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El Desarrollo de La Guerra - Jose F. Rosas

El documento resume la campaña militar entre Perú, Bolivia y Chile durante la Guerra del Pacífico entre 1879-1883. Inicialmente, las fuerzas chilenas derrotaron a los aliados peruano-bolivianos en el sur de Perú y ocuparon esta región rica en salitre. A pesar de algunas victorias iniciales, como la batalla de Tarapacá, los peruanos tuvieron que retirarse debido a la falta de provisiones. Más tarde, los chilenos ocuparon Lima en 1881 después de victorias en San Juan y Miraflores
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El Desarrollo de La Guerra - Jose F. Rosas

El documento resume la campaña militar entre Perú, Bolivia y Chile durante la Guerra del Pacífico entre 1879-1883. Inicialmente, las fuerzas chilenas derrotaron a los aliados peruano-bolivianos en el sur de Perú y ocuparon esta región rica en salitre. A pesar de algunas victorias iniciales, como la batalla de Tarapacá, los peruanos tuvieron que retirarse debido a la falta de provisiones. Más tarde, los chilenos ocuparon Lima en 1881 después de victorias en San Juan y Miraflores
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El Desarrollo de la Guerra

Luego de asegurarse el dominio del sur


peruano, las fuerzas chilenas ocuparon
Lima y el norte del país. La resistencia
peruana se concentró entonces en la
sierra. Pero hacia 1883, un sector de la élite
peruana decidió aceptar la paz con Chile,
aun a costa de pérdidas territoriales.

LA CAMPAÑA DEL SUR


La victoria marítima dio una ventaja estratégica y logística a las fuerzas chilenas, que iniciaron la
campaña terrestre en Tarapacá, una zona desértica que dificultaba el arribo de los aliados peruano-
bolivianos. El objetivo de la campaña militar chilena era aislar a las fuerzas aliadas del sur y
asegurarse el control de las provincias salitreras.

La Batalla de Tarapacá
La campaña se inició de manera adversa para los aliados
por las derrotas de Pisagua (2 de noviembre) y San
Francisco (19 de noviembre). Ante esta situación, el ejército
peruano se dirigió hacia el poblado de Tarapacá para
obtener pertrechos y provisiones. Ahí, el 27 de noviembre se
realizó una nueva batalla en la que los peruanos obtuvieron
la victoria. Lamentablemente, las tropas peruanas tuvieron
que abandonar el territorio por falta de provisiones.

La Crisis Política
Luego de las derrotas en el mar y en el sur, surgieron indecisiones
y conflictos en la élite gobernante. Así, el 19 de diciembre de 1879,
el presidente Prado dejó el país con rumbo a Europa con el
pretexto de apurar la adquisición de armamento para la guerra.
Lo reemplazó el general Luis La Puerta, depuesto cuatro días
después por un golpe de Estado liderado por Nicolás de Piérola,
quien se proclamó dictador. Ese mes también hubo cambios en el
mando boliviano. El 28 de diciembre, el presidente

La Campaña de Tacna
Una vez en posesión de Tarapacá, los chilenos bloquearon los puertos de Arica y el Callao. En febrero de
1880, parte de sus tropas desembarcaron en Ilo con la finalidad de aislar al ejército aliado en Tacna. La
primera batalla en el sur se desarrolló en el cerro Los Ángeles (22 de marzo) con victoria chilena, la que se
repitió en la batalla del Alto de la Alianza (26 de mayo) y significó grandes bajas para los aliados. Fue la
última participación de Bolivia en la guerra. Poco después, los chilenos ocuparon la ciudad de Tacna y la
saquearon. Luego, marcharon hacia Arica, donde se encontraba la última guarnición peruana del sur bajo el
mando del coronel Francisco Bolognesi. El 7 de junio, a pesar de la heroica resistencia peruana, la victoria
chilena fue absoluta. Con ello, el sur peruano quedó ocupado por los invasores.

