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Lorena Isabel Altamirano Romo

Tesis: construcción de lo femenino en las subjetividades: pintura colectiva en territorios zapatistas
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UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE

CHIAPAS FACULTAD DE
HUMANIDADES
CAMPUS VI

Pintura colectiva en comunidades zapatistas:


construcción de “lo femenino” en las
subjetividades
...

Tesis

Que para obtener el grado de

Maestra en Estudios Culturales

Presenta

Lorena Isabel Altamirano Romo PS1155

Director de Tesis

Dr. Marco Vinicio Herrera Castañeda

Tuxtla Gutiérrez - Chiapas

2021
Código: FO-113-09-
05
Revisión: 0

CARTA DE AUTORIZACIÓN PARA LA PUBLICACIÓN ELECTRÓNICA DE LA


TESIS DE TÍTULO Y/O GRADO.

El (la) suscrito (a) Lorena Isabel Altamirano Romo,


Autor (a) de la tesis bajo el título de “Pintura colectiva en comunidades zapatistas:
construcción de lo femenino en las subjetividades”.
Presentada y aprobada en el año 2021, como requisito para obtener el título o
grado de Maestría en Estudios Culturales, autorizo a la Dirección del Sistema de
Bibliotecas Universidad Autónoma de Chiapas (SIBI-UNACH), a que realice la
difusión de la creación intelectual mencionada, con fines académicos para que
contribuya a la divulgación del conocimiento científico, tecnológico y de innovación
que se produce en la Universidad, mediante la visibilidad de su contenido de la
siguiente manera:

 Consulta del trabajo de título o de grado a través de la Biblioteca Digital de


Tesis (BIDITE) del Sistema de Bibliotecas de la Universidad Autónoma de
Chiapas (SIBI- UNACH) que incluye tesis de pregrado de todos los
programas educativos de la Universidad, así como de los posgrados no
registrados ni reconocidos en el Programa Nacional de Posgrados de
Calidad del CONACYT.

 En el caso de tratarse de tesis de maestría y/o doctorado de programas


educativos que sí se encuentren registrados y reconocidos en el Programa
Nacional de Posgrados de Calidad (PNPC) del Consejo Nacional del
Ciencia y Tecnología (CONACYT), podrán consultarse en el Repositorio
Institucional de la Universidad Autónoma de Chiapas (RIUNACH).

Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; a los 18 días del mes de noviembre del año 2021.

Lorena Isabel Altamirano Romo


Boulevard Belisario Domínguez Km 1081, Sin Número. Terán. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. México. C.P.29050 Teléfono (961) 615 55 04 y (961) 615 13 21 www.biblioteca.unach.mx [email protected]
Este trabajo es producto del apoyo recibido por el Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) a través del
Programa de Becas Nacionales del Programa Nacional de
Posgrados de Calidad (PNPC) como becaria: 866913
Agradecimientos

A Conacyt, a los y las docentes de la Maestría en Estudios Culturales, a


Bertha Palacios por su humanidad, y a Marco Vinicio Herrera por aceptar
dirigirme, gracias por compartir su sabiduría, ser escucha y guía en este proceso,
a la Maestra Rosario por ser el puente para llegar a este país. Al maestro Luis
Ocaña por compartir su conocimiento.

A mis compañeros y compañeras por abrir su corazón y hacerme sentir en casa.

A mis amigos, amigas que conocí en Chiapas, a la vecindad de Terán que han
sido mi familia en estos territorios mayas.

Al zapatismo por abrirme las puertas, a las juntas del buen gobierno y a la junta
de la resistencia y la rebeldía. A los y las participantes de esta tesis de quienes
aprendí el cuidado de la vida. A las y los compañeros de la red de apoyo al
zapatismo “la Otra Tuxtla”. A mis amigos y amigas de varios lugares del mundo
que conocí en los caracoles zapatistas y que también forman parte de este
trabajo.

A las mujeres zapatistas, a las mujeres de las comunidades, a las mujeres de


México en general que tanto me han enseñado.

A las Brujas Universitarias por construir espacios de esperanza.

A mis hermanos y hermanas de sangre Juan Fer, Jorge y Cris, a mis sobrinas y
sobrino. También a mis hermanos y hermanas de elección de vida que están en
Ecuador por ser cómplices y siempre estar a la distancia.

A mis padres Juan y Martha por darme la vida, enseñarme que los sueños son
posibles, que sólo tienes que confiar. Gracias por darme una vida digna.

Esta tesis se la dedico a mi abuela Luz que hoy es una estrella que me ilumina.
Índice

Introducción ........................................................................................................................... 3

Justificación ............................................................................................................................ 5
Objetivo general .................................................................................................................. 9
Objetivos específicos........................................................................................................... 9

Capítulo I. Acercamiento al Zapatismo .............................................................................. 10


1.1. Breve historia de la rebeldía en los Altos de Chiapas ............................................... 10
1.1.1 ¿Por qué Chiapas? ............................................................................................................. 11
1.2. Estructura Interna ...................................................................................................... 14
1.2.1 Zapatismo o Neozapatismo ............................................................................................... 15
1.3. Mujeres zapatistas ..................................................................................................... 16
1.3.1 Participación de las mujeres en la vida miliciana .............................................................. 18
1.3.2 ¿Qué pasó con la Ley Revolucionaria de Mujeres? ........................................................... 20
1.3.3 Organización geopolítica femenina zapatista.................................................................... 23
1.4 Nuevos alcances mundiales del EZLN ......................................................................... 27

Capítulo II. Arte y Política ................................................................................................... 31


2.1 El mural y la vanguardia mexicana ............................................................................. 31
2.2 Entre Muralismo y Pintura Colectiva. La importancia de deslindarse del concepto de
mural ................................................................................................................................. 33
2.3 El arte zapatista dentro de las estéticas decoloniales ............................................... 35
2.3.1 Feminismos otros: el zapatismo una propuesta decolonial .............................................. 41

Capítulo III. Telar metodológico: investigación basada en artes ...................................... 46


3.1. Sujetos de estudio: Conociendo a los y las artistas. El telar metodológico ............. 46
3.2 El arte como herramienta de investigación: aprender haciendo .............................. 47
3.2.1 Instrumentos de investigación .......................................................................................... 51
3.3 Diálogos artísticos en territorios autónomos ............................................................. 52
3.3.1 Acercamientos a los Caracoles zapatistas ......................................................................... 53
Obedecer y no mandar ............................................................................................................... 86
Representar y no suplantar ........................................................................................................ 86
Bajar y no subir ........................................................................................................................... 87
Servir y no servirse ..................................................................................................................... 88
Capítulo IV: Resultados.
Encuentro con lo femenino desde la pintura colectiva zapatista ................................... 113
4.1 Manifestación de la subjetividad zapatista .............................................................. 113
4.2 Lo femenino como construcción ideológica en el zapatismo .................................. 119
4.3 ¿Cómo des-hacer el el patriarcado capitalista en los usos y costumbres de los
territorios zapatistas? ..................................................................................................... 128
4.4 Lo parejo, lo parejo (lajan-lajan), lo complementario en la pintura colectiva
zapatista .......................................................................................................................... 131

Conclusiones .......................................................................................................................141

Referencias Bibliográficas .................................................................................................149

Anexo 1 ............................................................................................................................... 153


Guía de entrevista a participantes ................................................................................. 153
Introducción

Mi interés de escribir este trabajo de investigación fue comprender cómo y por


qué las mujeres indígenas en Chiapas participan en el actual movimiento
zapatista, y así identificar el lugar que tienen al interior de esta organización
política, y cuáles son sus propias percepciones y expectativas. Para esto la
pintura colectiva al ser una manifestación de sentido, fue la herramienta principal
para entender las subjetividades zapatistas.

En este recorrido los Estudios Culturales han sido el fuego que ha guiado
este proceso de escritura, vivencia y teorización. Permitiendo acercarme a lo
político del movimiento y viceversa, desde la acción zapatista hacer una teoría
política que cuestiona el poder.

En un primer momento presento el planteamiento del problema, la pregunta


y los objetivos de la investigación.

El primer capítulo habla sobre la contextualización del movimiento


zapatista, señalando su organización interna, así como la expansión global del
movimiento. Enfatiza en la interacción de las mujeres tanto en la participación
civil cómo en la milicia. La intención de este capítulo es retratar las percepciones
locales con las dimensiones globales, para así dar a entender que el zapatismo
sigue vigente en la actualidad a través de una amplia red que lo constituye como
una forma práctica anticapitalista y antipatriarcal.

El segundo capítulo es un acercamiento a las diferentes formas de


entender el mural en México, entre ellas la pintura colectiva, enunciado
recuperado de los territorios zapatistas. Para argumentar esta forma otra de
entender el arte, articulé el concepto teórico de la teoría decolonial, qué habla de
las des-estéticas, conceptos trabajados por Walter Mignolo y Pablo Gómez.

3
Continuando con esta propuesta abordo al zapatismo como una manifestación
de feminismo decolonial, entendiendo que aunque no se nombren así, su
cuestionamiento permanente al capitalismo y al patriarcado son una apuesta
política por la continuación de la vida, acercándose al concepto decolonial.

En el tercer capítulo trata de la construcción del telar metodológico, donde


la investigación, basada en las artes, fue el pilar fundamental para la descripción
de campo. Aquí inicio presentando a las personas participantes de la
investigación. Explico los alcances y las dificultades descritas en los diálogos
artísticos en los territorios autónomos. Habló de las frecuencias encontradas en
campo respecto al uso del color y la ideología, el funcionamiento de lo
pedagógico como una forma de política a partir del uso del arte, así como de las
formas en la pintura como una manifestación de la autonomía zapatista.

Finalmente en el cuarto capítulo los resultados hablarán de las dimensión


comunitaria como una construcción del sentido del ser zapatista. Aquí
puntualizaré cómo lo femenino es una apuesta política para deshacer el
patriarcado en los usos y costumbres de estos territorios, conclusión que surgió
al entender el concepto de lo complementario, y lo parejo lo parejo “lajan-lajan”,
referentes de las cosmo-vivencias tojolabales que son representadas en lapintura
colectiva donde participan hombres y mujeres. Relatando así el giro que dio la
tesis en cuanto a lo femenino, que en un inicio estaba pensada sólo en lasmujeres
y que en campo se amplió a lo comunitario-complementario.

4
Justificación

En esta época en que la modernidad ha tomado partido, donde se supone que el


progreso y el desarrollo iban a traer mejores condiciones de vida para todos y
todas, y al evidenciar que esta promesa no se ha cumplido, desde pequeña me
pregunté ¿por qué las desigualdades son cada vez más pronunciadas y terminan
siendo violentas, tanto en lo humano como en la naturaleza?

Para responder a esta pregunta, me involucré en procesos de ayuda


comunitaria desde la adolescencia y más adelante de forma profesional al decidir
estudiar Psicología, en estos espacios, el arte siempre fue la palabra que invitaba
al diálogo, a la creación, pero sobre todo a la transformación. En este camino
encontré que el interés personal en lo artístico, también es colectivo y sobre todo,
que no necesariamente tiene que tener un título académico o una habilidad innata
para hacerlo.

Mis procesos personales de militancia y mi profesión me llevaron a conocer


propuestas emancipatorias ~la pedagogía del oprimido, el arte popular, la
psicología comunitaria~ como formas concretas de buscar una transformación
social.

