Nos han dado la tierra
Juan Rulfo.
En El Llano en llamas (1953)
"Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central" (1947), de Diego Rivera
Después de tantas horas de caminar sin encontrar ni una sombra de árbol, ni una
semilla de árbol, ni una raíz de nada, se oye el ladrar de los perros.
Uno ha creído a veces, en medio de este camino sin orillas, que nada habría después;
que no se podría encontrar nada al otro lado, al final de esta llanura rajada de grietas y de
arroyos secos. Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en
el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.
Pero el pueblo está todavía muy allá. Es el viento el que lo acerca.
Hemos venido caminando desde el amanecer. Ahorita 1 son algo así como las cuatro de
la tarde. Alguien se asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice:
-Son como las cuatro de la tarde.
Ese alguien es Melitón. Junto con él, vamos Faustino, Esteban y yo. Somos cuatro. Yo
los cuento: dos adelante, otros dos atrás. Miro más atrás y no veo a nadie. Entonces me
digo: "Somos cuatro." Hace rato, como a eso de las once, éramos veintitantos, pero puñito a
puñito se han ido desperdigando hasta quedar nada más que este nudo que somos nosotros.
Faustino dice:
-Puede que llueva.
Todos levantamos la cara y miramos una nube negra y pesada que pasa por encima
de nuestras cabezas. Y pensamos: "Puede que sí."
No decimos lo que pensamos. Hace ya tiempo que se nos acabaron las ganas de
hablar. Se nos acabaron con el calor. Uno platicaría 2 muy a gusto en otra parte, pero aquí
cuesta trabajo. Uno platica aquí y las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera,
y se le resecan a uno en la lengua hasta que acaban con el resuello 3.
Aquí así son las cosas. Por eso a nadie le da por platicar.
Cae una gota de agua, grande, gorda, haciendo un agujero en la tierra y dejando una
4
plasta como la de un salivazo. Cae sola. Nosotros esperamos a que sigan cayendo más y las
buscamos con los ojos. Pero no hay ninguna más. No llueve. Ahora si se mira el cielo se ve a
la nube aguacera corriéndose muy lejos, a toda prisa. El viento que viene del pueblo se le
arrima empujándola contra las sombras azules de los cerros. Y a la gota caída por
equivocación se la come la tierra y la desaparece en su sed.
¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?
Hemos vuelto a caminar. Nos habíamos detenido para ver llover. No llovió. Ahora
volvemos a caminar. Y a mí se me ocurre que hemos caminado más de lo que llevamos
andado. Se me ocurre eso. De haber llovido quizá se me ocurrieran otras cosas. Con todo, yo
sé que desde que yo era muchacho, no vi llover nunca sobre el llano, lo que se llama llover.
No, el Llano no es cosa que sirva. No hay ni conejos ni pájaros. No hay nada. A no
ser unos cuantos huizaches trespeleques 5 y una que otra manchita de zacate 6 con las hojas
enroscadas; a no ser eso, no hay nada.
Y por aquí vamos nosotros. Los cuatro a pie. Antes andábamos a caballo y traíamos
terciada una carabina7. Ahora no traemos ni siquiera la carabina.
1
La palabra “ahorita” es una expresión propia del habla mexicana que significa “aún antes que ahora”.
2
“Platicar” es sinónimo de conversar.
3
Resollar es respirar con fuerza y haciendo algún ruido.
4
Se le dice “plasta” a algo espeso, blando y pegajoso.
5
Los “huizaches” son arbustos espinosos. El adjetivo “trespeleques” hace referencia a que los arbustos tenían
muy poca cantidad de hojas.
6
El “zacate” es el pasto.
7
Llevar la carabina terciada es portar el arma de fuego atravesada diagonalmente sobre la espalda.
