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Tema 3

El documento describe la formación y expansión de la Monarquía Hispánica entre 1474 y 1700. Los Reyes Católicos unieron los reinos de Castilla y Aragón y crearon un Estado autoritario centralizado, limitando el poder de la nobleza. Durante el siglo XVI, el Imperio Hispánico alcanzó su máximo esplendor bajo Carlos I, controlando territorios en Europa, América y el norte de África. Sin embargo, los constantes conflictos militares con Francia, el Imperio Otomano y los Estados protestantes ag
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Tema 3

El documento describe la formación y expansión de la Monarquía Hispánica entre 1474 y 1700. Los Reyes Católicos unieron los reinos de Castilla y Aragón y crearon un Estado autoritario centralizado, limitando el poder de la nobleza. Durante el siglo XVI, el Imperio Hispánico alcanzó su máximo esplendor bajo Carlos I, controlando territorios en Europa, América y el norte de África. Sin embargo, los constantes conflictos militares con Francia, el Imperio Otomano y los Estados protestantes ag
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TEMA 3 – LA FORMACIÓN DE LA MONARQUÍA HISPÁNICA Y SU EXPANSIÓN

MUNDIAL (1474 – 1700)

ÍNDICE
1. Introducción
2. Los Reyes Católicos y la formación del Estado autoritario
3. El siglo XVI y el auge de la Monarquía Hispánica
4. La decadencia del Imperio: los Austrias Menores
5. Evolución demográfica y socioeconómica en los siglos XVI y XVII.
6. Conclusiones

1. Introducción

Los siglos XVI y XVII coinciden con el reinado de los monarcas de la Casa de Habsburgo,
popularmente conocidos como “los Austrias”. Durante dichos reinados, los aislados reinos
de la península ibérica se van a convertir en la potencia hegemónica del mundo,
controlando un vasto imperio donde nunca se ponía el Sol: (América, Castilla, Aragón,
Nápoles, Sicilia y Flandes, además de los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico
en época de Carlos I). Tradicionalmente, el siglo XVI se ha considerado el auge de la
Monarquía Hispánica y el XVII su decadencia, pero lo cierto es que ambos forman parte del
mismo momento histórico, caracterizado por un descomunal esfuerzo bélico que nunca
dejará de sangrar la Hacienda Imperial.

2. Los Reyes Católicos y la formación del Estado Autoritario

Los últimos momentos del reinado de Enrique IV de Castilla generaron un grave conflicto
sucesorio entre su hermana Isabel y su hija Juana, apodada la Beltraneja por ser
supuestamente su padre biológico el favorito del rey, Beltrán de la Cueva, debido a los
problemas para engendrar hijos del monarca. En esta situación, Enrique IV proclamó
primero heredera a su hermana a través del Pacto de los Toros de Guisando (1468), pero
tras casarse esta con Fernando de Aragón sin su consentimiento, el monarca se replanteó
su postura, nombrando heredera a Juana.

La muerte de Enrique IV desatará la Guerra de Sucesión castellana entre ambas


herederas. Isabel estuvo apoyada por Aragón, mientras que la Beltraneja contrajo
matrimonio con Alfonso V de Portugal, quien actuará como garante de sus derechos
dinásticos. El conflicto concluirá, tras las victorias de Isabel en las batallas de Toro (1476)
y Albuera (1479), con el tratado de Alcaçovas (1479), en el que Alfonso V reconocía a
Isabel como reina de Castilla a cambio de que esta no interviniese en el África atlántica,
exceptuando las islas Canarias.

Ese mismo año, Fernando se convertía en rey de Aragón tras la muerte de su padre,
comenzando con ello el reinado efectivo de los Reyes Católicos y produciéndose la Unión
Dinástica de los reinos peninsulares. Hay que tener en cuenta que ambos reinos solo
tenían en común el soberano, manteniendo cada uno de ellos sus normas e instituciones.

El aspecto más destacado de este reinado fue la creación del Estado Moderno, con la
existencia de una Monarquía Autoritaria, en la que el poder de los reyes fuese verdadero,

1
limitando el poder de la nobleza, que tantos problemas había provocado desde el reinado
de Enrique II. Así, los nobles se vieron obligados a devolver castillos y plazas usurpadas
durante la guerra civil, y se llevó a cabo una revisión general de las mercedes concedidas a
cada uno de ellos.

