TFG3
TFG3
Madrid
Mayo 2019
Índice
1. Introducción………………………………………………………………... 3
2. Objetivos y Metodología…………………………………………………... 4
3. Conceptualización y rasgos de las Familias Multiproblemáticas…………... 5
3.1 Concepto de Familias Multiproblemáticas…………………………….. 5
3.2 Características y configuración……………………………………….... 6
3.3 Factores de riesgo y factores protectores.……………………………… 15
4. La Intervención Social con Familias Multiproblemáticas………………….. 18
4.1 La relación entre las familias y los profesionales………………………. 18
4.2 Principales ejes de la intervención……………………………………... 20
4.3 Fases de la intervención………………………………………………... 22
4.4 Dificultades y riesgos que se puede dar durante la intervención.……… 24
5. Un contexto de trabajo con estas familias: Barrio Esperanza Charata Chaco 27
5.1 Municipio de Charata. …………………………………………………. 27
5.1.1 Antecedentes históricos………………………………………... 27
5.1.2 Migraciones……………………………………………………. 29
5.2 Del Barrio Basural a “Barrio Esperanza”………………………………. 30
5.2.1 Origen y Evolución del barrio …………………………………. 30
5.2.2 Situación actual del barrio ……………………………………... 33
[Link] Descripción Socio-Demográfico. ……………………… 33
[Link] Perfil y rasgos de las Familias multiproblemáticas en el
Barrio Esperanza………………………………………………. 34
6. Respuestas existentes y Propuesta de líneas de actuación desde el Trabajo
Social con las familias del Barrio Esperanza………………………………. 37
6.1 Respuestas sociales existentes…………………………………………. 37
6.2 Propuesta de líneas futuras de actuación desde el Trabajo Social………. 39
6.2.1 Trabajo con madres. …………………………………………… 39
6.2.2 Trabajo con padres…………………………………………….. 40
6.2.3 Trabajo con menores…………………………………………… 41
7. Conclusiones. ……………………………………………………………… 43
Bibliografía……………………………………………………………….... 45
1
Resumen
El presente trabajo se propone realizar una revisión del concepto y rasgos, características y
configuración de las Familias multiproblemáticas. Plantea la intervención desde el Trabajo
Social con estas familias como medio para prevenir la exclusión y favorecer la inclusión social
en el Barrio Esperanza en Charata.
Abstract
The present work intends to carry out a revision of the concept and features, characteristics and
configuration of Multiproblematic Families. It raises the intervention from Social Work with
these families as a means to prevent exclusion and promote social inclusion in the Barrio
Esperanza in Charata.
First, conceptualization and features, characteristics, irrigation factors and protectors of this
type are presented in multiproblem families. Next, we will focus on the intervention with
families, the relationship between multiproblem families and professionals, the main axes and
phases of the intervention. And finally, the Barrio Esperanza is presented and analyzed as a
work context, after which a proposal of lines of action will be made from the Social Work, with
the families of this neighborhood
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1. Introducción
Las familias multiproblemáticas, tema central de este trabajo, presentan una gran variedad de
dificultades para su interacción y adaptación social, cultural y familiar, lo que en ocasiones les
impide resolver las situaciones y conflictos a los que se enfrentan. Les impide también realizar
de forma adecuada las funciones que tienen encomendadas, entre ellas, las funciones parentales.
Debe plantearse una intervención con este tipo de familias que ayude a dar respuestas adecuadas
a las diferentes dificultades que presentan.
En nuestra sociedad actual afectada por las crisis en todos los ámbitos, las familias se ven
afectadas por múltiples problemas y en ocasiones tienen que asumir un gran reto para cumplir
sus funciones como padres y madres. La familia se considera como lugar de protección,
cuidado, de educación y aprendizaje, pero en ocasiones se convierte en lugar de pobreza y de
múltiples problemas, que les impide crecer como familia. Por ello he considerado interesante
profundizar más sobre las familias y en concreto sobre las familias multiproblemáticas.
Este concepto es interesante por ser relativamente reciente en las ciencias humanas y porque no
siempre es fácil identificarlas. Este tipo de familias son consideradas pocos productivas, y son
familias en desventaja social. Generalmente se caracterizan por la desorganización y viven en
una constante situación de crisis.
Todas estas características, he podido observarlas tras una experiencia en Barrio Esperanza.
Allí estuve en contacto con las familias y conocí la realidad de ese barrio, por ello tomé la
decisión de realizar el TFG desde esta perspectiva, para profundizar más sobre las familias
multiproblemáticas, para comprenderlas mejor y desde ahí buscar la manera de trabajar, y
realizar una intervención adecuada con las familias de barrio Esperanza. Por eso, al final del
trabajo he tratado de realizar algunas propuesta de líneas futuras de actuación dirigidas para
madres, padres y menores.
A ello se añade que, dado que nuestra Congregación trabaja en el barrio, esta reflexión puede
resultar muy útil a quienes ya están trabajando allí y a mí misma, de cara a mi futuro profesional
en el barrio.
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2. Objetivos y Metodología
Metodología:
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3. Conceptualización y rasgos de las F.M
“La familia es un sistema abierto, dinámico, dirigido a metas y autorregulada. Además, ciertas
facetas como- la reestructuración única de género y generación, lo diferencias de otros sistemas
sociales. Más allá de éstas, cada sistema individual familiar está configurado por sus propias
facetas estructurales particulares, (tamaño, complejidad, composición, estado vital), las
características psicobiológicas de sus miembros individuales (edad, género, fertilidad, salud,
temperamento etc.) y su posición sociocultural e histórica en su entorno más amplio” (cit. en
Navarro; Musitu & Herrero, 2008)
Tradicionalmente, solo se consideraba válido un tipo de familia, en la que los roles y funciones
se distribuían de acuerdo a los roles de género imperante y su estructura se ajustaba a un único
modelo. En cambio, en nuestra sociedad actual esto ha cambiado, ambos progenitores trabajan,
las mujeres se han incorporado al mundo laboral, los padres se implican más en el cuidado de
los hijos y del hogar, etc. Y Ahora se habla de la “conciliación familiar”, lo que antes era
prácticamente inexistente y da idea de la evolución en este sentido.
Cada vez existen más formas o tipos diferentes de familias y a pesar de esta transformación,
ninguna institución puede llegar a sustituirla ya que, a lo largo de la historia, ha sido y sigue
siendo la principal fuente de apoyo ante cualquier crisis personal o familiar. La familia es
insustituible.
Respecto al tipo de familias sobre las que se centra el presente trabajo, a lo largo del tiempo se
han empleado diversas terminologías para definirlas como son: familias multi-asistidas, multi-
carenciadas, multi-sintomáticas, multi-problemáticas etc.
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fueron profesionales del trabajo social en Inglaterra, si bien en aquellos momentos este concepto
hacía referencia fundamentalmente a familias de baja extracción socioeconómica” (González,
2004: 146)
Según diferentes autores, hace referencia a un tipo de familias que presentan variedad de
dificultades, en especial para su interacción y adaptación ya sea entre sus miembros o en su
situación social, cultural y en relación con el entorno.
Existen diversas definiciones del concepto, pero nos centraremos en la propuesta por Aza
(2001) que plantea que se trata de familias “en la que dos o más miembros presentan
comportamientos desviados graves y estables en el tiempo, con unas sintomatologías concretas
y sin función homeostática, que influyen de forma recíproca en las funciones parentales débiles
de organización y expresividad, las cuales suelen delegarse en figuras externas, normalmente
los Servicios Sociales”.
Estas familias atraviesan diferentes tipos de crisis, carecen de recursos y redes sociales, se
encuentran en constante tensión y presentan diversas patologías individuales, familiares y
sociales (Navarro; Musitu & Herrero, 2008).
Hay que tener en cuenta que las familias multiproblemáticas no son diferentes al resto de
familias “no problemáticas” por lo que hay que evitar centrarse excesivamente en el análisis en
sus problemas y sobre todo en su situación de pobreza. (Navarro; Musitu & Herrero, 2008)
Este tipo de familia a lo largo de la historia ha sido y sigue siendo atendida por los Servicios
Sociales. Perciben todas las prestaciones y atención posibles y a pesar de ello, no progresan y
siguen teniendo carencias económicas, dificultades en la relación familiar y social, e incluso a
lo largo de la intervención llegan a existir familias que generan ciertas dependencias hacia los
profesionales que les atienden, y/o a la inversa. (Muñoz, 2011).
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encontrado con las dificultades para comprender el funcionamiento de este tipo de familia, ya
que este tipo de familia se distingue por la cadena de problemas que presenta o sufre.
