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Lenin - Textos Sobre Arte y Cultura

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.

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Lenin - Textos Sobre Arte y Cultura

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.

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Ediciones Bandera Roja

TEXTOS SOBRE
ARTE Y CULTURA

3 de diciembre de 2022
¡Proletarios de todos los países, uníos!

V. I. LENIN

TEXTOS SOBRE
ARTE Y CULTURA

Ediciones Bandera Roja


3 de diciembre de 2022
La recopilación de algunos de los textos escritos por Lenin, donde analiza
aspectos del arte y la cultura, obedece a la necesidad de dar a conocer los
planteamientos básicos de la tarea planteada por él para desarrollar la revo-
lución cultural en la medida que el verbo revolucionario debe confluir, indiso-
lublemente, con la acción revolucionaria.
Ediciones Bandera Roja
ÍNDICE

¿QUIÉNES SON LOS "AMIGOS DEL PUEBLO" Y CÓMO LUCHAN


CONTRA LOS SOCIALDEMÓCRATAS? ....................................................10
¿A QUÉ HERENCIA RENUNCIAMOS? .......................................................17
ACERCA DE LA REVISTA "SVOBODA" ...................................................19
EL COMIENZO DE LAS MANIFESTACIONES ..........................................20
¿QUÉ HACER? ...............................................................................................23
LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO Y LA LITERATURA DEL
PARTIDO ........................................................................................................25
SOBRE "VEJI" [*] ............................................................................................30
NOTAS DE UN PUBLICISTA .......................................................................39
SOBRE LA "PLATAFORMA" DE LOS PARTIDARIOS Y DEFENSORES
DEL OTZOVISMO ......................................................................................39
NOTA ...........................................................................................................42
CARTAS A A. M. GORKI ..............................................................................45
7 de febrero de 1908......................................................................................45
13 de febrero de 1908....................................................................................49
25 de febrero de 1908....................................................................................51
24 de marzo de 1908 .....................................................................................56
16 de abril de 1908 ........................................................................................59
16 de noviembre de 1909 ..............................................................................61
22 de noviembre de 1910 ..............................................................................63
3 de enero de 1911 ........................................................................................68
febrero de 1912 .............................................................................................72
febrero-marzo de 1912 ..................................................................................73
entre el 15 y el 25 de febrero de 1913 ...........................................................75
13 ó 14 de noviembre de 1913 ......................................................................79
segunda quincena de noviembre de 1913 ......................................................83
31 de julio de 1919 ........................................................................................86
15 de septiembre de 1919 ..............................................................................90
LEÓN TOLSTOI, ESPEJO DE LA REVOLUCIÓN RUSA...........................93
LEÓN TOLSTOI .............................................................................................98
LEÓN TOLSTOI Y EL MOVIMIENTO OBRERO CONTEMPORÁNEO[1]
.......................................................................................................................103
TOLSTOI Y LA LUCHA PROLETARIA ....................................................106
LEÓN TOLSTOI Y SU ÉPOCA ...................................................................108
UN LIBREJO ESCRITO CON TALENTO...................................................112
DEL PASADO DE LA PRENSA OBRERA EN RUSIA ..............................114
ESBOZO DE RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL[1] ....127
RESOLUCIONES DE LA REUNIÓN DE VERANO DE 1913 ...................130
RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL ...........................130
NOTAS CRÍTICAS SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL[1] ....................134
1. LIBERALES Y DEMÓCRATAS EN EL PROBLEMA DE LOS
IDIOMAS ...................................................................................................134
2. LA "CULTURA NACIONAL"...............................................................137
3. EL ESPANTAJO NACIONALISTA DE LA "ASIMILACIÓN" ...........140
ACERCA DEL PROGRAMA NACIONAL DEL POSDR ...........................148
¿ES NECESARIA UNA LENGUA OFICIAL OBLIGATORIA? ................155
"EL PROBLEMA NACIONAL Y EL PROLETARIADO LETÓN" ............158
SOBRE LAS COOPERATIVAS[1] ................................................................159
NUESTRA REVOLUCIÓN ..........................................................................163
SOBRE LA CULTURA PROLETARIA[1] ....................................................167
ESBOZO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA CULTURA PROLETARIA[*] ...169
LA SITUACIÓN INTERNACIONAL E INTERIOR DE LA REPÚBLICA
SOVIÉTICA ..................................................................................................170
MÁS VALE POCO Y BUENO .....................................................................171
CARTA A G. MIASNIKOV[1] ......................................................................173
UNA GRAN INICIATIVA............................................................................180
TRES FUENTES Y TRES PARTES INTEGRANTES DEL MARXISMO .192
I ...................................................................................................................192
II ..................................................................................................................194
III.................................................................................................................195
SOBRE EL SIGNIFICADO DEL MATERIALISMO MILITANTE............197
Para participar en la revolución de una manera racional,
con sensatez y éxito es necesario estudiar.
Lenin

Sobre las tareas de la biblioteca pública de Petrogrado,


noviembre 1917.

Obras Completas,
Editorial Progreso, Moscú,
tomo 35, pág. 138.

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas ne-


cias del engaño ajeno y propio, y lo seguirán siendo
mientras no aprendan a descubrir detrás de todas las
frases, declaraciones y promesas morales, religiosas,
políticas y sociales, los intereses de una u otra clase.
Los que abogan por reformas y mejoras se verán siem-
pre burlados por los defensores de lo viejo mientras no
comprendan que toda institución vieja, por bárbara y
podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de deter-
minadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia
de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la mis-
ma sociedad que nos rodea, las fuerzas que pueden —y,
por su situación social, deben— constituir la fuerza ca-
paz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y orga-
nizar a esas fuerzas para la lucha.

Lenin

Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo,


Prosveschenie núm. 3,
marzo de 1913.

Obras Completas,
Editorial Progreso, Moscú,
tomo 23, página 48.
¿QUIÉNES SON LOS "AMIGOS DEL PUEBLO" Y CÓMO
LUCHAN CONTRA LOS SOCIALDEMÓCRATAS?[*]

(RESPUESTA A LOS ARTÍCULOS DE RÚSSKOE BOGATSTVO[**]


CONTRA LOS MARXISTAS)

[Fragmentos]

[...] Y por lo que se refiere a la humildad, hay que hacer justicia a R. Bogatst-
vo: por cierto que, aún entre la prensa liberal rusa, se destaca por la incapaci-
dad de conducirse con alguna independencia. Juzguen ustedes mismos:

"La abolición del impuesto a la sal, la abolición de la capitación y la reducción


de los pagos de rescate de la tierra" constituyen, en opinión del señor Iuzha-
kov, "un considerable alivio para la economía nacional". ¡Naturalmente! ¿Pero
no fue acompañada la abolición del impuesto a la sal por la creación de nume-
rosos nuevos impuestos indirectos y por el aumento de los antiguos? ¿No fue
acompañada la abolición de la capitación por un aumento de los pagos de los
campesinos antiguos siervos del Estado, so pretexto de incluirlos en el sistema
del rescate? ¿No queda aún ahora, después de la famosa disminución de los
pagos de rescate (con la que el Estado no devolvió a los campesinos ni siquiera
la ganancia que recibió de las operaciones de rescate) una falta de correspon-
dencia entre los pagos y los ingresos obtenidos de la tierra, es decir una super-
vivencia directa de los censos para librarse de los tributos feudales? ¡No im-
porta! ¡Lo importante aquí es sólo el "primer paso", el "principio", y luego...,
luego se podrá pedir más!

Pero esto son sólo las flores. Veamos ahora los frutos:

__________
[*] ¿Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas? fue escrito
en 1894 (la primera parte fue terminada en abril, la segunda y la tercera durante el verano). Lenin
empezó a preparar la obra en Samara, entre 1892 y 1893. En el círculo de marxistas de esa ciudad
hizo varias disertaciones en las que censuraba con vigor a los enemigos del marxismo, los populis-
tas liberales V. V. (Vorontsov), Mijailovski, Iuzhakov, Krivenko; esas conferencias sirvieron de
material preparatorio para esta obra.
[**] Rússkoe Bogatstvo ("La riqueza rusa"): revista mensual que se publicó desde 1876 hasta
mediados de 1918. A partir de los comienzos de la década del 90 se convirtió en el órgano de los
populistas liberales y fue redactado por S. Krivenko y N. Mijailovski. Postulaba una política de
conciliación con el Gobierno zarista al negarse a la lucha revolucionaria contra éste, combatía
encarnizadamente el marxismo y hostigaba a los marxistas rusos.

10
"La década del 80 aligeró las cargas que pesaban sobre el pueblo [con las me-
didas señaladas] y lo salvó así de la ruina total".

Esta es también una frase clásica por su desvergonzado servilismo, que sólo se
puede colocar al lado de la declaración arriba citada del señor Mijailovski, de
que aún necesitamos crear el proletariado. No se puede por menos que recordar
a este propósito la incisiva descripción hecha por Schedrín, de la evolución del
liberal ruso[*]. Comienza este liberal pidiendo a las autoridades el "máximo de
reformas posible"; continúa luego mendigando "aunque sólo sea algo" y termi-
na adoptando la eterna e inconmovible posición de "amoldarse a la bajeza".
¡¡Qué se puede decir de los "amigos del pueblo" sino que han tomado esta
posición eterna e inconmovible, cuando ellos, bajo la impresión fresca del
hambre sufrida por millones de seres, ante la cual el Gobierno se comportó
primero con una avaricia de mercachifle y luego con una cobardía también
propia de un mercachifle, dicen en letras de molde que el Gobierno salvó al
pueblo de la ruina total!! Pasarán unos cuantos años más señalados por una
expropiación aún más rápida de los campesinos, el Gobierno añadirá a la crea-
ción del Ministerio de Agricultura la abolición de 1 ó 2 impuestos directos y el
establecimiento de unos cuantos nuevos impuestos indirectos, después el ham-
bre alcanzará a 40 millones de personas, y estos señores escribirán exactamen-
te lo mismo: ¡ya ven! ¡Pasan hambre 40 y no 50 millones; esto, porque el Go-
bierno aligeró las cargas que pesaban sobre el pueblo y lo salvó de la ruina
total; esto, porque el Gobierno escuchó a los "amigos del pueblo" y creó el
Ministerio de Agricultura!

Otro ejemplo:

El cronista de Asuntos del Interior, en el número 2 de R. B., hablando de que


Rusia ¡¡"por fortuna" (sic!) es un país atrasado, "que conserva elementos que le
permiten basar su régimen económico en el principio de la solidaridad"[**],
dice que por eso está en condiciones de intervenir "en los asuntos internaciona-
les como exponente de la solidaridad económica" y que su indiscutible "pode-
río político" aumenta las probabilidades que tiene para ello!!

¡Este gendarme de Europa, baluarte permanente e inconmovible de toda reac-


ción, y que ha llevado al pueblo ruso a una humillación tal que, viviendo sub-
yugado en su propio país, ha servido de instrumento para subyugar a los pue-
__________
[*] Alude a la fábula de Schedrín, intitulada El liberal.
[**] ¿Entre quiénes? ¿Entre el terrateniente y el campesino? ¿Entre el mujik emprendedor y el
desharrapado? ¿Entre el fabricante y el obrero? Para comprender este clásico "principio de solida-
ridad" hay que recordar que la solidaridad entre el empresario y el obrero se consigue "por la
rebaja del salario".

11
blos de Occidente, este gendarme es elevado a la categoría de exponente de la
solidaridad económica!

¡Esto supera ya toda medida! Los señores "amigos del pueblo" dejan atrás a los
liberales. No sólo ruegan al Gobierno, sino que le rezan, haciendo genuflexio-
nes hasta el suelo con tal fervor que hasta da miedo de que cruja su frente de
fieles vasallos al golpear en el piso.

¿Recuerdan ustedes la definición alemana del filisteo?

Was ist der Philister?


Ein hohler Darm,
Voll Furcht und Hoffnung,
Dass Gott erbarm[*].

Esta definición no es del todo adecuada para nuestros asuntos. Dios... Dios
ocupa entre nosotros un lugar secundario. En cuanto a las autoridades, eso ya
es otra cosa. Y si en esta definición sustituimos la palabra "Dios" por la pala-
bra "autoridades", tendremos la más exacta expresión del campo ideológico,
del nivel moral y del valor cívico de los "amigos del pueblo" rusos humanita-
rios y liberales.

A esta tan absurda concepción del Gobierno los "amigos del pueblo" añaden la
correspondiente actitud hacia la llamada "intelectualidad". El señor Krivenko
escribe:

"La literatura"... [debe] "valorar los fenómenos según su sentido social y estimular
cada intento activo de lograr el bien. Ha insistido y continúa insistiendo en la insu-
ficiencia de maestros, médicos, técnicos, en que el pueblo sufre enfermedades, se
empobrece [¡hay pocos técnicos!], es analfabeto, etc., y cuando aparecen hombres
que aburridos de pasar las horas junto al tapete verde, de intervenir en los espec-
táculos de aficionados y comer pasteles de esturión en las recepciones organizadas
por los mariscales de la nobleza en provincias, se ponen al trabajo con una abnega-
ción singular [¡no es para menos: sacrificaron el tapete verde, los espectáculos y los
pasteles!], venciendo numerosos obstáculos, la literatura debe felicitarlos".

2 páginas más adelante, con la seriedad práctica de un funcionario experimen-


tado, reprende a quienes
"han vacilado ante la cuestión de aceptar o no los puestos de superintendentes de
los zemstvos, alcaldes urbanos, presidentes y concejales de los zemstvos, designa-
dos con arreglo a los nuevos estatutos En una sociedad con una elevada conciencia
__________
[*] En alemán en el original: ¿Qué es un filisteo? Una tripa vacía, rellena de cobardía y de espe-
ranza en la misericordia de Dios. (Goethe). (N. de la Red.)

12
de las necesidades y deberes cívicos [¡escuchen, señores: ciertamente, esto vale tan-
to como los discursos de los famosos Pompadour rusos, de unos Baránov o Kosich
cualesquiera!] serían inconcebibles semejantes vacilaciones y actitudes tales ante el
problema, porque esta sociedad asimilaría a su manera cada reforma que contuviera
facetas vitales, es decir, desarrollaría los aspectos útiles y convertiría en letra muer-
ta los inútiles; en cuanto a las reformas carentes por completo de vitalidad, segui-
rían siendo un cuerpo extraño".

¡El diablo sabe qué es esto! ¡Qué oportunismo barato, y qué indulgencia en la
autoadmiración! La tarea de la literatura consiste en reunir chismes de salón
sobre los malvados marxistas, hacer reverencias al Gobierno por haber salvado
al pueblo de la ruina total, felicitar a los hombres que se aburrían de pasar las
horas junto al tapete verde, enseñar al "público" a no renunciar a puestos como
el de superintendente de los zemstvos... ¿Pero qué es lo que estoy leyendo?
¿Nedielia[*] o Nóvoie Vremia? No, es Rússkoe Bogatstvo, órgano de los demó-
cratas rusos avanzados...

Y semejantes señores hablan de los "ideales de nuestros antepasados", preten-


den que ellos, precisamente ellos, conservan las tradiciones de los tiempos en
que Francia difundía por toda Europa las ideas del socialismo y en que la asi-
milación de estas ideas produjo en Rusia las teorías y las doctrinas de Herzen y
de Chernishevski. Esto ya es del todo escandaloso, y sería profundamente
indignante y ofensivo si Rússkoe Bogatstvo no fuese tan ridícula, si semejantes
declaraciones en las páginas de tal revista no provocasen una risa homérica.
¡Sí, ustedes mancillan estos ideales! ¿En qué consistían en realidad estos idea-
les de los primeros socialistas rusos, de los socialistas de aquella época que
con tanto acierto caracterizó Kautsky con estas palabras: "Cuando cada socia-
lista era un poeta, y cada poeta, un socialista"?

La fe en un orden social especial, en el sistema comunal de la vida rusa; de ahí


la fe en la posibilidad de una revolución socialista campesina: he aquí lo que
los animaba, lo que alzaba a decenas y centenares de hombres a la lucha heroi-
ca contra el Gobierno. Y no se podrá reprochar a los socialdemócratas no ha-
ber sabido valorar el inmenso mérito histórico de estos hombres, los mejores
de su tiempo, no haber sabido respetar profundamente su memoria. Pero yo
pregunto: ¿dónde está ahora esta fe? No existe; hasta tal punto no existe, que
cuando el señor V. V. intentó demostrar el año pasado que la comunidad rural
educa al pueblo en la actividad solidaria, y es un centro de sentimientos altruis-
tas, etc., hasta el señor Mijailovski se sintió avergonzado y replicó púdicamen-
te al señor V. V. que "ningún estudio ha demostrado la ligazón de nuestra
__________
[*] Nedielia: semanario de orientación liberal populista; apareció en Petersburgo de 1866 a 1901.
Se oponía a la lucha contra el absolutismo y preconizaba la llamada teoría de "las cuestiones
menores", es decir, exhortaba a los intelectuales a abandonar la lucha revolucionaria y dedicarse a
"difundir la cultura".

13
comunidad rural con el altruismo". En efecto, tal estudio no existe. Y lo que
son las cosas: hubo un tiempo en que sin necesidad de investigación alguna los
hombres creían, y creían sin reservas.

¿Cómo? ¿Por qué? ¿Sobre qué fundamento?...

"Cada socialista era un poeta, y cada poeta, un socialista"...

[...]

Tomemos otro ejemplo, el de las opiniones sobre la Reforma Campesina.


¿Cuál fue la actitud hacia ella de Chernishevski, un demócrata de la citada
época en que la democracia y el socialismo estaban indisolublemente unidos?
Como no estaba en condiciones de manifestar abiertamente sus opiniones,
guardó silencio, y recurriendo a circunloquios caracterizó de este modo la
Reforma que se preparaba:

"Supongamos que yo estuviese interesado en la adopción de medidas para conser-


var las provisiones que constituyen el alimento de ustedes. De suyo se entiende que
si hiciese esto guiado sólo por una buena disposición hacia ustedes, mi celo se basa-
ría en el supuesto de que las provisiones les pertenecen y que la comida preparada
con ellas les resulta saludable y ventajosa. Figúrense ustedes cuáles serían mis sen-
timientos si me enterase de que las provisiones de ningún modo les pertenecen y
que por cada comida preparada con ellas les cobran un precio que no sólo excede el
costo de la comida [esto fue escrito antes de la Reforma. ¡¡Y los señores Iuzhakov
aseguran ahora que el principio fundamental de ella era dar seguridad a los campe-
sinos!!], sino que no pueden en general pagar sin caer en un estado de extrema pe-
nuria. ¿Qué pensamientos acudirían a mi mente ante tan extraños descubrimientos?
[...] ¡Qué necio fui al afanarme por una obra para cuya utilidad no estaban asegura-
das las debidas condiciones! ¿Quién sino un necio puede preocuparse por la con-
servación de la propiedad en determinadas manos, sin asegurarse previamente de
que la propiedad irá a parar a dichas manos, en condiciones ventajosas? [...] ¡Es
mejor que se pierdan todas estas provisiones que sólo causan daño a la persona
querida por mí! ¡Mejores que fracase la obra que sólo les trae la ruina!".

Destaco los pasajes que muestran con mayor elocuencia la profunda y magní-
fica comprensión que Chernishevski tenía de la realidad que lo rodeaba, la
comprensión de lo que eran los pagos de los campesinos, la comprensión del
carácter antagónico de las clases sociales rusas. Es importante señalar también
que semejantes ideas puramente revolucionarias las supo exponer en una pren-
sa sometida a la censura. En sus obras ilegales escribía eso mismo, pero sin
ambages. En el Prólogo al prólogo, Volguin (por labios del cual Chernishevski
expone sus propios pensamientos) dice: "Que la obra de la emancipación de
los campesinos sea puesta en manos del partido terrateniente. La diferencia

14
no será grande"[*], y a la observación de su interlocutor, de que, por lo contra-
rio, la diferencia sería colosal, ya que el partido de los terratenientes estaba
contra el reparto de tierra entre los campesinos, contesta resueltamente:

"No, la diferencia no será colosal, sino insignificante. Sería colosal si los campesi-
nos recibiesen la tierra sin rescate. Hay diferencia entre tomar a una persona una
cosa o dejársela, pero da lo mismo si se toma a esa persona el pago de la cosa. El
plan del partido de los terratenientes se diferencia del de los progresistas sólo en
que es más sencillo y más breve. Por eso es aún mejor. Menos trámites burocráti-
cos, probablemente, y menos cargas para los campesinos. Los campesinos que ten-
gan dinero, comprarán tierra. A los que no lo tengan, no hay porqué obligarlos a
comprarla. Lo único que esto haría sería arruinarlos. El rescate equivale a la com-
pra".

Hacía falta el genio de un Chernishevski para comprender con tal claridad,


cuando la Reforma Campesina sólo se iniciaba (cuando todavía no había sido
lo bastante esclarecida, ni siquiera en Occidente), su carácter fundamentalmen-
te burgués, para comprender que ya entonces la "sociedad" y el "Estado" ruso
estaban gobernados y dirigidos por clases sociales incuestionablemente hosti-
les al trabajador y que incuestionablemente predeterminaban la ruina y la ex-
propiación del campesinado. Y Chernishevski comprendía además que la exis-
tencia de un Gobierno que encubría nuestras relaciones sociales antagónicas es
un mal terrible que empeora mucho más la situación de los trabajadores.

"A decir verdad —continúa Volguin—, mejor será emanciparlos sin tierra".
(Es decir, si tan fuertes son en nuestro país los terratenientes feudales, mejor
será que intervengan franca y directamente, y hablen con entera claridad, en
vez de encubrir sus intereses feudales tras los compromisos de un Gobierno
hipócrita y absolutista.)

"La cuestión se plantea de manera que yo no encuentro motivos para inquietarme


ni siquiera por el hecho de que los campesinos sean emancipados o no; mucho me-
nos por quién los emancipará, si los liberales o los terratenientes. A mi juicio es
igual. Inclusive es mejor que sean los terratenientes".

Y en una de las Cartas sin destinatario: "Se dice: emancipar a los campesinos
[...] ¿Dónde están las fuerzas para hacerlo? Todavía no existen. No se puede
emprender un asunto cuando no hay fuerzas para realizarlo. Y puede verse
cómo están las cosas: van a comenzar a emancipar. ¿Pero qué resultará de
ello? Juzguen ustedes mismos qué resulta, cuando se emprende una tarea que
está por encima de nuestras fuerzas. Se estropea y el resultado será algo abo-
minable".
__________
[*] Tomo la cita del artículo de Plejánov "N. Chernishevski", en Sotsial Demokrat.

15
Chernishevski comprendía que el Estado feudal y burocrático ruso no estaba
en condiciones de emancipar a los campesinos, es decir, de derrocar a los feu-
dales, y que sólo podía realizar "algo abominable", llegar a un mezquino com-
promiso entre los intereses de los liberales (rescate y compra son una misma
cosa) y de los terratenientes, compromiso que engaña a los campesinos con el
espejismo del bienestar y de la libertad, pero que en realidad los arruina y los
pone a merced de los terratenientes. Y protestaba, maldecía la Reforma, desea-
ba su fracaso, deseaba que el Gobierno se embrollase en sus acrobacias entre
los liberales y los terratenientes, y sobreviniese una bancarrota que condujera a
Rusia al camino de la lucha abierta de clases.

Pero nuestros "demócratas" contemporáneos ahora —cuando las geniales


predicciones de Chernishevski se han convertido en un hecho, cuando 30 años
de historia han echado por tierra, despiadadamente, toda clase de ilusiones
económicas y políticas— cantan loas a la Reforma, ven en ella la sanción de la
producción "popular", se las ingenian para extraer de ella pruebas de la posibi-
lidad de seguir no se sabe qué camino que eluda la existencia de clases sociales
hostiles al trabajador. Repito, la actitud hacia la Reforma Campesina es la
prueba más evidente de cuán profundamente se han aburguesado nuestros
demócratas. Estos señores no han aprendido nada y han olvidado mucho, mu-
cho.

Escrito durante la primavera y el verano de 1894.

Obras Completas,
tomo 1.

16
¿A QUÉ HERENCIA RENUNCIAMOS?

[Fragmento]

El adicto de la ilustración tiene fe en el desarrollo actual de la sociedad por


cuanto no observa las contradicciones que le son inherentes. El populista teme
dicho desarrollo, pues ha notado ya esas contradicciones. El "discípulo" cree
en el desarrollo actual de la sociedad porque ve la garantía de un futuro mejor
sólo en el pleno desenvolvimiento de estas contradicciones. La primera co-
rriente y la última tienden, por ello, a apoyar, acelerar y facilitar la evolución
por la vía que sigue en la actualidad, a eliminar todos los obstáculos que la
traban y frenan. El populismo, por el contrario, trata de detener y paralizar esta
evolución, teme destruir algunos obstáculos que se oponen al desarrollo del
capitalismo. La primera corriente y la última se caracteriza por lo que se podría
llamar optimismo histórico: cuanto más lejos y más rápido marchen las cosas
por el camino que llevan, tanto mejor. El populismo, por el contrario, va de
manera natural al pesimismo histórico: cuanto más lejos marchen así las cosas,
tanto peor. Los "ilustradores" no se han preguntado en absoluto cuál habría de
ser el carácter del desarrollo después de la Reforma, limitándose exclusiva­
mente a la guerra contra los restos del régimen anterior a la Reforma Campesi-
na, a la tarea negativa de desbrozar el camino para una evolución europea de
Rusia. El populismo ha planteado el problema del capitalismo en Rusia, pero
lo ha resuelto atribuyéndole un carácter reaccionario, por lo que no ha podido
asimilar íntegramente la herencia de los "ilustradores". Los populistas han
combatido siempre a los hombres que tendían a europeizar a Rusia en general
desde el punto de vista de la "unidad de la civilización". Les han hecho la
guerra no sólo porque no podían limitarse a los ideales de esos hombres (en tal
caso la guerra sería justa), sino porque no querían ir tan lejos en el desarrollo
de la civilización actual, es decir, de la civilización capitalista. Los "discípu-
los" resuelven el problema del capitalismo en Rusia reconociendo su carácter
progresivo; por eso no sólo pueden, sino que deben aceptar íntegramente la
herencia de los "ilustradores" completándola con un análisis de las contradic-
ciones del capitalismo desde el punto de vista de los productores no propieta-
rios. Los "ilustradores" no destacaban como objeto de atención especial a nin-
guna clase de la población; no sólo hablaban del pueblo en general, sino tam-
bién de la nación en general. Los populistas deseaban representar los intereses
del trabajo sin señalar, no obstante, grupos concretos del sistema económico
actual; de hecho, sustentaban siempre el punto de vista del pequeño productor
al cual el capitalismo convierte en productor de mercancías. Los "discípulos"
no sólo toman como criterio los intereses del trabajo, sino que, además, seña-
lan grupos económicos plenamente definidos de la economía capitalista, a

17
saber, los productores que no son propietarios. La primera corriente y la última
corresponden, por el contenido de sus aspiraciones, a los intereses de las clases
que el capitalismo crea y desarrolla; el populismo, por su contenido, corres-
ponde a los intereses de la clase de pequeños productores, de la pequeña bur-
guesía, que ocupa un lugar intermedio entre las otras clases de la sociedad
moderna. Por eso, la actitud contradictoria del populismo ante la "herencia" no
es en modo alguno una casualidad, sino el resultado necesario del propio con-
tenido de las concepciones de esta corriente: hemos visto que uno de los rasgos
fundamentales de las concepciones de los "ilustradores" era su ardiente deseo
de europeizar a Rusia, en tanto que los populistas no pueden compartir por
entero este deseo sin dejar de ser populistas.

En resumidas cuentas hemos llegado, como puede verse, a la conclusión que


hemos señalado ya más de una vez por motivos concretos, a saber: los discípu-
los son mucho más consecuentes y mucho más fieles guardianes de la herencia
que los populistas. Lejos de renegar de la herencia, consideran que una de sus
principales tareas es refutar los recelos románticos y pequeñoburgueses que
obligan a los populistas a repudiar, en muchos y muy importantes puntos, los
ideales europeos de los "ilustradores". Pero se comprende de por sí que los
"discípulos" no guardan la herencia como los archiveros los viejos documen-
tos. Guardar la herencia no significa, ni mucho menos, limitarse a ella; y los
"discípulos" unen a la defensa de los ideales generales del europeísmo el análi-
sis de las contradicciones inherentes a nuestro desarrollo capitalista y la eva-
luación de este desarrolló desde el punto de vista específico antes señalado.

Escrito en el confinamiento a fines de 1897.

Publicado por primera vez en 1898,


en la recopilación: Vladímir Ilín
"Estudios y artículos económicos" San Petersburgo.

Obras Completas,
tomo 2.

18
ACERCA DE LA REVISTA "SVOBODA"

La revistilla Svoboda[*] es muy mala. Su autor —porque la revista da precisa-


mente la impresión de estar escrita toda ella, desde el comienzo hasta el fin,
por una sola persona— pretende utilizar un estilo popular "para los obreros".
Pero no se trata de popularidad, sino de populachería de mal gusto. No hay una
sola palabra sencilla, todo son remilgos... El autor no dice ni una frase sin
florituras, sin comparaciones "populares" y palabrejas "populares". Y sin apor-
tar nuevos datos, sin nuevos ejemplos, sin nuevo estudio, se rumia con ese
lenguaje monstruoso los pensamientos socialistas triviales, vulgarizados adre-
de. La popularización, diríamos al autor, está muy lejos de la vulgarización, de
la populachería. El escritor popular lleva al lector a un pensamiento profundo,
a una doctrina profunda, partiendo de los datos más sencillos y notorios, seña-
lando —mediante razonamientos simples o ejemplos escogidos con acierto—
las conclusiones principales que se deducen de esos datos e impulsando al
lector que piensa a plantear nuevas y nuevas cuestiones. El escritor popular no
presupone un lector que no piensa, que no desea o no sabe pensar; al contrario,
en el lector poco desarrollado presupone el serio propósito de trabajar con la
cabeza y le ayuda a efectuar esa seria y difícil labor, le conduce, ayudándole a
dar los primeros pasos y enseñándole a seguir adelante por su cuenta. El escri-
tor vulgar presupone un lector que no piensa ni es capaz de pensar; no le im-
pulsa a asimilar los primeros rudimentos de una ciencia seria, sino que le ofre-
ce ya "preparadas" —en una forma monstruosamente simplificada, salpicada
de chistes y agudezas— todas las conclusiones de una doctrina conocida, de
modo que el lector no tiene siquiera que masticarlas y debe limitarse a tragar
esa papilla.

Escrito en el otoño de 1901.

Publicado por primera vez en 1936,


en el número 2 de la revista Bolshenik.

Obras Completas,
tomo 5.

__________
[*] Svoboda (Libertad): revista editada en Suiza en 1901 y 1902 por el grupo del mismo nombre,
fundado en mayo de 1901 y denominado "grupo revolucionario socialista". Aparecieron 2 números
de la revista. En sus publicaciones el grupo Svoboda predicaba las ideas del "economismo" y el
terrorismo y apoyaba a los grupos antiiskristas en Rusia. Dejó de existir en 1903.

19
EL COMIENZO DE LAS MANIFESTACIONES

Hace 2 semanas, al conmemorar el vigesimoquinto aniversario de la primera


manifestación revolucionario-social en Rusia, que tuvo lugar el 6 de diciembre
de 1876 en la Plaza de Kazán, de Petersburgo, destacábamos el magno ascenso
de las manifestaciones a comienzos del año que acaba. Decíamos que los ma-
nifestantes deben presentar una consigna política más concreta que la de "Tie-
rra y libertad" (1876)[*] y una reivindicación más amplia que la de "abolición
del Reglamento Provisional" (1901). Esa consigna debe ser la libertad políti-
ca, esa reivindicación de todo el pueblo debe ser la exigencia de que se convo-
que a los representantes del pueblo.

Y vemos ya que las manifestaciones se reanudan con los motivos más diversos
en Nizhni Nóvgorod, en Moscú y en Járkov. La efervescencia crece en todas
partes y se hace más imperioso cada día encauzarla en un torrente único contra
la autocracia, que siembra por doquier la arbitrariedad, la opresión y la vio-
lencia. El 7 de noviembre tuvo lugar en Nizhni Nóvgorod una manifestación,
pequeña, pero que transcurrió felizmente, con motivo de la despedida a Máxi-
mo Gorki. Este escritor, famoso en toda Europa y cuya única arma ha sido la
palabra libre —como dijo atinadamente un orador durante la manifestación—,
es desterrado de su ciudad natal, sin formación de causa, por el Gobierno auto-
crático. Los jenízaros le acusan de haber ejercido una mala influencia sobre
nosotros —dijo el orador en nombre de todos los rusos que aspiran, por poco
que sea, a la luz y la libertad—, mas nosotros declaramos que ha sido una
buena influencia. Los esbirros cometen excesos en secreto, pero nosotros de-
nunciaremos sus excesos y los haremos del dominio público. ¡En nuestro país
se golpea a los obreros que defienden su derecho a una vida mejor, en nuestro
país se golpea a los estudiantes que protestan contra la arbitrariedad, en nuestro
país se ahoga toda palabra honrada y audaz! La manifestación, en la que parti-
ciparon también obreros, terminó con la exclamación solemne de un estudian-
te: "¡Caerá la arbitrariedad, y se alzará el pueblo, poderoso, libre y fuerte!"

En Moscú esperaban a Gorki en la estación centenares de estudiantes, y la


policía, asustada, lo detuvo en el vagón a mitad de camino, le prohibió entrar
__________
[*] En aquel tiempo actuaba con el lema "Tierra y libertad" una organización clandestina del
mismo nombre, fundada por los populistas en Rusia, en 1876. Los adeptos de Tierra y Libertad,
considerando al campesinado como la principal fuerza revolucionaria en Rusia, intentaron alzar a
los campesinos contra el zarismo. Desplegaron su labor revolucionaria en varias provincias de
Rusia. En 1879 se formó en el seno de Tierra y Libertad una fracción que consideraba el terroris-
mo como el principal medio de lucha contra el zarismo. En el congreso celebrado aquel mismo año
en Vorónezh, Tierra y Libertad se dividió en 2 organizaciones: Voluntad del Pueblo (Naródnaya
Volia) y Reparto Negro (Chorni Peredel).

20
en Moscú (a pesar de la autorización especial que se le había concedido antes)
y le obligó a trasladarse directamente del ferrocarril de Nizhni Nóvgorod al de
Kursk. La manifestación con motivo del destierro de Gorki no tuvo éxito; pero
el día 18 se celebró, sin preparación alguna, una pequeña manifestación de
estudiantes y "elementos extraños" (como se expresan nuestros ministros) ante
la casa del gobernador general por haber sido prohibida una velada en honor de
N. A. Dobroliúbov, de cuya muerte se cumplieron 40 años el 17 de noviembre.
El representante del poder autocrático en Moscú fue silbado por personas para
las cuales, como para toda la Rusia instruida y pensante, es caro el nombre de
este escritor, que odiaba apasionadamente la arbitrariedad y ansiaba apasiona-
damente la insurrección popular contra los "turcos interiores": contra el Go-
bierno autocrático. El Comité Ejecutivo de las organizaciones estudiantiles de
Moscú ha señalado con razón en su boletín del 23 de noviembre que esta mani-
festación no preparada es un síntoma claro de descontento y de protesta.

La manifestación de Járkov, suscitada por asuntos estudiantiles, se transformó


ya en una verdadera refriega callejera, en la que participaron no sólo estudian-
tes. La experiencia del año pasado no ha sido inútil para ellos. Han visto que
sólo el apoyo del pueblo —y, principalmente, el apoyo de los obreros— puede
asegurarles el éxito, y que para conseguir este apoyo deben luchar no solamen-
te por la libertad académica (estudiantil), sino por la libertad de todo el pueblo,
por la libertad política. El Consejo de la Unión de Organizaciones
Estudiantiles de Járkov había expresado ya claramente esta idea en su
proclama de octubre. Mas también los estudiantes de. Petersburgo, Moscú,
Kíev, Riga y Odesa, como se ve por sus hojas y proclamas, han empezado a
comprender todo lo "absurdo de las ilusiones" de la libertad académica
mientras exista la esclavitud extrema del pueblo. El abyecto discurso del
general Vannovski en Moscú, guien desmintió los "rumores" de que hubiera
prometido algo en otra ocasión; la inaudita insolencia de un polizonte de
Petersburgo (que detuvo a un estudiante en el Instituto Electrotécnico para
arrebatarle una carta que le había entregado un mensajero); el salvaje
apaleamiento de los estudiantes de Yaroslavl por la policía en la calle y en la
comisaría; estos y miles de otros hechos clamaban, llamando a luchar, luchar y
luchar contra todo el régimen autocrático. Lo ocurrido con los estudiantes de
veterínaria de Járkov colmó la paciencia. Los estudiantes de primer año
pidieron por escrito la destitución del profesor Laguermark, quejándose de su
actitud burocrática y de su insoportable grosería, que llegaba a veces ¡a arrojar
el programa al rostro de los estudiantes! El Gobierno, sin examinar el asunto,
respondió expulsando del instituto a todos los alumnos de primer año. Y por si
fuera poco, los difamó en su comunicado, declarando que exigían el derecho
de designar a los profesores. Entonces se alzaron todos los estudiantes de
Járkov y decidieron declarar la huelga y organizar una manifestacién. Del 28
de noviembre al 2 de diciembre, Járkov se convirtió por segunda vez en este

21
año en campo de batalla de los "turcos interiores" contra el pueblo, que
protestaba por las arbitrariedades de la autocracia. De una parte, gritos de
"¡Abajo la autocracia! ¡Viva la libertad!" De otra, sablazos, latigazos y
caballos que pisoteaban a la multitud. La policía y los cosacos, que apalearon
despiadadamente a todos y cada uno, sin hacer distinciones de sexo ni de edad,
vencieron a los manifestantes inermes y ahora celebran su triunifo...

¿Será posible que les dejemos triunfar?

¡Obreros! Conocéis demasiado bien a la fuerza enemiga que hace escarnio del
pueblo ruso. Esa fuerza enemiga os ata de pies y manos en vuestra lucha coti-
diana contra los patronos por una vida mejor y por la dignidad humana. Esa
fuerza enemiga apresa a centenares y miles de vuestros mejores camaradas, los
arroja a las cárceles y al destierro y, como si se mofara de ellos, los declara
"individuos de mala conducta". Esa fuerza enemiga disparó el 7 de mayo con-
tra los obreros de la fábrica de Obújov, en Petersburgo —que se habían alzado
al grito de" ¡Necesitanos la libertad!"—, y después montó una farsa judicial
para enviar a presidio a los héroes que no habían asesinado las balas. Esta
fuerza enemiga, que apalea hoy a los estudiantes, se lanzará mañana contra
vosotros para apalearos con redoblada ferocidad. ¡No perdáis tiempo! ¡Recor-
dad que debéis apoyar toda protesta y toda lucha contra los jenízaros del Go-
bierno autocrático! Procurad por todos los medios llegar a un acuerdo con los
estudiantes que se manifiestan; organizad círculos para la rápida difusión de
noticias y distribución de manifiestos; explicad a todos y cada uno que os
alzáis a la lucha por la libertad de todo el pueblo.

¡Cuando aquí y allá empieza a arder el fuego de la indignación popular y de la


lucha abierta, hace falta en primer lugar, Y sobre todo, una fuerte corriente de
aire fresco para que ese fuego pueda transformarse en una gran llama!

Iskra, número 13,


20 de diciembre, de 1901.

Obras Completas,
tomo 5.

22
¿QUÉ HACER?

[...]

"¡Hay que soñar!" He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imagina-


do sentado en el "Congreso de unificación", teniendo enfrente a los redactores
y colaboradores de Rabóchee Delo. Y he aquí que se levanta el camarada Mar-
tínov y se dirige a mí con tono amenazador: "Permita que le pregunte: ¿tiene
aún la redacción autónoma derecho a soñar sin previo referéndum de los comi-
tés del Partido?" Tras él se levanta el camarada Krichevski y (profundizando
filosóficamente al camarada Martínov, quien hace mucho tiempo había pro-
fundizado ya al camarada Plejánov), en tono aún más amenazador, continúa:
"Yo voy más lejos, y pregunto si en general un marxista tiene derecho a soñar,
si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se plantea tareas realiza-
bles, y que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas, que crecen con
el Partido".

Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras, siento escalofríos y pienso


dónde podría esconderme Intentaré esconderme tras Písarev.

"Hay diferentes clases de desacuerdos —escribía Písarev a propósito del desacuer-


do entre los sueños y la realidad—. Mis sueños pueden rebasar el curso natural de
los acontecimientos o bien pueden desviarse a un lado, adonde el curso natural de
los acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer caso, los sueños no produ-
cen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador... En
sueños de esta índole, no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Muy
al contrario. Si el hombre estuviese completamente privado de la capacidad de so-
ñar así, si no pudiese de vez en cuando adelantarse y contemplar con su imagina-
ción el cuadro enteramente acabado de la obra que se bosqueja entre sus manos, no
podría figurarme de ningún modo qué móviles obligan al hombre a emprender y
llevar hasta su término vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las
ciencias y de la vida práctica... El desacuerdo entre los sueños y la realidad no pro-
duce daño alguno, siempre que la persona que sueña crea seriamente en su sueño,
se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire
y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando
existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien"[1].

Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por desgracia, son sobradamente raros
en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los representantes de
la crítica legal y del "seguidismo" ilegal que presumen de su ponderación, de
su "proximidad" a lo "concreto".

23
Del libro ¿Qué Hacer?

Escrito desde el otoño de 1901


hasta febrero de 1902.

Obras Completas,
tomo 6.

NOTA

[1] Rabóchee Delo (La Causa Obrera): revista, órgano de la Unión de Socialdemócra-
tas Rusos en el Extranjero. Se publicó en Ginebra desde abril de 1899 hasta febrero de
1902 bajo la redacción de B. N. Krichevski y otros. La Redacción de Rabóchee Delo
era el centro de los "economistas" en el extranjero. Apoyaba la consigna de la "libertad
de crítica" del marxismo, sostenía posiciones oportunistas en las cuestiones de la táctica
Y las tareas de organización de la socialdemocracia rusa, negaba las posibilidades
revolucionarias del campesinado, etc. Los partidarios de Rabóchee Delo propagaban las
ideas oportunistas de la supeditación de la lucha política del proletariado a la lucha
económica, se prosternaban ante la espontaneidad, del movimiento obrero y negaban el
papel dirigente del Partido.

24
LA ORGANIZACIÓN DEL PARTIDO Y LA LITERATURA
DEL PARTIDO

Las nuevas condiciones en que se desenvuelve la actividad socialdemócrata en


Rusia después de la revolución de octubre[*] han puesto al orden del día el
problema de la literatura del partido. Comienza a desaparecer la diferencia
entre la prensa clandestina y la legal, triste herencia de la época de la Rusia
feudal y autocrática. Esta diferencia no ha desaparecido aún, ni mucho menos.
El hipócrita Gobierno de nuestro primer ministro llega a tal extremo en sus
atropellos que Izvestia Sovieta Rabóchij Deputátov se publica "clandestina-
mente", pero el Gobierno sólo cosecha nuevos bochornos y nuevos golpes
morales con sus torpes intentos de "prohibir" lo que no puede impedir que
aparezca.

Cuando existía una diferencia entre la prensa clandestina y la legal, el proble-


ma de la prensa del Partido y de la que no era del Partido se resolvía de manera
simple, falsa y monstruosa en extremo. Toda la prensa ilegal era del Partido, se
editaba y estaba dirigida por organizaciones y grupos vinculados de una u otra
manera a grupos de camaradas que realizaban trabajo práctico de partido. La
prensa legal, en su conjunto, no pertenecía a ningún partido, pues eso estaba
prohibido; pero "se inclinaba" hacia tal o cual partido. Eran inevitables las
alianzas deformes, las "convivencias" anormales y los ropajes falsos; a las
forzadas reticencias de quienes deseaban dar a conocer opiniones de partido se
unían la incomprensión o la cobardía intelectual de quienes no habían llegado
a compenetrarse con esas opiniones y de quienes, en realidad, no eran hombres
de partido.

¡Maldita época de discursos esópicos, de servilismo literario, de lenguaje laca-


yuno y de feudalismo ideológico! El proletariado ha puesto fin a esta infamia,
bajo cuyo peso se asfixiaba en Rusia todo lo vivo y todo lo nuevo. Pero el
proletariado aún no ha conquistado para Rusia más que una libertad a medias.

La revolución no ha terminado todavía. El zarismo ya no tiene fuerzas para


vencer a la revolución, pero la revolución no es aún lo bastante fuerte para
vencer al zarismo. Atravesamos unos momentos en que se manifiesta por do-
__________
[*] Se trata de la huelga política de toda Rusia en octubre de 1905, como resultado de la cual se
publicó el 17 de octubre del mismo año el "Manifiesto" del zar "que otorgaba" al pueblo las liber-
tades cívicas. Los bolcheviques utilizaron la libertad de prensa para publicar legalmente sus perió-
dicos. A fines de 1905, al ser aplastada la insurrección armada de diciembre, la autocracia pasó a
la ofensiva contra las organizaciones obreras y su prensa.

25
quier y en todos los aspectos esta anormal conjugación del partidismo abierto,
honesto, directo y consecuente y la "legalidad" clandestina, velada, "diplomá-
tica", evasiva. Esta anormal conjugación repercute asimismo en nuestro perió-
dico; por mucho que ironice el señor Guchkov a propósito de la tiranía social-
demócrata, que prohíbe la publicación de periódicos burgueses liberales y
moderados, continúa siendo un hecho que Proletari[1], Órgano Central del
Partido Obrero Socialdemócrata en Rusia, no está autorizado en la Rusia auto-
crática y policíaca.

Lo cierto es que lo ya conseguido en esta primera mitad de la revolución nos


obliga a todos nosotros a reorganizar inmediatamente este asunto. La literatura
puede ser en el 90% de los casos, incluso "legalmente", una literatura de parti-
do. La literatura debe adquirir un carácter partidista. En oposición a los hábitos
burgueses, en oposición a la prensa burguesa mercantil y empresarial, en opo-
sición al arribismo y al individualismo literarios burgueses, al "anarquismo
señorial" y al afán de lucro, el proletariado socialista debe proclamar el princi-
pio de la literatura partidista, desarrollar este principio y aplicarlo en la forma
más plena e íntegra posible.

¿En qué consiste este principio de la literatura partidista? No consiste solamen-


te en que la literatura no puede ser para el proletariado socialista un medio de
lucro de individuos o grupos ni, en general, obra individual, independiente de
la causa proletaria común. ¡Abajo los literatos apolíticos! ¡Abajo los literatos
superhombres! La literatura debe ser una parte de la causa proletaria, debe ser
"rueda y tomillo" de un solo y gran mecanismo socialdemócrata, puesto en
movimiento por toda la vanguardia consciente de toda la clase obrera. La labor
literaria debe pasar a ser una parte integrante del trabajo organizado, coordina-
do y unificado del Partido Socialdemócrata.

"Toda comparación cojea", dice un proverbio alemán. También cojea mi com-


paración de la literatura con un tornillo y de un movimiento vivo con un meca-
nismo. Hasta es posible que salgan por ahí intelectuales histéricos que alboro-
ten a propósito de esta comparación, de la cual dirán que degrada, paraliza y
"burocratiza" la libre lucha ideológica, la libertad de crítica, la libertad de
creación literaria, etc., etc. En realidad, semejantes vociferaciones no serían
sino la expresión del individualismo intelectual burgués. Sin duda, la labor
literaria es la que menos se presta a la igualación mecánica, a la nivelación, al
dominio de la mayoría sobre la minoría. Sin duda, en esta labor es absoluta-
mente necesario asegurar mayor campo a la iniciativa personal, a las inclina-
ciones individuales, al pensamiento y a la imaginación, a la forma y al conte-
nido. Todo esto es indudable, pero sólo demuestra que la función literaria del
partido del proletariado no puede ser identificada mecánicamente con sus de-
más funciones. Esto en modo alguno desmiente la tesis, extraña y peregrina

26
para la burguesía y para la democracia burguesa, de que la labor literaria debe,
de manera indefectible y obligatoria, estar indisolublemente ligada a los otros
aspectos de la actividad del Partido Socialdemócrata. Los periódicos deben ser
órganos de las diversas organizaciones del Partido. Los literatos deben formar
parte, sin falta, de las organizaciones del Partido. Las editoriales y sus depósi-
tos, las librerías, salas de lectura, bibliotecas y distribuidoras de publicaciones
deben ser del Partido y rendir cuentas ante él. El proletariado socialista organi-
zado debe seguir atento esta labor, controlarla, introducir en toda ella, sin ex-
cepción alguna, el vivo raudal de la viva actividad proletaria, haciendo que
desaparezca así toda base para el viejo principio ruso semioblomoviano[*] y
semimercantilista: Dejemos que el escritor escriba y el lector lea.

Ni que decir tiene, claro es, que no puede verificarse de golpe esta transforma-
ción de la labor literaria, emporcada por una censura asiática y por una burgue-
sía europea. Nada más lejos de nosotros que la idea de preconizar un sistema
uniforme o una solución del problema mediante unas cuantas disposiciones
reglamentarias. Lo que menos cabe a este respecto es el esquematismo. De lo
que se trata es de que todo nuestro Partido, todo el proletariado socialdemócra-
ta consciente en Rusia entera tome conciencia de esta nueva tarea, se la plantee
con claridad y emprenda en todas partes su cumplimiento. Liberados del cauti-
verio de la censura feudal, no queremos ser ni seremos presos de las relaciones
literarias mercantilistas burguesas. Queremos crear y crearemos una prensa
que sea libre no sólo con respecto a la policía, sino también con respecto al
capital, una prensa exenta de arribismo; es más, exenta también del individua-
lismo anárquico burgués.

Estas últimas palabras parecerán acaso una paradoja o una burla de que que-
remos hacer objeto a los lectores. ¿Cómo?, exclamará, tal vez, algún intelec-
tual, ardiente partidario de la libertad. ¿Cómo? ¡Pretenden supeditar al colecti-
vismo algo tan delicado e individual como la creación literaria! ¡Pretenden que
los obreros resuelvan por mayoría de votos las cuestiones de la ciencia, de la
filosofía y de la estética! ¡Niegan la libertad absoluta de la creación ideológica
absolutamente individual!

¡Tranquilícense, señores! En primer lugar, se trata de las publicaciones del


Partido y de su subordinación al control de éste. Cada cual es libre de escribir
y decir cuanto quiera, sin la menor cortapisa. Pero toda asociación libre (in-
cluido todo partido) es también libre para arrojar de su seno a aquellos de sus
miembros que utilicen el nombre del partido para propugnar puntos de vista
antipartido. La libertad de palabra y de prensa debe ser completa.
__________
[*] Oblómov: protagonista de la novela homónima del escritor ruso I. A. Goncharov. El nombre de
Oblómov se convirtió en sinónimo de rutina, estancamiento y pasividad.

27
Pero también debe serlo la libertad de asociación. Yo tengo la obligación de
concederte, en nombre de la libertad de palabra, pleno derecho a gritar, mentir
y escribir todo lo que desees. Pero tú tienes la obligación de concederme a mí,
en nombre de la libertad de asociación, el derecho a concertar o anular una
alianza con quienes se expresan de tal o cual manera. El partido es una unión
voluntaria cuya disgregación, primero ideológica y luego material, sería inevi-
table si no se desembarazase de los miembros que sostienen opiniones opues-
tas a las del partido. Pues bien, para determinar los límites entre lo que es del
partido y lo que es contrario al partido está el programa del mismo, están sus
resoluciones sobre táctica y sus estatutos y está, por último, toda la experiencia
de la socialdemocracia internacional, de las asociaciones voluntarias interna-
cionales del proletariado, que da constantemente entrada en sus partidos a
distintos elementos o tendencias no del todo consecuentes, no del todo marxis-
tas puros, no del todo justos, pero que también lleva siempre a cabo "depura-
ciones" periódicas de su partido. Así ocurrirá, señores partidarios de la "liber-
tad de crítica" burguesa, entre nosotros, dentro de nuestro Partido: ahora nues-
tro Partido se está transformando de golpe en un partido de masas; ahora esta-
mos atravesando un brusco tránsito a la organización abierta; ahora acudirán
indefectiblemente a nuestras filas muchos elementos inconsecuentes (desde el
punto de vista marxista), incluso algunos cristianos y hasta quizás místicos.
Tenemos un estómago resistente, somos marxistas firmes como la roca. Dige-
riremos a estos elementos inconsecuentes. La libertad de pensamiento y la
libertad de crítica en el seno del Partido jamás nos harán olvidar la libertad de
agrupación en asociaciones libres que se denominan partidos.

En segundo lugar, señores individualistas burgueses, debemos deciros que


vuestras peroraciones sobre la libertad absoluta son pura hipocresía. No puede
haber "libertad" real y efectiva en una sociedad fundada sobre el poder del
dinero, en una sociedad en la que las masas trabajadoras viven en la miseria
mientras un puñado de potentados vegeta en el parasitismo. ¿Acaso usted,
señor escritor, no depende de su editor burgués y de su público burgués, que le
exige pornografía en marcos[*] y estampas, y prostitución como "suplemento"
del "sagrado" arte escénico? Esta libertad absoluta es una frase burguesa o
anarquista (pues el anarquismo, como concepción del mundo, es la ideología
burguesa vuelta del revés). No se puede vivir en una sociedad y ser libre de esa
sociedad. La libertad del escritor, del pintor y de la actriz burgueses no es sino
la dependencia embozada (o que se trata de embozar hipócritamente) respecto
de la bolsa de oro, del soborno y el condumio.

Los socialistas desenmascaramos esa hipocresía y arrancamos falsos rótulos, y


no para conseguir una literatura y un arte independientes de las clases (esto
__________
[*] En el periódico que publicó este artículo hay, por lo visto, una errata: por el sentido, debería
decir "en novelas".

28
será posible únicamente en la sociedad socialista sin clases), sino para oponer a
la literatura hipócritamente libre, pero de hecho vinculada a la burguesía, una
literatura realmente libre y vinculada abiertamente al proletariado.

Será una literatura libre, porque no han de ser el afán de lucro y el arribismo,
sino la idea del socialismo y la simpatía por los trabajadores las que incorporen
a sus filas nuevas fuerzas. Será una literatura libre, porque servirá no a damise-
las hastiadas de todo, no a los "diez mil de arriba", cargados de aburrimiento y
de grasa, sino a millones y decenas de millones de trabajadores, que son la flor
y nata del país, su fuerza, su futuro. Será una literatura libre que fecundará la
última palabra del pensamiento revolucionario de la humanidad con la expe-
riencia y el trabajo vivo del proletariado socialista, una literatura que estable-
cerá una constante acción recíproca entre la experiencia del pasado (el socia-
lismo científico, culminación del desarrollo del socialismo desde sus formas
primitivas, utópicas) y la experiencia del presente (la lucha actual de los cama-
radas obreros).

¡Manos a la obra, camaradas! Tenemos por delante una tarea nueva y difícil,
pero grande y fecunda: organizar una vasta, multiforme y variada labor litera-
ria en ligazón estrecha e indisoluble con el movimiento obrero socialdemócra-
ta. Todas las publicaciones socialdemócratas deben ser publicaciones del Par-
tido. Todos los periódicos, revistas, editoriales, etc. deben emprender inmedia-
tamente el trabajo de reorganización, hacer que se incorporen por entero, de
una u otra forma, a tal o cual organización del Partido. Sólo entonces la litera-
tura "socialdemócrata" merecerá realmente este nombre; sólo entonces podrá
cumplir con su deber; sólo entonces podrá, incluso dentro de la sociedad bur-
guesa, sustraerse a la esclavitud de la burguesía y fusionarse con el movimien-
to de la clase verdaderamente avanzada y revolucionaria hasta el fin.

Nóvaya Zhizn, núm. 12,


13 de noviembre de 1905.

Obras Completas,
tomo 12.

NOTA

[1] Proletari (El Proletario): semanario bolchevique ilegal, Órgano Central del POSDR
después del III Congreso del Partido. Por acuerdo del Pleno del CC del 27 de abril (10
de mayo) de 1905 V. I. Lenin fue nombrado director del Órgano Central. El periódico
se publicó en Ginebra del 14 (27) de mayo al 12 (25) de noviembre de 1905. Participa-
ban constantemente en las labores de la Redacción V. V. Vorovski, A. V. Lunacharski
y M. S. Olminski. Realizaban una gran labor en la Redacción N. K. Krúpskaya, V. A.
Karpinski y V. M. Velíchkina.

29
SOBRE "VEJI" [*]

La célebre compilación Veji, compuesta por muy influyentes publicistas de-


mócratas constitucionalistas, esa publicación que se ha reeditado varias veces
en poco tiempo y que ha sido acogida con entusiasmo por toda la prensa reac-
cionaria, es un verdadero rasgo característico de la época. Por más que "corri-
jan" los periódicos demócratas constitucionalistas algunos pasajes de Veji, que
despiden un tufo excesivamente penetrante, por más que renieguen de ellos
algunos demócratas constitucionalistas que en nada pueden influir en la políti-
ca de todo su partido o que se proponen engañar a las masas respecto al verda-
dero significado de la misma, queda irrefutable el hecho de que Veji ha expre-
sado la indudable esencia del democonstitucionalismo contemporáneo. El
Partido Demócrata Constitucionalista es el partido de Veji.

Poniendo por encima de todo el desarrollo de la conciencia política y de clase


de las masas, la democracia obrera debe aplaudir fa aparición de Veji., ya que,
en esta publicación, los guías ideológicos de los demócratas constitucionalistas
desenmascaran magníficamente la esencia de su orientación política. Veji la
han escrito los señores Berdiáev, Bulgákov, Guershenzón, Kistiakovski, Stru-
ve, Frank e Izgóev. Los nombres de estos conocidos diputados, conocidos
renegados, conocidos demócratas constitucionalistas, son, de por sí, bastante
elocuentes. Los autores de Veji se presentan como los verdaderos guías ideoló-
gicos de toda una tendencia social, al ofrecer en un conciso ensayo toda una
enciclopedia de filosofía, religión, política y publicística[1], y una apreciación
de todo el movimiento liberador y de toda la historia de la democracia rusa. Al
llamar a Veji "compilación de artículos acerca de los intelectuales rusos", los
autores han reducido con ese subtítulo el verdadero tema de sus escritos, pues
los "intelectuales" aparecen realmente en esos artículos como los guías espiri-
tuales, los inspiradores y los portavoces de toda la democracia rusa y de todo el
movimiento liberador de Rusia. Veji es el más importante mojón en el camino
de la ruptura absoluta del democonstitucionalismo ruso y del liberalismo ruso
en general con el movimiento liberador de Rusia, con todos sus objetivos fun-
damentales, con todas sus tradiciones básicas.

