SELLO TUSQUETS
COLECCIÓN ANDANZAS
Bipolar 267 Kay R. Jamison KAY R. JAMISON FORMATO 14,8X22,5 CM
RUSITCA CON SOLAPAS
BIPOLAR
SERVICIO
«Un libro único por su valentía, brillantez y belleza.»
CORRECCIÓN: PRIMERAS
Oliver Sacks
Una mente inquieta DISEÑO
«Un libro hermoso, divertido y original. … Un maravi-
© Leonardo Cendamo Hulton Archive Getty Images
lloso e importante recuento de los estados de ánimo REALIZACIÓN
mercuriales y de la locura. Amo este libro.» Pat Con-
roy, autora de El príncipe de las mareas EDICIÓN
«Un fascinante retrato de un cerebro valiente, que al-
CORRECCIÓN: SEGUNDAS 5
terna entre las alturas excitantes y las recaídas en el
entumecimiento.» James D. Watson, Premio Nobel y 28/7 SABRINA
Kay R. Jamison / BIPOLAR
DISEÑO
autor de La doble hélice
REALIZACIÓN
«Escrito con una sensibilidad poética y emocionan- Fotografía de la cubierta:
te … Una singular y perspicaz visión de la enfermedad © Peter Glass / Millennium
Images, UK CARACTERÍSTICAS
mental, desde el interior de la mente de una experi-
mentada especialista.» Time La psicóloga y profesora de psiquiatría Kay R. Jami- Kay R. Jamison, licenciada en psicología por la Univer- IMPRESIÓN CMYK
son se propuso a sí misma como «caso clínico» y de- sidad de California en Los Ángeles, es una reconocida
«Una valiosa rememoración del trastorno maniaco- cidió contar su propia y estremecedora experiencia autoridad en los procesos maniaco-depresivos. Ha sido
depresivo, al mismo tiempo lleno de conocimientos como enferma maniaco-depresiva. Jamison vivió los profesora en varias universidades estadounidenses y
médicos, profundamente humano y hermosamente infiernos de ese mal, también denominado trastorno ha investigado la relación entre creatividad y enferme- PAPEL FOLDING 240 g
escrito.» The New York Times Book Review bipolar, tan universal y, al mismo tiempo, tan desco- dad mental en artistas y escritores como Vincent van
PLASTIFÍCADO BRILLO
nocido. Desde muy niña empezó a mostrar un carác- Gogh, Franz Schubert o Lord Byron.
«Un libro valiente y fascinante; un recuento emocio- ter que se revelaría precursor de la enfermedad. Poco UVI
nante de la vida de una mujer singular.» Daily Tele- después de licenciarse en psicología, sufrió el primer
graph episodio. A partir de entonces, y durante treinta RELIEVE
años, su vida ha sido una auténtica odisea, descrita
«[La fuerza de] Jamison es la valiente forma en que en estas páginas con extrema sensibilidad, ternura y BAJORRELIEVE
ella ha convertido su enfermedad en el trabajo de su lucidez. Bipolar, un libro de referencia que ha servi-
vida y en su brillante habilidad para sobrellevar sus do como relato de extraordinaria ayuda para quienes STAMPING
alegrías y sus angustias. … Extraordinario.» The sufren este tipo de trastorno, aparece ahora con un
Washington Post nuevo prólogo de la autora. FORRO TAPA
[Link]
GUARDAS
INSTRUCCIONES ESPECIALES
C_Bipolar.indd 1
14 mm 31/8/22 16:26
KAY REDFIELD JAMISON
BIPOLAR
Una mente inquieta
Traducción de Manuel Talens
[Link] 5 26/7/22 17:11
Título original: An Unquiet Mind. A Memoir of Moods and Madness
1.ª edición en esta presentación: octubre de 2022
1.ª edición: abril de 1996
© 1995 by Kay Redfield Jamison
Todos los derechos reservados, incluida la reproducción total o parcial.
Traducción publicada por acuerdo con Alfred A. Knopf, un sello de Knopf Dou
1.ª edición:
bleday abril
Group, unadedivisión
2021 de Penguin Random House, LLC
Título original: Ο φόνος είναι χρήμα (O fonos ine jrima)
© 2020 by Petros Markaris y 2021 by Diogenes Verlag AG Zurich. Todos los
derechos reservados, excepto para la lengua griega
© del prefacio: 2011 by Kay Redfield Jamison
Traducción:
© © Ersi Marina
de la traducción: Manuel Samará
Talens, Spiliotopulu,
1996 2021
Diseño de la colección: GuillemotNavares
Reservados todos los derechos de esta edición para
Tusquets Editores, S.A. – Avda.
