ficles y espontineos
ora que crezcan tus frutos y tu fame.
Que adherida prosigas la gracia”
del Hacedor de mundos y de estrellas
que con amor te hiciera, Sinaloa;
LETRAS 19y te rindan —jubilosos— pleitesia.
propios y oxtrafios cada vez que surja
el Sol « fomentar tus sementeras,
Y @ reverberar sobre tus montes
que te ofrendan preciosos minerales:
Y a poner su pincelada de oro
(como artista ninguno lo lograra)
sobre tu litoral ilimitado,
¥ sobre eso espojo de tus once rfos
que fluyen sin descanso o tregua,
toh agricola y fértil Sinaloa!
José Antonio URBINA GARCIA.
Guamichil, Sin, 1949.
LETRASDos
| dgrimas
CUENTO
Especial para LETRAS DE SINALOA.
Scita, INES AMELIA CAMETO.
Por Inés Amelia CAMELO. .
RAN LAS DOCE DE LA MANANA. En la ciudad eso sélo indica
que las manecillas de un reloj cualquiera tratan de fijar la
idea absurda de que aprisionamos el tiempo, fraccionéndolo,
para después aplostarlo a compancdas. En la tierra amada, en los
campos que circunden Eldorado, significa que pasaré el silbide de la
{6brica acaticiando el torso sin mancha del cielo con su oémtico melan-
célico ¥ sereno,
Aguella mafiona el silbido corria més sonore que nunca a ba-
fiar sus onsias al mar,
Al escuchatlo Julio levant6 Ia cabeza del zurco se quedé vien-
do hacia el azul brillante, Sus veinte afios se hicieron un solo anhelo
fen nscr miracles sostenider contre lo inconmensurable.... Siguié el so-
nido con los ojos, igual que si hubiese sido e] vuelo de ung golondrina.
Pablo, su padre, lo observaba fijamente. Aquel hombre reclo y
honrado, inteligente y trabojador desconocia la melancolia, no enten-
dic las voces que ruedan por 6} espacio: él sélo scbfa sentir el canto
salvaje y majestuoso de la tierra.
—"IJulio! Si sigues ext todo el dia no vamos a terminar nunca de
coer.
aa
Después de la faena diaria, cuando el sol de otofic tocaba con
sus monos de Creso el polvo, las hojas y las nubes, Julio fué a tirarse
LETRAS alojo los drboles que circundabon la labor para esperar que las seis de
la tarde trajeran de nuevo la vor larga: y melodiosa de la fébrica, cque-
lig voz que Jo Hamaba a Ja cultura y a la civilizacion, que le recorda-
ba versos inconchusos, problemas plantectios, -ansias sentidas: pasos
resonando en corredores universitorios. Con aquella voz Julio charlaba
@ veces como en otros tiempos con los amigos y frente a una mesa de
calé. Afioraba los dias pasados en la embriaguez maghllica de la mé-
sica, las discusiones y los libros..... y sabfa que:sélo la vor de la {é-
brica podia entender esa afioranza.... solamente ella..., Miré el cam-
pe de labronza semejante ot un mar dorado, su peauetio cleaje unifor-
me parecia qué se alzaba pare pedir la semilla que habria de fecun-
darlo. Y allé abajo el rio entonaba su cancién eterna... Los étbo-
les contaban consejas al viento, y los pajaros, libres, se hacian el amor
de un modo estridenta. Julie ere un extrevfio entre todas ellos. El tinico
que le sonreict erat eb cielo, pero..... estaba demasiado alto.
Sintié una mano sobre su hombro. Era su padre. En su cara se-
ria habia: un destello de ternura,
"Ven, sfgueme”.
Eché a andar. Tras de su padre iba él. Cruzé el campo crado
hasta ester en medio de él. Habla un significado oculto en ese cucdro
que encerraba: a dos hombres parecidos y diferentes, unidos por la san-
gre, separades por una generacién y atormentados por deseos diferen-
tes. El padre se volvié al hijo y Ie hablé:
"Me pediste un dfa ir at Ia universidad y te di gusto. Querfa
tenerte contento. No me imaginé que te perdic al tratar-de hacerte un
bien. Hoy no entiendo qué es lo que quieres. Aqui nada te hace falte
y todos te queremos, sinembargo siempre estds triste. Mira: todas es-
tas tierras y los cafiaverales que bajan al rio son tuyos. He trabajado
infatigablemente para logratlos, pera dejdrselos a ti y a tu madre un
dic. Mi juventud esté acu, aqui est mi sangre, aqui esté mi vida, y
sinembergo ta no, puedes querer éste polvo que trituré con mis manos,
que alimentaré con’ mis huesos .... gpor qué?...."
—"Abre la mono. Toma esta tierra y dime si no la sientes lotir
‘en tus dedos. 1Di que no esté viva, para que yo vea de unc vex que
estds loco! Porque sélo un loco puede dejar de amar a esta madre
bendita que nos arrulla y nos climenta, que nos dé calor de hogar y
trae paz a nuestros corazones. ¢No palpitan tus venas junto con sus ve~
nas? ¢No sientes que el ritmo de la vida esté en tu propicr mano?
22 : LETRAS—Padre: amo esta tierra y os amo a vosotros, pero no siento
el ritmo de Ja vida en este pufiade de polvo, simplemente porque la
vida sélo Io entendemos'a través de la propia existencia, y la mia atin
no tiene ritmo. Y eso es lo que busco intitilmente entre estas cosas que
LETRAS 2te'son fan amadas. $6 que todos los hombres hemos nacido con un fin
comin independiente de Ia ocupccién de cada uno; que hemos na-
cido por algo 0 para algo,..: pero cuando lanzo mi interrogacién al
viento nadie me contesta. Debo encontrar la respuesta pero gen don-
de?.... gen mi?, gen los demds?.... Comprendo que todo esto sue-
na a locura, que lo que pretendo ¢s tomar en mis manos unct estrella
Para arrancatle la razén de todas las razones: el ritmo, del universo. Ig-
noro si eso es posible, pero en mi almet vibra una Yama que me que-
ma las entrafias y que sélo tendrét paz cuando luzca cual antorchat olfm-
pica en el cielo de todos los mundos...."
El padre vié cémo su hijo soltaba el pufiado de tierra al inten-
tar un cdemdn que lo abarcara todo... No entendié las palabras pe-
70 sf el gesto. Y no hablé més.
Cuando la noche cafa, regresaban los dos hombres al hogar.
Eran dos extrafios en medio del silencio.
eee
De nuevo el pito de la fdbrica inundé los campos con su. deseo
de ir més ailé del horizonte: eram las seis de Ic tarde, La noche empezaba
a legor trayendo en el vuelo de su capa més frfo « aquel ambiente de
invierno.
Sobre la colina que dominaba el paisaje y a Ia luz del crepiscu-
Jo podion verse tres siluetas tristes. Erm el padre, la madre y el hi-
jo: Julio parti al encuentro de su destino.
Abajo comtaba el rio y Julio descenderia hasta sus orillas parc
emprender el viaje por oquel camine de agues y arenas.
La madre pensé que muy pronto se perderia su hijo en la no-
che y lo bes6 parc ofrecerle una luz que lo consolara en la obscuri-
dad. El padre Je dié un apretén de mionos como si en él quisiera pa-
sarle toda su fuerza y su volent{a; no conocia la senda que su hijo iba
a seguir pero presenti que era necesaria mucha virilidad para poder
llegar a su fin,
La madre retuvo la mano del muchacho hasta que éste afirmé
sus pies ton bien en la tierra que ya no necesité de su apoyo; luego,
mientras vefan cémo seguia bajando, se volvié hacia su maride para to-
mar su diesira en un gesto de suprema comprensién.
28 LETRASEll entend{a al padre y entendfa al hijo; amaba a canbos, Era
el eslabén que unfcr c aquellas dos vidas tem distantes. ‘Sabla que los
dos tenfan razén y dentro de su coraz6n cablan los dos razones y los
dos carifios; es més, cllé muy en el fondo sentia que las dos ideas eran
una sola y que los dos hombres se fundiam para transformarse en un
todo perfecto y armonioso.
Hobie sido diffeil vincular ott vez al padre y al hijo, pero lo ha-
Bia logrado, Sabia que un dia Julio volveria a ellos pora amerlos més
que nunca, Pero ahora nada de eso importaba, las inquietudes del pa-
sado descparecion pora dejar en plenitud el dolor presente: el hijo se
marchaba, .
Anté este pensainiento se nublaron 1és ojos de la madre y in*
116 cémo por su carer resbalcban dos lagrimas parc ir luego a caer en
le tierra, El padre, al verlas, cup que on aquella tierra hobian sem-
brado clgo més que semilles y que la fecundidad de sus campos no
terminaria con él: en ellos hablan dos Idgrimas de mujer...
El hijo marchaba pisondo la ribera, De pronto, al levantar sus
cjos al clelo sonrié cén sonrisa de gozosa esperanzer en mitad del fir-
maménio habia dos lamas vives,
LETRAS. 7 asUna Tragedia Hogarefia
(CUENTO CORTO).
