N° 76, 2016
pp. 393-419
[Link]
El delito de trata de personas como
delito complejo y sus dificultades en la
jurisprudencia peruana
The crime of human trafficking as a complex crime and its
difficulties in the Peruvian jurisprudence
Y VAN MONTOYA V I V A N C O *
Resumen: El delito de trata de personas es un delito de naturaleza compleja y
presenta problemas dentro de su interpretació n en la jurisprudencia peruana.
Estos problemas obligan al autor a estudiar la delimitació n del bien
jurídico protegido detrás de este delito, el consentimiento de menores de
edad, el aná lisis de la relació n de dominio que antecede o es provocada por el
agresor sobre la víctima y el enfoque probatorio que supone esta
reinterpretació n del delito de trata de personas. De acuerdo con el marco
jurídico anterior, el autor analiza casos observados por la Corte Suprema
peruana y las diversas posturas doctrinales para finalmente emitir una
postura propia, la cual se caracteriza por ser crítica y contraria a la
interpretació n presente en la jurisprudencia suprema peruana.
Palabras clave: derecho penal – tráfico de personas – delito complejo
– jurisprudencia peruana – bien jurídico protegido – enfoque probatorio
Abstract: The crime of human trafficking is a crime of complex nature
and presents problems in its interpretation in the Peruvian law and
jurisprudence. These problems require the author to study the legally
protected goods behind this criminal prohibition, the consent of minors,
analysis of the previous domain relationship above the victim or caused
by the perpetrator, and the evidential approach that this reinterpretation
of the crime of trafficking assumes. According to the previous legal
framework, the author stands his proposal, which is characterized by
criticism and being contrary to the Peruvian supreme jurisprudence.
Key words: Criminal Law – human trafficking – complex crime – Peruvian
case law – legal right protected – evidential approach
CONTENIDO: I. ASPECTOS FENOMENOLÓGICOS.– II. LA
NATURALEZA COMPLEJA DEL DELITO DE TRATA DE PERSONAS.– II.1. EL
TIPO DE INJUSTO DEL DELITO DE TRATA DE PERSONAS EN EL PERÚ.–
II.2. LA ESPECIAL
* Abogado, doctor en Derecho Penal por la Universidad de Salamanca. Estudios de posgrado en el Instituto
Internacional de Derechos Humanos René Cassin de Estrasburgo. Exjefe de la Unidad de Extradiciones de la
Procuraduría Anticorrupción. Excoordinador de la Maestría en Derecho Penal de la Pontificia Universidad
Católica del Perú (PUCP). Profesor principal del Departamento de Derecho de la PUCP. Miembro del Comité
Directivo del Instituto Democracia y Derechos Humanos de la PUCP. Correo electrónico: ymontoy@[Link]
39 SITUACIÓN VICTIMIZANTE Y LA FORMACIÓN DE LOS TIPOS PENALES.– II.3.
EL DELITO DE TRATA DE PERSONAS COMO DELITO DE DOMINIO SOBRE LA
VÍCTIMA Y RELEVANCIA DEL CONSENTIMIENTO.– II.3.1. EL SUPUESTO DE LA
4
TRATA DE PERSONAS MAYORES DE EDAD.– II.3.2. EL SUPUESTO DE LA
TRATA DE PERSONAS MENORES DE EDAD.– II.4. EL BIEN JURÍDICO
PROTEGIDO Y EL REPLANTEAMIENTO DEL TIPO.– III. LOS PROBLEMAS DE LA
JURISPRUDENCIA DE LA CORTE SUPREMA DE LA REPÚBLICA FRENTE AL
DELITO DE TRATA DE PERSONAS.– III.1. EL BIEN JURÍDICO PROTEGIDO
SEGÚN LA JURISPRUDENCIA SUPREMA.– III.2. EL VALOR DEL
CONSENTIMIENTO DE LAS VÍCTIMAS MENORES DE EDAD EN DELITOS DE
TRATA DE PERSONAS Y DE VIOLACIÓN SEXUAL EN EL CONTEXTO DE UN
PROCESO DE TRATA DE PERSONAS.–
[Link]ÓN CRÍTICA DE LA ACTUACIÓN DE LAS SALAS PENALES DE LA
CORTE SUPREMA EN CASOS DE TRATA DE MENORES DE EDAD.– V. A
MANERA DE CONCLUSIÓN.– VI. BIBLIOGRAFÍA.
I . A S P E C T OS F E N O M E N O L Ó G I C OS
Criminoló gicamente, el fenó meno delictivo de la trata de personas
se manifiesta de diversas formas en el Perú : desde sus formas
macrocriminales, como expresió n de la criminalidad organizada,
hasta sus formas simples, como expresió n de una coparticipació n o
intervenció n monosubjetiva en el delito, alejadas de las estructuras
criminales organizadas. Sin embargo, son las formas simples de
intervención delictiva las que parecen ser las prá cticas má s extendidas,
especialmente en la selva y en la sierra del Perú . Efectivamente, la
realidad peruana presenta, no con visible frecuencia, situaciones de
trata internacional o transfonteriza. El Observatorio de Criminalidad
del Ministerio Pú blico (2014) peruano registra 31 víctimas de trata
de personas de origen extranjero para el añ o 2013. Estas representan
apenas el 5% del universo de víctimas de trata —nacionales y
extranjeros—, aunque no se conoce la nacionalidad de un 23% de
ellas. Por su parte, el ú ltimo informe sobre la situació n de la trata
en el Perú , realizado por la organizació n Capital Humano y Social
Alternativo (CHS Alternativo), nos indica, a partir de informació n
brindada por la Divisió n Nacional contra la Trata de Personas de la
Policía Nacional, que, en el añ o 2014, las intervenciones policiales
arrojaron 19 víctimas extranjeras, de las cuales 8 son de Colombia,
7 de Ecuador y 4 de Repú blica Dominicana (2015).
YVAN MONTOYA
Todo ello nos lleva a considerar que es en estos casos en donde
podríamos apreciar algunas formas de organizaciones criminales que
estén facilitando el ingreso al país de víctimas de trata de mujeres con
fines de explotació n sexual, especialmente utilizando la vía de
nuestras fronteras con países limítrofes como Colombia y el Ecuador.
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E los Estados Unidos de
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América (2015) sobre el añ o 2014 nos recuerda que el Perú es un país
de origen, tránsito y destino. Así, el informe señ ala que mujeres
peruanas son obligadas a ejercer la prostitució n en el Ecuador y
Argentina, y que hombres y mujeres son obligados a trabajar en
395
condiciones forzadas en Argentina, Chile, Ecuador y Estados Unidos. A EL DELITO
DE TRATA
su vez, el mismo informe refiere que mujeres extranjeras —Ecuador,
DE
Bolivia o Colombia— se encuentran sometidas a la trata con fines de
PERSONAS
explotació n sexual o laboral en el Perú . COMO DELITO
Sin embargo, son los estudios realizados por Mujica (Mujica & COMPLEJO Y SUS
Cavagnoud, 2011) en dos zonas amazó nicas del Perú —Pucallpa e DIFICULTADES
Iquitos— los que muestran có mo la trata de personas resulta ser un EN LA
JURISPRUDENCIA
fenó meno que escapa al estereotipo que se ha construido desde los
PERUANA
estudios de la trata internacional, esto es, un fenó meno criminal que
se produce en un contexto de criminalidad organizada especialmente THE CRIME
transnacional y que ofrece a los perpetradores una gran rentabilidad OF HUMAN
econó mica1. Los estudios de Mujica son de cará cter etnográ fico y, TRAFFICKING
como tales, se concentran en el estudio del contexto del fenó meno, los AS A COMPLEX
actores involucrados y el modus operandi de este fenómeno delictivo. Los CRIME AND ITS
resultados de los estudios son en realidad desmitificadores. DIFFICULTIES IN
THE PERUVIAN
Veamos algunas características encontradas. En primer lugar, con JURISPRUDENCE
relació n a Pucallpa, se trata de un fenó meno que se produce en una
zona empobrecida, pero donde se acentú a la explotació n
maderera y de hidrocarburos, es decir, una zona donde hay una
concentració n de riqueza en un grupo minú sculo de personas y una
extensa zona de pobreza y, a veces, de pobreza extrema (Mujica &
Cavagnoud, 2011,
p. 96). Es alrededor de ese tipo de actividades que se aprecia, de forma
extendida, el ejercicio de la prostitució n en la zona de Pucallpa. Sin
embargo, donde se aprecia una situació n visible de ejercicio de la
prostitució n de niñ as y adolescentes —entre 12 y 17 añ os— es en
«la zona de los bares, alrededor de los puertos y aserraderos de la
orilla del río Ucayali y en las tabernas para los pescadores y balseros
que rodean el mercado de Yarinacocha» (p. 98). Sobre ellas
generalmente ejerce dominio una mujer, quien ocupa una posición
compleja de promotora de la prostitució n de las menores, de
proveedora de alimentación y vestido para ellas y protectora frente
al maltrato físico del que podrían ser víctimas. He ahí el dominio
sobre la víctima.