Las principales características de este Estado Moderno fueron:

● Creación de un ejército permanente al servicio de la Corona (antes los soberanos


tenían que recurrir a los nobles para ir a la guerra).
● Reorganización de la administración, ejerciéndose el poder a través de un complejo
sistema de Consejos, que recibe el nombre de sistema polisinodial. Dentro de ellos
debemos destacar el Consejo Real, que asesora a la Monarquía, y que está
integrado por letrados y técnicos, apartando por tanto de él a los nobles.
● Judicialmente, se crearon las Chancillerías, siendo los reyes los jueces supremos
(antes, la nobleza podía ejercer la justicia en sus dominios, aunque en Aragón
mantendrán parte de ese poder).
● Para sufragar este nuevo modelo (ejército, funcionarios, se reorganizaron las
finanzas, ampliando los tributos y mejorándose la recaudación de impuestos con la
creación de la Contaduría Real de Hacienda.
● A nivel religioso, se consiguió del Papa el derecho de presentación de los
obispos1 , con el que se aseguraban su sumisión al poder real.
● En 1478 se creaba la Inquisición2 , que junto con la expulsión de los judíos en 1492
y la conversión forzosa de los musulmanes en 1502 ayudó a la unificación religiosa
de los reinos peninsulares.
● Por último, se controló a la incipiente burguesía a través de la figura del
Corregidor, una especie de alcalde designado por el rey para gobernar las ciudades
y velar por los intereses de la Corona.

Lo que sí provocó la unión dinástica fue una política militar común, que se tradujo en el
inició de la guerra de Granada en 1482, que permitió a los reyes demostrar su capacidad
para liderar este nuevo modelo de ejército profesional, asalariado, y bajo mando directo de
la monarquía. Tras la conquista de importantes plazas como Ronda (1485) y Málaga (1487),
Boabdil finalmente entregaba Granada en enero de 1492.

Entre 1483 y 1496 se produjo la consquista de las Islas Canarias, mientras que la unión de
los territorios peninsulares se completó con la conquista de Navarra por parte de Don
Fernando en 1512, quedando esta unida a la Corona de Castilla. Fuera de la península,
destacaron la defensa de Nápoles contra Francia o las expediciones castellanas en el norte
de África, para garantizar la seguridad del Mediterráneo frente a berberiscos y otomanos, y
que llevaron a la conquista de Melilla, Orán y Trípoli.

1
Los reyes presentaban una lista de candidatos afines para los altos cargos eclesiásticos, de entre la
que el Papa elegía finalmente.
2
La Inquisición era un tribunal eclesiástico creado para mantener el control religioso de los reinos. Se
encargó de vigilar a los judíos y, sobre todo, a los conversos, muchos de los cuales que continuaban
practicando su antigua religión en el ámbito privado. También se encargó de perseguir a todos
aquellos que sostuvieran proposiciones contrarias a los dogmas católicos.

2
Por último, no debemos olvidarnos del Descubrimiento de América, la gran empresa
protagonizada por Cristóbal Colón. Tras los muchos conflictos entre la Monarquía Hispánica
y Portugal (que se solucionaron con la firma del Tratado de Tordesillas en 1494), la
aprobación de esta expedición buscaba una ruta alternativa hacia las Indias y las especias,
un recurso estratégico en el comercio del momento. Así, en abril de 1492 Colón firma con
los Reyes las Capitulaciones de Santa Fe, para partir de Palos de Moguer el 3 de agosto y
llegar al nuevo continente el 12 de octubre. El descubrimiento supuso la llegada a Europa
de nuevos productos como el maíz, el tabaco, el tomate o la patata, así como un incesante
flujo de metales preciosos, aunque también numerosos abusos y una esclavitud encubierta
de los habitantes de esas nuevas tierras.

Tras la muerte de Isabel la Católica en el año 1504 va a convertir en reina a la hija de los
Reyes Católicos, Juana I (Juana la Loca), que había contraído matrimonio con Felipe de
Habsburgo, hijo del emperador Maximiliano y María de Borgoña. Su padre y su esposo
maniobraron para apartarla del trono, inhabilitándola para el gobierno por supuestos
trastornos mentales, y recluyéndola en el castillo de Tordesillas en 1509, donde
permanecera hasta su muerte en 1555.

