Laodicea: la iglesia de los últimos días
2 TIMOTEO 4:2
HIMNO 1
HIMNO 2
HIMNO 3
Introducción
En el libro de Apocalipsis, Jesús emite un mensaje a 7 iglesias. Estas representan 7 periodos en la
historia de la iglesia de Dios hasta que el regrese por segunda vez.
La última, y que corresponde a nuestro tiempo es Laodicea (cuyo significado es “ un pueblo
juzgado”) es el mensaje de Jesús para los cristianos antes de su 2° venida, es el último mensaje
de amonestación y esperanza.
Un pueblo juzgado
Este significado no es casualidad, tiene un profundo sentido para los cristianos de los últimos días.
En primer lugar el mensaje es un juicio a un pueblo tibio, que necesita un reavivamiento
espiritual para encontrarse con Cristo en su segunda venida.
Segundo, de acuerdo con Apocalipsis 14:7 el juicio de Dios ya comenzó y empieza por los hijos
de Dios (Ver 1 Pedro 4:17), en estos últimos días se juzga a su pueblo.
Tercero, el sentido escatológico (del fin del tiempo) que señala que el juicio de Dios debe
concluirse desde Adán hasta el último que acepte a Cristo y así concluyen los 7 periodos de la
historia del pueblo de Dios, con “un pueblo juzgado”.
Una aclaración: nos aterra el pensamiento de un juicio, pero debemos ver el aspecto positivo del
juicio que consiste en vindicar el nombre de Dios y a su pueblo. Es decir, el juicio es para avalar
que los méritos de Cristo nos vuelven aceptos para ser salvos y justificar la misericordia de Dios
para pecadores que eran dignos de muerte.
Cómodos en Laodicea
Es interesante notar que Dios encuentra algo bueno en las iglesias en Apocalipsis 2 y 3, pero no
hay ninguna aprobación para la iglesia de Laodicea. De hecho, el estado tibio de la iglesia de los
últimos días repugna tanto a Dios que, a menos que el pueblo se arrepienta, él se verá forzado a
“escupirlos” de su boca (Apocalipsis 3:16).
Esta iglesia piensa que está de lo más bien, pero siendo que es la última iglesia que terminará la
obra de Dios en la tierra, no está aún preparada para el derramamiento final del Espíritu Santo.
Los laodicenses están tan ocupados felicitándose por sus logros, que Dios no quiere decir nada
que contribuya a su autosatisfacción. Ellos orgullosamente señalan sus instituciones alrededor del
mundo, su fuerte énfasis en misiones y su número de feligreses que aumenta dramáticamente en
el mundo. Ciertamente Dios debe estar satisfecho con ellos. Pero Dios espera hacer mucho más
por medio de ellos de lo que han permitido.
Podemos terminar la obra de Dios en este mundo si nos convencemos que Él puede hacerlo en
nosotros y a través de nosotros. Él ha prometido toda la ayuda que necesitamos, y más.
Cuando leemos Apocalipsis 3:14-22 nos sentimos incomodos, y esa es la razón por la cual Dios
nos lo dice. Jesús señala en el versículo 17 que el problema de Laodicea es que no conoce su
verdadera condición. Quizá nuestro mayor problema es que a menudo no podemos vernos a
nosotros mismos como otros nos ven.
¿Qué es lo que nosotros los laodicenses necesitamos ver o saber acerca de nosotros mismos? Que
Dios espera mucho más de Laodicea de lo que esperó de ninguna otra iglesia anterior.
El Remedio de Dios para los laodicenses
Nuestro adversario usara “cada una de sus artes para sujetarnos hasta que pase el sellamiento,
hasta que la cubierta se haya corrido sobre el pueblo de Dios, y ellos hayan quedado sin refugio
que los proteja de la ira ardiente de Dios en las 7 últimas plagas” (Primeros escritos pág. 44).
Satanás no se concentra tan intensamente en persuadir a los cristianos a abandonar su fe por
completo, sino en mantenernos donde estamos –en un estado de apatía laodicense- hasta que
sea demasiado tarde para que hagamos algo. No podemos dejar que continué con ese truco.
Ahora, mientras la trompeta de la advertencia final para el día inminente del Señor y Dios,
mientras extiende su manto protector sobre aquellos que le permiten que los resguarde del
tiempo de aflicción; ahora, con la ayuda de Dios, debemos enfrentar el desafío de nuestra
necesidad más grande y más urgente: un reavivamiento entre nosotros de la verdadera santidad.