__________
[*] Antes de aparecer este artículo, Lenin expuso en Lieja, el 29 de octubre (del nuevo calendario)
de 1909, una ponencia pública sobre el tema La ideología de la burguesía contrarrevolucionaria;
el 26 de noviembre expuso en París una ponencia sobre La ideología del liberalismo contrarrevo-
lucionario (El éxito de "Veji" y su significación social).

30
I

La enciclopedia de la apostada liberal comprende 3 temas principales: 1)


lucha contra las bases ideológicas de toda la concepción del mundo de la de-
mocracia rusa (e internacional); 2) abjuración del movimiento liberador de
años recientes y denigración del mismo; 3) proclamación franca de sus senti-
mientos "lacayunos" (y de su correspondiente política "lacayuna") respecto a la
burguesía octubrista, respecto al viejo Poder, respecto a toda la vieja Rusia en
general.

Los autores de Veji comienzan exponiendo las bases filosóficas de la concep-


ción "intelectual" del mundo. Hilo de engarce de todo el libro es la lucha re-
suelta contra el materialismo, al que se tilda de dogmatismo, de metafísica, de
"la forma más elemental e inferior del pensamiento filosófico" (pág. 4: las
referencias se hacen a la primera edición de Veji). El positivismo se condena
porque fue "para nosotros" (es decir, para los "intelectuales" rusos fulminados
por Veji) "idéntico a la metafísica materialista" o se interpretaba "exclusiva-
mente en el espíritu del materialismo" (15), mientras que "ningún místico,
ningún creyente puede negar el positivismo científico ni la ciencia" (11).

¡Ahí queda eso! Como ven, Veji ataca a los "intelectuales" por su "enemistad a
las tendencias idealistas y místico-religiosas" (6). "En todo caso, Yurkévich
fue, comparado con Chernishevski, un verdadero filósofo" (4).

Es completamente lógico que, al sustentar ese punto de vista, Veji descargue


infatigablemente sus rayos contra el ateísmo de los "intelectuales" y se empeñe
con toda decisión por restaurar en toda su plenitud la concepción religiosa del
mundo. Es completamente lógico que, después de fulminar a Chemishevski
como filósofo, Veji fulmine a Belinski como publicista. Belinski, Dobroliúbov
y Chernishevski fueron los guías de los "intelectuales" (134, 56, 32, 17 y otras
páginas). Chaadáev, Vladímir Soloviov y Dostoievski "no son, en absoluto,
intelectuales". Los primeros fueron los guías de la tendencia contra la que Veji
lucha a vida o muerte. Los segundos "repetían infatigables" lo mismo que
repite Veji, pero "no se les escuchó, los intelectuales pasaban de largo junto a
ellos", dice la introducción a Veji.

Basta eso para que el lector vea que Veji no ataca a los "intelectuales" y que se
trata tan sólo de un modo de expresión artificial, que embrolla las cosas. El
ataque se despliega en toda la línea contra la democracia, contra la concepción
del mundo democrática. Y como a los guías ideológicos del partido que se
proclama "demócrata constitucionalista" les resulta violento llamar a las cosas
por su verdadero nombre; hacen suya la terminología de "Moskovskie Védo-
mosti"[2] y no reniegan de la democracia —¡indigna calumnia!— sino, única-

31
mente, de los "intelectualoides".

Veji clama que la carta de Belinski a Gógol es una "ardorosa y clásica expre-
sión de la mentalidad de los intelectuales"(56). "La historia de nuestra publi-
cística después de Belinski es, en lo que se refiere a la interpretación de la
vida, una verdadera pesadilla" (82).

¡Vaya, vaya! Por lo visto, el estado de ánimo de los campesinos siervos en


contra de la servidumbre es una actitud "propia de intelectuales". La historia de
la protesta y de la lucha de las vastas masas de la población desde 1861 hasta
1905 contra los vestigios de la servidumbre en todo el modo de vida ruso es,
por lo visto, una "verdadera pesadilla". Pero ¿quizá, según nuestros inteligen-
tes y doctos autores, el estado de ánimo de Belinski en la carta a Gógol no
dependiera del estado de ánimo de los campesinos siervos? ¿Quizá la historia
de nuestra publicística no dependiera de la indignación de las masas populares
contra los vestigios de la opresión feudal?

"Moskovskie Védomosti" siempre se afanó en demostrar que la democracia de


Rusia, a partir, aunque sea, de Belinski, no expresa en absoluto los intereses de
las vastas masas de la población en lucha por los derechos más elementales del
pueblo, vulnerados por las instituciones feudales, y únicamente expresa un
"estado de ánimo propio de intelectuales".

El programa de Veji y el de Moskovskie Védomosti en filosofía y en publicísti-


ca es el mismo. Pero, en filosofía, los renegados liberales se han hecho el áni-
mo de decir toda la verdad, de descubrir todo su programa (guerra al materia-
lismo y al positivismo interpretado desde el punto de vista materialista, y res-
tauración del misticismo y de la concepción del mundo mística), pero en publi-
cística se andan por las ramas, nos vienen con rodeos, hacen el jesuita. Han
roto con las ideas más básicas de la democracia, con las tendencias democráti-
cas más elementales, pero fingen que rompen tan sólo con los "intelectualoi-
des". La burguesía liberal abandona resueltamente la defensa de los derechos
del pueblo para ponerse a defender instituciones enfiladas contra el pueblo.
Pero los politicastros liberales desean seguir llamándose "demócratas".

El mismo truco que han hecho con la carta de Belinski a Gógol y con la histo-
ria de la publicística rusa se hace con la historia del movimiento reciente.

32
II

En realidad, en Veji se ataca tan sólo a los intelectuales que fueron portavoces
del movimiento democrático, y eso se hace únicamente por aquello, en lo que
fueron verdaderos participantes de dicho movimiento. Veji ataca furiosamente
a los intelectuales precisamente porque esa "pequeña secta clandestina apare-
ció en este mundo de Dios, .ganó multitud de adeptos y, por cierto tiempo,
adquirió influencia ideológica y fue incluso realmente poderosa" (176). Los
liberales simpatizaban con los "intelectuales" y los apoyaron a escondidas de
vez en cuando, mientras fueron tan sólo una pequeña secta clandestina, mien-
tras no ganaron multitud de adeptos, mientras no llegaron a ser una fuerza
realmente poderosa; eso quiere decir que el liberal simpatizó con la democra-
cia mientras ésta no puso en movimiento a las verdaderas masas, ya que sin la
participación de éstas servía únicamente los fines egoístas del liberalismo y
ayudaba sólo a la cúspide de la burguesía liberal a acercarse al poder. El liberal
volvió la espalda a la democracia cuando ésta atrajo al movimiento a las masas
que comenzaron a cumplir sus tareas y a defender sus intereses. Encubriéndose
con gritos contra los "intelectuales" democráticos, los demócratas constitucio-
nalistas hacen realmente la guerra al movimiento democrático de las masas.
Uno de los innumerables y elocuentes desenmascaramientos de eso en Veji
consiste en que dicha publicación proclama el gran movimiento social de fines
del Siglo XVIII en Francia "modelo de revolución intelectual bastante durade-
ra, en la que se manifestaron todas sus potencias espirituales" (57).

¿Verdad que es precioso? ¡El movimiento francés de fines del Siglo XVIII no
es, sépanlo ustedes, un modelo del más profundo y vasto movimiento demo-
crático de las masas, sino un modelo de revolución "intelectual"! Por cuanto
nunca y en ningún lugar del mundo las tareas democráticas se cumplieron sin
un movimiento de tipo homogéneo, es bien evidente que los guías ideológicos
del liberalismo rompen, precisamente, con la democracia.

Al cubrir de improperios a los intelectuales rusos, Veji ataca, precisamente, a


lo que es secuela necesaria y expresión de todo movimiento democrático. "El
injerto del radicalismo político de las ideas de los intelectuales al radicalismo
social de los instintos populares[3] se realizó con rapidez vertiginosa" (141), y
eso fue "no sólo un error político, no sólo un error táctico. Fue un error moral".
Donde no hay masas populares agobiadas por los sufrimientos, no puede haber
tampoco movimiento democrático. Pero el movimiento democrático se distin-
gue de un simple "motín" precisamente en que marcha bajo la bandera de de-
terminadas ideas políticas radicales. El verdadero sentido del pensamiento de
Veji, que en nada se distingue de los verdaderos pensamientos de Pobedonós-
tsev, es que el movimiento democrático y las ideas democráticas no sólo son
erróneos políticamente e impropios tácticamente, sino que son pecaminosos

33
desde el punto de vista de la moral. Pobedonóstsev, por cierto, ha expresado
con mayor honestidad y franqueza lo mismo que dicen los señores Struve,
Izgóev, Frank y Cía.

Cuando Veji pasa a exponer con mayor precisión el contenido de las odiosas
ideas "intelectuales", habla, naturalmente, de ideas "de izquierda", en general,
y de las ideas populistas y marxistas, en particular. A los populistas se les
acusa de "falso amor al campesinado", y a los marxistas, "al proletariado" (9).
A unos y otros se los reduce a polvo y cenizas por su "idolatría al pueblo" (59.
59-60). Para el odiado "intelectual" "Dios es el pueblo, y su único fin es la
felicidad de la mayoría" (159). Lo que más impreso ha quedado en la memoria
del demócrata constitucionalista Bulgákov de todo lo que ocurrió en la II Du-
ma, lo que más le indignó fueron los "violentos discursos del bloque ateo de
izquierdas" (29). Y no cabe ninguna duda de que Bulgákov ha expresado aquí
con un poco más de realce que otros la sicología general de los demócratas
constitucionalistas, los pensamientos recónditos de todo el Partido Demócrata
Constitucionalista.

No es casual, sino inevitable, que para el liberal se borre toda diferencia entre
el populismo y el marxismo; no se trata de un "ardid" de un literato (que cono-
ce perfectamente esa diferencia), sino de una expresión lógica de la esencia
actual del liberalismo. Y es así porque, actualmente, la burguesía liberal de
toda Rusia teme y odia no tanto el movimiento socialista de la clase obrera de
Rusia, como el movimiento democrático de los obreros y los campesinos, es
decir, teme y odia lo que tienen de común el populismo y el marxismo, su
defensa de la democracia mediante la apelación a las masas. Para la época
presente es típico que en Rusia el liberalismo se haya vuelto resueltamente
contra la democracia; es bien natural que no le interesen ni las diferencias en el
seno de los demócratas ni los fines, objetivos y perspectivas que se abrirán
sobre la base de una democracia realizada.

En Veji menudean mucho las palabrejas por el estilo de "idolatría al pueblo".


No debe extrañar que así sea, pues a la burguesía liberal, temerosa del pueblo,
no le queda más que gritar acerca de la "idolatría al pueblo" por parte de los
demócratas. La retirada no puede menos de encubrirse con un fuerte redoblar
de tambores. Está claro que no se puede negar directamente que los diputados
obreros y campesinos de las 2 primeras Dumas expresaban los verdaderos
intereses, reivindicaciones y puntos de vista de las masas obreras y campesi-
nas. Pero fueron precisamente esos diputados "intelectuales"[4] quienes infun-
dieron a los demócratas constitucionalistas un insondable odio a "las izquier-
das", porque desenmascaraban las eternas dejaciones de la democracia que
hacían los demócratas constitucionalistas. No se puede, claro está, negar abier-
tamente las "cuatro reivindicaciones"[5]; y ningún político, por poco honesto

34
que fuera, podía poner en duda que unas elecciones celebradas sobre la base de
las "cuatro reivindicaciones", o sea, las elecciones verdaderamente democráti-
cas, darían en la Rusia presente una mayoría inmensa a los diputados trudovi-
ques, junto con los del partido obrero.

A la burguesía liberal en retirada no le queda otro remedio que encubrir su


ruptura con la democracia recurriendo a palabrejas del vocabulario de Mos-
kovskie Védomosti y Nóvoe Vremia; toda la compilación Veji está acribillada
de palabrejas de ese jaez.

Veji es un verdadero torrente de agua sucia de la reacción vertido sobre la


democracia. Se comprende que los publicistas de Nóvoe Vremia, Rozánov,
Ménshikov y A. Stolipin, se apresuraran a besar a Veji. Se comprende que esa
obra de los guías del liberalismo entusiasmara a Antoni, el obispo de Volinia.

"Cuando el intelectual —dice Veji— meditaba en torno a su deber para con el


pueblo, nunca llegó a pensar en que la idea de la responsabilidad personal,
base de todo deber, debía referirse no sólo a él, el intelectual, sino también al
pueblo" (139). El demócrata meditaba en torno a la ampliación de los derechos
y las libertades del pueblo, revistiendo este pensamiento de palabras acerca del
"deber" de las clases de arriba para con el pueblo. El demócrata nunca pudo
llegar a pensar y nunca llegará a pensar que en el país anterior a la Reforma o
en el país de la "Constitución" del 3 de junio se pueda hablar de la "responsabi-
lidad" del pueblo ante las clases gobernantes. Para "llegar a pensar" en eso, el
demócrata o seudodemócrata debería convertirse definitivamente en un liberal
contrarrevolucionario.

"El egoísmo, la autoafirmación, es una gran fuerza —leemos en Veji—, y


precisamente ella hace de la burguesía occidental un poderoso instrumento
inconsciente de la obra de Dios en la Tierra" (95). Esto no es más que una
repetición, sazonada con aceite de lámpara, del famoso "Enrichissez-vous!"
(¡Enriquézcanse!) o de nuestro lema ruso: "¡Ciframos nuestras esperanzas en
los fuertes!"[6] Cuando la burguesía ayudaba al pueblo a luchar por la libertad,
declaraba esta lucha obra divina. Cuando se asustó del pueblo y pasó a apoyar,
en contra de él, todas las reminiscencias medievales, declaró causa santa el
"egoísmo", el enriquecimiento, la política exterior chovinista, etc. Eso ocurrió
en Europa en todas partes. Eso se está repitiendo en Rusia.

"La revolución hubiera debido terminar real y formalmente con el acto del 17
de octubre" (136). Ese es el alfa y el omega del octubrismo, es decir, del pro-
grama de la burguesía contrarrevolucionaria. Los octubristas siempre dijeron
eso y actuaron abiertamente en consecuencia. Los demócratas constitucionalis-
tas actuaban a escondidas del mismo modo (a partir del 17 de octubre), pero, al

35
proceder así, querían fingirse demócratas. El deslinde pleno, claro y abierto
entre los demócratas y los renegados es lo más provechoso Y lo más necesario
para el éxito de la causa de la democracia. Hay que utilizar Veji para esta nece-
saria obra. "Hay que tener, por fin, el valor de reconocer —dice el renegado
lzgóev— que en nuestras Dumas de Estado la inmensa mayoría de los dipu-
tados, a excepción de unos 30 o 40 demócratas constitucionalistas y octubris-
tas, no pusieron de manifiesto conocimientos con los que se pudiera pasar a
gobernar y reestructurar Rusia" (208). Claro, ¿cómo van los diputados trudovi-
ques de los campesinos o unos obreros a poner manos a esa obra? Para eso
hace falta una mayoría de demócratas constitucionalistas y octubristas, y para
esa mayoría se necesita una III Duma...

Y para que el pueblo y quienes lo idolatran comprendan su "responsabilidad"


ante quienes decidan en la III Duma Y en la Rusia de la III Duma, hay que
predicar al pueblo —junto con Antoni, el obispo de Volinia— "arrepentimien-
to" (Veji, 26), "mansedumbre" (49), lucha contra el "orgullo del intelectual"
(52), "obediencia" (55), "el sencillo y basto alimento del viejo Decálogo de
Moisés" (51), la lucha contra la "legión de demonios que se han introducido en
el gigantesco cuerpo de Rusia" (68). Si los campesinos eligen a los trudoviques
y los obreros a los socialdemócratas, eso, claro está, es, precisamente, cosa del
diablo, pues, hablando en rigor, el pueblo, como lo descubrieran hace mucho
tiempo Katkov y Pobedonóstsev, siente, por su propia naturaleza, "odio a los
intelectuales" (87; léase: a la democracia).

Por eso, los ciudadanos de Rusia, nos alecciona Veji, deben "bendecir ese
poder, el único que, con sus bayonetas y cárceles, nos protege todavía a noso-
tros (los 'intelectuales') de las furias del pueblo" (88).

Esa tirada tiene de bueno que es sincera, y de provechoso, que descubre la


verdadera esencia de la política del Partido Demócrata Constitucionalista en
toda la fase de 1905 a 1909. Esa tirada tiene de bueno que pone al desnudo
concisa y claramente todo el espíritu de Veji. Y Veji tiene de bueno que pone al
desnudo todo el espíritu de la política real de los liberales rusos, comprendidos
los demócratas constitucionalistas. Por eso la polémica de los demócratas
constitucionalistas con Veji y su deslinde con Veji son pura hipocresía, son una
palabrería incurable. Y es así porque, en realidad, los demócratas constitucio-
nalistas, como colectividad, como partido, como fuerza social, han aplicado y
aplican precisamente la política de Veji. Los llamamientos a ir a la Duma de
Buliguin[7] en agosto y en septiembre de 1905, la traición a la causa de la de-
mocracia a fines del mismo año, el temor sistemático al pueblo y al movimien-
to popular, la lucha sistemática contra los diputados de los obreros y de los
campesinos en las 2 primeras Dumas, la votación por el presupuesto, el discur-
so de Karaúlov sobre la religión y el de Berezovski sobre el problema agrario

36
en la III Duma y el viaje a Londres son, todo ello, infinitos jalones de esa polí-
tica, precisamente de esa política proclamada ideológicamente en Veji.

La democracia rusa no podrá dar un paso adelante mientras no comprenda la


esencia de esa política, mientras no comprenda sus raíces de clase.

Novi Den, núm. 15,


13 de diciembre de 1909.

Obras Completas,
tomo 19.

NOTAS

[1] En ruso, la publicística es un género literario que abarca todos los escritos referentes
a problemas sociopolíticos de actualidad, sean artículos, ensayos, panfletos, etcétera.
[2] "Moskovskie Védomosti" (Anales ·de Moscú): periódico editado desde 1756 por la
Universidad de Moscú, inicialmente en forma de pequeño boletín. En 1863 pasó a
manos de M. Katkov y se convirtió en órgano monárquico-nacionalista que expresaba
las ideas de los sectores más reaccionarios de los terratenientes y el clero. A partir de
1905 pasó a ser uno de los principales portavoces de las centurias negras. Apareció
hasta la Revolución Socialista de Octubre de 1917.
[3] "De las masas populares agobiadas por los sufrimientos", se dice en la misma pági-
na, 2 líneas más adelante.
[4] La tergiversación por Veji del sentido habitual de la palabra "intelectual" resulta
verdaderamente divertida. Basta con hojear las listas de los diputados a las 2 primeras
Dumas para ver en seguida que la mayoría aplastante de los trudoviques eran campesi-
nos, la mayoría de los socialdemócratas, obreros, y que la masa de los intelectuales
burgueses estaba concentrada en el sector demócrata constitucionalista.
[5] Las "cuatro reivindicaciones": nombre abreviado del sistema democrático electoral,
que incluye 4 reivindicaciones: sufragio universal, igual, directo y secreto.
[6] La frase "¡Enriquézcanse, señores, y podrán votar!", pertenece a Guizot, virtual jefe
del Gobierno francés entre 1840 y 1848, designado oficialmente presidente del Consejo
de Ministros en 1847. Con ella respondió a quienes exigían la reducción del requisito
de tener grandes propiedades. Con las palabras de que el Gobierno cifra sus "esperanzas
en los fuertes y sólidos, y no en los borrachos y miserables", P. Stolipin expresó en su
discurso en la III Duma de Estado, el 5 (18) de diciembre de 1908, el contenido esencial
del decreto del 9 (22) de noviembre de 1906.
[7] Duma de Estado consultiva. A. Buliguin, Ministro del Interior, redactó, por encargo
del zar, el proyecto de ley sobre su convocatoria. El 6 (19) de agosto de 1905 fueron
publicados el manifiesto del zar, la ley sobre la institución de la Duma de Estado y el
reglamento de las elecciones a la Duma. Se concedían derechos electorales sólo a los
terratenientes, a los grandes capitalistas y a un pequeño número de campesinos propie-
tarios de haciendas. La Duma de Estado no tenía derecho a aprobar leyes, únicamente

37
podía examinar algunas cuestiones como órgano consultivo adjunto al zar. Los bolche-
viques exhortaron a los obreros y campesinos a declarar un boicot activo a la Duma de
Buliguin y concentraron toda la campaña de agitación en torno a las siguientes consig-
nas: insurrección armada, ejército revolucionario y gobierno provisional revolucionario.
Los mencheviques consideraban posible participar en las elecciones a la Duma y pro-
pugnaban la colaboración con la burguesía liberal. Los bolcheviques utilizaron la cam-
paña del boicot a la Duma de Buliguin para movilizar a todas las fuerzas revoluciona-
rias, para organizar huelgas políticas de masas y preparar la insurrección armada. Las
elecciones a la Duma no se celebraron, y el Gobierno no logró convocarla. Fue barrida
por el creciente ascenso de la revolución y la huelga política de octubre de toda Rusia
de 1905.

38
NOTAS DE UN PUBLICISTA
SOBRE LA "PLATAFORMA" DE LOS PARTIDARIOS Y DEFENSO-
RES DEL OTZOVISMO

[...]

Para salir de este círculo vicioso de contradicciones, hay que dejarse de diplo-
macias con el otzovismo, hay que cortar sus raíces ideológicas; hay que adop-
tar el criterio de la resolución de diciembre y analizarlo a fondo. El actual
período interrevolucionario no es producto de la casualidad. Ahora ya es indu-
dable que estamos ante una etapa peculiar de desarrollo de la autocracia, de
desarrollo de la monarquía burguesa, del parlamentarismo burgués-
centurionegrista, de la política burguesa del zarismo en el campo, y todo ello
apoyado por la burguesía contrarrevolucionaria. Este es sin duda un período de
transición "entre 2 olas de la revolución"; pero, para prepararse con vistas a la
segunda revolución, es necesario comprender bien el particularismo de esta
transición, es necesario saber adaptar la táctica y la organización a esta difícil,
dura y sombría transición que nos impone todo el curso de la "campaña". Uti-
lizar la tribuna de la Duma, así como cualesquiera otras posibilidades legales,
es uno de los modestos métodos de lucha que no tienen nada "brillante"[1]. Pero
el período de transición es precisamente de transición porque su tarea específi-
ca consiste en preparar y reunir las fuerzas, y no en conducirlas a una acción
inmediata y decisiva. Saber organizar esta actividad, desprovista de brillo
exterior, saber utilizar para eso todas las instituciones semilegales, propias de
la época de la Duma centurionegrista-octubrista, saber defender también en
este terreno todas las tradiciones de la socialdemocracia revolucionaria, todas
las consignas de su reciente pasado heroico, todo el espíritu de su labor, toda
su irreconciliable actitud hacia el oportunismo y el reformismo: tal es la tarea
del Partido, tal es la tarea del momento.

Hemos analizado la primera desviación de la nueva plataforma con respecto a


la táctica expuesta en la resolución de la Conferencia de Diciembre de 1908.
Hemos visto que es una desviación hacia las ideas otzovistas, hacia ideas que
nada tienen en común con el análisis marxista de la situación que vivimos ni
con las premisas fundamentales de la táctica socialdemócrata revolucionaria en
general. Debemos ahora analizar el segundo rasgo original de la nueva plata-
forma.

Se trata del objetivo, proclamado por el nuevo grupo, de "crear" y "difundir


entre las masas una cultura nueva, proletaria": "desarrollar una ciencia proleta-

39
ria, reforzar las relaciones auténticamente amistosas entre los proletarios, ela-
borar una filosofía proletaria, orientar el arte hacia las aspiraciones y experien-
cias proletarias" (pág. 17).

¡He aquí una muestra de esa ingenua diplomacia que en la nueva plataforma
sirve para encubrir la esencia del asunto! ¿No es acaso ingenuo que entre la
"ciencia" y la "filosofía" se inserte "reforzar las relaciones auténticamente
amistosas"? El nuevo grupo incluye en la plataforma sus supuestos agravios,
sus acusaciones contra los otros grupos (a saber: contra los bolcheviques orto-
doxos en primer lugar), culpándoles de haber roto las "relaciones auténtica-
mente amistosas". Tal es exactamente el contenido real de este divertido pun-
to.

La "ciencia proletaria" también tiene aquí un aspecto "triste e inoportuno". En


primer lugar, actualmente sólo conocemos una ciencia proletaria: el marxismo.
No se sabe por qué razón los autores de la plataforma evitan sistemáticamente
emplear este término, el único exacto, y usan en todos los casos las palabras
"socialismo científico" (págs. 13, 15, 16, 20 y 21). Es sabido que en Rusia esta
última expresión es reclamada también por los adversarios declarados del
marxismo. En segundo lugar, si se incluye en la plataforma la tarea de desarro-
llar una "ciencia proletaria", hay que decir con claridad a qué lucha ideológica
y teórica de nuestra época se refieren sus autores, y de parte de quién se colo-
can. Callarlo es un ingenuo subterfugio, pues la esencia del asunto aparece
clara para cualquiera que conozca la literatura socialdemócrata de 1908-1909.
En nuestra época, en el campo de la ciencia, de la filosofía y del arte, la lucha
entre los marxistas y machistas[*] ha pasado a primer plano. Es por lo menos
ridículo cerrar los ojos ante este hecho públicamente conocido. No se debe
escribir "plataformas" para encubrir divergencias, sino para esclarecerlas.

Nuestros autores se delatan torpemente en el mencionado pasaje de la plata-


forma. Todos saben que, en realidad, la expresión "filosofía proletaria" desig-
__________
[*] Machistas: partidarios del machismo (doctrina de Mach) o del empiriocriticismo, corriente
filosófica idealista subjetivista y reaccionaria que adquirió amplia difusión en Europa Occidental
entre finales del Siglo XIX y comienzos del XX. Fueron sus fundadores el físico y filósofo austría-
co E. Mach y el filósofo alemán R. Avenarius. Era una corriente de la filosofía idealista burguesa
particularmente peligrosa para la clase obrera, por cuanto en las palabras se manifestaba contra el
idealismo y recurría a las ciencias naturales modernas, lo que le daba apariencia "científica".
Durante el período de la reacción en Rusia, parte de los intelectuales socialdemócratas cayó bajo
su influencia. Escudándose en hipócritas declaraciones sobre el desarrollo del marxismo, los
machistas rusos se dedicaban en la práctica a la revisión de los fundamentos de la filosofía marxis-
ta. En su libro Materialismo y empiriocriticismo, V. I. Lenin puso .al descubierto la esencia reac-
cionaria de esa corriente, defendió la filosofía marxista contra los ataques de los revisionistas y
desarrolló en todos los aspectos el materialismo dialéctico e histórico en las nuevas condiciones
históricas. La derrota del machismo asestó un rudo golpe a las posiciones ideológicas del menche-
vismo, el otzovismo y la construcción de Dios.

40
na precisamente el machismo; y todo socialdemócrata sensato descubrirá en el
acto el "nuevo" seudónimo. No había por qué inventar ese seudónimo. No
había por qué ocultarse tras él. En los hechos, el más influyente núcleo literario
del nuevo grupo es machista y considera no-"proletaria" la filosofía no-
machista.

Y si se quería hablar de eso en la plataforma, había que expresarlo así: el nue-


vo grupo reúne personas que lucharán contra las teorías no-"proletarias", es
decir, no-machistas, en la filosofía y en el arte. Hubiera sido una toma de posi-
ción franca, abierta, veraz, de una corriente ideológica conocida por todos, una
declaración de guerra a las otras corrientes. Cuando se estima que la lucha
ideológica tiene gran importancia para el Partido, no hay que esconderse, sino
salir a la luz con una abierta declaración de guerra.

Por nuestra parte, llamaremos a todos a dar una respuesta clara y definida a la
velada declaración de lucha filosófica contra el marxismo contenida en la
plataforma. En los hechos, toda la fraseología sobre "cultura proletaria" encu-
bre precisamente la lucha contra el marxismo. El rasgo "original" del nuevo
grupo consiste en que ha introducido la filosofía en una plataforma partidista,
sin decir claramente qué corriente filosófica defiende.

Por otra parte, no sería justo decir que el contenido real de las palabras de la
plataforma antes citadas es íntegramente negativo. Tienen también cierto con-
tenido positivo. Y lo podemos expresar con un solo nombre: M. Gorki.

En efecto, no hay por qué ocultar un hecho al que la prensa burguesa ha dado
ya gran publicidad (deformándolo y tergiversándolo), a saber: que M. Gorki es
partidario del nuevo grupo. Gorki es sin duda el más grande representante del
arte proletario, por el que hizo mucho y aún puede hacer mucho más. Cual-
quier fracción del Partido Socialdemócrata puede sentir legítimo orgullo de
contar a Gorki entre sus integrantes, pero incluir por eso en la plataforma "el
arte proletario" significa extender a la plataforma un testimonium paupertatis,
significa reducir el propio grupo a un círculo literario, que se imputa, precisa-
mente, "inclinación ante las autoridades"... Los autores de la plataforma hablan
mucho contra el reconocimiento de autoridades sin explicar abiertamente de
qué se trata. Se trata de que, para ellos, la defensa por los bolcheviques del
materialismo en filosofía y la lucha de los bolcheviques contra el otzovismo es
un asunto que incumbe a ciertas "autoridades" (¡una sutil alusión a un asunto
serio!), en quienes los enemigos del machismo, dicen, tienen una "confianza
ciega". Tales humoradas son, por supuesto, totalmente pueriles. Los adeptos de
Vperiod son precisamente quienes encaran mal el trato a las autoridades. Gorki
es una autoridad en materia de arte proletario, esto es indiscutible. Esforzarse
por "utilizar" (en el sentido ideológico, desde luego) esta autoridad para forta-

41
lecer el machismo y el otzovismo es una muestra de cómo no debe tratarse a
las autoridades.

En materia de arte proletario, M. Gorki es un gran signo más, pese a su simpa-


tía por el machismo y el otzovismo. En materia de desarrollo del movimiento
socialdemócrata proletario la plataforma que forma en el Partido un grupo
separado de otzovistas y machistas, asignando como tarea especial a este grupo
el desarrollo de un arte pretendidamente "proletario", es un signo menos, pues
esta plataforma quiere afirmar y utilizar de la obra de una gran autoridad preci-
samente lo que constituye su aspecto débil, lo que figura como cantidad nega-
tiva en el total de los inmensos servicios que ha hecho al proletariado.

Publicado el 6 (19) de marzo


y el 25 de mayo (7 de junio) de 1910,
en los números 1 y 2 de Diskussionní Listok.

Obras Completas,
tomo 19.

NOTA

[1] Recordemos que Lenin, 3 años antes, en Prefacio a la traducción rusa del
libro correspondencia de J. F. Becker, J. Dietzgen, F. Engels, C. Marx y otros
con F. A. Sorge y otros (Obra Completas, tomo 15, págs. 257-259, abril de
1907), escribió:

[...]

De ahí se desprende que en el curso de más de un decenio Marx y Engels lucharon


sistemática e incesantemente contra el oportunismo en el Partido Socialdemócrata
Alemán y combatieron el espíritu filisteo intelectual y pequeñoburgués en el socia-
lismo. Este es un hecho de suma importancia. El gran público sabe que la socialde-
mocracia alemana es tenida por modelo de política y táctica marxistas del proleta-
riado, pero ignora la lucha constante que los fundadores del marxismo hubieron de
sostener contra "el ala derecha" (expresión de Engels) de este partido. Y no es ca-
sual que poco después de la muerte de Engels se manifestara abiertamente esta lu-
cha, hasta entonces latente. Era el resultado inevitable de decenios de desarrollo
histórico de la socialdemocracia alemana.

Y en la actualidad resaltan ante nosotros con singular relieve las 2 trayectorias de


los consejos, indicaciones, correctivos, amenazas y moralejas de Engels (y de
Marx). Los 2 exhortaron con la mayor perseverancia a los socialistas anglo-
norteamericanos a que se fundiesen con el movimiento obrero y extirpasen de sus
propias organizaciones el estrecho y rutinario espíritu de secta. Los 2 enseñaron con
la mayor perseverancia a los socialdemócratas alemanes a no caer en el filisteísmo,

42
en "el cretinismo parlamentario"[*] (expresión de Marx en la carta del 19 de sep-
tiembre de 1879), en el oportunismo intelectual pequeñoburgués.

¿No es acaso sintomático que nuestras comadres socialdemócratas cacareen tanto


sobre los consejos del primer tipo y cierren el pico respecto del segundo? ¿Acaso
semejante apreciación unilateral de las cartas de Marx y Engels no es el mejor indi-
cio de que nuestra socialdemocracia, la socialdemocracia de Rusia, presenta cierto...
"carácter unilateral"?

Hoy, cuando el movimiento obrero internacional descubre síntomas de profunda


efervescencia y vacilación, cuando los excesos del oportunismo, del "cretinismo
parlamentario" y del reformismo filisteo han hecho surgir los excesos opuestos del
sindicalismo revolucionario, la trayectoria general de "los correctivos" hechos por
Marx y Engels al socialismo anglo-norteamericano y alemán adquiere una impor-
tancia excepcional.

Marx y Engels enseñaban a los socialistas de los países donde no existe un partido
obrero socialdemócrata, ni hay diputados socialdemócratas en los parlamentos, ni
política socialdemócrata sistemática y consecuente en las elecciones y en la prensa,
etc., en estos países los socialistas deben romper a toda costa con el sectarismo es-
trecho e incorporarse al movimiento obrero a fin de interesar en la lucha política al
proletariado. Pues tanto en Inglaterra como en Norteamérica, a lo largo del último
tercio del Siglo XIX, el proletariado no mostró casi ninguna independencia política.
La liza política en estos países —ante la ausencia casi absoluta de tareas históricas
de carácter democrático burgués— estaba ocupada enteramente por una burguesía
triunfante y satisfecha de sí misma, sin igual en todo el mundo en el arte de embau-
car, corromper y sobornar a los obreros.

Creer que estos consejos de Marx y Engels al movimiento obrero anglo-


norteamericano pueden ser aplicados lisa y llanamente a las circunstancias de Rusia
significa utilizar el marxismo para un mezquino ajuste fraccional de cuentas entre
intelectuales y no para asimilar su método ni para estudiar las peculiaridades histó-
ricas concretas del movimiento obrero en países determinados.

Por el contrario, en un país donde la revolución democrática burguesa ha quedado


sin terminar, donde imperaba e impera "un despotismo militar revestido de formas
parlamentarias" (expresión de Marx en su Crítica del Programa de Gotha) donde el
proletariado hace ya mucho que participa en la política y aplica una política social-
demócrata, en un país así temían Marx y Engels más que nada el envilecimiento

__________
[*] Cretinismo parlamentario: término usado por Marx y Engels que se refiere a la fe de los opor-
tunistas en que el sistema parlamentario de gobierno es omnipotente y la parlamentaria la única y
principal forma de lucha política en todas las circunstancias. El "cretinismo parlamentario" es una
enfermedad incurable, escribió Engels, "que hace a sus infelices víctimas compenetrarse con la
solemne convicción de que todo el mundo, su historia y su futuro se rigen y determinan por la
mayoría de votos de aquella institución representativa la cual tiene el honor de contar con ellos
entre sus miembros..." (C. Marx y F. Engels, La revolución y contrarrevolución en Alemania).

43
parlamentario y el empequeñecimiento filisteo de las tareas y proporciones del mo-
vimiento obrero.

Con tanto mayor motivo debemos recalcar y poner en primer plano, en la época de
la revolución democrática burguesa en Rusia, este aspecto del marxismo, porque en
nuestro país hay una prensa burguesa liberal extendida, "brillante" y rica, que pre-
gona a miles de voces ante el proletariado la "ejemplar" lealtad, la legalidad parla-
mentaria, la modestia y la moderación del vecino movimiento obrero alemán.

Esta patraña interesada de los traidores burgueses de la revolución rusa no es fruto


de la casualidad ni de la perversidad personal de alguno que otro de los antiguos o
futuros Ministros del campo de los demócratas constitucionalistas. Es fruto de los
profundos intereses económicos de los terratenientes liberales y burgueses liberales
de Rusia. Y en la lucha contra esta patraña, contra este "aturdimiento de las masas"
("Massenverdummung", según expresión de Engels en la carta del 29 de noviembre
de 1886), las cartas de Marx y Engels deben servir de arma insustituible para todos
los socialistas de Rusia.

44
CARTAS A A. M. GORKI
7 de febrero de 1908

Querido A. M.: Acerca de su declaración consultaré con A. A.: a mi juicio, no


merece la pena publicarla, por cuanto usted personalmente no lo conocía[*].

¿A qué recopilación bolchevique ha enviado el artículo sobre el cinismo?[**]


Me extraña, pues en las cartas me escriben asiduamente de las recopilaciones
bolcheviques, pero no he oído nada de ésta. Espero que será la de Petersburgo.
Si tiene copia de la carta a Sienkiewicz, envíela (indicando cuándo fue remiti-
da); pero Sienkiewicz la publicará probablemente, puesto que se trata de una
encuesta[***].

Sus planes son muy interesantes y yo iría con gusto. Pero, compréndalo, no
puedo abandonar el asunto del Partido, que es preciso organizar inmediatamen-
te. Resulta difícil organizar una cosa nueva. No puedo abandonarla. Dentro de
un mes ó 2, o algo así, terminaremos de organizarlo y entonces me alejaré
libremente por una ó 2 semanas.

Coincido mil veces con usted en la necesidad de la lucha sistemática contra el


decadentismo político, la apostasía, el lamento, etc. En cuanto a la "sociedad"
y la "juventud" no creo que existan discrepancias entre nosotros.

La significación de la gente intelectual en nuestro Partido desciende: llegan


__________
[*] Trátase de la declaración de M. Gorki en la prensa con motivo de la detención de N. A. Se-
mashko en Ginebra.
[**] El artículo Sobre el cinismo lo escribió M. Gorki para la revista francesa Les Documents du
Progrès y se publicó primero en la recopilación Desintegración literaria (Edit. Zernó, Petersbur-
go; la recopilación vio la luz en 1908), luego, en el número de marzo de la mencionada revista
francesa. Había en el artículo ideas erróneas pertenecientes a los "constructores de Dios".
[***] La carta de M. Gorki a Henryk Sienkiewicz del 30 de enero de 1908 fue una respuesta a la
encuesta de Sienkiewicz sobre la actitud ante la ocupación de las fincas de terratenientes de Poz-
nan por el Gobierno prusiano.
La carta de Gorki vino a ser un documento de acusación dirigido contra la defensa de la gran
propiedad privada de los terratenientes de Poznan por H. Sienkiewicz. M. Gorki escribió a H.
Sienkiewicz que, a la vez que apreciaba su talento literario, protestaba contra la apelación de
Sienkiewicz a Guillermo II con tales argumentos como la conducta "pacifica" de los polacos que
"no fomentaban la llama de la revolución", pagaban puntuales los tributos y suministraban solda-
dos al ejército prusiano. "Estas palabras me permiten dudar de la fuerza del cariño que tiene usted
al pueblo polaco" —escribía Gorki al final.
H. Sienkiewicz publicó 252 respuestas a la encuesta en un libro en París, pero no incluyó en él la
respuesta de Gorki.

45
noticias de todas partes de que los intelectuales huyen del Partido. ¡Puente de
plata a ese canalla! El Partido se depura de la basura pequeñoburguesa. Los
obreros ponen manos a la obra cada día más. Se acentúa el papel de los revolu-
cionarios profesionales de entre obreros. Todo esto es maravilloso, y estoy
seguro de que sus "puntapiés" deben ser comprendidos en ese mismo sentido.

Otra cosa: cómo influir, qué "literatura hacer" precisamente. ¿Recopilaciones o


Proletarí? Lo más fácil, naturalmente, sería contestar no o, sino y; la respuesta
sería irreprochable, pero poco práctica. Por supuesto, debe haber recopilacio-
nes legales; nuestros camaradas de Petersburgo trabajan en ellas con toda
energía, y yo trabajé, después de Londres, cuando me encontraba en Kváka-
la[*]. Si se puede, hay que hacer todos los esfuerzos para apoyarlos y proseguir
la publicación de esas recopilaciones[**].

Pero mi experiencia de Londres hasta XI. 07 (¡medio año!) me ha convencido


de que ahora es imposible crear una literatura legal sistemática. Estoy persua-
dido de que el Partido necesita ahora un órgano político que salga regularmen-
te, que sea firme y aplique con energía la línea de lucha contra la disgregación
y el abatimiento: un órgano del Partido, un periódico político. En Rusia son
muchos los que no creen en la publicación de un órgano en el extranjero. Pero
eso es un error, y nuestro Consejo de Redacción no ha decidido en vano trasla-
dar aquí Proletari. Ni qué decir tiene que es difícil organizarlo, ponerlo en
marcha y animarlo. Pero hay que hacerlo y será hecho.

¿Por qué no incluir en él una sección de crítica literaria? ¿Hay poco espacio?
Desconozco, claro está, su sistema de trabajo. Por desgracia, durante nuestras
entrevistas nos ha tocado más hablar de cosas insubstanciales y no de proble-
mas importantes. Si no son de su agrado los artículos, pequeños, breves, perió-
dicos (semanales o quincenales) y le gustan más las obras grandes, no le acon-
sejo, como es natural, que interrumpa este trabajo. ¡Dará más fruto!

Pero si está dispuesto a colaborar en un periódico político, ¿por qué no conti-


nuar, por qué no hacer habitual el género que empezó usted, y, a mi juicio,
bien, en Nóvaya Zhizn con las Notas sobre la pequeña burguesía? Le hablé de
ello, "con premeditación", en una de las primeras cartas, pensando: si le atrae
eso, picará. Y creo que en su última carta parece picar. ¿O me equivoco?
¡Cuánto ganarían el trabajo de partido a través del periódico, no tan unilateral
__________
[*] Denominación burlona de Kuokkala.
[**] La edición de las recopilaciones bolcheviques se verificó después del golpe de Estado del 3 de
junio de 1907 cuando se suspendió la publicación de los periódicos y revistas legales en virtud de
las persecuciones a que los sometía la censura. En 1907 y a principios de 1908 salieron las recopi-
laciones La voz de la vida, Fulguraciones, Calendario de 1908 para todos, Los temas del día, La
vida corriente y El espíritu de la época.

46
como antes, y la labor literaria, al vincularse más estrechamente a la de parti-
do, a la influencia sistemática y constante sobre el Partido! Para que no se
tratede "incursiones", sino de un embate continuo en todo el frente, sin inte-
rrupciones, sin lagunas; para que los socialdemócratas bolcheviques no sólo
ataquen por partes a todos los pazguatos, sino que conquisten absolutamente
todo, como los japoneses arrebataron Manchuria a los rusos.

De los 3 temas que apunta usted para las recopilaciones (filosofía, crítica lite-
raria y táctica del momento), uno y medio podrían ir a parar al periódico políti-
co, a Proletari: la táctica del momento y una buena mitad de la crítica literaria.
¡Ah, qué poco provecho reportan los largos artículos especiales de crítica lite-
raria, diseminados por distintas revistas semipertenecientes al Partido o que
están al margen de él! Sería mejor que probáramos a dar un paso más allá de
estos viejos hábitos señoriales, intelectuales, es decir, vincular también más
estrechamente la crítica literaria al trabajo de partido, a la dirección que ejerce
el Partido. Eso hacen los partidos socialdemócratas adultos de Europa. Eso
debemos hacer también nosotros, sin temer las dificultades que implican en
semejante obra los primeros pasos del trabajo periodístico colectivo.

Los trabajos extensos de crítica literaria deben publicarse en libros y, en parte,


en revistas.

Dígame: ¿tiene usted ganas o no de escribir artículos sistemáticos, con periodi-


cidad, en el concierto de un periódico político, relacionados con el trabajo de
partido y en el espíritu de lo empezado en "Navaja Zhizn"?

El tercer tema es la filosofía. Confieso con toda sinceridad mi falta de prepara-


ción en este terreno, cosa que me impide intervenir en público. Pero, como
simple marxista, leo con atención a los filósofos de nuestro Partido, leo con
atención al empiriomonista Bogdánov y a los empiriocríticos Bazárov, Luna-
charski y otros, ¡y ellos empujan todas mis simpatías hacia Plejánov! ¡Hace
falta tener fuerza física para no dejarse arrastrar por el estado de ánimo, como
hace Plejánov! Su táctica es el colmo de la vulgaridad y la vileza. En filosofía
defiende una causa justa. Yo estoy por el materialismo contra el "empirio-",
etc.

¿Se puede, se debe ligar la filosofía con la orientación de la labor del Partido,
con el bolchevismo? Creo que ahora no se puede hacer eso. Que los filósofos
de nuestro Partido trabajen aún algún tiempo sobre la teoría, discutan y... digan
todo lo que quieran. Yo propugnaría por ahora la separación de semejantes
disputas filosóficas, como entre los materialistas y los "empirio-", de la labor
íntegra de partido.

47
Termino por ahora, en espera de su respuesta.

Suyo, Lenin

Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1934,


en Recopilación Leninista XXVI.

Obras Completas,
tomo 47.

48
A A. M. GORKI
13 de febrero de 1908

Querido Al. M-ch:

Creo que algunas de las cuestiones suscitadas por usted en tomo a nuestras
discrepancias son evidente quid pro quo. No he pensado, naturalmente, en
"perseguir a la intelectualidad", como hacen los bobalicones sindicalistas, o en
negar su necesidad para el movimiento obrero. En todas estas cuestiones no
puede haber divergencias entre nosotros; estoy firmemente seguro de ello y, ya
que no es posible emprender ahora un viaje para vernos, es preciso empezar a
trabajar juntos inmediatamente. Será trabajando como mejor y con mayor
facilidad nos pondremos de acuerdo definitivamente.

Su plan de escribir cosas pequeñas para Proletari (se le ha enviado el anuncio)


me alegra mucho, mucho. Pero, por supuesto, si está dedicado a un gran traba-
jo, no lo abandone.

En cuanto a Trotski, quería haberle contestado a usted la vez pasada, pero lo


olvidé. Nosotros (es decir, la Redacción de aquí de Proletari, Al. Al., yo y
"Monje", un colega muy bueno procedente de los bolcheviques de Rusia) de-
cidimos en el acto invitarle a colaborar en Proletari. Le escribimos una carta,
pensamos y le propusimos un tema. Firmamos, por acuerdo general, "la Re-
dacción de Proletari", deseando organizar las cosas sobre una base más colec-
tiva (yo, por ejemplo, he sostenido una gran batalla con Trotski, la riña fue
atroz en 1903-1905, cuando él era menchevique). Trotski se ofendió, al pare-
cer, por esta fórmula, no lo sé de cierto, mas el caso es que envió una carta no
escrita por él: "Por encargo del camarada Trotski" se comunicaba a la Redac-
ción de Proletari que se negaba a escribir, qué estaba ocupado.

Esto, a mi juicio, es presunción. También en el Congreso de Londres mantuvo


una actitud de presunción. No sé, de veras, si marchará con los bolcheviques.

Los mencheviques han publicado aquí un anuncio del mensuario Golos


Sotsial-Demokrata[1], firmado por Plejánov, Axelrod, Dan, Mártov y Martínov.
Lo buscaré y se lo enviaré. La lucha puede exacerbarse. Pero Trotski quiere
estar "por encima de las fracciones en lucha"...

En cuanto al materialismo como concepción del mundo, creo que discrepo de

49
usted en lo esencial. Y no precisamente en lo que se refiere a "la concepción
materialista de la historia" (nuestros "empirio-"[2] no la niegan), sino en lo que
atañe al materialismo filosófico. Impugno resueltamente que los anglosajones
y los alemanes deban al "materialismo" su espíritu pequeñoburgués y que los
latinos le deban el anarquismo. El materialismo, como filosofía, es acosado
por ellos en todas partes. Die Neue Zeit, el órgano más firme y más conocedor,
se muestra indiferente ante la filosofía, jamás ha sido un partidario acérrimo
del materialismo filosófico, y en los últimos tiempos ha publicado, sin una sola
reserva, cosas de los empiriocríticos. ¡Es falso, falso, que de aquel materialis-
mo que enseñaran Marx y Engels se pueda deducir el espíritu pequeñoburgués
inerte! Todas las corrientes pequeñoburguesas en la socialdemocracia luchan,
ante todo, contra el materialismo filosófico, tienden a Kant, al neokantismo, a
la filosofía crítica. No, la filosofía que argumentó Engels en el Anti-Dühring
no permite al espíritu pequeñoburgués ni acercarse a la puerta. Plejánov perju-
dica a esta filosofía, ligando en este caso la lucha con la lucha fraccional, pero
ni un solo socialdemócrata ruso debe confundir al Plejánov actual con el viejo
Plejánov.

Al. Al. acaba de salir de mi casa. Le transmitiré una y otra vez lo que se refiere
a la "cita". Si insiste, se puede organizar por un par de días y pronto.

Un apretón de manos. Lenin

Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 47.

NOTAS

[1] Golos Sotsial-Demokrata (La Voz del Socialdemócrata): periódico, órgano de pren-
sa menchevique en el extranjero; salió de febrero de 1908 a diciembre de 1911, primero
en Ginebra y, luego, en París. En vista de que Golos Sotsial-Demokrata se puso a de-
fender abiertamente a los liquidadores, G. V. Plejánov abandonó en mayo de 1909 su
Redacción; desde entonces el periódico se erigió definitivamente en centro ideológico
de los liquidadores.
[2] Lenin se refiere al grupo de empiriocríticos y empiriomonistas A. Bogdánov, V.
Bazárov y A. Lunacharski, adeptos de la reaccionaria e idealista filosofía de Mach y
Avenarius.

50
A A. M. GORKI
25 de febrero de 1908

Querido A. M.: No he contestado inmediatamente a su carta porque con moti-


vo de su artículo, o en cierta relación con él, he tenido una pelea bastante seria,
por extraño que parezca a primera vista, con Al. Al. en la Redacción[*]...
¡Hiam, hum!..., ¡yo hablé no en el tugan ni con el motivo que usted piensa!

Las cosas ocurrieron así.

El libro Ensayos sobre filosofía del marxismo[**] ha enconado extremadamente


las viejas discrepancias entre los bolcheviques en torno a los problemas de la
filosofía. Yo no me considero lo bastante competente en estas cuestiones para
apresurarme a escribir en la prensa. Pero siempre he seguido con atención
nuestras discusiones en el Partido acerca de la filosofía: comenzando por la
lucha de Plejánov contra Mijailovski y Cía. a fines de los años 80 y hasta 1895,
continuando por su lucha contra los kantianos en 1898 y en los años siguientes
entonces no me limité ya a seguir la lucha, sino que participé en ella con algu-
na frecuencia como miembro de la Redacción de "Zariá" a partir de 1900) y
terminando por su misma lucha contra los empiriocríticos y compañía.

He seguido los escritos de Bogdánov sobre filosofía a partir de su libro energe-


tista sobre la Visión histórica de la naturaleza, que estudié durante mi estancia
en Siberia. Para Bogdánov, esa posición no era más que la transición a otras
concepciones filosóficas. Le conocí personalmente en 1904, regalando en el
acto el uno al otro: yo, los Pasos[***] él, una obra filosófica suya de enton-
ces[****]. Y le escribí sin demora (en la primavera o a comienzos del verano de
1904) desde Ginebra a París que con sus escritos me disuadía profundamente
de la justeza de sus opiniones y me persuadía hondamente de la justeza de las
opiniones de Plejánov.

__________
[*] Lenin escribe acerca del artículo de M. Gorki Destrucción de la personalidad cuya primera
variante Gorki pensaba insertar en forma de Sueltos en Proletari. El artículo fue publicado en la
recopilación Ensayos sobre filosofía del colectivismo.
[**] Lenin se refiere a la recopilación Ensayos sobre filosofía del marxismo, en la que fueron
publicados artículos de V. Bazárov, Y. Berman, A. Lunacharski, P. Yushkévich, A. Bogdánov, O.
Guelfond y S. Suvórov.
[***] Trátase del libro Un paso adelante, dos pasos atrás (Una crisis en nuestro Partido) (véase
Obras Completas, tomo 8).
[*****] Trátase del libro de A. Bogdánov Empiriomonismo (Moscú, 1904).

51
Cuando Plejánov y yo trabajamos juntos, hablamos más de una vez de Bogdá-
nov. Plejánov me explicaba lo equivocado de las opiniones de Bogdánov, pero
no consideraba en modo alguno esta desviación como desesperadamente gran-
de. Recuerdo muy bien que, en el verano de 1903, Plejánov y yo conversamos
en nombre de la Redacción de "Zariá" con un delegado de la Redacción de
Ensayos sobre concepción realista del mundo, de Ginebra, y aceptamos cola-
borar: yo, sobre el problema agrario; Plejánov, acerca de la filosofía contra
Mach[*]. Plejánov puso como condición de la colaboración su artículo contra
Mach, y el delegado de la Redacción de los Ensayos aceptó sin reservas esta
condición. Plejánov veía entonces en Bogdánov un aliado en la lucha contra el
revisionismo, pero un aliado que se equivocaba en la medida en que seguía a
Ostwald, y, después, a Mach.

En el verano y el otoño de 1904 nos pusimos de acuerdo definitivamente con


Bogdánov, como bolcheviques, y formamos un bloque tácito, que apartó táci-
tamente la filosofía como terreno neutral. Este bloque existió durante toda la
revolución y nos permitió aplicar conjuntamente en ella la táctica de la social-
democracia revolucionaria (= del bolchevismo), que era, estoy profundamente
convencido de ello, la única acertada.

Con la premura de la revolución, he tenido poco tiempo para dedicarme a la


filosofía. Bogdánov escribió a comienzos de 1906, en la cárcel, una cosa más,
creo que el tercer fascículo de su Empiriomonismo. Me lo regaló en el verano
de ese año y me senté a leerlo con atención. Cuando lo hube leído, me enfadé y
exasperé muchísimo: tuve más claro todavía que él sigue un camino archiequi-
vocado, no marxista. Entonces le escribí una "declaración de amor", una cartita
de filosofía de 3 cuadernillos, en la que le explicaba que yo, desde luego, soy
un marxista de filas en filosofía, pero que son precisamente sus trabajos claros,
populares, magníficamente escritos los que me convencen definitivamente de
su error de fondo y de la razón de Plejánov. Enseñé esos cuadernillos a algunos
amigos (incluido Lunacharski) y pensé en publicarlos con el título de Apuntes
de filosofía de un marxista de filas, pero no lo hice. Ahora siento no haberlos
publicado en el acto. He escrito hace unos días a Petersburgo pidiendo que me
los busquen y envíen[**].

Ahora han visto la luz los Ensayos sobre filosofía del marxismo. He leído
todos los artículos, menos el de Suvórov (lo estoy leyendo), y cada artículo me
__________
[*]La recopilación de artículos de A. Lunacharski, V. Bazárov, A. Bogdánov, P. Máslov, A. Finn,
V. Shuliátikov, V. Friche y otros Ensayos sobre concepción realista del mundo salió en S. Peters-
burgo en 1904. Los artículos de Plejánov y Lenin no aparecieron en la recopilación.
[**] Los cuadernos: Apuntes de filosofía de un marxista de filas, trabajos escritos por Lenin en
1906 con motivo del libro de A. Bogdánov Empiriomonismo (fase. III), no han sido hallados hasta
el presente.

52
ha hecho enfurecerme de indignación. ¡No, eso no es marxismo! Y nuestros
empiriocríticos, empiriomonista y empiriosimbolista se hunden en la char-
[Link] al lector que la "fe" en la realidad del mundo exterior es "misti-
cismo" (Bazárov), confundir de la manera más escandalosa el materialismo y
el kantismo (Bazárov y Bogdánov), predicar una variedad del agnosticismo (el
empiriocriticismo) y del idealismo (el empiriomonismo), enseñar a los obreros
el "ateísmo religioso" y la "adoración" de las supremas potencias humanas
(Lunacharski), calificar de misticismo la doctrina de Engels acerca de la dia-
léctica (Berman), beber en las fuentes hediondas de ciertos "positivistas" fran-
ceses, agnósticos o metafísicos, que el diablo los lleve, con la "teoría simbólica
del conocimiento" (Yushkévich). No, eso es ya demasiado. Nosotros, los mar-
xistas de filas, no somos, claro está, eruditos en filosofía. Pero ¿por qué ofen-
dernos así, ofreciéndonos semejantes cosas como filosofía del marxismo?
Antes me dejaría descuartizar que acceder a colaborar en un órgano o en un
Consejo de Redacción que predica tales cosas.

Me he sentido de nuevo atraído por los Apuntes de filosofía de un marxista de


filas y he empezado a escribirlos[*]. Y durante la lectura de los Ensayos he
expuesto mis impresiones a Al. Al, como es natural, franca y rudamente.

¿Qué tiene que ver con todo eso el artículo de usted?, me preguntará. Pues que
precisamente en el momento en que esas discrepancias entre los bolcheviques
amenazaban con enconarse de manera especial, usted empieza a exponer con
toda evidencia las opiniones de una corriente en su trabajo para Proletari.
Ignoro, claro está, cómo y qué le habría resultado a usted en conjunto. Ade-
más, considero que un artista puede sacar muchas cosas de provecho de toda
filosofía. Por último, estoy plena y absolutamente de acuerdo con que en los
problemas de la creación artística tiene usted todos los triunfos en la mano y
que, extrayendo este tipo de concepciones tanto de su experiencia artística
como de la filosofía, aunque sea idealista, puede usted llegar a conclusiones
que reporten un inmenso provecho al partido proletario. Todo eso es así. Y, sin
embargo, Proletari debe seguir siendo absolutamente neutral ante todas nues-
tras divergencias en filosofía y no dar a los lectores el menor pretexto para que
unan a los bolcheviques, como corriente, como línea táctica del ala revolucio-
naria de los socialdemócratas rusos, con el empiriocriticismo o con el empi-
riomonismo.

Cuando, después de leer y releer el artículo de usted, le dije a A. A-ch que


estaba en contra de que se publicara, se puso más sombrío que un nubarrón.
Sobre nosotros se cierne realmente una atmósfera de escisión. Ayer nos reuni-
mos especialmente los 3 de la Redacción para examinar el problema. Y de
__________
[*] En esos momentos, V. I. Lenin, estaba escribiendo el libro Materialismo y empiriocriticismo.