En el caso de la Amazonía, el estudio se concentra en la zona de
Mazán (Mujica & otros, 2013), a tres horas de la ciudad de Iquitos.
Si bien no es un estudio específico sobre la trata o explotació n
sexual de personas, sí es un estudio general sobre la violencia
sexual contra
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YVAN MONTOY
1 Al respecto, se suele sostener en los informes internacionales que la trata de personas internacional es el delito
que genera mayor rentabilidad económica después del narcotráfico y el tráfico de armas ilegal.
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39 mujeres adolescentes en el que se incluye también los casos de trata
de adolescentes. El estudio concluye, de manera semejante al estudio
anterior, que «el fenó meno parece estar asociado menos al aumento
6
del crimen organizado o la delincuencia comú n y más a patrones
locales y estructurales de la violencia asociados a los patrones de
residencia y convivencia, la dinámica comercial local y la
presencia/ausencia del Estado […] las formas de organizació n
familiar, etcétera» (p. 69). De acuerdo con ambos estudios,
especialmente el primero, tres parecen ser las características de la
explotación de niñ as y adolescentes en la zona de la selva peruana,
aunque también extendibles a la zona de la sierra:
1. Se trata de una actividad econó mica complementaria de otro
tipo de ingresos lícitos como la venta de comida, servicio de
hospedaje, etcétera (Mujica & Cavagnoud, 2011, p. 101);
2. Se trata de una actividad poco o escasamente rentable,
esencialmente de una economía de subsistencia (p. 101);
3. Se trata de una actividad que involucra al entorno familiar,
especialmente responsables son mujeres que ocupan un rol
complejo de proxeneta-madrina-tía frente a la adolescentes que
«administran» (pp. 102-103).
En consecuencia, son los casos de trata de adolescentes con fines de
explotació n sexual, de carácter más doméstico e interno, los que con
mayor frecuencia se reflejan en la jurisprudencia peruana. Pues bien,
antes de proceder a una valoració n de algunos criterios
interpretativos de nuestra jurisprudencia suprema en este tipo de
casos (secció n III), es importante detenernos en el estudio de la
naturaleza compleja del tipo de injusto del delito de trata de
personas en el Có digo Penal peruano (secció n II). Solo apreciando
esta naturaleza, será posible entender lo que, en nuestra
consideració n, son valoraciones equívocas de la jurisprudencia de
las Salas de la Corte Suprema del Perú .
II . LA N A T U R A L E Z A C O M P L E JA D E L D E L I T O DE
TR ATA DE P E R S O N A S
El delito de trata de personas, sin constituir formalmente un delito
especial, no resulta un delito comú n susceptible de realizarse bajo
YVAN MONTOYA
cualquier contexto. Se trata de un delito que presupone una
situación asimétrica o de dominio entre un agresor o agresores y
una víctima vulnerable, sea esta mayor o menor de edad. Esta
situació n es aprovechada por el agresor para someter a la víctima a
una condició n de explotació n sexual o laboral. La tipificació n del
delito de trata de personas recoge de forma clara esta situación
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a dominio del primero sobre la segunda. Esta situació n, tal como
s veremos posteriormente, confirma nuestra
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posició n en el sentido de que la dignidad humana es el bien jurídico
protegido, el mismo que nos reconduce a una comprensió n
determinada de los diversos elementos del tipo penal, especialmente
el relacionado con la relevancia del consentimiento de la víctima.
397
EL DELITO
Esta característica del tipo de injusto del delito de trata de personas DE TRATA
solo es explicable en razó n del proceso de incidencia que tiene la DE
especial situación victimizante que afecta a las víctimas de trata sobre PERSONAS
la configuració n de este tipo penal (II.2.), el cual se constituye en COMO DELITO
un delito de dominio del sujeto activo sobre la vulnerabilidad de la COMPLEJO Y SUS
víctima (II.3.). Solo bajo este entendimiento del tipo penal es posible DIFICULTADES
reconocer cabalmente el bien jurídico protegido con la prohibició n EN LA
JURISPRUDENCIA
penal de la trata: la dignidad humana (II.4.). Sin embargo, antes de
PERUANA
detenernos en este proceso de configuració n del tipo penal de trata
como un delito de dominio y en el reconocimiento del bien jurídico THE CRIME
protegido, conviene presentar brevemente la regulació n del delito OF HUMAN
de trata en nuestra legislació n penal (II.1.). TRAFFICKING
AS A COMPLEX
CRIME AND ITS
[Link] tipo de injusto del delito de trata de personas en DIFFICULTIES IN
el Perú THE PERUVIAN
El tipo de injusto del delito de trata de personas en el Perú se JURISPRUDENCE
encuentra regulado en el artículo 153 del Código Penal2. Al igual que la
mayoría de legislaciones de nuestro entorno cultural, la tipificación
penal peruana responde, en esencia, al modelo planteado por el
Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas,
especialmente mujeres y niñ os, que complementa la Convenció n de
las Naciones Unidas contra la delincuencia organizada transnacional
(2000; en adelante Protocolo de Palermo)3. De acuerdo con este
parámetro internacional, la legislación
2 Artículo 153: «Trata de personas
1. El que mediante violencia, amenaza u otras formas de coacción, privación de la libertad, fraude,
engaño, abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad, concesión o recepción de pagos o de
cualquier beneficio, capta, transporta, traslada, acoge, recibe o retiene a otro, en el territorio de la
República o para su salida o entrada del país con fines de explotación, es reprimido con pena privativa de
libertad no menor de ocho ni mayor de quince años.
2. Para efectos del inciso 1, los fines de explotación de la trata de personas comprende, entre otros, la
venta de niños, niñas o adolescentes, la prostitución y cualquier forma de explotación sexual, la
esclavitud o prácticas análogas a la esclavitud, cualquier forma de explotación laboral, la
mendicidad, los trabajos o servicios forzados, la servidumbre, la extracción o tráfico de órganos o
tejidos somáticos o sus componentes humanos, así como cualquier otra forma análoga de explotación. […]
3. La captación, transporte, traslado, acogida, recepción o retención de niño, niña o adolescente con
fines de explotación se considera trata de personas incluso cuando no se recurra a ninguno de
los medios previstos en el inciso 1.
YVAN MONTOYA
4. El consentimiento dado por la víctima mayor de edad a cualquier forma de explotación carece de
efectos jurídicos cuando el agente haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados en el
inciso 1».
3 Artículo 3: «Definiciones.
Para los fines del presente Protocolo:
a) Por “trata de personas” se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de
personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al
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fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la
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39 penal peruana también define el delito de trata de personas sobre la
base de tres bandas definicionales (el nombre de «banda definicional»
es tomado de Rabossi, 1990, p. 181-182, a propó sito del estudio de los
8
elementos del derecho a la no discriminación), a saber: las
conductas, los medios y los fines (Geronimi, 2002, p. 20; me he
referido antes a este autor en Montoya, 2012, p. 10).
A. – Las conductas
El tipo de injusto del delito de trata de personas prohíbe,
alternativamente, una variedad de conductas que van desde la
captación de la victima desde su lugar de origen o hábitat de
procedencia hasta su retención con fines de explotació n laboral o
sexual, pasando por otras conductas propias del ciclo de la trata como el
transporte, el traslado de las víctimas, la recepción o acogida de la
misma.
Por captación debe entenderse el acto de reclutar o lograr la
aceptació n de la víctima para realizar una determinada actividad
(Pomares Cintas, 2010) constitutiva de explotació n laboral o sexual.
Desde el punto de vista criminoló gico, se trata del primer eslabó n
de la cadena de la trata de personas, sin que ello implique que
dogmáticamente se trate de una etapa que necesariamente el
agente deba realizar, dado que, al tratarse de comportamientos
alternativos, aquel podría intervenir en los posteriores eslabones de
la cadena sin haber intervenido en el primero.
Por transporte entendemos cualquier conducta que implique el
movimiento de la víctima de un lugar a otro, dentro o fuera del
territorio nacional. Es importante que esta conducta genere un
riesgo penalmente no permitido y, en tal sentido, supere el sentido de
comportamientos neutrales. Solo es posible evidenciar esto cuando el
tratante mantiene una cierta relació n de dominio sobre la víctima,
especialmente por alguno de los medios típicos utilizados4. Con
relació n al concepto de traslado, es posible encontrar una definició n
que no se confunda con el concepto anterior (transporte), a pesar
que exista semejanza entre ambos. Se trata de comprender el traslado
como el traspaso de control sobre una persona que es objeto de
trata
YVAN MONTOYA
concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga
autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá, como mínimo, la
explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios
forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de
órganos. […]
c) La captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de un niño con fines de explotación se
considerará “trata de personas” incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios enunciados en el
apartado a) del presente artículo».
4 Esta conducta podría llevar a considerar, equivocadamente, que el movimiento o el desplazamiento
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(desarraigo) es una característica que define el concepto de trata. Sin embargo, ello no es así dado que, a
diferencia de otras regulaciones comparadas, en nuestra legislación se tipifica la modalidad de retención de la
víctima, lo que no implica necesariamente movilidad o traslado de la víctima, sino simple privación de la
libertad, en el lugar donde se encuentre, con fines de explotación.
