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Cuerpo y Síntoma en Psicoanálisis

En 3 oraciones: El documento discute la noción del cuerpo desde una perspectiva psicoanalítica, señalando que el cuerpo va más allá de la anatomía y es marcado por factores sociales y el lenguaje. El cuerpo suele estar silenciado en la vida cotidiana pero se manifiesta a través del dolor, el síntoma y la pulsión. El psicoanálisis busca comprender las condiciones singulares en que cada persona se relaciona con su cuerpo y pulsiones.

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Cuerpo y Síntoma en Psicoanálisis

En 3 oraciones: El documento discute la noción del cuerpo desde una perspectiva psicoanalítica, señalando que el cuerpo va más allá de la anatomía y es marcado por factores sociales y el lenguaje. El cuerpo suele estar silenciado en la vida cotidiana pero se manifiesta a través del dolor, el síntoma y la pulsión. El psicoanálisis busca comprender las condiciones singulares en que cada persona se relaciona con su cuerpo y pulsiones.

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NOTAS ALEXANDRA KOHAN

Cuerpo: ese que no es pura anatomía, ese que no se deja reducir a la mirada médica; ese que para
algunos es una máquina, ese que por simplificaciones se reduce a la mera genitalidad; ese que es
silencioso hasta que grita, ese que se olvida hasta que se encuentra con otros; ese que atraviesa duelos
y duele, ese que desea.

El cuerpo es lo que incomoda. El cuerpo en el sentido de la anatomía no es el cuerpo para el PSA. el


síntoma del PSA no es el síntoma médico.

A diferencia del síntoma médico, el síntoma para el psicoanálisis no es un problema, sino que es la
solución a un problema. si uno eliminara el síntoma o todos los síntomas no habría más sujeto. Porque
el síntoma primeramente es la respuesta al malestar en la cultura. descubrimiento freudiano que
justamente se encuentra con un modo nuevo del síntoma, nuevo respecto de la medicina, uno que no
respondía a la anatomía estrictamente. Eso Freud lo descubre, se da cuenta de que esos síntomas no
respondían a la anatomía habitual, a la anatomía del cuerpo. anatomía ficcional. Porque no es que es
mentira, sino que justamente porque es algo que está tramado y armado de otra cosa que no son las
terminaciones nerviosas. hacer hablar al síntoma y no que ese saber sobre el síntoma lo tenga el
médico. Ese síntoma que descubre Freud hace que transfiera la palabra al que lo padece, y no sólo a la
persona que lo padece sino al síntoma mismo. Como si uno le preguntara al síntoma y no a la persona. Y
el síntoma tiene una voz efectivamente.

la imagen de un cuerpo borrado, silenciado, hasta que algo nos lo recuerda o algo nos duele. Uno no
podría vivir si no silenciara el cuerpo a veces. Porque recordarlo todo el tiempo podría ser agotador.
Cada vez que uno recuerda que tiene un cuerpo lo recuerda por el dolor o por el síntoma y no deja de
ser angustioso tener un cuerpo o ser un cuerpo. Los protocolos de convivencia nos conducen
justamente a moderarnos en las pasiones, además: tenemos que estar silenciando el cuerpo
permanentemente y cuando aparece el dolor o el amor, cuando aparecen esos acontecimientos en la
vida que pueden ser traumáticos, esos silencios se interrumpen. episodios que interrumpen la
habitualidad del cuerpo, algo aparece a recordarnos que nuestro cuerpo no es nuestro. hago el corte de
este silenciamiento al que uno está habituado, en el sentido de la moderación de las pasiones para vivir
con otros. También está el silenciamiento propio de cada uno respecto de los grados de la negación a la
que uno tiene que apelar para poder vivir y no estar todo el tiempo recordando que uno tiene un
cuerpo, que ese cuerpo es finito, que ese cuerpo va hacia la decadencia. Hay una cantidad de
modulaciones de lo que implica tener un cuerpo que a veces es mejor olvidarse.

El lenguaje muerde la carne, la marca; un cuerpo es aquello que está marcado por el Otro, un cuerpo es
efecto de una marca sin la cual sólo seríamos un cacho de carne, un puro organismo. Pero que el
cuerpo, efecto de la lectura que el psicoanálisis pone en juego, no responda a la anatomía médica no
significa que la anatomía, es decir, lo real del cuerpo, no intervenga en el asunto.