53
pronto llegó en nuestra ayuda una estúpida salida de tono de la revista Die
Neue Zeit. Un traductor desconocido publicó en el núm. 20 un artículo de
Bogdánov acerca de Mach, dejando escapar en la introducción que las discre-
pancias de Plejánov y Bogdánov tienden entre los socialdemócratas rusos a
convertirse ¡en discrepancia fraccional de los bolcheviques y los menchevi-
ques! Con estas palabras, el imbécil o la imbécil que ha escrito esa introduc-
ción nos ha cohesionado. Coincidimos en el acto en que es absolutamente
necesario hacer ahora, en el primer número que aparezca de Proletari una
declaración sobre nuestra neutralidad. Esto coincidía hasta más no poder con
mi estado de ánimo después de la publicación de los Ensayos. Redactamos la
declaración, la aprobamos por unanimidad, aparecerá mañana en el núm. 21 de
Proletari y se la enviaremos.

En cuanto a su artículo, acordamos aplazar la cuestión, exponiéndole a usted


en 3 cartas de cada uno de los redactores de Proletari todo el estado del asunto
y acelerando el viaje mío y de Bogdánov al lugar donde usted se encuentra.

Por tanto, recibirá también cartas de Al. Al. y del tercer redactor, de quien le
he escrito ya anteriormente.

Estimo necesario exponerle mi opinión con toda franqueza. Ahora considero


absolutamente inevitable cierta pelea entre los bolcheviques sobre el problema
de la filosofía. Pero dividirse por culpa de eso sería, a mi juicio, estúpido.
Hemos formado un bloque para aplicar en el partido obrero una táctica deter-
minada. Hemos aplicado y seguimos aplicando esa táctica sin discrepancias (la
única discrepancia es la referente al boicot a la III Duma, pero, en primer lu-
gar, jamás se exacerbó entre nosotros hasta el extremo de insinuar siquiera la
escisión; en segundo lugar, no correspondía a la discrepancia entre materialis-
tas y machistas, pues, por ejemplo, el machista Bazárov era, como yo, enemigo
del boicot y escribió sobre ello un extenso comentario en Proletari.)

A mi parecer, sería una tontería imperdonable impedir la aplicación en el par-


tido obrero de la táctica de la socialdemocracia revolucionaria a causa de las
disputas en torno a materialismo o machismo. Debemos reñir por culpa de la
filosofía de tal modo que Proletari y los bolcheviques, como fracción del Par-
tido, no se vean afectados por ello. Y esto es plenamente posible.

Y usted, a mi juicio, debe ayudar a ello. Y puede ayudar tratando en Proletari


de problemas neutrales (es decir, no relacionados en nada con la filosofía) de
crítica literaria, periodismo, creación artística, etc. Su artículo —si es que
quiere impedir la escisión y ayudar a localizar una nueva pelea— debería reha-
cerlo, pasando a otro lugar todo lo relacionado, aunque sea indirectamente, con
la filosofía de Bogdánov. Usted, gracias a Dios, tiene dónde escribir además de

54
Proletari. Todo lo no relacionado con la filosofía de Bogdánov —y la mayor
parte de su artículo no está relacionada con ella— debería exponerlo en varios
artículos para Proletari. Cualquier otro comportamiento por su parte, es decir,
negarse a rehacer el artículo o negarse a colaborar en Proletari, conducirá de
manera inevitable, a mi juicio, a enconar el conflicto entre los bolcheviques, a
dificultar la localización de la nueva riña, a debilitar la causa vital y necesaria,
desde el punto de vista práctico y político, de los socialdemócratas revolucio-
narios en Rusia.

Tal es mi opinión. Le he dicho todo lo que pienso y ahora esperaré su respues-


ta.

Queríamos salir hoy para ahí, pero ha habido que aplazarlo por una semana,
cuando menos, o quizá por 2 ó 3.

Un fuerte apretón de manos.

Suyo, N. Lenin

Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 47.

55
A A. M. GORKI
Personal a Al. M-ch
24 de marzo de 1908

Querido A. M.: Recibí su carta en la que se refiere a mi pelea con los machis-
tas. Comprendo muy bien y respeto sus sentimientos, y debo decir que recibo
de los amigos de San Petersburgo algo similar, pero estoy profundamente
convencido de que usted se equivoca.

Usted debe comprender, y lo comprenderá por cierto, que, cuando un hombre


de partido ha llegado a la convicción de que determinada doctrina es particu-
larmente falsa y nociva, tiene el deber de atacarla. No habría armado el alboro-
to si no estuviera absolutamente convencido (y de esto me convenzo cada vez
más a medida que voy conociendo las fuentes originales de la sabiduría de
Bazárov, Bogdánov y Cía.) de que el libro de ellos es enteramente absurdo,
nocivo, filisteo y clerical desde el comienzo hasta el fin, desde las ramas hasta
las raíces, hasta Mach y Avenarius. En esencia, Plejánov tiene toda la razón de
estar en contra de ellos, pero no sabe, no quiere o tiene pereza de decirlo de
manera concreta, detallada, simple y sin asustar innecesariamente a sus lecto-
res con sutilezas filosóficas. Pero yo diré las cosas a mi modo a toda costa.

¿Qué tipo de "conciliación" cabe en este caso, estimado A. M.? Perdone usted,
pero hasta da risa mencionarla. La pelea es absolutamente inevitable. Y la
gente de partido tiene que orientar todos sus esfuerzos no a ocultarla, poster-
garla o eludirla, sino a asegurar que el trabajo esencial del Partido no sufra en
la práctica. De esto tiene que ocuparse usted, y las 9/10 partes de los bolchevi-
ques de Rusia le ayudarán, y se lo agradecerán sinceramente.

¿Cómo hacerlo? ¿Con la "neutralidad"? No. En este caso no puede haber ni


habrá neutralidad. Si se puede hablar de neutralidad sólo será en sentido con-
vencional: debemos separar de la fracción toda esta pelea. Hasta ahora, ha
estado usted escribiendo "desde afuera", al margen de las publicaciones de la
fracción. Proceda de la misma manera en adelante. Es la única forma en que la
fracción no se verá comprometida, no será enredada, no se verá forzada maña-
na o pasado mañana a resolver, a votar, es decir, a transformar la pelea en una
situación crónica, duradera y sin salida.

He aquí por qué estoy en contra de que en la revista[*] se publique filosofía de


__________
[*] Trátase de la revista que se proponía editar M. Gorki y que no llegó a publicarse.

56
cualquier tipo. Sé que me critican por esto; que hay quien dice que quiero tapar
la boca a los demás sin haber abierto aún la mía. Pero usted piénselo con sere-
nidad.

Una revista con contenido filosófico. Núm. 1, 3 artículos de Bazárov, Bogdá-


nov y Lunacharski contra Plejánov. Uno mío, donde digo que los Ensayos
sobre filosofía del marxismo equivalen a berdiaevismo y clericalismo.

Núm. 2, 3 veces 3 artículos irritados de Bogdánov, Bazárov y Lunacharski


contra Plejánov y Lenin. Uno mío demostrando desde otro ángulo que los
Ensayos sobre filosofía del marxismo = clericalismo.

Núm. 3, ¡aullidos y maldiciones!

Yo puedo escribir 6 o 12 artículos contra Ensayos sobre filosofa del marxismo,


uno contra cada uno de los autores y cada aspecto de sus puntos de vista.
¿Puede prolongarse una situación así? ¿Hasta cuándo? ¿No hará esto inevitable
la escisión a causa de una agudización y una irritación interminables? ¿No
obligará esto a la fracción a tomar una decisión: a decidir, analizar y terminar
la "discusión" por medio de una votación...?

Medite bien en esto, si teme una escisión. ¿Acaso los militantes prácticos acep-
tarán difundir libros con semejante "resonancia" ¿No es mejor elegir otro ca-
mino? Que usted siga escribiendo como antes para afuera, al margen de las
publicaciones de la fracción. Puede pelear afuera, la fracción esperará mientras
tanto. Creo que si hay alguna posibilidad de atenuar la irritación inevitable, es
solamente así.

Usted escribe: los mencheviques saldrán ganando con la pelea. ¡Se equivoca,
se equivoca en grande, A M.! Saldrán ganando si la fracción bolchevique no se
separa de la filosofía de los 3 bolcheviques. En ese caso ganarán definitiva-
mente. Pero si la pelea filosófica se desarrolla fuera de la fracción, los men-
cheviques serán llevados definitivamente al terreno político, y ésa será su
muerte.

Yo digo: separar de la fracción la pelea. Por supuesto, cuando se trata de seres


humanos hacer esta separación es difícil y doloroso. Hace falta tiempo. Hacen
falta camaradas solícitos. Aquí ayudarán los militantes prácticos, aquí debe
ayudar usted, se trata de un problema de "psicología", y usted la conoce bien.
Yo creo que en este aspecto usted podría ayudar mucho si, por supuesto, des-
pués de leer mi libro[*] contra los Ensayos, no siente contra mí la misma furia
__________
[*] Trátase del libro Materialismo y empiriocriticismo.

57
que yo sentí contra ellos.

Reflexione bien sobre la revista y respóndame lo antes posible. Tengo mis


dudas de que en estos momentos valga la pena que viajemos juntos para visi-
tarlo. ¿Para qué irritar nuestros nervios inútilmente? Para qué ir tan lejos... si
no se puede evitar la pelea. ¿No es mejor resolver el asunto de la revista en
forma más sencilla, sin largas conversaciones y pomposas e inútiles reuniones?
Le planteo estas preguntas sólo para solicitar su opinión.

Un cordial saludo a M. F. De todos modos iré a Capri, y trataré de llevar a mi


esposa, sólo que me gustaría hacerlo independientemente de la pelea filosófica.

Un fuerte apretón de manos.

Suyo, Lenin

P. S. Acompaño a la presente una importante información sobre un espía que


actúa entre ustedes.

Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 47.

58
A A. M. GORKI
16 de abril de 1908

Querido Al. M.:

Hoy he recibido su carta y me apresuro a contestarla. Es inútil y perjudicial


que viaje. Hablar con gentes que se han puesto a predicar la fusión del socia-
lismo científico con la religión no puedo, y no hablaré. La época de los cua-
dernos quedó atrás. Es inútil discutir y es una tontería gastarse los nervios en
vano. Hay que separar la filosofía de los asuntos del Partido (de fracciones); la
resolución del Centro Bolchevique lo hace obligatorio.

Ya he mandado a la imprenta la más formal declaración de guerra[1]. La di-


plomacia está fuera de lugar en este caso; por supuesto que no me refiero a la
mala diplomacia, sino a la buena.

Una "buena" actitud diplomática de su parte, querido A. M. (si también usted


no ha empezado a creer en Dios), consistiría en separar nuestros asuntos co-
munes (es decir incluyéndome a mí) de la filosofía.

En estos momentos no daría resultado tener una conversación sobre otro asun-
to que no sea la filosofía; sería forzado. Por otra parte, si esos otros asuntos no
son filosóficos, sino, por ejemplo, los de Proletari, que requieren, en realidad,
ser discutidos precisamente ahora, y en donde está usted, yo podría hacer el
viaje (no sé si conseguiría el dinero, porque en estos momentos hay dificulta-
des) pero repito, sólo a condición de que yo no hable de filosofía ni de religión.

Tengo la firme intención de visitarlo para charlar con usted cuando haya ter-
minado mi trabajo y esté libre.

Un fuerte apretón de manos.

Suyo, Lenin

Un cordial saludo a M. F-na: supongo que ella no estará en favor de Dios, ¿eh?

Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,

59
en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 47.

NOTA

[1] Lenin se refiere a su artículo Marxismo y revisionismo publicado en la recopilación


Carlos Marx (1818-1883), en el que declaró por primera vez en la prensa que próxi-
mamente, en una serie de artículos o en un libro escribiría contra los revisionistas "neo-
humistas" y "neoberkelianos" A. A. Bogdánov, V. A. Bazárov, etc.

60
A A. M. GORKI
16 de noviembre de 1909

Querido Alexéi Maxímovich: He estado siempre profundamente convencido


de que usted y el camarada Mijaíl eran los fraccionistas más firmes de la nueva
fracción y que sería absurdo que yo intentara hablar con ustedes amistosamen-
te. Hoy he visto por vez primera al camarada Mijaíl, he charlado con él fran-
camente de los asuntos y de usted y he visto que me había equivocado de me-
dio a medio. Tenía razón el filósofo Hegel, se lo aseguro: la vida avanza por
medio de contradicciones, y las contradicciones vivas son mucho más ricas,
mucho más variadas y de mucho mayor contenido que lo que se imagina al
principio el cerebro humano. Yo consideraba la escuela únicamente como un
centro de la nueva fracción. Resulta que eso es inexacto: no en el sentido de
que no haya sido el centro de la nueva fracción (la escuela ha sido ese centro y
sigue siéndolo en la actualidad), sino en el sentido de que eso es incompleto,
no es toda la verdad. Subjetivamente, ciertas personas convirtieron la escuela
en ese centro; objetivamente, lo ha sido; pero, además, la escuela ha extraído
de la verdadera vida obrera auténticos obreros avanzados. Ha resultado que,
además de la contradicción de la nueva y la vieja fracción, en Capri han apare-
cido contradicciones entre una parte de los intelectuales socialdemócratas y los
obreros genuinamente rusos, que llevarán a la socialdemocracia al camino
certero, cueste lo que cueste y pase lo que pase, la llevarán, a pesar de todas las
intrigas, reyertas, "historias", etc., del extranjero. Los hombres como Mijaíl
son garantía de ello. Y, además, resulta que en la escuela han surgido también
contradicciones entre los elementos de la intelectualidad socialdemócrata de
Capri.

Por lo que me ha dicho Mijaíl, veo, querido A. M., que la situación es ahora
muy penosa para usted. Ha tenido que ver de golpe el movimiento obrero y la
socialdemocracia en un aspecto, en unas manifestaciones y en unas formas que
en la historia de Rusia y de Europa Occidental han conducido ya más de una
vez a los intelectuales incrédulos a perder las esperanzas en el movimiento
obrero y en la socialdemocracia. Estoy seguro de que esto no ocurrirá con
usted y, después de la conversación con Mijaíl, quiero estrechar fuertemente su
mano. Con su talento de artista ha reportado usted un provecho tan inmenso al
movimiento obrero de Rusia —y no sólo de Rusia—, y le reportará aún tal
provecho, que sería absolutamente intolerable en usted dejarse dominar por el
abatimiento de los episodios de la lucha en el extranjero. A veces se dan con-
diciones en las que la vida del movimiento obrero engendra ineluctablemente
esta lucha, escisiones, riñas y peleas de los círculos en el extranjero; esto no se

61
debe a que el movimiento obrero sea débil interiormente o a que la socialde-
mocracia esté interiormente equivocada, sino a que son demasiado heterogé-
neos y dispares los elementos con que la clase obrera se ve obligada a forjar su
Partido. Lo forjará, a pesar de todo, forjará una excelente socialdemocracia
revolucionaria en Rusia, la forjará más rápidamente de lo que parece a veces
desde el punto de vista de la maldita situación de la emigración, la forjará con
mayor seguridad de lo que parece si se juzga por algunas manifestaciones
externas y por episodios sueltos. Los hombres como Mijaíl son garantía de
ello.

Estrecho fuertemente su mano y la de María Fiódorovna, pues ahora tengo la


esperanza de que tendremos que entrevistarnos todavía no como enemigos.

Suyo, Lenin

Wl. Oulianoff.
4. Rue Marie-Rose. 4.
París. XIV.
Enviada de Ginebra
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez


el 15 de octubre de 1924,
en Krásmaya Gazeta, número 236.

Obras Completas,
tomo 47.

62
A A. M. GORKI
22 de noviembre de 1910

Querido A. M.: Le escribí hace unos días, al enviarle Rabóchaya Gazeta, pre-
guntándole qué había resultado de la revista de que hablábamos[1] en verano y
de la que usted prometió escribirme.

Hoy he leído en Rech el anuncio de Sovreménnik editado "con la participación


directa y exclusiva (¡así está escrito!, tan incorrectamente, pero de modo tanto
más pretencioso y significativo) de Amfiteátrov" y con la colaboración perma-
nente de usted[2].

¿Qué es eso? ¿Cómo es eso? Una "gran" revista "mensual" con secciones de
"política, ciencia, historia, vida social"... Pero eso no es, en modo alguno, lo
mismo que las recopilaciones que trataban de concentrar las mejores fuerzas de
las bellas letras. Porque una revista así debe tener una orientación bien defini-
da, seria, firme, o se cubrirá de vergüenza y avergonzará inevitablemente a sus
colaboradores. Véstnik Evropi[3] tiene una orientación: mala, débil, falta de
talento, pero, en fin de cuentas, una orientación que sirve a un elemento deter-
minado, a ciertos sectores de la burguesía, y que agrupa también a determina-
dos sectores de profesores, funcionarios y la llamada intelectualidad de libera-
les "decentes" (más exactamente, que desean ser decentes). Rússkaya Misl[4]
tiene una orientación —repugnante, pero orientación— que presta un excelente
servicio a la burguesía liberal contrarrevolucionaria. Rússkoe Bogatstvo[5] tiene
una orientación: populista, populista-demócrata constitucionalista[6], pero que
mantiene desde hace decenios su línea propia, que sirve a determinados secto-
res de la población. Sovremenni Mir[7] tiene también su orientación: con fre-
cuencia, menchevique-demócrata constitucionalista (ahora con inclinación
hacia el menchevismo partidista), pero, en fin de cuentas, una orientación. Una
revista sin orientación es una cosa disparatada, absurda, escandalosa y perjudi-
cial. Y ¿qué orientación puede haber con la "participación exclusiva" de Amfi-
teátrov? Porque no será G. Lopatin quien pueda dar una orientación, y si son
ciertos los rumores (se dice que han sido recogidos incluso por los periódicos)
sobre la participación de Kachorovski, eso sí es una "orientación", pero una
orientación obtusa, eserista[8].

Cuando conversé con usted en verano y le dije que había estado a punto de
escribirle una carta de disgusto con motivo de "Confesión", pero que no lo
había hecho debido a la división, iniciada entonces con los machistas, usted me
contestó: "En vano no lo hizo". Después me reprochó el no haber ido a la es-

63
cuela de Capri[9] y me dijo que la separación de los machistas-otzovistas[10]
podría haberle costado menos nervios y menos energías de haber seguido las
cosas otro derrotero. Recordando estas conversaciones, he decidido ahora
escribirle sin demora y sin esperar ninguna comprobación, bajo la impresión
inmediata de la noticia.

Considero que una gruesa revista política y económica con la participación


exclusiva de Amfiteátrov es algo muchísimo peor que la fracción particular de
los machistas-otzovistas. Lo malo de esta fracción ha sido y es que la corriente
ideológica se ha apartado y se aparta del marxismo, de la socialdemocracia, sin
declarar, no obstante, la ruptura con el marxismo, pero embrollando las cosas.

La revista de Amfiteátrov (¡hizo bien su Krásnoe Znamia[11] en morirse a


tiempo!) es una acción política, una empresa política, en la que no existe si-
quiera la conciencia de que para la política no basta el "izquierdismo" general,
de que después de 1905 no se debe, no se puede y es inconcebible hablar en
serio de política sin aclarar la actitud ante el marxismo y la socialdemocracia.

Resulta muy mal. Me causa tristeza.

Suyo, Lenin

A M. F-na, salut et fraternité![*]

Enviada de París
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 48.

__________
[*] ¡Saludos fraternales!

64
NOTAS

[1] En el verano de 1910 V. I. Lenin vivió en la isla de Capri (Italia) en casa de M.


Gorki.
[2]Sovreménnik (El Contemporáneo): revista mensual literario-política; salió en Peters-
burgo en 1911-1915. En torno a la revista se agrupaban mencheviques liquidadores,
eseristas, "socialistas populares" y liberales de izquierda. La revista no tenía vincula-
ción alguna con las masas obreras. En 1914 Lenin calificó la corriente de Sovreménnik
de "amalgama de populismo y marxismo". Desempeñaba papel prominente en la revis-
ta, en el principio de su existencia, A. V. Amfiteátrov. Bajo la influencia de la carta de
V. I. Lenin M. Gorki exigió que se quitaran del anuncio de Sovreménnik las palabras
referentes a su "permanente colaboración". En agosto de 1911 Gorki rompió con So-
vreménnik. En 1912, cuando Amfiteátrov se negó a ser director de la revista, Gorki
volvió a colaborar en la publicación.
[3] Vístnik Evropi (El Mensajero de Europa): revista mensual histórico-política y litera-
ria de orientación liberal burguesa; salió en Petersburgo de 1866 a 1918.
[4] Rússkaya Misl (El Pensamiento Ruso): revista mensual literario-política; salió en
Moscú de 1880 a 1918; antes de 1905 era de orientación populista liberal. En los años
90 publicaba a veces artículos de marxistas. Después de la revolución de 1905 pasó a
ser órgano del ala derecha del partido de los demócratas constitucionalistas; salió bajo
la redacción de P. B. Struve.
[5] Rússkoe Bogatstvo (La Riqueza Rusa): revista mensual que salió de 1876 a 1918 en
Petersburgo. A principios de los años 90 pasó a manos de los populistas liberales con
N. K. Mijailovski al frente. En 1906 se convirtió en órgano del Partido Socialista Popu-
lar del Trabajo, semidemócrata constitucionalista.
[6] Demócratas constitucionalistas (kadetes): miembros del Partido Demócrata Consti-
tucionalista, principal partido de la burguesía monárquica liberal de Rusia. Fundado en
octubre de 1905; lo integraban representantes de la burguesía, personalidades de los
zemstvos de entre los terratenientes e intelectuales burgueses. Fueron líderes eminentes
de los demócratas constitucionalistas: P. N. Miliukov, S. A. Múromtsev, V. A. Makla-
kov, A. I. Shingariov, P. B. Struve, F. I. Ródichev, etc. A fin de engañar a las masas
trabajadoras, los demócratas constitucionalistas se dieron el falso nombre de "partido de
la libertad del pueblo", aunque, en realidad, no iban más allá de la demanda de monar-
quía constitucional. Estimaban que su meta principal era la lucha contra el movimiento
revolucionario y procuraban compartir el Poder con el zar y los terratenientes de menta-
lidad feudal. Durante la Primera Guerra Mundial respaldaron activamente la política
exterior anexionista del Gobierno del zar. En el período de la Revolución Democrática
Burguesa de Febrero de 1917 trataron de salvar la monarquía. Al ocupar las posiciones
dirigentes en el Gobierno Provisional burgués, los demócratas constitucionalistas apli-
caban una política antipopular, contrarrevolucionaria, beneficiosa para los imperialistas
norteamericano-anglo-franceses. Después de la victoria de la Revolución Socialista de
Octubre, los demócratas constitucionalistas fueron enemigos intransigentes del Poder
de los Soviets, tomaron parte activa en todos los levantamientos armados contrarrevo-
lucionarios y las campañas de los intervencionistas. Al hallarse en la emigración, des-

65
pués de derrotados los intervencionistas y los guardias blancos, los demócratas consti-
tucionalistas no cesaron sus actividades contrarrevolucionarias antisoviéticas.
[7] Sovremenni Mir (El Mundo Contemporáneo): revista mensual, literaria, científica y
política; salió en Petersburgo de octubre de 1906 a 1918. Sus más activos colaboradores
eran los mencheviques. En el período del bloque de los bolcheviques con los menche-
viques partidistas colaboraban en la revista también los primeros. Durante la guerra
imperialista mundial fue órgano de los socialchovinistas.
[8] Eseristas (socialistas revolucionarios): partido pequeñoburgués de Rusia; surgió a
fines de 1901-principios de 1902 mediante la fusión de distintos grupos y círculos
populistas (Unión de Socialistas Revolucionarios, Partido de los Socialistas Revolucio-
narios, etc.). Pasaron a ser sus órganos de prensa oficiales el periódico Revoliutsiónna-
ya Rossia (La Rusia Revolucionaria) (1900-1905) y la revista Véstnik Russkoi Revo-
liútsii (El Mensajero de la Revolución Rusa) (1901-1905). Los eseristas no veían las
diferencias de clase entre el proletariado y los pequeños propietarios, velaban la dife-
renciación de clase y las contradicciones en el campesinado y rechazaban el papel
dirigente del proletariado en la revolución. Las concepciones de los eseristas eran una
mescolanza ecléctica de ideas del populismo y el revisionismo; los eseristas querían,
según expresión de Lenin, "remendar los desgarrones del populismo con la 'crítica'
oportunista, hoy de moda, del marxismo". La táctica de terrorismo individual que los
eseristas predicaban como método fundamental de lucha contra la autocracia causaba
mucho daño al movimiento revolucionario y dificultaba la organización de las masas
para la lucha revolucionaria.
El Partido de los bolcheviques denunciaba las tentativas de los eseristas de disimularse
para pasar por socialistas, libraba una lucha porfiada contra los eseristas por la influen-
cia sobre el campesinado y ponía al descubierto el daño que causaba al movimiento
obrero la táctica eserista de terrorismo individual. Al propio tiempo los bolcheviques
aceptaban, en determinadas condiciones, temporales acuerdos con los eseristas en la
lucha contra el zarismo.
La diversidad clasista del campesinado condicionó la inestabilidad política e ideológica
y la dispersión orgánica en el partido de los eseristas, así como las incesantes vacilacio-
nes de éstos entre la burguesía y el proletariado. Ya durante la primera revolución rusa
(1905-1907) se desglosó del partido eserista el ala derecha que formó el Partido Socia-
lista Popular del Trabajo, partido legal y afín por sus concepciones a los demócratas
constitucionalistas. Se separó del partido de los eseristas su ala izquierda que adquirió
la forma de unión semianarquista de los "maximalistas". Durante la reacción stolipinia-
na el partido de los eseristas vivió un período de absoluto desmoronamiento ideológico
y organizativo. En los años de la Primera Guerra Mundial la mayor parte de los eseris-
tas sostuvo posiciones socialchovinistas.
[9] La escuela de Capri fue organizada en 1909 en la isla de Capri (Italia) por los ot-
zovistas, ultimatistas y constructores de Dios. La Reunión de la Redacción ampliada de
Proletari (El Proletario) denunció el carácter fraccionalista antibolchevique de la es-
cuela que fundaban los otzovistas y señaló que sus organizadores no se planteaban
lograr "... los objetivos de la fracción bolchevique como corriente ideológica en el
Partido, sino objetivos políticos e ideológicos propios, de grupo". La escuela en la isla
de Capri fue censurada resueltamente como "nuevo centro de la fracción que se separa
de los bolcheviques".

66
La escuela comenzó a funcionar en agosto; daban conferencias en ella A. Bogdánov, G.
Aléxinski, A. Lunacharski, M. Gorki, M. N. Liádov, M. N. Pokrovski y V. A. Desnits-
ki. V. I. Lenin contestó con la negativa a la propuesta formal de los organizadores de la
escuela de dar conferencias en la misma. En la carta a los alumnos de la escuela que
insistían en que diera un curso de conferencias para ellos, Lenin explicó que no podía
hacerlo por cuanto la "escuela ocultada con toda intención al Partido" en "un rincón
perdido de la emigración" revestía carácter fraccionista. Lenin propuso a los alumnos
que vinieran a París para "estudiar verdaderamente la socialdemocracia", y no la "'cien-
cia' fraccionista separada" de los otzovistas y constructores de Dios.
[10] Otzovismo: corriente oportunista surgida entre los bolcheviques. Encubriéndose
con frases revolucionarias, los otzovistas (A. Bogdánov, G. A. Aléxinski, A. V. Soko-
lov (S. Volski), A. V. Lunacharski y M. N. Liádov, entre otros) reclamaban la revoca-
ción de los diputados socialdemócratas de la III Duma de Estado y el cese de la labor de
las organizaciones legales. A la vez que declaraban que en medio de la reacción el
Partido debía realizar nada más que trabajo ilegal, los otzovistas se negaban a participar
en la Duma, los sindicatos obreros, las cooperativas y otras organizaciones masivas
legales y semilegales y estimaban necesario centrar toda la labor del Partido en la orga-
nización ilegal. Una variedad del otzovismo era el ultimatismo. Estos últimos se dife-
renciaban de los primeros nada más que por la forma. Proponían que se presentara al
grupo socialdemócrata de la Duma un ultimátum de acatamiento incondicional de los
acuerdos del Comité Central del Partido por el grupo socialdemócrata y, en caso de
incumplimiento del ultimátum, se revocaran de la Duma a los diputados socialdemócra-
tas. En realidad, el ultimatismo era un otzovismo encubierto y disimulado. Lenin califi-
có a los ultimatistas de "otzovistas pudorosos".
Los otzovistas causaban inmenso daño al Partido. Su política llevaba al divorcio entre
el Partido y las masas, a la transformación del Partido en una organización sectaria
incapaz de reunir fuerzas para un nuevo ascenso revolucionario. Lenin denunció a los
otzovistas como "liquidadores al revés" y le declaró al otzovismo una guerra sin cuartel.
Una parte de los líderes otzovistas (Bogdánov y Lunacharski) unida a los mencheviques
liquidadores (Valentínov y Yushkévich) atacaban en la prensa los fundamentos teóricos
del marxismo: el materialismo dialéctico e histórico. Lunacharski comenzó a predicar la
construcción de Dios, la necesidad de crear una nueva religión, de unir el socialismo
con la religión.
En la primavera de 1909 los otzovistas, ultimatistas y constructores de Dios formaron
un grupo iniciativo para organizar la escuela antipartido en la isla de Capri (Bogdánov,
Aléxinski y Lunacharski, entre otros). En la práctica, la escuela era un centro de la
fracción antipartido. En junio de 1909 la Reunión de la Redacción ampliada de Proleta-
ri adoptó el acuerdo de que "el bolchevismo, como determinada corriente en el POSDR,
no tiene nada de común con el otzovismo y el ultimatismo" e instó a los bolcheviques a
que sostuvieran la más enérgica lucha contra esta desviación respecto del marxismo
revolucionario. Bogdánov, el inspirador del otzovismo, fue expulsado de las filas bol-
cheviques.
[11] Krásnoe Znamia (La Bandera Roja): revista política y literaria burguesa fundada
por A. V. Amfiteátrov. Salió en París en 1906. Colaboraban en la revista M. Gorki, K.
Bálmont, A. Kuprín y M. Réisner, entre otros.

67
A A. M. GORKI
3 de enero de 1911

Querido A. M.: Hace tiempo que quiero contestar su carta, pero la intensifica-
ción de las peleas[*] de aquí (¡100.000 diablos se las lleven!) me lo ha impedi-
do.

Pero me gustaría conversar con usted.

En primer lugar, antes de que me olvide: Tría fue detenido junto con Zhorda-
nia y Ramishvili. Se dice que es verdad. Una pena, porque es un buen mucha-
cho. Un revolucionario.

Respecto de Sovreménnik. Leí hoy en Rech el contenido del primer número, y


aquí estoy maldiciendo sin parar. Vodovózov escribe sobre Múromtsev...
Kólosov sobre Mijailovski, un artículo de Lopatin No son los nuestros, etc.
¿Cómo no maldecir? Y usted, como si quisiera fastidiarme, habla de "realismo,
democracia, actividad".

¿Cree usted que son palabras buenas? Son palabras malas, que emplean todos
los burgueses embusteros del mundo, desde los demócratas constitucionalistas
y los eseristas en nuestro país hasta Briand o Millerand aquí, Lloyd George en
Inglaterra, etc. Son palabras malas y pomposas, y el contenido huele a eseris-
mo y demócrata-constitucionalismo. No está bien.

En cuanto a Tolstoi, comparto plenamente su opinión: los hipócritas y sinver-


güenzas lo convertirán en un santo. También a Plejánov lo enfurecieron todas
las mentiras y el servilismo en torno a Tolstoi y en esto estamos enteramente
de acuerdo. Él critica por ello a Nasha Zariá en el OC (próximo número)[**], y
yo lo hago en Mil[***] (hoy llegó el núm. 1. Felicítenos por nuestra revista
propia en Moscú, marxista. Este ha sido un feliz día para nosotros). En Zvezdá
núm. 1 (apareció el 16. XII en San Petersburgo) se publicó también un buen
artículo satírico de Plejánov con un comentario trivial, hecho por el que ya
hemos llamado la atención a la Redacción. ¡Debe ser obra de ese tonto de
Iordanski y, probablemente, de Bonch! ¿Pero cómo podría Sovreménnik luchar
__________
[*] El granuja de Trotski está uniendo contra nosotros a los partidarios de Golos con los de Vpe-
riod[1]. ¡Es la guerra!
[**] Trátase del artículo de G. V. Plejánov Carlos Marx y León Tolstoi publicado en el núm. 19-20
del periódico Sotsial-Demokrat del 13 (26) de enero de 1911.
[***]Véase V. I. Lenin. Héroes de la "salvedad".

68
contra "la leyenda sobre Tolstoi y su religión"? ¿Son cosas de Vodovózov y
Lopatin? Usted debe estar bromeando.

A mi juicio, es estimulante que hayan comenzado a golpear a los estudiantes,


pero no debe permitírsele a Tolstoi que imponga ni "pasividad", ni anarquis-
mo, ni populismo, ni religión.

Por lo que se refiere al quijotismo de los socialdemócratas en política interna-


cional, me parece que no tiene usted razón. Porque son los revisionistas quie-
nes vienen afirmando desde hace mucho que la política colonialista es progre-
sista, implanta el capitalismo y, por ello, es inútil "denunciar su avidez y cruel-
dad", ya que "sin estas cualidades" el capital parece "manco".

El quijotismo y los suspiros estériles existirían si los socialdemócratas dijesen


a los obreros que la salvación podía encontrarse al margen del desarrollo capi-
talista y no a través del desarrollo del capitalismo. Pero nosotros no decimos
eso. Nosotros decimos: el capital los devora, devorará a los persas, devorará a
todos y seguirá devorando hasta que lo derroquen. Esa es la verdad. Y no olvi-
damos agregar: sólo en el crecimiento del capitalismo está la garantía de la
victoria sobre él.

Los marxistas no defienden ninguna medida reaccionaria del tipo de la prohi-


bición de los trusts, la restricción del comercio, etc. Pero a cada uno lo suyo:
que los Jomiakov y Cía. tiendan ferrocarriles a través de Persia, que envíen a
los Liájov; la misión de los marxistas es denunciar ante los obreros. Devora y
devorará, estrangula y seguirá estrangulando, resistan.

El resistir a la política colonialista y al saqueo internacional mediante la orga-


nización del proletariado, mediante la defensa de las libertades para la lucha
proletaria no demora el desarrollo del capitalismo, sino que lo acelera, obli-
gando al capitalismo a recurrir a métodos más cultos, más elevados desde el
punto de vista técnico. Hay capitalismo y capitalismo. Hay capitalismo de los
octubristas y de las centurias negras y capitalismo populista ("realista, demo-
crático", pletórico de "actividad"). Cuanto más denunciemos el capitalismo por
sus "avidez y crueldad" ante los obreros, más difícil le resultará mantenerse al
capitalismo de primera clase y más obligatoriamente se transformará en capita-
lismo de segunda. Y eso nos conviene, le conviene al proletariado.

¿Piensa usted que me contradigo? ¿Que al comienzo de la carta consideraba


malas las palabras "realismo, democracia, actividad" y ahora me parecen bue-
nas? No hay ninguna contradicción en ello: son malas para el proletariado y
buenas para la burguesía.

69
Los alemanes tienen una revista oportunista modelo: Soziolistische Monatshef-
te (Cuadernos Mensuales Socialistas)[2]. Desde hace mucho, los señores del
tipo de Schippel y Bernstein vienen atacando en ella la política internacional
de la socialdemocracia revolucionaria, asegurando a gritos que su política se
inclina hacia las "lamentaciones de los misericordiosos". Es un truco de los
estafadores oportunistas, querido. Puesto que se interesa por la política inter-
nacional, pida usted que le envíen de Nápoles esa revista y le traduzcan sus
artículos. Seguro que ahí, en Italia, hay también oportunistas de ésos. Lo único
que no hay en Italia es marxistas, por eso es abominable.

El proletariado internacional hace retroceder el capital de 2 maneras: de un


lado, transformándolo de octubrista en democrático y, de otro, expulsando de
su país el capital octubrista y transfiriéndoselo a los salvajes. Y eso amplía la
base del capital y acerca su muerte. En Europa Occidental casi no existe ya el
capital octubrista; casi todo el capital es democrático. El capital octubrista se
ha trasladado de Inglaterra y Francia a Rusia y Asia. La revolución rusa y la
revolución en Asia son la lucha para desplazar el capital octubrista y sustituirlo
por el capital democrático. Pero el capital democrático es el último engendro
del capitalismo. No tiene a dónde ir. Está perdido.

¿Qué le parecieron "Zvezdá" y "Misl"? El primero es insípido, en mi opinión.


Pero la segunda es toda nuestra, y estoy encantado por ello. Aunque me temo
que pronto la clausurarán.

¿No podría arreglar usted la publicación de mi libro sobre el problema agrario


en "Znanie"? Converse con Piátnitski. Yo no consigo encontrar un editor por
nada del mundo. Es como para pedir socorro[3].

Su postdata: "mis manos tiritan de frío y se me congelan" me causa indigna-


ción. ¡Qué casas miserables hay en Capri! ¡Es una verdadera vergüenza! Inclu-
so nosotros tenemos aquí calefacción central; y sus "manos se le congelan".
Usted tiene que rebelarse.

Un fuerte apretón de manos.

Suyo, Lenin

Recibí de Bolonia una invitación para visitar la escuela (20 obreros). La recha-
cé. No quiero tener nada que ver con los partidarios de Vperiod. Nuevamente
estamos procurando conseguir que los obreros vengan aquí.

70
Enviada de París
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 48.

NOTAS

[1] Grupo Vperiod: grupo antibolchevique y antipartido integrado por otzovistas, ulti-
matistas y constructores de Dios; fue organizado a iniciativa de A. Bogdánov y G.
Aléxinski en diciembre de 1909 después del desplome del centro fraccionalista otzovis-
ta-ultimatista que era la escuela de Capri; tenía su órgano de prensa que llevaba el
mismo título. La lucha de los de Vperiod contra los bolcheviques se distinguía por la
extrema ausencia de principios y el no parar mientes en cuanto a los medios de lucha.
En el Pleno de enero de 1910 los de Vperiod hicieron estrecho bloque con los liquida-
dores adeptos a Golos y los trotskistas. Tras lograr que el Pleno reconociera su grupo en
calidad de "grupo editorial del Partido" y de obtener del CC subsidio para sus publica-
ciones, los de Vperiod pasaron después del Pleno a criticar acerbamente los acuerdos de
este último desde posiciones otzovistas-ultimatistas y se negaron a acatarlos. Después
de la Conferencia de Praga del POSDR los de Vperiod se unieron a los mencheviques
liquidadores y los trotskistas en la lucha contra los acuerdos de la Conferencia. La
conducta antipartido y antimarxista, carente de todo principio, del grupo Vperiod hacía
que los obreros se apartaran de él. "La influencia de este grupo —escribía Lenin— fue
siempre muy insignificante y arrastró su existencia gracias exclusivamente al concilia-
cionismo con toda clase de grupos del extranjero, apartados de Rusia e impotentes". Sin
base en el movimiento obrero, el grupo Vperiod se desintegró, en realidad, en 1913,
dejando de existir formalmente después de la Revolución Democrática Burguesa de
Febrero de 1917.
[2] Soziolistische Monatshefte (Cuadernos Socialistas Mensuales): revista, órgano
principal de los oportunistas alemanes y uno de los órganos del revisionismo interna-
cional; salió en Berlín de 1897 a 1933. Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918)
sostuvo posiciones socialchovinistas.
[3] Por lo visto, V. I. Lenin se refiere al trabajo El problema agrario en Rusia a fines
del Siglo XIX escrito por él en 1908 para el Diccionario enciclopédico que editaba la
cooperativa de los hermanos Granat. Por causa de la censura el trabajo no fue publicado
a la sazón. Por vez primera vio la luz en forma de folleto en 1918 que sacó la editorial
Zhizn y Znanie (Vida y Saber). El manuscrito del libro no se ha conservado.

71
A A. M. GORKI
febrero de 1912

Estimado A. M.:

En breve le enviaremos las resoluciones de la Conferencia[*]. Por fin hemos


logrado —a despecho de la canalla liquidacionista— restablecer el Partido y su
Comité Central. Espero que se alegrará usted de esto tanto como nosotros.

¿No querría usted escribir un volante para el Primero de Mayo? ¿O un volanti-


to en el mismo espíritu? Muy breve, que "inflamen los corazones", ¿qué le
parece? Piense en el pasado —recuerde el año 1905— y escriba un par de
palabras, si tiene usted ganas de escribir. En Rusia hay 2 ó 3 imprentas clan-
destinas, y probablemente el CC lo reeditará en varias decenas de miles de
ejemplares. Sería muy bueno contar con una proclama revolucionaria por el
estilo de los Cuentos de Zvezdá. Me alegra muchísimo que esté usted ayudan-
do a Zvezdá. Nos da un trabajo endemoniado —las dificultades internas, exter-
nas y financieras son enormes—, pero, con todo, por ahora vamos tirando.

Un apretón de manos. Lenin

P. S. Después de todo, Sovreménnik tuvo el buen sentido de morir. Fue algo


bueno de su parte.

Escrita en febrero de 1912.

Enviada de París
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1925,


en Recopilación Leninista III.

Obras Completas,
tomo 48.

__________
[*] Trátase de las resoluciones de la VI Conferencia (de Praga) de toda Rusia del POSDR. Las
resoluciones y la Notificación sobre la Conferencia se publicaron en folleto en febrero de 1912
editadas por el CC del POSDR en París.

72
A A. M. GORKI
febrero-marzo de 1912

Querido A. M.:

Me alegro mucho de que usted haya accedido a intentar escribir un volante de


Primero de Mayo.

Le adjunto las resoluciones de la Conferencia.

He visto Zhivoe Delo[1]. Es una vileza liquidadora "con astucia". Una prédica
liberal; se alegran de que la policía impida plantear abiertamente la cuestión
del Partido.

Zvezdá seguirá saliendo como semanario o como diario de un kopek. Ha ayu-


dado usted mucho, muchísimo, a Zvezdá. con sus magníficos Cuentos, lo que
me ha alegrado extraordinariamente. Así que la alegría —hablando con since-
ridad— ha sido mayor que la tristeza causada por su "idilio" con los Chernov y
los Amfiteátrov... ¡Uf! Me alegro, lo confieso, de que les fracasen los asuntos.

Pero es abominable que usted no tenga de qué vivir ni ningún sitio donde pu-
blicar sus cosas. ¡¡¡Oh, hace mucho que debería haber expulsado a Piátnitski el
sanguijuela y puesto al frente de Znanie a un gerente honrado, a un simple
gerente (quizá sea ya tarde para eso, lo ignoro)!!! Si hubiera hecho esto o aque-
llo... Habría un fondo de oro...

Veo muy de tarde en tarde Irkútskoe Slovo[2], de Rozhkov. Se ha hecho liqui-


dador. Y Chuzhak es tonto de remate, sin remedio y con pretensiones.
Suyo, Lenin
Gracias a M. F. por la carta enviada a Moscú y miles de saludos.
Escrita en febrero-marzo de 1912.

Enviada de París
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez el 21 de enero de 1927,


en el Bakinski Rabochi, núm. 17.

Obras Completas,
tomo 48.

73
NOTAS

[1] Zhivoe Delo (La Causa Viva): semanario legal de los mencheviques liquidadores;
salió en Petersburgo del 20 de enero (2 de febrero) al 28 de abril (11 de mayo) de 1912.
Vieron la luz 16 números. Participaban en la publicación L. Mártov, F. Dan y P. Axel-
rod, entre otros.
[2] Irkútskoe Slovo (La Palabra de Irkutsk): semanario de orientación menchevique
liquidacionista; salió en 1911-1912.

74
A A. M. GORKI
entre el 15 y el 25 de febrero de 1913

Querido A. M.:

¿Qué es eso, querido, por qué se porta mal? Ha trabajado demasiado, está
cansado, se le han desatado los nervios. Es un caos completo. Porque precisa-
mente en Capri y, además, en invierno, cuando la "afluencia" es, quizá, menor,
debería llevar una vida ordenada. ¿Es que, carente de cuidados, ha perdido el
dominio de sí mismo? ¡Ay!, ¡ay!, no está bien. ¡Domínese, "sujétese" a un
régimen más severo, de veras! En los tiempos que corremos es absolutamente
inadmisible enfermarse. ¿Ha empezado a trabajar de noche? Porque cuando
estuve en Capri, me decía que era yo el que llevaba el desorden, que antes se
acostaba a la hora debida. Hay que descansar y "sujetarse" a un régimen, sin
falta.

Escribiré a Troyanovski y a su esposa transmitiéndoles su deseo de verse con


ellos. Eso estaría bien, en efecto. Son buenas personas. Hemos visto poco
todavía cómo trabajan; pero todo lo que sabemos hasta ahora habla a su favor.
Tienen también medios. Podrían mostrar de lo que son capaces y hacer mucho
para la revista. La esposa de Troyanovski marchará pronto a Rusia.

Me ha alegrado extraordinariamente, lo mismo que a todos los de aquí, saber


que se encarga usted de Prosveschenie. Y yo —lo confieso— había pensado:
en cuanto le escriba a A. M. que se trata de una pequeña revista o de una revis-
tilla nuestra, se le quitarán las ganas. Me arrepiento, me arrepiento de haber
tenido tales pensamientos.

¡Sería excelente, en efecto, que consiguiéramos poco a poco sentar juntos a los
literatos y hacer avanzar Prosveschenie! ¡Excelente! El lector será nuevo,
proletario —haremos que la revista sea barata—, y usted dejará pasar literatura
solamente democrática, sin gimoteos ni apostasías. Aglutinaremos a los obre-
ros. Y los obreros de ahora son buenos. Los 6 diputados nuestros elegidos por
la curia a la Duma han empezado a moverse de tal modo para la labor fuera de
la Duma que es un primor. ¡He ahí dónde consolidarán los hombres el partido
obrero, auténtico! En la III Duma jamás lo habían conseguido. ¿Ha visto usted
en Luch (núm. 24) la carta de los 4 diputados sobre la retirada?[1] Es una buena
carta, ¿eh?

¿Y ha visto en Pravda? ¡Aléxinski escribe buenas cosas y, por ahora, no es-

75
candaliza! ¡Es asombroso! Ha enviado un "manifiesto" (explicando por qué ha
entrado en Pravda).

No se lo han publicado. Y pese a ello, por ahora, no escandaliza. ¡A-som-bro-


so! Pero Bogdánov escandaliza: en el núm. 24 de Pravda dice archiestupide-
ces. ¡No, con él es imposible hacer migas! He leído su Ingeniero Menni. El
mismo machismo = idealismo de siempre, oculto de tal manera que no lo han
comprendido ni los obreros ni los bobalicones redactores de Pravda. No, este
adepto de Mach no tiene arreglo, lo mismo que Lunacharski (gracias por su
artículo). Si se consiguiera separar a Lunacharski de Bogdánov en el terreno de
la estética tal y como Aléxinski ha empezado a separarse de él en la política...
si se consiguiera...

En cuanto a la doctrina acerca de la materia y su estructura estoy completa-


mente de acuerdo con usted en que hay que escribir de eso y que eso es un
buen remedio contra "el veneno que bebe la informe alma rusa". Pero en vano
denomina usted "metafísica" a ese veneno. Hay que llamarlo idealismo y ag-
nosticismo.

¡Porque los adeptos de Mach denominan metafísica al materialismo! Y preci-


samente un puñado de eminentísimos físicos contemporáneos, con motivo de
los "milagros" del radio, de los electrones, etc., deslizan al diosecito, tanto al
más brutal como al más sutil, bajo la forma de idealismo filosófico.

En cuanto al nacionalismo, coincido plenamente con usted: habría que ocupar-


se de esto más seriamente. Tenemos a un portentoso georgiano que se ha pues-
to a escribir para Prosveschenie un extenso artículo, para el cual ha reunido
todos los materiales austríacos y otros[2]. Nos empeñaremos en esto. Pero que
nuestras resoluciones (se las envío impresas) "son formalidades, burocracia",
en eso su injuria yerra el blanco. No. No es una formalidad. En Rusia y en el
Cáucaso han trabajado juntos los socialdemócratas georgianos + los armenios
+ los tártaros + los rusos, en una organización socialdemócrata única, más de
10 años. Esto no es una frase, sino la solución proletaria del problema nacio-
nal. La única solución. Lo mismo ha ocurrido en Riga: los rusos + los letones
+ los lituanos; sólo los separatistas —el Bund— solían mantenerse apartados.
Lo mismo en Vilna.

Hay 2 buenos folletos socialdemócratas sobre el problema nacional: el de


Strasser y el de Pannekoek. ¿Quiere que se los envíe? ¿Encontrará alguien que
se los traduzca del alemán?

No; la ignominia que existe en Austria no se dará en nuestro país. ¡No lo tole-

76
raremos! Además, tenemos más rusos aquí. Con los obreros de nuestro lado no
permitiremos que penetre el "espíritu austríaco".

En cuanto a Piátnitski[3] yo soy partidario de que se lo enjuicie. No hay nece-


sidad de andar con ceremonias. El sentimentalismo sería imperdonable. Los
socialistas no son, de ningún modo, contrarios a utilizar los tribunales del Es-
tado. Somos partidarios de que se utilice la legalidad. Marx y Bebel recurrían
a los tribunales del Estado incluso contra sus adversarios socialistas. Hay que
saber cómo hacerlo, pero hay que hacerlo.

A Piátnitski hay que enjuiciarlo, y se acabó. Si lo reprochan por esto a usted,


escupa usted a quienes lo hagan. Se lo reprocharán los hipócritas. Sería imper-
donable ceder ante Piátnitski, perdonarlo por temor a ir a los tribunales.

Bueno, he charlado más de la cuenta. Escriba cómo está de salud.

Suyo, Lenin

P. S. Conocemos al Fomá petersburgués. Ahora está en Narim. ¿Fomá de los


Urales? No creemos recordarlo. En el Congreso de 1907 había un Fomá pe-
tersburgués.

Escrita entre el 15 y el 25 de febrero de 1913.

Enviada de Cracovia
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 48.

NOTA
[1] Trátase de la siguiente carta de los diputados bolcheviques a la IV Duma de Estado
A. E. Badáev, G. I. Petrovski, F. N. Samóilov y N. R. Shágov sobre su salida del cuerpo
de colaboradores del periódico liquidacionista Luch:
"El 18 de diciembre de 1912 nosotros, en consonancia con el deseo del grupo socialdemócrata
del 15 de diciembre, aceptamos la proposición del periódico Luch de incluimos en el cuerpo
de sus colaboradores.
Desde entonces ha pasado más de un mes. En todo ese período Luch no ha dejado de atacar
furiosamente el antiliquidacionismo. Su prédica de partido obrero 'abierto' y sus ataques a la
clandestinidad son, a nuestro juicio, intolerables y nocivos en las presentes condiciones de la
vida rusa.

77
No estimamos posible encubrir con nuestros nombres las concepciones liquidacionistas que
predica Luch y pedimos a la Redacción que nos excluya del cuerpo de sus colaboradores".

[2] Trátase del artículo de I. V. Stalin El problema nacional y la socialdemocracia.


[3] Trátase de las sospechas de M. Gorki de que el director ejecutivo ·de la editorial
Znanie de Petersburgo K. P. Piátnitski no era escrupuloso en la administración de los
asuntos. Las cosas no llegaron al tribunal.

78
A A. M. GORKI
13 ó 14 de noviembre de 1913

Querido A. M.: Pero ¿qué hace usted? ¡Es algo sencillamente espantoso!

Ayer leí en Rech su réplica a los "aullidos" en defensa de Dostoievski[*] y me


disponía, a congratularme cuando hoy recibo el periódico de los liquidadores y
veo que publica un párrafo de su artículo que faltaba en Rech.

Ese párrafo es el siguiente:

"En cuanto a la 'busca de Dios', habrá que aplazarla por algún tiempo" (¿sólo por
algún tiempo?): "es una ocupación inútil, pues no hay por qué buscar donde no se
debe. Quien no siembra no recoge. Ustedes no tienen Dios, no lo han creado toda-
vía" (¡todavía!). "A los dioses no se los busca: se los crea; la vida no se inventa,
sino que se la crea".

¡Resulta que está usted en contra de la "busca de Dios" sólo "por algún tiem-
po"!! ¡¡Resulta que está usted en contra de la busca de Dios únicamente para
sustituirla con la construcción de Dios!!

¿No es espantoso, acaso, que le resulte a usted semejante cosa?

La busca de Dios se diferencia de la construcción de Dios, o de la edificación


de Dios, o de la creación de Dios, etc., no más que un diablo amarillo de un
diablo azul. Hablar de la busca de Dios para dar preferencia al diablo azul
sobre el diablo amarillo y no para manifestarse contra todos los diablos y todos
los dioses, contra todo acto de necrofilia ideológica (cualquier diosecillo es un
acto de necrofilia, aunque se trate del diosecillo más puro e ideal, no importa
cuál, no buscado, sino construible), es 100 veces peor que no decir nada.

__________
[*] La carta de Lenin se debió a la aparición en el núm. 219 del periódico Rússkoe Slovo (La
Palabra Rusa) del 22 de septiembre de 1913 del artículo de M. Gorki Acerca del karamazovismo
con una protesta contra la puesta en escena por el Teatro de Arte de Moscú de la novela reacciona-
ria de F. M. Dostoievski Los endemoniados. La prensa burguesa se alzó en defensa de la pieza de
Dostoievski. Gorki contestó con un nuevo artículo Una vez más acerca del karamazovismo publi-
cado en el núm. 248 de Rússkoe Slovo del 27 de octubre de 1913. En grandes extractos, pero sin el
párrafo final, la respuesta de Gorki fue reproducida en el núm. 295 del periódico Rech del 28 de
octubre (10 de noviembre). Al día siguiente este artículo de Gorki, incluido el párrafo final, citado
íntegro por Lenin en la carta, fue reproducido en el núm. 69 del periódico liquidacionista Nóvaya
Rabóchaya Gazeta.

79
En los países más libres, en los países donde es absolutamente inoportuno el
llamamiento "a la democracia, al pueblo, a la opinión pública y a la ciencia";
en esos países (Norteamérica, Suiza, etc.), se embrutece al pueblo y a los obre-
ros con celo especial utilizando precisamente la idea de un diosecillo puro,
espiritual, construible. Precisamente porque toda idea religiosa, toda idea de
cualquier deidad, incluso todo coqueteo con un diosecillo, es la infamia más
incalificable acogida por la burguesía democrática con singular tolerancia (y,
frecuentemente, incluso con benevolencia), es la infamia más peligrosa, la
"peste" más repulsiva. Las masas advierten con mucha más facilidad un millón
de pecados, villanías, violencias y pestes físicos —y por ello son mucho menos
peligrosos— que la idea del diosecillo, sutil, espiritual, disfrazada con el más
elegante ropaje "ideológico". El sacerdote católico corruptor de muchachas
(caso del que acabo de leer casualmente en un periódico alemán) es mucho
menos peligroso precisamente para la "democracia" que el sacerdote sin sota-
na, el sacerdote sin una religión burda, el sacerdote de ideas democráticas que
predica la construcción y la creación de Dios. Porque al primer sacerdote se le
puede desenmascarar, condenar y expulsar con facilidad; pero al segundo no
se le puede expulsar tan fácilmente, es 1,000 veces más difícil desenmascarar-
lo, y ningún pequeño burgués "endeble y compasivamente vacilante" accedería
a "condenarlo".

Y usted, conociendo "la endeblez y compasiva vacilación" del alma pequeño


burguesa (rusa: ¿por qué rusa?, ¿¿acaso es mejor la italiana??), ¡¡conturba esa
alma con el veneno más dulce, mejor acaramelado y envuelto en papelitos
pintados con vivos colores!!

En verdad que es espantoso.

"Basta ya de autoescupitajos que sustituyen entre nosotros la autocrítica."

Pero ¿¿acaso la construcción de Dios no es el peor de los autoescupitajos??


Toda persona que se dedica a la construcción de Dios o admite siquiera esa
construcción se escupe a si misma de la peor manera, entregándose no a la
"acción", sino precisamente a la autocontemplación, a la autoadmiración. Por
cierto, lo único que "contempla" esa persona son los rasgos o detalles más
repulsivos, obtusos y rastreros de su "yo", deificados por la construcción de
Dios.

Desde el punto de vista social, y no individual, toda construcción de Dios es


precisamente una autocontemplación amorosa del pequeño burgués obtuso,
del filisteísmo endeble, del "autoescupitajo" soñador de los filisteos y peque-
ños burgueses "desesperados y cansados" (como ha tenido a bien decir usted,
con mucho acierto, refiriéndose al alma; pero debería haber dicho pequeño-

80
burguesa, y no "rusa", pues la hebrea, la italiana y la inglesa son todas el mis-
mo diablo, el sarnoso filisteísmo es en todas partes igualmente abyecto, y el
"filisteísmo democrático" dedicado a la necrofilia ideológica es sumamente
abyecto).

He leído con atención su artículo tratando de descubrir de dónde ha podido


salir esta equivocación y he quedado perplejo. ¿Qué es esto? ¿¿Restos de la
Confesión que usted mismo desaprobó?? ¿¿Un eco suyo??

¿U otra cosa, por ejemplo, un desafortunado intento de plegarse al punto de


vista democrático general, en vez de adoptar el punto de vista proletario?
¿Quizá deseara usted, para hablar con la "democracia en general", gazmiar
(perdone la expresión) como se hace con los niños? ¿Quizá deseara, para "ex-
ponerlo de una manera popular" a los filisteos, admitir por un momento los
prejuicios de éstos, de los filisteos?

¡Pero si es un método incorrecto en todos los sentidos y en todos los aspectos!

He dicho más arriba que en los países democráticos sería absolutamente


inoportuno el llamamiento de un escritor proletario "a la democracia, al pue-
blo, a la opinión pública y a la ciencia". ¿¿Y en nuestro país, en Rusia?? Ese
llamamiento no sería del todo oportuno, pues halaga también en cierto modo
los prejuicios pequeñoburgueses. En nuestro país, incluso Izgóev, el de Rúss-
kaya Misl, suscribiría con las 2 manos un llamamiento general rayano en la
vaguedad. ¿¿Para qué tomar, pues, consignas que usted distingue magnífica-
mente del izgoevismo, pero que el lector no puede distinguir?? ¿Para qué
tender sobre el lector una gasa democrática, en vez de hacer una clara diferen-
ciación entre los pequeños burgueses (endebles, compasivamente vacilantes,
cansados, desesperados, autocontemplativos, contemplativos de Dios, cons-
tructores de Dios, indulgentes con Dios, que se escupen a sí mismos, estúpi-
damente anarquistas —¡¡maravillosa expresión!!—, etcétera, etcétera) y los
proletarios (que saben ser animosos no de palabra, sino de hecho, y diferenciar
"la ciencia y la opinión pública" de la burguesía de las suyas propias, que
saben diferenciar la democracia burguesa de la proletaria)?

