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T1. Principios Informadores

Este documento describe los principios informadores del factor social religioso en España: la libertad religiosa, la laicidad y la igualdad religiosa. La libertad religiosa define al Estado como no totalitario y al servicio de la dignidad personal. La laicidad define la actuación estatal ante lo religioso como de reconocimiento, garantía y promoción jurídica como factor social. La igualdad religiosa significa que todas las personas son iguales titulares del derecho a la libertad religiosa, sin discriminación por razón de religión.
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T1. Principios Informadores

Este documento describe los principios informadores del factor social religioso en España: la libertad religiosa, la laicidad y la igualdad religiosa. La libertad religiosa define al Estado como no totalitario y al servicio de la dignidad personal. La laicidad define la actuación estatal ante lo religioso como de reconocimiento, garantía y promoción jurídica como factor social. La igualdad religiosa significa que todas las personas son iguales titulares del derecho a la libertad religiosa, sin discriminación por razón de religión.
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LOS PRINCIPIOS INFORMADORES: CONCEPTO Y FUNCIÓN

Son aquellos valores superiores o ideas fundamentales que inspiran la regulación


del factor social religioso en nuestro ordenamiento jurídico.
a) Hacen referencia a la dignidad y libertad de todo ciudadano en cuanto persona
y al modo libre y digno de poder vivir el sentimiento y las convicciones
religiosas como factor social.
b) Se trata de principios civiles (no religiosos):
• que no pretenden reflejar una concepción religiosa de lo religioso,
• que tienen contenido jurídico encomendando la cuestión religiosa al
Derecho
• y que son informadores del sistema, no por el hecho de estar recogidos en
nuestra Constitución, sino porque expresan los valores superiores que el
pueblo español quiere hacer prevalecer en materia religiosa, estén estos
principios recogidos en el texto constitucional o en disposiciones de rango
inferior (en el caso español aparecen reconocidos con rango
constitucional).
EL PRINCIPIO DE LIBERTAD RELIGIOSA

Acepción positiva
El principio de libertad religiosa contiene una idea esencial del Estado, que se
autocomprende como ente radicalmente no totalitario al servicio de la primacía de
la dignidad del ser personal de cada uno de los ciudadanos y, por ello, al servicio de
la fundamental esfera de racionalidad y conciencia de la persona.
Al colocar el principio de libertad religiosa (la fe y la religión son libres de Estado)
como el primer principio definidor de su actitud ante la cuestión religiosa, el
Estado asume un principio de estricta naturaleza estatal y de ahí que, por él, ese
Estado es, ante la esfera de racionalidad y conciencia del ser personal de cada uno
de sus ciudadanos, sólo Estado.
Sirve a la persona sin coaccionar, sustituir o concurrir con ella en la fe y en la
práctica religiosa.
Acepción negativa
1. El Estado considera radicalmente ajeno a su naturaleza de sólo Estado el imitar
ante la fe y la práctica de la religión la pluralidad de posibilidades de respuesta
de la persona; teniendo en cuenta que esa radical incompetencia le impide
también resolver el acto de fe de forma negativa, agnóstica o indiferente, pues
estaría concurriendo con ellos.
2. El Estado no puede obligar a ninguno de sus ciudadanos a declarar sobre su fe y
su práctica religiosa, pues como Estado de libertad religiosa es sólo Estado y
nunca sujeto coactivo, sustitutorio o concurrente.
3. El Estado no tiene en el principio de libertad religiosa un principio limitativo del
derecho fundamental de libertad religiosa. De esta manera, el principio de
libertad religiosa permite el axioma de la mayor libertad posible y la mínima
restricción necesaria.
4. En base al principio de libertad religiosa, ninguna confesión o fe religiosa puede
ser asumida como propia por el Estado o, lo que es lo mismo, ninguna
confesión puede tener carácter estatal. Se supera así cualquier forma de
confesionalidad del Estado.
El principio de libertad religiosa no es lo mismo que el derecho fundamental del
mismo nombre:
• El derecho fundamental de libertad religiosa expresa una exigencia de
justicia innata a la dignidad humana y contiene una idea o definición de
persona.
• El principio de libertad religiosa contiene una definición de Estado

Esta doble acepción de la libertad religiosa, como principio y como derecho, ha


sido acogida por el constituyente, y confirmada por el Tribunal Constitucional en
sentencia 24/1982, de 13 de mayo.

