Liberalismo y Absolutismo en España (1788-1833)
Liberalismo y Absolutismo en España (1788-1833)
HISTORIA DE ESPAÑA
2 DE BACHILLERATO
HISTORIA DE ESPAÑA 2 DE BACHILLERATO
ÍNDICE
TEXTO 2.-CARTA DE CARLOS IV A NAPOLEÓN SOBRE LOS SUCESOS DE ARANJUEZ (MARZO DE 1808)............. 3
Art. 2.º La provincia de Alentejo y el reino de los Algarbes, se darán en toda propiedad y soberanía
al Príncipe de la Paz, para que las disfrute con el título de Príncipe de los Algarbes.
Art. l. Un cuerpo de tropas imperiales francesas de veinte y cinco mil hombres de infantería, y de
tres mil hombres de caballería entrará en España y marchará en derechura a Lisboa: se reunirá a este
cuerpo otro de ocho mil hombres de infantería y de tres mil de caballería de tropas españolas con treinta
piezas de artillería.
Art. II. Al mismo tiempo una división de tropas españolas de diez mil hombres tomará posesión de
la provincia de EntreMiño y Duero y de la ciudad de Oporto; y otra división de seis mil hombres, compuesta
igualmente de tropas españolas tomará posesión de la provincia de Alentejo y del reino de los Algarbes.
Art. III. Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por la España, y sus sueldos
pagados por la Francia durante todo el tiempo de su tránsito por España.
[...] Art. VI. Un nuevo cuerpo de cuarenta mil hombres de tropas francesas se reunirán en Bayona,
a más tardar el 20 de noviembre próximo […]. Este nuevo cuerpo no entrará sin embargo en España, hasta
que las dos Altas Potencias contratantes se hayan puesto de acuerdo a este efecto.
Cfr. Fernando Díaz-Plaja, La Historia de España en sus documentos. El siglo XIX, Madrid, Cátedra, 1983, pp. 28-29.
Yo fui forzado a renunciar; pero asegurado ahora con plena confianza en la magnanimidad y el
genio del grande hombre que siempre ha mostrado ser amigo mío, yo he tomado la resolución de
conformarme con todo lo que este mismo grande hombre quiera disponer de nosotros y de mi suerte, la de
la Reina y la del Príncipe de la Paz.
Dirijo a V. M. I. una protesta contra los sucesos de Aranjuez y contra mi abdicación. Me entrego y
enteramente confío en el corazón y amistad de V. M. con lo cual ruego a Dios que os conserve en su santa
y digna guardia. De V. M. I y R. su muy afecto hermano y amigo. Carlos.
“Mi venerado padre y señor: Para dar a Vuestra Majestad una prueba de mi amor, de mi obediencia
y de mi sumisión, y para acceder a los deseos que Vuestra Majestad me ha manifestado reiteradas veces,
renuncio mi corona en favor de Vuestra Majestad, deseando que Vuestra Majestad pueda gozarla por
muchos años. Recomiendo a Vuestra Majestad las personas que me han servido desde el 19 de marzo.”
Carlos IV a Napoleón:
“Su Majestad el rey Carlos, que no ha tenido en toda su vida otra mira que la felicidad de sus
vasallos, constante en la idea de que todos los actos de un soberano deben únicamente dirigirse a este fin
[...] ha resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus derechos al trono de España y de las Indias a
Su Majestad el emperador Napoleón, como el único que, en el estado a que han llegado las cosas, puede
restablecer el orden; entendiéndose que dicha cesión sólo ha de tener efecto para hacer gozar a sus
vasallos de las condiciones siguientes: 1.º La integridad del reino será mantenida: el príncipe que el
emperador Napoleón juzgue debe colocar en el trono de España será independiente y los límites de la
España no sufrirán alteración alguna. 2.º La religión católica, apostólica y romana será la única en España.
No se tolerará en su territorio religión alguna reformada y mucho menos infiel, según el uso establecido
actualmente.”
Art. 1. La religión Católica, Apostólica Romana, en España y en todas las posesiones españolas,
será la religión del Rey y de la Nación, y no se permitirá ninguna otra.
Art. 2. La Corona de las Españas y de las Indias será hereditaria en nuestra descendencia natural,
directa y legítima de varón en varón, por orden de primogenitura y con exclusión perpetua de las hembras.
En defecto de la descendencia masculina, natural y legítima, la Corona de España y de las Indias volverá
a nuestro muy caro y amado hermano Napoleón.
Art. 36. El presidente del Senado será nombrado por el Rey, y elegido entre los senadores. Sus
funciones durarán un año.
Art. 61. Habrá cortes o Juntas de la Nación, compuestas de 172 individuos, divididos en tres
Estamentos a saber: El Estamento del clero. El de la nobleza. El del pueblo.
Art. 72. Para ser diputado por las provincias o por las ciudades se necesita ser propietario de
bienes raíces.
Art. 87. Los reinos y provincias españolas de América y Asia gozarán de los mismos derechos que
la metrópoli.
Art. 96. Las Españas y las Indias se gobernarán por un solo Código de leyes civiles y criminales.
Art. 116. Las aduanas interiores de partido a partido y de provincia a provincia quedan suprimidas
en España e Indias.
Art. 126. La casa de todo habitante en el territorio de España y de Indias es un asilo inviolable [...].
Art. 140. Los servicios y talentos serán los únicos que proporcionen los ascensos.