Estructura de la familia
Las familias multiproblemáticas suelen distinguirse como familias desorganizadas, en las que
existe confusión de roles, ausencia o rigidez en las normas y limites e incumplimiento de las
funciones familiares. Las relaciones entre sus miembros suelen ser o muy distantes o muy
dependientes. (Gómez, Muñoz & Haz, 2007).
En ocasiones nos encontramos con un grupo familiar muy numeroso. En el hogar familiar
conviven varias generaciones, los padres, hijos e hijas, nietos, yerno e incluso se suman
personas que no pertenecen al núcleo familiar. Las abuelas se convierten en las principales
cuidadoras de los nietos ya que las mujeres suelen tener hijos a muy corta edad. Se suele tratar
de familias con una estructura familiar caótica, y unos sistemas familiares confusos y
complejos. (Escartín, 2004).
No obstante, no podemos centrarnos solo en los aspectos negativos de esta estructura familiar.
También en este tipo de familias existen características positivas. Hay que destacar que, como
señala González (2004) “tienen una gran capacidad para captar recursos y respuestas del
entorno próximo, el ecosistema puede dispensar dispositivos de apoyo formales que permita la
supervivencia de la familia” (González, 2004: 4). Es decir, este tipo de familias son unos
verdaderos expertos en conseguir ayuda y apoyos de distintos organismos.
A ello se añade la capacidad que tienen de asumir el relevo en la parentalidad en el seno familiar
y la que tienen para provocar la movilización, es decir siempre hay alguien entre los miembros
de la familia que se queja y pone en alerta a los dispositivos asistenciales ante una situación de
desprotección de alguien que forma parte del sistema familiar. (González, 2004)
La comunicación
La comunicación suele ser caótica. Este tipo de familias tiene un limitado repertorio verbal para
describir y expresar sus experiencias, y con frecuencia tienen dificultad para expresar empatía
en la comunicación en el entorno familiar. Este rasgo se intensifica en la relación con los
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profesionales que les atienden, especialmente con los profesionales de Servicios Sociales.
(González, 2004)
Para González (2004) uno de los principales rasgos de la comunicación en estas familias es que
sus códigos son muy restringidos y se encadenan en un bajo nivel de razonamiento abstracto.
Este hecho puede suponer un gran obstáculo para los profesionales en su comunicación con
estas familias ya que requiere “adecuar los registros no sólo del lenguaje, sino también de los
niveles de abstracción” (González, 2004: 147).
Se trata de familias con una situación económica precaria, pero lo más llamativo no es tanto la
pobreza en si misma sino la desorganización que produce en ella. La vivienda se suele hallar
en estado de abandono y precariedad. Son frecuentes los cambios de domicilio, y tienen
problemas como desahucio, ocupación ilegal, impago etc.
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Este rasgo es remarcado por otros autores como Rodríguez (2003) los “niños, adolescentes y
jóvenes adultos pueden no tener habitaciones ni lugares propios útiles para la construcción de
su propia identidad personal, con consecuencias desconcertantes sobre la definición de roles y
de relaciones, con deslizamientos posibles, aunque no frecuentes, hacia promiscuidades
incestuosas”(Rodríguez, 2003: 93)
En las viviendas de este tipo de familias se puede encontrar objetos muy costosos, pero a la vez
también objetos que son inútiles que no sirven para nada. Y con frecuencia las necesidades
primarias no son cubiertas o bien cubiertas.
En cuanto a la precariedad económica de estas familias, hay que señalar que se genera por la
falta de organización económica y esto provoca el aumento de los problemas. Sus ingresos
económicos suelen ser ilegales, procedentes de la economía sumergida y en general muy
inestables. Las mujeres utilizan el dinero para las necesidades básicas del hogar, para el cuidado
y atención de los hijos, en cambio los hombres lo emplean sus gastos personales. (Rodriguez,
2003). Esto se relaciona con la falta de implicación y participación del padre en el cuidado de
los hijos y del hogar.
Educación
Respecto a la educación, el nivel de educación suele ser bajo, con pocas habilidades sociales y
escasos recursos expresivos. Es frecuente el fracaso y el abandono escolar temprano en los
niños y adolescentes.
Ciclo Vital
Respecto al ciclo vital, suele ser más acelerado, con transiciones confusas entre las fases. No
resuelven las tareas propias de cada fase y avanzan hacia etapas posteriores sin las herramientas
de madurez necesarias para ajustarse a nuevas etapas.
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los cuidados de la familia. En estos casos no existe la etapa conocida como “el nido vacío”.
(Rodríguez, 2003)
La relación entre los progenitores es esencial y tiene una gran influencia en el desarrollo de los
niños. Es fundamental que el ejercicio de las funciones parentales sea adecuado y enriquecedor,
ya que en la crianza de los hijos tiene un gran impacto, la implicación y contacto de los padres.
Sin duda alguna, las familias tienen una función principal en la socialización de sus hijos, que
es fundamental, sobre todo, en el periodo de la infancia, niñez y adolescencia, aunque es verdad
que la socialización es un proceso que dura toda la vida, por lo que los padres también van
aprendiendo de los hijos.
En estas familias, las funciones parentales suelen estar muy mermadas ya que suelen tener una
“gran dificultad para desarrollar funciones nutritivas y/o normativas y referenciales en lo que
respecta a valores (valores socialmente aceptables)” (González, 2004: 148) Con frecuencia no
se transmite a las hijas e hijos seguridad y puede que éstos no se sientan protegidos, queridos y
valorados. (González, 2004)
La madre suele ser la figura principal y el papel del padre suele ser menos significativo o en
algunas ocasiones inexistente. Así, las relaciones entre el padre y los hijos e hijas suelen estar
mediatizados por la madre. (González, 2004)
Según (Minuchin 1967) la presencia del padre es periférica. Se puede sentir inseguro, no se
implica en el cuidado de los hijos y su función parental muchas veces es nula, por la falta de
responsabilidad. Delega su rol en la madre o en algún hijo parentalizado (González, 2004) Esto
no quiere decir que no participe en absoluto en las funciones familiares, sino que se trata de un
abandono esporádico o alejamiento “intermitente” de su rol.
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Tanto los hijos como la madre aceptan y canalizan “este déficit en la estructura familiar, de
modo que asimilan que el papel masculino en la familia es inútil o de utilidad
desconocida”(Rodríguez, 2003: 96)
En cuanto a la relación conyugal también está deteriorada e inestable. Y es frecuente que “sus
carencias les lleva a obtener del otro lo que les falta a sí mismos, pero el otro, lo frustra una y
otra vez porque tampoco tiene satisfechas sus propias necesidades” (Rodríguez, 2003: 95).
Las relaciones entre la pareja suelen ser conflictivas e incluso inexistentes. Cuando se trata
parejas muy jóvenes, esto se agrava, porque no tienen experiencia, ni tienen aún capacidad para
crear familias autónomas.
A veces se dan relaciones de corta duración y también es frecuente que los cónyuges, tengan
una historia de inadaptación escolar, toxicomanías y otras conductas problemáticas.
Puede aparecer abuso sexual y maltrato, “ya que los impulsos agresivos fluyen libremente hacia
los hijos, sin el control de las funciones protectoras”. (Rodríguez, 2003: 95). Otros problemas
que pueden estar presentes en las familias son la drogadicción y problemas de salud mental.
Las familias multiproblemáticas se caracterizan también por vivir en una casi constante
situación de crisis, utilizando el término crisis en un sentido amplio.
Hay que recordar, como señala Pittman (1991), que las crisis incorporan tantos elementos de
“peligro” como de “oportunidad”, y que las personas pueden crecer y madurar a través de la
vivencia de una crisis o por el contrario quedarse “atrapados” y estancados.
Según Martínez (1994), se pueden identificar básicamente dos tipos de crisis: las crisis
normativas que son más predecibles y que señalan “momentos de cambios y transición familiar”
y las no normativas, que son impredecibles porque son hechos inesperados que ocurren durante
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el ciclo vital y que son “fruto de la estructura disfuncional de la familia o de hechos repentinas
que surgen en su vida” (Martínez, 1994). Este último tipo provoca altos niveles de estrés en
estas familias y se relaciona con la falta de organización y la disfunción familiar.
También puede existir tensión y ansiedad entre los miembros de la familia, en dos sentidos,
vertical y horizontal. En el sentido vertical, los patrones de relación y funcionamiento se
transmiten de una generación a otra, lo que incluye sobre todo la transmisión de actitudes
familiares, las etiquetas, las expectativas etc. Y en el sentido horizontal las tensiones actúan
sobre la familia a medida que evoluciona en el tiempo, haciendo frente a los cambios y
transiciones del ciclo vital. Incluyendo tanto las tensiones evolutivas predecibles o normativas
como las impredecibles, o no normativas que pueden dificultar o interrumpir el ciclo vital.
