Escuela Superior de Ingeniería
Mecánica y Eléctrica Unidad Zacatenco
(ESIME)
Análisis de circuitos eléctricos
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- Diego Martinez Montes 1
Historia de la ingeniería eléctrica
“Los ingenieros acuden a la vida pública como lo que son, como hombres de ciencia y técnica
que aportan al gobierno lo que es su haber: el conocimiento, y le piden a éste que, en lugar de
orientar las leyes con el viento de los discursos, las alimenten con el acervo de minuciosos y
meditados estudios”
José Ortega y Gasset
Historia de la ingeniería en México
La historia del desarrollo económico y social de México, como el de las demás naciones, está
íntimamente ligada a la cobertura y calidad de la educación y al diseño, desarrollo e
instrumentación de las soluciones de su ingeniería.
En las ciudades contemporáneas, la ingeniería está presente en prácticamente cualquier lugar
en el que posemos la vista. La encontramos también de manera conspicua en el campo y en los
esfuerzos de preservación de parques y reservas naturales.
En los momentos del bien hacer público en nuestro país, la inversión se ha dirigido a crear las
condiciones del desarrollo, asignando recursos a mejorar la calidad y cobertura de la educación,
identificando y desarrollando proyectos de infraestructura, tanto de gran envergadura (vías
férreas, autopistas, grandes presas y la nucleoeléctrica) como de tecnología intermedia (obras
de pequeña irrigación, dotación de agua potable y alcantarillado en pequeños poblado y caminos
rurales) que han sido generadores de empleo, alimentos, salud y bienestar.
El trabajo de los ingenieros está presente en la edificación de viviendas, hospitales, escuelas y
centros comunitarios; vías férreas y carreteras que unen todas las ciudades y en la gran mayoría
de las pequeñas comunidades; energía eléctrica para operar los sistemas de transporte colectivo
citadinos, activar luminarias, refrigeradores, aspiradoras, aire acondicionado, teléfonos,
televisores y radios; bombas hidráulicas que llevan agua a nuestros hogares y desalojan los
desechos en los drenajes; petróleo que mueve modernos ingenios como barcos, aviones,
automóviles, camiones, tractores y segadoras; petroquímicos y plásticos omnipresentes en
muebles, ropa, pinturas, recubrimientos y un sinfín de productos adicionales.
Las primeras academias de ciencias
El proceso de reconocimiento y desarrollo del talento como actividad relevante del Estado hizo
posible que, en Inglaterra, en 1660, Charles II creara la Royal Society y que en 1663 se
estableciera la prestigiosa Laucasian Chair (cuyo segundo ocupante fue Isaac Newton y el último
es Steven Hawkings) en la Universidad de Cambridge. En 1666 en Francia, el ministro Colbert
crea la Académie des Sciences de Paris a la que en 1699 Luis XIV le confiere su reglamento. La
Academia Prusiana de Ciencias, La Preußische Sozietät der Wissenschaften, fue establecida en
Berlín en julio de 1700 por el príncipe elector Federico III de Brandemburgo por recomendación
de Gottfried Leibniz, quien fue su primer presidente. En 1701, al ser coronado Federico como Rey
de Prusia, la academia cambio su nombre por Königlich Preußische Sozietät der Wissenschaften.
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El Colegio de Minería, además de distinguirse por ser la primera casa de las ciencias en México,
como la llamó el médico José Joaquín Izquierdo, destacó por ser la cuna de importantes
instituciones científicas como el Instituto de Geofísica, el Instituto de Matemáticas, la Facultad de
Ciencias, el Instituto de Geología, el Instituto de Química, el Instituto de Ingeniería, y la Facultad
de Ingeniería, por mencionar sólo algunas dentro de la Universidad Nacional Autónoma de
México.
En 1867 Benito Juárez transformó el Colegio de Minería en la Escuela Especial de Ingenieros
que luego sería la Escuela Nacional de Ingenieros (ENI) preocupada por vincular a las nuevas
profesiones con las actividades económicas, especialmente con el ferrocarril, cuyos planes de
estudio se incluyen las carreras de Ingeniero Civil, de Minas, Mecánico, Electricista, a las que
pronto siguen las de Topógrafo, Hidrógrafo y Agrimensor.