Así llegué a conocer el zapatismo, como un referente a nivel mundial


anticapitalista que ha creado una forma de vida alterna al sistema, donde el arte
es una de sus manifestaciones políticas centrales. Su trayectoria ideológica ha
marcado un giro histórico en la comprensión de los procesos revolucionarios,
basados en el lema “resistencia y rebeldía” generando nuevos sentí-pensares
que durante 27 años han buscado el bien común de los pueblos.

Así mi interés en este trabajo,es realizar un encuentro entre la academia y


este movimiento social a través de la metodología de investigación basada en las
artes, como una forma de entender el mundo y luchar.

5
Este proceso de investigación ha sido relativo, afortunadamente ha
mutado, y esa mutación ha tenido un efecto importante en mi forma de existir,
puesto que entendí que hay muchas cosas que soltar, principalmente las
ideologías.

De entrada, siempre tuve claro que quería juntar el feminismo, el arte y el


zapatismo, como apuestas políticas concretas. Ese objetivo se ha mantenido, lo
que ha variado a partir de los encuentros de campo, fue la concepción de lo
“femenino” desde la visión de las comunidades zapatistas, debido a que la
hipótesis inicial con la que me acerqué a campo fue: hablar sobre “la lucha de las
mujeres”, esta construcción dio un giro cuando escuché el “lajan-lajan” (lo parejo,
parejo), ahí comprendí que iban mucho más allá de una aislada organización
política de las mujeres, los hombres también están involucrados en este proceso,
y la lucha es por la vida.

Al contraponer esta forma de existir con mi visión feminista urbana, donde


la despenalización del aborto y las exigencias al estado por una ley que ampara
a las mujeres en contra de las violencias de género, son el motor de los
movimientos feministas de la denominada cuarta ola, mi panorama de la lucha
por “lo femenino” se amplió al concepto “nuestra lucha es por la vida”.

Es así que este trabajo de investigación fue y seguirá siendo una búsqueda
por desanudar estos conceptos a medida que profundice en la ideología zapatista
y en la pintura como una acción concreta de revelar la lucha de los de abajo y a
la izquierda.

Mi experiencia y la historia me han hecho caer en cuenta de la importancia


de entender que el concepto del capitalismo no se deslinda del patriarcado
formando así una sola estructura profunda. Este sistema mundo capital-patriarcal
que ha generado el dilema de la explotación y destrucción de lo humano como lo
natural, es el que impera en la totalidad de los lugares que habitamos. En
consecuencia los grupos que están al margen se han levantado, dando paso a
luchas más radicales en contra de este sistema, en donde ya no les interesa
apoderarse del estado/capital sino desarrollar una perspectiva que sea disidente.

6
En contraposición a estas relaciones capitalistas, donde la estructura de la
sociedad es patriarcal y androcéntrica puesto que ponen al hombre en el centro
y sobre las mujeres, el zapatismo es una apuesta histórica de organización social
que, a comparación de otros movimientos, trasciende la relación estatal y
mercantil, poniendo en el centro “la reproducción de la vida” y el sostenimiento
de la misma. De esta manera, la acumulación capitalista se ve fragmentada
puesto que el centro de la ideología ya no es el hombre y tampoco la mujer sino
el bien común.

Esta forma de existir tiene como base común, el intento por hacer visible la
presencia de lo femenino en la sociedad, es decir “la lucha por la vida” con todo
lo que esto implica. Se trata de reconocer las distintas segregaciones a lo largo
de la historia, por lo que es necesario visibilizarla.

Un ejemplo concreto de esta lucha es el papel de las mujeres dentro del


zapatismo, espacio que da voz a quienes tradicionalmente han tenido que
permanecer en silencio, cabe preguntarse ¿de qué manera han resistido tantos
siglos?

Es así que mi interés, en tanto mujer, me ha llevado a conocer cómo opera


lo femenino en los territorios zapatistas. Lugar donde Otras formas de existir
(lajan-lajan) “lo igual, igual”; conocido también como lo complementario, son
espacios donde coexisten lo femenino y lo masculino, en la existencia de un todo.

De esta manera, problematizar el hecho de la modernidad dominante y la


construcción de subjetividades que han sido invisibilizadas por el proceso de
colonialidad, invitan a pensar las subjetividades zapatistas como un espacio
ontológico que irrumpe en el proceso totalizador del capital y marca un horizonte
emancipatorio.

En el habitar cotidiano de estas nuevas posibilidades de existir desde la


rebeldía, existen espacios de encuentro donde la creatividad permite crear y
recrear procesos que construyen el desarrollo individual y también colectivo.

Así, entender a la pintura como una representación del quehacer cotidiano,


posibilita reconocer a las imágenes construidas como parte de la narración de un

7
texto y de una visualización de lo femenino en la experiencia vital. La lucha por
la reproducción de la vida, la re-existencia como una nueva forma de subjetividad
decolonial se hace desde lo femenino de la historia, reconociendo las múltiples
temporalidades del pasado, presente y futuro, motivando la intencionalidad que
nos aporta la mirada desde los Estudios Culturales de una nueva manera de
entender lo cultural.

De modo que las subjetividades no serían estáticas, sino transformadoras,


mutantes y además complementarias. No tienen que ver sólo con lo femenino o
lo masculino en términos de lo humano, sino que simultáneamente existen con la
naturaleza, lo animal, lo vegetal, incluyendo lo no humano.

La apuesta es plantear una mirada particular en la comprensión de lo


femenino en la política zapatista, para esto se necesita mucha reflexión y
acercamiento al posicionamiento de esta ideología.

“El término ideología se utiliza para describir en términos generales los


procesos sociales a través de los cuales se producen significados e identidades”
(Mayayo, 2007, p. 111). Entonces, la ideología no sólo produce ideas y creencias;
también crea subjetividades o sujetos donde se encarnan dichas ideas y
creencias. Menciona Mayayo (op. cit. 2017), “Nos constituimos como sujetos
marcados por condicionantes de género y de clase, a través de ciertos procesos
sociales”.

Las subjetividades zapatistas se configuran individualmente, pero


simultáneamente en lo social y en la acción. La producción de subjetividades
tiene que ver con la síntesis de sentidos que se entretejen en el momento actual
de su historia. En ese sentido, me interesa conocer y dar a conocer el carácter
simbólico de la pintura colectiva zapatista, como un proceso vivo de la
construcción de subjetividades de lo femenino.

Entonces, lo importante es cómo las expresiones artísticas que realizan


tienen una intencionalidad de producción de una subjetividad e identidad propia
que se quiere alejar de los procesos de subjetivación que les son dados tanto
externa como internamente, así como la apuesta política de sus expresiones,

8
dado que las utilizan para ingresar en una lucha simbólica a través del uso de un
medio también simbólico.

En resumen el objeto de investigación se enfoca en las subjetividades de


“lo femenino” como una síntesis de sentidos que se configuran en el momento
actual de la historia y se expresan a través de los procesos de pintura mural
zapatista.

Considerando lo anterior la pregunta de investigación es entonces: ¿Cómo


la construcción de lo femenino desde la cotidianidad del zapatismo; en lo
privado y en lo público se expresan a través de la realización de la pintura
colectiva como una forma de narración de nuevas subjetividades emancipatorias
al sistema capitalista patriarcal?

Así la investigación se centra en la vinculación de lo femenino en el


zapatismo y su relación con la complementariedad como centros de la herencia
de la cosmovisión maya, y cómo estos principios indigenistas pasan a ocupar un
lugar principal en la construcción del movimiento zapatista.

Objetivo general

● Comprender la construcción de subjetividades de lo femenino en las


expresiones artísticas pictóricas, en los territorios zapatistas.

Objetivos específicos

● Identificar a las mujeres zapatistas que realizan expresiones artísticas


pictóricas (murales) para dialogar con ellas y sus obras.
● Conocer el contexto socio-cultural donde se realizan expresiones
artísticas decoloniales para entender la construcción de lo femenino en
el zapatismo.
● Analizar la manifestación de sentido de lo femenino en la pintura
colectiva zapatista para comprender la construcción de subjetividades
desde lo complementario.

9
Capítulo I.
Acercamiento al Zapatismo

1.1. Breve historia de la rebeldía en los Altos de Chiapas

El enunciado del movimiento indígena chiapaneco “la dignidad rebelde” 1 es decir,


lo que se llama Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), representa la
nueva comunidad política de tojolabales, tsotsiles, tseltales y choles que se
articulan en un ideología posmarxista, con influencia de la teología de la
liberación, que han heredado la lucha agraria zapatista con el fin de buscar una
forma de vida más digna.

Fig. 1. y Fig. 2. Fotografías de los murales en la Clínica del Caracol de Oventik.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre 2018.

Según Millán (2014), el zapatismo es “un movimiento localizado en


interacción -e intersección- con tradiciones políticas, religiosas y de resistencia

1 Un revolucionario se plantea fundamentalmente transformar las cosas desde arriba (desde los
espacios de poder), no desde abajo, al revés del rebelde social. El revolucionario se plantea:
vamos a hacer un movimiento, tomo el poder y desde arriba transformo las cosas y el rebelde
social organiza a las masas y desde abajo va transformando, sin tener que plantearse la
cuestión de la toma del poder. (Subcomandante Marcos, 2014, p.83).

10
étnica de larga data, heredero de una rica historia de lucha agraria y campesina”
(p.36).

Los y las zapatistas crean una dimensión socio-cultural de la autonomía


que planteada en términos conceptuales se podría definir como: la búsqueda
cotidiana del reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, como
sus capacidades y sus diferencias, a través de la puesta en escena de la voz de
quienes que no han sido escuchados, planteando así, una nueva forma de hacer
política, cuyo fin es crear espacios autónomos de resistencia y de creatividad a
través de otras formas concretas de vivir.

La historia empieza aproximadamente hace 27 años, cuando el Ejército


Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas en Chiapas el 1 de
enero de 1994, sin embargo, se cree que el movimiento se gestaba desde 1983
en la Selva Lacandona.

En el siguiente apartado hablaré de los y las protagonistas, visibilizando el


lugar que ocupan en la organización zapatista para esto iniciaré contextualizando
el origen del movimiento.

1.1.1 ¿Por qué Chiapas?

Es necesario recordar algunos antecedentes de la rebelión. Chiapas se


caracterizaba por altos niveles de pobreza, marginación y desigualdad. Harvey
(2014) menciona tres mecanismos del autoritarismo mexicano que prevalecían
en Chiapas en los años setentas y ochentas: corporativismo, el clientelismo y el
caciquismo.

Para Harvey (2014) el corporativismo se caracterizaba por el control a las


organizaciones campesinas por parte de los gobiernos del PRI, lo cual no les
permitía a las comunidades expresar su inconformidad fuera de los canales
establecidos. Este tipo de control se reflejaba en la corrupción y la falta de
respuesta a las muchas solicitudes agrarias.

En esta época el gobierno neoliberal de Carlos Salinas de Gortari impone


a México el TLCAN (Tratado de libre comercio de América del Norte). El discurso

11
gubernamental prometía que el país ingresaría al primer mundo, la modernidad
había llegado para quedarse. El ingreso de México a la globalización aseguraba
ser una opción hacia una política económica neoliberal que resolvería los
grandes problemas nacionales, sin embargo este proceso en el fondo era una
forma de justificar las reformas que el gobierno realizaba a puerta cerrada desde
una visión centralizada en el poder. “El corporativismo representaba los intereses
de los gobernantes, no de los indígenas, y mientras el PRI seguía controlando
esta forma de mediación política, la solución a las múltiples quejas de ejidatarios
y solicitantes de tierras quedaba en el aire” (Harvey, 2014, p. 48).

