Clínica Psicológica y Psicoterapias: Clínica de Adultos II
Primer parcial 2° Cuatrimestre 2020
Docente: Natalia Masante
Com 20
1-Junto a los diferentes autores desarrolle y fundamente: “No podemos acrecentar demasiado la
cantidad de las primeras entrevistas preliminares sin correr el riesgo de que nuestra negativa se
produzca demasiado tarde, con menoscabo de economía psíquica del sujeto” (Aulagnier, Capitulo
3, página 169).
Teniendo en cuenta la cita de Aulagnier (1992) podemos relacionar la misma con el texto de
Freud “La iniciación del tratamiento” quien ya en el año 1913 advierte que las entrevistas
prolongadas con el enfermo antes de dar inicio al tratamiento analítico y la existencia de una
relación de amistad entre el médico y el enfermo determinan ciertas consecuencias desfavorables,
el enfermo se puede presentar ante el médico en una actitud de transferencia ya establecida.
Freud sostiene que solo podrá encargarse de los enfermos de manera provisoria, por una o dos
semanas, abogando por un análisis de prueba que determine la indicación o contraindicación del
tratamiento. Este periodo de prueba se diferencia del análisis propiamente dicho dejando hablar al
enfermo sin que el analista suministre interpretaciones ni realice intervenciones más que las
precisas para la continuación del relato. En relación a cuándo se debe comunicar las
interpretaciones al analizado, el momento es nunca antes de haberse establecido en el paciente
(una) la transferencia (aprovechable). Se debe adoptar desde el principio una actitud de interés y
empatía ya que si nos mostramos rígidos o moralizantes como otras personas cercanas a él,
destruiremos la posibilidad de vencer las primeras resistencias y lograr una transferencia positiva
(revisar estos conceptos, la positiva erótica es resistencial, en la pregunta 2 está bien, pero acá
no).
Aquellos analistas que realicen interpretaciones y diagnósticos rápidos, independientemente (de)
que sus deducciones sean acertadas o no, provocarán resistencias muy fuertes en los pacientes y
el resultado terapéutico será nulo y lo abandonarán. Incluso en estadios más avanzados del
tratamiento, no se debe interpretar hasta que el paciente no esté próximo a descubrir la solución
(¿qué se entiende por solución?) de su síntoma por sí mismo.
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Además ésta iniciación del tratamiento con un período de prueba tiene una motivación
diagnóstica, el analista podrá observar manifestaciones del paciente que le determinen o no llevar
adelante el tratamiento. Si el analista no lo hiciera, el psicoanalista incurrirá en una falta de
carácter práctico, impondrá al enfermo un esfuerzo inútil y desacreditará su terapia. En un
tratamiento de ensayo, prolongado algunas semanas, puede ya tener ocasión de observar
manifestaciones sospechosas que le determinen a no llevar más adelante el mismo. Pero no puede
afirmarse que tal ensayo nos facilite siempre un diagnóstico seguro; es tan sólo una precaución
más.
Al igual que Freud Aulagnier, en su texto “Entrevistas Preliminares y movimientos de
apertura” (1992) también sugiere que no es conveniente tomarse mucho tiempo en las
entrevistas preliminares ya que el tiempo que se dispone para hacer una indicación de análisis,
para decidir si aceptamos ocupar el puesto de analista con el sujeto, para elegir los movimientos
de apertura debe ser acotado. “No se puede acrecentar demasiado la cantidad de las entrevistas
preliminares, sin correr el riesgo de que nuestra negativa se produzca demasiado tarde”. La
problemática psíquica de un sujeto puede escapar de nuestro método y aún puede estar
contraindicado, cuando sin embargo ese mismo sujeto está dispuesto a hacer muy rápido de
nuestra persona el soporte de sus proyecciones con mayor carga afectiva. Una vez instalado ese
mecanismo proyectivo, la ruptura de la relación se vivirá con toda probabilidad, como la
repetición de un rechazo, la confirmación de la existencia de un perseguidor, la reapertura de una
herida. Reacciones que pueden tener un efecto desestructurante y provocar la descompensación o
desencadenamiento.
