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Dogma de la Inmaculada Concepción

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# 9:

Inmaculada María
Pronto daremos inicio a la solemne novena que nos prepara a la gran
solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Fiesta tan querida para
el pueblo de Dios que desde los inicios del cristianismo supo intuir este
privilegio que siempre defendió y celebró con amor filial.

La Inmaculada Concepción de María, es un dogma de fe. Pero ¿Qué es un


dogma?
Los dogmas son las doctrinas que la Iglesia propone para ser creídas como
formalmente reveladas por Dios. Los dogmas pertenecen al depósito de la fe de una manera
irreversible.

La Santísima Virgen María, en razón de su dignidad de Madre de Dios, fue, desde el primer
instante de su concepción, preservada de toda mancha del pecado original. Esto supone en María
ausencia de pecado, presencia de la gracia santificante, virtudes y dones y, ausencia de inclinación
al mal. Por eso también se le llama Inmaculada.

El Papa Pío IX, después de consultar a todo el episcopado, proclamó el 8 de diciembre de 1854 que
es una verdadera revelación de Dios, y que por tanto, los fieles hemos de creer, que la
«Bienaventurada Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue preservada inmune de
toda mancha de culpa original por singular privilegio y gracia de Dios omnipotente, en atención a
los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano»

El pecado original hace que todos los hombres sean concebidos privados de la gracia santificante.
Sólo a la Virgen ha concedido Dios este privilegio, por estar elegida para ser la Madre de Dios. La
Virgen María fue preservada del pecado original por los merecimientos salvadores de Jesucristo, el
Redentor. Esta pre-redención de María es la manera más perfecta de redención obrada por Cristo.

Es dogma de fe que el pecado original se transmite a todos los hombres por generación natural, de
tal modo que todos son concebidos en pecado (cfr. Conc. de Trento: DZ 791). Ahora bien, como
María fue inmune de la culpa, al ser concebida sin pecado, no tuvo esa culpa y, por ello, tampoco
tenía las consecuencias de esa falta. Esto supone tres cosas:

1.Ausencia de cualquier mancha de pecado. Ella fue inmune al reato de la culpa y de la pena
debidas al pecado original, en virtud de que nunca tuvo ese pecado;

2. Llena de gracia santificante. Por lo anterior, al no tener pecado, el alma de María estuvo llena
de la gracia santificante, desde el primer instante de su ser, y poseía las virtudes infusas y los
dones que acompañan ese estado de santidad
3. Ausencia de la inclinación al mal. El pecado, que consiste en la aversión a Dios y en el amor
desordenado a las criaturas provoca la inclinación al mal. En María esto no se dio, puesto que
jamás tuvo pecado alguno.

La "Purísima Concepción" es un privilegio y don gratuito concedido sólo a


la Virgen y no a ninguna otra criatura, en atención a que había sido
predestinada para ser la Madre de Dios. Es un favor especial y
extraordinario, ya que, según la ley, por su concepción dentro de la familia
humana debería haber incurrido en la contracción del pecado original
para, luego, ser liberada como los demás hombres; pero esto no ocurrió,
pues en Ella se realizó de modo distinto.

Según afirma un gran teólogo como fue Kart Rahner, la inmaculada


concepción de María es otra cosa totalmente diversa de la concepción
virginal de Jesús en el seno de la Virgen María. No significa tampoco que el
nacimiento de María haya sido diferente de la concepción de los demás seres humanos, simple y
sencillamente afirma que la bienaventurada Virgen María Madre de Dios en vista de los méritos de
Jesús su Hijo, o sea por la obra salvadora de Jesús su Hijo aunque anticipadamente fue favorecida
por Dios en el instante de su concepción en el primer instante de su existencia con el don de la
gracia divina, por lo que no ha tenido nunca pecado original.
De hecho este dogma de la Inmaculada concepción de María nos indica que María es la primera
redimida por Jesús su Hijo, Ella queda liberada del pecado original no como nosotros hasta el día
de nuestro bautismo, sino que en el primer instante de su existencia al ser concebida por sus
padres, queda por la obra anticipada de Jesús su Hijo, redimida del pecado original y de todo
pecado. Estamos ante un privilegio de la Madre de Jesús, porque su mismo Hijo quiso así
preservarla de toda mancha de pecado.

