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Criterios DSM4

1) La conceptualización de los trastornos del espectro autista ha evolucionado desde que se consideraba una forma de esquizofrenia hasta la actualidad donde se concibe como una condición neurodiversa. 2) El término autismo fue acuñado en 1911 pero no fue hasta 1943 que Kanner estudió pacientes con síntomas severos de alteraciones sociales, conductas repetitivas e inflexibilidad. 3) La conceptualización ha cambiado a través de las sucesivas versiones del DSM, considerándose actualmente como un trastorno del espectro autista con
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Criterios DSM4

1) La conceptualización de los trastornos del espectro autista ha evolucionado desde que se consideraba una forma de esquizofrenia hasta la actualidad donde se concibe como una condición neurodiversa. 2) El término autismo fue acuñado en 1911 pero no fue hasta 1943 que Kanner estudió pacientes con síntomas severos de alteraciones sociales, conductas repetitivas e inflexibilidad. 3) La conceptualización ha cambiado a través de las sucesivas versiones del DSM, considerándose actualmente como un trastorno del espectro autista con
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EVOLUCIÓN DE LA CONCEPTUALIZACIÓN

DE LOS TRASTORNOS DEL ESPECTRO


AUTISTA (TEA)

UNIDAD 1

EDUCREA / TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA: ELIMINANDO BARRERAS EN EL AULA 1


IMPORTANTE

En el presente documento, se utiliza de manera inclusiva


términos como “el docente”, “el estudiante”, “el profesor”, “el niño”,
y sus respectivos plurales para referirse a hombres y mujeres.

Como institución asumimos esta opción dado que no existe


acuerdo universal respecto a cómo referirse a ambos géneros en el
idioma español, excepto usando “o/a”, “los/las” y otros recursos
semejantes, y entendiendo que su uso en un texto escrito conlleva
una saturación gráfica que puede interferir en la comprensión de la
lectura.

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UNIDAD 1:
NUEVA MIRADA AL AUTISMO

EVOLUCIÓN DE LA CONCEPTUALIZACIÓN DE LOS TRASTORNOS DEL


ESPECTRO AUTISTA (TEA)

El conocimiento existente en la actualidad respecto del TEA y sus criterios diagnósticos, responde
a un largo proceso de investigación e intervención que ha sido realizado a través del tiempo. Todos
estos procesos y sus aportes han estado siempre centrados en la necesidad de determinar con mayor
precisión y confiabilidad aquellas características y necesidades determinadas por este tipo de trastorno.
Se ha intentado dar respuesta a las posibles causas que originan su aparición, pasando desde el
diagnóstico clínico que lo ha catalogado como una “enfermedad”, llegando actualmente hasta la
consideración de que más bien corresponde a una condición de vida que permanecerá en la persona,
independientemente de su género, condición física, racial o económica o, como lo indica Thomas
Armstrong (2012), más bien correspondería a la demostración de la capacidad que poseen los cerebros
humanos de mostrarse desde una perspectiva neurodiversa. A partir de lo anterior, sería necesario
concebirlo asumiendo las enormes diferencias que podrían apreciarse entre uno y otro, sobre todo en
aspectos relacionados con aprendizaje, sociabilidad, estado de ánimo, atención y otras importantes
funciones cerebrales.

Si bien el término Autismo es bastante antiguo, los primeros indicios documentados se pueden
apreciar en la literatura médica a partir de año 1911, momento en que el psiquiatra suizo Eugen Bleuler
publicó un artículo en el American Journal of Insanity. Bleuler utilizó por primera vez el término “autista
y pensamiento autista” para hacer referencia a conductas de aislamiento social y emocional en un
paciente esquizofrénico.

Treinta años después, Leo Kanner, de profesión psiquiatra infantil, consideró los planteamientos
de Bleuler, y en 1943 realizó estudios en pacientes con síntomas severos, observando características
en diversas áreas del desarrollo asociadas a la socialización, conductas repetitivas, inflexibilidad, además
alteraciones a nivel de la comunicación en su uso funcional y la ausencia de lenguaje verbal. Kanner

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junto a Bettleheim, consideraron que las características de estos niños eran provocadas por la falta de
afecto de sus madres, ya que observaron en asilos y orfanatos varios de los signos mencionados
anteriormente.