Av. Diagonal,
Diagonal, 662-664
662664– 08034 Barcelona
– 08034 Barcelona
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978-84-9066-944-0
ISBN: 9788411071765
4.006-2021
Depósito legal: B. 13.5272022
Diseño de la colección:
Fotocomposición: Guillemot-Navares
Realización Tusquets Editores
Fotocomposición:
Impresión: Realización
Liberdúplex, S. L. Planeta
Impresión
Impreso enyEspaña
encuadernación: Black Print
Impreso en España
No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su
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manera sostenible.
ANDANZAS crédito
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Índice
Quince años después (2011) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 13
Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 17
Primera parte: El azul lejano y agreste
Hasta el sol . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
Una educación para toda la vida . . . . . . . . . . . . . . . . 53
Segunda parte: Una locura no tan fascinante
Fuga de ideas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 77
Añorando a Saturno . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 99
El osario . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 118
Profesora numeraria de universidad . . . . . . . . . . . . . . 132
Tercera parte: La medicina del amor
Oficial y caballero . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 145
Me han dicho que llovió . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 158
Amor que cuida a la locura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 168
Cuarta parte: Una mente inquieta
Hablando de locura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 183
Cazadores de genes . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 189
Privilegios hospitalarios . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 203
Una vida de afectos exaltados . . . . . . . . . . . . . . . . . . 213
Epílogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 221
Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 225
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Hasta el sol
Me encontraba de pie, oyendo el avión, con la cabeza echa-
da hacia atrás y una de mis trenzas sujeta con los dientes. El
ruido era ensordecedor, lo cual indicaba su proximidad. La
escuela primaria a la que asistía estaba junto a la Base de la
Fuerza Aérea Andrews, nada más salir de Washington. Mu-
chos de nosotros éramos hijos de pilotos y aquel zumbido
formaba parte de la rutina, pero no por eso dejaba de tener
cierta magia, así que, instintivamente, miré hacia arriba des-
de el patio de recreo y saludé con la mano. Sabía que el pi-
loto no podía verme —siempre lo supe— y que incluso si
me viera lo más probable es que no fuese papá, pero era una
de esas cosas que se hacían porque sí y, de todas maneras,
me encantaba mirar hacia el cielo. Mi padre, oficial de carre-
ra en las fuerzas aéreas, era ante todo un científico y, en se-
gundo lugar, también piloto. Pero le gustaba volar y, como
buen meteorólogo, su mente y su alma terminaban por estar
en los cielos. Al igual que papá, yo solía mirar más hacia
arriba que a mi alrededor.
Cuando le decía que la marina y el ejército eran mucho
más «viejos» que las fuerzas aéreas y tenían más tradición
y leyenda, él solía responder:
—Sí, es verdad, pero las fuerzas aéreas son el futuro —y
luego añadía—: además, podemos volar.
25
[Link] 25 26/7/22 17:11
Tras esta confesión de fe, entonaba a veces entusiástica-
mente el himno de las fuerzas aéreas, del que todavía recuer-
do algunos fragmentos mezclados de manera confusa con
estrofas de villancicos, con poemas tempranos y con frases y
párrafos del libro de oraciones, todos ellos importantes en la
infancia y capaces aún de alterarme el pulso.
Y yo prestaba atención y creía, y al oír el verso «Allá va-
mos, hacia el azul lejano y agreste», pensaba que «lejano» y
«agreste» eran las palabras más hermosas que había escucha-
do en mi vida. Igualmente, me sentía embargada por la frase
«Subiendo muy arriba, hasta el sol» y comprendía de forma
espontánea que yo formaba parte de los que aman la inmen-
sidad del cielo.
