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Análisis de la Tragedia Griega en Sófocles

1) El documento presenta una guía para analizar los elementos de la tragedia griega de Sófocles. 2) Explica conceptos como el destino, el héroe trágico y su lucha contra las profecías de los oráculos. 3) Resume que las tragedias buscaban provocar una catarsis en el público a través de la identificación con los personajes.
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Análisis de la Tragedia Griega en Sófocles

1) El documento presenta una guía para analizar los elementos de la tragedia griega de Sófocles. 2) Explica conceptos como el destino, el héroe trágico y su lucha contra las profecías de los oráculos. 3) Resume que las tragedias buscaban provocar una catarsis en el público a través de la identificación con los personajes.
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Corporación Educacional Philippe Costeau

Lengua y Literatura
Profesora Catalina Calderón G.
II° Medio

ANÁLISIS DE LOS ELEMENTOS DE LA TRAGEDIA GRIEGA DE SÓFOCLES

Objetivo: Comprender la visión de mundo que se expresa a través de las tragedias leídas, considerando
sus características y el contexto en el que se enmarcan.

Para el primer texto leído en Plan Lector, consideraremos la presente guía para apoyar la lectura
individual y su comprensión lectora, por lo que, para la evaluación del proyecto “estatua literaria”, se
considerará la realización de la misma como parte de la nota asignada por la lectura, comprensión y
trabajo de la obra.
Anota las respuestas en tu cuaderno y utiliza la guía para estudiar y comprender el contexto de
producción donde se envuelve la obra.

El destino y la tragedia

Sin embargo, algunos hombres y mujeres


A muchos nos ha pasado que nos
luchaban contra los designios divinos y
levantamos temprano para llegar
puntualmente a algún lugar y, pese a que tomaban sus propios caminos, pues no se
logramos salir a tiempo, se nos presentan querían someter a su fatal destino. A pesar
una serie de obstáculos que impiden de que en ocasiones parecía que lo lograrían,
cumplir con nuestro objetivo. En esos finalmente todas sus acciones se alineaban
momentos pareciera ser que estábamos para dar cumplimiento a la profecía del
“destinados” a llegar tarde. oráculo. Estos eran los héroes trágicos.
La idea de destino se entiende como una
fuerza desconocida que determina la vida En este proyecto estudiaremos el subgénero
de las personas. Esta concepción proviene dramático de la tragedia. En ella, los griegos
de la Antigua Grecia. En esa época, se mostraban la lucha del héroe contra su
pensaba que el futuro de las personas destino. Esta lucha se considera inútil,
dependía del ánimo y de los caprichos de porque los designios de las deidades siempre
los dioses. Así, lo único que los mortales
se imponían, y el esfuerzo del héroe era
podían hacer para obtener la benevolencia
de ellos era ofrecerles sacrificios e intentar finalmente castigado con la muerte.
no molestarlos.
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II° Medio

Sin consultar en el diccionario y solo basándote en el contexto del texto leído, responde: ¿Cuál
es el significado de la palabra deidad?

1. ¿Por qué los griegos construyeron templos para los dioses?


2. De acuerdo con la información y tus conocimientos previos, ¿por qué crees
que el teatro y los templos se encontraban en un mismo lugar?
3. ¿Qué relación crees que existía entre la vida cotidiana y el teatro?

Responde en tu cuaderno
En la foto se observan las ruinas de Acrópolis de Atenas. Esta corresponde al sector alto de la
ciudad, cuya finalidad era la defensa de la Polis y la realización de actos rituales. Su
construcción terminó en el siglo V a C. En la parte superior de la imagen se aprecia el Partenón,
templo dedicado a la Diosa Atenea, patrona de la ciudad; y en la parte inferior, el teatro de
Dionisio.
Así, el teatro en esta época destaca por su función religiosa y educativa, siempre relacionado
con la vida espiritual de los ciudadanos: enseña sobre el poder de los dioses y los castigos que
pueden recibir si se rebelan contra ellos.

Antes de la lectura

La catarsis como objetivo. La


Algunas tragedia griega buscaba elevar el
características alma y purificar las pasiones del
que tienen en público a través de la liberación de
común las sentimientos y emociones que
tragedias griegas perturban la conciencia. Este efecto
es llamado catarsis, y se logra
mediante la identificación con el
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El oráculo es el lugar en que los


antiguos griegos se conectaban con sus
divinidades para hacer consultas acerca
del futuro. La respuesta era entregada
por los dioses a través de sacerdotes o
de una pitonisa. Los oráculos más
conocidos son el de Delfos, de Apolo y
de Olimpia.

