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Fisiología de Las Gónadas.

1) Los órganos sexuales accesorios masculinos y femeninos se derivan de dos sistemas de conductos embrionarios, y la presencia de testosterona o su ausencia determina si se desarrollan como masculinos o femeninos. 2) La testosterona secretada por los testículos embrionarios causa la masculinización de las estructuras, aunque la testosterona en sí no es la hormona activa en todos los órganos, siendo convertida a dihidrotestosterona en algunos tejidos. 3) La espermatog

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Fisiología de Las Gónadas.

1) Los órganos sexuales accesorios masculinos y femeninos se derivan de dos sistemas de conductos embrionarios, y la presencia de testosterona o su ausencia determina si se desarrollan como masculinos o femeninos. 2) La testosterona secretada por los testículos embrionarios causa la masculinización de las estructuras, aunque la testosterona en sí no es la hormona activa en todos los órganos, siendo convertida a dihidrotestosterona en algunos tejidos. 3) La espermatog

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Además de los testículos y los ovarios, diversos órganos sexuales accesorios son necesarios para la función

reproductora; de éstos se derivan de dos sistemas de conductos embrionarios. Los órganos accesorios
masculinos se derivan de los conductos wolffianos (mesonéfricos) y los órganos accesorios femeninos se derivan
de los conductos müllerianos (paramesonéfricos). Resulta interesante que los dos sistemas de conductos estén
presentes tanto en embriones masculinos como femeninos entre el día 25 y el día 50, de manera que los
embriones de uno y otro sexo tienen el potencial para formar los órganos accesorios característicos de uno y otro
sexo.

En un hombre, las células de Sertoli de los túbulos seminíferos secretan factor de inhibición mülleriano (MIF,
müllerian inhibition factor), un polipéptido que produce regresión de los conductos müllerianos a partir del día 60,
aproximadamente. La secreción de testosterona por las células de Leydig de los testículos produce después el
crecimiento y desarrollo de los conductos wolffianos hacia los órganos sexuales accesorios masculinos.

La masculinización de las estructuras


embrionarias ocurre como consecuencia de la
testosterona secretada por los testículos
embrionarios; sin embargo, la testosterona en sí
no es el compuesto activo en todos los órganos
terminales. Una vez en el interior de las células
terminales específicas, la testosterona es
convertida por la enzima 5α-reductasa en la
hormona activa conocida como
dihidrotestosterona (dihydrotestosterone-DHT).

En resumen, el sexo genético está determinado por el hecho de si un espermatozoide portador de Y o portador
de X fecunda el óvulo; la existencia o la falta de un cromosoma Y, a su vez, determina si las gónadas del embrión
serán testículos u ovarios. Por último, la presencia o ausencia de testículos determina si los órganos sexuales
accesorios y los genitales externos serán masculinos o femeninos.

Los testículos embrionarios durante el primer trimestre del embarazo son glándulas endocrinas activas que
secretan las cantidades considerables de testosterona necesarias para masculinizar los genitales externos y los
órganos sexuales accesorios del embrión masculino. Los ovarios, en cambio, no maduran hasta el tercer
trimestre del embarazo. La secreción de testosterona en el feto masculino disminuye durante el segundo
trimestre del embarazo, no obstante, de manera que las gónadas de uno y otro sexo son relativamente inactivas
en el momento del nacimiento.

Antes de la pubertad, tanto hombres como mujeres tienen concentraciones sanguíneas de esteroides sexuales
igualmente bajas —andrógenos y estrógenos—. Al parecer, esto no se debe a deficiencias de la capacidad de
las gónadas para producir estas hormonas, sino más bien a la falta de estimulación suficiente. Durante la
pubertad, las gónadas secretan más cantidad de hormonas esteroides sexuales como resultado del aumento de
la estimulación por las hormonas gonadotrópicas de la adenohipofisis.

Las funciones de los testículos y los ovarios son reguladas por las hormonas gonadotrópicas secretadas por la
adenohipofisis. Las hormonas gonadotrópicas estimulan las gónadas para que secreten sus hormonas
esteroides sexuales, y estas hormonas esteroides, a su vez, tienen un efecto inhibidor sobre la secreción de las
hormonas gonadotrópicas.