El ruido del avión se hizo más aturdidor y vi que los otros
niños de segundo curso de primaria alzaban de repente la
cabeza. El aparato, que volaba muy bajo, pasó por encima
evitando por muy poco el patio de recreo. Se precipitó entre
los árboles y explotó directamente frente a nosotros, que per-
manecíamos agrupados y llenos de pavor. La ferocidad de la
catástrofe se dejó notar en el terrible fragor del impacto y en
la belleza horrorosa y persistente de las llamas que surgieron
a continuación. A los pocos minutos, parecía como si todas
las madres hubiesen corrido al patio con el fin de tranquili-
zar a cada niño diciéndole que no había sido su papá. Por
suerte para mi hermano, para mi hermana y para mí, tampo-
co era el nuestro. Unos días después, tras la divulgación del
mensaje que el joven piloto envió a la torre de control antes
de morir, se supo que podía haber salvado su vida saltando
en el aire, pero prefirió no hacerlo, pues existía el riesgo de
que el avión abandonado se estrellase en el patio de recreo,
matando a los niños que estábamos allí.
El piloto muerto se convirtió en un héroe, transformado
en un modelo abrasadoramente vívido e imposible a causa
26
[Link] 26 26/7/22 17:11
de su sacrificio en nombre del deber. Era un paradigma utó-
pico, pero convincente y definitivo por lo inaccesible. El
recuerdo de aquella tragedia me acompañó muchas veces a
lo largo de los años, como una evocación de hasta qué pun-
to una anhela y necesita esos ideales y de lo tremendamente
difícil que resulta cumplirlos. Después de aquella tarde, ya
no solamente vi grandiosidad y belleza en el cielo, pues en
él había también un lugar para la muerte.
Como todas las familias militares, la nuestra iba de un lado
para otro y cuando mis hermanos y yo llegamos al quinto
curso, habíamos pasado ya por cuatro escuelas primarias en
Florida, Puerto Rico, California, Tokio y dos veces en Wash-
ington. Pero nuestros padres, y sobre todo mamá, mantenían
nuestra vida tan resguardada, cálida y constante como les era
posible. Mi hermano era el mayor, el más estable y mi aliado
incondicional, a pesar de los tres años de diferencia que ha-
bía entre nosotros. Yo lo idolatraba y, a menudo, procurando
pasar desapercibida, iba tras él y sus amigos cuando jugaban
al béisbol o se adentraban por el vecindario. Era inteligente,
recto y seguro de sí mismo, y siempre tuve la sensación de
estar más protegida de lo habitual cuando se encontraba cer-
ca de mí. La relación con mi hermana, que tenía solamente
trece meses más que yo, fue más complicada. Ella era la gua-
pa de la familia, con pelo oscuro y ojos hermosos y, desde el
principio, estuvo siempre dolorosamente al tanto de lo que
pasaba a su alrededor. Poseía maneras carismáticas, un tem-
peramento fuerte, estados de ánimo negros y pasajeros y
poca tolerancia frente al conservador estilo de vida militar en
el que, según ella, nos hallábamos prisioneros. Funcionaba
al margen, desafiadoramente, y rompía con todo cada vez
que le era posible. Detestaba la escuela secundaria y, cuando
27
[Link] 27 26/7/22 17:11
vivíamos en Washington, con frecuencia se saltaba las clases
para ir a las exposiciones de la Smithsonian Institution o al
Museo Médico del Ejército o a fumar y beber cerveza con
sus amigos.
Me tenía envidia porque, tal como decía burlonamente,
yo era «la rubia», una hermana a la que, pensaba ella, los
amigos y las tareas del colegio le resultaban demasiado fáci-
les, que iba por la vida sin esfuerzo, protegida de la realidad
por una visión absurdamente optimista de la gente y de las
cosas. Entre mi hermano —un atleta que siempre sacaba
notas perfectas en los exámenes— y yo —que adoraba estu-
diar y que me dedicaba vigorosamente a los deportes, a los
amigos y a las actividades escolares—, ella destacaba como
el miembro de la familia que hacía frente y se oponía a lo
que consideraba un mundo duro y difícil. Odiaba la vida
militar, los constantes trastornos y la obligación de buscar
nuevos amigos, y estaba convencida de que las relaciones
familiares eran pura hipocresía.
