“Viajes y fronteras en torno a la e(in)migración” en Cuadernos de Humanidades N° 12 - 2002.
Tucumán:
Universidad Nacional de Salta – Facultad de Humanidades – Ediciones Magna, 2002, pp. 235-244.
[I.S.S.N. 0327-8115.]
Viajes y fronteras en torno a la e(in)migración
Fernanda E. Bravo Herrera1
… porque todo hombre viaja como Eneas, con los restos
de sus antepasados en los hombros, porque todos
cargamos una cultura con nosotros…
Arturo Uslar Pietri
Casi treinta años después de llegar a Europa, sentí una
urgente necesidad de ir a la aldea del Piemonte donde
había nacido mi padre. Recuerdo haber recordado, en
esa ocasión, el pájaro de que habla Borges, que vuela
hacia atrás para saber de dónde viene […] Una vez de
regreso en París, comprendí que el viaje comenzado en
mi infancia en la llanura argentina sólo había llegado al
fin en una aldea del Piemonte; y que, para llevarlo a
cabo, había tenido que dar mil rodeos, escribir libros,
aceptar que mi lengua, el español, me abandonara, y
que otra, cortésmente, me aceptara. Pero que para
hacer todas esas cosas que hoy forman mi vida, había
sido necesario que, secretamente, supiera que un día
habría de dirigirme a ese lugar de mi padre: Ítaca no
está siempre en el pasado y ocurre que uno vuelve en
lugar de los muertos.
Héctor Bianciotti, “Le retour à Ithaque”,
Le Monde, 9-9-1985
La propuesta de este trabajo es reflexionar sobre el fenómeno de la e(in)migración2
atendiendo especialmente a la comunidad toscana en la ciudad de Salta, y tomando algunos nudos
claves en la configuración de esta problemática, abiertos en una red compleja e interrelacionada: los
relatos familiares como constitutivos de la identidad y de la memoria colectiva, el viaje como una
experiencia significativa y tensionada entre el desplazamiento y la permanencia, las rupturas y las
reactualizaciones, la doble pertenencia a dos mundos que definen la diferencia por ausencia y
1
Este trabajo pertenece al Proyecto de Investigación N° 800 del CIUNSa “Aproximación a la dinámica
lingüística de la comunidad toscana en la ciudad de Salta”.
2
El término e(in)migración pretende configurar las dos miradas o lugares de quienes vivencian el
desplazamiento, el “abandono” de la tierra natal en busca de nuevos horizontes. El término intenta, por tanto,
reconstruir las perspectivas múltiples de quienes se van y sus descendientes, de quienes los despiden y los
reciben, es decir, reunir en sí el horizonte marcado por el trayecto, por el viaje, el punto de partida y el de
llegada y la asunción de la identidad rasgada en esos dos puntos. Y en la tensión de esta historia se recuerda a
Borges (1998: 6): “El anverso y el reverso de esta moneda son, para Dios, iguales”.
~1~
presencia, la conflictividad de la integración y la re-definición de la propia cultura en los contactos
con los otros.
Estas reflexiones sueltas tratan de tejerse, de entrelazarse y también de objetivarse, de
distanciarse de la experiencia personal de la Ítaca irrecuperable, del viaje en lugar de los muertos, de
los rumores internos.
1. Rumores internos: el vuelo del pájaro
La idea estuvo siempre ahí. No era la consecuencia de
los sueños de algunas noches, sino el fruto de un
letargo y una espera de mucho tiempo, una obsesión
elaborada en capas y capas de deseos postergados.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
Existen viajes internos, recorridos que transitan la memoria en las historias, en los objetos
familiares, en los rostros y en las voces que aparentemente nos han abandonado, pero aún perviven.
Estos viajes son itinerarios tendientes a reconstruir una explicación de quiénes somos y a ajustar la
cadena generacional que pareciera centrar su nudo enigmático en el desplazamiento de nuestros
antepasados3.
La mirada indagatoria se centra, entonces, en tratar de explicar – explicarnos - ese
movimiento, ese desplazamiento ajeno que signa una diferencia en nuestra historia particular. Y es
que la decisión de nuestros ancestros de “abandonar” físicamente ámbitos y vínculos familiares, un
idioma y todos aquellos referentes estables de su existencia para lanzarse a la aventura de buscar
nuevos horizontes - con todas las múltiples variantes y convergencias que puedan haber tenido -, no
marca solamente un punto de escisión en ellos, sino también en sus descendientes aún antes de
haber nacido. Esto se explica en tanto la memoria familiar modeliza e instituye a los sujetos,
funcionando como el “escenario simbólico”, la urdimbre que se constituye como el contexto
productor y reproductor de las interrelaciones sociales.