En México durante el porfiriato (1876-1911) las ramas de la ingeniería para actividades
industriales, como la de ingeniero mecánico, electricista e industrial casi desaparecieron. Durante
ese período se titularon alrededor de 448 ingenieros, cuyo mayor número fue entre 1891 y 1910,
es decir, durante gran parte de la construcción de la infraestructura. La construcción de líneas
férreas fue una oportunidad perdida para el desarrollo de la ingeniería mexicana. Los mejores
vínculos para la formación de ingenieros mexicanos fueron alcanzados con las obras públicas y
la industria después de 1930. Además, las prioridades gubernamentales estaban en otras áreas,
ya que entre 1901 y 1927 el 37% de los graduados en escuelas universitarias en México fueron
abogados, en cambio los ingenieros sólo alcanzaron un 17%.
Con el surgimiento de la industria eléctrica y con la mayor demanda de ingenieros, tanto por parte
de la Secretaría de Fomento como de la Caja de Préstamos, se había creado la cátedra de
hidráulica. En sus apuntes autobiográficos Alberto J. Pani recuerda que, al impartir la materia de
Vías Fluviales y Obras Hidráulicas, ponía mucho énfasis en la importancia de la construcción de
obras de irrigación, tanto por la conveniencia que éstas tenían en el desarrollo del país, como
“por la perspectiva que ofrecían a las futuras actividades profesionales...”
Con la llegada del General Lázaro Cárdenas al poder político, la renovada nación se vio
impulsada por un fuerte deseo de progreso, heredado de los ideales revolucionarios y de la lucha
social terminada pocos años atrás. El proyecto cardenista proponía el urgente desarrollo industrial
del país. Para tales efectos, era necesario contar con cuadros tanto de obreros como de técnicos
y profesionistas que aportaran el capital humano de origen nacional. Para 1932 el Secretario de
Educación Pública, Narciso Bassols Batalla, planteó la necesidad de organizar un sistema de
enseñanza técnica apoyado por los ingenieros Luis Enrique Erro y Carlos Vallejo Márquez. Los
tres establecieron las bases y los objetivos para la creación de una escuela politécnica. Mediante
decreto presidencial publicado en el Diario Oficial de la Federación, el 1 de enero de 1936 fue
creado el IPN, que se formó como una gran institución originada por la integración de variadas
escuelas de diversos campos, que hasta ese momento habían trabajado de manera
independiente. Entre tales escuelas estaban la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y
Eléctrica (ESIME) y la Escuela Superior de Construcción. Las instalaciones que albergarían a la
nueva institución fueron erigidas en el casco de la ex hacienda de Santo Tomás
Instituto de Investigaciones Eléctricas
Apareció en el año 2000, con motivo de la edición especial de los 25 años de su fundación. En la
década de los sesenta, en cuyo inicio se produjo la nacionalización de la industria eléctrica, la
Comisión Federal de Electricidad se expandió rápidamente. Se obtuvieron importantes logros con
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la integración de las empresas suministradoras de energía eléctrica, la unificación de frecuencia
en todo el país y la construcción de grandes centrales. La demanda eléctrica crecía
aceleradamente y se vislumbraba un ambicioso plan de construcción de hidroeléctricas,
termoeléctricas e incluso de la nucleo- eléctrica de Laguna Verde. Para algunos eran los tiempos
en que la ingeniería civil mexicana había llegado a su punto más alto. Ahora se impulsaba el
fortalecimiento de la ingeniería mecánica y de la eléctrica. Un aspecto quedaba pendiente dentro
de los esfuerzos para encarar con mejores armas el crecimiento acelerado de la demanda de
energía eléctrica: tecnología propia.
