Uiversidad politecnica salesiana
La educación bajo el signo de la complejidad
The education under the sign of complexity
Darwin Joaqui Robles [1] [email protected]
Universidad Uniminuto, Colombia
Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Ecuador
La educación bajo el signo de la complejidad
Sophia, Colección de Filosofía de la Educación, núm. 29, pp. 157-180, 2020
Universidad Politécnica Salesiana
2020.Universidad Politécnica Salesiana
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CompartirIgual 4.0 Internacional.
Recepción: 26 Diciembre 2019
Revisado: 15 Febrero 2020
Aprobación: 20 Abril 2020
Publicación: 15 Julio 2020
DOI: https://doi.org/10.17163/soph.n29.2020.05
La complejidad involucra la adopción de una nueva visión del mundo, de uno mismo y de las
relaciones entre varios niveles implicados. El problema básico es que existe una desarticulación
entre un discurso que declara la complejidad como constructo esencial y una práctica esquemática y
reduccionista que genera un contexto incoherente para el aprendizaje.
introducir una comprensión holística que pretende responder a los nuevos desafíos que la vida y el
ecosistema plantean en el momento actual.
e plantean algunas ideas introductorias sobre el tema; luego se define la complejidad desde su
origen semántico para caracterizarla en sus elementos más determinantes. Posteriormente, se pasa a
describir sus principios: dialógico, de recursividad organizacional y hologramático. En un siguiente
momento, se plantea la educación y los elementos que debe considerar para volverse compleja y
terminar con el planteamiento de algunos desafíos que enfrentan las personas si desean proponer o
aún más, desarrollar una Educación bajo el Signo de la Complejidad.
Forma sugerida de citar:
Joaqui, Darwin & Ortiz, Dorys (2020). Una educación bajo el signo de la
complejidad. Sophia, colección de Filosofía de la Educación, 29, pp. 157-180.
Introducción
El presente artículo aborda la temática de la complejidad y su relación con la
educación; tarea nada fácil en verdad, puesto que implica resignificar el contexto
educativo, así como el proceso mismo de aprendizaje e incluso el papel que debe
asumir el docente. Esta reflexión pretende movilizar ideas y creencias en torno a
la educación para así, iniciar acciones que cultiven una reflexión precisa y una
perspectiva que tienda a la construcción de espacios en los cuales, confluyan
diversas representaciones, para volver la realidad, y su comprensión, más
compleja.
Objetivo
deas acerca del desafío de pensar y construir una educación compleja, que
contribuya al desarrollo de un ser humano íntegro e integral.
Es necesario pensar una educación desde la perspectiva compleja, ya que los
docentes enfrentan una serie de problemas que, según Lebus (2003), se
encuentran en la educación hoy por hoy; entre ellos cabe destacar algunos de
forma resumida: (1) una desarticulación entre teoría y práctica, con gran
preocupación por lo didáctico en el aula, sin considerar otros aspectos implicados
en la formación de los estudiantes; (2) también existe una muy escasa o casi nula
conciencia acerca de la importancia del conocimiento, su construcción tanto
cognitiva como social y los procesos que lo sustentan en la educación; y (3) se
abordan muchos contenidos sin tener cuidado o reflexionar acerca de su
pertinencia para la labor que el estudiante tendrá que desenvolver en su futuro
profesional.
Existe una ruptura, más o menos pronunciada, de las relaciones subjetivas entre
docentes y estudiantes lo que determina que cada maestro mantenga ciertas
concepciones sobre la enseñanza y el aprendizaje, sin mayores modificaciones a
lo largo de su labor como docente
Lebus (2003) afirman que la construcción de una educación desde una
perspectiva compleja es indispensable en el momento actual porque:
La realidad social se presenta hoy día sumamente conflictiva, diversa,
atravesada por procesos intangibles; porque tal como revela la reflexión
epistemológica, en el conocimiento (aprendizaje) intervienen múltiples
operaciones y sistemas de inferencia. Además, porque los contextos en
que se inscribe actualmente la acción educativa la condicionan, en grado
sumo (p. 125).