También menciona que hay y una diferencia entre el tiempo de interpretación y el tiempo de
decidir si queremos ocupar el puesto de analista. El analista debe preguntarse si tiene interés en
proponerse como tal, debe realizar un autodiagnóstico sobre su capacidad de investir y de
preservar una relación transferencial con la singularidad del sujeto a quien se enfrenta, más allá
del síntoma. Se puede estar siempre en entrevista y no entrar en el análisis, el paciente tiene que
implicarse con su síntoma. Se debe reservar una libertad muy grande al tiempo de la
interpretación. No podemos prever cuando ésta se hará posible, ni que trabajo de preparación, de
elaboración hará falta para que el sujeto pueda apropiarse de ella.
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Aulagnier también destaca la importancia de realizar entrevistas diagnosticas previas a la
instalación de la transferencia para ver si el sujeto es analizable o no, si está dispuesto a vérselas
con el conflicto inconsciente que está en la fuente del sufrimiento psíquico y de los síntomas que
señalan el fracaso de las soluciones que él había elegido y creído eficaces. Deberán
proporcionarle los elementos y el tiempo necesarios para llevar a buen puerto ese trabajo de
autointerrogación.
A diferencia de Freud y Aulagnier, Miller en el texto “Introducción a un discurso del método
psicoanalítico” (2005) plantea que las entrevistas preliminares no tienen tiempo definido y son
un principio Lacaniano. El analista puede darse el tiempo que considere necesario en estas
sesiones estas no tienen una estructura estándar y el analista no dará comienzo al análisis hasta
que estime necesario.
Plantea tres niveles de entrada al análisis: la Avaluación clínica, la Localización subjetiva y la
Introducción al inconsciente. Menciona que el primer paso en el análisis es la Avaluación clínica,
la cual está constituida por las entrevistas preliminares las cuales dejaran ver la estructura clínica
del paciente. Si se refiere a una neurosis, una psicosis o una perversión. Se avala o no que este
sujeto sea paciente, siendo capaz de reconocer cuál es su diagnóstico inicial y la estructura clínica
que está en juego.
Miller subraya como importante tener en cuenta que hay que identificar si el sujeto al que nos
enfrentaremos en un presicótico ya que el análisis podría desencadenarlo por lo que el analista
debe tener un saber extenso de esta estructura y evitar el análisis de estos sujetos. En este caso
habla de recusar la demanda, es decir prolongar el momento de las entrevistas preliminares antes
de interpretar.
2-Justifique y desarrolle junto al material bibliográfico: “En cualquier otro tratamiento sugestivo,
la transferencia es respetada cuidadosamente: se la deja intacta; en el analítico, ella misma es
objeto de tratamiento y es descompuesta en cada una de sus formas de manifestación. (Freud,
pagina 412, en 28° conferencia. La terapia analítica)
Freud plantea en varios textos la importancia de la transferencia en el análisis. En 1912 en
“Sobre la Dinámica de la Transferencia” sostiene que la transferencia se produce en una cura
psicoanalítica y alcanza su consabido papel durante el tratamiento analítico. Todo ser humano,
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por efecto de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe de su infancia, adquiere una
especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, para las condiciones de amor que
establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Solo un
sector de esas mociones determinantes de la vida amorosa ha recorrido pleno desarrollo psíquico;
ese sector está vuelto hacia la realidad objetiva, disponible para la personalidad conciente, y
constituye una pieza para esta última. Otra parte de las mociones libidinosas han sido demoradas
en el desarrollo, esta apartada de la personalidad conciente y de la realidad objetiva, y solo tuvo
permitido desplegarse en la fantasía o bien ha permanecido por entero de lo inconsciente, siendo
entonces no consabida para la conciencia de la personalidad. Y si la necesidad de amor de alguien
no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se verá precisado a volcarse con unas
representaciones-expectativa libidinosa hacia cada nueva persona que aparezca, y es muy
probable que las dos porciones de su libido, la susceptible de conciencia y la inconsciente,
participen de tal acomodamiento. La investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien
que está parcialmente insatisfecha se vuelve hacia el médico. Esa investidura se atendrá a
modelos, se anudara a uno de los clisés preexistentes en la persona en cuestión. Responde a los
vínculos del imago paterno, materno o de un hermano varón.