Los testículos constan de dos partes o “compartimientos”, los túbulos seminíferos, donde ocurre la
espermatogénesis, y el tejido intersticial que contiene las células de Leydig secretoras de testosterona (figura 20-
11). Los túbulos seminíferos constituyen casi 90% del peso del testículo de un adulto. El tejido intersticial es una
membrana delgada de tejido conjuntivo que llena los espacios entre los túbulos. Las células más abundantes en
el tejido intersticial son las células de Leydig, pero el tejido intersticial también es rico en sangre y capilares
linfáticos para el transporte de las hormonas de los testículos.

Por lo que respecta a la acción de la gonadotropina, los testículos están estrictamente separados en
compartimientos:

 Las proteínas de receptor celular para la FSH están situadas exclusivamente en los túbulos seminíferos,
donde están confinadas a las células de Sertoli. La FSH estimula la espermatogénesis.
 Las proteínas de receptor de LH están situadas exclusivamente en las células de Leydig intersticiales,
que a su vez estimula la secreción de testosterona.

La secreción de testosterona por las células de Leydig es estimulada por la LH pero no por la FSH. La
espermatogénesis en los túbulos es estimulada por la FSH; sin embargo, la sencillez aparente de esta
compartimentalización es una ilusión, pues los dos compartimientos interactúan entre sí en formas complejas.

Espermatogénesis.
Las células germinativas emigran desde el saco vitelino hasta los testículos, durante las primeras etapas del
desarrollo embrionario se convierten en células precursoras espermatógenas, llamadas espermatogonios. Los
espermatogonios están situados en la región más externa de los túbulos seminíferos, justo sobre la membrana
basal (lámina basal), de manera que están lo más cercano posible a los vasos sanguíneos en el tejido intersticial.

Cuando un espermatocito primario diploide completa la primera división meiótica (o telefase I), las dos células
haploides que se producen se denominan espermatocitos secundarios. Al final de la segunda división meiótica,
cada uno de los espermatocitos secundarios produce dos espermátides haploides; por tanto, un espermatocito
primario produce cuatro espermátides.

La sucesión de fenómenos que ocurre en la espermatogénesis se refleja en la disposición celular de la pared del
túbulo seminífero. Los espermatogonios y los espermatocitos primarios están situados hacia el lado externo del
túbulo, en tanto que las espermátides y los espermatozoos maduros están situados en el lado del túbulo que da
hacia la luz.

Al final de la segunda división meiótica, las cuatro espermátides producidas por meiosis de un espermatocito
primario se interconectan: su citoplasma no es separado por completo al final de cada división. El desarrollo de
estas espermátides interconectadas en espermatozoos maduros separados (singular, espermatozoos), un
proceso llamado Espermiogénesis, exige la participación de las células de Sertoli. Las modificaciones de las
proteínas de histona asociadas al DNA en la cromatina (capítulo 3) ocurren en diferentes etapas de la
espermatogénesis. Como las modificaciones de histonas modifican la expresión del gen, pueden ser necesarios
estos cambios para permitir la expresión génica apropiada en el futuro embrión.
 Durante la Espermiogénesis, una proteína de tipo relacionado llamada protamina reemplaza a las
proteínas de histona.

 Las protaminas producen gran compactación de la cromatina, en un grado que es singular a los
espermatozoides; esta estructura singular de cromatina produce luego modificaciones en la forma del
núcleo durante la Espermiogénesis.

 La compactación de la cromatina y la forma nuclear modificada va sucedida de la aparición del flagelo, la


eliminación del citoplasma de la célula germinativa por las células de Sertoli y la aparición del acrosoma
(un catéter de enzimas digestivas, figura 20-18).

 Al final de la Espermiogénesis, el espermatozoos es liberado hacia la luz del túbulo.

Ovogénesis.

Las células germinales que emigran hacia los ovarios durante las primeras etapas del desarrollo embrionario se
multiplican, de manera que hacia los cinco meses de la gestación (vida prenatal), los ovarios contienen
aproximadamente 6 a 7 millones de ovogonios. La mayor parte de estos ovogonios mueren antes del nacimiento
a través de de apoptosis (sección 3.5). Los ovogonios restantes comienzan la meiosis hacia el final de la
gestación, que es cuando se denominan ovocitos primarios. Al igual que la espermatogénesis en el hombre, la
ovogénesis se detiene en la profase I de la primera división meiótica. Por consiguiente, los ovocitos primarios
todavía son diploides.