Por otra parte el clientelismo permitía a las dependencias gubernamentales


y el partido hegemónico dividir y controlar a las comunidades con base en apoyo
material que se concedía a ciertos grupos, a cambio de su respaldo político, sobre
todo en los períodos electorales. “La manipulación de los clientes por parte de
sus patrones evitaba la conformación de amplios movimientos opositores y, por
lo tanto, contribuía a la reproducción del autoritarismo del sistema político”
(Harvey, 2014, p. 48).

El caciquismo era el tercer elemento de control en muchas partes de


Chiapas. Se sustentaba en el poder regional de familias dominantes, sumado al
clientelismo y el uso de la violencia en contra de sus opositores. Harvey (2014),
señala que la impunidad en relación con las acciones represivas tanto de grupos
caciquiles como de autoridades del gobierno fueron ya denunciadas a Amnistía
Internacional en 1984, antes de la rebelión zapatista.

No era la primera vez que la población indígena chiapaneca se revelaba.


Sus antepasados mayas se destacaron entre los pueblos que más habían
resistido a la conquista. En Chiapas organizaron una gran revuelta en 1702. Y
estos mismos pueblos volvieron a rebelarse en 1994. (Miranda, 2016, parf 4).

La herencia de rebeldía de sus antepasados se manifestó en esta ocasión


para denunciar las violencias que llevaban muchos años tratando de destruir su
identidad a través del despojo de la tierra, esto implicaba perder su cosmovisión;
la conexión entre las relaciones humanas, no humanas, animales y vegetales.

12
Los pueblos se encuentran muy divididos, los caporales y capataces los han
dividido, nuestro trabajo político es ir y platicarle a nuestra familia y nuestros vecinos
los problemas que vemos y explicamos cómo está la situación en el país, en el
mundo: asesinatos, secuestros, violaciones, el despojo, violencia, y quien es el que
lo está causando, que es el capitalismo (Luis, comunicación personal, octubre 2018.
Caracol de la Realidad).

Todo era por falta de tierra, cuentan las mujeres del Caracol la Realidad
(los Caracoles son los territorios recuperados por el EZLN).

Desde chiquitas empezamos a ver el sufrimiento de nuestros papás. Éramos bien


pobres por no tener buen terreno, siempre andábamos con hambre, pues comíamos
contadas las tortillas y a veces ni para eso alcanzaba; con pura verdurita del monte
nos manteníamos. Andábamos con la ropa rota, no teníamos cobijas, ni buena casa
ni nada (Rovira, 2012, p, 57).

Este proceso impulsó a buscar desde los y las indígenas un México


diferente, que hablara de democracia y justicia; en el fondo el problema era atacar
la injusticia por el racismo, la acumulación de riquezas en pocas manos, buscar
una democracia que incluya sus formas “otras” de existir.

En el México que queremos, Heriberto tendrá zapatos buenos para el lodo, un


pantalón para los raspones, una camisa para que no se escapen las esperanzas
que suelen anidar en el pecho, un paliacate rojo será sólo un paliacate rojo, y no un
símbolo de rebeldía. Tendrá el estómago satisfecho y limpio y habrá en su
pensamiento mucha hambre de aprender. Llorar y reír, serán sólo eso, y Heriberto
no tendrá que hacerse adulto tan temprano (Subcomandante Marcos, 1994).

Es así que desde estas épocas el zapatismo nos plantea lo que es y cómo
quisieran que sea el mundo, muestran la realidad al contarnos con rimas y poesía
la injusticia y a la vez, manifiestan su necesidad política de reconocimiento, el
respeto a su territorialidad y su autonomía; así como la protección de sus formas
de democracia, su colectividad que busca consensos más no imposiciones, todo
esto se manifiesta en el “mandar obedeciendo” el cual es uno de los trece
principios zapatistas.

13
1.2. Estructura Interna

Es necesario hacer una distinción entre el EZLN como una organización


político militar que tiene una concepción particular de la acción militar. Este nivel
está compuesto por indígenas de diversas etnias del sureste mexicano, hombres
y mujeres que participan en una estructura político militar jerárquica, con una
historia antecedente de por lo menos diez años anterior al levantamiento del 94,
según lo documentado por (Leyva, 1998).

También refiere la autora que la constitución de este nivel ocurrió en un


proceso complejo de interrelaciones religiosas, organizativas, políticas y al inicio
de la década de los 80, donde se incorporan Marcos junto con otros y algunas
militantes de la línea maoísta, lo que el Subcomandante denominará un
importante proceso de conversión de la militancia política vanguardista al
compromiso con los pueblos indios. Cabe destacar que en este nivel la presencia
de mujeres indígenas ocurre tanto en las filas del ejército, las llamadas
“insurgentes”, como en la dirección política, las “comandantas”.

Y la otra parte, es la decisión de la construcción de una base de apoyo civil


indígena, formada por las comunidades que se denominan a sí mismas
zapatistas, quienes se integraron al movimiento de manera voluntaria y
clandestina antes del 94. Millán (2014) alude que han participado en la
estructuración de los municipios autónomos en Chiapas y en otras
manifestaciones políticas.

En el capitalismo nos dicen que la llave de la democracia es la credencial. Nosotros


los zapatistas no ocupamos dinero ni credenciales, para elegir nuestro gobierno
autónomo nos reunimos en asambleas y elegimos la más buena y la mandamos a
los pueblos para ser analizadas. Todos opinamos y nos regimos por los siete
principios del mandar obedeciendo (Rosa, comunicación personal, agosto 2018.
Caracol Morelia).

Es clara la separación de las bases de apoyo del EZLN como organización


político militar. Cabe mencionar que los que tienen responsabilidad en el EZLN
(como ejército), no pueden participar en las juntas del buen gobierno.

14
Mora (2014) en la entrevista: Mujeres zapatistas y 20 aniversario del EZLN
ratifica:

no es un militarismo como tal, puesto que todo su esfuerzo ha sido en valorar la


construcción civil, de hecho siempre lo han dicho”, y agrega: “lo que buscan es
deshacerse como ejército, no buscan mantenerse en esa forma de accionar
(Rompeviento TV, 2014, 7m30s).

Han dicho que no es un ejercicio democrático donde hay jerarquías, como


estamos acostumbrados en los espacios partidistas occidentales. Lo que interesa
es la autonomía, su esfuerzo de organización. Es un proceso complejo que no
hay que idealizar, sin embargo busca una forma horizontal de nuevas
organizaciones políticas.

Desde el rompimiento de los diálogos con el mal gobierno dijimos que con ley o sin
ley vamos a ejercer la autonomía. Para poder hacerlo se necesitan 2 cosas:
economía y organización, entender que tenemos que trabajar en colectivo pues
depender de los malos gobiernos es esclavizarse (Marcelo, comunicación personal
octubre 2018. Caracol Morelia).

La autonomía es un proceso que se construye en medio de muchas


carencias, pero los y las zapatistas hacen mucho con pocos recursos. Dicen “que
igual hay que lanzarse incluso caminando” (Rovira, 2012, p, 58). Todo se hace
en el proceso, es algo que nunca se había hecho y están descubriendo en
colectivo como crear esta forma alterna de organizar la vida.

1.2.2 Zapatismo o Neozapatismo

Es importante señalar que, el movimiento zapatista, también ha sido


llamado según Millán (2014) y otros autores como: “Neozapatismo” o “Nuevo
Movimiento Zapatista”. Puesto que se convirtió en un lugar central de
“resignificación” de los posicionamientos ético-políticos contemporáneos.

Si bien su temporalidad y espacialidad local, deviene en un discurso crítico-


político visibilizado a partir de 1994, que se ha basado en los preceptos del
movimiento organizado por Emiliano Zapata, sin embargo sus condiciones y su
situación geopolítica en el Chiapas contemporáneo tiene un sentido cultural

15
específico más allá de la lucha agraria. Actualmente se ha ampliado a otras
demandas cómo: la educación, la alimentación, el trabajo, la salud, el arte, el
género, las cuales se especificarán en el transcurso de este trabajo.

"La resistencia no es de ahora sino desde nuestros antepasados, desde la llegada


de los españoles que impusieron una religión, una cultura ajenas. A lo largo del
tiempo seguimos siendo explotados, esclavizados, humillados por lo que salimos a
la luz el 1 de enero de 1994 porque no queríamos seguir siendo explotados. El mal
gobierno ha intentado muchas formas de acabar con nuestra organización pero aquí
seguimos resistiendo" (Esteban, comunicación personal, octubre 2018. Caracol de
la Realidad).

Cabe mencionar que tanto a nivel local, como nacional e internacional, se


lo sigue reconociendo y nombrando como Movimiento Zapatista. En este
documento, utilizaré indistintamente cualquiera de las dos palabras.

Lo particular de la contemporaneidad de este movimiento además del


ejercicio de las autonomías es que ha desarrollado estrategias políticas
novedosas donde se visibiliza la participación activa de las mujeres indígenas, a
continuación en el siguiente capítulo hablaré sobre cómo se ha ido construyendo
esta agenda de género.

1.3. Mujeres zapatistas

Abajo y a la izquierda…
Abajo y a la izquierda se encuentra el corazón…
Abajo y a la izquierda se encuentran las zapatistas…
Abajo y a la izquierda nos encontramos las mujeres en pie de lucha.
Sylvia Marcos.

El neozapatismo instituye la presencia política y simbólica de las mujeres


indígenas en su movimiento desde diferentes espacios, creando una comunidad
donde puedan tener oportunidades diferentes a la historia discriminatoria. Para
mostrar el lugar de las mujeres dentro del movimiento, nos acercaremos a la vida
miliciana y la organización política local que se describe en el siguiente
subcapítulo.

16
Ahora en una breve introducción lo que puedo compartir, a partir de los
diálogos con las compañeras, es que las mujeres zapatistas en la actualidad,
tienen que ver con un resultado histórico de la implementación y deconstrucción
de las formas estructurales en su organización, donde poco a poco se intenta
recrear una cultura que reconoce sus capacidades desde lugares más
horizontales. Lo interesante de esta propuesta también es que invitan e incluyen
a las mujeres del mundo en la lucha contra el sistema capitalista patriarcal, según
las formas, los tiempos y los modos de cada lugar.

Con sus palabras lo enuncian las compañeras:

Primero empezamos a participar en los pueblos, después en los municipios y ahora


formamos parte de las Juntas de Buen Gobierno. Estamos participando en las
diferentes áreas de la autonomía, hay compañeras promotoras, tercios compas y
coordinadoras (Roxana, comunicación personal, abril 2019. Caracol de la Realidad).

Y también lo dicen los compañeros:

Antes de la llegada del EZLN en nuestras comunidades sí hablábamos de


autonomía pero teníamos problemas con el gobierno y no había participación de
compañeras mujeres y cuándo llegó el zapatismo entendimos que las compañeras
tenían que estar también. Como comunidades zapatistas no tuvimos un manual para
saber cómo hacer autonomía, el único manual que tuvimos fueron los problemas de
la comunidad" (Luis, comunicación personal, abril 2019. Caracol la Realidad).

