¿Matan
los móviles la lectura? (1/6)
Foto: R. Mohr
Leemos mucho, pero atropelladamente, en pantallas… Los expertos
advierten de que eso dificulta nuestra capacidad para comprender y
profundizar. Y de que está cambiando nuestro cerebro. ¿Podemos hacer
algo para evitarlo? Por Carlos Manuel Sánchez
¿Cuándo fue la última vez que se sumergió en un libro de tal manera que se
olvidó del mundo a su alrededor, devorando páginas ensimismado? ¿Recuerda
esa última vez que leyó sin prisa, sin interrupciones, sin distraerse? ¿Esa vez
que leyó por placer?
Maryanne Wolf no la recuerda. Wolf es una neurocientífica de 68 años que
lleva toda su vida profesional dedicada a investigar los trastornos de la lectura.
Dirige el centro para la dislexia, alumnos diversos y justicia social de la
Universidad de UCLA (Los Ángeles) y el centro para la adquisición de la lectura
y el lenguaje de la Universidad Tufts (Boston). Y es una lectora compulsiva…
Sin embargo, reconoce que cada vez le cuesta más leer varias páginas de un
tirón o acabarse un libro. Preocupada, intentó releer una de sus novelas
favoritas: El juego de los abalorios, de Hermann Hesse. No pudo. Le pareció
insufriblemente lenta. Y lo que es peor: su lectura le demandaba una atención
total y un sosiego que le resultaban imposibles de mantener. «Me di cuenta de
que ya no leo para disfrutar, solo para informarme. He cambiado la manera de
acercarme a un texto. Ahora leo superficialmente, he ganado mucha velocidad,
pero he perdido la capacidad para asimilar niveles de comprensión más
profundos, lo que me obliga a volver atrás y releer cada frase compleja. Y eso
aumenta mi frustración», explica.
El trastorno también afecta a los lectores avezados
Wolf padece lo que los expertos llaman ‘impaciencia cognitiva‘. Y no es la
única en sufrirla. Se trata de un trastorno que tiene visos de convertirse en
epidemia. Afecta sobre todo a las nuevas generaciones de nativos digitales,
pero también a los lectores avezados.
¿Qué está pasando? Wolf y otros estudiosos creen que los nuevos formatos
digitales -el móvil, la tableta, el libro electrónico…- imponen una manera de
leer a saltos, echando vistazos rápidos, pulsando enlaces, que está limitando
nuestra capacidad para la lectura profunda. Y no solo eso. Esta nueva forma de
leer está reacondicionando nuestro cerebro.