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amplia
que las
(Montoya, 2012, p. 55; tomando como referencia el Convenio del descrit
Consejo de Europa sobre la Lucha contra la Trata de Seres as en el
Humanos de 2005), es decir, la «concesió n o recepció n de pagos o Protoco
beneficios para obtener el consentimiento de una persona que lo de
tenga autoridad sobre otra» (Montoya, 2012, p. 55; citando el Palerm
Protocolo de Palermo). o. Estos
Finalmente la acogida implica que el agente admita en su hogar o fines
domicilio a una persona objeto de trata. La diferencia de este concepto pueden
con el de recepción, con el cual mantiene una gran semejanza, agrupa
radica en la connotació n de permanencia que caracteriza a la rse en
acogida y no tanto a la recepció n (Pomares Cintas, 2010, p. 550). tres:
Como puede apreciarse, tanto la conducta de retenció n como la los
reinterpretació n de la conducta de traslado de personas nos fines
permitirían incorporar, como delito de trata de personas, supuestos de
recurrentes en el Perú que no se encuentran criminalizados en otras explota
legislaciones de nuestro entorno cultural. Nos referimos a los casos ció n
que hemos descrito en la primera parte de este trabajo y que sexual
revelan supuestos de trata doméstica y de economía familiar de vienen
supervivencia. Se trata de casos en los que no existe movilidad de referid
la víctima o la misma es traspasada de dominio desde sus padres os, de
hacia terceros afines. maner
a
enunci
B. – Los medios
ativa,
Nuestro tipo penal, al igual que la definición del Protocolo de Palermo,
por el
contempla para el caso de víctimas adultas diversos medios comisivos
ejercici
que denotan la ausencia de un consentimiento válido y a través de
o de la
los cuales el tratante persigue su objetivo de explotar sexual o
prostit
laboralmente a la víctima. Se trata del uso de la violencia, la
ución y
amenaza, el engañ o o fraude o, especialmente, el abuso de poder o
la
de una situació n de vulnerabilidad. Especialmente sobre este supuesto
esclavit
y su incidencia sobre la manifestació n de voluntad de la víctima es
ud
que nos detendremos posteriormente. Es importante resaltar que, al
sexual,
igual que en el Protocolo de Palermo, la regulación penal peruana
dejand
excluye estos medios comisivos en los casos de víctimas menores de
o
edad. En estos casos, se presume iure et de iure irrelevante el
abierto
consentimiento de la víctima menor de edad siempre que la captación,
s estos
el transporte (o traslado), recepción acogida o retenció n tengan fines
de explotació n sexual o laboral.
C. – Los fines
YVAN MONTOYA
La ú ltima banda definicional del delito de trata de personas viene
constituida por los fines de la explotació n humana a los cuales se
orienta cualquiera de las conductas típicas mencionadas. En la
legislació n penal peruana, estos fines cubren una gama un poco más
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399
EL DELITO DE TRATA DE PERSONAS
COMO DELITO COMPLEJO Y SUS DIFICULTADES EN LA JURISPRUDENCIA PERUANA
THE CRIME OF HUMAN TRAFFICKING
AS A COMPLEX CRIME AND ITS DIFFICULTIES IN THE PERUVIAN JURISPRUDENCE
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
40 fines, mediante una clá usula de extensió n analó gica, a otras formas de
explotació n sexual; los fines de explotació n laboral se refieren, también
enunciativamente, a la obligació n de mendigar, de realizar trabajos o
0
servicios forzados, a la servidumbre y la esclavitud, dejando abiertos
estos fines, mediante una clá usula de extensió n analó gica, a otros
fines de explotació n laboral; otros fines de explotació n taxativamente
mencionados como la venta de niñ os, extracció n o tráfico de
ó rganos o tejidos humanos. Precisamente varios de los fines
mencionados se añ aden de manera novedosa a nuestra legislació n y
no son registradas por el Protocolo de Palermo. Así, puede citarse la
esclavitud sexual, la venta de niñ os, el sometimiento a la
mendicació n y la extracció n de tejidos humanos.
Hasta aquí, hemos presentado brevemente el contenido del tipo penal
de trata de personas en la legislació n penal peruana. Veamos ahora
có mo la especial situació n victimizante en la que se encuentran las
víctimas de la trata incide en el proceso de configuració n del
referido tipo penal.
[Link] especial situación victimizante y la formación de
los tipos penales
De acuerdo con Subijana Zunzunegui (2004), apelando a una
perspectiva victimológica, el principio de protecció n de las víctimas
despliega uno de sus máximos alcances en el derecho sustantivo.
Efectivamente, desde el á ngulo del tipo penal, este despliega su
pretensió n protectora, configurando el bien jurídico protegido, el
contenido y finalidad del injusto en funció n del tipo de víctima con
el que nos encontremos. Los estudios criminoló gicos modernos,
desde sus primeros momentos, evidenciaron que determinadas
características personales o contextuales5 de las víctimas determinan,
en algunas de ellas más que en otras, su
«propensió n» a ser víctimas de determinado tipo de delito (de la
Cuesta Aguado, 2003, p. 122).
Bajo la perspectiva anterior, y dependiendo de las notas especiales de
victimizació n sufrida, el tipo penal minimiza o maximiza la protecció n
penal de aquella víctima (Subijana Zunzunegui, 2004, p. 15). Estas
notas permiten, segú n Subijana, agrupar a las víctimas en víctimas
comunes —aquellas que no presentan notas particulares que permitan
YVAN MONTOYA
una protecció n especial en el tipo penal— y víctimas específicas
—aquellas que presentan especiales características que determinan,
5 Señala Bottke que «son varios los factores que influyen en la victimización de un individuo. El estilo de vida,
edad, sexo, raza, origen y origen social son todos factores influyentes que determinan la victimización. De
acuerdo con las investigaciones realizadas hasta la actualidad, esto es evidencia que la victimización es más
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común para algunos grupos de nuestra sociedad que para otros y que algunas personas sufren más el delito que
otras» (Bottke, 2003, p. 477).
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a su vez, formas especiales, intensificadoras o moduladoras de la
protecció n jurídico penal— (p. 15). Dentro de estas ú ltimas, el
referido autor distingue entre víctimas vulnerables, víctimas familiares,
víctimas simbó licas, víctimas estatales o víctimas participantes.
401
EL DELITO
Nos interesa resaltar el caso de las víctimas vulnerables y de las DE TRATA
víctimas familiares, dado que ambas explican bastante bien el caso DE
de las víctimas de trata de personas y del correspondiente tipo PERSONAS
penal orientado a su protecció n. En el caso de las víctimas COMO DELITO
vulnerables, se trata de aquellas que «presentan una especial COMPLEJO Y SUS
dificultad para contener los riesgos de victimación a los que se DIFICULTADES
encuentran expuestas» (p. 15) por diversas razones (personales, EN LA
JURISPRUDENCIA
econó micas, sociales-psicoló gicas, medios coercitivos utilizados,
PERUANA
etcétera). En mi concepto, el caso de víctimas familiares es una
especificidad de las víctimas vulnerables, dado que la situació n de THE CRIME
vulnerabilidad radica en el contexto familiar o doméstico donde el OF HUMAN
pariente o familiar ejerce un dominio sobre la víctima o abusa de la TRAFFICKING
situació n de confianza que esta deposita en aquel (p. 15). En ambos AS A COMPLEX
casos, creo que la situació n vulnerable de la víctima condiciona el tipo CRIME AND ITS
penal, «pergeñ ando en la configuració n del injusto los elementos DIFFICULTIES IN
THE PERUVIAN
definidores de la situació n vulnerable, permitiendo con ello un
JURISPRUDENCE
incremento del desvalor del hecho atribuido al victimario» (p. 15).
Los estudios victimoló gicos (Tamarit Sumalla, 1998, pp. 196ss.; García
Pablos de Molina, 2007. pp. 117ss.) y el propio Protocolo de
Palermo parten de considerar que existen una serie de factores que
condicionan la situació n vulnerable de una víctima de trata. Así,
principalmente, la precaria situació n econó mica de la víctima —
pobreza—, la falta de oportunidades en el contexto donde ella se
desenvuelve, la relació n de dependencia —psicoló gica o
econó mica— con el victimario, la relació n de autoridad que ejerce el
victimario sobre la víctima, etcétera.
Ello explica por qué el tipo penal no solo se limita, en caso de víctimas
adultas, a la exigencia de la utilizació n de medios coercitivos
clá sicos como la violencia, amenaza o el engañ o, sino que añ ada,
como umbral general del tipo penal, el aprovechamiento de la
situació n de vulnerabilidad de la víctima. Y ello explica también por
qué en el caso de las víctimas menores de edad no se exija la
verificació n de alguno de los medios coercitivos, fraudulentos o de
abuso. Condicionado por esa perspectiva victimoló gica, el tipo de
YVAN MONTOYA
injusto del delito de trata de personas presenta una característica
especial que lo configura como un delito de dominio de un agente
sobre una víctima vulnerable, sea persona adulta o menor de edad.
