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Impacto emocional del diagnóstico de VIH

1) La recepción de un diagnóstico de VIH tiene un gran impacto emocional negativo en los pacientes y puede generar emociones como tristeza, desesperanza, preocupación, miedo, vergüenza, culpa, confusión, negación y enojo. 2) Esto puede derivar en trastornos emocionales como depresión y ansiedad, afectando negativamente la salud mental y bienestar de los pacientes. 3) El estigma asociado con el VIH también contribuye a mayores niveles de síntomas

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Impacto emocional del diagnóstico de VIH

1) La recepción de un diagnóstico de VIH tiene un gran impacto emocional negativo en los pacientes y puede generar emociones como tristeza, desesperanza, preocupación, miedo, vergüenza, culpa, confusión, negación y enojo. 2) Esto puede derivar en trastornos emocionales como depresión y ansiedad, afectando negativamente la salud mental y bienestar de los pacientes. 3) El estigma asociado con el VIH también contribuye a mayores niveles de síntomas

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GRUPO N° 4

IMPACTO EMOCIONAL QUE CAUSA EL VIH

La recepción de un diagnóstico de VIH implica una transformación profunda en la vida de los


sujetos, pues los posiciona frente a nuevos desafíos como el inicio de un tratamiento crónico y
la posibilidad de experimentar discriminación y estigma relacionado con el VIH (Yu, Chen, Ye, Li
& Lin, 2016). En este sentido, puede ser vivido como un evento altamente estresante, con un
impacto emocional significativo, que puede ser, incluso, potencialmente traumático (Martin &
Kagee, 2011; Nightingale, Sher & Hansen, 2010; Theuninck, Lake & Gibson, 2010).

Con relación a dicho impacto, el diagnóstico de VIH se encontró asociado, principalmente, a la


experimentación de emociones negativas. Entre ellas, las más frecuentemente identificadas en
estudios previos han sido tristeza, desesperanza, preocupación, miedo, vergüenza, culpa,
confusión, negación y enojo (Harris & Larsen, 2008; Largu et al., 2014; Reeves, Merriam &
Courtenay, 1999; Siegel & Meyer, 1999; Thomas, 2007).

El efecto emocional negativo del diagnóstico, incluido el estrés que este dispara, incrementa el
malestar psicológico y la vulnerabilidad de los sujetos diagnosticados a padecer trastornos
emocionales y del estado de ánimo propiamente dichos. En este sentido, es comprensible que
el diagnóstico de VIH se halle altamente asociado a consecuencias adversas sobre la salud
mental y, más específicamente, emocional, con una prevalencia significativamente más
elevada de depresión y trastornos de ansiedad en estos individuos (Adams, Zacharia, Masters,
Coffey & Catalan, 2016; Qiu et al., 2014).