¿Sabías qué?

Durante la lectura
Lee atentamente el siguiente fragmento de “Edipo Rey” y responde en tu cuaderno las preguntas
planteadas.
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EDIPO: Creo haberte oído que Layo fue muerto en un cruce de tres caminos. ¿Y cuál es la
región en que aconteció el hecho?

EDIPO:
YOCASTA: ¿Qué esEneso?, ¿cómoque
la región vienes tanEDIPO
se llama desanimado?
Fócida, REY y en el punto en que se divide en dos el
camino que
TIRESIAS: Sí;viene
porque de alguna
Daulia hacia fuerzaDelfos. SÓFOCLES
tiene la verdad.
TIRESIAS: Deja que me vuelva a casa: que mejor proveerás en tu bien o en el mío, si en
esto
La
EDIPO: me
EDIPO: obedeces.
La¿Ytiene,
ciudad decuánto
Tebas
pero tiempo
no enha
sufre ti,pasado
una terrible
En desde
ti no peste.
puedeentonces?
Los cultivos
tenerla, porque no eres
dan ciego
fruto, de laslosmujeres
ojos, deno
conciben
oídos hijos y el ganado tiene terribles partos de los que no nace ni un ternero. El rey
y de entendimiento.
EDIPO:
YOCASTA:
Edipo Por los
envía dioses,
aMuy
su poco
cuñado noantes
rehuses
Creonte quedecirnos
atúconsultar
llegaras todo a lo
el serque sabes;
el rey
oráculo la de pues
estede
causa todos
país, setehizo
lo pedimos
la desgracia, y esteen
público por
le
actitud
toda
TIRESIAS: suplicante.
la ciudad.
dice que la Tú razón
eresesunque el asesinoaldel
desdichado anterioresos
lanzarme monarca Layo,
insultos, quevive
no sin
haypreocupación
nadie entre estos en la
ciudad.
que prontoEdipo
no los proclama
haya deque volvernadie debemí.
contra hablar ni socorrer al asesino cuando sea descubierto
TIRESIAS:
yEDIPO:
llama al¡Oh Pues todos
Jupiter!,
adivino ciego¿qué están hasdesjuiciados;
Tiresias decidido
para quehacer yodenunca
le ayude mí? revelaré mi pensamiento para no
a descubrirlo.
descubrir tu infortunio.
EDIPO: Estás del todo ofuscado; de manera que ni a mí ni a otro cualquiera que vea la luz
YOCASTA:
EDIPO:
puedes Quien
hacer ¿Qué
conozca
daño. te pasa, Edipo?,que
al hombre ¿enasesinó
qué piensas?a Layo el Labdácita, que me lo diga, pues se
EDIPO:
EDIPO: ¿Qué
No dices?
me ¿Sabiéndolo
preguntes
lo ordeno, quien sea el culpable, que no más; vas
dime a callarte,
cuál el haciendo
eratema aspecto detraición
presentarse yalalaedad
ciudad
Layoespontáneamente, queytenía.
dejándola
pues sin
perecer?
imponerle pena
TIRESIAS: No está saldrá ileso ypor
decretado desterrado
el hado de queeste sea país.
yo laSicausa alguno de de ustedessuficiente
tu caída, sabe queesel
YOCASTA:
asesino
Apolo, a cuyo Era alto;está
es extranjero,
cuidado laselme
que canas lo empezaban
diga, puesdele
cumplimiento ya a blanquearle
daré
todo buen premio
esto. la cabeza,
y le quedaréy su fisonomía
agradecido. no
TIRESIAS:
desemejaba
Pero si callanNimucho
quiero deaflgirme
y rehúsan la tuya.
darme ni laafligirte.
información ¿Por qué, que pues,
les pido, me preguntas
ya sea porentemor vano?deDealgún mí
nada sabrás.
amigo, ya sea por miedo, conviene
Tiresias se aleja y Yocasta sale del palacio. que oigan lo que en tal caso voy a disponer: sea quien
EDIPO:
sea ¡Desdichado
el culpable, prohíbo de mí! los
a todos Creo que contra
habitantes de esta de tierra
mí mismo que rijoacabo de lanzar
y gobierno, terribles
que reciban
EDIPO: Has
maldiciones,
en su casa, Dime,
YOCASTA: desinsaber
darme
que le por que
hablen, me
cuenta. parece
que lorey,
los dioses, que
admitan tú eres
qué esenlosus el instigador
queplegarias
te ha puesto del crimen
y sacrificios y el fautor
y que le den agua
tan encolerizado. del
homicidio,
lustral.
4. ¿Por Que aunque
quéloEdipo no
ahuyente lo hayas
está tan perpetrado
todomolesto? con tu mano. Y si no
el mundo de su casa como ser impuro, causante de nuestraestuvieras ciego, afirmaría
que tú solo has
YOCASTA:
desgracia, segúncometido
¿Qué dices?
el oráculo el asesinato.
Me
de lleno
Apolodeme temor
acabaalde mirarte,
revelar. ¡oh rey!
EDIPO: Te diré, mujer; pues te respeto más que a estos, el complot que Creonte ha urdido
TIRESIAS:
EDIPO:
CORO:
contra mí.Sé No ¿Verdad?
muy bienPues
pienses que
queteel yolas tevoy
ordeno
esclarecido a callarque persistas
en
Tiresias medio
lee enendeelella porvenir,
cumplimiento
incertidumbrelo mismode
en laqueorden
que el que
estoy. ¿A
dios
has dado,
quién y
mejor que desde
que a ti hoy
podré no yole dirijas
contar la
el palabra
trance
Febo. Si de él te aconsejas ¡oh rey! podrías saber la verdad con certeza. ni
en a
que estos
me ni a
hallo?mí; Miporque