El hijo de Juana y Felipe no será otro que Carlos I de España, que además de los
territorios pertenecientes a Castilla y Aragón, heredó el patrimonio borgoñón y los derechos
al trono imperial por parte de sus abuelos paternos, convirtiéndose con ello en el monarca
más poderoso de Europa.

3. El siglo XVI y el auge de la Monarquía Hispánica

Política exterior y conflictos internos en el reinado de Carlos I

La gran cantidad de territorios controlados por los monarcas españoles dio lugar a un
ingente número de conflictos bélicos en toda Europa. En época de Carlos I de España y V
de Alemania, los principales focos de oposición fueron Francia, el Imperio Otomano y el
protestantismo alemán.

La rivalidad entre Carlos I y Francisco I de Francia fue absoluta durante todo su reinado,
disputándose constantemente Navarra, Borgoña e Italia, territorios de gran importancia para
la unión terrestre de todos los dominios de la Monarquía Hispánica. En 1525, el francés era
derrotado y capturado en la batalla de Pavía, y liberado solo tras la firma del Tratado de
Madrid. Francisco I sin embargo incumplió los acuerdos y se alió con el Papado contra
Carlos I, lo que provocó que las tropas de este último atacaran y saquearan Roma en 1527
(Saco de Roma).

Con el Islam existía un doble frente, ya que mientras los corsarios norteafricanos
azotaban las costas mediterráneas, la expansión balcánica del Imperio Otomano tras la
victoria contra Luis II de Hungría en Mohács (1526) ponía en peligro los territorios austriacos
de la monarquía. Aunque Viena resistió el asalto turco en dos ocasiones, la flota imperial
tuvo que ceder ante las fuerzas de Solimán el Magnífico, quedando la hegemonía naval en
manos turcas hasta época de Felipe II.

3
Finalmente, el protestantismo iniciado por Martín Lutero en 1517 al clavar sus famosas
95 tesis en la iglesia de Wittemberg cristalizó en una guerra abierta en 1545, coincidiendo
con el inicio del Concilio de Trento. Los príncipes protestantes (que habían formado la Liga
Smalcalda en 1531) fueron derrotados en Mühlberg en 1547, aunque eso no impidió una
nueva rebelión liderada por Mauricio de Sajonia en 1552. Carlos, falto de recursos, no tuvo
más remedio que llegar a un acuerdo con los luteranos en Passau, solucionándose
definitivamente el problema con la firma de la Paz Religiosa de Augsburgo (1555) y el
ascenso al trono imperial de Fernando I, hermano de Carlos, en 1556.

En América, se prudujo una gran expansión con la conquista de los imperios Inca y
Azteca3, en la que los conquistadores españoles aprovecharon las rencillas internas de las
tribus indígenas, además de su superioridad tecnológica e ideológica. El territorio se dividió
en este momento en dos virreinatos (el de Perú y el de Nueva España), y el comercio era
controlado por la Casa de Contratación de Sevilla. Desde algunos sectores de la Iglesia
(como Fray Bartolomé de las Casas) se protestó por el trato dado a los indios por los
encomenderos4, consiguiendo que se aprobasen leyes favorables a los indígenas, aunque
su aplicación siempre fue más bien laxa.

En el interior del país, la influencia de los consejeros flamencos de Carlos I en los primeros
momentos de su reinado provocó un gran descontento en el interior de los reinos
hispánicos. Cuando el monarca se marche a recibir la coronación imperial en 1520 y deje
los reinos en manos de su preceptor Adriano de Utrecht se iniciará el levantamiento
conocido como las Comunidades de Castilla. Los comuneros serían derrotados en 1521
en la batalla de Villalar, donde fueron ejecutados algunos de sus principales líderes como
Francisco Padilla. En los reinos orientales, se produjo un alzamiento en Valencia y Mallorca
entre 1519 y 1523, (las Germanías), en el que las ciudades se opusieron a los malos usos
señoriales y a la importante presencia de población musulmana.