Años más tarde en 1952, emerge el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM
I), que corresponde a un manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales publicado por la
Asociación Americana de Psiquiatría (American Psychiatric Association, APA). En este documento se
incluyeron descripciones, síntomas y otros criterios para diagnosticar trastornos mentales, sirviendo
como referente a nivel internacional. Entre los posibles diagnósticos se consideró al autismo como una
forma de esquizofrenia, aunque fue identificado como “reacción esquizofrénica tipo infantil”, siguiendo
la línea propuesta por Kanner.

En 1968, el DSM en su segunda versión realiza una nueva conceptualización del Autismo
denominándolo “esquizofrenia de tipo infantil”, categorizando los síntomas esquizofrénicos antes de la
pubertad. Este diagnóstico consideraba comportamientos autistas y atípicos, con imposibilidad de
desarrollar identidad separados de sus figuras maternales, además de inmadurez y alteraciones en el
desarrollo, los cuales pueden provocar retraso mental.

En el año 1944 el conocido pediatra austriaco Hans Asperger, determinó el alto funcionamiento
de algunas personas consideradas como “discapacitadas”, ya que presentaban ciertos rasgos autistas
relacionados a la socialización, el uso de un lenguaje pedante y conductas estereotipadas, pero
acompañadas de un alto nivel intelectual. Durante el gobierno Nacional Socialista, en Alemania,
Asperger utilizó sus investigaciones para proteger a varias personas con estos rasgos, mencionando que
eran capaces de resolver y romper códigos en oficinas de espionaje. Durante la época, Asperger realizó
conferencias dando a conocer su pensamiento en relación con que “lo anormal no es inferior” e introdujo
el concepto de “Psicopatía Autista”

En 1978 Lorna Wing, psiquiatra británica, plantea la noción de continuo o espectro a través de
la Triada de Wing, determinando tres aspectos que se ven afectados en el autismo: dificultades de
socialización, comunicación e intereses restrictivos repetitivos.

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Dimensiones propuestas por el DSM IV-TR (2000)

En 1980, con la aparición de la tercera edición del DSM (DSM-III), se incorpora el autismo como
categoría diagnóstica específica. Se contemplaba como una entidad única, denominada "Autismo
infantil", además se incluye la expresión “Trastorno generalizado del desarrollo” (TGD) para describir
los trastornos caracterizados por alteraciones en el desarrollo de múltiples funciones psicológicas básicas
implicadas en las habilidades sociales y en el lenguaje, tales como la atención, la percepción, la
conciencia de la realidad y los movimientos motores. Dentro de los TGD, se diferencian tres tipos:

- Autismo infantil (con inicio antes de los 30 meses de vida)


- Trastorno generalizado del desarrollo (con inicio posterior a los 30 meses de vida)
- TGD atípico

Con esta nueva clasificación, se logró diferenciar definitivamente el autismo de los trastornos
psicóticos y, de hecho, la ausencia de síntomas psicóticos pasó a ser un criterio diagnóstico para el
autismo.

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El DSM III-R, aparecido en 1987, supuso una modificación radical, no solo de los criterios sino
también de la denominación. Se sustituyó autismo infantil por trastorno autista. Con ello el autismo
quedaba incorporado a la condición de "trastorno" (disorder), término que se usa en los manuales para
definir genéricamente los problemas mentales, marcando una distancia conceptual con la terminología
propia de los problemas médicos de etiología y fisiopatología conocida total o parcialmente. Si bien el
término "trastorno" es útil para marcar la singularidad de los problemas mentales tal como los contempla
el DSM, adolece de una falta de significado conceptual.

En la versión revisada del DSM del año 2000 (DSM-IV-TR), se seguía con la nomenclatura de
Trastornos Generalizados del Desarrollo, pero bajo la clasificación de trastorno autista, trastorno de
Asperger, trastorno desintegrativo infantil, trastorno de Rett y trastorno generalizado del desarrollo no
especificado.

Luego de los aportes del psicólogo español Ángel Riviere (1949-2000) que consideraba al autismo
como un continuo de diferentes dimensiones, se evidenció que existen tantos autismos como personas
con autismo. Y también gradientes, con puntos fuertes y otros débiles.