"En nuestra autonomía la mujer tiene voz, participa en sus propias


asambleas, sus encuentros, análisis, colectivos, ejercen cargos, estudian,
trabajan en nuestras comunidades" (Esteban, comunicación personal, diciembre
2018. Caracol la Realidad).

Considero que si bien para las mujeres indígenas no ha sido un proceso


fácil salir de las desigualdades y violencias históricas, parece ser que el
movimiento ha sido un respaldo sobre el cual se han abierto espacios para una
mayor participación de mujeres en los diversos ámbitos que describiré a
continuación. Y es que hablar de las múltiples violencias implica acercarse a la
condición interseccional de las mujeres de los pueblos originarios, en este caso

17
de las Chiapanecas: ser mujer, indígena y pobre. Tres condiciones que ponen en
desigualdad a este grupo femenino de la población mexicana.

A partir de esto puedo decir que las mujeres zapatistas son un aporte para
los feminismos occidentales y otras luchas sociales ya que están constantemente
resolviendo problemáticas estructurales.

En definitiva las identidades de ser mujer zapatista, no son una, sino que
son múltiples y que si bien puede que se expresen con mayor fuerza a través de
ciertas categorías en ciertos momentos, siempre se viven simultáneamente. Las
mujeres zapatistas luchan por el mismo objetivo, “una vida digna”, si bien sus
formas son otras a las urbanas y a diferentes lugares del mundo, nos muestran
una forma de hacer interculturalidad.

1.3.1 Participación de las mujeres en la vida miliciana

Desde el inicio del movimiento, existió una estructura político militar


jerárquica, en este nivel la presencia de mujeres indígenas se evidenció en las
filas del ejército como “insurgentes”, y en la dirección política, enunciadas como
“comandantas”.

Rovira (2012) cuenta que de las primeras nueve personas combatientes,


estaban dos mujeres representativas para el neozapatismo: la comandanta
Esther, encargada del discurso inicial del movimiento y Ana María, al mando de
la toma en San Cristóbal de las Casas, en 1994.

Señala Ana María (citada en Millán):

Los compañeros nos enseñaron a caminar en la montaña, cargar las armas, cazar.
Nos enseñaron ejercicios militares de combate y cuando aprendimos esos trabajos,
nos enseñaron política. Después salimos a comunidades a hablar con nuestras
gentes, a platicar de nuestra lucha y de cómo podíamos resolverla (2014, p. 73) .

18
Fig. 3. Fotografía Caracol de Morelia. Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018.

Fuente: Autora

La ley revolucionaria (creada por el propio EZLN) las amparaba para que
sus cargos fueran respetados, sin embargo se cree que el lugar ganado desde
su accionar dentro de los espacios milicianos no fue fácil. Las mujeres que
accedían a esta instancia del Ejército tenían que separarse de su familia por
períodos largos de tiempo, en ocasiones no han regresado a ver a su familia.

Esta decisión era colectiva, la comunidad motivaba, apoyaba, y en otras


ocasiones contradictoriamente la misma comunidad señalaba a las mujeres por
no cumplir con el mandato social de tener una familia. “Actualmente cerca del
30% de las insurgentas son mujeres” (Marcos, 2011, p. 76).

Millán (2014) en su acercamiento a la realidad de la insurgencia, nos


comparte que la comunicación entre insurgentas y mujeres de las comunidades
hace que crezca el número de participantes en la organización, y también permite
que el discurso zapatista, la lucha, circule, que esté a la disposición de las
mujeres no combatientes.

El rol de las insurgentas en la convocatoria y la difusión de la autonomía


zapatista fueron fundamentales para el movimiento, ellas tenían la palabra y la
acción, su ejemplo motivó a otras mujeres a unirse a la lucha y por consiguiente,
a sus familias.

Simultáneamente que se fraguaba la pertenencia comunitaria de las


insurgentas, permeaba el discurso zapatista en cuanto al género, de ahí surgió
la Ley de mujeres, esta revolución de la que se habló antes.

19
1.3.2 ¿Qué pasó con la Ley Revolucionaria de Mujeres?

Las mujeres indígenas en Chiapas descubrieron la necesidad de elaborar


una “Ley Revolucionaria de Mujeres” que se consensuó en mayo de 1993; a este
proceso el subcomandante Marcos lo llamó el “primer alzamiento zapatista”.
También para las comunidades indígenas era una verdadera revolución, porque
provocaba tensión entre “usos y costumbres'' y sus derechos.

La mayor tsotsil Ana María lo cuenta:

Nosotras protestamos porque no había una ley de mujeres (…) Así nació, la hicimos
y presentamos en la asamblea donde estamos todos, hombres y mujeres,
representantes de los pueblos (…) Para redactarla iban algunas mujeres a las
comunidades a platicar con las compañeras (…) Se fueron juntando las opiniones
de las mujeres de cada pueblo y entonces, las que sabemos escribir, lo escribimos
(citada por Rovira en Millán, 2014, p. 78).

El primer boletín público de EZLN, impreso en diciembre de 1993, y


difundido el 1° de enero de 1994, menciona la Ley Revolucionaria de Mujeres, la
cual estipula:

● Primero, las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación


política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el
lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.
● Segundo, tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.
● Tercero, tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener
y cuidar.
● Cuarto, tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y
a tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.
● Quinto y sexto, tienen derecho a la educación y a la atención primaria
en su salud y alimentación.
● Séptimo, tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la
fuerza a contraer matrimonio.
● Octavo, ninguna mujer podrá ser golpeada maltratada físicamente ni
por familiares ni por extraños; los delitos de intento de violación o
violación serán castigados severamente.

20
● Noveno las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la
organización y tener grados militares en las fuerzas armadas
revolucionarias.
● Décimo y último, las mujeres tendrán todos los derechos y
obligaciones que señalan las leyes y reglamentos revolucionarios.

El enunciamiento de esta ley evidencia las discriminaciones internas y


externas que atraviesan las mujeres por ser indígenas, menciona la comandanta
Ramona “las mujeres llegaron a entender que es importante su participación para
cambiar esta mala situación” (Marcos, 2011, p. 77).

Esta ley de forma concreta y concisa resume una forma de reivindicarse y


luchar juntas por reconocer y aceptar de forma legítima las prioridades de la
equidad de género, proponiendo así cambios en su situación de mujeres
indígenas chiapanecas.

La elaboración de esta ley de mujeres propuesta por el neozapatismo


promueve un enfoque de género; al conocerlas me pregunté ¿Cómo funciona y
si se difunde esta ley en la cotidianidad familiar y comunitaria? ¿Qué
implicaciones tiene en las prácticas comunitarias, si es que las tiene?.

Para responder a mis preguntas decidí acércame a territorios zapatistas, a


continuación compartiré unas apreciaciones de la junta de gobierno del Caracol
I “la Realidad”2. Cuando hice estas preguntas para mi sorpresa los hombres de
la asamblea fueron los primeros en responder: es cierto que las mujeres tienen
derechos, que está mal pegarles, que su trabajo también vale, que tenemos que
hacer todo igual.

El compañero Segundo nos cuenta:

2 Las juntas de gobierno están compuestas por: tres hombres y tres mujeres, de tres generaciones
(la primera es entre 50-60, la segunda entre 40-50, la tercera entre 20-30). Las personas
participantes son propuestos por la comunidad durante asambleas, duran 3 años y se dividen
en grupos rotativos que conviven juntos durante 15 días y luego regresan a convivir con su
familia. Información otorgada por la Junta del Caracol I La realidad en septiembre de 2018.

21
nosotros hemos participado con compañeras en estudios y trabajos, podemos
dormir en el mismo lugar, podemos caminar juntos y no pasa nada. En el momento
que haya un problema, rápido nosotros decimos ¿qué pasa compañeros con los
derechos de las compañeras? (comunicación personal, agosto 2019, Caracol la
Realidad)

También Juan menciona:

Sabemos que el cambio no ha sido totalmente, pero por ejemplo, antes las
compañeras trabajaban y los compas borrachos, gastando dinero. Cualquier cosa
nos avisan, hay limitaciones, si, pero en sus derechos no hay limitaciones, hoy yo
estoy aquí, otro día le toca a mi compañera, yo me quedo con mis hijos cuidando
las gallinas, no me queda de otra, cuando mi compañera me dice que va a venir. Así
vamos, pienso que vamos tranquilos (comunicación personal, octubre 2019, Caracol
la Realidad).

Después de su intervención, Juan, el presidente de la junta, dijo a sus


compañeras que dejaran “la vergüenza” y nos cuenten “como es para ellas lo de
la ley de mujeres”, frente a esto, Rosa compartió lo siguiente: “las decisiones las
tomamos entre ambos, no los compas pueden decidir solos sino en colectivo”
(comunicación personal, octubre 2019, Caracol de la Realidad)

Al ser los hombres los primeros en responder, me hace pensar en que no


es fácil separar a los hombres de la figura de autoridad que contiene, que da
forma a la estructura organizacional. Esto me invitó a pensar que hacer de una
necesidad un derecho, es crear una orientación en el camino; sin embargo, el
proponer una ley, no significa alcanzar los objetivos y que estos se cumplan a
corto plazo.

Dice el subcomandante “falta lo que falta” (Marcos citado en Marcos, 2011)


y lo afirman los compañeros de la Junta de Gobierno del Caracol la Realidad:

Las reuniones son de hombres y mujeres. Podemos platicar, dialogar, cómo es que
nos relacionamos. Tenemos diferente forma de lenguaje pero nos adaptamosrápido.
Nos falta todavía, reconocemos que nos falta, es muy complicado, el sistemanos está
imponiendo una forma y se nos dificulta, pero también hay gente que no es
organizada en la ciudad (Segundo, comunicación personal, octubre 2018. Caracol
de la Realidad).

22
La ley, entonces, vendría a ser el resultado de un proceso social estructural
sea en la ciudad o en el campo, que surge de una necesidad de legislar, de
normar, de escribir e inscribir las utopías de forma organizada, para que se
validen socialmente a través de un derecho; así se legitiman los sentires y se
transforman en sentí-pensares y haceres, en este caso se busca mejorar la
situación de las mujeres a través de la instauración de la Ley, este sería un
estadio al que se anhela llegar.

Lo que sí está claro es que todas las personas de las comunidades


zapatistas han oído hablar de la Ley Revolucionaria de Mujeres. Pero al parecer
no se ha difundido como sería deseable, por lo tanto no se conoce textualmente
y por ende sería ilusorio creer que se cumple a cabalidad. Lo que sí pude
evidenciar en los diálogos con junta de gobierno y con las mujeres que compartí,
es que hay interés en conocer detalladamente y difundir más de esa Ley por parte
de hombres y mujeres zapatistas y de llegar a entendimientos más profundos
como ellas lo llaman.

1.3.3 Organización geopolítica femenina zapatista

Fig. 4. Fotografía Caracol de Oventik.

Fuente: Lorena Altamirano. Noviembre 2018.

“Los Aguascalientes”, fue el nombre de los territorios que en la actualidad


se conocen como espacios autónomos “Los Caracoles”. Este proceso que inició

23
en el 2003, es la muestra de la transformación interna en una nueva forma de
organización política local: “Las Juntas de Buen Gobierno” donde se instala el
ejercicio del “mandar obedeciendo” del neozapatismo.