Por Alejandro TORRONTEGUL
FUE EN NAVITO, pueblecito in-
digena de Culiacén, de la regién “ca
fiera de Eldorado. Lugar que conser
va la fisonomia del Siglo de la Con-
quista; con sus chozas y sus gentes
de entonces, no obstante el contraste
del cultivo y el edificio majestuoso de
su plantel educative, Fué donde en-
contraron los -primeros espafioles, el.
ébice a su voracidad en la tierra de
oropel; con el ultraje a las mujeres y
la obligatoriedad sanguinaria pare eb
indio, aqui se conservan el odio y el
amor como herencic metatérica en el
“giordo” del dolor’ y la, belleza del
misticismo.
Es aqui donde a la vista de un Cristo en postracién, frente a los
cirios del "Sento Entierro", se conocen, viven, se enamoran y mueren, el
indio imberbe de mirada ldnguida, de corazén dulce y de valor bien
entendido, lcmédece Timotoo, y su morena bronceada con desarrollo
tropical; més suave que la seda; tan hermosa cual la aurora: y el pai-
saje vespertino sinaloense. Ella tenia la sublime propiedad de la re-
viviscencia, cuando a fuerza del sufimiento, la hacion sentirse volun-
jariosa, pero que a la menor indicacién de Timoteo, despertaba olvi-
dando rencores.
Le lamaben La Pancha, y ese nombre se unié a 41 en todas los
conversdciones. Un dia de muertos la conocié en el panteén regional,
el tinico sementerio de varios kilémetres a la redonda; lugar « donde
yan a dar los cuerpos inanimados de Eldorado, La Cruz, etc., etc; el
tabé ancestral irente al edificio escolar —explicacién costumbrista del
26 LETRASarraiga religioso, én que lo mejor del pueblo, debia estar precisameti-
te frente a lo més sagrado—.
Llevaba: un conasto oA tortillas de mofz, caha tiema de azticar,
leche y legumbres; no lo queria parc saciar el hambre, sino para de-
jar los alimentos sobre el montén de tierra bajo la cual reposaba la
madre. Esta costumbre se va desarraigando poco a poco, pero en ella-
subsistia como ensefianza atévica, y por eso, con su “tépalo”, cubria el
cesio, mientras Ilegaba a depositorlo, para que se nuttiera el cuerpo
ain egpfrita de su adorada madre.
El, con su sombrero "Giiichole” en mamo y su daga al cinto, con-
templdbala extasiado en la hermosura morena de la Guadalupana y
se unic en sentimiento, tal vez asociando el instinto sexual, pues pen-
saba llegar con su timidez, hasta ‘el corazén de la india que en esos
momentos, se entregaba con todos sus sentidos a venerar el sagrado
recuerdo de su querida muerta,
‘Cuando la Pancha coloca el pistero de barro en que Hevaba la
leche, sienta su mono apretujada por la callosa de Timoteo, que en un
rato de atrevimiento y de audacia, en donde se manifiesta la supre~
macia de los instintos, vuelve los ojos manidos por las lagrimas como
invitacién callada a que se uniera al sontimiento.
Pero ese contacto hizo extremecer con sensacién de vértigo’ el
cuerpo, y hervir la sangre de ambos; se olvidaron de los muertos. Ella,
con mirada de admiracién y sobreponiéndose a la realidad, parecié de-
dirle en el mutismo de los indios: "4Qué significa esto? {Un descono-
cido haciéndome temblar!" En ol, subconcionte decfer con las palabras
de} ranchero: "Cémo seré usté de esado!" y agregaba: “pero me cua
dia", Tino ccertabe c decir una palubra, se conuetubu u aula sin
soltarla: de pronto rececioné y aliné a gesticular: “Compa, no s6 por
qué lo hice, pero es que estés tan rechule..... vemos, como le yegua
del tio Chon; es una yegua prieta con las crines como tus cabellos, y
tem mansa que me le paso por debajo de la ponza y ni se mueve; por
eso me gustas, y pienso que si me das tu mereé, me cascré contigo,
frente ol “Scio Entierro”, que sabe digo la puritita verdé.”
~"Me esté propeniendo matrimonio a lat gitena..... sin invitar-
me q jullirme?" Era una emocién sin ireno, ya que su educacién nula,
no le permitia lo inhibicién. Respiraba y respiraba apresuradamente,
tratando de adivinar lo que el desconocido le diria,
LETRAS— "Claro que le propongo lo que dice; claro que rhe casaré con
figo si su meré quere, y claro que te pondré tu casita de tabay,, y ten~
drs frijoles y tortillas, pero..... desde luego que me dards un plebe,
porque el macho y la hembra que se juntan, deben tenerlos, porque
si né entonces pa'qué sirven!*
Su color bronceado, no le impidié a la india que se le notara un
cierto tinte sonrosado, ifpico del pudor femenino; ningiin hombre ha-
bile hablado de esa manera, Es verdad que en su casa y en otras
partes habialas oido, pero jamds a ella se lo habion dicho; estaba: acos-
tumbrada a las polabrotas de los roncheros; ct los piropos de los ena-
morados, pero no sabia por qué se sintié tan desconcertada; tal vez el
destino le presagiaba algo nuevo en la vida tal vez no se equivocé.
As{ fué como se conocieron; asi fué como al poco tiempo se die-
Ton sus nombres; y asi fué como el padre de la muchacha dié su con-
sentimiento para que la visitora; pero bajo su mirada escrutadora.
Es tradicional en toda la regién, que Navité fué lugar en donde
abundaron los hechiceros indios, y que cuando Hegaba visita « una
choza, si el visitante era persona no grata, haciasele que el banco en
que se sentara, se le adhiriera a las posaderas, con lo que no volvia
por aquella demostracién. Igualmente cuando @ una moza cuadriba-
Je ua macho, hechizdibalo haciéndole lo mismo con el banco.
Sabia Timoteo que aquello de la hechiceria era puro cuento; la
maestra habialo repetido varias veces en sus juntas vecinales, pero
sin embargo embriagébale cierio temor; més pensando que quiza le
gustaba a la india, hizo el truco del banquillo, que chora erc ung si-
Hat de vaqueta simulé que se le pegaba bajo las miradas asombradas
del padre y de su hijer que siguieron creyendo en las brujerfas y que
hasta hicieron correr la version por todo el poblado y de rancho en
rancho, El gané con su oudacia..
Pasaron los dias, y el plazo y la deuda que siempre se cumplen
y-cubren, llegaron, Se casaron en Quild un dia de Ja Virgen de La
Condelatic: frente al fumulto de la gente cosmopolita: que en ese dia
hace su agosto “pagando” mandas” algunos; buscando amorios otros,
¥ los més explotados al projimo, especialmente al rancher que después
de un aio de trabajos, logra reunir con su esfuerzo y su dedicacién,
un pequefio patrimonio que debia ver para la familia, y que en tres
dias despilfarra en las cantinas, en juergas y mujeres, y por qué no,
también en lat tambora.
28 LETRASA Quilé seve a buscar consuelo y gratitud a la Virgen, por he
Ber concédido algin “milagro” —aberracién para el siglo de la até-
mica; y al son de “Los caballos que corrieron”, "El Quelite”, “El To
ro" y otras piezas regionales, sale la pareja a divertirse alegre y fe-
liz, bendiciendo el dos de febrero que creyeron los junt6 para el resto
de sus dias,
Los dica felices iban pasando. Una tarde de primavera, llegaron
visitar el imponente panteén tabti; aquel cementerio Ileno de cruces
de todos tamafios, sin orden; llegaron algunas muchachas de Eldorado
¥ Culiacén, entre las que figuraba una hermosa blanca y juvenil car-
tegiand.
Esta mujer estaba acostumbrada al roce con toda clase de gen:
tes de la ciudad. Ver a Timoteo y escuchar su lenguaje, no pudo me-
nos que antojérsele una diversién distinta, pues como era voluntariosc,
aniojadiza y dada « las aventuras, quizo experimentar otra a costar del
pobre indio. Alli empezé la desgracia del hogar.
—"Si tu quieres, le decia, cuando yo me vaya, vienes conmigo
a Eldorado y luego a Culiaain. Alli nos divertiremos, conocerds 6] mun-
do y alli me amarés como Io estoy haciendo en estos momentos conti-
go.” El juego del siglo habfase cambiado en el amor,
"Cuando su mercé lo’ ordene, yo la eeguiré.” Era hombre, 0
cuando menos asf lo crefa, interpretando el machismo a lo “mexicano
¥ alo ranchero”. No se dijo més, no se pens6 otra cosa Timoteo olvi-
dé a su mejor compafiera de la vida y siguié a Ia falena. No le impor-
16 Ia promesa ante el Santo Entierro y ante él Sacerdote Catélico; otra
vez predominaba el ‘instinto sexual sobre el cardcter mistico y senti-
mental; no pensé en que dejoba una buena mujer por ir tras unc que
[Link] pasajera, en donde no hay «l verdadero amor conyugal que
Jo format el hogar; cogié el camino de los sentidos por satisfacer el de-
seo de la came; se fué tras la quimera.
