Universidad de Concepción
Campus los Ángeles
Departamento de Educación.
Integrantes: Paula Alfaro Cerda
Macarena Araneda Cid
Carolina Mella Toledo
Docente: Claudia Murúa
Asignatura: Taller VI
Fecha: Martes 20 de Noviembre 2012
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INDICE
Pág.
Introducción……………………………………………………………… 3 pág.
Definición………………………………………………………………… 4 pág.
Sintomatología…………………………………………………………… 5-7 pág.
Etiología………………………………………………………………….. 8 pág.
Diagnóstico……………………………………………………………… 9-10 pág.
Trastorno del lenguaje………………………………………………… 11 -14pág.
Pronostico………………………………………………………………. 15 pág.
Tratamiento……………………………………………………………… 16-17 pág.
Epidemiologia…………………………………………………………. 18 pág.
Conclusión………………………………………………………………. 19 pág.
Bibliografía ……………………………………………………………… 20 pág.
INTRODUCCIÓN.
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En el siguiente trabajo que tiene por título Trastorno Generalizado del Desarrollo
“Autismo”, nos centraremos principalmente en los problemas del lenguaje que
padecen las personas con autismo.
Debemos saber que, el autismo es un trastorno del desarrollo de la infancia
definido conductualmente. Por el autismo se entiende un defecto de severidad
variable en la interacción social recíproca, con la comunicación verbal y no verbal,
y la actividad imaginativa, asociado con un repertorio escaso y repetitivo de las
actividades e intereses.
Se puede manifestar desde el primer año de vida o aparecer en el segundo año o
en la etapa preescolar, presentando en el último caso una pérdida del lenguaje, de
las habilidades sociales, de la capacidad para el juego y a menudo de las
actividades cognitivas adquiridas anteriormente.
El término Trastorno Generativo del Desarrollo (TGD) es una perturbación grave y
generalizada en varias vías del desarrollo. Está se caracteriza por alteraciones
cualitativas de las interacciones sociales reciprocas y modalidades de la
comunicación así como por un repertorio de intereses y de actividades restringido,
estereotipado y repetitivo.
El trastorno generativo del desarrollo tiene en común una asociación de síntomas
conocida como la Tríada de Wing, en las que se encuentran, trastorno de la
comunicación verbal y no verbal; trastorno de las relaciones sociales y centros de
interés restringido y/o conductas repetitivas
DEFINICION.
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El autismo es uno de los trastornos del desarrollo de la infancia definidos
conductualmente. Por autismo se entiende un defecto de severidad variable en la
interacción social reciproca, en la comunicación verbal y no verbal y en la actividad
imaginativa, asociado con un repertorio escaso y repetitivo de actividades e
intereses (DSM-IV: American Psychiatric Association 1994; ed. Española, 1995: v.
Anexo). Se puede manifestar desde el primer año de vida o aparecer en el
segundo año o en la etapa preescolar, presentando en el último caso una pérdida
del lenguaje, de las habilidades sociales, de la capacidad para el juego y, a
menudo, de las capacidades cognitivas adquiridas anteriormente. Estos síntomas
pueden estar acompañados o no de otros signos clásicos de disfunción cerebral,
como déficit sensorio motores y crisis epilépticas. El término Trastorno
Generalizado del Desarrollo (TDG) había sido introducido ya en la tercera edición
del Manual diagnóstico y estadístico (DSM-III) para abarcar el autismo clásico, así
como los trastornos de desarrollo severos que compartían rasgos con el trastorno
autista (TA) clásico. TDG es un término adecuado porque implica que el autismo
afecta múltiples aspectos de la función cerebral.
Se da una gama tan extensa en la severidad y en los síntomas del autismo que es
apropiado hablar de un espectro autista más que de autismo, ya que este término
podría hacer suponer que se está ante un trastorno homogéneo. Se están
dedicando esfuerzos para identificar subtipos conductuales entre los autistas con
el fin de dar cuenta del extenso abanico de manifestaciones clínicas (Allen 1988).
No hay razón para esperar que los subtipos definidos clínica y conductualmente se
correspondan claramente con los subtipos etiológicos como la esclerosis tuberosa,
la hidrocefalia o el frágil-X (Gillberg 1992)
SINTOMATOLOGÍA.
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En el DSM-IV se especifican los criterios actuales para el diagnostico del trastorno
autista (299.00) ([Link]). Estos criterios coinciden prácticamente con los de la
CIE-10, en la que el trastorno recibe la denominación de Autismo Infantil (F84.0).