padre tú eres
fue el
Pólibo serde
impuro que
Corintio,
1. ¿Qué
YOCASTA: mancilla
y mi esta
madre
dificultad
Habla, tierra.
la
a ver especial doria
si con tu tiene Mé[Link]?
acusación Fui el hombre
me aclaras el asunto. más respetado entre todos los
3. ¿A qué orden
ciudadanos hasta se querefiere
se meTiresias?
ocurrió lo siguiente en un banquete, un hombre que había
bebidoDice
EDIPO:
EDIPO: demasiado
Puesque no yomeme he dijo
soy en su de
descuidado,
el asesino borrachera
siquieraque
niLayo. parayodisponer
no era el hijo
eso, verdadero
porque apenasdeme milopadre.
dijo
EDIPO:
Creonte ¿Y
Apesadumbrado así condos
le envié tanto
por ladescaro,
injuria, lanzas
mensajeros. queesa
le pregunté
Lo meinjuria?por ello
admira ¿Y crees
es quea mi noqueestéescaparás
padre aquíy [Link] castigo?
madre, quienes
tomaron muy
YOCASTA: ¿Lomal ha el ultraje y sepor
investigado indignaron
sí mismo contra o se loelhaque dicholo había
otro? proferido. Las palabras de
TIRESIAS:
ambos me
Entra Tiresias Nada temo,
osegaron; pues
pero, mantengo
sin embargo, la verdad,
me escocíaque es
siempre poderosa.
aquel EDIPO:
reproche,¿Qué has
que había
dicho? Repítelo
penetrado hasta para
el que
fondo lo entienda
de mi bien.
corazón. Sin que
EDIPO: Un miserable adivino que me ha enviado; pues él personalmente no me acusa. mis padres supieran nada me fui a Delfos,
donde Febo
IRESIAS: me reveló
¡Bah, bah! ¡Cuán los malesfunesto másesdeshonrosos,
el saber cuándo terribles y funestos, ningún
no proporciona diciendo que yo me
provecho al
TIRESIAS:
iba a casar
sabio! Yo sabía
YOCASTA: Repito
con
Puesbien que
mi tú
madre eres
tododeesto,
déjate conel
todoy esoasesino
la cual
se me de Layo,
engendraría
quehaestásolvidado. a quien
diciendo. una deseas
No debería raza
Escúchame encontrar.
odiosa al
verás cómo ningún y
haberyvenido. género humano;
también
mortal [Link] ¿Aquequéyose
posea elsería
refiere
arte deel Tiresias
asesino
la adivinación del
con padre
estas
tiene que meque
palabras?
nada engendró.
ver contigo. Desde Tequedaréoíuna tales palabras,
prueba de
EDIPO: Te aseguro que no repetirás con tanto gozo
esto en pocas palabras. Un oráculo predijo a Layo que su destino era morir a manos de unlas
andaba errante lejos de Corinto, buscando un lugar la mortificante
donde jamás se injuria
pudieran que por
cumplir dos
veces
hijo me tendría
que has lanzado.
atrocidades quede el oráculo
mí. Perovaticinó Layo, sobre segúnde esmí.fama,Peromurió
en mi asesinado
marcha llegué por unosal sitiobandidos
en que tú
dices que mataron al rey Layo. Te diré la verdad,
extranjeros en un paraje en que se cruzaban tres caminos; respecto del niño, no tenía mujer. Cuando ya me hallaba yo cerca
aunde
TIRESIAS:
esa ¿Quieres
encrucijada, un que
heraldo diga y otras
un cosas
hombre deque las aumentarán
señas
tres días cuando su padre lo ató de los pies y lo entregó a manos de un criado. La terrible que tútu desesperación?
me has dado, el EDIPO:
cual iba enDiun
cuanto
coche quieras,
tirado que
por hablas
jóvenes en vano.
profecía que iba a morir a manos de un hijo no atormentó más a Layo. Así quedaron lasme
caballos; toparon conmigo. El cochero y el mismo anciano
empujaron proféticas,
predicciones violentamente, de las porque lo que
tú noyo,debes al que me ningún
hacer empujaba, caso;queporque
era el cuando
cochero,unledios di un
TIRESIAS:
golpe con Digo,
furia; pues,
pero el que tú
anciano ignoras
que vio
quiere hacer una revelación, fácilmente él mismo la da a conocer. el abominable
esto, al ver que conturbernio
yo pasaba poren alquelado vives
del con
coche, losme
seres quedos
infirió te son más queridos;
heridas con el aguijón y no teendas cuenta
medio de del oprobioNo
la cabeza. en el queélestás.
pagó de la misma manera;
porque ¡Cómo,
EDIPO: del golpedesde que le que di te
conestoy el bastón que llevaba
escuchando, ¡oh en la mano,
mujer! cayómi
¡Divaga rodando
espíritudelymedio
me
EDIPO:
del ¿Y
coche, crees
tiembla el corazón! que
quedando impunemente
en el suelo puedes
boca continuar
arriba: en siempre
seguida, los calumniándome?
maté a todos. Si ese extranjero
. tiene alguna relación con Layo, ¿quién hay ahora que sea más miserable que yo?
YOCASTA:5. ¿A qué ¿Quéhombre
inquietudse refiere
te agita Edipo?
y te hace hablar así?
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CORO: También nosotros, ¡oh rey!, estamos llenos de espanto; pero hasta que llegue el
testigo de estos hechos ten esperanza.

