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Texto, Contexto y Discurso

1) Umberto Eco fue un filósofo y semiólogo italiano que se posicionó como uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. 2) Defendió que la semiótica debe ser dinámica para estudiar los procesos sociales significativos en constante cambio. 3) Introdujo conceptos como el texto incompleto que requiere la cooperación del lector, el contexto y cotexto necesarios para la interpretación, y las circunstancias que enmarcan los enunciados.

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Texto, Contexto y Discurso

1) Umberto Eco fue un filósofo y semiólogo italiano que se posicionó como uno de los pensadores más influyentes del siglo XX. 2) Defendió que la semiótica debe ser dinámica para estudiar los procesos sociales significativos en constante cambio. 3) Introdujo conceptos como el texto incompleto que requiere la cooperación del lector, el contexto y cotexto necesarios para la interpretación, y las circunstancias que enmarcan los enunciados.

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Italia, filosofo y profesor de

Texto, contexto y discurso comunicación


Fundador Asoc Internacional de
Texto y su dimensión pragmática. Umberto Eco Semiología
En la década de los setenta, la semiótica del texto y sus teorías textuales de "segunda
generación” tuvieron un gran desarrollo. Por su parte, Eco se terminó posicionando
como uno de los pensadores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.
Considera la semiotica como una practica continua
“El sistema semiótico que cambia, el análisis semiótico que transforma al sistema que expresa y
considera a los signos como una fuerza social, permiten entender que la semiótica no sólo es una teoría”
La semiótica, al ser un campo determinante para el estudio de los procesos significativos sociales, adquiere la
necesidad de ser dinámica, ya que dichos procesos también lo son.

El texto
“El texto es un artificio sintáctico - semántico - pragmático cuya interpretación está prevista en su propio proyecto
generativo”
“Una cadena de artificios expresivos que el destinatario debe actualizar, pues el texto siempre está incompleto, está
plagado de elementos no dichos”
-UMBERTO ECO
El lector debe llenar o completar una serie de espacios en blanco para poder
actualizar dicho texto.
Se lee también el guiño del ojo, el ceño fruncido y todos los aspectos de un
rostro que se constituyen en la base material de las significaciones no verbales
para la comunicación entre las personas.
no hay algo así como una comunicación exclusivamente lingüística, sino
que hay una actividad semiótica en la que varios sistemas de signos se
superponen y complementan entre sí.

La naturaleza significante del texto plantea la necesidad de una


cooperación interpretativa que articule lectura y significación.
La naturaleza significante del texto y la obvia apertura de los signos que lo
integran, planteó la necesidad de encontrar una “cooperación interpretativa”
que articule lectura y significación.

Lector in fábula, publicada en 1979, Eco comenzó a reivindicar el papel del lector en los textos
literarios y en los discursos. Asumiendo esa intención que anima a las teorías textuales de
segunda generación, el autor va más allá y también propone un concepto de “lector” como una
construcción semiótica derivada del propio texto.
la idea se basa en una cooperación constante que se establece entre lector y texto.

Contexto
Eco define al contexto como la posibilidad abstracta, registrada por el código, de que determinado término
aparezca en conexión con otros términos pertenecientes al mismo sistema semiótico
una expresión como “dámelo” mediante un mero análisis gramatical de /dar/, /me/ y
/lo/, porque dicha expresión adquiere significados distintos de acuerdo con las distintas
situaciones de enunciación.
el contexto como concepto pertenece a las perspectivas de segunda generación, donde el texto, y su relación con
un análisis pragmático, construye sus significados.
En Lector in fabula (1993), Umberto Eco reconstruye y aborda desde una óptica novedosa el problema de la
relación entre el texto y el lector. A partir de los principios semióticos planteados, este autor muestra cómo
pueden cooperar el texto y el lector en las narraciones y desarrolla un modelo de cooperación interpretativa para
los textos narrativos, esto es, una semiótica textual narrativa
Eso que podría denominarse libertad o iniciativa interpretativa no consiste en un
movimiento que va del texto hacia el infinito, sino en un volverse hacia el texto, hacia sus
intersticios, en pos del descubrimiento de sus enunciados más implícitos
Distintas concepciones. Del texto cerrado a la circulación discursiva
La semiótica ha transitado por distintas concepciones en sus objetos de estudio (signos,
textos o discursos narrativos). Esta distinción no es cronológica, es decir, no está
estipulada con base en el tiempo.
Ambas teorías /primera y segunda generacion/admiten que la interpretación de un texto depende de ciertos
factores pragmáticos y que no cabe abordar un texto a partir de una gramática de la oración que funcione sobre
bases sintácticas únicamente.
la segunda generación plantea que:
Un hablante normal tiene la posibilidad de inferir, a partir de la expresión
aislada, su posible contexto lingüístico y sus posibles circunstancias de
enunciación. El contexto y la circunstancia son indispensables para poder
conferir a la expresión su significado pleno y completo.
Estas reconocen que, para comprender un texto, se necesitan reglas distintas de las que postula la gramática.
Así, el texto, que antes era concebido por la semiótica de primera generación como invariable (más allá de las lecturas
o interpretaciones que sobre él se hicieran), pasa, a partir de las teorías de segunda generación, a ser
conceptualizado como fundamentalmente incompleto, plagado de elementos “no dichos”, “no manifiestos” en la
superficie, en el plano de la expresión.
los textos son el lugar donde se cruzan dos estrategias: la del autor y la del lector.
el texto pasa de concebirse como algo cerrado a ser concebido como una
“instrucción”. Los términos y las estructuras textuales son consideradas como
opciones que contienen instrucciones para su interpretación. Esta concepción
permite la formalización del contenido a partir de los propios términos del texto.
Desde la semiótica del texto -narrativo- que Umberto Eco desarrolla en Lector in fabula, se entiende que el texto no
sólo postula al destinatario como condición indispensable para lograr su naturaleza comunicativa y su potencialidad
significativa, sino que se entiende que un texto se emite para que alguien lo actualice. La cooperación del receptor es
la condición de su actualización en la medida que sus competencias coinciden más o menos con las del emisor.