En el momento actual, el docente enfrenta un desafío muy grande en su práctica
diaria puesto que se ve impelido a dar cuenta de los factores intervinientes en los
fenómenos por lo cual, debe alejarse de esquemas simplistas y reduccionistas de
tipo ‘causa-efecto’. De tal manera, el docente debe buscar las metodologías
apropiadas para revisar el conocimiento junto a sus estudiantes, así como también
contribuir al desarrollo de otras habilidades, ya señaladas por Morin (1999), que
le permitan enfrentar la avalancha de conocimiento existente en el momento
actual.
Este desafío se vuelve más relevante aún, debido a que el docente se encuentra
frente a una pluralidad de maneras de aprendizaje y diversidad de aspectos que
influyen en los estudiantes, por lo que su tarea es una de las más desafiantes y
comprometidas, repercutiendo incluso sobre la evaluación profesional y personal
del educador.
Es, a partir de las características de los alumnos, que el profesor puede escoger
sus estrategias didácticas de aprendizaje y son ellos —los estudiantes— los que
van a dar, en cierta manera, criterios acerca del buen uso de métodos didácticos,
de tal forma que se dirijan hacia una estable y mejor forma de enseñar.
El educador debe estar preparado para hacer partícipe al alumno del nuevo
conocimiento que se va a adquirir. De igual forma, debe estar dispuesto y tener
competencias importantes para convertir el aula en un entorno de aprendizaje
valioso, haciendo partícipe a los estudiantes de la solución de conflictos dentro
del ambiente educacional y de aprendizaje, pues cuando el discípulo se siente
participe y responsable, comienza a surgir un rasgo de madurez y de crecimiento
personal y comunitario.
es indispensable que el docente tenga la habilidad de repensar los contenidos
sociales, históricos, filosóficos, psicológicos, culturales e incluso los
pedagógicos, considerando la existencia de una trama compleja de tal manera
que, el estudiante ya graduado, pueda inscribirse posteriormente, en su práctica
profesional en escenarios complejos y diversos donde se vuelva el protagonista,
En este proceso, la evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje es un
aspecto muy importante puesto que aporta criterios para mejorar el desempeño
docente. Durante la valoración, de cierta manera, ‘se ponen las cartas sobre la
mesa’ y se evalúa lo que se llevó a cabo en el día de clase o, incluso, en la
semana o en el mes o en todo el periodo educativo.
De acuerdo con Lebus (2003), esto implica una apuesta, en la que los docentes
son co-constructores, junto a los estudiantes, del proceso de aprendizaje, lo cual
les permitirá operar sabiamente frente a situaciones en las que el orden y el
desorden se mezclan y entrelazan para determinar múltiples perspectivas e
influencias.
odavía no existen planteamientos educativos prácticos desde la perspectiva
compleja, en el contexto latinoamericano.
Ballester y Colom (2017) afirman que sustentar la educación en el paradigma de
la complejidad contribuiría a alcanzar una nueva comprensión de los múltiples
factores y elementos existentes en el escenario social, entre los que se deben
considerar los siguientes: 1) la interdependencia de los subsistemas sociales
(educación, economía, tecnología, etc.); 2) la interacción con el exterior en
muchos niveles; 3) el interés, cada vez más grande, en redescubrir cierta cualidad
de las personas en tanto sujetos integrados individual e interaccionalmente; 4) la
transformación experimentada por las ciencias duras que intentan pasar de una
mirada analítica a otra más holística que implica la construcción de un lenguaje
más unificado y que pueda ser usado por todas ellas y 5) la intención de lograr
una integración entre ciencias de la naturaleza y ciencias sociales.
Ballester y Colom (2017) señalan que, en los últimos años, se ha potenciado el
planteamiento de una serie de trabajos científicos que sustentan las bases de la
complejidad; entre los más destacados cabe señalar los siguientes: Gregory
Bateson y sus particulares conceptos sobre la unidad, la totalidad y la
comunicación; David Bohm y la complejidad cuántica; Iliya Prigogine y los
sistemas caóticos; Niklas Luhmann y la complejidad de los sistemas; Humberto
Maturana y las complejidades circulares; Fritjof Capra y el paradigma ecológico
y Edgar Morin y la complejidad.
in embargo, es necesario replantearse la pregunta evidenciada ya desde Espejo
(2010): ¿Qué significa tener un acercamiento complejo en educación?
