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El Poder

Michel Foucault concibe el poder no como una cosa que se posee, sino como una relación entre individuos. Según Foucault, el poder surge de las interacciones entre personas y se manifiesta a través de la capacidad de influir en las decisiones y acciones de otros. El poder existe en todas las relaciones humanas, desde las familias hasta las instituciones.

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El Poder

Michel Foucault concibe el poder no como una cosa que se posee, sino como una relación entre individuos. Según Foucault, el poder surge de las interacciones entre personas y se manifiesta a través de la capacidad de influir en las decisiones y acciones de otros. El poder existe en todas las relaciones humanas, desde las familias hasta las instituciones.

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EL PODER

El poder no es una cosa. Es una relación entre las personas. El poder està per tot arreu; no és que
ho englobe tot, sinó que ve de tot arreu (M. Foucault)

 1. APROXIMACIÓN CONCEPTUAL


 1.1 EL PODER COMO RELACIÓN. MICHAEL FOUCAULT
Según el filósofo francés Michel Foucault (1926-1984), el poder no es una cosa, ni
un ingrediente de las cosas, es una relación social compleja. Decir que el poder no es
una cosa significa afirmar que ni en la naturaleza humana ni en nuestras sociedades
existe cosa alguna esencialmente idéntica a lo que llamamos poder.
Esta aclaración tiene sentido porque habitualmente en los discursos políticos se
utiliza el esquema teórico de la apropiación del poder, como si éste fuera un objeto
que se posee o que no se posee. A este modo de entender el poder se opone Foucault
afirmando que el poder no es más que "el nombre que se le da a una situación
estratégica compleja en una sociedad determinada". La pregunta que debemos
contestar no es ¿qué es el poder? sino ¿cómo aparece?, esto es, ¿cómo aparecen las
relaciones de poder?

Michael Foucault
La palabra ’poder’ amenaza con introducir varios malentendidos. Malentendidos acerca de su identidad,
su forma, su unidad. Por poder no quiero decir el poder, como conjunto de instituciones y aparatos que
garantizan la sujeción de los ciudadanos en un estado determinado. Tampoco indico un modo de sujeción
que, por oposición a la violencia, tendría la forma de regla. Finalmente, no entiendo por poder un sistema
general de dominación ejercida por un elemento o un grupo sobre otro, y cuyos efectos, merced a
sucesivas derivaciones, atravesarían el cuerpo social entero. El análisis en términos de poder no debe
postular, como datos iniciales, la soberanía del estado, la forma de la ley o la unidad global de una
dominación; éstas son más bien formas terminales. Me parece que por poder hay que comprender,
primero, la multiplicidad de las relaciones de fuerzas inmanentes y propias del dominio en que se ejercen
y son constitutivas de su organización [...]
La condición de posibilidad del poder no debe ser buscada en la existencia primera de un punto central,
en un foco único de soberanía del cual irradiarían formas derivadas y descendientes [...]
Omnipresencia del poder: no porque tenga el privilegio de reagruparlo todo bajo su invencible unidad,
sino porque se está produciendo a cada instante, en todos los puntos, o más bien en toda relación de un
punto con otro. El poder está en todas partes; no es que lo englobe todo, sino que viene de todas partes
[...]
Hay que ser nominalista, sin duda: el poder no es una institución, y no es una estructura, no es cierta
potencia de la que algunos estarían dotados: es el nombre que se presta a una situación estratégica
compleja en una sociedad dada.
Michel Foucault, La historia de la sexualidad. Vol. I La voluntad de saber. (1976)
Las relaciones de poder aparecen cuando se realizan acciones humanas. Todas las
prácticas o acciones humanas son relaciones: hablar, trabajar, disfrutar, aprender,
obedecer, amar. Ahora bien ¿por qué llamar a estas prácticas relaciones de poder?

El poder es, pues, un tipo de acción de unas personas sobre otras. Esta acción tiene
por objeto el comportamiento o la conducta de las personas. El ejercicio del poder
consiste al "conducir conductas", al gobernar. Hay relación de poder entre dos fuerzas
cuando una gobierna, cuando una dirige el campo de acción de la otra. En efecto, unas
personas tienen poder sobre otras cuando las primeras disponen de algún medio o
capacidad para influir en las decisiones de las segundas, de forma que éstas hagan lo
que por sí solas no harían. Así, se ejerce el poder en el ámbito de la familia (el padre o
la madre que impone su voluntad cuando dice: "¡no vuelvas tarde!"), en la educación
(cuando la profesora o el profesor consigue hacerse escuchar en clase), en las
relaciones de pareja (cuando se satisfacen fundamentalmente los deseos de uno de los
miembros de la pareja), en las relaciones de amistad (cuando prevalecen los criterios
de una de las partes), en el deporte (cuando el entrenador/a decide quién jugará y en
qué posición), en la medicina (cuando el médico/a prescribe una dieta a su paciente),
en las empresas (cuando el jefe/a no paga los días no trabajados por causa de la
lluvia)... Pero, no olvidemos, que las relaciones de poder son relaciones binarias, es
decir, que siempre se trata de una relación entre dos agentes. En ningún caso se puede
concebir que un agente anule al otro, porque entonces no hay gobierno, sino
sumisión. El gobierno necesita la libertad o la resistencia del otro agente, porque
gobernar es una cosa parecida a una estrategia de juego, donde la impotencia total de
una de las partes significa la imposibilidad misma del juego. Así entendidas las cosas
no hay nada malo en el juego mismo del poder. Foucault sostiene que el poder no es
un mal.
Ahora bien, que el poder no sea un mal no quiere decir que no sea un peligro. El
poder no es una relación de "todo o nada", sino que se caracteriza por diversos grados
de intensidad: su "presión" depende de diferentes variables tales como la coacción, la
autoridad, la costumbre, la manipulación, la persuasión o la recompensa. El peligro
que incluye la relación de poder reside en la tendencia del juego a obtener una victoria
total y absoluta, lo que significaría, como ya hemos dicho, el final del juego. Cuando
mediante la violencia, la sumisión o la marginación, uno de los polos de la relación
impide totalmente una acción o reacción libre del otro polo, nos encontramos ante una
situación o un estado de dominación que hace imposible la propia relación de poder.

Sobre la concepción de ’poder’ podemos verla en este vídeo


https://youtu.be/TchqFCgm42U

Actividad 1: ¿Qué entiende Foucault por ’poder’?

El brillante polímata Michel Foucault ha ejercido una gran influencia en la filosofía, la


psicología, la política y la crítica literaria, además de la sociología. A menudo se le asocia con el
estructuralismo y el postestructuralismo, etiquetas que él rechazaba.

Nacido en Poitiers (Francia), Foucault estudió psicología y filosofía en la École Normale


Supérieure de París. Durante la década de 1950 ejerció la docencia en Suecia, Polonia y
Alemania, y en 1959 obtuvo el doctorado. De 1966 a 1968 fue profesor en Túnez y a su regreso
a París fue nombrado director del departamento de filosofía de la Universidad de Vincennes. Dos
años después, Foucault fue elegido miembro del Collège de France como profesor de historia de
los sistemas de pensamiento. Fue una de las primeras personalidades conocidas fallecidas en
Francia a causa del sida, en 1984.

Obras principales

 1969 La arqueología del saber.


 1975 Vigilar y castigar.
 1976–1984 Historia de la sexualidad (cuatro volúmenes)

El poder
La cuestión del poder, ya sea con el objetivo de mantener el orden social o bien de provocar
cambios sociales, se ha tratado desde el punto de vista político y económico. Hasta la década de
1960, las teorías sobre el poder se centraban en el poder del Gobierno o del Estado sobre los
ciudadanos, o desde una perspectiva marxista, en la lucha de clases entre la burguesía y el
proletariado.

Todas estas teorías tendían a centrarse en el poder a escala macroscópica, ignorando por
completo, o en el mejor caso, concediendo una importancia secundaria a las relaciones de poder
en el seno de las capas inferiores de la sociedad, por considerarlas una prolongación del
ejercicio primario del poder.

Para Michel Foucault, estos enfoques son demasiado simplistas. En las sociedades liberales
occidentales de hoy, el poder no lo ejercen solamente el estado o los capitalistas, sino también
los individuos y el conjunto de la sociedad, pasando por grupos y organizaciones. En palabras
de Foucault, «el poder está en todas partes y viene de todas partes». También rechazaba la
concepción tradicional del poder como algo que se puede poseer y blandir como un arma o una
herramienta. Según Foucault, esto no es poder, sino la capacidad de ejercerlo, y no se convierte
en poder hasta que se actúa. El poder no es algo que alguien tiene, sino algo que se hace a
otros, una acción que afecta a las acciones de otros.

Relaciones de poder
En vez de pensar en el poder como una «cosa», Foucault lo ve como una «relación». Para
explicar la naturaleza del poder examina las diferentes relaciones de poder que existen en todos
los niveles de la sociedad moderna, por ejemplo, entre un individuo y el estado en el que vive,
pero también entre empleados y jefes, entre padres e hijos, entre los miembros de
organizaciones y grupos, etc. Foucault reconoce que el poder ha sido y sigue siendo la fuerza
principal que estructura el orden social y describe también las profundas transformaciones que
ha experimentado la naturaleza de las relaciones de poder desde la Edad Media hasta hoy. En la
sociedad feudal, el ejercicio del que denomina «poder soberano», como la tortura y las
ejecuciones públicas, era el método al que recurrían las autoridades para asegurarse la
obediencia de sus súbditos. Con la difusión de las ideas de la Ilustración en Europa, la violencia
y la fuerza empezaron a considerarse inhumanas y, sobre todo, ineficaces como medios de
ejercer el poder.

Vigilar y castigar
Los castigos físicos fueron sustituidos por un medio de controlar el comportamiento más
invasivo: la disciplina. El establecimiento de instituciones tales como cárceles, asilos, hospitales
y escuelas caracterizó el paso del concepto meramente punitivo del poder al ejercicio de un
poder disciplinario específicamente destinado a impedir determinados comportamientos. Estas
instituciones no solo eliminaban la oportunidad de transgresión, sino que constituían un
entorno en el que la conducta de los individuos podía ser corregida y regulada, y sobre todo,
permitía mantenerlos vigilados y controlados.
Esta noción de vigilancia tiene una especial importancia en la evolución de la manera en que
se ejerce el poder en la sociedad moderna. Foucault analiza con detenimiento el funcionamiento
del Panóptico, el eficiente diseño de prisión ideado por el filósofo británico Jeremy Bentham, con
una torre central desde la que el vigilante puede ver continuamente a los presos, cuyas celdas
están iluminadas desde la parte posterior para impedir que sus ocupantes se oculten en
rincones sombríos. Al no poder estar nunca seguros de si están siendo observados o no, los
reclusos se comportan como si lo estuvieran siempre. El poder ya no se ejerce obligando a las
personas por coerción física, sino estableciendo mecanismos que garantizan un comportamiento
conforme al deseado.

Regular la conducta
Los mecanismos mediante los que se ejerce el poder, la «tecnología del poder», se han
convertido en una parte integrante de la sociedad. En el mundo moderno occidental, las normas
sociales no se imponen a la fuerza, ni mediante una autoridad que obliga a actuar de una
manera determinada o prohíbe comportarse de un modo diferente, sino mediante el poder que
Foucault llama «pastoral», que orienta el comportamiento de los individuos. Cada uno es parte
interesada de un complejo sistema de relaciones de poder, operativo a todos los niveles, que
regula la conducta de los miembros de una sociedad.