Evolución política del reinado de Felipe II

A diferencia de su padre, Felipe II fue un rey burócrata, que dejó las empresas militares en
manos de la nobleza mientras él gobernaba el Imperio desde Madrid, donde se estableció la
capital en 1561. En esta nueva corte fueron frecuentes los enfrentamientos entre las
diferentes facciones nobiliarias (como los Alba o los Éboli), que tejieron numerosas
intrigas entre las que destaca el caso del Secretario de Estado Antonio Pérez. El monarca
fue acusado de estar personalmente implicado en el asesinato de su hijo Don Carlos, su
esposa Isabel de Valois o el secretario Escobedo, así como de la ejecución de protestantes
en la península y nobles en Flandes (bajo el sangriento mandato del Duque de Alba). Estos
elementos configuraron lo que conocemos hoy como la “Leyenda Negra” del monarca.

En política exterior, la abdicación de Carlos I en 1556 dividió los territorios integrantes


de la monarquía, pasando el título de Emperador al hermano de Carlos, coronado con el

3
Hernán Cortés fue el responsable de la conquista de México, derrotando al Imperio Azteca de
Moctezuma; Francisco Pizarro dirigió la conquista de Perú y el Imperio Inca, liderado por Atahualpa.
4
La Encomienda era una institución que sometía a los indígenas a un europeo (el encomendero), al
que debían entregar regularmente una cantidad establecida de bienes. En la práctica, dio lugar a
numerosos abusos y una situación de esclavitud encubierta.

4
nombre de Fernando I, mientras que todos los demás territorios quedaban en manos de
Felipe II, que también heredó la constante defensa de la hegemonía en Europa.

En primer lugar, iban a continuar los enfrentamientos con Francia. El rey Enrique II, aliado
con el Papado, intentó apoderarse de Nápoles, pero fueron derrotados en San Quintín en
1557 (victoria que motivó la construcción de San Lorenzo del Escorial) y en las Gravelinas,
el francés se vió obligado a firmar la paz de Cateau-Cambresis en 1559.

Sin embargo, el principal escollo del reinado de Felipe II fueron sin duda los Países Bajos,
en rebelión abierta desde 1565. Frente a su padre, nacido en Flandes y políglota, Felipe II
era incapaz de dirigirse a sus nuevos súbditos en su lengua. Esto, unido a los problemas
religiosos con la extensión del calvinismo (que chocaba frontalmente con el catolicismo
del nuevo rey) y los problemas económicos, hicieron estallar la sublevación.

Muchos serán los gobernadores que intentaron aplacarla (el Duque de Alba, Don Juan de
Austria o Alejandro Farnesio), pero los costes bélicos de mantener un ejército tan numeroso
en un territorio tan alejado eran demasiado altos: en 1575, la quiebra de la Hacienda Real y
su incapacidad de pagar a los soldados provocó que estos saquearan la ciudad leal de
Amberes en 1576, lo que complicó aún más la situación.

Otro frente se abrió con el apoyo de Isabel I de Inglaterra a los rebeldes holandeses y el
hostigamiento de los corsarios británicos (Hawkins, Raleigh, Drake…) a los navíos
españoles. Tras años de hostilidades, Felipe comenzó a concebir la “empresa de Inglaterra”,
construyendo una Gran Armada con el objetivo de invadir las islas. Sin embargo, la
superioridad artillera inglesa, la meteorología y la descoordinación entre la flota y los Tercios
de Flandes, que esperaban a ser embarcados, causaron el gran desastre naval de 1588.

Por último, en el Mediterráneo, el esfuerzo de construcción naval y fortificación de las costas


acabará dando sus frutos con la victoria de la flota española, comandada por Don Juan de
Austria, en Lepanto en 1571. Al mismo tiempo, la monarquía tuvo que hacer frente a la
revuelta de los moriscos de la Alpujarra (1568 – 1570), liderados por Aben Humeya.

Precisamente en la lucha contra los musulmanes fallecería el joven rey Sebastián I de


Portugal, lo que acabará provocando la incorporación de dicho territorio a los
dominios de Felipe II en 1581, debido a su herencia materna. Esto significó la realización
plena de la monarquía hispánica, ya que la Corona portuguesa incluía un gran imperio
marítimo (Brasil y numerosos enclaves en África y Asia).

4. La decadencia de la Monarquía Hispánica: los Austrias Menores

El siglo XVII asistió a la decadencia política y económica de la Monarquía Hispánica,


empezando por la decadencia de los propios reyes que, poco interesados en las labores de
gobierno, cedieron la dirección del Estado a hombres de su confianza: los validos. Durante
este siglo se sucederán en el trono Felipe III, Felipe IV y Carlos II, los llamados Austrias
Menores, en contraposición a sus dos antecesores, comúnmente conocidos como los
Austrias Mayores.