Esta característica, como veremos enseguida, incide sobre la
comprensió n del consentimiento.
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40 [Link] delito de trata de personas como delito de
dominio sobre la víctima y relevancia del
consentimiento
2 II.3.1. El supuesto de la trata de personas mayores de edad
Con relación al primer supuesto, el de la trata de personas mayores
de edad, el tipo penal plantea, como hemos mencionado, una serie
de medios comisivos como la violencia, la amenaza, el engañ o, la
coacció n, el fraude, el rapto o el abuso de una situació n de
vulnerabilidad, los cuales operan como mecanismos que permiten
evidenciar el vicio del aparente consentimiento de la víctima (este es
el expreso sentido que señ ala el Protocolo de Palermo en el literal b
del artículo 3) y anunciar el riesgo próximo de una situació n de
explotació n sexual6, laboral u otras forma de explotació n.
Esta constatació n no es incompatible, sino complementaria, con
la perspectiva adoptada por otros autores, quienes indican que
dichos medios comisivos «configuran el escenario de dominio y de
sometimiento característico de la trata» (véase Pomares Cintas, 2010,
p. 551; quien cita las posiciones de Pérez Alonso y Villacampa
Estiarte). Esta característica se condice con el diagnó stico
criminoló gico antes expuesto, que nos indica que, indistintamente
que se trate de un delito cometido en un contexto de criminalidad
organizada o se trate de un delito como expresió n de prácticas
codelincuenciales domésticas e incluso unipersonales, el delito de
trata expresa siempre un situación previa o provocada de relación
asimétrica de dominio de una persona sobre otra. Esa relación
asimétrica de dominio entre el tratante y la víctima es un elemento
que se empieza a evidenciar a partir de cualquiera de los medios
comisivos antes indicados.
Sin embargo, no debe confundirse este ejercicio de dominio que se
expresa en los medios comisivos con el dominio que se expresa en la
situació n efectiva de explotació n de la persona. Evidentemente, la
explotació n efectiva de una persona —la explotació n de la
prostitució n ajena, la explotació n sexual, la servidumbre, el trabajo
forzado, la esclavitud, etcétera— configura también una situación
de dominio de una persona sobre otra, pero esta forma de dominio
resulta una expresió n cuantitativamente más intensa que aquel
YVAN MONTOYA
dominio inicial expresado en el uso de la violencia, la amenaza, el
engañ o o el abuso de una situació n vulnerable con fines de
explotació n7. Ello en virtud de
6 Como señala Fernández Olalla cuando hace referencia al momento de la captación engañosa,
«en estos casos, el engaño se proyecta sobre las durísimas condiciones de vida que le aguardan, las
condiciones laborales extremas y la eventual venta como esclava (a la víctima) a otras organizaciones» (2012,
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
p. 108).
7 Debo explicar que no creo que se trate de dos tipos de dominio autónomos, sino todo lo contrario. El primer
dominio, que se expresa al momento de la utilización, de la violencia, la amenaza, el fraude o el
aprovechamiento de una situación de vulnerabilidad, es un continuo hasta alcanzar una situación de dominio
más intenso de una persona sobre otra, de tal manera que esta se encuentra disponible a la manera de una cosa
o un animal.
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
76
que, en este ú ltimo supuesto, el tratante instrumentaliza o cosifica
para su provecho personal el cuerpo o el trabajo de la víctima. En ese
sentido, a diferencia de lo que parecen sostener algunos autores8,
personalmente creo que la gravedad del delito de trata de personas
403
EL DELITO
radica sobre todo en el fin que persiguen la captació n, el traslado, la
DE TRATA
acogida o la retenció n de la persona —sobre quien se ha empleado
DE
alguno de los mencionados medios comisivos—; esto es, el efectivo PERSONAS
sometimiento de esta a una determinada situació n de explotació n COMO DELITO
—sexual, laboral u otra— (comparto, en ese sentido, la posició n de COMPLEJO Y SUS
Aboso, 2013, p. 90). DIFICULTADES
Desde esta perspectiva, los medios comisivos son solo una forma de EN LA
JURISPRUDENCIA
explicitación de elementos que permiten orientar al operador judicial
PERUANA
respecto del vicio del consentimiento de una persona que es
conducida a una situación de explotació n. En realidad, desde una THE CRIME
mirada estricta no serían elementos necesarios (Aboso, 2013, p. 90). OF HUMAN
Las conductas que están dirigidas a llevar a una persona a una TRAFFICKING
situació n de explotació n presuponen el empleo de algú n AS A COMPLEX
mecanismo coercitivo contra la víctima o, al menos, el CRIME AND ITS
aprovechamiento de los escasos márgenes de autodeterminació n DIFFICULTIES IN
THE PERUVIAN
que tiene una persona adulta en situació n de vulnerabilidad. Esta
JURISPRUDENCE
es la ú nica manera de comprender por qué una persona no puede
«consentir» válidamente una próxima situació n de explotación9. Esto
explicaría por qué varias legislaciones del ámbito latinoamericano
prescinden, en su tipificación interna, de los medios comisivos antes
expuestos. Así, por citar algunos de los ejemplos más
representativos, las legislaciones penales de Colombia, Argentina,
Ecuador y México prescinden en la tipificación de su delito de trata de
personas de los medios comisivos que hemos indicado anteriormente.
Evidentemente, esta ausencia de medios comisivos en la tipificació n
interna no significa que el operador judicial no deba hacer el esfuerzo
de evidenciar algú n medio comisivo —violento, coercitivo o
de
8 Es dudosa la posición de Pomares Cintas, quien, por un lado, afirma que «esta situación de
cosificación de la persona previa a la explotación es lo que justifica la singularidad de delito autónomo», lo
que da a entender que lo importante es la instrumentalización que se produce con anterioridad a la explotación
y, por otro lado, resalta que la relevancia típica de las conductas de captación, traslado o acogida solo se
produce cuando «se encuentren objetivamente vinculadas en el momento de la acción a la consecución de las
conductas de explotación» (2010, p. 548). Véase también Maraver Gómez, 2006, p. 622.
9 Daunis Rodríguez plantea claramente las dos posiciones: «de un lado aquellas que niegan la validez de
cualquier tipo de consentimiento que haya sido otorgado por una persona explotada, al entenderse que
ninguna persona puede aceptar su propia explotación; y de otro lado, las que aseveran la necesidad de
garantizar la libertad de las personas para decidir sobre su futuro». Sin embargo, el autor interpreta el artículo
3 del Protocolo de Palermo en el sentido de que el Protocolo opta por la segunda de las posiciones, esto es,
YVAN MONTOYA
el reconocimiento pleno de la libertad individual:
«el consentimiento dado por la víctima de la trata […] a toda forma de explotación que se tenga la intención de
realizar […] no se tendrá en cuenta cuando se haya recurrido a cualquiera de los medios enunciados en dicho
apartado» (2013, p. 144). En mi concepto, el enunciado debe interpretarse de manera contraria. No hay
consentimiento válido —es decir, no existe posibilidad de consentimiento— cuando la víctima se encuentre
frente a una situación de violencia, amenaza o especialmente de vulnerabilidad aprovechada por el tratante. Es
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
decir, más importante que el consentimiento de la víctima es la situación en la que se encuentra la misma. Es
esta situación, y no lo que sostenga la víctima, lo que determinará una situación de explotación existente o
próxima.
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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40 prevalimiento— que explique la futura situació n de explotació n de la
víctima.
Esta perspectiva nos lleva a considerar que, más allá de la manifestación
4 del tratante o de la manifestació n de la propia víctima, lo importante
es la situació n —objetiva— en la que esta se encuentra o la
situació n que le deparará próximamente a la misma. Es decir, lo
importante es el aná lisis, a partir de todos los medios de prueba
directos o indirectos, de la situació n de explotació n o pró xima
situación de explotació n de la víctima. En otras palabras, las
investigaciones deben evidenciar una situación existente o una
situación pró xima de sometimiento de una persona a alguna forma
de dominio por parte de otra. Reiteramos, entonces, que en el caso
de víctimas de trata mayores de edad, los medios comisivos —
violencia, coacció n, amenaza, engañ o o abuso de una situación de
vulnerabilidad— serían una especie de indicios —ratio conoscendi—
que denotan una situación de riesgo de explotació n o de una
explotació n ya existente.
II.3.2. El supuesto de la trata de personas menores de edad
Como hemos ya anunciado, para el caso de la trata de menores de
edad, tanto el Protocolo de Palermo como el legislador penal nacional
suprimen dentro de la tipificació n de este delito los medios comisivos
que se describen para el caso de la trata de personas mayores de edad.