Este tipo de poder omnipresente se ejerce mediante el control de las actitudes, creencias y
prácticas de las personas a través del sistema de ideas que Foucault llama «discurso». El sistema
de creencias de cualquier sociedad, el conjunto de ideas y conceptos a las que las personas se
adhieren, evoluciona a medida que se van aceptando ciertas actitudes hasta que estas se
integran en la sociedad y define lo que está bien y lo que está mal, lo que es normal o lo que es
desviado. Las personas regulan su comportamiento en función de estas normas, generalmente
sin ser conscientes de que es el discurso el que guía su conducta haciendo inconcebibles los
pensamientos y las acciones contrarios.

Regímenes discursivos
El discurso se refuerza constantemente, ya que es a la vez un instrumento y un efecto del
poder: controla los pensamientos y las conductas, que a su vez modelan el sistema de creencias.
Además, al determinar lo que es verdadero y lo que es falso, crea un «régimen de la verdad», un
corpus de conocimientos comunes considerados innegables.

Frente a la idea de que «el saber es el poder», Foucault afirmó que ambos están vinculados de
una manera más sutil y acuñó la expresión «saber-poder» para designar dicha relación: el saber
crea el poder, pero también es producido por este. Hoy en día, el poder se ejerce controlando
qué formas de saber son aceptables, presentándolas como verdaderas y excluyendo otras
formas de saber. Al mismo tiempo, el saber aceptado, el discurso, se produce de hecho durante
el proceso del ejercicio del poder.

A diferencia del poder tradicional, que mueve o fuerza a las personas a comportarse de
determinada manera, el saber-poder no tiene un agente o una estructura inmediatamente
identificables. Además, al ser omnipresente, parece que nada pueda oponérsele. Foucault señala
que, de hecho, la resistencia política y la revolución pueden no ser efectivas para lograr el
cambio social porque solamente atacan el poder del estado, no la manera ubicua y cotidiana en
que se ejerce el poder hoy.

No obstante, sostiene Foucault, existe una posibilidad de resistencia: la oposición al discurso


mismo, que puede ser desafiado por discursos contrarios. El poder que depende del
consentimiento deja algún grado de libertad a los sometidos a él. Para que el discurso sea un
instrumento del poder, estos deben mantener con él una relación de poder. Si existe esta
relación, existe también la posibilidad de resistencia. Sin resistencia, no hay necesidad de ejercer
el poder.
El despliegue del poder
Los conceptos de saber-poder y de discurso de Foucault son muy sutiles y fueron rechazados
por muchos de sus contemporáneos que los consideraron vagas especulaciones. Sin embargo,
sus conferencias y sus escritos suscitaron un gran interés, a pesar de la dificultad conceptual de
su pensamiento y de la complejidad de su estilo, a veces enrevesado. Las ideas sobre el poder
que expone en Vigilar y castigar e Historia de la sexualidad fueron ganando aceptación entre
algunos sociólogos (más que entre historiadores y filósofos) y acabaron influyendo en el análisis
de la utilización del discurso en la sociedad como instrumento de poder en ámbitos muy
diversos.

El feminismo moderno, la teoría queer y los estudios culturales deben mucho a Foucault, en
particular a su explicación de cómo se imponen las normas de comportamiento. Hoy persiste la
división de opiniones respecto a sus teorías: para algunos únicamente son vagas conclusiones
de un trabajo de investigación falto de rigor; para otros, hacen de Foucault uno de los
pensadores más importantes y originales del siglo XX dentro del campo de las ciencias sociales.

Font: El poder. Michel Foucault. Vigilar y castigar. Grupo Akal, 25/26/2019 en la web No
cierres los ojos.

 1.2 LA DUALIDAD DEL PODER. HANNAH ARENDT


En un primer acercamiento al concepto de poder, parece correcto afirmar que se
trata de una relación binaria entre agentes (sean personas u organizaciones) que se
oponen y que luchan para aumentar y fortalecerse. Dentro de esta idea general de
"poder", se puede distinguir entre la potencia o capacidad de los individuos en el
dominio de las cosas, es decir, la actividad de los individuos por aumentar su poder en
el terreno de las habilidades sobre las cosas y el poder propiamente dicho como
ejercicio de dominación de unos individuos sobre otros. Veamos esto un poco más
detenidamente. El término "poder" tiene un doble sentido: como capacidad (autoridad)
y como dominación (potestad):

 "Poder" como "ser capaz de", es decir, poseer la capacidad de hacer algo o
ejercer influencia sobre alguien en virtud del dominio de un cierto saber.
Este significado está unido al de "autoridad" (auctoritas). Se trata de una
relación de poder intersubjetiva y ejercida entre iguales, mediada por la
palabra y el lenguaje, y destinada a la consecución de un entendimiento
racional, de un acuerdo-contrato. El poder es potencia de creación y
construcción política.
 "Poder" como "capacidad de coacción y control", significado unido al de
"dominación" (potestas). Es el poder de obligar, reprimir y dominar. La
dominación establece desigualdad y jerarquía. entre los individuos. Este
poder es casi violencia. Y en la violencia se ejerce una instrumentalización
de los demás, de manera que no sólo son desiguales, sino también
"medios para". Solo la legitimación haría de este poder una relación de
dominación aceptada.
La autoridad tiene dos características que la diferencian de la dominación:
 La autoridad es indelegable: la fuerza o la dominación pueden delegarse
en alguien, pero el prestigio y la influencia debidos a una habilidad
reconocida no se puede delegar en quien no la tenga.
 La autoridad no se ejerce sobre un ámbito territorial específico sino que
se extiende allí donde se reconozca efectivamente ese saber. La
dominación se ejerce sobre un territorio previamente demarcado.
Por eso, la delegación del poder y la demarcación de un territorio sobre el que el
poder se ejerce son características que definen a esa forma relativamente moderna de
poder político que llamamos Estado.

La filósofa alemana Hannah Arendt (1906*1975) insiste en


marcar la diferencia entre poder como autoridad y poder como potestad (dominación
por la fuerza y laviolencia).
La palabra misma [poder], su equivalente griego dynamis, como el latín potencia con sus derivados
modernos... indica su carácter de “potencial”. Podríamos decir que el poder es siempre un poder potencial
y no una intercambiable, medible y confiable entidad como la fuerza. Mientras que esta es la calidad
natural de un individuo viste en aislamiento, el poder surge entre los hombres cuando actúan juntos y
desaparece en el momento en que se dispersan. [...]
El único factor material indispensable para la generación de poder es el vivir unido del pueblo [...] Y
quienquiera que se aisla y no participa en ese estar unidos, sufre la pérdida de poder y queda impotente,
por muy grande que sea su fuerza. [...]
Bajo las condiciones de la vida humana, la única alternativa al poder es la fuerza, que un solo hombre
puede ejercer contra sus semejantes y de la que uno o unos pocos cabe que posean el monopolio al
hacerse con los medios de la violencia. Pero si bien la violencia es capaz de destruir al poder, nunca
puede convertirse en su sustituto. De ahí resulta la no infrecuente combinación política de fuerza y
carencia de poder. [...] ya que el poder humano corresponde a la condición de pluralidad (la pluralidad
humana, condición fundamental de la acción y de la palabra, tiene el doble carácter de la igualdad y de la
distinción) [...] por la misma razón el poder puede dividirse sin aminorarlo [...] La fuerza, por el contrario,
es indivisible.
El poder sólo es realidad donde palabra y acto no se han separado, donde las palabras no están vacías y
los hechos no son brutales, donde las palabras no se emplean para velar intenciones sino para descubrir
realidades, y los actos no se usan para violar y destruir, sino para establecer relaciones y crear nuevas
realidades.
H. Arendt La condició humana

La ambigüedad del poder. Algunas teorías filosóficas han hecho de esta distinción
entre autoridad y potestad el fundamento de una ética que considera que es posible el
aumento de la capacidad sobre las cosas (autoridad) desvinculada de un ejercicio del
poder de unas personas sobre otras (dominación) y que, por tanto, valora
positivamente el poder entendido como autoridad y condena el poder entendido como
dominación. Sin embargo, Foucault afirma que sólo se pueden separar nominalmente
ambas entidades. Todas las relaciones son relaciones de poder, es decir, no puede
darse un aumento de la potencia o de la capacidad (de la autoridad) si no es en el seno
de relaciones desiguales entre fuerzas humanas que buscan determinarse o
dominarse.
Actividad 2: ¿Qué entiende Arendt por "poder"?

¿Está el ser humano actual cada vez más limitado? Si el concepto de “acción” parece central
para Arendt a la hora de hablar de la naturaleza y la condición humana, entonces sus
expresiones más extremas, tales como la violencia, no podían quedar sin estudiar por esta
autora (más aún tras la experiencia traumática de la II Guerra Mundial).

Hild señala que Arendt, en su libro On Violence, estudia igualmente la profunda y


trascendental relación entre poder y violencia:

Si concebimos el poder en términos de mando y obediencia, de dominación del


hombre por el hombre, entonces la autoridad, la fuerza o la violencia no
podrán aparecer sino como formas más o menos feroces de garantizarlo.

A este ya archiconocido y probado argumento, Arendt da un nuevo giro, afirmando algo así
como que, si el poder se sostiene, es gracias al pueblo (o la pluralidad). De esta forma, para
derrocar el poder bastaría el hecho de que la gente dejase de sostener dicho poder. Así, Arendt
entiende el poder en términos de obediencia, desuniéndolo del tradicional rol de dominación.

(…) el poder corresponde a la capacidad humana (…) de actuar


concertadamente”, “pertenece a un grupo, y sigue existiendo sólo mientras el
grupo se mantiene como tal».

La autoridad, por su parte, consiste en las minorías en las que la pluralidad delega su propio
poder, mientras que la violencia no tendría sino un carácter instrumental en todo ello (en la
relación entre autoridad, poder y pluralidad). Tanto la autoridad como la violencia institucional
necesitan la permisividad del vulgo o la pluralidad.

Si concebimos el poder como aquello que se sostiene sobre el consentimiento, es fácil


entender que la dominación por medio de la violencia puede ser un sustituto del poder, pero
nunca uno de sus medios: es allá donde el poder no es posible —donde no se dispone del
acuerdo del número— que la violencia aparece como un medio para el gobernante y, en ese
sentido, “la tiranía, como lo descubriera Montesquieu, es por ende la forma de gobierno más
violenta y menos poderosa” (Arendt).

El poder es la noción misma de la acción de la pluralidad, mientras que la violencia es algo


extrínseco a todo ello. En cualquier caso, Arendt tiene claro que el poder no engendra violencia,
sino que la violencia es una forma de acción humana (una de tantas).

Ahora bien: La violencia es una forma de acción humana exenta de palabras y racionalidad.
Es, por tanto, una forma de acción sin motivo ni discurso.

La condición humana según Hannah Arendt


A continuación paso a transcribir otro interesante texto sobre Hannah Arendt (reseñado en la
bibliografía). Más en concreto, me centro en el libro “La Condición Humana”, aunque las palabras
que vienen a continuación no son mías ni de Arendt, sino de Pérez Flores. Lo incluyo porque del
mismo se pueden sacar múltiples y variadas conclusiones.

Arendt distingue sobre el concepto de “condición humana”, el cual la lleva a pensar en que
“naturaleza humana” y “condición humana” no son lo mismo. Por “condición humana”, afirma
que ni la más rigurosa enumeración de las actividades constituyen características esenciales de
la existencia humana. Para Arendt, ni siquiera el trabajo define la condición de ser humano.

Para examinar la “naturaleza humana” Arendt acude a San Agustín de Hipona, quien resume
que, a pesar de que el sujeto humano es capaz de definir las esencias de las cosas naturales, es
dudoso que posea una respuesta sobre sí mismo.