Un cuerpo se hace, no está hecho de una vez y para siempre. Un cuerpo acontece, aparece, se hace
presente, no está dado. No nacemos con un cuerpo, el cuerpo es efecto de cierto encuentro que se
disipa, que se fuga, que tiende al olvido.

el cuerpo no sólo, como dice Lacan, nace malentendido, sino que también irrumpe mal hecho. “Lo que
anda es el mundo, lo real es lo que no anda”, dice Lacan, y entonces pienso que lo real del cuerpo
aparece justamente cuando no anda, que lo real del cuerpo es la cifra de lo que no anda, como lo son el
dolor y la angustia.

Así, se trata de cómo las palabras muerden, marcan, hacen y precipitan un cuerpo; no sólo el modo en
que el cuerpo está tomado por las palabras sino el modo en que las palabras hacen cuerpo y, también,
lo que las palabras le hacen al cuerpo. Al cuerpo de las representaciones, a los síntomas hechos de
palabras que Freud descubre en su encuentro inicial con la histeria, se agrega, por así decir, el cuerpo en
su dimensión real. Es entonces que habla de “solicitación somática”. Dice Freud: “Hasta donde yo
alcanzo a verlo, todo síntoma histérico requiere de la contribución de las dos partes. No puede
producirse sin cierta solicitación {transacción} somática brindada por un proceso normal o patológico en
el interior de un órgano del cuerpo, o relativo a ese órgano. Pero no se produce más que una sola vez –y
está en el carácter del síntoma histérico la capacidad de repetirse– si no posee un significado {valor,
intencionalidad} psíquico, un sentido. El síntoma histérico no trae consigo este sentido, sino que le es
prestado, es soldado con él, por así decir, y en cada caso puede ser diverso de acuerdo con la naturaleza
de los pensamientos sofocados que pugnan por expresarse”.

El síntoma solicita el cuerpo pero también es el cuerpo el que solicita, el que llama. Lo somático y el
sentido: una soldadura que nunca es perfecta, que deja un hiato que muestra los hilos, las costuras de
esa conjunción mal hecha y mal dicha.

El cuerpo solicita a la vez que es solicitado: comienza a precisarse entonces la noción de pulsión, ese
concepto que, como señala Freud, es la frontera entre lo psíquico y lo somático. La pulsión es eso que
agujerea el cuerpo y que no nos deja hacer lo que queremos con él. La pulsión no atiende sino a su
propia voluntad, que a veces es voluntad de mal. Como señala Christian Ferrer, “los animales son
expertos en huir del dolor y en buscar el placer, pero los seres humanos parecen animales paradojales,
hacen exactamente lo contrario: huyen del placer y se meten de cabeza en contextos dolorosos”.

La satisfacción en el dolor, descubierta por Freud, muestra cómo la voluntad yoica queda estocada –no
tendemos a nuestro propio bien–. Y, siendo un poco hiperbólica, diría que la única voluntad es la de la
pulsión. Bastaría con atender a cómo no hacemos lo que queremos en cuanto a comer, beber, dormir,
cojer para advertir que lo que nos gobierna es la voluntad pulsional. Entonces, no se trata de que no
haya voluntad sino de advertir que esa voluntad no le atañe al Yo y que no deja de ser paradojal ahí
donde no apunta al bien ni a la utilidad. Un análisis posibilita precisar esas coordenadas del cuerpo,
posibilita interrogar las condiciones singulares en que cada uno se topa con la pulsión, lo que la pulsión
hace con (y de) nosotros y lo que nosotros hacemos con eso, y lo que hacemos con eso nunca lo
hacemos voluntariamente.

¿Qué es la carne? Qué es este Eso

que recubre el hueso

Este embrollo liso y convulsivo

Este desorden de placer y fricción

Este caos de dolor sobre lo pastoso.

La carne. No sé de este Eso.


¿Qué es el hueso? Este vigor reluciente

Deseoso de envoltura y tierra.

Lustroso rostro.

Huesos. Carne. Dos Esos sin nombre.

Hilda Hilst, “VI”, en Del deseo, Córdoba, Postales Japonesas, 2020, p. 42.

Sucede que el cuerpo dibuja una cartografía que delimita zonas erógenas y bordes pasibles de alojar a
Eros.