(Carter y McGoldrick, 1981)
Hay que tener en cuenta que, si hay muchos factores de tensión en el eje horizontal, cualquier
familia se vuelve disfuncional. Pero también hay que considerar que, en una familia con una
fuerte carga de tensión vertical, cualquier pequeña tensión horizontal producirá disfunción en
el sistema. Por ello es importante analizar y evaluar tanto el eje vertical y horizontal.
Otra fuente de ansiedad es la tensión de origen social, las fuerzas económicas, sociales y
políticas suelen tener un impacto importante sobre la evolución familiar. (Martínez, 1994)
En el ciclo vital familiar, “la familia atraviesa ciertas etapas, en cada una de las cuales deben
resolver una tarea”. (Martínez, 1994: 78). Además, la realización o resolución de la tarea
fortalece y gratifica a la familia, pero en caso de que no se logre, crea dificultad para la
evolución y el desarrollo. (Cusinato,1992)
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b) La familia con hijos pequeños: en esta fase la familia se reorganiza, para poder hacer
frente a las nuevas tareas y establecer nuevas reglas. Con el nacimiento del primer hijo
se avanza una generación y ambos se convertirán en cuidadores. Desde este momento,
la pareja asume dos roles el de ser padres y también el de cónyuges. En este sentido
tienen como reto mantener un espacio de intimidad para ellos y a la vez desarrollar la
función parental.
Uno de los problemas más frecuentes en esta fase suele ser el reparto de tareas, en la
crianza de los hijos. El problema se agrava más aún si se ha de atender al cuidado de
algún hijo enfermo. Si nacen más hijos el sistema nuevamente requerirá nuevos ajustes.
Se produce un cambio importante cuando el hijo o hija va al colegio. En esta nueva
etapa tanto los padres como los hijos establecerán nuevas relaciones, ya sea con una
institución, niños y otras familias, que van a desempeñar un papel importante en la vida
de todos. Será necesario desarrollar nuevas pautas de funcionamiento en torno al sistema
educativo y al grupo de pares.
c) Familia con hijos adolescentes: En esta fase la familia pasa de ser una unidad que
sustento, a ser una plataforma de preparación para la vida adulta del adolescente donde
va a encontrar nuevos compromisos y responsabilidades. El adolescente en esta fase
exige o plantea la necesidad de cambio a sus padres ya que adquiere una capacidad
nueva de juicio que le permite tener también nuevas perspectivas sobre la vida.
Principalmente en esta fase, los padres negocian con los hijos adolescentes sobre todo
el control y la autonomía. Tienen que establecer límites flexibles para que él o la
adolescente puedan salir del sistema familiar y experimentar y explorar sus nuevas
capacidades, pero a la vez, cuando el adolescente no pueda manejar solo la situación ha
de sentir que puede refugiarse en su familia.
Esta es una etapa de gran cambio, tanto para los hijos como para los padres. Estos
también tienen que enfrentar una nueva crisis, lo que se conoce como la “crisis de la
mitad de la vida”. Consiste en una evaluación de la satisfacción o la insatisfacción que
sienten, ya sea en las áreas personales, de relación matrimonial, del trabajo, etc.
Suele presentarse también en este momento la necesidad de cuidar a los abuelos lo que
implica negociar nuevamente las funciones de la familia.
Durante este periodo de cambio, y sobre todo de nuevas demandas, todas las familias
atraviesan un momento de crisis de confusión y en ocasiones puede llevar a la ruptura.
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d) Independización de los hijos: En esta fase los hijos ya son adultos jóvenes, y han
establecido un estilo de vida personal, con una identidad propia, con compromisos,
carreras profesionales, amigos y cónyuges con los que iniciar una nueva vida.
La salida de los hijos del hogar familiar, lleva al reencuentro de la pareja que, liberada
de las responsabilidades más intensas del cuidado de los hijos, afronta la etapa conocida
como del “nido vacío”
Este momento evolutivo para la pareja puede estar lleno de oportunidades ya que tienen
más tiempo para realizar nuevas actividades, para explorar y vivir con mayor libertad.
En este período, al independizase los hijos, puede surgir la aparición de una nueva
generación: los nietos. Esto requiere también una nueva reorganización para redefinir
la relación de padres e hijos como adultos y también la relación con los nietos
e) La familia en la ancianidad: Esta fase está marcada por las numerosas pérdidas ya
sean de familiares, amigos, cónyuge, salud, estatus profesional, poder adquisitivos,
roles, etc.
Sin embargo, también puede ser un momento para valorar y disfrutar lo conseguido y
producido durante todas las fases anteriores de la vida. La “tarea más importante en este
momento es el mantenimiento personal y de la pareja y la valoración de los objetivos
logrados en el ciclo vital personal y familiar”. (Martínez, 1994: 84). Los hijos y nietos
en esta etapa pueden ser un apoyo, pero ha de evitarse la sobrecarga.
Las familias a lo largo del ciclo vital pasan por diferentes fases en las tienen que afrontar
y superar las crisis que se presentan, contando para ello con el apoyo de sus miembros
entre sí, de amigos, vecinos e incluso en algunos casos de profesionales que les ayuden
y orienten para afrontar eficazmente y con éxito cada etapa de la vida.
Según señalan Cancrini (1997) y Coletti (1997), las familias multiproblemáticas adoptan con
frecuencia alguna de las siguientes configuraciones:
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dependientes de la familia de origen. En ocasiones tienen relaciones conflictivas, a las
que los menores se van adaptando y llegando a normalizarlas (Escartín, 2004). La
relación de pareja puede ser inestable y de breve duración.
Mujer sola: Se trata de familias monoparentales que pueden haber surgido tras una
relación esporádica, por la dificultad de construir una relación estable o por abandono
del padre entre otros motivos. Los hijos crecen sin una figura o modelo paterno.
(González, 2004)
Según Minuchin (1967) en este tipo de familia se observa lo que denomina “abuela
ausente”. La figura de la abuela no existe, ya que la joven madre, que vive en casa de
su madre se convierte nuevamente en hija, y la abuela ejerce como madre para su hija y
también ante sus nietos. en algunos casos llega a desaparecer la madre de los menores
y la abuela asume el rol de madre.
Familia petrificada: Se considera así a la familia que se queda alterada tras un fuerte
golpe o crisis, por ejemplo, por la desaparición o pérdida dramática de uno o varios
miembros de la familia. La familia se ve incapaz de afrontar la realidad y la situación
en la que se encuentra y se producen “cambios en sus funciones” (González, 2004).
Ejemplo de ello puede ser la pérdida de un hijo o la perdida de la patria potestad de
algún hijo. La familia vive situaciones muy dolorosas que le afectan intensamente,
limitando su capacidad de reacción y produciendo efectos inesperados.
Para comprender mejor a este tipo de familia y para una resolución positiva de los problemas,
es fundamental, identificar los factores de riesgo y protección de la familia (Rodrigo y Palacios,
1998; Bronfenbrenner, 1979)
Este último propone, desde un enfoque de Teoría Ecológica, los factores de riesgo y de
protección, abarcando en su perspectiva cuatro sistemas:
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Exosistema: Formado por la comunidad más próxima después de la familia, como
podrían ser las instituciones de la comunidad, iglesias, escuelas, los nuevos medios de
comunicación etc., Favorece el desarrollo emocional, intelectual y social del sujeto para
relacionarse con el otro.
Macrosistema: Condiciones sociales, culturales y estructurales, en que se desarrolla el
individuo y las personas de su entorno. Hace referencia también a los valores propios
de una cultura, costumbres, tradiciones, conductas etc.
Factores de riesgo:
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En el macrosistema: “los factores de tensión y de riesgo en esta estructura son muy
variados. Muchos de ellos se pueden resumir con la expresión de Garbarino (1995) que
señala que los niños y las familias pueden llegar a vivir en un ambiente social tóxico.
Fenómenos contemporáneos como el aumento de violencia, las crecientes tensiones
sociales, las graves dificultades económicas que las familias experimentan” (Navarro,
Musitu & Herrero, 2008: 89)
Factores de protección
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4. La Intervención Social con familias multiproblemáticas
Tal como se ha expuesto hasta ahora, se puede considerar a las familias multiproblemáticas
como un “sistema afectado, por crisis múltiples, o sometida a situaciones de riesgo social que
desbordan su capacidad de reacción” (Wainstein &Winttener, 2017), por lo que necesitan la
ayuda profesional.