¿Para qué hace usted eso?

Es lamentable en extremo.

Suyo, V. I.

P. S. Le hemos enviado la novela como impreso certificado. ¿La ha recibido?

81
P.P.S. Trátese más en serio, de veras, para que en invierno pueda viajar sin
resfriados (en invierno son peligrosos).

Suyo, V. Uliánov

Escrita el 13 o el 14 de noviembre de 1913.

Enviada de Cracovia
a la isla de Capri (Italia).

Publicada por primera vez el 2 de marzo de 1924,


en el periódico Pravda, núm. 51.

Obras Completas,
tomo 48.

82
A A. M. GORKI
segunda quincena de noviembre de 1913

... [*] En cuanto al problema de Dios, de lo divino y de todo lo que se relaciona


con esto, hay una contradicción en su posición; la misma, creo, que solía seña-
larle en nuestras charlas, la última vez que nos vimos en Capri. Usted rompió
(o parece que rompió) con los de Vperiod, sin haberse dado cuenta de cuáles
son los fundamentos ideológicos de la tendencia de Vperiod.

Lo mismo ha ocurrido ahora. Está "enojado", "no puede comprender cómo


pudieron deslizarse las palabras 'por algún tiempo'" —así escribe—, pero, al
misino tiempo, defiende la idea de Dios y la construcción de Dios.

"Dios es el conjunto de esas ideas, elaboradas por la tribu, la nación, la humanidad,


que despiertan y organizan los sentimientos sociales y que se proponen como fin
vincular al individuo con la sociedad y refrenar el individualismo zoológico".

Esta teoría está evidentemente relacionada con la teoría o las teorías de Bog-
dánov y Lunacharski.

Y es manifiestamente falsa y manifiestamente reaccionaria. Lo mismo que los


socialistas cristianos (la peor variedad de "socialismo" y su peor tergiversa-
ción), usted emplea un método en el que (a pesar de sus mejores intenciones)
repite la treta de los curas: suprime de la idea de Dios lo que es histórico y
extraído de la vida real (lo impuro, los prejuicios, la santificación de la igno-
rancia y la degradación, por una parte, y por la otra, el régimen de la servi-
dumbre y la monarquía). Además, en lugar de la realidad de la historia y de la
vida, se inserta en la idea de Dios una melosa frase pequeñoburguesa (Dios =
"ideas que despiertan y organizan los sentimientos sociales").

Al hacerlo así, su deseo es decir algo "bueno y noble", apuntar "a la verdad y a
la justicia" y cosas parecidas. Pero su buen deseo sigue siendo patrimonio
personal suyo, un "inocente deseo" subjetivo. Una vez que lo ha escrito, se
difunde entre las masas, y su significación no es determinada por sus buenos
deseos, sino por la correlación de las fuerzas sociales, la correlación objetiva
de las clases. Y en virtud de esta correlación resulta (a despecho de su volun-
tad e independientemente de su conciencia) que usted ha embellecido y endul-
zado la idea de los clericales, los Purishkévich, Nicolás II y los señores Struve,
__________
[*] El comienzo de la carta no ha sido encontrado.

83
pues en la práctica la idea de Dios les ayuda a ellos a mantener al pueblo en la
esclavitud. Al adornar la idea de Dios, ha adornado usted las cadenas con que
ellos atan a los obreros y campesinos ignorantes. Ahí tienen —dirán los curas
y Cía.— cuán buena y profunda es esta idea (la idea de Dios), cómo hasta los
jefes "de ustedes", señores demócratas, la reconocen, y nosotros (los curas y
Cía.) servimos a dicha idea.

No es verdad que Dios sea el conjunto de ideas que despiertan y organizan los
sentimientos sociales. Eso es idealismo al estilo de Bogdánov, que oculta el
origen material de las ideas. Dios es (en la historia y en la vida real), ante todo,
el conjunto de ideas engendradas por el sometimiento bestial del hombre, tanto
por la naturaleza que lo rodea como por el yugo de clase, ideas que afianzan
ese sometimiento, adormecen la lucha de clases. Hubo en la historia una época
en que, pese a ese origen y a esa significación real de la idea de Dios, la lucha
de la democracia y el proletariado se desarrollaba en forma de lucha de una
idea religiosa contra otra.

Pero también esa época quedó atrás hace mucho.

Ahora, tanto en Europa como en Rusia, todo lo que sea defender y justificar la
idea de Dios, aunque se trate de la defensa más refinada y mejor intencionada,
es una justificación de la reacción.

Toda su definición es reaccionaria y burguesa hasta la médula. Dios = conjunto


de ideas que "despiertan y organizan los sentimientos sociales y que se propo-
nen como fin vincular al individuo con la sociedad y refrenar el individualismo
zoológico".

¿Por qué es esto reaccionario? Porque embellece la idea de "refrenar" la zoolo-


gía, predicada por curas y feudales. En realidad el "individualismo zoológico"
no fue refrenado por la idea de Dios; fue refrenado por la horda primitiva y la
comunidad primitiva. La idea de Dios ha servido siempre para adormecer y
embotar los "sentimientos sociales", suplantando lo vivo por lo muerto; ha sido
siempre la idea de la esclavitud (de la peor, de la esclavitud sin salida). La idea
de Dios jamás "ha vinculado al individuo con la sociedad"; ha maniatado
siempre a las clases oprimidas con la creencia en el carácter divino de sus
opresores.

Su definición es burguesa (y no científica, no histórica), porque opera con


conceptos globales, generales, a lo "Robinson Crusoe", tomados en general, y
no con determinadas clases en una determinada época histórica.

84
Una cosa es la idea de Dios entre los salvajes zirianos, etc. (o también entre los
semisalvajes) y otra muy distinta es la idea de Dios que tienen Struve y Cía. En
ambos casos la dominación de clase sostiene esta idea (y esta idea sostiene a la
dominación). El concepto "popular" de Dios y de lo divino es el embotamien-
to, la degradación, la ignorancia "popular", exactamente lo mismo que el "con-
cepto popular" de zar, de diablo o de arrastrar a las mujeres de los cabellos. No
acabo de comprender cómo puede considerar "democrático" el "concepto po-
pular" de Dios.

Es falso que el idealismo filosófico "siempre ha tenido en cuenta solamente los


intereses del individuo". ¿Es que Descartes pensaba más que Gassendi en los
intereses del individuo? ¿O Fichte y Hegel más que Feuerbach?

¡¡Es simplemente terrible oír que "la construcción de Dios es un proceso de


desarrollo y acumulación de elementos sociales en el individuo y la socie-
dad"!! Si en Rusia hubiera libertad, toda la burguesía lo habría puesto a usted
por las nubes por escribir tales cosas, por esa sociología y esa teología de tipo
y carácter puramente burgueses.

Bien, por ahora basta, pues la carta se ha alargado más de la cuenta. Vuelvo a
estrecharle la mano y le deseo salud.

Suyo, V. I.

Escrita en la segunda quincena de noviembre de 1913.

Enviada de Cracovia
a la isla de Capri (Italia ).

Publicada por primera vez en 1924,


en Recopilación Leninista I.

Obras Completas,
tomo 48.

85
A A. M. GORKI
31 de julio de 1919

Querido Alexéi Maxímovich: Cuanto más leo su carta y cuanto más pienso en
la relación entre las conclusiones de la misma y lo que ella dice (así como lo
que usted me explicó en nuestras entrevistas), más llego al convencimiento de
que la carta y sus conclusiones y todas sus impresiones son completamente
enfermizas.

Petrogrado ha sido, en estos últimos tiempos, uno de los lugares más enfermi-
zos. Esto es comprensible si se tiene en cuenta que su población ha sufrido más
que ninguna otra, los obreros, más que nadie, han entregado lo mejor de sus
energías, la escasez de alimentos es grave y el peligro militar también. Eviden-
temente sus nervios no pueden soportarlo. Esto no tiene nada de extraño. Sin
embargo, usted se pone terco cuando se le dice que tiene que cambiar su lugar
de residencia, pues es muy insensato dejar que los nervios se destrocen hasta
caer en un estado enfermizo; imprudente incluso desde el punto de vista del
simple sentido común, para no hablar de otros puntos de vista.

Lo mismo que en sus conversaciones, en su carta hay un cúmulo de impresio-


nes enfermizas que lo llevan a conclusiones enfermizas.

Comienza usted por la disentería y el cólera, e inmediatamente se le cruza una


especie de resentimiento enfermizo: "igualdad y fraternidad". ¡¡Inconsciente-
mente, pero el resultado es poco más o menos que el comunismo es el respon-
sable de las privaciones, la miseria y las enfermedades de una ciudad sitiada!!

Luego siguen ciertas agudezas mordaces que yo no entiendo contra la literatura


"grosera" (¿cuál? ¿por qué relacionada con Kalinin?) Y la conclusión de que
unos "restos insignificantes de obreros inteligentes" dicen que han sido "trai-
cionados", "al ser entregados cautivos de los mujiks".

Esto sí que ya no tiene pies ni cabeza. ¿Se acusa a Kalinin de haber traicionado
a los obreros entregándolos a los mujiks? Tal parece ser la conclusión.

Esto podría ser inventado por obreros totalmente inexpertos, necios, con una
frase "izquierdista" en vez de cerebro, o bien por aquellos que están sobreexci-
tados, exhaustos, hambrientos, enfermos, o bien por los "restos de la aristocra-
cia" que tienen una estupenda habilidad para tergiversarlo todo, un estupendo

86
don para agarrarse a cualquier nimiedad con el fin de vomitar su odio feroz al
Poder soviético. Y usted menciona estos restos aquí, en su carta. El estado de
ánimo de ellos tiene una influencia malsana en usted.

Usted escribe que ve "gente de los sectores sociales más diversos". Una cosa
es verlos, y otra, sentir el contacto diario con ellos, en todos los aspectos de la
vida de uno. Lo que usted experimenta viene, principalmente, de los "restos",
aunque sólo sea en virtud de su profesión, que lo obliga a "recibir" a decenas
de enrabiados intelectuales burgueses, y también en virtud del ambiente en que
vive.

¡Como si los "restos" alimentasen "hacia el Poder soviético algo lindante con
la simpatía", en tanto que "la mayoría de los obreros" produjera ladrones, "co-
munistas" que se han pegado, etc.! Y así va usted argumentando, hasta llegar a
la "conclusión" de que no se puede hacer la revolución con la ayuda de ladro-
nes, no se la puede hacer sin la intelectualidad.

Es ésta una psicología totalmente enfermiza, agudamente agravada en un me-


dio de enrabiados intelectuales burgueses.

Se hace todo lo posible por atraer a la intelectualidad (a la intelectualidad que


no es de los guardias blancos) a la lucha contra los ladrones. Y cada mes au-
menta en la República Soviética la proporción de intelectuales burgueses que
ayudan sinceramente a los obreros y a los campesinos, que no se limitan sim-
plemente a refunfuñar y a escupir furia. Esto no es posible "verlo" en Petrogra-
do, porque Petrogrado es una ciudad con un número excepcionalmente grande
de gente burguesa (y de "intelectualidad") que ha perdido su lugar en la vida (y
la cabeza), pero para toda Rusia es un hecho indiscutible.

En Petrogrado o desde Petrogrado uno puede convencerse de esto si cuenta


con una información política excepcional y tiene una especial y amplia expe-
riencia política. Usted no tiene esto. Y usted no se ocupa de política ni de ob-
servar el trabajo de la construcción política, sino de una profesión especial que
lo rodea de intelectuales burgueses enrabiados, que no han comprendido nada,
olvidado nada, aprendido nada, y que en el mejor de los casos —caso muy
raro— han perdido su rumbo, están desesperados, gimotean y repiten los viejos
prejuicios, han sido aterrorizados o se aterrorizan a sí mismos.

Si usted quiere observar, tiene que observar desde abajo donde es posible
contemplar el trabajo de nueva construcción de la vida, en un barrio obrero de
provincia o en el campo. Allí no se necesita hacer recapitulación política de
datos extremadamente complejos, allí uno puede limitarse a observar. En vez

87
de hacer esto, usted se ha colocado en la posición de un redactor profesional de
traducciones, etc., una posición en la que no es posible observar la nueva cons-
trucción de la nueva vida, una posición en la que toda su energía se malgasta
en las enfermizas quejas de una enfermiza intelectualidad, en observar la "vie-
ja" capital en condiciones de terrible peligro militar y de privaciones feroces.

Se ha colocado usted en una posición desde la que no puede observar directa-


mente lo nuevo que surge en la vida de los obreros y campesinos, es decir, de
las 9/10 partes de la población de Rusia; desde la que usted está obligado a
observar los fragmentos de la vida de una antigua capital, desde donde la flor
de los obreros ha salido para los frentes y para el campo, y donde ha quedado
un número desproporcionadamente elevado de intelectuales sin un lugar en la
vida y sin trabajo, que especialmente lo "asedian" a usted. Y cuando se le
aconseja marcharse, usted lo rechaza tercamente.

Es comprensible que haya llegado a enfermar: ¡¡¡usted escribe que encuentra la


vida no solamente dura, sino también "extremadamente repugnante"!!! ¡No me
sorprende! En tiempos como éstos, encadenarse al punto más enfermo como
un redactor de literatura traducida (¡la ocupación más adecuada para observar a
la gente, para un artista!). Como artista, allí no puede ver ni estudiar nada de lo
nuevo: en el ejército, en el campo, en la fábrica. Se ha privado usted de la
posibilidad de hacer lo que daría satisfacción a un artista: en Petrogrado puede
trabajar un político, pero usted no es un político. Hoy se trata de vidrios rotos
inútilmente, mañana, los tiros y los gritos desde la cárcel, luego, los arrebatos
de la oratoria de los no obreros más agotados que se han quedado en Petrogra-
do, luego, millón de impresiones de los intelectuales, de los intelectuales de
una capital que no es más capital, luego centenares de quejas de agraviados,
imposibilidad de ver cualquier construcción de la vida en el tiempo que usted
ha dejado libre después de redactar (la construcción avanza de modo particu-
lar, pero en Petrogrado menos que en ningún otro sitio). ¿Cómo podía usted no
llegar al punto en que es extremadamente repugnante seguir viviendo?

El país está viviendo una lucha febril contra la burguesía del mundo entero
empeñada en vengarse furiosamente por su derrocamiento. Eso es natural. Por
la primera República Soviética, los primeros golpes de todas partes. Eso es
natural. Aquí uno tiene que vivir como un político activo o (si no siente voca-
ción por la política) como artista, observar cómo la gente construye la vida de
modo nuevo en un lugar que no es, como lo es la capital, el centro de furiosos
ataques, de una lucha furiosa contra las conspiraciones, de odio feroz de los
intelectuales de la capital, en algún lugar en el campo o en una fábrica provin-
cial (o en el frente). Allí es fácil distinguir por la simple observación cómo se
separa lo viejo de los brotes de lo nuevo.

88
La vida se ha vuelto repugnante, "se ahonda la discrepancia" con el comunis-
mo. Es imposible decir dónde está esa discrepancia. Ni la menor indicación de
discrepancia política o en las ideas. Hay discrepancia en cuanto al estado de
ánimo entre la gente que está ocupada en política o absorbida en una lucha
sumamente enconada y el estado de ánimo de un hombre que se ha colocado
artificialmente en una posición desde donde no puede observar la nueva vida,
pero, en cambio, se deja ganar por las impresiones de la podredumbre de una
enorme capital burguesa.

Le he expresado francamente mis pensamientos en relación con el tema de su


carta. Por mis conversaciones (con usted) hace tiempo que he estado acercán-
dome a estas mismas ideas, pero su carta les ha dado forma y conclusión, re-
dondeado la suma de las impresiones que me quedaban de esas conversacio-
nes. No quiero imponerle consejos, pero no puedo dejar de decirle: cambie
radicalmente el ambiente en que vive, lo que lo rodea, su lugar de residencia,
su ocupación; de otro modo, la vida puede repugnarle definitivamente.

Un fuerte apretón de manos.

Suyo, Lenin

Enviada a Petrogrado.

Publicada por primera vez en 1925,


en la revista Krásnaya Létopis, núm. 1.

Obras Completas,
tomo 51.

89
A A. M. GORKI
15 de septiembre de 1919

Querido Alexéi Maxímich: He recibido a Tonkov, y aún antes de recibirlo y de


su carta de usted decidimos en el CC nombrar a Kámenev y Bujarin para que
controlaran el arresto de intelectuales burgueses de tipo circundemócrata cons-
titucionalista y pusieran en libertad a quien fuese posible[1]. Ya que está claro
para nosotros que también aquí se han cometido errores.

Asimismo está claro que, hablando en términos generales, la prisión del públi-
co demócrata constitucionalista (y circundemócrata constitucionalista) ha sido
una medida indispensable y justa.

Cuando leo su sincera opinión sobre el particular recuerdo una frase suya que
se me ha grabado con especial fuerza en la cabeza cuando conversábamos (en
Londres, la isla de Capri y después):

"Nosotros, los artistas, somos gentes irresponsables".

¡Exacto! ¿Con motivo de qué dice usted palabras increíblemente enojosas?


Con motivo de que varias decenas (aunque sean incluso centenas) de señoritos
demócratas constitucionalistas o circundemócratas constitucionalistas se pasen
unos días en la cárcel para conjurar conspiraciones al estilo de la entrega de
Krásnaya Gorka[2], conspiraciones que entrañan el peligro de muerte de dece-
nas de miles de obreros y campesinos.

¡Vaya calamidad! ¡Qué injusticia! ¡Unos días o, incluso, semanas de cárcel


para los intelectuales a fin de impedir la matanza de decenas de miles de obre-
ros y campesinos!

"Los artistas son gentes irresponsables".

No es justo confundir las "fuerzas intelectuales" del pueblo con las "fuerzas"
de los intelectuales burgueses. Tomaré a título de ejemplo de ellos a Korolen-
ko: hace poco he leído su folleto escrito en agosto de 1917 Guerra, patria y
humanidad. Y Korolenko es el mejor de los "circundemócratas constituciona-
listas", casi menchevique. Pero, ¡qué ignominiosa, vil y miserable defensa de
la guerra imperialista, defensa encubierta con frases melifluas! ¡Un miserable
pequeñoburgués cautivo de los prejuicios burgueses! Para esos señores los

90
10'000,000 de muertos en la guerra imperialista son cosa que merece apoyo
(con hechos acompañados de melifluas frases "contra" la guerra), y la muerte
de cientos de miles en la justa guerra civil contra los terratenientes y capitalis-
tas produce ayes, gemidos, suspiros e histerismos.

No estoy de acuerdo. No hay nada de malo que semejantes "talentos" se pasen


unas semanitas en la cárcel cuando ello es indispensable para impedir conspi-
raciones (al estilo de Krásnaya Gorka) y la muerte de decenas de miles. Y
nosotros hemos descubierto estas conspiraciones de los demócratas constitu-
cionalistas y "circundemócratas constitucionalistas". Y sabemos que profeso-
res circundemócratas constitucionalistas prestan ayuda a cada paso a los cons-
piradores. Es un hecho.

Las fuerzas intelectuales de los obreros y campesinos crecen y se fortalecen en


la lucha por el derrocamiento de la burguesía y sus cómplices, los intelectua-
loides, lacayos del capital que se creen ser el cerebro de la nación. En realidad,
no son cerebro, sino m...

A las "fuerzas intelectuales" que desean llevar la ciencia al pueblo (y no servir


al capital) les pagamos sueldos superiores al promedio. Es un hecho. Las cui-
damos. Es un hecho. Decenas de miles de oficiales sirven en nuestro Ejército
Rojo y triunfan, a despecho de los cientos de traidores. Es un hecho.

Por lo que se refiere al estado de ánimo de usted, lo "comprendo" (una vez que
usted ha expresado la duda de que le comprenda a usted). Más de una vez le
dije a usted tanto en Capri como después: usted se deja rodear de elementos
precisamente peores de la intelectualidad burguesa y se deja llevar por los
gimoteos de ésta. La lamentación de cientos de intelectuales con motivo del
"horrible" arresto por unas cuantas semanas la oye y escucha usted, mientras
que no oye y no escucha las voces de infinidad, de millones de obreros y cam-
pesinos a quienes amenazan Denikin, Kolchak, Lianózov, Rodzianko, los
conspiradores de Krásnaya Gorka (y otros conspiradores demócratas constitu-
cionalistas). Comprendo perfectamente, muy perfectamente, comprendo per-
fectamente que así se puede llegar a escribir no ya sólo que "los rojos son tan
enemigos del pueblo como los blancos" (los luchadores por el derrocamiento
de los capitalistas y terratenientes son tan enemigos del pueblo como los terra-
tenientes y los capitalistas), sino, además, a escribir de que uno cree en Dios o
en el padrecito zar. Lo comprendo perfectamente.

Se lo juro, ¡se perderá usted si no hace un esfuerzo para escaparse de ese am-
biente de intelectuales burgueses! De toda el alma le deseo que se escape lo
más pronto posible.

91
¡Los mejores saludos!

Suyo, Lenin

¡Ya que usted no escribe! Gastarse en gimoteos de intelectuales podridos y no


escribir, ¿no es eso la muerte, no es una vergüenza para un artista?

Escrita el 15 de septiembre de 1919.

Enviada a Petrogrado.

Obras Completas,
tomo 51.

NOTAS

[1] En la reunión del Buró Político del CC del PC(b)R del 11 de septiembre de 1919 se
discutió el problema de las detenciones de intelectuales burgueses. El Buró Político
propuso a F. E. Dzerzhinski, N. l. Bujarin y L. B. Kámenev que revisaran los asuntos de
los detenidos.
[2] La conspiración en el fuerte de Krásnaya Gorka iniciada en la madrugada del 13 de
junio de 1919 fue preparada por la organización contrarrevolucionaria "centro nacional"
que agrupaba la actividad de varios grupos antisoviéticos y centros de espionaje. Los
facciosos se proponían tomar Krásnaya Gorka para debilitar al extremo la zona fortifi-
cada de Cronstadt y, tras conjugar la ofensiva general en el frente con la insurrección en
el fuerte, apoderarse de Petrogrado. En la noche del 15 al 16 de junio el levantamiento
fue liquidado.

92
LEÓN TOLSTOI, ESPEJO DE LA REVOLUCIÓN RUSA

A primera vista puede parecer extraño y traído por los pelos que asociemos el
nombre del gran escritor a la revolución que —es evidente— no comprendió y
de la que —también es evidente— se inhibió por completo. ¿Por qué llamar
espejo a lo que, sin duda, no refleja bien los fenómenos? Pero nuestra revolu-
ción es un fenómeno extraordinariamente complejo: entre la masa de sus agen-
tes y participantes directos hay muchos elementos sociales que —es eviden-
te— tampoco comprendían lo que estaba pasando y se inhibieron asimismo de
las tareas verdaderamente históricas que planteaba ante ellos el curso de los
acontecimientos. Pero, gran artista de verdad, debió de reflejar en sus obras, si
no todos, algunos de los aspectos esenciales de la revolución.

Lo que menos interesa a la prensa legal rusa, en la que tanto abundan los ar-
tículos, las cartas y los sueltos con motivo de los 80 años de Tolstói, es el aná-
lisis de sus obras desde el punto de vista del carácter de la revolución rusa y de
sus fuerzas motrices. Esa prensa rebosa, hasta el punto de producir náuseas,
hipocresía, una hipocresía doble: la oficial y la liberal. La primera es la burda
hipocresía de plumíferos venales a quienes ayer se ordenaba perseguir a León
Tolstói y hoy se ordena buscar en él lo que tenga de patriótico y esforzarse por
guardar las apariencias ante Europa. Todo el mundo sabe que a esos plumífe-
ros se les ha pagado por sus escritos, y no pueden engañar a nadie. Es mucho
más refinada y, por ello, mucho más nociva y peligrosa la hipocresía liberal.
De creer a los Balalaikin[*] demócratas constitucionalistas de Rech, su simpatía
por Tolstói no puede ser mayor ni más ardiente. En realidad, esas declamacio-
nes —bien calculadas— y esas frases ampulosas acerca del "gran buscador de
Dios" son todas pura falsedad, porque los liberales rusos no creen en el Dios
de Tolstói ni simpatizan con la crítica que del régimen existente hace el escri-
tor. Los liberales aprovechan el popular nombre del escritor para multiplicar su
capitalejo político, para simular que son los jefes de la oposición nacional y,
bajo el estrépito ensordecedor de sus frases, escamotear la necesidad de dar
una respuesta clara y concreta a la pregunta: ¿qué motiva las flagrantes contra-
dicciones del "tolstoísmo", qué defectos y debilidades de nuestra revolución se
expresan en esas contradicciones?

Las contradicciones en las obras, en las ideas, en las teorías, en la escuela de


Tolstói, son verdaderamente flagrantes. De un lado, es un artista genial, que no
sólo ha producido lienzos incomparables de la vida rusa, sino obras de primer
__________
[*] Balalaikin: personaje de la obra de M. Saltikov-Schedrin Un idilio contemporáneo: charlatán
liberal, aventurero y mentiroso.

93
orden en la literatura universal. De otro lado, es un terrateniente poseído de
cristiano fanatismo. De un lado, vemos en él una protesta extraordinariamente
sincera, franca y fuerte contra la falsedad y la hipocresía sociales; de otro lado
es un "tolstoiano", es decir, ese baboso gastado e histérico que se llama intelec-
tual ruso y que se da golpes de pecho a la vista del público, diciendo: "Yo soy
malo, yo soy vil, pero trato de autoperfeccionarme moralmente; ya no como
carne y ahora me alimento con albóndigas de arroz". De un lado, una crítica
implacable de la explotación capitalista, la denuncia de las brutalidades del
Gobierno, de esa comedia que son la justicia y la administración pública, una
revelación a fondo de las contradicciones entre el aumento de las riquezas y las
conquistas de la civilización y el aumento de la miseria, el embrutecimiento y
las penalidades de las masas obreras; de otro lado, la prédica fanática del "no
oponerse al mal por la violencia". De un lado, el realismo más lúcido, que
arranca todas y cada una de las caretas; de otro lado, la prédica de una de las
cosas más repugnantes que existen bajo la capa del cielo, a saber: la religión; el
afán de poner, en lugar de los popes por nombramiento oficial, a popes por
convicción moral, es decir, el culto del clericalismo más refinado y, por ello,
más repugnante. En realidad:

"¡Eres mísera y opulenta,


Eres vigorosa e impotente,
Madre Rusia!"[*]

Es de por sí evidente que, dadas estas contradicciones, Tolstói no ha podido


comprender en absoluto ni el movimiento obrero, ni su papel en la lucha por el
socialismo, ni la revolución rusa. Pero las contradicciones en las ideas y las
teorías de Tolstói no son una casualidad, sino la expresión de las contradicto-
rias condiciones en que se desenvolvió la vida de Rusia en el último tercio del
Siglo XIX. El patriarcal campo, recién liberado del régimen de la servidumbre,
fue, literalmente, entregado a saco al capital y al fisco. Los viejos puntales de
la hacienda y de la vida campesinas, que se habían mantenido en pie durante
siglos, fueron destrozados con una rapidez extraordinaria. Y las contradiccio-
nes en las ideas de Tolstói no hay que considerarlas desde el punto de vista del
movimiento obrero contemporáneo y del socialismo contemporáneo (eso,
naturalmente, es necesario, pero insuficiente), sino desde el punto de vista de
la protesta que debía engendrar el patriarcal campo ruso contra el capitalismo
que avanzaba, contra la ruina y la pérdida de sus tierras por las masas. Tolstói
es ridículo como profeta que descubre nuevas recetas para salvar a la humani-
dad; y, por ello, no pueden ser más miserables los "tolstoianos" rusos y extran-
jeros, que quieren erigir en dogma precisamente la parte más débil de su doc-
trina. Tolstói es grande como portavoz de las ideas y el estado de ánimo de
millones de campesinos rusos en vísperas de la revolución burguesa en Rusia.
__________
[*] Del poema de N. A. Nekrásov ¿Quién vive bien en Rusia?

94
Tolstói es original, porque todas sus ideas, tomadas en conjunto, expresan
precisamente las peculiaridades de nuestra revolución como revolución bur-
guesa campesina. Las contradicciones en las ideas de Tolstói son, desde este
punto de vista, un espejo efectivo de las condiciones contradictorias en que se
desenvolvió la actividad histórica del campesinado en nuestra revolución.

De una parte, los siglos de opresión feudal y los decenios de ruina acelerada
que siguieron a la Reforma acumularon montañas de odio, de ira y de desespe-
rada decisión. El afán de arrasar hasta los cimientos la Iglesia oficial, de barrer
a los terratenientes y a su Gobierno, de destruir todas las viejas formas y re-
glamentaciones de la posesión de la tierra, de desbrozar el terreno, de crear en
sustitución del Estado policíaco-clasista una sociedad en la que convivieran
pequeños campesinos libres e iguales en derechos; ese afán se observa como
hilo conductor en cada paso histórico de los campesinos en nuestra revolución,
y es indudable que el contenido ideológico de los escritos de Tolstói se corres-
ponde mucho más con ese afán de los campesinos que con el abstracto "anar-
quismo cristiano", que es como llaman algunos su "sistema" de concepciones.

De otra parte, el campesinado, en su afán de alcanzar nuevas formas de convi-


vencia social, mantenía una actitud muy inconsciente, patriarcal, propia de
fanáticos idiotizados, ante cuestiones como cuál debía ser esa convivencia;
cómo había que luchar para conquistar la libertad; qué dirigentes podía tener
en esa lucha; qué actitud mantenían ante los intereses de la revolución campe-
sina la burguesía y la intelectualidad burguesa; por qué era necesario derrocar
el poder zarista por la violencia para destruir el sistema de posesión feudal de
la tierra. Toda la vida pasada había enseñado a los campesinos a odiar al señor
y al funcionario, pero no les había enseñado, ni podía enseñarles, dónde podían
buscar la respuesta a todas estas cuestiones. En nuestra revolución, la parte
menor del campesinado luchó efectivamente, organizándose un tanto para ese
fin, y una parte muy pequeña se levantó con las armas en la mano para exter-
minar a sus enemigos, para aniquilar a los servidores del zar y a los defensores
de los terratenientes. La parte mayor del campesinado lloraba y rezaba, perora-
ba y soñaba, escribía solicitudes y mandaba "emisarios" a las autoridades,
¡todo ello en un espíritu a lo León Tolstói! Y, como ocurre siempre en tales
casos, la abstención tolstoiana de la política, la renuncia tolstoiana a la política,
la falta de interés por ella y su incomprensión, hicieron que sólo la minoría
siguiera al proletariado consciente y revolucionario; la mayoría fue presa de
esos lacayunos intelectualoides burgueses carentes de principios que, con el
nombre de demócratas constitucionalistas, corrían de las reuniones de los tru-
doviques a la antesala de Stolipin e imploraban, regateaban, conciliaban y
prometían conciliar, hasta que la bota con espuelas no les propinaba un punta-
pié y los ponía de patitas en la calle. Las ideas de Tolstói son un espejo de la
debilidad, de los defectos de nuestra insurrección campesina, un reflejo de la

95
flojera del campo patriarcal y de la rutinaria cobardía del "mujik hacendoso".

Tornad las insurrecciones de los soldados en 1905-1906. La composición so-


cial de aquellos luchadores de nuestra revolución era la intermedia entre el
campesinado y el proletariado. Este último estaba en minoría; por eso, el mo-
vimiento en las tropas no muestra ni siquiera aproximadamente la unidad que
observamos por toda Rusia en el proletariado ni la conciencia de partido que
éste manifestó haciéndose socialdemócrata como por arte de magia. De otra
parte, nada más erróneo que la opinión de que la causa del fracaso de las insu-
rrecciones de los soldados fue la falta de dirigentes salidos de la oficialidad. Al
contrario, el gigantesco progreso de la revolución desde los tiempos de Volun-
tad del Pueblo[*] se expresó precisamente en que quienes empuñaron las armas
contra los jefes fueron los "borregos grises", cuyo espíritu de independencia
tanto asustó a los terratenientes y oficiales liberales. El soldado simpatizaba
con toda su alma con la causa de los campesinos; los ojos se le encendían
cuando oía hablar de la tierra. En más de una ocasión, en las unidades pasó el
poder a los soldados, pero casi nunca se supo aprovechar resueltamente este
poder; los soldados vacilaban; al cabo de 1 ó 2 días, a veces al cabo de unas
horas, tras de matar a algún oficial odiado, ponían en libertad a los demás,
entablaban negociaciones con las autoridades y, después, se arrimaban ellos
mismos al paredón, se tendían para ser azotados, se uncían de nuevo al yugo,
¡todo ello en un espíritu a lo León Tolstói!

Tolstói reflejó el odio acumulado, el maduro afán de una vida mejor, el deseo
de liberarse del pasado, y, a la vez, la falta de madurez que entrañaban los
sueños, la incultura política y la blandura revolucionaria. Las condiciones
histórico-económicas explican la necesidad del surgimiento de la lucha revolu-
cionaria de las masas, su falta de preparación para la lucha y la tolstoiana no
resistencia al mal, que fue una causa importantísima de la derrota de la primera
campaña revolucionaria.

Se dice que los ejércitos derrotados se instruyen bien. Naturalmente, la compa-


ración de las clases revolucionarias con los ejércitos es acertada tan sólo en un
sentido muy limitado. El desarrollo del capitalismo modifica, agravándolas a
cada hora, las condiciones que empujaron a millones de campesinos, aglutina-
__________
[*] Naródnaya Volia (Voluntad del Pueblo): organización revolucionaria secreta de populistas
terroristas que se formó en agosto de 1879. Su objetivó inmediato era el derrocamiento de la
autocracia y la instauración de una república democrática. Por primera vez en la historia del popu-
lismo, los adeptos de Voluntad del Pueblo plantearon la necesidad de la lucha política, pero la
redujeron a la conspiración y al terrorismo individual. Tras varios intentos fallidos, el 1 de marzo
de 1881 fue muerto el zar Alejandro II. Los organizadores del atentado fueron detenidos y ejecuta-
dos; luego siguió una serie de procesos. La actividad de Voluntad del Pueblo cesó. La teoría y la
táctica erróneas, y la falta de amplios vínculos con las masas populares determinaron el fracaso de
la organización, a pesar de la abnegación y el heroísmo de sus militantes.

96
dos por el odio a los terratenientes feudales y a su Gobierno, a la lucha demo-
crática revolucionaria. En el seno del campesinado mismo, el desarrollo del
cambio, del dominio del mercado y del poder del dinero va desplazando más y
más la vieja vida patriarcal y la patriarcal ideología tolstoiana. Pero los prime-
ros años de la revolución y las primeras derrotas en la lucha revolucionaria de
las masas han dado una cosa que no puede ponerse en duda: me refiero al
golpe mortal asestado a la inconsistencia y a la flojera que antes tuvieran las
masas. Las líneas divisorias se han hecho más acusadas. Las clases y los parti-
dos se han deslindado. ¡Bajo el martillo de las enseñanzas stolipinianas, y
gracias a la agitación constante y consecuente de los socialdemócratas revolu-
cionarios, no sólo el proletariado socialista, sino también las masas democráti-
cas del campesinado destacarán infaliblemente de su medio a luchadores más y
más templados, menos y menos susceptibles de incurrir en nuestro pecado
histórico del tolstoísmo!

Proletari, núm. 35,


11 (24) de septiembre de 1908.

Obras Completas,
tomo 17.

97
LEÓN TOLSTOI

Ha muerto León Tolstoi. Su importancia mundial como artista y su celebridad


universal como pensador y predicador reflejan, a su modo, la trascendencia
universal de la revolución rusa.

León Tolstoi se reveló ya como un gran artista en los tiempos del régimen de
la servidumbre. En la serie de obras geniales que escribió en los 50 años largos
de su labor literaria pintó principalmente, a la vieja Rusia prerrevolucionaria
que incluso después de 1861[1] siguió en estado de semiservidumbre; a la Rusia
rural, a la Rusia del terrateniente y el campesino. Al pintar este período de la
vida histórica de Rusia, León Tolstoi supo plantear tantas cuestiones cardinales
en sus escritos y alcanzó en su arte tanta fuerza que sus obras figuran entre las
mejores de la literatura mundial. La época en que se preparaba la revolución en
uno de los países oprimidos por los señores feudales fue, gracias a la manera
genial en que Tolstoi la trató, un paso adelante en el desarrollo artístico de toda
la humanidad.

Tolstoi es conocido como artista sólo por una minoría insignificante, incluso
en Rusia. Para hacer efectivamente sus grandes obras patrimonio de todos hay
que luchar, y esta lucha debe estar encauzada contra el régimen social que ha
condenado a millones y millones de seres a la ignorancia, al embrutecimiento,
a un trabajo de forzados y a la miseria, hay que hacer la revolución socialista.

Tolstoi no sólo escribió obras literarias que siempre serán apreciadas y leídas
por las masas cuando éstas creen para si condiciones de vida humanas, derro-
cando la opresión de los terratenientes y los capitalistas; supo también descri-
bir con fuerza admirable el estado de ánimo de las grandes masas sojuzgadas
por el orden de cosas contemporáneo, supo pintar su situación y expresar sus
sentimientos espontáneos de protesta e indignación. Tolstoi, que perteneció,
principalmente, a la época de 1861-1904, reflejó con asombroso realce en sus
obras —como artista, como pensador y predicador— los rasgos de la especifi-
cidad histórica de toda la primera revolución rusa, su fuerza y su debilidad.

Uno de los principales rasgos distintivos de nuestra revolución consiste en que


fue una revolución burguesa campesina en una época de gran desarrollo del
capitalismo en el mundo entero y relativamente alto en Rusia. Fue una revolu-
ción burguesa, pues su tarea inmediata era derrocar la autocracia zarista, la
monarquía zarista, y destruir el sistema de posesión de la tierra por los terrate-
nientes, y no derrocar la dominación de la burguesía. El campesinado, sobre

98
todo, no tenía conciencia de esta última tarea, no comprendía su diferencia de
los objetivos de la lucha más próximos e inmediatos. Y fue una revolución
burguesa campesina porque las condiciones objetivas pusieron en primer plano
la necesidad de hacer cambios en las condiciones cardinales de vida del cam-
pesinado, de destruir el viejo sistema medieval de posesión de la tierra, de
"desbrozar el terreno" para el capitalismo; las condiciones objetivas llevaron a
las masas campesinas al ámbito de una actividad histórica más o menos inde-
pendiente.

Las obras de Tolstoi expresaron la fuerza y la debilidad, la potencia y la limi-


tación precisamente del movimiento campesino de masas. Su protesta calurosa,
apasionada y muchas veces de una dureza implacable contra el Estado y la
Iglesia policíaco-oficial refleja el pensar y el sentir de la primitiva democracia
campesina, en la que siglos de servidumbre, de arbitrariedad y saqueo por
parte de los funcionarios, de jesuitismo, de engaños y embaucamientos ecle-
siásticos acumularon montañas de cólera y odio. Su negación inexorable de la
propiedad privada de la tierra refleja la mentalidad de la masa campesina en el
momento histórico en que el viejo sistema medieval de posesión de la tierra —
tanto de la tierra de los terratenientes como de la del Estado asignada en parce-
las a los campesinos— acabó por convertirse en un estorbo insoportable para
el desarrollo del país, en el momento histórico en que este viejo sistema de
posesión de la tierra debía ser inevitablemente destruido del modo más violen-
to e implacable. Su constante denuncia del capitalismo, llena del más profundo
sentimiento y de la más encendida indignación, refleja todo el espanto del
campesino patriarcal, sobre el que avanzaba un enemigo nuevo, invisible,
incomprensible, que venía de la ciudad o del extranjero —no se sabía a ciencia
cierta— y destruía todos los "puntales" de la vida del campo, trayendo consigo
una ruina inaudita, la miseria, la muerte por hambre, el embrutecimiento, la
prostitución, la sífilis, todas las calamidades de la "época de la acumulación
originaria", agravadas 100 veces al ser transplantados al suelo ruso los moder-
nísimos métodos de saqueo ideados por el señor Cupón[2].

Pero como fervoroso protestante, apasionado fustigador y gran crítico, puso


también de manifiesto en sus obras una incomprensión de las causas de la
crisis que se cernía sobre Rusia y de los medios para salir de ella, propia tan
sólo de un campesino patriarcal e ingenuo, y no de un escritor con cultura
europea. La lucha contra el Estado feudal y policíaco, contra la monarquía, se
convirtió para él en negación de la política, llevó a la doctrina de la "no oposi-
ción al mal", a mantenerse totalmente al margen de la lucha revolucionaria de
las masas en 1905-1907. La lucha contra la Iglesia oficial se conjugaba con la
prédica de una religión nueva, purificada, es decir, de un veneno nuevo, purifi-
cado y sutil, para las masas oprimidas. La negación de la propiedad privada
sobre la tierra no llevaba a concentrar todo el fuego de la lucha contra el

99
enemigo efectivo, contra el sistema de posesión de la tierra por los terratenien-
tes y su instrumento político del Poder, es decir, la monarquía, sino a lanzar
suspiros de ensueño, vaguedad y lasitud. La denuncia del capitalismo y de las
calamidades que éste causaba a las masas se conjugaba con una actitud de
apatía completa frente a la lucha de liberación que sostiene en todo el mundo
el proletariado socialista internacional.

Las contradicciones existentes en las ideas de Tolstoi no son sólo contradic-


ciones de su propio pensar, sino un reflejo de las condiciones, complejísimas y
contradictorias en extremo, así como de las influencias sociales y tradiciones
históricas que determinaban la psicología de las distintas clases y capas de la
sociedad rusa en la época posterior a la Reforma, pero anterior a la revolución.

Por ello sólo puede aquilatarse acertadamente a Tolstoi desde el punto de vista
de la clase que, con su papel político y su lucha en la revolución —primer
desenlace de ese nudo de contradicciones—, demostró que estaba llamada a
ser el jefe en la lucha por la libertad del pueblo y por liberar a las masas de la
explotación; que demostró su abnegada fidelidad a la causa de la democracia y
su capacidad para luchar contra la limitación y la inconsecuencia de la demo-
cracia burguesa (comprendida la campesina). Sólo puede aquilatarse acertada-
mente a Tolstoi partiendo del punto de vista del proletariado socialdemócrata.

Fíjense en lo que dicen de Tolstoi los periódicos del Gobierno. Vierten lágri-
mas de cocodrilo, asegurando que tienen en alta estima al "gran escritor"; pero,
al mismo tiempo, defienden el "santísimo" sínodo[3]. Y los santísimos padres
acaban de hacer una canallada de lo más inmunda, enviando a sus popes a la
cabecera del moribundo para engañar al pueblo y decir que Tolstoi "se ha
arrepentido". El santísimo sínodo excomulgó a Tolstoi. Tanto mejor. Esa ha-
zaña se le recordará cuando el pueblo ajuste las cuentas a los funcionarios con
sotanas, a los gendarmes de Cristo, a los negros inquisidores que han apoyado
los pogromos contra los hebreos y otras hazañas de la ultrarreaccionaria pandi-
lla zarista de las centurias negras.

Fíjense en lo que dicen de Tolstoi los periódicos liberales. Salen del paso con
esas frases hueras del lenguaje oficial que emplean los liberales, con esas fra-
ses trilladas y magisteriales sobre "la voz de la humanidad civilizada", "el eco
unánime del mundo", "las ideas de la verdad y el bien", etc., por las que Tols-
toi flagelaba con tanta fuerza —y tanta razón— a la ciencia burguesa. Los
periódicos liberales no pueden decir clara y concretamente qué piensan de las
ideas de Tolstoi sobre el Estado, la Iglesia, la propiedad privada de la tierra y
el capitalismo, y no porque la censura lo estorbe; todo lo contrario, ¡la censura
les ayuda a salir del apuro!; no pueden porque cada tesis de la crítica de Tolstoi
es una bofetada al liberalismo burgués; porque el valiente y franco plantea-

100
miento con implacable dureza de los problemas más candentes y malditos de
nuestra época por Tolstoi es una bofetada a las frases estereotipadas, a los
trillados subterfugios y a la falsedad escurridiza, "civilizada", de nuestra prensa
liberal (y populista liberal). Los liberales se alzan unánimes en defensa de
Tolstoi, contra el sínodo; mas, al mismo tiempo, están por... los de Veji[4], con
los que "se puede discutir", pero con los que "hay" que convivir en un mismo
partido, con los que "hay" que trabajar conjuntamente en la literatura y en la
política. Pero Antonio, obispo de Volinia, se besa con los de Veji.

Los liberales colocan en primer plano que Tolstoi es "la gran conciencia".
¿Acaso no es ésta una frase huera que repiten de 1,000 maneras Nóvoe Vre-
mia[5] y todos los demás órganos de prensa semejantes? ¿Acaso no es eso elu-
dir los problemas concretos de la democracia y el socialismo planteados por
Tolstoi? ¿Acaso no pone eso en primer plano lo que expresa los prejuicios de
Tolstoi, y no su razón, lo que en él pertenece al pasado, y no al futuro, su ne-
gación de la política y su prédica del autoperfeccionamiento moral, y no su
violenta protesta contra toda dominación de clase?

Ha muerto Tolstoi, y ha quedado en el pasado la Rusia anterior a la revolución,


Rusia cuya debilidad e impotencia se han expresado en la filosofía del genial
artista y que vemos reflejadas en sus obras. Pero en su herencia hay cosas que
no pertenecen al pasado, sino al futuro. Esa herencia la toma en sus manos el
proletariado de Rusia, que la estudia. Él explicará a las masas trabajadoras y
explotadas la significación de la crítica que Tolstoi hizo del Estado, de la Igle-
sia, de la propiedad privada de la tierra; y no lo hará para que las masas se
limiten a autoperfeccionarse y a suspirar por una vida santa, sino para que se
alcen con el fin de asestar un nuevo golpe a la monarquía zarista y a la pose-
sión terrateniente, que en 1905 sólo fueron ligeramente quebrantadas y que
deben ser destruidas. Explicará a las masas la crítica que Tolstoi hizo del capi-
talismo, pero no lo hará para que las masas se limiten a maldecir el capitalismo
y el poder del dinero, sino para que aprendan a apoyarse, a cada paso de su
vida y de su lucha, en las conquistas técnicas y sociales del capitalismo, para
que aprendan a agruparse en un ejército único de millones de luchadores socia-
listas que derrocarán el capitalismo y crearán una nueva sociedad sin miseria
para el pueblo, sin explotación del hombre por el hombre.

Sotsial-Demokrat, núm. 18,


del 16 (29) de noviembre de 1910.

Obras Completas,
tomo 20.

101
NOTAS
[1] El 19 de febrero de 1861 se abolió en Rusia el régimen de la servidumbre.
[2] El señor Cupón: metáfora empleada en la literatura rusa de los años 80 Y 90 del
Siglo XIX para designar el capital y a los capitalistas. La expresión pertenece al escritor
Gleb Uspenski.
[3] Sínodo: máximo órgano estatal de Rusia en 1721-1917, que entendía de los asuntos
de la Iglesia ortodoxa.
[4] Los de Veji: eminentes publicistas demócratas constitucionalistas, representantes de
la burguesía liberal contrarrevolucionaria —N. A. Berdiáev, S. N. Bulgákov, M. O.
Guershenzón, A. S. Izgóev, B. A. Kistiakovski, P. B. Struve y S. L. Frank— que publi-
caron en la primavera de 1909, en Moscú, una recopilación de sus artículos titulada Veji
(Jalones). En dichos artículos, dedicados a los intelectuales rusos, los autores trataron
de denigrar las tradiciones democráticas revolucionarias del movimiento liberador de
Rusia, las concepciones y la actividad de los demócratas revolucionarios V. G. Belins-
ki, N. A. Dobroliúbov, N. G. Chernishevslti y D. I. Písarev; cubrían de injurias el mo-
vimiento revolucionario de 1905 y agradecían al Gobierno zarista por haber salvado
"con sus bayonetas y cárceles" a la burguesía "de la ira popular". V. I. Lenin ofreció
una reseña crítica y una apreciación política de la recopilación en el artículo Sobre
"Veji" (véase en la página 29 de esta edición).
[5] "Nóvoe Vremia" (Tiempo Nuevo): diario que salía en Petersburgo de 1868 a 1917·.
Perteneció a distintos editores y cambió reiteradas veces de orientación política. Liberal
moderado en los primeros tiempos, el periódico se convirtió en 1876 en órgano de
prensa de los medios aristócratas y burócratas reaccionarios. Desde 1905 fue órgano de
prensa de las centurias negras.

102
LEÓN TOLSTOI Y EL MOVIMIENTO OBRERO CON-
TEMPORÁNEO[1]

En casi todas las grandes ciudades de Rusia, los obreros rusos se han hecho ya
eco de la muerte de León Tolstoi y han expresado, de uno u otro modo, su
actitud hacia el escritor, a quien se deben obras literarias inapreciables que lo
sitúan entre los más grandes escritores de todo el mundo; hacia el pensador que
con fuerza enorme, con firmeza y sinceridad, planteó toda una serie de cues-
tiones relacionadas con los rasgos fundamentales del régimen político y social
de nuestros días. A grandes rasgos, esa actitud se ha expresado en el telegrama
de los diputados obreros de la III Duma, publicado en la prensa.

León Tolstoi empezó su actividad literaria cuando existía el régimen de la


servidumbre, pero en una época en que dicho régimen estaba viviendo ya —
era bien claro— sus últimos días. La actividad de Tolstoi corresponde princi-
palmente a un período de la historia rusa comprendido entre 2 puntos cruciales
de la misma, entre 1861 y 1905. En el transcurso de este período, las huellas
del régimen de la servidumbre, sus supervivencias directas, penetraban de
parte a parte toda la vida económica (particularmente en el campo) y política
del país. Al mismo tiempo, ese período fue precisamente un período de desa-
rrollo acelerado del capitalismo desde abajo y de implantación de él desde
arriba.

¿En qué se manifestaban las supervivencias del régimen de la servidumbre?


Sobre todo —y con la mayor claridad— en que en Rusia, país preferentemente
agrícola, hallábase entonces la agricultura en manos de campesinos arruinados,
sumidos en la pobreza, que explotaban de manera anticuada y primitiva las
viejas parcelas de la servidumbre, recortadas en beneficio de los terratenientes
en 1861. Pero, de otro lado, la agricultura se encontraba en manos de los terra-
tenientes, que en la parte central de Rusia explotaban la tierra con el trabajo del
campesino, con el primitivo arado del campesino, con el caballo del campe-
sino, en pago por las "tierras recortadas", los prados, los abrevaderos, etc. En
esencia, era aquello el viejo sistema feudal de economía. En aquel período, el
régimen político de Rusia estaba también impregnado de feudalismo hasta la
médula. Eso puede verse por la estructura del Estado hasta los primeros inten-
tos de transformarla en 1905, por la influencia decisiva de los aristócratas
terratenientes en los asuntos del Estado y por la omnipotencia de los funciona-
rios, que también eran en su mayoría —sobre todo los altos funcionarios—
aristócratas terratenientes.

103
Después de 1861, esta vieja Rusia patriarcal empezó a desmoronarse rápida-
mente bajo la influencia del capitalismo mundial. Los campesinos pasaban
hambre, se iban extinguiendo, se arruinaban como nunca y huían a las ciuda-
des, abandonando la tierra. Se tendían a un ritmo acelerado ferrocarriles y se
construían fábricas, gracias al "barato trabajo" de los campesinos arruinados.
En Rusia se desarrollaban el gran capital financiero, el gran comercio y la gran
industria.

Esta rápida, dura e intensa demolición de todos los viejos "pilares" de la vieja
Rusia se reflejó en las obras del Tolstoi escritor y en las ideas del Tolstoi pen-
sador.

Tolstoi conocía perfectamente la Rusia aldeana, la vida del terrateniente y del


campesino. En sus obras literarias pintó lienzos de esa vida que figuran entre
las mejores creaciones de la literatura mundial. La intensa demolición de todos
los "viejos pilares" de la Rusia aldeana agudizó su atención, profundizó su
interés por lo que ocurría en torno suyo, le llevó a cambios radicales en su
concepción del mundo. Por su origen y educación, Tolstoi pertenecía a la alta
aristocracia terrateniente de Rusia. Rompió con todas las ideas habituales de
ese medio y, en sus últimas obras, criticó apasionadamente todas las normas
estatales, eclesiásticas, sociales y económicas de nuestros días basadas en la
esclavización de las masas, en su miseria, en la ruina de los campesinos y de
los pequeños propietarios en general, en la violencia y la hipocresía, que im-
pregnan de arriba abajo toda la vida de nuestros días.

La crítica que hizo Tolstoi no era nueva. No dijo nada que no hubiera sido
dicho mucho antes en la literatura europea y en la rusa por hombres que se
hallaban al lado de los trabajadores. Pero lo específico de la crítica de Tolstoi y
su importancia histórica consisten en que, con una fuerza propia tan sólo de los
genios del arte, expresa los cambios radicales en la mentalidad de las más
amplias masas populares de Rusia en el período mencionado, y precisamente
de la Rusia aldeana, campesina. Pues la crítica que Tolstoi hace del orden de
cosas actual se diferencia de la crítica del mismo por los representantes del
movimiento obrero contemporáneo precisamente porque Tolstoi mantiene el
punto de vista del campesino patriarcal e ingenuo, porque Tolstoi transplanta a
su crítica, a su doctrina, la sicología de ese campesino. La crítica de Tolstoi es
tan fuertemente sentida, tan apasionada, tan convincente, tan fresca, tan since-
ra, tan valiente en su afán de "llegar hasta la raíz", de encontrar la verdadera
causa de las calamidades de las masas, porque refleja efectivamente los cam-
bios radicales en la mentalidad de millones de campesinos que, recién libera-
dos del régimen de la servidumbre, vieron que su libertad suponía los nuevos
horrores de la ruina, de la muerte por hambre, de una vida sin hogar entre los
bajos fondos de la ciudad, etc. Tolstoi reflejó el estado de ánimo de esos cam-

104
pesinos con tanta fidelidad, que introdujo en su propia doctrina el candor de
éstos, su alejamiento de la política, su misticismo, su deseo de apartarse del
mundo, su "no resistencia al mal", las maldiciones impotentes al capitalismo y
al "poder del dinero". La protesta de millones de campesinos y su desespera-
ción: eso es lo que se fundió en la doctrina de Tolstoi.

Los representantes del movimiento obrero contemporáneo estiman que tienen


contra qué protestar, pero no tienen por qué desesperarse. La desesperación es
propia de las clases que perecen; y la clase de los asalariados crece, se desarro-
lla y se fortalece inevitablemente en toda sociedad capitalista, comprendida
Rusia. La desesperación es propia de quienes no comprenden las causas del
mal, no ven salida, no son capaces de luchar. El proletariado industrial con-
temporáneo no es una clase de ésas.

Nash Put, núm. 7,


del 28 de noviembre de 1910.

Firmado: V. Ilin.

Obras Completas,
tomo 20.

NOTAS

[1] El artículo León Tolstoi y el movimiento obrero contemporáneo fue publicado en el


periódico Nash Put.
"Nash Put" (Nuestro Camino): periódico semilegal dirigido por bolcheviques, salía en
Moscú del 30 de mayo (12 de junio) de 1910 al 9 (22) de enero de 1911; en total vieron
la luz 8 números. La publicación del rotativo fue organizada con la participación del
Buró Central de los Sindicatos de Moscú.
El periódico trataba de los problemas de la actividad sindical, insertaba materiales sobre
la situación de los obreros en las fábricas y el movimiento huelguístico en Rusia, publi-
caba artículos sobre la Duma de Estado, el movimiento sindical, la lucha de los obreros
en el extranjero, etc.
Dejó de existir debido al arresto del núcleo básico de sus colaboradores, delatados por
provocadores, así como por prohibición de la cámara judical.

105
TOLSTOI Y LA LUCHA PROLETARIA

Tolstoi fustigaba con enorme fuerza y sinceridad a las clases dominantes, de-
nunciaba con la mayor evidencia la falsedad interna de todas las instituciones
con ayuda de las cuales se sostiene la sociedad de nuestros días: la Iglesia, los
tribunales, el militarismo, el matrimonio "legal", la ciencia burguesa. Pero su
doctrina resultó estar en plena contradicción con la vida, con el trabajo y la
lucha del proletariado, el sepulturero del régimen actual. ¿Qué punto de vista
reflejaba la prédica de León Tolstoi? Por boca suya hablaba toda esa ingente
masa de millones y millones de personas del pueblo ruso que ya odian a los
amos de la vida de nuestros días, pero que aún no han adquirido conciencia de
que hay que librar contra ellos una lucha intransigente, consecuente hasta el
fin.

La historia y el desenlace de la gran revolución rusa demostraron que precisa-


mente así era la masa que se vio entre el proletariado consciente, socialista, y
los resueltos defensores del viejo régimen. Esa masa —sobre todo el campesi-
nado— ha mostrado en la revolución lo grande que es su odio a lo viejo, lo
vivamente que siente todo el peso del actual régimen, lo ingente que es su afán
espontáneo de liberarse de él y de encontrar una vida mejor.

Pero, al mismo tiempo, esa masa demostró en la revolución que en su odio no


era lo bastante consciente, que en su lucha carecía de la consecuencia, que sus
búsquedas de una vida mejor estaban limitadas por un estrecho marco.

En la doctrina de Tolstoi tuvo su reflejo el gran mar del pueblo, agitado hasta
lo más profundo, con todas sus debilidades y todos sus aspectos fuertes.

Al estudiar las obras literarias de León Tolstoi, la clase obrera rusa conocerá
mejor a sus enemigos, y al ver claro la doctrina de Tolstoi, todo el pueblo ruso
deberá comprender en qué consistió su propia debilidad que no le permitió
llevar hasta el fin su liberación. Hay que comprenderlo para marchar adelante.

Esa marcha adelante la entorpecen todos los que proclaman a Tolstoi "con-
ciencia general", "maestro de la vida". Esa es una falsedad que difunden cons-
cientemente los liberales, deseosos de sacar provecho del aspecto antirrevolu-
cionario de la doctrina de Tolstoi. Esa falsedad de que Tolstoi es "maestro de
la vida" la repiten, siguiendo a los liberales, algunos ex socialdemócratas.

El pueblo ruso no logrará su emancipación mientras no comprenda que no

106
debe aprender de Tolstoi a lograr una vida mejor, sino que debe aprenderlo del
proletariado, de la clase cuya importancia no comprendió Tolstoi y que es la
única capaz de destruir el viejo mundo, al que Tolstoi odiaba tanto.

Rabóchaya Gazeta, núm. 2,


del 18 (31) de diciembre de 1910.