Antes de considerar con algún detalle los trastornos de comunicación de los niños
autistas vamos a revisar brevemente sus otros rasgos conductuales.
Déficit de interacción social
Los niños con autismo severo tienen poco interés en la interacción social, están
apagados y ensimismados, y pueden resistirse a ser abrazados y ser
inconscientes de las actividades y del estado de ánimo de los otros; a menudo no
responden con seguridad cuando se les llama o pueden fijar la mirada con
expresión vacía. Los niños afectados menos severamente pueden ser cariñosos
pero según sus condiciones, esto es, solo con personas seleccionadas y cuando
ellos quieran; o de forma indiscriminada e inapropiada. Los niños autistas
hiperverbales pueden hablar incesantemente sobre un tema de su elección,
ignorantes de que los otros no pueden compartir su interés. Algunos niños autistas
son excesivamente tímidos y miedosos, no saben cómo entrar en interacción con
sus compañeros y son socialmente torpes y rígidos.
Déficit afectivo
El embotonamiento del afecto puede estar asociado con un estado de ánimo lábil.
La falta de empatía y la deficiente interpretación del aspecto, tono de la voz,
expresión facial, gestos y postura corporal de las otras personas contribuyen sin
duda a las difíciles interacciones interpersonales y, con frecuencia, a las
respuestas inadecuadas ante los controles disciplinarios ordinarios. El elevado
nivel de ansiedad puede dar como resultado un miedo excesivo ante estímulos
triviales. Los padres describen normalmente a sus hijos autistas como unos niños
felices mientras no se les demande nada, pero con serios berrinches o con
conductas autolesivas cuando no se les lleva la corriente.
Repertorio limitado de intereses, juego pobre, resistencia al cambio
La falta de interés hacia juguetes figurativos, que pueden no ser reconocidos como
símbolos de la realidad, la muy escasa habilidad para fingir, la falta de alegría en
el juego, la dificultad para entablar relación en el juego con un compañero y un
foco de atención restringido a una o dos actividades favoritas, como clasificar o
alinear juguetes o muebles, son todos rasgos que sugieren un diagnostico de
autismo, incluso en un niño inteligente. Los niños con autismo severo pueden no
jugar en absoluto y ocuparse durante horas en pasar páginas de libros, en rasgar
papel en diminutos trozos, en vagar sacudiendo una cuerda o en estudiar una guía
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de teléfonos o un calendario. Es también un rasgo típico la ansiedad que aparece
cuando se intenta que el niño cambie de actividades o cuando las rutinas diarias
son alteradas.
Déficits motores, estereotipias, conductas autolesivas
Los déficit motores de los niños con TA han sido poco investigados y su base
neurológica sigue siendo difícil de determinar. Es común la marcha en quino sin
espasticidad convincente así como la hipotonía sin debilidad o temblor. Mientras
que algunos niños autistas tienen unas habilidades motoras finas y gruesas
perfectamente normales, otros son torpes. La apraxia (o dispraxia), que es la falta
de habilidad para llevar a cabo actos motores complejos solicitados o imitados, es
otro déficit motor frecuente en los niños autistas. Un diagnostico de apraxia (o
dispraxia) requiere que esta no se explique por debilidad, espasticidad, ataxia,
falta de comprensión del lenguaje, inatención, deficiencia mental severa o
conducta negativista.
Las estereotipias, a las que a menudo se hace referencia como “auto
estimulación”, son extremadamente corrientes y variadas en el TA, tanto que su
mera presencia tiene que hacer sospechar este diagnostico, pero descartando
antes el síndrome de Tourette, el trastorno obsesivo-compulsivo, la discinesia
tardía o la ansiedad excesiva. Las esteotipias van desde movimientos de todo el
cuerpo como balanceos, dar vueltas en círculos y tensar los músculos o saltar
cuando esta excitado, hasta hacer girar ruedas, hacer ruidos, rechinar los dientes,
frotar y retorcerse los dedos, un mechón de pelos o una parte de su ropa. Las
perseveraciones verbales y motoras, las actividades repetitivas y las conductas
autolesivas pueden no ser sino variantes de la estereotipia. Pellizcarse la piel,
golpearse la cabeza o morderse la mano pueden dar como resultado un daño
importante que no parece ser percibido como doloroso. La causa de estos
comportamientos no es conocida, aunque en exceso de catecolaminas y niveles
incrementados de endorfinas son a menudo las causas de las estereotipias y de
las conductas autolesivas.