ÁREA: CIENCIAS SOCIALES

ROSAS COQUIS, JOSE FRANCISCO


LAS PRIMERAS CONVERSACIONES DE PAZ
En octubre de 1880, el Gobierno de Estados Unidos propició las primeras conversaciones de paz, que se
realizaron en el buque norteamericano Lackawanna, anclado en Arica. Sin embargo, no se pudo llegar a
ningún acuerdo porque las exigencias chilenas eran desmesuradas: Bolivia debía entregar su litoral y pagar
una indemnización de guerra, mientras que Perú debía ceder Tarapacá y permitir la ocupación temporal de
Arica, Tacna y Moquegua como garantía del pago de una enorme deuda por indemnización de guerra. Ni
Bolivia ni Perú aceptaron condiciones tan duras.

LA EXPEDICIÓN LYNCH
Después de la ocupación del sur, las fuerzas chilenas se prepararon para el asalto final a Lima. Previamente,
en septiembre de 1880, los chilenos organizaron una expedición comandada por Patricio Lynch para
destruir el aparato productivo peruano. Así, pueblos y haciendas de los ricos valles azucareros de la costa
norte del país fueron sistemáticamente destruidos.

LA CAMPAÑA DE LIMA
En septiembre de 1880, las tropas chilenas empezaron a desembarcar en el sur de Lima. Entonces, Nicolás
de Piérola organizó la defensa de la capital. Cerca de 20 000 reservistas fueron reclutados, principalmente
varones limeños entre los 16 y 60 años. Este cuerpo armado fue estructurado en batallones agrupados por
oficios. Había desde magistrados y comerciantes hasta cocheros, artesanos e incluso sirvientes. Asimismo, se
ordenó la realización de entrenamientos militares en los puntos periféricos de la capital: la alameda de los
Descalzos, el parque de la Exposición, el fundo Santa Beatriz, la plaza Dos de Mayo, entre otros. Estos
entrenamientos se llevaban a cabo diariamente entre las tres y las seis de la tarde, lapso en el que todos los
comercios cerraban. La vida cotidiana limeña se adaptó rápidamente a la rutina de los reservistas.

Las Batallas de San Juan y Miraflores


Piérola distribuyó a las milicias urbanas en dos líneas
defensivas: la primera partía del morro Solar hasta el
cerro Pamplona; la segunda, compuesta de pequeñas
defensas o reductos, cubría las afueras de Miraflores. El
13 de enero de 1881, el ejército chileno traspuso la
primera línea defensiva en la batalla de San Juan y
ocupó Chorrillos y Barranco, pueblos que fueron
saqueados. Dos días después, los chilenos volvieron a
vencer en la batalla de Miraflores. El 17 de enero, Lima
fue ocupada militarmente. Gracias a la intervención de
los diplomáticos extranjeros, la capital no fue destruida.

Ocupación y Anarquía
Luego de la caída de Lima, Piérola se retiró a la sierra para reorganizar las fuerzas peruanas. Ante su
ausencia, un grupo de notables nombró, con el acuerdo de los chilenos, un Gobierno provisional bajo el
mando de Francisco García Calderón. Este Gobierno, conocido como de La Magdalena por el lugar de su
sede, no fue reconocido por Piérola ni por otros jefes militares, ya que se le acusaba de haber sido impuesto
por los chilenos. A pesar de ello, el presidente García Calderón se propuso establecer la paz con Chile en
condiciones aceptables para el Perú. Por ello, buscó el reconocimiento diplomático de su Gobierno, lo que
facilitaría la mediación de países como Estados Unidos. Sin embargo, García Calderón se negó a firmar un
tratado de paz que implicaba la cesión territorial, por lo que Chile desconoció su Gobierno y lo apresó en
septiembre de 1881.