Las producciones textuales son parte del campo semiótico y que construyen
significados a partir de las relaciones que pueden establecer con sus
destinatarios.
es importante comprender que cada producción de sentido siempre estará inmersa
en campos superiores del orden de lo social y lo cultural. Por este motivo, aparece la
necesidad de comprender no solo las producciones en sí mismas, sino en su modo
de articulación con los contextos.

Cooperacion textual
Selecciones circunstanciales
Según Umberto Eco (1993), las selecciones circunstanciales representan la posibilidad abstracta de que un término
aparezca en conexión con ciertas circunstancias de enunciación (Eco, 1993, p. 28). Es decir, la posibilidad de que un
discurso pueda ser enunciado se vincula a las condiciones dadas por el contexto; por ejemplo, durante una guerra, en
una conversación cotidiana, en un viaje, en un juzgado, en una entrega de premios, en un equipo de trabajo, en una
oficina, etc.
En el caso de los textos narrativos, las selecciones circunstanciales (en la medida que
sean expresadas verbalmente) quedan incluidas en el plano del contexto.

Cualquier persona inserta en una cultura determinada puede comprender intuitivamente cómo una
misma expresión puede ser enunciada en un sentido u otro. O, dicho de otro modo:
Un hablante normal tiene la posibilidad de inferir, a partir de la expresión aislada, su posible contexto lingüístico y
sus posibles circunstancias de enunciación. El contexto y la circunstancia son indispensables para poder conferir a la
expresión su significado pleno y completo.
Una multiplicidad de elementos culturales y sociales que atraviesan la producción del
sentido. Reconociendo que los lectores gozan de un privilegio y una libertad para
completar esos sentidos.
Cotexto
Una selección contextual registra los casos generales en que determinado término podría aparecer en
concomitancia (y, por consiguiente, coaparecer) con otros términos pertenecientes al mismo sistema semiótico
(Eco, 1993, p. 28). Cuando el término coaparece concretamente con otros términos (vale decir, cuando la
selección contextual se actualiza), tenemos precisamente un cotexto. Las selecciones contextuales prevén
posibles contextos: cuando estos se realizan, se actualizan en un cotexto determinado
Para Eco, todo enunciado, aunque se encuentre actualizado semánticamente
en todas sus posibilidades de significación, requiere siempre un cotexto.
Una teoría textual necesita un conjunto de reglas pragmáticas que establezcan cómo y en qué condiciones el destinatario
se encuentra cotextualmente autorizado a colaborar en la actualización.
toda ficción va construir su cotexto para que las historias sean comprendidas y de esta
manera situar y guiar al lector.
Circunstancias de enunciación
Eco desarrolla parte de su teoría vinculada al texto partiendo de estos mismos
conceptos: encontramos un emisor (autor del texto), un mensaje (el texto) y un
receptor (el lector). Si bien este circuito se presenta linealmente en la teoría, en
realidad está atravesado por contextos sociales y culturales que completan y
multiplican las producciones de sentido.
Es precisamente ante un texto escrito (donde el emisor no está físicamente presente, sino que
está connotado por todas las propiedades decodificables a partir de sistemas semióticos
extralingüísticos) cuando el juego cooperativo sobre el sujeto de la enunciación (su origen,
su naturaleza, sus intenciones, etc.) se vuelve más azaroso.