1. El trastorno depresivo es el más común de los padecimientos mentales y emocionales


en pacientes con VIH (Adams et al., 2016; Nanni, Caruso, Mitchell, Meggiolaro &
Grassi, 2015; Saadat, Behboodi & Saadat; 2015), especialmente en aquellos con
diagnóstico reciente (Cholera et al, 2017; Nacher et al., 2010). La prevalencia de
depresión en esta población es altamente variable entre estudios. Esta variabilidad
probablemente se deba al uso de técnicas y criterios diagnósticos diferentes,
instrumentos de evaluación de la depresión diversos, muestras pequeñas o de
pacientes seleccionados de subpoblaciones específicas, entre otras razones (Nanni, et
al., 2015; Wolff, Alvarado & Wolff, 2010). En una revisión sobre el tema, Rabkin (2008)
halló prevalencias de depresión en personas con VIH que van del 36% al 42%, en
estudios conducidos en Estados Unidos. En América Latina, los datos disponibles
corresponden a investigaciones realizadas en Brasil que reportan prevalencias de
21,8% en una muestra mixta (Nogueira, De Fatima & Crosland, 2006) y de 25,8% en
una muestra exclusivamente de mujeres (Antakly de Melo & Melgebier, 2006). De
todos modos, independientemente de la cifra, la evidencia demuestra que la
prevalencia de depresión en personas con VIH es, como mínimo, dos veces más alta en
comparación con población general (Ciesla & Roberts, 2001).
2. los trastornos de ansiedad también son frecuentes en personas que viven con VIH. El
estrés asociado a la recepción del diagnóstico y la vivencia de este como un evento
traumático derivan en una prevalencia de trastorno por estrés postraumático
particularmente elevada en estos pacientes (Neigh, Rhodes, Valdez & Jovanovic, 2016;
Theuninck et al., 2010). Adams et al. (2016) hallaron una prevalencia de trastornos de
ansiedad en general del 15%, incrementada respecto de mediciones anteriores, en
personas con VIH residentes en Londres, Reino Unido. En contraste, tal prevalencia
ascendió a 35,8% en personas con VIH de Brasil (Nogueira et al, 2006). Esta
variabilidad posiblemente refleje las mismas limitaciones metodológicas mencionadas
para la estimación de la prevalencia de la depresión, aunque de todos modos el
hallazgo de cifras significativamente altas es consistente. El impacto que los síntomas
ansiosos tienen sobre la salud y la calidad de vida de las personas con VIH es similar al
descripto para la depresión, afectando negativamente la adherencia al tratamiento y
favoreciendo la progresión de la enfermedad (Salazar & Valencia, 2018). En
contraposición con lo anterior, Carrico y Moskowitz (2014) observaron que mayor
afecto positivo predice la conexión con la asistencia y el cuidado para el VIH y la
persistencia en el tratamiento antirretroviral.

Además del impacto emocional que el diagnóstico produce en sí mismo, puede mencionarse
aquel que es mediado por la expectativa de estigma relacionado con el VIH. La anticipación de
la discriminación o rechazo por vivir con VIH, aun sin haber experimentado episodios concretos
y reales de estigma, se convierte en un estresor crónico para el sujeto, que con el tiempo
produce consecuencias negativas a nivel afectivo (Earnshaw, Lang, Lippitt, Jin & Chaudoir,
2015). Estudios previos han demostrado consistentemente la asociación entre estigma
relacionado con el VIH y la presencia de síntomas depresivos y ansiosos (Hatzenbuehler,
O’Cleirigh, Mayer, Mimiaga & Safren, 2011; Herek, Saha & Burack, 2013; Saadat et al., 2015). El
estigma percibido por estas personas se ha hallado asociado a tasas de prevalencia de
depresión y trastorno por estrés postraumático más altas (Breet, Kagee & Seedat, 2014; Grov,
Golub, Parsons, Brennan, & Karpiak, 2010) y a niveles de bienestar más bajos (Ammirati, Lamis,
Campos & Farber, 2015).

La internalización del estigma en el autoconcepto, por otra parte, ha demostrado tener un


particular impacto negativo en el área emocional y afectiva de las personas con VIH (Earnshaw,
Smith, Chaudoir, Rivet Amico & Copenhaver, 2013), vinculándose a sentimientos de culpa,
vergüenza, desesperanza, desvalorización y baja autoestima (dos Santos, Kruger, Mellors,
Wolvaardt & van der Ryst, 2014; Earnshaw et al., 2013; Simbayi et al., 2007). El estigma
internalizado también se ha hallado asociado a un incremento de síntomas ansiosos y
depresivos en personas con VIH (Simbayi et al., 2007; Rendina, Millar & Parsons, 2018).

En conclusión, el diagnóstico de VIH es un evento con un elevado impacto emocional negativo


en los sujetos que lo reciben. Esto puede desembocar en consecuencias que abarcan desde
malestar psicológico general o síntomas ansiosos y depresivos inespecíficos hasta el desarrollo
de trastornos de ansiedad y del estado del ánimo propiamente dichos, con resultados adversos
para la salud y bienestar general de las personas con VIH. El objetivo de esta investigación fue
explorar las emociones asociadas al diagnóstico de VIH en personas residentes en el Área
Metropolitana de Buenos Aires. Asimismo, también se propuso analizar en profundidad las
creencias, percepciones y sentidos asociados a ellas con el fin de comprender su origen.