Obras Completas,
tomo 20.

107
LEÓN TOLSTOI Y SU ÉPOCA

La época a que pertenece León Tolstoi, y que se halla reflejada con gran realce
en sus geniales obras literarias y en su doctrina, es la comprendida entre 1861
y 1905. Verdad es que la actividad literaria de Tolstoi empezó antes y terminó
después de que empezara y terminara ese período, pero Tolstoi se formó defi-
nitivamente como escritor y como pensador precisamente en ese período, cuyo
carácter transitorio engendró todos los rasgos distintivos de las obras de Tols-
toi y del "tolstoísmo".

Por boca de K. Levin, León Tolstoi expresó en Ana Karenina con extraordina-
ria claridad en qué consistió el cambio que se operó en la historia de Rusia en
aquel medio siglo.
"... Aquellas conversaciones sobre la cosecha, la contratación de obreros, etc., que,
como Levin sabía, se estimaban habitualmente algo muy bajo... ahora le parecían a
él la única cuestión importante. 'Quizá no tuviera importancia bajo el régimen de la
servidumbre, quizá no la tenga en Inglaterra. En ambos casos, las propias condicio-
nes se han definido ya; pero en la Rusia de ahora, cuando todo se ha revuelto y sólo
empieza a posarse, la cuestión de cómo van a cuajar esas condiciones es la única
que tiene importancia', pensaba Levin" (Obras, t. X, pág. 137).
"En la Rusia de ahora todo se ha revuelto y sólo empieza a posarse". Es difícil
concebir una característica más atinada del período de 1861-1905. Lo que "se
ha revuelto" lo conoce bien o, por lo menos, tiene perfecta idea de ello cada
ruso. Lo que "se ha revuelto" es el régimen de la servidumbre y todo el "viejo
orden de cosas" a él correspondiente. Lo que "empieza a posarse" es comple-
tamente desconocido, ajeno, incomprensible para las más amplias masas de la
población. Para Tolstoi ese régimen burgués que "empieza a posarse" tomó las
vagas formas de un espantajo: Inglaterra. Precisamente de un espantajo, pues
Tolstoi rechaza por principio, por decirlo así, todo intento de esclarecer los
rasgos fundamentales del régimen social de esa "Inglaterra", la ligazón de ese
régimen con la dominación del capital, con el papel del dinero, con la apari-
ción y el desarrollo del cambio. Lo mismo que los populistas[*], no quiere ver,
cierra los ojos, se vuelve de espaldas a la idea de que el régimen que "se está
__________
[*] Populistas: representantes de una corriente pequeñoburguesa en el movimiento revolucionario
ruso surgida en los años 60 y 70 del Siglo XIX. Los populistas negaban la legitimidad del desarro-
llo de las relaciones capitalistas en Rusia, y en consonancia con ello estimaban que la principal
fuerza revolucionaria no era el proletariado, sino el campesinado. Veían en la comunidad rural el
germen del socialismo. Empeñados en alzar a los campesinos a la lucha contra la autocracia, los
populistas de los años 70 iban al campo, "al pueblo" (de ahí su denominación). El populismo pasó
por varias etapas, evolucionando Desde el democratismo revolucionario hasta el liberalismo. Eran
partidos populistas en Rusia el de los socialistas revolucionarios, el de los socialistas populares y
el de los trudoviques.

108
posando" en Rusia es, precisamente, el régimen burgués, y ningún otro.

Es cierto que, si bien no la "única importante", era cardinal desde el punto de


vista de las tareas inmediatas de toda la actividad social y política en la Rusia
del período de 1861-1905 (y también de nuestra época) la cuestión de "como
se posaría" ese régimen, el régimen burgués, que tomaba formas muy distintas
en "Inglaterra", Alemania, los EE. UU., Francia, etc. Mas, para Tolstoi, este
planteamiento claro y concreto de la cuestión, aplicado a un período histórico
determinado, es algo completamente ajeno. Tolstoi razona abstractamente,
admite sólo el punto de vista de los principios "eternos" de la moral, de las
verdades eternas de la religión, sin comprender que ese punto de vista es úni-
camente un reflejo ideológico del viejo régimen ("revuelto"), del régimen de la
servidumbre, del régimen de vida de los pueblos orientales.

En Lucerna (obra escrita en 1857), León Tolstoi declara que el reconocer la


"civilización" como un bien es "conocimiento imaginario", que "destruye la
necesidad instintiva, beatífica y primitiva de practicar el bien que siente la
naturaleza humana". "Tenemos un solo y exclusivo guía infalible —exclama
Tolstoi—: el Espíritu Universal, presente en nosotros" (Obras, II, 125).

En La esclavitud de nuestro tiempo (obra escrita en 1900), Tolstoi, repitiendo


con mayor celo su invocación del Espíritu Universal, declara que la Economía
política es una "ciencia falsa" porque toma como "modelo" a "la pequeña In-
glaterra, que se encuentra en la situación más excepcional", en lugar de tomar
como modelo "la situación de los hombres del mundo entero en todas las épo-
cas históricas". Qué "mundo entero" es ése nos lo revela el artículo El progre-
so y el significado de la instrucción (1862). La concepción de los "historiado-
res" de que el progreso es una "ley general para la humanidad" la refuta Tolstoi
haciendo referencia a "todo lo que se ha dado en llamar el Oriente" (IV, 162).
"No existe una ley general de avance de la humanidad —declara Tolstoi—, y
así nos lo demuestran los estáticos pueblos del Oriente".

El tolstoísmo, en su contenido histórico real, es precisamente la ideología del


régimen oriental, del régimen asiático. De aquí el ascetismo, y eso de no opo-
nerse por la violencia al mal, y las profundas notas de pesimismo, y el conven-
cimiento de que "todo es nada, todo lo material es nada" (Sobre el sentido de
la vida, pág. 52), y la fe en el "Espíritu", "principio de todo", principio en
relación al cual el hombre es tan sólo un "trabajador" "aplicado a la obra de
salvar su alma", etc. Tolstoi es fiel a esta ideología en La sonata a Kreutzer,
cuando dice que "la emancipación de la mujer no está ni en los cursillos ni en
los parlamentos, sino en el dormitorio", y en su artículo escrito en 1862, donde
declara que las universidades únicamente preparan "liberales exasperados y
enfermos", que "no hacen ninguna falta al pueblo" y que "están neciamente

109
divorciados de su medio anterior", "no encuentran un lugar en la vida", etc.
(IV, 136-137).

El pesimismo, la no oposición y la invocación del "Espíritu" constituyen una


ideología que surge inevitablemente en una época en que todo el viejo régimen
"se ha revuelto" y en que la masa educada en ese viejo régimen, y que ha ma-
mado con la leche de su madre todos los principios, costumbres, tradiciones y
creencias de ese régimen, no ve ni puede ver cómo es el nuevo régimen que "se
va posando", qué fuerzas sociales lo hacen "posarse" y cómo lo hacen, qué
fuerzas sociales pueden traer la liberación de las innumerables y extraordina-
riamente graves calamidades, propias de las épocas de "demolición".

El período de 1862-1904 fue en Rusia precisamente un período de demolición,


en el que lo viejo se hundía irrevocablemente a la vista de todos y lo nuevo
sólo empezaba a posarse, con la particularidad de que las fuerzas sociales que
lo hacían posarse no habían demostrado hasta 1905 su valor en amplia escala
nacional, en una acción abierta de masas en los más distintos palenques. Y a
los acontecimientos de 1905 en Rusia siguieron acontecimientos análogos en
muchos Estados de aquel mismo "Oriente" a cuyo "estatismo" se refiriera
Tolstoi en 1862. El año de 1905 fue el comienzo del fin del estatismo "orien-
tal". Precisamente por ello, ese año trajo consigo el fin histórico del tolstoísmo,
el fin de toda aquella época que podía y debía engendrar la doctrina de Tolstoi,
no como algo individual, no como un capricho o una extravagancia, sino como
ideología derivada de las condiciones de vida en las que se encontraron, efecti-
vamente, millones y millones de seres en el transcurso de determinado período.

La doctrina de Tolstoi es, sin duda alguna, utópica y, por su contenido, reac-
cionaria en el más preciso y profundo sentido de la palabra. Pero de ahí no se
desprende en absoluto ni el que esta doctrina no sea socialista ni el que en ella
no haya elementos críticos que puedan proporcionar un material valioso para
instruir a las clases avanzadas.

Hay socialismo y socialismo. En todos los países en los que existe el modo de
producción capitalista hay un socialismo que expresa la ideología de la clase
que ha de sustituir a la burguesía y hay un socialismo que corresponde a la
ideología de las clases que han de ser sustituidas por la burguesía. El socialis-
mo feudal, por ejemplo, entra en la segunda categoría, y su carácter, lo mismo
que el de otras variedades del socialismo, lo especificó Marx hace más de 60
años[*].

Prosigamos. En la doctrina utópica de Tolstoi hay elementos críticos, como los


hay en muchos sistemas utópicos.
__________
[*]Aquí y más adelante Lenin tiene en cuenta y cita el Manifiesto del Partido Comunista.

110
Pero no hay que olvidar la profunda observación de Marx de que la importan-
cia de los elementos críticos en el socialismo utópico "está en razón inversa al
desarrollo histórico". Cuanto más se desarrolla y va tomando un carácter más
concreto la actividad de las fuerzas sociales que hacen "posarse" la nueva
Rusia y traen la liberación de las calamidades sociales de nuestros días, mayor
es la rapidez con que el socialismo utópico-crítico "pierde todo valor práctico,
toda justificación teórica".

Hace 5 lustros, los elementos críticos de la teoría de Tolstoi podían, a veces,


ser de utilidad práctica para ciertas capas de la población, a pesar de los rasgos
reaccionarios y utópicos del tolstoísmo. En el transcurso, digamos, del último
decenio, eso no ha podido ocurrir, porque el desarrollo histórico ha avanzado
bastante desde la década del 80 hasta el fin del siglo pasado. Y en nuestros
días, después de que muchos de los acontecimientos arriba señalados han pues-
to fin al estatismo "oriental", en nuestros días, cuando las ideas conscientemen-
te reaccionarias de los adeptos de Veji —reaccionarias en un sentido estrecho
de clase, en un sentido egoísta de clase— han adquirido tan enorme difusión
entre la burguesía liberal y han contaminado incluso a una parte de los cuasi-
marxistas, creando la tendencia "liquidacionista"; en nuestros días, todo intento
de idealizar la doctrina de Tolstoi, de justificar o suavizar su "no oposición", su
invocación del "Espíritu", sus exhortaciones al "autoperfeccionamiento moral",
sus teorías de la "conciencia" y el "amor" universal, su prédica del ascetismo y
el quietismo[*], etc., causa el daño más directo y profundo.

Zvezdá, núm. 6,
del 22 de enero de 1911.

Firmado: V. Ilin.

Obras Completas,
tomo 20.

__________
[*] Quietismo: doctrina religiosa que lleva el ideal de la sumisión pasiva a Dios hasta la exigencia
de ser indiferente hacia la propia salvación. En sentido figurado es contemplación e inactividad.

111
UN LIBREJO ESCRITO CON TALENTO

Se trata del librejo del contrarrevolucionario Arkadi Avérchenko, cuya irrita-


ción raya en el ofuscamiento, Una docena de cuchilladas por la espalda a la
revolución, aparecido en París en 1921. Es interesante observar cómo el odio,
llevado hasta la efervescencia, pone de relieve los pasajes magníficamente
fuertes y magníficamente débiles de este libro, escrito con gran talento. Cuan-
do el autor dedica sus relatos a un tema que desconoce, no resulta nada artísti-
co. Por ejemplo, el relato que presenta a Lenin y Trotski en la vida doméstica.
¡Hay mucha cólera, pero nada que se parezca a la realidad, amable ciudadano
Avérchenko! Le aseguro que Lenin y Trotski tienen muchos defectos en todo,
incluida, como es natural, la vida doméstica. Pero para escribir de ellos con
talento hay que conocerlos. Y usted no los conoce.

En cambio, una gran parte del librejo está consagrada a temas que Arkadi
Avérchenko conoce excelentemente, que ha vivido, meditado y sentido a fon-
do. Y describe con pasmoso talento las impresiones y sentimientos de los re-
presentantes de la vieja Rusia, de la Rusia de los terratenientes y los fabrican-
tes, rica y harta. Así, precisamente así debe parecerles la revolución a los com-
ponentes de las clases dominantes. El odio flamígero hace que los relatos de
Avérchenko sean a veces —y en su mayor parte— pasmosamente brillantes.
Hay, en verdad, cosas excelentes, como por ejemplo, La hierba pisoteada por
las botas altas, los pasajes dedicados a la psicología de los niños que han su-
frido y sufren la guerra civil.

Sin embargo, el autor llega al verdadero patetismo únicamente cuando habla


de la comida. Cómo comían los ricos en la vieja Rusia, cómo tomaban un
bocado en Petrogrado —no, no en Petrogrado, sino en Petersburgo— por
14.50 rublos y por 50 rublos, etc. El autor describe todo eso con verdadera
voluptuosidad: eso sí que lo conoce, eso sí que lo ha vivido y sentido, en eso
no comete ya errores. El conocimiento del asunto y la sinceridad son extraor-
dinarios.

En el último relato —Cascos de lo hecho pedazos— se presenta en Crimea, en


Sebastopol, a un antiguo senador —"era rico, munífico, con influencias"— que
"ahora descarga y clasifica proyectiles a jornal en un parque de artillería", y a
un ex director de "una gigantesca fábrica metalúrgica que era considerada la
primera en la barriada de Víborg. Ahora es encargado de una tienda de objetos
de ocasión y en los últimos tiempos ha adquirido incluso cierta experiencia en
la tasación de peinadores de señora usados y de osos de juguete de peluche,
llevados a la tienda para su venta a comisión".

112
Ambos ancianos recuerdan el tiempo viejo, las puestas de sol en Petersburgo,
las calles, los teatros, las comidas, naturalmente, en Medved, en Viena y en
Mali Yaroslávets, etc. Y los recuerdos se ven interrumpidos por exclamacio-
nes: "¿Qué les hemos hecho de malo?", "¿A quién estorbábamos?"... "¿Por qué
les estorbaba todo eso?"... "¿Por qué tratan así a Rusia?"...

Arkadi Avérchenko no puede comprender por qué. Los obreros y los campesi-
nos lo comprenden, por lo visto, sin ninguna dificultad y no necesitan aclara-
ciones.

Algunos relatos, a mi juicio, merecen ser reproducidos. Hay que estimular el


talento.

Pravda, núm. 263,


22 de noviembre de 1921.

Firmado: N. Lenin.
Obras Completas,
tomo 45.

113
DEL PASADO DE LA PRENSA OBRERA EN RUSIA

La historia de la prensa obrera de Rusia está indisolublemente ligada a la histo-


ria del movimiento democrático y socialista. De ahí que sólo conociendo las
principales etapas del movimiento de emancipación se puede comprender
realmente por qué la preparación y la aparición de la prensa obrera siguieron
determinado camino, y no otro.

El movimiento emancipador pasó en Rusia por 3 grandes etapas correspon-


dientes a las 3 principales clases de la sociedad rusa, que imprimieron su hue-
lla en ese movimiento: 1) el período de la nobleza, desde 1825 a 1861, apro-
ximadamente; 2) el período de los raznochintsi[1] o democrático burgués, apro-
ximadamente desde 1861 a 1895; 3) el período proletario, desde 1895 hasta
nuestros días.

Las figuras más eminentes del período de la nobleza fueron los decembristas[2]
y Herzen. En aquel tiempo, bajo el régimen de la servidumbre, no se podía
hablar siquiera de destacar la clase obrera entre la masa general de siervos,
estamento "inferior" privado de derechos, "la plebe". Entonces, la prensa de-
mocrática general no censurada, y en primer lugar Kólokol[3], de Herzen, fue la
precursora de la prensa obrera (democrática proletaria o socialdemócrata).

Así como los decembristas hicieron surgir a Herzen, Herzen y su Kólokol


ayudaron a que surgieran los raznochintsi, representantes cultos de la burgue-
sía liberal y democrática que no provenían de la nobleza, sino de los funciona-
rios públicos, la pequeña burguesía urbana, los comerciantes y el campesinado.
Aún antes de la abolición del régimen de la servidumbre, V. G. Belinski fue el
precursor de esos raznochintsi, que iban a desplazar completamente a la noble-
za de nuestro movimiento de emancipación. La famosa Carta a Gógol[4] que
resume toda la actividad literaria de Belinski, fue una de las mejores obras de
la prensa democrática no censurada que conserva hasta la fecha todo su inmen-
so significado y vitalidad.

Con la caída del régimen de la servidumbre, el raznochinets surgió como el


principal protagonista masivo del movimiento de emancipación en general y
de la prensa democrática no censurada en particular. El populismo, que coinci-
día con el punto de vista del raznochinets, se convirtió en la tendencia domi-
nante. Como tendencia social nunca pudo deslindarse del liberalismo a la dere-
cha y del anarquismo a la izquierda. Pero Chernishevski, que, a continuación
de Herzen, desarrolló las concepciones populistas, dio un enorme paso adelan-

114
te en comparación con Herzen. Chernishevski fue un demócrata mucho más
consecuente y batallador. Sus obras están impregnadas del espíritu de la lucha
de clases. Siguió resueltamente la línea de desenmascarar las traiciones del
liberalismo, línea que hasta hoy aborrecen los demócratas constitucionalistas y
liquidadores; fue un crítico notablemente profundo del capitalismo, a pesar de
su socialismo utópico.

Las décadas del 60 y del 70 conocieron toda una serie de publicaciones no


censuradas, de contenido democrático militante y socialista utópico, que co-
menzaron a circular entre las "masas". Y entre las personalidades de esa época
ocupan un lugar muy destacado los obreros Piotr Alexéev, Stepán Jalturin y
otros. Sin embargo, la corriente democrática proletaria no pudo destacarse del
torrente general del populismo. Ello fue posible sólo después de que el mar-
xismo ruso se definiera ideológicamente (grupo Emancipación del Trabajo[5],
1883) y se iniciara un movimiento obrero incesante, vinculado a la socialde-
mocracia (huelgas de 1895-1896 en Petersburgo).

Pero antes de pasar a esta época, de la que realmente data la aparición de la


prensa obrera en Rusia, citaremos algunos datos que ilustran con claridad las
diferencias de clase entre los movimientos de los 3 períodos históricos antes
señalados. Estos datos indican la clasificación de las personas acusadas de
delitos de Estado (políticos) según su estamento u ocupación (clase). De cada
100 de esas personas había:

Pequeños
Nobles Campesinos Obreros Intelectuales
burgueses

1827-1846 ............. 76.0 23.0 ? ? ?


1884-1890 ............. 30.6 46.6 7.1 15.1 73.2
1901-1903 ............. 10.7 80.9 9.0 46.1 36.7
1905-1908 ............. 9.1 87.7 24.2 47.4 28.4

En el período de la nobleza o de la servidumbre (1827-1846), los nobles, que


eran una minoría insignificante de la población, dan una abrumadora mayoría
(76%) de los condenados "políticos". En el período populista, período de los
raznochintsi (1884-1890; lamentablemente no se dispone de datos de las déca-
das del 60 y 70), los nobles descienden al segundo lugar, aunque todavía cons-
tituyen un elevado porcentaje (30.6%). Los intelectuales dan la inmensa mayo-
ría (73.2%) de los participantes en el movimiento democrático.

En el período de 1901-1903, que fue precisamente el del primer periódico


marxista, la vieja Iskra[6], los obreros (46.1%) predominan ya sobre los inte-

115
lectuales (36.7%), y el movimiento se democratiza completamente (10.7% de
nobles y 80.9% de "no privilegiados").

Anticipándonos, observemos que en el período del primer movimiento de


masas (1905-1908) la única modificación fue que los intelectuales (28.4%
contra 36.7%) fueron desplazados por los campesinos (24.2% contra 9.0%).

La socialdemocracia en Rusia surgió con el grupo Emancipación del Trabajo,


que se constituyó en el extranjero en 1883. Los escritos de este grupo, que se
imprimían en el extranjero y no estaban censurados, fueron los primeros que
empezaron a exponer sistemáticamente y con todas las conclusiones prácticas
las ideas del marxismo, que, como lo ha demostrado la experiencia de todo el
mundo, son las únicas que expresan la verdadera esencia del movimiento obre-
ro y sus objetivos. Durante los 12 años que van de 1883 a 1895 prácticamente
el único intento de crear una prensa obrera socialdemócrata en Rusia fue la
publicación en Petersburgo, en 1885, del periódico socialdemócrata Rabochi,
por supuesto no censurado, pero del que sólo aparecieron 2 números. Debido a
la ausencia de un movimiento obrero de masas, no había lugar para un amplio
desarrollo de la prensa obrera.

El comienzo de un movimiento obrero de masas, con la participación de la


socialdemocracia, data de 1895-1896, época de las famosas huelgas de Peters-
burgo. Es entonces cuando la prensa obrera, en el verdadero sentido de la pala-
bra, aparece en Rusia. Las principales publicaciones en ese período eran volan-
tes que no pasaban por la censura, la mayoría de las veces no impresos, sino
hectografiados, y dedicados a la agitación "económica" (y también extraeco-
nómica), es decir, a las necesidades y reivindicaciones de los obreros de distin-
tas fábricas y ramas de la industria. Se comprende que tales publicaciones no
habrían podido existir sin la participación más activa de los obreros avanzados
en su redacción y difusión. De entre los obreros de Petersburgo que actuaron
en aquel entonces debemos mencionar a Vasili Andréevich Shelgunov, que
posteriormente quedó ciego y no pudo seguir actuando con su anterior energía,
y a Iván Vasílievich Bábushkin, un apasionado "iskrista" (1900-1903) y "bol-
chevique" (1903-1905), fusilado a fines de 1905 o principios de 1906 por par-
ticipar en un levantamiento en Siberia.

Los volantes eran editados por grupos, círculos y organizaciones socialdemó-


cratas, la mayoría de los cuales, después de fines de 1895, fueron conocidos
como Uniones de Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera. El Partido
Obrero Socialdemócrata de Rusia fue fundado en 1898 en un congreso[7] de
representantes de organizaciones socialdemócratas locales.

Después de los volantes, comenzaron a aparecer periódicos obreros no censu-

116
rados; por ejemplo, en 1897 apareció en San Petersburgo SPB. Rabochi Lis-
tok[8], y en la misma ciudad Rabóchaya Misl[9], que poco después fue traslada-
do al extranjero. A partir de entonces, y hasta la revolución, los periódicos
socialdemócratas locales aparecieron casi incesantemente sin censura; por
cierto, eran arrasados regularmente, pero reaparecían una y otra vez en todos
los confines de Rusia.

En conjunto, los volantes obreros y los periódicos socialdemócratas de aquel


tiempo, es decir, de hace 20 años, fueron los precursores directos e inmediatos
de la actual prensa obrera: las mismas "denuncias" contra las fábricas, la mis-
ma información sobre la lucha "económica", el mismo enfoque de las tareas
del movimiento obrero desde el punto de vista de los principios marxistas y de
un democratismo consecuente; y, por último, las mismas 2 principales tenden-
cias, la marxista y la oportunista, en la prensa obrera.

Es un hecho notable, no debidamente valorado hasta hoy, el de que, no bien


surgió en Rusia el movimiento obrero de masas (1895-1896), apareció en
seguida la división en 2 tendencias, la marxista y la oportunista; una división
que ha cambiado de forma, de fisonomía, etc., pero que en esencia sigue sien-
do la misma desde 1894 hasta 1914. Por lo visto, este tipo especial de división
y de lucha interna entre socialdemócratas tiene profundas raíces sociales y de
clase.

Rabóchaya Misl, más arriba mencionado, representaba la tendencia oportunis-


ta de esa época, conocida como "economismo". Esta tendencia se puso de
manifiesto ya en 1894-1895, en las discusiones entre los dirigentes locales del
movimiento obrero. Y en el extranjero, donde el despertar de los obreros rusos
trajo consigo un enorme florecimiento de las publicaciones socialdemócratas a
partir de 1896, la aparición y la unión de los "economistas" terminó en una
escisión en la primavera de 1900 (es decir, antes de que apareciera, cuyo pri-
mer número salió a fines de ese mismo año).

La historia de la prensa obrera durante los 20 años que van de 1894 a 1914 es
la historia de las 2 tendencias dentro del marxismo ruso y de la socialdemocra-
cia rusa (o más bien, de toda Rusia). Para comprender la historia de la prensa
obrera de Rusia es necesario conocer no sólo y no tanto los nombres de los
diferentes órganos de prensa —nombres que nada dicen al lector moderno y
que sólo lo confunden—, como el contenido, el carácter y la línea ideológica
de los diferentes sectores de la socialdemocracia.

Los principales órganos de prensa de los "economistas" eran Rabóchaya Misl


(1897-1900) y Rabóchee Delo[10] (1898-1901). Rabóchee Delo estaba dirigido
por B. Krichevski —que más tarde se pasó a los sindicalistas—, A. Martínov,

117
destacado menchevique y ahora liquidador, y Akímov, hoy "socialdemócrata
independiente" que en todo lo esencial está de acuerdo con los liquidadores.

Al principio, sólo Plejánov y todo el grupo Emancipación del Trabajo (revista


Rabótnik[11], etc.) combatieron a los "economistas", y luego Iskra (desde 1900
a agosto de 1903, hasta el II Congreso del POSDR). ¿Cuál era exactamente la
esencia del "economismo"?

De palabra, los "economistas" defendían con particular energía un movimiento


obrero con carácter de masas y la acción independiente de los obreros, y po-
nían el acento en la importancia primordial de la agitación "económica" y en
insistir en el paso gradual o moderado a la agitación política. Como ve el lec-
tor, son las mismas palabras predilectas que hoy esgrimen los liquidadores. En
la práctica, sin embargo, los "economistas" seguían una política obrera liberal,
cuya esencia fue concisamente definida por el señor S. N. Prokopóvich, uno de
los jefes del "economismo" en ese entonces, con la frase: "la lucha económica
es para los obreros, la lucha política es para los liberales". Los "economistas",
que tanto ruido hacían acerca de la actividad independiente de los obreros y del
movimiento de masas, eran en la práctica un ala oportunista e intelectual pe-
queño- burguesa del movimiento obrero.

La inmensa mayoría de los obreros conscientes, a quienes en 1901-1903 co-


rrespondía ya 46 de cada 100 personas procesadas por delitos de Estado contra
37 de los intelectuales, se alineó junto a la vieja Iskra contra los oportunistas.
Los 3 años de actividad de Iskra (1901-1903) dieron como fruto la elaboración
del Programa del Partido Socialdemócrata, los fundamentos de su táctica y las
formas en que podía combinarse la lucha económica con la lucha política de
los obreros sobre la base del marxismo consecuente. Durante los años prerre-
volucionarios, asumió enormes proporciones el desarrollo de la prensa obrera,
en torno de Iskra y bajo su dirección ideológica. La cantidad de volantes no
censurados y de imprentas ilegales era extraordinaria y creció rápidamente en
todos los confines de Rusia.

El triunfo completo de Iskra sobre el "economismo", de la táctica proletaria


consecuente sobre la intelectual-oportunista, en 1903, estimuló aún más la
afluencia de "compañeros de viaje" a las filas de la socialdemocracia, y el
oportunismo resucitó sobre el terreno del iskrismo, como parte de él, bajo la
forma de "menchevismo".

El menchevismo surgió en el II Congreso del POSDR (agosto de 1903)[12], de


la unión de la minoría de los "iskristas" (y de ahí su denominación de menche-
vismo) con lodos los enemigos oportunistas de Iskra. Los "mencheviques"
volvieron al "economismo" en una forma levemente renovada, por supuesto;

118
todos los "economistas" que habían quedado en el movimiento, con A. Martí-
nov a la cabeza, engrosaron las filas de los "mencheviques".

El principal órgano de prensa del "menchevismo" pasó a ser la nueva Iskra,


que en noviembre de 1903 comenzó a salir bajo la dirección de una nueva
Redacción[13]; "entre la vieja y la nueva Iskra media un abismo", declaró fran-
camente Trotski, que era entonces un ferviente menchevique. Los principales
órganos de prensa de los "bolcheviques", que defendían la táctica del marxis-
mo consecuente y fiel a la vieja Iskra, eran Vperiod[14] y Proletari[15] (1905).

Desde el punto de vista de los vínculos reales con las masas y como expresión
de la táctica de las masas proletarias, los años de la revolución, 1905-1907,
sirvieron para poner a prueba las 2 tendencias principales dentro de la social-
democracia y en la prensa obrera: la tendencia menchevique y la bolchevique.
La prensa socialdemócrata legal no habría podido aparecer de golpe en el oto-
ño de 1905, si no hubiese encontrado el terreno allanado por la actividad de los
obreros avanzados estrechamente vinculada a las masas. Y si la prensa social-
demócrata legal de los años 1905, 1906 y 1907 fue una prensa de 2 tendencias,
de 2 fracciones, ello sólo se explica por las diferentes líneas existentes en esa
época en el movimiento obrero: la pequeñoburguesa y la proletaria.

La prensa obrera legal apareció en los 3 períodos de ascenso y de relativa "li-


bertad": en el otoño de 1905 (Nóvaya Zhizn[16] de los bolcheviques y Mácha-
lo[17] de los mencheviques, mencionamos sólo las principales publicaciones
entre el gran número que había), en la primavera de 1906 (Volná Ejo[18], etc.,
de los bolcheviques, Maródnaya Duma[19] y otros, de los mencheviques) y en
la primavera de 1907.

La esencia de la táctica menchevique de esa época fue definida hace poco por
el propio L. Mártov con las siguientes palabras: "El menchevismo no veía otra
posibilidad de participación fructífera del proletariado en aquella crisis que no
fuera ayudar a la democracia burguesa liberal en sus esfuerzos por apartar del
poder estatal al sector reaccionario de las clases poseedoras; pero el proletaria-
do, al brindar esta ayuda, debía conservar su completa independencia política"
(Entre libros, de Rubakin, t. II, pág. 772). Esta táctica de "ayudar" a los libera-
les se reducía de hecho a colocar a los obreros bajo la dependencia de ellos, en
la práctica, era una política obrera liberal. Por el contrario, la táctica del bol-
chevismo aseguraba la independencia del proletariado en la crisis burguesa,
mediante la lucha por llevar esa crisis hasta el fin, mediante el desenmascara-
miento de las traiciones del liberalismo, educando y agrupando a la pequeña
burguesía (especialmente en el campo) para contrarrestar esas traiciones.

Es notorio —y los propios mencheviques, incluyendo a los actuales liquidado-

119
res, Koltsov, Levitski y otros, lo han reconocido en muchas ocasiones— que
en esos años (1905-1907) las masas obreras seguían a los bolcheviques. El
bolchevismo expresaba la esencia proletaria del movimiento; el menchevismo
era su ala oportunista, intelectualoide-filistea.

No podemos detenernos aquí con más detalle en el contenido y significado de


la táctica de las 2 tendencias de la prensa obrera. Debemos limitarnos a esta-
blecer con exactitud los hechos fundamentales y a definir las principales líneas
del desarrollo histórico.

La prensa obrera de Rusia tiene tras de sí una historia casi centenaria: primero,
la prehistoria, es decir, la historia del movimiento de emancipación no obrero,
no proletario, sino "democrático general", o sea, el movimiento de emancipa-
ción democrático burgués, y luego, su propia historia, de 20 años de movi-
miento proletario, de democracia proletaria o socialdemocracia.

En ningún lugar del mundo surgió ni podía surgir el movimiento proletario "de
golpe", en una forma clasista pura, ya hecho, como Minerva de la cabeza de
Júpiter. Sólo a través de la larga lucha y del duro esfuerzo de los obreros más
avanzados, de todos los obreros conscientes, se consiguió independizar y forta-
lecer el movimiento de clase del proletariado, desembarazándolo de todo géne-
ro de mixturas, limitaciones, estrecheces y deformaciones pequeñoburguesas.
La clase obrera vive codo con codo con la pequeña burguesía, la cual, a medi-
da que se arruina, da un número siempre creciente de nuevos efectivos a las
filas del proletariado. Y Rusia, que es el país capitalista más pequeñoburgués,
el de mentalidad más estrecha, sólo ahora atraviesa por el período de revolu-
ciones burguesas que Inglaterra, por ejemplo, atravesó en el Siglo XVII y
Francia en el Siglo XVIII y primera mitad del XIX.

El obrero consciente, que aborda ahora una tarea que siente tan suya y tan vital
como la de impulsar la prensa obrera, la de darle una base sólida, fortalecerla y
desarrollarla, no olvidará los 20 años de historia del marxismo y de la prensa
socialdemócrata en Rusia.

Mal servicio prestan al movimiento obrero sus amigos intelectuales nerviosos,


que eluden la lucha interna entre los socialdemócratas y llenan el ambiente con
gritos y llamados a desentenderse de ella. Son personas bien intencionadas,
pero vacías, como son vacíos sus gritos.

Sólo estudiando la historia de la lucha del marxismo contra el oportunismo,


sólo mediante un estudio profundo y detallado de la manera en que la demo-
cracia proletaria independiente surgió de la confusión pequeñoburguesa, po-

120
drán los obreros avanzados fortalecer definitivamente su propia conciencia y
su prensa obrera.

Rabochi, núm. 1,
22 de abril de 1914.

Obras Completas,
tomo 25.

NOTAS

[1] Raznochintsi (intelectuales de origen plebeyo): en la Rusia zarista, "individuos de


diverso rango y título", como se los denominaba, que procedían de distintos sectores: de
los mercaderes, del clero, de la pequeña burguesía y del campesinado.
[2] Decembristas: revolucionarios de la nobleza rusa que se sublevaron el 14 de di-
ciembre de 1825 contra el régimen autocrático. La sublevación fue derrotada por las
tropas zaristas y sus participantes ejecutados o enviados a trabajos forzados a Siberia.
[3] Kólokol (La Campana): revista política cuya divisa era "Vivos voco!" (¡Llamo a los
vivos!). La editaron A. I. Herzen y N. P. Ogariov en la Imprenta Rusa Libre, fundada
por Herzen, desde el 1 de julio de 1857 hasta abril de 1865, en Londres, y desde mayo
de 1865 hasta julio de 1867, en Ginebra; aparecía mensualmente y, durante algún tiem-
po, quincenalmente. Vieron la luz 245 números. Kólokol tiraba hasta 2,500 ejemplares
y se difundía ampliamente por toda Rusia. Kólokol fustigó las arbitrariedades de la
autocracia, la rapacidad y las malversaciones de los funcionarios, la despiadada explo-
tación de los campesinos por los terratenientes, hizo llamamientos revolucionarios y
contribuyó al despertar de las masas para la lucha contra el Gobierno zarista y las clases
dominantes.
Kólokol se encontraba a la cabeza de la prensa revolucionaria no censurada que prece-
dió a la aparición de la prensa obrera en Rusia, y desempeñó un papel importante en el
desarrollo del movimiento revolucionario y democrático general, en la lucha contra la
autocracia y el régimen de la servidumbre.
[4] Carla a Gógol: escrita por V. G. Belinski en julio de 1847 y dirigida contra el régi-
men de la servidumbre. Fue prohibida por la censura zarista; en 1855 la publicó por
primera vez A. I. Herzen en el extranjero.
[5] Emancipación del Trabajo: primer grupo marxista ruso, fundado por Plejánov en
Suiza, en 1883. El grupo llevó a cabo una gran labor para la difusión del marxismo en
Rusia: editó en ruso obras de Marx y Engels, popularizó el marxismo en sus publica-
ciones; 2 proyectos de Programa de los socialdemócratas rusos escritos por G. V. Plejá-
nov y editados por el grupo fueron un paso importante en la creación del Partido So-
cialdemócrata de Rusia.
[6] La vieja "Iskra" (La Chispa): primer periódico marxista clandestino de toda Rusia,
fundado en 1900 por Lenin; desempeñó un papel decisivo en la creación del partido
marxista revolucionario de la clase obrera de Rusia.
El primer número de la Iskra leninista, fechado en diciembre de 1900, apareció en

121
Leipzig; los siguientes, en Múnich; desde julio de 1902, en Londres, y desde la prima-
vera de 1903, en Ginebra.
Integraban la Redacción de Iskra: V. I. Lenin, G. V. Plejánov, L. Mártov, P. B. Axel-
rod, A. N. Potrésov y V. I. Zasúlich. Iskra centraba su atención en los problemas de la
lucha revolucionaria del proletariado y de todos los trabajadores de Rusia contra la
autocracia zarista, prestaba gran interés a los acontecimientos más importantes de la
vida internacional y sobre todo del movimiento obrero internacional. Lenin era de
hecho redactor jefe y director de Iskra, publicaba artículos sobre todas las cuestiones
fundamentales de la organización del Partido y de la lucha de clase del proletariado de
Rusia.
Iskra se convirtió en el centro de unificación de las fuerzas del Partido, de reunión y
educación de los cuadros del Partido. En varias ciudades de Rusia (Petersburgo, Moscú,
Samara y otras) se formaron grupos y comités del POSDR de orientación iskrista-
leninista, y en enero de 1902, en el congreso de iskristas celebrado en Samara, se fundó
la organización rusa de Iskra.
Por iniciativa de Lenin y con su participación inmediata, la Redacción de Iskra confec-
cionó el proyecto de Programa del Partido (publicado en el núm. 21 de Iskra) y preparó
el II Congreso del POSDR. Para el momento en que se reunió el Congreso la mayoría
de las organizaciones socialdemócratas locales de Rusia se había adherido a Iskra,
había aprobado su táctica, su Programa y su plan de organización, reconociéndola como
su órgano dirigente. En una resolución especial, el Congreso destacó el papel excepcio-
nal de Iskra en la lucha por el Partido y la declaró Órgano Central del POSDR.
Poco después del II Congreso del POSDR (1903), los mencheviques, apoyados por
Plejánov, se apoderaron de Iskra.
[7] Se refiere al I Congreso del POSDR, celebrado en Minsk del 1 al 3 (13-15) de mar-
zo de 1898. Asistieron 9 delegados de 6 organizaciones: de las Uniones de Lucha por la
Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo, Moscú, Ekaterinoslav y Kíev, del
grupo Rabóchaya Gazeta (La Gaceta Obrera), de Kíev, y del Bund. El Congreso eligió
el Comité Central del Partido, confirmó como órgano oficial del Partido a Rabóchaya
Gazeta, publicó su Manifiesto y declaró a la Unión de Socialdemócratas Rusos en el
Extranjero como representante del Partido en el extranjero.
La significación del I Congreso del POSDR consistió en que en sus acuerdos y en el
Manifiesto proclamó la fundación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, con lo
que desempeñó un gran papel en la propaganda revolucionaria. Pero el Congreso no
aprobó un Programa ni redactó los Estatutos del Partido, el CC elegido en el Congreso
fue detenido poco después y la imprenta de Rabóchaya Gazeta, allanada; por eso el
Congreso no logró unificar y enlazar los distintos círculos y organizaciones marxistas.
Tampoco existía dirección desde un centro único ni una línea única en la labor de las
organizaciones locales.
[8] SPB. Rabochi Listok (Boletín Obrero de San Petersburgo): órgano de la Unión de
Lucha por la Emancipación de la Clase Obrera, de Petersburgo. Vieron la luz 2 núme-
ros: el núm. 1, en febrero (fechado en enero) de 1897, impreso en multicopista, en
Rusia, en 300 ó 400 ejemplares, y el núm. 2, en septiembre de 1897, en Ginebra, impre-
so en tipografía.

122
El periódico planteó la tarea de conjugar la lucha económica de la clase obrera con
amplias reivindicaciones políticas y subrayó la necesidad de crear el partido obrero.
[9] Rabóchaya Misl (El Pensamiento Obrero): periódico, se publicó en 1897-1902,
primero en Rusia y luego en el extranjero. El periódico era órgano de los "economis-
tas", adeptos rusos de Bernstein.
[10] Rabóchee Delo (La Causa Obrera): revista no periódica de la Unión de Socialde-
mócratas Rusos en el Extranjero; apareció en Ginebra de 1899 a 1902. La Redacción de
Rabóchee Delo era el centro de los "economistas" en el extranjero.
[11] Rabótnik (El Trabajador): recopilación no periódica editada en los años 1896-
1899 en el extranjero por la Unión de Socialdemócratas Rusos bajo la redacción del
grupo Emancipación del Trabajo. El iniciador de la edición de Rabótnik fue Lenin.
Durante su permanencia en el extranjero en 1895, se puso de acuerdo con G. V. Plejá-
nov y P. B. Axelrod para editar y redactar la recopilación del grupo Emancipación del
Trabajo. De regreso a Rusia, Lenin desplegó una gran labor para organizar el apoyo
económico a esta edición y proporcionar a la recopilación artículos y colaboraciones de
Rusia. Hasta ser detenido en diciembre de 1895, Lenin preparó y envió a la Redacción
de Rabótnik el artículo-necrología Federico Engels y varias colaboraciones, una parte
de las cuales (las de A. A. Vanéev, M. A. Silvin y S. P. Shesternín) se publicó en los
núms. 1-2 y 5-6 de la recopilación.
Aparecieron solamente 6 números de Rabótnik en 3 entregas y 10 números de Listok
"Rabótnika" (La Hoja de "El Trabajador").
[12] El II Congreso del POSDR se celebró del 17 (30) de julio al 10 (23) de agosto de
1903. Las primeras 13 sesiones del Congreso tuvieron lugar en Bruselas. Luego, debido
a las persecuciones de la policía, las sesiones del Congreso fueron trasladadas a Lon-
dres.
El Congreso fue preparado por Iskra, que, dirigida por Lenin, llevó a cabo una ingente
labor para cohesionar a los socialdemócratas de Rusia sobre la base de los principios
del marxismo revolucionario.
Asistieron el Congreso 43 delegados con voz y voto en representación de 26 organiza-
ciones. Varios delegados tenían 2 votos y por eso el número de votos en el Congreso
era de 51. La composición del Congreso era heterogénea. Asistieron no sólo partidarios
de Iskra, sino también adversarios, así como elementos inestables y vacilantes.
Los puntos principales del Congreso fueron la aprobación del Programa y los Estatutos
del Partido y la elección de sus centros dirigentes.
En el Congreso los oportunistas hicieron objeto de enconados ataques el proyecto de
Programa del Partido, elaborado por la Redacción de Iskra, en particular la tesis acerca
del papel dirigente del Partido en el movimiento obrero, el punto sobre la necesidad de
la conquista de la dictadura del proletariado y la parte agraria del Programa. El Congre-
so hizo frente a los oportunistas y aprobó por unanimidad (con una sola abstención) el
Programa del Partido, en el que se formulaban tanto las tareas inmediatas del proleta-
riado en la próxima revolución democrática burguesa (Programa mínimo) como las
tareas orientadas a hacer triunfar la revolución socialista e implantar la dictadura del
proletariado (Programa máximo). Por primera vez en la historia del movimiento obrero

123
internacional, después de la muerte de Marx y Engels, se aprobó un programa revolu-
cionario en el que, a instancia de Lenin, se planteaba la lucha por la dictadura del prole-
tariado como la tarea fundamental del Partido de la clase obrera.
Cuando se discutían los Estatutos, se libró una enconada lucha en tomo a los principios
orgánicos de estructuración del Partido. Lenin y sus partidarios defendían la creación de
un partido revolucionario combativo de la clase obrera, y consideraban imprescindible
la aprobación de Estatutos que dificultaran el acceso al mismo a todos los elementos
inestables y vacilantes. Por eso en la fórmula del artículo primero de los Estatutos
propuesta por Lenin se ponía como condición de militancia en el Partido no sólo el
reconocimiento del Programa y la ayuda material al Partido, sino también la participa-
ción personal en una de las organizaciones de éste. Mártov sometió al Congreso su
fórmula del artículo primero que ponía como condición para pertenecer al Partido,
además de reconocer el Programa y de la ayuda material, únicamente el concurso per-
sonal regular al Partido bajo la dirección de una de sus organizaciones. La fórmula de
Mártov, que facilitaba el acceso al Partido a todos los elementos inestables, fue apoyada
en el Congreso no sólo por los antiiskristas y la "charca" (el "centro"), sino también por
los iskristas "blandos" (inestables), siendo aprobada en el Congreso por escasa mayoría
de votos. Pero en lo fundamental el Congreso adoptó los Estatutos redactados por Le-
nin. Asimismo se aprobaron varias resoluciones sobre problemas de táctica.
En el Congreso se produjo la escisión entre los partidarios consecuentes de la tendencia
iskrista —los leninistas— y los iskristas "blandos", es decir, los partidarios de Mártov.
Los partidarios de la tendencia leninista lograron la mayoría durante la elección de los
organismos centrales del Partido y se les aplicó el término "bolchevique" (de bolshinst-
vó en ruso, o la mayoría). En cambio, a los oportunistas, que obtuvieron la minoría, se
los denominó mencheviques (de menshinstvó, o minoría).
El Congreso tuvo inmensa trascendencia en el desarrollo del movimiento obrero de
Rusia. Acabó con los métodos artesanales y con el hábito de circunscribir la acción a
los pequeños círculos, que imperaban hasta entonces en el movimiento socialdemócra-
ta, y colocó los cimientos del partido marxista revolucionario en Rusia.
[13] Nóvaya "Iskra" (Nueva "Iskra"): Iskra menchevique. En el II Congreso del Partido
fue confirmada la Redacción del Órgano Central del Partido, integrada por V. I. Lenin,
G. V. Plejánov y L. Mártov. Pero el menchevique Mártov, contraviniendo la decisión
del Congreso, se negó a formar parte de la Redacción sin los antiguos redactores men-
cheviques (P. B. Axelrod, A. N. Potrésov y V. I. Zasúlich) no elegidos por el II Congre-
so, y los números 46-51 de Iskra aparecieron bajo la redacción de Lenin y Plejánov.
Poco después, Plejánov se pasó a las posiciones del menchevismo y exigió que fueran
incluidos en la Redacción de Iskra todos los antiguos redactores mencheviques recha-
zados por el Congreso. Lenin no podía aceptarlo y el 19 de octubre (1 de noviembre) de
1903 abandonó la Redacción de Iskra; luego fue cooptado para el CC del Partido y
desde allí emprendió la lucha contra los mencheviques oportunistas. El núm. 52 de
Iskra apareció bajo la redacción solamente de Plejánov. El 13 (26) de noviembre de
1903, Plejánov, por decisión personal, vulnerando la voluntad del II Congreso del
Partido, cooptó para la Redacción de Iskra a sus ex redactores mencheviques Axelrod,
Potrésov y Zasúlich. A partir del núm. 52, Iskra dejó de ser órgano combativo del
marxismo revolucionario. Los mencheviques la convirtieron en órgano de lucha contra
el marxismo, contra el Partido, en tribuna para predicar el oportunismo. La edición del

124
periódico se suspendió en octubre de 1905.
[14] Vperiod (Adelante): semanario bolchevique clandestino; se editó en Ginebra del 22
de diciembre de 1904 (4 de enero de 1905) al 5 (18) de mayo de 1905. Aparecieron 18
números. El organizador, inspirador ideológico y dirigente inmediato del periódico fue
Lenin.
El III Congreso del Partido destacó en una resolución especial el relevante papel del
periódico Vperiod en la lucha contra el menchevismo, por el restablecimiento del espí-
ritu de partido, en la formulación y el esclarecimiento de los problemas de táctica plan-
teados por el movimiento revolucionario, en la lucha por la convocación del Congreso y
expresó su gratitud a la Redacción del periódico. Por decisión del III Congreso, en lugar
de Vperiod empezó a editarse el periódico Proletari (El Proletario).
[15] Proletari (El Proletario), aparecía en Ginebra: semanario bolchevique clandestino,
Órgano Central del POSDR, fundado por acuerdo del III Congreso del Partido. Por
decisión del Pleno del Comité Central del Partido del 27 de abril (10 de mayo) de 1905,
se nombró a Lenin redactor responsable del OC. El periódico se editó en Ginebra desde
el 14 (27) de mayo hasta el 12 (25) de noviembre de 1905. Aparecieron 26 números.
Proletari continuó la línea de la vieja Iskra leninista y mantuvo la plena sucesión del
periódico bolchevique Vperiod.
Proletari se hacía eco inmediatamente de todos los acontecimientos importantes del
movimiento obrero ruso e internacional, sostenía una lucha despiadada contra los men-
cheviques y otros elementos revisionistas oportunistas. El semanario realizó una gran
labor de propaganda de las decisiones del III Congreso del Partido y desempeñó un
papel importante en la cohesión orgánica e ideológica de los bolcheviques. Proletari
defendía consecuentemente el marxismo revolucionario y elaboraba todos los proble-
mas fundamentales de la revolución que se desplegaba en Rusia. Informando amplia-
mente de los acontecimientos de 1905, Proletari levantaba a las vastas masas trabajado-
ras a la lucha por la victoria de la revolución.
Poco después de la partida de Lenin para Rusia, a comienzos de noviembre de 1905,
dejó de aparecer el periódico.
[16] Nóvaya Zhizn (Vida Nueva): primer periódico bolchevique legal; apareció diaria-
mente del 27 de octubre (9 de noviembre) al 3 (16) de diciembre de 1905 en Petersbur-
go. El editor-director oficial del periódico era el poeta N. M. Minski y la editora, la
actriz M. F. Andréeva. Con la llegada de Lenin de la emigración a Petersburgo, a co-
mienzos de noviembre de 1905, el periódico empezó a aparecer bajo su dirección inme-
diata.
Nóvaya fue activo portavoz de todas las decisiones y actividades del CC del POSDR.
Desempeñó un gran papel en la ilustración política y la organización de las masas,
movilizándolas para la insurrección armada.
El 2 de diciembre, cuando salió a la calle el núm. 27, el periódico fue clausurado por el
Gobierno zarista. El núm. 28 apareció clandestinamente.
[17] Nachalo (Comienzo): diario menchevique legal; se publicó en Petersburgo del 13
(26) de noviembre al 2 (15) de diciembre de 1905. Aparecieron 16 números.
[18] Volná (La Ola): diario bolchevique, se publicó legalmente en Petersburgo del 26

125
de abril (9 de mayo) al 24 de mayo (6 de junio) de 1906. Aparecieron 25 números. A
partir del núm. 9, lo redactó de hecho Lenin. El 24 de mayo (6 de junio) el periódico
fue clausurado por el Gobierno zarista. En lugar de Volná empezó a aparecer el periódi-
co Vperiod y luego Ejo.
Ejo (Eco): diario bolchevique legal; se publicó en Petersburgo del 22 de junio (5 de
julio) al 7 (20) de julio de 1906. Aparecieron 14 números. El director del periódico de
hecho era Lenin.
Casi todos los números del periódico Ejo fueron represaliados: las autoridades secues-
traron 12 de los 14 números publicados.
[19] Naródnaya Duma (Duma Popular): diario menchevique; se publicó en Petersburgo
en marzo y abril de 1907, en lugar del clausurado Rússkaya Zhizn (La Vida Rusa).
Aparecieron 21 números.

126
ESBOZO DE RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA NA-
CIONAL[1]

Resolución sobre el problema nacional

1. Es sumamente necesario determinar de manera pormenorizada, con todos


los detalles, nuestra actitud hacia el problema nacional, por razones

(a) históricas (objetivas): el nacionalismo reaccionario y el progresista bur-


gués (inclusive democrático burgués) de la época contrarrevolucionaria
(b) de la vida del Partido: la escisión del Bund, su separatismo, su bloque
con partidos no socialdemócratas que conservan rasgos nacionalistas
(P.P.S.), su destrucción por el acuerdo de transacción del Congreso de
Estocolmo[2]. Descomposición de la "federación del peor tipo"[3].

2. El § sobre la autodeterminación sólo significa separación política.

3. Necesidad de ese § para Rusia, determinada por

(a) el principio general de la democracia


(b) la presencia de naciones oprimidas en las regiones periféricas
(c) el carácter inacabado de la revolución democrática burguesa en el Este
de Europa, en general, y en Rusia, en particular
(d) el carácter más reaccionario del régimen estatal (monarquía) en Rusia,
en comparación con el Oeste y con el Este.

4. El reconocimiento del derecho a la autodeterminación sólo significa

(a) la exigencia de resolver el problema por vía democrática à la Noruega


(b) la lucha tanto contra la extrema reacción como contra los liberales, que
niegan este derecho: educación de las masas (¡el mujik!) en un espíritu
antinacionalista.

5. Este derecho no excluye sino que, por el contrario, exige una apreciación
proletaria independiente.

6. El ejemplo de Polonia y Finlandia de 1905 muestra la aproximación de los


partidos de los terratenientes y de los nacionalistas burgueses con la monar-
quía de Nicolás II, el engaño de los obreros de Polonia y Finlandia por la

127
burguesía nacionalista de sus países; muestra que los obreros que prefirieran
la aproximación política (e ideológica) con su burguesía a la unidad con el
proletariado de otras naciones traicionarían tanto al socialismo como a la
democracia y a su patria.

7. Igualdad de derechos incondicional de las naciones e idiomas. Asegurar por


cuenta del Estado el idioma de la población local.

8. Rechazar el idioma "oficial".

9. Reformar la división administrativa del Estado.

10. Ley de todo el Estado que garantice los derechos de la minoría de las na-
ciones, etc.

11. Actitud negativa hacia la autonomía cultural-nacional

(a) desacierto ideológico y político de la consigna de "cultura nacional"


(b) está en pugna con el internacionalismo del proletariado
(c) imbuye a las masas en las ideas del nacionalismo burgués
(d) distrae de las tareas de la revolución democrática c[entralizada] (señala
el camino de la supuesta separación nacional, mientras que en realidad
sólo es posible una revolución democrática c[entralizada])
(e) propagan esta consigna todos los partidos burgueses de una de las na-
ciones (la judía), a la que se ha colocado en la posición de casta
(f) la división del proletariado (de las naciones convivientes) en los asuntos
escolares es perjudicial, se necesita la unión.

12. Fusión de los obreros de todas las naciones en todas las organizaciones.

13. Estructura íntegra, no federativa, del Partido (Cáucaso, etc.).

Escrito en septiembre de 1913.

Publicado por primera vez en 1937,


en Recopilación Leninista XXX.

Obras Completas,
tomo 24.

128
NOTAS

[1] Los días 26 y 28 de septiembre (9 y 11 de octubre) de 1913, Lenin pronunció un


extenso informe sobre el problema nacional en la Reunión del CC del POSDR con
funcionarios del Partido celebrada en Poronin. El proyecto de resolución correspon-
diente no se ha conservado. En el presente esbozo de resolución se resumía probable-
mente dicho proyecto.
[2] Se trata del Proyecto de condiciones para La unificación del Bund con el POSDR,
aprobado por el IV Congreso (de Unificación) del POSDR, que se celebró en 1906 en
Estocolmo. De acuerdo con el primer punto del proyecto, se admitía que el Bund era
"una organización del proletariado judío no limitada en su actividad por los marcos
regionales"; según el punto 8, se concedió al Bund el derecho de tener una representa-
ción en el CC del POSDR y en la delegación a los congresos socialistas internacionales.
[3] "Federación del peor tipo": así se califican, en la resolución de la Conferencia de
Praga del Partido, las relaciones mutuas con las organizaciones socialdemócratas na-
cionales, que existieron en el POSDR desde el IV Congreso (de Unificación) y que
trabajaron "separadamente en todos los aspectos de las organizaciones rusas", lo cual
tenía efectos en extremo negativos para todo el trabajo del POSDR. Las organizaciones
socialdemócratas de Polonia y Lituania y del País Letón formaban parte del Partido,
pero en realidad se comportaron separadamente. Sus representantes se abstuvieron de
participar en la labor partidaria de toda Rusia y contribuyeron, de manera directa o
indirecta, a la actividad antipartidista de los liquidadores.

129
RESOLUCIONES DE LA REUNIÓN DE VERANO DE 1913

[...]

RESOLUCIÓN SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL

El desenfreno del nacionalismo ultrarreaccionario, el crecimiento de las ten-


dencias nacionalistas entre la burguesía liberal y la intensificación de las ten-
dencias nacionalistas en las capas superiores de las nacionalidades oprimidas
ponen de relieve actualmente el problema nacional.

El estado de cosas en el seno de la socialdemocracia (intentos de los socialde-


mócratas caucasianos, del Bund[1] y de los liquidadores de anular el Programa
del Partido[2], etc.) obliga al Partido a prestar aún mayor atención a este pro-
blema.

Apoyándose en el Programa del POSDR, y a fin de organizar correctamente la


agitación socialdemócrata sobre el problema nacional, la Reunión formula las
siguientes tesis:

1. En la medida en que es posible la paz nacional en la sociedad capitalista,


basada en la explotación, el lucro y la discordia, se puede alcanzarla sólo bajo
un sistema de Gobierno republicano consecuente y profundamente democráti-
co, que garantice la plena igualdad de todas las naciones e idiomas y la ausen-
cia de un idioma oficial obligatorio, si se proporcionan a la población escuelas
en las que se enseñe en todos los idiomas nativos y la Constitución incluye una
ley fundamental que anule todo privilegio de una de las naciones y toda viola-
ción de los derechos de una minoría nacional. Son necesarias, en particular,
una amplia autonomía regional y una administración autónoma local plena-
mente democrática, al delimitarse las fronteras de las regiones que gocen de
mayor o menor autonomía, teniendo en cuenta la propia población local las
condiciones económicas y de vida, la composición nacional de la población,
etc.

2. La división escolar por nacionalidades dentro de los límites de un Estado es


sin duda alguna perjudicial desde el punto de vista de la democracia en general
y de los intereses de la lucha de clase del proletariado en particular. Precisa-
mente esa división es la que implica el plan de autonomía "cultural-nacional" o
de "creación de instituciones que garanticen la libertad de desarrollo nacional",
adoptado en Rusia por todos los partidos burgueses de la comunidad judía y

130
por los elementos pequeñoburgueses, oportunistas, de las distintas naciones.

3. Los intereses de la clase obrera exigen la fusión de los obreros de todas las
nacionalidades de un Estado en organizaciones proletarias únicas: políticas,
sindicales, cooperativas y educativas, etc. Sólo esta fusión de los obreros de
distintas nacionalidades en organizaciones únicas permite al proletariado lu-
char con éxito contra el capital internacional y la reacción, y combatir la pro-
paganda y las aspiraciones de los terratenientes, los popes y los nacionalistas
burgueses de todas las naciones, que corrientemente encubren sus aspiraciones
antiproletarias con la bandera de la "cultura nacional". El movimiento obrero
mundial está creando y desarrolla cada día más una cultura internacional prole-
taria.

4. Por lo que se refiere al derecho a la autodeterminación de las naciones opri-


midas por la monarquía zarista, es decir, al derecho a separarse y formar Esta-
dos independientes, el Partido Socialdemócrata debe indiscutiblemente defen-
derlo.