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ROSAS COQUIS, JOSE FRANCISCO


El contralmirante Lizardo Montero quedó a cargo del Gobierno,
pero ello no evitó una nueva situación de anarquía: Nicolás de
Piérola, Miguel Iglesias y el propio Montero convocaron a
distintos Congresos para ser reconocidos como presidentes
provisorios. En este contexto, las fuerzas de ocupación –
buscando ejercer mayor presión para terminar la guerra–
impusieron enormes cupos a la población limeña y enviaron
expediciones a la sierra. Con ello, solo en 1882, los chilenos
obtuvieron más de 28 millones de soles en cupos y contribuciones.

LA RESISTENCIA EN LA SIERRA
La caída de Lima no significó el cese de las acciones bélicas, pues aunque la costa estuviese ocupada, el
Perú seguía contando con los recursos humanos y materiales de la sierra. Allí se gestó la campaña de la
Breña, la resistencia armada de los peruanos contra la ocupación.
Esta resistencia se dio en un escenario desconocido para los
chilenos: la agreste sierra peruana. El principal foco rebelde se
ubicó en el valle del Mantaro y estuvo dirigido por el general
Andrés Avelino Cáceres. Su conocimiento de la región,
habilidad militar, dominio del quechua e incuestionable
liderazgo sobre las fuerzas irregulares o montoneras
permitieron a Cáceres obtener importantes triunfos sobre las
expediciones chilenas enviadas desde Lima.
Para imponerse a su tenaz resistencia, el ejército chileno
decidió ocupar militarmente Jauja, Huancayo y los valles
JAUJA aledaños, donde impuso fuertes cupos. Entonces,
Cáceres se retiró a Ayacucho y desde allí lanzó una
YO

contraofensiva. El 9 de julio de 1882, una incursión


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simultánea a Concepción, Marcavalle y Pucará


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determinó un triunfo peruano que obligó a los chilenos a


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abandonar el departamento de Junín.


Así, Junín quedó en manos de Cáceres y sus tropas. En abril de 1883, los chilenos reiniciaron sus incursiones
ocasionando que la guerra se trasladara al norte del país.

EL DECLIVE DE LA RESISTENCIA
En la sierra norte, el ejército conducido por el general Miguel Iglesias logró una victoria en la batalla de
San Pablo el 13 de julio de 1882. Pero, a diferencia de Cáceres, Iglesias estaba convencido de que
continuar con la resistencia solo agravaría los estragos que la guerra ocasionaba al país. Iglesias lanzó en
agosto de ese año un manifiesto desde su hacienda en Montán, en Cajamarca, invocando la necesidad de
iniciar negociaciones para lograr una paz definitiva. Se formó una asamblea en Cajamarca para que se
iniciasen las tratativas con los chilenos y se nombró a Iglesias como presidente regenerador.
Así, dos posiciones entraron en conflicto: la
continuación de la resistencia, liderada por Cáceres, y
la paz sin condiciones, encabezada por Iglesias. Chile
aprovechó la convocatoria de paz hecha por Iglesias y
decidió reconocer a su Gobierno. Cáceres y sus huestes
intentaron evitar la firma del tratado de paz, pero la
derrota en la batalla de Huamachuco, el 10 de julio de
1883, debilitó seriamente la resistencia. La asamblea
formada en Cajamarca reconoció a Iglesias como
“presidente regenerador” y lo autorizó a firmar un
tratado de paz. Esta posición era apoyada por el
sector terrateniente serrano que había sido
fuertemente golpeado durante las últimas campañas y
que, a diferencia de la élite limeña, no tenía intereses
económicos en los yacimientos salitreros de Tarapacá.