Respuestas atípicas a los estímulos sensoriales
Los niños autistas pueden ser no conscientes del sonido, hasta el punto de hacer
sospechar sordera y, al mismo tiempo, ser hipersensibles a ciertos sonidos que les
lleva a taparse los oídos. Muchos tienen un umbral alto para el dolor pero pueden
arquear su espalda para retirarse de la estimulación táctil. La modalidad visual es
generalmente superior a la auditiva: algunos niños agitan sus dedos delante de
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sus ojos, miran fijamente sombras, abanicos moviéndose o motas de polvo en un
rayo de sol. Los niños autistas no solo pueden aceptar una gama muy estrecha de
texturas y sabores de comidas, sino también a los objetos y a las personas. Todas
estas respuestas atípicas a estímulos sensoriales parecen reflejar una anomalía
de la sensibilidad o una conciencia de los estímulos distorsionada y no un
funcionamiento anormal de los órganos sensoriales periféricos.
Déficit de atención
La distractibilidad y la hiperactividad son comunes en estos sujetos, pero tampoco
es inusual una atención prolongada y muy concentrada en sus actividades y
objetos favoritos, que a menudo otros considerarían triviales. No está claro hasta
qué grado son responsables de atención de la rigidez y de escaso repertorio de
intereses en el TA. Los problemas de sueño son suficientemente comunes como
para sugerir que los sistemas de despertar y los ritmos circadanos pueden estar
alterados, al menos en esos niños que pueden o dormir muy poco, con frecuentes
desvelos, o tener períodos de hipersomnia.
Inteligencia
El nivel de inteligencia no es un rasgo definitorio de este trastorno. Aunque la
mayoría de los autistas son mentalmente deficientes, la sintomatología autista
acontece también en personas muy inteligentes. En general, cuanto más severa
es la sintomatología autista, más bajas son las habilidades cognitivas, más
probables son otros signos de disfunción cerebral y el peor es el pronóstico. El
perfil cognitivo predominante en el autismo es muy irregular respecto a las
diferentes aptitudes altas pero restringidas, como, por ejemplo, una memoria
mecánica superior, la habilidad para realizar cálculos con una rapidez de
relámpago, la hiperlexia, el talento musical o una excepcional aptitud visuo-
espacial dan como resultado el “síndrome savant” (Obler y Fein 1988) que se
observa a menudo en las personas de buen funcionamiento en el espectro autista.
La dificultad en las habilidades de ejecución, en la concentración de la atención
sobre los estímulos relevantes y en la toma de decisiones son características que
pueden impedir a los autistas muy inteligentes funcionar de forma eficaz en la vida
cotidiana.
ETIOLOGÍA Y FISIOPATOLOGÍA.
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Considerado antes como un trastorno psiquiátrico, consecuencia de unas
relaciones inadecuadas con los padres, hoy está claro que el autismo surge a
partir de una, hasta ahora indefinida, alteración en el desarrollo del cerebro
inmaduro.
El autismo es generalmente resultado de una encefalopatía estática, más a
menudo de origen prenatal, que tendrá consecuencias a lo largo de toda la vida,
aun cuando sus manifestaciones cambien claramente con la edad; por lo tanto,
algunos de los rasgos que definen el autismo en los niños en edad preescolar,
cuando es más apropiado y verosímil el diagnostico, pueden no ser relevantes en
niños mayores o en adultos que puedan presentar los síntomas de otra forma. La
situación se complica a causa de su extensísima gama de severidad. La
inteligencia no es un rasgo definitorio del síndrome, aunque está afectada en la
mayoría de los autistas.
En la mayoría de casos la etiología es desconocida. El riesgo de recurrencia en
una familia con un hijo afectado es de 3 a 8%. La base anatómica del autismo aun
está por definir. Estudios detallados de un pequeño número de encéfalos de
sujetos autistas han revelado alteraciones sutiles del desarrollo celular en el
sistema límbico (amígdala, hipocampo, circunvolución singular), en el cerebro y en
la oliva inferior.
Estudios basados en las técnica de neuroimagen han revelado una variedad de
anomalías e casos individuales de trastorno autista; hidrocefalia, disminución
global del volumen del tronco cerebral y en pequeñas áreas de disgenesia cortical
patología bilateral en los lóbulos temporales. Ninguna de estas patologías esta
invariablemente presente o es patognómica del autismo. En la gran mayoría de los
niños autista que no tienen déficit sensorio motores severos o malformaciones
mayores, los estudios con tomografía axial computarizada o con resonancia
magnética son interpretados clínicamente como normales.