5
El reinado de Felipe III y sus validos, los duques de Lerma y Uceda se caracteriza por
una política pacifista. El agotamiento bélico de todas las potencias europeas llevó a la
firma de tratados de paz con Francia e Inglaterra, así como la Tregua de los 12 años con los
Países Bajos. En política interior, la búsqueda de la uniformidad religiosa fue la causa de la
expulsión de los moriscos en 1609, un hecho de nefastas consecuencias económicas.
Por otra parte, el gobierno del duque de Lerma estuvo caracterizado por un elevado nivel de
corrupción, representado a la perfección por el traslado de la corte a Valladolid, su ciudad
natal, en la que poseía numerosas propiedades que vendió a precios muy elevados gracias
a esta nueva situación. Cuando estaba a punto de producirse su caída, Lerma consiguió ser
nombrado cardenal para evitar ser ajusticiado.

El pacifismo sin embargo no era bien visto por la alta nobleza, que lo consideraba un
desprestigio para la monarquía. Así, durante el reinado de Felipe IV y su valido el
conde-duque de Olivares, los reinos hispánicos se vieron de nuevo envueltos en una gran
guerra europea: la Guerra de los Treinta años (1618-1648), iniciada bajo el pretexto de la
defensa del catolicismo frente a los príncipes protestantes. En su transcurso, los invencibles
Tercios españoles fueron derrotados en batallas como Rocroi (1643) o Montijo (1644),
poniendo de manifiesto la decadencia irreversible del Imperio español. La guerra concluyó
con la Paz de Westfalia en 1648, que finiquitó para siempre la hegemonía europea de la
casa de Habsburgo y en la que España tuvo que reconocer la independencia de la
República de Holanda. El enfrentamiento con Francia, no obstante, continuó hasta la Paz de
los Pirineos en 1659, en la que España perderá el Rosellón y la Cerdaña.

Simultáneamente a la Guerra de los Treinta años, Olivares protagonizó un intento de


reforma interior, el Gran Memorial, que pretendía transformar a los territorios de la
Monarquía en un único Estado, con las mismas leyes e instituciones. Sin embargo, la
primera de las medidas de Olivares, la Unión de Armas de 1626, choco frontalmente con
los intereses de los reinos periféricos, que se negaron a perder sus derechos políticos y
económicos. Así, en 1640 se producía la sublevación de Cataluña y Portugal. La primera
fue sometida en 1652, tras 12 años de cruento conflicto, mientras que la segunda
conseguiría independizarse en 1665 tras derrotar a los tercios españoles en Villaviciosa.

El delicado estado de salud y la debilidad de Carlos II se tradujo en una recuperación del


poder de la nobleza, encarnado por la toma del poder por Don Juan José de Austria, hijo
ilegítimo de Felipe IV, que se autoproclamó primer ministro con el apoyo de la aristocracia.
Este reinado también se caracterizó por las constantes derrotas contra la Francia de
Luis XIV, nueva potencia hegemónica del continente, así como el problema sucesorio,
debido a la incapacidad del monarca para engendrar un heredero al trono, algo que
desataría (tras su muerte en 1700) la Guerra de Sucesión, que enfrentó al duque Felipe de
Anjou (nieto de Luis XIV y apoyado por Castilla) contra el archiduque Carlos de Austria (hijo
segundón del emperador Leopoldo I), que era apoyado por Inglaterra y la Corona de
Aragón.

5. Evolución demográfica y socioeconómica en los siglos XVI y XVII

Tradicionalmente, el siglo XVI se ha considerado como económicamente positivo, con


un notable desarrollo en todos los aspectos posibles: la población aumentó cerca de
un 50% a pesar de la elevada mortalidad ordinaria y los procesos migratorios, mientras que

6
la producción agrícola también creció considerablemente con nuevas roturaciones. Los
principales cultivos fueron el cereal, la vid y el olivo, aunque también la caña de azúcar o la
morera en los territorios de tradición musulmana, en los que se dominaba el cultivo de
regadío. Respecto a la artesanía, el XVI es el siglo de oro de los paños españoles,
destacando también la industria sedera andaluza o la metalurgia y construcción naval en el
País Vasco y Asturias.