Está recogido en el artículo 16,1 de la Constitución indicando que al Estado le


compete remover los obstáculos y promover las condiciones para que la libertad
religiosa de los ciudadanos y de los grupos religiosos en que éstos se insertan sea
real y efectiva.
Partiendo de la libertad religiosa como principio informador, se puede establecer
una triple configuración de la misma:
1. Libertad religiosa como libertad pública, es decir aquélla garantizada por el
Estado a todo ciudadano de escoger y profesar la propia creencia en materia
religiosa. Teniendo en cuenta que dicha libertad se reconoce tanto a los
individuos como a las colectividades y tiene una doble significación: la negativa
(inmunidad de coacción) y la positiva (reconocimiento por el Estado de un
contenido garantizado y protegido al servicio del íntegro desarrollo de la
persona humana y del bien común).
2. Libertad religiosa como Derecho humano, es decir un derecho fundamental
que se considera consustancial con la naturaleza del individuo, anterior a que
sea declarado por las leyes positivas. Aparece formulado en las Declaraciones
de Derecho Internacional.
3. Libertad religiosa como derecho civil, es decir un derecho subjetivo de
carácter público, de obligado respeto por los ciudadanos y las instituciones y
que el Estado regula, garantiza, protege y promueve. Derecho a profesar,
expresar y actuar en sus diversas manifestaciones cualquier creencia religiosa.
EL PRINCIPIO DE LAICIDAD

Mientras el principio de libertad religiosa define la esencia o identidad última del


Estado, como ente, ante la fe y la práctica religiosa; el principio de laicidad define
la actuación del Estado ante el factor religioso.
Refleja la sola estatalidad de la naturaleza que ha de tener la regulación del factor
religioso por parte de un Estado.
La laicidad del Estado español es una calificación de su actuación como sólo Estado
ante lo religioso, y por eso mismo equivale a actuación de reconocimiento,
garantía y promoción jurídicas del factor religioso.
Al reconocer que lo religioso, en su sola dimensión de factor social, es un factor
legítimo y positivo de la sociedad española en orden al bien común, el Estado
adopta sobre lo religioso una posición estatal o laica. Por ser un Estado de libertad
religiosa y de actuación laica, el Estado español no viene obligado a asumir la fe
de la mayoría sociológica de sus ciudadanos, sino a que forme parte de su
identidad la radical incompetencia ante la fe y que su actuación ante ella no sea
otra que la de considerarla un factor social objeto del derecho de libertad religiosa.
La laicidad del Estado español significa una valoración positiva del factor religioso
en el contexto general del bien común:
• los poderes públicos comprenden que la presencia y el potenciamiento de
los valores religiosos de los ciudadanos y de las comunidades son
beneficiosos para la sociedad.

En consecuencia, y poniendo en relación los artículos 9 y 16 de la Constitución, los


poderes públicos actúan su laicidad reconociendo, garantizando y promoviendo
en la sociedad española las condiciones jurídicas que permitan a los ciudadanos y
a las confesiones seguir y conseguir finalidades de índole religiosa
• sin encontrar prohibición, impedimento o daño por parte de otros
ciudadanos, de individuos o grupos privados o públicos.
• actuando en esa labor de fomento real de las condiciones objetivas que
facilitan el bien común mediante una óptica de consideración de lo
religioso como estricto factor social.
Desde la perspectiva constitucional la laicidad supone:
1. Que “los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad
española” (art. 16.3), y las tendrán en cuenta porque se trata de un factor social,
importante y específico. El Estado se declara radicalmente incompetente en la
materia “ninguna confesión tendrá carácter estatal” (art. 16.3).
2. Que al considerar que las creencias religiosas de la sociedad española son un factor
social específico, se exige del Estado una actitud positiva, al igual que respecto de
los demás factores sociales integrantes del bien común. Ello se concreta en el
reconocimiento, tutela y promoción jurídicas de “la libertad religiosa y de culto de
los individuos y comunidades” (art. 16.1).
3. Que el factor religioso sólo se halla limitado por el minimum derivado de la
necesidad. Y así la Constitución declara que la libertad religiosa y de culto de los
individuos y de las comunidades queda garantizada en todas sus manifestaciones
“sin más limitación (...) que la necesaria para el mantenimiento del orden público
protegido por la ley” (art. 16.1).
4. Que la actuación laica del Estado supone hacer que las libertades y derechos
implicados en el factor religioso se conviertan en esferas reales y materiales de
libertad (a tenor del art. 9.2).
EL PRINCIPIO DE IGUALDAD RELIGIOSA