Por lo tanto, esta indagación se plantea como un deseo, un intento de desentrañar un poco
en la memoria individual y colectiva: un barco en un puerto lejano, un último paso y una última
mirada a una familia que no se verá más, el intento vano de borrar distancias por sobre guerras
escribiendo cartas que a veces no llegaban, noticias dispersas y lejanas, fotografías color sepia de
parientes que parecieran revelarnos un murmullo indescifrable…, todos recuerdos ajenos que
forman parte de nuestra historia personal como relatos orales y familiares, explicando,
reconstruyendo la historia familiar, posibilitando como interpretaciones la identidad cultural e
individual, el enigma de nuestra existencia del cual habla Paul Ricoeur.
El mundo, el horizonte precio de la e(in)migración y su representación en el discurso de los
relatos familiares definen la configuración de los sujetos de estas historias y también de sus
receptores que se hacen depositarios y continuadores – por el origen pese a la diferencia – de esos
3
Los viajes de los nietos e hijos de los inmigrantes a la tierra de “origen” se presenta como una necesidad de
realizar un recorrido que no sólo es físico o geográfico, sino también “interior”, como una forma de armar una
especie de rompecabezas de la historia familiar e individual al que le faltaba esa pieza. El conocer la tierra de
los antepasados es algo más que n mero ejercicio turístico o nostálgico: implica ajustar la cadena generacional,
regresar a Ítaca en lugar de los muertos y una forma de tratar de mirarnos en un espejo a través del tiempo. (Cfr.
Horacio de Dios, “Turismo y nietos de inmigrantes” en AAVV, 1992: 47).
~2~
relatos, huellas de un pasado irrecuperable presencializable en el discurso, en la intersección del
mundo4 del texto con el mundo del lector y en las diferentes mediaciones5.
Este vuelo interno se plantea, entonces, como un recorrido interpretativo de los relatos, de
los textos visibles e invisibles, de los discursos en torno a la e(in)migración, únicos vestigios y
restos del hecho, interpretaciones del mundo6
2. La vigilia de la memoria
Ante la inminencia de la partida, había comenzado a
obsesionarla la idea que que aquello habría cambiado
mucho, tanto que al regresar encontraría muy poco de
lo que había dejado. Temía que, cuando se enfrentara
con el pueblo, la nueva geografía que seguramente la
esperaba empezara a ocupar los espacios de su
memoria, suprimiendo las imágenes que había
conservado durante años. Había pensado en el mapa
como garantía de preservación.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
Los relatos en torno a la e(in)migración revelan el lugar de enunciación7 de los sujetos y
configuran su identidad8 en el reconocimiento de prácticas, códigos, imágenes del mundo e
historias entrelazadas como punto de referencia.
El lugar de enunciación, además, se presenta como un lugar complejo y tensionado en la
ligazón de un pasado y de un origen distante e irrecuperable, diferente al espacio físico de su
destino y desembarco. Los diferentes enunciadores que van relatando la historia familiar de la
e(in)migración, del desembarco, de los primeros años, de la lucha, del trabajo, del lugar de origen,
de la familia que queda y aún escribe, a su vez van cambiando. La carga emotiva del sujeto
e(in)migrante no es la misma que la del hijo o la del nieto, el protagonismo determinante de la
vivencia y el mundo que se carga en el relato no se sitúa desde el idéntico lugar socio-ideológico. Por
otra parte, los familiares que quedan en Italia ven el fenómeno de la emigración con aristas distintas
a los que la viven o la han vivido como inmigración. Los espacios físicos, el protagonismo o no en el
desplazamiento y las diferencias generacionales van señalando las múltiples voces que van
sosteniendo, narrando el relato del “viaje”. Esto señala la complejización de los lugares de
4
El mundo no es la sumatoria de cosas, sino la unidad de sentido que hace comprensibles las acciones, las
circunstancias, las relaciones…, es el espacio simbólico y físico que posibilita la existencia humana,
estructurando a los sujetos como actores conscientes.
5
Un relato, para Paul Ricoeur, es mucho más que una crónica, es una mediación cuyos ejes son la
“referencialidad” (hombre /mundo), la comunicabilidad (hombre / hombre), la comprensión de la identidad
(hombre / sí mismo).
