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Hora Santa Corpus

Este documento describe una hora santa celebrada en honor de la Eucaristía. Comienza con una invocación a adorar a Jesús presente en la Eucaristía. Luego hay lecturas bíblicas, cánticos, una reflexión y un momento de adoración. El documento enfatiza la presencia real de Cristo en la Eucaristía y nos invita a profundizar nuestra fe y devoción a este gran misterio.

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Hora Santa Corpus

Este documento describe una hora santa celebrada en honor de la Eucaristía. Comienza con una invocación a adorar a Jesús presente en la Eucaristía. Luego hay lecturas bíblicas, cánticos, una reflexión y un momento de adoración. El documento enfatiza la presencia real de Cristo en la Eucaristía y nos invita a profundizar nuestra fe y devoción a este gran misterio.

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Hora santa

(CORPUS CHRISTI)
«Mi carne es verdadera comida,
y mi Sangre verdadera bebida;
el que come mi Carne, y bebe mi Sangre,
en Mí mora, y Yo en él.»
(Jn 6, 56-57)

Monición (EDNA): Hermanos y hermanas hoy nos hemos reunido en actitud de


adoración, ante el sacramento admirable de la Eucaristía, por el cual Cristo
permanece realmente presente entre nosotros. Que nuestra plegaria de esta
noche nos ayude a comprender más y más el don que el Señor nos ha hecho de
su Cuerpo y de su Sangre, para que siempre que participemos del convite pascual,
seamos conscientes de la gracia que se nos da. Nos ponemos de rodillas para
recibir en actitud de adoración y reverencia a Jesús presente y vivo en el
sacramento de la eucaristía.

Exposición del santísimo. (CANTO) PBRO. JESÚS

C: En los cielos y en la tierra sea por siempre bendito y alabado.

R: el corazón amoroso de Jesús Sacramentado

Padre nuestro… Dios te salve María

(CANTO)

Introducción MICHEL
Jueves de Corpus Christi, esta fiesta se comenzó a celebrar en Lieja en 1246, siendo
extendida a toda la Iglesia occidental por el Papa Urbano IV en 1264, teniendo
como finalidad proclamar la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.
Presencia permanente y substancial que es digna de ser adorada en la exposición
solemne y en las procesiones con el Santísimo Sacramento que entonces
comenzaron a celebrarse y que han llegado a ser verdaderos monumentos de la
piedad católica. Este es el día de la eucaristía en sí misma, ocasión para creer y
adorar, pero también para conocer mejor la riqueza de este misterio.

El Espíritu Santo después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la


Encarnación, haciéndonos festejar con la Iglesia al Sacramento por excelencia,
que, sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a
las almas, en todos los tiempos, los frutos extraordinarios de la Redención. Si
Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso
en ella dejarnos un vivo recuerdo de la Pasión. El altar viene siendo como la
prolongación del Calvario, y en misa se anuncia y atestigua la muerte del Señor.
Porque en efecto, Jesús como víctima está allí, pues las palabras de la
consagración nos dicen que primero se convierte el pan en Cuerpo de Cristo, y
luego el vino en Su Sangre, de manera que, ofrece a su Padre, en unión con sus
sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la Cruz.

《La Hostia consagrada se convierte en «trigo que nutre nuestras almas”. Cristo al
hacerse Hijo recibió la vida eterna del Padre, y asi los cristianos que participan de
Jesús en el Sacramento se hacen partícipes de esa misma vida eterna, siendo el
sacramento eucarístico el símbolo más sublime, real y concreto de la unidad con
la Víctima en ell Calvario. Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra
por medio de la Eucaristía, es prenda y comienzo de aquella otra de que
plenamente disfrutaremos en el Cielo, porque «el Pan mismo de los ángeles, que
ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo
ya sin velos» (Concilio de Trento).

Veamos en la Santa Misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en


la Comunión el medio establecido por Jesús mismo, para que con mayor plenitud
participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre
del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención. Iniciemos nuestra
Adoración a aquel que siendo grande se hace pequeño para profundizar el amor
del Padre por la humanidad.

(Canto)

Lectura
Institución de la Eucaristía (Mc 14,12-16.22-26) ALDO

(Canto)

Reflexión GARY
En Israel, se celebraba la noche de Pascua en casa, en la intimidad de la familia;
se recordaba así la primera Pascua, en Egipto, la noche en la que la sangre del
cordero pascual, rociada en los dinteles y en los postes de las casas, protegía
contra el exterminador. Jesús, en esa noche, sale y se entrega en las manos del
traidor, el exterminador y, de este modo, vence a la noche, vence a las tinieblas
del mal.