Estas familias son uno de los perfiles habituales en la atención que se presta desde los Servicios
Sociales. Suelen ser familias desestructuradas, con problemas económicos, de relación, con
déficits sociales y culturales, etc. Pero a pesar de sus múltiples carencias es cierto que, como
señala Comellas (1996), no todas las familias que presentan estos problemas son familias
multiproblemáticas, ni tampoco lo es que todas las familias en situación de riesgo sean de este
tipo de familia. Ocurre que las familias multiproblemáticas son más vulnerables por su
desventaja social. Al tener menos recursos personales, menos oportunidades de educación y
formación, y condiciones de vida con muchas carencias, se les hace más difícil afrontar los
múltiples problemas que se les presentan.
Por ello es importante realizar una intervención apropiada que mejore la calidad de vida de la
unidad familiar. Los profesionales son quienes llevan a cabo este trabajo mediante el
establecimiento de una relación que los vincula al propio sistema familiar.
En cuanto a la relación que se establece entre el profesional y la familia, puede producirse una
cierta desconfianza mutua, ya que en ocasiones los objetivos de las familias no coinciden con
los del profesional. Las familias llegan buscando resolver urgentemente sus problemas y creen
que la solución se centra sobre todo en las ayudas económicas, alimentación, vivienda, empleo
etc. Sin embargo, los profesionales suelen considerar que es necesario llevar a cabo un proceso
de intervención social a nivel individual y familiar que consideran mucho más importante para
la solución del problema.
Los profesionales que con más frecuencia atienden a estas familias son los trabajadores sociales,
considerando a la familia como un sistema social formado por la interrelación de sus miembros,
de tal manera que, si algo afecta a uno de ellos, afecta a todos los demás. Se trata de una
intervención sistémica. A ello se añade que, como señala de Robertis “la ayuda prestada por el
trabajador social no puede realizarse sin la participación activa de los propios interesados,
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puesto que se trata de un verdadero trabajo «con» en el que la colaboración entre las partes entra
en juego” (Robertis, 2003: 87).
A veces los trabajadores sociales se encuentran con familias que no realizan ninguna demanda
de ayuda, ya sea individual, social, psicológica, etc., en primer lugar, porque se puede dar una
importante falta de reconocimiento de la situación problemática que atraviesa la familia. Esto
conlleva que “en la mayoría de las ocasiones, quien hace la demanda es la institución”
(Rodríguez, 2003: 99) y no la propia familia. En algunos casos el motivo principal de la petición
de ayuda suele ser a través de los niños y suele ser material, sobre todo económica.
Pero lo más común es que la demanda se produzca a través de un tercero, alguien ajeno a la
familia ya sean vecinos, instituciones, sobre todo colegios, policías u otros profesionales. En
muchas ocasiones, las familias se convierten en “clientes forzosos que no piden nada e incluso
rechazan la ayuda” (Escartín, 2004: 7) lo que crea una dificultad para la intervención. Se trata
de familias poco motivadas para un cambio real, atrapadas entre la necesidad de cambio y la de
proteger sus patrones habituales de comportamiento.
Otro problema que se plantea en la relación de la familia con el profesional es que la percepción
del tiempo que tiene tanto el profesional como las familias es distinta: “los tiempos de las
familias son lentos, muestran resistencia frecuentemente a las propuestas que les hacen… no
ven la necesidad de cambio, al menos en la línea que les proponen los profesionales” (González,
2004: 152), aunque lo cierto es que estas familias están en constante cambio, por los múltiples
problemas que atraviesan
En cambio, “el tiempo del profesional va más en la línea de cambios rápidos” (González, 2004:
152), más cuando el profesional atiende desde los Servicios Sociales, con tiempos muy cortos
para la atención y buscando resultados rápidos, lo que para la atención a las familias
multiproblemáticas es algo imposible.
Trabajar con este tipo de familia supone un desgaste considerado para los profesionales, ya que
trabajan con personas en situación de riesgo importante. En repetidas ocasiones, los
profesionales se sienten frustrados, en primer lugar, por los múltiples problemas que presenta
la familia y por otro lado por el contexto desfavorable que les rodea. Si a ello se suma la falta
de recursos de las administraciones públicas y privadas, puede conducir al profesional a un
agotamiento, que puede desencadenar a largo plazo en la aparición del síndrome de burnout
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ocurriendo que “el agotamiento laboral es característico de los profesionales que trabajan de
manera prolongada con este tipo de casos” (González, 2004: 151).
Incluso cuando nos encontramos con familias que están motivadas, la resistencia tiene un factor
importante que dificulta la intervención y si a ello se le suma también la falta de motivación del
profesional, será mucho más difícil que se consiga el cambio. (Escartín, 2004)
Igualmente es importante recalcar, que las funciones de los trabajadores sociales, les mantienen
“inmersos en una dualidad de funciones…por una parte se prestan servicios de protección,
ayuda, pero también de control social, materializando las políticas sociales” (Escartin, 2004: 2)
Por último, hay que señalar que dado que en las familias multiproblemáticas, la red social suele
estar empobrecida, puede crearse una relación de dependencia hacia el profesional, por lo que
no hay que olvidar que, en estos casos, el objetivo de la intervención es también la recuperación
de la red social de la familia.
A continuación, se presentan algunos ejes que han de tenerse en cuenta en el trabajo con estas
familias.
Autoestima. Como señala esta autora “las familias con problemas cuentan con una
autoestima disminuida, la comunicación es indirecta, vaga y poco sincera, las reglas son
rígidas, inhumanas, fijas e inmutables, y el enlace de la familia con la sociedad es temeroso,
aplacador e inculpador”. (Guerrini, 2009:6). Por eso es fundamental trabajar estos aspectos
con las familias en su vida cotidiana ya sea de manera individual o en su conjunto.
Sabemos que las familias que forman y desarrollan una autoestima sana en sus miembros
tienen un funcionamiento más adecuado en sociedad. Por eso trabajar la autoestima con las
familias es fundamental. A través de las palabras, expresiones, gestos… los progenitores
envían a sus hijos un mensaje de autoestima y refuerzo. Por ello es fundamental ayudar a
las familias a fomentar la autoestima en los hijos y reforzarla en los miembros adultos.
Resiliencia. Entendida como la “capacidad de los seres humanos de superar los efectos de
una adversidad a la que están sometidos en incluso de salir fortalecido de la situación”
(Melillo, 2004: 61). Los seres humanos tenemos esa capacidad para enfrentar las situaciones
adversas y negativas que nos afectan. Los profesionales pueden actuar para fortalecer a la
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familia, ayudarles a reconocer sus fortalezas y potenciarlas. a buscar alternativas más
adecuadas para la resolución de sus problemas, no sólo a través de recursos institucionales
sino también con sus recursos personales, como son la personalidad, la seguridad de uno
mismo, la experiencia, la propia familias son recursos que ayudan a “activar la resiliencia”
aumentando las capacidades de las familias y reduciendo las demandas continuas,
promoviendo en ellos una visión positiva y realista de la situación problemática que
atraviesan (Gómez & Kotliarenco, 2010)
Vínculos familiares. En estas familias a veces se da una infravaloración de la importancia
de las relaciones afectivas, del vínculo afectivo” (Rodríguez, 2003), por lo que es necesario
trabajar este aspecto. Suelen tener fallos de comunicación y es preciso mejorarla para crear
un vínculo saludable entre sus miembros. No se puede perder de vista que los vínculos
afectivos que existen en el sistema familiar, son un punto clave en la intervención. El
trabajador social tratará de crear vínculos y generar estabilidad entre los miembros de la
familia para que puedan mejorar la situación problemática, ayudará a mejorar la
organización familiar, la estructura de comunicación, a asumir las funciones parentales de
forma más adecuada. En resumen, a fortalecer el vínculo afectivo entre la pareja, los hijos,
los vecinos, ya que toda persona necesita sentirse querida y aceptada por los demás.
Dimensión comunitaria. Es importante considerar la dimensión comunitaria de la
intervención que como señalan Robertis y Pascal (2007) ha de estar siempre presente. En
primer lugar, situando a la persona y a la familia en los diversos grupos a los que pertenece,
rompiendo el aislamiento y ubicándola en su entorno, y, en segundo lugar, apreciando su
situación y evaluándola en función del contexto social en el que se encuentra.
Empoderamiento. En definitiva, con la intervención lo que se trata es de facilitar o
conseguir con las familias cambios en algunas áreas de su vida, o por lo menos, ayudarles
a superar las crisis que están atravesando, dotándoles de herramientas y fortalezas,
fomentando su participación activa en el proceso, es decir trabajando su empoderamiento
para enfrentar las dificultades y superarlas.
Tomamos como base la propuesta realizada por Navarro (2002) que desarrolla un programa de
intervención con familias (PIF) basado en el modelo ecológico y que propone dos fases.
21
describir las situaciones de riesgo que presenta la familia. Esta fase consta de dos etapas
equivalentes al estudio y diagnóstico.