Por eso es que desde el año 2001 iniciamos un proceso de reestructuración interna
encaminado a desprender el aparato político-militar… de las estructuras civiles
propias de las comunidades indígenas. Reconocimos así que la presencia de
nuestros mandos político-militares no siempre era benéfica para el desarrollo de la
resistencia…Por eso fue que se crearon los Caracoles y las Juntas de Buen
Gobierno y por eso los compañeros y compañeras autoridades civiles toman ya sus
decisiones sin depender o consultar siquiera a los mandos militares.
(Subcomandante Marcos 2001).

Los Caracoles incluyen tres niveles de gobierno autónomo: comunidad,


municipio y Consejos del Buen Gobierno. Los primeros dos se basan en
asambleas de base mientras que los Consejos del Buen Gobierno se escogen,
pero con la intención de conseguir que el máximo número de personas participe
en el gobierno a lo largo de los años a través del principio de rotación.

En los Caracoles la participación es mixta, esto implica que mujeres y


hombres se involucren en los procesos donde se opina, dirige, elige y se toma
decisiones de forma consensuada, en todos los ámbitos y niveles. “El derecho de
las mujeres indígenas a participar no implica únicamente la presencia de las
mujeres en los concejos, asambleas o comisiones, sino además el derecho a
tomar decisiones que las afectan a ellas y a sus comunidades” (Forbis citado en
Baronnet, 2011, p.384).

El derecho a decidir es la significación de la autonomía zapatista, así como


la resistencia significa no aceptar políticas sociales, es decir, asistenciales, del
gobierno. La autonomía y resistencia se materializan en la educación, derechos
humanos, salud y economía de las comunidades zapatistas, para esto las y los
promotores elegidos por la comunidad que se encargarán de la formación de
formadores de las nuevas generaciones; su labor será apoyar en las escuelas
zapatistas, así como en las clínicas, en la nutrición, herbolaria medicinal,
huesería y partería, además de los proyectos económicos que se organizan en

24
colectivo, principalmente se dedican a la producción de café, frijol y maíz,
traspatios y crianza de animales, dependiendo de la zona zapatista, también hay
proyectos familiares.

Fig. 5. Fotografía Tienda Cooperativa del Che Guevara de Insurgentes


e Insurgentas del Caracol de Oventik.

Fuente: Lorena Altamirano Noviembre 2018.

Como mujeres zapatistas nos costó pues no nos habían enseñado a participar en la
asamblea o a ocupar cargos. Empezamos a participar en nuestros pueblos primero
y poco a poco en las comisiones (Soraya, comunicación personal, diciembre 2018.
Caracol la Realidad).

En cuanto a los espacios de mujeres, es importante mencionar que hay


trabajos colectivos; de pan y hortalizas, y tiendas (venden artesanías y
despensa). Celia me comenta que: “tienen su propio ahorro de mujeres, el dinero
recaudado será destinado a actividades colectivas femeninas; viajes a otros
pueblos o para encuentros de zonas, festivales, o emergencias de salud de las
compañeras”. Hay asambleas sólo de mujeres para tomar decisiones sobre estos
aspectos (comunicación personal, diciembre 2018, Caracol la Realidad).

Se menciona en la junta: “Nosotras mismas planeamos las asambleas,


tenemos nuestro propio dinero en el banco Banamas, ese dinero es de nuestro
trabajo” (Soraya, comunicación personal, enero 2019. Caracol la Realidad). El
compañero Juan (2019) señala “Manejan muy bien la cuestión económica, hacen

25
reuniones de zona, platican como van hacer, también se reúnen con los
compañeros”.

Comenta la compañera Roxana:

No solo participamos en la junta, participamos en diferentes áreas, de educación,


salud, hay compañeras promotoras de salud, de pueblos, de municipio, también
están trabajando en el hospital. Como ya conocimos cuales son nuestros derechos,
las compañeras salen a aprender, a leer y escribir, salen a la escuela. Las
compañeras pueden decidir si toman un cargo de organización, o si quiere aprender
a ser promotora de salud, ella decide, no hay los compas que digan que no puede
hacer ese trabajo, ya conocimos nuestros derechos, ya tenemos la palabra pues.
En las asambleas cuando podemos participar damos nuestra opinión pues”
(comunicación personal, diciembre 2018, Caracol la Realidad).

Desde la creación de los Caracoles hasta la actualidad, se ha impulsado la


participación de mujeres representantes en los diferentes espacios organizativos,
como se menciona en los testimonios, ahora ya pueden decidir y participar
gracias a la existencia de una ley que las ampara.

Para Millán (2014) los cargos se van multiplicando, la política se va


instituyendo como un campo de la vida social. La participación, la representación
de las mujeres a nivel comunitario y regional, se abre paso entre la costumbre,
ya está dicho que la mujer “debe participar”. Aunque como veremos, eso no es
tan fácil.

Fig2. 6 Fotografía del mural de la Tienda de mujeres “Comandanta Ramona”.


Caracol I “La Realidad”

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

26
Es reconocido que las tiendas de mujeres son rotativas, todas las
representantes de las familias se encargan de organizar de forma rotativa ese
espacio económico, en general los proyectos colectivos funcionan
permanentemente, se sostienen por los grupos de mujeres, que según comenta
Celia ( comunicación personal, abril 2019, hierbatera del Caracol de la Realidad):
en ocasiones es difícil porque no todas participan de igual manera, sea por otras
actividades familiares o dejan de asistir a esos espacios por motivos personales.

Lo que sí se observa en los espacios zapatistas es que las mujeres están


organizadas, hacen actividades colectivas, reconocen las dificultades así como
dan valor a los efectos positivos de estos espacios, señala Celia que la
“compartición” es importante para lograr la autonomía.

1.4 Nuevos alcances mundiales del EZLN

El zapatismo contemporáneo al ser un proceso social y discursivo da


cuenta de una multi-dimensionalidad ya que es interpretado desde diferentes
posicionamientos políticos en función de los diferentes contextos a los que ha
llegado para aportar en lo universal y global.

Esto se refleja en la circulación cultural mundial de su ideología, donde


generaciones viejas y jóvenes, poblaciones del norte y el sur, de diversas razas
y religiones, de otros continentes, han vuelto su mirada a los territorios
Chiapanecos. Leyva (1999) enfatiza que el Nuevo Movimiento Zapatista ha
creado sus propios canales de voz donde se ha ido constituyendo en una
comunidad imaginaria internacional.

Samuel Ruiz, obispo católico y figura importante en los acuerdos de paz de


San Andrés Larrainzar, señala que el origen del movimiento armado zapatista es
el resultado de una situación social, de una estructura social de una sociedad
globalizada y de un sistema capitalista en manos de muy pocos que generan
marginación creciente. (Ruiz, citado en Corro, 2014).

Por otro lado Boaventura de Sousa Santos plantea que la globalización:

27
es el proceso mediante el cual determinada condición o entidad local extiende su
influencia a todo el globo y, al hacerlo desarrolla la capacidad de designar como
local otra condición social o entidad rival (Sousa en Marcos, 2011, p. 31).

Ambos discursos reconocen a la globalización como un fenómeno divisorio


donde hay alguien que gana y alguien que pierde. Sin embargo el planteamiento
del EZNL pareciera mostrar otra forma de globalización; al no reducir su lucha a
cuestiones locales porque invitan a hacer la resistencia de adentro hacia afuera.
De ahí la creación y recreación de un “nosotr@s” que involucra “todos los colores
de la tierra”, dando paso a la tan reconocida frase “un mundo donde quepan
muchos mundos”. Un lugar simbólico que se construirá sin exclusiones y con una
participación activa de todas las personas.

Así se crean nuevas formas de hacer globalización. Lo señala Silvia Marcos


(2011) estudiosa del movimiento, quien plantea este fenómeno más allá de lo
económico, haciendo un giro de la globalización desde la subalteridad, así lo que
se dice ser global tendría una influencia local dando paso a la glocalización social:
lo que llamamos globalización es siempre la globalización exitosa de determinado
localismo.

Es por esto que el neozapatismo vendría a formar parte de este giro social,
la lucha y resistencia en los altos de la selva chiapaneca contra el neoliberalismo
es un movimiento amplio que se ha extendido a través de la palabra y su vivir
autónomo por todo el planeta, es una lucha global donde convergen procesos y
actores diversos que resultan de la construcción de una identidad política.

Samuel Ruiz (citado en Corro, 2014) considera que ahora es posible


afirmar que han mejorado algunos aspectos en las condiciones indígenas, sobre
todo una cosa es irreversible: la toma de conciencia del indígena a nivel de todo
el continente, de ser sujeto de su propia historia y esto, sostiene el obispo, es
irreversible.

Es una nueva forma de ciudadanía, es el precedente para abrir otras


posibilidades de emancipación de otros grupos oprimidos del mundo. A esto
Márgara Millán (2014) lo llamó: apertura de horizontes emancipatorios, puesto

28
que nos invita a ver un horizonte que va más allá de lo que la esfera política ha
podido representar, incluso en sociedades con sistemas altamente democráticos.

En nuestro trabajo político con nuestros compañeros que no son de zapatistas les
dijimos cómo estamos viviendo hoy en México, darles de entender la situación pero
ellos están acostumbrados con sus partidos políticos. La cuarta aniquilación va a
destruir a todos, va a ver mucha tristeza, pero a nosotros nos da coraje y rabia ver
cómo siguen engañando a nuestros hermanos. La situación que viene con el nuevo
gobierno que es de despojo, el sembrando vida en realidad es sembrando muerte,
nos despojará de lo que aún nos queda, hay quienes aún creen que de arriba va a
venir el cambio (Elena, comunicación personal, agosto 2018 Caracol de Morelia).

Ese más allá es una suerte de inversión del orden de las cosas, donde lo
político aparece justamente donde la política no está, se acompaña de un
complejo proceso de descolonización cultural, de cuestionamiento al modelo de
desarrollo, de replanteamiento de la relación con la naturaleza (tanto la humana
como la no humana).

Recientemente en el mes de mayo 2021 una comisión zapatista viajó a


diversos países de Europa en un barco llamado La Montaña. Tendrán encuentros
con otros movimientos y redes de organizaciones sociales, teniendo como centro
su rechazo a la represión que sufren, al capitalismo, el racismo y la destrucción
de la madre tierra por los grandes proyectos empresariales.

En el comunicado de octubre pasado, desde las montañas del sureste


mexicano, el Subcomandante Insurgente Moisés señalaba:

saldremos a recorrer el mundo, caminaremos o navegaremos hasta suelos, mares


y cielos remotos, buscando no la diferencia, no la superioridad, no la afrenta, mucho
menos el perdón y la lástima. Iremos a encontrar lo que nos hace iguales (Gutiérrez,
2021, parf, 14).

El viaje zapatista no guarda ninguna semejanza con los viajes relacionados


con el descubrimiento y la exploración de nuevas tierras, tampoco se trata de un
viaje de turismo político, como algunos pudieron pensar, no esperan encontrar el
otro exótico. No es un viaje para invadir otros pueblos, no van en busca de
tesoros, de oro y plata, transportan la razón histórica para conocer a sus

29
hermanos que hablan otras lenguas, para pensar juntos sus luchas globales en
defensa de la vida, al encuentro de lo otro y del otro. Este es el significado
profundo de su viaje.

