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Procedimiento Civil

El documento resume los principales aspectos del proceso judicial en materia civil en República Dominicana. Explica que la acción en justicia es el derecho de ser oído ante un juez sobre una pretensión y que existen acciones personales, reales y mixtas. También describe las diferentes acciones posesorias como la querella posesoria, la denuncia de obra nueva y la reintegranda para recuperar la posesión tras un despojo.
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Procedimiento Civil

El documento resume los principales aspectos del proceso judicial en materia civil en República Dominicana. Explica que la acción en justicia es el derecho de ser oído ante un juez sobre una pretensión y que existen acciones personales, reales y mixtas. También describe las diferentes acciones posesorias como la querella posesoria, la denuncia de obra nueva y la reintegranda para recuperar la posesión tras un despojo.
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EL PROCESO JUDICIAL EN MATERIA CIVIL

PROF JULIO MATOS

1. La acción en justicia. La acción en justicia puede ser definida como el


derecho que tiene el titular (demandante) de una pretensión, de ser
oído sobre el fondo de la misma, con el objetivo de que el juez decida
lo bien o mal fundada de ella.
Para el demandado, la acción en justicia constituye el derecho de
discutir en la instancia los fundamentos planteados por el
demandante. También, la acción en justicia es el derecho reconocido a
toda persona de reclamar en justicia lo que le pertenece o lo que le es
debido.
No obstante esto, sin embargo, en ciertas ocasiones la acción sólo
tiende al mantenimiento de una situación jurídica. Existen derechos
donde su reconocimiento no es perseguido por medio de la acción,
como ocurre con las obligaciones naturales. Por ejemplo, los hijos no
tienen acción alguna contra sus padres para que los establezcan por
matrimonio o en otra forma (art. 204 del C. Civ.).
Otro ejemplo: no se puede ejercer la acción en justicia para reclamar
deudas provenientes de juegos ilegales o el pago de una apuesta de
acuerdo a lo estipulado en el artículo 1965 del Código Civil. La
demanda es el acto procesal que materializa la acción en justicia
otorgándole su fisonomía y su nombre. Así, por ejemplo, la demanda
en cobro de pesos que un acreedor interpone contra su deudor
exigiéndole un crédito vencido.
La demanda debe sujetarse a las formalidades establecidas por la ley.
No podemos confundir la acción con la demanda. La primera,

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constituye la vía para actuar, y la segunda es el ejercicio de la vía, es
decir la petición que se hace al juez para que mande hacer cierta cosa.
La acción en justicia tiene por objeto los siguientes aspectos: la
comprobación o la existencia de un derecho o de una situación jurídica
amenazada o ignorada; la condenación de un deudor a una suma de
dinero o hacer tal o cual prestación; una medida provisional tendiente
a preservas o conservar una cosa o comprobar su situación; la creación
de una situación jurídica nueva, como lo sería, por ejemplo, el
divorcio; o extinguir un status jurídico anterior.

2. Condiciones requeridas para el ejercicio de la acción en


justicia. La acción en justicia sólo puede ejercitarse cuando
concurren los siguientes requisitos, a saber: a) El accionante
debe ser poseedor de un derecho que ha sido lesionado o
vulnerado. Esto significa que para poder intentar una acción es
menester tener el goce y el ejercicio de un derecho subjetivo,
real o personal, reconocido y protegido por la ley. b) Un interés
para actuar. El interés existe desde el momento en que el
derecho del demandante es amenazado o vulnerado. c) Calidad
para actuar. La calidad para actuar en justicia es el título jurídico
que confiere el derecho de actuar, esto es, el derecho de solicitar
al juez que examine lo bien fundada de la pretensión.

d) Capacidad. Puede intentar la acción sólo aquella persona que


tenga la capacidad para actuar en justicia. Los incapaces
(menores no emancipados, interdictos legales o judiciales) son
representados en justicia por sus mandatarios legales. La acción
en justicia se presenta bajo dos aspectos correlativos: en relación
del actor, es la demanda en justicia; en relación al demandado,
es la defensa.

De acuerdo con la doctrina y varias disposiciones del Código Civil


y de Procedimiento Civil existen tres tipos de acción en justicia,

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que se aplican asimismo a la demanda, las cuales son acciones
personales, acciones reales y acciones mixtas.
3. Acciones personales. Estas son las que protege un derecho personal u
obligacional, y su ejercicio procede cuando existe entre demandante y
demandado una relación de obligación o de crédito, ya sea en virtud de un
contrato, cuasicontrato, un delito, cuasidelito, o por mandato de la ley. Al
ser ilimitado el número de los derechos personales o de créditos, en razón
de que no tiene límites la facultad de crear obligaciones con tal que no
sean contrarias al orden público o a las buenas costumbres, es imposible
enumerar todas las acciones personales. Por ese mismo motivo es que las
acciones personales no tienen legalmente nombres especiales, al
contrario de cómo sucedía en el derecho romano, pero algunas han
mantenido sus nombres tradicionales. Los principales tipos de acciones
personales son: acción tendiente a obtener el pago de cosas fungibles; la
acción para hacer valer un derecho de crédito; las acciones en nulidad o
en resolución de un acto productivo de obligaciones, etc.

4. Acciones reales. Son las que protegen un derecho real, ya sea


mobiliario o inmobiliario. Así, por ejemplo, son acciones reales: la acción
en reivindicación, que protege el derecho de propiedad, sobre un bien
mueble o inmueble; la acción confesoria, por medio de la cual el
demandante busca que le sea reconocido su derecho sobre una
servidumbre, personal o real; la acción posesoria, en la que el
demandante solicita que se le mantenga o se le reintegre en el ejercicio de
su posesión; y las acciones que buscan garantizar los derechos reales de
prenda, privilegio e hipoteca. El derecho real se ejerce erga omnes (contra
todo el mundo), excepto las dificultades que nazcan del principio
establecido en el artículo 2279 del Código Civil, que estipula que en
materia de mueble la posesión vale título.

5. Acciones mobiliarias e inmobiliarias. En esta clasificación se toma en


cuenta la naturaleza del objeto, no la del derecho ejercido. En efecto,
cuando la acción tiene por objeto procurar un mueble, es mobiliaria y
cuando tiene por objeto un inmueble, es inmobiliaria. Esta distinción tiene
importancia desde el punto de vista de la competencia jurisdiccional, ya

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que en las acciones inmobiliarias se toma en cuenta, para determinar la
competencia, la situación del objeto litigioso, y cuando se trata de
acciones mobiliarias, la competencia se determina por el domicilio del
demandado.

6. Acciones posesorias y petitorias. Las acciones reales inmobiliarias son


petitorias o posesorias. Con la acción petitoria se busca el reconocimiento
del derecho de propiedad o de otro derecho real inmobiliario, como lo
sería, por ejemplo, la servidumbre. Con la acción posesoria se persigue
solamente la protección de la posesión.

7. La querella posesoria. Es la acción dada al poseedor de un derecho real


inmobiliario, propiedad o desmembramiento de la propiedad, para hacer
cesar la turbación inferida a su posesión. La querella se ejerce contra el
autor de la turbación, o en contra de los herederos y sucesores universales
aún cuando él no hubiere actuado en su propio nombre, sino cuando
existe un contrato que vincula a un tercero. También la querella puede
incoarse contra la persona en cuyo nombre o en ejecución de cuyas
órdenes fueron ejercidos los actos de turbación. Para que opere la
usucapión capaz de convertir la posesión en propiedad, esta debe ser
continúa y no interrumpida, pacífica, pública, inequívoca, a título de
propietario, conforme al artículo 2229 del C. Civ., y que la Ley núm. 108-
05, de Registro Inmobiliario, lo ha retomado.

8. La turbación. Este concepto hace referencia a los atentados contra el


ejercicio de la posesión del demandante. Por tanto, puede ser definida
como la acción por parte de un intruso que trata de lograr una
desposesión. Existe perturbación de la posesión de otro, por ejemplo,
cuando una persona penetra en reiteradas ocasiones en un fundo
buscando arena. La turbación se clasifica en: a) material, la cual se
compone de dos elementos, el hecho material y la intención de ejercer un
derecho contrario al derecho que ejerce el demandante. Esta a su vez,
puede ser directa, cuando resulta de actos materiales practicados por el
propio demandado sobre el inmueble poseído por el demandante e
indirecta, cuando resulta de actos, por trabajos, hechos por el demandado
sobre su propio inmueble, que obstaculiza el ejercicio de la posesión del

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demandante; y b) la turbación jurídica, la cual surge de actos judiciales o
extrajudiciales que implican una contradicción a la posesión del poseedor.

9. La denuncia de obra nueva. La denuncia de obra nueva es la acción


dada al poseedor de un derecho real inmobiliario, propiedad o
servidumbre, para hacer ordenar la suspensión de trabajos emprendidos
sobre una finca vecina que, sin causarle una turbación actual, la produciría
si fuesen terminados. Así, por ejemplo, si una persona empieza a cercar un
predio y se vislumbra que terminará cerrando una servidumbre de paso,
obviamente que procede la denuncia de obra nueva. De lo antes expuesto
se concluye que la denuncia de obra nueva es una acción ejercida frente a
una turbación no actual, sino eventual.

10. La reintegranda. Es la acción dada al poseedor y aun al simple


detentador de un derecho real inmobiliario, cuando ha sido despojado con
violencia o por vía de hecho, para recuperar la posesión o la detentación.
De acuerdo a la doctrina y la jurisprudencia, para el ejercicio de la
reintegranda se requiere la posesión o la detentación pacífica y pública,
sea cual sea su duración. Por ello, la acción puede ser intentada no
solamente por los poseedores stricto sensu, sino también por los
arrendatarios, locatarios, acreedores anticresistas, que son simples
detentadores.

También se requiere un hecho de desposesión con violencia o por vía de


hecho, susceptible de perturbar la paz pública y de autorizar el ejercicio de
la legítima defensa, aunque no constituya un delito penal. La reintegranda
debe ser ejercida personalmente contra el autor de la desposesión, aun
cuando haya obrado en nombre y en ejecución de la orden de un tercero,
a menos que éste sea cómplice de la violencia.

Por otra parte, la sentencia que acoja la reintegranda debe ordenar la


restitución inmediata al demandante del derecho de que fue despojado
con violencia. Además, puede condenarse al demandado a pagar al
demandante las indemnizaciones que procedan como reparación del
perjuicio ocasionado con la desposesión.