Dos interrogantes que llegan a ser un problema para Arendt son, “¿Quién soy?” Y “¿Qué soy?”.
La primera respuesta es asumida por el ser humano, el cual busca evadirse con la respuesta: Un
ser humano. Al segundo interrogante, la respuesta es inabordable por medio de razón humana.
Arendt piensa que sólo un dios puede conocer y definir la naturaleza humana y responder la
pregunta “¿Qué es el hombre?”

Hannah Arendt es de suma importancia para superar la violencia en la vida política. Esta no
puede verse aislada de la pluridimensionalidad del ser humano. Emite igualmente juicios sobre
las ideas de Darwin, que muestran desprecio al afirmar: “pero aún existen otras indicaciones
más peligrosas de que el hombre desee y esté a punto de evolucionar en esa especie animal de
la que procede”.

La vida debe ser valorada en todas sus expresiones y en toda su pluridimensionalidad; y la


política, así como las demás condiciones humanas, también deben enmarcarse en este ámbito.

Si bien la propuesta de Arendt es de suma importancia y sus análisis han de servir para
señalar el camino para superar la violencia en la vida política de los seres humanos, ya que ella
entiende la política como superación de la violencia mediante la generación del poder que se
produce en la acción de los seres humanos en conjunto, ésta no puede verse aislada de la
pluridimensionalidad del ser humano. Con lo cual, nos encontramos con una cierta
contradicción, sólo salvable con el hecho de aceptar esa pluridimensionalidad y/o diferencia
entre los seres humanos.

Otra de las carencias que posee la concepción de la pensadora Arendt es lo poco desarrollado
del concepto de biología humana de la que hace alarde. Si bien es cierto, que en su análisis
parte de la “labor” (el trabajo), y postula que ésta tiene que ver con la biología humana y termina
su evaluación histórica encontrando que la vida aparece “como bien supremo”, su idea de la
biología es muy pobre y podría ubicarse en la concepción griega, medieval o a lo sumo pre-
moderna de ésta.

Arendt emite juicios sobre las ideas de Darwin que muestran un serio desprecio de la idea de
evolución al afirmar que: “pero aún existen otras indicaciones más peligrosas de que el hombre
desee y esté a punto de evolucionar en esa especie animal de la que, desde Darwin, imagina que
procede”. En este sentido, no es que critique la “teoría de la evolución” en sí, sino sus posibles
usos perniciosos.

Reflexión final
La crítica a las ideas de Darwin habría que encuadrarla más bien dentro de una crítica feroz al
régimen nazi y al Holocausto (Arendt era de origen judío, aunque mantuvo un intenso romance
antes de la guerra con uno de los colaboradores del régimen –mucho antes de que este
ingresase en el partido nazi- Martin Heidegger). Los nazis basaban buena parte de sus
postulados en conceptos heredados de la teoría darwiniana, convenientemente alterados e
incomprendidos, provenientes de pseudociencias como por ejemplo la eugenesia, que
propugnaba la eliminación sistemática de todos aquellos humanos considerados inferiores, de
las cuales Hitler se declaraba un firme defensor y seguidor. Es en este contexto en el que habría
que entender la crítica de a la teoría de la evolución, así como el “elogio” a la diferencia a la que
alude Arendt.
La vida debe ser valorada en todas sus expresiones y en toda su pluridimensionalidad; y la
política, así como las demás condiciones humanas, deben ser valoradas en la medida en que
éstas promuevan y coadyuven a la vida en toda la plenitud, que suscite a la condición humana a
superarse a sí misma.

Hannah Arendt sobre la violencia política y la condición humana de Eloy A. Gómez Motos,
publicado el 6/08/2017 en la web Iberoamérica Social
Bibliografía
 Hilb, C: Violencia y política en la obra de Hannah
Arendt. http://www.redalyc.org/pdf/3050/305026541009.pdf
 Pérez Flores, R: La condición humana en Hannah
Arendt. http://www.educantabria.es/docs/Digitales/Bachiller/LECTURAS_DIGITAL/
Docs/HABERMAS/ppt/PPT7

 2. TIPOS DE PODER


En las relaciones sociales, el poder puede manifestarse como poder económico,
ideológico y político.
 2.1 PODER ECONÓMICO
Hemos definido el poder como una relación binaria entre agentes (sean personas u
organizaciones) que se oponen y luchan para aumentar y fortalecerse. Y también como
un modo de acción de unas personas sobre otras que consiste al "conducir conductas",
en gobernar. Los agentes, en las relaciones de poder del ámbito económico, son: la
burguesía y la clase trabajadora. En estas relaciones de poder, las personas
propietarias de los medios de producción (burguesía) condicionan el comportamiento
de las que solo poseen su fuerza de trabajo para sobrevivir (clase trabajadora), al
obligarlas a realizar acciones que por ellas mismas no harían. Pero no olvidemos que
estas últimas también pueden ejercer acciones de poder o, lo que es el mismo,
acciones de resistencia.

En el
ámbito económico, las decisiones relativas a precios, salarios, dividendos,
inversiones... condicionan en gran medida el comportamiento cotidiano de la mayoría
de las personas. Estas decisiones son tomadas por el empresariado (contratos de
trabajo, “flexibilidad del mercado laboral...), la banca (otorga o deniega créditos, sube
o baja intereses...), las sociedades anónimas (deciden invertir en un lugar o en otro; o
bien, retirar sus inversiones si no hay mi de obra barata), la bolsa...
En cuanto al ámbito del consumismo, Albert Otto Hirschman (n. 1915), economista
alemán, formado en los EE. UU., discrepa del enfoque dominante en teoría económica
pues supone que los bienes (productos o servicios) son homogéneos y que la única
diferencia importante entre ellos es el precio. Hirschman realizó un análisis de
la demanda en base a cambios en la calidad de los productos, y planteó que los y las
consumidoras (tanto de corderos y servicios de la economía, como de servicios de las
asociaciones, sindicatos, partidos, servicios estatales, etc.) reaccionarán ante la
sensación de movimientos de la calidad con la salida o la voz. E hizo notar a las
empresas, las organizaciones y los estados que pueden verse afectadas por los
comportamientos de la ciudadanía. Hirschman propone que nos asociemos en
organizaciones y cooperativas para exigir del Estado los derechos vulnerados.
La idea básica es la siguiente: si la calidad del producto o del servicio no nos
satisface, tenemos dos opciones individuales o colectivas para llamar la atención en
cuanto a las deficiencias y las carencias en los productos o servicios ofrecidos por las
empresas y las organizaciones: la salida o la voz (protesta).

 Salida: los y las consumidoras, cuando mengua la calidad del producto o


del servicio, se saldrán de donde consumen o no volverán a entrar y, por
lo tanto, las empresas o las organizaciones sentirán que algo pasa y
optarán por mejorar nuevamente la calidad de los productos o servicios.
La “salida” tiene a menudo efectos contraproducentes dado que no
transmite información sobre las causas que producen la insatisfacción.
 Voz: Pero hay de empresas y organismos donde la salida no tendrá
efectos bien porque sus ingresos no bajan, bien porque se trata de
monopolios estatales de donde los y las consumidoras no se pueden salir,
entonces los y las consumidoras optarán por la voz. De este modo
informan a las empresas u organizaciones de su disconformidad por el
descenso en la calidad del producto o del servicio. La “voz” será ejercitada
con especial energía y dedicación por quien mantengan una cierta
“lealtad” con la empresa u organización que ofrece el producto o servicio.
La existencia de la “lealtad” la presenta como un mecanismo que hace que los y las
consumidoras optan primero por la voz para cambiar la empresa, la organización o la
institución a la que son leales, y dejan la salida como última opción.

Según Hirschman, las empresas y organizaciones que reaccionan ante ambas vías
son, mayoritariamente, las organizaciones competitivas que buscan mejorar
continuamente y buscan la comunicación entre los y las clientas. Las empresas y los
organismos que no reaccionan ante ninguna vía son los grupos a los que no los
interesa ni lo más mínimo saber qué piensan o creen sus clientas. Entre estos dos
extremos hay varias posibilidades de reacciones por parte de las empresas u
organizaciones.
Actividad 3: Busca tres noticias en la prensa sobre relaciones de poder económico.
Describe cómo se produce la relación de poder entre los dos polos implicados.  Aquí os
dejo algunas noticias:
 Zapatero da un vuelco a su estrategia con un recorte de sueldos públicos
sin precedentes (El País, 13/05/2010)
 El rescate bancario ha costado ya la mitad del dinero público
comprometido: 60.718 millones de euros (El Diario, 10/01/2017)
 El govern valencià concretarà els pròxims dies com afectaran els 400
milions de retallades al sector públic (Catalunya Radio, 27/09/2011)
 Comença la retallada al País Valencià (VilaWeb, 6/01/2012)
 El govern valencià manifesta que no hi ha hagut "cap retallada" en
educació més enllà de la reducció de complements de sou (Catalunya
Radio, 2/03/2012)
 2.2 PODER IDEOLÓGICO
El poder ideológico se manifiesta en la influencia que tienen las ideas de un grupo,
de una institución, de un movimiento cultural, social, político o religioso sobre los
asuntos sociales y políticos en el comportamiento de quienes las escuchan. Las
personas actuamos guiadas por la información recibida y aceptada (científica, religiosa
o ética), acciones que, de otro modo no haríamos o las haríamos por razones
diferentes.
Las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes (...) Cada nueva clase que se
coloca en el lugar de una clase gobernante anterior, se ve obligada para alcanzar sus metas a presentar sus
propios intereses como si fueran los intereses comunes de todos los miembros de la sociedad, es decir, a
expresarlos de una forma ideal: esta clase tiene que dar a sus ideas la forma de la universalidad y
representarlas como las únicas ideas racionales, universalmente válidas. (Karl Marx La ideología
alemana)

El poder económico se asocia a grupos ideológicos concretos para inducir en la


opinión pública determinadas ideas y aumentar así su capacidad de presión. Por
ejemplo, grupos bancarios y grandes empresas adquieren medios de comunicación
(prensa, radio, TV) y subvencionan investigaciones para crear estados de opinión
favorables a sus intereses.
 2.2.1 IDEOLOGÍA
En general, por ideologías entendemos el sistema de ideas, creencias, juicios de
valor, actitudes y opciones respecto a fines y objetivos, que se halla en el fondo y que
a la vez es el origen, de las opiniones, decisiones y actuaciones que los individuos
adoptan en los asuntos sociales y políticos.

