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ANTROPOLOGÍA FÍSICA: APORTACIONES FUNDAMENTALES Y
PROYECCIONES COMO CIENCIA INTERDISCIPLINAR
Article · January 2014
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Rafael Tomás-Cardoso Carlos Varea
Universidad Complutense de Madrid / Universidad Autónoma de Madrid Universidad Autónoma de Madrid
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E.M. nº 48 Septiembre-Diciembre 2014
ANTROPOLOGÍA FÍSICA: APORTACIONES FUNDAMENTALES
Y PROYECCIONES COMO CIENCIA INTERDISCIPLINAR
Rafael Tomás Cardoso
Carlos Varea González
Departamento de Biología (Universidad Autónoma de Madrid)
RESUMEN
Como aproximación integradora a nuestra especie (en sus dimensiones evolutivas, ecológicas y
bioculturales), la Antropología Física (o Biológica) ha realizado aportaciones al conocimiento de
aspectos clave de nuestra biología, orígenes, evolución y variación a través del tiempo y el espacio,
mediante el estudio de poblaciones humanas pasadas y presentes. Distintos autores, escuelas y
corrientes dedicados a la investigación antropológica durante más de 150 años de historia de la
disciplina, han acumulado hechos, conceptos y teorías que constituyen una importante contribución a
la ciencia moderna y a la demanda social de un mejor conocimiento de nuestra realidad humana.
Especialmente significativas han sido las aportaciones en temas con implicaciones sociales y de interés
general, tales como la naturaleza de la evolución, variación y diversidad humana. Contribuyendo a
delimitar polémicos términos y concepciones sobre los orígenes y la variabilidad humana. Y
acumulando amplia información descriptiva en distintas poblaciones sobre procesos básicos de la
biología humana, tales como el crecimiento, la maduración sexual, la reproducción y fertilidad, o la
nutrición y alimentación humana, de aplicación en el ámbito de la salud pública.
LOS PRECURSORES: EL ESTUDIO DEL ORIGEN Y LAS VARIEDADES HUMANAS
(SIGLO XIX)
La Antropología nace como una “Historia Natural de Hombre”, dedicada al estudio científico
de nuestra especie desde una aproximación unitaria de la realidad humana. Aunque la progresiva
especialización de las Ciencias Antropológicas produjo una focalización y segmentación de los objetos
de investigación, la Antropología Física (aunque especializada en los aspectos biológicos) ha
mantenido una concepción integradora de su objeto, considerando el estudio de la especie humana y su
biología, desde un enfoque biocultural, ecológico y evolucionista. La Antropología aparece en el siglo
XIX en el marco social e intelectual del emergente capitalismo industrial, la filosofía positivista y los
debates sobre el transformismo, el origen de las razas, y la antigüedad y origen del hombre, momento
en el que se inicia un desarrollo e institucionalización académica, consolidado a lo largo del siglo XX.
En la Europa de la Ilustración el interés por el hombre se proyecta al estudio de la Historia
Natural. Incluido como objeto de estudio de los naturalistas, Carl Linneo (1707-1778) será el precursor
de una Historia Natural del Hombre (nos incluye como especie animal en el orden Primates y nos da
nuestro nombre de Homo sapiens), continuada en la obra de Georges L. Leclerc, Conde de Buffon
(1752-1840) y la escuela francesa (que introduce el término “raza” en el estudio de la variedad
humana) y en los trabajos de Johann F. Blumenbach (1752-1840) a la cabeza de la escuela germana,
quien utiliza por primera vez el término “Antropología” en un sentido no filosófico, sino como estudio
naturalista de la especie humana.
La Antropología como disciplina científica fijó entonces su objeto en la descripción y
explicación de la variabilidad actual y pasada de nuestra especie, usando los métodos de clasificación
1
consolidados en el esquema de Linneo en el marco del pensamiento tipológico como fundamento de la
Raciología, practicada durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Como ciencia positiva, la
Antropología define así un amplio ámbito de estudio, que aborda la antigüedad, el origen y la
variabilidad de la especie humana, incluyendo tanto sus características físicas, culturales y psicológicas
como aspectos de la realidad humana objeto de interés para la nueva disciplina.