11. Las acciones mixtas. De acuerdo al artículo 59 del Código del


Procedimiento Civil, y el artículo 45 de la Ley de Organización Judicial,

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existe una tercera clase de acción en justicia: las acciones mixtas,
siguiendo, de ese modo, a la doctrina de los antiguos jurisconsultos
franceses. Existe acción mixta cuando se hace valer simultáneamente un
derecho real y un derecho personal, tan íntimamente ligados que la
decisión que se dicte respecto del derecho personal tendrá incidencia o
efecto virtual resolver la cuestión de la existencia del derecho real.

12. Transmisión y extinción de las acciones. Normalmente la transmisión


de las acciones se produce por la muerte del titular de la acción a favor de
los herederos y sucesores, conforme a la transmisión del patrimonio
hereditario.

También la transmisión de las acciones se puede operar por actos entre


vivos. Aunque la acción tenga carácter personal, los herederos pueden
continuar la instancia que en vida había iniciado el titular de la acción. Sin
embargo, existen acciones que por razones morales, no pueden
continuarse después de la desaparición del titular, tal y como ocurre en
caso de divorcio, separación, investigación de paternidad y adopción.

En relación a la extinción de las acciones se puede señalar que todas las


veces en las cuales se extingue el derecho, también se extingue la acción.
Generalmente la acción se extingue cuando se produce el pago,
compensación, prescripción, cosa juzgada, entre otros. Asimismo, el
desistimiento y la aquiescencia pueden extinguir la acción.

13. La demanda en justicia en materia civil ordinaria. Es el acto procesal


por medio del cual una persona se dirige a un tribunal a los fines de que le
consagre una pretensión en su favor. Toda demanda en justicia debe
contemplar los siguientes requisitos: 1) Debe haber un demandante, que
es la persona que intenta la demanda. 2) Debe haber un demandado, que
es la persona contra quien se intenta la demanda. 3) Debe haber un
objeto, que es el motivo por lo que se demanda. 4) Debe existir una causa,
que es el hecho o acto jurídico o disposición legal en se funda la demanda
y que le da facultad al demandante para dirigirse a los tribunales en
solicitud de protección o en solicitud de que se cree, se modifique o se
extinga una situación jurídica. 5) Debe un intervenir un juez, que es el
funcionario judicial ante quien se interpone la demanda.

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14. Los efectos jurídicos de la demanda en justicia. La demanda en
justicia produce los efectos siguientes: 1) El apoderamiento del tribunal.
En materia civil ordinaria, la demanda se lanza sin previa autorización del
juez y sin que éste se encuentre enterado de la misma. Desde que se
notifica la demanda a la parte demandada, el tribunal se considera
apoderado y el juez tiene la obligación de instruir y fallar el caso, so pena
de denegación de justicia (art. 4 del C. Civ.). 2) La demanda interrumpe la
prescripción. En virtud de lo dispuesto en el artículo 2244 del C. Civ., la
demanda en justicia interrumpe la prescripción, incluso aún cuando la
citación sea hecha para comparecer ante un tribunal o juez incompetente
(art. 2245 y 2246).

También el acto de mandamiento de pago y el propio embargo


interrumpe la prescripción. El efecto de la interrupción de la prescripción
de la demanda dura mientras esté vigente la instancia. Sin embargo, en
virtud de lo estipulado en el artículo 189 del Código de Comercio, las
acciones relativas a las letras de cambio y los pagarés a la orden
prescriben invariablemente por cinco años contados desde la última
actividad procesal o judicial. 3) La demanda inicial opera la puesta en
mora del deudor. Para que un deudor pueda ser condenado a pagar a su
acreedor las indemnizaciones que proceda, por los daños y perjuicios
experimentados con el retardo en la ejecución de sus obligaciones
contractuales, es menester que el acreedor lo haya puesto en mora
previamente (art. 1146 del C. Civ.).

La demanda en justicia es el más enérgico de los actos que constituyen al


deudor en mora. ¿Cómo se constituye al deudor en mora? De acuerdo a lo
establecido en el artículo 1139 del Código Civil, el deudor es puesto en
mora por un requerimiento o por otro acto equivalente, y también por
efecto del contrato, cuando éste incluya alguna cláusula de que el deudor
está en mora sin necesidad de intimación alguna.

4) La acción pasa a los herederos. Por su naturaleza misma, la acción en


justicia es intransmisible (art. 957 del Código Civil). Sin embargo, en caso
de que el demandante muera después de él haya incoado la demanda
inicial, la acción pasa a sus herederos. 5) La demanda hace aplicable el
artículo 1700 del Código Civil. Este artículo estatuye que la cosa es litigiosa

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desde el momento de la menda y contestación sobre el fondo del
derecho.

14. Clasificación de las demandas. Las demandas se clasifican de la


manera siguiente: a) Demanda introductiva de instancia. Esta demanda,
llamada también demanda inicial, se da inicio al proceso. La parte
demandante toma la iniciativa del proceso sometiendo al juez sus
pretensiones. El acto procesal que materializa la demanda introductiva, en
el marco del derecho común, es la citación, que es el acto de alguacil
instrumentado para comparecer ante el juez de paz o ante el juez de los
referimientos, y con el acto de emplazamiento cuando es para
comparecer ante el juzgado de primera instancia, Corte de Apelación o la
Suprema Corte de Justicia. b) Demandas incidentales.

Las demandas incidentales son las que se interponen después de iniciada


la demanda introductiva o inicial. De manera pues, que toda demanda
sobrevenida después de la demanda inicial, es una demanda incidental.

Las demandas incidentales pueden ser: 1) adicionales, que son aquellas


incoadas por el propio demandante, con la cual busca modificar (ampliar o
reducir) la demanda inicial, por ejemplo, cuando un acreedor que ha
pedido en la demanda inicial el pago de cierta cantidad de dinero, puede
formar una demanda adicional en cobro de los intereses; 2)
reconvencionales, que son aquellas incoadas por el demandado contra el
demandante con el fin de obtener una condenación del demandante a
suministrarle una prestación, y el rechazamiento de sus pretensiones; 3)
intervención voluntaria, que es incoada por un tercero contra el
demandante o el demandado del proceso, o ambos a la vez. Por medio de
esta demanda el tercero busca salvaguardar el interés que tiene en
relación con el objeto del proceso, y, además, impedir que la sentencia a
intervenir producto del proceso incoado, pueda perjudicarlo.

Así, por ejemplo, es el caso de dos personas litigan ante el Tribunal de


Jurisdicción Inmobiliaria respecto de la propiedad de un inmueble que él,
y no ninguna de las otras partes es el propietario; 4) intervención forzosa,
la cual es interpuesta ya sea por el demandante, ya sea por el demandado
contra un tercero.

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Con esta demanda se persigue una condenación contra ese tercero. La
situación más común de este tipo de demanda es la demanda incidental
en garantía, mediante la cual una de las partes del proceso (casi siempre
el demandado) cita a un tercero que debe garantizarlo, y contra quien
tiene un recurso, para que lo indemnice por las condenaciones que
puedan serle impuesta por sentencia (art. 175 y siguiente del C. Proc. Civ.).

De acuerdo a lo establecido en los artículos del 337 al 379 del C. Proc. Civ.,
las demandas incidentales se interponen por acto notificado de abogado a
abogado, con excepción de las demandas en intervención forzosa, que se
interponen por acto de citación para comparecer ante el tribunal. En los
asuntos de la competencia del juzgado de paz, y en los asuntos
comerciales en primera instancia, las demandas adicionales y
reconvencionales pueden interponerse de cualquier forma, aún por
conclusiones en audiencia.

Es oportuno advertir, que ciertas reglas relativas a la competencia y a la


apelación, aplicables a las demandas introductivas de instancias, no
aplican para las demandas incidentales. La demanda en justicia, sea
introductiva de instancia o incidental genera ciertos efectos, unos en
relación al tribunal apoderado, y otros con respecto a las partes.

15. La defensa al fondo. La defensa al fondo consiste en el medio que


tiende a rechazar por no justificada, toda pretensión del adversario,
después del examen del fondo del derecho. Por medio de la defensa al
fondo, la parte demandada trata de demostrar que la acción interpuesta
por la parte demandante no tiene fundamento.

La defensa al fondo se puede presentar en cualquier etapa del proceso, sin


importar el grado de la jurisdicción, esto es, tanto en primera instancia
como en grado de apelación o casación, pero en la medida que no sea una
demanda nueva. Sección III Los actos y plazos procesales.

16. La forma de los actos. El acto del procedimiento es un escrito, un


instrumento sujeto a requisitos de forma y de fondo, en virtud de lo
dispuesto en el artículo 61 del Código de Procedimiento Civil. Pero al
mismo tiempo constituye una manifestación de voluntad, por ello, su

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requeriente debe ser capaz para actuar. El acto escrito establecerá si es la
obra de una persona capaz o incapaz para actuar.

17. Diversos actos de procedimiento. Los actos del procedimiento se


realizan a requerimiento de las partes o de sus respectivos abogados. Los
actos se clasifican en judiciales y extrajudiciales. Los primeros se
encuentran vinculados a un procedimiento contencioso o gracioso o
tiende a la ejecución forzosa. Son actos judiciales, por ejemplo, el
emplazamiento, la citación, etc. De su parte, los actos extrajudiciales son
aquellos que producen sus efectos fuera de un proceso. Son actos
extrajudiciales por ejemplo, la intimación de pago, los protestos de
cheques, las oposiciones, entre otros.

18. El acto de emplazamiento. Es un acto en virtud del cual el requeriente


o demandante emplaza al requerido o demandado, para que dentro de un
determinado plazo constituya abogado que defienda y postule por él, a
esto se le llama comparecer. Por medio del acto de emplazamiento es que
se da inicio a la demanda por ante el juzgado de primera instancia, en
materia civil ordinaria. Asimismo, por medio de este acto es que se
interpone el recurso de apelación. Para que el emplazamiento sea válido
debe ser redactado en los términos establecidos en el artículo 61 del
Código de Procedimiento Civil.

19. La citación. Es el acto instrumentado a requerimiento de una parte


invita a la otra para que comparezca a la hora, día y año indicados en el
acto, por ante un juzgado de paz o ante un tribunal de primera instancia
en atribuciones de referimiento, a los fines y medios indicados en el
propio acto de citación. En fin, la citación es una invitación hecha por el
demandante para comparecer a hora y fecha fija.