Sale Edipo en dirección al palacio. Entra un mensajero a escena.

EL MENSAJERO: Extranjeros, ¿podría saber de vosotros dónde está el palacio del rey
Edipo? Mejor sería que me dijeran, si lo saben, dónde se encuentra él.

CORO: Este es su palacio y dentro de él se halla. Esta es la mujer de sus hijos.

EL MENSAJERO: Buenas nuevas, mujer, para tu familia y tu marido. Los habitantes del
istmo, según por allí se dice, van a proclamarle rey.

YOCASTA: ¿Pues ya no reina allí el anciano Pólibo?

EL MENSAJERO: No, la muerte lo ha llevado ya al sepulcro.

YOCASTA: Muchacha, al amo enseguida corriendo con esta noticia. ¡Oh, predicciones de
los dioses! Edipo huyó hace tiempo de este hombre por temor a matarlo; y ahora ya lo veis,
ha muerto por su propia suerte, y no a manos de aquel.

La muchacha entra al palacio. Vuelve con Edipo.

EDIPO: ¡Oh, queridísima esposa mía Yocasta!, ¿para qué me haces venir aquí desde
palacio?

YOCASTA: Oye a este hombre, y considera después de oírle lo que vienen a ser los
venerados oráculos de los dioses.

EDIPO: ¿Quién es este y qué me quiere decir?