Eller eufrié en silencio © fase consumiendo lentamente, Aquel
cuerpo joven y rozagente, era ahora una pillrafa humana; por la mala
alimentacién y el sufrimiento: fue fecundéndose en su cuerpo la tuber-
culosis pulmoner.
Mientras tanto, Timoteo gastaba sus pocos chorres y se daba
‘una vida licenciosa hasta que no tuvo un solo centavo. Cuando esto
sucedié, la ramera lo largé de su lado. Triste y desconsolado cbando-
16 Culicotin; lo experiencia y 1a desilusién gularon sus pasos al lado
LETRAS 23de su indita, Entonces sf reconoce que todo fué un vil engafio y que
no hay mejor lugar que el hogar que 1 abandons.
Con ese convencimiento tardio, llégase al Navito dispuesto a co-
bijorse en su casa y a rehacer su vida; llégase a su choza de tebay en
busca de su mujercita y con la intencién de trabajar nuevamente la tie-
17a} con ler intencién de pedir perdén y de ayudar a la tarea de la re-
cuperacién econémica, que aunque no la éntendia, la crefa just. De-
masiado tarde; no encontré las cosas que dejara en su lujuria; en lu-
gar'de la india joven y fuerte, encontré las cosas derruides. La Pan-
cha yacia tendida sobre la cama de madera con fondo de ixtle torcido,
que servia a su mujer en la dicha y la desdicha, Tuvo una lenta ago-
nia conciente, como la de todos los tuberculosos. Murié en pleno ejer-
cicio de sus sentidos, recordemdo a Timoteo con esta Gitimer frase: “Ti+
moteo,.... por Dios..... teuldate!”
Loco, con esa locura de los arrepentides que no encuentran el
perdén, en las horas de la alta: noche, no pudo cguantar su desespera-
eién; corrid, corrié horas y horas. Alli en el Panteén taba de los
indigenas, sobre el montén de tierra nueve: que cubria el cuerpo de su
mada, se undié la daga en el pecho diciendo: “Te sigo mi Pancha.”
Dos Kdgrimas gruesas corrieron por sus mejillas antes de morir. 4Co-
bardig? Tal vez si o tal vez no. Justicia? Tal ver st o tal vez no.
En Ia orillet del poblado chulla lastimeramente un perro de “mal
agiiero.”
30 LETRASDON CHALEQuIN
Por Carlos FILIO.
ENTRE LAS COSAS QUE EN
SINALOA resisten al pastdo, con i
mortal olor a museo, esté el ferroca-
riil de Altata a Culiaoém, llamado ofi-
ciclmente Ferrocarril Occidental, a
quien en el lenguaje corriente se le
dice “EI Tacuatinero", por consideréx-
sele algo propio de Culiacém, ciudad
productora del pastel de matz frito’en
manteca de res llamado “tacuarin".
Del tacuarin debe decirse, co-
mo del “charote” de Tabasco, que ha
dade a los de Culiacdn unct persona:
lided que los distingue del resto de
los sindloenses, quienes no pueden,
con tristeza, lamarse “culichis tecua-
tineros”.
La revolucién modificé notcriamente Ia estructura social de la
capital de Sinaloa, que era una ciudad sin complicaciones caribistas,
alegre, sencilla, con el perfume de su aseo y a quien el entusiasmo
de Ie literaturct de aquellos tiempos lamé la “Perla del Humaya”.
Por la natural renovacién biolégica de los hombres y los siste-
mas, todo lo de aquellos tiempos se ha modificado y sélo contintan las
costumbres impuestas por la vida ambiente: la necesidad de usar yes-
tidos ligeros en los meses calurosos de verano; el pasarse la noche ha-
ciendo cbligada tertulic frente al zagudn de la casa, senténdose en si-
lones colocados en Ic benqueta y con un chanicarse sin parar, a la
vez que se foman coplosos vasos de agua helada y se rabia de los que-
mantes “bichos” que, al caer al suelo, son atrapados por los sapos de
providencial voracidad.
Fuera de los entretenimientos de las tertulios de banqueta, im-
uestos por el calor de infierno del verano, los domingos y jueves por
Ja noche habia en la plaza Ia retreta —no se le lamaka atin serena-
LETRAS 31ta, ni qudicién municipal—, que daban los “azulitos”, una banda de
muchachos hospicianos que tocando viejas piezas bajo la batuta de
don Angel Viderique, nos hacia: pasar horas agradables desde que sa-
Via de lat puerta de la Casa de Gobierno, marchando por le calle Ro-
sales, hasta llegar al kiosko de la Plaza de Armas.
Los que tenfamos vocaciones literarias © psriodisticas, nos re-
unfamos todas las tardes en Ia imprenta de don Faustina Diaz, donde
s0 editaba el bisemanario "El Monitor Sinaloense”. Con mucha fre-
cuencia las pléticas derivaban sobre cuestiones literarias, donde. cada
quien exponig, sencillamente su verdad, segtin su tendencia y orienta
cién estética.
En la forma discreta del recuerdo han caldo en el olvido varios
do los aspects de la vida de Culicetin de hace veinticinco afios; pero
entre los que magiier el tiempo permanecen intocados, se encuentra
atin y sirviendo come Dios se lo da a entender, el incémodo y ameno
ferrocarril de Altata,
El Ferrocarril Occidental, que se tenfa el proyecto de levar has-
ta Durango, fué construfdo por una compafifa inglesa que por muchos
afios regenteé el célebre don Sebastian Camacho. El personal del fe-
rrocarril erat escaso, muy viejo, con intereses de arrcigo y demasiada
confianzat con los habitantes de los pueblos de Culiacén y Altata, a
quienes conoctan de cara y mafias.
El convoy se hacia de una pequefia méquina de lefia, descua-
charrangada y gtitona, un catro de primera con, butocas de madera y
ventanillos laterales con vidrios a mal poner y finalmente con dos o
tres cajas coloradas habilitadas de vagones de segunda. El ferrocarril,
tiene su ifinerario de salida m&s o menos probable, pero su legada es
puntualmente insegura. Asi sale por la mafiana silbando, gritando, pa-
ra volver por la tarde con la misma estridencia, cubierto de polvo, ¥
carojando a los pasojeros sucios y mal molides. Pues de este ferroca-
stil era: popularisimo empleado don Carlos King, stibdito inglés que a
bordo del tren Ie hacfer de conductor, auditor, agente de publicaciones,
comedido pasa lefia y de cuanto requerfa su eficaz intervencién.
Don Carlos King erat un viejecito que daba una impresién de
elemidad; erc de mediana estatura, muy coloradito, de blanco bigo-
te recorlado, magro de cames y que, tocado con un cmplio sombrero
negro y de anches alas, iba de un carro a otro siempre vestide de pan-
talones de dril y con un chaleco de casimir oscuro, El viejecito era lo-
82 LETRAScuaz, comadrero y amigo de relajes y barullos, especialments con ef
mujerio del campo, con las que tenfa diarios altercades por el importe
del pasaje, o por el pago de esto o aquel bulto estorboso que incomo-
daba el paso de los vigjeros.
Sus amigos le llamaban carifiosamente: Charles King, es decir,
Cholequin, y Chalequin era foctétum para el arreglo de toda compli-
cacién ferrocarrilera.
Y sucedié que caminando una de tantas veces a bordo de “El
Tacuarinero”, don Carlos King se lié a dimes y diretes con una vieja
ranchera de Aguaruto, por el pago de centavos més o centavos menos
que cobrarc por una comesta de tacuarines. El hecho fué haciéndose
enojoso entre auditor y pasajera, hasta suponer, por el tono elevado,
que culminarfa con la detencién del tren y la consiguiente bojada de la
reacia vigjera, pero el conflicto se resolvié pronto.
—iTe digo que si no pages te bajo desde Iuego! —decla don
Carlos King.
—iQué me va usted a bajar! A poco cree usted, gringo viejo,
que soy cualquier baba!
—iSiguete poniendo pesada y con todo y los tacuctines vas @
dar al Vallado! (Nuestro inglés don Carlos King hablaba el espatiol
con todos los barbarismos del pueblo humilde de Sinaloa). ¢Tu no sa-
bbes lo que soy cuando me enojo?
—1Qu6 bah! Si usted es puro cholecufn!
—iMira que me voy a fajar los pantalones!
—iQué pantalones ni que cabo de hacha! jUsted es un pobre
cholequin que ni a chaleco llega!