20. La notificación. Es el acto de alguacil que tiene por objeto dar a


conocer a una o varias personas un acto, ya sea una citación, un
emplazamiento, una sentencia, etc. por medio de la notificación de los
actos es cuando comienza a correr el plazo para que la persona requerida
pueda actuar.

21. La intimación. Es el acto de alguacil cuya finalidad es la orden o


intimación dada al requerido o intimado para que haga o se abstenga de

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hacer algo. La intimación es un acto imperativo, en razón de que tienden a
que la parte a quien se le notifica cumpla o realice algo dentro de un plazo
determinado.

21. Los plazos procesales. El plazo es el tiempo dado a una persona para
realizar un acto o para adoptar una decisión. Los plazos de procedimientos
se componen de ciertos números de unidades de tiempo: de horas, de
días, de semanas, de meses, y de años. Sin embargo, los más comunes son
los que constan de días y de meses. El artículo 1033, modificado por la Ley
No. 396, del Código de Procedimiento Civil, contiene las reglas generales
relativas a los plazos de procedimiento, aplicables a los casos, a menos de
disposición expresa de la ley en otro sentido.

22. Fijación y computación de los plazos. En principio, la ley determina en


cada caso la existencia y la duración del plazo. La regla sufre excepción en
dos hipótesis: a) En algunos casos goza de un poder discrecional para
conceder un plazo y fijar su duración, esto es en virtud de las disposiciones
de los artículos 21, 717 del Código de Procedimiento Civil y 86 de la Ley
No. 834 de 1978. b) En otras ocasiones, el juez puede alterar la duración
de un plazo, sea aumentándolo o prorrogándolo o reduciéndolo. Así lo
disponen los artículos 21, 72, 74 y 417 del referido Código de
Procedimiento Civil.

Los plazos establecidos por meses se calculan de fecha a fecha, sea cual
sea el número de días de que se compongan los meses incluidos en el
plazo, y no por períodos de treinta días.

Es menester hacer notar que en los casos en que el plazo tiene como
punto de partida la fecha de un día último de mes que no se encuentra en
el mes en que vence el plazo, se decide que el plazo vence el último día de
este mes.

Así, por ejemplo, el plazo de dos meses que comienza el día 28 de febrero
termina el 30 de abril, y el que se inicia el 31 de diciembre termina el 28
de febrero.

Los plazos de días se computan de día a día completos, contándose como


un día las 24 horas que comienza y termina a la media noche. Los plazos

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de horas se calculan de hora a hora, o sea tomando como punto de
partida la hora indicada en el acto o la hora del hecho con que se inicia el
plazo impartido.

No se debe confundir el plazo de 24 horas, y el plazo de un día. El primero


se calcula de hora a hora, es decir comenzando en la hora en que ha
ocurrido el hecho o el acto que le sirve de punto de partida, y terminando
en la hora correspondiente del día que sigue; el plazo de un día se
computa de acuerdo con las reglas establecidas para los demás plazos que
se componen de días.

En el cálculo de los plazos que se componen de días, de semana, de


meses, o de años, no se toma en cuenta el diez a quo, es decir el día en
que ocurre el acto o el hecho que hace correr el plazo, porque ese día no
contiene 24 horas completas. Por ejemplo, si un emplazamiento en
materia civil es notificado a las tres de la tarde, el plazo de octava que
tiene el demandado para comparecer no comienza a computarse sino a
partir del día siguiente, ya que en el día de la notificación hay solo 9 horas
que corren desde las tres de la tarde hasta las doce de la noche.

Por el mismo motivo se debe decidir que en los plazos de horas no se


cuenta la hora en que se hace la notificación que sirve de punto de partida
al plazo, el que comienza a computarse a partir de la hora siguiente. Los
plazos indicados por semanas deben ser computados a partir del día de
igual nombre de cada semana subsiguiente. Los plazos de uno o de varios
años se cuentan, lo mismo que los que se componen de días o de meses,
de fecha a fecha: cada año transcurre desde el día en que parte el plazo al
día del mes correspondiente del año que sigue.

En caso de año bisiesto, el plazo que comienza el 29 de febrero termina el


28 del año siguiente, y que, recíprocamente termina, el plazo que
comienza el 28 de febrero termina el 29 de febrero del año bisiesto que
sigue.

23. Plazos francos y no francos. Los plazos francos, de meses o de días,


son aquellos en cuyo cálculo se excluyen los días términos, el diez a quo, o
día en que se inicia, el diez ad quem, o día que termina el plazo. De esto
resulta que los plazos francos comprenden dos días adicionales sobre la

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duración nominal que les atribuye la ley, puesto que en el cómputo de su
duración no se toman en cuenta ni el día de su comienzo, ni el día de su
vencimiento.

El tipo de los plazos francos es el de octava, que el artículo 72 del Código


de Procedimiento Civil establece para comparecer el demandado en
materia civil ordinaria. La ley considera como plazos francos todos los
plazos que se inician con una notificación hecha a la persona o en el
domicilio. Por el contrario, no son francos los plazos que no tienen como
punto de partida una notificación a persona o a domicilio, como por
ejemplo, los relativos a la instrucción de los asuntos civiles (arts. 76 al 78
C. Proc. Civ.) con excepción del plazo del acto recordatorio, el de la
apelación en materia de orden.

En los casos de días feriados el artículo 1033 del Código de Procedimiento


Civil establece: “Si fuere feriado el último día del plazo, éste se prorrogará
hasta el siguiente.”

Cuando son feriados el día en que se vence el plazo y el día que le sigue, el
plazo debe prorrogarse hasta el día que sigue a este último. Por otro lado,
algunos plazos son aumentados en razón de la distancia que existe sea
entre el lugar en que se encuentra domiciliada la persona a quien se
notifica un acto y el lugar en que debe obtemperarse a ese acto, como por
ejemplo, el plazo de octava que tiene el demandado para comparecer
conforme al artículo 72 del Código de Procedimiento Civil, sea entre el
lugar en que una persona se encuentra domiciliada y el lugar en que ella
debe notificar un acto.

De forma general, la distancia que sirve de base al aumento es la que


existe entre el domicilio de la parte contra quien corre el plazo y el lugar
en que ella debe actuar. Por ejemplo, el demandado que tiene su
domicilio en la provincia de La Vega, y está emplazado para comparecer
ante el Tribunal de Primera Instancia de la provincia Duarte, tiene para
comparecer el plazo suplementario correspondiente a la distancia de La
Vega y la provincia Duarte.

Cuando la persona a quien se notifica tiene su domicilio en el extranjero,


el plazo de la comparecencia varía entre un mínimo de 15 y una máximo

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de 120 días, de acuerdo con la escala estatuida en el artículo 73 del
referido Código de Procedimiento Civil.

24. Definición del término defensa. Son todos los medios que el
demandado opone a la demanda, sea que conteste el derecho reclamado,
sea que alegue algún vicio de la demanda para pedir el rechazamiento, sea
que rehúse contestar la demanda hasta la expiración de un cierto plazo o
hasta que se cumplan ciertas formalidades, sea que se someta al juez una
pretensión que si es admitida, atenuará o imposibilitará la condenación, o
hará condenar al demandante.

También la defensa puede ser definida como los medios que puede
proponer el demandado para demostrar que la pretensión del
demandante es injusta o infundada. Cuando el demandado opone una
defensa, contradice directamente la acción, negando la existencia de la
situación jurídica que le sirve de base, o la existencia del derecho de
acción.

Las alegaciones de falta de derecho o de falta de interés, son, por


consiguiente, defensas al fondo, porque, al pretender el rechazamiento de
la demanda por uno de esos motivos, el demandado acepta el debate
sobre la cuestión fundamental planteada por la parte demandante.
Existen varios tipos de defensas: a) Defensa al fondo; b) Las excepciones;
c) Los fines de inadmisión. Las defensas no se encuentran minuciosamente
reguladas en el Código de Procedimiento Civil. La Ley No. 834 de 1978
reglamenta las excepciones, los fines de inadmisión, con ciertas
imprevisiones, ya que nada se refiere en lo relativo a las excepciones
dilatorias.

Es importante resaltar que la defensa al fondo se puede presentar en todo


momento, sin importar el grado de la jurisdicción, esto es, tanto en
primera instancia como en grado de apelación o casación en la medida
que no constituya una nueva demanda.

24. Las excepciones. Constituye una excepción de procedimiento, “todo


medio que tienda a hacer declarar el procedimiento irregular o extinguido,
sea a suspender su curso”.

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De conformidad con el art. 2 de la Ley No. 834, las excepciones deben ser
presentadas simultáneamente, a pena de inadmisibilidad antes de toda
defensa al fondo o fin de inadmisión, es decir, in limine litis aún en el caso
en que las reglas invocadas en apoyo de la excepción, sean de orden
público.

La Ley No. 834 prevé tres categorías de excepciones de procedimiento: la


excepción de incompetencia, las excepciones de litispendencia y
conexidad y las excepciones de nulidad.

Las excepciones, en el derecho actual de nuestra legislación, son: la


excepción de incompetencia; las excepciones de litispendencia y
conexidad; las excepciones dilatorias; las excepciones de nulidad, y la
excepción de fianza (iudicatum solvi).

25. Los medios de inadmisión. El artículo 44 de la Ley No. 834 define la


inadmisibilidad como “(…) todo medio que tienda a hacer declarar al
adversario inadmisible en su demanda, sin examen al fondo, por falta de
derecho de actuar, tal como la falta de calidad, la falta de interés, la
prescripción, el plazo prefijado, la cosa juzgada”.

La inadmisibilidad puede ser propuesta en todo estado de causa, salvo la


posibilidad para el juez de condenar al pago de y perjuicios al litigante que
con intención dilatoria, se haya abstenido de invocarlos.

El medio de inadmisión puede ser acogido sin que el que lo invoque tenga
que justificar un agravio, y aun cuando la inadmisibilidad no resultare de
una disposición expresa de la ley.

El mismo puede ser suplido de oficio por el juez cuando tiene un carácter
de orden público, sobre todo cuando resulten de la inobservancia de los
plazos estatuidos para interponer un recurso. Igualmente, el juez puede
suplir de oficio el medio resultante de falta de interés (art. 47 de la Ley No.
834 de 1978). El medio de inadmisión no toca el fondo, con lo cual se
diferencia de las defensas pero se asemeja a las excepciones.