El concepto de cooperación textual


La actualización de las intenciones que el enunciado contiene virtualmente (p. 40).
La cooperación textual es un fenómeno que se realiza entre dos estrategias discursivas puestas a actuar una
con otra y no entre dos sujetos individuales.
Se refiere a la capacidad de vincular estrategias para hacer el texto lo menos polisémico posible y de alguna
manera lograr el acto comunicativo. Ese concepto se refiere a mecanismos que operan dentro del texto para
lograr la mayor coherencia y cohesión posible entre la intención del autor y la interpretación del lector. El autor
y el lector modelos (tema de la próxima lectura) son estrategias textuales. El autor imagina a su lector ideal y
viceversa. De esta manera, el texto se construye a partir de una visión clara con respecto de para quién se
escribe (lector modelo). En estas estrategias textuales, se pone en juego la cooperación.
El texto, tal como se manifiesta en su superficie lingüística, representa una cadena de
artificios expresivos que el destinatario debe ponerse a actualizar. El texto siempre postula la
cooperación del lector como condición de su actualización. Al hablar de actualización, Eco
se refiere a aquellos procesos que se dan por parte del lector a la hora de interpretar el texto y
las posibles actualizaciones que se dan a partir de los contextos de lectura.
La lectura pasa, entonces, de ser concebida como un acto que parte del texto y se dispara
hacia territorios y conexiones insospechadas, a ser pensada como una actividad que no
puede dejar de realizarse “con” y “junto” al texto (Eco, 1993, p. 40). Eco alude al
concepto de “cooperación”, remitiendo implícitamente a un “principio cooperativo” que
constituye la base de la relación comunicativa que se establece entre cualquier par de
interlocutores. Y lo hace, concretamente, afirmando que la cooperación textual implica la
“actualización de las intenciones que el enunciado contiene virtualmente”
La cooperación interpretativa
Desde la semiótica del texto -narrativo- que Umberto Eco desarrolla en Lector in fabula, el texto no sólo postula
al destinatario como condición indispensable por su naturaleza comunicativa y su potencialidad significativa. Un
texto se emite para que alguien lo actualice y la cooperación de este destinatario es la condición de su
actualización, dado que sus competencias pueden coincidir o no con las del emisor (Eco, 1993, p. 43). Pero
además, el texto es concebido como un producto cuya suerte interpretativa debe formar parte de su propio
mecanismo generativo: generar un texto significa aplicar una estrategia que incluye las previsiones de los
movimientos del otro
"Un texto no sólo se apoya sobre una competencia: contribuye a producirla;
esto es: la cooperación textual como una actividad promovida por el texto"
Eco reconoce dos modalidades básicas de cooperación del lector para con el texto: una
interpretación a la que denomina “semiótica” (resultado del proceso por el cual el
destinatario, ante la manifestación lineal del texto, la llena de significado); y otra a la que
denomina “crítica”, que intenta explicar por qué razones estructurales el texto puede
producir esas (u otras) interpretaciones semánticas y que consistiría en una especie de
interpretación “meta” (de segundo nivel).
Entendemos la necesidad de una visión de lector o receptor como sujetos activos que forman parte de la cadena
semiótica de significación. En su concepto de cooperación textual, Eco propone la necesidad de articular la figura
del autor y del lector para que se completen los significados de la obra. Si bien Eco se focaliza en las producciones
narrativas literarias, esto lo podemos pensar en todas aquellas producciones de sentido como las publicidades y los
diseños tanto de marca como de indumentaria que de alguna manera completan su sentido en una relación de
cooperación entre quien la produce y quien la consume.
Lector modelo y lector real
el texto es considerado como un "artificio": una máquina semántico-pragmática que
requiere inevitablemente de la participación del lector para construir el sentido. Las
relaciones autor-texto-lector son consideradas como espacios de juegos
interpretativos, pero siempre sobre la base de por lo menos una historia fundamental
que debe ser, finalmente, reconocida a pesar de todas las tramas o intrigas tejidas por el
narrador.
se definen dos estrategias discursivas o textuales: un autor modelo y un lector
modelo. En este sentido todo está dado en el interior del texto y le toca al
lector aceptar el juego, el riesgo o el placer de internarse en el bosque
narrativo con la finalidad de poder finalmente capturar el sentido.
Abducción: El texto es, por un lado, una red de indicios y de señales cuyas
tramas deben ser destejidas y reordenadas por el lector confabulado a la
manera de un "detective". Por otro lado, un texto es también un espacio donde
se juega necesariamente a las anticipaciones y los retardos espacio-temporales.

La función del lector requiere ciertos movimientos cooperativos, activos y


conscientes.