Don Carlos King c¢ 6 de le ocurrencia y dié por torminader le
cobranza del flete de los tacuarines. La vieja ignoraba que Chalequin
era la former comprimida y carliiosa de Charles King, como le lama-
ban en todo Culiacén ol popular conductor de “El Tacuarinero”, orgu-
Wo y carifio de los “culichis tacuarineros”,
LETRAS 33Sentido y Alma de Sinaloa
Por Fausto Antonio MARIN.
to del Estado de Sinaloa, dotado de la potencialidad visual su-
ficiente para que, sin necesidad de recorrer campo por campo,
cbarque desde su original posicién la anchurosc dimensi6n de la pro-
vincia, A ello cunémosle el conocimiento primero de sus hombres y
grabemos en su mente la expresién latente de tendencias y tradicio-
nes, Desde Iuego este vigia sorprenderé a Sinaloa como un extenso
camino abierto entre la montafia y el mar al que surcan once rios ma-
dres que bien pueden ser las arterias por las que circula la savia vir-
gen [Link] pulmén mérovilloso de la cordillera; el corazén se di-
Jata en un valle vigoroso y en sus miembros se entremezclan nudos de
su sensible sistema nervioso. En eso que el hombre ha llamado sim-
plemente “un Estado”, uno més dé su no siempre acertada convencio-
nal clasificacién. se descubre un cuerpo homogéneo, demostrando que.
su unidad geopélitica coincide exactamente con el propésite social que
Je infundiera vider tras una agitada operacién histérica. Le imagina-
cién humana debié asombrarse de la perfeccién de su apresurada obra.
Sinaloa, cémo bloque de integridad provinciana, representa un Esta~
do ideal en el conjunto no siempre simil de la unién mexicana. Cuan-
do nuestro observador busca ahora Ia temperctura ambiental de sus
pobladores encuentra, nueva coincidencia, que su homogeneidad se
honda atin més y que el calor y sentido del sindloense toma su ori-
‘gen y su razén de ser en un mismo molde vaciado en idénticas aspira-
clones,
Hombre y medio se han asimilado tras un proceso de integracién
que no requirié sino un tiempo minimo de identidad. Mientras para el
singloense la tierra que pisa es arcilla de su propio cuerpo, la estruc-
turer de la regién est& modelada para el disfrute de su actual morador,
No es, como pretendia interpretarlo un vigjero, el que nuestra tierra se
brinde por s{ misma al hombre: es, dirfa, el que la tierre: ha sabido re-
flejar la inclinacién y el anhelo sumergidos en el sinaloense; es que res-
ponde al llamado de aquelles que a través de largas generaciones be-
bieron sus aguas, condimentaron el pan con su sal y acariciaron su es-
pititu en la perspectiva de su paisaje. Atin mas: esta tierra despierta,
Goan ni A UN OBSERVADOR situado en imaginario pun-
a LETRASen hostilidad parer quien no hace de ella un culio y si con un cemto
atrae al aventurero, su misma esencia sect hoy 0 matiana, lo burlard,
carebataré los frutos primeros que incorporard nuevamente a su seho
como el incruento heloceristo que el indfgena tributa los dioses sub-
terrémecs.
Esta: esencict terrena puesta a la mano del hombre sin otros obs-
téculos que su dindmica particular, no es tierra de conquista, sino obra
tesonera y laboriosay es la mejor herencia del trabajo. La constoncia
representa el equilibtio de factores propicios al bienestar y para per
Petuarse en sus campos es preciso ser mitad campesino y mitad filé-
sofo porque sélo en la madurez del instinto, en la perceptive caillada da
la mesura y Ic estobilidad de cuerpo y alma se encuentra el goce ple-
no del campo-hombre,
Ni zonas selvéticas, ni extensiones yermas; si naturcleza com-
acta y asimilable; ni grandes torrentes infranqueables, ni hondanadas
seca, fuera del farallén imponente de la sierra. De la montafia al mar,
de Choix « Eseuinapa, brever planicies y pintorescos valles de clima
céitido, y en la Sierrcr Madre ol sinaloense cuenta, cuando sus inquie-
tos ofos mirn hacia Io alto de sus montes, con la perspective de esca-
Iorlos si el orgullo legenderio le hinca en la curiosided el deseo verti-
ginoso de Ia afturer y ler vordgine nebulosa.
El sincloense tiene fisonomfa y caracteres definidos. Ha adqui-
ido honda nocién de su destino. De Norte cl Sur, de Este al Oeste, ew
presencia es inconfundible, Como carece de tradicién indigena poten
te, descubre que Ic histotla autéctona de otras provincias son las su-
yas y por razén de nacionalidad ler cobijac por igual; siente lo indige-
nq, sin distincién de tribus y diclecios y el india ag vina a trewée da to
do el pais. De igual manera, aquella roza que cruz6 nueva sangre
formando el mestizae, es parte integrate de su ser. Es, en ottas pa-
labres, la juste: medida entre el pasado voricble y misterioso de los
primeros pobledores y Ic razén definida de la aventura: conquistadors.
A encontrarse ot sf ayudé la voz de la tierra que abierter como la pal-
ma de uncr mano le impidié reconcentrarse en lo defensa de su natu-
releza y susurréndole un conto humemfstico le impulsé at ver en su re-
dedor aue el mundo es ilimitado y el pensomiento eterno, Con mirada
clerta descubrié que quienes se recluyen pierden enerofas y nuedan ha-
cia la decadencia y que sélo la renovacién acrecienta los impulsos de
la vida y abre los brazos ail progreso. Desde eu crigen, hombre y hori-
LETRAS 95zonte se estrecharon en un abrazo de conciliatién marcando al unfso-
no el paso de su destino para confirmar, por su propia experiencia, que
hombre y tierra nacieron de un seno comtin.
¢Extrafia pues que al trasponer sus umbroles un aliento nuevo
nos envuelva? La hospitalidad, la framqueza, el donaire adquirido por
el sentido de la préctica dan al sinaloense su-sello original, En su ac-
tuacién privada es un hombre de vastos reflejos. El matz, tradicién de
Ja cultura primitive, es bésico en su alimentacién, pero el pueblo mis-
mo no rehusa otras formas de nutricién, condimenténdose con no os-
caso saber culinario el trigo, cultura europea, y el atroz, cultura asié-
tica. Los platillos tipicos privativos de las razas nahoas se entremez-
clan a ler cocina criolla. Por otra parte carece de un troje tipico distin-
tivo, lo que Je permite vestir cémoda y sencillamente adaptado al cli-
ma. En su expresién musical, el corrido, pone de maniliesto su preocu-
pacién por desentrofiar y perpetuar las vidas atin més insignificamtes,
patticipando de actos cotidianos y de sencillas escenas que descubren
su sentido del valor, del honor y de su instintiva delimitacién entre el
bien y el mel. El corrido, originado en el romancero castellano y ele-
vodo a la pasién por la mésica que despierta Ja visién anchurosa del
nuevo mundo, enlaza lar leyenda con Ia vida dicta que pasa, Por
otra parte el més recio intérprete del corrido: la tambora, inyecta la
gravedad del tambor repercutente —el més primitivo instrumento mu-
sical de la humanidad— y pasa saltarin por Ia flauta, el oboe, la cor-
neta, la trompeta, sostenido por el fondo violento pero disciplinade del
tamborcillo. La cusencia de cuerdas aparta toda nota de desventura.
La alegria campea imperante, en deshorde.
Ante todo, democracia. El sincloonse percibe, como una onte-
nat interpuestar en el camino de les ondas radicdas. el valer y la razén
del pueblo. El hombre de la calle es el dictedor verdadero. Ya en otra
ccasién dije que si permitié el reflejo de la dictadura porfiristar a tro-
vés de Cafiedo lo fué porque en esa cdministracién se conjugé el des-
gairre, la campechamerfa, lo vulgar que no es otra cosa que la intima
independencia y atin tuvo coqueteos jacobinos; algo de todo y no po-
co de liberal. Entonces, la inmorolidad, sélo so hizo presente en lo po-
Iitico y To politico nunca her sido adquirido por el sincloense con un
sentido estricto de normas invariables; tan es asf, que muchas ideas
pattideristas hen sido relegadas a los hombres-culos y a la fuerza di-
némica de los tipos. Esta es una forma democréitica tipica; pero demo-
cracic al fin y ol cabo. Cuando se quiere atacar un régimen se habla,
36 LETRASclaro y directo, se combate a la cabeza en contraposicién a otras re
giones donde el ditigente es, como dice Jorge Corrién, un “tabi”. Has-
ta hoy, no se ha dado el caso de que un mandatario atente contra el
modo intrinseco'de ser del sinaloense; ninguna de sus inclinaciones inna-
tas ha sido coortade y le voz del pueblo, ancha y viril, se escuchat co-
mo el toho mas agudo del concierto provinciono.
El complejo de inferioridad que ater en comiin al indolatino est&
cmengucdo en el sinaloense por su innata disposicién ol progreso.
Cause: cdmiracién que, pese a las toras del ciavismo ya comprobado
en nuestra raza, se lance a nuevas aventuras con la inquietud aferra-
da ct sus misculos, La transformacién técnica de su agricultura, en vis-
peras de cruzar la etapa delinitiva, lo demuestre: palpablemente. Asi-
mismo, ciertos centros de su pensomiento participan de corrientes esté-
ticas, Mientras la obra descmalfabetizadora hinea Ja cuchilla del arado
en campos virgenes, en aquellos ya abonados su sentido artistico se
muestra golosamente frugal. Sobre todo en las ramas musical y lite-
ronia el sinaloense ea un crecdor embrionatio; la més leve fuerza que
Je impulse transforma en alas los ansiosos hilos de la larva fecundante.