Sin embargo, se diferencia de las excepciones en que no paraliza el


proceso para reanudarse luego, sino que lo que hace caer. En caso de que

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el medio de inadmisión sea acogido, es menester introducir una instancia
nueva si ello es posible.

26. Presentación de las conclusiones. La audiencia se produce del modo


siguiente: a) El juez declara abierta la audiencia y ordena al alguacil de
estrado que proceda a darle lectura al rol.

b) El juez le da la palabra al abogado de la parte demandante para que


proceda a dar sus calidades, y luego al abogado de la parte de la parte
demandada, a los mismos fines.

En caso de que las partes estén lista para presentar conclusiones al fondo,
lo harán en el mismo orden en que presentaron sus calidades, es decir,
primero concluye la parte demandante y luego el demandado. Tanto el
uno como el otro pueden replicar el modo oral.

Las partes pueden ampliar o modificar sus conclusiones dentro del plazo
que el juez les otorgue pero con la obligación de notificar las
modificaciones introducidas. De acuerdo con lo estatuido en el artículo 78
del Código de Procedimiento Civil, modificado por la Ley núm. 845 de
1978, las partes se limitarán a exponer sus conclusiones motivadas y el
juez les concederá plazos moderados para el depósito de réplica y
contrarréplica que no deberán exceder de quince días para cada una de
las partes y serán consecutivos.

Después que los abogados de las partes terminan sus conclusiones y


réplicas si las ha habido, el juez se reserve el fallo para una próxima
audiencia, a no ser que falle de forma inmediata, sobre alguna excepción,
u ordene una medida de instrucción que se le haya solicitado.

27. Clasificación de las conclusiones. Las conclusiones se clasifican de la


siguiente forma: a) Conclusiones al fondo e incidentales. Las primeras se
refieren al fondo de la demanda, mientras que las incidentales son
aquellas por las cuales se solicita una medida de instrucción. b)
Conclusiones principales y subsidiarias.

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Las principales se refieren directamente a las pretensiones de las partes
en cuanto al fondo de sus derechos respectivos, y las subsidiarias son las
que contienen una restricción a las principales para el caso de que no se
acojan las principales.

Las subsidiarias pueden ser más subsidiarias y mucho más subsidiarias,


para el caso de que no se acojan las anteriores. c) Conclusiones
alternativas. Son aquellas en las cuales se proponen dos o más cosas para
que el tribunal acoja una de ellas o algunas de ellas; d) Conclusiones
primitivas, que son aquellas que se refieren a la demanda principal. Son
las mismas al fondo y se oponen a las adicionales que son todas aquellas
que se agregan a las primitivas, provengan del demandante o del
demandado. d) Conclusiones reconvencionales. Son las que provienen del
demandado, con el propósito de sostener una demanda reconvencional.

28. Efectos de la lectura de conclusiones. Cuando las partes concluyen al


fondo, el expediente queda en estado de fallo, aunque el juez titular haya
sido sustituido. Después de la lectura de las conclusiones la instancia no se
interrumpe por cesación del mandato del abogado. Por otro lado, el
demandante no puede desistir de la instancia sin el consentimiento del
demandado. Otro efecto de la lectura de las conclusiones es que cierran la
oportunidad para recusar al juez.

29. Procedimiento para la reapertura de los debates. Los debates pueden


reabrirse después de la lectura de las conclusiones, pero para ello es
necesario que se produzcan documentos o hechos nuevos que puedan
influir por su importancia en la suerte del litigio, y para que el juez a quien
esta medida se solicita pueda apreciar la pertinencia de la misma, es
necesario que dichos documentos le sean sometidos o los hechos
revelados junto con la solicitud correspondiente.

La reapertura se ordenará por medio de una sentencia dictada al efecto la


cual debe notificarse a la contraparte con citación para una próxima
audiencia. Los interesados en obtener la reapertura de los debates deben
presentar al juez correspondiente, una instancia contentiva de los medios
y conclusiones, exponiendo con claridad cuál es el documento o hecho
nuevo que a su juicio justifican la reapertura.

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Dicha instancia, con debida prueba de recepción, se notificará, por acto de
abogado a abogado, a la contra parte, para que exponga, por medio de
acto de medios y conclusiones, si procede no la reapertura solicitada. En la
reapertura de debates, el juez no fija audiencias para conocer
exclusivamente sobre la procedencia o no, de la solicitud, sino que frente
a las instancias presentadas por las partes, dictará sentencia en cámara de
consejo, pronunciándose sobre la reapertura, es decir, negándola o
acogiéndola.

En caso de acogerla debe fijar hora y fecha en que se procederá a la


audiencia cuya reapertura se ha ordenado. Cuando se ha ordenado la
reapertura, la notificación de la sentencia debe contener intimación a la
otra parte, para que comparezca a la audiencia donde se discutirá el
documento o los hechos nuevos que han motivado la reapertura.

30. El defecto. Existe defecto cuando el demandado no comparece o


cuando, bien sea el demandante o el demandado, no presentan
conclusiones. De esto se infiere que existe defecto por no comparecer y el
defecto por falta de concluir.

Como se comparece por medio de constitución de abogado, se admite


que el demandante no puede incurrir en defecto por no comparecer,
porque la demanda introductiva de instancia contiene la debida
constitución de abogado. El defecto del demandado por no comparecer se
produce cuando el día de la audiencia este no ha constituido abogado. La
misma solución se da si el abogado comparece pero no presenta
conclusiones.

31. Interrupción y suspensión de la instancia. La instancia es suspendida


cuando el curso del proceso es detenido como consecuencia de algún
acontecimiento ajeno a las partes o a sus representantes legales. Por
ejemplo, cuando sobreviene una demanda en denegación, el artículo 357
del Cód. Proc. Civ. ordena que sea sobreseído el proceso del cual forma
parte el acto impugnado; cuando en el proceso civil en que es reclamada
una indemnización por el perjuicio causado por un crimen o delito, se
presenta la cuestión previa del ejercicio de la acción pública.

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En estos casos la instancia queda suspendida por el incidente de la
denegación o por la persecución penal, y continuada después que sean
resueltos esos asuntos.

En cambio, la instancia es interrumpida cuando las partes o sus abogados


se encuentran imposibilitados de realizar las actuaciones procesales como
resultado de un acontecimiento que modifica su situación personal. En
este caso hay solución de continuidad en los procedimientos de instancia,
a diferencia de lo que ocurre en la suspensión.

La instancia es interrumpida, según lo establecido en el artículo 344 del C.


de Proc. Civ., en dos casos: a) Cuando una de las partes muere, y su
muerte se notifica a la otra parte; b) Cuando el abogado de una de las
partes muere o viene a encontrarse incapacitado para ejercer la profesión
de abogados, a causa de una medida disciplinaria, de una decisión del
Poder Ejecutivo que lo priva del exequátur, o por la aceptación de una
función o cargo judicial. El incidente causado por el fallecimiento de la
parte es llamado revocación de instancia propiamente dicha; el causado
por la cesación del mandato del abogado designado, se llama constitución
de nuevo abogado.

32. Fallecimiento de una de las partes. Para que este acontecimiento


interrumpa la instancia es menester que el hecho del fallecimiento sea
notificado a la parte contraria, por acto de abogado. Dicha notificación,
aunque no vaya acompañada de copia del acta de defunción, basta para
interrumpir la instancia, salvo el derecho de la parte contraria de exigir la
prueba del fallecimiento.

33. Muerte o cesación de funciones del abogado. Estas causas de


interrupción operan de forma automática, sin necesidad de acuerdo con el
referido artículo 344.

La diferencia entre la forma de cómo interrumpen la instancia la muerte


de una de las partes y la del abogado o la cesación de sus funciones se
aplica de la manera siguiente: la muerte de una de las partes puede ser
ignorada por las otras partes o por sus abogados, en tanto que la muerte o
la cesación de funciones del abogado son forzosamente hechos conocidos
por los demás abogados.

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34. Nueva situación de las partes o de sus apoderados. En virtud de lo
establecido en el artículo 345 del C. de Proc. Civ., los procedimientos de la
instancia continúan no obstante los cambios sobrevenidos en la capacidad
de las partes o en los poderes de sus representantes.

La ley hace referencia tanto a la adquisición o recuperación como a la


pérdida de capacidad ocurrida en una de las partes, lo que conlleva, en el
primer caso, a la exclusión de su representante legal, en segundo caso, el
advenimiento de un representante legal. Por ejemplos, un menor alcanza
la mayoría de edad; una persona es puesta en interdicción; a un interdicto
se le levanta la interdicción; un menor es emancipado.

En el primer caso el proceso iniciado por el tutor en nombre del menor es


continuado personalmente por éste; en el segundo caso, el proceso
iniciado por el tutor es continuado personalmente por el ex interdicto. En
el caso del menor emancipado el proceso iniciado por el padre
administrador legal o por el tutor en nombre del menor es continuado por
éste con la asistencia de su curador.

35. ¿Hasta cuándo puede haber interrupción de instancia? Según lo


establecido por las disposiciones combinadas de los artículos 342 y 343 del
referido Código, la interrupción de la instancia puede ocurrir únicamente
mientras tanto el caso no se encuentre en estado de recibir fallo, es decir,
hasta el momento de la presentación de las conclusiones en audiencia si
las partes han discutido oralmente, o hasta que transcurra el plazo
concedido por el juez para el depósito en secretaría de los escritos de
réplica y contrarréplica. En casos de que las hayan concluido sobre un
incidente, el asunto se halla en estado respecto de este incidente, y el
tribunal puede, en consecuencia, dictar sentencia sobre el mismo no
obstante la muerte de una de las partes o la cesación de las funciones de
uno de los abogados. Pero, a partir de esta sentencia, el procedimiento
queda interrumpido.

36. Efectos de la interrupción. Cuando se produce la interrupción de la


instancia, el procedimiento queda paralizado. Los actos de procedimientos
hechos después de la interrupción de la instancia son nulos dispone el
artículo 344 del Cód. de Pro. Civ. Esta es puramente relativa, en vista de

20
que puede ser opuesta únicamente por la parte o por los herederos de la
parte respecto de la cual se produjo la causa de interrupción; es cubierta
por el silencio de la parte interesada.