La recepción del diagnóstico de VIH puede tener un impacto emocional significativo;


generando emociones negativas y displacenteras intensas, con un efecto adverso en la salud y
el bienestar. Con el fin de explorar las emociones asociadas al diagnóstico y analizar las
creencias y sentidos vinculados a estas, se realizó un estudio cualitativo. Se concretaron 15
entrevistas a personas con VIH del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), que fueron
codificadas, analizadas y sistematizadas. Los resultados demuestran que, frente al diagnóstico,
los participantes experimentaron, principalmente, emociones de tipo depresivo y ansioso y
emociones acompañadas de carga o valor moral, entre otras. Cada tipo se apreció asociado a
un conjunto de creencias, percepciones y sentidos específicos. Se discuten las implicancias de
estos resultados en el diseño de intervenciones psicosociales y psicoterapéuticas orientadas a
contener y acompañar a los sujetos durante y después de la recepción del diagnóstico y
favorecer su aceptación.

INTERVENCION A PACIENTES CON VIH

La ayuda psicológica es esencial para que una persona afectada por el VIH/sida y su familia
pueda afrontar la enfermedad. La consulta y las sesiones con un terapeuta profesional se
revelan como una herramienta fundamental en el tratamiento de la enfermedad. Estadísticas
de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calculan que en el año 2010 se dieron 2,7
millones de casos nuevos de infección por VIH y, según estimaciones para finales de ese mismo
año, 34 millones de personas vivían con el virus. Durante la enfermedad, estas personas
presentan alteraciones emocionales y padecen aislamiento, discriminación y rechazo social.

El cuidar al ser humano desde su integralidad se constituye en un reto y en un propósito, es


decir, que desde el acompañamiento a la persona enferma se alcance un equilibrio a pesar de
su malestar, que comprenda y acepte que como paciente puede recibir o rechazar el cuidado,
a pesar de su condición física. La infección por el VIH, aunque se considera de carácter crónico,
implica para el paciente que la vivencia, unos niveles altos de incertidumbre dada la alta
estigmatización que rodea al sida y la noticia del diagnóstico les lleva a preocuparse por las
posibles reacciones en su entorno social.

Desde que comenzó la epidemia hasta la actualidad, el concepto de la infección por el Virus de
la Inmunodeficiencia Humana, en adelante VIH, se ha modificado desde ser concebida como
una enfermedad mortal, ha pasado a ser entendida como una enfermedad crónica y tratable
clínicamente. Este cambio ha contribuido a mejorar la calidad de vida y la supervivencia de las
personas.

La infección por VIH es una de las enfermedades emergentes más importante para la salud a
nivel mundial, desde que en 1981 se diagnosticó el primer caso del Síndrome de
Inmunodeficiencia Adquirida, en adelante sida, cuya etiología fue descubierta en 1983, desde
entonces se ha convertido en una pandemia mundial.

OBJETIVO

 fomentar el desarrollo de conductas saludables y mantenerlas en el tiempo, y


fomentar la formación personal en cuanto al desarrollo de la asertividad, la autoestima
y el afrontamiento de situaciones de riesgo

ESTRATEGIAS DE INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA PARA EL VIH

La intervención de la psicología en el campo de la salud se consolida cada día más (Godoy,


1999; Pascual y Ballester, 1997; Tobón y Núñez,2000), lo que es el resultado de los avances
científicos en la conceptuación de la salud. Al respecto, Godoy (1999) define a ésta como un
proceso dado por una bidireccionalidad entre las dimensiones individuales y las características
ambientales, cuyo resultado es un estado de equilibrio y el correspondiente bienestar
biopsicosocial, por lo enfermedad constituye la pérdida momentánea o duradera de dicho
equilibrio dinámico.

En tal perspectiva, múltiples investigaciones realizadas en la última década muestran cómo el


estrés, el afrontamiento y los estados emocionales influyen en el curso del sida. Al respecto,
hay evidencia de que la depresión y el estrés producen cambios en el sistema nervioso,
inmunológico y endocrino, lo que influye para el desencadenamiento y evolución de la
enfermedad (Bayés, 1990, 1995; Bayés y Arranz, 1988).