Algunas de las ideologías de nuestra cultura son: el totalitarismo, el liberalismo, el


socialismo, el androcentrismo, el feminismo, el ecologismo...
 2.2.1.1 TOTALITARISMO

Sistema político en el que un partido único de masas, dirigido por un líder,


generalmente, carismático, aspira al control y a la dirección total de un Estado. El
poder se sustenta en una evidente y fuerte manipulación ideológica. La desobediencia
es perseguida y reprimida de forma contundente por un sistema policial muy
desarrollado. El concepto de totalitarismo apareció en la historia con Mussolini cuando
reafirmó que el eje del sistema político estaría en el Estado y no en el individuo 1.
Características:
 El fin del Estado: la perpetuación en el poder.
 El fin justifica los medios: el interés “colectivo” (que casi nunca coincide
con el interés de la mayoría, sino con el de la clase o el grupo que detenta
el poder) justifica cualquier medio o procedimiento para conseguir
perpetuarse en el poder.
 Control estatal de todos los ámbitos vitales. Sobre todo de la información
y del conocimiento.
 Ausencia de libertades individuales: el interés del Estado suele ser
sinónimo de ausencia de libertades individuales, pues éstas (libertad de
expresión, de asociación...) pueden hacer peligrar su perpetuación. Por
esta razón, el totalitarismo aprueba aplastar cualquier atisbo de iniciativa
individual, y también limitar drásticamente aquellas libertades
individuales que puedan favorecer la aparición de opiniones divergentes y
desestabilizadoras.
 Infantilización de la población: no interesan una ciudadanía crítica y
autónoma, sino sumisa y dependiente.
 2.2.1.2 LIBERALISMO
El liberalismo es la teoría política y económica que prima el principio de la libertad
individual. Esto supone afirmar la autonomía del individuo para seguir reglas
racionales. De esta manera defiende que el locus de la libertad es el individuo, por
encima del Estado y de la colectividad.
La teoría política liberal surgió durante los siglos XVII y XVIII. Arranca de las tesis
de John Locke (1632-1704), Montesquieu (1689-1755) y Adam Smith (1723-1790),
entre otros. Sus motivaciones iniciales fueron:
 oponerse al absolutismo,
 defender la necesidad de la separación de la Iglesia y el Estado
 hacer efectiva la exigencia de igualdad de todos los hombres ante la ley, y -
proponer la promulgación de leyes que limitaran el poder de los
gobernantes.
De aquí que esta teoría política se caracterice por:

 Separación entre sociedad civil y Estado.


 El Estado no tiene que intervenir en el desarrollo de la sociedad civil. Es
por esto que hay que ponerle límites al poder del Estado. Así, el
liberalismo:
o establecerá una separación entre los diversos poderes en el
Estado;
o expresará la voz de la soberanía popular con elecciones y lo
organizará en un Parlamento (es decir, el poder legislativo
será elegido por los ciudadanos);
o los gobernantes tendrán que estar sometidos a la misma
legislación que el resto de la ciudadanía (de acuerdo con el
principio de “igualdad ante la ley”).
 La sociedad civil surge para dar satisfacción a los intereses de los
individuos. Pero dado que los intereses de los individuos pueden entrar
en conflicto se hace necesaria una instancia que armonice estos intereses,
de aquí surge el Estado. La función del Estado es, pues, armonizar los
intereses de los diversos individuos, y no, la búsqueda de la justicia o del
bien común.
 Dado que el poder proviene del pueblo, este tiene siempre el derecho a
rebelarse contra la tiranía y contra cualquier político que atraviese los
límites del poder.
La teoría política liberal fue completada por una teoría económica liberal, desarrollada,
en sus inicios, por Adam Smith. Smith se centra en defender la libertad del mercado
(libertad para comprar y vender, libertad para la contratación y despido de
trabajadores/as), y la reducción al mínimo de la intervención del Estado en los asuntos
económicos (su lema es "laissez faire, laissez passer"). Adam Smith y sus seguidores
estaban convencidos de que la libertad de los individuos para defender sus intereses
egoístas (los trabajadores trabajarán para quién les pague mejor, los compradores
comprarán los productos más baratos y/o de más calidad, y los empresarios y
comerciantes buscarán tener el máximo beneficios posible) llevaría por sí sola a un
progreso continuado, y a un equilibrio en cuanto al reparto de la riqueza. Tal y como si
una mano invisible dirigiera el progreso económico. Adam Smith consideraba que las
leyes del mercado y el libre comercio regularían de forma automática la cooperación
entre los hombres, por lo que abogó por una mínima intervención del Estado sobre los
asuntos económicos. En sus variantes más conservadoras, el liberalismo económico ha
propendido a despreciar las diferencias concretas en cuanto al punto de partida de los
individuos, bajo la demagogia de considerar que todos los hombres son iguales según
el derecho, pero sin tener en cuenta que, de hecho, el punto de partida es desigual.
Esto es así, porque lo que busca el liberalismo no es más que la perpetuación de los
privilegios de las clases dominantes (es decir, la perpetuación en el poder de la
burguesía). Este es el núcleo de la crítica marxista a los aspectos económicos e
ideológicos del liberalismo.
A raíz de esta crítica, y en el contexto de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y
de la revolución bolchevique (1917) y, posteriormente, a causa de la crisis del sistema
bursátil de los años treinta (crac de 1929), John M. Keynes (1883-1946) propuso la
necesidad de la intervención del Estado para corregir las desigualdad socioeconómicas
generadas por el capitalismo (estado de bienestar). Recientemente, el liberalismo
político y económico ha resurgido con fuerza con el nombre de “neoliberalismo”
o globalización. Este nuevo liberalismo defiende la primacía de la libertad sobre la
igualdad, y de los derechos individuales sobre los colectivos. Según la Viquipèdia, las
ideas fundamentales del neoliberalismo sueño:
 La economía se tiene que regular por la ley del libre-mercado.
 La regulación del mercado de trabajo desde cualquier otro organismo que
no sean las propias empresas es intrínsecamente negativa puesto que
impide llegar al salario de equilibrio.
 El estado no tiene que intervenir en la regulación del comercio exterior ni
en los mercados financieros. La libre circulación de capitales garantiza la
asignación más eficiente de los recursos a nivel internacional.
 El déficit público es perjudicial para la economía puesto que absorbe
ahorro privado, hace aumentar los tipos de interés y hace disminuir la
inversión privada.
 La protección social garantizada por el estado del bienestar y las políticas
redistributivas son negativas para el desarrollo económico.
 El estado no tiene que competir con la iniciativa privada. Todos aquellos
servicios que puedan ser ofrecidos por el sector privado tienen que ser
privatizados.
A menudo el neoliberalismo es criticado por injusto dado que enmascara un sistema
social insolidario, donde la libertad solo es real cuando el dinero la puede hacer
efectiva, por lo tanto solo la clase social privilegiada puede ejercer la libertad.
 2.2.1.3 SOCIALISMO
Puede ser definido como un movimiento social (teórico y práctico) que lucha contra
las desigualdades económicas surgidas como consecuencia del liberalismo
económico  (el capitalismo). Con palabras de August Bebel en Die Frau und der
2

Sozialismus, el socialismo pretende:


La organización de la sociedad de tal forma que cualquier individuo, hombre o mujer, se encuentre al
nacer una igualdad de medios para el desarrollo de sus facultades respectivas y para la utilización de su
trabajo. La organización de la sociedad de tal forma que la explotación por una persona del trabajo de su
vecino sea imposible, y donde todo el mundo pueda disfrutar de la riqueza social únicamente de acuerdo
con su contribución a la producción de aquella riqueza.

Dentro del socialismo podemos distinguir tres grandes corrientes: el anarquismo, el


socialismo utópico y el comunismo.

2.2.1.3.1 ANARQUISMO

El anarquismo rechaza la estructuración política de una sociedad, toda norma


política que proceda de arriba y, sobre todo, la necesidad de un Estado para garantizar
el orden y la libertad de una sociedad. Nace como movimiento político en el s. XIX,
pero sus primeras justificaciones teóricas aparecen en Ensayo sobre justicia política (1793)
de William Godwin (1756-1836), donde el escritor político inglés rechaza la injusticia
que proviene del Estado y la desigualdad que es efecto de la propiedad privada. En el
desarrollo histórico del anarquismo aparecen tendencias divergentes:
 El anarquismo individualista, tal como lo propugna Max Stirner (1806-1856),
quien desarrolla sus tesis en El único y su propiedad (1845), donde ensalza la
libertad e independencia del individuo frente a la sociedad y el Estado.
 El mutualismo de Pierre Joseph Proudhon (1809-1865): en Sistema de las
contradicciones económicas o filosofía de la miseria (1846), Proudhon sostiene
que la forma de organización social debe basarse en una asociación de
los trabajadores, sustentada en un federalismo descentralizado y en el
mutualismo (asociación de trabajadores instruidos y libres que
cogestionan el conjunto de propiedades colectivas en la industria, y de la
propiedad individual en la agricultura). En esta organización la
competencia sigue actuando como acicate económico para la producción,
ya que no se trata de una economía dirigida, sino de una autogestión
basada en una asociación entre capital y trabajo. Proudhon defiende la
tesis de la anarquía positiva, combatiendo toda clase de autoridad
trascendente a la organización libre de los trabajadores, y especialmente
al Estado y a la Iglesia (“ni Dios ni patrón”). Su antiestatalismo se basa en
la convicción de que el Estado no sólo es el instrumento para que las
clases dominantes puedan seguir manteniendo sus privilegios, sino que
además, como organización, posee una dinámica propia que conlleva la
eliminación de las libertades individuales y conduce necesariamente a la
dominación de la sociedad civil.
 El colectivismo defendido por Mijail A. Bakunin (1814-1876): rechaza toda
forma de poder estatal y argumenta que la sociedad anarquista debe
organizarse únicamente a través de comunas de trabajadores y
campesinos que han de garantizar la plena libertad de cada individuo, con
los medios de producción colectivizados y sin sometimiento alguno a
ninguna clase de Estado.
 El comunismo libertario de Piotr Kropotkin (1842-1921). Defendió un
colectivismo conciliable con el Estado, la libertad del individuo y la
solidaridad entre los seres humanos, así como una ética fundamentada en
la igualdad de todos los hombres expuesta en La Moral Anarquista.
 El anarcosindicalismo. Su contenido teórico lo extrae del socialismo
humanista y principalmente del anarquismo. Hace una defensa integral de
la personalidad humana, la libertad, la solidaridad, el apoyo mutuo y el
asociacionismo voluntario y federativo.

2.2.1.3.2 SOCIALISMO UTÓPICO

En medianos siglo XIX, y en oposición a las ideas conservadoras de la Restauración,


aparecieron en la Europa industrial, diferentes pensadores sensibilizados por la
situación económica y social de injusticia, desigualdad y opresión. Sus reivindicaciones
se caracterizan por pretender mejorar la organización social con buena voluntad:
mediante la educación, al crear sociedades alternativas, o al hacer empresas donde los
y las trabajadoras sean tratadas con respeto y equidad. Estas propuestas fueron
etiquetadas por Marx como socialismo utópico. Son representantes de esta corriente:
 Saint-Simon (1760-1825), de procedencia aristocrática, fue un positivista
exaltado que confiaba ciegamente en la ciencia y pensaba que había que
traspasar la dirección de la sociedad de "las clases ociosas" a las nuevas
clases productoras, de forma que hubiera una feliz asociación entre
capital y trabajo. El saint-simonisme cree que la producción industrial, el
progreso, acabará con el orden social injusto, producido por la ambición
malsana de los ociosos. Diseñó una sociedad modélica de industriales, sin
la aristocracia y sus privilegios.
 Charles Fourier (1772-1837). Es el creador de un nuevo modelo de
organización social, el "falansteri". Esta sociedad, organizada sobre los
principios de la libertad sexual, la igualdad de derechos entre los sexos y
la libertad de trabajo, permitiría la satisfacción de las pasiones y
conduciría a la total armonía social. Concibió los falansterios como
sistemas sociales autónomos capaces de satisfacer todas las necesidades
por la vida de la comunidad mediante sus propios recursos industriales y
agrícolas.
 Robert Owen (1771-1882). Defendió el cooperativismo y atacó
instituciones como por ejemplo la familia, la religión, la herencia... porque
limitaban, según él, la libertad del ser humano. Su planteamiento era
utópico porque pretendía sustituir el capitalismo con un sistema
económico más justo, el cooperativismo. Desde su perspectiva, los
obreros tenían que unirse para crear una nueva realidad europea basada
en las cooperativas, las cuales eran más rentables que las industrias:
cooperativas de producción y cooperativas de distribución. En 1832 ya
había unas 500 cooperativas que englobaban a 20.000 trabajadores.
Owen defendió los intereses de los trabajadores y formó parte del
Movimiento Obrero Británico. Creó el sindicato ’Grande Unión
Consolidada de Oficios’, con el objetivo de aglutinar todo el movimiento
obrero británico. Pocos meses después de su fundación tuvieron las
primeras crisis dado que iniciaron una serie de huelgas que los obreros
no calificados no podían soportar. A pesar de este fracaso, la experiencia
sindical mostraba que: a) un sindicato de masas de ámbito estatal era
posible; b) se podían plantear alternativas al sistema capitalista
(cooperativas de producción).
 Louis Blanc (1811-1882). Para él, la Revolución francesa de 1789 tenía
que llevar necesariamente al socialismo, ço es, que la democracia
económica y social era el desenlace lógico de la democracia política, sin
llegar al comunismo. Ante el individualismo de la Revolución, propone la
"fraternidad". Inspirado en las cooperativas de producción, piensa que la
base del orden social eran los Talleres Nacionales, entregados a los
obreros. Diferencia el sector nacionalizado (ferrocarriles, minas, Banco de
Francia...) y el sector libre, donde los talleres sociales y las empresas
capitalistas están sometidos a la libre competencia, al final los talleres
harían desaparecer gradualmente las empresas capitalistas. A diferencia
de Owen o de Fourier, quienes piensan que las colonias comunistas o los
falansteris se establecerían por iniciativa privada, propone la intervención
del Estado (al aportar capital y al regularlo) en el taller social.