En segundo lugar, presenta la fase de intervención o de actuación en la que “se diseña el apoyo
y ayuda que se les va a ofrecer a estas familias, desde dos niveles de acción-intervención"
(Navarro, 2002:199). En esta fase se pretende que los objetivos de intervención con las familias
se ajusten al diagnóstico de cada realidad familiar. Los niveles de acción en esta fase son los
siguientes:
En este nivel de intervención se trabaja con familias con un nivel de gravedad leve o moderado,
por lo que la línea de base será la de educar, y así está ubicado en el "nivel de prevención
secundario y/o educativo" ofreciendo apoyo psicoeducativo, orientación, asesoramiento e
información sobre distintos recursos.
En este nivel la gravedad que presentan las familias ya es grave o muy grave. En este nivel, a
los fines de intervención educativa se añade tratamiento y apoyo psicosocial para ayudar a los
miembros de la familia o las familias completas, en especial aquellas que se encuentran en
situación de desamparo o desarraigo, para conseguir que se reintegre en la en la comunidad, es
decir normalizar sus condiciones de vida. También diseña acciones con la finalidad de reducir
el nivel de riego social. (Navarro, 2002)
En resumen, en la primera fase, todas las familias, son examinadas o exploradas de la misma
manera, utilizando los mismos parámetros, y en la segunda fase se trabaja para que los objetivos
de intervención con las familias estén ajustados al diagnóstico de la realidad de cada familia.
(Navarro, Musitu & Herrero, 2008)
En estos dos niveles de intervención el instrumento utilizado suele ser el Proyecto Operativo
Familiar (POF). El Proyecto Operativo Familiar que es un proyecto de atención familiar
personalizado que considera cada familia como una unidad de atención particular, con un
tratamiento específico acorde a sus necesidades y problemas (Navarro, Musitu & Herrero,
2008). Incluye una programación en la que hay que tener las siguientes cuestiones:
22
La evaluación inicial y el diagnostico familiar, en los que se detallarán las carencias y
problemas a tratar, la interpretación que se hace de la situación familiar, teniendo en cuenta
por un lado la hipótesis y por otro lado el grado y el tipo de problemas y riesgo social que
presenta la familia. Se evaluará si la familia se encuentra en un riego moderado, grave o
muy grave.
La elaboración de las líneas de intervención, seleccionando objetivos a conseguir ya sea
a nivel individual, familiar y social y asignando a las familias un modelo específico de
intervención desde el que será atendida.
La ejecución del Proyecto Operativo Familiar; con la participación activa de la familia
en el proyecto y módulos en los que han sido asignados.
El cronograma, especificando en la aplicación del POF la duración desde su fecha de inicio
a la de finalización prevista. Se temporalizará la evaluación inicial, las reuniones de
coordinación y las fechas de evaluación final para el cierre del caso.
Estas familias presentan una serie de problemas difíciles de abordar y quieren encontrar
soluciones rápidas. Con frecuencia los profesionales no pueden abordar todos los aspectos, sino
que tienen que identificar los más urgentes, que no siempre coinciden con la percepción de las
familias.
Vega (1997) propone tres enfoques relacionados entre sí para la intervención con familias
multiproblemáticas:
Adoptar una “mirada constructivista de la realidad humana”, esto no consiste en que todo
vale, sino que implicar aceptar las construcciones sociales de la comunidad en que se
desenvuelve la familia.
Tener “una visión multidimensional o ecosistémica”, buscando relaciones y conexión y
huyendo de una visión reduccionista de los problemas.
Concebir el cambio “como un proceso discontinuo”, teniendo una guía clara de las
posibilidades de cambio, pero sobre todo reconociendo y valorando el mínimo cambio o
mejora que se produce.
Para una buena intervención el profesional necesita utilizar sobre todo sus propias habilidades
como la empatía, escucha activa y comprensión, demostrando a la familia interés y
23
compromiso. De alguna manera cuando un profesional trabaja con una familia entra a formar
parte del sistema familiar.
Linares en el Congreso de Terapia Familia hace las siguientes propuestas a modo de líneas que
guíen la intervención.
En al ámbito individual: Dado que los sentimientos suelen ser muy intensos y el nivel
cognitivo más bien pobre y monótono, el trabajo terapéutico o la intervención con la familia
debe dirigirse a facilitar el control y la maduración de los sentimientos y conductas y
estimular el desarrollo.
En el ámbito familiar: Se ha de ayudar a las familias a deshacer sus creencias y valores
marginales que entorpecen su evolución, orientando las acciones profesionales teniendo en
la mente dos preguntar básicas que servirán de guía: ¿qué hay que potenciar? y ¿qué hay
que frenar?
4.5 Dificultades y riesgos durante la intervención
La falta de tiempo de los profesionales es también un obstáculo para una buena intervención ya
que las familias presentan múltiples problemas a tratar y tanto ellos como los propios
profesionales esperan respuestas y soluciones rápidas que muchas veces son difíciles de
alcanzar por la multiplicidad de problemas y la falta de motivación de las familias
Uno de los riesgos en la intervención con este tipo de familia, es que pueda primar la visión de
incompetencia y la desvalorización de las familias. Si se añade que puede que acudan de forma
involuntaria y sin motivación alguna, hace que el rol de los profesionales sea de control, lo que
conlleva grandes dificultades para lograr el cambio (Escartin, 2004). Al contrario, para avanzar
en la intervención es necesario reconocer las relaciones afectivas profundas y duraderas de la
familia.
Otra dificultad para la intervención adecuada es la falta de coordinación entre los profesionales
implicados en el caso. Se une también a otros aspectos organizacionales tales como la ausencia
de supervisión, la rotación de puestos de trabajo, o la “fricción entre las instituciones que
24
trabajan con las familias porque tienen la decisión sobre qué tipo de cambio deben éstas realizar
o quién lidera la intervención” (Escartín, 2004: 14). Todo ello afecta a la eficacia de las
intervenciones y puede producir desgate en los profesionales. Además, las familias pueden
sentirse atrapadas en medio de luchas de poder y, en vez de resolver los problemas lo que se
provoca a veces es su cronificación.
También puede suceder que las familias con múltiples problemas, en ocasiones vean al
profesional como alguien que no les ayuda, que invade su privacidad y que en vez de ayudarles
a superar los problemas les provoca más daño. Esto puede suceder cuando el profesional les
niega algún tipo de ayudas económica, cuando retiran a un menor de su ámbito familiar, o
cuando no les da acceso a algún recurso que solicitan (Escartin, 2004).
Es fundamental evitar centrarse no sólo en las funciones de control, sino en las de ayuda.
Cuando los profesionales trabajan con familias multiproblemáticas deben evitar centrarse
solamente en las carencias y olvidar las “realidades potenciales de la familia”. (Escartin, 2004).
Durante la intervención, el profesional debe evitar plantearse expectativas irreales, ya que este
tipo de familia tiene un proceso lento de cambio por las multiplicidades de problemas que
presentan, sino proponerse expectativas realistas en la solución de problemas sin tratar de
abarcar todos a la vez. (González, 2004)
Puede darse cierta falta de control sobre diversos aspectos de la vida de la familia, porque
cuando hay resistencia no facilitan información sobre todos los aspectos problemáticos. Por ello
es importante trabajar en coordinación con otros profesionales y con el contexto que les rodea
para poder hacer una intervención adecuada.
Se debe evitar adoptar una actitud fría y distante hacia las familias, evitando juicios sobre “lo
que debe ser”, y sobre los roles o funciones que debe asumir, ya que cada familia desarrolla un
estilo propio ante las dificultades. No hay que dejarse dominar por los prejuicios, comparando
a la familia con otras y enjuiciándola equivocadamente. Hay que ser cuidadoso en el trato con
estas familias.
En la comprensión de las causas de los problemas que afectan a estas familias “hay que evitar
centrarlas en su propia condición de pobreza, porque obviamente ser pobre no es sinónimo de
desorganización, disfuncionalidad o patología” (Navarro, Misuti & Herreo, 2008: 24).
25
Una vez expuesto el concepto y rasgos de las familias multiproblemáticas, así como los
procesos de intervención social con este tipo de familias, en el siguiente capítulo de este trabajo,
trataremos de aplicar estas propuestas a un contexto concreto, un barrio marginal: Barrio
Esperanza en la población de Chaco, Argentina, donde existe una alta presencia de estos perfiles
familiares y esta intervención puede ser una herramienta adecuada para mejorar la calidad de
vida de este barrio.