Quizá debido a que mis violentas escaramuzas contra es-
tados de ánimo aciagos no llegaron hasta que fui mayor,
tuve tiempo de vivir un mundo benigno de aventuras, poco
amenazante y maravilloso que, pienso, mi hermana no llegó
a conocer. Los largos e importantes días de la infancia y de
la temprana adolescencia fueron en su mayoría muy felices
para mí y me proporcionaron una sólida base de calor, de
amistad y de confianza. Estaban destinados a ser un podero-
so amuleto, una pujante y positiva fuerza de contrapeso para
adversidades futuras. Mi hermana no tuvo aquellos años,
aquellos amuletos. No es sorprendente, quizá, que cuando
ambas tuvimos que enfrentarnos con nuestros respectivos
demonios, ella consideró la oscuridad como algo que lleva-
ba dentro y que formaba parte de su ser, de la familia y del
mundo. Yo, al contrario, lo tomé por algo ajeno. A pesar de
28
[Link] 28 26/7/22 17:11
lo embebida que la negrura llegó a estar en mi mente y en
mi alma, casi siempre me pareció una fuerza exterior que me
había declarado la guerra.
Mi hermana, al igual que mi padre, podía ser encantado-
ra hasta la plenitud: lozana, original y arrebatadoramente
ingeniosa, poseía también un sentido extraordinario del di-
seño, una enorme imaginación artística. Pero no era una
persona fácil o sin problemas y, conforme iba creciendo, sus
conflictos lo hacían con ella. Podía destrozarte el corazón y
luego provocar tu enojo de una manera difícil de soportar.
Sin embargo, siempre sentí que yo era como la tierra para el
fuego y las llamas de mi hermana.
Cuando papá se implicaba, lo hacía de verdad: entusiasta
y burlón, le seducía prácticamente todo y era capaz de des-
cribir de forma deliciosa y original las bellezas y los fenóme-
nos de la naturaleza. Un copo de nieve no era tan solo un
copo de nieve, ni una nube solo una nube, pues se conver-
tían en acontecimientos y en personajes que formaban parte
de un universo vivo y ordenado de manera poco habitual.
Cuando las cosas iban bien y se sentía contento, su conta-
gioso entusiasmo se extendía por todas partes. La casa se
llenaba de música, aparecían nuevas joyas maravillosas —un
anillo de piedra lunar, una delicada pulsera de rubíes, un
medallón de aguamarinas engarzadas en oro— y todos agu-
zábamos los oídos, pues sabíamos que a continuación escu-
charíamos con grandes detalles lo que en aquel momento le
apasionaba. Unas veces era un discurso basado en la fervo-
rosa certeza de que el futuro y la salvación del mundo esta-
ban en los molinos de viento; otras, sencillamente, que mis
hermanos y yo teníamos que aprender ruso porque la poesía
rusa era extraordinariamente hermosa en versión original.
Cierta ocasión leyó que George Bernard Shaw había lega-
do dinero en su testamento para desarrollar un alfabeto fo-
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[Link] 29 26/7/22 17:11
nético, dejando especificado que Androcles y el León debería
ser la primera de sus obras de teatro que fuese traducida.
Todos nosotros, además de aquellos que se encontraban en
su trayectoria de vuelo, recibimos múltiples ejemplares del
libro. Corrió el rumor de que más de cien ejemplares habían
sido encargados y distribuidos. El carácter expansivo de mi
padre tenía algo de mágico que yo adoraba, y aún sonrío al
recordarlo leyendo en voz alta lo de la mano herida de An-
drocles, mientras sonaba la canción Adelante, soldados cristia-
nos, con los soldados cantando «Echadlos a los leones», y mi
padre intercalaba comentarios editoriales a propósito de la
importancia vital —nunca podrá señalarse bastante lo de vi-
tal— de los lenguajes fonéticos e internacionales. Aún con-
servo un gran abejorro de cerámica que también me hace
sonreír cuando rememoro a mi padre cogiéndolo, lleno de
miel, y lanzándolo al aire mediante varias maniobras de avia-
ción que incluían, de manera muy apropiada, una figura de
hoja de trébol. Naturalmente, cada vez que la abeja era bam-
boleada en vuelo, caía miel por toda la mesa de la cocina,
y mi madre decía:
—Marshall, ¿qué necesidad tienes de hacer eso? Solo sir-
ve para incitar a los niños.
Nosotros reíamos aprobadoramente, y eso nos aseguraba
unos cuantos minutos más con el abejorro volando.