Como ciencia empírica recurre a la observación y medición del hombre (su variabilidad actual
e histórica) como método de clasificación y comparación, de forma análoga a otros campos de la
Historia Natural. Destacados naturalistas de la época, junto a médicos y anatomistas, inician las
primeras investigaciones antropológicas en el contexto europeo (Broca, Virrey, Topinard, Quatrefages,
Virchow…), norteamericano (Nott, Morton, Agassiz…), y también en nuestro país (Antón, Aranzadi,
Barras de Aragón, Hoyos, etc.) (pueden consultarse las entradas de autores e historias nacionales de la
disciplina en Spencer, 1997). De esta manera, el pensamiento positivista y el método naturalista darán
fundamento a la perspectiva antropológica, en la que las evidencias empíricas aportan las bases para
una concepción del hombre basada en argumentos materialistas y científicos, frente a las ideas
religiosas y tradiciones teológicas, para abordar cuestiones sobre el origen y variación humana (Hecht,
2003).
A lo largo del siglo XIX se produce la institucionalización de la Antropología en el marco
académico y profesional europeo y norteamericano, con la creación de cátedras universitarias, el
desarrollo de escuelas nacionales y la aparición de diversos campos y especialidades. Sobre la base
epistemológica del positivismo y los fundamentos metodológicos de la Craneometría y la Raciología
como pilares de la nueva ciencia, la Antropología logra un sólido reconocimiento en el ámbito
científico y de las sociedades occidentales, reconocimiento que llevó al amplio uso de sus teorías como
argumentos en la construcción de ideologías sociopolíticas de la época, como es el caso del
movimiento eugenista, el racismo popular o el darwinismo social, cuyas ideas se verán materializadas
en prácticas sociales, legales y políticas de numerosos Estados.
Las representaciones populares del “Origen del hombre” en el discurso social y académico del
siglo XIX hundían sus raíces en viejos debates teológicos, filosóficos e ideológicos, representados en
dos planteamientos: el poligenismo y el monogenismo. Los partidarios del poligenismo sostenían un
origen diferente de las razas humanas como producto de creaciones independientes, mientras que los
defensores del monogenismo defendían una creación única y un origen común de todos los humanos.
Ambas posturas encontraron el apoyo de destacados científicos, y sus planteamientos fueron asumidos
y reinterpretados desde los datos de la Antropología.
Los antropólogos decimonónicos se posicionaron, recurriendo a la Raciología y la Etnología,
para defender el origen único de la especie (seguido de la posterior variación por “degeneración” y
mezcla) o un origen múltiple de las razas humanas (admitiendo sucesivas creaciones y múltiples
especies humanas) (Marks, 1995). Una y otra postura sirvieron de fundamento de ideologías
progresistas y conservadores, aportando argumentos a favor y en contra de los debates públicos sobre
el esclavismo, el colonialismo o las teorías biologicistas de las diferencias entre seres humanos (entre
poblaciones o “razas”, sexos y clases sociales).
En el contexto intelectual del positivismo y la fe en la ciencia y el progreso -heredada de la
Ilustración y la Revolución Industrial-, la Antropología fue reconocida y apoyada por los sectores
cultos políticos e intelectuales de la sociedad, lo que facilitó su institucionalización académica y su
profesionalización a través de aplicaciones en campos como la Antropometría Militar, la Antropología
Escolar o la Antropología Criminal. Como características de la Antropología decimonónica cabe
señalar:
a) El desarrollo de técnicas antropométricas y craneométricas como consolidación formal de
la disciplina basada en la medición y cuantificación.
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b) La redefinición del debate monogenistas-poligenistas sobre el origen único o múltiple de la
humanidad, aportando argumentos científicos a las opiniones basadas en creencias
religiosas e ideologías sociopolíticas.
c) La centralidad de la escuela francesa como referente internacional para las escuelas
nacionales y Sociedades Antropológicas europeas y norteamericanas que comienzan a
fundarse en ambos continentes.
d) El fuerte impacto del pensamiento evolucionista en los debates y las teorías sobre el origen
y evolución del hombre en el cambio de siglo.
e) La amplia influencia de las ideas bioantropológicas sobre las teorías sociales y el
pensamiento político del cambio de siglo.