DIAGNOSTICO.
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No existen tests neurológicos, neuropsiquiatricos o de lenguaje que confirmen o
refuten el diagnostico de autismo, ya que éste es un síndrome definido
conductualmente. El diagnostico se basa por entero en la evaluación de conductas
como la sociabilidad, el juego y el afecto que son sensibles solo a la observación
clínica, y en preguntas acerca de las conductas actuales y más tempranas.
Siempre que las preguntas correctas y las observaciones apropiadas hayan sido
hechas, el diagnostico del autismo puede ser evidente y el consenso entre
profesionales es alto. Es en los dos extremos de la distribución del Cien los que el
autismo es más fácilmente mal diagnosticado: en el extremo inferior , el autismo
no puede ser reconocido en personas con el cerebro gravemente dañado cuyos
rasgos autistas no son sino una manifestación de su trastorno neurológico difuso y
de su discapacidad intelectual profunda: y en el extremo superior puede ser
pasado por alto en personas autistas ligeramente inteligentes que funcionan
independientemente o semiindependientemente dentro de la población general y
que cumplan los criterios del TGD-NE o el síndrome de Asperger.
Es fácil hacer un diagnostico de autismo en niños de edad escolar gravemente
afectados que presentan muchos de los síntomas mencionados en el DSM-IV y en
la CIE-10. No es tan fácil hacerlo en niños preescolares menos gravemente
afectados en los que, como se dijo antes, el síntoma presente es casi
invariablemente un habla seriamente retrasada o ausente y en los que las
principales consideraciones se refieren a su diferenciación de la disfasia y de la
discapacidad intelectual. Puede ser también difícil en adolecentes y adultos con el
habla ligeramente afectada que han aprendido a comportarse de una forma
socialmente aceptable. Es en estos casos en los que puede ser necesario, para
lograr un acuerdo, el uso de cuestionarios formales con criterios sistemáticos de
valoración de la conducta, establecido ambos, criterios y calificaciones, bajo
circunstancias estandarizadas. Entre ellos es muy conocida la Childhood Autism
Rating Scale (CARS), de la existe una adaptación al español realizada por el
centro Gautena de San Sebastián (España), no publicada. La evaluación
Resumeé des Comportements (ERC) ha sido utilizada en abundantes
investigaciones en Francia sobre autismo. En España se ha construido y validado
una Lista de Diagnostico de Autismo (Riviere y cols. 1988), con 88 cuestiones
dirigidas a los padres que permiten diferenciar retrospectivamente a los niños
autistas de los normales y de los con discapacidad intelectual no autistas. Más
recientemente Riviere (1997) ha propuesto en español el Inventario de Espectro
Autista (IDEA), que permite cuantificar la severidad y profundidad de los rasgos
que configuran el síndrome. La Behavior Observation Scale for Autism (BOS)
(Freeman y cols) ha sido adaptada al francés y validada en grupos de niños
autistas, con discapacidad intelectual y normales. La Checklidt for Autism in
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Toodlers (CHAT) ha probado su utilidad en la detección temprana del autismo a
partir de la edad de 18 meses.
Los rasgos que atraerían la atención de cualquier clínico son la ausencia de (o
una escasa capacidad para) el juego con objetos figurativos y para suponer o
imaginarse cosas, las estereotipias, las conductas autolesivas y una atención
inadecuada a los otros que consisten a menudo en la ausencia de respuestas
cuando se le llama por su nombre y en la capacidad de interactuar con los otros.
En un estudio reciente en el que se comparan amplias muestras de niños autistas,
de niños de edad preescolar no autistas pero con discapacidad intelectual y de
niños con trastornos no evolutivos del lenguaje, los rasgos anteriormente citados
discriminaban de forma acusada y convincente a los niños autistas de los no
autistas, fueran los padres que informaran de la existencia de dichos rasgos,
fueran estos observados clínicamente o surgieran de la valoración formal de
grabaciones en video de los niños mientras jugaban. Los informes de los padres
son una fuente de información particularmente sensible porque probablemente
tienen muchas oportunidades de observar a sus hijos en una amplia gama de
circunstancias, en comparación con el breve periodo de una evaluación formal. En
los sujetos mayores, la capacidad de disponer de una historia de conductas
autistas que se remonten hasta la primera infancia es la manera más fiable de
diferenciar a los adolescentes autistas de los que padecen otros trastornos del
desarrollo u otras enfermedades psiquiátricas.