Es asimismo nulo el fallo intervenido no obstante la interrupción de la


instancia. Esta nulidad tiene que ser propuesta por medio del ejercicio de
las vías de recurso correspondientes: oposición, apelación, revisión civil y
casación. La sentencia intervenida no obstante el fallecimiento de una de
las partes puede ser impugnada por apelación si es en primera instancia, y
por revisión civil, o por casación, si es en única o en última instancia. La
interrupción de la instancia suspende el curso de los plazos. Estos se
reanudan después que ha secado la interrupción. Sin embargo, los efectos
de la demanda subsisten, no obstante la interrupción de la instancia.

37. Renovación de la instancia. La instancia interrumpida debe ser


renovada o reanudada, con el propósito de que el proceso continúe su
curso. Esta renovación puede ser voluntaria o forzosa.

La instancia es voluntariamente reanudada cuando el procedimiento es


continuado por una de las partes, como por ejemplo, si los herederos de la
parte fallecida ocupan, en el procedimiento, el puesto de aquella, o si la
parte cuyo abogado cesó de postular constituye otro en su lugar.

En cambio, la renovación es forzosa cuando la parte interesada en


continuar el proceso recurre al procedimiento de renovación de instancia
forzosa contra los herederos de la parte fallecida o contra la parte cuyo
abogado ha cesado en sus funciones. Para ello, la parte será citada, en el
primer caso, en renovación de instancia, y, en el segundo caso, en
constitución de nuevo abogado. La citación es hecha conforme al artículo
No. 346 del Cód. de Pro. Civ. Si la parte citada no comparece en
renovación de instancia o en constitución de nuevo abogado, el tribunal
pronunciará sentencia en defecto que declarará renovada la instancia y
mandará que se proceda conforme a los últimos trámites, es decir, de
acuerdo con el estado en que se encontraba la causa en el momento en
que se produjo la interrupción de la instancia.

38. El desistimiento. Es la renuncia por parte del demandante a los


efectos del proceso que este ha iniciado. Según el alcance que tenga,

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pueden distinguirse tres clases de desistimiento: a) Desistimiento de
acción, que tiene por objeto extinguir el proceso en el pasado y hacerlo
imposible en el porvenir; b) Desistimiento de instancia, que es una
renuncia a la situación jurídica creada por la instancia. Este desistimiento
extingue el proceso actual, a partir de la demanda inclusive, pero deja
subsistente el derecho de acción en justicia; y c) Desistimiento de actos
procesales, que no es más que la renuncia a los efectos producidos por los
actos.

Es importante hacer notar que el desistimiento de acción y el de instancia


provienen del demandante, mientras que el desistimiento de actos
procesales puede provenir tanto del demandante como del demandado.

39. Desistimiento implícito. Es el que resulta de un hecho personal que


conlleva el abandono, sea del derecho, sea de la instancia, sea de un acto
procesal. El desistimiento implícito no se presume, y debe ser probado por
la parte que lo alega.

40. Desistimiento de instancia. Es la renuncia a seguir con el proceso


cuando éste ya se ha iniciado, dejando a salvo los derechos del
demandante de poder ejercer nuevamente la o las acciones intentadas en
un futuro. En efecto, el desistimiento de la instancia es una forma de dar
por terminada la relación jurídica procesal existente entre las partes,
volviendo las cosas jurídicamente al estado que guardaban antes de la
presentación de la demanda, sin el pronunciamiento de una sentencia que
dirima la controversia, es decir, sin determinar la procedencia o
improcedencia de las acciones ejercidas por el actor y de las excepciones
opuestas por la parte demandada; por lo que, no se define el derecho en
disputa, ya que se trata de la renuncia de la instancia por parte de la
actora, lo que la deja en posibilidad de volver a ejercer dichas acciones.

41. Aceptación del desistimiento. La ley exige, en principio, que el


desistimiento de instancia, para que produzca efectos, debe ser aceptado
por la parte demandada, por lo menos a partir del momento en que la
situación procesal ha alcanzado una cierta etapa.

La exigencia de que el desistimiento sea aceptado, a partir del momento


en que la instancia está ligada entre las partes, se justifica por la necesidad

22
de proteger el interés legítimo que tiene el demandado en continuar la
instancia. De acuerdo con lo previsto en el artículo 402 el desistimiento
puede ser ofrecido y aceptado en todos los asuntos en los que es
obligatorio el ministerio de abogados por simples actos bajo firma privada
de las partes o de quienes las representen, notificados de abogado a
abogado. El desistimiento puede ser también ofrecido y aceptado en
audiencia.

42. Los efectos del desistimiento. El desistimiento, aceptado o tenido por


aceptado, tiene como primer efecto el de extinguir la instancia, haciendo
que se tengan como no intervenidos todos los actos del procedimiento.
Así las cosas, el desistimiento aniquila retroactivamente los efectos
producidos por la citación: la interrupción de la prescripción no habrá
tenido lugar (art. 2247 del Código Civil), y ella continúa corriendo contra el
desistente; los intereses moratorios no han corrido; el demandado no ha
sido puesto en mora.

El artículo 403 del Código de Procedimiento Civil, al establecer los efectos


del desistimiento, establece que implicará de pleno derecho el
consentimiento de que las cosas sean puestas, de una y otra parte, en el
mismo estado en que se hallaban antes de la demanda.

La fórmula del referido artículo 403 significa, pues, que el desistimiento de


instancia tiene por efecto reponer las cosas en el mismo estado en que se
habrían encontrado si no se hubieran incoado el proceso. También el
desistimiento tiene como efecto la sumisión a pagar las costas, a cuyo
pago se obligará a la parte que haya desistido en virtud de simple auto del
presidente del tribunal, extendiendo al pie de la tasación, presentes las
partes o llamadas por acto de abogado a abogado.

A falta de aceptación del desistimiento, el tribunal, apoderado del


incidente, dicta sentencia por medio de la cual da al demandante acta de
su desistimiento. Las costas de esta sentencia son a cargo del desistente,
si el demandado tenía justos motivos para no aceptar el desistimiento; si,
por el contrario, el demandado ha hecho necesario este procedimiento
por su intempestiva resistencia a aceptar el desistimiento él debe soportar
las costas, puesto que ha cometido una falta.

23
43. Retractación del desistimiento. Se admite que el desistimiento no
despoja al desistente de su derecho de retractación, siempre que no se
haya dictado sentencia dando acta del desistimiento. Puede el desistente
retractarse del desistimiento y solicitar al tribunal que estatuya sobre el
fondo.

44. La aquiescencia. La aquiescencia o asentimiento es el hecho de una


parte que se somete a una pretensión de su contraparte, o que renuncia a
un derecho frente a ella. El término aquiescencia, el cual no está
contemplado en el C. de Pro Civ., se emplea más frecuentemente para
designar la adhesión prestada a una sentencia.

45. Formas de la aquiescencia. La aquiescencia no está sujeta a formas


particulares. Puede ser unilateral o resultar de una convención. En esta
situación está sometida al derecho común de las convenciones. Asimismo,
puede ser judicial o extrajudicial; expresa o implícita.

Existe aquiescencia implícita cuando, por ejemplo, se notifica una


sentencia sin reservas, o cuando se la ejecuta voluntariamente,
renunciando así al derecho de impugnarla.

Sin embargo, la ejecución, aun sin reservas, de una sentencia susceptible


del recurso de casación, no implica necesariamente aquiescencia, porque
este recurso no es en general suspensivo de la ejecución de la sentencia
impugnada, y la parte se encuentra obligada a ejecutarla salvo que la
Suprema Corte de Justicia suspenda la ejecución, de acuerdo a lo que
establece el artículo 12 de la Ley de Procedimiento de Casación.

La aquiescencia puede ser realizada bajo condición o con reservas. En este


caso, es menester la aceptación expresa o tácita de la parte contraria.

45. Momento en que puede intervenir. La quiescencia puede darse por


anticipación. Así, se considera que la parte ha dado aquiescencia
anticipada a la sentencia dictada conforme a sus conclusiones. Sin
embargo, la aquiescencia más común es la que se produce sobre una
sentencia después de ser pronunciada. Existe aquiescencia en la
notificación sin reservas y en la ejecución voluntaria de la sentencia. Por
tanto, la parte que no quiera asentir a la sentencia tienen que hacer

24
reservas expresas de su derecho a impugnarla mediante los recursos
correspondientes.

46. Materia en que es posible. La aquiescencia es posible en toda materia,


excepto si implica violación a una norma de orden público. Por ejemplo,
no procede la aquiescencia sobre una decisión de un tribunal que se ha
declarado competente no obstante ser incompetente de un modo
absoluto.

47. Capacidad y poder para la aquiescencia. Cuando conlleve renuncia a


un derecho, la quiescencia requiere en la parte que la consiente la
capacidad de disponer de este derecho. Por ejemplo, el tutor no puede
asentir en materia inmobiliaria sin el consentimiento previo del consejo de
familia, así lo establece el artículo 464 del Código Civil; el menor
emancipado y la persona provista de un consultor judicial no pueden
prestar aquiescencia sino en los límites de su capacidad, y, fuera de esos
límites, con la asistencia de su curador o su consultor judicial
respectivamente (artículos 482 y 513 del Código Civil).

48. Efectos de la aquiescencia. La aquiescencia, a diferencia del


desistimiento, produce sus efectos sin necesidad de aceptación de la parte
adversa. Por otro lado, la aquiescencia a la demanda extingue la instancia.
Asimismo, la aquiescencia a una decisión suprime las vías de los recursos,
es decir, que dicha decisión no puede ser atacada por ningún recurso.

49. Perención y prescripción de instancia. Es un modo de extinguirse la


instancia y tiene por finalidad impedir que el proceso se prolongue de
forma indefinida a consecuencia de la inacción de las partes. 20.46
Aplicación de la perención de instancia.

De conformidad con lo establecido en el artículo 397 del C. de Proc. Civ.,


toda instancia, aunque no haya intervenido constitución de abogado, “se
extinguirá por cesación de los procedimientos durante tres años”. Esta se
aplica a toda instancia en materia civil y comercial ante el Juzgado de
Primera Instancia; tribunal de tierras; Corte de Apelación y la Suprema
Corte de Justicia.

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La perención es susceptible de extinguir la instancia a partir del momento
de la citación que le da inicio. La pronunciación de la sentencia, con que se
termina la instancia, evita la aplicación de la perención.