2.2.1.3.3 COMUNISMO

El comunismo es un conjunto de ideologías, así como el sistema de organización


social, económica y política que proponen caracterizadas por la crítica a la propiedad
privada y por la socialización de los medios de producción, cambio, transporte y
consumo. Es en este último punto en el que se diferencia del Socialismo. Lo que
propugna es:

 La toma del poder del Estado por una vanguardia obrera que instaurase
una dictadura del proletariado.
 Socializar los medios de producción (que pasarían a ser gestionados por
el Estado)..
 Eliminar la propiedad privada, causa de las desigualdades sociales y de la
explotación.
 La desaparición del Estado (la sociedad, en la que ya no existiría la
propiedad privada, y por lo tanto, la desigualdad entre clases, se
organizaría ella misma).
 2.2.2 UTOPÍA
Etimológicamente el término "utopía", de origen griego, significa "en ningún lugar".
En filosofía es entendida como un proyecto imaginativo racional de un nuevo orden
social; proyecto que arranca de las deficiencias reales de la sociedad presente, y
pretende concienciar de que otro mundo es posible.

Las utopías se caracterizan por:

 Surgen ante lo negativo de la realidad social.


 Critican las pretensiones ideológicas de legitimación del poder instituido.
 Son como hipótesis o experimentaciones teóricas (imaginativo-racionales)
de alternativas a la realidad.
 Tienen a la vez algo de "realismo" y de "idealismo": han de tener en
cuenta la realidad social y, al mismo tiempo, deben ser "modelos" para la
sociedad.
 Aspiran a una estructuración total del mundo: a un mundo nuevo.
 Tienen una función de subversión social: suelen tener un carácter
"revolucionario" (están orientadas a un cambio radical de la sociedad).
Ejemplos de utopías son: La Ciudad del Sol de Campanella, Utopía de Tomas
Moro, Nueva Atlántida de Francis Bacon, Noticias de ninguna parte de W. Morris o El nuevo
mundo industrial y societario de C. Fourier.
Suelen incluirse en el género de las utopías las también llamadas contra-utopías o
utopías negativas. En éstas no se imagina un estado de cosas mejor sino peor. Su
dimensión crítica estriba en advertir que ese estado de cosas, que se presenta como
intolerable, no es imposible sino que ya está presente, en potencia, en el estado de
cosas actual. Contra-utopías de este tipo son Un mundo feliz de Huxley, Rebelión en la
granja y 1984 de Orwell, El cuento de la criada de Margaret Atwood.
 2.2.3 IDEOLOGÍA Y UTOPÍA
La relación entre ideología y utopía se nos muestra clara al tener en cuenta que la
ideología nos ofrece una interpretación de la vida real. Interpretación que, a menudo,
contiene una distorsión y disimulación de los aspectos negativos de esa sociedad y del
poder que la rige. Por su parte, la utopía reacciona contra lo negativo de la sociedad y,
en la medida en que propone una transformación social, es un modo de crítica de la
sociedad presente. En este sentido, ideología y utopía son términos opuestos. Es decir,
tienen funciones contrarias: pues mientras la ideología se propone mantener la
realidad social vigente, la utopía se propone transformarla.
Es lógico que la ideología dominante suela definir la utopía como algo irrealizable
pues, por definición, la ideología no tiene ningún interés en que cambie el estado
actual de las cosas. Pero abundan los casos en que las utopías se han realizado: por
ejemplo, el voto de las mujeres fue una utopía durante mucho tiempo; distintas
revoluciones han hecho realidad utopías como las comunistas o anarquistas. Con todo,
y al margen de la posibilidad o imposibilidad de su realización, la utopía permite
ofrecer un no lugar, un punto fuera del espacio y del tiempo, desde el cual consigamos
la suficiente perspectiva como para que el “orden vigente” nos resulte extraño. Esa
extrañeza respecto del orden habitual es la que hace posible ver que no hay ninguna
necesidad de que sea como es y que, por tanto, puede cambiarse por otro modo de
hacer las cosas.

Activitat 4: Defineix els conceptes "ideologia" i "utopia". Després fes un breu


comentari sobre el paper de les utopies en la transformación política. (10 línies mínim)
Actividad 5: Haz una redacción filosófica con uno de los siguientes títulos:
 Los límites del poder político
 El fin no justifica los medios
 La legitimación del poder
 La desobediencia civil ante las leyes injustas

 2.3 EL PODER POLÍTIC0


El poder político es el que se da en la organización de la sociedad. Es el poder de
quienes influyen en la administración, el control y la distribución de los bienes
comunes. En la actualidad, como esta función la lleva a cabo el Estado, se considera
que el poder político es el de quienes participan en su regulación. Ahora bien, en las
decisiones de Estado no sólo influye el gobierno o los partidos políticos, también
intervienen, los sindicatos, las asociaciones, la opinión pública, los medios de
comunicación, las grandes multinacionales... Así pues, poder político se pone de
manifiesto cuando se participa en las decisiones de Estado.
Dada la enorme capacidad de intervención y control del Estado sobre nuestras vidas,
tanto en el ámbito público como en el privado, no es de extrañar que continuamente
nos estemos planteando problemas tales como el de su origen, su legitimación y la
necesidad de su existencia. De las diferentes propuestas filosóficas realizadas en torno
a esclarecer este tipo de cuestiones nos ocuparemos en este apartado.
 2.3.1 EL CONCEPTO DE ESTADO
En un sentido amplio, podemos considerar como Estado cualquier sociedad en la
que exista algún tipo de organización política; es decir, cualquier sociedad en la que
existan organismos o grupos que se encarguen de controlar, regular y administrar
tanto los bienes comunes, como los derechos y obligaciones de todos los miembros de
la comunidad. En este sentido amplio, Estado sería sinónimo de "sociedad
políticamente organizada" y podríamos afirmar que el Estado existe desde las primeras
organizaciones humanas.

En un sentido más restrictivo, el Estado es un tipo de organización de la sociedad


cuyos rasgos distintivos son:

 ordenamiento político unitario;


 poder coactivo garantizador del respeto a dicho ordenamiento;
 hacienda pública recaudadora de impuestos y
 burocracia para administrar los recursos.
Este modo de organización social surge en Europa durante el Renacimiento. Desde
entonces aplicamos el término "Estado" a la forma de organización de las sociedades
complejas, las cuales cuentan con un centro de autoridad concentrada que dispone del
monopolio de instrumentos coercitivos para hacer cumplir las disposiciones de esa
autoridad. En este sentido Max Weber (1864-1920) sostiene que el "Estado es aquella
comunidad humana que, dentro de un determinado territorio, reclama con éxito para
sí el monopolio de la violencia física legítima". Para Weber, lo específico del Estado es
poseer el monopolio de la fuerza y la violencia física dentro de su territorio.
 2.3.2 TIPOS DE ESTADO
Las formas que puede tomar un Estado dependen del tipo de ideología dominante.
Algunas de ellas son: estado autoritario (totalitarismo), estado de derecho (liberalismo
clásico y neoliberalismo) y estado social de derecho (liberalismo keynesiano).
 2.3.2.1 ESTADO AUTORITARIO
El Estado autoritario se caracteriza por que quienes ejercen el poder no están
sometidos a ningún tipo de control. No reconocen ningún organismo que,
legítimamente, pueda criticarlo, oponerse o controlarlo. Básicamente, este monopolio
del poder se refleja en la imposibilidad que vive la ciudadanía para intervenir en los
asuntos de Estado: no puede elegir a sus gobernantes, no puede expresar
abiertamente su disconformidad... Tampoco existen órganos judiciales independientes
del gobierno; órganos que puedan aplicar las leyes sin tener en cuenta los intereses de
quienes detentan el poder. Así, la ciudadanía se halla indefensa frente a cualquier
abuso de poder político, ya que carece de cualquier medio legal efectivo para defender
sus derechos.
 2.3.2.2 ESTADO DE DERECHO
A diferencia de lo que ocurre en el Estado autoritario, en un Estado de derecho, el
poder político no puede ejercerse arbitrariamente, sino que debe actuar dentro de los
límites establecidos por el ordenamiento legal. Esto significa que las personas que
ostentan los cargos estatales e intervienen directamente en las decisiones de Estado
no pueden hacer lo que se les antoje, sino que han de tomar sus decisiones dentro de
lo que marca la ley. El objetivo es proteger los derechos individuales de las personas
frente a los abusos que pueda cometer el propio Estado.

Este tipo de Estado se caracteriza por poseer una Constitución y por establecer la
división de poderes. La Constitución es la ley que recoge los principios fundamentales
en los que descansa la organización de la sociedad: regula la estructura y el
funcionamiento del Estado; define el tipo de Estado, los derechos y deberes de la
ciudadanía, las competencias de los diferentes poderes (ejecutivo, legislativo y
judicial), los procedimientos para la elaboración de las leyes y su jerarquía, los
mecanismos para la modificación de la Constitución... La división de poderes es un
mecanismo para evitar los abusos de poder. Este mecanismo consiste en dividir el
poder político en tres poderes (el legislativo, el ejecutivo y el judicial) y en garantizar la
independencia de cada uno de ellos.
 2.3.2.3 ESTADO SOCIAL DE DERECHO
Esta forma de Estado se basa en la convicción de que el reconocimiento legal de las
derechos individuales es indispensable, pero insuficiente. El Estado también debe
subsanar las deficiencias y desigualdades generadas por el sistema económico. La
función principal del Estado ya no se reduce a proteger y velar únicamente por los
derechos individuales, sino que entre sus funciones también está promover el
bienestar de la ciudadanía. Es decir, crear un Estado de bienestar. El objetivo del
estado de bienestar ha sido conseguir la protección del ser humano desde que nace
hasta que muere, recogiendo una larga tradición histórica de lucha por los derechos
sociales. Educación, sanidad, prestaciones económicas (en caso de no encontrar
empleo, de enfermedad o de jubilación)... Se trata de proteger a la población menos
favorecida debido a las consecuencias de la aplicación del liberalismo económico. En
términos generales, el estado de bienestar ha consistido en la institucionalización de
los derechos sociales de la ciudadanía.
 2.3.3 LA LEGITIMACIÓN DEL ESTADO
La organización de la sociedad en forma de Estado implica unas normas y leyes
convencionales que regulan la convivencia, y el establecimiento de un poder capaz de
castigar a los individuos que las incumplen. ¿De dónde viene este modo de organizar
la vida social? ¿Por qué aceptamos las normas y la existencia de un poder coercitivo?
¿Es necesaria la existencia del Estado? La filosofía política reflexiona sobre estas
cuestiones, todas ellas relacionadas con el concepto de "legitimación". La legitimación
de algo, en este caso del Estado o poder político, coincide con su justificación. Esta
justificación logra darle sentido y aceptabilidad.