Significa que pertenece al patrimonio jurídico de la persona la titularidad, en


igualdad de calidad y trato ante la ley, del derecho de libertad religiosa; con
independencia del signo de sus convicciones religiosas. En esto consiste la igualdad
religiosa ante la ley: ser iguales titulares del mismo derecho de libertad religiosa.
Consecuencia de la igualdad es la no discriminación por razón de la religión.
La igualdad no significa uniformidad. La igualdad exige el reconocimiento de las
peculiaridades de los sujetos de la libertad religiosa en el Derecho del Estado; el
límite de esta especificidad lo constituye el concepto de no discriminación.
Pueden existir normas diferenciales de tratamiento jurídico entre las confesiones,
pero no porque haya una desigualdad en su categoría de confesiones, sino como
fiel reflejo de las diversas configuraciones, estructuras y exigencias propias y
peculiaridades de cada una.
Esta es la razón del nexo que el término “consiguientes” establece con la fórmula
“tendrán en cuenta” (Art. 16.3 Los poderes públicos tendrán en cuenta las
creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes
relaciones de cooperación…).
El derecho fundamental de libertad religiosa pertenece a toda persona, por razón
de su dignidad, con independencia de la actitud que adopte ante la fe religiosa. El
agnosticismo y el ateísmo ¿son manifestaciones del factor religioso? De ser así
deberían estar amparados por la libertad religiosa en igualdad de condiciones
respecto de las opciones propiamente religiosas.
Pues bien:
• La libertad religiosa supone la posibilidad de decidir creer o no creer.
• A su vez, la libertad religiosa posibilita, una vez hecho el acto de fe, ejercer
la libertad de culto religioso.
• La libertad de pensamiento permite, ante la decisión atea o agnóstica,
llevar a cabo todo el contenido cultural, filosófico, ideológico y moral, así
como su enseñanza y difusión.
Por tanto:
• La libertad religiosa ampara, en igualdad de condiciones, la decisión de
creer o no creer. Después cada libertad (religiosa y de pensamiento actuará
en su propio ámbito).
EL PRINCIPIO DE COOPERACIÓN DEL ESTADO CON LAS
CONFESIONES RELIGIOSAS

La CE eleva a rango constitucional la existencia de relaciones entre el Estado y las


confesiones y define la naturaleza de esas relaciones mediante el concepto de
cooperación.
El principio de cooperación significa la constitucionalización del común
entendimiento, bilateral o plurilateral, que han de tener las relaciones entre los
poderes públicos y las confesiones en orden a la elaboración de su status jurídico
específico y a la regulación de su contribución al bien común ciudadano.
Los poderes públicos han de atender a las características específicas, los datos
diferenciales y el arraigo real en la sociedad de cada confesión en orden a la
determinación de su status jurídico.
Los Acuerdos constituyen la forma más importante de materializar el principio de
cooperación. Pero ¿es ésta la única fórmula constitucional de aplicar el principio
de cooperación?
Del tenor literal del texto (los poderes públicos (...) mantendrán las consiguientes
relaciones de cooperación… art.16.3) simplemente se deduce que se
constitucionaliza el común entendimiento como principio informador de las
relaciones entre el Estado y las confesiones, pero no la forma concreta en la que
éste deba materializarse.
Por lo tanto, la Constitución no prohíbe que la cooperación con las confesiones se
plasme a través de cualquier otro medio (unilateral o bilateral).
Otra cuestión es que los acuerdos sean fórmulas no sólo útiles o convenientes, sino
incluso recomendadas para materializar el principio de cooperación.
Es evidente que representan:
• la garantía de un mayor respeto a los derechos de libertad de las
confesiones
• un más depurado reconocimiento de la especificidad de dichos grupos al
formalizar los resultados del común entendimiento en fuentes del Derecho
eclesiástico español.

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