26
5. Un contexto de trabajo con Familias Multiproblemáticas: el Barrio
Esperanza en Charata (Chaco–Argentina)
5.1 Municipio de Charata.
5.1.1 Antecedentes históricos.
El 1 de mayo de 1865 Argentina ignoró este tratado, iniciando un fuerte reclamo sobre el Chaco
Boreal y declaró la guerra a Paraguay en el marco de la denominada “Triple Alianza” (1865-
1870). La guerra duró seis años y sus consecuencias fueron catastróficas para Paraguay,
mientras que Argentina y Brasil fueron los beneficiados tras ella. Paraguay es derrotada y casi
desparece ya que “gran parte de su territorio fue repartido entre Brasil y Argentina y su
población seriamente diezmada” (Hernández, 1935:2)
Al terminar la guerra los indígenas que vivían en el Chaco Central, pasaron a pertenecer a
Argentina, aunque muchos de los habitantes del Chaco, entre los que se encuentran los de
Charata, siguieron hablando el idioma guaraní. En la actualidad, esto va desapareciendo.
27
En un momento posterior se desencadenó otra disputa por el territorio de Chaco Boreal y dio
comienzo una nueva guerra entre Paraguay y Bolivia, la conocida como la Guerra del Chaco
(1932-1935). Los bolivianos querían poseer una gran parte del Chaco, rico en petróleo. La
guerra entre estos dos países tuvo importantes consecuencias. Paraguay mantuvo el dominio
sobre el Chaco Boreal, con la ayuda de Argentina.
Aunque han pasado años de estas terribles guerras y luchas. El Chaco sigue muy marcado por
la pobreza, siendo la provincia más pobre de todo el territorio argentino, en la que la mayoría
de la población vive en situación de pobreza extrema, Según los datos del INDEC y
considerando los criterios de Unión Europea y OCDE, puede considerarse que entre un 40 % y
un 70 % de la población del Gran Chaco, está en “riesgo de pobreza” (Llorens, 2015). Este alto
índice es preocupante.
Hay muchas dificultades para que las familias puedan salir de la miseria y marginación en la
que viven y todavía existen barrios muy damnificados por la pobreza. Uno de ellos es el “Barrio
Esperanza”, del Municipio de Charata.
En la actualidad la ciudad de Charata cuenta con unos 26.497 habitantes (INDEC, 2010). En el
grafico podemos observar cómo ha ido evolucionado el municipio, haciendo una comparación
desde 1991, 2001 y 2010, se refleja la gran evolución demográfica de Charata ya que, en 1991,
había 15.836 habitantes, en 2001 contaba con 22.573 y en 2010 presenta un crecimiento del
17% frente a los habitantes de 2001.
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Gráfica de evolución demográfica de
Charata entre 1991 y 2010
Charata es considerada como una de las regiones más fértiles en la región chaqueña. La mayor
parte de la población se dedica a la agricultura, en especial el cultivo de soja y algodón. Y a
través de estos cultivos se produjo el crecimiento económico de las últimas décadas y se ha
convertido en una ciudad de servicios a una vasta zona. (Jordi, 2001).
Cuenta con 33 barrios uno de los cuales es “BARRIO ESPERANZA. Algunos de estos barrios
en la actualidad se han convertido en barrios marginales, olvidados por el Estado. En ellos viven
muchas familias con muy pocos recursos y condiciones de vida muy precaria.
5.1.2 Migraciones
El territorio de Charata, fue poblado por tribus de indios. A partir del año 1885, se produjeron
notables movimientos migratorios europeos. Como señala López (2008), “prácticamente la
totalidad de los argentinos charatenses tienen linajes italianos y españoles”.
En un artículo del Heraldo Chaqueño del 29 de junio de 1918, se señala que el primer habitante
de Charata fue el “español José Puigbó, que se instaló en el lugar el 1º de mayo de 1914,
estableciendo una casa de comercio. (Miérez, 2013:31)
En 1915 llegaron trece “pobladores rurales de los cuales diez eran argentinos y tres europeos.
Los argentinos eran puesteros y los españoles todos eran agricultores. Los inmigrantes
29
españoles llegaron con una visión de futuro y con ideas de progresar para esta nueva zona donde
se instalaron y trabajaron con mucho empeño para el porvenir de sus familias” (Carrizo,
Insaurralde, Labrador & Verón, 2014: 21)
También se constata la llegada de algunos árabes, “los primeros árabes llegaron en 1870
procedentes de Siria, Líbano y unos pocos de Palestina” (Miiérez, 2013: 275). La mayor ola de
inmigrantes árabes se produjo a principios del siglo XX a casusa de la Primera Guerra Mundial
y posteriormente la Segunda Guerra Mundial. La convivencia no fue fácil, se produjeron
numerosos conflictos.
De 1925 hasta 1960 “se pueden considerar como los años de mayor afluencia de inmigrantes
rurales” (Miérez, 2013: 37)
Durante este tiempo, se crean numerosos centros educativos, hogares de niños y asociaciones
muchas de ellas fundadas por las comunidades cristianas católicas: Caritas, las Misioneras
Esclavas del Inmaculado Corazón de maría, España, Hermanos católicos de Alemania, y otros,
todos trabajando para que la Municipalidad de Charata mejorara en todos los aspectos y
aumentara el bienestar del pueblo.
Para comprender mejor cómo surgió, el “Barrio Esperanza” hay que describir primeramente la
presencia de las Misioneras Esclavas del Inmaculado Corazón de María en la ciudad de Charata.
Esta congregación nació en España en el siglo XIX, siendo su fundadora la Madre Esperanza
González Puig. Su carisma es la Caridad y su misión acoger a la mujer más necesitada de la
sociedad, así como también ayudar a niños con problemas familiares y realizar una labor
educativa.
30
El 16 de diciembre de 1970 esta Congregación llegó a Charata con el fin de prestar ayuda a la
gente marginada. Iniciaron su andadura primero en hospitales, luego ofreciendo talleres
impartiendo catequesis y trabajando con la comunidad de Indígenas en las “Tolderías”
(Charata). En al año 1972 se empieza a construir un internado con la ayuda de los católicos de
Alemania, la Comisión y la Municipalidad de Charata (Congregación de Misioneras Esclavas
del Inmaculado Corazón de María, 2012)
En el año 1997, las Hermanas descubren la existencia de una zona a la que se conocía como
“El Basural”, a unos 4 Km de Charata, y constatan que vivían allí 27 familias sin recursos. Se
trataba de una zona de casitas de cartón, plásticos, chapas oxidadas, ramas y en medio de
basuras, en una miseria inimaginable. En el montón de basuras rebuscaban comidas los
ancianos, perros, cerdos y los niños. Nadie pensaba que allí podían habitar persona alguna,
menos aún familias con menores.
Las familias estaban hundidas en la en la marginación. Casi ninguno de ellos sabía leer, ni
estaban inscritos en el registro civil; para la sociedad ellos no contaban, como si no existieran.
El inicio de la acción fue liderado por la hermana Paulina Olivera, natural de Badajoz, quien al
ver tanta miseria se comprometió a dar vida a ese barrio marginal “El basural” y empezó junto
con las Hermanas de la Comunidad a dar pasos para mejorar las condiciones de vida de estas
familias, empezando por formar una Comisión para trabajar con ellas.
El primer paso fue centrarse en la persona, especialmente en los niños, y trabajar para
promocionarles, dignificarles y sembrar semillas de esperanza en quienes ya la habían perdido.
Encontraron muchas dificultades, no tenían recursos, en el barrio faltaba de todo, agua,
alimentos, vivienda, incluso un camino para llegar a sus chabolas los días de lluvia, pero
iniciaron el trabajo ayudando mujeres y niños.
31
Se elaboró un proyecto que consistía en pedir la construcción de 27 viviendas, muy sencillas,
para que las familias tuvieran un techo digno para aliviar el frío del invierno y el bochorno del
verano que allí alcanza a veces más de 40º.
Lo enviaron a “Manos Unidas” de España y al colegio Corazón de María de Madrid, éste aceptó
colaborar y realizó la campaña denominada “Operación ladrillo”. Por su parte Cáritas de Madrid
también contribuyó. Entretanto iban ganando la confianza de las familias y la comunidad y así
consiguieron su credibilidad para los proyectos de mejora que tenían para el Barrio.
Después de muchos trabajos, los principales logros pueden resumirse en la siguiente cronología:
32
infección y mejorar la calidad de vida de los habitantes de la zona. (Congregación de
Misioneras Esclavas del Inmaculado Corazón de María, 2012).
En 2010, YPF-Repsol, colaboró para las mejoras del barrio comprando una cocina de
gas y una caseta para el gas. También se compraron muebles para las viviendas con el
donativo de la Asociación Evangélica.
En 2011-2012 la mayoría de las casas ya tenían tres habitaciones, una pequeña cocina
con comedor, y muebles dentro de las casas. Incluso algunos contaban con un huerto
cultivado, donde siembran verduras para su propio consumo, otras, han comprado
frigorífico y algunos hacen pan y lo venden en el barrio.