Dos puntos que poseen interés para el psicoanálisis. En primer lugar, la transferencia resulta más
intensa en personas neuróticas bajo análisis que en otras, no analizadas; en segundo lugar, sigue
constituyendo un enigma porque en el análisis la transferencia nos sale al paso como la más
fuerte resistencia al tratamiento, siendo que, fuera del análisis, debe ser reconocida como
portadora de efecto salutífero, como condición del éxito.
Freud hace una distinción entre la transferencia positiva y negativa. Subdivide a su vez la positiva
en dos transferencias, de sentimientos tiernos que son concientes y la de sentimientos eróticos
que es inconsciente. La transferencia negativa es la hostil.
La transferencia tierna (positiva y conciente) que es la que promueve el trabajo analítico. Ubica
en la transferencia como obstáculo y resistencia a la transferencia hostil (negativa) y a la
transferencia de mociones eróticas reprimidas (positivas e inconcientes).
En la Conferencia 27 “La transferencia” (1914) plantea que la transferencia surge desde el
comienzo del tratamiento y por un tiempo es la fuerza motor más importante en el tratamiento.
Sostiene que la transferencia como resistencia brota de una represión; la resistencia es producida
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por una contrainvestidura que se efectuó para reprimir la moción chocante. La resistencia,
pertenece al yo. Esta resistencia se resigna y se recoge la contrainvestidura, cuando se posibilite
al yo el conocimiento por medio de interpretación.
Los síntomas del paciente son resultado de una lucha entre lo anímico normal y los motivos que
quieren mantener la contrainvestidura y los que están prestos a resignarla. Los primero son
motivos nuevos, los segundos viejos. Los síntomas son satisfacciones sustitutivas de la tendencia
libidinosa de la pulsión, y a la vez también le genera displacer, porque la padece.
El efecto terapéutico del psicoanálisis consiste en hacer conciente lo inconciente, cancelar la
represión, eliminar la condición de formación del síntoma y mudar el conflicto patógeno en
conflicto normal que tiene que hallar la solución.
En el texto “Puntualizaciones sobre el amor de transferencia” (1915) Freud pone el acento en
que las dificultades más serias del análisis tienen que ver con el manejo de la transferencia.
Desarrolla particularmente la transferencia como resistencia de las mociones eróticas reprimidas
(positivas e inconciente) y cuando esta se vuelve obstáculo para el análisis. Una de estas
resistencias tiene que ver con el amor de transferencia hacia el analista y esta se manifiesta para
inhibir la continuidad de la cura. Aquí el analista debe discernir que el enamoramiento de la
paciente le ha sido impuesto por la situación analítica y propone que la cura debe realizarse en
abstinencia, es decir no satisfaciendo la demanda de amor de los pacientes y no salirnos del lugar
de analistas. Si en caso contrario el amor de la paciente fuese correspondido sería un triunfo para
la paciente y una derrota para la cura; ya que la paciente logra repetir, actuar en la vida aquello
que solo debería recordar y reproducir como material psíquico.
Freud también menciona como obstáculo o resistencia correspondientes al amor de transferencia
en el análisis, a las ausencias reiteradas de los paciente (como expresando un desplante hacia el
analista), a los cambios de horarios de los pacientes (buscando que los analistas siempre tengan
un lugar para ellos) y dificultades en el pago (vinculadas con cuestiones sexuales).