YOCASTA: Viene de Corinto para anunciarte que tu padre Pólibo ya no existe, sino que ha
muerto.

EDIPO: ¿Cómo? ¿Violentamente o por enfermedad?

EL MENSAJERO: El menor contratiempo mata a los ancianos.

EDIPO: ¿De enfermedad, a lo que parece, ha muerto el pobre?

EL MENSAJERO: Y, sobre todo, de viejo.

YOCASTA: ¿No te lo dije yo hace tiempo?


6. ¿Qué es lo que le dijo Yocasta hace tiempo?

EDIPO: Lo dijiste; pero yo me dejaba llevar de mis sospechas.


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YOCASTA: Sacúdelas ya de tu corazón.

EDIPO: ¿Y cómo? ¿No me ha de inquietar aún el temor de casarme con mi madre?

EL MENSAJERO: ¿Y qué es lo que te infunde miedo de parte de ella?

EDIPO: Un terrible oráculo del dios, ¡oh extranjero!

EL MENSAJERO: ¿Puede saberse, o no es lícito que otro se entere?

EDIPO: Sí. Me profetizó Apolo hace tiempo que mi destino era casarme con mi propia
madre y derramar con mis manos la sangre de mi padre. Por tal motivo me ausenté de
Corinto hace ya tiempo; y me ha ido bien, a pesar de que la mayor felicidad consiste en
gozar de la vista de los padres.

EL MENSAJERO: ¿De suerte que por temor a eso te expatriaste de allí?

EDIPO: Por temor de ser el asesino de mi padre ¡Oh anciano!

EL MENSAJERO: ¿Y cómo yo, que he venido con el deseo de servirte, no te he librado ya


de ese miedo?

EDIPO: Y en verdad que recibirás de mí un digno premio.

EL MENSAJERO: Pues por eso principalmente vine; para que cuando llegues a tu patria
me des una recompensa.

EDIPO: Pero yo jamás iré a vivir con los que me engendraron.

EL MENSAJERO: ¡Ah, hijo!, claramente se ve que no sabes lo que haces.


7. ¿Por qué el mensajero le dice a Edipo que no sabe lo que hace?

EDIPO: ¿Cómo es eso anciano? Por los dioses, dímelo.

EL MENSAJERO: Si por eso temes volver a tu patria, no hay razón ninguna para que
temas.

EDIPO: ¿Cómo no, si ellos son los padres que me engendraron?

EL MENSAJERO: Porque Pólibo no tenía ningún parentesco contigo. EDIPO: ¿Qué has
dicho? ¿Pólibo no me engendró?
EL MENSAJERO: No más que yo, sino lo mismo que yo. EDIPO: Pues, ¿por qué me
llamaba hijo?

EL MENSAJERO: Porque, fíjate bien, un día te recibió de mis manos como un presente.

EDIPO: ¿Y así, habiéndome recibido de extrañas manos, pudo amarme tanto?

EL MENSAJERO: Sí, porque antes le afligía el no tener hijos.


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EDIPO: ¿Y tú me habías comprado, o encontrándome por casualidad me pusiste en sus


manos?

EL MENSAJERO: Te encontré en las cañadas del Citerón. EDIPO: ¿Y a qué ibas tú por
esos lugares?
EL MENSAJERO: Guardaba los rebaños que pastaban por el monte.

EDIPO: Luego, ¿me recibiste de manos de otro y no me encontraste por una casualidad?

EL MENSAJERO: No, sino que te recibí de otro pastor.

EDIPO: ¿Quién es ese? ¿Lo sabes para decírmelo?

EL MENSAJERO: Se decía que era uno de los criados de Layo. EDIPO: ¿Vive aun ese
pastor, para que yo pueda verlo?
EL MENSAJERO: Ustedes lo sabrán mejor que yo, pues viven en el mismo país.

EDIPO: ¿Hay alguno de ustedes, los que están aquí presentes, que conozca al pastor al que
se refiere este hombre, ya por haberlo visto en el campo, ya en la ciudad? Díganmelo; que
tiempo es de aclarar todo esto.

CORO: Lo reconozco; bien lo has conocido. Ese hombre, como pastor, era uno de los más
fieles de Layo.

Entra el criado de Layo.

EDIPO: A ti me dirijo primero, extranjero corintio. ¿Te referías a este hombre?