Sólo así el don de la Eucaristía, instituida en el Cenáculo, encuentra su


cumplimiento: Jesús entrega realmente su cuerpo y su sangre. Atravesando el
umbral de la muerte, se convierte en Pan vivo, auténtico maná, alimento
inagotable por todos los siglos. La carne se convierte en pan de vida.
En la fiesta del Corpus Christi, la Iglesia revive el misterio del Jueves Santo a la luz de
la Resurrección. También en el Jueves Santo se tiene una procesión eucarística, con
la que la Iglesia repite el éxodo de Jesús del Cenáculo al Monte de los Olivos.

En la procesión del Jueves Santo, la Iglesia acompaña a Jesús al monte de los


Olivos: la Iglesia orante siente el vivo deseo de velar con Jesús, de no dejarle solo
en la noche del mundo, en la noche de la traición, en la noche de la indiferencia
de muchos.

En la fiesta del Corpus Christi, reanudamos esta procesión, pero con la alegría de
la Resurrección. El Señor ha resucitado y nos precede. En las narraciones de la
Resurrección se da un rasgo común y esencial; los ángeles dicen: el Señor «irá
delante de vosotros a Galilea; allí le veréis» (Mateo 28, 7). Considerando esto con
más atención, podemos decir que este «ir delante» de Jesús implica una doble
dirección. La primera es, como hemos escuchado, Galilea. En Israel, Galilea era
considerada como la puerta al mundo de los paganos. Y, en realidad,
precisamente en Galilea, encima del monte, los discípulos ven a Jesús, el Señor,
que les dice: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes» (Mateo 28, 19).

La procesión del Jueves Santo acompaña a Jesús en su soledad, hacia el «vía


crucis». La procesión del Corpus Christi, por el contrario, responde simbólicamente
al mandato del Resucitado: os precedo en Galilea. Id hasta los confines del mundo,
llevad el Evangelio al mundo.

ALONDRA

Ciertamente la Eucaristía, para la fe, es un misterio de intimidad. El Señor ha


instituido el Sacramento en el Cenáculo, circundado por su nueva familia, por los
doce apóstoles, prefiguración y anticipación de la Iglesia de todos los tiempos.

Por ello, en la liturgia de la Iglesia antigua, la distribución de la santa comunión se


introducía con las palabras: «Sancta sanctis», el don santo está destinado a quienes
han permanecido santos. Se respondía así a la advertencia dirigida por san Pablo
a los corintios: «Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba del cáliz…»
(1 Cor 11, 28). Sin embargo, de esta intimidad, que es un don sumamente personal
del Señor, la fuerza del sacramento de la Eucaristía va más allá de los muros de
nuestras Iglesias. En este sacramento, el Señor se encuentra siempre en camino
hacia el mundo. Este aspecto universal de la presencia eucarística se muestra en
la procesión de nuestra fiesta. Llevamos a Cristo, presente en la figura del pan, por
las calles de nuestra ciudad. Encomendamos estas calles, estas casas, nuestra vida
cotidiana, a su bondad.

¡Que nuestras calles sean calles de Jesús! ¡Que nuestras casas sean casas para él y
con él! Que en nuestra vida de cada día penetre su presencia. Con este gesto,
ponemos ante sus ojos los sufrimientos de los enfermos, la soledad de los jóvenes y
de los ancianos, las tentaciones, los miedos, toda nuestra vida. La procesión quiere
ser una bendición grande y pública para nuestra ciudad: Cristo es, en persona, la
bendición divina para el mundo. ¡Que el rayo de su bendición se extienda sobre
todos nosotros!

Sabemos que por las condiciones actúales no podemos salir en procesión con el
Santísimo este jueves de Corpus, aunque ya Jesús Sacramentado salió a las calles
el día de Pentecostés.

En la procesión del Corpus Christi, acompañamos al Resucitado en su camino por


el mundo entero, como hemos dicho. Y, de este modo, respondemos también a su
mandato: «Tomad y comed… Bebed todos» (Mateo 26, 26 y siguientes). No se
puede «comer» al Resucitado, presente en la forma del pan, como un simple trozo
de pan. Comer este pan es comulgar, es entrar en comunión con la persona del
Señor vivo. Esta comunión, este acto de «comer», es realmente un encuentro entre
dos personas, es un dejarse penetrar por la vida de quien es el Señor, de quien es
mi Creador y Redentor. El objetivo de esta comunión es la asimilación de mi vida
con la suya, mi transformación y configuración con quien es Amor vivo. Por ello,
esta comunión implica la adoración, implica la voluntad de seguir a Cristo, de
seguir a quien nos precede. Adoración y procesión forman parte, por tanto, de un
único gesto de comunión; responden a su mandato: «Tomad y comed».

María, la Madre del Señor, nos enseña realmente lo que es entrar en comunión con
Cristo: María ofreció su propia carne, su propia sangre a Jesús y se convirtió en
tienda viva del Verbo, dejándose penetrar en el cuerpo y en el espíritu por su
presencia. Pidámosle a ella, nuestra santa Madre, que nos ayude a abrir cada vez
más todo nuestro ser a la presencia de Cristo para que nos ayude a seguirle
fielmente, día tras día, por los caminos de nuestra vida. ¡Amén!