En la conferencia 28 “La terapia analítica” (1916) Freud diferencia entre sugestión hipnótica y
psicoanálisis: la terapia hipnótica buscara tapar algo de la vida anímica; el psicoanálisis la saca a
luz y remueve. La primera utiliza la sugestión para prohibir síntomas y refuerza la represión, la
segunda llega hasta los conflictos por los cuales nacieron, los síntomas y elimina la represión.
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Para la finalización de la cura analítica la trasferencia tiene que ser desmontada; y si entonces se
mantiene el éxito, no se basa en la sugestión, sino en la superación de las resistencias y en la
transformación del interior del enfermo.
Freud sostiene que el trabajo terapéutico se descompone en dos fases: en la primera, toda la libido
es esforzada de los síntomas a la trasferencia; y la segunda, se libra una batalla en torno a ese
nuevo objeto y otra vez se libera de él la libido.
La tarea terapéutica consiste, entonces, en desasir la libido de sus provisionales ligaduras
sustraídas al yo, para ponerla de nuevo al servicio de este. La libido está ligada a los síntomas,
que le procuran la satisfacción sustitutiva, la única posible por el momento. Para solucionar los
síntomas es preciso remontarse hasta su génesis, hasta el conflicto del cual nacieron; es preciso
renovar este conflicto y llevarlo a otro desenlace con el auxilio de fuerzas impulsoras que en su
momento no estaban disponibles. La pieza decisiva del trabajo se ejecuta cuando en la relación
con el médico, en la “trasferencia”, se crean versiones nuevas de aquel viejo conflicto, versiones
en las que el enfermo querría comportarse como lo hizo en su tiempo, mientras que uno,
reuniendo todas las fuerzas anímicas disponibles, lo obliga a tomar otra decisión. La trasferencia
se convierte entonces en el campo de batalla en el que están destinadas a encontrarse todas las
fuerzas que se combaten entre sí. Toda la libido, así como toda resistencia contra ella, converge
en una única relación, la relación con el médico; es inevitable entonces que los síntomas queden
despojados de libido. En lugar de la enfermedad propia del paciente, aparece de la trasferencia,
producida artificialmente: la enfermedad de la trasferencia; en lugar de los diversos tipos de
objetos libidinales irreales, aparece un único objeto, también fantaseado: la persona del médico.
Cuando la libido vuelve a ser desasida de ese objeto provisional que es la persona del médico, ya
no puede volver atrás a sus objetos primeros, sino que queda a disposición del yo. Los poderes
contra los cuales se libró batalla en el curso de este trabajo terapéutico son, por un lado, la
repugnancia del yo hacía ciertas orientaciones de la libido, repugnancia que se exteriorizó como
inclinación a reprimir, y, por el otro, la pertinacia o viscosidad de la libido, que no quiere
abandonar los objetos que una vez invistió.
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3-Desarrolle la posición del analista en el caso Eduardo apoyándose en el material bibliográfico y
piense 3 intervenciones (pueden pensar las que observen en el caso o pensar alguna nueva) para
articular con las trabajadas por Élida Fernández.
La posición del analista en el caso Eduardo es la de escuchar al paciente desde su singularidad,
tomar el relato del paciente y reconstruir con él lo que fue sucediendo. El analista se ubica desde
la ignorancia, del no saber, permitiendo que el paciente le cuente que le sucede. El analista es
destinatario del padecimiento de Eduardo, hay alguien que lo escucha y puede guardar su secreto,
es llamado como Secretario del alienado por Lacan, Testigo por Soler y Escuchante por
Aulagnier.
Lacan en su texto “Secretarios del alienado” (1984) (¿cuál texto es?, Lacan trabaja ese concepto
en el Seminario III) sostiene ser el secretario del alienado es la posición del analista que hace
referencia a como escuchar al sujeto psicótico. Refiere que “por perturbadas que puedan ser sus
relaciones con el mundo exterior, quizás su testimonio guarde de todos modos su valor”. Ser
secretario es hacer un vacío para que el psicótico deje allí el testimonio de su locura. Ubicarse
como otro Otro y no como Otro (otro) del Otro, ya que daría lugar a ser tomado como el Otro
gozador.