Para los trabajos de investigación multicentrica, en los que es esencial poseer
criterios uniformes, los dos instrumentos preconizados por la comunidad científica
son el Autism Diagnostic Interview-Revised, ADI-R (Lord y cols 1989) del que
próximamente aparecerá una edición revisada; este último consiste en una escala
estructurada de observación del juego en cuatros niveles de desarrollo cognitivo y
verbal, lo que permite su aplicación desde la niñez temprana hasta la edad adulta.
EL LENGUAJE EN EL AUTISMO (Clasificación):
Adquisición del lenguaje normal:
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Como se expresó, la adquisición del lenguaje es un proceso que comienza
prácticamente desde el nacimiento. Y que bien algunos se limitan hasta la
adolescencia o en casos más determinantes toda la vida.
Ya desde los primeros meses de vida el bebé atiende a ciertos sonidos, a la
expresión del rostro y comienza la emisión de sonidos inarticulados.
Alrededor de los 6 meses, comienza el balbuceo que imita tonos, ritmo y
entonación de lo que escucha, y anticipa algunos sonidos de su lenguaje materno.
Entre el año y el año y medio se produce una especie de revolución fonológica, en
la que aparecen los primeros fonemas (algunas consonantes y vocales) que dan
paso a las palabras iniciales casi siempre monosílabas repetitivas (mamá, papá
etc.) y algunas formulaciones onomatopéyicas.
Desde los 18 meses aumenta considerablemente el repertorio del vocabulario y de
las palabras sueltas, se pasa a frases de dos términos. Todavía no se utilizan
nexos (como artículos y preposiciones) o tiempos verbales ni verbos auxiliares. Se
pasa de 50 a 200 palabras a los 2 años aproximadamente.
Hacia el tercer año se reproducen unas 1.000 palabras, además comienzan a
utilizarse las palabras auxiliares, los tiempos verbales, los adverbios, aunque con
errores. En esta etapa se está internalizando las estructuras gramaticales, lo que
es sumamente complejo.
A los 4 años comienza la etapa de perfeccionamiento de los aspectos
estructurales de la lengua, a complejizar su comunicación verbal, a incorporar
tácticas de construcción a leer y escribir etc...
Como se aprecia anteriormente, la adquisición del lenguaje implica un desarrollo
interactivo con el medio en el que el sujeto se desenvuelve.
Adquisición en el autismo:
Frecuentemente hasta los dos años la capacidad comunicativa es normal.
Recién alrededor de los dos años se advierte que en lugar de palabras aisladas o
frases de dos términos, aparece una jerga desprovista de términos semánticos.
Desde entonces y hasta los 4 años, comienza a producirse una ecolalia, es decir,
repetición de las palabras. Aunque descontextualizadas. También durante el
juego, sobre todo, suelen presentarse largos discursos sin significación, con una
entonación cuidadosa y en los que en ocasiones se cuelan frases hechas o textos
de enunciados televisivos.
Otra característica peculiar es la ausencia de gestualización o de expresión facial
para suplir los problemas lingüísticos cuando intenta comunicar algo.
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Muchos de ellos parecen no ser capaz de adquirir lenguaje, algunos lo hacen de
forma muy limitada y acotada a cuestiones puntuales y hay otros que, por el
contrario, desarrollan una forma de hablar estrictamente sofisticada.
Es que las personas autistas tampoco son iguales si no que mientras que un cierto
número de ellas aparece desconectada de todo, otras logran desarrollar
habilidades extremas en áreas puntuales.
Trastorno de la comunicación en los niños/as autistas:
El síntoma que más frecuente lleva a los autistas preescolares a la atención
médica es el desarrollo inadecuado del lenguaje. El trastorno de la adquisición del
lenguaje ha sido atribuido a la deficiencia mental o déficit social, pero es claro que
los preescolares autistas son en realidad disfásicos y que en ellos se pueden
encontrar todas las variantes del déficit del desarrollo del lenguaje, con la
excepción de los trastornos puramente expresivos. En otras palabras la
comprensión puede ser igual o superior a la expresión, no es nunca enteramente
adecuada, al menos en la primera infancia.
Síndromes del déficit del lenguaje en el autismo:
Agnosia auditiva verbal (AAV) o sodera para las palabras.
El déficit de lenguaje más severo que se encuentra en los niños autistas es la
AAV, que conlleva una mayor o menor capacidad para decodificar el lenguaje
presentado por la vía auditiva.
Los niños autistas con AAV sólo hacen esfuerzo muy primitivo para conseguir
satisfacer sus necesidades; en lugar de señalar y vocalizar, pueden arrastrar a su
padre o a su madre hacia lo que quieren, o tomar su mano y colocarla cerca de lo
que desea.