Así lo requieren los principios fundamentales de la democracia internacional


en general y, especialmente, la inaudita opresión nacional de la mayoría de los
habitantes de Rusia por la monarquía zarista, que es el sistema político más
reaccionario y bárbaro en comparación con los Estados vecinos de Europa y
Asia. Así lo requiere, además, la causa de la libertad de la propia población
rusa, que será incapaz de crear un Estado democrático si no se extirpa el na-
cionalismo ruso ultrarreaccionario, respaldado por la tradición de las numero-
sas represiones sangrientas de movimientos nacionales y fomentado de manera
sistemática no sólo por la monarquía zarista y por todos los partidos reacciona-
rios, sino también por el liberalismo burgués ruso, servil ante la monarquía,
sobre todo en el período de la contrarrevolución.

5. El derecho de las naciones a la autodeterminación (es decir, la garantía ofre-


cida por la Constitución del Estado para resolver de un modo absolutamente
libre y democrático el problema de la separación) no debe ser confundido con
la conveniencia de que se separe determinada nación. El Partido Socialdemó-
crata debe decidir esta última cuestión, en cada caso particular, de modo abso-
lutamente independiente, de acuerdo con los intereses del desarrollo social en
su conjunto y con los intereses de la lucha de clase del proletariado por el
socialismo.

Los socialdemócratas deben tener en cuenta además que los terratenientes, los
popes y la burguesía de las naciones oprimidas encubren a menudo con con-
signas nacionalistas sus aspiraciones a dividir a los obreros y a embaucarlos
entrando en componendas, a sus espaldas, con los terratenientes y la burguesía

131
de la nación dominante, en perjuicio de las masas trabajadoras de todas las
naciones.

***

La Reunión incluye en el orden del día del Congreso del Partido el problema
del Programa nacional. Invita al CC, a la prensa del Partido y a las organiza-
ciones locales a dilucidar con el mayor detalle el problema nacional (en folle-
tos, debates, etc.).

[...]

Escrito en septiembre de 1913.

Publicado en diciembre de 1913 en el folleto


"Comunicado y resoluciones de la Reunión de
verano de 1913 del Comité Central del POSDR
con funcionarios del Partido",
editado en París por el CC del POSDR.

Obras Completas,
tomo 24.

NOTAS

[1] El Bund (Unión General Obrera Hebrea de Lituania, Polonia y Rusia) fue organiza-
do en 1897, en ·el Congreso Constituyente de los grupos socialdemócratas judíos,
realizado en Vilna; agrupaba principalmente a los artesanos semiproletarios judíos de
las regiones occidentales de Rusia. En el I Congreso del POSDR (1898), el Bund ingre-
só en éste "como organización autónoma, independiente sólo en los problemas específi-
cos del proletariado judío". El Bund fue portador del nacionalismo y el separatismo en
el movimiento obrero de Rusia. Su IV Congreso, celebrado en abril de 1901, decidió
cambiar las relaciones de organización con el POSDR, establecidas por el I Congreso
de éste; en su resolución declaró que consideraba el POSDR como federación de orga-
nizaciones nacionales y que el Bund debía participar en ella como parte federal.
El Bund se retiró del POSDR en su II Congreso (1903), cuando éste rechazó su exigen-
cia de que se le reconociera como único representante del proletariado judío. En 1906,
de acuerdo con la resolución del IV Congreso (de Unificación) del POSDR, pasó nue-
vamente a formar parte del Partido. Dentro del POSDR, los bundistas apoyaron siempre
al ala oportunista ("economistas", mencheviques, liquidadores) y lucharon contra los
bolcheviques y el bolchevismo. A la reivindicación programática de los bolcheviques
sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, oponían la exigencia de auto-
nomía cultural-nacional. En los años de la reacción (1907-1910) y durante el período de
un nuevo ascenso revolucionario, el Bund adoptó una posición liquidacionista y colabo-
ró activamente en la formación del Bloque antipartido de Agosto. Su posición fue
socialchovinista durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y en 1917 apoyó al

132
Gobierno Provisional burgués, luchó al lado de los enemigos de la Revolución Socialis-
ta de Octubre. Durante la intervención militar extranjera y la guerra civil, los dirigentes
del Bund se unieron a las fuerzas contrarrevolucionarias. Al mismo tiempo, entre los
bundistas de filas se esbozó un viraje hacia la colaboración con el Poder soviético. En
marzo de 1921, el Bund se disolvió por propia iniciativa.
[2] Lenin se refiere a la resolución de la Conferencia de agosto de los liquidadores que
se realizó en Viena en 1912 y que consideró compatible con el Programa del POSDR la
consigna oportunista de "autonomía cultural-nacional".

133
NOTAS CRÍTICAS SOBRE EL PROBLEMA NACIONAL[1]

Es evidente que el problema nacional ha pasado a ocupar hoy un lugar desta-


cado entre las cuestiones de la vida social de Rusia. Tanto el nacionalismo
militante de la reacción como el paso del liberalismo burgués, contrarrevolu-
cionario, al nacionalismo (sobre todo al nacionalismo ruso, y luego también al
nacionalismo polaco, hebreo, ucranio, etc.) y, por último, el aumento de las
vacilaciones nacionalistas entre diversos socialdemócratas "nacionales" (es
decir, no rusos), rayano en la infracción del Programa del Partido, nos obligan
absolutamente a prestar al problema nacional más atención que hasta ahora.

El presente artículo persigue un fin especial: examinar juntas precisamente


estas vacilaciones programáticas de los marxistas, y de los que se dicen mar-
xistas, en el problema nacional. En el núm. 29 de Sévernaya Pravda (5 de
septiembre de 1913, artículo Liberales y demócratas en el problema de los
idiomas) tuve ocasión de referirme al oportunismo de los liberales en el pro-
blema nacional. El periódico oportunista hebreo Zait[2] arremetió contra este
artículo mío en otro del señor F. Libman. Por otra parte, el señor Lev Yurké-
vich, oportunista ucranio, critica el programa de los marxistas de Rusia en el
problema nacional (Dzvin[3], núms. 7 y 8 de 1913). Ambos autores tratan tantas
cuestiones que, para contestarles, tendré que hablar de los aspectos más diver-
sos de nuestro tema. Creo que lo mejor será empezar por reproducir el artículo
publicado en Sévernaya Pravda.

1. LIBERALES Y DEMÓCRATAS EN EL PROBLEMA DE LOS


IDIOMAS

Los periódicos han aludido varias veces al informe del Gobernador del Cáuca-
so, informe que es digno de atención no por su espíritu obscurantista, sino por
su tímido "liberalismo". Entre otras cosas, el gobernador se opone a la rusifi-
cación artificial de las nacionalidades no rusas. En el Cáucaso, los representan-
tes de las nacionalidades no rusas se esfuerzan ellos mismos por enseñar el
ruso a sus hijos, como por ejemplo en las escuelas religiosas armenias, en las
cuales la enseñanza del ruso no es obligatoria.

Rússkoe Slovo[4] (núm. 198), uno de los periódicos liberales de más amplia
difusión en Rusia, señala este hecho y extrae la justa conclusión de que en
Rusia la hostilidad hacia el idioma ruso "surge exclusivamente" como conse-
cuencia de la implantación "artificial" (debiera haber dicho "forzada") de ese
idioma.

134
"No hay razón para preocuparse por el destino de la lengua rusa. Ella misma
conquistará su aprobación en toda Rusia", dice el periódico. Y esto es perfec-
tamente cierto, porque las exigencias del intercambio económico obligarán
siempre a las nacionalidades que viven en un Estado (mientras quieran vivir
juntas) a estudiar el idioma de la mayoría. Cuanto más democrático sea el
sistema político en Rusia, con más vigor, rapidez y amplitud se desarrollará el
capitalismo, y más imperiosamente las exigencias del intercambio económico
impulsarán a las distintas nacionalidades a estudiar el idioma más conveniente
para las relaciones comerciales generales.

Pero el periódico liberal se apresura a impugnar sus propios argumentos y a


demostrar su inconsecuencia liberal.

"Nadie discutirá —dijo—, ni siquiera entre quienes se oponen a la rusificación, que


en un país tan enorme como Rusia debe haber un solo idioma oficial, y que ese
idioma sólo puede ser... el ruso."

¡La lógica al revés! La pequeña Suiza no ha perdido nada, sino que ha ganado
por el hecho de no tener un solo idioma oficial, sino 3: alemán, francés e ita-
liano. En Suiza, el 70% de la población son alemanes (en Rusia, el 43% son
rusos), el 22% franceses (en Rusia, el 17% ucranios) y el 7% italianos (en
Rusia, el 6% polacos y el 4.5% bielorrusos). Si los italianos de Suiza hablan
con frecuencia en francés en el Parlamento común, no lo hacen obligados por
alguna bárbara ley policíaca (en Suiza no la hay), sino porque los ciudadanos
civilizados de un Estado democrático prefieren un idioma que es comprendido
por la mayoría. El idioma francés no despierta odio en los italianos, ya que es
el idioma de una nación libre y civilizada, un idioma que no ha sido impuesto
mediante repulsivas medidas policíacas.

¿Por qué, entonces, la "enorme" Rusia, un país mucho más heterogéneo y


tremendamente atrasado, debe frenar su desarrollo mediante la conservación
de algún tipo de privilegio para uno de los idiomas? ¿No será verdad lo contra-
rio, señores liberales? ¿No deberá Rusia, si quiere alcanzar a Europa, poner
término, cuanto antes y de la manera más completa y enérgica, a todo tipo de
privilegios?

Si desaparecen todos los privilegios, si se deja de imponer uno de los idiomas,


todos los eslavos aprenderán fácil y rápidamente a comprenderse unos a otros,
y no los asustará la "horrible" idea de que en el Parlamento común se escuchen
discursos en distintos idiomas. Las exigencias del intercambio económico
decidirán por sí mismas qué idioma del país en cuestión que la mayoría sepa
es más ventajoso en interés de las relaciones comerciales. Y esta decisión será
tanto más firme porque la adoptará voluntariamente una población de diversas

135
nacionalidades, y su adopción será más rápida y amplia cuanto más consecuen-
te sea la democracia y más rápido, por lo tanto, el desarrollo del capitalismo.

Los liberales enfocan el problema del idioma del mismo modo que enfocan
todos los problemas políticos: como hipócritas mercaderes, que tienden una
mano (abiertamente) a la democracia y la otra (por la espalda) a los señores
feudales y la policía. Estamos contra los privilegios, gritan los liberales, pero a
escondidas regatean con los señores feudales, primero por un privilegio, des-
pués por otro.

Tal es la naturaleza de todo nacionalismo liberal burgués; no sólo el ruso (el


peor de todos debido a su carácter violento y a su afinidad con los señores
Purishkévich), sino el polaco, el judío, el ucranio, el georgiano y cualquier
otro. Bajo la consigna de "cultura nacional", la burguesía de todas las nacio-
nes, ya sea en Austria o en Rusia, en realidad sigue la política de dividir a los
obreros, debilitar la democracia y regatear con los señores feudales en torno a
la venta de los derechos del pueblo y la libertad del pueblo.

La consigna de la democracia obrera no es la "cultura nacional", sino la cultura


internacional de la democracia y del movimiento obrero mundial. Que la bur-
guesía engañe al pueblo con diversos programas nacionales "positivos". El
obrero consciente le responderá: hay una sola solución para el problema nacio-
nal (en la medida en que es posible resolverlo en general en el mundo capita-
lista, mundo de lucro, discordias y explotación), y esa solución es la aplicación
consecuente de la democracia.

Pruebas: Suiza, país de una vieja cultura, en Europa Occidental, y Finlandia,


país de una joven cultura, en Europa Oriental.

El Programa nacional de la democracia obrera es: ningún privilegio en absolu-


to para una nación o un idioma; solución del problema de la autodeterminación
política de las naciones, o sea, de su separación como Estados, por vía comple-
tamente libre y democrática; promulgación de una ley para todo el Estado en
virtud de la cual se declare ilegal e inválida cualquier medida (de los zemst-
vos[5], urbana o comunal, etc., etc.) que implante privilegios de cualquier tipo
para una de las naciones y vulnere la igualdad de las naciones o los derechos
de una minoría nacional, y en virtud de la cual cualquier ciudadano del Estado
tenga el derecho de pedir la anulación de tal medida por anticonstitucional, y el
castigo penal para quienes intentaran aplicarla.

A las discordias nacionales de los diversos partidos burgueses a propósito del


idioma y otros problemas, la democracia obrera opone la exigencia de la uni-

136
dad incondicional y total fusión de los obreros de todas las nacionalidades en
todas las organizaciones obreras —sindicales, cooperativas, de consumo, edu-
cativas y culturales y toda otra— en contraposición a cualquier tipo de nacio-
nalismo burgués. Sólo este tipo de unidad y fusión podrá salvaguardar la de-
mocracia y los intereses de los obreros contra el capital —que ya es interna-
cional y lo va siendo cada vez más—, y salvaguardar los intereses del desarro-
llo de la humanidad hacia un nuevo modo de vida, ajeno a todos los privilegios
y a toda explotación.

2. LA "CULTURA NACIONAL"

Como habrá visto el lector, el artículo de Sévernaya Pravda muestra con un


ejemplo —el de un idioma común para todo el Estado— la inconsecuencia y el
oportunismo de la burguesía liberal, que se da la mano con los señores feuda-
les y los policías en el problema nacional. Todo el mundo comprende que la
burguesía liberal obra en el problema del idioma común para todo el Estado
con la misma infidencia, hipocresía y torpeza (incluso desde el punto de vista
de los intereses del liberalismo) que en tantos otros problemas análogos.

¿Qué se deduce de ahí? Que todo nacionalismo liberal burgués lleva la mayor
de las corrupciones a los medios obreros y ocasiona un daño enorme a la causa
de la libertad y a la causa de la lucha de clase proletaria. Esto es tanto más
peligroso cuanto que la tendencia burguesa (y feudal-burguesa) se encubre con
la consigna de "cultura nacional". Las centurias negras y los clericales, y tras
ellos los burgueses de todas las naciones, hacen sus reaccionarios y sucios
trapicheos en nombre de la cultura nacional (rusa, polaca, hebrea, ucrania,
etc.).

Tal es la realidad de la vida nacional de nuestros días si se la aborda desde el


punto de vista marxista, es decir, desde el punto de vista de la lucha de clases,
si se confrontan las consignas con los intereses y con la política de las clases y
no con los "principios generales" vacíos, las palabras rimbombantes y las fra-
ses hueras.

La consigna de cultura nacional es una superchería burguesa (y a menudo


también ultrarreaccionaria y clerical). Nuestra consigna es la cultura interna-
cional de la democracia y del movimiento obrero mundial.

El bundista Libman se lanza aquí al combate y me hace trizas con la siguiente


parrafada demoledora:

"Todo el que conozca algo, por poco que sea, el problema nacional sabe que la cul-

137
tura internacional no es innacional (sin forma nacional); una cultura innacional que
no sea rusa, ni hebrea, ni polaca, sino cultura a secas es un absurdo; las ideas inter-
naciónales sólo pueden prender en la clase obrera precisamente cuando son adapta-
das al idioma que habla y a las condiciones nacionales concretas en que vive el
obrero; el obrero no debe quedar impasible ante la situación y el desarrollo de su
cultura nacional, pues única y exclusivamente por medio de ella obtiene la posibili-
dad de participar en 'la cultura internacional de la democracia y del movimiento
obrero mundial'. Esto se sabe desde hace tiempo, pero V. I. no quiere ni oír hablar
de ello...".

Meditemos despacio sobre este razonamiento bundista típico, destinado, tomen


nota, a echar por tierra la tesis marxista expuesta por mí. Con un empaque
imponente, el señor bundista, buen "conocedor del problema nacional", nos
presenta como verdades "archisabidas" criterios burgueses corrientes.

En efecto, estimado bundista, la cultura internacional no es innacional. Nadie


ha afirmado lo contrario. Nadie ha propugnado una cultura "escueta", que no
sea ni polaca, ni hebrea, ni rusa, etc.; de modo que su vana palabrería no es
más que un intento de despistar al lector y encubrir el fondo del problema con
palabrería estrepitosa.

En cada cultura nacional existen, aunque no estén desarrollados, elementos de


cultura democrática y socialista, pues en cada nación hay una masa trabajadora
y explotada cuyas condiciones de vida originan inevitablemente una ideología
democrática y socialista. Pero en cada nación existe asimismo una cultura
burguesa (y, además, en la mayoría de los casos, ultrarreaccionaria y clerical),
y no en simple forma de "elementos", sino como cultura dominante. Por eso, la
"cultura nacional" en general es la cultura de los terratenientes, de los curas y
de la burguesía. El bundista deja a oscuras y "encubre" con su palabrería huera
esta verdad elemental, de catón para un marxista, con lo cual, en vez de descu-
brir y explicar el abismo que separa a las clases, lo que hace en realidad es
ocultarlo para que no lo vea el lector. En realidad, el bundista se ha exteriori-
zado como un burgués interesado de lleno en reclamar que se difunda la fe en
una cultura nacional que nada tiene de común con ninguna clase.

Al lanzar la consigna de "cultura internacional de la democracia y del movi-


miento obrero mundial", tomamos de cada cultura nacional sólo sus elementos
democráticos y socialistas, y los tomamos única y exclusivamente como con-
trapeso a la cultura burguesa y al nacionalismo burgués de cada nación. Nin-
gún demócrata, y menos aún ningún marxista, niega la igualdad de derechos de
los idiomas o la necesidad de polemizar en el idioma propio con la burguesía
"propia" y de propagar con el idioma propio las ideas anticlericales o antibur-
guesas entre los campesinos y los pequeños burgueses "propios". De esto
huelga hablar; pero, con estas verdades incontestables, el bundista vela lo

138
discutible, es decir, el verdadero quid de la cuestión.

La cuestión estriba en si pueden permitirse los marxistas lanzar directa o indi-


rectamente la consigna de cultura nacional o si, en oposición a ésta, deben
preconizar sin falta en todos los idiomas la consigna del internacionalismo de
los obreros "adaptándose" a todas las peculiaridades locales y nacionales.

Lo que determina el significado de la consigna de "cultura nacional" no son las


promesas o los buenos propósitos de tal o cual intelectualillo de "interpretarla"
"en el sentido de que es portadora de la cultura internacional". Ver así las cosas
sería caer en un subjetivismo pueril. El significado de la consigna de cultura
nacional depende de la correlación objetiva entre todas las clases del país dado
y de todos los países del mundo. La cultura nacional de la burguesía es un
hecho (con la particularidad, repito, de que la burguesía concluye en todas
partes transacciones con los terratenientes y los curas). El nacionalismo mili-
tante burgués, que embrutece, embauca y divide a los obreros para hacerles ir a
remolque de la burguesía, es la circunstancia fundamental de nuestra época.

Quien quiere servir al proletariado debe unir a los obreros de todas las nacio-
nes y luchar constantemente contra el nacionalismo burgués, tanto el "propio"
como el ajeno. Quien defiende la consigna de cultura nacional no tiene cabida
entre los marxistas, su lugar está entre los pequeños burgueses nacionalistas.

Tomemos un ejemplo concreto. ¿Acaso puede un marxista ruso aceptar la


consigna de cultura nacional rusa? No. A ese individuo hay que incluirlo entre
los nacionalistas, y no entre los marxistas. Nuestro deber es combatir la cultura
nacional dominante, ultrarreaccionaria y burguesa, de los rusos, desarrollando
exclusivamente en un espíritu internacionalista y en estrechísima alianza con
los obreros de otros países los gérmenes que existen también en la historia de
nuestro movimiento democrático y obrero. Batallar contra nuestros propios
terratenientes y burgueses rusos, contra su "cultura", luchar en aras del interna-
cionalismo, "adaptándonos" a las particularidades de los Purishkévich y los
Struve: eso es lo que se debe hacer, y no predicar ni admitir la consigna de
cultura nacional.

Otro tanto podemos decir de la nación hebrea, la más oprimida y perseguida.


La cultura nacional hebrea es una consigna de los rabinos y de los burgueses,
una consigna de nuestros enemigos. Pero en la cultura hebrea y en toda la
historia del pueblo hebreo hay también otros elementos. De los 10'500,000 de
hebreos que existen en el mundo, poco más de la mitad viven en Galitzia y en
Rusia, países atrasados y semisalvajes, donde los hebreos están colocados a la
fuerza en la situación de ralea. La otra mitad vive en el mundo civilizado,
donde los hebreos no están aislados como casta. Allí se han manifestado con

139
toda evidencia los grandes rasgos progresistas, de alcance universal, de la
cultura hebrea: su internacionalismo y su aptitud para adherirse a los movi-
mientos avanzados de la época (el porcentaje de hebreos que participan en los
movimientos democráticos y proletarios es, en todas partes, mayor del que, en
general, representan en la población).

Quien lanza directa o indirectamente la consigna de "cultura nacional" hebrea


(no importa que lo haga con buenas intenciones) es un enemigo del proletaria-
do, un partidario de cuánto hay de viejo y de espíritu de casta en el pueblo
hebreo, es un cómplice de los rabinos y de los burgueses. Por el contrario, los
hebreos marxistas que se funden en las organizaciones marxistas internaciona-
les con los obreros rusos, lituanos, ucranios, etc., aportando su óbolo (en ruso y
en hebreo) a la creación de la cultura internacional del movimiento obrero,
continúan —a despecho del separatismo del Bund— las mejores tradiciones
del pueblo hebreo, impugnando la consigna de "cultura nacional".

Nacionalismo burgués e internacionalismo proletario: éstas son las 2 consignas


antagónicas e inconciliables que corresponden a los 2 grandes bandos que
dividen a las clases del mundo capitalista y expresan 2 políticas (es más, 2
concepciones) en el problema nacional. Al defender la consigna de cultura
nacional y edificar sobre ella todo un plan y el programa práctico de la llamada
"autonomía cultural-nacional", los bundistas obran de hecho como vehículos
del nacionalismo burgués en las filas obreras.

3. EL ESPANTAJO NACIONALISTA DE LA "ASIMILACIÓN"

El problema de la asimilación, es decir, el de la pérdida de las peculiaridades


nacionales y el paso a otra nación, nos permite mostrar con toda claridad las
consecuencias de las vacilaciones nacionalistas de los bundistas y de cuantos
piensan como ellos.

El señor Libman, que transmite y repite con exactitud los argumentos, mejor
dicho, los métodos habituales de los bundistas, califica de "vieja patraña asi-
milista" la reivindicación de unir y fundir a los obreros de todas las nacionali-
dades del Estado de que se trate en organizaciones obreras únicas (véase más
arriba el final del artículo reproducido de Sévernaya Pravda).

"Por consiguiente —dice el señor F. Libman, refiriéndose a la conclusión del


artículo de Sévernaya Pravda—, si le preguntamos a un obrero de qué nacio-
nalidad es, tendrá que contestar: soy socialdemócrata."

Nuestro bundista estima esto el colmo de lo chistoso. Pero, en realidad, lo que

140
hace con tales chistes y con esos gritos a cuenta de la "asimilación" lanzados
contra una consigna consecuentemente democrática y marxista no es más que
desenmascararse hasta el fin él mismo.

El capitalismo en desarrollo conoce 2 tendencias históricas en el problema


nacional. La primera es el despertar de la vida nacional y de los movimientos
nacionales, la lucha contra toda opresión nacional y la creación de Estados
nacionales. La segunda es el desarrollo y multiplicación de las relaciones de
todo tipo entre las naciones, el derrumbamiento de las barreras nacionales, la
formación de la unidad internacional del capital, de la vida económica en gene-
ral, de la política, de la ciencia, etc.

Ambas tendencias son una ley universal del capitalismo. La primera predomi-
na en los albores del desarrollo capitalista; la segunda es característica del
capitalismo maduro, que marcha hacia su transformación en sociedad socialis-
ta. El Programa nacional de los marxistas tiene presentes ambas tendencias:
primero, defiende la igualdad de derechos de las naciones y de los idiomas (y
también el derecho de las naciones a la autodeterminación, de lo cual hablare-
mos más adelante) y considera inadmisible la existencia de cualesquiera privi-
legios en este aspecto; segundo, propugna el principio del internacionalismo y
la lucha implacable por evitar que el proletariado se contamine de nacionalis-
mo burgués, aun del más sutil.

Y cabe preguntar: ¿a qué se refiere nuestro bundista cuando clama al cielo


contra la "asimilación"? No ha podido referirse a la violencia ejercida contra
las naciones ni a los privilegios de una de ellas, porque aquí nada tiene que ver
la palabra "asimilación"; porque todos los marxistas, tanto por separado como
juntos, formando un todo único oficial, han condenado con firmeza, sin dejar
lugar a equívocos, la menor manifestación de violencia, opresión o desigual-
dad nacionales; porque, por último, en el artículo de Sévernaya Pravda, contra
el que ha arremetido nuestro bundista, también está expresada con la mayor
firmeza esta idea propia de todo marxista.

No, aquí no valen las evasivas. El señor Libman condena la "asimilación" sin
entender por ella ni la violencia, ni la desigualdad, ni los privilegios. Pero,
¿queda algo real en el concepto de "asimilación" si se excluyen toda violencia
y toda desigualdad?

Sí, desde luego. Queda la tendencia histórica universal del capitalismo a rom-
per las barreras nacionales, a borrar las diferencias nacionales, a llevar las
naciones a la asimilación, tendencia que cada decenio se manifiesta con mayor
pujanza y constituye uno de los más poderosos motores de la transformación
del capitalismo en socialismo.

141
No es marxista, ni siquiera demócrata, quien no acepta ni defiende la igualdad
de derechos de las naciones y los idiomas, quien no lucha contra toda opresión
o desigualdad nacionales. Esto es indudable. Pero es igualmente indudable que
el seudomarxista que pone de vuelta y media a los marxistas de otra nación,
acusándolos de "asimilistas", es de hecho un simple pequeño burgués naciona-
lista. A esta categoría poco honorable de personas pertenecen todos los bundis-
tas y (como veremos ahora) los socialnacionalistas ucranios de la índole de los
señores L. Yurkévich, Dontsov y compañía.

Para demostrar con ejemplos concretos cuán reaccionarias son las concepcio-
nes de estos pequeños burgueses nacionalistas aportaremos datos de 3 tipos.

Los que más gritan contra el espíritu "asimilista" de los marxistas ortodoxos
rusos son los nacionalistas hebreos de Rusia en general y, entre ellos, sobre
todo, los bundistas. Sin embargo, como puede verse por los datos antes cita-
dos, de los 10'500,000 de hebreos que hay en el mundo, cerca de la mitad
habitan en países civilizados, en condiciones de máxima "asimilación", mien-
tras que únicamente los hebreos de Rusia y Galitzia, seres infelices, atrasados,
sin derechos y oprimidos por los Purishkévich (rusos y polacos) viven en con-
diciones de mínima "asimilación", de aislamiento máximo que llega incluso a
tomar la forma de "zonas de asentamiento", de "porcentaje normativo" y de-
más delicias purishkevichianas.

Los hebreos no son nación en el mundo civilizado, pues ahí es donde más se
han asimilado —dicen K. Kautsky y O. Bauer—. Los hebreos de Galitzia y
Rusia no son nación, pues aquí, desgraciadamente (y no por culpa de ellos,
sino por culpa de los Purishkévich), siguen siendo ralea. Tal es la opinión
indiscutible de personas que conocen indiscutiblemente la historia del pueblo
hebreo y que toman en consideración los hechos precitados.

¿Qué nos dicen estos hechos? Nos dicen que sólo pueden clamar contra la
"asimilación" los pequeños burgueses hebreos reaccionarios, los cuales preten-
den hacer retroceder la historia y obligarla a marchar no del orden de cosas
existente en Rusia y Galitzia al existente en París y Nueva York, sino al revés.

Contra la asimilación jamás clamaron los mejores hombres del pueblo hebreo,
que se cubrieron de gloria en la historia universal y dieron al mundo jefes de
vanguardia de la democracia y el socialismo. Contra la asimilación sólo cla-
man los que tiran de la levita a los hebreos.

Podemos hacemos una idea aproximada de la magnitud del proceso de asimi-


lación de las naciones, en las circunstancias actuales del capitalismo avanzado,

142
por los datos que arroja, verbigracia, la emigración a los Estados Unidos de
Norteamérica. En los 10 años comprendidos entre 1891 y 1900, de Europa
salieron para aquel país 3'700,000 personas; y en los 9 años siguientes, 1901-
1909, 7'200,000 personas. El censo de 1900 registró en los Estados Unidos
más de 10'000,000 de extranjeros. El Estado de Nueva York, donde, según ese
mismo censo, había más de 78,000 austríacos, 136,000 ingleses, 20,000 fran-
ceses, 480,000 alemanes, 37,000 húngaros, 425,000 irlandeses, 182,000 italia-
nos, 70,000 polacos, 166,000 procedentes de Rusia (en su mayoría hebreos),
43,000 suecos, etc., parece un molino que va triturando las diferencias nacio-
nales. Y lo que ocurre en Nueva York a escala inmensa, internacional, ocurre
también en cada gran ciudad o poblado fabril.

Quien no esté lleno de prejuicios nacionalistas no podrá menos de ver en este


proceso de asimilación de las naciones por el capitalismo un grandioso progre-
so histórico, una destrucción del anquilosamiento nacional de los rincones
perdidos, sobre todo en países atrasados como Rusia.

Veamos lo que ocurre en Rusia y la actitud que los rusos tienen para con los
ucranios. Como es natural, todo demócrata, sin hablar ya de los marxistas,
impugnará con energía la terrible humillación de los ucranios y reivindicará
para ellos la plena igualdad de derechos. Pero debilitar los vínculos y la alian-
za existentes hoy día dentro de un mismo Estado entre el proletariado ucranio
y el proletariado ruso sería una traición directa al socialismo y una política
estúpida incluso desde el punto de vista de los "objetivos nacionales" burgue-
ses de los ucranios.

El señor Lev Yurkévich, que también se hace pasar por "marxista" (¡pobre
Marx!), nos ofrece un ejemplo de esa estúpida política. En 1906 —dice el
señor Yurkévich—, Sokolovski (Basok) y Lukashévich (Tuchapski) afirmaban
que el proletariado ucranio está rusificado por completo y no necesita ninguna
organización aparte. Sin tratar siquiera de aportar un solo dato sobre el fondo
de la cuestión, el señor Yurkévich arremete con ese motivo contra Sokolovski
y Lukashévich, lanzando aullidos histéricos —al estilo del nacionalismo más
vil, obtuso y reaccionario— para acusarlos de "pasividad nacional", de "apos-
tasía nacional", de "haber escindido (!!) a los marxistas ucranios", etc. A pesar
del "incremento de la conciencia nacional ucrania entre los obreros", tenemos
ahora una minoría de obreros con "conciencia nacional", mientras que la ma-
yoría —según afirma el señor Yurkévich— "se encuentra aún bajo la influen-
cia de la cultura de Rusia". Nuestro deber —exclama el pequeño burgués na-
cionalista— "no es seguir detrás de las masas, sino llevarlas en pos de noso-
tros, explicarles los objetivos nacionales" (natsionalnu spravu) (Dzvin, pág.
89).

143
Este razonamiento del señor Yurkévich es nacionalista burgués de cabo a rabo.
Pero incluso criticado desde el punto de vista de los nacionalistas burgueses,
algunos de los cuales quieren la plena igualdad de derechos y la autonomía de
Ucrania, mientras que otros reclaman la formación de un Estado ucranio inde-
pendiente, dicho razonamiento se viene abajo. El enemigo de las aspiraciones
redentoras de los ucranios es la clase de los terratenientes rusos y polacos, así
como también la burguesía de ambas naciones. ¿Cuál es la fuerza social capaz
de hacer frente a estas clases? El primer decenio del Siglo XX nos ha dado la
respuesta auténtica: esa fuerza es únicamente la clase obrera, que lleva en pos
de sí al campesinado democrático. En su afán de dividir y debilitar, por tanto,
la única fuerza en realidad democrática —con cuyo triunfo quedaría descartada
la opresión nacional—, el señor Yurkévich no sólo traiciona los intereses de la
democracia en general, sino también los de Ucrania, su patria. Si los proleta-
rios rusos y ucranios van unidos, la libertad de Ucrania es posible; sin esa
unidad no se puede hablar siquiera de tal libertad.

Pero los marxistas no se circunscriben al punto de vista nacional burgués. Hace


ya varios decenios que se definió con toda claridad el proceso de desarrollo
económico, más rápido, del sur, es decir, de Ucrania, que atrae a decenas y
centenares de miles de campesinos y obreros de Rusia a las haciendas capita-
listas, a las minas y a las ciudades. La "asimilación" del proletariado ruso y
ucranio en esas zonas es un hecho indudable. Lo es también, y sin discusión,
progresivo. El capitalismo va sustituyendo al mujik ruso o ucranio, torpe, rús-
tico, sedentario y cerril por el inquieto proletario cuyas condiciones de vida
van rompiendo la limitación nacional específica, lo mismo rusa que ucrania.
Supongamos que con el tiempo se levanta una frontera estatal entre Rusia y
Ucrania: también en este caso el carácter progresivo, en el plano histórico, de
la "asimilación" de los obreros rusos y ucranios será indudable, como lo es el
proceso de molturación de las naciones que se está operando en Norteamérica.
Cuanto más libres sean Ucrania y Rusia, más rápido y amplio será el desarro-
llo del capitalismo, el cual, entonces, atraerá con mayor fuerza a obreros de
todas las naciones, desde todas las regiones del Estado y desde todos los Esta-
dos vecinos (en el caso de que Rusia y Ucrania resulten ser 2 Estados vecinos),
a las ciudades, minas y fábricas.

Cuando el señor Lev Yurkévich sacrifica los intereses del trato, de la fusión y
de la asimilación del proletariado de 2 naciones en aras de un éxito momentá-
neo de los objetivos nacionales ucranios, se porta como un auténtico burgués,
más aún, como un burgués miope, torpe y limitado, es decir, como un filisteo.
Primero son los objetivos nacionales; los objetivos proletarios van después —
dicen los nacionalistas burgueses, a los que hacen coro los señores Yurkévich,
Dontsov y demás marxistas de pacotilla—. Ante todo, los objetivos proletarios
—decimos nosotros—, porque éstos no sólo aseguran los intereses duraderos y

144
vitales del trabajo, así como los de la humanidad, sino también los de la demo-
cracia, y sin democracia no se puede concebir una Ucrania ni autónoma ni
independiente.

Por último, en el razonamiento del señor Yurkévich, de riqueza tan extraordi-


naria en joyas nacionalistas, debemos señalar, además, lo siguiente. Una mino-
ría de obreros ucranios —dice— tiene conciencia nacional, mientras que "la
mayoría se encuentra aún bajo la influencia de la cultura rusa".

Cuando se trata del proletariado, esta oposición de la cultura ucrania en con-


junto a la cultura rusa, tomada también en conjunto, equivale a la más desver-
gonzada traición a los intereses del proletariado en beneficio del nacionalismo
burgués.

En cada nación moderna —decimos nosotros a todos los socialnacionalistas—


hay 2 naciones. En cada cultura nacional hay 2 culturas nacionales. Está la
cultura rusa de los Purishkévich, de los Guchkov y de los Struve, pero también
está la cultura rusa enaltecida por los nombres de Chemishevski y Plejánov.
También hay 2 culturas como éstas en Ucrania, lo mismo que en Alemania,
Francia, Inglaterra, así como entre los hebreos, etc. Si la mayoría de los obre-
ros ucranios siente la influencia de la cultura rusa, sabemos perfectamente que,
al lado de las ideas de la cultura clerical y burguesa rusa, hacen también im-
pacto en ellos las ideas de la democracia y de la socialdemocracia rusas. Al
luchar contra el primer tipo de "cultura", el marxista ucranio destacará siempre
la otra cultura y dirá a los obreros de su nación: "debemos buscar, utilizar y
consolidar con todas nuestras fuerzas cualquier oportunidad de tratar a los
obreros conscientes rusos, de familiarizamos con su literatura y sus ideas, pues
así lo exigen los intereses cardinales del movimiento obrero tanto ucranio
como ruso".

Si el marxista ucranio se deja llevar por su odio, muy legítimo y natural, a los
opresores rusos, hasta el extremo de hacer extensiva aunque sólo sea una partí-
cula de ese odio, aunque sólo sea cierto distanciamiento, a la cultura proletaria
y a la causa proletaria de los obreros rusos, ese marxista irá a parar a la charca
del nacionalismo burgués. Del mismo modo se deslizará el marxista ruso a la
charca del nacionalismo no sólo burgués, sino también ultrarreaccionario, si
olvida, aunque sea por un instante, la reivindicación de la plena igualdad de
derechos para los ucranios o el derecho de éstos a constituirse en Estado inde-
pendiente.

Los obreros rusos y ucranios deben defender juntos, estrechamente unidos y


fundidos en una sola organización (mientras vivan en el mismo Estado), la
cultura general o internacional del movimiento proletario, mostrando absoluta

145
tolerancia en cuanto al idioma en que ha de hacerse la propaganda y en cuanto
a la necesidad de tener presentes en esta propaganda las particularidades pu-
ramente locales o puramente nacionales. Tal es la exigencia incondicional del
marxismo. Toda prédica que propugne separar a los obreros de una nación de
los obreros de otra, toda invectiva contra el "asimilismo" marxista, todo intento
de oponer en las cuestiones relativas al proletariado una cultura nacional en
bloque a otra cultura nacional supuestamente indivisa, etc., es nacionalismo
burgués contra el que se debe llevar a cabo una lucha implacable.

[...]

Escrito entre octubre y diciembre de 1913.

Publicado de noviembre a diciembre de 1913,


en los núms. 10, 11 y 12 de la revista Prosveschenie.

Firmado: V. Ilin.

Obras Completas,
tomo 24.

NOTAS

[1] El artículo Notas críticas sobre el problema nacional[*] fue escrito por Lenin entre
octubre y diciembre de 1913, y se publicó el mismo año en la revista bolchevique legal
Prosveschenie, números 10, 11 y 12. Anteriormente, en el verano de 1913, Lenin había
pronunciado conferencias sobre ese tema en varias ciudades de Suiza (Zúrich, Ginebra,
Lausana y Berna). En el otoño de 1913, Lenin presentó un extenso informe sobre el
problema nacional en la Reunión del CC del POSDR con funcionarios del Partido,
realizada en Poronin. Este informe sirvió de base para la resolución correspondiente,
escrita por él mismo. Después de la Reunión, Lenin empezó a preparar el artículo de
que se trata.
[*] Para lograr una visión más amplia sobre la estructura del tema, puede consultarse la Tesis
para la disertación sobre el problema nacional en Obras Completas, tomo 24 páginas 404-
417. [EBR]
[2] Zait (El Tiempo): semanario, órgano del Bund, que apareció en yiddish en Peters-
burgo, desde el 20 de diciembre de 1912 (2 de enero de 1913) hasta el 5 (18) de mayo
de 1914.
[3] Dzvin (La Campana): revista mensual burguesa de tendencia nacionalista, editada
legalmente en ucranio, en Kíev, desde enero de 1913 hasta mediados de 1914. En total
se publicaron 18 números. Se clausuró al comenzar la primera guerra imperialista mun-
dial.
[4] Rússkoe Slovo (La Palabra Rusa): diario, formalmente sin partido que se publicó en
Moscú a partir de 1895 y defendió los intereses de la burguesía rusa desde posiciones
liberales moderadas. Ofrecía una amplia información. Fue el primer periódico de Rusia
que tenía sus corresponsales en todas las grandes ciudades del país y en muchas capita-
les del mundo. En noviembre de 1917 fue clausurado por publicación de escritos anti-

146
soviéticos difamatorios. Desde enero de 1918 apareció durante cierto tiempo con los
títulos de Nóvoe Slovo (La Palabra Nueva) y Naslie Slovo (Nuestra Palabra). Clausu-
rado definitivamente en julio de 1918.
[5] Zemstvo: así se llamaba la administración autónoma local encabezada por la noble-
za, implantada en 1864 en las provincias centrales de la Rusia zarista. Las atribuciones
de los zemstvos estaban limitadas a los asuntos económicos puramente locales (instala-
ción de hospitales, estadística, etc.). Actuaban bajo el control de los gobernadores
nombrados por el zar.

147
ACERCA DEL PROGRAMA NACIONAL DEL POSDR

La Reunión del CC adoptó la resolución sobre el problema nacional publicada


en el Comunicado e incluyó la cuestión del programa nacional en el orden del
día del Congreso.

En esta resolución se indica detalladamente por qué y de qué modo el proble-


ma nacional ha pasado a ocupar hoy un lugar destacado, tanto en toda la políti-
ca de la contrarrevolución y en la conciencia de clase de la burguesía como en
el partido socialdemócrata proletario de Rusia. En verdad, no creemos que
haya necesidad de pararse a tratar de ello, ya que los términos de la cuestión
están completamente claros. En la literatura teórica marxista, esta cuestión y
las bases del Programa nacional socialdemócrata han sido esclarecidas en el
último tiempo (aquí destaca sobre todo el artículo de Stalin[1]). Por eso, esti-
mamos que en el presente artículo será oportuno limitarse a plantear la cues-
tión desde un punto de vista puramente de partido y explicar lo que la prensa
legal, oprimida por el yugo de Stolipin-Maklakov, no puede decir.

La socialdemocracia de Rusia se organiza apoyándose por entero en la expe-


riencia de los países más viejos, es decir, de Europa, y en la expresión teórica
de esta experiencia, o sea, en el marxismo. La peculiaridad de nuestro país y la
peculiaridad del momento histórico de la formación de la socialdemocracia en
él consiste en que, en primer lugar, en nuestro país —a diferencia de Europa—
la socialdemocracia empezó a formarse antes de la revolución burguesa y
continúa formándose durante la misma. En segundo lugar, en nuestro país la
inevitable lucha por que la democracia proletaria se separe de la burguesa en
general y pequeñoburguesa —lucha igual en esencia a la que sostuvieron todos
los países— se desarrolla en medio de la total victoria teórica del marxismo en
Occidente y en Rusia. Por ello, la forma de esta lucha no es tanto una lucha por
el marxismo como una lucha por o contra las teorías pequeñoburguesas disi-
muladas con una fraseología "casi marxista".

Así está planteado el asunto, empezando por el "economismo" (1895-1901) y


el "marxismo legal"[2] (1895-1901, 1902). Tan sólo las personas que temen la
verdad histórica pueden olvidarse del nexo y la afinidad tan estrechos y direc-
tos de estas tendencias con el menchevismo (1903-1907) y el liquidacionismo
(1908-1913).

En el problema nacional, la vieja Iskra, que en 1901-1903 laboró en la prepa-


ración del Programa del POSDR[*] y lo terminó con la primera fundamentación

148
básica del marxismo en la teoría y la práctica del movimiento obrerode Rusia,
combatió, lo mismo que en los demás problemas, el oportunismo pequeñobur-
gués. Este se veía expresado en los arrebatos o las vacilaciones nacionalistas
del Bund, en primer término. La vieja Iskra sostuvo una porfiada lucha contra
el nacionalismo del Bund, y olvidarla significa convertirse una vez más en un
Iván el Desmemoriado, apartarse de la base histórica e ideológica de todo el
movimiento obrero socialdemócrata de Rusia.

Por otra parte, al aprobarse definitivamente el Programa del POSDR en el II


Congreso, en agosto de 1903, se libró una lucha —que no consta en las actas
del Congreso, pues tuvo lugar en la Comisión para el Programa, a cuyas
reuniones asistió casi todo el Congreso—, una lucha contra el torpe intento de
algunos socialdemócratas polacos de poner en duda el "derecho de las nacio-
nes a la autodeterminación", es decir, caer en el oportunismo y el nacionalismo
desde un lado completamente distinto.

Y ahora, después de 10 años, la lucha está entablada a través de las 2 mismas


líneas fundamentales, lo que demuestra igualmente a su vez la profunda liga-
zón de esta lucha con todas las condiciones objetivas del problema nacional en
Rusia.

En Austria se rechazó en el Congreso de Brünn (1899) el programa de la "au-


tonomía cultural-nacional" (defendido por Kristan, Ellenbogen y otros y expre-
sado en el proyecto de los eslavos meridionales). Fue aprobada la autonomía
territorial nacional, y sólo la propaganda socialdemócrata de la unión obligato-
ria de todas las regiones nacionales es un compromiso con la idea de la "auto-
nomía cultural-nacional". Por los principales teóricos de esta infausta idea se
ha subrayado especialmente que ella es inaplicable a los judíos.

En Rusia —como siempre— ha habido quienes se plantearon la tarea de abul-


tar un pequeño error oportunista hasta convertirlo en un sistema de política
oportunista. Del mismo modo que Bernstein en Alemania dio vida a los demó-
cratas constitucionalistas de derecha en Rusia, a los Struve, Bulgákov, Tugan y
Cía., el "olvido del internacionalismo" por Otto Bauer (¡según el juicio del
archiprudente Kautsky!) ha dado vida en Rusia a la plena aceptación de la
"autonomía cultural-nacional" por todos los partidos burgueses de los judíos y
por toda una serie de tendencias pequeñoburguesas (el Bund y la conferencia
de los partidos eseristas nacionales en 1907). La atrasada Rusia da, por decirlo
así, un ejemplo de cómo los microbios del oportunismo de Europa Occidental
producen verdaderas epidemias en nuestro bárbaro suelo.

En nuestro país hay quienes se complacen en decir que Bernstein es "tolerado"


en Europa, pero se olvidan de añadir que en ninguna parte del mundo, a excep-

149
ción de la "santa" madre Rusia, el bernsteinianismo ha dado a luz el struvismo
y que el "bauerismo" ha hecho que los socialdemócratas justifiquen el refinado
nacionalismo de la burguesía judía.

La "autonomía cultural-nacional" significa precisamente el más refinado y, por


tanto, el más nocivo nacionalismo, significa la corrupción de los obreros con la
consigna de la cultura nacional, la propaganda de la división de la escuela por
nacionalidades, idea profundamente perniciosa e incluso antidemocrática. En
una palabra, este programa está en pugna, sin duda alguna, con el internaciona-
lismo del proletariado, respondiendo únicamente a los ideales de los pequeños
burgueses nacionalistas.

Pero hay un caso en que los marxistas están obligados, si no quieren traicionar
a la democracia y al proletariado, a defender una reivindicación especial en el
problema nacional: el derecho de las naciones a la autodeterminación (art. 9
del Programa del POSDR), o sea, a la separación política. La resolución de la
reunión explica y fundamenta tan detalladamente esta reivindicación que no
deja lugar a ninguna duda.

Por eso, nos limitaremos a caracterizar en pocas palabras las objeciones,


asombrosamente ignorantes y oportunistas, que se hacen a este punto del Pro-
grama. Diremos de paso que en los 10 años de existencia del Programa
¡¡ninguna parte del POSDR, ninguna organización nacional, ninguna confe-
rencia regional, ningún comité local y ningún delegado a congresos o a reunio-
nes intentó plantear que se modificara o anulara el art. 9!!

Es preciso tener esto en cuenta. Esto nos muestra de golpe si hay aunque sólo
sea una gota de seriedad y de espíritu de partido en las objeciones que se hacen
a ese punto.

Vean lo que dice el señor Semkovski, del periódico de los liquidadores. Con la
ligereza propia de un hombre que ha liquidado el Partido, declara: "Por ciertas
razones, no coincidimos con la propuesta de Rosa Luxemburgo de excluir en
general el art. 9 del Programa" (núm. 71 de Nóvaya Rabóchaya Gazeta).

¡Razones secretas! ¿Y cómo no "secretear" cuando se tiene tanta ignorancia de


la historia de nuestro Programa? ¿Cómo no "secretear" cuando el mismo señor
Semkovski, incomparable por su ligereza (¡qué importa que haya un partido y
un programa!), hace una excepción para Finlandia?

"¿Qué hacer... si el proletariado polaco desea luchar conjuntamente con todo el pro-
letariado ruso en el marco de un mismo Estado, mientras que, por el contrario, las

150
clases reaccionarias de la sociedad polaca quisieran separar a Polonia de Rusia y
obtuvieran en un referéndum (consulta general a la población) la mayoría de votos
en favor de ello: deberíamos los socialdemócratas rusos votar en el Parlamento cen-
tral con nuestros camaradas polacos contra la separación o votar por ella para no
conculcar el 'derecho a la autodeterminación'?".

¿Qué hacer, en efecto, cuando se hacen preguntas de tanta candidez y de tanto


embrollo sin salida?

El derecho a la autodeterminación, querido señor liquidador, significa que el


problema se resuelve precisamente no por el Parlamento central, sino por el
Parlamento, por la Dieta o Referéndum de la minoría que desea separarse.
Cuando Noruega se separó (en 1905) de Suecia, eso lo decidió sólo Noruega
(que es como la mitad de Suecia).

Hasta un niño vería que el señor Semkovski confunde las cosas de un modo
increíble.

El "derecho a la autodeterminación" significa la existencia de tal régimen


democrático en el que no sólo haya democracia en general, sino también en el
que, especialmente, no pueda darse solución no democrática al problema de la
separación. La democracia, en términos generales, es compatible con el nacio-
nalismo belicoso y opresor. El proletariado exige una democracia que excluya
que una nación sea mantenida a la fuerza en el marco de un Estado. Por eso,
"para no conculcar el derecho a la autodeterminación", no debemos "votar por
la separación", como supone el perspicaz señor Semkovski, sino votar porque
se faculte a la región que desea separarse para que ella misma decida esta cues-
tión.

Diríase que, aún con las dotes intelectuales del señor Semkovski, no es difícil
comprender que el "derecho al divorcio" ¡no exige que se vote por el divorcio!
Sin embargo, es tal el hado de los críticos del art. 9 que hasta olvidan los rudi-
mentos de la lógica.

Cuando Noruega se separaba de Suecia el proletariado sueco, si no quería


seguir a la pequeña burguesía nacionalista, estaba obligado a votar y hacer
agitación contra la anexión forzosa de Noruega, como pretendían el clero y los
terratenientes de Suecia. Esto es claro y no muy difícil de comprender. La
democracia nacionalista sueca podía no hacer la agitación que el principio del
derecho a la autodeterminación exige del proletariado de las naciones domi-
nantes y opresoras.

"¿Qué hacer si la mayoría es reaccionaria?", pregunta el señor Semkovski. La

151
pregunta es digna de un alumno de tercer año de bachillerato. ¿Y qué hacer
con la Constitución rusa si una votación democrática da la mayoría a los reac-
cionarios? El señor Semkovski hace una pregunta gratuita, vacía, que no atañe
al asunto, una de esas preguntas acerca de las cuales se dice que 7 tontos pue-
den preguntar más de lo que 70 listos son capaces de responder.

Cuando los reaccionarios constituyen la mayoría en una votación democrática,


ocurre y puede ocurrir, en general, una de 2 cosas: o la decisión de los reaccio-
narios se lleva a la práctica y sus funestas consecuencias empujan a las masas
más o menos rápidamente hacia el lado de la democracia contra los reacciona-
rios, o el conflicto de la democracia con los reaccionarios se resuelve por la
guerra civil u otra guerra, que son posibles también (incluso los Semkovski
habrán oído hablar, probablemente, de ello) bajo la democracia.

El reconocimiento del derecho a la autodeterminación "hace el juego" al "más


rabioso nacionalismo burgués", asegura el señor Semkovski. Eso es una pueri-
lidad, pues el reconocimiento de este derecho no excluye en modo alguno que
se haga propaganda y agitación contra la separación y se denuncie el naciona-
lismo burgués. En cambio, lo que sí está fuera de toda duda es que la negación
del derecho a la separación "hace el juego" al ¡más rabioso nacionalismo ruso
de las centurias negras!

El quid del cómico error de Rosa Luxemburgo, por el que hace tiempo se bur-
laron de ella en la socialdemocracia alemana y en la rusa (agosto de 1903),
reside precisamente en que por el temor a hacer el juego al nacionalismo bur-
gués de las naciones oprimidas se beneficia no sólo al nacionalismo burgués,
sino también al nacionalismo ultrarreaccionario de la nación opresora.

Si el señor Semkovski no estuviera tan virgen en lo que se refiere a la historia


del Partido y al Programa de éste habría comprendido su obligación de refutar
a Plejánov, que hace 11 años, defendiendo en Zariá[3] el proyecto de Programa
(convertido en Programa en 1903) del POSDR, destacó especialmente (pág.
38) el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y escribió acerca de
él:

"Esta reivindicación —no obligatoria para los demócratas burgueses ni siquiera en


teoría— es obligatoria para nosotros, como socialdemócratas. Si nos olvidáramos
de ella o no nos decidiéramos a presentarla por temor a chocar con los prejuicios
nacionales de nuestros compatriotas de la nación rusa, en nuestros labios sonaría
como una vergonzosa mentira el lema combativo de la socialdemocracia interna-
cional: '¡Proletarios de todos los países, uníos!'".

Ya en Zariá Plejánov esgrimió el argumento fundamental, desarrollado en

152
detalle en la resolución de la reunión, argumento en el que durante 11 años no
se dispusieron a fijar la atención los señores Semkovski. En Rusia son rusos el
43% de sus habitantes, pero el nacionalismo ruso domina sobre el 57% de la
población y sojuzga a todas las naciones. En nuestro país, a los nacional-
reaccionarios se han unido ya los nacional-liberales (Struve y Cía., los progre-
sistas, etc.) y han aparecido las "primeras golondrinas" del nacional-
democratismo (acuérdense de las exhortaciones del señor Peshejónov en agos-
to de 1906 acerca de la prudencia respecto a los prejuicios nacionalistas del
campesino)[4].

En Rusia sólo los liquidadores consideran que se ha dado cima a la revolución


democrática burguesa, mas esa revolución fue y suele ir acompañada en todas
las partes del mundo por movimientos nacionales. Y precisamente en Rusia
vemos en toda una serie de regiones periféricas naciones oprimidas que en los
Estados vecinos gozan de mayor libertad. El zarismo es más reaccionario que
los Estados vecinos, constituye el mayor obstáculo para el libre desarrollo
económico y atiza con todas las fuerzas el nacionalismo de los rusos. Por su-
puesto, para un marxista, si las demás condiciones son iguales, siempre son
preferibles los Estados grandes a los pequeños. Sin embargo, es ridículo y
reaccionario admitir siquiera la idea de que las condiciones existentes en la
monarquía zarista son iguales a las de todos los países europeos y la mayoría
de los asiáticos.

Por ello, la negación del derecho a la autodeterminación de las naciones es en


la Rusia actual oportunismo evidente y significa renunciar a la lucha contra el
hasta ahora omnipotente y ultrarreaccionario nacionalismo ruso.

Sotsial-Demokrat, núm. 32,


del 15 (28) de diciembre de 1913.

Obras Completas,
tomo 24.

NOTAS

[1] Se trata del trabajo de I. V. Stalin El marxismo y el problema nacional, escrito a


fines de 1912 y comienzos de 1913 en Viena y publicado en la revista Prosveschenie,
núms. 3, 4 y 5 de 1913, con el título El problema nacional y la socialdemocracia.
[2] "Marxismo legal": tergiversación del marxismo por los burgueses liberales, que
surgió como corriente sociopolítica independiente en la década del 90 del Siglo XIX en
la intelectualidad liberal de Rusia. Estando ya bastante difundido el marxismo en la
Rusia de aquel período, los intelectuales burgueses empezaron a predicar sus puntos de
vista, bajo la bandera del marxismo, en la prensa legal. De ahí que fueran denominados

153
"marxistas legales". Al criticar a los populistas como defensores de la pequeña produc-
ción, los "marxistas legales" recurrieron en esta lucha al marxismo, pero a un marxismo
privado de todo espíritu revolucionario. Expulsaron de la teoría de Marx su punto clave:
la doctrina acerca de la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Los "mar-
xistas legales" estuvieron encabezados por P. B. Struve.
[3] Zariá (La Aurora): revista marxista, científica y política, editada legalmente en
Stuttgart, de 1901 a 1902, por la Redacción de Iskra. Los objetivos de la revista habían
sido fijados en el Proyecto de declaración de las Redacciones de "Iskra" y "Zariá",
escrito por Lenin en Rusia. En 1902, cuando dentro de la Redacción común de ambas
publicaciones surgieron divergencias y conflictos, Plejánov propuso que se separaran
(con el fin de reservarse la dirección de Zariá), pero la moción no fue aprobada y la
Redacción continuó como estaba anteriormente. La revista criticó el revisionismo inter-
nacional y ruso y defendió las bases teóricas del marxismo. Se publicaron en ella mu-
chos trabajos de Lenin.
[4] Se alude al artículo Sobre los temas del día. Nuestra plataforma (sus contornos y
dimensiones) de A. V. Peshejónov, publicado en el núm. 8 de la revista Rússkoe Boga-
tstvo en agosto de 1906. Lenin lo sometió a una crítica demoledora en su artículo Men-
cheviques eseristas.

__________
[*] Quien desee profundizar el estudio del Programa del POSDR, aprobado en su II Congreso
(1903), puede consultar, entre otros, los tomos 2 y 4 de las Obras Completas de Lenin (Editorial
Progreso, Moscú); y, para analizar el Programa, aprobado en el VIII Congreso del PC(b)R (1919),
léanse: Proyecto de Programa del PCR en Obras Completas, tomo 38, páginas 89 y siguientes; y
los documentos del VIII Congreso: páginas 135 y siguientes. [EBR].

154
¿ES NECESARIA UNA LENGUA OFICIAL OBLIGATO-
RIA?

Los liberales se diferencian de los reaccionarios en que, por lo menos, recono-


cen a la escuela primaria el derecho de enseñar en la lengua materna. Pero
coinciden por completo con los reaccionarios en que debe haber una lengua
oficial obligatoria.

¿Qué significa la lengua oficial obligatoria? Significa, en la práctica, que la


lengua de los rusos, que constituyen la minoría de la población de Rusia, es
impuesta a toda la demás población del país. La enseñanza de la lengua oficial
debe ser obligatoria en cada escuela. Todos los asuntos oficiales serán expedi-
dos obligatoriamente en la lengua oficial, y no en el idioma de la población
local.

¿Cómo justifican la necesidad de una lengua oficial obligatoria los partidos


que la defienden?

Los "argumentos" de los ultrarreaccionarios son, naturalmente, concisos: hay


que meter en un puño a todos los alógenos y no dejarles que se "indisciplinen".
Rusia debe ser indivisible y todos los pueblos deben subordinarse al principio
ruso, pues los rusos han sido, según ellos, los constructores y unificadores de
la tierra rusa. Por eso, el idioma de la clase dominante debe ser la lengua ofi-
cial obligatoria. Los señores Purishkévich no estarían incluso en contra de que
se prohibieran en general los "dialectos perrunos" en que habla cerca del 60%
de la población no rusa de Rusia.