Soler en “Que lugar para el analista?” (1991) dice: ser testigo “es poco y es mucho”. Es mucho
escuchar como secretario, no sabiendo, no gozando y especialmente alojando la singularidad del
sujeto. Es poco si no alcanza civilizar al exceso de goce en lo real, resultante por la forclusión del
Nombre del padre. Por lo tanto, orientar el goce, ya que el sujeto psicótico toma a su cargo
“solitariamente” la elaboración de lo retornos en lo real para intentar hacerlo soportable. A esto
Soler lo llama el trabajo de la psicosis, a diferencia de la transferencia en la neurosis, por el
autotratamiento al goce no reprimido en la psicosis, las soluciones que inventa sin otro, en
contracara a la transferencia que si puede establecer un neurótico en su análisis con un “Otro
hecho objeto”, es una estructura donde se puede ubicar el significante Nombre del Padre
articulado en la cadena, lo que funciona como limitación al goce.
Las intervenciones del analista no tienen que ver la asociación libre ni con dar interpretaciones,
ya que quien da la interpretación delirante en la psicosis es el propio paciente. Tampoco hay un
saber sobre los efectos de las intervenciones sino que estas se ven a posteriori. No hay un saber
hacer sobre eso que se escucha, sino que el analista deberá tener la formación necesaria, el
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análisis propio y la creatividad con cada paciente para alentar aquello que se escucha o construir
con él mismo para que pueda armar subjetividad.
Con respecto a las intervenciones del analista Fernández E. “Estabilizaciones y suplencias”
(2005) clasifica tres tipos de intervenciones en la psicosis:
1-Las que apuntan al tejido de lo imaginario y prestan representaciones.
2-Las intervenciones que apuntan a diferencias un adentro (intimo) de un afuera (publico)
3-las intervenciones que tienen como función la de servir como negación ante otro.
También propone tres intervenciones respecto del delirio:
1-Intervenciones que sitúan una contradicción o imposibilidad, cuya finalidad es la de intentar
generar un punto de inconsistencia que pueda hacer vacilar al paciente. Con respecto al caso de
Eduardo aquí podemos mencionar cuando en la tercera entrevista toma el diario que traía su
padre y comienza a leer y señalar distintos artículos, referidos a robos, estafas, ladrones y dice
saber que están referidos a él y que son mensajes indirectos a su persona. Aquí se podría realizar
una intervención preguntándole al paciente ¿Usted cometió alguno de esos delitos?. Esta
intervención apuntaría a limitar el goce, ubicando cierta imposibilidad en el delirio.
2-Intervenciones que produzcan un remedo, cuya finalidad es de realizar lazo social a partir del
delirio. Aquí podemos mencionar cuando en la segunda entrevista Eduardo le dice al analista
“Acá también me persiguen” ¿Por qué me persiguen? ¿Hice algo malo? “Usted lo sabe porque es
una de ellos”. Aquí podríamos realizar una intervención preguntándole al paciente ¿Usted por
qué cree que yo sé? Si usted hizo algo malo y no lo sabe ¿Por qué yo debería saberlo?. Esta
intervención se puede pensar para poner un límite desde lo simbólico al goce del otro, para
organizar el yo y el otro, para que el sujeto pueda armar lazo, para demostrarle al paciente que el
analista puede estar en otro lugar que no sea el de perseguidor y ocupe otra posición diferente
para armar otro tipo de relación.
3-Intervenciones que acoten su delirio, cuya finalidad tiene que ver deje de ser la teoría que
explica todo lo que le sucede al sujeto en su vida. En el caso Eduardo cuando este empieza la
tarea de escribir sobre lo que pasó ¿Quiénes lo habían perseguido? ¿En qué forma lo habían
perseguido? Y luego le pide al analista que escriba lo que él va recordando porque a él “le faltan
palabras” podemos pensar esta intervención donde la temática de la persecución queda
circunscripta al relato en las sesiones. Nota: 8
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