6
…la fórmula completa sería: no hay hechos, sino sólo discursos sobre los hechos: por consiguiente, no hay verdad del mundo, sino
sólo interpretaciones del mundo (Todorov, 1993: 120).
7
El lugar de la enunciación revela el posicionamiento desde donde se ejerce la competencia semiótica de la
comunicación y la instancia productora del discurso. Este posicionamiento evidencia la situación de
comunicación de la instancia de discursivización de la lengua y la instauración del sujeto de la enunciación de
la lengua (esto es lo que Greimás denomina el ego hic et nunc), por lo que estaría funcionando como una marca
textual que permitiría reconstruir la esfera socioideológica del discurso y consecuentemente la representación
identitaria.
8
La identidad cultural es un conjunto interdependiente de formas de comportamiento humano (Aínsa, 1986: 32).
~3~
enunciación, las distintas miradas, la multiplicación del territorio que condena al sujeto a hablar desde
más de un lugar en tanto es múltiplemente situado (Cornejo Polar, 1996: 841).
Por otro lado, la memoria colectiva – en tanto constituye un patrimonio de una comunidad
– reactualiza y resignifica aquellos textos y reglas que le son significativos en una situación que
oscila entre la nostalgia y el triunfo, entre el desarraigo y la integración.
Los miembros de esta comunidad, entonces, a la vez que son construidos por los relatos,
también pueden reconstruir con los mismos una explicación de su existencia como una forma de
responder un deseo, una necesidad9. La oralidad de estos relatos se enriquece con otros bienes
cotidianos (cartas, misales, estampas, vajillas, vestidos, etc.) que poseen una fuerte carga y valores
simbólicos en tanto representan y remiten a representaciones identitarias y con valor “histórico”:
Así, pues, es posible que varios colectivos histórico-sociales creen o
reinterpreten los textos, escogiendo de entre un complejo conjunto de
posibilidades estructurales aquello que responjda a su modelo del mundo
(Lotman, 1979: 42)10
Los relatos, por tanto, constituyen el esfuerzo de re-vivir, de mantener esos textos y esas
reglas, de “habitar posible de existencia que ya no son los nuestros” (Almedida, 1993: 230), de
encontrar, bajo las cenizas, “el consuelo de poder bajar la pendiente de nuestro futuro habitando […]
los mundos que perdimos para siempre” (op. cit.). El relato, o mejor dicho, la trama de relatos que se
van articulando generacionalmente y múltiplemente situados, evocan, citan, convocan algo que ya
no está: un punto, un origen, un cuerpo, una historia, un viaje. Es la narración de una pérdida, de
una transformación, de una continuación desgarrada, de una búsqueda, de una “posesión póstuma”
(op. cit.)11.
La tierra que se ha abandonado también ha cambiado y la única posesión que pareciera
“detenida” – mas no inalterable – es la de la memoria colectiva, compleja, dispersa y fragmentada,
negándose, sometiéndose al olvido y a las transformaciones.
Voces múltiples, muchas memorias, diversas posesiones de un viaje.
3. Las tramas del viaje
…los que emigran vuelven rápido a cubierta y
permanecen asomados a borda. El barco se separa
9
En el fondo, nosotros buscamos, en el transcurso de nuestra existencia, una historia originaria, que nos diga
por qué hemos nacido y hemos vivido. A veces buscamos una historia cósmica, la historia del universo, a veces
nuestra historia personal (que contamos al confesor, al psicoanalista, que escribimos en las páginas de un
diario). A veces esperamos hacer coincidir nuestra historia personal con la del universo. (Eco, 1996: 152).
10
Citado por Palermo, 1997: 7.
11
La evocación de lo perdido configura la identidad y la memoria del sujeto desde un duelo simbólico y,
paradójicamente, la pérdida se transforma en la posesión completa por medio de la palabra, del relato, de la
memoria. Esta posesión parecería inalterable y, por lo tanto, emanciparía de los temores. Borges lo explica en
Posesión del ayer (1985): “Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora,
son lo que es mío. / Sé que he perdido el amarillo y el negro y pienso en esos imposibles colores no piensan los
que ven. / Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado./ Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo
hago, me dicen, con su voz. / Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos, Ilión fue,
pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe. / Israel fue cuando era una antigua nostalgia. / Todo poema,
con el tiempo, es una elegía./ Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujetos a la víspera, que es
zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza. / No hay otros paraísos que los paraísos perdidos” (El
remarcado es nuestro).