Yo siempre he pensado que en eso de quitarnos la carabina hicieron bien 8. Por acá
resulta peligroso andar armado. Lo matan a uno sin avisarle, viéndolo a toda hora con "la
30"9 amarrada a las correas. Pero los caballos son otro asunto. De venir a caballo ya
hubiéramos probado el agua verde del río, y paseado nuestros estómagos por las calles del
pueblo para que se les bajara la comida. Ya lo hubiéramos hecho de tener todos aquellos
caballos que teníamos. Pero también nos quitaron los caballos junto con la carabina.
Vuelvo hacia todos lados y miro el Llano. Tanta y tamaña tierra para nada. Se le
resbalan a uno los ojos al no encontrar cosa que los detenga. Sólo unas cuantas lagartijas
salen a asomar la cabeza por encima de sus agujeros, y luego que sienten la tatema 10 del sol
corren a esconderse en la sombrita de una piedra. Pero nosotros, cuando tengamos que
trabajar aquí, ¿qué haremos para enfriarnos del sol, eh? Porque a nosotros nos dieron esta
costra de tapetate11 para que la sembráramos.
Nos dijeron:
-Del pueblo para acá es de ustedes.
Nosotros preguntamos:
-¿El Llano?
-Sí, el Llano. Todo el Llano Grande.
Nosotros paramos la jeta para decir que el Llano no lo queríamos. Que queríamos lo
que estaba junto al río. Del río para allá, por las vegas 12, donde están esos árboles llamados
casuarinas y las parameras13 y la tierra buena. No este duro pellejo de vaca que se llama
Llano.
Pero no nos dejaron decir nuestras cosas. El delegado no venía a conversar con
nosotros. Nos puso los papeles en la mano y nos dijo:
-No se vayan a asustar por tener tanto terreno para ustedes solos.
-Es que el Llano, señor delegado...
-Son miles y miles de yuntas14.
-Pero no hay agua. Ni siquiera para hacer un buche hay agua.
-¿Y el temporal? Nadie les dijo que se les iba a dotar con tierras de riego. En cuanto
allí llueva, se levantará el maíz como si lo estiraran.
-Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se
entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano. Habría que hacer agujeros con el
azadón para sembrar la semilla y ni aun así es positivo que nazca nada; ni maíz ni nada
nacerá.
-Eso manifiéstenlo por escrito. Y ahora váyanse. Es al latifundio 15 al que tienen que
atacar, no al Gobierno que les da la tierra.
8
Como parte del proceso de pacificación del país, una vez terminada la Revolución de 1910 los campesinos
debieron entregar sus armas.
9
El narrador hace referencia al arma de fuego utilizada por los revolucionarios: se la llamaba “carabina 30”
porque el tipo de balas que utilizaba eran las 30-30 Winchester.
10
“Tatema” es una expresión local que significa ‘calor’.
11
La expresión “costra de tapetate” se usa para nombrar la parte quemada de la carne asada. Con ella el
narrador da a entender que lo que les han dado a los campesinos no es más que un pedazo de tierra seca.
12
Se llama “vegas” a las zonas de tierras bajas, llanas y fértiles.
13
La paranera es un terreno sembrado de una planta llamada “paraná”, que es buena para el ganado.
14
La palabra yuntas designa aquí las líneas de surcos sembrados.
15
El latifundio es un sistema agrario basado en la concentración de grandes extensiones de tierra bajo el
control de un solo propietario.
-Espérenos usted, señor delegado. Nosotros no hemos dicho nada contra el Centro.
Todo es contra el Llano... No se puede contra lo que no se puede. Eso es lo que hemos
dicho... Espérenos usted para explicarle. Mire, vamos a comenzar por donde íbamos...
Pero él no nos quiso oír.
Así nos han dado esta tierra. Y en este comal 16 acalorado quieren que sembremos
semillas de algo, para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará de aquí. Ni
zopilotes17. Uno los ve allá cada y cuando, muy arriba, volando a la carrera; tratando de salir
lo más pronto posible de este blanco terregal endurecido, donde nada se mueve y por donde
uno camina como reculando.