Durante siglos predominó una concepción, que se podría caracterizar como
reduccionista de los fenómenos naturales, sociales y humanos tal como lo
expresa Tarride (1995). El ser humano intentaba comprender lo que sucedía a su
alrededor y, en consecuencia, tuvo que desarrollar un método para hacerlo. Así,
el análisis se convirtió en la fuente procedimental para descomponer el todo en
sus componentes para tratar de comprenderlos.
El todo, mucho más complejo, fue dividido en sus partes para así tratar de
conocer cada una de ellas de forma individual. Este enfoque permitió un mejor
conocimiento de las partes; sin embargo, se obtuvo un resultado inesperado y
todavía no bien comprendido ya que al conocer las partes se perdió de vista el
todo al que ellas pertenecían.
Se ganó en comprensión individual pero se perdió un aspecto muy importante
como es lo relacional, pese a que Sócrates (Araya et al., 2007) ya había señalado
que el “todo es más que la suma de las partes”. Las consecuencias más obvias y,
en ocasiones, peligrosas de abordar la realidad bajo este enfoque, es considerar
que, las explicaciones elaboradas acerca de cada una de las ‘partes’ corresponden
y explican el ‘todo’, lo cual es, parcialmente cierto: si se conoce un árbol y lo que
le sucede, se espera que se comprenda de mejor manera el bosque. El problema
aparece cuando se comienza a postular que la comprensión del ´todo´ se puede
lograr solo con el análisis de las partes, ya que no se toma en cuenta el impacto
que el todo tiene en ellas.
sta aparente dicotomía fue puesta en cuestión cuando, a mediados del siglo XIX,
surge el pensamiento sistémico cuyas bases fueron formuladas por Ludwig von
Bertalanffy (1989), quien puso en el centro del debate, la cuestión de la relación
entre las partes que constituyen una totalidad y que esta, al fin y al cabo es una
expresión de las relaciones previamente existentes y no puede explicarse solo por
sus componentes.
Características de la complejidad
Según Tarride (1995), la complejidad, al ser comprendida como las partes y sus
relaciones, posee algunas características interesantes que permiten entender de
otra forma los fenómenos, entre ellas están: 1) las partes son unidades en sí
mismas; 2) su funcionamiento se ve afectado por su pertenencia y vinculación a
un sistema que las incluye; 3) es importante visualizarlas y comprenderlas tanto
en sus características propias como en sus interacciones con el todo en el que se
inscriben.
Además, los sistemas complejos están determinados por su facultad de auto-
organización también denominada ‘autopoyesis’, concepto acuñado
por Maturana y Varela (1984) para resolver la cuestión de la capacidad de los
sistemas complejos de alcanzar altos niveles de organización a diferencia de los
sistemas físicos que responden al segundo principio de la termodinámica, que
determina un aumento de la entropía y, por lo tanto, una pérdida de la
organización hasta desvanecerse en el ambiente.
Como consecuencia de este repensar la educación a la luz del pensamiento
complejo, se requiere una reflexión ética, cada vez más acuciante, acerca de la
responsabilidad como aspecto constitutivo vinculado estrechamente a la
producción de conocimientos científicos. No es posible lograr el avance de la
ciencia solo por alcanzar un nuevo nivel. Se requiere el compromiso en que este
avance sea pertinente y apropiado para resolver los problemas más extremos que
enfrenta la humanidad en el momento actual. En palabras de Morin (2004) se
trata de una ética universal que vincula a todos los seres humanos en la defensa y
cuidado de la única casa que se tiene.
La educación desde una perspectiva compleja
Para abordar este tema, es importante señalar algunos cambios ocurridos en los
últimos años que, de acuerdo con Gómez (2010), son consecuencia del avance de
los procesos sociales e inciden, notablemente, en los procesos educativos. Uno de
ellos es una modificación en la producción industrial, cuya acumulación ha
generado que los mercados financieros asociados se vuelvan anárquicos y más
tendientes a lo caótico, lo que ha provocado el surgimiento de fuerzas
productivas tanto mecánicas como virtuales, que antes era imposible pensar,
como por ejemplo el teletrabajo.