Lo afirma el Subcomandante Moisés en su comunicado

iremos a decirle al pueblo español dos cosas sencillas: uno, que no nos
conquistaron. Que seguimos en resistencia y rebeldía. Dos: que no tiene por qué
pedir que nos perdonemos nada. Ya basta de jugar con el pasado lejano para
justificar, con demagogia e hipocresía, los crímenes actuales y en curso (Gutiérrez,
2021, parf, 16).

Sin duda su misión en este viaje es el diálogo con otras luchas que tienen
un fin común contra la acumulación de capital y las políticas neoliberales que
destruyen modos de vida en diversos lugares del planeta.

Castellanos (2021) indica que a este viaje le han llamado “Travesía por la
Vida” y, aunque es difícil medir su dimensión y profundidad en las colectividades
europeas. Lo que se visibiliza es que llevan un discurso con un pensamiento
crítico que ha trascendido el territorio físico de México, y seguir llevando la
reflexión y el análisis de la Hidra capitalista. Así este nuevo sistema de
representaciones zapatistas a través de las personas que van en esta “Travesía
por la vida” son portadoras de un discurso que tiene un nuevo horizonte que
motiva a la organización y a la producción de acciones concretas y de largo
alcance para transformar el mundo.

Estos diálogos con grupos organizados en diferentes luchas sociales, son


una muestra de que el zapatismo, no sólo sigue vigente, sino además se está
expandiendo, hacia estos nuevos horizontes emancipatorios.

30
Capítulo II.
Arte y Política

2.1 El mural y la vanguardia mexicana

La capacidad creativa y la práctica artística son estrategias que históricamente


han existido para sobrevivir y revitalizar los diferentes espacios sociales. El
muralismo en México, como todo proceso cultural, surge de una combinación
compleja de circunstancias.

La posición de los Estudios Culturales en el campo del arte, permite mostrar


los diferentes puntos de vista respecto al muralismo con la pretensión de no
universalizar los discursos históricos artísticos dominantes, además de poner de
manifiesto la propia parcialidad. Es así que podemos decir que no hay una única
teoría de los procesos culturales artísticos o una única historia del muralismo
mexicano, sino múltiples lecturas encarnadas en diversas subjetividades, en ese
sentido, hablar del muralismo es un llamamiento a un conocimiento subjetivo y
enraizado en la experiencia.

Por un lado, como lo expresa Comisarenco (2017), se basa en una serie


de acontecimientos históricos que aunque dolorosos, conllevaron a un fermento
intelectual y creativo altamente estimulante; y por otro, enfatiza que permite el
surgimiento de personalidades artísticas e intelectuales excepcionales,
dispuestas a participar activa y apasionadamente en las transformaciones
sociales de su época. Destaca como factor relevante en este proceso; el deseo
de recuperar la ancestral tradición artística de pintura nacional, que se remonta
a la época prehispánica.

La pintura mural, reconocida como una expresión creativa y por lo tanto


cultural, tiene ya bastantes siglos de antigüedad:

31
La manifestación pictórica es un recurso del cual se han valido los pueblos desde
tiempos prehistóricos para emitir gran cantidad de mensajes, se ha pintado en
cuevas y superficies rupestres. Con el avance de la técnica constructiva se
prepararon los muros para recibir imágenes polícromas y dibujísticas que habrían
de transmitir otras convenciones culturales (Fuente, 2001, p.1).

Para entender el alcance actual de las propuestas estéticas muralistas, es


necesario remontarse al muralismo mexicano que floreció en la década de 1920,
la etapa posrevolucionaria, de la cual emergieron una gran cantidad de artistas
cuyas composiciones intentaron conceptuar y recrear acontecimientos históricos.

El muralismo nació de la Revolución Mexicana, tras la lucha armada, este


movimiento artístico se convirtió en una herramienta para profundizar aún más en
las reflexiones que iniciaron con la guerra acerca de la identidad nacional. Después
de siglos de mirar a Europa como modelo, comenzaba a aflorar con enorme ímpetu
una fuerza expresiva cimentada en valores que se habían generado en el país
(Comisarenco, 2017, p. 22).

Emerge así la pintura mural que plasma a los personajes y figuras más
representativas del movimiento de la revolución. Representa fragmentos relativos
a las luchas armadas a través de símbolos y elementos donde se condensaba lo
mexicano-nacional.

Para Comisarenco los y las artistas mexicanas proponían un arte público


con un lenguaje figurativo y un estilo realista inteligible para todos. Este
movimiento propuso la construcción de un nuevo tipo de creador: el artista
comprometido, entendido como agente activo de la cultura y la sociedad. Es así
que este movimiento demostró la posibilidad de realizar un arte verdaderamente
popular.

Los murales se hicieron en: muros de edificios, casas, escuelas, en general


en lugares públicos, eran espacios que no podían comprar o vender, lo que
permitía una relación espontánea con los espectadores que se encontraban con
las obras de forma no premeditada, así mismo las personas que consumían este
tipo de arte, sin pensar, se involucraron en el mercado artístico.

32
De esta manera, el surgimiento y desarrollo del muralismo mexicano estuvo
aparejado a la necesidad de mostrar y responder mediante extensas y
numerosas imágenes, ubicadas en construcciones y espacios de carácter
público, preceptos y escenas ligadas a la construcción del nacionalismo y la
identidad mexicana, en un contexto que así lo exigía. Por lo tanto, el muralismo
mexicano se convirtió en un movimiento artístico que involucró situaciones
políticas, sociales e ideológicas, que sus diversos representantes reflejaron y
consumaron en las obras desde sus propias consideraciones, estilos y posturas.

A continuación, comentaré sobre la relación que se establece entre el


llamado muralismo de la revolución y la pintura colectiva zapatista, nombre
asignado a los murales pintados en los territorios autónomos. De esta manera
entenderemos sus semejanzas y diferencias a nivel cultural. Lo importante de
esto es visibilizar que sigue vigente en México un género que parecía dormido
desde principio de siglo.

2.2 Entre Muralismo y Pintura Colectiva. La importancia de


deslindarse del concepto de mural

“Ante el colapso, no es la política de arriba una de las vías de


salvación, sino el arte y la ciencia que tienen la posibilidad
de reconstruir sobre la catástrofe, de rehacer y reorientar la
desesperación para dejar de esperar y empezar a actuar”.
Subcomandante Galeano

El muralismo en México no ha sido uno sólo, hay varias manifestaciones a


lo largo de su historia. Sin embargo el que es conocido mundialmente es el de la
práctica postrevolucionaria que buscó plasmar en los espacios públicos
narraciones visuales manifestadas en imágenes que aportaran a la ciudadanía
un reconocimiento de su historia, donde se instaló un discurso en torno a la
identidad mexicana tras el proceso revolucionario.

Por otro lado a partir de 1994, comienzan a visibilizarse manifestaciones


artísticas de los pueblos mayas, es entonces el zapatismo que a través de la
pintura colectiva estaba aportando al objetivo de su ideología, dar imagen a este
nuevo mundo que empezaba a levantarse.

33
Cabe destacar la función política que está asociada a la práctica mural,
pues es entendida como fundamental para la construcción identitaria en este
caso la revolucionaria, en la medida en que está configurando un imaginario
común a los sujetos que habitan los espacios pintados, por lo que es importante
entender esta práctica mural no solo desde una dimensión decorativa de los
espacios, sino también desde una dimensión social y política.

Por esta razón es que el muralismo del que hablamos debe pensarse desde
el arte activista, donde se pone especial énfasis al proceso de producción de las
obras, en las que se involucra a las comunidades, y a las temáticas que éstas
abordan, así muchas veces pone acento en los modos de producción, el contexto
y el público, más que en los aspectos formales de la composición (Lippard en
Marzo, 2006, p. 58).

A lo largo de este escrito lo que subyace es la voluntad de encontrar otras


maneras de experimentar la pintura muralista como una práctica artística
participativa. Rompiendo con lo que Pollock llama “ismos: definidos por los
conceptos de estilo, tendencia, momento y coronados por una figura
representativa y, a ser posible, genial” (Pollock, citado en Mayayo, 2007 p.19).

De esta manera se hace frente a las premisas clásicas predominantes


sobre la producción artística, que responden a las prácticas capitalistas
manifiestas en las llamadas vanguardias artísticas donde se visibilizó este
sistema de representación, por lo tanto es importante disolver estos discursos
eurocéntricos dominantes donde hay una sacralización de la obra, tanto así del
autor y se invisibiliza el proceso, anteponiendo lo simbólico a lo narrativo.

Es por esto que llevar a cabo otras maneras de hacer murales en los
terrenos dogmáticos del arte, la crítica del arte y el museo, supone borrar muchas
de las fronteras que separan estos ámbitos, así como establecer nuevos
paradigmas para analizar las prácticas y articular otras narraciones, construidas
colectivamente para hacer nuestras propias elaboraciones sobre otras formas de
hacer murales.

34
Surge así la necesidad de rechazar y trascender las formas autoritarias de
ejercicio del poder que se ha caracterizado por ser discriminadora y
deshumanizante también en el arte, al buscar imponer una versión única de la
realidad. Creo que el arte es una forma de comunicación que permite el diálogo
con todos los sectores de la sociedad y hace posible la visualización de las
condiciones reales de existencia, las normas y contradicciones.

Según Albán (2009) estas tensiones en el proyecto moderno colonial han


implicado reflexiones del arte donde lo “otro” fue exotizado y funcionalizado a
favor de un proyecto hegemónico, creando geografías de lo moderno y el arte
correspondiente, en este caso sería de lo que es “el muralismo mexicano”. A
consecuencia de esto las otras latitudes quedarían en la periferia.

Vemos que la posibilidad de concebir un arte muralista indígena


Chiapaneco, ha estado mediado por una narrativa de lo universal del muralismo
mexicano, dejando por fuera los contextos locales. Por eso en este punto es
importante deslindarse del concepto de mural para orientarnos hacia la pintura
colectiva, que es el nombre que las comunidades zapatistas han enunciado para
esta manifestación artística, porque sólo deslindandose de esta universalización
se crea un arte deslocalizado y así le ubicamos en su propia localidad, su propio
universo de creación y producción, los territorios zapatistas.

La pintura colectiva, da fé de cuanto hay en las comunidades zapatistas: la


cotidianidad, el trabajo colaborativo, el nosotros por encima del “yo”. Por eso, a
las obras pictóricas realizadas en colectivo, no se les pone nombre de autor o
autores, pues trascienden la individualidad, lo cual no sucedió nunca con los
murales realizados en el conocido muralismo mexicano de vanguardia.

2.3 El arte zapatista dentro de las estéticas decoloniales

Los procesos de construcción cultural en nuestras sociedades


latinoamericanas se han cimentado en principios que responden a un modelo
capitalista/colonial, donde el ejercicio del poder que si bien se marcó por el

35
proceso de colonización ha permanecido hasta la actualidad mediante prácticas
simbólicas de dominación en nuestra forma de ser, de pensar y hacer.

Las estéticas decoloniales tienen una raíz conceptual derivada de las


reflexiones críticas del grupo de estudio: modernidad/colonialidad, donde el punto
de convergencia fue analizar la complejidad de las formas de dominación, que si
bien se relacionan con las categorías de la matriz colonial de poder propuesta
por Aníbal Quijano (2005), Walter Mignolo y Enrique Dussel, Catherine Walsh
entre otros pensadores nombran a la decolonialidad como una propuesta para
contrarrestar a la dominación estructurante en la economía, la alimentación, el
trabajo, el género y la subjetividad, es a partir de este cuestionamiento que en el
presente trabajo lo que me interesa es ampliar estos cuestionamientos a otras
categorías como las artes y dentro de esta a la pintura.