50. ¿Por quién y contra quién puede invocarse la perención? Solamente


le corresponde a la parte demandada invocar la perención de la instancia.
Sin embargo, el demandante principal, que se convierte en demandado en
un incidente interpuesto por el demandado puede oponer a éste la
perención de esta instancia.

51. Plazo para solicitar la perención. El plazo normal de la perención de


instancia es de tres años, plazo éste que comienza a computarse a partir
de la fecha del último acto de procedimiento. Este plazo puede ser
aumentado en seis meses más, en los casos en que haya lugar a
renovación de instancia o constitución de nuevo abogado, es decir,
cuando ha habido interrupción de instancia.

El aumento del plazo se justifica en vista de que la interrupción de la


instancia tiene como consecuencia necesaria impedir al demandante o a
sus herederos continuar el procedimiento.

Esta asunto es de fácil aplicación en caso de cesación de las funciones del


abogado de una de las parte. Sin embargo, hay dificultades cuando la
interrupción de la instancia proviene del hecho de la muerte de una de las
partes. Para que se produzca la interrupción de la instancia es menester
que el fallecimiento sea notificado a la parte contraria.

Ahora bien, la notificación de este fallecimiento podría tener como efecto


interrumpir el curso de la perención de la instancia, le notifiquen el
fallecimiento de su causante con la reserva de que lo hacen con el único
propósito de prevalecerse de la perención, y que su acto no puede
implicar renovación voluntaria de la instancia.

52. Suspensión e interrupción del plazo. El plazo de la perención es


necesariamente suspendido en todos los casos en que la instancia es
suspendida. La interrupción del plazo resulta de todo acto válido del
procedimiento, proveniente del demandante o del demandado (art. 399
del C. de Proc. Civ.); constitución de abogado, demanda de comunicación

26
de documentos, requerimiento de fijación de audiencia. Cuando se
produce uno de estos actos comienza a correr un nuevo plazo de
perención de instancia.

53. Modo de aplicación u operación. El artículo 399 del C. de Proc. Civ.


establece que la perención de instancia no opera de pleno derecho. Esto
significa que la misma debe ser expresamente solicitada por el
demandado. Así las cosas, la perención puede quedar cubierta por todo
acto que tenga por objeto continuar el procedimiento de la instancia.

En los asuntos civiles ante el Tribunal de Primera Instancia, en todos los


asuntos ante la Corte de Apelación, la demanda en perención de instancia
es formada por acto de abogado a abogado, así lo dispone el artículo 400
del C. de Proc. Civ.

En la jurisdicción inmobiliaria, la perención opera de pleno derecho, es


decir, que el juez puede aplicarla sin pedimento previo de las partes. Por
lo mismo de que en materia civil ordinaria, de que la perención no opera
de derecho, la perención es cubierta, después de expirado el plazo de tres
años, por todo acto de procedimiento susceptible de interrumpirla. Solo
basta que ese acto sea regular en la forma, anterior a la demanda en
perención, y que forme parte de la instancia.

54. Sus efectos. De acuerdo a los términos de los artículos 397 y 401 del C.
de Proc. Civ., la perención de la instancia produce dos efectos: a) Extingue
la instancia; y b) Pone a cargo del demandante las costas de la instancia
perimida. Es importante aclarar que la perención aniquila solamente el
procedimiento de la instancia, dejando subsistir el derecho de acción del
demandante, quien podrá incoar una nueva demanda. Todos los actos de
la instancia perimida, a contar de la citación inclusive, se consideran como
no intervenidos, sin que se pueda en ningún caso oponer acto alguno del
procedimiento extinguido ni apoyarse en él.

54. Pluralidad de partes. Cuando existen varios demandantes o varios


demandados, es posible que la perención sea invocada solamente contra
uno de los demandantes, o que la invoque solamente uno de los
demandados. Desde el punto de vista de la perención, la instancia es
indivisible. Por tanto, en caso de pluralidad de demandantes o de

27
demandados, la perención no puede ser pronunciada contra un solo de los
demandantes. Por otro lado, si el plazo de la perención ha transcurrido en
provecho de todos los demandados, la demanda en perención incoada por
uno de ellos aprovecha a todos los demás.

54. La prescripción extintiva de instancia. Desde el punto de vista de la


extinción de la instancia, la prescripción es el medio de extinguir una
obligación, por el transcurso de cierto tiempo, y bajo las condiciones que
determina la ley.

La instancia, al crear una cadena de relaciones jurídicas entre las partes,


verdaderos derechos subjetivos, es naturalmente susceptible de
prescribir, por aplicación del principio general establecido en el artículo
2262 del Código Civil, el cual establece: “Que todas las acciones, tanto
reales como personales, se prescriben por veinte años, sin que esté
obligado el que alega esta prescripción a presentar ningún título ni que
pueda oponérsele la excepción que se deduce de la mala fe”. Existen
acciones que son imprescriptibles, como por ejemplo, las relativas a la
reclamación de estado.

55. Principios generales de la sentencia. La sentencia es el acto


jurisdiccional que pone fin al proceso o a una etapa de él. Después de
haber verificado la verdad de los hechos invocados por las partes, el juez
declara, para cada caso, cuál es la voluntad de la ley en relación con la
causa planteada ante él con el ejercicio de la acción. La declaración del
juez puede ser de diversas formas: reconocer, modificar o extinguir una
situación jurídica, impartir órdenes y prohibiciones.

En fin, abarca no solamente una declaración, una opinión, como resultado


de un razonamiento, sino que al mismo tiempo constituye un acto de
voluntad, un mandamiento.

56. El contenido de la sentencia. Toda sentencia está regida, en primer


término, por normas de derecho público, en razón de que es un acto
emanado de la autoridad pública, contentivo de una decisión emitida en
nombre del Estado, y que se impone, no solamente a las partes litigantes,
sino también a los demás órganos del poder público, sobre todo a las
autoridades que detentan la fuerza pública.

28
Asimismo, la sentencia está regida por normas del derecho privado en
cuanto constituye una decisión en relación a una controversia de carácter
privada, cuyas consecuencias se producen en relación a las partes
litigantes.

Tanto el aspecto público como el privado de la sentencia no pueden


disociarse, ya que ambos concurren a caracterizar a la sentencia. Por otra
parte, la sentencia comprende una parte que se denomina minuta y la
misma tiene cuatro enunciados, a saber: 1. Encabezamiento. El artículo
146 del C. de Proc. Civ. ordena que “Las sentencias se encabezarán y dará
en nombre de la República”. Esto es un corolario de que la sentencia es un
acto procesal emitido por el órgano jurisdiccional en nombre del Estado.
También en esta parte se coloca el nombre del tribunal y el lugar, el juez,
la fecha de la sentencia, el nombre del secretario y de las partes y sus
abogados.

Estas informaciones permiten verificar la regularidad del juicio que la


sentencia está fallando. 2. Conclusiones de las partes. Las conclusiones
son los actos procesales que se enuncia concretamente el pedimento que
cada una de las partes solicita al tribunal. El demandante le pide al juez
que se acoja la demanda, y el demandado solicita que se rechace la
demanda. Esas son conclusiones sobre el fondo.

Sin embargo, ambas partes pueden también presentar conclusiones sobre


excepciones y otros incidentes. Las conclusiones son precedidas de
defensas, orales o escritas, según sea el caso, de las cuales constituyen un
remate. La enunciación de las conclusiones de las partes es una
formalidad esencial, puesto que ellas determinan la extensión del proceso
y limitan por lo tanto el poder de decisión del juez y el alcance de la
sentencia. 3. Los motivos. Toda sentencia debe contener, apena de
nulidad, los fundamentos, es decir, los motivos en que el tribunal funda su
decisión.

Los motivos constituyen la demostración dialéctica y jurídica en que se


apoya el dispositivo de la decisión adoptada por el tribunal. 4. El
dispositivo. La sentencia debe contener un dispositivo, el cual contiene las
conclusiones donde está la solución que el juez ha dado para litigio.

29
Asimismo, debe incluir el objeto del proceso y la condenación en costas.
Por último, firma la sentencia el juez y el secretario.

57. Clasificación de las sentencias. Las sentencias pueden ser clasificadas


desde diferentes puntos de vistas, a saber: 1. Sentencias definitivas. Son
aquellas que ponen fin a una contestación. Asimismo, también resuelven
acerca de un incidente del procedimiento. 2. Sentencias previas. Son
aquellas que un tribunal pronuncia, en el transcurso del proceso, antes de
decidir sobre el fondo, y por medio de la cual ordena una medida de
instrucción, sea una medida provisional. Por ejemplo, la sentencia que
prescribe un informativo testimonial. La sentencia previa es llamada
también, por ese motivo, sentencia de antes de decidir, o de hacer
derecho.

Estas sentencias, a su vez de dividen en de instrucción y provisionales. 3.


Sentencias contradictorias. Son aquellas intervenidas en un procedimiento
en que el demandado ha comparecido, y en que tanto él como el
demandante han presentado conclusiones. 4. Sentencias en defecto. Son
aquellas sentencias pronunciadas en ausencia de conclusiones o
comparecencia del demandado o del demandante. Cuando se produce el
defecto, el tribunal procede a dos actuaciones: a) Pronuncia el defecto; b)
Juzgar en defecto.

Juzgar en defecto es estatuir sobre la contestación en ausencia del


demandado, es decir fallar en defectos por falta de comparecer, o en
ausencia de conclusiones de él o del demandante. En esta parte última se
produce una sentencia en defecto por falta de concluir. De acuerdo al
artículo 156 del C. de Prof. Civ., modificado por la Ley No. 845 de 1978,
todas las sentencias en defecto, lo mismo que las sentencias reputadas
contradictorias, serán notificadas por un alguacil comisionado sea en la
sentencia misma, sea por auto del presidente del tribunal que la dictó. En
virtud de lo establecido en el artículo 156 del C. de Proc. Civ., toda
sentencia en defecto debe ser notificada dentro del plazo de seis meses.