Ello implica que, la trata en estos supuestos queda constituida por dos
elementos: las conductas y los fines. De acuerdo con dicha supresió n,
la trata de menores de edad quedaría descrita más o menos de la
siguiente manera: Por «trata de menores de edad» se entenderá la
captació n, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de
menores de 18 añ os con fines de explotació n. Esa explotación
incluirá, como mínimo, la explotació n de la prostitució n ajena u otras
formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la
esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la
extracció n de órganos. Esto significa, como menciona Pomares
Cintas, que
[...] «dada la vinculació n necesaria entre las conductas de
captació n, traslado o recepció n y la finalidad de utilizació n
posterior (léase instrumentalización) del menor, este no puede
YVAN MONTOYA
consentir válidamente en el ejercicio de la prostitució n o en
participar en espectáculos exhibicionistas o en la elaboración de
material pornográfico ni puede aceptar someterse a las modalidades
de explotació n laboral previstas, ni a la extracció n de sus ó rganos
corporales» (2010, p. 548).
La supresió n de los medios comisivos, en este caso, no solo obedece
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
a amiento de la legislació n de no permitir a niñ os, en ninguna
r circunstancia, ejercer la prostitució n o la pornografía» (Global
a Rights, 2005, p. 14),
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Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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ni tampoco a la situació n de falta de capacidad de
autodeterminació n de los menores de edad o a su especial situació n
de vulnerabilidad. En nuestra consideración, la razón principal para la
supresió n de los medios comisivos en el caso de trata de menores de
405
edad radica en la misma razó n que hemos expuesto con relació n a la EL DELITO
innecesariedad de estos medios para el supuesto de trata de adultos. DE TRATA
En efecto, si no resulta posible que una persona adulta pueda consentir DE
válidamente una situació n pró xima de explotació n, con mayor razó n PERSONAS
una persona menor de edad no puede consentir válidamente una COMO DELITO
situación pró xima de explotació n sexual, laboral u otra semejante. COMPLEJO Y SUS
DIFICULTADES
El legislador, entendemos, ha considerado explícitamente innecesario EN LA
acudir a medios comisivos, coercitivos o de abuso para evidenciar la JURISPRUDENCIA
ausencia de consentimiento válido por parte de una víctima menor de PERUANA
edad. Resulta evidente para el legislador penal que los o las menores THE CRIME
de edad se encuentran en una situación de vulnerabilidad presunta OF HUMAN
debido no solo al déficit de formación psicofísica del o la menor, sino, TRAFFICKING
sobre todo, debido a la relación asimétrica entre el sujeto activo y el AS A COMPLEX
sujeto pasivo que supone una situació n de explotació n. Esta CRIME AND ITS
situació n de especial vulnerabilidad —motivada por el fin de las DIFFICULTIES IN
conductas típicas y por la relació n asimétrica en que se encuentra— THE PERUVIAN
es diferente a la situació n en la que se encuentra la menor cuando JURISPRUDENCE
mantiene contacto sexual o acceso carnal —pacífico y consentido—
con otra persona fuera de un fin de explotació n. Esta ú ltima
situació n no viene marcada por un contexto vertical y asimétrico
entre el sujeto activo y el sujeto pasivo, sino por un contexto, en
gran medida, horizontal. Es en este ú ltimo supuesto en el que el
consentimiento de la víctima puede tener relevancia y ser
excluyente de responsabilidad penal.
[Link] bien jurídico protegido y el replanteamiento del
tipo
Hemos preferido analizar la problemática del objeto jurídico de
protecció n en el delito de trata de personas no al inicio de este acá pite,
como hubiera resultado tradicional, sino con posterioridad al tema del
consentimiento de la víctima, dado que, de esta manera, considero,
se podrá comprender mejor la naturaleza del bien jurídico. Existen
tres posiciones sobre cuál es el bien jurídico protegido en el tipo
penal de trata de personas10. En las líneas siguientes, haremos una
reseñ a de estas posiciones y estableceremos finalmente aquella que
consideramos como la más adecuada, teniendo en cuenta nuestro
YVAN MONTOYA
marco constitucional e
10 Se descartan algunas posiciones residuales en virtud de su escasa trascendencia para la discusión en la doctrina
nacional. Por ejemplo, hemos descartado la perspectiva de un sector de la doctrina española que señalaba a la
política migratoria como bien jurídico protegido, para una alusión crítica a esta posición, véase Pérez Cépeda,
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
2004, pp. 157ss. Esta discusión se debía a la pésima técnica legislativa del antiguo delito de trata ya reformado
del Código Penal español, que incluía el delito de trata de personas como un agravante del delito de tráfico
ilegal de personas.
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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40 internacional, la tipificación interna y los efectos que una u otra
posición pueden conllevar.
6
A. Primera posición: la libertad personal como bien jurídico protegido
Esta posición, mayoritaria en la doctrina nacional, sostiene que la
libertad ambulatoria es el concreto bien jurídico protegido en el tipo
penal de trata de personas, aunque posteriormente reconoce, de
manera específica, a la dignidad personal como bien jurídico protegido
(Salinas Siccha, 2010,
p. 498; Caro Coria, 2011). Esta posició n se asienta
fundamentalmente en dos razones: (i) por un lado, los medios
comisivos del delito —es decir, los mecanismos por los cuales se
restringe la voluntad de la víctima— denotan distintas intensidades
de afectación a la libertad ambulatoria
—por ejemplo, la violencia, amenaza, engañ o, abuso de autoridad,
etcétera—; y, (ii) por otro lado, la ubicació n sistemática del delito de
trata de personas en nuestro Código Penal. Este tipo penal se
encuentra dentro de los delitos contra la libertad individual, junto a
los delitos de coacció n y secuestro.
Esta es la posició n que parece adoptar nuestra Corte Suprema en
su Acuerdo Plenario 3-2011/CJ-116 (2012c, pá rrafo 12). De
acuerdo con este acuerdo plenario, la trata de personas vulnera la
libertad personal entendida como la capacidad de
autodeterminació n de una persona para desenvolver su proyecto
de vida. No obstante, existen dos argumentos que no permiten
asumir esta posició n. De un lado, se señ ala que esta postura no puede
explicar la trata de menores de edad
—incluso menores de 18 añ os—, en la cual los medios de comisió n
son irrelevantes a pesar que en otros ámbitos se les reconoce capacidad
para expresar su consentimiento sobre su autodeterminació n sexual,
por ejemplo. Por otro lado, la referida posició n no tiene en cuenta
mínimamente lo que resulta ser la característica principal del
fenó meno de la trata en el mundo: los fines de explotació n laboral,
sexual u otra semejante de la persona. En razó n de ello, se
argumenta que el delito de trata trasciende la mera restricció n de la
libertad ambulatoria.
YVAN MONTOYA
B. Segunda posición: la dignidad personal como bien jurídico
protegido Esta es la posició n mayoritaria de la doctrina penal
comparada, aunque no de la peruana (véanse, entre otros,
Villacampa Estiarte, 2010. pp. 835-837; y, en referencia al
derogado artículo 318 bis del Có digo Penal españ ol de deficiente
redacció n, Pérez Cépeda, 2004, p. 170).Si bien se reconoce que la
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
d ensidad, en todos los derechos fundamentales, también posee un
i contenido específico y autó nomo que no puede ser alcanzado
g totalmente por cada derecho independientemente considerado (uno de
n los primeros en marcar ese ámbito autónomo de la dignidad ha
i sido Benda, 2001, pp. 120-121).
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Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
76
Las críticas dirigidas a esta posición precisamente se refieren a la falta
de autonomía del principio de dignidad humana y que esta cualidad
del ser humano está presente de manera transversal en todos los
derechos fundamentales, especialmente en los derechos fundamentales
407
individuales. Desde esta crítica, es mejor delimitar al objeto de EL DELITO
DE TRATA
protecció n del tipo de injusto de trata de personas por uno de los
DE
bienes jurídicos individuales —referido al derecho fundamental
PERSONAS
correspondiente— que este delito afecta o pone en peligro de COMO DELITO
manera visible, como lo es la libertad personal. Alonso Alamo ha COMPLEJO Y SUS
reaccionado convincentemente frente a estas críticas y reafirmado la DIFICULTADES
posició n de que la dignidad humana es el bien jurídico en el delito de EN LA
trata de personas11. Así, en primer lugar, precisa que hay que entender JURISPRUDENCIA
que «la dignidad, como es por lo general aceptado es algo distinto a la PERUANA
suma de los derechos esenciales que de ella emanan y en los que se
THE CRIME
concreta y que, en cuanto tal, es susceptible de ser protegida de forma
OF HUMAN
inmediata y directa por el derecho penal» (Alonso Á lamo, 2007, p. TRAFFICKING
5). AS A COMPLEX
En ese sentido, la misma autora nos refiere que, má s allá de la CRIME AND ITS
presencia de la dignidad en bienes como la vida, la salud individual, la DIFFICULTIES IN
libertad, el honor o la intimidad, existe un «remanente, lo THE PERUVIAN
JURISPRUDENCE
específicamente humano, que podría ser menoscabado con
independencia de que se atente o no contra la vida, la libertad o la
intimidad, etcétera» (p. 5). Ese remanente al que hace referencia la
autora, o ese «algo» diferente que constituiría lo esencial de la
naturaleza humana, «podría ser atacado por acciones que comporten
la cosificación, instrumentalizació n, envilecimiento o humillació n
de la persona» (p. 5).