Durante todos estos años se observan considerables cambios y mejoras en las familias del Barrio
Esperanza. La mayoría de los niños del barrio ya acuden a la escuela y algunos comienzan la
enseñanza secundaria. Algunos de los jóvenes que trabajan en el Centro ya tienen sus talleres
de carpintería.
Pero a pesar de estos logros, conseguidos con tanto esfuerzo, sigue siendo un barrio marginal,
con muchas necesidades, y con vidas marcadas por la desigualdad social.
Ocupación. Las ocupaciones más frecuentes de las familias son principalmente la recolección
de basuras, la venta de aluminio, cobre, vidrios y plástico, fabricación de ladrillos, barrenderos,
madres que trabajan en el comedor de centro del barrio, cocineras, y un comerciante (posee un
almacén pequeño que tiene lo justo y necesario de mercaderías). Otros son agricultores, o no
tienen un puesto de trabajo fijo, uno de los padres de familia trabaja en una empresa de
jardinería.
33
La mayoría de las madres son amas de casa, se dedican al cuidado de los hijos y del hogar. Los
padres son el sustento económico de la familia. En algunos casos, las familias, tristemente, se
conforman con las prestaciones que perciben por cada hijo y ya no buscan trabajo.
Regulación documental. Con el paso del tiempo y con el esfuerzo de las Hermanas, los
voluntarios y las propias familias, se logró que los miembros del barrio se inscribiesen en el
registro civil. Es el medio para que puedan exigir sus derechos y sobre todo para poder acceder
a algunos recursos, servicios y prestaciones que perciben los ciudadanos en situaciones de
vulnerabilidad en Argentina.
Situación económica. Actualmente 18 familias perciben la Asignación de 1.200 pesos por niño
que es una ayuda del Estado dirigida a los menores de edad, que equivale a 27,97 €. Las madres
con siete hijos perciben mensualmente 7.500 pesos (equivale a 147,80 €) recibida por 5 familias
en el barrio. También perciben otras prestaciones como son la pensión por jubilación (una
familia), pensión por enfermedad de diabetes (una familia), pensión por discapacidad (una
familia), y finalmente hay un grupo de siete familias que no perciben ninguna prestación.
Se trata de un barrio en el que confluyen muchos y graves problemas, que evidencian una
situación de máxima exclusión y vulnerabilidad social en las familias que allí residen. Además,
se trata de un perfil de familias que pueden definirse en la mayoría de los casos como Familias
Multiproblemáticas, reflejando gran parte de los rasgos y características descritas en partes
anteriores de este trabajo.
La mayoría de las familias son desestructuradas o mejor dicho disfuncionales, con muchos
miembros y con pocos recursos o sin recursos para la subsistencia. Muchas viven de las
prestaciones o asignación del Estado para la protección de los menores, de la ayuda que las
religiosas que atienden al Barrio Esperanza, y de personas y familias que quieren colaborar para
algo por este barrio marginal.
Se presenta a continuación una síntesis de los principales problemas identificados tanto en las
madres, como en los padres y en los menores.
a. Madres.
Formación y Empleo: Se trata de mujeres con un alto índice de analfabetismo. A muy corta
edad abandonaron los estudios lo que tiene consecuencias en diversos ámbitos. En primer lugar,
su bajo nivel de formación que les dificulta grandemente poder adentrarse en el mundo laboral.
34
Además, tienen muy pocos recursos para poder participar en la educación escolar de sus hijos
y para ayudarles en las tareas escolares.
Funciones de apoyo y cuidado: No están lo suficientemente preparadas para ser madres, y esto
se agrava al quedar embarazadas muy tempranamente y enfrentarse a la maternidad
prácticamente solas, sin pareja. Desatienden el cuidado de los hijos en muchos aspectos.
Respecto a la alimentación, no les alimentan con una comida sana, de ahí que se encuentren
tantos niños desnutridos. Hay falta de higiene, faltas de normas y límites, descuidan la
enseñanza escolar de sus hijos y la educación en general. Casi siempre delegan el cuidado y
educación a la abuela. En casos extremos, al encontrarse solas sin el apoyo de su marido o
pareja y sin medios, abandonan a sus hijos.
La mayoría de las familias son monoparentales, las madres son las principales educadoras de
sus hijos. Tienen dificultad de construir una relación estable, de realizar una planificación
familiar adecuada, sin recursos ni información necesaria para el autocuidado y el cuidado de
sus hijos.
Autoestima y Autonomía. Sus carencias formativas, su falta de perspectivas vitales más allá de
sus hijos y su familia y su aislamiento en el Barrio, debilita su autoestima y dificulta el
desarrollo de su autonomía personal.
b. Padres
Funciones Parentales de apoyo y cuidado. En el Barrio Esperanza en general, los padres son
periféricos, no se involucran en el cuidado y educación de sus hijos. Esporádicamente están en
el domicilio familiar y desaparecen, no forman una familia estable. No tienen capacidad de
diálogo ni con su pareja, ni con sus hijos e hijas, y tienen pocas muestras de afecto hacia ellos.
Cuando quiere poner límites y normas en su casa, no puede, porque no tiene autoridad en el
hogar, suelen ser autoritarios, agresivos, poco positivos. El abandono y la falta de
responsabilidad en sus funciones, es un rasgo muy característico de estos padres.
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Relaciones de Pareja. Las relaciones con su pareja suelen ser conflictivas, por la falta de
comprensión y apoyo entre ellos, suelen ser distantes, poco expresivos, sin manifestaciones de
cariño y afectividad hacia su pareja.
c. Menores
Estos niños y niñas viven en una pobreza extrema, carecen de la atención y cuidado necesarios
lo que lleva a que estén siendo privados de sus derechos fundamentales. Se puede decir que les
falta mucho para tener cubiertas sus necesidades: fisiológicas, de seguridad, de afecto, de
estima, aprecio, atención, reconocimiento, autorrealización.
Situación Educativa. Generalmente carecen del apoyo de sus padres en sus estudios y están
poco motivados para aprender. Les faltan estímulos de superación, constancia, querer ser
alguien en la vida y conciencia del papel de los estudios para conseguirlo por lo que abandonan
los estudios antes incluso de terminar ni la educación obligatoria. A ello se añade que tampoco
tienen buenas condiciones para estudiar: les falta un lugar adecuado, luz, mesa para poder hacer
los trabajos, etc., o la falta de transporte público para ir a las clases, y el estado de los caminos
que se vuelven intransitables cuando llueve.
En el colegio, al tener pocos medios y no estar motivados, el rendimiento es muy bajo. A ello
se añade que a veces no van suficientemente limpios, tienen falta de higiene por la falta de agua
potable, y esto les lleva a ser rechazados por los otros niños.
El objetivo y la lucha con ellos es que lleguen a terminar la secundaria y puedan aspirar a tener
un trabajo remunerado, un oficio que les sirva para abrirse paso en la vida.
Riesgos: Actualmente, los traficantes de drogas involucran a algunos menores de 14-15 años,
ya que les ofrecen dinero fácil por la venta de drogas ya sea en el propio barrio o en otros barrios
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cercanos y marginales. Algunos menores también se dedican a robar, para comer, vestir mejor
y para la bebida.
En el Barrio Esperanza, queda mucho por hacer a nivel de las familias y de los menores que,
en definitiva, son los que sufren más.
Desde los primeros momentos, se ha tratado de ofrecer alternativas de mejora de las condiciones
de vida en el barrio. Como ya se ha señalado, una de las acciones desarrolladas fue la creación
del Centro Comunitario Madre Esperanza, donde las Hermanas de la Congregación, en
compañía de otros profesionales y voluntarios, trabajando en la actualidad un padre de familia
que se dedica al mantenimiento del centro, un profesor del taller de artesanía y carpintería, tres
madres de familia que se encargan de la cocina y el comedor, y otra del taller de costura. El
profesor tiene su salario del estado, el resto son becados del Ministerio de Desarrollo Social. El
objetivo es mejorar las condiciones de vida de las familias, sobre todo de los niños y niñas.
Desde este punto “motor” se han generado distintas respuestas a las necesidades de las familias
del barrio:
Viviendas para las familias: “el barrio, ubicado a unos dos kilómetros de micro centro, está
formada por 28 casas, y actualmente 33, que las religiosas ayudaron a transformar, ya que
en el origen eran de cartón y plásticos. Al borde de la vía hay varias más que son espejo
donde se refleja la peor marginación”. (Muñoz, 2014).
Centro de refuerzo educativo: En total acuden 26 niños y niñas al centro de refuerzo
educativo, con edades entre 9 y 13 años, la mayoría son niñas, porque a los niños le interesa
más el taller de carpintería.