Pues bien para entender la opción decolonial, me remito a Vazquez (2016)


quien comenta que es una implicación de una serie de luchas, la lucha por la
liberación frente a las estructuras de subjetivación heteronormativa, la lucha
frente a la subjetivación antropocéntrica que norma nuestra relación con la
naturaleza y el cosmos, la lucha frente a la estética moderna colonial que
gobierna nuestra percepción del mundo, etc.

En la investigación de las otras formas de entender el arte desde una


propuesta decolonial me encontré con que el año 2003 Adolfo Albán Achinte
comenzó a hablar de estéticas decoloniales y después aparecen una serie de
publicaciones principalmente coordinadas por Zulma Palermo en Argentina y
Pedro Pablo Gómez en Colombia.

Es también importante destacar la comunidad de estudiantes y profesores


del doctorado en Estudios Culturales Latinoamericanos de la Universidad Andina
Simón Bolívar, que coordina Catherine Walsh en Ecuador, en el que participaron
Adolfo Albán –que entra como estudiante y termina como maestro– y Pedro Pablo
Gómez entre otros. Es en esta comunidad que se comienza a trabajar más de
lleno el tema de las estéticas decoloniales en relación al marco de la
modernidad/colonialidad.

36
Este sería, desde mi punto de vista, el origen de la ruta conceptual que
posteriormente se irá transformando a través de una serie de encuentros
coordinados por Walter Mignolo, en las nuevas estéticas Latinoamericanas.

Ahora bien, regreso al concepto central, la pintura, entendiéndola como un


sistema de interpretar, re-presentar, comprender, imaginar, simbolizar y
problematizar el mundo. En este universo de la creatividad, las producciones de
las comunidades étnicas históricamente estuvieron a la saga de las tendencias
de los movimientos, corrientes de pensamiento y de los espacios de mercado
que se consideraron en torno al arte.

Las estéticas decoloniales, nos recuerda Walter Mignolo (2012, p.12),


constituyen “una búsqueda de lo propio, en cuyo camino se va desmantelando
todo aquello que lo encubre, lo desodoriza, lo silencia y lo deforma”. Búsqueda
que a la vez exige tanto a la creación artística como a la reflexión ontológica.

Las estéticas decoloniales se interesan por los lugares donde el arte


desmantela esta identificación con modelos eurocéntricos de reflexión sobre lo
sensible, o bien donde se apropia de la misma para dejar fluir una voz distinta.

Se trata de actos creativos que transforman el sentir, el pensar, el conocer.


Esta es la cuestión de la estética decolonial, la liberación de la filosofía estética
moderna y de las prácticas artísticas leídas o construidas desde ese prisma: la
descolonización de la estética moderna y la liberación de la aiesthesis decolonial”
(Gómez, 2015, p. 20).

Señala Albán (2009) lo que la modernidad bautizó como Estética,


comprende y captura un espacio muy amplio de significados: modos del sentir,
prácticas de la creación, relaciones de poder y modos de decir. Todos ellos
sesgados por una pedagogía monocultural, a través de la cual se ejerce la
colonialidad del sentir, como parte de la colonialidad del ser. Sentir, pensar y
florecer, son las tres dimensiones del estar-siendo, esa experiencia demorada
del tiempo, que, en el pensar fronterizo, se manifiesta como sensibilidad
geopoética El arte no solamente reproduce las condiciones de dominación

37
mediante su pedagogía colonial, sino también deja expuesto el fondo ontológico
de la desigualdad.

He puesto “las artes” porque son ellas (y no la política) quienes cavan en lo más
profundo del ser humano y rescatan su esencia. Como si el mundo siguiera siendo
el mismo, pero con ellas y por ellas pudiéramos encontrar la posibilidad humana
entre tantos engranajes, tuercas y resortes rechinando con mal humor. A diferencia
de la política, el arte entonces no trata de reajustar o arreglar la máquina. Hace, en
cambio, algo más subversivo e inquietante: muestra la posibilidad de otro mundo
(Subcomandante Insurgente Galeano. México, febrero del 2016).

Para el zapatismo las ciencias y las artes son quienes rescatan lo mejor de
la humanidad, porque representan ya la única oportunidad seria de construcción
de un mundo más justo y racional. Con esta mirada, la convocatoria para el primer
festival “CompARTE por la humanidad”, por parte de la Comisión Sexta del EZLN
y las bases de apoyo zapatistas, se llevó a cabo del 17 al 30 de julio del 2016.
Sería una opción decolonial donde el arte de los pueblos originarios es el centro
de esta convocatoria, además de ser un espacio intercultural donde personas de
diferentes lugares pueden compartir sus experiencias creativas.

La invitación se realizó a artistas, científicos formales y naturales, a l@s


compañer@s3 de la sexta nacional e internacional, al congreso nacional
indígena, y a cualquier ser humano que se sienta interpelad@, a la compartición:

Podían participar tod@s quienes tengan como práctica el ARTE. Para el


zapatismo

artista es toda persona que reivindique su actividad como arte, independientemente


de cánones, críticas de arte, museos, wikipedias y demás esquemas “especialistas”
que clasifican (es decir: excluyen) las actividades humanas. (Convocatoria
recuperada de la página: enlace Zapatista en 2016)

3 En este apartado utilizaré el @ para referir a la construcción lingüística que desde el zapatismo
se ha creado para enunciar la diversidad sexo-genérica. Es decir, en lugar de utilizar el
nosotros/ nosotras, el @ se lee como nosotroas.

38
El movimiento de los encapuchados ha sabido dialogar con los pueblos del
mundo, con hombres y mujeres de geografías y tiempos tan distintos a través de
una estética-ética que va ligada a la única verdadera arma que ha permanecido
en estos años: la palabra.

Es con ella que caminan hacia la construcción de desesteticas


colonizadoras y que encuentran en el arte la opción emancipatoria, como la base
que ha creado un diálogo sin precedentes entre las comunidades en resistencia
indígena y la sociedad civil. También es importante mencionar que en este
movimiento el arte es un lugar donde entran muchas artes, así su visión se amplía
a diferentes manifestaciones.

Cabe mencionar que en estos espacios no se necesita de traducción, es


decir es la expresión creativa la que habla por sí sola, como bien lo menciona
Marcelo se la llama también “la milpa de la colectividad” (comunicación personal,
agosto 2018, Caracol de Morelia).

El festival CompArte se ha celebrado como un acontecimiento que ha


generado un compromiso del sujeto colectivo, del arte como un “nosotr@s” que
va poniendo en marcha el trabajo de reestructurar las formas de vida en espacios
dignos.

Beatriz Aurora, la artista chilena que ha narrado el universo zapatista en


sus míticas pinturas, señala "el arte no se aprende, se desarrolla y se necesita
creatividad y rebeldía". Frente al CompArte también dijo Aurora, "la belleza no
está en la forma de una línea, sino en la luz de los ojos que la miran" .(González,
2006).

También lo señala González: el subcomandante Marcos que desde los


años 80´s en la selva se daban el tiempo y el espacio para crear piezas de teatro,
leer poesía, hacer música o pintar, también cuentan que se daban tiempo para
simular programas de televisión para ellos mismos.

El zapatismo entonces, no sólo es una estructura política- poética, sino que


también es un diseminador de micro estéticas asentadas tanto en la milicia como
en las comunidades “base de apoyo”, a través de obras de arte de carácter muy

39
definido, señala casa Chiapas (2006). Estás prácticas artísticas existentes en los
pueblos antes del inicio del EZLN, más el interés particular de la guerrilla por las
creaciones artísticas es lo que seguramente explica las propuestas de arte que
se evidencian en el festival “CompArte”, a esto lo han denominado: producción
estética interna del zapatismo.

Es evidente que la acción individual occidental tiene de entrada un


contraste al observar este tipo de arte, lo confirman los investigadores del arte
zapatista; dicen que los temas son naturalmente colectivos, autónomos y
referidos a su propia historia de liberación, también mencionan que hay leves
diferencias en la calidad de la ejecución, unos lograban producir mejor que otros.
La construcción de la propuesta artística señala que una de las características
principales de sus contenidos, es su línea temporal y narrativa, que
principalmente se enfoca en dos tiempos: el pasado y el presente.

Sin embargo, esta línea representa un diálogo permanente entre lo


ancestral, lo colonial y su forma actual de resistencia, que tiene que ver con la
autonomía, sus formas de organización y colectivos de trabajo, la resistencia
diaria desde la salud, la educación y la lucha por la alimentación. En cuanto al
futuro, las representaciones proyectan también los caminos de la autonomía.

Tenemos que estar claro que al enemigo no le va a gustar y que nos va a perseguir,
acosar o matar. La resistencia es para todas y todos, tenemos que pensar en una
organización verdadera donde luchemos por la vida de nuestro pueblo. Con nuestra
resistencia y rebeldía hemos hecho otras actividades como canciones, danzas,
pinturas porque así también la mostramos al mundo (Lucero, comunicación
personal, agosto 2018. Caracol de Morelia).

Si bien es cierto, existe una limitada información e investigación sobre este


tipo de arte; el grupo de investigación de arte y política (GIAP), realiza un
acercamiento a través del análisis de estas propuestas, siendo así un referente
para las personas interesadas en acercarse al arte zapatista.

El arte zapatista está cumpliendo la doble función, por un lado, de narrar


oralmente su historia para el ejercicio de la memoria colectiva y por otra parte, de

40
preservar pedagógicamente la praxis cotidiana de la autonomía, ambos
elementos son adherentes de la tradición cultural indígena y responden a la
necesidad de resistencia a largo plazo en el contexto actual.

Es importante señalar el festival CompArte como una estrategia de


movilización de masas que no pretende capitalizar y valorar el arte desde el lugar
de poder, sino más bien menciona que el arte zapatista es descolonizado, no
elitista, no profesional, no mercantilizado y qué ha confirmado la constitución de
una estructura poética autónoma profundamente política.

2.3.1 Feminismos otros: el zapatismo una propuesta decolonial

Fig. 7. Imagen del Colectivo Mujeres Creando. Bolivia

Fuente: www.mujeres creando.org. Agosto 2019.

Es importante mencionar que la lucha por la equidad de las mujeres dentro


de un sistema patriarcal ha sido contextual; los tiempos y espacios han marcado
su historia. De ese proceso surgen las diversas líneas teórico-prácticas
feministas, entonces, no se puede hablar de un sólo feminismo como referencia
epistémica, sino de “los feminismos” y “las luchas de las mujeres” por una vida
digna.

Entonces, la propuesta es entender cómo las formas de dominación


interactúan, se fusionan y crean interdependencias. De esta manera, la noción
de género puede tener otras connotaciones mayores que cuando se explica

41
solamente como si fuera el resultado del patriarcado como único sistema de
dominación.

Las formas en las que el patriarcado ordena el mundo y clasifica a las


personas ha sido un fenómeno histórico y situado, cuando se habla del mundo
occidental y no como un fenómeno fundacional de la cultura occidental. Por ende
como lo señala la antropóloga maya Aura Cumes (2012) el funcionamiento del
patriarcado es indisoluble del colonialismo.