(Canto)

MOMENTO DE ADORACION
HIMNO ADORO TE DEVOTE TODOS JUNTOS

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas


apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al
contemplarte.

Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para
creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más
verdadero que esta Palabra de verdad.

En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la


Humanidad; sin embargo, creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel
ladrón arrepentido.

No veo las llagas como las vió Tomás, pero confieso que eres mi Dios: haz que yo
crea más y más en Ti, que en Ti espere y que te ame.
¡Memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a
mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura.

Señor Jesús, Pelícano bueno, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que
una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero.

Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego, que se cumpla lo que tanto ansío: que
al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria.

Amén.

Santo Tomás de Aquino


(Canto)
PRECES
PBRO. JESÚS

Llegada la hora de pasar de este mundo al padre, el señor Jesús nos dejo el
testamento de su amor con el don supremo de la Eucaristía. Consientes de que el
Padre lo ha puesto todo en sus manos, dirijamos a él nuestra oración diciendo:

Cristo, Pan celestial, escúchanos. TODOS JUNTOS

Por el Papa N… nuestro obispo N… y los presbíteros de nuestra Iglesia, para que
vivan su sacerdocio como servicio incansable y donación sin límites a Cristo,
presente en sus hermanos. Oremos.

Por los cristianos divididos, para que este memorial de la santa Cena haga resonar
en su espíritu la ardiente llamada a la unidad que hiciste en tu oración sacerdotal
al Padre. Oremos.

Por la santa Iglesia, para que, fortalecida con el pan de la vida, camine por el
mundo anunciando con las palabras y las obras el Evangelio de Jesús. Oremos.

Por los sacerdotes, ministros de la Palabra y de la Eucaristía, para que repartan


abundantemente este pan a quienes tienen hambre de Cristo. Oremos,

Por los gobernantes, los hombres de empresa y los dirigentes sindicales, para que
aúnen sus esfuerzos en la consecución de trabajo y pan para todos. Oremos.

Por los enfermos y moribundos, para que sean alimentados y conformados con el
Pan eucarístico que alimenta y fortalece. Oremos.

PBRO. JESÚS: Padre, en esta hora suprema en que Cristo nos llama como amigos a
comer la pascua con Él, haznos dignos de ser herederos y comensales de su gloria
en el banquete eterno. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

(Canto)
Letanías del Santísimo Sacramento
EDNA y ALDO
Señor, Ten Piedad. Señor, Ten Piedad.
Cristo, Ten piedad, Cristo, Ten piedad,
Señor ten piedad. Señor ten piedad.
Cristo, oyenos. Cristo, oyenos.
Cristo, escúchanos

Dios, Padre Celestial,


Dios Hijo, Redentor del mundo, Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo,
Santa Trinidad, que eres un solo Dios,

Cristo, Pan vivo bajado del Cielo, R. Quédate con nosotros, Señor.
-Pan de los Ángeles,
-Pan de fraternidad
-Cuerpo y Sangre entregados por nosotros,
-Cuerpo y Sangre que dan la vida.
-Cuerpo y Sangre que alimentan la esperanza.,
-Cuerpo y Sangre que fortalecen la fe
-Cuerpo y Sangre, signos vivos de caridad.
-Cuerpo y Sangre para acompañar el camino de los creyentes.
-Cuerpo Y Sangre, presencia real del Salvador,
-Cuerpo Y Sangre, alimento espiritual de la Iglesia,
-Cuerpo y Sangre, consuelo y vida de los cristianos.
-Cuerpo y Sangre, viático para a la vida eterna.
-Por tu entrega en la cruz,
-Por tu presencia silenciosa en los sagrarios,
-Por tu soledad en el tabernáculo.
-Por las ofensas a tu Presencia real,
-Por las profanaciones que recibes
-Por el olvido de tus mandamientos,
-Por los odios que nos dividen
-Por la violencia que vive tu pueblo.
-Por la falta de compromiso de los creyentes,
-Para que reine la paz,
-Para que encontremos caminos de reconciliaciónn,
-Para que sintamos tu llamada a la conversión,
-Para que vivamos unidos en la fe y en la verdad,
-Para que reine la justicia que procede de tu amor,
-Para que cesen los odios y las venganzas,
-Para que triunfe el amor y la esperanza.
-Para que perdonemos como Tú.
-Para que santifiques y conserves tu santa Iglesia.
-Para que santifiques, protejas y bendigas a tus sacerdotes,
-Para que acompañes y lleves a su plenitud las vocaciones.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ...Perdónanos Señor.


Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…. Óyenos Señor
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,...Ten piedad de nosotros.

Oración y bendición final PBRO. JESÚS


(Canto)

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