Con la publicación de la quinta edición del DSM (DSM V, APA, 2013) se plantea una única categoría,
la del Trastorno del Espectro Autista (TEA), aportando la posibilidad de realizar un diagnóstico antes de
los 36 meses de vida y un sistema para la identificación del trastorno en la población adulta. Establece
criterios cualitativos en relación a una diada, a diferencia de la triada de Wing, que contempla las
dificultades en relación a la comunicación social e intereses restrictivos repetitivos.

Como hemos planteado en los párrafos anteriores, se ha recorrido un largo camino en el proceso
de investigación para establecer una definición más precisa respecto del TEA. Toda esta
contextualización nos permite comprender la importancia actual de establecer parámetros claros que
colaboren en el diagnóstico de este tipo de trastorno; es por esta razón que a continuación se presenta
una profundización en el enfoque actual del TEA y sus principales características. Para dicho efecto, se
incorporan referencias y contenidos que forman parte de los documentos actualizados del DSM V (2014)
y el CIE2-11 (2018).

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1. NUEVA CONCEPTUALIZACIÓN DE LOS TRASTORNOS DEL ESPECTRO
AUTISTA (TEA)

De acuerdo con lo abordado en el apartado anterior, a lo largo de los años se han observado
importantes avances conceptuales en relación con el autismo, más aún si se tiene en cuenta que
formaba parte de las clasificaciones relacionadas con diagnósticos de esquizofrenia. Como ya se ha
dicho, estos avances se vieron afianzados y mejor definidos con la publicación del DSM III-R (1987) con
la separación oficial de conceptos, determinando el autismo como un “trastorno” (trastorno autista).
Dentro de esta descripción se identificaron cuatro criterios diagnósticos, a partir de los cuales se podría
identificar su presencia:

A: Alteración cualitativa en la interacción social recíproca.


B: Alteración cualitativa de la comunicación verbal y no verbal y juego imaginativo.
C: Claro repertorio restringido de intereses y actividades.
D: Inicio durante la primera infancia.

Posteriormente y con la publicación del DSM IV-TR (2000), se plantea que el autismo debería
ser entendido como la presencia de ciertas características de comportamiento que se manifiestan en un
amplio “espectro”. En este sentido, se debe entender que cuando se habla del Espectro Autista se
refiere a la amplia gama de individuos con trastornos similares que comparten áreas alteradas, por lo
tanto, aunque 2 niños sean diagnosticados con TEA, es muy posible que su grado de sintomatología y
severidad no sea necesariamente el mismo.

La consideración de “espectro” planteada en el DSM IV-TR (2000), surge a partir de los estudios
de Lorna Wing y Juditg Gould, quienes identificaron pacientes que encajaban en el patrón típico de
autismo propuesto por Kanner, pero que mostraban en menor o mayor medida estas características,
por lo que las conductas eran cualitativamente similares a las de los autistas “típicos”, pero
cuantitativamente diferentes. Por otra parte, existían otras “alteraciones” que no se presentaban en
todos los casos, como por ejemplo el “retraso mental”; es así como podían observarse sujetos con
características de trastorno autista en los cuales se presentaba el retraso mental y otros en los que no.

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Para el diagnóstico de los Trastornos del Espectro Autista, el DSM IV-TR establece una triada de
alteraciones cualitativas relacionadas con:

A. Interacción social
B. Comunicación y flexibilidad
C. Conductas restrictivas repetitivas

Sumado a lo anterior, este documento indica que los TEA deben ser considerados como
Trastornos del Desarrollo que se caracterizan por la presencia de un conjunto de síntomas definidos
desde la conducta en distintos grados, y que se clasifican como se muestra en la siguiente tabla:

Trastorno Trastorno de Trastorno Trastorno de Trastorno


Autista Rett Desintegrativo Asperger Generalizado del
(Leo Kanner, (Andreas Rett, Infantil (Hans Asperger, Desarrollo No
1943) 1966) (Theodor Heller, 1944) Especificado
1908)
Trastorno del Trastorno Trastorno profundo Trastorno que Trastorno que se
desarrollo con: neurológico dado en en el desarrollo, que presenta relaciona con:
• Retraso del niñas, que implica: presenta: características tales • Retraso del
lenguaje • Regresión en la • Pérdida del como: desarrollo con
• Movimientos motricidad lenguaje y • Buen características
estereotipados • Conductas alteraciones en funcionamiento del trastorno
• Alteraciones en estereotipadas la comunicación cognitivo autista
las relaciones principalmente e interacción • Desarrollo • Sus primeras
comunicación y con sus manos. social (ansiedad normal del manifestacio-
flexibilidad. • Se asocia a e inquietud). lenguaje nes se
• Prevalencia en discapacidad • Se muestran (excepto el presentan
hombres y intelectual y síntomas pragmático) después de
mujeres desde otros trastornos aproximadament • Dificultades en los 3 años.
los 18 meses a de tipo e desde los 3 o las relaciones
los 3 años. orgánicos. 4 años, en sociales.
• Incidencia entre donde se • Su prevalencia
los 6 y 18 comienzan a ver es antes de los
meses. deterioros en el 3 años,
desarrollo principalmente
normal de las en hombres.
personas.

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Años más tarde, y con la publicación del DSM V (2014), se consolida el concepto actual de
Autismo, modificando su denominación de “Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD)” a “Trastorno
del Espectro Autista (TEA)”. Esta conceptualización elimina el Trastorno de Rett de los posibles
diagnósticos de TEA, ya que estudios e investigaciones posteriores al DSM IV, lo consideraron como
una enfermedad genética y no como parte del espectro. Junto con esta decisión, se integraron al
espectro, los diagnósticos relacionados al trastorno desintegrativo infantil y el trastorno de Asperger.

Junto con la determinación de lo que se entenderá como parte del Espectro Autista, el DSM V
realizó una modificación en la presentación de los tres ejes o criterios fundamentales indicados en el
DSM IV-TR para s diagnóstico. En este nuevo manual, se presentan solo dos:

A: Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social.

B: Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento.

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Modificación de los criterios diagnósticos para los TEA

A partir de lo planteado por el DSM V (2014), se espera que la sociedad comprenda el Trastorno
del Espectro Autista, como un trastorno del neurodesarrollo que se caracteriza por una diada de
interacciones cualitativas relacionadas, en primer lugar, con el deterioro de la comunicación social
recíproca y la interacción social y, en segundo lugar, con dificultades en los patrones de conducta,
intereses restrictivos y repetitivos. Esta sintomatología aparece durante la primera infancia, variando
según su nivel de desarrollo, edad cronológica y gravedad, no explicándose por discapacidad intelectual.

Otra conceptualización importante, es la propuesta por el CIE-11 (2018), documento que


caracteriza el TEA bajo una presencia de déficits persistentes en la capacidad de iniciar o sostener la
interacción y comunicación social recíproca, y por mostrar patrones comportamentales e intereses
restringidos, repetitivos e inflexibles. Los déficits pueden impactar notablemente a nivel familiar, social,
educativo, ocupacional o en el funcionamiento del individuo. Además, destaca que en el espectro se
pueden encontrar diversos niveles en las capacidades del funcionamiento intelectual y del lenguaje.

Por su parte, la ASHA (American Speech-Language-Hearing Association) define el autismo como


una “discapacidad del desarrollo” que puede ser de leve a severa, mencionando algunas características
en niños como por ejemplo, los “problemas sociales, de la comunicación y del lenguaje. También tienen
patrones de comportamiento restringidos y repetitivos, intereses y actividades, tales como tirar cosas,
ecolalia, o tocar u oler excesivamente los objetos”.

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En resumen, si consideramos los documentos y organismos más actualizados relacionados con
el TEA (DSM V, ASHA, CIE-11), podremos identificar el establecimiento de una diada como parte
fundamental de la caracterización del TEA. Además, el CIE-11 sigue resaltando la noción de “espectro”,
ya que se pueden encontrar diferentes grados de alteraciones o severidad.

Cabe destacar que en Chile el Decreto Supremo N°170/2009, describe el TEA de la siguiente
manera:

El Trastorno Autista o Trastorno del Espectro Autista, consiste en una alteración


cualitativa de un conjunto de capacidades referidas a la interacción social, la
comunicación y la flexibilidad mental, que pueden variar en función de la etapa del
desarrollo, la edad y el nivel intelectual de la persona que lo presenta.

Es importante indicar que este decreto (que fija normas para determinar los estudiantes con
Necesidades Educativas Especiales), no considera los actuales criterios diagnósticos propuestos por el
DSM-V. Por su parte, ni el Ministerio de Educación ni el Ministerio de Salud han realizado actualizaciones
a sus lineamientos respecto de los criterios diagnósticos propuestos en los documentos internacionales
antes revisados.