Prendido al hombre se enciende Ia flama de la religién. No es
Ja Homaroda humosa, violenta y destructora. El ciego fanatismo esté
atenuadd por un equilibrio de factores pricticos y misticos. La intole-
remcic es desconocida y el hombre rehuye complicaciones teolégicos,
pues su [Link] inclina al calor humilae del limpio espiritu en el or
den religioso, Tal vez no produzca nunca un Santo Tomés de Aquino,
pero el llamado claro y poético de la naturaleza obtendré nuevos dis-
cfpulos de San Francisco. El sencillo y acogedor acatamiento a la di
vinidad es la {érmula dicria ¢ invariable del sinaloense. Cuando mira
a la muerte en su interior nace una sonriscr complaciente: la tierra, su
cara mited, no puede ser mal refugio del sueiio eterno.
LETRAS 7Los Mayos de Sinaloa
UNA “PASCOLA” DIFERENTE A LA QUE DANZAN LOS YAQUIS.
Por Amalict MILLAN.
N LOS LIMITES DEL ESTADO DE SINALOA que colindan con el
Estado de Sonora, habita la tribu Mayo. Se ha creido comdin-
mente que los yaquis y los mayos pertenecen a la misma tri-
bu y que poseen, por lo tonto, iguales caracterfsticas sométicas, las
mismas formas de vida e idénticas expresiones artisticas. En reciente
viaje a la tierra de los mayos, tuve oportunidad de comprobar que esta
opinién es completamente equivocada. El mayo es un ser menos dind-
mico que ol yaqui debide seguraments, a que su naturcleze racquitioa
es menos capaz y resistente para soportar las inclemencias del tiempo
y para la lucha por ler vida. Como un testimonio de antiguo cruce con
raza blanca, la meyorfa de ellos poseen ojos azules, expresivos y sofic-
dores, que contrastan con el bronce de su piel.
En Ietargo y sin grom emocién, indolerttemente, contemplat la tri-
bu, lo impetuosa: corriente del rio “Fuerte”, a cuyas mdrgenes, sin émi-
mos de lucha se estaciona conforméndose con realizar pequefios cul-
tivos que escasamente alcanzon para subsistir. Let tribu se siente des-
pojada, maltratada y con resignacién fatalista, acepta lo vida sin pro-
testos ni rebeldias, contrariimente a como los yaquis han siempre reac-
cionado « lo que ellos amen “Ia invesién de los yorie”.
Esta collaca mansedumbre Ja sent{ en el ambiente apacible y
triste que observé al visitor le regién. La paz patrioreal que se respi
ra en la vider de Ja tribu, lex que se desliza sin prisas ni preecupacio-
nes, se deja: sentir en los expresiones artisticas. La mtisica y la danza
tienen un caréicter original que le distingue de la de los yaquis, No
obstante que Ia "Pascola” la bailan las dos tribus, la danza de Jos ma-
yos, esté caracterizeda por motivos diferentes.
‘Las dos tribus han vivido mezcladas desde hace siglos, siendo
los mayes Ios que facilmente se hon asimilado a los yoouis. En la re-
gién del yaqui pueden contarse por miles los mayos que, ol lado de
8 LETRASellos y bajo su sombra, vegeton imiténdolos y adapténdose' a lat bra-
va psicologia del yaqui. Por eso. las dos tribus hablan el yaqui y el
mayo, didlectos derivedos del cahita, que también conocen.
Los mayos que han quedado en Sincloa, no obstante su dé
dod para adaptor nuevas formas de yida, conservan sus propias tradi-
‘ciones, sostenidas quizé, por su poco interés para nuevas invenciones.
LETRAS 99En una fiesta de cardcter religioso at que asist{ en Mochicagtie,
tuve oportunidad de ver bailar el “Pascola”, danza que pocos dics an-
tes vi danzar c los yaquis. Comparar estas danzos fué para m{ muy
interesante, porque cada una me presenté el cardcter diferente de los
yoquis y mayos. Efectivamente, entre los yoouis, esta danza asume un
carécter guerrero y vivaz, en la cual los atacantes, persiguiendo a sus
viclimas, los matan haciendo gala de valor y dincmismo. La pascola
que vi de los mayos tenfa un tinte festivo, alegre y conciliador que re-
flejaba la dulzura y mansedumbre de estos seres.
Se celebraba al Santo Patrén del pueblo, y desde temprona ho-
ra empez6 a reunirse la tribu en el atrio de Ia iglesia. Rodeados de
numeroso piblico comenzaron los danzantes a colocarse en los luga-
res previamente designados. Bajo la entamada de “Pabay" 0 zacate,
Jos miisicos empezaron a afinar sus insiamentos que eran: Let jfeara
de ague © sec una cazuela grande lena de agua y sobre ella un gua-
je 0 bule de calabaza, el cual producia un sonido misterioso al ser gol-
pecido con un macillo de bola de trapo. El raspader, que es una pieza
de madera de un metro de largo por cinco centimetros de ancho, es-
triado, y por cuyas romuras era ripidamente pasado un palito que al
frotar producia un ruido singular. El arco, que era un cartizo largo que
tenfa atada una cuerda en uno dé sus extremos, sostenido por el puen-
te y teniendo al otro extremo una clavija que estircba la cuerda ai
ndndola. “Al rascar lo cuerda con los dedos se producia el sonido de
una sola nota. La flauta de cartizo, tenfar cuatro agujeros, que produ-
cian cuatro diversas notes, con las cucles, el mfisico parecia que se es~
mercba en bien impresionar al auditorio. Los personajes de Ie danza
‘eram: “El Cacigue”, un anciano de grdn representacién aue uscba més-
cora de viejo y el Laje de gala de los meryos, que es: pamtalén blanco
y blusd roja. A la derecha de éste se colocé “Mlichi”, 0 sea la joven
més bella de la tribu, hija del Cacique, codiciada prenda cuya adeut-
sicién fué el motivo de la danza, en que los tivales trataron de conquis-
torla. Esta Hlichi, era un indio vestide de mujer. A la puerta de Ia en-
ramada estaban los perros, indios que uscban méscaras de perros y
prendida al calz6n una cola de dicho animal. Estos en “cuatro patas",
vigilobon Ie entrada y atentos a cualquier ruido olfatecbon y vefan a
todos lados. El"Venado", a un lado del Cacique, Hevaba por traje un
calzén corto, él pecho desnudo adomado con collares de flores tojas
lamadas de San Juan, en las piernas enrollados los cascabeles hechos
de capullos de mariposas, sobre la cabeza unc cornamenta de vena-
aq LETRASdo y en las manos los tecomates llenos de piedrecitos que produciari
un sonido parecide al de las maracas,
La flute; empez6 o dor to Yamada para que la danza: comenza-
ra y todos los instrurnentos siguieron acompafidndola en diferentes rit-
mos aliemados.. Se inicié 1a mdsica con la melodia “El Venado", con
Ja cual empezé este animal a moverse imitando los saltos del venado.
Los miisicos, cambiando de melodia, tocaron después lat “Vibora” y la
“Paloma” en las cuales, 6l Cacique empez6 a danzar imitando tam-
bign a esios animales. Girando sobre un pie y trazando un efrculo en
6 suclo con la punta del dedo gordo imitaba el caminar de la viborc,
y al agitar con las manos los cascabeles trataba de reproducir también
el sonido del cascabel de una vibora enfurecida. Mientras éste danza-
ba, los perros que cuidaban la puerta empezaron a ladrar y a dar se-
fidles de descontento. Le orquecta eimulé un aullido y fué interrumpi-
da la danza por la repentina llegada de los “Coyotes”. Estos erm in-
dios disfrazados de coyotes que llevaban sujeta cl cuello una piel de
dicho animal y uscndo también méscaras de coyotes. Empezaron los
coysies a cullar’y los perros a ladrar. Luego se impuso la voz del Ca-
cique dando érdenes pora proteger a su hija Ichi, le que, perseguida
por los coyotes, no enconiraba lugar para ocultarse. En aquellos mo-
mentos de confusién y desorden aparecié un indio vestide de tigre,
quien iba también en busca de Ilichi y que trataba de quitérsela a los
otros. Al ver que los coyotes la perseguian tenazmente, cand al jefe
de estos animales y, fuera de la enramada, les propuso que se unie-
ron a él para robar a llichi, matando a los perros, al venado y al Co-
cique. Mientras tanto, los perros, haciendo que nada sabian, olfatea-
ben y buscoban ol enemigo en lugares distontes ci ellos.