Quienes detentan el poder político saben que un Estado no consigue preservarse


indefinidamente si no logra legitimarse de alguna forma, es decir, si no consigue que
la ciudadanía lo acepte y le reconozca su derecho a ejercer el poder. De ahí que todo
poder político trate de legitimarse, pues de esta forma, la obediencia externa (el miedo
al uso de la fuerza, al castigo) se transforma en adhesión interna.

Las concepciones filosóficas que legitiman la existencia del Estado podemos


clasificarlas en dos grupos: las que otorgan prioridad al Estado frente al individuo
(teorías organicistas) y aquellas que confieren primacía al individuo frente al Estado
(teorías contractualistas). Por otra parte las teorías que postulan la abolición del
Estado, pueden clasificarse en anarquismo de izquierdas y anarquismo de derechas.
 2.3.3.1 TEORÍAS ORGANICISTAS
Las teorías organicistas conciben el Estado como un organismo viviente. Los
individuos son las partes que componen el organismo. Y atribuyen al Estado las
características de lo orgánico, a saber:

 la totalidad: lo orgánico es una totalidad organizada en la que cada una


de las partes remite al todo, que las dota de sentido; a la vez, el “todo” es
distinto a la suma de sus partes: El Estado, como un "todo", es anterior a
las partes (los individuos). Estas, separadas del “todo”, no tienen una
existencia real, son meras abstracciones.
 la funcionalidad: el organismo se compone de partes desiguales aunque
combinadas de manera que puedan ejercer las funciones para las cuales
han sido designadas: la perfección humana sólo se puede alcanzar dentro
del Estado.
 el carácter finalista o teleológico: el Estado tiene carácter ético, su
finalidad es procurar el "bien" de la comunidad.
Ejemplos de estas teorías son, entre otras, las de Platón (-427/-347), Aristóteles (-
384/-322) y Hegel (1770-1831).
 2.3.3.2 EL CONTRACTUALISMO
Las teorías contractualistas se proponen ofrecer una explicación teórica del origen
del Estado, legitimar (justificar) su existencia, así como sus fines y sus límites. Este
origen y legitimación se halla en un pacto o contrato social libremente establecido por
los hombres.
Este tipo de teorías aparecieron en el siglo XVII. Antes no se había planteado la
problemática sobre la legitimación del Estado porque éste no sólo era considerado
necesario, sino también natural. Por lo tanto, tratar de justificarlo se veía como algo
tan absurdo e innecesario como lo sería justificar el orden de la naturaleza: es así y no
está en nuestras manos ni corregirlo ni modificarlo. El contractualismo surge en el
momento en que se produce un cambio de perspectiva: de la consideración del Estado
como algo natural se pasa a la certeza de su carácter convencional. Así, tanto las leyes
y normas sociales como las instituciones y los órganos de poder se ven como una
creación humana que puede ser desechada o modificada.

Este grupo de teorías se caracteriza por sostener que:

 Los individuos son anteriores al Estado y fuera de él poseen libertades y


derechos naturales. Los individuos son reales y el Estado es una
abstracción.
 El Estado se constituye por un "contrato social" realizado entre los
individuos.
 El fin del Estado es mejorar las deficiencias del estado de naturaleza y los
límites en el ejercicio del poder vienen definidos por el cumplimiento de
la finalidad del Estado.

2.3.3.2.1 TEORÍAS CONTRACTUALISTAS CLÁSICAS

El esquema seguido por las teorías del contrato social de los SS. XVII y XVIII es el
siguiente:

 Estado de naturaleza: los individuos viven fuera de cualquier tipo de


sociedad organizada y poseen unos derechos "naturales".
 Contrato social: Con el objeto de mejorar la vida del estado de naturaleza,
los individuos determinan renunciar a los derechos naturales para
constituirse en sujetos de derechos civiles. Este contrato no sólo explica
cómo se origina el Estado, sino que además pretende legitimarlo.
 Estado: el resultado del contrato social será un Estado con un
determinado sistema político.
Los representantes del contractualismo clásico son, entre otros: Thomas Hobbes,
John Locke y Jean Jacques Rousseau, cuyas teorías veremos a continuación.

El filósofo inglés Thomas Hobbes (1588-1679) estaba convencido de que era el


primero que abordaba los problemas de la sociedad y del Estado de una manera
científica porque empleó el denominado "método de composición genética". La idea
básica de este método (que no es sino una aplicación del método científico, en su
versión galileana, al ámbito de la filosofía política) es hacer una "descomposición"
racional de la sociedad, para volver a "recomponerla" de manera ordenada. Para
entender bien este método podemos fijarnos en el siguiente texto extraído de su
obra De cive:
Así como en el reloj, o en cualquier otro diminuto artefacto, la materia, la forma y el movimiento de las
ruedas sólo pueden ser bien conocidos si se le descompone en sus partes y se examina cada una de ellas,
para proceder a un estudio minucioso de los Estados y de los deberes de los súbditos es necesario no
descomponerlos, sino considerarlos como si ya estuvieran descompuestos.

Pues bien, de la misma manera que con el reloj hay que considerar materia, forma y
movimiento, en el Estado hay que proceder de forma análoga analizando materia,
forma y poder. La materia, o partes componentes del Estado, son los hombres; la
forma que lo ha de constituir es el pacto social; el poder, por su parte, sólo es legítimo
cuando lo ejerce un soberano absoluto. Hobbes se apoya en su teoría del contrato
social para justificar el absolutismo como forma de gobierno.

Hobbes concibe al hombre como un ser fundamentalmente egoísta. En el estado de


naturaleza todos los hombres viven libres, sin ningún tipo de limitaciones, sólo las que
les fijan las propias leyes de la naturaleza. A esta libertad que tienen los hombres de
usar su propio poder como les plazca la llama Hobbes “derecho natural”. En el estado
de naturaleza, los hombres actúan movidos por dos principios: a) defender su propia
vida (autoconservarse); y, b) satisfacer sus apetitos naturales. En los demás animales,
los apetitos naturales tienen por finalidad satisfacer sus necesidades, pero el hombre
puede, gracias a su entendimiento, extender sus apetencias a todo lo que su
imaginación considere placentero. Y aquí está el origen de todos los males humanos,
pues al no haber nada que limite sus deseos y pasiones, los hombres se enfrentan
continuamente, ya que tienen que luchar por conseguir recursos escasos, por
defenderse de otros, e incluso por afirmar su superioridad ante los demás. De ahí que
en el estado de naturaleza, según Hobbes, el hombre es un lobo para el hombre (homo
homini lupus) y que el estado de naturaleza lo describa como una guerra de todos
contra todos. En esta situación la vida humana es calificada por Hobbes como solitaria,
pobre, desagradable, brutal y corta.
Esta es la descripción que hace Hobbes del estado de naturaleza en su obra el Leviathan.
Aquí, las relaciones humanas pacíficas parecen imposibles. Pero la razón, que lleva a
los hombres a excitar sus pasiones al imaginar placeres y apetencias más allá de sus
necesidades, les lleva también a reflexionar sobre cómo mejorar sus condiciones de
vida. De ahí que para salir de esa guerra de todos contra todos, los hombres acaben
estableciendo un “pacto” o “contrato social” con el que crean el Estado o sociedad civil.
¿En qué consiste ese “contrato social”? En que cada hombre por separado se
compromete a renunciar a sus derechos naturales (o sea, renuncia a usar su poder
libremente) y los cede a un individuo o asamblea, siempre y cuando todos los demás
hombres se comprometan a lo mismo. De ese modo, mediante ese “contrato social”,
los individuos quedarán desprovistos de sus derechos naturales y el poder instaurado
será la fuente de toda legislación y de todo orden, no pudiendo ser cuestionado en sus
decisiones, ya que de serlo, se rompería el pacto por el que se ha constituido la
sociedad civil, y los individuos volverían al estado de naturaleza. Dado que el poder
instaurado no puede ser cuestionado, tampoco se le pueden establecer límites
externos para el ejercicio del mismo. La resistencia al poder establecido únicamente
está justificada cuando éste no pueda garantizar el fin para el cual fue constituido, a
saber: la autoconservación del individuo o, hablando en términos más generales, el
mantenimiento del orden, la paz y la seguridad. El poder político establecido por el
contrato social puede residir en un individuo o en una asamblea, pero en cualquier
caso tienen un carácter absoluto (el poder no puede estar dividido, según Hobbes): es
la fuente de la ley civil y se le debe obediencia, pero él no está sujeto por sus propias
leyes.
El filósofo inglés John Locke (1632-1704), en contra de la concepción absolutista de
Hobbes, defendió la concepción liberal del Estado. Para fundamentar la existencia del
Estado, utilizó las mismas categorías teóricas que Hobbes (estado de naturaleza,
contrato social, estado civil), pero las caracterizó de manera diferente.
Los rasgos del estado de naturaleza, según Locke, son:

 Los individuos poseen unos derechos naturales: el derecho a la propia


vida, a la libertad y a la propiedad privada.
 Los hombres son seres racionales, y por lo tanto, libres. La razón les
sirve, entre otras cosas, para conocer sus derechos naturales.
 El estado de naturaleza no es un estado de guerra, como sostenía
Hobbes, sino un estado en el que los hombres, guiados por su razón,
conviven en régimen de igualdad y libertad. De esta convivencia parece
deducirse la existencia de una sociedad previa al Estado: la sociedad civil.
Para Locke, el estado de naturaleza no tiene las connotaciones negativas que tenía
para Hobbes. Pero si tal estado no parece gobernado por los conflictos sino por la
concordia, ¿por qué los hombres lo abandonan y constituyen un Estado político?
Según Locke todo surge como consecuencia del derecho de propiedad: en un principio
los hombres llevaban una vida muy simple. Poseían unos pocos bienes elementales
que compartían entre sí para facilitar la supervivencia. Pero a medida que se iba
desarrollando la producción de bienes, aparecieron las desigualdades económicas i los
intereses humanos entraron en conflicto. Como en el estado de naturaleza, cada
hombre debía castigar a quien violara sus derechos, cada uno era juez de su propia
causa. Esto es lo que dificulta la vida en el estado de naturaleza, según Locke. En
consecuencia se hace necesario establecer un poder imparcial que intervenga (a través
del establecimiento de leyes y del poder coercitivo) cada vez que los derechos de los
individuos sean vulnerados.