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LA PARTICIPACIÓN POPULAR EN LA GUERRA
Al inicio de la guerra, la situación del ejército peruano era muy crítica, pues la falta de
presupuesto impidió que las tropas estuvieran adecuadamente preparadas. Los pocos recursos
disponibles se destinaron al acondicionamiento de la flota y la compra de armamento pesado,
mientras que el ejército terrestre fue dejado en el desamparo.
En la batalla de Arica, por ejemplo, los soldados –en su
mayoría indígenas– solo recibían oficialmente cuatro
onzas (113 gramos) de charqui y una ración de agua;
además, carecían de municiones suficientes y muchos
estaban descalzos. Para la defensa de Lima, el presidente
Piérola hizo un llamado a “todos los ciudadanos de la
república hábiles en el manejo de las armas”. Entonces se
reclutó a todos los varones disponibles entre 16 y 60 años.
En la construcción de las líneas de defensa participaron
ancianos, jóvenes, mujeres y niños. A pesar de la derrota,
muchos combatientes se negaron a entregar sus armas y
prefirieron esconderlas o enterrarlas. Poco después, esas
armas eran recuperadas por modestos trabajadores o
mujeres y entregadas a los grupos de resistencia.
En la sierra, la principal participación popular se dio a través de las montoneras, grupos
formados por indígenas al mando de Cáceres, que pusieron en jaque a las tropas chilenas en esa
región hasta el final de la guerra.

EL TRATADO DE ANCÓN
El 20 de octubre de 1883, los representantes peruanos José Antonio de Lavalle y Mariano Castro
Saldívar, junto al plenipotenciario chileno Jovino Novoa, firmaron el Tratado de Ancón. Este
tratado fue ampliamente favorable a Chile y establecía, entre otras, las siguientes condiciones:

Cesión a perpetuidad de los territorios


de Tarapacá, que se extendían desde el
río Camarones al norte hasta el río Loa
al sur.
Retención por un lapso de diez años de
los territorios de Tacna y Arica, que
estarían sujetos a legislación y autoridad
chilena. Al concluir el plazo, se
organizaría un plebiscito en el que la
población de ambas provincias decidiría
si se integraba a Chile o al Perú. Desde
ese momento, Tacna y Arica fueron
conocidas como “provincias cautivas”.
Luego de firmado el tratado, los chilenos desocuparon Lima y se establecieron en los
alrededores. En marzo de 1884, el tratado fue ratificado por el gobierno de Iglesias. Recién en
julio de ese año, Cáceres admitió el acuerdo como un hecho consumado aun a pesar de su
intención de seguir resistiendo. Finalmente, en agosto culminó la desocupación total del territorio
peruano por parte de las tropas chilenas. La guerra había durado algo más de cinco años.

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LAS CONSECUENCIAS
DE LA GUERRA
Luego de la retirada de las últimas tropas chilenas de territorio nacional, la sociedad peruana
pudo evaluar los efectos de esta triste fase de nuestra historia. La guerra dejaba un país
devastado y sumido en una profunda crisis. Las consecuencias abarcaron diversos aspectos de la
vida nacional.

POLÍTICAS PSICOLÓGICAS
Aunque la élite civil había hecho grandes Los estragos más permanentes fueron de orden
intentos por estabilizar políticamente al país, el psicológico. La derrota marcó en gran medida
caudillismo militar se vio nuevamente la mentalidad de los pobladores, pues dejó un
fortalecido después de la guerra. Durante la ánimo de profundo pesimismo. En ese contexto,
década siguiente a la guerra, los militares no solo había que reconstruir la economía y
volvieron a dominar el sistema político del país. reorganizar la sociedad, sino también
recomponer el pensamiento y la autoestima de
los peruanos.

SOCIALES
La guerra exacerbó los conflictos sociales entre
propietarios, trabajadores y campesinos. Así,
CULTURALES mientras que los culíes chinos habían apoyado
a las tropas chilenas contra sus opresivos
patrones, los campesinos del centro del país,
armados como montoneras, desafiaron el
Durante la guerra, las actividades educativas,
control de los gamonales. En la sierra sur, los
científicas y culturales se redujeron al mínimo.
campesinos indígenas tuvieron que afrontar los
En muchos casos, colegios y universidades
costos materiales de la guerra, lo que debilitó a
tuvieron que suspender sus actividades. Además,
sus comunidades y permitió el avance de las
el ejército chileno se llevó valiosos tesoros
haciendas.
culturales, como los 58 000 volúmenes de la
Biblioteca Nacional. Otras instituciones
culturales como la Universidad Mayor de San
Marcos, el Museo de Historia Natural y el
Archivo del Tribunal del Santo Oficio también
fueron despojados de sus fondos bibliográficos.