‘Aceptando el convenio propuesto por el tigre, los misicos toca-
ron una melodic vibromte y alegre, especie de diana, la que unider a los
aullidos del coyote, tigre y perros, lantos de llichi y palabras del Co-
cique, dié a la danza una gram animacién. El tigre, saltando subié al
techo de la enramada, y al posar por debajo el venado, se descola6
cayendo encima de "., acto con el que dié a entender que habia logra-
do el amor de Michi. Después, el Cacique se dié por satisfecho entre-
gando su hije al Tigre. Al cosar el pleito entre perros y coyotes, todos
se entregaron ct la danza cogidos de la mano y haciendo circulo al ti-
gre y a llichi
Con el goce de la contemplacién de esta Pascola ballet, habfames
colmado nuestros deseos y regresamos a "Los Mochis", rico ingenio azu-
LETRAS aearero, ej cua] tomamés como punto de partida de nuestro viaje a tra-
yés de toda la regién de la tribu mayo. Ante nuestros ojos desiilaron
gran nimero de pueblos, entre otros: Barotel, Baconcita, Tehueco, To-
10, Sibirijoé, etc., algunos abandonados, segiin me informaron, por ra-
zones de indole supersticiosa, pues existe la creencia entre los mayos
de que al morir una persona, deben los habitantes del pueblo, emigrar
«a oiro lugar, en el quo construyen nuevas chozas y debiendo quemar
‘o-dejar en completo abandono aquellas en las que seguramente mero-
dec el espiritu del que desaparecié y cuya influencia es muy temida,
‘A muestio paso por aquellos pueblos tradicionales, los indios s-
liendo de sus chozas nos miraban con. esa su Hpica expresién, mezcla
de estupor ¢ indiferencia; con esa mirada milencria que seguramente
sorprendié a los conquistadores cuando atraides por halagitefias noticias
do Ja existencict de viqueros Jabulosas atravezaron Ia reaién buscando
las legendayias tierra de Cibola y Quivira, Como antafio, el mayo,
en su actitud exlética, cpoyada en hondo pantefsmo, parece pregun-
tar: ga qué tonto afé? recordando quizé la inutilidad de aquel antiguo
trotar de gentes clucinadas que sofidban con encontrar palacios de oro
y pledras preciosas y cuyo descubrimiento de siete pueblos pobres que
no tenfon ni un solo lingote de oro, cosié Ia vida de Cicuye, el indio
gufa, Y la humildad y la generosidad del mayo, todavia ve pasar a su
vera, Ia codicia y la ambicién que busca la misteriosa y fantéstica Qui-
vira que improvisara Francisco Vézquez de Coronado.
a LETRASCartas Nigroménticas
De don Ignacio Ramirez (E1 Nigromante)
2 don Guillermo Prieto (Fidel).
‘Mazatlan, agosto de 1863.
Querido Fidel:
HEME aqui ea este puerto, ¥ preparéndome para seguir basta la Alta Califor-
nia, Adivino que te [Link] curiosidad de saber por qué be corrido més que D.
Benito y sus Miotstros, més que la Diputacién permanente, més que nuestros Jeies y
soldados: voy a satisfacerte. Yo n0 tengo obligaciéa de seguir al Goblerné, ni tengo
muchas cantidades gué percibir de las arcas nacionales: puedo huir a mi antojo.
2Y efimo no ponerme a salvo, cuando veo que no tenemos ejército nacional nt
permanente? A éste lo hemos destruldo por su incapecidad y sus desérdenes y en cuan-
to a la guardia nacional, so hemos sabido formarla,
Los que componen hoy Ia mayorla de nuestros defensores, se disponen-ai comer
sin avisar a nadie; ellos te abandonarén en San Luls Potosi, sino te anticipas, y n0
te canses, Fidel, eres digno de léstima porgue no has sabido emancipate de es0s bue-
‘nos sefores para arreglar a tu placer tus marchas estratégicas.
Ni siguiera puedes disfrutar como yoy, de los placezes del camino. |Cutnto da-
sas por ser mi compatiero de viole! Somos més de clen persones, y todos hemos ve~
nido coa el convencimlento'de que, para huir cémodamente, es necesario tomar la, de-
Tantera: entre nosotros hay pocas aspiraciones de heroiamo, pues no suelen sparecer
sino entre la brigada de misicos, y eso cuando tocan las marchas nacionales. Los de-
ris representanes nuestro papel coa {é, como una misiéa sagrada. A deshores de la
noche abandonamos las poblaciones: y les desvelados vecinos nos acechan espantados:
Yy se oyen voces, como en Jerusslem cuando caia, que dicen confusameate: ;Los dioses
2 sucontan!
‘Nos Hamsbamos legiones al salir de México: pero no sé qué mano tuvo empetio
fen fatigar 2 la tropa con [Link], en desvelarla, en atormentarla con el ham-
bre, en provocar Ia desmoralzacién y desconfianza, y muy pronto, en el Monte de las
‘Cruces, algunos euerpos se desbordaroa, y los fugitives que fueron aprehendides su-
fieron la dlisa pena, a pesar del patrocinio generoso de Ghillrdt.
Desde Toluca a Querétaro, la disenteria y otras enfermedades fulminaron Ia ago
fa sobre los soldados en marcha: y las flas se entreabrian para abandonar un eadé-
vver a los buitres que nos acompaftaban revolando eatre las nubes.
En Queretaro perdiaos todavia la mitad de la fuerza, porgue fu€ necesarlo re-
fundirla para que Ja oficalided inspirase confianza a Comonfort y 8 Doblado, Estos
se han encargado de Jo que falta.
La muerte misteriosa’ de Lavalle me obliga a marchor a Sen Luis para salic
cuanto antes de cierta zona funests, ta has presenciado mi partida, casi trunfal con ein
LETRAS “4‘cuenta misicos de ambos sexos, veinte amigos y Sesenta personas desconocidas, eritré
cllas grandes empleados de Hacienda y oscuros soldados que por alguna causa legit
ma dejaban Ja brigada de Sinaloa.
‘Nuestra marcha era una romeria, no de peregrinos a la Tierra Santa, sino inds
bien de gitanos; no por los des6rdenes, sino por Ja apariencia del grupo y por el gé-
erode vida.
No te hbloré de las poblaciones y campos que atravesamos, porgue las cono-
ces mejor que boy hasta cerca de Durango. En otra carta me ocuparé de esta clu-
dad: y antes de’ separarme de ella tengo el gusto de recomendarte a un Jefe, que in~
fustamente perseguido por estos rumbos, marcha a pedir al Gobierno general una auto-
FHzacién para levantar un puBado de vallentes, porque ha consentido en hacerse matar
por los franceses: ese jefe, que fe presentard mis letras, se lama Rosales. Mientras ten
‘games franceses en el pals, habré pocos héroes que gileran batrse con ellos,
Te acuerdas de muestras expediciones por diverses sierras? Figirate una de é5-
fea con més de trsinta Inguse do anchos y cea ce Ia Durango, Yo conoses los rages
caractersticos de esos paises; pefiascos caprichosos, cuya procedencia geol6gicasiem-
pre nos ha timportado un pito; pequeias barrancas con sus coguetas fuentecillas;exten-
s23 arboledas, flores admirables, no por su tamafo sino por su mulitud y por Ia var
Hledad de sus colores; pocas aves: ningunot opeches: los apeches soa Léperos de’ Due
rango, ¥ no es dificil que un padre le baile a la cabellera de su hijo. En dos o tres
‘puntos; humildes ranchos con vistoso caser‘o. En algunas costumbres los vestigios de
dos huracanes, uno que dejé' los Arboles tendidos de sur a Norte, y el otro que pot
te6 a sus victimas en un sentido opuesto, como si entre los mismes pinos hublera ha-
bido un combate. Cuatro dias hemos tardado en la travesia, y s6lo por verglenza no.
hicimos ocho. Nuestro campamento, desde muy tempraao quedaba establecido a [Link]-
Ila de un aguaje, en medio de una extense arboleda. Pinos enteros nos servian para
Improvisar las. més elevadas piras: y las llamas revolaban como en una jaula inmensa,
atreviéndose a salir a veces en pos del himo: nuestras tiendas de campafa sonreian.
ib, Alcaraz! jOh Zamaconal talentes culinarios, castrénomos esclarecldos, pocas
cosas hubigrais extrafiado en nuestra mesa. Y ti, td Fidel, a los postres, hubleras i
provisado, al compés de la mésica y la danza, tus festivas canciones populares, El
ceully que mos servia de autorch hublers reproduelde @ figura. Anacreonte mexica-
no, sobre el césped himedo y florido,
De repente nos falt6 Ia terra: hemos visto los montes precipitados unos’ sobre
otros en ef seno de profundisimos abismos; las nubes bajo nuestros ples: alla en Tas en-
trafias de la tierra un nuevo mundo con-sus poblaciones, y sus cerros, y sus rios:
cen lontananza el mar equivocdadose con los matices del cielo, Descendimos a la Tierra-
caliente,
Este Mazatlén es'un homo; mientras el invierno no To reftesque, no continuaré
mi correspondencia, Méndame las proclamas que corren por alls arriba; las recibiné
como una brisa bienechora. Ya ves que tiene razén de haber cortido y de seguir co-
relendo,
EL NIGROMANTE,
44” LETRASMazatlan, noviembre de 1863.