Es imposible no recordar en relación a la Inmaculada Concepción de María, las apariciones ya


aprobadas oficialmente como verdaderas por la Iglesia católica, en la pequeña ciudad de Lourdes.
Un lugar actualmente de grandes peregrinaciones, de una enorme cantidad de curaciones
milagrosas... Lourdes es una pequeña ciudad enclavada en los Pirineos franceses, que en la época
de las apariciones contaba con tan solo 6 mil habitantes.
Las apariciones ocurridas en el año 1858, a sólo 4 años de la definición del Dogma de la
Inmaculada Concepción son famosas en todo el mundo. Tienen como protagonista a una jovencita
campesina de 14 años Bernardita Soubirous. Aunque tenía 14 años, quienes la conocieron
aseguran que no aparentaba más que 10 u 11 años, era analfabeta y ayudaba pastoreando el
rebaño de su nodriza. La gruta donde acontecieron los hechos se encuentra a 700-800 metros del
centro habitado por la gente. En su interior hay como un tipo de galería superior iluminada por la
luz del sol que desemboca en un agujero en forma ojival donde crecía la vegetación.

Bernardita hablaba de un rosal porque estaba poblado de una especie de rosa selvática. La Virgen
apareció justo a la entrada de la apertura ojival superior con el rosal a sus pies.
La descripción que hace Bernardita de ese momento, es realmente conmovedor y hermoso. Dice
así Bernardita: la Señora me miró, me sonrió e hizo gesto de acercarme como si fuera mi madre. El
miedo me había pasado, pero me parecía que no sabía dónde estaba. Me froté los ojos, los cerré y
abrí, pero la Señora continuaba allí, sonriéndome y haciéndome entender que no soñaba.
Bernardita describió a la Señora en estos términos:
“Tiene el aspecto de una joven de dieciséis o diecisiete años. Viste de blanco con una cinta azul que
desciende a lo largo del vestido. Lleva sobre la cabeza un velo igualmente blanco que apenas deja
ver los cabellos y cae hacia atrás hasta debajo de la cinta. Los pies están desnudos, pero cubiertos
con los últimos pliegues del vestido, excepto en el extremo donde brilla sobre cada uno de ellos una
rosa de oro. Lleva sobre el brazo un rosario de cuentas blancas, unidas por una cadenita de oro
brillante como el de las dos rosas de los pies.

En la decimosexta aparición de la Santísima Madre de Dios a Bernardita, la Virgen le dice quién es


ella de la siguiente manera. Dice Bernardita: La señora estaba de pie sobre el rosal y se veía como
en la medalla milagrosa...juntó las manos y las llevó a la parte superior del pecho ... miró al cielo y
luego separando las manos e inclinándose hacia mí me dijo con voz temblorosa “ YO SOY LA
INMACULADA CONCEPCIÓN”.

Uno de los escritores e investigadores del hecho de Lourdes, resalta que era imposible que
Bernardita entendiera lo que estaba diciendo. Cuando terminó la aparición, preguntó qué quería
decir Inmaculada Concepción, añade que ni siquiera podía pronunciar bien el término Concepción.
Imposible que aquella niña analfabeta estuviera inventando términos que hasta hacía 4 años se
estaban empezando a usar en la Iglesia por la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.
La Virgen en sus apariciones en Lourdes de Francia, confirma el dogma recientemente
proclamado: Ella es la Inmaculada Concepción!

Nuestro pueblo sencillo, no ha necesitado de definiciones para intuir, con el don de la fe que
María, sí es la Madre de Dios no podía tener pecado ni mancha alguna, y Ella, la Virgen Madre de
todos nosotros, se ha complacido confirmándolo. En Nicaragua por ejemplo, desde un documento
que data del 7 de diciembre de 1742, en forma tan amorosa la llaman la “Conchita” o la
“Purísima”, porque nuestras gentes más sencillas, han intuido siempre la grandeza de la obra que
Dios ha realizado en María.
No necesitan de definiciones difíciles, ni de grandes estudios, no necesitan de grandes
explicaciones, solamente aman a la Madre de Dios y creen que Dios se la pudo hacer como ha
querido, limpia, sin mancha de pecado, toda pura, invitándonos cada día a la pureza del corazón, a
la pureza de la mente, a la pureza de costumbres, a la pureza en nuestras relaciones
interpersonales... a la limpidez en nuestros tratos y negocios, a la pureza de intenciones y de
miradas, a la no contaminación del corazón con vicios, a la no contaminación de nuestra sociedad
con costumbres inmorales de otras culturas, a cuidar la pureza e inocencia de nuestros niños y
niñas de todos los peligros que hoy los acechan.

Nosotros que amamos a María Inmaculada, a nosotros que se nos llena el alma de alegría al
celebrar esta fiesta, debemos ser conscientes de que amar y celebrar la
Inmaculada nos hace comprometernos en la lucha contra el pecado, porque
María y el pecado son incompatibles. Esta fiesta y este amor nos debe animar a
creer que con la gracia de Dios podemos vencer el pecado y todas sus
manifestaciones.

Que este próximo 8 de diciembre podamos gritar con nuestra vida más que
con nuestra boca:
¿Quién causa tanta alegría? La concepción de María.

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