Era encantador, de verdad, algo así como tener a Mary
Poppins de papá. Años después, me regaló una pulsera graba-
da con unas palabras de Michael Faraday que se hallan inscri-
tas también en el edificio de física de la Universidad de Cali-
fornia en Los Ángeles: «Nada es demasiado maravilloso para
ser verdad». Ni que decir tiene, Faraday pasó por varios fraca-
sos y la cita posee palpablemente poco de real, pero el pensa-
miento y el tono son adorables y muy acordes con el carácter
de mi padre en sus mejores momentos. Mamá ha repetido
30
[Link] 30 26/7/22 17:11
muchas veces que siempre pensó estar a la sombra del talen-
to, del embrujo, de la intensidad y de la imaginación de papá.
Su comentario de que él era un Flautista de Hamelín con
niños proviene seguramente del efecto carismático que tenía
sobre mis amigos y sobre la chiquillería de cualquier vecinda-
rio en que nos encontrásemos. Mis amigas, no obstante, pre-
ferían sentarse a charlar con mamá. Jugábamos con él y ha-
blábamos con ella.
Mi madre cree a pies juntillas que en la vida lo importan-
te no son las cartas que le reparten a una, sino la manera de
jugarlas. Ella es, de lejos, la más valiosa que me ha tocado.
Amable, franca y desprendida, posee esa confianza en sí mis-
ma que proviene de haber sido educada por padres que no
solamente la amaban con todas sus fuerzas, sino que tam-
bién eran amables, francos y desprendidos. Mi abuelo murió
antes de que yo naciese. Era físico y profesor universitario.
Según cuentan, fue un hombre perspicaz y muy acogedor
con sus estudiantes y sus colegas. Mi abuela, a quien conocí
muy bien, era una mujer cálida y amorosa y, al igual que
mamá, se interesaba genuina y profundamente por los de-
más, lo cual, a su vez, se traducía en una tremenda capacidad
para la amistad y en una increíble destreza para hacer que
todos a su alrededor se sintiesen a gusto. La gente solía acer-
carse primero a ella, tal como sucedía con mamá, y nunca
estaba escasa de tiempo ni demasiado ocupada para resultar
dura o inabordable.
No era nada intelectual. Al contrario de mi abuelo, que
pasaba su tiempo libre leyendo y releyendo a Shakespeare y
a Twain, ella iba al club. Como la apreciaban y, al mismo
tiempo, era una buena organizadora, la elegían invariable-
mente presidenta de cualquier grupo en el que entrase. En
muchos aspectos, fue una mujer conservadora hasta el de-
sasosiego —próxima al Partido Republicano, Hija de la Re-
31
[Link] 31 26/7/22 17:11
volución, frecuentadora de veladas de té, todas ellas cosas
que sacaban de quicio a mi abuelo—, pero amable y enérgi-
ca. Vestía trajes floreados, se abrillantaba las uñas, disponía
perfectamente la mesa y desprendía siempre un perfume de
jabón silvestre. He conservado la imagen de ella como una
abuela maravillosa, incapaz de no ser adorable.
Mamá —alta, delgada y bonita— fue una estudiante muy
popular tanto en la escuela secundaria como en la universi-
dad. Las instantáneas de su álbum la muestran como una
joven feliz, siempre rodeada de amigos, jugando al tenis, na-
dando, haciendo esgrima, montando a caballo, inmersa en
actividades de la hermandad de estudiantes o en plan estrella
con una serie de guapos muchachos. El papel ha preservado
la extraordinaria inocencia de un tiempo y un mundo dife-
rentes, en los que ella se sentía bien. No se ven sombras de
borrasca, ni rostros pensativos y melancólicos, ni era cues-
tión de oscuridades mentales o de inestabilidad. Su conven-
cimiento de que es necesario saber prevenir se basa en la
absoluta normalidad de la gente y de los acontecimientos
inmovilizados por esas fotografías, así como en las genera-
ciones que la precedieron, todas ellas estables, seguras, hon-
radas y transparentes.