ECONÓMICAS
La infraestructura del país quedó destruida y la economía paralizada. Las grandes ciudades, como
Lima, y las prósperas haciendas de la costa habían sufrido la imposición de fuertes cupos de guerra.
Además, el sistema de comunicaciones quedó seriamente dañado, pues casi un tercio de los
ferrocarriles fueron destruidos. Las exportaciones cayeron a una cuarta parte, mientras que los ingresos
del Estado, de 35 millones de soles en 1879, se redujeron a poco más de 1 millón en 1883 porque, entre
otros motivos, los ricos yacimientos de salitre pasaron a manos chilenas. Asimismo, la élite comercial
limeña sufrió la pérdida de sus empresas, mientras que los sectores populares se vieron afectados por
la creciente inflación.

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Nicolás de Piérola continuó abogando por la resistencia armada contra la ocupación, mientras que Miguel Iglesias optó por negociar la paz, buscando evitar mayores estragos. Iglesias fue apoyado por la élite serrana y finalmente logró negociar y firmar el Tratado de Ancón, poniendo fin a la guerra .

La derrota dejó un impacto psicológico profundo, inculcando pesimismo y desencanto. Culturamente, la pérdida de tesoros nacionales, suspensión de las actividades educativas y el saqueo de la Biblioteca Nacional fueron significativos, dañando el tejido cultural del país .

La guerra exacerbó las desigualdades económicas, dañando tanto la infraestructura como las fuentes de ingreso. La élite limeña perdió importantes activos, mientras que los sectores populares sufrieron por la inflación y contribuciones impuestas. La desigualdad se intensificó debido a las diferencias entre las élites urbanas y rurales .

La campaña de la Breña, liderada por Cáceres, mantuvo activa la resistencia en la sierra peruana y representó un obstáculo significativo para las fuerzas chilenas, gracias a su conocimiento del terreno y habilidad militar. Este esfuerzo guerrillero demostró la persistencia peruana y momentáneamente recuperó el control en algunas regiones .

La victoria marítima chilena otorgó una ventaja estratégica y logística crucial, permitiendo iniciar la campaña terrestre en Tarapacá y aislar a las fuerzas aliadas, lo que fue determinante para el éxito de las posteriores ocupaciones chilenas en territorio peruano .

La ocupación de Tarapacá fue fundamental para asegurar el control de las provincias salitreras, que constituían un objetivo económico y estratégico clave para Chile. Esto permitía limitar severamente la capacidad logística y de abastecimiento de las fuerzas aliadas, y avanzaba el dominio chileno en el territorio peruano .

Los chilenos buscaron estabilizar Lima mediante la imposición de un gobierno provisional a través de Francisco García Calderón, aunque no fue reconocido por todos los líderes peruanos. También implementaron cupos de guerra y expediciones para asegurar control y presión sobre la población .

La retirada de Prado generó indecisiones y conflictos en la élite gobernante peruana, desestabilizando al país políticamente y facilitando el avance chileno. Fue reemplazado rápidamente por Nicolás de Piérola, quien tomó control como dictador, profundizando la crisis política interna .

Los cambios en el mando militar boliviano complicaron la coordinación con Perú, ya que el liderazgo inestable impedía establecer una estrategia coherente. A pesar de que Bolivia participó en la batalla del Alto de la Alianza, los cambios en el liderazgo limitaron su involucramiento efectivo durante las campañas .

La ocupación chilena devastó la infraestructura peruana y paralizó la economía. Se impusieron cupos de guerra y se destruyó un tercio del sistema ferroviario, reduciendo severamente las exportaciones e ingresos estatales. Esto contribuyó a una inflación creciente y un deterioro socioeconómico profundo .

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