La globalización, otro efecto importante del cambio social que el mundo vive en
la actualidad, determina también que las crisis ya no se circunscriban a un solo
lugar o incluso a una sola empresa. De acuerdo con González (2009), las crisis
son planetarias y aquello que ocurre en un lado del mundo tiene consecuencias
insospechadas en otros espacios y, lo peor de todo, es que no se perciben como
relacionadas, entonces:
El pensamiento y su fruto más importante: el conocimiento, están en
interdependencia con las relaciones que surgen en la interacción entre diversos
elementos: biológicos, sociales, culturales e incluso históricos.
el conocimiento surge como resultado de un proceso recursivo complejo y
heterogéneo, en el que la diversidad es la norma y el docente es su facilitador
para acercar al estudiante a la búsqueda de información adecuada y al logro de un
mejor análisis y comprensión.
Entonces, el conocimiento complejo se construye en la práctica docente y el
intercambio que allí se realiza entre sus actores principales; requiere una
aproximación socio-histórica, holística e integradora como lo propone
Tomando en consideración estas situaciones sociales y el nuevo paradigma de
la complejidad, Gómez (2010) indica que el proceso de enseñanza-aprendizaje
debe contemplar los siguientes elementos:
La consideración de los estudiantes, los docentes, el aula de clase y la institución en la que el
proceso se lleva a cabo, como un sistema autopoiético, dinámico y auto-organizado tal como lo
afirma Maturana (1995).
La construcción y posible reconstrucción de cada persona, del conocimiento que construye
durante su proceso formativo, del mundo y de la vida en general, como fruto de interrelaciones
posibles entre diversos elementos y no solo como el mundo reducido de la institución educativa
como lo exponen Rosas y Christian (2008).
Contribuir a la construcción de un conocimiento pertinente que discrimine aquello que es posible
de lo que no lo es y que se vuelva adecuado para enfrentar la incertidumbre en un mar cargado de
posibilidades como lo sostiene Morin (1999), en el que se incrementan las opciones y, a la par, la
ansiedad posible frente a las elecciones factibles y adecuadas para la vida propia y la de los
demás.
En este nuevo rumbo, aceptar que todo proceso cognitivo es válido, aunque tenga características
diferentes y está acompañado de emociones y percepciones que determinan posiciones subjetivas
que se deben considerar en el proceso
Gómez (2010), cuando expresa que: “El proceso educativo —en general— es
dialéctico y por consiguiente, con mayor grado de énfasis en las dinámicas y
relaciones que en las estructuras” (p. 25). Sin embargo, algunas de ellas
contradictorias. En el mismo sentido, se debe entender la educación como un
proceso continuo que conlleva toda la existencia del sujeto y que se extiende más
allá del aula de clase e incluso de la institución, a la vida misma.
Se trata de recorrer un nuevo camino que permita la integración del ser humano
con el entorno; en este desafío, la educación es un instrumento poderoso para
ayudar a las personas a comprender la complejidad en la que se desenvuelven
ahora y mucho más en el futuro. Los aspectos de la multidimensionalidad, la
globalidad, la contextualidad y la complejidad adquieren un nuevo sentido y se
vuelven esenciales para lograr síntesis fructíferas que faciliten una mejor
adaptación del ser humano al contexto que se está desarrollando en este momento
mismo.
el conocimiento que no es un acto personal ni muchos menos irreflexivo. Se trata
de un verdadero acto de ‘producción social’ en palabras de Escobar y Escobar
(2016), en el que la educación se vincula a la política, la ciencia, la tecnología, la
sociedad y el mundo en el que el futuro profesional tendrá que trabajar y existir.