La rápida expansión del pensamiento evolucionista y el darwinismo en la segunda mitad del
siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX supuso una amplia aceptación por los antropólogos de
las teorías transformacionistas (lamarckistas) y evolucionistas, dando lugar a una posición de
predominio de las posturas monogenista en el debate sobre los orígenes del hombre, que se consolidará
en los modelos de la evolución humana a lo largo del siglo XX (Stocking, 1968; pp. 42-68). Hay que
excluir de esta dinámica interpretaciones parcialmente discrepantes que plantearán una evolución
paralela e independiente de los principales troncos raciales a partir de estadios tempranos del linaje
humano (Weindenreich, Coon). Este afianzamiento de las ideas monogenistas tendrá una rápida
extensión en las representaciones populares sobre los orígenes del hombre, paralelo a la difusión
general de las ideas evolucionistas a lo largo del nuevo siglo.
LA ANTROPOLOGÍA FÍSICA CLÁSICA: MIDIENDO Y CLASIFICANDO LA
VARIABILIDAD HUMANA (PRIMERA MITAD SIGLO XX)
Como ciencia positiva, la Antropología fundamentaba su rigor metodológico en las prácticas
empíricas de medición, cuantificación y clasificación de su objeto de investigación, desarrollando
técnicas biométricas como la Antropometría y la Craneometría, así como sistemas de catalogación
taxonómica de los restos antiguos y fósiles, y para la clasificación raciológica de la variación humana
(Marks, 1995). La amplitud de temas incluidos en la Antropología condujo a la búsqueda de
evidencias empíricas que sustentasen sus teorías y reflexiones, promoviendo el desarrollo de nuevas
disciplinas junto a la absorción de otras, que constituyeron un conjunto definido como “Ciencias
Antropológicas” dedicado a distintos aspectos de la realidad humana (Antropología Física, Etnología,
Lingüística Comparada, Arqueología Prehistórica…) y desarrollando técnicas diversas desde el marco
común del empirismo, el comparativismo y la clasificación.
Con el progresivo avance de las distintas disciplinas antropológicas durante el cambio de siglo,
la situación condujo a dos modelos diferenciados de articulación de las Ciencias Antropológicas. De
una parte, el modelo norteamericano consolidaba un esquema diferenciado pero integrado (en la
enseñanza y los departamentos universitarios) de las cuatro ramas de la Antropología: Antropología
Física, Antropología Cultural, Lingüística y Arqueología. Por otra parte, en el modelo europeo la
especialización del conocimiento antropológico condujo a una escisión de las distintas Antropologías,
progresivamente separadas en sus espacios académicos propios (facultades y departamentos) y sus
líneas de trabajo específicas.
Los datos recopilados sobre la variación física, cultural y lingüística de los pueblos de la tierra,
y el descubrimiento, lento pero revelador, de hallazgos prehistóricos y paleoantropológicos fueron
aportando evidencias para las polémicas y revolucionarias teorías antropológicas sobre el origen del
hombre y de las razas humanas. Paralelamente, las informaciones de viajeros, exploradores,
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misioneros e investigadores profesionales sirvieron de fundamento para trabajos y teorías divulgadas
en una extensa literatura científica sobre la diversidad humana, de gran interés en el público culto de
finales del siglo XIX y el siglo XX.
Los hallazgos y conocimientos generados sobre la biología humana y su variabilidad, al igual
que la producción científica de otras disciplinas, no surgen en desconexión de sus ambientes sociales y
políticos. Gran número de las ideologías y políticas de principios de siglo XX fundamentaron sus
argumentos en las aportaciones de las ciencias sociales y naturales emergentes, confiados en su
utilidad como camino hacia el progreso y la civilización. La Antropología no estuvo al margen de esta
orientación aplicada de las ciencias, donde los ideólogos y los Estados expansionistas europeos
buscaron justificaciones al capitalismo tecnocientífico y el colonialismo industrial.