Para organizar su estrategia textual, el autor debe referirse a una serie de


competencias y debe prever un lector modelo. Los medios que utiliza son la
elección de la lengua, la elección de un tipo de enciclopedia, la elección de un
determinado patrimonio léxico y estilístico (como ser la restricción del campo
gráfico) y la elección de marcas distintivas que seleccionan a la audiencia
Autor modelo y autor real
Cuando el lector empírico (lector real que hace la lectura) se enfrenta a un texto,
debe fabricarse una hipótesis de autor, deduciéndola de los datos de la estrategia
textual. Esa hipótesis constituye al autor modelo que se entenderá como un tipo
de estrategia textual. Y, a su vez, el autor modelo difiere de la figura del autor real.

Eco considera que una forma de cooperación en la interpretación del


texto escrito es aplicar una estrategia que incluya las previsiones de los
movimientos del otro como parte del propio mecanismo generativo
del sentido
un “lector modelo” construido durante el acto de enunciación,
procurando un acercamiento entre la instancia generativa y la
instancia interpretativa para que no existan grandes distancias entre
lo que un texto quiere decir y lo que se entiende de él (entre lo que el
autor del texto pretender decir y lo que realmente se le adjudica
como mensaje). En este sentido, un texto no sólo se apoya en una
competencia, sino que también contribuye a crearla en el lector (que
asume el rol de destinatario).
El lector modelo y el autor modelo salen del propio texto: son instancias
surgidas del momento de producción de la obra. El proceso se completa
con la lectura, con la llegada del lector real que le da entidad a la
literatura, que toma ese texto y le pone su propia impronta o su personal
sistema de significados. Es necesario insistir en que la cooperación
textual que estamos definiendo ocurre entre dos instancias discursivas y
no entre sujetos empíricos.
Competencias del receptor
En todo acto comunicativo, los autores o emisores ponen en juego
ciertos recursos lingüísticos, extralingüísticos y sociales para lograr
que el mensaje sea claro y realmente esté cargado del sentido que se
le quiere dar. Haciendo referencia a las teorías de la recepción, nos
encontramos con que todo mensaje siempre será completado en la
recepción. Por lo que, es necesario hablar de las competencias del
receptor, es decir, del conocimiento acumulado por nuestro
destinatario.
Para organizar su estrategia textual, un autor debe referirse a una serie de competencias
(expresión más amplia que "conocimiento de los códigos") capaces de dar contenido a las
expresiones que utiliza. Debe suponer que el conjunto de competencias a que se refiere es el
mismo al que se refiere su lector.
Eco plantea como hipótesis reguladora que el modelo de
“enciclopedia” es el único modelo capaz de expresar la complejidad de
la semiosis en el plano teórico.
El modelo enciclopédico es un postulado semiótico: es el conjunto
registrado de todas las interpretaciones, concebible objetivamente como la
biblioteca de las bibliotecas. Por una lado, la actividad textual transforma
con el tiempo la enciclopedia misma y, por otro, la enciclopedia, como
sistema objetivo de interpretaciones, es poseída de diferentes maneras por
sus distintos usuarios (Eco, 1993, p. 65). Así, en el proceso de semiosis
ilimitada, los significados se ligan en unidades culturales interrelacionadas
unas con otras.
El tipo de representación enciclopédica puede integrarse
mediante elementos de hipercodificación a través del registro de
cuadros comunes e intertextuales.

La percepción estética que se aplica al leer un texto es la primera que


llega: se trata del vínculo inicial entre el texto y el lector. El papel de
este último debe actualizar una cadena de artificios expresivos.
Uso e interpretación de los textos
Eco propone dos modelos de tipos textuales básicos que son: el "kit" y el "mecano". El kit, cuyo
modelo es el rompecabezas, hará trabajar al usuario sólo para producir un único tipo de
producto final. El mecano, cuyo modelo es la caja de lápices, permite construir a voluntad una
multiplicidad de formas
Lugar del interpretante
Umberto Eco realiza un claro acercamiento y reivindicación de la teoría triádica de
Charles Sanders Peirce. En la estructura triádica de Peirce, tenemos tres elementos que se
articulan entre sí: el signo o representamen, el objeto al que representa y el interpretante
(que se inclina a identificarse con el significado o la referencia).

Eco privilegia, en complicidad con la semiótica peirceana, el


modelo abductivo en oposición al modelo inductivo y al deductivo.
Frente a la deducción y la inducción, la abducción reconoce un
camino incierto y sugiere una hipótesis: lo que puede ser.

La inferencia en el modo abductivo es alentada desde el texto: al


concebirse las opciones como instrucciones, el lector habrá de ir
tomando las decisiones interpretativas finales en permanente
correlación con el lector modelo que representa las previsiones
que hace el texto al respecto.

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