Los ovarios de una niña recién nacida contienen alrededor de dos millones de ovocitos. Cada uno está contenido
dentro de su propia esfera de células huecas, el folículo ovárico. Para el tiempo en que una niña llega a la
pubertad, el número de ovocitos y folículos se ha reducido a 400 000. Sólo cerca de 400 de estos ovocitos
ovularán durante los años de la reproducción de una mujer y los restantes morirán por apoptosis.

Al desarrollarse el folículo, el ovocito primario concluye su primera división meiótica; no forma dos células
completas, pues sólo una célula —el ovocito secundario— adquiere todo el citoplasma. La otra célula formada en
esta etapa se convierte en un cuerpo polar pequeño, que acaba por fragmentarse y desaparecer. Esta división
desigual del citoplasma garantiza que el óvulo crecerá lo suficiente para convertirse en un embrión viable en
caso de que ocurra la fecundación. El ovocito secundario luego comienza la segunda división meiótica, pero se
detiene la meiosis en la metafase II. La segunda división meiótica se termina sólo por un ovocito que se ha
fecundado.

El ovocito secundario, detenido en la fase II, está contenido dentro de un folículo de Graaf. Las células de la
granulosa de este folículo forman un anillo alrededor del ovocito y una prominencia que brinda soporte al ovocito;
esta prominencia se denomina cumulus oophorus. El anillo de las células de la granulosa que rodea al ovocito es
la corona radiada. Entre el ovocito y la corona radiada se encuentra una capa delgada gelatinosa de proteínas y
polisacáridos que se denomina la zona pelúcida.

La zona pelúcida es importante porque presenta una barrera a la capacidad de los espermatozoides para
fecundar un ovocito ovular. Bajo la estimulación de la FSH de la adenohipofisis, las células de la granulosa de los
folículos ováricos secretan cantidades crecientes del estradiol (estrógeno) a medida que crecen los folículos. Es
interesante que las células de la granulosa produzcan estradiol a partir de su precursor testosterona, que es
abastecida por las células de la teca interna, la capa que se encuentra inmediatamente fuera del folículo.
Los folículos primarios inmaduros constan de sólo una capa de células foliculares. En respuesta a la estimulación
de FSH, algunos de estos ovocitos y folículos aumentan de tamaño y las células foliculares se dividen para
producir múltiples capas de células de la granulosa que rodean al ovocito y llenan el folículo.

Algunos folículos primarios son estimulados para crecer aún más y formarán una serie de cavidades llenas de
líquido llamadas microvesículas; en esta etapa se denominan folículos secundarios (figura 20-26a). El
crecimiento persistente de uno de estos folículos se acompañará de la fusión de sus microvesículas para formar
una sola cavidad llena de líquidos llamada un antro. En esta etapa se conoce al folículo como un folículo maduro
o de Graaf.

Ciclo menstrual.

La duración del ciclo menstrual suele ser alrededor de 28 días; puesto que es un ciclo, no hay principio ni final, y
los cambios por lo general son graduales. Sin embargo, es conveniente llamar al primer día de la menstruación
“día uno” del ciclo, pues el flujo de sangre menstrual es el más evidente de los cambios que ocurren. Asimismo,
es conveniente dividir el ciclo en fases basándose en los cambios que ocurren en el ovario y en el endometrio.

Los ovarios se encuentran en la fase folicular desde el primer día de la menstruación hasta el día de la ovulación.
Después de esta última, los ovarios se encuentran en la fase lútea hasta el primer día de la menstruación.

La menstruación dura del día 1 al día 4 o 5 del ciclo promedio. Durante este periodo las secreciones de
hormonas esteroides ováricas están en su grado más bajo y los ovarios sólo contienen folículos primordiales y
primarios.

Durante la fase folicular de los ovarios, que persiste desde el día 1 hasta casi el día 3 del ciclo algunos de los
folículos primarios crecen, presentan vesículas y se vuelven folículos secundarios. Hacia el término de la fase
folicular, un folículo de un ovario alcanza la madurez y se convierte en un folículo de de Graaf. Al crecer los
folículos, las células de la granulosa secretan una cantidad creciente de estradiol (el principal estrógeno), que
llega a su máxima concentración en la sangre dos días antes de la ovulación más o menos hacia el día 12 del
ciclo. El crecimiento de los folículos y la secreción de estradiol son estimulados y dependen de la FSH secretada
por la adenohipofisis.