Asimismo, el sida se asocia a un conjunto amplio de alteraciones de la calidad de vida


(Nieuwkerk, Gisolf, Reijers y cols., 2001) tales como ansiedad y depresión (Linsk, 2000),
problemas de sueño y uso excesivo de sedantes (Martin y Dean, 1993), baja autoestima e
hipocondría (Morin, Charles y Malyon, 1984), síntomas obsesivo-compulsivos (Krikorian, Kay y
Liang, 1995), ira (Nichols, 1983) y problemas neuropsiquiátricos debidos a infecciones
oportunistas que atacan el sistema nervioso, así como a tumores (Ayuso, 1991).

la intervención psicológica antes de que ocurra la infección (estudios epidemiológicos y


prevención primaria), antes y después del diagnóstico, en la fase de evaluación psicosocial
integral, en el periodo asintomático, en la fase sintomática (sida propiamente dicho), en la
etapa de preparación para la muerte y en la fase de elaboración del duelo.

Etapas que caracterizar las estrategias de intervención:

 Evaluación epidemiológica. La epidemiología consiste en el estudio del estado


de salud de la población a partir de la investigación sobre la incidencia y la
prevalencia de las enfermedades y sus factores de riesgo (etiología), con el fin
de aportar información eficaz para erradicar los problemas de salud existentes
y prevenir su ocurrencia futura (Kleinbaum, Kupper y Morgenstern, 1982).
 La prevención de la infección. Tiene como objetivo central que las personas
desarrollen conductas saludables que minimicen los riesgos de infección por el
VIH. Hasta el momento, se tiene conocimiento de que el virus se transmite a
través de los fluidos corporales, sobre todo por medio de la sangre
(transfusiones sanguíneas y transplantes de órganos) y del semen (durante
contactos sexuales sin medidas de protección) (Ballester, 1997). El VIH
también se halla presente en fluidos como la saliva, el sudor y las lágrimas,
pero en cantidades insuficientes para que la infección se transmita a otros
seres humanos.
 Preparación para el análisis del VIH. Cuando la persona se someta al
procedimiento de rutina para la prueba de anticuerpos para el VIH, es
necesario que lo hagan con mucha prudencia y que en ese momento le
brinden al paciente un espacio en el cual éste pueda expresar sus emociones y
pensamientos. Deben brindarle información suficiente sobre el procedimiento
y las estrategias de afrontamiento que le permitan manejar de una forma
adecuada sus emociones ante la posibilidad de ser seropositivo. El profesional
de la salud debe tener en cuenta que con frecuencia acuden personas
angustiadas que creen tener sida sin mostrar comportamientos de riesgo.
Muchas de ellas son hipocondríacas, las cuales se deben derivar a la consulta
psicológica
 La comunicación de no seropositividad. Es importante que la comunicación de
resultados de que no hay seropositividad se lleve a cabo entre el psicólogo y
otro miembro del equipo sanitario preparado previamente para ello. El acto de
entrega debe ser individual y confidencial, posibilitándole y apoyo. La
experiencia muestra cómo en muchos casos en que no hay seropositividad la
infección ha ocurrido posteriormente debido a que se continúan practicando
conductas de riesgo. Es por ello esencial aprovechar el momento de la
comunicación para reforzar en la persona comportamientos saludables y
prevenir situaciones de riesgo. Al respecto, le corresponde al psicólogo
capacitar al equipo sanitario sobre cómo establecer una relación empática con
la persona y cómo brindarle información y motivarla en torno a la prevención.
 La comunicación de resultados de seropositividad. la comunicación de
seropositividad es un hecho altamente estresante y, por ende, el profesional
que comunique tal resultado debe tener una sólida formación profesional y
personal para acompañar a la persona y ayudarle a superar ese crítico
momento. Además, es necesario comprender que cada paciente es único en la
manera de reaccionar ante la noticia de que está infectado, ya que tal reacción
está mediada por su personalidad, condiciones económicas, educación,
conocimiento del VIH/sida y otras características. Durante la comunicación de
resultados han de emprenderse tres acciones fundamentales:
1) comunicarle al paciente la seropositividad para la infección, 2) informarle
todo lo relacionado con el tratamiento, la infección y los factores de un bue
pronóstico y 3) promover en él estrategias de afrontamiento adecuadas para
un buen control de la infección y de los estados emocionales, tales como la
aceptación, reevaluación, optimismo y demás. La comunicación de
seropositividad debe hacerse en el marco de una intervención psicosocial que
posibilite una disminución del estrés, desarrolle estrategias de afrontamiento
adecuadas para un buen pronóstico, favorezca la expresión emocional y
habilite competencias en el paciente para que pueda comunicar el hecho de su
seropositividad a otras personas. El diagnóstico de VIH conlleva una
percepción negativa de la salud general, disminuye la vitalidad y la práctica de