~4~
lentamente del muelle y es como si todos y todo –
ellos, el aire, el cielo – contuvieran el aliento y
alrededor se hiciera un gran silencio. Sin embargo hay
mucho ruido. Una banda de música los despide desde
tierra. El muelle se les escapa, se van, se alejan. Muchos
lloran, mujeres y hombres. Los gritos de despedida
intentan sobreponerse a la música y a la distancia que
se agranda: adiós, hasta pronto, escriban, un beso a mi
hermana.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
Ágata volvió a cerrar los ojos y, consciente de esta
suspendida en la noche, alta, bajo las estrellas, viajando
hacia el este, trató de recordar la otra travesía, en
sentido contrario, allá abajo, por ese océano ahora
invisible. También aquella vez, durante meses, la única
meta había sido partir.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
La instancia determinante del fenómeno de la e(in)migración es el viaje, el desplazamiento
realizado para transformar una situación inicial negativa y rechazada en una posterior positiva y
deseada.
El viaje convierte a los sujetos en actores de un desgarramiento, de una pérdida, en
interlocutores de una ausencia y desde una distancia, pero también, y sobre todo en el caso de los
e(in)migrantes, en luchadores, en utópicos en busca de un nuevo horizonte de trabajo, de paz, de
libertad política… El desplazamiento de los e(in)migrantes, por lo tanto, está signado y preñado de
deseo, de búsqueda con una lógica volitiva basada en la voluntad y en los grandes mitos o sueños
que sustentan la tensión entre el sujeto y el objeto de valor pretendido. América se plantea,
entonces, no sólo como búsqueda u objeto de deseo, sino también como una representación
colectiva que reúne en sí, simbólica y “encarnadamente”, las múltiples búsquedas, los objetos de
deseo y los temores de los e(in)migrantes.
El relato de “l’America” no sólo respondió, por otra parte, a una política de los países que
recibían a las masas de inmigrantes, sino también a una estrategia política de los países que
propulsaban la emigración a fin de aliviar la situación interna de pobreza12.
Además, el deseo de “hacer la América” se encarnaba en los relatos de otros e(in)migrantes
que habían triunfado o encontrado mejores condiciones de trabajo o de vida. En estos relatos a su
vez no sólo se contaban los hechos sino que se planteaban fantasías, ilusiones, deseos y temores. A
esto hay que sumarle el pacto entre los narradores y los destinatarios que establecía una serie de
12
Es el caso de Argentina que llevó una política inmigratoria, propugnada sobre todo por la generación liberal
del 80, y cuya elite dirigente buscó traer inmigrantes de Europa del norte más que la gran masa de europeos
meridionales que llegaron. Esta situación cambió después de la segunda guerra mundial cuando Argentina
favoreció la inmigración italiana, mientras la emigración a la Argentina y a América representaba una
esperanza para Italia, cuyas masas presionaban en busca de trabajo y trataban de escapar de la pesadilla de la
guerra y del fascismo. Las publicaciones obreras sostenían: in Italia è impossibile che possiamo mai vivere quei 50
milioni che siamo diventati. Due sono le vie maestre della ripresa italian 1) far meno figli 2) emigrare (Leiva en AAVV, 1992:
10). Por otra parte, los anarquistas solicitaban que si dia a tutti gli italiani che hanno coraggio d’avventurarsi nel mondo
la libertà di uscire, la libertà di entrare (Volontà, Napoli, 15 novembre 1948), mientras en el Parlamento se señalaba
que è nell’America centrale che molti dei problema economici e demografici dell’avvenire potranno essere útilmente risolti
(Discurso del ministro Carlo Sforza en la Cámara de Diputados de Roma, 25 de octubre de 1949).
~5~
valores y determinaciones en el relato de l’America, provocando cadenas migratorias sustentadas en
la solidaridad entre los e(in)migrantes y en la experiencia previa de los predecesores.
Los e(in)migrantes se convierten en narradores protagonistas de estos relatos, en donde el
viaje, el desplazamiento se configura como un punto estructurante de la narración en tanto
constituye la transformación o el inicio de éstas, sin que esto signifique que sea una secuencia
narrativa que deba ser contada ya que a veces las condiciones traumáticas del viaje han ocasionado
que sea desplazado por elipsis como una forma de autocensura.