Art. 145. Dos años después de haberse ejecutado enteramente esta Constitución, se restablecerá
la libertad de imprenta.
Por tanto, en nombre de nuestro rey Fernando VII, y de toda la nación española, declaramos la
guerra por tierra y por mar al emperador Napoleón I y a Francia mientras esté bajo su dominación y yugo
tirano, y mandamos a todos los españoles obren con ellos hostilmente (...); y declaramos que hemos abierto
franca y libre comunicación con Inglaterra, y que tenemos armisticio con ella, que esperamos concluirá con
una paz duradera y estable.
Art. II. Serán arcabuceados todos cuantos durante la rebelión han sido presos con las armas.
Art. III. La Junta de Gobierno va a mandar desarmar a los vecinos de Madrid. Todos los moradores
de la corte, que pasado el tiempo prescrito para la ejecución de esta resolución, anden con armas, o las
conserven en su casa sin licencia especial, serán arcabuceados.
Art. IV. Todo corrillo que pase de ocho personas, se reputará reunión de sediciosos, y se disparará
a fusilazos.
Art. V. Toda villa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada.
Art. VII. Los autores de libelos impresos o manuscritos que provoquen a la sedición, los que los
distribuyeren o vendieren, se reputarán agentes de la Inglaterra, y como tales serán pasados por las armas.
No convino que queden reunidos el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, declaran las Cortes
generales y extraordinarias que se reservan el ejercicio del poder legislativo en toda su extensión [...] El
Consejo de Regencia reconocerá la soberanía nacional de las Cortes y jurará obediencia a las leyes y
decretos que de ellas emanaren [...].
I. Desde ahora quedan incorporados á la nación todos los señoríos jurisdiccionales de cualquiera
clase y condición que sean. […]
IV. Quedan abolidos los dictados de vasallo y vasallaje, y las prestaciones así reales como
personales que deban su origen a título jurisdiccional [...]
V. Los señoríos territoriales y solariegos quedan desde ahora en la clase de los demás derechos
de propiedad particular, si no son de aquellos que por su naturaleza deban incorporarse á la nación, ó de
los en que no se hayan cumplido las condiciones con que se concedieron, lo que resultará de los títulos de
adquisición.
XIV. En adelante nadie podrá llamarse señor de vasallos, ejercer jurisdicción, nombrar jueces, ni
usar de los privilegios y derechos comprendidos en este decreto; y el que lo hiciere perderá el derecho al
reintegro en los casos que quedan indicados.
Art. 1º. La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.
Art. 2º. La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna
persona o familia.
Art. 3º. La soberanía reside esencialmente en la Nación, y, por lo mismo, pertenece a esta
exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales.
Art. 4º. La Nación está obligada a conservar y proteger las leyes sabias y justas, la libertad civil,
la propiedad y los demás derechos legítimos de todos los individuos que la componen. [ ... ]
Art. 8º. También está obligado todo español, sin distinción alguna, a contribuir en proporción a sus
haberes para los �as tos del Estado. [ ... ]
Art. 12º. La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, única
y verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra.
Art. 13º. El objeto del Gobierno es la felicidad de la Nación, puesto que el fin último de toda
sociedad política no es otro que el bienestar de los individuos que la componen.
Art. 15º. La potestad de hacer las leyes reside en las Cortes con el rey.
Art. 17º. La potestad de aplicar las leyes en causas civiles y criminales reside en los tribunales
establecidos por la ley.
El (remedio) que debemos pedir, trasladando al papel nuestros votos y el de nuestras provincias, es con
arreglo a las leyes, fueros, uso y costumbres de España. Ojalá no hubiese materia harto cumplida para que
V.M. repita al Reino el Decreto que dictó en Bayona (ordenando la convocatoria de Cortes), y manifieste
(según la indicada ley de Partida) la necesidad de remediar lo actuado en Cádiz, que a este fin se proceda
a celebrar Cortes con la solemnidad y en la forma que se celebraron las antiguas; que entre tanto se
mantenga ilesa la Constitución española observada por tantos siglos, y las leyes y fueros que a su virtud
se acordaron; que se suspendan los efectos de la Constitución y Decretos dictados en Cádiz, y que las
nuevas Cortes tomen en consideración su nulidad, su injusticia y sus inconvenientes [...].
Manifiesto llamado “de los Persas” presentado al rey Fernando VII por sesenta y nueve diputados de las Cortes (12 de abril de
1814).
[...] quedó todo a disposición de las Cortes, las cuales en el mismo día de su instalación (24 de
septiembre de 1810) y por principio de sus actos, me despojaron de la soberanía poco antes reconocida
por los mismos diputados, atribuyéndola a la Nación para apropiársela así ellos mismos, y dar a ésta,
después de tal usurpación, las leyes que quisieron [...]
[...] declaro, que mi real ánimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constitución, ni a Decreto
alguno de las Cortes generales y extraordinarias y de las ordinarias actualmente abiertas: a saber, los que
sean depresivos de los derechos y prerrogativas de mi real soberanía establecidas por la Constitución y las
leyes en que de largo tiempo la Nación ha vivido, sino el de declarar aquella Constitución y aquellos
Decretos nulos y de ningún valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jamás
tales actos [...]
Declaración del rey Fernando VII leída ante las autoridades del Reino, convocadas para ello, sobre la sucesión de la Corona (31
de diciembre de 1832)