EL MENSAJERO: A ese mismo que estás viendo.

EDIPO: ¡Eh! Tú, anciano; aquí, cara a cara, contéstame a todo lo que te pregunte.
¿Fuiste tú de Layo?

EL CRIADO: Sí, esclavo no comprado, sino nacido en casa.

EDIPO: ¿En qué labor te ocupabas o cuál era tu vida?

EL CRIADO: De los rebaños cuidé la mayor parte del tiempo.

EDIPO: ¿Y qué regiones recorrías con más frecuencia?

EL CRIADO: El Citerón y las regiones vecinas.

EL MENSAJERO: Dime, pues, ahora: ¿sabes que entonces me entregaste un niño para que
yo lo criara como si fuera un hijo mío?

EL CRIADO: ¿Y qué? ¿Por qué me haces ahora esa pregunta?


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EL MENSAJERO: Este es, amigo, aquel que entonces era niño.

EDIPO: ¿Entregaste tú a este el niño por quien te pregunta?

EL CRIADO: Se lo entregué. Ojalá me hubiera muerto aquel día.


9. ¿Por qué crees que el criado desearía haber muerto?

EDIPO: ¿Y de dónde lo recogiste? ¿Era tuyo o de otro?

EL CRIADO: Mío no era; lo recibí de otro.

EDIPO: ¿De qué ciudadano y de qué casa?

EL CRIADO: Pues había nacido en el palacio de Layo.

EDIPO: ¿Era siervo o hijo legítimo de Layo?

EL CRIADO: ¡Ay de mí! Me horroriza el decirlo.

EDIPO: Y a mí el escucharlo; pero, sin embargo, es preciso que lo oiga.

EL CRIADO: Se decía que era su hijo; pero la que está en palacio, tu mujer, te dirá mejor
que yo cómo fue todo esto.

EDIPO: ¿Es que fue ella misma quien te lo entregó?

EL CRIADO: Sí, rey.

EDIPO: ¿Y para qué?

EL CRIADO: Para que lo matara…

EDIPO: ¿Y lo había parido la infeliz?

EL CRIADO: Por temor de funestos oráculos.

EDIPO: ¿Cuáles?

EL CRIADO: Se decía que él había de matar a sus padres.

EDIPO: ¿Y cómo se lo entregaste tú a este viejo?

EL CRIADO: Me compadecí, señor, creyendo que se lo llevaría a tierra extraña, a la patria


de donde él era. Pero este lo conservó para los mayores males, porque si eres ese a quien
este se refiere, considérate el más infortunado de los hombres.

EDIPO: ¡Ay, ay! Ya está todo aclarado. ¡Oh, luz, sea este el último día que te vea quien
vino al mundo engendrado por quienes no debían haberle dado el ser, contrajo matrimonio
con quien le estaba prohibido y mató a quien no debía!
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Entra en el palacio

CORO: ¡Oh, generaciones humanas! Cómo en mi cálculo, aunque se desborden de vida,


son lo mismo que la nada. ¿Qué hombre, pues, qué hombre goza de felicidad más que el
momento en que se lo cree, para en seguida declinar? Con tu ejemplo a la vista y con tu si
no, ¡oh, infortunado Edipo!, no creo ya que ningún mortal sea feliz. Quien dirigiendo sus
deseos a lo más alto llegó a ser dueño de la más suprema dicha, ¡ay, Júpiter!, ¿no es ahora
el más infortunado de los hombres? ¿Quién se ve envuelto en más atroces desgracias y en
mayores crímenes por una alternativa de la vida? ¡Oh, ilustre Edipo! ¿El propio asilo de tu
casa fue bastante para que cayeras en él, como hijo, como padre y como marido? ¿Cómo es
posible?, ¡oh, infeliz!, ¿cómo?, ¿qué el seno fecundado por tu padre y como marido?
¿Cómo es posible, ¡oh, infeliz!, ¿cómo que el seno fecundado por tu padre te pudiera
soportar en silencio tanto tiempo?

Sale un mensajero del palacio.

MENSAJERO: ¡Oh, siempre respetabilísimos señores de esta tierra! ¡Qué cosas van a oír y
qué desgracias verán y cuán grande dolor sentirán, si como patriotas les inspira interés la
casa de los Labdácitas!