La FSH estimula la producción de receptores de FSH en las células de la granulosa, de manera que los folículos
cada vez se vuelven más sensibles a una determinada cantidad de FSH. Este incremento de la sensibilidad es
aumentado por el estradiol, el cual también estimula la producción de nuevos receptores de FSH en los folículos.
En consecuencia, el efecto estimulador de la FSH sobre los folículos aumenta pese al hecho de que las
concentraciones de FSH en la sangre no aumentan durante toda la fase folicular. Hacia el final de la fase
folicular, la FSH y el estradiol también estimulan la producción de los receptores de LH en el folículo de Graaf.
Esto prepara el folículo de Graaf para el siguiente fenómeno importante en el ciclo.

La elevación rápida de la secreción de estradiol por las células de la granulosa durante la fase folicular actúa
sobre el hipotálamo aumentando la frecuencia de las pulsiones de GnRH. Además, el estradiol aumenta la
capacidad de la hipófisis para responder a la GnRh con un incremento de la secreción de LH. Como resultado de
este efecto estimulador, o de retroalimentación positiva del estradiol sobre la hipófisis, hay un incremento de la
secreción de LH en la fase folicular tardía que culmina en un pico de secreción de LH. El pico de secreción de LH
comienza unas 24 h antes de la ovulación y alcanza su máxima intensidad unas 16 h antes de la ovulación.
Durante este aumento de la secreción es el que detona la ovulación; puesto que la GnRh estimula a la
adenohipofisis para secretar tanto FSH como LH, ocurre un incremento simultáneo y más leve de la secreción de
FSH.

Ovulación
Bajo la influencia de la estimulación de FSH, el folículo de Graaf alcanza tal tamaño que se convierte en una
“ampolla” de pared delgada en la superficie del ovario. El crecimiento del folículo se acompaña de un aumento
rápido de la rapidez de secreción de estradiol. Este incremento rápido de estradiol, a su vez, desencadena el
aumento de secreción de LH más o menos en el día 13; por último, el aumento de la secreción de LH hace que la
pared del folículo de Graaf se rompa aproximadamente el día 14 (figura 20-33, arriba). En el curso de la
ovulación, un segundo ovocito, detenido en la fase II de la meiosis, es liberado por el ovario y arrastrado por los
cilios hacia una trompa de Falopio. El ovocito ovulado todavía está rodeado por una zona pelúcida y una corona
radiada conforme comienza su viaje hacia el útero.

Por consiguiente, ocurre la ovulación como resultado de los efectos sucesivos de la hormona folículoestimulante
y la LH sobre los folículos ováricos. Por medio del efecto de retroalimentación positiva del estradiol sobre la
secreción de LH, el folículo en un sentido establece el tiempo para su propia ovulación. Esto se debe a que la
ovulación es desencadenada por un aumento de secreción de LH, y éste es detonado por el incremento de la
secreción de estradiol que se lleva a cabo mientras el folículo crece. De esta manera, el folículo de Graaf
normalmente no es ovulado hasta que ha alcanzado el tamaño y el grado de maduración apropiados.

Fase lútea.

Después de la ovulación, el folículo vacío es estimulado por la LH para convertirse en una nueva estructura: el
cuerpo lúteo. Esta modificación de la estructura se acompaña de un cambio en la función. Si bien los folículos en
fase de desarrollo secretan sólo estradiol, el cuerpo lúteo secreta estradiol y progesterona. Las concentraciones
de progesterona en la sangre son insignificantes antes de la ovulación, pero aumentan con rapidez hasta un
grado máximo durante la fase lútea, aproximadamente una semana después de la ovulación. Las altas
concentraciones de progesterona en combinación con el estradiol durante la fase lútea ejercen un efecto
inhibidor o de retroalimentación negativa sobre la secreción de FSH y LH.

Asimismo, hay indicios de que el cuerpo lúteo produce inhibina durante la fase lútea, la cual ayuda a suprimir la
secreción o la acción de la FSH. Esto sirve para retrasar el desarrollo de folículos nuevos, de manera que la
ovulación adicional normalmente no ocurre durante ese ciclo. De esta manera, se evitan múltiples ovulaciones (y
posibles embarazos) en los días sucesivos del ciclo.