1.1. CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DEL TEA

Para referirnos a los criterios diagnósticos y sus niveles de severidad, es importante tener en
cuenta que desde este momento se trabajará bajo la conceptualización actual establecida por el DSM-
V (2014). Este documento propone cinco criterios para diagnosticar el TEA y en ellos se considera la
diada de alteraciones como los fundamentales.

A continuación, se exponen los cinco criterios diagnósticos establecidos en el DSM V. Los dos
primeros hacen referencia a la diada de alteraciones y van acompañados de indicadores ilustrativos de
las conductas observables, aunque no exhaustivas.

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CRITERIOS DIAGNÓSTICOS DSM V
A: Deficiencias persistentes en la comunicación social y en la interacción social en diversos contextos,
manifestado por los siguientes aspectos, actualmente, o por los antecedentes.

1. Las deficiencias en la reciprocidad socioemocional varían, por ejemplo, desde un


acercamiento social anormal y fracaso de la conversación normal en ambos sentidos, pasando
por la disminución en intereses, emociones o afectos compartidos, hasta el fracaso en iniciar
o responder a interacciones sociales.
2. Las deficiencias en las conductas comunicativas no verbales utilizadas en la interacción
social, varían, por ejemplo, desde una comunicación verbal y no verbal poco integrada
pasando por anomalías del contacto visual y del lenguaje corporal o deficiencias de la
comprensión y el uso de gestos, hasta una falta total de expresión facial y de comunicación
no verbal.
3. Las deficiencias en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones, varían, por
ejemplo, desde dificultades para ajustar el comportamiento en diversos contextos sociales,
pasando por dificultades para compartir en diversos contextos sociales, dificultades para
compartir juegos imaginativos o para hacer amigos, hasta la ausencia de interés por otras
personas.

B: Patrones restrictivos y repetitivos de comportamiento, intereses o actividades, que se manifiestan


en dos o más de los siguientes puntos, actualmente o por los antecedentes

1. Movimientos, utilización de objetos o habla estereotipados o repetitivos (p. ej., estereotipias


motoras simples, alineación de los juguetes o cambio de lugar de los objetos, ecolalia, frases
idiosincrásicas).
2. Insistencia en la monotonía, excesiva inflexibilidad de rutinas y patrones ritualizados o de
comportamiento verbal o no verbal (p. ej., gran angustia frente a cambios pequeños,
dificultades con las transiciones, patrones de pensamiento rígidos, rituales de saludo,
necesidad de tomar el mismo camino o de comer los mismos alimentos cada día).
3. Intereses muy restringidos y fijos que son anormales en cuanto a su intensidad o foco de
interés (p. ej., fuerte apego o preocupación por objetos inusuales, intereses excesivamente
circunscritos o perseverantes).
4. Hiper- o hiporeactividad a los estímulos sensoriales o interés inhabitual por aspectos
sensoriales del entorno (p. ej., indiferencia aparente al dolor/temperatura, respuesta adversa
a sonidos o texturas específicos, olfateo o palpación excesiva de objetos, fascinación visual
por las luces o el movimiento).

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C: Los síntomas han de estar presentes en las primeras fases del periodo de desarrollo (pero pueden
no manifestarse totalmente hasta que la demanda social supera las capacidades limitadas, o pueden
estar enmascarados por estrategias aprendidas en fases posteriores de la vida).

D: Los síntomas causan un deterioro clínicamente significativo en lo social, laboral u otras áreas
importantes del funcionamiento habitual.

E: Estas alteraciones no se explican mejor por la discapacidad intelectual (trastorno del desarrollo
intelectual) o por el retraso global del desarrollo. La discapacidad intelectual y el trastorno del
espectro del autismo con frecuencia coinciden; para hacer diagnósticos de comorbilidades de un
trastorno del espectro del autismo y discapacidad intelectual, la comunicación social ha de estar por
debajo de lo previsto para el nivel general del desarrollo.

