1.
INTRODUCCIÓN
El agua es un elemento vital para el ser humano e indispensable para el equilibrio y
funcionamiento de los ecosistemas, se lo considera como un recurso renovable pero a
la vez finito pues, a pesar que afortunadamente se cuenta con un ciclo hidrológico, el
agua en determinados lugares puede verse o llegar a ser escaso principalmente por
factores antrópicos (World Resources Institute [WRI], 2018). Los recursos hídricos que
utiliza el ser humano para satisfacer sus necesidades y cumplir con actividades
dependientes del recurso, son específicamente agua dulce, la cual representa solo el
2,5% de toda el agua existente en la Tierra. El agua dulce a su vez se encuentra
representada en un 70% por glaciales y capas polares, 30% de agua subterránea, y
menos del 1% correspondiente a lagos y ríos (Organización de las Naciones Unidas
para la Educación, Ciencia y Cultura [UNESCO], 2015). El uso del agua en el mundo
tiene un incremento del 1% anual a partir de la década de los años 80, adjudicado al
crecimiento poblacional, el desarrollo socioeconómico y los modelos de consumo. Es
así que para el año 2050 se estima un incremento de entre el 20 al 30% de la demanda
mundial del recurso hídrico, agudizando el problema de escasez que afecta a más de
2.000 millones de personas alrededor del mundo, además de otras 4.000 millones que
padecen escasez por lo menos un mes al año (UNESCO, 2019). El consumo anual por
persona de agua en el Ecuador continental de acuerdo al Atlas Ambiental del Instituto
Geográfico Militar (IGM) para el año 2008, se muestra en la Figura 1. Fuente: (IGM,
2014) Figura 1. Consumo de agua en el Ecuador 4 En la ciudad de Quito, capital del
Ecuador, el consumo por habitante es de los más altos del país, alrededor de 200 litros
al día y 220 litros en el verano, generando una demanda promedio diaria para la
ciudad de 8 m3 /s, según la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y
Saneamiento (EPMAPS, 2015). Las fuentes de abastecimiento para la ciudad y la tasa
de crecimiento poblacional, genera insostenibilidad de acceso al recurso en el futuro,
por lo que la EPMAPS se encuentra en la ejecución del proyecto Chalpi, cuyo objetivo
es agregar 2,2 m3 /s al sistema de abastecimiento, y garantizar el recurso hídrico hasta
el año 2040 (EPMAPS, 2016). Los términos relacionados a la insuficiencia del recurso
hídrico son escasez y estrés hídrico; según (Hofste, Reig y Schleifer, 2019) el estrés
hídrico se mide considerando la cantidad de agua extraída por fuentes superficiales y
subterráneas con respecto al total disponible; cuando esta proporción supera el 80%
(extremadamente alto) se considera como escasez. El Ecuador de acuerdo a
información de Aquastat de la FAO, para los años 2000 y 2005 muestra valores de
estrés hídrico de 6,40% y 6,78% respectivamente (Organización de las Naciones Unidas
para la Alimentación y la Agricultura [FAO], 2015). La World Resources Institute (WRI),
sostiene que la tasa de extracción en el mundo de las fuentes de agua dulce,
superficial y subterránea entre los años de 1961 al 2014, se incrementó 2,5 veces
(WRI, 2019). Las cifras del Ecuador en cuanto al porcentaje de extracción de los
recursos hídrico, para el uso agrícola que engloba en este caso la agricultura,
ganadería y acuicultura corresponde al 81,43%, seguido por un 13,04% de extracción
municipal para uso doméstico, y un 5,53% para fines industriales (FAO, 2015). De
acuerdo a las cifras del Ministerio de Agricultura y Ganadería del Ecuador, el 96,83%
de las extracciones son de origen superficial, un 3,15% provienen de agua subterránea
y un 0,02 proviene de agua desalada (MAGAP, 2011). La escasez del recurso puede ser
física por la falta o poca disponibilidad del recurso, económica cuando no se tiene la
infraestructura necesaria para transportar el agua, y social cuando es distribuida o
gestionada de manera irregular o insostenible (UN-WATER, 2014). La disponibilidad del
agua puede verse limitada a su vez por el deterioro de la calidad del recurso, asociado
principalmente a la contaminación de origen antrópico. Las actividades humanas
generan un impacto negativo en los cuerpos hídricos por la introducción de agentes
contaminantes, provocando cambios en la hidromorfología de los cuerpos receptores,
así como también la propagación de especies invasoras. La mala calidad del agua
puede propagar enfermedades como la esquistosomiasis y cólera, que se evidencian
mayormente en países en vías de desarrollo, donde el promedio de las aguas
residuales tratadas es menor que un 5% (UNESCO, 2019). 5 La falta de cumplimiento
de normativa de calidad ambiental para la descarga a los cuerpos de agua, o en su
defecto al sistema de alcantarillado, produce la contaminación de los cauces y el
deterioro de los ecosistemas. En el estudio diagnóstico de las estadísticas del agua en
Ecuador realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL,
2013) determina que las principales fuentes de contaminación en el Ecuador son los