Los siglos de estabilidad genética prepararon solo de ma-
nera imperfecta a mamá para todos los torbellinos y las difi-
cultades con las que hubo de enfrentarse una vez que dejó
el hogar de sus padres para formar su propia familia. Pero ha
sido precisamente esa asidua estabilidad que siempre tuvo,
su fe en la transparencia y su enorme habilidad para amar y
aprender, para escuchar y cambiar, lo que me ayudó a man-
tenerme en vida durante todos los años de dolor y de pesa-
dillas que se avecinaban. Ella no podía saber lo difícil que
sería convivir con la locura, no estaba preparada —nadie lo
está—, pero debido a su capacidad de amar y a su enorme
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[Link] 32 26/7/22 17:11
voluntad, lo hizo con empatía e inteligencia. Nunca se le
ocurrió tirar la toalla.
Mamá y papá alentaron enormemente tanto mi afición a
escribir poesía, y a los juegos escolares, como a la ciencia y a
la medicina. Ninguno de los dos trató de limitar mis sueños
y tuvieron la sensibilidad y el buen juicio de saber distinguir
entre los diferentes ciclos por los que fui pasando y las obli-
gaciones más serias. Pero, en general, toleraban aquellos pe-
riodos con amabilidad e imaginación. Como yo era muy
dada a las pasiones fuertes y absolutas, una vez estuve pro-
fundamente convencida de que teníamos que comprar un
perezoso. Mamá, que ya había aguantado al máximo permi-
tiéndome tener perros, gatos, pájaros, peces, tortugas, lagar-
tos, ranas y ratones, se mostró poco entusiasmada. Papá me
convenció de que anotara en una libreta todos los detalles
científicos y literarios que encontrase sobre los perezosos y
me sugirió que, además de buscar informaciones prácticas
sobre sus necesidades dietéticas, sobre el espacio que necesi-
taban para vivir y los cuidados veterinarios que sería preciso
prodigarle, escribiese asimismo una serie de poemas sobre
estos animales y redacciones sobre lo que significaban para
mí, que le diseñara el habitáculo que habría de ocupar den-
tro de nuestra casa y que apuntara observaciones detalladas
sobre su comportamiento en el zoológico. Si era capaz de
hacer todo aquello, me dijo, estarían dispuestos a conseguir-
me un perezoso.
Los dos sabían, estoy segura, que lo que a mí me apasio-
naba era la idea de tener una extraña idea y que si me daban
la posibilidad de expresar mis entusiasmos, terminaría por
sentirme satisfecha. Por supuesto, tenían razón, como pude
comprobar observando a los perezosos en el parque zooló-
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[Link] 33 26/7/22 17:11
gico. Si de verdad existe algo más aburrido que observar a
un perezoso —aparte de asistir a una partida de críquet o a
una reunión de burócratas—todavía no lo he encontrado.
Nunca agradecí tanto la vuelta al prosaico mundo de mi
perra, que, en comparación, parecía de una complejidad
newtoniana.
Mi interés por la medicina, sin embargo, fue duradero y
mis padres lo alentaron. Cuando tenía unos doce años, reci
bí como regalo un instrumental de disección, un microsco
pio y un ejemplar de la Anatomía de Gray. Esta última me
resultó bastante complicada, pero su presencia me hacía
imaginar la medicina real. La mesa de pingpong que te
níamos en el sótano era mi laboratorio y en ella pasé tardes
interminables disecando ranas, peces, gusanos y tortugas.
Abandoné el mundo de la disección tras avanzar en la escala
evolutiva de mis víctimas y obtener un feto de cerdo, pues
su diminuto hocico y sus bigotitos perfectos terminaron por
repelerme. Los médicos del hospital de la Base de la Fuerza
Aérea de Andrews, donde empecé a trabajar de voluntaria
ayudando a las enfermeras los fines de semana, me propor
cionaron bisturíes, pinzas de hemostasia y, entre otras cosas,
bolsas de sangre para uno de mis experimentos caseros. Pero,
sobre todo, se tomaron muy seriamente mi persona y mis
asuntos. No trataron nunca de quitarme de la cabeza mi
idea de estudiar medicina, aunque en aquella época se con
sideraba que, en el campo de la sanidad, una mujer debía
quedarse en enfermera. Me llevaban a las visitas médicas y
me permitían asistir, e incluso ayudarlos, en las intervencio
nes quirúrgicas menores. Yo los observaba cuidadosamente
quitar las suturas, cambiar los vendajes y hacer punciones
lumbares. Mantenía los instrumentos, observaba las heridas
y, una vez, incluso corté los puntos de una incisión abdomi
nal de un paciente.
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