Si la AAV persiste de forma más severa, los niños autistas permanecen
esencialmente sin lenguaje y también la mayoría de lo que están gravemente
deteriorados. Los niños que mejoran su regularidad hablan poco y con mucho
esfuerzo, con una fonología muy defectuosa, al menos en la primera etapa de la
adquisición del lenguaje.
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La AAV es el síndrome de lenguaje que con mayor probabilidad se asocia a una
actividad paroxística EEG, con o sin crisis clínicas tantos en los niños disfásicos
autistas como en los no autistas.
La AAV es muy probable debido a una disfunción del lóbulo temporal, la porción
del cerebro con el umbral más bajo de excitabilidad epiléptica. La extensión
espacial de la disfunción cerebral en el lóbulo temporal, implicando o no a los
circuitos límbicos es, quizá, lo que determina que un niño con AAV sea o no
también autista.
Síndrome mixto receptivo-expresivo (fonológico-sintáctico).
El síndrome disfásico más corriente, tanto en los preescolares autistas y no
autistas es el síndrome mixto receptivo-expresivo. Estos niños con el síndrome
fonológico-sintáctico suelen comprender tan bien, o mejor que los que suelen
hablar. Su expresión es entrecortada, deben hacer un gran esfuerzo para hablar, a
menudo carecen de palabras con función sintáctica (artículos, preposiciones,
conjunciones etc.). La fonología está alterada con consecuentes distorsiones y
sustituciones que a menudo comprometen la inteligibilidad. El pronóstico es
variable, aunque la mejoría es frecuente, lo que sugiere a algunos investigadores
que este síndrome puede reflejar una adquisición del lenguaje retrasado más que
desviada.
Síndrome semántico-pragmático.
En contraste con la mayoría de los preescolares autistas, que están muy
retrasados en la adquisición del lenguaje o que permanecen mudos, hay un
subgrupo de niños que habla con locuacidad y, en algunos casos, más temprano
que tarde. Estos niños pueden motivar una confusión diagnostica al principio,
porque pueden tener un vocabulario amplio y sofisticado, pero es típico que
hablan mejor de lo que comprenden. A menudo no entienden preguntas iniciadas
con “qué”, “cómo”, “quién” y “dónde” y pueden responder a una sola palabra
dentro de la pregunta o de la oración en vez de responder a la idea que se
comunica.
Síndrome léxico-sintáctico
Una cuarta variable de la disfasia encontrada en los niños autistas preescolares es
el síndrome léxico sintáctico. Estos niños pueden retrasarse bastante en el inicio
del lenguaje y sus primeras producciones pueden estar caracterizadas por una
estructura gramatical y fonología inmaduras y por graves problemas para
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encontrar las palabras. En algunos de estos niños la aparición del habla es
precedida por la producción de una jerga locuaz e ininteligible.
Otros rasgos del lenguaje en el autismo.
Déficits pragmáticos verbales y no verbales.
El uso verbal y no verbal del lenguaje es invariablemente deficitario, incluso en los
niños autistas que hablan. Éste es uno de los rasgos que más claramente
distingue el autismo de los diferentes trastornos del lenguaje sin complicaciones
respeto al desarrollo global. Algunos déficits pragmáticos verbales incluyen una
capacidad deteriorada para entablar conversaciones significativas, proporcionando
información inadecuada para permitir al interlocutor seguir la comunicación.
La ausencia de impulso para comunicarse verbalmente de gestos o por escrito,
hablar con la mirada perdida o dando la espalda a la persona a la que se dirigen y
la falta de respuesta cuando alguien se dirige a ellos son algunos de los déficits
pragmáticos no verbales de los autistas. Estos son síntomas tempranamente
reconocidos por el trastorno autista el no señalar con el dedo índice o con la
mano, la ausencia de movimientos con la cabeza para “no” y el no sabes hacer
demanda de cualquier otra manera que no sea gritando. Los niños autistas más
severos parecen no darse cuenta del poder de las palabras.
La ecolalia.
La ecolalia inmediata se nota fácilmente y es patente de algunos niños autistas;
podría sugerir un trastorno de comprensión y de procesamiento semántico. La
ecolalia diferida es la repetición literal de expresiones o frases rebuscadas fuera
de contexto o cuando un enunciado mucho más simple sería suficiente. La ecolalia
diferida puede dar un carácter afectado y excesivamente pedante a las emisiones
del niño, pero la impresión producida, sea buena o ridícula, puede llevar a una
persona no familiarizada a no creer que lo que el niño está diciendo es propia
cosecha más que la producción ecolálica. La ecolalia diferida sugiere también un
trastorno de la comprensión, pero en el nivel de la proposición o de la idea más
que en el nivel de la palabra.