La posición de los liberales es mucho más "culta" y "sutil". Son partidarios de


que se permita en ciertos límites (por ejemplo, en la escuela primaria) la len-
gua materna.

Pero, al mismo tiempo, defienden la obligatoriedad de la lengua oficial. Esto,


dicen, es necesario en interés de la "cultura", en interés de la Rusia "una" e
"indivisible", etc.

"La organización estatal es la afirmación de la unidad cultural... De la cultura del


Estado forma parte ineludiblemente la lengua oficial. La organización estatal se ba-
sa en la unidad de poder, y la lengua oficial es un instrumento de esa unidad. La
lengua oficial tiene la misma fuerza coercitiva y obligatoria general que todas las
demás formas de sistema estatal...

155
Si Rusia está predestinada a ser una e indivisible, hay que defender con firmeza la
conveniencia oficial de la lengua literaria rusa".

Tal es la filosofía típica del liberal respecto a la necesidad de la lengua oficial.

Las palabras que acabamos de citar han sido tomadas de un artículo del señor
S. Patrashkin, publicado en el número 7 del periódico liberal Den[*]. Por moti-
vos plenamente comprensibles, el ultrarreaccionario Nóvoe Vremia ha recom-
pensado con un suculento beso al autor de tales pensamientos. El señor Patras-
hkin expone aquí "pensamientos completamente sensatos", declara el periódico
de Ménshikov (núm. 13588). Los ultrarreaccionarios elogian también constan-
temente al nacional-liberal Rússkaya Misl por semejantes pensamientos muy
"sensatos". ¿Y cómo no elogiarle, si los liberales propagan con ayuda de ar-
gumentos "culturales" lo que tanto agrada a los de Nóvoe Vremia?

La lengua rusa es grande y poderosa, nos dicen los liberales. ¿Será posible,
entonces, que no quieran ustedes que conozcan esta lengua grande y poderosa
cuantos viven en cualquier confín de Rusia? ¿No ven, acaso, que la lengua rusa
enriquecerá la literatura de los pueblos alógenos, les permitirá hacer suyos los
grandes valores culturales, etc.?

Todo eso es exacto, señores liberales, les respondemos. Sabemos mejor que
ustedes que la lengua de Turguénev, de Tolstoi, de Dobroliúbov y de Chemis-
hevski es grande y poderosa. Queremos más que ustedes que entre las clases
oprimidas de todas las naciones sin distinción que pueblan Rusia se establez-
can la comunicación más estrecha y la unidad más fraternal. Y somos partida-
rios, por supuesto, de que cada habitante de Rusia tenga la posibilidad de
aprender la gran lengua rusa.

Pero no queremos una cosa: el elemento de coerción. No queremos que la


gente sea llevada al paraíso a estacazos. Porque por muy bellas que sean sus
frases acerca de la "cultura", la lengua oficial obligatoria va asociada a la
coerción, a la implantación forzosa. Consideramos que la grande y poderosa
lengua rusa no necesita que nadie deba estudiarla a la fuerza. Estamos conven-
cidos de que el desarrollo del capitalismo en Rusia y, en general, la marcha de
la vida social conducen al acercamiento recíproco de todas las naciones. Cen-
tenares de miles de personas se trasladan de una punta de Rusia a otra, los
pueblos se mezclan, y el aislamiento y la rutina nacionales deben desaparecer.
Quienes necesitan, por sus condiciones de vida y de trabajo, saber el ruso, lo
__________
[*] Den (El Día): diario liberal burgués fundado en 1912 en Petersburgo y financiado por las
empresas bancarias. Colaboraron en la publicación los mencheviques liquidadores, quienes des-
pués de febrero de 1917 la coparon íntegramente. El 26 de octubre (8 de noviembre) de 1917 fue
clausurado por el Comité Militar Revolucionario, por su actividad contrarrevolucionaria.

156
aprenderán sin necesidad del palo. La coerción (el palo) sólo conducirá a una
cosa: dificultará la penetración de la grande y poderosa lengua rusa en otros
grupos nacionales y, lo que es principal, enconará la hostilidad, creará un mi-
llón de nuevos roces, aumentará la irritación, la incomprensión mutua, etc.

¿Quién necesita eso? El pueblo ruso, la democracia rusa no lo necesitan. El


pueblo ruso no reconoce ninguna opresión nacional, ni siquiera "en interés de
la cultura y de la organización estatal rusas".

De ahí que los marxistas rusos consideremos preciso: que no haya una lengua
oficial obligatoria, que se asegure a la población escuelas con enseñanza en
todos los idiomas locales y que se incluya en la Constitución una ley funda-
mental declarando abolidos todos los privilegios de una nación, cualesquiera
que sean, y todas las infracciones de los derechos de la minoría nacional...[*]

Proletárskaya Pravda, núm. 14 (32)


18 de enero de 1914.

Obras Completas,
tomo 24.

__________
[*] Ver el artículo Resolución sobre el problema nacional en la página 130 de esta edición. [EBR]

157
"EL PROBLEMA NACIONAL Y EL PROLETARIADO
LETÓN"

Publicamos con satisfacción el artículo del camarada Veterán, que esboza la


historia del problema nacional letón en general y de los socialdemócratas leto-
nes en particular. Los proyectos de modificar o complementar la resolución de
la Reunión de verano de 1913 por parte de los marxistas letones serían muy
deseables. Las simpatías experimentadas desde hacía mucho tiempo por los
socialdemócratas letones hacia el Bund comenzaron a vacilar, primero, a con-
secuencia de la crítica teórica de los marxistas y, segundo, a consecuencia del
separatismo práctico de los bundistas, en especial después de 1906. Esperamos
que continúe la discusión entre los socialdemócratas letones sobre el problema
nacional y que conduzca a la adopción de resoluciones bien precisas.

Por lo que respecta a las observaciones del camarada Veterán, nos limitaremos
a señalar lo siguiente. Considera que nuestra referencia a Suiza no es convin-
cente, pues las 3 naciones que componen ese país son históricas, y han tenido
iguales derechos desde su origen. Mas para las "naciones sin historia" no se
puede hallar ejemplos y modelos (fuera de las utopías) sino entre las naciones
históricas. En cuanto a la igualdad de derechos de las naciones, es algo que dan
por supuesto hasta los defensores de la "autonomía cultural-nacional". Por
consiguiente, la experiencia de la humanidad civilizada nos dice que la "auto-
nomía cultural-nacional" es superflua allí donde existen una verdadera igual-
dad de derechos de las naciones y una democracia consecuente; y donde no
existen, queda como utopía, y su propaganda es la prédica de un nacionalismo
refinado.

Prosveschenie, núm. 2,
febrero de 1914.

Obras Completas,
tomo 24.

158
SOBRE LAS COOPERATIVAS[1]

[...]

II

Siempre que he escrito algo de la nueva política económica he citado mi ar-


tículo de 1918 sobre el capitalismo de Estado[*]. Eso hizo dudar en más de una
ocasión a algunos camaradas jóvenes. Pero sus dudas giraban sobre todo en
tomo a cuestiones políticas abstractas.

Creían que no se debía calificar de capitalismo de Estado a un régimen en el


que los medios de producción pertenecen a la clase obrera y en el que ésta es
dueña del Poder estatal. Sin embargo, no se daban cuenta de que yo utilizaba el
calificativo de "capitalismo de Estado", primero, para establecer el nexo histó-
rico de nuestra posición actual con la posición que ocupé yo en mi polémica
contra los llamados comunistas de izquierda; entonces yo demostraba ya tam-
bién que el capitalismo de Estado sería superior a nuestra economía contempo-
ránea; lo que me importaba entonces era dejar sentado el nexo de continuidad
entre el habitual capitalismo de Estado y el extraordinario, incluso excesiva-
mente extraordinario capitalismo de Estado, al que me referí al iniciar al lector
en la nueva política económica. Segundo, para mí fue siempre de gran impor-
tancia el objetivo práctico. Y el objetivo práctico de nuestra nueva política
económica consistía en arrendar empresas para que las explotasen en régimen
de concesión; empresas que, sin duda alguna, harían en nuestras circunstancias
un tipo de capitalismo de Estado ya puro. En ese aspecto trataba yo el capita-
lismo de Estado.

Pero existe otro aspecto más de la cuestión, por el cual podríamos necesitar el
capitalismo de Estado o, al menos, trazar un paralelo con él. Se trata de las
cooperativas.

Es indudable que las cooperativas en un Estado capitalista son instituciones


capitalistas colectivas. Tampoco hay duda de que, en nuestra actual realidad
económica, cuando al lado de empresas capitalistas privadas —habiéndose
socializado sin falta la tierra y teniéndolas bajo el control obligatorio del Poder
del Estado, que pertenece a la clase obrera— hay empresas de tipo socialista
consecuente (cuando tanto los medios de producción como el suelo en que se
__________
[*] Ver Acerca del infantilismo "izquierdista" y del espíritu pequeñoburgués en Obras Completas,
tomo 36, páginas 291-324.

159
halla enclavada la empresa y toda ella en su conjunto pertenecen al Estado), se
plantea el problema de un tercer tipo de empresas que antes no eran indepen-
dientes desde el punto de vista de su importancia de principios, a saber: las
empresas cooperativas. En el capitalismo privado, la diferencia existente entre
empresas cooperativas y empresas capitalistas es la misma que hay entre em-
presas colectivas y empresas privadas. En el capitalismo de Estado, las empre-
sas cooperativas se diferencian de las empresas capitalistas de Estado, primero,
en que son empresas privadas y, segundo, en que son empresas colectivas. En
nuestro régimen actual, las empresas cooperativas se diferencian de las empre-
sas capitalistas privadas en que son colectivas, pero no se distinguen de las
empresas socialistas siempre y cuando se hayan establecido en un terreno del
Estado y empleen medios de producción pertenecientes al Estado, es decir, a la
clase obrera.

Esta circunstancia es la que no tomamos lo suficiente en cuenta cuando discu-


timos de las cooperativas. Se relega al olvido que las cooperativas adquieren
en nuestro país, gracias a la peculiaridad de nuestro régimen político, una im-
portancia excepcional por completo. Si dejamos a un lado las empresas en
régimen de concesión que, por cierto, no han alcanzado en nuestro país un
desarrollo importante, las cooperativas coinciden totalmente a cada paso, en
nuestras circunstancias, con el socialismo.

Explicaré mi idea: ¿En qué consiste la fantasía de los planes de los viejos
cooperativistas, empezando por Robert Owen? En que soñaban con la trans-
formación pacífica de la sociedad moderna mediante el socialismo, sin tener en
cuenta cuestiones tan fundamentales como la lucha de las clases, la conquista
del Poder político por la clase obrera y el derrocamiento de la dominación de
la clase de los explotadores. Por eso tenemos razón para ver en ese socialismo
"cooperativista" una pura fantasía, algo romántico y hasta trivial por sus sue-
ños de transformar, mediante el simple agrupamiento de la población en
cooperativas, a los enemigos de clase en colaboradores de clase, y a la guerra
de las clases en paz entre las clases (la llamada paz civil).

No cabe duda de que, desde el punto de vista de la tarea fundamental de nues-


tros días, nosotros teníamos razón, ya que sin la lucha de la clase obrera por el
Poder político del Estado no se puede poner en práctica el socialismo.

Pero fíjense cómo ha cambiado la cosa ahora, una vez que el Poder del Estado
se halla en manos de la clase obrera, una vez que el Poder político de los ex-
plotadores ha sido derrocado, y todos los medios de producción (excepto los
que el Estado obrero, voluntariamente y con ciertas condiciones, otorga por
algún tiempo en régimen de concesión a los explotadores) están en manos de la
clase obrera.

160
Ahora tenemos derecho a afirmar que, para nosotros, el simple desarrollo de
las cooperativas es idéntico (salvo la "pequeña" excepción señalada arriba) al
crecimiento del socialismo y, a la vez, nos vemos obligados a reconocer el
cambio radical que se ha operado en todo nuestro punto de vista sobre el socia-
lismo. Ese cambio radical consiste en que antes poníamos y debíamos poner el
centro de gravedad en la lucha política, en la revolución, en la conquista del
Poder, etc. Ahora el centro de gravedad se desplaza hacia la labor pacífica de
organización "cultural". Estoy dispuesto a afirmar que el centro de gravedad se
trasladaría en nuestro país hacia la obra de la cultura, de no ser por las relacio-
nes internacionales, de no ser porque hemos de pugnar por nuestras posiciones
a escala internacional. Pero si dejamos eso a un lado y nos limitamos a nues-
tras relaciones económicas interiores, el centro de gravedad del trabajo se
reduce hoy en realidad a la obra cultural.

Se nos plantean 2 tareas principales, que hacen época. Una es la de rehacer


nuestra administración pública, que ahora no sirve para nada en absoluto y que
tomamos íntegramente de la época anterior; no hemos conseguido rehacerla
seriamente en 5 años de lucha, y no podíamos conseguirlo. La otra estriba en
nuestra labor cultural entre los campesinos. Y el objetivo económico de esta
labor cultural entre los campesinos es precisamente organizarlos en cooperati-
vas. Si pudiéramos organizar en cooperativas a toda la población, pisaríamos
ya con ambos pies terreno socialista. Pero esta condición, la de organizar a
toda la población en cooperativas, implica tal grado de cultura de los campesi-
nos (precisamente de los campesinos, pues son una masa inmensa), que es
imposible sin hacer toda una revolución cultural.

Nuestros adversarios nos han dicho muchas veces que emprendemos una obra
descabellada, al implantar el socialismo en un país de insuficiente cultura. Pero
se equivocaron al decir que nosotros no comenzamos en el orden que indicaba
la teoría (de todo género de pedantes), y la revolución política y social en nues-
tro país precedió a la revolución cultural, a esa revolución cultural ante la que
nos encontramos ahora, pese a todo.

Hoy nos basta con esta revolución cultural para llegar a convertirnos en un país
completamente socialista, pero esa revolución cultural presenta increíbles
dificultades para nosotros, tanto en el aspecto puramente cultural (pues somos
analfabetos) como en el aspecto material (pues para ser cultos es necesario
cierto desarrollo de los medios materiales de producción, se precisa cierta base
material).

6 de enero de 1923.

161
Publicado por primera vez el 26 y el 27 de mayo de 1923
en el periódico Pravda, números 115 y 116.
Firmado: N Lenin.

Obras Completas,
tomo45.

NOTA

[1] En el problema de las cooperativas Lenin pensaba detenerse en su informe en el X


Congreso de toda Rusia de los Soviets. En el guión del informe trazado en la primera
quincena de diciembre, apuntó: "Centrosoiuz: su significado especial". Vladímir Ílich
pidió a L. M. Jinchuk, Presidente de Centrosoiuz, datos sobre la actividad de las coope-
rativas. En enero de 1923 N. K. Krúpskaya pidió publicaciones sobre cooperativas para
Vladímir Ílich. Los artículos Sobre las cooperativas y nuestra revolución (A propósito
de los apuntes de N. Sujánov) los entregó N. K. Krúpskaya al Comité Central en mayo
de 1923. El Buró Político acordó el 24 de mayo lo siguiente: "Estimar indispensable
publicar lo más pronto posible los artículos de Vladímir Ílich que ha entregado Na-
dezhda Konstantínovna, con la fecha puesta en ellos". El 26 de junio el Pleno del CC
discutió el problema de las cooperativas a la luz del nuevo planteamiento del mismo en
los artículos de V. I. Lenin. Las ideas de Lenin sobre la organización de los campesinos
en cooperativas constituyeron la base de la resolución del XIII Congreso del PC(b)R
Sobre las cooperativas y Sobre el trabajo en el campo. "La línea fundamental del Parti-
do en este problema —señaló el Congreso— viene trazada en el último artículo de
Lenin Sobre las cooperativas. Lenin desplegó en este artículo el Programa de organiza-
ción de la población rural en cooperativas como modo fundamental de avance hacia el
socialismo en un país campesino... La presente situación del campo subraya con inusi-
tada elocuencia la justeza del camino que señala el camarada Lenin y reclama que la
atención fundamental del Partido se centre en la agrupación de los pequeños producto-
res en cooperativas, lo que debe desempeñar gigantesco papel en la construcción del
socialismo".

162
NUESTRA REVOLUCIÓN
(A PROPÓSITO DE LOS APUNTES DE N. SUJÁNOV)[1]

Estos días he hojeado los apuntes de Sujánov sobre la revolución. Salta a la


vista, sobre todo, la pedantería de todos nuestros demócratas pequeñoburgue-
ses, así como de todos los héroes de la II Internacional. Sin hablar ya de que
son cobardes en grado sumo y de que incluso los mejores de ellos se deshacen
en excusas cuando se trata de la menor desviación del modelo alemán, omisión
hecha de esta cualidad de todos los demócratas pequeñoburgueses, harto mani-
festada por ellos durante toda la revolución, salta a la vista el servilismo con
que imitan el pasado.

Todos ellos se dicen marxistas, pero entienden el marxismo de una manera


pedante hasta lo imposible. No han comprendido en absoluto lo decisivo del
marxismo, a saber: su dialéctica revolucionaria. No han comprendido en abso-
luto ni aun las indicaciones directas de Marx de que en los momentos de revo-
lución hay que mostrar la máxima flexibilidad[2] y ni siquiera se han fijado, por
ejemplo, en las indicaciones que hizo Marx en su correspondencia, que, si mal
no recuerdo, data del año 1856, en la cual expresaba su esperanza de que la
guerra campesina de Alemania, que podía crear una situación revolucionaria,
se fundiese con el movimiento obrero[3]. Incluso eluden esta indicación directa
y dan vueltas y más vueltas alrededor de ella como el gato alrededor de la
papilla caliente.

Se muestran en toda su conducta como unos medrosos reformistas que temen


apartarse de la burguesía y, más aún, romper con ella, encubriendo al mismo
tiempo su cobardía con las más desfachatadas palabrería y jactancia. Pero
incluso en el aspecto puramente teórico salta a la vista en todos ellos su plena
incapacidad para comprender las siguientes consideraciones del marxismo: han
visto hasta ahora un camino determinado de desarrollo del capitalismo y de la
democracia burguesa en Europa Occidental y no les cabe en la cabeza que este
camino pueda ser tenido por modelo mutatis mutandis, es decir, sólo introdu-
ciendo en él ciertas enmiendas (insignificantes por completo desde el punto de
vista del devenir de la historia universal).

Primero: una revolución relacionada con la primera guerra imperialista mun-


dial. En tal revolución debían manifestarse rasgos nuevos o modificados, debi-
do precisamente a la guerra, porque jamás ha habido en el mundo una guerra

163
como ésta y en situación semejante. Seguimos viendo aún hoy que la burguesía
de los países más ricos no puede "normalizar" las relaciones burguesas después
de esta guerra, mientras que nuestros reformistas, pequeños burgueses que se
las dan de revolucionarios, tenían y tienen por límite (insuperable, además) las
relaciones burguesas normales, comprendiendo esta "normalidad" de una ma-
nera harto estereotipada y estrecha.

Segundo: les es completamente ajena toda idea de que, dentro de las leyes
objetivas generales a que está sujeto el desarrollo de toda la historia universal,
en modo alguno se excluyen, antes al contrario, se presuponen, períodos de-
terminados de desarrollo que constituyen una peculiaridad bien por la forma
bien por el orden del mismo. Ni siquiera se les ocurre, por ejemplo, que Rusia,
situada en la divisoria entre los países civilizados y los que han emprendido
definitivamente la primera vez, a causa de esta guerra, el camino de la civiliza-
ción —los países de todo el Oriente, los países no europeos—, que Rusia podía
y debía mostrar, por eso, ciertas peculiaridades que, claro está, no se salen de
la pauta general del desarrollo mundial, pero que distinguen su revolución de
todas las revoluciones anteriores habidas en los países de Europa Occidental,
introducen algunas innovaciones parciales al desplazarse a los países orienta-
les.

Por ejemplo, no puede ser más estereotipada la argumentación que ellos em-
plean, y que se aprendieron de memoria en la época del desarrollo de la social-
democracia euroccidental, de que nosotros no hemos madurado para el socia-
lismo, de que en nuestro país no existen, como se expresan diversos señores
"doctos" de entre ellos, las premisas económicas objetivas para el socialismo.
Y a ninguno de ellos se le ocurre preguntarse: un pueblo que afrontó una situa-
ción revolucionaria como la formada durante la primera guerra imperialista,
¿no podía, bajo la influencia de su situación desesperada, lanzarse a una lucha
que le brindase, por lo menos, alguna probabilidad de conquistar para sí condi-
ciones no corrientes del todo para el progreso sucesivo de la civilización?

"Rusia no ha alcanzado tal nivel de desarrollo de las fuerzas productivas que


haga posible el socialismo". Todos los héroes de la II Internacional, y entre
ellos, naturalmente, Sujánov, van y vienen con esta tesis como chico con zapa-
tos nuevos. Repiten de 1,000 maneras esta tesis indiscutible y les parece deci-
siva para enjuiciar nuestra revolución.

Pero ¿y si lo peculiar de la situación llevó a Rusia a la guerra imperialista


mundial, en la que intervinieron todos los países más o menos importantes de
Europa Occidental, y puso su desarrollo al borde de las revoluciones de Orien-
te que estaban comenzando y en parte habían comenzado ya, en unas condi-
ciones que nos permitían poner en práctica precisamente esa alianza de la

164
"guerra campesina" con el movimiento obrero, de la que escribió como de una
perspectiva probable en 1856 un "marxista" como Marx, refiriéndose a Prusia?

¿Y si una situación absolutamente sin salida que, por lo mismo, decuplicaba


las fuerzas de los obreros y los campesinos, nos brindaba la posibilidad de
pasar de manera distinta de lo ocurrido en todos, los demás países del Occiden-
te de Europa a la creación de las premisas fundamentales de la civilización?
¿Ha cambiado a causa de eso la pauta general del devenir de la historia univer-
sal? ¿Ha cambiado por ello la correlación esencial de las clases fundamentales
en cada país que entra, que ha entrado ya en el curso general de la historia
universal?

Si para crear el socialismo se exige un determinado nivel cultural (aunque


nadie puede decir cuál es este determinado "nivel cultural", ya que es diferente
en cada uno de los países de Europa Occidental), ¿por qué, pues, no podemos
comenzar primero por la conquista revolucionaria de las premisas para este
determinado nivel, y lanzarnos luego respaldados con el Poder obrero y cam-
pesino y con el régimen soviético, a alcanzar a otros pueblos?

16 de enero de 1923.

II

Para crear el socialismo —dice usted— hace falta civilización. Muy bien. ¿Y
por qué no hemos de poder crear primero en nuestro país premisas de civiliza-
ción como la expulsión de los terratenientes y de los capitalistas rusos y co-
menzar luego ya el avance hacia el socialismo? ¿En qué libros ha leído que
semejantes alteraciones del orden histórico habitual sean inadmisibles o impo-
sibles?

Recuerdo que Napoleón escribió: "On s'engage et puis... on voit", lo que, tra-
ducido libremente, quiere decir: "Primero se entabla el combate serio, y ya se
verá lo que pasa". Pues bien, nosotros entablamos primero, en octubre de 1917,
el combate serio y luego vimos ya pormenores del decurso (desde el punto de
vista de la historia universal, son, sin duda, pormenores) como la Paz de Brest
o la nueva política económica, etc. Y hoy no cabe ya duda de que, en lo fun-
damental, hemos triunfado.

Nuestros Sujánov, sin hablar ya de los socialdemócratas que están más a la


derecha, no se imaginan siquiera que, en general, las revoluciones no pueden
hacerse de otra manera. Nuestros pequeños burgueses europeos no ven ni en
sueños que las revoluciones venideras en los países de Oriente, incomparable-

165
mente más poblados, los cuales se distinguen incomparablemente más por la
diversidad de condiciones sociales, les ofrecerán, sin duda, más peculiaridades
que la revolución rusa.

Ni que decir tiene que un manual escrito según las ideas de Kautsky era algo
muy útil en su tiempo. Pero ya va siendo hora de cambiar de pensamiento de
que este manual prevé todas las formas de desarrollo de la historia universal.
Sería oportuno declarar simples mentecatos a quienes así lo creen.

17 de enero de 1923.

Publicado el 30 de mayo de 1923,


en el periódico Pravda, núm. 117.

Firmado: Lenin.

Obras Completas,
tomo 45.

NOTAS

[1] El artículo de V. I. Lenin Nuestra revolución fue escrito con motivo de los libros
tercero y cuarto de Notas sobre la revolución del menchevique N. Sujánov (Berlín-
Petersburgo-Moscú, ed. de Z. I. Gezhebin, 1922). Lenin comenzó a dictar sus apuntes
el 16 de enero y continuó a dictarlos el 17 de enero de 1923. El artículo lo entregó a la
Redacción de Pravda N. K. Krúpskaya sin título; el título lo puso la Redacción del
periódico.
[2] V. I. Lenin se refiere, por lo visto, a la caracterización de la Comuna de París como
"forma política flexible en el más alto grado" que ofrece C. Marx en el trabajo La gue-
rra civil en Francia y la alta apreciación de la "flexibilidad de estos parisinos" que
ofreció Marx en la carta a L. Kugelmann del 12 de abril de 1871.
[3] V. I. Lenin se refiere al siguiente pasaje de la carta de C. Marx a F. Engels del 16 de
abril de 1856: "En Alemania todo dependerá de la posibilidad de respaldar la revolu-
ción proletaria con alguna segunda edición de la guerra campesina. Entonces todo
saldrá a pedir de boca".

166
SOBRE LA CULTURA PROLETARIA[1]

Por el número del 8/X de Izvestia se ve que el camarada Lunacharski dijo en el


Congreso del Proletkult lo diametralmente opuesto a lo que él y yo habíamos
convenido ayer[2].

Es necesario preparar con toda urgencia un proyecto de resolución (del Con-


greso del Proletkult), someterlo a aprobación del CC y a tiempo para que pue-
da ser aprobado en esa misma sesión del Proletkult. Es preciso que sea aproba-
do hoy mismo en nombre del CC en el Consejo del Comisariado del Pueblo de
Instrucción y el Congreso del Proletkult, porque el Congreso finaliza hoy.

PROYECTO DE RESOLUCIÓN:

1. En la República Soviética Obrera y Campesina toda la enseñanza tanto en la


esfera de la educación política en general como, específicamente, en la del
arte, debe estar impregnada del espíritu de la lucha de clase del proletariado
por la exitosa realización de los objetivos de su dictadura, es decir, por el de-
rrocamiento de la burguesía, la abolición de las clases y la supresión de toda
explotación del hombre por el hombre.

2. Por consiguiente, el proletariado, tanto por medio de su vanguardia, el Parti-


do Comunista, como por medio del conjunto de las organizaciones proletarias
en general, debe tomar la más activa y descollante participación en todo el
dominio de la instrucción pública.

3. Toda la experiencia de la historia moderna y, en particular, más de medio


siglo de lucha revolucionaria del proletariado de todos los países del mundo,
desde la aparición del Manifiesto Comunista, han demostrado, en forma indis-
cutible, que la concepción marxista del mundo es la única expresión correcta
de los intereses, los puntos de vista y la cultura del proletariado revolucionario.

4. El marxismo se ha ganado la importancia histórica universal como ideología


del proletariado revolucionario merced a que, lejos de desechar las más valio-
sas realizaciones de la época burguesa, por el contrario, asimiló y reelaboró
todo lo que había de valioso en el desarrollo del pensamiento y la cultura hu-
manos a lo largo de más de 2 milenios. Sólo la labor que se realice sobre esta
base y en este sentido, inspirada por la experiencia práctica de la dictadura del
proletariado, que es la etapa última de la lucha de éste contra toda explotación,
puede ser considerada como el desarrollo de una cultura verdaderamente prole-

167
taria.

5. Ateniéndose rigurosamente a esta posición de principio, el Congreso de toda


Rusia del Proletkult rechaza en la forma más categórica, como teóricamente
falsos y prácticamente nocivos, todos los intentos de inventar una cultura par-
ticular, de encerrarse en organizaciones especializadas, de deslindar los cam-
pos de acción del Comisariado del Pueblo de Instrucción y del Proletkult o de
establecer la "autonomía" del Proletkult dentro de las instituciones del Comisa-
riado del Pueblo de Instrucción, etc. Muy por el contrario, el Congreso impone
como obligación absoluta a todas las organizaciones del Proletkult que se
consideren en todo sentido como organismos auxiliares en la red de institucio-
nes del Comisariado del Pueblo de Instrucción y que realicen sus tareas bajo la
dirección general del Poder soviético (y, en especial, del Comisariado del
Pueblo de Instrucción) y del Partido Comunista de Rusia, como parte de las
tareas de la dictadura proletaria.

Escrito el 8 de octubre de 1920.

Publicado por primera vez en 1926,


en la revista Krásmaya Nov, núm. 3.

Obras Completas,
tomo 41.

NOTAS

[1] El proyecto de resolución "Sobre la cultura proletaria" fue escrito por V. I. Lenin con
motivo del I Congreso de toda Rusia del Proletkult que se celebraba en Moscú del 5 al 12 de
octubre de 1920. El proyecto que escribió Lenin sirvió de base para la discusión del proble-
ma del Proletkult en las reuniones del Buró Político del CC del PC(b)R el 9 y el 11 de octu-
bre de 1920. Al grupo comunista del I Congreso del Proletkult se propuso que adoptase una
resolución de organización subordinando las organizaciones del Proletkult en el centro y en
el interior del país a los organismos del Comisariado del Pueblo de Instrucción. Esta resolu-
ción redactada en el espíritu de las indicaciones directas de Lenin fue adoptada por unanimi-
dad en el Congreso del Proletkult. Sin embargo, después del Congreso, ciertos dirigentes del
Proletkult comenzaron a expresar su desacuerdo con ella y trataron de exponerla de modo
tergiversado ante los afiliados a la organización, presentando las cosas como si el CC del
PC(b)R limitara la iniciativa de los obreros en la esfera de la creación artística y quisiera
liquidar las organizaciones del Proletkult. Se dio una respuesta enérgica a estas falsas y
demagógicas declaraciones en la carta del CC del PC(b)R Acerca de las organizaciones del
Proletkult (publicada en el núm. 270 de Pravda del 1° de diciembre de 1920) en la que se
examinaron detalladamente los errores del Proletkult.
[2] En el informe, acerca de la intervención de A. V. Lunacharski en el Congreso del Pro-
letkult el 7 de octubre de 1920 se decía: "El camarada Lunacharski señaló que había que
asegurar al Proletkult una situación especial, la más plena autonomía..." (núm. 224 de Izves-
tia VTsIK del 8 de octubre de 1920).

168
ESBOZO DE RESOLUCIÓN SOBRE LA CULTURA PRO-
LETARIA[*]

1. No ideas especiales, sino el marxismo.

2. No invención de una cultura proletaria nueva, sino el desarrollo de los mejo-


res modelos, tradiciones y resultados de la cultura existente desde el punto de
vista de la concepción marxista del mundo y las condiciones de vida y lucha
del proletariado en la época de su dictadura.

3. No aparte del Comisariado del Pueblo de Instrucción, sino como parte suya,
ya que el PCR + el Comisariado del Pueblo de Instrucción = Σ de la cultura
proletaria.

4. Estrecha vinculación y subordinación del Proletkult al Comisariado del


Pueblo de Instrucción.

5. De ninguna manera... [**]

Escrito el 9 de octubre de 1920.

Publicado por primera vez en 1945,


en Recopilación Leninista XXXV.

Obras Completas,
tomo 41.

__________
[*] El Esbozo de resolución sobre la cultura proletaria lo escribió Lenin en la reunión del Buró
Político del 9 de octubre de 1920, en la que se planteó el problema de redactar la resolución para el
Congreso del Proletkult, En este esbozo Lenin reproduce los principales enunciados de su proyecto
de resolución sobre la cultura proletaria escrito en la víspera, el 8 de octubre.
[**] Aquí se interrumpe el manuscrito.

169
LA SITUACIÓN INTERNACIONAL E INTERIOR DE LA
REPÚBLICA SOVIÉTICA

[...] Ayer, por casualidad, leí en Izvestia un poema de Maiakovsky sobre un


tema político[*]. No soy admirador de su talento poético, aunque reconozco que
no soy versado en la materia. Pero hacía mucho tiempo que no experimentaba
tanto placer al leer algo sobre política y administración. En su poema, Maia-
kovsky se burla a no poder más de las reuniones y de los comunistas por sus
interminables discusiones. No sé qué valor tiene como poesía, pero en cuanto a
política se refiere, afirmo que es perfectamente justo. Estamos verdaderamente
en la posición, y debemos decir que esta posición es muy tonta, de personas
que sesionan, forman comisiones, elaboran planes, y así hasta el infinito.
Oblómov fue un personaje típico de la vida rusa. Echado siempre en la cama
forjaba planes. Desde entonces ha pasado mucho tiempo. Rusia ha pasado por
3 revoluciones, pero los Oblómov siguen existiendo, porque no sólo los hubo
entre los terratenientes, sino también entre los campesinos; y no sólo entre los
campesinos, sino también entre los intelectuales; y no sólo entre los intelectua-
les, sino también entre los obreros y los comunistas. Basta observar cuando
sesionamos o trabajamos en las comisiones, para afirmar que el viejo Oblómov
perdura y que debemos lavarlo, limpiarlo, zarandearlo y fustigarlo mucho
tiempo para sacar de él algún provecho. En este sentido no tenemos que ha-
cernos ilusiones de ningún género en cuanto a nuestra situación. No hemos
imitado a los que escriben la palabra "revolución" con mayúscula, como los
eseristas. Pero podemos repetir las palabras de Marx de que durante una revo-
lución se cometen muchas tonterías, quizás más que en otros momentos[**]. Y
es preciso que nosotros, los revolucionarios, aprendamos a enfrentar esas ton-
terías con serenidad y sin temor.

Del discurso pronunciado el 6 de marzo de 1922


en una reunión del grupo comunista del Congreso
de metalúrgicos de toda Rusia.

Pravda, núm. 54.


8 de marzo de 1922.

Obras Completas,
Tomo 45.

__________
[*] Trátase de la poesía de V. V. Mayakovski En reunión.
[**] Trátase de las palabras de F. Engels en el artículo Literatura de los emigrados.

170
MÁS VALE POCO Y BUENO

Por lo que se refiere a la mejora de nuestra administración pública, creo que la


Inspección Obrera y Campesina no debe afanarse por la cantidad ni apresurar-
se. Hemos tenido hasta ahora tan poco tiempo para reflexionar y preocuparnos
de la calidad de nuestra administración pública que sería natural la preocupa-
ción por que esté preparada con especial seriedad y se concentre en la Inspec-
ción Obrera y Campesina a individuos de una cualidad realmente moderna, es
decir, no desmerecedores de los mejores modelos euroccidentales. Desde lue-
go, esta es una condición harto modesta para una república socialista. Pero el
primer lustro nos ha llenado la cabeza de desconfianza y escepticismo. No
podemos menos de sentir esa desconfianza y ese escepticismo por quienes
hablan demasiado y con excesiva ligereza, por ejemplo, de la cultura "proleta-
ria": para empezar nos bastaría una verdadera cultura burguesa; para empezar
podríamos prescindir de los tipos más recalcitrantes de culturas de tipo prebur-
gués, es decir, de culturas burocrática, feudal, etc. En los problemas de cultura
lo que más perjudica es tener prisa y querer abarcarlo todo. Muchos de nues-
tros jóvenes literatos y comunistas deberían aplicarse bien el cuento.

Por donde, en lo que se refiere a la administración pública, debemos sacar


ahora de la experiencia anterior la conclusión de que sería mejor ir más despa-
cio.

Nuestra administración pública se encuentra en un estado tan deplorable, por


no decir detestable, que primero debemos reflexionar profundamente en la
manera de combatir sus deficiencias, recordando que radican en el pasado, el
cual, si bien ha sido subvertido, no ha desaparecido por completo, no ha que-
dado en la fase de cultura perteneciente a tiempos remotos. Planteo aquí el
problema de la cultura precisamente porque en estas cosas debe tenerse por
logrado únicamente lo que entra en la cultura, en la vida corriente, en las cos-
tumbres. Y en nuestro país, puede afirmarse, lo que hay de bueno en la organi-
zación social no ha sido meditado a fondo, no ha sido comprendido ni sentido,
ha sido tomado al vuelo, no ha sido comprobado, ni ensayado, ni confirmado
por la experiencia, ni consolidado, etc. Es natural que tampoco podía ser de
otro modo en una época revolucionaria y dada la rapidez tan vertiginosa del
desarrollo que nos ha llevado en 5 años del zarismo al régimen soviético.

Es preciso sentar cabeza a tiempo. Hay que impregnarse de salvadora descon-


fianza de un movimiento de avance atropellado, de toda jactancia, etc. Es ne-
cesario preocuparse de comprobar los pasos adelante que pregonamos a cada
momento, que damos cada momento y luego procuramos demostrar continua-
mente que no son de peso, ni serios, ni se comprenden. Lo más nocivo en este
caso sería apresurarse. Lo más nocivo sería contar con que sabemos algo, por

171
poco que sea, o pensar que hay entre nosotros un número algo considerable de
elementos para organizar una administración realmente nueva y verdadera-
mente acreedora del nombre de socialista, de soviética, etc.

No, en nuestro país, tal administración e incluso el número de elementos que la


forman mueven a risa por lo exiguo, y debemos recordar que, para montarla,
no se debe escatimar el tiempo, y eso se llevará muchos, muchísimos años.

¿Qué elementos poseemos para montar esa administración? Solamente 2: pri-


mero, los obreros, animados por la lucha en pro del socialismo. Estos elemen-
tos no poseen suficiente instrucción. Querrían proporcionarnos una administra-
ción mejor, pero no saben cómo hacerlo. No pueden hacerlo. No han alcanzado
hasta hoy el desarrollo ni la cultura indispensables para ello. Y lo que se nece-
sita precisamente es cultura. En este sentido no se puede hacer nada de golpe y
porrazo o de sopetón, con viveza o energía, o con cualquier otra de las mejores
cualidades humanas en general. Segundo, se necesitan conocimientos, educa-
ción e instrucción, pues los que tenemos son irrisorios en comparación con
todos los demás Estados.

Y en este sentido no hay que olvidar que somos aún demasiado propensos a
compensar estos conocimientos (o a creemos que podemos compensarlos) con
el celo, la precipitación, etc.

Para renovar nuestra administración pública tenemos que fijarnos a toda costa
como tarea: primero, aprender; segundo, aprender; tercero, aprender; y des-
pués, comprobar que lo aprendido no quede reducido a letra muerta o a una
frase de moda (cosa que, no hay por qué ocultarlo, ocurre con demasiada fre-
cuencia en nuestro país), que lo aprendido se haga efectivamente carne de
nuestra carne y sangre de nuestra sangre, que llegue a ser plena y verdadera-
mente un elemento integrante de la vida diaria. En pocas palabras, no debemos
presentar las mismas reivindicaciones que la Europa Occidental burguesa, sino
las que puede presentar con dignidad y decoro un país que ha asumido la mi-
sión de desarrollarse y hacerse socialista.

[...]

Pravda, núm. 49, 4 de marzo de 1923.

Firmado: N. Lenin.

Obras Completas,
tomo 45.

172
CARTA A G. MIASNIKOV[1]

5 de agosto de 1921

Camarada Miasnikov:

Solamente hoy he leído sus 2 artículos. Ignoro cómo fueron sus discursos en la
organización de Perm (creo que de Perm) y en qué consiste el conflicto con
ella. No puedo hablar de eso. Ese asunto lo examinará el Buró de Organiza-
ción, que, según he oído, ha elegido una comisión especial.

Mi misión es otra: valorar sus cartas como documentos literarios y políticos.

¡Son documentos interesantes!

El artículo Cuestiones espinosas muestra con particular claridad, a mi juicio,


su error principal. Y considero un deber hacer todo lo posible para tratar de
convencerle.

Al comienzo del artículo aplica usted con acierto la dialéctica. Sí, quien no
comprende la sustitución de la consigna de "guerra civil" con la consigna de
"paz civil", es ridículo, si no es algo peor. Sí, en esto tiene usted razón.

Pero precisamente porque tiene razón en esto, me sorprende cómo ha podido


olvidar la dialéctica, acertadamente empleada por usted mismo, al hacer sus
conclusiones.

"... Libertad de prensa desde los monárquicos hasta los anarquistas inclusive..."
¡Muy bien! Pero, perdóneme, todos los marxistas y todos los obreros que ha-
yan reflexionado sobre la experiencia de 4 años de nuestra revolución dirán:
analicemos la cuestión de qué libertad de prensa, para qué, para qué clase.

Nosotros no creemos en "absolutos". Nos reímos de la "democracia pura".

La consigna de "libertad de prensa" fue mundialmente grande desde fines de la


Edad Media hasta el Siglo XIX. ¿Por qué? Porque era una manifestación de la
burguesía progresista, es decir, de su lucha contra los curas y los reyes, contra
los señores feudales y los terratenientes.

173
No hay un solo país en el mundo que haya hecho y haga tanto para liberar a las
masas de la influencia de los curas y de los terratenientes como la RSFSR.
Hemos cumplido y cumplimos mejor que nadie en el mundo esta tarea de la
"libertad de prensa".

La libertad de prensa en todas partes donde hay capitalistas es la libertad de


comprar periódicos, de comprar escritores, de sobornar y comprar y fabricar a
la "opinión pública" en favor de la burguesía.

Eso es un hecho.

Nadie podrá refutarlo jamás.

¿Y en nuestro país? ¿Hay alguien que pueda negar que la burguesía ha sido
derrotada, pero no aniquilada, que se ha agazapado? Eso no se puede negar.

La libertad de prensa en la RSFSR, cercada por los enemigos burgueses del


mundo entero, es la libertad de organización política de la burguesía y de sus
lacayos más fieles, los mencheviques y los eseristas.

Es un hecho irrefutable.

La burguesía (en el mundo entero) es todavía más fuerte que nosotros, muchas
veces más fuerte. Poner, además, en sus manos un arma como la libertad de
organización política (= libertad de prensa, pues la prensa es el centro y la base
de la organización política) significa facilitar la labor del enemigo, ayudar al
enemigo de clase.

No queremos suicidarnos y, por ello, no haremos eso.

Vemos claramente un hecho: la "libertad de prensa" significa, en realidad, la


compra inmediata por la burguesía internacional de centenares y miles de
escritores demócratas constitucionalistas, eseristas y mencheviques y la orga-
nización de su propaganda, de su lucha contra nosotros.

Eso es un hecho. "Ellos" son más ricos que nosotros y comprarán una "fuerza"
10 veces mayor contra la fuerza que tenemos en la actualidad.

No. No haremos eso, no ayudaremos a la burguesía mundial.

¿Cómo ha podido usted rodar desde la apreciación general de clase, es decir,

174
desde el punto de vista de la apreciación de las relaciones entre todas las cla-
ses, hasta una apreciación pequeñoburguesa sentimental? Para mí es un enig-
ma.

En el problema de "paz civil o guerra civil" y en el problema de cómo nosotros


hemos conquistado y seguiremos "conquistando" al campesinado (para la cau-
sa del proletariado), en estos 2 problemas (a los que están dedicados sus 2
artículos) importantísimos, cardinales, mundiales (= afectan a la esencia de la
política mundial), ha sabido usted sustentar un punto de vista no pequeñobur-
gués, no sentimental, sino marxista. En esos artículos ha sabido tener en cuen-
ta de una manera práctica, sensata, las relaciones entre todas las clases.

Y de pronto rueda a la sima del sentimentalismo.

"...En nuestro país hay un montón de excesos y de abusos: la libertad de prensa los
pondrá al desnudo...".

He ahí, por lo que puedo juzgar a través de los 2 artículos, donde se ha


desorientado usted. Se ha dejado aplastar por cierto número de hechos lamen-
tables y amargos y ha perdido la capacidad de considerar sensatamente las
fuerzas.

La libertad de prensa ayudará a la fuerza de la burguesía mundial. Es un he-


cho. La "libertad de prensa" no servirá para depurar el Partido Comunista de
Rusia de sus diversas debilidades, equivocaciones, desgracias y enfermedades
(hay un montón de enfermedades, eso es indiscutible), pues la burguesía mun-
dial no quiere eso; la libertad de prensa se convertirá en un arma en manos de
esta burguesía mundial, que no ha muerto. Sigue viva. Está ahí, al lado, y
acecha. Ha contratado ya a Miliukov, al que Chernov y Mártov sirven "en
cuerpo y alma" (en parte por estupidez, en parte por irritación fraccionalista
contra nosotros y, principalmente, por la lógica objetiva de su posición demo-
crática pequeñoburguesa).

Usted "iba a una habitación y se ha metido en otra".

Quería curar al Partido Comunista y ha echado mano de un medicamento


portador de la muerte segura; no por la intención de usted, claro está, sino por
la intención de la burguesía mundial ( + Miliukov + Chernov + Mártov).

Ha olvidado usted una pequeñez, una pequeñez minúscula: a la burguesía


mundial y su "libertad" de comprar periódicos para ella, de comprar centros
de organización política para ella.

175
No. Nosotros no seguiremos ese camino. De 1,000 obreros conscientes, 900 no
seguirán ese camino.

Tenemos muchas enfermedades. Errores (errores comunes nuestros, todos nos


hemos equivocado, y el Consejo de Trabajo y Defensa, y el Consejo de Comi-
sarios del Pueblo, y el Comité Central) como los cometidos en la distribución
de combustible y de víveres durante el otoño y el invierno de 1920 (¡¡errores
enormes!!) han agravado en muchas veces las enfermedades de nuestra situa-
ción.

La miseria y las calamidades son grandes.

El hambre de 1921 las ha aumentado terriblemente.

Saldremos de la situación con un trabajo tremendo, pero saldremos. Y hemos


empezado ya a salir.

Saldremos, pues nuestra política es justa, en lo fundamental, y tiene en cuenta


todas las fuerzas de clase a escala internacional. Saldremos, pues no embelle-
cemos nuestra situación. Conocemos todas las dificultades. Vemos todas las
enfermedades. Las curamos sistemáticamente, tenazmente, sin caer en el páni-
co.

Usted se ha dejado hacer presa del pánico y se ha deslizado por la pendiente


hasta el extremo que resulta algo parecido a la fundación de un nuevo partido
por usted o a su suicidio.

No se debe abandonar uno al pánico.

¿Aislamiento de las células comunistas respecto al Partido?

Existe. Es un mal, una desgracia, una enfermedad.

Existe. Es una enfermedad grave.

La vemos.

Hay que curarla no con la "libertad" (para la burguesía), sino con medidas
proletarias y de partido.

En lo que dice respecto al levantamiento de la economía, al "arado automóvil",

176
etc., a la lucha por "influir" en el campesinado, etc., hay mucho de exacto,
mucho de útil.

¿Por qué no destaca eso? Nos entenderíamos y trabajaríamos amistosamente


en el mismo partido. El provecho sería inmenso, pero no en el acto, sino muy
lentamente.

Reanimar los Soviets, incorporar a los sin partido, hacer que el trabajo de los
militantes del Partido sea controlado por los sin partido: eso es absolutamente
justo. He ahí donde se puede realizar un trabajo inmenso. Un terreno de abun-
dante trabajo.

¿Por qué no desarrolla usted eso de una manera práctica en un folleto para el
Congreso?

¿Por qué no pone manos a la obra?

¿Por qué asustarse del trabajo rudo (combatir los abusos a través de la CCC[2],
a través de la prensa del Partido, a través de Pravda)? La falta de fe en el tra-
bajo rudo, lento, difícil, pesado, lleva a la gente a caer en el pánico y a buscar
una salida "fácil": la "libertad de prensa" (para la burguesía).

¿Por qué insiste usted en su error, evidente error, en la consigna no partidista,


antiproletaria, de "libertad de prensa"? ¿Por qué no emprende usted un trabajo
menos "brillante" (brillante de esplendor burgués), el rudo trabajo de depura-
ción práctica de los abusos, de lucha práctica contra ellos, de ayuda práctica a
los sin partido?

¿Dónde ha señalado usted al Comité Central un abuso concreto y un remedio


concreto para corregirlo, para desarraigarlo?

Ni una vez.

Ni una sola vez.

Ha visto usted un montón de calamidades y de enfermedades, ha caído en la


desesperación y se ha lanzado en brazos ajenos, en los brazos de la burguesía
("libertad de prensa" para la burguesía). Y mi consejo es no caer ni en la de-
sesperación ni en el pánico.

Nosotros y nuestros simpatizantes, los obreros y los campesinos, tenemos

177
todavía gran cantidad de fuerzas. Tenemos todavía mucha salud.

Curamos mal las enfermedades.

Aplicamos mal esta consigna: promuevan a los que no pertenecen al Partido,


controlen el trabajo de los militantes del Partido por medio de los sin partido.

Pero podemos hacer y haremos en este terreno 100 veces más que ahora.

Y yo espero que, después de reflexionar serenamente, no insistirá usted, por un


falso amor propio, en un error político evidente (la "libertad de prensa"), sino
que, arreglando los nervios, venciendo en sí el pánico, se dedicará a un trabajo
práctico: ayudar a la ligazón con los sin partido, ayudar a que los sin partido
controlen la labor de los militantes del Partido.

En esta labor hay muchísimo que hacer. Y en esta labor se puede (y se debe)
curar la enfermedad, con lentitud, pero curar de verdad, y no embotarse el
cerebro con la "libertad de prensa", ese "brillante" fuego fatuo.

Con saludos comunistas,

Lenin.

Publicado en 1921,
en el libro "Materiales de discusión
(Tesis del camarada Miasnikov,
carta del camarada Lenin,
respuesta al mismo, disposición
del Buró de Organización del
CC y resolución de los de
Motovílija". Moscú.

Obras Completas,
tomo 44.

NOTAS

[1] Esta carta fue escrita por Lenin con motivo de la memoria que G. I. Miasnikov
presentó al CC del PC(b)R, de su artículo Cuestiones espinosas y de sus intervenciones
en las organizaciones de Petrogrado y de Perm del PC(b)R. Miasnikov organizó, en el
distrito de Motovílija de la provincia de Perm, un grupo que luchó contra la política del
Partido. El Buró de Organización del CC del PC(b)R, después de haber discutido el 29
de julio de 1921 la intervención de Miasnikov en la organización de Perm, su artículo y
su memoria, los declaró contrarios al Partido y formó una comisión (N. I. Bujarin, P. A.

178
Zalutski y A. A. Solts), para que investigara la actividad de Miasnikov. El 22 de agosto,
el Buró de Organización del CC del PC(b)R declaró que las tesis de Miasnikov, formu-
ladas en sus artículos, eran incompatibles con los intereses del Partido, le prohibió
presentarlas en reuniones oficiales del Partido, lo separó de la organización de Perm y
lo puso a disposición del Comité Central. Miasnikov no se subordinó a la resolución del
CC y al volver a Motovílija continuó su actividad antipartido. Al mismo tiempo trató de
organizar un grupo antipartido en Petrogrado. La comisión del CC del PC(b)R, que
investigó la actividad de Miasnikov, propuso expulsarlo del Partido por haber violado
repetidas veces la disciplina partidaria, por haber organizado, contrariamente a la reso-
lución del X Congreso sobre la unidad del Partido, un grupo especial para luchar contra
éste. El 20 de febrero de 1922, el Buró Político del CC del PC(b)R ratificó la resolución
que expulsaba a Miasnikov del Partido.
[2] Comisión Central de Control (CCC): órgano supremo de control del Partido; se
constituyó por acuerdo de la IX Conferencia Nacional del PC(b)R, celebrada del 22 al
25 de septiembre de 1920. En la resolución Sobre las tareas inmediatas de la organiza-
ción del Partido [Obras Completas; tomo 41, pág. 300], aprobada por la Conferencia,
se consideró indispensable, como una de las medidas prácticas encaminadas a reforzar
la democracia interna del Partido y a consolidar su unidad y disciplina, instituir la Co-
misión de Control elegida por el Congreso y las comisiones del Partido adjuntas a sus
comités provinciales. En la resolución de la Conferencia fue incluida, con modificacio-
nes insignificantes, la proposición de Lenin sobre los integrantes de la Comisión de
Control. Las comisiones de control debían ser integradas por los comunistas más im-
parciales, que disfrutasen de la confianza general. El propósito de Lenin era que la
Comisión de Control fuera un "auténtico órgano de la conciencia del Partido y del
proletariado"; recomendaba como tarea especial para la Comisión de Control tener una
actitud atenta hacia los camaradas cuyas actividades estudiaba [Obras Completas; tomo
41, pág. 402]. La CCC fue elegida por primera vez en el X Congreso del PC(b)R reali-
zado del 8 al 16 de marzo de 1921. Con arreglo a la proposición formulada por Lenin
en los artículos que escribió para el XII Congreso del Partido (17-25 de abril de 1923)
—Como tenemos que reorganizar la Inspección Obrera y Campesina y Más vale poco
y bueno—, el XII Congreso creó un organismo conjunto de control del Partido y del
Estado: la CCC-IOC; en la labor de este organismo y de los organismos locales partici-
paban las amplias masas trabajadoras.

179
UNA GRAN INICIATIVA
(El heroísmo de los obreros en la retaguardia. a propósito de los "sábados
comunistas")

[...]

He reproducido con el mayor detalle y plenitud las informaciones relativas a


los sábados comunistas porque nos encontramos, sin duda alguna, ante una de
las manifestaciones más importantes de la edificación comunista, a la que
nuestros periódicos no dedican la atención necesaria y que ninguno de nosotros
ha apreciado suficientemente todavía.

Menos estrépito político y mayor atención a los hechos más simples, pero
vivos, de la edificación comunista, tomados de la vida y contrastados en la
vida: tal es la consigna que debemos repetir sin descanso todos nosotros, nues-
tros escritores, agitadores, propagandistas, organizadores, etc.

Es natural e inevitable que durante los primeros tiempos, después de la revolu-


ción proletaria, nos preocupe más que nada la tarea principal y fundamental:
aplastar la resistencia de la burguesía, vencer a los explotadores, reprimir sus
complots (como el "complot de los esclavistas" para entregar Petrogrado, en el
cual participaron todos, desde las centurias negras[1] y los demócratas constitu-
cionalistas hasta los mencheviques[2] y los eseristas)[3]. Pero, al lado de ella,
surge también inevitablemente —y cada vez con mayor fuerza— otra tarea
más esencial: la edificación comunista positiva, la creación de las nuevas rela-
ciones económicas, de la nueva sociedad.

La dictadura del proletariado —como ya he dicho más de una vez y, por cierto,
también en mi discurso del 12 de marzo en la reunión del Soviet de diputados
de Petrogrado— no es sólo el ejercicio de la violencia sobre los explotadores,
ni siquiera es principalmente violencia. La base económica de esta violencia
revolucionaria, la garantía de su vitalidad y éxito, está en que el proletariado
representa y pone en práctica un tipo más elevado de organización social del
trabajo que el capitalismo. Esto es lo esencial. En ello radica la fuerza y la
garantía del triunfo inevitable y completo del comunismo.

La organización feudal del trabajo social se fundaba en la disciplina del látigo,


en la ignorancia y el embrutecimiento extremos de los trabajadores, expoliados
y escarnecidos por un puñado de terratenientes. La organización capitalista del
trabajo social se basaba en la disciplina del hambre, y la inmensa masa de

180
trabajadores, a pesar de todos los progresos de la cultura y la democracia bur-
guesas, ha seguido siendo, incluso en las repúblicas más avanzadas, más civili-
zadas y más democráticas, la masa oscura y oprimida de esclavos asalariados o
de campesinos aplastados, expoliados y vejados por un puñado de capitalistas.
La organización comunista del trabajo social, el primer paso hacia la cual es el
socialismo, se basa y se basará cada día más en la disciplina libre y consciente
de los trabajadores mismos, que se han sacudido el yugo de los terratenientes y
los capitalistas.

Esta disciplina nueva no cae del cielo ni se consigue con buenas intenciones,
sino que nace exclusivamente de las condiciones materiales de la gran produc-
ción capitalista, sin las cuales es imposible. Y el portador o vehículo de estas
condiciones materiales es una determinada clase histórica, creada, organizada,
agrupada, instruida, educada y forjada por el gran capitalismo. Esta clase es el
proletariado.

La dictadura del proletariado, si traducimos esta expresión latina, científica,


histórico-filosófica, a un lenguaje más sencillo, significa lo siguiente:

Sólo una clase determinada —los obreros urbanos y, en general, los obreros
fabriles, los obreros industriales— está en condiciones de dirigir a toda la masa
de trabajadores y explotados en la lucha por derrocar el yugo del capital, en el
proceso mismo de su derrocamiento, en la lucha por mantener y consolidar el
triunfo, en la creación del nuevo régimen social, del régimen socialista, en toda
la lucha por la supresión completa de las clases. (Hagamos notar, entre parén-
tesis, que la diferencia científica entre el socialismo y el comunismo consiste
únicamente en que el primer término designa la primera fase de la sociedad
nueva que brota del capitalismo, mientras que el segundo término designa una
fase superior y más avanzada de dicha sociedad).

El error de la Internacional amarilla, "de Berna"[4] consiste en que sus líderes


reconocen sólo de palabra la lucha de clases y el papel dirigente del proletaria-
do, temiendo llevar sus ideas hasta el fin, temiendo precisamente la inevitable
deducción que tan singular horror causa a la burguesía y que ésta no puede
admitir de ninguna manera. Tienen miedo de reconocer que la dictadura del
proletariado es también un período de lucha de clases, la cual es inevitable
mientras las clases no hayan sido suprimidas y reviste diversas formas, siendo
particularmente violenta y específica durante el primer período después de
derrocado el capital. Una vez conquistado el Poder político, el proletariado no
ceja en su lucha de clase, sino que la continúa hasta que las clases hayan sido
suprimidas, pero, naturalmente, en otras condiciones, bajo otra forma y con
otros medios.

181
¿Qué quiere decir "supresión de las clases"? Todos los que se llaman socialis-
tas reconocen este objetivo final del socialismo, pero no todos, ni mucho me-
nos, reflexionan sobre el alcance de dichas palabras. Las clases son grandes
grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un
sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en
que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que en
su mayor parte las leyes refrendan y formalizan), por el papel que desempeñan
en la organización social del trabajo, y, consiguientemente, por el modo de
percibir y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que dis-
ponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el
trabajo de otro por ocupar puestos diferentes en un régimen determinado de
economía social.