conductas saludables y favorece las no saludables.
 La evaluación psicológica. Se realiza después de la comunicación de los
resultados de seropositividad y tiene como objetivo comprender la dinámica
del procesamiento cognitivo afectivo y los patrones de comportamiento de la
persona infectada, teniendo en cuenta los diversos entornos en los cuales se
desenvuelve la persona y considerando el momento evolutivo de la infección
en el cual se encuentre. De esta forma, se pretende facilitarle al paciente un
mejor conocimiento de sí mismo y establecer un plan de intervención.
 El tratamiento psicosocial en la fase asintomática. Este eje transcurre desde
que se le comunica al paciente su seropositividad hasta que comienzan a
aparecer los síntomas. Una vez que se produce la infección, la persona
permanece generalmente varios años sin síntoma alguno. Al respecto, se
calcula que alrededor de 60% de las personas seropositivas desarrolla el sida
durante los diez años siguientes a la infección, un 20% manifiesta síntomas
menores (fiebre, sudoración nocturna, diarrea, aumento del volumen de los
ganglios, pérdida de peso, etc.) y otro 20% continúa asintomático (Ballester,
1997).
 El tratamiento en la fase sintomática Las intervenciones psicosociales hacen
una contribución de gran importancia para el mejoramiento de la salud de los
pacientes en la fase sintomática, toda vez que ayudan a controlar los síntomas
físicos y los psíquicos (Bayés, 1994). Para ello, se propone ―al igual que en la
fase asintomática― tener como base el modelo del afrontamiento del estrés
de Lazarus y Folkman (1986).
En primer lugar, es necesario que los sujetos con VIH/sida desarrollen
habilidades de ocultación de síntomas en virtud de que los síntomas físicos
externos son causa de un rechazo considerable por parte de la sociedad, dados
los tabúes y estereotipos sociales que existen. El hecho de que se padezca la
infección y se desarrolle el sida implica para muchos pacientes dejar de hacer
cosas que antes hacían o entregarse a la pena. La intervención psicosocial
debe promover un estilo de vida lo más normal posible para que el paciente se
sienta integrado a la sociedad y eso le brinde un mayor bienestar y más
posibilidades para controlar la infección. La intervención busca también
fomentar comportamientos y estrategias de afrontamiento saludables que
potencien un mejor estado de salud.
Los factores emocionales son un factor muy importante en la evolución de
patologías relacionadas con el sistema inmunológico como el sida. Es por ello
que la intervención psicosocial debe apuntar a que los sujetos infectados
desarrollen técnicas y estilos de vida que favorezcan el bienestar emocional y
controlen situaciones emocionales relacionadas con la misma enfermedad.
Otro factor muy importante sobre el que hay que intervenir es el relacionado
con el apoyo social, variable estrechamente implicada en el bienestar
emocional. Se debe procurar que la familia sea solidaria con el paciente, pero
que no sea a partir del pesar sino del apoyo mutuo. Es necesario también
intervenir en los sentimientos de culpa, los cuales emergen en muchos
pacientes debido a que sus comportamientos no suelen ser aceptados por
sectores importantes de la sociedad. La intervención en estos casos se dirige a
que los pacientes infectados aprendan a reconocerlos y a afrontarlos para
evitar situaciones emocionales negativas.
 La preparación para la muerte. La percepción de la proximidad de la muerte
genera en muchos pacientes con sida profundas emociones negativas, así
como en sus familiares y amigos. La preparación para la muerte ocurre cuando
el afectado con sida esté próximo a morir y solicite dicha preparación. Tal
demanda de intervención psicosocial puede formularse también por parte de
los familiares, pareja o amigos.
La preparación para la muerte pretende: 1) Trabajar con el paciente y
personas cercanas el manejo de las emociones negativas y alteraciones
emocionales; 2) Facilitar el proceso de despedida, de preparación para la
muerte, de cierre del ciclo vital del individuo; asimismo, ha de facilitársele al
paciente que va a morir la expresión de sus últimos deseos. La intervención va
más allá de la muerte del paciente ya que se está interviniendo también con la
pareja, familiares o amigos con el fin de que puedan “elaborar” la pérdida, y 3)
Proporcionarle apoyo espiritual. Esto debe hacerse sin importar las creencias
religiosas específicas de los pacientes.
 Intervención en la elaboración del duelo en la pareja y la familia. La muerte
de un ser querido produce crisis emocionales y requiere de un proceso de
elaboración de la pérdida. En muchos casos es necesario que el psicólogo
acompañe a la familia de la persona que fallece asesorándola en la elaboración
del duelo. Sin embargo, cuando se encuentra un proceso de duelo patológico,
es recomendable que el psicólogo que trabaja en el ámbito sanitario remita el
caso a otro especialista para que se pueda llevar a cabo una intervención a
fondo y con la duración necesaria.