Así, la dignidad impide todo «trato vejatorio que represente convertir
en cosas a los seres humanos» (véase Villacampa Estiarte en Quintero
Olivares, 2005, p. 1119). Tal como lo hemos dicho en otro trabajo,
la trata de personas describe, entonces, un proceso que implica
justamente un atentado o un riesgo de atentado al nú cleo
fundamental de la personalidad humana, dado que lesiona o puede
lesionar no tanto alguna de las manifestaciones en donde se expresa
la dignidad —vida, salud, libertad o el honor, por ejemplo—, sino
aquel aspecto que tales manifestaciones no cubren necesariamente:
su instrumentalizació n.
C. Tercera posición: pluralidad de bienes jurídicos protegidos
Esta posición considera que detrás del delito de trata de personas
existe una pluralidad de bienes jurídicos protegidos, dependiendo del
bien jurídico amparado detrá s de cada modalidad de explotació n
prohibida. Así, por ejemplo, en los casos de trata con fines de
explotació n laboral,
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
YVAN MONTOYA
11 Debe advertirse que la dignidad humana es un concepto que para la doctrina española se identifica con el
derecho a la «integridad moral», recogido en el artículo 15 de la Constitución española (1978).
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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40 el bien jurídico sería la libertad laboral. En los casos de trata con fines de
explotación sexual, el bien jurídico sería la libertad sexual12.
8
Consideramos que esta postura no resulta viable por su estructura difusa
y porque no contribuye con una interpretació n estable del tipo penal,
ni tampoco con su función de resolver los problemas de concurrencia
con delitos afines. Pero, sobre todo, considero que esta postura no
logra apreciar que lo que la lucha contra la trata pretende, en esencia,
evitar es una situación objetiva de instrumentalización o cosificación
de una persona más allá de su voluntad de consentir o no dicha
situació n.
[Link]ón personal
Desde nuestra perspectiva, la segunda posición es la correcta, a pesar de
que no se condiga con la ubicació n sistemá tica de nuestro tipo penal.
En realidad, lo que se pretende proteger detrá s de la tipificació n de la
trata de personas, como señ ala Alonso Á lamo (2007, p. 5), es
específicamente lo humano, aquello que nos permite valorarlo en sí
mismo e impide asumirlo como una cosa disponible o
instrumentalizable. La postura que reconoce la protecció n de la
dignidad como esencia de la lucha contra la trata de personas
coincide con la perspectiva asumida por diversos instrumentos
internacionales de protección frente a la trata de personas. Dichos
instrumentos señ alan la necesidad de proteger la dignidad de las
personas13. Además, la dignidad humana constituye una categoría que
permite una má s adecuada evaluació n de la gravedad del fenó meno de
la trata de personas.
La adopción de esta posició n nos lleva a asumir, coherentemente,
algunas consecuencias que resultan fundamentales para interpretar o
valorar las interpretaciones realizadas por nuestra jurisprudencia
suprema.
a) En primer lugar, la dignidad de la persona debe entenderse
de manera objetiva, es decir, «como valor jurídico en sí, no
dependiente de los sentimientos ni de la voluntad de la
persona, ni tampoco enraizado en una determinada
concepció n moral o religiosa» (Alonso Á lamo, 2007, p. 6).
Ello supone que, frente a una situació n objetiva de
afectació n de la dignidad —vía comportamientos de
YVAN MONTOYA
explotación, vejación o instrumentalización de la persona— o de
proximidad de dicha afectació n, el sujeto no
12 En la doctrina española, algunos autores consideran la existencia de dos bienes jurídicos protegidos en el
delito de trata de personas: la dignidad y la libertad personal. Así, por ejemplo, Daunis Rodríguez, cuando
indica que «[…] no ocultamos al lector que nuestra propuesta del bien jurídico dignidad humana esta muy
próxima o cercana a la libertad […]. No obstante, los actos de trata de seres humanos suponen algo más que
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
un mero ataque a la libertad […]» (2013, pp. 76-77).
13 Así, por ejemplo, el Convenio para la Represión de la Trata de Personas y de la Explotación de la Prostitución
Ajena (Organización Naciones Unidas, 1949) establecía que la trata de personas es incompatible con la
dignidad y el valor de la persona humana. Igualmente, el informe de 2003 del Grupo de Trabajo sobre las
Formas Contemporáneas de Esclavitud señala sobre la explotación de la prostitución ajena que se trata de una
práctica incompatible con la dignidad y el valor de la persona humana (Organización de Naciones Unidas,
2003).
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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favore
cimien
puede válidamente consentir. Esto no supone un paternalismo to a la
estatal ni una forma encubierta de incluir una moral prostit
particular, sino la protecció n de la esencia misma del ser ución
humano (p. 7); esto es, el derecho, por el hecho de ser persona, o el
a no ser tratado como una cosa de la que el tratante pueda delito
disponer o dominar como un objeto sojuzgado a su de
voluntad. rufiani
b) Los actos dirigidos contra la dignidad no son actos dirigidos smo14.
necesariamente contra la voluntad de un sujeto. La trata, desde Sin
esta perspectiva, no supone la realizació n de actos dirigidos embar
necesariamente a doblegar la voluntad o la autodeterminación go, el
de una persona, sino a aprovecharse de una persona sobre aná lisi
quien se ejerce un dominio semejante al que se ejerce sobre s de
una cosa o un animal. El nú cleo de la dignidad humana es las
indisponible para cualquier persona, sea esta menor o mayor misma
de edad. Es por ello que el contexto o situació n que afecta este s
nú cleo no puede ser analizado solo desde la perspectiva muest
subjetiva de la víctima. ra dos
tipos
c) Si se asumen las dos consecuencias anteriores, debe aceptarse de
que el trabajo interpretativo del tipo penal de trata y el proceso limita
de recaudo probatorio en este delito tiene, en primer lugar, que ciones
enfocarse no en los medios comisivos coaccionantes, violentos, .
fraudulentos o abusivos, sino en la situació n en la que se
encuentra o se encontrará pró ximamente la víctima. Si esta
situació n supone un proceso de dominio de una persona
sobre otra —la cual es tratada de manera semejante a una cosa
—, entonces la conducta de captación, traslado, recepció n o
acogida de esa persona es una conducta típica de trata. Los
medios comisivos antes señ alados son solamente herramientas
que pueden evidenciar una situación pró xima de explotació n
humana.
d) En el caso de víctimas menores de edad, nos encontramos ante
un supuesto de vulnerabilidad presunta debido no solo al
déficit de formació n psicofísica del o la menor, sino, sobre todo,
debido a la relació n asimétrica entre el sujeto activo y el sujeto
pasivo.
III . L OS PR O B L E M AS DE LA J U R I S P R U D E N C I A
DE LA C OR TE S U P R E M A DE LA R E P Ú B L I C A
F R E N T E AL D E L I T O DE TR ATA DE P E R S O N A S
Hemos tenido acceso a 34 resoluciones de la Corte Suprema de la
Repú blica relacionadas con el juzgamiento de delitos de trata de
personas y delitos conexos como la violació n sexual, proxenetismo,
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
THE CRIME
409
OF HUMAN
TRAFFICKING
AS A COMPLEX
YVAN MONTOYA
CRIME AND ITS
EL DELITO DE TRATA DE PERSONAS DIFFICULTIES IN
THE PERUVIAN
COMO DELITO COMPLEJO Y SUS DIFICULTADES EN LA JURISPRUDENCIA PERUANA
JURISPRUDENCE
14 Entendemos que se trata de todas las resoluciones de la Corte Suprema sobre el delito de trata de personas desde su
tipificación moderna, en nuestro Código Penal, por la ley 28950 de 15 de enero de 2007.
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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41 Por un lado, se trata de resoluciones de la Corte Suprema que se
pronuncian sobre sentencias de cortes superiores como instancias
inferiores a las cuales no hemos tenido acceso. En ese sentido, no
0
tenemos un conocimiento detallado del caso y del proceso penal. Las
resoluciones de la Corte Suprema son, en la mayoría de los casos,
breves en la descripció n del caso y del desarrollo del proceso penal.
Por otro lado, en muchos casos se trata de resoluciones casatorias
que solo se limitan a evaluar si se verifica la causal casatoria que
habilita a la Corte Suprema a pronunciarse sobre el fondo del asunto.
En estos casos, la Corte Suprema reiteradamente ha denegado el
recurso de casació n. En consecuencia, nos hemos limitado al estudio
de ocho resoluciones de la Corte Suprema, las cuales muestran
algunos conceptos básicos del tipo penal y un contenido mínimo
necesario para su análisis (2011; 2014; 2012a; 2010a; 2010b;
2010c 2012b; 2010d).
[Link] bien jurídico protegido según la jurisprudencia
suprema
Desde antes del Acuerdo Plenario 3-201115, en el mismo acuerdo
(Corte Suprema, 2012c), e incluso en los sucesivos pronunciamientos
jurisprudenciales de la Corte Suprema de los ú ltimos tres añ os
(véanse Corte Suprema, 2012b; 2014, donde expresamente se valora
positivamente la sentencia impugnada que afirmaba la libertad
personal como bien jurídico protegido), se afirma que el bien jurídico
protegido es la libertad personal. Concretamente, el referido acuerdo
plenario, recogiendo la posición del magistrado Salinas Siccha, señ ala
textualmente lo siguiente: «La trata de personas, en los términos como
aparece regulada en el Có digo Penal vigente, constituye un delito
que atenta contra la libertad personal, entendida como la capacidad
de autodeterminació n con la que cuenta la persona para desenvolver
su proyecto de vida, bajo el amparo del Estado y en un ámbito
territorial determinado» (Corte Suprema, 2012c, pá rrafo 12).