En este contexto, el crecimiento de la Antropología coincide con su aceptación en los círculos
políticos e intelectuales, que vieron en ésta un corpus de teorías consistentes con las ideas y objetivos
de los grupos dominantes de la sociedad industrial, burguesa y neocolonial. Así, el pensamiento
bioantropológico emergente tendrá amplio impacto en las sociedades occidentales y en la dinámica de
sus relaciones internacionales (Stocking, 1968). Entre estas implicaciones sociales podemos destacar:
a) El uso de los esquemas raciológicos y del pensamiento tipológico por las ideologías racistas
de la época, definiendo patrones de relación entre naciones y clases sociales.
b) La influencia del evolucionismo en ideologías como el denominado darwinismo social, que
ofrecerá argumentos a las políticas sociales de las naciones industriales y a las políticas
neocolonialistas de las naciones europeas y el capitalismo norteamericano.
c) La aportación de datos y métodos al movimiento y las políticas eugenistas orientadas a
alcanzar desde los Estados y las leyes el control de la reproducción de las poblaciones y la
mejora de las “razas nacionales” y “pueblos” en Europa (Alemania, Suecia, Noruega,
Dinamarca...) y América (Estados Unidos, Argentina, Cuba...), ideas que llevaron a
medidas como las esterilizaciones masivas de “no aptos”, las políticas migratorias
restrictivas o la regulación de los matrimonios.
d) El respaldo con supuestos argumentos científicos a la construcción de ideologías y la
emergencia de “Biopolíticas” basadas en la Eugenesia, el Darwinismo Social y las teorías
racistas.
La Eugenesia, como disciplina surge del seno de la Antropología y la Biología Humana, fue
definida por Francis Galton (1822-1911) como una ciencia para la mejora de la especie. Apoyada en
técnicas biométricas, antropométricas y psicométricas, la Eugenesia encontró el respaldo de
antropólogos, biólogos, médicos y psicólogos del primer tercio del siglo XX (Davenport, Pearl o
Hooton, entre otros) para justificar políticas migratorias discriminatorias ([Link].), prácticas selectivas
de los emigrantes (Argentina, Uruguay o Cuba) y medidas de planificación biopolítica de la
reproducción (certificados de idoneidad para el matrimonio, esterilización de “no aptos”, entre otras).
Estas teorías y prácticas eugenistas gozaron de amplia popularidad y apoyo, aunque no
estuvieron exentas de debate hasta el momento de su descrédito, como resultado del horrible
experimento biopolítico practicado por la Alemania nazi de eliminación masiva de los componentes
“no deseados” de su población, una práctica en la que numerosos antropólogos y médicos como
expertos en el diagnóstico de la calidad humana (Günther, Beger y Lenz) participaron y lograron un
alto prestigio social y académico (Barkan, 1988; Proctor, 1988).
Pero más allá del ejemplo de la Alemania nazi, el eugenismo tuvo amplia presencia en los
ambientes intelectuales y políticos de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, con expresiones
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en medidas políticas y legislativas en numerosos países europeos con democracias liberales (Gran
Bretaña, Alemania, Suecia, Noruega, Dinamarca o Francia) y americanas (Estados Unidos, Canadá,
México, Cuba o Argentina), y con episodios de connivencia entre la Antropología Física y el poder.
Ejemplos de ello serán investigaciones sobre los inmigrantes llegados a la Isla de Ellis por Raymond
Pearl (1879-1940) y Charles Davenport (1866-1944) o el controvertido papel de Earnest Hooton
(1887-1954) con sus valoraciones sobre las características de los diferentes grupos de inmigrantes,
actuaciones que influyeron en el movimiento eugenista norteamericano durante las primeras décadas
del siglo XX, aportando ideas a la política migratoria norteamericana, progresivamente restrictiva para
los inmigrantes “no anglosajones o nórdicos”, considerados inadecuados para la salud racial de
Norteamérica.
LA MODERNIZACIÓN DE LA ANTROPOLOGÍA FÍSICA: DEL PENSAMIENTO
TIPOLÓGICO AL ESTUDIO DE LA VARIABILIDAD HUMANA (SEGUNDA MITAD
SIGLO XX)
Las aportaciones de la genética poblacional y el neodarwinismo a las concepciones biológicas
de la variabilidad poblacional fueron sedimentando durante la década de los años treinta en el moderno
pensamiento biológico, así como en las siguientes décadas en los nuevos enfoques bioantropológicos.
Paralelamente, los intentos de aplicación de las nuevas técnicas de análisis de los sistemas de grupos
sanguíneos al estudio de las clasificaciones raciales encontraron resultados que paradójicamente
complicaban la justificación de las tipologías que perseguían confirmar (Marks, 1995).