Apocalipsis 3:18 nos presenta en orden reverso lo que Dios tiene en mente para nosotros hoy día.
Coloca al elemento más importante, el oro, al comienzo de la lista.
El Colirio
El remedio que Cristo prescribe aquí abre nuestros ojos a hechos que no conocemos de nosotros
mismos.
Juan 14:26
salmo 119:105
Salmos 119:18.
El Espíritu Santo no nos muestra todo de una vez, para que no nos desanimemos. Por el
contrario, paso a paso nos revela nuestras necesidades, mostrando lo que Dios hace posible para
cada uno de nosotros.
Aplicamos este colirio al tomar seriamente lo que el Espíritu nos dice al estudiar la
Palabra de Dios. Cuando aplicamos apropiadamente el colirio podemos ver mejor, tanto a fuera
como adentro. Afuera contemplamos como nunca antes la gloria y la belleza de la vida
inmaculada de Cristo y reconocemos que podemos ser como él. Dentro de nosotros podemos
vernos como realmente somos: pecadores que necesitan de la justicia y el poder de Jesús.
Vestiduras blancas
Isaías 64:6.
Isaías 61:10.
Job 29:14
Gál 2:20.
Necesitamos asegurarnos de que podemos ser cubiertos por el manto de justicia de Jesús ¡ahora
mismo! No hay nada que ninguno de nosotros pueda hacer por nuestros pecados
pasados y nuestras naturalezas pecaminosas. Pero Dios ya se ocupó de eso por nosotros en
la cruz.
Cuando Dios perdona lo hace de manera absoluta. No ve más lo que hemos hecho en el pasado
para herirle. Él reconoce solamente la perfección de Jesús. Esto es lo que significa estar cubierto
con el manto de justicia de Jesús.
Para la renovación espiritual, necesitamos la oración de confesión y luego depender
de la promesa divina del perdón. Luego él nos cubre con el manto de justicia de Cristo que
representa “el carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo
Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la
presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma
arrepentida y creyente […] Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de
invención humana.
Cristo, en su humanidad, desarrollo un carácter perfecto, y ofrece impartirnos a nosotros ese
carácter. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se
fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él;
vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia” (Palabras de
vida del gran maestro, Ellen G. White, pág. 252-254).
El oro
Así como generosas partidas de oro erradican la pobreza, así el oro del cielo elimina la pobreza
espiritual
Isaías 55:1.
Santiago 2:5.
1 Pedro 1:4, 6, 7
Job 23:10.
. “El oro probado en el fuego que se recomienda aquí, es la fe y el amor. Enriquece el corazón,
porque se lo ha refinado hasta su máxima pureza, y cuanto más se lo prueba, tanto más
resplandece” (Joyas de los testimonios, Ellen G. White, tomo I, pág. 479).
La fe que obra por amor y purifica al alma: esto es lo que más necesitamos. Ella permitirá
que los que estén a nuestro alrededor vean a Cristo perfectamente reflejado en nuestras vidas.
Conclusión
¡Los `laodicenses ́ NO son censurados por sus doctrinas! No se les acusa de Tener una
“Jezabel” en su medio, ni de tolerar las doctrinas de los “nicolaitas” o de “Balaam”!
Los `laodicenses ́ tienen una creencia correcta y una doctrina sana... su problema es
que se conforman con
una forma de cristianismo sin eficacia, descuidando el poder espiritual. ¡Lo que les
falta es amor, es por eso
que no son “calientes”, como veremos en un anexo a este tema!
Cuando dejamos que Dios haga por nosotros lo que él promete lograr para Laodicea,
aprenderemos por experiencia que el mensaje de Laodicea no es un mensaje negativo. Laodicea
es “la pequeña iglesia que si puede”.
Vivimos en un momento solemne, Cristo está por salir del lugar santísimo y declarar: “El que es
injusto, sea injusto todavía; y el que es inmundo, sea inmundo todavía; y el que es justo,
practique la justicia todavía; y el que es santo, santifíquese todavía” (Ap. 22:11).
El sellamiento del pueblo de Dios ya ha comenzado, debemos despojarnos de cualquier mancha
de carácter y dar el último mensaje de esperanza, antes de que sea demasiado tarde. Esta
comisión no la podremos cumplir si no es con ayuda del Santo Espíritu de Dios obrando en
nuestras vidas y aplicando el remedio divino que Dios ha señalado “para la iglesia de los últimos
días”.
Vb