Pero al crear el Estado los individuos no renuncian a sus derechos naturales (tal
como sostenía Hobbes), sino que el Estado se crea justamente para defender los
derechos naturales cuando no sean respetados. Con el Estado, los individuos tendrán
garantizada su propiedad privada. Por eso, el contrato con el que se constituye el
Estado debe ser un contrato bilateral (afecta tanto a súbditos como a gobernantes, a
diferencia de lo propugnado por Hobbes,), debe estar basado en el libre
consentimiento y debe ser efectuado a favor de la voluntad de la mayoría. Por lo tanto,
el Estado ha de estar al servicio de los individuos: su función es mediar entre los
intereses de los individuos (esos intereses serán casi siempre económicos).
Locke concibe el "estado político" como una mejora y perfeccionamiento del "estado de
naturaleza". Por eso, el contrato social ha de ser bilateral, porque hay que poner
límites a quienes asumen las cesiones de poder efectuadas por los individuos. Los
individuos ceden sus derechos a hacer leyes, a juzgar y a castigar (es decir, ceden sus
poderes ejecutivo, legislativo y judicial) siempre y cuando la otra parte contratante
utilice los poderes que se le han cedido para conseguir que se cumpla la finalidad del
pacto o contrato: asegurar la vida, la libertad y las propiedades de cada individuo.
¿Hasta qué punto la sociedad civil concebida por Locke debe obedecer al Estado?
¿Admite alguna excepción? En su opinión, las leyes elaboradas por el Estado deben
respetarse siempre, a no ser que vayan manifiestamente contra los dictados de la
razón o de dios.

Jean Jacques Rousseau (1712-1778) es un filósofo ilustrado. Critica duramente a la


sociedad burguesa de su época y a muchas de las ideas aceptadas en su tiempo sobre
la civilización. En el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres,
sostiene que la sociedad es el origen de los males del hombre y la que lo corrompe. En
su opinión, la organización social moderna es tal que, en ella, el hombre vive
esclavizado y alienado. En consecuencia, no es feliz. ¿Cuál es la causa de esta
situación? Para Rousseau, uno de los desencadenantes que más claramente ha
conducido a esa pésima situación, es que los progresos en las ciencias y las artes no
han venido acompañados de progresos morales. Las ciencias y las artes, además,
contribuyen a fomentar la desigualdad entre los hombres y a hacer que, en las
relaciones de unos con otros, impere el egoísmo, la vanidad y la necesidad de dominio.
Otros factores que han intervenido en el arraigo de las desigualdades son: el
establecimiento de la propiedad privada (que ha generado una división entre ricos y
pobres); la institución de la magistratura (que ha dado lugar a poderosos y a débiles);
la transformación del poder legítimo en poder arbitrario (de la que se sigue la escisión
de la sociedad en amos y esclavos). Ante esta situación, favorecida por la confianza
ciega en el ideal del progreso, Rousseau piensa que es preciso modificar la sociedad
actual sobre la base de un contrato social que garantice la pervivencia de la mayor
parte de las características que el hombre tenía en el estado de naturaleza.
Si el hombre ha sido corrompido por la sociedad, es preciso reflexionar sobre el
“estado de naturaleza” del ser humano. Hobbes vio en el estado de naturaleza el
estado de guerra de todos contra todos. Locke vio una situación en la que la
racionalidad hacía deseable la existencia del Estado para preservar mejor la vida, la
libertad y la propiedad privada naturales. Ambos filósofos vieron en el pacto o contrato
el medio convencional para establecer el Estado, que en todo caso es presentado como
una situación mejor. Rousseau disiente de algunos de estos planteamientos. Recurre a
la hipótesis del estado de naturaleza, pero no la utiliza como hipótesis histórica, sino
como un “modelo” o ideal que sirve para juzgar el presente: ¿cuántos males le han
sobrevenido al hombre por la vía de la sociedad? Para Rousseau, la naturaleza es
buena, el Estado corrompe. En el Estado, el hombre es esclavo, está dominado por el
poder del más fuerte. En el estado de naturaleza, el hombre era libre, deseoso sólo de
conservar la vida satisfaciendo sus necesidades naturales. En el estado de naturaleza,
el hombre no necesita el trabajo para vivir, tampoco el hogar y ni el lenguaje, pero vive
sin guerras, sin necesitar a nadie y sin el deseo de hacer daño. La gran ventaja de la
vida en el estado de naturaleza era la presencia de la igualdad moral o política, no de
la natural. El tiempo y la propia perfectibilidad del hombre les han llevado
gradualmente a la necesidad de establecer vínculos sociales, saliendo del estado
natural por algún funesto azar. El establecimiento de la propiedad privada es el
momento en el que se rompe el encanto del estado natural. Una vez introducida la
propiedad privada, se introduce con ella la desigualdad moral, y con ambas queda
instituido el Estado mediante el contrato social, que con sus leyes sanciona y perpetúa
la propiedad privada y la división entre ricos y pobres. Rousseau concluye que este
tipo de desigualdad es contraria al derecho natural. El problema, para Rousseau, como
expone en el Contrato social, está en que, siendo el contrato necesario, no suponga la
anulación de la libertad que los hombres tenían en el estado de naturaleza, pero
¿cómo puede el hombre permanecer libre renunciando a su libertad? La respuesta de
Rousseau es que no hay contrato social posible sin la existencia de una “voluntad
general”. Con esta expresión alude a la imagen de que el cuerpo social, como persona
moral que es, igual que todo individuo, ha de poseer un alma que lo anime, una
“voluntad”, que no puede ser sino “general”: el interés común, la armonía de intereses,
la “norma de lo justo”. Según Rousseau, someterse a la “voluntad general es ceder toda
la libertad y derechos personales a los demás y recibir, a cambio, los derechos y la
libertad de todos los demás. El resultado de este pacto es el pueblo soberano, el
conjunto de ciudadanos, que constituyen el poder, la sociedad política o el Estado. En
este estado, el ciudadano es libre, porque al someterse libremente a la voluntad
general y a sus leyes, está en realidad obedeciéndose a sí mismo, a su propia voluntad.
Aquí ya puede verse la orientación moral que Rousseau da a su respuesta: si el
hombre ha de aceptar leyes, las únicas leyes que no sólo no suprimen la libertad, sino
que además la hacen posible, son las leyes morales, por tanto, sólo aceptará leyes
morales, lo cual manifiesta, además, las raíces morales del Estado. El contrato se hace
entre la comunidad y el individuo y viceversa. Cuando el contrato es violado, Rousseau
entiende que la insurrección es legítima.

2.3.3.2.2 TEORÍAS NEOCONTRACTUALISTAS

El carácter a-histórico de las teorías del contrato social y, sobre todo, como ya
mencionaba Hume, la dificultad para fundamentar la obligación personal de mantener
las promesas (que es la base de la obligación política de obedecer al gobierno),
constituyeron escollos insalvables para el contractualismo clásico. Sin embargo, en el
siglo XX, aparecen nuevas teorías del contracto social, que, prescindiendo de toda base
natural, subrayan la convencionalidad de todo tipo de obligaciones, sin, por ello, negar
su utilidad de cara a promover y garantizar importantes intereses humanos.

Las teorías neocontractualistas no pretenden determinar cuál es el origen del Estado,


sino establecer qué condiciones darán legitimidad, justificación y fundamentación
racional del orden político, del poder, y de las instituciones sociales. Es decir,
pretenden justificar la permanencia del Estado como poder público que está por
encima de individuos libres e iguales, en quienes reside en última instancia la
soberanía. Para ello recurren a "ficciones" como, por ejemplo, la posición originaria de
John Rawls y la comunidad ideal de diálogo de Jürgen Habermas.

La teoría de la justicia de Rawls, ideológicamente comprometida con la defensa de un


liberalismo de signo progresista (algo así como un socialismo democrático moderado),
pretende ser una superación del intuicionismo (concepción según la cual la única vía
de conocimiento de la justicia es la intuición) y, sobre todo, del utilitarismo (la justicia
depende de las consecuencias de las acciones o de las normas).
Rawls parte de una concepción de la sociedad como un sistema de cooperación
entre personas libres e iguales que persigue la perfecta satisfacción de los intereses de
todos y cada uno de sus componentes. La cuestión es, entonces, encontrar unos
principios que maximicen las ventajas de la colaboración social y minimicen los
inevitables riesgos y perjuicios derivados de la diversificación social, que contribuyan a
plasmar, en la mayor y mejor medida posible, los viejos ideales ilustrados de la
libertad y la igualdad. Rawls pretende elaborar una teoría de la justicia en la que se
niega que la pérdida para algunos se convierta en correcta por el hecho de que un bien
mayor sea así compartido por otros. Esta teoría se propone justificar, basándose en la
teoría clásica del contrato social (al que considera fundamento moral de la sociedad),
unos principios de justicia que puedan servir para establecer cuándo pueden
considerarse justas ciertas normas, instituciones sociales, etc.

Según Rawls una ley es legítima cuando es consecuencia de un pacto originario


entre todos los miembros de la sociedad. Este pacto está destinado a diseñar una
sociedad esencialmente justa e igualitaria. Para asegurar la justicia social, es decir, que
las instituciones y las normas promueven la igualdad entre todos, deberíamos poder
pensar que éstas han surgido de un pacto originario entre individuos iguales y libres.
Este pacto debe hacerse desde la total imparcialidad. Para asegurar tal imparcialidad,
Rawls recurre al concepto de “velo de la ignorancia”.

La idea de contrato social remite a una “posición original”, o situación original


hipotética, en la que un conjunto de seres humanos, carentes de interés los unos por
los otros, se reúnen para construir una sociedad en la que a todos los contratantes les
resulte conveniente vivir. Es decir, los individuos deben establecer las condiciones en
que están dispuestos a vivir en sociedad, esto es, las normas de justicia que están
dispuestos a adoptar. En esta situación, para asegurar la existencia de condiciones de
imparcialidad y de universalidad que permitan llegar a un consenso en la
determinación de los principios de justicia, Rawls introduce el concepto del "velo de la
ignorancia" cuya función es que, a la hora de elegir los principios de la justicia, se haga
tabula rasa de todos los intereses particulares que afectan a las partes. Es decir,
quienes se encuentran en la posición original se hallan privados de ciertos
conocimientos y poseen otra serie de ellos. No deben saber: a) el lugar que ocuparán
en la sociedad (si serán hombres o mujeres, si se hallaran en la pobreza o en la
riqueza, si pertenecerán a la clase empresaria o a la trabajadora, si ocuparán puestos
de trabajo ejecutivos o de mano de obra no cualificada); b) su suerte en la distribución
de capacidades naturales (inteligencia, fuerza física, etc.); c) los datos particulares de
su plan racional de vida; d) los rasgos especiales de su psicología (pesimismo,
optimismo, etc.); e) las condiciones de su sociedad: situación económica y política,
nivel de civilización y cultura; a qué generación pertenecerán. Deben saber: a) que su
sociedad está sujeta a las condiciones de la justicia, es decir, a una serie de factores
objetivos y subjetivos, que hacen que la cooperación humana sea posible y necesaria
(las condiciones objetivas vienen dadas por el hecho de que una pluralidad de
personas debe coexistir en un territorio geográficamente limitado, donde los recursos
naturales no son ilimitados, de manera que se hace necesaria la cooperación; las
condiciones subjetivas consisten en que tales personas son aproximadamente
similares en capacidad física y mental, son vulnerables a los ataques de las demás y
sus planes de vida pueden ser bloqueados por la fuerza unida de las otras); b) los
hechos generales acerca de la sociedad humana; c) los principios de la economía
política; d) las bases de la organización social; e) las leyes de la psicología humana.