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Pronóstico para la adquisición del lenguaje.
Normalmente la adquisición del lenguaje está significativamente retrasada en el
autismo de forma variable, en función del tipo de déficit de lenguaje y de nivel
cognitivo de cada sujeto.
Los niños con AAV son los que tienen más probabilidad de permanecer mudos,
aunque algunos puedan entender algunas órdenes verbales concretas. La regla
empírica es que los sujetos que no hablan pasado los cinco años tiene un
pronóstico negativo en lo tocante al lenguaje y a la inteligencia, aunque haya
ocasionalmente niños autistas que llegan a hablar tan tarde como hacia los 10
años. En algunos niños autistas el progreso en el lenguaje expresivo puede ser
inusualmente rápido cuando por fin emerge el habla.
La fonología y la sintaxis pueden adquirirse de forma aceptable mientras que el
déficit semántico y pragmático persiste.
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TRATAMIENTO.
El primer paso en el tratamiento de un niño recién identificado como autista es
instruir a los padres sobre qué es y que no es el autismo. En particular, necesitan
entender que ellos no son los responsables del estado de su hijo, si no que, muy
probablemente, es el resultado de una alteración en el desarrollo de las funciones
cerebrales ocurrida al principio del embarazo. Hay que recordarles una y otra vez
que no existen curas milagrosas, pero que ese estado puede a menudo ser
mejorado sustancialmente por medio de una activa y adecuada intervención
temprana. Se debe informar a los padres del riesgo bajo (3-8%) pero nada
despreciable de recurrencia, precisando que tal estimación estadística no se
puede aplicar al caso individual, en el que el riesgo es siempre “de sí” o “de no”, lo
cual suele ser difícil de comprender por los padres. Debe decírseles que, excepto
en el caso frágil-x y unos pocos casos raros mas, el diagnostico prenatal no es
posible y no se pueden dar los riesgos exactos de recurrencia. Es muy importante
que entiendan que el autismo es un trastorno de amplio espectro y que no se
puede determinar el nivel definitivo de funcionamiento al principio de la infancia.
Una intervención adecuada consiste en un trabajo intensivo sobre la adquisición
de habilidades comunicativas y el fomento de interacciones sociales y de
conductas apropiadas. Una de las necesidades más imperiosas de los niños
autistas es un entorno coherente, estable y predecible. Los padres, los terapeutas
y los profesores tienen que dar a entender de manera inconfundible que ciertos
comportamientos, sobre todos los berrinches coléricos, los gritos y las conductas
agresivas y destructivas son inaceptables. Los padres están comprensiblemente
tristes por tener un hijo trastornado; tienden a menudo a sobreproteger y pueden
tolerar conductas muy desviadas. Como los niños autistas pueden tener
dificultades para interpretar el tono de voz, la postura corporal y la expresión facial,
y como tienen tantos problemas con la comprensión verbal, necesitan recibir
instrucciones simples y explicitas; deben aprender que gritar y morderse las
manos no les va a reportar lo que desean, y los padres necesitan con regularidad
un entrenamiento especifico de cómo manejar estas conductas difíciles. Hasta que
se les proporcione asesoramiento, muchos padres de niños autistas están
realmente a merced del niño, que determina de forma exacta, por medio de
conductas como golpearse la cabeza, llorar, arañarse, lo que su familia tiene que
hacer, como lo tiene que hacer, donde y que van a comer, quien puede visitarles y
así sucesivamente. Obviamente es mucho más fácil facultar a los padres para
controlar a los niños en edad preescolar que a los que están en edad escolar, que
pueden ser demasiado grandes y fuertes para dominarlos físicamente hasta que
se calmen.