Se trata, como hemos mencionado, de una posició n mayoritaria en
la doctrina peruana pero, sin embargo, minoritaria en la doctrina
comparada (véase supra) o no compartida por los documentos
interpretativos de la Organizació n Internacional para las
Migraciones (OIM) (Centeno Muñ oz, 2011) o de la Organizació n
YVAN MONTOYA
Internacional del Trabajo (OIT). Esta posició n, como veremos en los
puntos siguientes, determina u orienta un trabajo hermenéutico
distorsionado del tipo de injusto del delito de trata de personas
contenido en nuestro artículo 153 del Código Penal. Pero ademá s, esta
perspectiva del bien jurídico también permite
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
15 En este periodo, las resoluciones de la Corte Suprema no dilucidaban explícitamente el bien jurídico protegido
en el delito de trata. Sin embargo, sí podemos considerar que en todas ellas se afirma, repitiendo la ubicación
sistemática actual de este delito, que se trata de un delito contra la libertad personal (véanse Corte Suprema,
2015; 2010b).
Derecho PUCP, N° 76, 2016 / ISSN 0251-
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un enfoque invertido en el proceso de recaudo probatorio. En ambos
casos, el resultado es un está ndar de protecció n penal y procesal penal
débil de las víctimas de trata de personas.
411
EL DELITO
[Link] valor del consentimiento de las víctimas menores DE TRATA
de edad en delitos de trata de personas y de DE
PERSONAS
violación sexual en el contexto de un proceso de
COMO DELITO
trata de personas COMPLEJO Y SUS
En cuatro de las ocho resoluciones judiciales estudiadas, la Corte DIFICULTADES
Suprema evalú a explícita o implícitamente el consentimiento de EN LA
las víctimas menores de trata de personas y aprecia la relevancia del JURISPRUDENCIA
mismo en el referido delito, pero también en delitos conexos como el PERUANA
de violació n sexual. Comentaremos dos de estas resoluciones en la
THE CRIME
medida que se trata de sentencias que contienen de manera completa OF HUMAN
la descripción de los hechos, lo cual permite, de manera clara, TRAFFICKING
reconocer los fundamentos bá sicos de su decisió n. AS A COMPLEX
CRIME AND ITS
Caso 1 DIFFICULTIES IN
En la resolución del 31 de agosto de 2010 (expediente 75-2010), la THE PERUVIAN
Sala Penal Transitoria de la Corte Suprema conoce, vía recurso de JURISPRUDENCE
nulidad, la sentencia de la Sala Penal Superior del Distrito Judicial de
Madre de Dios, la misma que condenaba al procesado ACF a 12
añ os de pena privativa de la libertad por delito de trata en agravio de
dos menores de edad (16 y 17 añ os de edad). Los hechos, segú n la
sentencia de primera instancia, evidencian que, a partir de un
operativo policial dirigido por el Ministerio Pú blico, se logró
intervenir, en la media noche, el bar denominado «La Morenita» —
localidad de Iberia en Madre de Dios—, donde se encontró a las dos
menores de edad —LGL y MJAH— trabajando en la atenció n de los
clientes. Al tomá rseles su manifestació n en dicho acto, las menores
refirieron que provenían de la ciudad del Cusco y que fueron
captadas por la señ ora XFH, quien las contactó con el procesado ACF,
propietario del bar «Los Á ngeles», donde laboraron como «damas de
compañ ía», llegando a sostener relaciones sexuales con los ocasionales
clientes. El operativo policial en el bar «Los Á ngeles», con presencia
del Ministerio Pú blico, logró incautar preservativos utilizados y
pedazos de papel higiénico.
A pesar de estas y otras evidencias16, la Sala Suprema no considera
probado el delito de trata de personas que se imputa a ACF.
Principalmente, la razó n que se invoca es que las menores, en sus
declaraciones a nivel de investigació n preliminar y judicial,
«corroboran
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YVAN MONT
16 Como hemos mencionado, no es posible acceder a mayor información dado lo escueto de la resolución
de la Corte Suprema.
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41 que durante el tiempo que trabajaron en el local del encausado ACF,
este no las obligó a mantener trato sexual con los clientes». Ademá s, la
resolución indica que el operativo policial y fiscal realizado al bar «Los
2
Á ngeles» se realizó algunos días después de que dejaron de trabajar
en dicho lugar. Sobre la base de estas consideraciones, la Sala declaró
nula la sentencia condenatoria y ordenó un nuevo juicio oral bajo
las condiciones advertidas en esta sentencia.
Caso 2
La resolució n del 25 de enero de 2010 (expediente 3031-2009), emitida
por la Sala Penal Permanente, sigue la misma perspectiva anterior. Sin
embargo, esta resolució n presenta un interés adicional que merece ser
comentado, especialmente de cara a los criterios dogmá ticos y político
criminales que presentaremos en la siguiente secció n. Efectivamente,
la Sala conoce, vía recurso de nulidad, una sentencia emitida por la
Sala Penal Superior de Ica que absolvió de la acusació n fiscal al
imputado RCZ de los delitos de trata de personas y violació n sexual
en agravio de la menor de edad de iniciales AMMR y de GVTV,
sustituyendo la imputación de trata de personas por el delito de
rufianismo (artículo 180 del Có digo Penal).
De acuerdo con la acusación fiscal, tanto la investigación policial como
la investigación judicial y la declaració n de las víctimas acreditarían que
ellas fueron captadas por RCZ en la ciudad de Trujillo y llevadas a
las ciudades de Chiclayo e Ica para ejercer el meretricio.
Específicamente, la agraviada AMMR señ aló que el mencionado
acusado RCZ «le hizo sufrir el acto sexual» y la obligó a ejercer la
prostitució n conjuntamente con la agraviada de iniciales GVTV y
les exigió que le entreguen doscientos cincuenta nuevos soles
diarios. Sobre esto ú ltimo, se registra en el expediente el testimonio de
BCC, quien regenta el prostíbulo «La casa de Julia» y señ ala que «el
acusado trajo a la menor y le pidió una habitació n para que
“trabaje”». Cabe añ adir que GVTV declaró , tanto en sede policial
como en sede judicial, que, efectivamente, AMMR le contó que
mantuvo relaciones sexuales «consentidas» con el acusado RCZ.
La Sala Suprema confirma la absolució n por el delito de violació n
sexual y confirma la no tipificación de los hechos como delito de
trata de personas, aceptando la valoració n de los hechos como
YVAN MONTOYA
delito de rufianismo. Con relació n al cambio de valoració n de los
hechos como delito de rufianismo, descartando el delito de trata de
personas, la Sala Suprema parece apoyar este cambio de tipificación,
señ alando lo siguiente:
[…] no se advierte que la menor identificada con las iniciales AMMR y
la agraviada identificada con las iniciales GVTV hayan sido retenidas o
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extre
mo
trasladadas por el acusado RCZ de un lugar a otro empleando que
violencia, amenaza, engañ o u otro acto fraudulento con la finalidad señ ala
de obtener una ventaja econó mica —de las declaraciones de las n que
referidas agraviadas en sede preliminar y judicial […] se evidencia no
que se trasladaron de la ciudad de Trujillo a Chiclayo de forma fuero
voluntaria y ejercieron la prostitució n consciente y libremente— que n
sin embargo se demostró en el proceso que el acusado las despojaba obliga
de una parte de sus ganancias (2010b, considerando sétimo). das
Sin embargo, esta sentencia de la Corte Suprema presenta una aspecto por
adicional que merece ser comentado y que, tal vez, explique mejor ACF a
las razones por las cuales se exigiría, para la trata de menores de mante
edad, la presencia de algú n medio coercitivo, violento o fraudulento. ner
Este aspecto adicional viene explicado en la parte de la sentencia relaci
que confirma la absolució n del acusado por el delito de violació n ones
sexual. sexual
es con
Para justificar esta absolució n, la Sala Suprema invoca su Acuerdo los
Plenario 4-2008/CJ-116 (Corte Suprema, 2008), de acuerdo con el client
cual los supremos recomiendan a los ó rganos judiciales, en general, la es del
interpretación del artículo 173.3 del Có digo Penal —sobre violació n bar.
presunta de menores de 18 añ os y mayores de 14— en el sentido de Es
reconocer la exenció n de responsabilidad penal —atipicidad— por decir,
este delito cuando medie el consentimiento de los adolescentes a
titulares del bien jurídico. Teniendo en cuenta lo anterior, la Corte pesar
Suprema reconoce que: «la capacidad de los menores de edad de de
catorce a dieciséis añ os [sic: debería decir dieciocho] en cuanto al que
ejercicio de su sexualidad y que ostentan la capacidad de apreciarla
debidamente de acuerdo a sus propias conveniencias». En ese
sentido, la Sala concluye «que el consentimiento libre que dio la
menor agraviada para las relaciones que tuvo con el acusado
constituye un supuesto válido de exención de responsabilidad penal».