Al vencimiento de este plazo se pierde el derecho de ejecutar la sentencia


y ésta se convierte en inexistente. 5. Sentencias ordinarias. Son las
sentencias propiamente dichas, es decir, la que interviene a título de

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decisión del juez respecto de una deferencia real de intereses entre las
partes. 6. Sentencias de expedientes. Se llaman así o sentencia convenida,
la que es pronunciada respecto de un proceso entre partes que han
estado desde el principio o que han llegado a ponerse de acuerdo sobre
una cuestión sometida al tribunal. Esto puede ocurrir en dos hipótesis:
Primera hipótesis: Puede ocurrir que dos personas simulen una
contestación que, en realidad, encubra un acuerdo que han pactado, y
luego, por medio de una acción en justicia ante el tribunal, por una de
ellas contra la otra, concurran ante el tribunal, concluyan en consonancia
con lo convenido, y obtengan de ese modo una sentencia que establezca
ese acuerdo previo.

Ha habido en este caso un proceso simulado; como toda simulación, el


proceso es lícito siempre que no tenga por objeto contravenir norma de
orden público. Segunda hipótesis: Puede ocurrir que un litigio haya
existido efectivamente entre las partes, y que, después de haberlo
sometido al tribunal, ellas convengan en una transacción o en un
desistimiento, o que una de las partes preste aquiescencia a las
pretensiones de la otra, y luego concluyan en tal forma que la sentencia
venga realmente a establecer el acuerdo de las partes.

En este caso hay simulación sobrevenida en el curso del proceso, y es lícita


si intervienen en las mismas condiciones que la simulación que tiene por
objeto incoar un proceso. 7. Sentencias declarativas. Son las que se
contraen a comprobar la existencia de un derecho o de una situación
jurídica. Tal es el carácter que tienen las sentencias intervenidas en los
casos de demandas tendientes al simple reconocimiento de un derecho.
Por ejemplo, el reconocimiento de escritura; reconocimiento de
servidumbre, etc. 8. Sentencias constitutivas. Son aquellas decisiones que
crean una situación jurídica, sea modificando un estado de cosas anterior,
sea aboliéndolo, sea sustituyéndolo por otro.

Así, por ejemplo, la sentencia que admite el divorcio. 9. Sentencias


condenatorias. Son las que imponen a la parte vencida en juicio el
cumplimiento de una prestación, sea positiva, de dar o de hacer, sea
negativa, de no hacer. 10. Sentencias absolutorias. Son decisiones que

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acogen la defensa del demandado, rechaza la pretensión de la parte
demandante.

No existe sentencia absolutoria, por el contrario, cuando el tribunal acoge


en favor del demandado una excepción o un medio de inadmisibilidad que
no toque el fondo, puesto que en estos casos, pudiendo el demandante
incoar nuevamente su acción, no puede decirse que el demandado ha sido
absuelto. 11. Sentencias en primera instancia. Son las que un tribunal de
primer grado de jurisdicción dicta a cargo de apelación. Es el caso normal,
dada la generalidad del principio del doble grado de jurisdicción. 12.
Sentencias en única instancia.

En los casos en que el segundo grado de jurisdicción es suprimido por la


ley o en el que las partes renuncian anticipadamente a la apelación, la
sentencia es llamada en única instancia. es susceptible de los recursos
extraordinarios de revisión civil y de casación, lo mismo que la sentencia
en última instancia. 13. Sentencias en última instancia. Cuando la
sentencia se susceptible de ser apelable, y el recurso de apelación es
interpuesto, la decisión del juez del segundo grado se dice que ha dictado
sentencia en última instancia.

58. Pronunciamiento de la sentencia. Luego de redactada, la sentencia es


pronunciada, es decir, leída íntegramente en audiencia pública, aunque en
aquellos casos en que se trate de asuntos contenciosos conocidos en
cámara de consejo. Hasta el momento de su pronunciamiento la sentencia
no existe legalmente.

59. Efectos de la sentencia. La sentencia produce tres efectos, que son: 1.


Está provista de fuerza ejecutoria. La sentencia es un acto que proviene de
la autoridad pública. Constituye la expresión más solemne del Poder
Judicial a través de los jueces.

En caso que la parte condenada no ejecute de forma voluntaria la


sentencia, la parte gananciosa puede ejecutar por la fuerza pública contra
los bienes del deudor. La fuerza ejecutoria de la sentencia está prescrita
en el artículo 545 del C. de Proc. Civ. Asimismo, la sentencia produce
hipoteca judicial sobre todos los bienes inmuebles del deudor que el
acreedor para preservarla deberá inscribir en la Conservaduría de

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Hipotecas o en el Registro de Títulos donde estén o pudiesen estar dichos
inmuebles del deudor condenado.

60. Desapoderamiento del juez. Desde el pronunciamiento de la


sentencia el juez queda desapoderado del litigio. Sin embargo, se entiende
que esto es cierto para los casos en que el juez ha fallado el fondo del
asunto, no así cuando ordena medidas de instrucción o provisionales. 3.
Autoridad de la cosa juzgada.

La autoridad de la cosa juzgada descansa en razones derivadas de la


estabilidad jurídica, de la necesidad de una buena administración de
justicia y de la seguridad de las personas. Un litigio no puede prolongarse
ni eternizarse en el tiempo.

Toda sentencia que decide el fondo tiene autoridad de cosa juzgada


aunque esté sujeta a un recurso. Pero cuando ya la decisión es intocable
se entiende que tiene la autoridad de la cosa irrevocablemente juzgada.
Sección XI Las costas procesales.

61. La condenación en costas. El artículo 130 del C. de Proc. Civ.,


modificado por la Ley. No. 507 de 1941, establece que “Toda parte que
sucumba en justicia será condenada en costas; pero éstas no serán
exigibles, sea que provengan de nulidades, excepciones, o incidentes, o
del fallo de lo principal, sino después que recaiga sentencia sobre el fondo
que haya adquirido la fuerza de la cosa irrevocablemente juzgada”.

Ahora bien, puede suceder que intervenga sentencia definitiva respecto


de algún incidente.

En esta situación el mismo artículo 130 establece que “si en virtud de


sentencia sobre incidente, nulidad o excepción, el tribunal ha quedado
desapoderado del conocimiento del fondo, las costas serán exigibles un
mes después de haber adquirido dicha sentencia la fuerza de la cosa
irrevocablemente juzgada, siempre que durante ese plazo no se haya
introducido de nuevo demanda sobre el fondo del litigio”. La regla
establecida por el artículo 130 se aplica a las costas causadas en el recurso
de casación.

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Por otra parte, las costas causadas en los incidentes del procedimiento
relativos a los incidentes interlocutorios prescritos por el juez son
reservadas, esto es, que su liquidación será hecha conjuntamente con la
de las demás costas causadas en el proceso. Por el contrario, en relación a
los incidentes completamente ajenos al fondo, como por ejemplo, los
relativos a las nulidades o declinatorias, se admite generalmente que la
parte que sucumbe debe ser condenada en las costas, conforme a la regla
instituida en el artículo 130 del C. de Proc. Civ., puesto que esos incidentes
no constituyen meros accesorios del proceso principal, sino verdaderos
procesos distintos.

62. Limitación del pago de las costas. La condenación en costas no abarca


todos los desembolsos en que la parte gananciosa haya podido incurrir
sino solamente aquellas partidas que la ley considera indispensablemente
necesarias para la sustentación del proceso. Estas partidas son: el registro
de los documentos producidos por las partes, las notificaciones, etc.

63. Costas en grado de apelación y casación. En grado de apelación se


aplican las mismas reglas anteriormente estudiadas. Si el tribunal del
segundo grado confirma totalmente la sentencia impugnada, condena en
costas al apelante; donde resulta que, si el sucumbió en primera instancia,
el apelante soportará las costas de la primera y la segunda instancia.

Por el contrario, si el tribunal del segundo grado revoca totalmente la


sentencia impugnada, el recurrido es condenado al pago de las costas de
ambas instancias. El tribunal de segundo grado puede compensar las
costas, o ponerlas a cargo de la parte gananciosa, en los mismos casos y
condiciones que el juez del primer grado.

De su parte, las costas en casación están regidas por el artículo 65 de la


Ley sobre Procedimiento de Casación. Si el recurso es rechazado, el
recurrente es naturalmente al pago de las costas; soportará pues las
costas del procedimiento incoado ante el tribunal que pronunció la
sentencia impugnada, como las del procedimiento del recurso de
casación. Si, por el contrario, la sentencia es casada, el recurrido es
condenado en costas. Estas comprenden las del procedimiento de la

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casación, y, además, las relativas a la expedición, al registro y a la
notificación de la sentencia casada.

64. Compensación y distracción de las costas. Compensar las costas


significa repartirlas entre las partes, en vez de condenar a una de ellas a
pagarlas. El artículo 31 del C. de Proc. Civ. autoriza al juez a compensar las
costas, en todo o en parte, en los siguientes casos: a) Entre esposos,
ascendientes, descendientes, hermanos y afines en el mismo grado; b)
Cuando los litigantes sucumben respectivamente en algunos aspectos del
litigio; y c) Cuando concede un plazo de gracia.

64. Distracción de las costas. En ciertos casos el abogado se encarga de


avanzar por cuenta de su cliente, en todo o en parte, los gastos
necesitados para el proceso. Por medio de la distracción de las costas, el
artículo 131 del referido C. de Proc. Civ., garantiza al abogado, en
principio, el cobro de esos gastos y de sus honorarios, directamente
contra la parte sucumbiente. De acuerdo al derecho común, una vez
terminado el proceso, el abogado podría ejercer contra su cliente la acción
de mandato para cobrarle el importe de los gastos avanzados y de sus
honorarios.

La parte gananciosa tendría, a su vez, el derecho de ejecutar, contra el que


ha perdido, la condenación al pago de las costas. Conforme lo dispone el
artículo 133 del C. de Proc. Civ., la distracción de las costas debe
pronunciarse en la misma sentencia que condene al pago de ellas, y su
liquidación será hecha en nombre del abogado que tuvo ese beneficio.

El artículo 1 de la Ley No. 302 de 1964 estable los siguientes principios


fundamentales que rigen las relaciones entre el cliente y el abogado, y
éste con el que perdió la causa.

La tarifa que establece esta ley prevé un monto mínimo de los honorarios
para los abogados por su labor profesional en los tribunales y fuera de
ellos, siendo nulo todo convenio por el cual se obligue al abogado a recibir
honorarios menores de los fijados en la referida tarifa.

Por el contrario, los abogados pueden pactar honorarios más elevados


que los establecidos en dicha ley, siempre que, tratándose de pactos de

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cuota Litis, no sobrepasen el 30 % del valor de los bienes o derechos
envueltos en el asunto.