Es evidente que, para suprimir por completo las clases, no basta con derrocar a
los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, no basta con suprimir su
propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad priva-
da sobre los medios de producción; es necesario suprimir la diferencia existen-
te entre la ciudad y el campo, así como entre los trabajadores manuales e inte-
lectuales. Esta obra exige mucho tiempo. Para realizarla, hay que dar un gigan-
tesco paso adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas, hay que vencer
la resistencia (muchas veces pasiva y mucho más tenaz y difícil de vencer) de
los numerosos vestigios de la pequeña producción, hay que vencer la enorme
fuerza de la costumbre y la rutina que estos vestigios llevan consigo.

Suponer que todos los "trabajadores" están igualmente capacitados para reali-
zar esta obra, sería decir la frase más vacía o hacerse ilusiones de socialista
antediluviano, premarxista. Porque esta capacidad no se da por sí misma, sino
que se forma históricamente y sólo en las condiciones materiales de la gran
producción capitalista. En los comienzos del tránsito del capitalismo al socia-
lismo, únicamente el proletariado posee esta capacidad. Y puede cumplir la
gigantesca misión que le incumbe, primero, porque es la clase más fuerte y
más avanzada de las sociedades civilizadas; segundo, porque en los países más
desarrollados constituye la mayoría de la población; tercero, porque en los
países capitalistas atrasados, como Rusia, la mayoría de la población se com-
pone de semiproletarios, es decir, de hombres que durante una parte del año
viven como proletarios, que sistemáticamente se ganan el sustento, en cierta
medida, recurriendo al trabajo asalariado en empresas capitalistas.

Quienes intentan resolver los problemas del tránsito del capitalismo al socia-
lismo con tópicos sobre la libertad, la igualdad, la democracia en general, la
igualdad de la democracia laboral, etc. (como hacen Kautsky, Mártov y demás
personajes de Ia Internacional amarilla, de Berna), lo único que consiguen es
poner al desnudo su naturaleza de pequeños burgueses, de filisteos, de espíritus

182
mezquinos, que se arrastran serviles tras la burguesía en el aspecto ideológico.
Este problema sólo puede resolverlo de un modo acertado un estudio concreto
de las relaciones especiales existentes entre la clase específica que ha conquis-
tado el Poder político, o sea, el proletariado, y toda la masa no proletaria y
semiproletaria de la población trabajadora; y estas relaciones no se establecen,
por cierto, en una situación fantásticamente armónica, "ideal", sino en una
situación real de encarnizada y múltiple resistencia de la burguesía.

En cualquier país capitalista, incluida Rusia, la inmensa mayoría de la pobla-


ción —y tanto más la inmensa mayoría de la población trabajadora— ha senti-
do 1,000 veces sobre ella y sus familiares el yugo del capital, su pillaje y toda
clase de vejaciones. La guerra imperialista —es decir, el asesinato de
10'000,000 de hombres para decidir si debía pertenecer al capital inglés o al
capital alemán la primacía en el saqueo del mundo entero— ha avivado, am-
pliado y profundizado extraordinariamente todos estos sufrimientos, forzando
a las masas a adquirir conciencia de ellos. De aquí arranca la inevitable simpa-
tía de la inmensa mayoría de la población, sobre todo de la masa de trabajado-
res, hacia el proletariado, pues éste, con heroica audacia, con rigor revolucio-
nario, abate el yugo del capital, derriba a los explotadores, vence su resistencia
y, derramando su propia sangre, abre el camino que conduce a la creación de
una sociedad nueva, en la cual no habrá ya sitio para los explotadores.

Por grandes e inevitables que sean las vacilaciones pequeñoburguesas de las


masas no proletarias y semiproletarias de la población trabajadora, sus retroce-
sos hacia el "orden" burgués, bajo el "ala" de la burguesía, estas masas no
pueden dejar de reconocer la autoridad moral y política del proletariado, el
cual no se limita a derrocar a los explotadores y vencer su resistencia, sino que
establece unas relaciones sociales nuevas y más elevadas, una nueva disciplina
social: la disciplina de los trabajadores conscientes y unidos, que no conocen
ningún yugo, que no conocen ningún poder, fuera del de su propia unión, del
de su propia vanguardia, más consciente, más audaz, más compacta, más revo-
lucionaria, más firme.

Para triunfar, para crear y consolidar el socialismo, el proletariado debe resol-


ver una tarea doble, o, más bien, una tarea única con 2 aspectos: primero, con
su heroísmo a toda prueba en la lucha revolucionaria contra el capital, atraer a
toda la masa de trabajadores y explotados, organizaría, dirigir sus esfuerzos
para derrocar a la burguesía y aplastar plenamente cualquier resistencia por
parte de ésta; segundo, conducir a toda la masa de trabajadores y explotados,
así como a todos los sectores de la pequeña burguesía, al camino de la nueva
construcción económica, al camino de la creación de las nuevas relaciones
sociales, de una nueva disciplina laboral y de una nueva organización del tra-
bajo que conjugue el aprovechamiento de la última palabra de la ciencia y la

183
técnica capitalista con la agrupación en masa de los trabajadores conscientes,
entregados a la gran producción socialista.

Esta segunda tarea es más difícil que la primera, porque no puede ser cumplida
en modo alguno con un esfuerzo heroico, momentáneo, sino que exige el he-
roísmo más prolongado, más tenaz y difícil: el del trabajo cotidiano y masivo.
Pero esta tarea es también más esencial que la primera, porque, en fin de cuen-
tas, la fuente más profunda de la fuerza necesaria para vencer a la burguesía y
la única garantía de solidez y seguridad de estas victorias residen únicamente
en un modo nuevo y superior de producción social, en la sustitución de la
producción capitalista y pequeñoburguesa por la gran producción socialista.

***

Los "sábados comunistas" tienen una magna importancia histórica precisamen-


te porque nos muestran la iniciativa consciente y voluntaria de los obreros en
el desarrollo de la productividad del trabajo, en el paso a una nueva disciplina
laboral y en la creación de condiciones socialistas en la economía y en la vida.

J. Jacoby, uno de los pocos, o dicho más exactamente, uno de los rarísimos
demócratas burgueses alemanes que, después de las lecciones de 1870-1871[5],
no se pasaron al chovinismo ni al liberalismo nacionalista, sino al socialismo,
decía que la fundación de una sola asociación obrera tenía más importancia
histórica que la batalla de Sadowa[6]. Y así es. La batalla de Sadowa decidió
cuál de las 2 monarquías burguesas, la austríaca o la prusiana, tendría la pri-
macía en la creación de un Estado capitalista nacional alemán. La fundación de
una asociación obrera representaba un pequeño paso hacia la victoria mundial
del proletariado sobre la burguesía. Del mismo modo, podemos decir nosotros
que el primer sábado comunista, organizado el 10 de mayo de 1919 en Moscú
por los obreros del ferrocarril Moscú-Kazán, tiene más importancia histórica
que cualquier victoria de Hindenburg o de Foch y los ingleses en la guerra
imperialista de 1914-1918. Las victorias de los imperialistas son una matanza
de millones de obreros para aumentar las ganancias de los multimillonarios
anglo-americanos y franceses. Son la bestialidad del capitalismo agonizante,
ahíto de tanto tragar y que se pudre en vida. El sábado comunista de los obre-
ros ferroviarios de la línea Moscú-Kazán es una de las células de la sociedad
nueva, de la sociedad socialista, que trae a todos los pueblos de la Tierra la
manumisión del yugo del capital y los libra de las guerras.

Los señores burgueses y sus lacayos, incluyendo a los mencheviques y eseris-


tas, habituados a considerarse representantes de la "opinión pública", se burlan,
naturalmente, de las esperanzas de los comunistas; dicen que esas esperanzas
son un "baobab en una maceta de reseda" y se ríen del ínfimo número de sába-

184
dos, en comparación con los casos innumerables de robo, haraganería, descen-
so de la productividad, deterioro de las materias primas, deterioro de los pro-
ductos, etc. Nosotros contestamos a esos señores: si los intelectuales burgueses
hubieran ayudado a los trabajadores con sus conocimientos, en lugar de poner-
se al servicio de los capitalistas rusos y extranjeros para restaurar su Poder, la
revolución sería más rápida y pacífica. Pero eso es una utopía, pues la cuestión
la decide la lucha de clases, y en esta lucha, la mayor parte de los intelectuales
se inclina hacia la burguesía. El proletariado triunfará no con la ayuda de los
intelectuales, sino a pesar de su oposición (al menos en la mayor parte de los
casos), apartando a los intelectuales burgueses incorregibles, transformando,
reeducando y sometiendo a los vacilantes y atrayendo paulatinamente a su lado
a un número de ellos cada vez mayor. Regocijarse maliciosamente ante las
dificultades y reveses de la revolución, sembrar el pánico y predicar la vuelta
atrás son armas y procedimientos de lucha de clase que emplean los intelectua-
les burgueses. Pero el proletariado no se dejará engañar con eso.

Mas si abordamos la cuestión a fondo, ¿es que puede encontrarse en la historia


un solo ejemplo de un modo de producción nuevo que haya prendido de golpe,
sin una larga serie de reveses, equivocaciones y recaídas? Medio siglo después
de haber sido abolida la servidumbre, en la aldea rusa persistían aún no pocas
supervivencias de aquel régimen. Medio siglo después de haber sido suprimida
la esclavitud de los negros en Norteamérica, la condición de estos últimos
seguía siendo, en muchas ocasiones, de semiesclavitud. Los intelectuales bur-
gueses, comprendidos los mencheviques y eseristas, permanecen fieles a sí
mismos al servir al capital y repetir sus argumentos totalmente falsos: antes de
la revolución del proletariado nos tildaban de utopistas, y después de la revolu-
ción nos exigen ¡que borremos de la noche a la mañana todas las huellas del
pasado!

Pero no somos utopistas y conocemos el valor real de los "argumentos" bur-


gueses; sabemos también que las huellas del pasado en las costumbres predo-
minarán inevitablemente durante cierto tiempo, después de la revolución, sobre
los brotes de lo nuevo. Cuando lo nuevo acaba de nacer, tanto en la naturaleza
como en la vida social, lo viejo siempre sigue siendo más fuerte durante cierto
tiempo. Las burlas a propósito de la debilidad de los tallos nuevos, el escepti-
cismo barato de los intelectuales, etc., son, en el fondo, procedimientos de la
lucha de clase de la burguesía contra el proletariado, maneras de defender el
capitalismo frente al socialismo. Debemos estudiar minuciosamente los brotes
de lo nuevo, prestarles la mayor atención, favorecer y "cuidar" por todos los
medios el crecimiento de estos débiles brotes. Es inevitable que algunos de
ellos perezcan. No puede asegurarse que precisamente los "sábados comunis-
tas" vayan a desempeñar un papel de particular importancia. No se trata de eso.
Se trata de que es preciso apoyar todos los brotes de lo nuevo, entre los cuales

185
la vida se encargará de seleccionar los más vivaces. Si un científico japonés,
para ayudar a los hombres a triunfar sobre la sífilis, ha tenido la paciencia de
ensayar 605 preparados antes de llegar al 606, que satisface determinadas
exigencias, quienes quieran resolver un problema más difícil, el de vencer al
capitalismo, deberán tener la suficiente perseverancia para ensayar centenares
y miles de nuevos procedimientos, métodos y medios de lucha hasta conseguir
los más convenientes.

Los "sábados comunistas" tienen tanta importancia porque no los han iniciado
obreros que se encuentran en condiciones excepcionalmente favorables, sino
obreros de diversos oficios, incluidos también obreros no especializados, peo-
nes, que se encuentran en condiciones habituales, es decir, en las condiciones
más difíciles. Todos conocemos muy bien la razón fundamental del descenso
de la productividad del trabajo que se observa no solamente en Rusia, sino en
el mundo entero: la ruina y la miseria, la exasperación y el cansancio provoca-
dos por la guerra imperialista, las enfermedades y la inanición. Por su impor-
tancia, esta última ocupa el primer lugar. El hambre: ésa es la causa. Y para
suprimir el hambre hay que elevar la productividad del trabajo tanto en la
agricultura como en el transporte y en la industria. Nos encontramos, por con-
siguiente, ante una especie de círculo vicioso: para elevar la productividad del
trabajo hay que salvarse del hambre, y para salvarse del hambre hay que elevar
la productividad del trabajo.

El sabido que, en la práctica, semejantes contradicciones se resuelven por la


ruptura del círculo vicioso, por un cambio profundo en el espíritu de las masas,
por la iniciativa heroica de algunos grupos, que desempeña con frecuencia un
papel decisivo cuando se opera ese cambio. Los peones y los ferroviarios de
Moscú (claro que teniendo en cuenta su mayoría, y no un puñado de especula-
dores, burócratas y demás guardias blancos) son trabajadores que viven en
condiciones desesperadamente difíciles. Están subalimentados constantemente
y ahora, antes de la nueva cosecha, cuando el abastecimiento ha empeorado en
todas partes, sufren verdadera hambre. Y estos obreros hambrientos, cercados
por la canallesca agitación contrarrevolucionaria de la burguesía, de los men-
cheviques y de los eseristas, organizan "sábados comunistas", trabajan horas
extraordinarias sin ninguna retribución y consiguen un aumento inmenso de la
productividad del trabajo, a pesar de hallarse cansados, atormentados y exte-
nuados por la subalimentación. ¿No es esto un heroísmo grandioso? ¿No es el
comienzo de una transformación de importancia histórica universal?

La productividad del trabajo es, en última instancia, lo más importante, lo


decisivo para el triunfo del nuevo régimen social. El capitalismo consiguió una
productividad del trabajo desconocida bajo el feudalismo. El capitalismo podrá
ser y será definitivamente derrotado porque el socialismo logra una nueva

186
productividad del trabajo mucho más alta. Es una labor muy difícil y muy
larga, pero lo esencial es que ha comenzado. Si en el Moscú hambriento del
verano de 1919, obreros hambrientos, tras 4 penosos años de guerra imperialis-
ta y después de año y medio de una guerra civil todavía más penosa, han podi-
do iniciar esta gran obra, ¿qué proporciones no adquirirá cuando triunfemos en
la guerra civil y conquistemos la paz?

El comunismo representa una productividad del trabajo más alta que la del
capitalismo, una productividad obtenida voluntariamente por obreros conscien-
tes y unidos que tienen a su servicio una técnica moderna. Los sábados comu-
nistas poseen un valor excepcional como comienzo efectivo del comunismo, y
esto es algo extraordinario, pues nos encontramos en una etapa en la que "se
dan sólo los primeros pasos en la transición del capitalismo al comunismo"
(como dice, con toda razón, el Programa de nuestro Partido[7]).

El comunismo comienza cuando los obreros sencillos sienten una preocupa-


ción —abnegada y más fuerte que el duro trabajo— por aumentar la producti-
vidad del trabajo, por salvaguardar cada pud de grano, de carbón, de hierro y
demás productos que no están destinados directamente a los que trabajan ni a
sus "allegados", sino a personas "ajenas", es decir, a toda la sociedad en con-
junto, a decenas y centenares de millones de hombres, agrupados primero en
un Estado socialista y, más tarde, en una Unión de Repúblicas Soviéticas.

Carlos Marx se burla en El Capital de la pomposidad y altisonancia de la carta


magna democrático-burguesa de libertades y derechos del hombre, de toda esa
fraseología sobre la libertad, la igualdad y la fraternidad en general, que des-
lumbra a los pequeños burgueses y filisteos de todos los países, sin exceptuar a
los viles personajes actuales de la vil Internacional de Berna. Marx opone a
esas pomposas declaraciones de derechos la manera sencilla, modesta, práctica
y corriente con que el proletariado plantea la cuestión: reducción de la jomada
de trabajo por el Estado, he ahí un ejemplo típico de ese planteamiento. Toda
la precisión y profundidad de la observación de Marx aparece ante nosotros
con mayor claridad y evidencia cuanto más se desarrolla el contenido de la
revolución proletaria. Las "fórmulas" del verdadero comunismo se distinguen
de la fraseología pomposa, refinada y solemne de los Kautsky, de los menche-
viques y eseristas, con sus queridos "cofrades" de Berna, precisamente en que
dichas "fórmulas" lo reducen todo a las condiciones de trabajo. Menos charla-
tanería en tomo a "la democracia laboral", "la libertad, la igualdad y la frater-
nidad", "la soberanía del pueblo" y otras cosas por el estilo: el obrero y el
campesino conscientes de nuestros días ven en estas frases ampulosas la ma-
rrullería del intelectual burgués tan fácilmente como cualquier persona con
experiencia de la vida dice en el acto y sin equivocarse al ver el rostro y la
apariencia impecablemente cuidados de una "persona distinguida": "Seguro

187
que es un truhán".

¡Menos frases pomposas y más trabajo sencillo, cotidiano, más preocupación


por cada pud de grano y cada pud de carbón! Más preocupación por que este
pud de grano y este pud de carbón, indispensables al obrero hambriento y al
campesino desarrapado, desnudo, no les lleguen por transacciones mercantilis-
tas, al modo capitalista, sino por el trabajo consciente, voluntario, abnegado y
heroico de simples trabajadores, como los peones y los ferroviarios de la línea
Moscú-Kazán.

Todos debemos reconocer que a cada paso, en todas partes, y también en nues-
tras filas, pueden verse huellas del modo charlatanesco, propio de intelectuales
burgueses, de abordar los problemas de la revolución. Nuestra prensa, por
ejemplo, combate poco estos restos putrefactos del podrido pasado democráti-
co-burgués y presta débil apoyo a los brotes sencillos, modestos, cotidianos,
pero vivos, de verdadero comunismo.

Observen la situación de la mujer. Ningún partido democrático del mundo, en


ninguna de las repúblicas burguesas más avanzadas, ha hecho, en este aspecto,
en decenas de años ni la centésima parte de lo que hemos hecho nosotros en el
primer año de nuestro Poder. No hemos dejado piedra sobre piedra, en el sen-
tido literal de la palabra, de las vergonzosas leyes que establecían la inferiori-
dad jurídica de la mujer, que ponían obstáculos al divorcio y exigían para él
requisitos odiosos, que proclamaban la ilegitimidad de los hijos naturales y la
investigación de la paternidad, etc. En todos los países civilizados subsisten
numerosos vestigios de estas leyes, para vergüenza de la burguesía y del capi-
talismo. Tenemos 1,000 veces razón para sentimos orgullosos de lo que hemos
realizado en este sentido. Sin embargo, cuanto más nos deshacemos del fárrago
de viejas leyes e instituciones burguesas, tanto más claro vemos que sólo se ha
descombrado el terreno para la construcción, pero ésta no ha comenzado toda-
vía.

La mujer continúa siendo esclava del hogar, pese a todas las leyes liberadoras,
porque está agobiada, oprimida, embrutecida, humillada por los pequeños
quehaceres domésticos, que la convierten en cocinera y niñera, que malgastan
su actividad en un trabajo absurdamente improductivo, mezquino, enervante,
embrutecedor y fastidioso. La verdadera emancipación de la mujer y el verda-
dero comunismo no comenzarán sino donde y cuando empiece la lucha en
masa (dirigida por el proletariado, dueño del Poder del Estado) contra esta
pequeña economía doméstica, o, más exactamente, su transformación masiva
en una gran economía socialista.

¿Concedemos en la práctica la debida atención a este problema que, teórica-

188
mente, es indiscutible para todo comunista? Desde luego, no. ¿Nos preocupa-
mos suficientemente de los brotes de comunismo, que existen ya a este respec-
to? No, y 1,000 veces no. Los comedores públicos, las casas-cuna y los jardi-
nes de la infancia son otras tantas muestras de estos brotes, son medios senci-
llos, corrientes, sin pompa, elocuencia ni solemnidad, efectivamente capaces de
emancipar a la mujer, efectivamente capaces de aminorar y suprimir su de-
sigualdad respecto al hombre por su papel en la producción y en la vida social.
Estos medios no son nuevos. Fueron creados (como, en general, todas las pre-
misas materiales del socialismo) por el gran capitalismo; pero bajo el régimen
capitalista han sido, en primer lugar, casos aislados y, en segundo lugar —lo
que tiene particular importancia—, o eran empresas mercantiles, con los peo-
res aspectos de la especulación, del lucro, de la trapacería y del engaño, o bien
"ejercicios acrobáticos de beneficencia burguesa", odiada y despreciada, con
toda razón, por los mejores obreros.

Es indudable que esos establecimientos son ya mucho más numerosos en nues-


tro país y que empiezan a cambiar de carácter. Es indudable que entre las obre-
ras y campesinas hay muchas más personas dotadas de capacidad de organiza-
ción que las conocidas por nosotros; personas que saben organizar las cosas
prácticas, con la participación de un gran número de trabajadores y de un nú-
mero mucho mayor de consumidores, sin la facundia, el alboroto, las disputas
y la charlatanería sobre planes, sistemas, etc., que "padecen" los "intelectua-
les", demasiado presuntuosos siempre, o los "comunistas" precoces. Pero no
cuidamos como es debido estos brotes de lo nuevo.

Fíjense en la burguesía. ¡Qué admirablemente sabe dar publicidad a lo que le


conviene a ella ¡Cómo exalta las empresas "modelo" (a juicio de los capitalis-
tas) en los millones de ejemplares de sus periódicos! ¡Cómo sabe hacer de
instituciones burguesas "modelo" un motivo de orgullo nacional! Nuestra
prensa no se cuida, o casi no se cuida, de describir los mejores comedores
públicos o las mejores casas-cuna; de conseguir, insistiendo día tras día, la
transformación de algunos de ellos en establecimientos modelo, de hacerles
propaganda, de describir detalladamente la economía de esfuerzo humano, las
ventajas para los consumidores, el ahorro de productos, la liberación de la
mujer de la esclavitud doméstica y las mejoras de índole sanitaria que se con-
siguen con un ejemplar trabajo comunista y que se pueden realizar y extender
a toda la sociedad, a todos los trabajadores.

Una producción ejemplar, sábados comunistas ejemplares, un cuidado y una


honradez ejemplares en la obtención y distribución de cada pud de grano,
comedores públicos ejemplares, la limpieza ejemplar de una vivienda obrera,
de un barrio determinado, todo esto tiene que ser, 10 veces más que ahora,
objeto de atención y cuidado, tanto por parte de nuestra prensa como por parte

189
de cada organización obrera y campesina. Todo esto son brotes de comunismo,
y el cuidarlos es una obligación primordial de todos nosotros. Por difícil que
sea la situación del abastecimiento y de la producción, el avance en todo el
frente en año y medio de Poder bolchevique es indudable: los acopios de grano
han pasado de 30 millones de puds (del 1 de agosto de 1917 al 1 de agosto de
1918) a 100 millones (del 1 de agosto de 1918 al 1 de mayo de 1919); se ha
ampliado la horticultura; ha disminuido la extensión de los campos que quedan
sin sembrar; ha comenzado a mejorar el transporte ferroviario, a pesar de las
gigantescas dificultades con que se tropieza para obtener combustible, etc.
Sobre este fondo general, y con el apoyo del poder estatal proletario, los brotes
de comunismo no se agotarán, sino que crecerán y se convertirán en comunis-
mo pleno.

[...]

Publicado en julio de 1919,


en un folleto impreso en Moscú
por la Editorial del Estado.

Firmado: N. Lenin.

Obras Completas,
tomo 39.

NOTAS

[1] Centurias negras: bandas monárquicas organizadas por la policía zarista para com-
batir el movimiento revolucionario. Las centurias negras asesinaban a revolucionarios,
agredían a los intelectuales progresistas y perpetraban pogromos antisemitas.
[2] Mencheviques: corriente oportunista en la socialdemocracia rusa. En las elecciones
de los organismos centrales del Partido, en el II Congreso del POSDR, celebrado en
1903, los socialdemócratas revolucionarios, encabezados por Lenin, obtuvieron la
mayoría (bolshinstvó, y de ahí su denominación de "bolcheviques"), y los oportunistas
quedaron en minoría (menshinstvó, y de ahí su denominación de "mencheviques").
Durante la revolución de 1905-1907, los mencheviques se pronunciaron contra la he-
gemonía de la clase obrera en la revolución, contra la alianza de la clase obrera y los
campesinos, exigiendo un entendimiento con la burguesía liberal, a la que estimaron
conveniente ceder la dirección de la revolución. Durante la reacción que siguió a la
derrota de la revolución de 1905-1907, la mayoría de los mencheviques reclamó la
liquidación del partido revolucionario ilegal de la clase obrera, por lo que fueron llama-
dos liquidadores. Después del triunfo de la Revolución Democrática Burguesa de Fe-
brero de 1917, los mencheviques entraron en el Gobierno Provisional burgués, apoya-
ron su política imperialista e impugnaron la revolución socialista que se preparaba. Al
triunfar la Revolución Socialista de Octubre, los mencheviques se convirtieron en un
partido contrarrevolucionario, organizador y participante de complots y levantamientos
encaminados a derrocar el Poder soviético.

190
[3] Lenin se refiere al complot para la entrega de Petrogrado, dirigido por la organiza-
ción contrarrevolucionaria Centro nacional, que coordinó la actividad de varios grupos
antisoviéticos y espías. En la noche del 12 al 13 de junio de 1919, los conspiradores
promovieron un motín en el fuerte Krásnaya Gorka, que fue uno de los accesos más
importantes a Petrogrado. Se sublevaron también los fuertes Séraya Lóshad y
Obruchev. Con la ocupación de Krásnaya Gorka los amotinados calculaban debilitar la
región fortificada de Cronstadt y, uniendo la ofensiva general en el frente con la suble-
vación, ocupar Petrogrado. Para aplastar la sedición fueron enviadas tropas del grupo de
la defensa de costas, buques de la flota del Báltico, fuerzas aéreas y destacamentos de
voluntarios. En la noche del 15 al 16 de junio, las unidades del grupo de la defensa de
costas se adueñaron del fuerte. La organización contrarrevolucionaria que había dirigi-
do el complot fue descubierta y liquidada.
[4] La Internacional de Berna fue instituida, en la conferencia de los partidos socialis-
tas celebrada en febrero de 1919 en Berna, por los líderes centristas y de derecha de los
partidos socialistas euroccidentales en sustitución de la II Internacional, que dejó de
subsistir con el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Aplicó una política hostil al
movimiento comunista.
[5] Se alude a la guerra franco-prusiana de 1870-1871, en la que Francia perdió Alsacia
y Lorena y que dio lugar a un Imperio Alemán único, encabezado por Guillermo I, rey
de Prusia.
[6] La batalla de Sadowa (poblado que hoy se encuentra en Checoslovaquia) se libró el
3 de julio de 1866; concluyó con el triunfo total de Prusia y la derrota de Austria. Esa
batalla decidió la suerte de la guerra austro-prusiana.
[7] Se trata del Programa del Partido aprobado en el VIII Congreso del PC(b)R (V. I.
Lenin. El tema referido puede ser consultado en Obras Completas, tomo 38, págs. 106-
107 y 129.)

191
TRES FUENTES Y TRES PARTES INTEGRANTES DEL
MARXISMO

La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y


el odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en
el marxismo algo así como una "secta perniciosa". Y no puede esperarse otra
actitud, pues en una sociedad que tiene como base la lucha de clases no puede
existir una ciencia social "imparcial". De uno u otro modo, toda la ciencia
oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha
declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar que la ciencia sea
imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma absurda
ingenuidad que esperar imparcialidad por parte de los fabricantes en lo que se
refiere al problema de si deben aumentarse los salarios de los obreros disminu-
yendo los beneficios del capital.

Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de la ciencia social mues-


tran con diáfana claridad que en el marxismo nada hay que se parezca al "sec-
tarismo", en el sentido de que sea una doctrina fanática, petrificada, surgida al
margen de la vía principal que ha seguido el desarrollo de la civilización mun-
dial. Por el contrario, lo genial en Marx es, precisamente, que dio respuesta a
los problemas que el pensamiento de avanzada de la humanidad había plantea-
do ya. Su doctrina surgió como la continuación directa e inmediata de las doc-
trinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y
el socialismo.

La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y ar-


mónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo, intransi-
gente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opre-
sión burguesa. El marxismo es el heredero legítimo de lo mejor que la huma-
nidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y
el socialismo francés.

Nos detendremos brevemente en estas 3 fuentes del marxismo, que constitu-


yen, a la vez, sus partes integrantes.

La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia


moderna de Europa, y en especial en Francia a fines del siglo XVIII, donde se
desarrolló la batalla decisiva contra toda la escoria medieval, contra el feuda-

192
lismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo se mostró como la
única filosofía consecuente, fiel a todo lo que enseñan las ciencias naturales,
hostil a la superstición, a la mojigata hipocresía, etc. Por eso, los enemigos de
la democracia empeñaron todos sus esfuerzos para tratar de "refutar", minar,
difamar el materialismo y salieron en defensa de las diversas formas del idea-
lismo filosófico, que se reduce siempre, de una u otra forma, a la defensa o al
apoyo de la religión.

Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y


explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba toda desviación
de esa base. En las obras de Engels Ludwig Feuerbach y Anti-Dühring, que —
al igual que el Manifiesto Comunista— son los libros de cabecera de todo
obrero con conciencia de clase, es donde aparecen expuestas con mayor clari-
dad y detalle sus opiniones.

Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que desarrolló
la filosofía llevándola a un nivel superior. La enriqueció con los logros de la
filosofía clásica alemana, en especial con el sistema de Hegel, el que, a su vez,
había conducido al materialismo de Feuerbach. El principal de estos logros es
la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa,
profunda y libre de unilateralidad, la doctrina acerca de lo relativo del conoci-
miento humano, que nos da un reflejo de la materia en perpetuo desarrollo. Los
novísimos descubrimientos de las ciencias naturales —el radio, los electrones,
la transformación de los elementos— son una admirable confirmación del
materialismo dialéctico de Marx, quiéranlo o no las doctrinas de los filósofos
burgueses, y sus "nuevos" retornos al viejo y decadente idealismo.

Marx profundizó y desarrolló totalmente el materialismo filosófico, e hizo


extensivo el conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad
humana. El materialismo histórico de Marx es una enorme conquista del pen-
samiento científico. Al caos y la arbitrariedad que imperan hasta entonces en
los puntos de vista sobre historia y política, sucedió una teoría científica asom-
brosamente completa y armónica, que muestra cómo, en virtud del desarrollo
de las fuerzas productivas, de un sistema de vida social surge otro más eleva-
do; cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo.

Así como el conocimiento del hombre refleja la naturaleza (es decir, la materia
en desarrollo), que existe independientemente de él, así el conocimiento social
del hombre (es decir, las diversas concepciones y doctrinas filosóficas, religio-
sas, políticas, etc.), refleja el régimen económico de la sociedad. Las institu-
ciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así
vemos, por ejemplo, que las diversas formas políticas de los Estados europeos

193
modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proleta-
riado.

La filosofía de Marx es un materialismo filosófico acabado, que ha proporcio-


nado a la humanidad, y sobre todo a la clase obrera, la poderosa arma del sa-
ber.

II

Después de haber comprendido que el régimen económico es la base sobre la


cual se erige la superestructura política, Marx se entregó sobre todo al estudio
atento de ese sistema económico. La obra principal de Marx, El Capital, está
con sagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es
decir, la capitalista.

La economía política clásica anterior a Marx surgió en Inglaterra, el país capi-


talista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo, en sus investigaciones
del régimen económico, sentaron las bases de la teoría del valor por el trabajo
Marx prosiguió su obra; demostró estrictamente esa teoría y la desarrolló con-
secuentemente; mostró que el valor de toda mercancía está determinado por la
cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su produc-
ción.

Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio
de una mercancía por otra), Marx descubrió relaciones entre personas. El
cambio de mercancías expresa el vínculo establecido a través del mercado
entre los productores aislados. El dinero, al unir indisolublemente en un todo
único la vida económica íntegra de los productores aislados, significa que este
vínculo se hace cada vez más estrecho. El capital significa un desarrollo ulte-
rior de este vínculo: la fuerza de trabajo del hombre se trasforma en mercancía.
El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de las
fábricas, de los instrumentos de trabajo. El obrero emplea una parte de la jor-
nada de trabajo en cubrir el costo de su sustento y el de su familia (salario);
durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la
plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista.

La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la teoría económica de Marx.

El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime al obrero, arruina a los
pequeños propietarios y crea un ejército de desocupados. En la industria, el
triunfo de la gran producción se advierte en seguida, pero también en la agri-
cultura se observa ese mismo fenómeno, donde la superioridad de la gran agri-

194
cultura capitalista es acrecentada, aumenta el empleo de maquinaria, y la eco-
nomía campesina, atrapada por el capital monetario, languidece y se arruina
bajo el peso de su técnica atrasada. En la agricultura la decadencia de la pe-
queña producción asume otras formas, pero es un hecho indiscutible.

Al azotar la pequeña producción, el capital lleva al aumento de la productivi-


dad del trabajo y a la creación de una situación de monopolio para los consor-
cios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez
más un carácter social —cientos de miles y millones de obreros ligados entre sí
en un organismo económico sistemático—, mientras que un puñado de capita-
listas se apropia del producto de este trabajo colectivo. Se intensifican la anar-
quía de la producción, las crisis, la carrera desesperada en busca de mercados,
y se vuelve más insegura la vida de las masas de la población.

Al aumentar la dependencia de los obreros hacia el capital, el sistema capitalis-


ta crea la gran fuerza del trabajo conjunto.

Marx sigue el desarrollo del capitalismo desde los primeros gérmenes de la


economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más elevadas,
hasta la gran producción.

Y la experiencia de todos los países capitalistas, viejos y nuevos, demuestra


claramente, año tras año, a un número cada vez mayor de obreros, la veracidad
de esta doctrina de Marx.

El capitalismo ha triunfado en el mundo entero, pero este triunfo no es más que


el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital.

III

Cuando fue derrocado el feudalismo y surgió en el mundo la "libre" sociedad


capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un
nuevo sistema de opresión y explotación del pueblo trabajador. Como reflejo
de esa opresión y como protesta contra ella, aparecieron inmediatamente diver-
sas doctrinas socialistas. Sin embargo, el socialismo primitivo era un socialis-
mo utópico. Criticaba la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soña-
ba con su destrucción, imaginaba un régimen superior, y se esforzaba por ha-
cer que los ricos se convencieran de la inmoralidad de la explotación.

Pero el socialismo utópico no podía indicar una solución real. No podía expli-
car la verdadera naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, no

195
podía descubrir las leyes del desarrollo capitalista, ni señalar qué fuerza social
está en condiciones de convertirse en creadora de una nueva sociedad.

Entretanto, las tormentosas revoluciones que en toda Europa, y especialmente


en Francia, acompañaron la caída del feudalismo, de la servidumbre, revelaban
en forma cada vez más palpable que la base de todo desarrollo y su fuerza
motriz era la lucha de clases.

Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal se logró sin una
desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base
más o menos libre o democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas
clases de la sociedad capitalista.

El genio de Marx consiste en haber sido el primero en deducir de ello la con-


clusión que enseña la historia del mundo y en aplicar consecuentemente esas
lecciones. La conclusión a que llegó es la doctrina de la lucha de clases.

Los hombres han sido siempre, en política, víctimas necias del engaño ajeno y
propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a descubrir detrás de todas
las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales,
los intereses de una u otra clase. Los que abogan por reformas y mejoras se
verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan
que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la
fuerza de determinadas clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas
clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, las
fuerzas que pueden —y, por su situación social, deben— constituir la fuerza
capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo, y educar y organizar a esas fuerzas
para la lucha.

Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la


esclavitud espiritual en que se han consumido hasta hoy todas las clases opri-
midas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proleta-
riado en el régimen general del capitalismo.

En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el


África del Sur, se multiplican organizaciones independientes del proletariado.
Este se instruye y educa al librar su lucha de clase, se despoja de los prejuicios
de la sociedad burguesa, está adquiriendo una cohesión cada vez mayor y
aprendiendo a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irre-
sistiblemente.
Prosveschenie núm. 3,
marzo de 1913.
Firmado: V. I.
Obras Completas,
tomo 23.

196
SOBRE EL SIGNIFICADO DEL MATERIALISMO MILI-
TANTE

... Quisiera detenerme en algunas cuestiones que determinan más de cerca el


contenido y el programa de la labor que se propone realizar la redacción de
esta revista[*], según se declara en el preámbulo al núm. 1-2.

En dicha declaración se dice que no todos los que se agruparon en derredor de


la revista Pod Známeniem Marxizma son comunistas, pero que todos son mate-
rialistas consecuentes. Creo que esta alianza de comunistas con no comunistas
es indiscutiblemente necesaria y determina acertadamente las tareas de la re-
vista. Uno de los más graves y peligrosos errores de los comunistas (como en
general de los revolucionarios que hayan coronado con éxito la etapa inicial de
una gran revolución) es el de imaginarse que la revolución puede llevarse a
cabo por los revolucionarios solos. Por el contrario, para el éxito de todo traba-
jo revolucionario serio, es necesario comprender y saber aplicar en la práctica
el concepto de que los revolucionarios sólo son capaces de desempeñar el
papel de vanguardia de la clase verdaderamente vital y avanzada. La vanguar-
dia cumple sus tareas como tal vanguardia sólo cuando sabe no aislarse de la
masa que dirige, sino conducir realmente hacia adelante a toda la masa. Sin la
unión con los no comunistas, en los más diversos terrenos de la actividad, no
puede ni siquiera hablarse de ninguna construcción comunista eficaz.

Esto se refiere también a la labor de defensa del materialismo y del marxismo


que emprende la revista Pod Známeniem Marxizma. Las principales orienta-
ciones del pensamiento social avanzado de Rusia tienen, por suerte, una sólida
tradición materialista. Sin referirme ya a J. V. Plejánov, bastará con nombrar a
Chernishevski, del que se apartaban, retrocediendo, los populistas modernos
(los socialistas populares, los eseristas y otros), que corrían con frecuencia en
pos de las doctrinas filosóficas reaccionarias en boga, cegados por la aparien-
cia de la supuesta "última palabra" de la ciencia europea y sin ser capaces de
ver, tras las apariencias, tal o cual variedad de servilismo a la burguesía, a sus
prejuicios y a su carácter reaccionario burgués.

En todo caso, entre nosotros, en Rusia, hay todavía —e indudablemente los


habrá aún durante bastante tiempo— materialistas del campo no comunistas, y
nuestro deber in discutible es el de atraer a todos los partidarios del materia-
lismo consecuente y militante al trabajo común, a la lucha contra la reacción
__________
[*] Pod Známeniem Marxizma ("Bajo la bandera del marxismo"): revista mensual filosófica,
social y económica, que apareció en Moscú de enero de 1922 a junio de 1944.

197
filosófica y los prejuicios filosóficos de la llamada "sociedad instruida".
Dietzgen-padre —al que no se debe confundir con el tan presuntuoso como
fracasado literato Dietzgen-hijo—, al decir que los catedráticos de filosofía en
la sociedad moderna, en la mayoría de los casos, son de hecho nada más que
"lacayos diplomados del clericalismo", expresó de un modo justo, acertado y
claro, el concepto fundamental del marxismo acerca de las tendencias filosófi-
cas predominantes en los países burgueses y que son objeto de la atención de
sus sabios y publicistas.

A nuestros intelectuales de Rusia, a quienes les agrada considerarse avanzados


—lo mismo que les ocurre, de paso sea dicho, a sus colegas de todos los demás
países—, les disgusta mucho trasladar la cuestión al terreno de la apreciación
dada por Dietzgen. Y no les gusta, porque la verdad les duele. Basta con refle-
xionar un poco en la dependencia estatal, luego en la económica, más tarde en
la de la vida cotidiana y otras más, en que se encuentran los intelectuales con-
temporáneos con respecto a la burguesía dominante, para comprender la certe-
za absoluta de la tajante calificación dada por Dietzgen. Basta con recordar la
enorme mayoría de las tendencias filosóficas de moda, que surgen con tanta
frecuencia en los países europeos, aunque sea empezando por las relacionadas
con el descubrimiento del radio y terminando por las que tratan ahora de afe-
rrarse a Einstein, para darse cuenta de la ligazón que existe entre los intereses
de clase y la posición de clase de la burguesía, entre el apoyo que ésta presta a
todas las formas de las religiones y el contenido ideológico de las tendencias
filosóficas de moda.

De lo expuesto se deduce que la revista, que quiere ser órgano de prensa del
materialismo militante, debe ser, primeramente, un órgano combativo en el
sentido del desenmascaramiento y persecución sin tregua de todos los "lacayos
diplomados del clericalismo" de nuestros tiempos, lo mismo si actúan en cali-
dad de representantes de la ciencia oficial o en calidad de francotiradores que
se tildan a sí mismos de publicistas "demócratas de izquierda o ideológicamen-
te socialistas".

Una revista así debe ser, en segundo lugar, un órgano de prensa del ateísmo
combativo. Tenemos departamentos o, por lo menos, instituciones estatales
que dirigen esta labor. Pero lo hacen de un modo sumamente apático, suma-
mente insatisfactorio, sintiendo, por lo visto, en su propia carne, la presión de
las condiciones generales de nuestro burocratismo auténticamente ruso (aun-
que sea soviético). Por lo mismo, es sumamente importante que, complemen-
tando la labor de las correspondientes instituciones estatales, corrigiéndola y
avivándola, la revista, que se consagra a la tarea de convertirse en el órgano de
prensa del materialismo militante, lleve a cabo una propaganda y lucha ateístas
infatigables. Es necesario prestar atención a toda la literatura que, sobre el

198
particular, aparezca en todos los idiomas, traduciéndola o, por lo menos, resu-
miendo el contenido de todo lo valioso que se publique al respecto.

Hace ya mucho que Engels aconsejaba a los dirigentes del proletariado mo-
derno que se tradujese, para la difusión en masa, entre el pueblo, la literatura
atea militante de fines del Siglo XVIII[*]. Para vergüenza nuestra, hasta ahora
no lo hemos hecho (una de las muchas demostraciones de que en una época
revolucionaria es mucho más fácil conquistar el Poder que saber utilizarlo
acertadamente). A veces se pretende justificar esta apatía, inactividad e inca-
pacidad nuestras con toda clase de razones "ampulosas": por ejemplo, diciendo
que la antigua literatura atea del Siglo XVIII ya está anticuada, no es científica,
es ingenua, etc. No hay nada peor que estos sofismas pretendidamente sabios
que encubren la pedantería o la completa incomprensión del marxismo. Claro
está que en las obras ateas de los revolucionarios del Siglo XVIII hay no pocos
elementos no científicos e ingenuos. Pero nadie impide a los editores de estas
obras abreviarlas y proveerlas de sucintos epílogos señalando el progreso que
la humanidad ha alcanzado en la crítica científica contra la religión desde fines
del Siglo XVIII y se enumeren las respectivas obras nuevas, etc. Sería un gran
error, uno de los más graves errores que pueda cometer un marxista, el pensar
que los muchos millones de las masas populares (sobre todo, de campesinos y
artesanos), condenadas por la sociedad contemporánea a permanecer en el
oscurantismo, en la ignorancia y llenas de prejuicios, puedan salir de la oscuri-
dad únicamente por la línea recta de la ilustración puramente marxista. Es
necesario dar a dichas masas el más variado material de propaganda atea, ha-
cerles conocer los hechos de las más variadas ramas de la vida, abordarlas de
una y otra manera a fin de interesarlas, de sacudirlas en todos los aspectos, a
fin de despertarlas del letargo religioso, empleando, para ello, los más distintos
procedimientos, etc.

Las publicaciones agudas y amenas de los viejos ateos del Siglo XVIII escritas
con talento, que atacan ingeniosa y abiertamente al oscurantismo clerical do-
minante, resultarán, a cada paso, mil veces más adecuadas para despertar a la
gente del letargo religioso que las exposiciones aburridas del marxismo, secas,
no ilustradas casi con ningún hecho bien seleccionado, exposiciones que pre-
valecen en nuestra literatura y que, con frecuencia (hay que confesarlo), tergi-
versan el marxismo. Ya están traducidas al ruso todas las obras de alguna im-
portancia de Marx y Engels. No hay absolutamente motivo alguno para temer
que el viejo materialismo y el viejo ateísmo queden sin complementar con las
correcciones aportadas por Marx y Engels. Lo más importante —lo que preci-
samente olvidan con mayor frecuencia nuestros comunistas seudomarxistas, en
realidad deformadores del marxismo— es saber despertar a las masas, todavía
incultas, en la actitud consciente ante las cuestiones religiosas y en la crítica
__________
[*] Véase F. Engels, "La literatura de emigrado". (Marx y Engels, Obras Completas, t. XVIII).

199
consciente de las religiones.

Por otra parte, fijaos en los representantes de la moderna crítica científica de


las religiones. Casi siempre estos representantes de la burguesía ilustrada
"complementan" sus propias refutaciones de los prejuicios religiosos con tales
raciocinios, que los desenmascaran inmediatamente como esclavos ideológicos
de la burguesía, como "lacayos diplomados del clericalismo".

2 ejemplos. El profesor R. I. Vípper editó en 1918 un folleto titulado El origen


del cristianismo (Ed. Faros, Moscú). Al exponer los principales resultados
obtenidos por la ciencia moderna, no sólo no combate los prejuicios y el enga-
ño que constituyen el arma de la Iglesia como organización política, no sólo
elude hablar de estas cuestiones, sino que declara abiertamente una pretensión
ridícula y de las más reaccionarias, la de elevarse por encima de ambos "ex-
tremos": tanto del idealismo como del materialismo. Esto no es más que servi-
lismo a la burguesía dominante, la cual emplea en todo el mundo centenares de
millones de rublos de las ganancias que extrae de los trabajadores para apoyar
a la religión.

El conocido sabio alemán Arthur Drews refuta en su libro El mito de Cristo los
prejuicios y leyendas religiosos, de muestra que en el mundo no ha existido
Cristo alguno, y al final del mismo se manifiesta a favor de la religión, pero de
una religión algo renovada, refinada, artificiosa, capaz de contrarrestar "el
torrente naturalista que aumenta a diario más y más" (página 238 de la cuarta
edición alemana, 1910). Este es un reaccionario franco, consciente, que ayuda
abiertamente a los explotadores a que sustituyan los viejos y putrefactos pre-
juicios religiosos por otros nuevecitos, todavía más asquerosos y viles.

Esto no significa que no haya que traducir la obra de Drews. Esto significa que
los comunistas y todos los materialistas consecuentes deben, al mismo tiempo
que realizan en cierta medida su alianza con la parte progresista de la burgue-
sía, desenmascararla sin reserva cuando ésta se desliza a la reacción. Esto
significa que rehuir la alianza con los representantes de la burguesía del Siglo
XVIII, es decir, de la época en que ésta era revolucionaria, equivaldría a la
traición al marxismo y al materialismo, puesto que la "alianza" con los Drews,
en una u otra forma, en mayor o menor grado, es obligatoria para nosotros en
la lucha contra los oscurantistas religiosos dominantes.

La revista Pod Známeniem Marxizma, que se propone ser el órgano de prensa


del materialismo militante, debe dedicar mucho espacio a la propaganda atea, a
la información sobre la literatura respectiva y subsanar las enormes faltas de
nuestra labor estatal en este terreno. Es especialmente importante el utilizar
libros y folletos que contengan muchos hechos concretos y comparaciones, que

200
demuestren la relación existente entre los intereses de clase y las organizacio-
nes de clase de la burguesía moderna, por un lado, y las organizaciones de las
instituciones religiosas y de la propaganda religiosa, por el otro.

Son extraordinariamente importantes todos los materiales que se refieren a los


Estados Unidos de América del Norte, donde se revela, en grado menor, la
relación oficial, gubernamental, de Estado, entre la religión y el capital. Pero,
en cambio, se nos hace más evidente que la llamada "democracia moderna"
(ante la cual los mencheviques, los eseristas y, en parte, los anarquistas, etc., se
rompen la frente prosternándose con tanta insensatez) no representa en sí otra
cosa que la libertad de predicar lo que convenga a la burguesía, y a ésta le
conviene predicar las ideas más reaccionarias, la religión, el oscurantismo, la
defensa de los explotadores, etc.

Quisiera abrigar la esperanza de que la revista, que se propone ser el órgano de


prensa del materialismo militante, ofrecerá a nuestros lectores un comentario
de la literatura atea, con unas referencias que indiquen para qué círculos de
lectores y en qué sentido podrían ser adecuadas tales o cuales obras, y mencio-
nando qué ha sido publicado en nuestro país (sólo las traducciones decorosas,
que no son muchas) y qué debería publicarse.

Además de la alianza con los materialistas consecuentes que no estén afiliados


al Partido Comunista, no es de menor importancia, sino quizá de mayor aún,
para la labor que el materialismo militante debe realizar, la alianza con los
representantes de las Ciencias Naturales modernas que tiendan al materialismo
y no teman defenderlo ni predicarlo contra las vacilaciones filosóficas en boga,
que se inclinan hacia el idealismo y el escepticismo, predominantes en la lla-
mada "sociedad instruida".

El artículo de A. Timiriázev sobre la teoría de la relatividad de Einstein, publi-


cado en el número 1-2 de Pod Známeniem Marxizma, permite abrigar la espe-
ranza de que la revista logre también realizar esta segunda alianza. Es necesa-
rio dedicarle a esta última mayor atención. Hay que recordar que, precisamente
del brusco viraje por el que en la actualidad pasan las Ciencias Naturales mo-
dernas, surgen a cada paso las escuelas y escuelillas filosóficas, las tendencias
y subtendencias filosóficas reaccionarias. Por lo tanto, seguir de cerca los
problemas que la novísima revolución en la esfera de las Ciencias Naturales, y
atraer a esta labor de la revista filosófica, a los naturalistas, es una tarea sin
cuya solución el materialismo militante no puede ser, en modo alguno, ni mili-
tante ni materialismo. Timiriázev se vio obligado a hacer la reserva en el pri-
mer número de la revista de que a la teoría de Einstein —quien, según dice

201
Timiriázev, no ha emprendido personalmente ningún ataque activo contra las
bases del materialismo—, ya se aferraron un gran número de intelectuales
burgueses en todos los países, esto se refiere no sólo a Einstein, sino a toda una
serie, quizás a la mayoría, de los grandes transformadores de las ciencias natu-
rales, a partir de fines del Siglo XIX.

Y para no abordar semejante fenómeno de un modo inconsciente, debemos


comprender que sin una sólida fundamentación filosófica ningunas Ciencias
Naturales, ningún materialismo podrían soportar la lucha contra el empuje de
las ideas burguesas y el restablecimiento de la concepción burguesa del mun-
do. Para soportar esta lucha y llevarla a cabo con pleno éxito hasta el fin, el
naturalista debe ser un materialista moderno, un partidario consciente del ma-
terialismo representado por Marx, es decir, debe ser un materialista dialéctico.
Para obtener este fin, los colaboradores de la revista Pod Známeniem Marxiz-
ma deben organizar el estudio sistemático de la dialéctica de Hegel desde el
punto de vista materialista, es decir, de aquella dialéctica que Marx aplicó
también prácticamente en su obra El Capital y en sus otras obras históricas y
políticas, con tal éxito, que en la actualidad cada día del despertar de las nue-
vas clases a la vida y a la lucha en el Oriente (el Japón, la India, China) —es
decir, de aquellos centenares de millones de hombres que constituyen la mayo-
ría de la población del globo y que hasta ahora con su inactividad y letargo
históricos eran causa del estancamiento y de la putrefacción de muchos Esta-
dos adelantados de Europa—, cada día del despertar a la vida de nuevos pue-
blos y de nuevas clases confirma, cada vez más y más, el marxismo.

Naturalmente, la labor dedicada a tal estudio, a tal interpretación y a tal propa-


ganda de la dialéctica de Hegel es sumamente difícil y, sin duda, los primeros
intentos en este sentido se verán acompañados por errores. Pero únicamente
quien no hace nada no se equivoca. Basándose en el modo como Marx aplica-
ba la dialéctica de Hegel, concebida de una manera materialista, podemos y
debemos desarrollar esta dialéctica en todos sus aspectos, publicar en la revista
fragmentos de las principales obras de Hegel, interpretarlas de un modo mate-
rialista, comentándolas con ejemplos de la aplicación de la dialéctica por Marx
y también con ejemplos de la dialéctica aplicada al terreno de las relaciones
económicas y políticas, ejemplos que la historia contemporánea, sobre todo la
guerra imperialista y la revolución actuales, nos ofrecen en cantidad extraordi-
nariamente abundante. El grupo de redactores y colaboradores de la revista
Pod Známeniem Marxizma, a mi parecer, debe constituir algo así como una
"sociedad de amigos materialistas de la dialéctica hegeliana". Los naturalistas
modernos encontrarán (si saben investigar y si nosotros aprendemos a ayudar-
les en ello) en la interpretación materialista de la dialéctica de Hegel una serie
de respuestas a las cuestiones filosóficas que plantea la revolución en las Cien-

202
cias Naturales y con las cuales "caen" en la reacción los admiradores intelec-
tuales de las modas burguesas.

Sin plantearse semejante tarea y sin cumplirla sistemáticamente, el materialis-


mo no puede ser materialismo combativo. Seguirá siendo, empleando una
expresión de Schedrín, no tan combativo, como combatido[*]. Sin ello, los
grandes naturalistas seguirán siendo, con tanta frecuencia como hasta ahora,
impotentes en sus conclusiones y generalizaciones filosóficas, ya que las cien-
cias naturales progresan con tanta rapidez, atraviesan un período de tan pro-
fundo viraje revolucionario en todas las ramas, que no pueden pasarse de nin-
guna manera sin las conclusiones filosóficas.

En conclusión, citaré un ejemplo que no se refiere al terreno de la filosofía,


pero que, en todo caso, se refiere al de las cuestiones sociales, a las que Pod
Známeniem Marxizma también quiere prestar atención.

Este es uno de los ejemplos de cómo la seudociencia de nuestros días, en reali-


dad, sirve de vía para los conceptos reaccionarios más groseros e ignominio-
sos.

Hace poco me enviaron el N° I de la revista Ekonomist (1922), editada por la


XI sección de la "Sociedad Técnica Rusa". El joven comunista que me la envió
(seguramente no ha tenido tiempo de conocer el contenido de la revista) im-
prudentemente expresó por la revista mucha simpatía. En realidad, esta revista
es, no sé en qué medida conscientemente, un órgano de prensa de los feudales
modernos que, naturalmente, se encubren con el manto de la ciencia, de la
democracia, etc.

Cierto señor P. A. Sorokin publica en dicha revista un extenso estudio "socio-


lógico" titulado Acerca de la influencia de la guerra. El artículo científico está
lleno de citas científicas de los trabajos "sociológicos" del autor y de sus nu-
merosos maestros y cofrades del extranjero. He aquí una muestra de su sabidu-
ría.

En la página 83 leo:
"En la actualidad, de cada 10,000 matrimonios en Petrogrado hay 92.2 divorcios, una cifra
fantástica; además, de cada 100 casos de divorcio el 51.1 de los matrimonios duraron menos
de un año, el 11%, menos de un mes, el 22%, menos de 2 meses, el 41%, menos de 3-6 meses
y sólo el 26 duraron más de 6 meses. Estas cifras testimonian que el matrimonio legal mo-
derno es una forma que, en realidad, encubre las relaciones sexuales extramatrimoniales y que
ofrece la posibilidad a los amantes 'de la manzana' de satisfacer de un modo 'legal' sus apeti-
tos" (Ekonomist, núm. 1, pág. 83).
__________
[*] Véase la novela de Saltikov-Schedrín La historia de una ciudad.

203
No cabe duda que tanto dicho señor, como esa Sociedad Técnica Rusa que
edita la revista mencionada, publicando en ella semejantes raciocinios, se con-
sideran a sí mismos partidarios de la democracia y tomarán por grandísima
ofensa el que se les llame por el nombre que en la realidad se merecen, es decir
feudales, reaccionarios, "lacayos diplomados del clericalismo".

El más mínimo conocimiento de la legislación de los países burgueses con


respecto al matrimonio, divorcio e hijos naturales, así como de la situación real
a este respecto, mostrará a cualquiera que se interese por esta cuestión que la
democracia burguesa moderna, incluso en todas las repúblicas burguesas más
democráticas, se revela, precisamente en este sentido, como feudal con respec-
to a la mujer y a los hijos naturales.

Esto, claro está, no impide a los mencheviques, a los eseristas y a una parte de
los anarquistas, y a todos los correspondientes partidos en el Occidente, conti-
nuar gritando acerca de la democracia y de la violación de la misma por parte
de los bolcheviques. En realidad, la única revolución consecuentemente demo-
crática con respecto a cuestiones como las del matrimonio, el divorcio y la
situación de los hijos naturales, es, precisamente, la revolución bolchevique. Y
ésta es una cuestión que atañe de un modo muy directo a los intereses de más
de la mitad de la población de cualquier país. Sólo la revolución bolchevique,
por primera vez, a pesar de la enorme cantidad de revoluciones burguesas que
la precedieron y que se llamaban democráticas, ha llevado a cabo una lucha
decidida en dicho sentido, tanto contra la reacción y el feudalismo como contra
la hipocresía habitual de las clases pudientes y gobernantes.

Si los 92 divorcios, en proporción a 10,000 matrimonios, le parecen una cifra


fantástica al señor Sorokin, nos queda por suponer que el autor o bien ha vivi-
do y se ha educado en algún monasterio tan alejado de la vida que es dudoso
que alguien crea en la existencia de tal monasterio, o bien dicho autor tergiver-
sa la verdad para complacer a la reacción y a la burguesía. Cualquiera que
conozca, por poco que sea, las condiciones sociales de los países burgueses,
sabrá que el número real de los divorcios reales (naturalmente, no sancionados
por la Iglesia y por la ley) es, en todas partes, inconmensurablemente más
grande. En este sentido, Rusia sólo se distingue de otros países en que sus
leyes no santifican la hipocresía y la carencia de derecho de la mujer y su hijo,
sino que declaran abiertamente y en nombre del Poder del Estado una guerra
sistemática a toda hipocresía y toda falta de derechos.

La revista marxista tendrá que hacer la guerra también a semejantes feudales


"cultos" de nuestros tiempos. Seguramente, una parte no pequeña de ellos
incluso reciben honorarios del Estado y están al servicio del Estado ilustrando
a la juventud, a pesar de que sirven para tales fines en un grado no mayor del

204
que servirían degenerados manifiestos para desempeñar el cargo de pasantes
en instituciones de enseñanza para menores.

La clase obrera de Rusia supo conquistar el Poder, pero no ha aprendido toda-


vía a utilizarlo, puesto que, en caso contrario, hace ya mucho que habría en-
viado, lo más cortésmente posible, a semejantes pedagogos y miembros de
sociedades científicas a los países de la "democracia" burguesa. Allí es el lugar
más adecuado para semejantes feudales.

Pero ya aprenderá, si es que desea aprender.

12 de marzo de 1922.

Pod Známeniem Marxizma,


núm. 3, marzo de 1922.
Firmado: N. Lenin.

Obras Completas,
tomo 45.

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