Quienes deciden, conversan, dialogan y contratan tras el velo de la ignorancia,


atendiendo únicamente a sus propios intereses (y en ausencia de todo tipo de
empatía), parecen alcanzar acuerdos relativos a la conveniencia de que nadie disfrute
de grandes privilegios, con objeto de asegurarse unas condiciones de vida lo menos
desfavorables posibles en el caso de que su posición fuera la peor situación
imaginable. Tales acuerdos presuponen la adopción de una determinada regla por
parte de quienes se hallan en la situación originaria: la regla maximin, que consiste en
maximizar las exigencias de los individuos socialmente más débiles, es decir, en
procurar obtener lo mejor en la peor situación concebible.
En esta situación y mediante esta estrategia (la regla maximin), los individuos escogen
dos principios:

 el principio de igualdad: Cada persona ha de tener un derecho igual al


más amplio sistema total de libertades básicas, compatible con un
sistema similar de libertad para todos, y
 el principio de diferencia: Las desigualdades económicas y sociales han de
ser estructuradas de manera que sean para: a) mayor beneficio de los
menos aventajados, de acuerdo con un principio de ahorro justo, y b)
unido a que los cargos y las funciones sean asequibles a todos, bajo
condiciones de justa igualdad de oportunidades.
El primer principio asegura el máximo de libertad de cada persona, compatible con
el máximo de libertad de todas las demás. El segundo tiene que ver con la distribución
de bienes en la sociedad. Y nos dice que las desigualdades económicas sólo se
justifican cuando resulten más beneficiosas para todos que la igualdad; y que los
individuos accederán a los distintos cargos o posiciones sociales en igualdad de
condiciones. Después de deducir cuáles serían los principios básicos que alguien
totalmente imparcial elegiría para legitimar un sistema legislativo, Rawls define la
justicia como aquella situación en la que todos los valores sociales fuesen distribuidos
igualitariamente, salvo que una distribución desigual beneficiase a todos los miembros
de la sociedad. A esta justicia, llama Rawls “justicia equitativa” o justicia entendida
como “equidad” o “imparcialidad”. Y considera que este concepto de justicia es
superior al del utilitarismo.

El resultado buscado por Rawls es que nadie admita, por ejemplo, instituciones y
normas que permitan que las privaciones de algunas personas se compensen mediante
un mayor bien para todas en general, ya que el hecho de que algunas deban tener
menos con objeto de que otras prosperen puede ser ventajoso, pero no justo. La
justicia se obtendrá aplicando la regla “maximin” en la resolución de conflictos sobre
cuestiones relativas a la libertad, igualdad de oportunidades, renta, riqueza, etc.

2.3.3.2.3 LA CRÍTICA FEMINISTA. CAROL PATEMAN: EL CONTRATO SEXUAL

La filósofa australiana Carol Pateman ha observado que el ámbito teórico y


académico de la filosofía política convencionalmente concentra su objeto de estudio e
investigación en el mundo masculino público: el mundo universal del individualismo,
los derechos, el contrato, la razón, la libertad, la igualdad, la imparcialidad y la
ciudadanía. Pero, la filosofía política clásica sí se ocupó del tema del sexo. Con la
excepción de Hobbes, sostuvo que las mujeres carecían naturalmente de los atributos
y las capacidades de los “individuos”. Las mujeres no son individuos, ni son parte del
contrato social a través del cual los hombres transforman su libertad natural en la
seguridad de la libertad civil. Los filósofos políticos clásicos eran conscientes que sólo
los hombres podían contratar y que las mujeres únicamente podían entrar en un
contrato particular: el matrimonial. Las mujeres son el objeto del contrato. El contrato
(sexual) es el vehículo mediante el que los hombres transforman su derecho natural
sobre la mujer en la seguridad del derecho civil patriarcal. De este modo, los teóricos
clásicos del contrato, a excepción de Hobbes, construyeron la diferencia sexual como
diferencia política, la diferencia entre la libertad natural de los hombres y la sujeción
natural de las mujeres. La diferencia sexual es una diferencia política, es la diferencia
entre libertad y sujeción.

Sin embargo, la filosofía política actual pasa por alto todo eso, lo sustrae de la
discusión apelando a la neutralidad sexual, privilegia la esfera pública, e ignora los
resultados de la investigación feminista. En efecto, la filosofía política actual sólo se
ocupa de la esfera pública, del mundo masculino. No suele reconocer que ésta obtiene
su significado en oposición a la esfera privada (el mundo femenino): el mundo de la
particularidad, la sujeción natural, la desigualdad, la emoción, el amor, la parcialidad.
Ve la esfera privada como el estado natural, como el fundamento de la vida social y
política y, por tanto, no susceptible de investigación teórica. Ignora, u oculta, que
ambas esferas forman parte de una misma construcción. Eso es así porque la filosofía
política actual opera con categorías patriarcales.

Pateman sostiene que la diferencia sexual no es irrelevante como tampoco lo es la


subordinación de las mujeres, más bien al contrario: ambas son centrales en la
construcción de la filosofía política moderna. En su libro El contrato sexual (1988)
muestra como la teoría contractual clásica ha estado construida dentro de la división
sexual entre las esferas pública y privada. El contrato social es un pacto sexual-social
que establece las igualdad entre los hombres y la diferencia entre mujeres y hombres.
Las mujeres quedan relegadas a la esfera privada, no son individuos, no son
ciudadanas, carecen de derechos y libertades; y cuando acceden al mundo público lo
hacen como mujeres. Además, la teoría del contrato social, al afirmar que todos los
hombres nacen libres e iguales en el estado de naturaleza, justifica la subordinación
de las mujeres. Por tanto, el contrato social genera siempre relaciones de dominación y
subordinación. La diferencia sexual marca la línea divisoria entre libertad y
subordinación. El contrato es el medio a través del cual se constituye el patriarcado
moderno.
 2.3.3.3 TEORÍAS ANARQUISTAS
Aunque ya hemos hablado brevemente del anarquismo como ideología, ahora
volvemos a tratarlo porque es un teoría que aboga por la abolición del Estado. Como
ya hemos visto, el anarquismo es un rechazo de la estructuración política de una
sociedad y, sobre todo, de la necesidad de un Estado para garantizar el orden y la
libertad de una sociedad. Sostiene que hay métodos más sencillos y mejores de
organizar la sociedad humana. Para el pensamiento anarquista, el Estado es un
obstáculo para el progreso de los pueblos y la instauración de la justicia social; por
tanto, algo a eliminar.

Actualmente se distingue entre un anarquismo de izquierdas y un anarquismo de


derechas. La diferencia entre el anarquismo de izquierdas y el de derechas es ésta:

 Del anarquismo de izquierdas ya tratamos en el apartado sobre las


ideologías.
 El anarquismo de derechas quiere el Estado mínimo o ningún Estado.
Sostiene que la sociedad humana ideal estará basada en el derecho
absoluto a la propiedad privada y se mantendrá unida por una
cooperación voluntaria basada en intercambios económicos, bien entre
individuos, bien entre corporaciones de negocios pequeñas y grandes.
Tiene la esperanza de llegar a una situación en la que el Estado no
intervenga en las operaciones del capitalismo. Representantes, entre
otros: Robert Nozick y Robert Paul Wolff.
 2.3.4 DESOBEDIENCIA CIVIL
Una de las formas de moralizar nuestras democracias es la desobediencia civil.
Cuando la justicia, o el bien común, se alejan de “la política” y de la vida ciudadana,
cuando la participación política en los asuntos colectivos se convierte en un camino
lleno de obstáculos, ¿es obligatorio obedecer a unas leyes que se consideran
moralmente injustas?

La desobediencia civil consiste en poner de manifiesto la no obligatoriedad de


obedecer leyes injustas. Revela, pues, un conflicto entre ética y derecho. Su práctica se
caracteriza porque:

 se acepta el marco general de convivencia que la comunidad política se da


a sí misma;
 es no-violenta;
 se aceptan las penas legales que comportan las acciones realizadas;
 está motivada por razones político-morales.
Para John Rawls la desobediencia civil (si mantiene una fidelidad absoluta al derecho
y es una apelación al sentido de la justicia de la mayoría) es un recurso estabilizador
del sistema constitucional, ya que: primero, pone de manifiesto las injusticias (es decir,
la violación de derechos) y, segundo, colabora en la erradicación de las injusticias con
su denuncia. Así, eliminando los focos de tensión, se colabora en el perfeccionamiento
del sistema.
Se supone que en un régimen democrático razonablemente justo hay una concepción general de la
justicia, mediante la cual los ciudadanos regulan sus asuntos políticos e interpretan la constitución. La
violación persistente y deliberada de los principios básicos de esta concepción, en cualquier período de
tiempo, especialmente las infracciones de las libertades fundamentales, invita a la insumisión o a la
resistencia. Al cometer desobediencia civil, una minoría fuerza a la mayoría a considerar si desea este
modo de actuación o si, a la vista del sentido común de la justicia, desea reconocer las legítimas
pretensiones de la minoría [...]. Aunque la desobediencia civil justificada parece amenazar la concordia
ciudadana, la responsabilidad no recae en aquellos que protestan, sino en aquellos cuyo abuso de poder y
autoridad justifica tal oposición, porque emplear el aparato coercitivo del estado para mantener
instituciones manifiestamente injustas es una forma de fuerza ilegítima a la que los hombres tienen
derecho a resistirse (John Rawls, Teoría de la Justicia)

Por su parte Jürgen Habermas sostiene que la desobediencia civil es una vía
alternativa de participación en la vida política ya que contribuye a configurar de un
modo no-convencional la voluntad política colectiva; otorgando legitimidad a un
Estado necesitado de ella.

El siguiente artículo del diario El País, puede ser interpretado como un ejemplo del
tipo de ética aplicada por el poder ideológico que, para imponer sus creencias sobre la
muerte a toda la sociedad, hace uso del poder político y sanciona arbitrariamente
conductas inaceptables para el ideario católico. El fin justifica los medios. El uso de la
falsa denuncia para... mostrar quién tiene el poder?

NOTAS
1
 Cfr. El totalitarismo en Los ojos de Hipatia.
2
 En el siglo XIX se extiende por Europa y América del Norte la revolución industrial, cuyos inicios se
sitúan en la Inglaterra del siglo XVIII. Esta revolución industrial se ve propiciada por el desarrollo
científico-técnico, el auge del colonialismo europeo, y una organización económica de corte liberal
(guiada por la libre competencia, la búsqueda del beneficio y la no intervención del Estado en los asuntos
económicos). Pues, bien, según las doctrinas liberales, la libre competencia habría de llevar a un
equilibrio en el reparto de riqueza. Pero la puesta en práctica de economías de corte liberal en Europa y
América del Norte demostró que esto no es así. Por el contrario, estos sistemas económicos propiciaban el
enriquecimiento rápido de empresarios y comerciantes, al tiempo que conducían a una gran parte de la
población a una vida miserable, sin seguridades de ningún tipo frente a las desgracias, y obligada a
soportar unas condiciones laborales inhumanas.

Bibliografía
 Aubet, María José. Derechos humanos. Ética 4t ESO. Eds. del Serbal. Barcelona, 1999
Barceló, Alfons. "Economia i poder" en Ángel San Martín de. Els espais de poder. V
Universitat d’Estiu a Gandia. 1988
 Bugarín Lago, Alejandro. Filosofía 1 Ed. Everest. León, 1999
 Castro Noguiera, L, et alii. Filosofía 1. Ed. Espasa. Madrid, 2000
 Cejundo Córdoba, R. et alii. Filosofía 1. Ed. Edebé. Barcelona, 1999
 Cuesta, R. y Borja, J. V. La obligación de obedecer las leyes, ¿puede tener excepciones?.
Unidad didáctica para Ética de 4º curso de la E.S.O.
 Díaz Díaz, Laura et alii. Filosofía 1. Ed. Donostiarra. San Sebastián. 1998
 Larrauri, Maite. "L’arqueologia de Michel Foucault" en Ángel San Martín de. Els espais
de poder. V Universitat d’Estiu a Gandia. 1988
 Navarro Cordón, J.M. et alii Filosofía 1. Ed. Anaya. Barcelona, 2000
 Viquipèdia: “anarcosindicalisme”.

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