Y, en tanto que producción social, los docentes deben tomar conciencia de la
‘carga simbólica’ —según el autor anterior— existente detrás de la práctica
docente puesto que todo lo que se hace en el aula y fuera de ella, cuando se está
en contacto con los estudiantes, comunica algo y remite a los diversos actores a
referentes teóricos, conceptuales, prácticos e incluso morales y éticos de tal
forma que la práctica docente no puede verse libre de esta carga social asociada a
la práctica.
Resumen
Desafíos para educar desde la perspectiva compleja
Aparte de pensar los profundos cambios y modificaciones que debe
experimentar la educación desde el punto de vista complejo, también hay que
considerar algunos desafíos para educar en la complejidad según Motta (2000) y
entre los que se puede mencionar los siguientes:
Comprender la complejidad de la condición humana, uno de cuyos rasgos más importantes, aparte
de la cognición y la emoción, es el lenguaje, que implica comprender la diversidad humana en
toda su magnitud y para la cual, no existen recetas. La única fórmula posible es la ausencia de
recetas para trabajar y educar a las personas.
Comprender la dinámica sistémica implicada entre el todo y las partes.
Potenciar el desarrollo humano por encima del tecnológico.
Mantener la esperanza, el amor y la sabiduría como los ejes de la educación a todos los niveles.
Desarrollar un aprendizaje basado en la complejización de los fenómenos más que en su
reducción a constantes de causa y efecto, ya que se vuelve urgente, para docentes y estudiantes ser
competentes para afrontar la complejidad como lo expresa Flores (2000). El ser humano se
enfrenta a un mundo cada vez más dinámico, que cambia de un día para otro, lo cual plantea
desafíos importantes para docentes, estudiantes e instituciones educativas de tal forma que se
puedan hacer síntesis armoniosas entre el saber, la verdad y la vida.
Desarrollo de la multidisciplinariedad y la interdisciplinariedad como formas de comprender
complejamente los fenómenos.
Desarrollar una nueva filosofía de la educación, una filosofía compleja que reflexione sobre el
conocimiento, la forma de transmitirlo por el ser humano y el contexto en el que estos procesos se
llevan a cabo, lo que implica el desarrollo de una ética relacional, como lo expresa Ortiz
(2009) que incumbe a todos los seres humanos, en la búsqueda de días mejores para las actuales
generaciones y para las que vendrán. Los posibles resultados de esta apuesta (o de no hacerla), sin
duda alguna, están en las manos de cada una de las personas que habitan hoy, esa pequeña esfera
azul llamada Tierra.
onclusiones
Luego de haber planteado los aspectos que se ha considerado más interesantes
sobre la complejidad y la educación desde una perspectiva compleja, solo cabe
una conclusión: Aceptar el desafío que la complejidad propone para desarrollar
nuevos esquemas que impulsen a la evolución de cada ser humano en todo su
potencial y de la especie humana en su totalidad. El todo y la parte en conjunción
sinérgica para obtener transformaciones fructíferas en pro del bienestar
individual, familiar y social.
Cuando la educación asume una perspectiva compleja también debe reflexionar
acerca de la postura antropológica que sostiene y que defiende. Se trata de
repensar al ser humano como un ente complejo tanto en su individualidad como
en su realidad social, educativa y relacional. Esta postura se puede presentar
como una actitud general de la filosofía de la educación, con la finalidad de que
el ser humano logre su desarrollo de manera íntegra y no verlo como si fuese un
ser que solo consume; entenderlo como un ser total constituido no solo
necesidades, sino también de deseo de trascendencia y de realización
En el plano de la complejidad el docente tiene que buscar la integración del
conocimiento desde una ética que no se reduzca simplemente a lo subjetivo ni
que llegue a una postura dogmática porque la vida es dinámica y, de igual
manera, lo es la realidad. Los valores éticos que hoy se absolutizan, el día de
mañana pueden no serlo más por lo que no es posible reducir todo a lo que la
persona desea, a su subjetividad; hacerlo así, conduciría a un caos ético y a
acrecentar los problemas sociales educativos.
De ahí la necesidad de resignificar la educación como un fenómeno complejo y
como expresión del consenso según el pensamiento de Habermas (2000); por
ejemplo, consenso entre las dos realidades en juego: lo simple y lo complejo, lo
dogmático y lo subjetivo. Surge así la pregunta de cómo lograrlo y a lo largo del
texto se han planteado varias posibilidades en distintos niveles.