Por otra parte, el viaje produce un desdoblamiento o multiplicación de los horizontes
físicos y simbólicos y el encuentro con el otro tiene un significado especial no sólo como una forma
de abrirse a nuevas culturas y a realidades distintas, sino también como una forma de redimensionar
la propia cultura. Esto señala que el desplazamiento produce un encuentro, una confrontación y un
reconocimiento de la alteridad en la identificación de lo propio, pero en el caso de los
e(in)migrantes hay una tensión, un conflicto ya que el desplazamiento los transforma en sujetos a la
deriva, redefiniendo la propia cultura en la identidad y la alteridad multiplicadas por las distintas
fronteras y distancias.
4. Fronteras y distancias
Después de tanto tiempo, volvía a mirar esas calles con
los ojos asombrados y la distancia de una extranjera.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
Las imágenes antiguas y las recientes acudían, fluían y
se iban mansamente, sin confundirse unas con otras.
[…] Pese a los contrastes, pese a los dos mundos bien
diferenciados, había una señal que unificaba las
geografías y el recuerdo de las geografías. Un color,
una totalidad, que emparentaban las cosas pasadas con
las de ahora. Era una sombra que se proyectaba sobre
el mapa y lo modificaba […] Y la sensación fue la de un
hachazo que cortara una amarra y a partir de ahí algo
quedara flotando a la deriva.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
El viaje instituye – como consecuencia del desplazamiento – una comunidad tensionada no
sólo por los diferentes espacios y horizontes físicos y simbólicos que remiten al espacio vivido
(aquellos que se han dejado pero perviven en los relatos y en la memoria familiar y aquellos que
constituyen el marco actual de referencia), sino también por los conflictos que se producen en el
proceso de construcción de nuevas identidades en la integración por un lado y, por otro, en la
reafirmación de las antiguas en la conservación. Esto último provoca contradicciones y
complejizaciones en la construcción y configuración del sujeto cultural13 de esta comunidad sin que
necesariamente el desplazamiento llegue a una resolución armónica. Las crisis ante la indefinición
del lugar social de algunos sujetos de esta comunidad de e(in)migrantes se originan en una
13
Por sujeto cultural se entiende, desde la sociocrítica montpelleriana, una instancia discursiva ocupada por
un “yo” (o su variante “nosotros”), que señala la identificación colectiva, su representación y la sumisión
ideológica a la cultura que funciona como una memoria colectiva, en donde se “enraiza” su conciencia de
identidad como referencia, continuidad y diferenciación. Es importante señalar que el sujeto cultural no habla
sino que es hablado en su discurso, por lo que sólo es posible reconocerlo y reconstruirlo en el lenguaje.
~6~
imposibilidad de definir por contrastes claros la inasible identidad14. Algunos hijos de
e(in)migrantes procuran silenciar y rechazar el viaje de los padres como una zona conflictiva de su
historia que los convierte en sujetos a la deriva (Dal Masetto), otros viven el viaje como una
alteración de su historia, unos se aferran al origen tratando de recuperar en la realidad la memoria
sin lograrlo, ya que se reconstruyen relatos, recueros, fragmentados sin revertir el viaje y el tiempo,
sin recuperar el paraíso perdido.