Con el fin de desarrollarla, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) había creado en 1966 el
Instituto de Investigaciones de la Industria Eléctrica (IIIE), que operaba como un departamento
interno. Sin embargo, varios ingenieros de renombre, entre ellos Manuel Moreno Torres y
Fernando Hiriart Balderrama, así como otros grupos de especialistas de la Comisión, e incluso
investigadores del IIIE, consideraban necesaria una entidad autónoma que no sólo se dedicaría
al desarrollo tecnológico, sino que propiciaría incluso la transferencia de tecnologías necesarias
a la industria nacional de manufacturas eléctricas.
la idea de la creación del Instituto de Investigaciones Eléctricas: “Cuando llegamos a la CFE, yo
como subdirector, y Manuel Moreno Torres como director, surgió la idea de instalar un laboratorio
hidráulico”. Estas palabras surgen de los labios del ingeniero Fernando Hiriart Balderrama,
pionero de la ingeniería civil mexicana, miembro fundador del Instituto de Ingeniería de la
Universidad Nacional Autónoma de México (IIUNAM) y director de la Comisión Federal de
Electricidad de 1983 a 1987. “En esa época –continúa–, el Departamento de Ingeniería
Experimental funcionaba muy bien y llegamos a la conclusión de que, si se pensaba integrar un
nuevo grupo, resultaría mejor optar por algo enfocado a las cuestiones eléctricas y mecánicas y
no a la ingeniería civil. Recuerdo muy bien que Manuel Moreno Torres le encargó estudiar este
asunto al ingeniero René Fernández Niño, quien propuso crear un instituto.” Sin embargo –
prosigue el ingeniero Hiriart – vino un cambio de sexenio y la idea quedó pendiente. Resurgió y
se convino formar el Instituto de Investigaciones de la Industria Eléctrica, que empezó a funcionar
en 1966 como un departamento.”
“La idea del Instituto surgió de pláticas dentro de un grupo en el que junto conmigo participaban
los ingenieros Fernando Hiriart, Raúl Marsal y Juan Morcos. Se planteaba un concepto similar al
Instituto de Ingeniería, que había surgido de los trabajos de la Secretaría de Recursos Hidráulicos,
cuyos laboratorios de modelos se ubicaban en Tecamachalco. El ingeniero Hiriart fue uno de los
promotores del Instituto de Ingeniería y se pensaba que convendría una institución de desarrollo
tecnológico similar asociada a la CFE.” El ingeniero Eibenschutz cuenta que, por esas épocas
entre Guillermo Martínez Domínguez, director de la CFE, y Jesús Reyes Heroles, director de
Pemex, existía una especie de competencia por impulsar grandes proyectos.
” La intención inicial de crear un instituto – agrega Eibenschutz – cristalizó en un departamento
sin autonomía que luego se integró al Laboratorio de la CFE. Había programas de investigación
y desarrollo con distintas modalidades: hidrología, que era un tema de moda, estructuras,
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energéticos, impactos ambientales y geotermia. 135” La ingeniería mexicana había logrado muy
buenos resultados en mecánica de rocas, análisis estructural y en algunas cuestiones de
hidrología; pero antes de que finalizaran los años sesenta, su competitividad empezaba a
declinar, no por la falta de actividad, sino porque aminoró su tasa de crecimiento. En la
administración de Manuel Moreno Torres se intentó formar las empresas mexicanas de ingeniería
para promover el diseño de las obras electromecánicas comprendidas en el Programa de Obras
e Inversiones del Sector Eléctrico (POISE) con firmas nacionales. Sin embargo, la idea no
fructificó y se optó por promover asociaciones de empresas mexicanas de ingeniería con firmas
extranjeras.
Páginas de consulta
Ingeniería Eléctrica Electrónica, dirección web: http://ieefiunam.blogspot.com/2009/06/historia-
de-la-generacion-de-
energia.html#:~:text=La%20generación%20de%20energía%20eléctrica%20inició,a%20fines%2
0del%20siglo%20XIX.&text=Para%201910%20eran%2050%20MW,la%20planta%20Necaxa%2
C%20en%20Puebla.
Historia de la ingeniería eléctrica, dirección web: https://ingenierobeta.com/historia-de-la-
ingenieria-electrica/
Libros de consulta
“Manual Técnico de instalaciones eléctricas en baja tensión”, Condumex, Octava Edición,
2015.