Las aportaciones teóricas y evidencias aportadas por estos nuevos campos, junto al rechazo que
los excesos del Estado nazi, generaron en las sociedades occidentales un descrédito de la Eugenesia y
de la Antropología Racial, junto con una progresiva consolidación del pensamiento estadístico-
poblacional como alternativa al pensamiento tipológico-racial como criterio de explicación de la
variabilidad biológica humana. Así, tras la II Guerra Mundial se inicia una crisis y replanteamiento de
la disciplina, resultado de los efectos que la expansión de la Antropología al terreno político y social
había tenido previamente en las sociedades europeas y americanas.
Los abusos de las ideas bioantropológicas en la Alemania nazi y las políticas eugenésicas, junto
al incipiente proceso de descolonización, condujeron a una revisión epistemológica (objeto y unidad de
análisis) y metodológica (técnicas y métodos de investigación), con una fuerte complejización y
diversificación de las técnicas y especialidades de la Antropología Física. Este replanteamiento (y
cambio de paradigma) en la Antropología Física se venía gestando desde comienzos del siglo XX
como resultado del cuestionamiento de sus principales fundamentos metodológicos:
a) Cuestionamiento de la Craneometría y del denominado “Índice cefálico” a partir de los
datos sobre la plasticidad somática de las poblaciones humanas.
b) Cuestionamiento del concepto de “raza” como criterio de clasificación tipológica, a partir
de los datos aportados por la genética y los sistemas de grupos sanguíneos sobre la
variabilidad continua dentro y entre las poblaciones.
A este declive de los métodos y conceptos clásicos de la Antropología Física contribuyeron
significativamente los trabajos de Franz Boas (1858-1942), mostrando la plasticidad de los rasgos
somáticos como función de los cambios en las condiciones ambientales de los grupos o poblaciones,
también entre los inmigrantes. Así, contrariamente a lo esperado, los migrantes presentaban cambios
en aquellas características somáticas que se asociaban a sus tipos “raciales” como consecuencia de los
cambios en las condiciones de vida respecto a sus lugares de origen. De esta manera Boas rompía con
concepciones dominantes en la Antropología clásica, como el determinismo biológico “raza-psicología
de los pueblos” y los “tipos raciales” como formas estables, mostrando una plasticidad somática (y
conductual) observable en las poblaciones que cambiaban su ambiente vital, y que expresaba la
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ineficacia de medidas antropométricas (como el referido Índice cefálico) para realizar clasificaciones
etno-raciales (Stocking, 1968; Marks, 2010).
Paralelamente, la aplicación de las técnicas genéticas a la Antropología Física en las primeras
décadas del siglo XX, así como los primeros datos registrados sobre la distribución de los sistemas de
grupos sanguíneos clásicos (AB0 y Rh), describían patrones continuos y graduales de variación en las
poblaciones humanas (según gradientes o clinas) que resultaban incompatibles con las clasificaciones
tipológicas cerradas de la Raciología clásica. Los posteriores desarrollos de la Antropología Genética y
Molecular demostrarían como la variabilidad humana interindividual (intrapoblacional) constituye un
factor de variación mucho mayor que la variación interpoblacional en la especie humana (Marks,
1995).
La crítica científica de las concepciones clásicas de “raza” tras la segunda guerra mundial y de
sus usos incorrectos y malintencionados fue liderada por la Antropología norteamericana (Montagu,
Comas, entre otros) al definir un nuevo planteamiento que sería apoyado por la UNESCO y que
obtendría un amplio apoyo internacional (Montagu, 1942; UNESCO, 1969). Así, en el año 1949 la
UNESCO invita a un panel de expertos a elaborar un documento conjunto sobre el estado del
conocimiento en torno al concepto de raza. El texto es publicado en París en 1950 como: Declaración
sobre la naturaleza de la raza y las diferencias raciales, y sus aspectos bioantropológicos son
concretados en un texto posterior publicado bajo el título: Propuestas sobre los aspectos biológicos de
la cuestión racial (1964).
Paulatinamente, las aportaciones de la Genética de Poblaciones Humanas sirvieron de
fundamento a las críticas del pensamiento tipológico (en que se apoyaban las ideologías racistas) y
llevaron a un amplio acuerdo académico para rechazar y abandonar el empleo del término “raza” en el
caso de la especie humana. En sustitución del término se planteaban nuevos conceptos como el de
“grupo étnico” (referido al ámbito de las ciencias sociales) o “población” (más específico de la
Antropología Biológica). Con objeto de evitar las confusiones entre aspectos biológicos, y apoyado
por los modelos que los estudios de Antropología Genética describían, se aceptó el término
“población” como la fórmula más ajustada a la distribución de la variabilidad humana que describían
los datos sobre la diversidad genética (gradientes de variación donde no es posible hablar de
discontinuidades o rupturas entre unidades o grupos de individuos, sino meras diferencias cuantitativas
de frecuencias).
