0% encontró este documento útil (0 votos)
73 vistas1 página

Texto

El pajarito azul se sentía infeliz a pesar de las ventajas de ser un ave, porque su sueño era aprender a nadar. Pasaba horas observando a los delfines nadar y deseaba haber nacido pez para poder cambiar sus alas por aletas. Esto lo deprimió tanto que dejó de comer y perdió fuerzas, preocupando a su madre. Mientras lloraba por sentirse incomprendido, una gaviota se ofreció a escuchar su problema.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
73 vistas1 página

Texto

El pajarito azul se sentía infeliz a pesar de las ventajas de ser un ave, porque su sueño era aprender a nadar. Pasaba horas observando a los delfines nadar y deseaba haber nacido pez para poder cambiar sus alas por aletas. Esto lo deprimió tanto que dejó de comer y perdió fuerzas, preocupando a su madre. Mientras lloraba por sentirse incomprendido, una gaviota se ofreció a escuchar su problema.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Además de esas impresionantes vistas, el pajarito azul disfrutaba de las ventajas de ser ave.

La
mayor de todas era que podía ensayar un montón de acrobacias en el aire, pero también hacer
cosas muy chulas como atrapar bichitos al vuelo o, en los meses de verano, revolotear entre
las esponjosas y húmedas nubes para quitarse el calor y volver fresquito al nido.

Curiosamente, aunque su vida parecía envidiable, el pajarito azul no se sentía plenamente


feliz. Él tenía un sueño, y ese sueño, como suele suceder, tenía que ver con algo inalcanzable
para él. Lo que más anhelaba, lo que más deseaba en el mundo el pajarito azul, era aprender a
nadar. Por esta razón, mientras sus amigos disfrutaban picoteando cerezas o haciendo carreras
en las praderas cercanas, él se pasaba horas viendo las cabriolas que a lo lejos, hacían los
delfines.

Completamente pasmado, se repetía una y otra vez:

‘¡Cuánto me gustaría haber nacido pez!… Si pudiera cambiar mis alas por aletas no
me lo pensaría dos veces.’

Tanto se obsesionó con la idea que llegó un momento en que perdió interés por todo lo que le
rodeaba. El pajarito azul dejó de comer y poco a poco se fue quedando  pálido, flacucho, sin
fuerzas. Su madre,  preocupadísima,  le advirtió:

Hijo mío, no puedes seguir así. Deberías estar pasándotelo bien con tu pandilla y
no todo el día metido en casa sin hacer otra cosa que mirar el mar. Tú eres un
pequeño pájaro y nunca podrás nadar. ¿Es que no te das cuenta?… ¡Anda, ve a dar
una vuelta que hace un día espléndido!

Aunque estas palabras tenían la intención de animarlo no sirvieron de mucho; al contrario, el


joven pajarillo se sintió todavía más deprimido y, en cuanto su mamá se alejó, se puso a llorar
amargamente sintiendo que nadie en el mundo le comprendía.

En eso estaba cuando una gaviota de pecho blanco que pasaba por allí se posó a su lado y le
dio unas palmaditas en el lomo con una de sus robustas patas amarillas.

¿Se puede saber qué te pasa, pequeñajo? Por tu tristeza deduzco que estás metido
en un problema bien gordo.

El pajarito azul la miró de reojo un poco avergonzado.

No sé si es un problema, pero lo cierto es que me siento fatal.

La gaviota se sentó, dispuesta a escuchar la historia.

No tengo nada mejor que hacer así que soy toda oídos. Si compartes conmigo eso
que tanto te agobia quizás pueda ayudarte.

El pajarito seguía sin apartar los ojillos encharcados en lágrimas del infinito mar azul. Por fin,
fue capaz de soltar todo lo que llevaba dentro.

También podría gustarte