El cuerpo, “una vez que está ahí, si sigue siendo extranjero, y mientras siga siéndolo, en lugar de
simplemente ‘naturalizarse’, su llegada no cesa: él sigue llegando y ella no deja de ser en algún aspecto
una intrusión: es decir, carece de derecho y familiaridad, de acostumbramiento. En vez de ser una
molestia, es una perturbación en la intimidad.

en la cotidianeidad, en el pulso del día a día, el cuerpo funciona en la medida en que lo olvidamos, en la
medida en que lo silenciamos –y muchas veces nos enteramos de que una parte existe sólo cuando esa
parte enferma o duele.

en el día a día el cuerpo se borra, se desvanece, se repliega y que “la carne del ser-en-el-mundo del
hombre está, también, infinitamente ausente de su conciencia. El estado ideal lo alcanza en las
sociedades occidentales en las que ocupa el lugar del silencio, de la discreción, del borramiento, incluso
del escamoteo ritualizado”. Ese escamoteo ritualizado acaso tenga que ver con los modos en que, para
mantenerlo disciplinado, normalizado, sin demasiados ruidos ni manifestaciones, la civilización –en
todas las épocas– apacigua los cuerpos y los subsume en códigos. La carne se familiariza y se disipa, se
domestica y se tamiza, se higieniza y se educa de modo tal que sus pasiones no interrumpan la vida
cotidiana, no intercepten el intercambio entre los sujetos ni el flujo del capital.

la frase de Freud, “la anatomía es el destino”, trae el cuerpo en su dimensión real de nuevo al primer
plano. Porque, como sugiere Lacan, “el psicoanálisis implica por supuesto lo real del cuerpo”.el deseo se
diferencia de las necesidades

La anatomía también es el destino, la anatomía es la trama que hacemos con eso que hicieron de
nosotros, la anatomía es la trenza pero también es el rulo, la vuelta que damos alrededor de esas
palabras y con esas palabras; la anatomía es un destino singular que nunca está del todo escrito.

El cuerpo incomoda, molesta, perturba, inquieta, no sólo a quienes lo portamos, sino a quienes
pretendieron, desde siempre, pensarlo. Pensar el cuerpo también es incómodo, también inquieta. El
cuerpo ha sido objeto de casi todos los discursos de la historia del pensamiento. Quizás no hayan sido
sino intentos por domesticarlo, por neutralizarlo. ¿Escrutar el cuerpo para entenderlo, para soportarlo?
¿Para detener su presencia ominosa al menos un rato? ¿Escribirlo para aquietarlo?
El cuerpo es lo más extraño que tenemos -si es que lo tenemos-. Es nuestro y no es nuestro a la vez, es
propio e impropio al mismo tiempo. A veces se nos vuelve siniestro, sobre todo en su presencia, cuando
fracasa el olvido; en el dolor, en el sufrimiento.

El inconsciente es eso que todavía no está dicho, hasta que se dice. Y finalmente, el inconsciente sólo
está en lo que se dice. Pero, hay que decirlo, y no se puede decir sin el cuerpo. Como el deseo. “Con
nuestros propios miembros hacemos el alfabeto de ese discurso que es inconsciente- y, por supuesto
cada uno de nosotros lo hace según sus relaciones diversas, ya que cada uno se sirve de elementos
diferentes para incorporarlo al inconsciente”

en El malestar en la cultura, que: “el sufrimiento nos amenaza por tres lados: desde el propio cuerpo
que, condenado a la decadencia y a la aniquilación, ni siquiera puede prescindir de los signos de alarma
que representan el dolor y la angustia; del mundo exterior, capaz de encarnizarse en nosotros con
fuerzas destructoras omnipotentes e implacables; por fin, de las relaciones con otros seres humanos”.
soportar que no hay deseo sin malestar. Estar vivos implica que nuestro cuerpo esté un poco inquieto,
descolocado, en una relación con el mundo que no cuaja del todo.

la práctica del psicoanálisis, porque hace lugar a ese malestar, porque aloja el sufrimiento sin estar
midiéndolo, porque no dice “de esto se puede sufrir y de esto no”. Alguien sufre, se sufre. Alguien está
vivo. La angustia no es de muerte, “contrariamente a lo que el psicólogo quiere hacernos creer, sino
solamente angustia de vida, es decir, una angustia ante la vida, ante una vida que sería deseante”

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