De esta manera, las poblaciones humanas ya no podían ser definidas de modo esencialista, sino
como unidades convencionales de segmentación de los grupos ligados a un territorio, con patrones
internos de reproducción y entre los que se comparte un acervo genético significativo, con expresiones
fenotípicas reconocibles en gran número de sus miembros. La sostenibilidad del concepto de “tipo
racial” quedaba cuestionada, tanto como entidad referencial de un pasado originario de los distintos
grupos, como en la constatación del hecho de que los individuos estudiados resultaban difícilmente
clasificables dentro de categorías cerradas, al observarse en los casos particulares la presencia de
rasgos intermedios y diversos que hacen imposible la identificación de “tipos” representativos de cada
una de las categorías raciales (Marks, 2010).
Los datos genéticos, lejos de verificar las clasificaciones raciales, aportaron evidencias de una
historia y composición biológica de la especie humana marcada por la diversidad, la difusión y
expansión continua de los grupos y poblaciones, y la mezcla de rasgos presentes en mayor o menor
medida en las distintas poblaciones como los patrones demográficos y genéticos característicos de
nuestra especie (Marks, 1995).
En el periodo posterior a la II Guerra Mundial, la concepción estadístico-poblacional de la
variación humana encuentra una justificación empírica que conducirá a la práctica aceptación total,
dentro del colectivo de antropólogos, del nuevo esquema de interpretación de la variabilidad humana.
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Esta nueva perspectiva definía el modo de clasificar las poblaciones humanas contemporáneas y la
diversidad humana a lo largo de nuestra historia evolutiva, modificando los esquemas sobre el origen
de la diversidad actual y la diferenciación en las distintas especies y formas de humanidad prehistórica
conocida.
El modelo multirregional de Weidenreich y Koenigswald (que postulaba que la diversidad
humana en tipos raciales tendría un origen lejano en la primera dispersión de nuestros antepasados
fuera de África desde Homo erectus) sería abandonado por la práctica totalidad de antropólogos
(salvos excepciones como Coon y Wolpoff), en favor de los modelos unitarios denominado “Fuera de
África I y II”, que postulaban un origen común y reciente en África de todas las poblaciones humanas.
La Paleoantropología converge y apoya esta visión. La Paleoantropología, tras un desarrollo explosivo
a lo largo del siglo XX fruto del continuado incremento del registro fósil (Delisle, 2007; Hammond,
1988), tendrá en las últimas décadas de éste un periodo de replanteamiento de sus modelos y teorías,
derivado de la complejidad adquirida por el registro fósil y el reto que suponía contrastar los resultados
de sus investigaciones con los nuevos datos aportados por la Antropología Genética y Molecular
(Goodman y Cronin, 1982). Destacan las aportaciones al conocimiento de la historia evolutiva
humana, Leakey, Johanson, y más recientemente, Lewin, Relethford, Wolpoff, Thorne, Foley,
Tattersall, y en nuestro país de quien desarrollará la disciplina, Emiliano Aguirre.
CORRIENTES MODERNAS EN LA ANTROPOLOGÍA BIOLÓGICA: INVESTIGANDO LA
DIVERSIDAD Y ADAPTABILIDAD HUMANA (CAMBIO DE SIGLO)
En la segunda mitad del siglo XX, buscando evitar que se repitiera una situación de intrusión
de la Biología Humana en el campo de los asuntos sociales y políticos, se produjo una reacción en la
Antropología europea, marcada por el resguardo de su área de estudio a los aspectos estrictamente
biológicos, minimizando las dimensiones socioculturales en la investigación bioantropológica, y
orientando sus trabajos -desde un modelo que hemos denominado biologicista- hacía campos
marcados por el rigor de los métodos y técnicas de investigación (genética, bioquímica, biodemografía,
etc.).