asentamientos humanos, la industria, y la actividad agropecuaria por el uso de
agroquímicos que pueden percolarse al nivel freático, contaminando los acuíferos y
sus salidas; el mismo estudio determina que solo se trata el 7% de las aguas residuales
en el Ecuador, evidenciando la problemática de contaminación en los cuerpos
receptores. Según el informe 2019 de avance del cumplimiento de la agenda 2030
para el desarrollo sostenible del Ecuador, detalla que en país la tasa de mortalidad
atribuida al agua no apta para consumo humano, saneamiento en riesgo y carencia de
higiene, representa un valor de 4,2 personas por cada 100.000 habitantes al año 2014,
y 3,6 personas para el año 2017; problema que podría prevenirse con una mejor
gestión del agua (Secretaría Técnica Planifica Ecuador, 2019). Las actividades
productivas y la necesidad de conocer los efectos que tiene el uso del agua por parte
de los sectores industriales, económicos y sociales, conllevan a la elaboración de
indicadores que permitan la comprensión global del consumo de agua y de esta
manera formar una base para mejorar la gestión de los recursos hídricos (Hoekstra,
Chapagin, Aldaya, y Mekonnen, 2011). La Huella Hídrica (HH) nace a partir del
concepto de Agua Virtual (AV) definido en la década de los noventa por el profesor
John Anthony Allan, como el agua contenida en un producto (Velásquez, 2009), para
dimensionar el consumo del recurso por parte de la industria y solucionar los
problemas de escasez relacionados con la elaboración de los productos. El AV o uso
oculto del agua proporciona información sobre requerimiento de agua y cuantifica la
cantidad del recurso que fue necesario para la producción de los diferentes bienes;
que al relacionarlos con el comercio se puede hablar del AV exportada o importada
por parte de los diferentes países (Martinez, 2013), de modo que países con poca
disponibilidad hídrica se enfoquen en la exportación de productos con bajos
requerimientos de agua e importación de aquellos con mayor demanda del recurso. El
investigador holandés Arjen Hoesktra en el año 2002 mientras trabajaba en el Instituto
UNESCO-IHE para la Educación del Agua, elabora el concepto de la HH como “
indicador que representa el uso de agua dulce, considerando el uso directo por parte
de un productor o consumidor, así como también el uso indirecto del agua” (Hoekstra,
2003), para evaluar la sostenibilidad del recurso en diferentes puntos del planeta. La
HH es entonces un indicador ambiental referente al uso y la contaminación del agua
que contempla las dimensiones 6 directa e indirecta, la primera hace referencia al
volumen de agua incorporado a las fases de operativas en una organización, o de
consumo por parte de una área determinada; mientras que la dimensión indirecta se
refiere al volumen que se utilizó en la cadena de suministros requeridos para producir
los bienes o entregar el servicio. Este análisis se realiza con el propósito de establecer
políticas o estrategias que puedan minimizar el valor del indicador (Vagliente, 2012).
La HH expresa la apropiación humana de agua dulce en términos de volumen, lo que
implica la pérdida de disponibilidad por ausencia de volumen o carencia de calidad
aceptable (Centro de Ciencia y Tecnología de Antoquia [CTA], 2013), el concepto de
disponibilidad aparece cuando se compara la huella hídrica con las reservas reales del
agua dulce. Según (Hoekstra et al., 2011) la HH permite evaluar la forma en que las
actividades humanas o los productos se relacionan con temas de escasez y
contaminación del agua, para una planificación eficiente del recurso, enfocando
actividades, procesos, productos y servicios hacia una sostenibilidad ambiental. La HH
tiene diferentes alcances, puede analizarse desde el punto de vista de consumidor,
grupo de consumidores, de una nación, área geográfica o negocio, los mismos que
tienen como objetivo en común, la sensibilización e identificación de los puntos de
consumo y contaminación, para la formulación de estrategias o metas que puedan
reducir la huella (Hoekstra et al., 2011). Para la evaluación de la HH se emplea la
metodología propuesta por la Water Footprint Network (WFN) a través del Manual de
Evaluación de la Huella Hídrica. La WFN es una red dinámica y global que impulsa la
innovación, inspira cambios para una mejor gestión del recurso, y contribuye al
desarrollo sostenible. Desde su creación en el año 2008, tiene el propósito de reunir a
algunas de las mentes más brillantes para demostrar cómo la evaluación de la huella
puede ayudar a superar los desafíos en relación al uso justo e inteligente del agua
(Water Footprint Network, 2019). El manual de la WFN establece la dimensión directa
e indirecta del agua, dentro de la dimensión directa determina tres componentes que
proporcionan la visión integral del recurso hídrico, el componente azul o Huella Hídrica
Azul (HH Azul), el componente verde (HH Verde) y finalmente el componente Gris (HH
Gris). La metodología separa estos componentes debido a que las fuentes del recurso