Elementos de la evaluación epidemiológica.

ÁMBITO DE ACCIÓN Toda la comunidad.


OBJETIVOS 1. Determinar la incidencia y prevalencia del sida.
2. Evaluar conductas y factores de riesgo.
3. Analizar grupos de riesgo.
TÉCNICAS 1. Metaanálisis de investigaciones.
2. Estudios epidemiológicos
EVALUACIÓN 1. Corroborar la eficacia de los estudios epidemiológicos.
2. Constatar la calidad de los diseños metodológicos
TIEMPO Proceso permanente dentro del marco de una política de
salud pública.

Componentes de la prevención de la infección.

ÁMBITO DE ACCIÓN Toda la comunidad.


OBJETIVOS 1. Informar a la comunidad sobre el sida.
2. Desarrollar conductas saludables y mantenerlas en el tiempo.
3. Fomentar la formación personal en cuanto al desarrollo de la
asertividad,
la autoestima y el afrontamiento de situaciones de riesgo.
TÉCNICAS Modelamiento, persuasión, técnicas de comunicación,
encuestas.
EVALUACIÓN 1. Eficacia del programa en la creación de conductas de salud y
mantenimiento de ellas a lo largo del tiempo.
2. Calidad de la metodología.
3. Disminución de casos de contagio en un determinado
periodo de tiempo.
TIEMPO Debe ser un proceso permanente de largo tiempo en el marco
de una política
de salud pública.

Elementos de la preparación para el análisis del VIH.

TIPO DE INTERVENCIÓN La intervención debe ser individual y confidencial.


OBJETIVOS 1. Escuchar al paciente de manera activa y darle un espacio para que
exprese sus temores y ansiedades y ayudarlo a manejarlos.
2. Brindarle información suficiente sobre la prueba, los resultados,
la significación de los resultados, la enfermedad y las conductas
preventivas.
3. Proporcionarle estrategias de afrontamiento con relación al examen
ante una posible seropositividad.
4. Ante estados emocionales exacerbados difíciles de manejar antes
de la evaluación o durante ésta, el médico o enfermero deben de
remitir el paciente a consulta psicológica.
TÉCNICAS 1. Entrevista.
2. Escucha activa y comprensiva.
3. Brindarle estrategias de afrontamiento para su ansiedad y depresión.
EVALUACIÓN 1. Pre: Aplicar un cuestionario para evaluar información sobre sida,
conductas de riesgo, estado y afrontamiento del estrés. Debe
hacerse al comienzo de la entrevista.
2. Post: Después del último examen o entrevista y antes de la
comunicación definitiva de los resultados de la evaluación.
DURACIÓN Desde que asiste el paciente por primera vez hasta la anterior a
aquella en que se comuniquen los resultados.

Componentes de la comunicación de no seropositividad.

TIPO DE INTERVENCIÓN La intervención debe ser individual y confidencial.