Melitón dice:
-Esta es la tierra que nos han dado.
Faustino dice:
-¿Qué?
Yo no digo nada. Yo pienso: "Melitón no tiene la cabeza en su lugar. Ha de ser el
calor el que lo hace hablar así. El calor, que le ha traspasado el sombrero y le ha calentado
la cabeza. Y si no, ¿por qué dice lo que dice? ¿Cuál tierra nos han dado, Melitón? Aquí no
hay ni la tantita que necesitaría el viento para jugar a los remolinos."
Melitón vuelve a decir:
-Servirá de algo. Servirá aunque sea para correr yeguas.
-¿Cuáles yeguas? -le pregunta Esteban.
Yo no me había fijado bien a bien en Esteban. Ahora que habla, me fijo en él. Lleva
puesto un gabán que le llega al ombligo, y debajo del gabán saca la cabeza algo así como
una gallina.
Sí, es una gallina colorada la que lleva Esteban debajo del gabán. Se le ven los ojos
dormidos y el pico abierto como si bostezara. Yo le pregunto:
-Oye, Teban, ¿de dónde pepenaste 18 esa gallina?
-Es la mía- dice él.
-No la traías antes. ¿Dónde la mercaste 19, eh?
-No la merque, es la gallina de mi corral.
-Entonces te la trajiste de bastimento 20, ¿no?
-No, la traigo para cuidarla. Mi casa se quedó sola y sin nadie para que le diera de
comer; por eso me la traje. Siempre que salgo lejos cargo con ella.
-Allí escondida se te va a ahogar. Mejor sácala al aire.
Él se la acomoda debajo del brazo y le sopla el aire caliente de su boca. Luego dice:
-Estamos llegando al derrumbadero21.
Yo ya no oigo lo que sigue diciendo Esteban. Nos hemos puesto en fila para bajar la
barranca y él va mero adelante. Se ve que ha agarrado a la gallina por las patas y la
zangolotea22 a cada rato, para no, golpearle la cabeza contra las piedras.
Conforme bajamos, la tierra se hace buena. Sube polvo desde nosotros como si fuera
un atajo de mulas lo que bajará por allí; pero nos gusta llenarnos de polvo. Nos gusta.
16
El comal es un disco casi plano, de barro cocido o de metal, que se coloca sobre el fuego y sirve para cocinar
sobre él. En México se usa para cocinar tortillas de maíz y otras comidas populares.
17
Los zopilotes son una especie de buitres que se alimentan de animales muertos.
18
En el habla popular mexicana, “pepenar” significa ‘robar’.
19
Adquirir algo con dinero, comprar.
20
Bastimento es una provisión de alimentos.
21
Un derrumbadero es un precipicio o sitio alto y peligroso.
22
“Zangolotear” significa mover violenta y continuamente algo o a alguien.
Después de venir durante once horas pisando la dureza del Llano, nos sentimos muy a gusto
envueltos en aquella cosa que brinca sobre nosotros y sabe a tierra.
Por encima del río, sobre las copas verdes de las casuarinas, vuelan parvadas de
chachalacas23 verdes. Eso también es lo que nos gusta.
Ahora los ladridos de los perros se oyen aquí, junto a nosotros, y es que el viento
que viene del pueblo retacha24 en la barranca y la llena de todos sus ruidos.
Esteban ha vuelto a abrazar su gallina cuando nos acercamos a las primeras casas. Le
desata las patas para desentumecerla, y luego él y su gallina desaparecen detrás de unos
tepemezquites25.
-¡Por aquí arriendo26 yo! -nos dice Esteban.
Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.
La tierra que nos han dado está allá arriba.
"Del Porfirismo a la Revolución" (1957), de David Alfaro Siqueiros.
23
Pájaros.
24
Retachar quiere decir ‘volver hacia atrás’.
25
El tepemezquite es un árbol semejante a nuestras acacias.
26
Arrendar es alquilar.