Querido Fidel:
HE arreglado mi viaje para la Alta California, y me encuentro a bordo de un
vapor, donde ya no quisiera caminar eémodo sino siquiera seguro,
Hosta los yankees se resienten de la influencia adormecedora de nuestra terra:
1 caflonazo de partida se ha dejado ofr tres veces, y llevo seis horas de embarcado, sia,
saber cuando dejeremos el puerto. Me he pasado la tarde @ bordo, y no teniendo en
qué ocupaela, recordé que se me olvidaba una cosa eseacial en todos los viajes: 1a-
mentar In ausencia de la patria y de los amigos: me he enternecido, te drijo un adiéel!!
ya lo ves, con tres admiraciones: y mientras se arregla un contrabando de plata, em-
plearé el tiempo en pintarte Ja poblactén que danza ante mis ojos.
BI mar esta tranguilo: algunas aves buchonas se precipitan sobre las aguas pa-
1a sorprender su. presa, y con ellas merodean otras avecillas, que por lo pequefio y ele-
santé, no me parecian de rapilia. Respetables peces asoman la eabezs, las aletas del
espinazo, y enseguida la cola. Los pescadores tienden sus redes. Todo el mundo pes
2; y solo yo me ocupo de la bella literatura,
Al Occidente se levantan cerros escarpados; el primero descubre una caverna
donde las olas se esconden, dejando a la puerta su velo de espuma; el segundo esta
‘coronado por el observatorio del vigia. Al Oriente, se levanta la isla en cuyo regezo
el Dios de las hortalizas derrama sus tesoros. Al Sur se levantan pequefios islotes: y
‘al Norte, la chudad desciende del cerro de Ja Neveria, donde no se conocen los hela-
dos, cluded caprichosa que da saltos curiosos sobre la colina del cuartel y la casa de
la polvora; y mojando un pie en Puerto Viejo y otro en las Olas Altas, se inclina pa-
ra verse sobre las aguas que juegan con mi bugue.
Desde agui estoy viendo la aduana y el muelle; puedo distinguir a muchos de
fos personajes que estin demorando nuestra salida. Los ltimos pasajeros se acercan:
son media docena de franceses que van en busca de proviciones para venderlas @ sus
palsanos, cuya tnvasién aseguran como inminente, Vienen con ellos algunas nifias, que
Jo fueron hace quince aflos, y que aventuran su segundo viaje, ereyendo que ellas et
tn todavia apetecibles, y que en San Francisco escasean las mujeres. Se presentan
también doce personajes misteriosos; son comisionados del Gobierno general y de otros
caualllos que marchan en busca de recursos para comtiauar Ia guerra.
Ahora si es cierto: ya nos vamos: han entrado algunos bultos bien envueltos y
‘que pesan mucho; ef capitan del bugue los escolte: el capitan del puerto sour; el ca
‘ion lanza su voz postrera. Las nifas y las personas se marean,
{Quién grufie? Es el vapor, el buque se estremece, las ruedas giran, el ancla
acompatia rechinando los cantes de los marineros, los botes oficiales se despiden, la
ciudad gira por todo el horizonte y se fija a la popa coronéndose con las primeras lu-
‘ces de la noche, las unas encendides en los edificios, y las otras en el cielo, Los palme-
ros se traasforman en fantasmas
iCuéata riqueza y hermosura me roban el vapor y Ja oscuridad! El cerro del
‘vigla contiene una mina; uno de sus ducfios se alarmé con la noticia de la aproxima-
‘cidn de fos franceses, y me ofreclé dos, tres, diez, las veinticuatro barras por un ca
ballo flaco: no tenia yo otro para salvarme y también estaba alarmado; rehusé, pero
LETRAS 45‘sia mi vuelta puedo realizar ef negocio, tu serds mi socio aviado'y sos emanciparemos
de ese eterno D. Benito.
En la casa de la pélvora no hay ua solo grano inflamable, pero en cambio no
hay wna pieza habitable en el cuartel; y todo aqui tiene por tipo el cerro de la Neverfa.
El puerto, sin embargo, sera magnifico, cuando se surta de agua potable; cuando se
construyan algunas obras gue se opongan a las travesuras de las cortientes atmosfé-
ricas y marinas; cuando se concluyan puentes y diques, que no se han comenzado; cuan-
do los arsenales y otras obras militares salgan de proyecto; cuando se improvisen ba-
fios ¥' paseos; cuando se fundan ea una las cinco o seis colonias que dividen la ciudad,
y en vez de alemanes, franceses, yankees, espafioles, tepiquefios, duranguefios, pacefios,
sonorenses, culichis, etc, no haya mas que mazatlecas; cuando en lugar de contrabanda
ftengamos comercionn.
Pero adiés!.... 0s vamos, nos vamos.
‘Te eseribiré de Sou Francisco.
EL NIGROMANTE.
A Fidel:
Mazatlan, febrero de 1864.
NO extraiies que te escriba de este puerto, me supones todavia en ia California;
‘a San Francisco me llegaron las noticias de la nueva fuga que ha improvisado D, Benita, ¥
‘me he coavencido de que ya 0 tenemos Gobierno nacional: los valientes haréa lo que
‘puedan por las glorias de Ia patria; y no sé en qué rincOn se formaré un club conspi-
rando contra todo el mundo.
No necesito ser profeta ni atin nigromante para preverlo; por eso he caminado
algunas leguas, por mar y por tierra, buscando un jefe capaz de medir su espada con
fos invasores: ret haberlo descubierto en Lavalle; pero lo mataron. Veo muchox que
‘quieren mandar, pero ninguno ofrece garantias para una formal pelea. Estados flore-
cientes, que en otros dias parecian una fébrica de ejéritos, haa sido abandonados por
sus jefes. Pero yo he encontrado mi hombre.
{Te acuerdas de aque! Rosales que, te he recomendado desde Durango? Se pre-
sent6 en San Luis al Gobiemo ofreciendo su espada, pidiendo ser incorporado en as
primeras fuerzas gue marchasen contra los franceses. Le preguntaron si era Dobladis-
ta, Fuentiste, Lerdista, El contest6 que deseaba ser el primero gue se dirigiese con-
‘tra el enemigo. Como los grandes personajes se dirigian @ la frontera, no pudieron
ccupatlo: antes bien, 1o tuvieron por sospechoso, y mi hombre ha’ tenido que buir pa-
+a ocultar su patriotismo en un pais extranjero. Y no es un militar desconocido: y las
‘aguas de este puerto lo han visto, en un débil bote, dictar érdenes de ta Repiblica a
tun bugue de querra extranjero. Rosales pasa en San Francisco la vida del proscrito; come
__ no Jo quieren las autoridades mexicanas, ningin mexicano lo quiere, ni siguiera to salu-
48 LETRASdon; en nuestra patria, ef serviismo ministerial es el cardcter distintivo de los que se ila~
man liberales, Yo, que no he sido ministerial, nt cvando fui ministro, ni menos cuando tu
Jo has sido; yo, que me trrto con esa excomunién a que condenan los casigies de algu-
nos Estados.a ciudadanos beneméritos, s6lo por envidie:,yo, gue conozco a Rosales, me
he declarado su amigo y admirador, y con él he coavenido en aprovechar el caos de las
circunstancias para conseguirle tin teatro donde pueda satisfacer su antojo de dar una
leccioncita a los franceses.
Acabo de llegar a este puerto con esas miras, y ya estoy persuadido de que
‘& necesario conspirar para proporcionarle a la patria uno de sus defensores. Gracias
@ U, he realizado algunas empresas de esa clase; aytidame, aungue ti, lo mismos que
Yo, Ho, reposas en un lecho, de flores, segin me acsban de decir Altamirano y Chavero.
‘En Jos siomentos en que yo llegaba, se marchaban estos chicos; se dirigen a Ja,
casta de Acapulco, y han embarcado en su buque muy poco equipaje y ua caudal de
esperanzas, Altamiratio, con una impetuosidad que hubiera envidiado Tirteo, al des-
pedirnos en el muelle, me ha dicho: “Dejo el terror y la intriga y la eodicia a mis es
aldas; el pobre Guillermo esté indignado. Desde que salié de México, ha visto mu-
cbos jugadores y pocos caudillos. Estas aguas me van a lievar a mi Acapulco, a mis
costefios, donde ‘no se ve una bardja, sino para velar Ja ‘vispera de un combate 0 pa-
ta celebrar Ja victoria, Permareceremos firmes, independientes. Y si el viejo se acuer-
da de que fué el colaborador de Guerrero, moriré con gloria; a Diego toca esa heren-
efa de lucha, de inmortalidad”... Ya te figurards todo lo que Nacho se promete. El
porvenir del mar y de la guerra Mevaba desde el puerto mareado a Chavero; pero fiel
2 Ia bella literatura, se consolaba con el Tasso,
Y bien, zy0 qué pienso hacer? Voy a contestarte. Ya te indiqué mi resolucién
de hacer de Rosales un héroey mi pensamiento se ha transparentado: desde hoy los ene-
tmigos de Resales me han declarado la guerra, En esta situacién, 1qué pienso hacet?