Sin embargo, nuevos folículos comienzan a desarrollarse hacia el final de un ciclo en preparación para el
siguiente. Esto puede deberse a una menor producción de inhibina hacia el final de la fase lútea. Las
concentraciones de estrógeno y progesterona también descienden durante la fase lútea tardía (comenzando
alrededor del día 22) debido a que el cuerpo lúteo experimenta regresión y deja de funcionar. La luteólisis
(degradación del cuerpo lúteo) puede prevenirse por las elevadas concentraciones de LH, pero éstas se
mantienen bajas durante la fase lútea a consecuencia de la retroalimentación negativa que ejercen los esteroides
ováricos. A través de su secreción de estradiol y progesterona, el cuerpo lúteo en cierto sentido produce su
propio deceso.

Con la disminución de la función del cuerpo lúteo, el estrógeno y la progesterona descienden a concentraciones
muy bajas hacia el día 28 del ciclo. La falta de los esteroides ováricos produce menstruación y permite el avance
de un nuevo ciclo del desarrollo del folículo.
Cambios en el endometrio.

Estos cambios ocurren debido a que el desarrollo del endometrio está determinado por los cambios cíclicos de la
secreción de estradiol y progesterona de los ovarios. Se pueden identificar tres fases basándose en los cambios
observados en el endometrio, a saber: 1) fase proliferativa; 2) fase secretora; y 3) fase menstrual.

La fase proliferativa del endometrio se presenta mientras el ovario todavía está en la fase folicular. Las
cantidades crecientes de estradiol secretado por los folículos en etapa de desarrollo estimula el crecimiento
(proliferación) del estrato funcional del endometrio. El estradiol también estimula la producción de proteínas de
receptor para la progesterona en esta etapa, en preparación para la siguiente fase del ciclo.

La fase secretora del endometrio ocurre cuando el ovario está en su fase lútea. En esta fase, el incremento
de la secreción de progesterona por el cuerpo lúteo estimula el desarrollo de las glándulas uterinas. Como
resultado de las acciones combinadas de estradiol y progesterona, el endometrio se engrosa, se vasculariza y
adquiere un aspecto “esponjoso” y las glándulas uterinas se congestionan con glucógeno durante la fase
siguiente a la ovulación. Por tanto, el endometrio está bien preparado para aceptar y nutrir un embrión en caso
de que ocurra la fecundación.

La fase menstrual ocurre como resultado del descenso de la secreción de hormonas ováricas durante la
fase lútea tardía. La constricción de las arterias espirales puede producir necrosis (muerte celular) y esfacelación
del estrato funcional del endometrio. Parecería que las arterias espirales intervienen en la hemorragia menstrual,
ya que los animales que carecen de estas arterias no sangran cuando se desprende su endometrio.

Los cambios cíclicos de la secreción ovárica producen otras modificaciones cíclicas en el sistema reproductor
femenino. Las altas concentraciones de secreción de estradiol, producen cornificación del epitelio vaginal (las
células superiores mueren y se llenan de queratina), y también originan la producción de un moco cervicouterino
delgado y acuoso que fácilmente es penetrado por los espermatozoides.

Durante la fase lútea del ciclo, las altas concentraciones de progesterona hacen que el moco cervicouterino
se engrose y se vuelva agresivo después de que ha ocurrido la ovulación.

Las hormonas gonadotrópicas de uno y otro sexo tienen tres efectos principales sobre las gónadas, a saber:

1. Estimulación de la espermatogénesis o la ovogénesis (formación del espermatozoide o del óvulo).


2. estimulación de la secreción de hormonas gonadales.
3. mantenimiento de la estructura de las gónadas (las gónadas se atrofian si se reseca la hipófisis).

Algunos estudios han demostrado que la secreción de GnRh por el hipotálamo es pulsátil más que continua,
estimulando una secreción pulsátil similar de FSH y LH por la adenohipofisis. Esta secreción pulsátil es necesaria
para evitar la desensibilización y la regulación por decremento de las glándulas terminales.

Los efectos de la retroalimentación negativa de las hormonas esteroides ocurren por medio de dos mecanismos;
a saber:

1) inhibición de la secreción de GnRh por el hipotálamo.


2) inhibición de la respuesta de la hipófisis a una determinada cantidad de GnRH.

Además de las hormonas esteroides, los testículos y los ovarios secretan una hormona polipeptidicas
denominada inhibina, la cual es secretada por:
 las células de Sertoli de los túbulos seminíferos en hombres.
 células de la granulosa de los folículos ováricos en las mujeres.

Esta hormona inhibe específicamente la secreción de FSH por la adenohipofisis sin afectar la secreción de LH.

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