No obstante, el aspecto más destacado es el que se refiere a la moneda y las finanzas


imperiales. El mercado monetario se vio inundado por las incesantes remesas de metales
preciosos americanos, lo que acabó provocando una descomunal inflación: la demanda
de productos creció debido a la adaptación de los indígenas americanos al modo de vida
europeo, así como a la mayor cantidad de dinero disponible. Al aumentar la demanda pero
quedarse estancada la oferta, se produjo una gran subida de precios que afectó
principalmente a las clases populares, que apenas se habían beneficiado de la llegada del
oro y la plata americanos.

Por otra parte, la irregularidad de la llegada de las remesas americanas (una vez al año, con
la Flota de Indias) forzó a los monarcas a recurrir al crédito y el préstamo, ya que el
gasto bélico obligaba a los reyes a disponer de dinero en lugares y fechas determinadas
para pagar a las tropas. Así, los grandes beneficiados de la política exterior de la monarquía
fueron los asentistas5 alemanes y genoveses como Jacob Függer, que cobraban elevados
intereses. Hasta en cuatro ocasiones, la disminución del tesoro americano o el azote de los
corsarios ingleses provocaron la bancarrota del Estado durante el reinado de Felipe II
(1557, 1560, 1575 y 1596).

Todos estos elementos se tradujeron en la grave crisis que se extendió por los territorios de
la monarquía en el siglo XVII. En primer lugar, la población disminuyó debido a las crisis
de subsistencia, epidemias, guerras o la expulsión de los moriscos de 1609, a lo que hay
que añadir la emigración a América, que si bien no fue decisiva, si incidió de forma
significativa en Andalucía y Castilla.

Los problemas demográficos y las malas cosechas redujeron la producción agrícola, base
de la economía señorial, lo que hizo aumentar los abusos sobre los campesinos y clases
humildes de la población, danado lugar a una enorme polarización social. Por otra parte, la
mentalidad de los grandes latifundistas fue siempre la de invertir en préstamos al
Estado, bienes inmuebles, títulos de nobleza, etc., en lugar de invertir en empresas
industriales o comerciales, que conllevaban un mayor riesgo.

A pesar de la crisis, los siglos XVI y XVII suponen la Edad de Oro de las letras y las artes
hispanas, destacando el humanismo de Antonio de Nebrija o Luis Vives; la lírica de
Garcilaso, Góngora y Quevedo; el teatro de Lope y Calderón; la novela picaresca,
representada por el Lazarillo de Tormes; y, sobre todo, la obra cumbre de nuestra literatura,
Don Quijote de la Mancha. En cuanto a las artes, el esplendor pasa por el clasicismo del
Escorial, el barroquismo de la fachada del Obradoiro o la religiosidad de las imágenes de
Alonso Berruguete y Juan Martínez Montañés. En pintura, figuras clave como El Greco,

5
Banqueros que contrataban con el rey el asiento de una cantidad de dinero en un lugar y fecha
determinados.

7
Murillo, o Valdés Leal son eclipsadas por el genio de Velázquez en obras como “La
Rendición de Breda” o “Las Meninas”, que pueden contarse entre las grandes creaciones
artísticas de la historia de la humanidad.

6. Conclusiones

Los siglos XVI y XVII asistieron al auge y caída de la Monarquía Hispánica. Las tesis
tradicionales han apuntado al mal gobierno de los Austrias Menores como principal
responsable de la crisis, pero lo cierto es que el problema hunde sus raíces en época de
Carlos I y Felipe II, que desangraron la Hacienda Real a base de interminables conflictos
bélicos.

El conde-duque de Olivares, tan maltratado por la historiografía, se percató de la situación e


intentó reformar el modelo de Estado, chocando de frente contra los intereses particulares
de los diferentes reinos. Paradójicamente, los principales elementos del Gran Memorial de
Olivares serían puestos en práctica en el siglo posterior por el tan alabado reformismo
borbónico, que suprimieron los privilegios de la Corona de Aragón amparándose en el
derecho de guerra (tras el apoyo de esta al candidato austriaco) y la pérdida de los
territorios flamencos e italianos, que permitió a los Borbones abandonar las políticas de
prestigio y reducir el gasto bélico.

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