Si analizamos el contenido de estos criterios diagnósticos, podríamos concluir que una persona
presenta Trastorno del Espectro Autista si:

- Cumple con al menos 3 síntomas del dominio A (sociocomunicativo)


- Si cumple con 2 a 4 síntomas del dominio B (conductas repetitivas)
- Si estas características se presentan a temprana edad (criterio C), es decir antes de los 36 meses
- Si estas características afectan en su entorno cotidiano (criterio D y E)

Además del cumplimiento de los criterios diagnósticos es importante considerar si el TEA va


acompañado de otros trastornos. El DSM V considera relevante especificar:

1. Presencia o ausencia de déficit intelectual acompañante.


2. Con o sin deterioro del lenguaje acompañante.
3. Si está asociado a una afección médica o genética, o a un factor ambiental conocido.
4. Si está asociado a otro trastorno del desarrollo neurológico, mental o del
comportamiento.

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1.2 NIVELES DE SEVERIDAD DEL TEA

Actualmente, no existen datos objetivos que puedan servir como estadística o puntuaciones
válidas para medir una condición tan diversa como el TEA, sin embargo, el DSM-V, establece 3 niveles
de “severidad” que pueden servir como guía para determinar los grados de apoyo que la persona con
TEA requerirá para su intervención y desenvolvimiento en la vida diaria.

A continuación, se presenta una tabla que va desde el grado 1 hasta el grado 3 de severidad, la
que se aplica para los criterios A (comunicación social) y B (comportamientos restringidos y repetitivos):

Niveles de severidad del trastorno del espectro del autismo DSM V (2014)
Nivel de Comunicación social Comportamientos
severidad restringidos y repetitivos
Sin ayuda in situ en la comunicación La inflexibilidad de
social, causa problemas importantes. comportamiento causa una
Grado 1 Dificultad para iniciar interacciones interferencia significativa con el
“Necesita sociales y ejemplos claros de respuestas funcionamiento en uno o más
ayuda” atípicas o insatisfactorias a la apertura contextos. Dificultad para alternar
social de otras personas. Puede parecer actividades. Los problemas de
que tiene poco interés en las organización y de planificación
interacciones sociales. Por ejemplo, una dificultan la autonomía.
persona que es capaz de hablar con
frases complejas y que establece
comunicación, pero cuya conversación
amplia con otras personas falla y cuyos
intentos de hacer amigos son
excéntricos y habitualmente sin éxito.
Deficiencias notables de las La inflexibilidad de
aptitudes de comunicación social verbal comportamiento, la dificultad de
Grado 2 y no verbal; problemas sociales hacer frente a los cambios u otros
“Necesita aparentes incluso con ayuda in situ; comportamientos
ayuda inicio limitado de interacciones restringidos/repetitivos aparecen
notable” sociales; y reducción de respuesta con frecuencia claramente al
o respuestas no normales a la observador casual e
apertura social de otras personas. interfieren con el

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Por ejemplo, una persona que emite funcionamiento en diversos
frases sencillas, cuya interacción se contextos.
limita a intereses especiales muy
concretos y que tienen una Ansiedad y/o dificultad para
comunicación no verbal muy excéntrica. cambiar el foco de acción.
Deficiencias graves de las aptitudes La inflexibilidad de
de comunicación social y no verbal comportamiento, la extrema
Grado 3
“Necesita causan alteraciones graves del dificultad de hacer frente a los
funcionamiento, inicio muy cambios u otros comportamientos
ayuda muy
notable” limitado de las interacciones restringidos/repetitivos
sociales y respuesta mínima a la interfieren notablemente con
apertura social de otras personas. el funcionamiento en todos los
Por ejemplo, una persona con pocas ámbitos.
palaras inteligibles que raramente inicia
interacción y que cuando lo hace, realiza Ansiedad intensa/dificultad para
estrategias inhabituales solo para cambiar el foco de acción.
cumplir con las necesidades, y
únicamente responde a aproximaciones
sociales muy directas.

Ejemplos de determinación de niveles de severidad:

Conductas del niño Criterios Grado de apoyo


determinado
El doctor le pregunta a los padres de Joaquín lo Comportamientos Necesita ayuda muy
siguiente: restringidos y notable
¿Qué sucede si no lo dejan realizar su rutina con repetitivos
los dinosaurios?