Teniendo en cuenta nuestra posició n sobre el contenido complejo del
tipo de injusto de trata de personas (sección II) y la presentació n del
contenido interpretativo de las resoluciones de la Corte Suprema en
materia de trata de adolescentes con fines de explotació n sexual
(secció n III), corresponde, en la siguiente secció n, evaluar
críticamente estas decisiones jurisprudenciales.
IV. V AL OR A C I Ó N C R Í T I C A DE LA A C TU A C I Ó N DE
YVAN MONTOYA
LA S A L A S P E N A L E S DE LA C OR TE S U P R E M A EN
C A S O S DE TR ATA DE M E N O R E S DE ED AD
Con relació n al caso 1, puede advertirse, más allá de las posibles
deficiencias o no de la sentencia de primera instancia, que la Sala
Suprema consideraría relevante la declaració n de las menores en el
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COMO DELITO COMPLEJO Y SUS DIFICULTADES EN LA JURISPRUDENCIA PERUANA
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41 ni el Protocolo de Palermo y ni nuestro propio tipo penal de trata de
personas requieren recurrir a alguno de los medios comisivos, parece
que para la Corte Suprema sí es relevante haber empleado algú n
4
medio coercitivo para evidenciar la trata de menores con fines de
explotació n sexual, es decir, del ejercicio de la prostitució n ajena de
menores de edad. Con relació n al caso 2, nuevamente, la Corte
Suprema, en contra de lo prescrito por el Protocolo de Palermo y de
nuestro tipo penal de trata de personas17, considera relevante, para
evaluar un delito de trata de menores de edad, la existencia de algú n
medio comisivo coercitivo, violento o fraudulento. La ausencia de
alguno de los medios comisivos indicados, aparentemente,
constituyeron la circunstancia que le permitió a la Corte Suprema
convalidar el cambio de tipificació n del delito de trata de personas
por un delito sustancialmente má s benigno como lo es el delito de
rufianismo18.
Pero este ú ltimo caso mostraba también un aspecto adicional: el
acceso carnal entre la adolescente y el acusado. Al respecto, debemos
señ alar que el acceso carnal entre la adolecente y el acusado se
produce en el contexto de una práctica de trata de personas —
aunque la sentencia pretenda reducir los hechos a un simple
rufianismo— y, por tal razó n, consideramos que el citado Acuerdo
Plenario 4-2008/CJ-116 (Corte Suprema, 2008) no es aplicable al
presente caso. Hemos mencionado anteriormente que,
indistintamente se trate de un delito cometido en un contexto de
criminalidad organizada o se trate de un delito como expresión de
prácticas codelincuenciales o incluso unipersonales, el delito de trata
expresa siempre una situació n previa o provocada de relació n
asimétrica de dominio de una persona sobre otra. Esa relació n
asimétrica de dominio entre el tratante y la víctima es un elemento
que se empieza a evidenciar a partir de cualquiera de los medios
comisivos coercitivos, violentos o fraudulentos en el caso de las
víctimas adultas y se presume iure et de iure en el caso de los menores
de edad.
Igualmente, como hemos señ alado anteriormente, el legislador penal ha
considerado que los o las menores de edad se encuentran en una
situación de especial vulnerabilidad, no frente a cualquier tipo de
conductas, sino frente a las conductas de captació n, transporte,
YVAN MONTOYA
acogida o retenció n que tengan el propósito de someterlas a
explotación. Esta situació n de especial vulnerabilidad —motivada
por el fin de explotació n— no puede ser la misma que aquella que,
por ejemplo, supone el contacto de un sujeto con la víctima para
mantener acceso carnal —pacífico
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17 El último párrafo del artículo 153 del Código Penal, vigente al momento de los hechos, sostenía que
«la captación, transporte, traslado, acogida, recepción o retención de niño, niña o adolescente con fines de
explotación se considerará trata de personas incluso cuando no se recurra a ninguno de los medios señalados
en el párrafo anterior».
18 El tipo penal de trata agravada —por la existencia de dos víctimas— contempla una pena de 12 a 20 años de
privación de la libertad, mientras que el delito de rufianismo contempla una pena de 6 a 10 años.
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durant
e las
y consentido— fuera de un fin de explotació n. Esta ú ltima situació n investi
no viene marcada por un contexto vertical y asimétrico entre el sujeto gacione
activo y el sujeto pasivo, sino por un contexto generalmente s ya
horizontal entre los dos intervinientes de la relació n sexual. actuad
En resumen, tanto el contexto asimétrico y vertical, que caracteriza as en
la relació n entre el sujeto activo y la víctima en la trata de personas, juicio.
como el fin de explotació n de la víctima en este delito impiden aceptar Así,
la relevancia del consentimiento de la víctima, especialmente cuando por
se trata de menores de edad. Tanto el Acuerdo Plenario antes referido ejempl
como la reforma legislativa posteriormente incorporada al artículo o, en
173 de nuestro Có digo Penal otorgan relevancia excluyente de los
tipicidad de violació n sexual a la voluntad de los adolescentes casos
mayores de 14 añ os. Sin embargo, tal relevancia solo puede ser de
aceptada en aquellas prácticas sexuales que se produzcan en una versio
relación horizontal, pacífica y ajena a cualquier contexto que se nes
proponga la explotación sexual del menor de edad.
Finalmente, es importante advertir, con relació n al caso 1 (Corte
Suprema, 2010d), cómo la Sala Penal Transitoria se concentra
prioritariamente en evaluar si hubo consentimiento de las menores
agraviadas y, en ese sentido, si medió algú n medio comisivo violento,
coactivo o fraudulento y no tanto en valorar el trabajo sexual que
realizaban las menores y las circunstancias en que tales actos se
realizaban. Si el objeto de la valoració n principal hubiera sido la
correcta, esto es, calificar el aprovechamiento por parte de un sujeto
adulto del ejercicio de la prostitució n de menores como una situació n
de explotación sexual en sí misma, entonces hubiera resultado
irrelevante concentrarse en evidenciar alguno de los medios
comisivos ya enunciados.
El mismo razonamiento se puede aplicar al caso 2 (2010b), donde la
Sala Suprema se concentra en la capacidad de las menores para
consentir no solo prá cticas sexuales individuales, sino la propia
situació n de la trata y, por tal motivo, llega a la calificació n de los
hechos como un acto de rufianismo (especialmente en su sentido
débil, tal como he definido anteriormente: Montoya Vivanco, 2012, p.
18). Si el aprovechamiento de ejercicio de la prostitució n ajena —al
margen de si se utilizó o no algún medio comisivo— es, en sí mismo,
una situació n de explotació n sexual de una menor de edad, entonces
hubiera sido irrelevante la averiguació n de la capacidad o no de las o
YVAN MONTOYA
los menores para consentir o no dicha situació n de explotació n.
Si la Corte Suprema se hubiera enfocado en la valoración de la
situació n concreta de explotació n de la víctima o del riesgo de
alcanzar dicha situació n, es muy probable que tuviéramos que
replantear el sentido de algunos elementos de prueba recogidos
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EL DELITO DE TRATA DE PERSONAS
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41 aparentemente contradictorias de una víctima menor de edad (Corte
Suprema, 2011), la Sala Suprema, si hubiera logrado acreditar una
situación objetiva de explotación laboral, debía haberse inclinado por
6
asumir la tesis incriminadora contenida en la primera declaració n
brindada por la víctima ante el fiscal o el juez y rechazar la declaració n
de retractació n hecha por la víctima menor de edad en sede de
juicio oral. Ello en razó n de que la primera declaració n de la menor
coincidiría mejor con las evidencias sobre la situació n de explotació n
de la víctima.
V. A M A N E R A DE C O N C L U S I Ó N
De todo lo mencionado hasta este punto, resulta importante
evidenciar lo inadecuado de las líneas de interpretació n del tipo
penal de trata de personas que viene desarrollando nuestra Corte
Suprema y, en ese sentido, proponer el replanteamiento del enfoque
que debe asumirse en el proceso de recaudació n de elementos de
prueba de los hechos y la valoració n de los mismos.
La Corte Suprema se concentra en la validez del consentimiento de los
menores y, en ese sentido, en la existencia de medios comisivos. Ello la
lleva a no tipificar los hechos como trata de personas. En todo caso,
la Corte Suprema reconduce los hechos a un tipo penal benigno
como el rufianismo.
La Corte Suprema debió concentrarse, primero, en la situació n
objetiva de la actividad de las víctimas menores. Luego, si su
valoració n es que se trata de una situació n de explotació n o
pró xima de explotació n, entonces, no tiene sentido evaluar los
medios comisivos.
El recaudo de elementos de prueba debe orientarse a evidenciar,
primero, la situació n objetiva de la víctima y, luego, a dar sentido a
la manifestació n de ella, a su silencio o a sus contradicciones.
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