tienen diferentes características en cuanto a coste de oportunidad, impactos, así como
también son diferentes las políticas que las administran, incluso para (Aldaya, Llamas,
Garrido y Varela, 2008) mediante estos componentes se garantiza la seguridad hídrica
y alimentaria. Huella Hídrica Azul: Corresponde al uso consuntivo de agua dulce, es
decir, el volumen de agua extraída por fuente superficial o subterránea 7 que no
retorna al sistema, considerado como flujo perdido. El uso consuntivo comprende los
casos cuando el recurso hídrico se evapora, es incorporado a un producto, no regresa a
la misma cuenca, es dispuesta directamente al mar, y cuando no regresa en el mismo
periodo de tiempo. Siendo la evaporación el caso más significativo (Hoekstra et al.,
2011). Huella Hídrica Verde: Representa el volumen de agua proveniente de las
precipitaciones (agua lluvia), las cuales se almacenan o son retenidas en los estratos
permeables del suelo, satisfaciendo la demanda de la vegetación, y devuelto a la
atmósfera por el proceso de evapotranspiración (Hoekstra et al., 2011). Huella
Hídrica Gris: Tiene como punto de partida el uso del agua, y representa según
(Hoekstra et al., 2011) el volumen de agua necesario para asimilar la carga
contaminante en base a las concentraciones naturales y las normas de calidad
ambiental. El concepto apareció como una manera de expresar la contaminación del
agua en términos de un volumen, para mantener en buen estado los cuerpos
receptores que sustentan ecosistemas (Franke, Boyacioglu y Hoekstra 2013). Por otra
parte la dimensión indirecta de la HH considera los insumos empleados por el lugar o
entidad de enfoque, estos suministros tienen una fuente ajena de producción,
fabricación o generación, grabando así un consumo indirecto de agua. En muchos de
los casos la HH indirecta resulta mucho mayor a la directa por el tipo y cantidad de
materiales o insumos que se emplea (Hoekstra et al., 2011). La evaluación de la HH
representa una herramienta analítica que proporciona una visión general del uso y
contaminación del agua, para determinar acciones y planes de acción. El análisis de la
HH contribuye a un mejor manejo del agua por parte de las diferentes entidades y
estados, que puede verse amenazada por factores naturales y principalmente
antrópicos, relacionadas al crecimiento poblacional, escasez, y contaminación del
recurso hídrico (UNESCO, 2018). Las instituciones educativas suponen un consumo de
agua para llevar a cabo la entrega del servicio, el uso de los baños, labores de aseo,
riego, hidratación; se traduce en el consumo y contaminación del agua (Becerra y
Barranza, 2013). La HH como herramienta e indicador permite el reconocimiento del
uso del agua por diferentes fuentes y la contaminación de los sistemas hídricos por
incumplimiento de calidad aceptable, permitiendo optimizar y controlar el uso del
recurso bajo un enfoque de sostenibilidad, equidad y eficiencia en el aprovechamiento
del agua (Hoekstra et al., 2011). 8 Algunos estudios realizados en la región con relación
a la HH proveniente de universidades, son: “Estimación Huella Hídrica de la
Universidad Tecnológica Metropolitana” en Chile, (Becerra y Barranza, 2013);
“Aproximación a la Huella Hídrica en la Universidad Autónoma de Occidente” en
Colombia (Leyton y Contreras, 2015); y “Huella Hídrica de la Pontificia Universidad
Católica del Perú” (Castillo, 2016). En el ámbito nacional se encuentra el estudio
“Medición de la Huella Hídrica Universidad Politécnica Salesiana Campus Sur” (Ortiz,
2018). La Universidad UTE Campus Occidental, ubicada en la parroquia Rumipamba del
cantón Quito, aproximadamente a 3000 m.s.n.m. (Herrera, 2017), por medio de su
política ambiental promueve la protección del medio ambiente como parte integral de
sus actividades, apoyado por el plan de sostenibilidad MAS – UTE, que se divide en ejes
temáticos y áreas de gestión, las cuales tienen como fin la mejora en el desempeño y
la responsabilidad ambiental considerado como indicador de campus sostenibles
según (Quacquarelli Symonds, 2019). El área correspondiente a la gestión del agua se
encuentra en el eje temático de operación e infraestructura, que tiene como meta la
reducción del consumo de agua, a través de estrategias y el establecimiento de una
línea base de consumo para la identificación de áreas de consumo significativo
(Universidad UTE, 2018). El objetivo del trabajo fue analizar la huella hídrica de la
Universidad UTE campus occidental con el fin de implementar un protocolo de
estrategias orientadas a su reducción. Se localizaron y describieron los diferentes
espacios dentro de la universidad donde de utiliza, evapora y contamina el recurso, de
acuerdo al manejo agua por parte de la Universidad y los componentes que conforman
la Huella Hídrica. Mediante la recopilación de información se calculó el indicador bajo
la metodología de la Water Footprint Network (WFN), y se estableció el protocolo de
estrategias para su reducción, evaluadas desde perspectivas ambientales, sociales y
económicas.