Todos los niños del barrio Esperanza acuden a centros educativos públicos. Curiosamente,
no presentan absentismo escolar. Los menores no abandonan la escuela, siempre acuden,
en especial aquellos que reciben asignación, porque el absentismo implica la pérdida de la
asignación económica que perciben los padres por ese menor.
Sin embargo, estos niños y niñas presentan un alto índice de fracaso escolar. Desde el 2018
se empezó a dar clases de apoyo y refuerzo educativo, sobre todo en matemáticas y lengua.
37
La principal dificultad es que los niños y niñas son de distintos cursos y tienen distintas
necesidades lo que dificulta mucho el aprendizaje. La misma profesora tiene que atender a
distintos niveles educativos y no hay profesionales suficientes para este apoyo. Además, la
asistencia de los niños y niñas al refuerzo educativo no es regular.
Comedor de niños y niñas: Esta iniciativa comenzó al ver tantos niños desnutridos en el
barrio. De lunes a viernes asisten al comedor alrededor de 100 niños y niñas y también
varias mujeres, en especial las que están embarazadas. Al principio solamente comían,
actualmente desayunan y comen en el centro.
Para el desayuno acuden menos niños, unos 30 diarios. Ocurre que después del desayuno
tienen el apoyo escolar y hay niños a los que no le gusta estudiar y no quieren ir. Otros
porque los padres mismos se oponen a que estudien, prefiriendo que durante la mañana sus
hijos les ayuden a recoger plástico, cartón, etc. del basural.
A la hora de la comida acuden más menores. El número oscila entre 80 y 100 niños. Las
cocineras preparan menús de comida para llevar para los 25 niños y niñas que viven en el
barrio y son menores de 4 años por lo que no pueden acudir al centro.
El comedor se considera como una grandísima ayuda, fundamental para los niños, en
especial para las familias más vulnerables del barrio ya que hay muchas familias que no
tienen recursos económicos para alimentar adecuadamente a sus hijos. Es también una
estrategia para atraerlos al apoyo escolar y está logrando buenos resultados.
Era un recurso muy útil para las madres, al servirles de formación para posibilitarles una
salida al mundo laboral. Se valora muy negativamente que ya no pueda ofrecerse por falta
de medios materiales, (máquina de coser, telas, hilos, etc) para su actividad.
Talleres de artesanía y carpintería: En los talleres concurren unos 15- 17 chicos a diario
durante tres horas por la mañana, aunque varía el número ya que no suelen ser constantes,
Miguel Fernández, el profesor de la Escuela Técnica de Charata, es el responsable del taller
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de carpintería del barrio, es el que dirige y apoya “para sacar a los niños de la basura,
dándoles un oficio. Todas las mañanas de lunes a viernes un grupo de chicos que no superan
los 12 años trabajan con entusiasmo en el taller. Todos aprenden un oficio que les valdrá,
en el futuro próximo, para tener un sustento laboral (Muñoz, 2014)
Algunos alumnos, cinco o seis, ya se independizaron y tienen sus propios puestos de trabajo
como artesanos.
Las respuestas dadas a las necesidades del barrio han supuesto un avance y logros reales. No
obstante, queda mucho trabajo por hacer para que estas familias puedan tener la calidad de vida
que merecen en el futuro.
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Realizar una entrevista individual con los padres, para saber a qué aspiran, en
qué ámbito les gustaría trabajar, y realizar un itinerario de Inserción socio laboral
para identificar las competencias y habilidades que tengan y las áreas de mejora.
Organizar, en función de los intereses y necesidades detectados, una escuela de
taller de carpintería, de cocina, de jardinería, mantenimiento de edificios, de
electricidad, albañilería.
Ayudarles a que diseñen ellos su currículum, a través de los nuevos programas
como es Canva.
Taller grupal para preparar la entrevista de trabajo, para trabajar la comunicación
y cómo gestionar los contactos.
1. Proteger y garantizar los derechos básicos de los niños del barrio Esperanza, facilitando
la escolarización efectiva de los menores.
Antes de la inscripción de los niños y acompañados de los padres, que los
menores visiten el colegio donde van a entrar a formar parte.
Que todos los menores vulnerables acudan al Comedor de Centro Comunitario
Esperanza, para que reciban alimentación adecuada y apoyo escolar.
Proporcionar los recursos materiales necesarios para una adecuada integración
al colegio (uniformes, libros y material escolar y deportivo…) utilizando para
ello los propios recursos de los padres y las ayudas que pueda prestar la
Congregación desde el Centro Social
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2. Promocionar el servicio de apoyo educativo para los niños del barrio, tanto de educación
primaria como de educación secundaria, cada uno en su nivel escolar.
Proporcional apoyo escolar de lunes a viernes
Complementar la acción de las profesoras del programa de refuerzo con otros
medios audiovisuales para el aprendizaje de matemáticas, inglés, etc.
Escuela de “libro abierto: lectura y escritura”.
3. Proporcionar equipamiento educativo adecuado: TIC, dotación informática etc.
Pedir a la administración pública argentina que garantice los materiales
escolares necesarios para los menores del barrio Esperanza.
Buscar financiación mediante la organización de eventos para comprar
mobiliario escolar para las aulas de apoyo educativo, y otros recursos educativos
necesarios como ordenadores, pizarras, proyectores para las aulas y audiovisual
del centro.
4. Facilitar actividades de ocio y de aprendizaje a los menores vulnerables del barrio
Que los padres lleven a sus hijos a la Ludoteca más cercana al barrio, como
podría ser, cerca de la Municipalidad o General Pinedo.
Que tanto padres y madres como sus hijos participen en las jornadas y
actividades que se organizan en la Ludoteca.
Programar actividades de ocio y tiempo libre, que es una excelente manera
aprender, formarse y divertirse,
Realizar algunas visitas a lugares de interés, como por ejemplo visitar un fin de
semana el zoo de Sáenz Peña, en el distrito turístico de centro chaqueño.
Organizar un taller de cuenta-cuentos para los más pequeños.
Organizar “tardes de cine” para ver algunas películas y utilizarlas como material
educativo y de formación.
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7. Conclusiones
El trabajo con familias multiproblemáticas requiere dedicarles un período de tiempo largo. Sin
embargo, el proceso de atención que se les presta tanto desde los Servicios Sociales como de
otras entidades, suele ser corto y por lo que no se consiguen grandes resultados en la mayoría
de las ocasiones. Por esta razón de hecho, es muy fácil que haya un retroceso y se pierda todo
lo que se ha logrado con las familias, lo que lleva a la percepción de que los problemas,
dificultades y crisis nunca terminan.
La relación entre las familias es primordial por múltiples razones: en primer lugar, porque la
familia en sí es un sistema social, ellos marcan sus pautas y formas de relacionarse, de
interactuar, las normas que rige dentro de las familias, la educación de sus hijos, etc.
Como profesionales del Trabajo social no debemos olvidar que las familias en sí mismos son
recursos para superar las dificultades y problemas que sufren. Cuando trabajamos con este tipo
de familias no debemos centrarnos sólo en los múltiples problemas que presentan sino también
en las fortalezas que tiene cada miembro de las familias.
Desde el primer momento se ha tratado de ofrecer a las familias del barrio alternativas de mejora
de las condiciones de vida, generando distintas respuestas como viviendas, comedor para niños
y niñas y talleres. Pero en el Barrio Esperanza queda mucho por hacer a nivel de familias y de
los menores, que es clave para producir cambios a largo plazo y dar nuevas oportunidades de
vida a las personas que allí viven. Por ello se ha visto la necesidad de plantear líneas de
actuación desde el Trabajo social que puedan orientar el trabajo con las madres, padres y
menores del Barrio, que se concretarán posteriormente en programas y proyectos de
intervención.
Para que esta intervención sea positiva es necesario trabajar con un equipo multidisciplinar en
el centro comunitario Esperanza, compuesto por la trabajadora social, educadores sociales y
psicólogos. Para trabajar con los menores será fundamental coordinarse con los profesores del
colegio donde acuden, con los Servicios Sociales de la zona y también con otros profesionales
que cuenten con recursos idóneos para la consecución de los objetivos de cada programa o
proyecto de intervención.
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En la intervención del trabajador social con las familias, deberán adaptarse sus métodos de
actuación a las necesidades reales de las familias del barrio. En primer lugar, debe conseguir
una alianza estable con ellos es decir ganarse y conseguir su confianza. Paralelamente tratará
de reducir la intensidad del problema, alentar, motivar y animar a los miembros de la familia a
que interactúen y participen en los proyectos o programas que se van a plantear, teniendo en
cuenta que será preciso negociar con las familias y elaborar objetivos y metas realistas. Para el
trabajador social, el punto central de su intervención en este caso siempre será la familia.
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