La madre responde inmediatamente: Nooo,


terrible, no podemos ni acercarnos, nos lanza las
cosas y no podemos hacer nada más si no lo
dejamos ordenar sus dinosaurios

El padre complementa: Recuerdas el otro día, le


dijimos, vamos al supermercado y se enojó porque
después fuimos a comprar helados y él no quería ir
y nos gritó “¡Al supermercado!”
Doctor: ¿Cómo se relaciona Joaquín con ustedes o Comunicación Necesita ayuda notable
con otros?: social por presentar:
- Problemas notables en
la comunicación.

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El padre comenta: Cuando quiere algo, va por - Interacción limitada a
nosotros y nos lleva al lugar donde se encuentra lo intereses muy
que quiere. Nos nombra las cosas, por ejemplo, concretos
“dinosaurios, o galletas”. Si no quiere se aleja de
las cosas y dice “No”.

Es importante considerar que la categorización según el grado de severidad del TEA debe ser
utilizada con el fin de proporcionar los apoyos necesarios para que la persona con TEA pueda acceder
y progresar en la escuela y en la vida diaria. La etiquetación y clasificación con fines segregadores o
excluyentes va en contra de todo principio inclusivo, y por consecuencia del respeto de los derecho del
niño. El determinar la severidad del trastorno, debe ser exclusivamente como parte del proceso
diagnóstico integral, concebido para determinar con mayor precisión los apoyos que deberían ser
considerados. Es así como un niño que es diagnosticado con un “Autismo leve”, puede aparentar una
gran dificultad para la escuela, si los apoyos no están organizados ni pensados en la minimización de
barreras que faciliten su acceso, participación y progreso.

En este contexto la determinación del nivel de severidad del TEA debe considerar un trabajo
interdisciplinario, que contemple los aportes de diversos especialistas quienes pueden complementar
desde variadas perspectivas el diagnóstico del estudiante, ya que luego de establecido el grado de
severidad, se debe especificar si presenta “deterioro intelectual acompañante” o “sin deterioro
intelectual acompañante”, tal como lo indica el DSM-V. En el ámbito educativo estas especificaciones
suele realizarlas el psicólogo, quien evalúa al estudiante, a través de diversos instrumentos que miden
la capacidad intelectual.

Por otra parte, como parte del diagnóstico se determina si existe deterioro del lenguaje, trabajo
a cargo de los fonoaudiólogos, quienes aplican diversas escalas de evaluación o pautas de screening
para determinar si existen niveles del lenguaje afectados. Se debe indicar deterioro del lenguaje
acompañante, y se registra como:

- “Con deterioro del lenguaje acompañante-habla con frases”.


- “Con deterioro del lenguaje acompañante-habla no inteligible”.

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Como ya se dijo anteriormente el diagnóstico de TEA debe ser realizado de forma
interdisciplinaria, y debería considerar profesionales tanto del área de la salud como de la educación.
En este sentido, es indispensable que se considere la opinión de un médico especialista - psiquiatra o
neuropsiquiatra - como el responsable de la emisión de dicho diagnóstico.

BIBLIOGRAFÍA

- Artigas-Pallarès J, Paula, I. (2012). El autismo 70 años después de Leo Kanner y Hans Asperger. Revista Asoc. Esp.
Neuropsiquiatría. Pp. 567-587
- Arróniz-Pérez M. & Bencomo-Pérez R. (2018). Alternativas de tratamiento en los trastornos del espectro
- Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (5ª ed.).
Arlington, VA:, American Psychiatric Publish
- autista: una revisión bibliográfica entre 2000 y 2016. Revista de Psicología Clínica con Niños y Adolescentes. Volumen
5. (1) pp. 23-31
- MINEDUC. (2010) Manual de apoyo a docentes: Educación de estudiantes que presentan Trastornos del Espectro
Autista. Santiago, Chile
- MINSAL (2011). Detección y Diagnóstico Oportuno de los Trastornos del Espectro Autista.
- Murillo, E. (2012). Actualización conceptual de los Trastornos del Espectro del Autismo. En M.A. Martínez y J.L. Cuesta
(Eds.), Todo sobre el autismo (pp.25- 63).Tarragona: Altaria.
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Editorial Paidos.
- Organización Mundial de la Salud - OMS, (CIF-OMS, 2001). Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la
Discapacidad y de la Salud
- Wing, L. (2011). El autismo en niños y adultos: Una guía para la familia. Barcelona: Paidós.

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