CORO: La que nosotros ya sabemos, por cierto, que es muy dolorosa. ¿Vienes a
anunciarnos otra?

MENSAJERO: Brevemente se las diré y la sabrán: ha muerto la excelsa Yocasta.

CORO: ¡Ay, desdichada! ¿Quién la ha matado?

MENSAJERO: Ella por sí misma. De todo lo sucedido ignoro lo más doloroso, pues no
estuve presente. Pero, sin embargo, en tanto que mi memoria los recuerde, sabrás los
sufrimientos de aquella infortunada. Cuando arrebatada por el furor atravesó el vestíbulo
del palacio, se lanzó derechamente hacia el lecho nupcial, arrancándose la cabellera con
ambas manos. Después de esto no sé cómo se mató; porque como entró Edipo dando
grandes alaridos, nos impidió contemplar la desgracia, pues nos fuimos todos hacia él,
rodeándole por todas partes, porque corría desalentado pidiendo que le diéramos una
espada, y que le dijésemos donde estaba la esposa que no era esposa y en cuyo seno
maternal fueron concebidos él y los propios hijos de él. Y furioso como estaba, dando un
horrendo grito, y como si fuera guiado por alguien, se arrojó sobre las puertas: las derribó
de los goznes y se precipitó en la sala nupcial donde vimos a la reina colgando de las fatales
trenzas que la habían ahogado. En seguida que la vio el desdichado, dando un horrible
rugido, desató el lazo del que colgaba, y cuando en tierra cayó la infeliz – aquello fue
espectáculo horrible -, arrancándole los broches de oro con que se había sujetado el manto,
se hirió los ojos diciendo que así no verían más ni los sufrimientos que padecía ni los
crímenes que había cometido, sino que envueltos en la oscuridad ni verían en adelante a
quienes no debían haber visto, ni conocerían a los que nunca debieron haber conocido.
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EDIPO: ¡Ay, ay! ¡Ay, ay! ¡Infeliz de mí! ¿Dónde estoy con mi desdicha? ¿Adónde vuela
mi vibrante voz? ¡Oh demonio! ¿Dónde me has precipitado? ¡Oh, nube tenebrosa y
abominable que como monstruo te has lanzado sobre mí, indomable e irremediable! ¡Ay de
mí! ¡Ay de mí! ¡Cómo me penetran las punzadas del dolor y el recuerdo de mis crímenes!

CORO: ¡Qué atrocidad has cometido! ¿Cómo tuviste valor para arrancarte así los ojos?
¿Qué demonio te incitó?

EDIPO: Apolo es el culpable, Apolo, amigos míos, él es el autor de mis males y crueles
sufrimientos. Pero nadie me hirió, sino yo mismo en mi desgracia. ¿Para qué me servía la
vista, si nada podía mirar que me fuese grato ver?

CORO: Así es, como lo dices.

EDIPO: ¿Qué cosa, en verdad, puedo yo mirar ni amar? ¿A quién puedo yo dirigir la
palabra o escuchar con placer, amigos? Echadme de esta tierra lo más pronto posible,
desterrad, amigos, a la mayor calamidad, al hombre maldito y más aborrecido que ningún
otro de los dioses.

CORO: Y yo también quisiera que así hubiese sucedido. ¡Ah, habitantes de Tebas, mi
patria! ¡Considerad aquel Edipo que adivinó los famosos enigmas y fue el hombre más
poderoso, a quien no había ciudadano que no envidiara al verle en la dicha, en qué borrasca
de terribles desgracias está envuelto! Así que, siendo mortal, debes pensar con la
consideración puesta siempre en el último día, y no juzgar feliz a nadie antes de que llegue
el término de su vida sin haber sufrido ninguna desgracia.

Sófocles, Edipo rey, Santiago, Cuarto Propio, 2000 (fragmento)

Después de la lectura
Responde de forma precisa y clara cada una de las siguientes preguntas en tu cuaderno.

1. ¿Por qué razón se comienza a buscar en Tebas al asesino del rey Layo?

2. ¿Qué castigos determinó Edipo para quién quisiera ayudar al asesino de Layo?

3. ¿En qué momento Edipo comienza a sospechar que él mismo es el asesino de Layo?

4. Edipo consulta dos veces al oráculo. Señala en qué momentos de su vida lo hizo y qué
decisiones tomó a partir de las respuestas.

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