El itinerario del viaje, por lo tanto, conlleva una re-definición no sólo del espacio físico, sino
del horizonte simbólico que funciona como contexto cultural en el cual los miembros de una
comunidad viven sus vidas como actores conscientes y reflexivos en un mundo estructurado y significativo
(Therborn, 1987: 13) y que constituye la estructura elemental del proceso ideológico de
sometimiento y cualificación por medio de la cual se establece la visibilidad del mundo, se
normativizan los deseos y se estructura el sentido de identidad inclusivo y posicional15. Además, la
identidad se define como la conciencia y la representación “de los miembros de una sociedad que se
consideran en posesión de características o elementos que los hacen percibirse como distintos de
otros grupos, dueños a su vez de fisonomías propias” (León Portilla, 1973: 15-27)16. Esta
identificación colectiva se mueve en un juego complejo entre coincidencias y diferencias:
La identidad de un individuo o de un grupo humano es una cualidad
socioideológica, independiente de la voluntad de ese individuo o de ese
grupo, pero que sólo tiene sentido cuando se expresa en relación con otros
individuos u otros grupos humanos. La índole dialéctica de la identidad
radica en el hecho de que se “identifica y distingue”, porque un individuo
(o un grupo humano) sólo es idéntico a ciertos individuos (o grupos) si se
diferencia de otros individuos (o grupos humanos). La definición de una
identidad individual o colectiva es, pues, al mismo tiempo, la afirmación y
la negación de cierto número de características que definen a individuos o
colectividades, en función de ciertas coordenadas históricas (biológicas y
sociológicas), en un momento dado de su evolución. (Cabral, 1975: 345)17
Ahora bien, es necesario considerar que la identidad de una comunidad de e(in)migrantes
(entendiendo por ésta no sólo la de los propios sujetos migrantes, sino también la de sus
descendientes) se complejiza por el fenómeno del desplazamiento físico y cultural que trae como
consecuencia el contacto con otros grupos y un distanciamiento del lugar, la familia y la cultura de
origen. Además, en el mismo grupo, las diferencias intergeneracionales se acentúan más que en
otros grupos no-migrantes, ya que el punto de “origen”, el horizonte cultural, la lengua materna son
diversos, no compartidos íntegramente o, en algunos casos, sólo transversalmente. Por lo tanto,
existen diferencias con los miembros de la comunidad del lugar que los recibe, con los de la
comunidad que queda en el lugar de origen, entre los miembros de la misma comunidad
14
Desde la semiótica greimasiana, el concepto de identidad es mínimamente comprensible en función de tres
cuestiones o claves: en su oposición al de alteridad, en el reconocimiento por identificación y en la
permanencia o persistencia en el ser. Esto significa que la identidad se puede definir sólo en relación, en
diálogo de presuposiciones recíprocas: ya sea por relaciones de oposición y diferenciación, en la igualdad por
elementos en común o en la persistencia a pesar de las transformaciones.
15
Therborn establece que las ideologías someten y cualifican a los sujetos haciéndolos reconocer y
relacionándolos con la estructura elemental ideológica conformada por una “interpelación” que señala lo que
existe y lo que no existe en el mundo, lo posible y lo imposible en el mundo (visibilidad del mundo, sentido de
la identidad), lo que es bueno, correcto y justo de lo que no lo es (estructuración y normativización de los
deseos). Por otra parte, señala que la constitución de los seres humanos en actores conscientes en un mundo
significativo determina los criterios de pertenencia y de exclusión, tanto inclusivos como posicionales.
16
Portilla se remite a la definición de identidad cultural de Richard H. Robbins, “Identity, cultura and
behavior” en Handbook of social and cultural anthropology, Chicago, 1973, citado en Ainsa, 1986: 30.
17
Amílcar Cabral, Unité et lutte, F. Masperó, 1975: 345, citado en Aínsa, 1986: 28.
~7~
acentuándose las distancias intergeneracionales al crecer los más jóvenes en otro contexto diverso
del que crecieron los e(in)migrantes, a veces sin puntos físicos o simbólicos de referencia común, y,
finalmente, se plantea otra diferencia marcada por la distancia temporal y de representación de los
relatos que evocan lo perdido e irrecuperable.
Los relatos de la e(in)migración, por otra parte, en tanto relatos continuados y
transformados generacionalmente son sostenidos por distintas voces que van modificando,
aterando, enriqueciendo o manteniendo las representaciones, las narraciones, las descripciones.
Estas alteraciones o permanencias van respondiendo a las necesidades de identificación y de
construcción de la subjetividad colectiva de la comunidad y de sus miembros, siempre en contacto,
en interferencia, en integración o diferenciación con la comunidad más fuerte (en este caso, la
salteña con idioma español y diferentes costumbres). De esta forma se presenta la complejidad de
voces, de puntos de vista, de esferas socio-históricas en los relatos de la e(in)migración,
diversificadas en las de los protagonistas mismos del desplazamiento – los e(in)migrantes -, sus
hijos (algunos también emigrantes, pero sin haber tomado parte en la decisión o en el
desgarramiento del “abandono” como el de algunos adultos; otros, protagonistas y testigos cercanos
al fenómeno del desplazamiento), sus nietos (que vivencian el desplazamiento con una mayor
distancia cronológica y a veces sólo por el relato de los hijos de los protagonistas). Esto último
permite plantear la complejidad de la citación en los relatos de la e(in)migración, es decir, su
plurilingüismo, su dialogismo18, que en una primera aproximación estaría señalando en la memoria
las voces de quienes hablan en los relatos de la e(in)migración19:
18
Estos conceptos de la semiótica bajtiniana señalan la no-existencia de un único lenguaje, ya que éste se
estratifica no sólo en dialectos lingüísticos sino también en lenguajes ideológico-sociales pertenecientes a
distintas esferas o prácticas sociales. Este fenómeno de pluralidad de voces, conciencias, horizontes y
lenguajes constituye el plurilingüismo, organizado y estructurado por medio del principio del “diálogo”, de las
interrelaciones recíprocas, es decir, del dialogismo.