OBJETIVOS 1. Darle un espacio para que exprese sus temores, ansiedades y
posible inseguridad frente a la prueba, y posibilitarle estrategias
de afrontamiento de dichos estados emocionales.
2. Darle información suficiente sobre la eficacia de la prueba y el
significado del diagnóstico.
3. Recomendar el uso del condón y el no compartir jeringas en caso
de adicción a drogas por vía intravenosa.
4. Remitir a intervención psicológica en caso de hipocondría,
comportamientos sexuales difíciles de modificar o abuso de drogas.
TÉCNICAS 1. Comunicación asertiva.
2. Escucha activa y comprensiva.
3. Brindarle estrategias de afrontamiento para posibles estados
emocionales negativos.
EVALUACIÓN 1. Pre: Aplicar un cuestionario para evaluar actitudes y conductas de
riesgo para el sida y enfermedades de transmisión sexual, así como para
estado y control emocional.
2. Post: Después de la intervención, volver nuevamente a aplicar los
cuestionarios.
DURACIÓN Dos sesiones

Componentes de la comunicación de resultados de seropositividad.

TIPO DE INTERVENCIÓN La intervención debe ser individual y confidencial.


OBJETIVOS 1. Comunicar los resultados de forma clara, precisa y asertiva al paciente.
2. Escuchar al paciente de manera activa y permitirle que se desahogue.
3. Asesorar en estrategias de afrontamiento ante la situación estresante
con el fin de reducir la ansiedad y la depresión.
3. Suministrar información sobre el periodo asintomático, la aparición
del sida y la necesidad de prevenir reinfecciones.
4. Romper en el paciente el estereotipo de infección = sida = muerte.
5. Informar sobre plan de tratamiento, revisiones médicas y posible
contagio a otros.
6. Motivar hacia la adherencia al tratamiento médico e intervenciones
psicosociales posteriores.
7. Promover la comunicación de seropositividad a la pareja y la forma
de hacerlo.
8. Asesorar en la eliminación del hábito de fumar, la rehabilitación en
cuanto al consumo de drogas e intercambio de jeringas, y motivar
para que se practique una actividad física regular y supervisada.
TÉCNICAS 1. Comunicación asertiva, persuasiva y empática.
2. Desahogo y comprensión.
3. Entrenamiento en estrategias de afrontamiento para el estrés, las
emociones y la infección.
EVALUACIÓN 1. Pre: evaluar el nivel de información que se tiene sobre la infección y
el sida, estereotipos, comportamientos de riesgo de infectar a otros,
afrontamiento.
2. Post: Después de la intervención, evaluar la satisfacción con la misma,
actitudes frente a la infección, afrontamiento y estado emocional.
DURACIÓN Una sesión.

Componentes de la evaluación psicológica.

TIPO DE INTERVENCIÓN Individual.


De pareja y de familia (si el caso lo amerita y el paciente lo estima
apropiado).
OBJETIVOS 1. Promover un mejor conocimiento en la persona infectada de sus
fortalezas y debilidades en cuanto a estrategias de afrontamiento,
recursos personales y rasgos de personalidad.
2. Establecer pautas para orientar el diseño de un programa de
intervención para la fase asintomática de la infección.
3. Determinar el tipo e intensidad de la intervención psicológica a
recibir de acuerdo a la evolución de la infección.
TÉCNICAS 1. Anamnesis: Se explora el funcionamiento de la persona en las
áreas familiar, social, laboral, sexual y educativa, entre otras, antes
y después de conocer el diagnóstico. Se profundiza en cómo ha sido
su desarrollo psicosocial y el grado de logro en las metas personales.
2. Historia clínica: A partir de la anamnesis, se determinan los problemas
psicológicos más significativos que estén afectando a la persona, para lo
cual es esencial tener como base el DSM-IV (American
Psychiatric Association, 1994).
3. Evaluación procesual de afrontamiento del estrés.
4. Evaluación neuropsicológica.
EVALUACIÓN Se determinan con el paciente los aportes de la evaluación psicológica para
su conocimiento personal.
También se recomienda buscar la retroalimentación del equipo de
salud en torno a los conocimientos aportados por la evaluación psicológica
del paciente con VIH.
DURACIÓN Una sesión. En algunos casos puede requerirse de dos e incluso tres
sesiones cuando hay trastornos psicopatológicos o neuropsiquiátricos

Componentes del tratamiento psicosocial en la fase asintomática.

TIPO DE INTERVENCIÓN Individual.