No s€ qué hacer, pero yo haré algo,
“. © Patoni, que aqui se encuentra, chasgueado como todos los que se ocupan en al-
90 sélido, me convida para que le acompafie en el cataclismo que se aproxima sobre
Durango: pero te confesaré que tengo miedo a los alacranes. Ellos brotan en Duran
90 de todas partes, hasta de las gentes: al dar ua beso, puedes retirar los labios con
un alacrén; y sf cometes una distraccién, lo sacarés en la lengua. Por otra parte, Pato-
al se va a ver envuelty por sus enemigos; Sinaloa le es hosts la sierra de Alleia, opo-
yada por Jalisco, que estamos perdiendo, lo amagard por el Sut; por ef Orlente no tar”
daran en aparecer Jos franceses; contaba con ermamento, pero su comisionado en San
Francisco ha tomado una iniciativa que servir& de ejemplo a otros comisionados. Si
ues, Patoni no tiene otro porvenir més que la fuga, ya qué voy a desandar lo an-
dado? Supéame de. vuelta en este puerto.
Ademés, 1 quiere Hevarme en dos dias de agut a’ Durango; en ferrocarsil me
asustaria, {Dos dias para un camino que hice ena mes y me dejé fatlgado?
Saldremos a las doce de la noche} no mie despediré del mar; pasaré a oscuras
por la Norla, donde las hermosas mazatlecas suelen perder lo que evan; nos ama-
neceré a la olla del rio: lo remontaremos por cuestas y barrances veinte leguas: al
perderse el sol comenzaremos a trepar un paredén de pefiascos, que es el Santa Pau-
Ja, el Pére Lachalsse de las mulas; treparemos, y al borde del precipicio descansare-
LETRAS 47nos hambrientos tres horas: y al dia siguiente por la noche llega usted a dormir en un
nido de alacranest
Prefiero el mar; acabo de ver sus olas como serpientes, enroscéndose y sacudien-
do sus cascabeles, mordiendo el bugue: pero yo venia dentro. En fin, no sabe qué
hacer.
EL NIGROMANTE.
A Fidel.
Mezatlda, marzo de 1864,
CUANDO te escribi mi ltima carta, querido Fidel .yo me mecia en la hama-
ca de la incertidumbre, delicia a 1a que me entrego siempre, porque tengo pereza pa-
ra resolverme en los grandes negocios; por fortuna, a mi me sucede lo mismo que a D.
Benito; el tropel de los acontecimientos me arrastra por su camino. Este puerto esta
bloqueado desde febrero.
Sabes ti, como todos, que D. Plécide Vega, cacigue de este reinezuelo, solicits
yy obtuvo del Gobierno general una amplia autorizacién para disponer de todas Jas ren-
tas de Sinaloa, coa la promesa de amar y defender al Estado: este general dispon-
dra en San Francisco de medio millon de pesos en efectivo: quien lleva medio. millon
a 1a California puede fécilmente abrirse un crédito por otra cantidad igual: y con un
alla haremos, no lo dudes, prodigios.
Vega, lo mismo que Doblado, tiene sus modos de obrar inexplicables para el
vvulgo: ese sistema es un secreto: serd capas de jugarles una a los franceses como la que
tes hizo su modelo deféndoles ‘subir hasta Orizaba; este sistema place a D, Benito.
Por esas razones especiales y ocultas, mandé como precursores, muchos comisionados
a San Francisco, y entre ellos Lamberg, su violin y su mujer. Pero antes de partic
dejo el mando del Estado en poder de Garcia Morales, general sonorense, que ha pa-
sado su vida Iuchando con los barbaros y obedeciendo a sus superiores; flaco, cega-
tén, valiente y honrado. zY bien, me dirés impaciente, se defiende el puerto? Esa
misma pregunta se hacia la poblacién, cuando, procedente de Puebla, y con direc-
‘ign al ejército de Uraas, se present6 Sénchez Ochoa con seis oficiales ingenieros. Los
conocimientos de Sanchez y de sus compafieros: la reputacién que conquistaron en Pue-
Dla: su entusiasmo, y una confianze que por aqui no vacila a pesar de las carreras
det Gobierno generat; todo esto, y la presencia del enemigo, ha disipado las dudas y
se resolvi6 la fortificacién de esta plaza. Se necesitan por Jo menos seis mil hombres
para cubrir la linea: y contar con algunas zeservas, pero Sinaloa puede aprontar ocho
mil combatfentes. Faltan fusiles y cafiones: pero existen algunos, y D. Plécido lleva
para comprar el resto; no hay fortiicaciones: he aqui a Sénchez Ochoa que las im-
provisa! r
Mazatlan ha sido una isla formada por un grupo de cerros y cercada por al-
‘qunos islotes; un itsmo reciente, que con fecilidad puede cortarse, la ha convertido en
peniosula, Las obras de fortificaciéa deben comenzar por esa garganta, que al mis-
fmo tiempo que comunica con la tlerra firme, viene 2 ser el fondo de lo que se Hama
Puerto Viejo; con esos trabajos se atenderé al misio tiempo a la defensa contra los
48 LETRASataques que nos vengan por mar y por tlerra. Cubierto asi el Noroeste de Ia pobla-
cidn, seguirén los trabajos al Sudeste, donde esta el puerto actual y existe una obra
que aman Ia Bateria: por las Olas Altes, al Sudeste, puede improvisarse una defen-
sa: por el Noroéste hay un estero que serla peligroso si los franceses tuvieran muchas
fuerzas de desembarco © contaran con un ejército auxiliar que viniese por tlerra: cvan-
do se presente ese caso, nuestra linea de fortificactén estara concluida y los enemigos
nos verda armados hasta los dlentes. Ya debemos tener en California algunos fusili-
tos: y mos llega armamento de varios puntos, aunque en pequefias cantidades.
Parece que el enemigo, por ahora, se propone estrechar el blogueo y damnos al-
funas Tecctoncitas; nosotros. seremos los aprovechados, como vas a ver por los acon-
tecimientos de la Semana Santa, El miércoles santo, a las ocho de ta mafiana, corrié
por la ciudad ef rumor de que los franeeses preparaban un ataque; la poblacién se
puso en movimiento: las sefiores salfan a la calle; los eiudadanos pacifleos se dirigian all
dominante corro de 1a Neveria: los soldados se concentraban en los cuarteles; y yo me
foi con la multitud a presenciar desde lugar seguro, como ti y yo acostumbrames, las
peripectag de la guerra, Qise slmorzar antes, por temor a Tot detmayas. y Magi un
poquito tarde, pero, de veras muy animado.
AI pie det cerro de Ia Neveria, por el lado Noroeste, se extionde el Puerto Vie-
jor al Norte, Ia entrada por tierra; en una colina hervian como hormigas nuestros tra-
hajadores haciendo excavaciones profundisimas: en otra colina intema hacia la pobla-
ci6n, se Ievanta el cuartel, y sobre él ondea la bandera de Ta patria; hacia la playa ha:
bia algunas pequetins piezas de artlleria y grupos de soldados; nuestras reservas se co-
focaban en lugar couventente. A nuestra izquierda, es decir, hacia el Oeste, aparecen
tres islotes que clerran por ese Tado el Puerto Viejo. Cerca det islote del centro se pre-
sentabs a Catdeliére coronada por su pebellén y haciendo sefales; entre este buque
ée guerra y Ia playa hogaban algunos botes, también con sus banderas. A distancia
de una Tequa, algunas de etes lanchas ponfan en tierra sus tropas de desembarco: las
coftras lanchas, aproximindose a nuestras posiciones, rompleron el fuego. Tres de nues-
‘tras piezas hicieron frente sl enemigo por mar; otras tres avanzaron para recibir a los
‘que venlan por tierra. Sénchez Ochoa atendia con rapidez y aclerto a las dos sec~
clones durante la lucha: auxiliado por un Batallén marché contra los desembarcados;
pero estos se volvieron apresuradamente al mar entre Jas dianas y vivas de nuestros
soldades y del pucblo.
La victoria, por tlerra, hublera sido de mayor importancla, si un desgraciado in-
eidente n0 detuviera por algunos minutos la marcha de nuestras columnas. El valiente
cxpitan de ingenieros, Miguel Quintana, encargado de establecer en baterias tres pie
228 para contener a fos invasores por tierra, querlendo violentar la maniobra, acompa-
lado del teniente de ingenieros. Cleofas Tagle, se puso a rodar personalmente wn jue~
‘90 donde se hallaba una caja de parque; una de las lenchas que avanzaban se envuel-
‘ve en una mube, otra nube brota sobre Ja caja de parque; tres estallidos se suceden; una
‘granada habia volado el parque, dejando gravemente herido a Quintana: contuso ¥
esmayado a Tagle: tres soldados heridos, y un soldado y un sargento muertos. Estos
sobre les huellas que dejaban los franceses pudieron ver avanzar a Sanchez Ochoa, el
triunfo y le gloria! Yo los seguia con mis miradas y mis aplausos.
Me habia situado en una colina gue junto al mar es como un ple avanzado de
Is Neverfa: me parecis ofr muy cerca una bala de rifle: y cargando con mi entusiasmo
LETRAS 49
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