19
La siguiente figura es un préstamo de los esquemas propuestos por Eco (1996) y por Chatman (1990: 157-
177) para dar cuenta de la complejidad de las narraciones atendiendo las voces narrativas, las máscaras del
autor modelo y de los múltiples narradores. Es importante señalar, por otra parte, que este esquema adolece
de todos los defectos de los esquemas, sobre todo el de la simplificación, ya que se sostiene en este trabajo que
son diferentes los sumos que narran el fenómeno de la e(in)migración y en este esquema sólo se consideran
los narradores de la misma familia, con distancias intergeneracionales. Habría que considerar, por tanto, que
en este esquema faltan las voces de los que quedan en el país de origen y que cuando hay contactos o
encuentros con algunos de los narradores dialogan, sus voces llegan a formar parte de los relatos; por otra
parte están los miembros de la misma familia e(in)migrante y pertenecientes a las distintas generaciones, los
miembros de otras familias e(in)migrantes que comparten una historia común, aunque sea transversalmente,
y, por supuesto, las voces de aquellos que acogen – o rechazan – a los llegados de afuera. Todas éstas son las
voces que van tejiendo, en los huecos, en la historia – sincrónica y diacrónicamente – los relatos de la
e(in)migración. La multiplicidad de lugares de enunciación de estas narraciones – sumada al mismo fenómeno
y a los diversos horizontes socioideológicos – implica una tensión y un conflicto discursivos que evidencia
una tensión social, una intensa interazione e lotta tra la parola propia e quella altrui (Mizzau, 1994: 44).
~8~
Lo anterior evidencia que el relato de la e(in)migración constituye una compleja red de
relatos entrecruzados, multiplicados, superpuestos, interrelacionados que, desde esa multiplicidad
y complejidad, conforman las historias e interpelaciones socio-ideológicas de esta comunidad. Estos
relatos, sostenidos por múltiples voces, se construyen en el diálogo, en la continuación del discurso
ajeno y anterior, de la palabra ajena que, sin embargo, incumbe al sujeto empírico que narra la
historia y se erige como otro narrador que re-escribe la historia de la e(in)migración, de la familia,
de la comunidad, de la Ítaca irrecuperable. La estructuración de estos relatos es, por tanto, la del
diálogo, y su problemática es la de la palabra habitada por las palabras ajenas.
Esto también señala por una parte que la memoria individual está construida en la memoria
ajena y colectiva y, por otra parte, que la narración – las narraciones – del enigma de la existencia
individual se sostiene y encadena con otras narraciones y, consecuentemente, uno de sus rasgos es
la historicidad.
5. Los restos de los antepasados
En la figura clara de la casa hubo un parpadeo y allá
arriba las ventanas se poblaron de fantasmas. Entonces
la casa le habló. Ágata se esforzó por identificar la voz.
Se quedó quieta, sin moverse, sin distraerse, por temor
a que la visión y la voz se esfumaran. Al principio fue
un murmullo tenue y confuso. Pero después fue
creciendo y se impuso a todo. Lo que surgía de la casa
era un llamado en el que había cansancio y cosas
distantes y nostalgias. Ágata prestaba atención.
Aquella voz se parecía a la suya. Sintió que era el
corazón de la casa el que le hablaba. Y el corazón de la
casa estaba amasado con tantas cosas: nacimientos,
muertes, tribulaciones, miedo de los años de guerra. Y
~9~
trabajo, trabajo: el de sus abuelos, el de su padre, el
suyo, el de Mario. Todo eso era la casa.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
Pensó que así las recordaría: tiernas, trágicas y difusas.
Nada más que un temblor sobre la línea incierta de la
memoria. Apenas un temblor.
Antonio Dal Masetto, La tierra incomparable
La pluralidad enunciativa de estos relatos está indicando que la memoria colectiva se
construye diacrónica y fragmentariamente, en los espacios lábiles de coincidencias y diferencias
entre los narradores y sujetos empíricos y, sobre todo, en las distancias, no sólo geográficas, sino
también temporales con respecto al desplazamiento y sus protagonistas y culturales en relación con
su horizonte simbólico.