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Terapia farmacológica tiene un papel limitado en el autismo y necesita estar
dirigida al tratamiento de síntomas conductuales particulares como la falta de
atención o las autolesiones. Los nuevos medicamentos recaptadores de la
serotonina parecen ser lo más eficaces para mejorar el comportamiento e incluso
podrían facilitar el desarrollo del lenguaje. No son convincentes los informes
anecdóticos de mejoría en la sintomatología autista a base de ingerir grandes
dosis de vitaminas, en particular vitamina B6 o piridoxina juntamente con
magnesio, de evitar determinadas comidas, de desensibilización a los alérgenos,
de programas de desensibilización auditiva y, más recientemente, del empleo del
método de comunicación facilitada; en particular esto es así porque hay
demasiados “tratamientos” totalmente distintos. Cada uno de estos
procedimientos, aunque haya podido ser útil quizá en algunos casos, está basado
en una teoría diferente respecto a la causa del autismo, y ninguna teoría
constituye todavía una adecuada y especifica explicación de este enigmático
estado. La exigencia más importante está más allá de nuestra comprensión de la
fisiopatología de los muchos síntomas del autismo y de sus varias etiologías.
Es esencial una intervención temprana que se dirija a mejorar las habilidades
comunicativas y a resolver los problemas de conducta. En el niño que todavía no
habla o no accede a las directrices de los padres y educadores, los métodos
basados en el condicionamiento operante son a menudo eficaces; el
procedimiento más rígido y sistemático requiere numerosas horas de educación
individual, bastantes veces a domicilio, con uno o varios educadores implicando al
niño en tareas restringidas de dificultad graduada, en las que cada pequeño
progreso es recompensado sistemáticamente.
Es imprescindible enrolar a los padres en la capacitación de su hijo de manera que
puedan poner en práctica en casa técnicas exitosas de tratamiento aprendidas en
el centro de preescolar en el que se encuentre el niño. En el caso de los niños
mayores con lenguaje puede ser muy provechoso dar consejos, y enseñanza y
modelado directos de habilidades interpersonales más acertadas. El objetivo es
hacer capaz al autista, si esta ligera o gravemente afectado, de funcionar, dentro
de la limitación de sus capacidades cognitivas, de la manera más confortable y
menos restrictiva posible.
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EPIDEMIOLOGIA.
No hay cifras precisas sobre la prevalencia del autismo ya que, por su definición
únicamente conductual, no ha existido acuerdo universal respecto a los criterios
para el diagnostico. Las cifras ampliamente citadas de 4-5/10.000 niños son
subestimaciones que están basadas en inspecciones de escuelas especiales e
instalaciones residenciales para minusválidos, por lo que omiten a los individuos
menos gravemente afectados. En Nagoya (Japón) se llevo a cabo una
prospección exhaustiva: todos los niños nacidos durante un periodo de 10 años en
un centro sanitario fueron seguidos hasta los 3 años; este estudio arroja una
prevalencia de 1,5-2/1.000 niños en edad escolar de Nueva Escocia, Canadá y de
2/1.000 si se tiene en cuenta todo el espectro autista (niños con rasgos autistas,
síndrome de Asperger, Gilberg y Coleman 1992).
Como la mayor parte de los trastornos del desarrollo, hay una marcada (aunque
inexplicable) preponderancia de los varones, que es incluso más alta que en la
dislexia, el trastorno de atención y en los trastornos específicos del desarrollo del
lenguaje. En varios extensos estudios se informa de una proporción de 4-5 niños
por 1 niña.
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CONCLUSION
El autismo es un trastorno del desarrollo cerebral que dificulta la interacción y
comunicación social y causa un comportamiento restringido y repetitivo, y que se
manifiesta antes de cumplir un niño los tres años de vida. Las probabilidades de
que afecte al sexo masculino son tres veces mayores a las que afecte al sexo
femenino.
El grado de severidad y los síntomas de este trastorno poseen un rango muy
amplio y pueden incluso pasar desapercibidos, especialmente en niños
ligeramente afectados o cuando se encuentran encubiertos por deficiencias más
debilitantes. El autismo no se trata con cirugías o medicamentos (a pesar de que
en ciertos casos pueden suministrarse medicamentos para mejorar determinados
síntomas, tales como comportamiento agresivo o problemas de atención.). El
autismo continúa siendo una condición difícil para quienes lo padecen y sus
familiares, pero el panorama actual es mucho más alentador que el de años atrás.
.La detección precoz es fundamental para poder incidir de manera satisfactoria e
intentar variar el pronóstico funcional a largo plazo. Es importante incidir en la
importancia de involucrar a la familia en el tratamiento. El niño vive integrado en
su ambiente familiar, por lo que una adecuada información y educación redundará
en un mayor aprendizaje con un menor grado de estrés e insatisfacción. La
familia no sólo necesita un diagnóstico adecuado, precisa también información,
educación para saber cómo tratar a su hijo, apoyo por parte de las instituciones y
solidaridad y comprensión por parte de la sociedad.
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BIBLIOOGRAFÍA
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