Por pareja-familia.
Grupal (familiares, allegados, infectados).
OBJETIVOS 1. Promover una vida normal.
2. Fomentar comportamientos y estrategias de afrontamiento saludables.
3. Controlar alteraciones emocionales.
4. Reconocer, afrontar y aceptar sentimientos de culpa.
TÉCNICAS 1. Entrenamiento en reevaluación y reestructuración cognitiva.
2. Entrenamiento en relajación.
3. Entrenamiento en técnicas de autocontrol emocional.
2. Entrenamiento en habilidades sociales.
3. Terapia sexual y de pareja.
4. Entrenamiento en resolución de problemas.
8. Planificación de actividades.
EVALUACIÓN Pre y post.
Se evalúa el grado de manejo de estrategias de afrontamiento ante el
estrés y su eficacia.
También se determinan los logros en conductas de salud.
DURACIÓN Se recomienda una fase de terapia de 10 a 20 sesiones, con una sesión de
seguimiento mensual o semestral, de acuerdo a las necesidades.

Componentes del tratamiento en la fase sintomática.

TIPO DE INTERVENCIÓN Individual.


Por pareja-familia.
Grupal (familiares, allegados, infectados).
OBJETIVOS 2. Aprender a ocultar los síntomas.
3. Aprender a manejar emociones negativas asociadas a los síntomas
físicos.
4. Instrumentar y reforzar estrategias de afrontamiento del estrés.
5. Reforzar las conductas de salud.
TÉCNICAS Las técnicas están dirigidas a ayudar a la persona a afrontar la fase
sintomática de su enfermedad y a manejar situaciones estresantes
durante este periodo:
1. Entrenamiento en habilidades de ocultación de síntomas.
2. Entrenamiento en relajación relacionada con el manejo de los
síntomas físicos.
3. Entrenamiento en resolución de problemas relacionados con la
emergencia de síntomas.
4. Planificación de actividades de la vida cotidiana.
EVALUACIÓN Pre y post.
Al principio se evalúan las estrategias de afrontamiento adaptativas
que la persona emplea para afrontar el estrés y su misma enfermedad.
También se analizan sus conductas de salud. A partir de esto, se
planea la intervención y se siguen realizando evaluaciones cada
semestre con el fin de determinar la evolución del caso.
DURACIÓN Es intensiva al principio (diez sesiones como mínimo) y puede luego
realizarse una sesión cada mes a través de un formato grupal.
La duración también depende de si la persona recibió intervención
psicológica durante la fase asintomática. En caso de que no la haya
recibido o no se hubiese dado con la frecuencia necesaria, entonces
es necesario brindarle de veinte a treinta sesiones aproximadamente
durante la fase inicial, y luego una sesión mensual.

Componentes de la preparación para la muerte.

TIPO DE INTERVENCIÓN Individual.


Por pareja-familia.
Grupal (familiares, allegados e infectados).
OBJETIVOS 1. Controlar posibles alteraciones emocionales.
2. Facilitar el proceso de despedida al paciente, familiares, pareja y
amigos.
3. Proporcionar apoyo emocional.
TÉCNICAS 1. Entrenamiento en técnicas de autocontrol emocional.
2. Meditación.
3. Escucha, empatía y acompañamiento.
4. Reestructuración cognitiva.
5. Intervención espiritual.
EVALUACIÓN Pre y post.
La evaluación se puede llevar a cabo empleando un cuestionario
donde se anoten las necesidades de intervención y los logros tenidos
con respecto a estas necesidades. Para ello, es esencial involucrar a
la familia y amigos.
DURACIÓN Cinco sesiones aproximadamente. La duración depende de las necesidades
del paciente y su familia.

Intervención en la elaboración del duelo en la pareja y la familia.

TIPO DE INTERVENCIÓN La intervención es esencialmente con toda la familia. En casos extremos, se


realizará intervención individual a la pareja, hijos y familiares próximos
(padres).
OBJETIVO Ayudar a la elaboración del duelo en la pareja o familia por la pérdida del ser
querido afectado por el sida.
TÉCNICAS 1. Escucha, empatía y acompañamiento.
2. Reestructuración cognitiva.
EVALUACIÓN Pre y post.
Llevar a cabo un proceso de evaluación utilizando un cuestionario
sencillo para determinar los beneficios de la terapia en la elaboración del
duelo.
DURACIÓN De una a cuatro sesiones, de acuerdo a las necesidades de
acompañamiento.

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