Los relatos en torno a la e(in)migración son, entonces, narraciones en donde se presentan
múltiples versiones de los sujetos, quienes establecen las normas de la narración y dan versiones de
la historia, de la explicación del viaje, del racconto de las “peripecias”, señalando las adaptaciones,
pervivencias y pérdidas. Esto va trazando en el relato los espacios de sentido que sostienen aquellos
nudos o claves significativos en tanto dan cuenta, en tanto explican un origen, un recorrido, una
transacción completa en pérdidas, re-encuentros, permanencias, pero además, y especialmente, en
tanto interpelan, modelan, estructuran el sujeto que narra y al que se le narra, como una forma de
continuar la cadena de la narración y dar al otro la palabra, el relato para que lo siga “tejiendo”.
Este “mandato familiar” dado en la continuidad no sólo construye relatos con fragmentos de
relatos, sino que va fragmentando la historia – las historias – como una forma de retener en la
memoria colectiva e individual los hechos que son significativos para la comunidad y, de la misma
forma, silenciando aquellos que no lo son o que son traumáticos. Esto es explicable en tanto la
cultura se encarga de la organización del mundo en el cual los sujetos son actores y en tanto es
fundamentalmente “memoria no hereditaria de la colectividad” (Lotman, Uspenskij, 1979: 71),
relacionada con la experiencia histórica pasada y cuyo mecanismo semiótico consiste en aumentar,
conservar, redistribuir o resignificar, reinventar y olvidar aquellos textos y reglas. Este último punto
es importante considerar, ya que la cultura – y consecuentemente los relatos sobre la
e(in)migración – no sólo es memorización sino también olvido, una forma de exclusión y selección
en la organización y estructuración del mundo. Es así que
…al pensarse la cultura como un código, está sometida a un sistema de
reglas, de normatividades en las que enclava su memoria y que permite la
producción de textos (ya sean éstos lingüísticos, de comportamiento, de
alimentación, de vestimenta, etc.). Este código unifica la sociedad, la
regula y, al mismo tiempo, organiza la información misma, determinando
la selección de algunos hechos significativos y relacionándolos entre sí;
por ese mismo mecanismo, rechaza otros tanto en el orden diacrónico
como en el sincrónico. (Palermo, 1997: 8)
De esta forma algunas secuencias del relato se desplazan hacia otros nudos, se presentan
algunos huecos o vacíos y se centra la resignificación en algunos núcleos narrativos que son
importantes en el proceso de interpelación de los sujetos de esa comunidad, sean éstos los
protagonistas del desplazamiento o sus descendientes. Así, ante una instancia traumática de la vida
– el viaje, la vida en el país de origen, la guerra, la adaptación, etc. – en la estructuración del relato
puede funcionar una elipsis, una aceleración, una omisión o una idealización que modifica y
transforma en la narración la visión, las vivencias empíricas. Estas modificaciones se deben
principalmente a la estructuración significativa de la cultura que transmite, conserva y elabora
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textos respondiendo, entre otras necesidades colectivas, a la elaboración de una identidad y de una
proyección de la comunidad en un eje histórico, uniendo su pasado con el presente. La
configuración de la identidad colectiva – producida en la diferencia – se da a partir de estos relatos
– entre otros tantos – que estructuran la comunidad al señalar los posible, lo correcto, lo existente,
por lo que los sujetos instauran relatos que los constituyen, los interpelan, los construyen.
Los relatos sobre la e(in)migración – como todos los relatos – sólo traen a la orilla de la
memoria colectiva e individual restos de naufragios, apenas un temblor, un intento fallido de recuperar
la Ítaca con palabras, conjurando el olvido, las distancias y el temor a la deriva. Intento fallido
porque nunca llega a construirse la realidad perdida, sino tan sólo una estructura narrativa con
palabras, construcciones discursivas desde un horizonte socio-ideológico definido que da cuenta de
representaciones y de interpretaciones colectivas. Intento fallido porque
Las acciones pasan, las narraciones que las explican no tienen con qué
confrontarse. Sólo contamos pues con narraciones […] Las narraciones no
siempre cuentan acciones reales, también relatan acciones imaginadas,
soñadas, deseadas, temidas. (Glave, 1996: 320)
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