El replanteamiento de la disciplina irá conformando las nuevas escuelas europeas de
Antropología, con líneas de trabajo definidas por un cambio en su objeto de estudio hacía los enfoques
poblacionales, la fundamentación teórica evolucionista y el empleo de las nuevas técnicas de diferentes
campos de la Biología (Inmunología, Genética de Poblaciones, Bioestadística, Biología Molecular,
Biología de Poblaciones, Biodemografía, Biología Humana, Auxología), destacando entre las
principales figuras de la Antropología europea a Olivier, Coppens, Ruffie y Jacquard en Francia, a
Mourant, Weiner, Young, Harrison y Tanner en el Reino Unido, a Correnti, Parenti, Messeri, Chiarelli,
Alciati y Cavalli-Sforza en Italia, y en nuestro país a Alcobé, Valls y Pons.
En una dirección diferente, la “Nueva Antropología Física” estadounidense surgida a partir de
la década de 1950 rompe con la Antropología Física Clásica (Nott, Morton, Agassiz, Hrdlicka,
Hooton...) para reformular sus planteamientos teóricos y metodológicos abriendo nuevas direcciones
que terminarán orientando la Antropología Física a escala internacional hasta el presente (Haraway,
1988; Stini, 2010). En este encuadre se adscribirán la mayoría de los antropólogos físicos anglosajones
de la segunda mitad del siglo XX (Montagu, Washburn, Hulse, Birdsell, Howells, Shapiro, Beals,
Simpson, Lasker, Binford o Le Gros Clark) quienes aportarán un enfoque renovador que consolidará la
concepción boasiana (integradora de una Antropología General) al tiempo que incorporará nuevos
métodos y técnicas y, sobre todo, nuevos enfoques, en concreto ecológicos y de ciclo vital.
A diferencia de la Antropología Física clásica, centrada en el estudio de los polimorfismos
morfológicos (índices craneales, morfotipos, etc.) de las poblaciones actuales e históricas, a lo largo
del siglo XX fue creciendo el interés por los polimorfismos genéticos y moleculares. La preferencia
por otros indicadores de la variabilidad fue cobrando fuerza a medida que mostraban como, a
7
diferencia de los indicadores morfológicos y somáticos tradicionales, los nuevos marcadores resistían
los cuestionamientos hechos a otros indicadores de la variabilidad humana (sometidos a la plasticidad
ambiental), al no estar directamente condicionados en su expresión por la influencia de los factores
ambientales. Paradójicamente, las nuevas líneas de estudio, lejos de apoyar a las teorías tipológicas
precipitaron su sustitución por los modelos estadístico-poblacionales.
El origen de este campo de investigación estuvo en el descubrimiento de los primeros sistemas
de grupos sanguíneos en trabajos pioneros sobre la variación genética en poblaciones locales (Brues,
Livingstone, Robert, Crawford, McKusick y Cavalli-Sforza). Sobre los datos acumulados en
marcadores clásicos, Cavalli-Sforza y Mourant comenzarán a trazar la distribución geográfica de la
variabilidad humana varias décadas antes que los actuales estudios de reconstrucción de las
migraciones humanas a partir de los haplotipos (polimorfimos moleculares) descritos gracias a la
secuenciación completa del ADN mitocondrial y nuclear.
Ciertamente, este revolucionario y pionero impacto de la biología molecular en las últimas
décadas del siglo XX sirvió de apoyo al desarrollo de la actual Antropología Genética y Molecular de
Sarich, Willson, Cann, Stoneking, Underhill, Sykes, Pääbo y Wells, entre otros, que ha confirmado lo
anteriormente acreditado: nuestro origen común africano y un patrimonio biológico y cultural común
escrito por medio de las migraciones y el mestizaje (Goodman y Cronin, 1982; Marks, 1995).
Paralelamente al desarrollo de la Antropología Genética, se produce una ampliación de las
técnicas de investigación hacía la Antropología Fisiológica (Baker y Weiner) y sus extensiones a una
perspectiva ecológica de la adaptabilidad humana (Lasker, Mascey-Taylor, Frisancho, Little, Huss-
Ashmore, Ulijaszek y Bogin), dando lugar a un amplio campo de investigación sobre distintos aspectos
de la biología humana (fisiología, reproducción, nutrición…) contextualizados en sus ambientes
ecológicos, sociales y de género, que ha permitido abordar en su amplitud los complejos procesos de
acomodación biocultural en las poblaciones humanas (Little, 1982; Ulijaszek y Huss-Ashmore, 1997;
Watts, Lasker y Johnson, 1975).