Esto lo establecen los artículos 3 y 4 de la Ley No. 302. Los honorarios de


los abogados y los gastos que hubieren avanzado por cuenta de su cliente
gozan de un privilegio que primará sobre los de cualquier otra naturaleza,
con excepción los del Estado y los municipios.

Asimismo, los abogados podrán usar, para la ejecución de sus créditos


líquidos acordados en la Ley 302, las disposiciones de la Ley No. 6186 de
Fomento Agrícola, que trata, entre otros aspectos, los embargos
abreviados. En cuanto a la liquidación de las costas y en virtud del artículo
9 de la Ley No. 302, los abogados después del pronunciamiento de la
sentencia condenatoria, depositarán en secretaría del mismo tribunal que
conoció del caso un estado detallado de sus honorarios y de los gastos de
la parte que representen.

Dicho tribunal aprobará la liquidación, si es correcta, dentro de los cinco


días que sigan a su depósito en secretaría. Una vez aprobada, la
liquidación será ejecutoria tanto frente a la parte que sucumbió, como
frente al propio cliente por los honorarios y los gastos que hubiere
avanzado por cuenta del cliente.

65. Las vías de los recursos. Son medios a favor de los litigantes y, de
forma excepcional, a los terceros para obtener un nuevo examen del
litigio, fuere para su retractación o revocación total o parcial.

Los recursos tienen su fundamento en el principio general del doble grado


de jurisdicción que forma parte del sistema jurídico dominicano. Por
medio de los recursos es que se puede impugnar un acto jurisdiccional, es
decir, una sentencia, en razón de que no existe vía de nulidad contra las
sentencias. Por las vías de los recursos se pueden impugnar la forma o el
fondo de las sentencias.

66. División de las vías de recursos. Las vías de los recursos se dividen en
los siguientes: 1. Vías de retractación y revocación. Las vías de retractación
se producen cuando un nuevo examen del litigio es realizado por la misma
jurisdicción que había dictado la sentencia que se intenta retractar. Este es

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el caso de la oposición (por cierto, recurso este que se encuentra en una
fase de extinción por el desuso) y de la revisión civil.

2. Vías ordinarias y extraordinarias. Los recursos ordinarios son la


oposición y la apelación. Los extraordinarios son la tercería, la revisión
civil, la casación y el recurso de responsabilidad civil contra los jueces. Los
recursos ordinarios están abiertos en un principio a las partes litigantes,
salvo que la ley disponga lo contrario.

Los recursos extraordinarios están abiertos excepcionalmente en los casos


que la ley los establece. Es oportuno aclarar que las vías extraordinarias
solo pueden incoarse cuando las vías ordinarias se han agotado. El recurso
de revisión civil es una vía de retractación en contra de una decisión civil,
penal o administrativa dictada en última instancia que se basa sobre un
error de hecho.

La apelación, de su parte, es común a todos los procesos, salvo en los


asuntos o materias en las cuales la apelación está cerrada. 20.64 Plazos de
los recursos. En materia civil ordinaria, el plazo de la oposición es de 15
días contados a partir de la notificación de la sentencia personalmente al
condenado o en su domicilio; el plazo para la apelación es de un mes tanto
en materia civil como comercial.

Este plazo comienza a computarse a partir de la notificación a la persona o


en su domicilio. Para recurrir en casación, el plazo es de un mes a partir de
la notificación de la sentencia. El plazo para la tercería se entiende de es
de 20 años. La sentencia recurrida en tercería conserva sus efectos frente
a las partes, pero es inoponible a los terceros que han ejercido el recurso.

67. Efectos de los recursos ordinarios y extraordinarios. Los efectos de


los recursos ordinarios son suspensivos (salvo las veces en que la
ejecución provisional ha sido acordada) y devolutivos. Los recursos
extraordinarios no suspenden la ejecución de la sentencia, excepto que el
tribunal (caso de casación) lo disponga por medio de una prestación de
una fianza.

68. Generalidades de la ejecución forzosa. La ejecución forzosa. Esta tiene


por finalidad procurar a los titulares provistos de sus títulos ejecutorios el

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cumplimiento de un hecho o el pago en dinero de sus créditos. Es un
procedimiento extrajudicial dirigido por el propio persiguiente, sin que la
parte pueda proceder ella misma a la ejecución.

Esta corresponde a los notarios levantar el acta de embargo y el proceso


verbal, y los alguaciles que son los agentes de la ejecución. Los tribunales
son apoderados cuando surgen incidentes en el curso de la ejecución
forzosa de los bienes muebles o inmuebles.

68. Los embargos. Cuando la obligación consiste en pagar una cantidad de


dinero, el medio de constreñir al deudor es procediendo al embargo de
sus bienes ya provisto el acreedor de su título ejecutorio. Los embargos
son el mobiliario y el inmobiliario.

69. El embargo mobiliario. Son las ejecuciones forzadas de los bienes


muebles pertenecientes al deudor negligente. Estos embargos se dividen
en ejecutivo y conservatorio. El primero recae sobre los muebles
corporales del deudor. Este se desarrolla en dos etapas: La primera etapa
comprende el mandamiento de pago, proceso verbal de embargo y acta
de comprobación; y la segunda etapa incluye el edicto anunciando la
venta y la venta en pública subas en el mercado público.

De su lado, el embargo conservatorio se puede realizar sin título


ejecutorio. En ciertos casos basta que el crédito del acreedor conste en un
documento privado o auténtico. En otros es necesaria la autorización
previa del tribunal para autorizar el embargo. En principio, los embargos
conservatorios pertenecen a los actos conservatorios para la conservación
de los derechos y créditos del acreedor sobre los bienes muebles de su
deudor, porque los bienes del deudor son la prenda común de los
acreedores.

70. Embargo retentivo. El embargo retentivo, regulado por los artículos


557 y siguientes del Código de Procedimiento Civil, es el procedimiento
ejecutorio mediante el cual un acreedor prohíbe al deudor de su deudor
liberarse en manos de este último, y pide a la justicia que ordene que le
sean atribuidos el dinero o bien mueble venidos a ser indisponibles en
manos del deudor de su deudor.

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De esta definición se desprende que en este embargo intervienen tres
sujetos: el ejecutante o embargante, el tercero embargado y el deudor
embargado. El embargo retentivo se desarrolla en dos etapas: la primera
comprende el acto de embargo a oposición en manos del tercero, la
denuncia con la demandan en validez al deudor embargado y la
contradenuncia al tercer embargado; la segunda etapa comprende la
sentencia en validez del embargo.

Esta sentencia ordena que las sumas de las que el tercer embargado se
reconozca deudor sean pagadas en manos del embargante hasta la
concurrencia del capital, interés y gastos. Este último se completa con la
citación en declaración afirmativa. En esta dos etapa, la primera es
conservatoria y la segunda es ejecutoria cuando ya interviene la sentencia
que valida el embargo.

71. Embargo conservatorio de los efectos que guarecen en los lugares


alquilados o arrendados. Este embargo es prescrito a favor del
arrendador de un inmueble. En el fondo, garantiza el privilegio del
propietario o del arrendador sobre los bienes muebles que guarecen en
los lugares arrendados. Una de sus características es que no puede
embargar todo acreedor que posea título ejecutorio, sino los propietarios
del inmueble o arrendador cuyo inquilino se encuentre en mora por el
pago de los alquileres a los que se comprometió. Este embargo se
encuentra regulado por los artículos 819 al 825 del Código de
Procedimiento Civil. La demanda en validez de este embargo se lleva a
cabo por ante el juez de paz del lugar de la ubicación del inmueble
generador de la calidad de acreedor a consecuencia del contrato de
locación, arrendamiento o subarrendamiento.

72. Embargo conservatorio contra el deudor transeúnte. Es una medida


por la cual un acreedor con autorización del tribunal competente
embargar y poner bajo las manos de la justicia los bienes muebles
corporales de su deudor que no habita en la común donde reside el
acreedor. Su base legal se encuentra instituida en los artículos de van del
824 al 824 del Código de Procedimiento Civil. Es una medida conservatoria
en vista de que para trabarlo no es necesaria la notificación de previo
mandamiento de pago, y puede llevarse a cabo sin título ejecutorio, con

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sentencia no definitiva y aún con auto del juez competente. Al ser una
medida conservatoria, no procede la venta de los bienes embargados, sino
después que haya sido declarada su validez. El objeto de este embargo es
evitar el desplazamiento de los bienes de la jurisdicción del acreedor y que
constituyen las garantías del cobro del crédito.

73. Embargo en reivindicación. Este es un embargo abierto a todas las


personas que tienen un privilegio o un derecho de persecución sobre los
muebles, para recuperar su posesión, contra toda persona que posea o
detenten dichos muebles. También en este tipo de embargo es necesaria
la autorización del juez de primera instancia. Este embargo está regulado
por los artículos 826 al 831 del Código de Procedimiento Civil. Con este
embargo no se busca el pago de un crédito mediante la venta de las cosas
embargadas, sino la restitución de la cosa propiedad del ejecutante o de la
cosa sobre la cual él tiene derecho de prenda.

74. El embargo inmobiliario. Este embargo se desarrolla ante el juzgado


de primera instancia del lugar en que esté situado el inmueble. A este
tribunal le corresponde fijar la fecha de la adjudicación, de proceder a ella
y de estatuir sobre los incidentes. El ministerio de abogados es obligatorio
para todas las partes que intervienen en este procedimiento. El embargo
se divide en dos partes: la primera parte tiene por finalidad poner el
inmueble en manos de la justicia y está precedida de un mandamiento de
pago. La segunda parte está destinada a preparar la venta del inmueble. El
embargo inmobiliario está regido, básicamente, por los artículos 673 al
779 del Código de procedimiento Civil, de los cuales los artículos 673 al
715, 717, 725, 728 al 731 y 735 fueron modificados por la Ley núm. 764
del 20 de diciembre de 1944.

Por otra parte, existe la Ley No. 189-11 para el Desarrollo del Mercado
Hipotecario y el Fideicomiso, la cual prevé un procedimiento especial y
expedito en relación al embargo inmobiliario. En efecto, con el propósito
de reducir los riesgos y garantizar los créditos otorgados por las
instituciones de intermediación financiera (bancos y asociaciones), la ley
consagra en sus artículos del 149 al 171 la ejecución o embargo
inmobiliario para acreedores hipotecarios.

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