A lo cual, se añade la posibilidad de un camino que se construye desde una
argumentación que usa la filosofía dialógica y más concretamente la relación de
yo-tú. Esto se compagina plenamente con el planteamiento de Habermas
(2000) en referencia a la razón comunicativa; las dos vías llevan a que se
manifieste una ética desde el deseo de intersubjetividad; de esta forma, la ética
que nace desde la razón, no se absolutiza sino más bien se abre a las nuevas
circunstancias sociales y a sus fenómenos.
Si la mayor parte de los educadores llegasen a entender la importancia de la
enseñanza y del aprendizaje desde una perspectiva compleja, se detendrían en
campos tan necesarios como la autorreflexión, la autocrítica, la comprensión de
fenómenos sociales, incluso saldrían de la constante y venenosa dosis del
‘enseñar por enseñar’. El problema que impide el desarrollo de una perspectiva
compleja radica en que las instituciones educativas, al igual que las familias,
están detenidas en un espacio de ‘confort’, en el que lo que interesa es entretener
y no enseñar.
Constantemente, se observa que la responsabilidad de educar y formar debe
reducirse sólo a las aulas de clase sin considerar el papel fundamental de otros
actores vinculados a los estudiantes como su familia, las redes sociales y muchos
aspectos más. De esta forma, no se proyecta una educación compleja que se
destaque por ser humana en primer lugar y también académica. Lo humano está
siendo un punto aparte que no quiere ser considerado en la formación integral
profesional; es esto parte de lo complejo del saber educar y deseo por hacerlo.
Por lo tanto, el problema no radica en quien aprende sino en quien motiva para
que el estudiante desarrolle su potencial; sumergido por las múltiples e ingentes
demandas administrativas, el educador ya no siente deseo de investigar porque
considera que ya todo está hecho y dicho. Se trata así, de la forma más trivial de
cerrar la puerta a las preguntas que, constantemente, realizan los educandos: qué
puedo investigar, cómo puedo investigar e incluso el por qué y para qué
investigar. Se piensa que esto sólo se logra responder desde el educador, pero es
falso. El educando, como agente de educación también se hace partícipe de este
proceso de conocimiento.
En países como Colombia y Ecuador, es triste vivenciar la manera como el
mismo Estado convierte a los educadores en administradores de la educación.
Los constantes y ahogadores formatos, las constantes evaluaciones de medición
mal realizadas y las constantes presiones por parte de la guerra, le resta un gran
espacio a lo que se espera en el campo de la educación. Esto si hace del proceso
de educación algo realmente tedioso. No se ofrecen espacios pertinentes para
educar en la vida y de manera compleja: todo se queda en lo que debería ser y no
en lo que es. Los espacios de formación integral deben estar comprometidos con
la realidad contextual de donde y a quienes se educa tal como lo afirman Díaz y
Camejo (2015):
Esos espacios consultivos deberían estar constituidos por legos, es decir,
por hombres ajenos a la experiencia científica, que han de discutir y
decidir sobre cuestiones tales como qué se investiga, cómo se investiga y
para qué se investiga. Estos espacios han de controlar el curso de las
investigaciones, así como decidir qué recursos se asignan para ellas. Por
un lado, los legos discutirán respecto a las investigaciones científicas que
se han de llevar a cabo, pero también las consecuencias que estas
investigaciones suponen en la sociedad (p. 124).
Si el educador logra integrar en su quehacer vivencial lo que significa educar
desde una perspectiva compleja, el impacto no será simplemente social, sino que
traspasará esa frontera: será un impacto humano integral. No es posible educar
solo en la razón también hay que educar en la voluntad de querer cambiar para
ser y hacer mejor las pequeñas acciones del diario vivir. El educador no debe
medir su impacto por lo que es capaz de enseñar e investigar fuera de él sino lo
que es capaz de escudriñar dentro de sí, en su manera particular de enseñar, de lo
que enseña y para qué lo enseña.