A finales de la década de los años 60, Gabriel W. Lasker (1912-2002) publicó en la revista
Science un trascendental artículo en el ámbito de la Antropología Física en el que se planteaba un
nuevo equilibrio entre los procesos de adaptación y de adaptabilidad como mecanismos que generan
variabilidad biológica en las poblaciones humanas, es decir, entre lo que es resultado de procesos de
selección natural y lo que es resultado de la capacidad de nuestro organismo de acomodarse (ajustarse)
al medio durante su desarrollo (Lasker, 1969). En tal sentido, James M. Tanner (1920-2010) acuñaría
la frase “El crecimiento como espejo de las condiciones sociales”, que expresa la contribución que la
Antropología Física puede hacer a la sociedad proporcionando herramientas de evaluación de la
calidad de las condiciones en las que las personas viven, contribuyendo con ello a su mejora (Tanner,
1987).
Con la diversidad genética identificada en las poblaciones humanas cobraba un nuevo
significado la investigación de la variabilidad humana, en las capacidades adaptativas que abre nuevos
campos de investigación vinculados a la asociación entre variabilidad y adaptabilidad en ámbitos como
las capacidades físicas, la acomodación fisiológica, los procesos metabólicos y nutricionales, la
predisposición a enfermedades, etc. Los datos acumulados sobre la biología humana y sus procesos a
lo largo del ciclo vital han permitido plantear aplicaciones de la Antropología Física en campos tan
diversos como la Salud Publica, la Nutrición, los Estudios sobre el Crecimiento, la Ergonomía, el
Deporte y la Actividad Física, o la Epidemiología.
Finalmente, renovadores son también las aportaciones de la disciplina en campos de aplicación
tradicionales, como la Antropología Forense o la recuperación y conservación del patrimonio
histórico-antropológico. La aparición de estos nuevos campos de investigación y aplicación ha
conducido a una diversificación de las técnicas y a la necesaria incorporación de perspectivas
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biosociales y bioculturales. Una ampliación del objeto y las técnicas especialmente importante para el
desarrollo de subdisciplinas como la Antropología Ecológica, la Biología de Poblaciones Humanas, la
Antropología de la Nutrición, los estudios sobre Crecimiento y Desarrollo, la Antropología Médica o
la nueva Antropología Forense.
CONCLUSIONES
Durante gran parte del siglo XX, las diferentes disciplinas antropológicas se condujeron por
caminos separados consolidando sus métodos y objetos propios de investigación. Los vínculos nunca
rotos definitivamente han ido estableciendo nuevos puentes entre disciplinas, con experiencias como la
que podría denominarse una “Nueva Antropología Física”, en la cual se reivindica un planteamiento
integrador en el estudio de los procesos de la evolución humana, y especialmente, en los estudios
contemporáneos sobre las poblaciones humanas en distintos contextos ecológicos, socioculturales y
económicos, incluyendo también una perspectiva de género.
Tales planteamientos han logrado su aplicación definitiva en el marco de los nuevos enfoques
bioculturales de la Antropología Física y la Biología Humana, que pueden representar Goodman y
Bogin en el ámbito anglosajón (Goodman y Leatherman, 1998; Bogin, 2001), o Cristina Bernis en
nuestro país. Estos y otros investigadores están cimentando una perspectiva integradora, evolutiva,
ecológica y de ciclo vital en el estudio de procesos ligados a la demografía, la reproducción, la
nutrición, la salud, la producción de recursos y la explotación del entorno, como campos de estudio de
la interacción biocultural de las poblaciones humanas, ya sean prehistóricas, históricas o
contemporáneas, cuya perspectiva exige una aproximación integradora e interdisciplinar (Bernis,
2005).
El análisis del estado de salud y bienestar de las poblaciones, el uso de variables biológicas
(antropometría, estado nutricional, esperanza de vida, fertilidad…) como indicadores sociales, los
estudios sobre los procesos bioculturales de acomodación de las poblaciones y grupos a contextos
ambientales y sociales diversos, y el impacto de las transformaciones socioeconómicas sobre la
biología, salud y bienestar de las poblaciones humanas, son algunos de los nuevos campos de
intervención de la Antropología Biológica.
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