Por eso algunas de las respuestas antipatriarcales de las mujeres


indígenas se articulan de diferentes maneras. Generalmente el feminismo es la
forma más común de luchar contra esta forma de opresión, en muchas
comunidades indígenas existen mujeres que se han adscrito a este movimiento,
serían mujeres indígenas feministas. Si bien estos espacios han creado
propuestas concretas a sus necesidades, muchas mujeres indígenas por otro
lado han tomado el análisis y planteamientos del feminismo para crear otras
formas de adscribirse a sí mismas.

A estas propuestas es donde se ha ubicado a los feminismos con una


caracterización y una matriz particular como los feminismos antirracistas o los
feminismos decoloniales. Dentro de estos feminismos también están los
autodenominados feminismos comunitarios, un movimiento particular que surge
en Bolivia, donde se habla de un patriarcado ancestral que se encontró con el
occidental. Postura que actualmente se encuentra en debate.

En este caso, vemos que los feminismos decoloniales, generados por


feministas negras, feministas indígenas, “del tercer mundo”, de “color”, “de las
fronteras”, quienes desde hace casi tres décadas han venido insistiendo que lo
complejo y perverso del sistema de dominación que se inscribe en sus cuerpos,
no logra explicarse con nociones unidimensionales. Pero que tampoco se trata
de encapsular su realidad en una simple suma o reducirse en la popular frase de
la triple opresión (Cumes, 2012, p. 6).

En esta discusión me parece oportuno plantear la siguiente pregunta


¿existía algo como el género en las culturas mayas? Al conocer que las culturas

42
son cambiantes y se han transformado tanto, antes y después de la colonización
no podríamos afirmar si existía o no un patriarcado antes de la colonia. Lo que
parece ser es que actualmente no se desprende el uno del otro.

Lo que nos queda es ir más allá del feminismo con alguna especificación
de un nombre para ubicar ahí a la lucha antipatriarcal zapatista. Así damos paso
a otra genealogía de lucha, de reflexión y de aporte. Podemos decir que es una
postura antipatriarcal no siendo el único o el central interés, puesto que se
expande a una lucha anticapitalista y anticolonial. Por esta razón las mujeres
zapatistas no se enuncian como feministas, no porque sean antifeministas, sino
porque se inscriben dentro de más luchas.

Es por eso que me atrevo a decir que la defensa por el territorio y la


naturaleza incluye esta gran diversidad de luchas, muy amplia, como dice Aura
Cumes, esta diversidad de luchas es tan amplia como las culturas a las que
pertenecen las mujeres indígenas que no son las hegemónicas, y cuyas
reflexiones generalmente son orales.

Sin duda, los Caracoles zapatistas (los territorios autónomos), son un


referente para comprender la práctica de la decolonialidad en el feminismo, como
lo argumenta Boaventura de Souza (2010, p.159)4 “este nuevo feminismo está
contribuyendo a la construcción de las epistemologías del Sur, así como a la
interculturalidad y a la plurinacionalidad desde una óptica contraria a la
eurocéntrica”.

La apertura de caminos del EZLN a través de la lucha y la resistencia hacia


nuevos procesos de descolonización de la propia modernidad, contribuyen a la
construcción de un nuevo paradigma; el giro epistémico de la decolonialidad del

4 Cito a Boaventura de Sousa porque es el creador de: “las epistemologías del sur”, sin embargo,
mi postura política no es afín a este científico social por las múltiples denuncias queen los
últimos años se han levantado por apropiación de trabajos de sus alumnos, alumnas yde otras
autoras como Sayak Valencia.

43
poder como una alternativa a las diferencias subalterizantes del ser mujer
indígena.

Son estos momentos complejos de hoy que provocan movimientos de


teorización y reflexión, movimientos no lineales sino serpentinos, no anclados en
la búsqueda o proyecto de una teoría crítica o de cambio social, sino en la
construcción de caminos de estar, ser, pensar, mirar, escuchar, sentir y vivir con
sentido u horizonte de(s)colonial (Walsh, 2013, p. 3).

Así se construye otro feminismo incluyente en tanto toma en cuenta el


punto de vista de las actoras, pero al mismo tiempo se considera diferenciado
porque reconoce la diversidad como una realidad existente y la igualdad como
un principio para el tratamiento público de dicha diversidad. En ese camino para
constituir otras ciudadanías, vemos que las mujeres zapatistas han logrado
ocupar diversos espacios de organización: las bases de apoyo, ser responsables
de zona, autoridades de las juntas de buen gobierno, comandantas.

Nosotras ya no tenemos miedo, ahora tenemos más valor, tenemos la capacidad de


organizar, de enfrentar políticamente y defender nuestra tierra, hacemos todo tipo
de trabajo, tenemos el mismo valor que los hombres. Si solo participa el hombre la
lucha no avanza. No sólo en el zapatismo sino a nivel mundial. Lo que queremos es
defender nuestros territorios, lo que el capitalismo nos está invadiendo (Rosa,
comunicación personal, agosto 2018. Caracol de Morelia).

Este testimonio nos muestra cómo construyen un discurso en el que


expresan sus propios proyectos, demandas desde y para las comunidades.
Asimismo, se preocupan por la construcción de sus propios espacios públicos
donde invitan a las mujeres del mundo a participar e incluirse en la lucha contra
el capital-patriarcal, pues reconocen que éstos espacios de convivencia tienen la
función de permitir la expresión de las múltiples problemáticas que enfrentan,
además de que contribuyen a la mejora de su preparación para generar cambios
en sus comunidades.

Las mujeres zapatistas vienen a formar parte de la nueva epistemología


decolonial como bien lo expresó la comandanta Esther:

44
Quiero que todas las mujeres despierten y que siembren en sus corazones la
necesidad de organizarnos, queremos que sea reconocida nuestra forma de
respetar la tierra y de entender la vida qué es la naturaleza, que somos parte de ella,
queremos que se respeten nuestra forma de rezar, de curar, de alumbrar (Citada en
Marcos, 2011, p. 88).

Las prácticas feministas de las mujeres zapatistas han contribuido a


enriquecer las discusiones de género en México y en diversos países de América
Latina, porque se fundamenta en una propuesta que cuestiona los referentes
sobre los cuales se construye el feminismo mexicano que, entre otras cosas, no
alcanza a visibilizar las realidades desde las cuales se gestan los propios
procesos de intervención que proponen las zapatistas desde el género (Padierna,
2013).

Lo que queda claro es que la lucha de las mujeres zapatistas así, como de
otras mujeres indígenas son pistas de que si el patriarcado y colonialismo operan
como sistemas imbricados, imbricadas serán las respuestas y las
resistencias que las mujeres pueden plantear.

Se construye así el feminismo decolonial, donde hay producción de nuevas


subjetividades activas con nuevos modos de vivir y con-vivir, más horizontales,
desde el senti-pensar, que inspira nuevas reflexiones y relecturas más humanas,
donde se prioriza la dignidad y la justicia por la vida.

45
Capítulo III. Telar metodológico:
investigación basada en artes

3.1. Sujetos de estudio: Conociendo a los y las artistas.


El telar metodológico

La historia de las mujeres artistas ha sido ignorada tanto en los discursos


institucionales como en los no institucionales, creando una suerte de
invisibilización de las artistas en la sociedad. El arte feminista es el único espacio
que responde a la complejidad del proceso socio-histórico de creación femenina,
devolviendo el lugar simbólico de la mujer artista en lo cultural, a través de contar
nuevas historias de las mujeres y también nuevas historias del arte.

La historia del arte feminista ha priorizado el análisis de las mujeres que


habitan las ciudades, acercarme a esta historia me ayudó a entender las
dificultades de las mujeres para negociar su relación con el poder. Así surge en
mí la necesidad de hacer la revisión de otros escenarios; las comunidades
indígenas serían un campo de acción que abriría nuevas posibilidades de trabajo
cuidadoso donde se hilan historias sobre las iniciativas de creación de lo
femenino; además de estimular la investigación sobre las intervenciones de lo
femenino en la cultura.

En México es “innegable la asociación de la masculinidad con el arte mural”


(Quijano en Comisarenco, 2013, p. 17), históricamente el androcentrismo
parcializa la producción artística mostrando un discurso dominante, éste será el
punto de partida para la intervención de lo femenino, esta ocasión en el campo
de los Estudios Culturales, desde un lugar rebelde del ombligo de la luna, donde
se ubican los altos de Chiapas, territorio que busca alcanzar la justicia. Parecería

46
el lugar indicado para hablar de un proceso cultural disidente en cuanto al ámbito
artístico.

Este es el momento para aclarar que en el proceso de la investigación hubo


un giro; del trabajo de mujeres artistas a “lo femenino”, pues descubrí que no sólo
es el trabajo de las mujeres el que conlleva toda esta ideología liberadora y
emancipatoria, sino que también interpela a la creación artística de los hombres
zapatistas, que si bien históricamente ha estado atravesada por aquellas
características que se le atribuyen a las mujeres, es decir de “lo femenino” ahora
pude descubrir que también se le atribuye a los hombres.

Por ello en este documento me refiero en general a las manifestaciones


artísticas de “lo femenino” y no limitándose a la asignación de género de las
personas creadoras. Las implicaciones de este cambio son enormes puesto que
descubrí la complementariedad como un principio básico de la herencia maya en
los territorios zapatistas, concepto sobre el que ahondaré más adelante.

Entonces, inicialmente, mis sujetos de estudio eran las mujeres artistas de


los Caracoles zapatistas. Finalmente, mis sujetos de estudio se ampliaron para
incluir a hombres y mujeres creadores de la pintura colectiva en los territorios
autónomos de los altos de Chiapas.

3.2 El arte como herramienta de investigación: aprender


haciendo

La presente investigación cualitativa tiene un enfoque con base en las artes


como una apuesta política que incluye discusiones teóricas en las
representaciones artísticas del mundo, atravesadas por prácticas interpretativas
que fomentan la teoría crítica de los Estudios Culturales.

Esta investigación estética revolucionaria performativa promueve un


estudio crítico del zapatismo y sus coloridos hilos, a través de la pintura mural la
cual denominaremos pintura colectiva, como una acción crítica en las
comunidades zapatistas “los caracoles”.

47
La construcción de significados y de los propósitos que la investigación ha
buscado alcanzar se han ido moldeando, re-creando. La idea permanente de unir
la teoría con la práctica, ha creado un espacio de diálogo constante. De ahí la
importancia de escoger la metodología apropiada que priorice la observación de
construcción de subjetividades.

Se eligió la investigación basada en las artes porque permite la


construcción de vínculos generados en procesos orgánicos comunitarios.
Incentiva a que las personas muestren sus habilidades: como crear pintura,
compartir saberes y potenciar su creatividad. De esta forma tener la posibilidad
de observar cómo se construye la subjetividad desde el descubrir habilidades, es
decir, desde el hacer arte; el llamado “aprender haciendo”, clave de la pedagogía
zapatista.

La investigación con base en las artes es uno de los nuevos géneros


metodológicos y teóricos en investigación cualitativa. Lincoln (1995), la describe
como “una tradición emergente de investigación acción crítica y participativa en
las Ciencias Sociales”. (p. 115)

Esta nueva propuesta invita a una reinterpretación de los métodos y éticas


a partir de la construcción de procesos de investigación orientados a la acción,
siendo más útil para la comunidad donde se originó el estudio. Su marco de
referencia está caracterizado por una dinámica activista entre artistas e
investigadores sociales.

Históricamente las investigaciones estéticas radicales tuvieron tres


períodos: Lincoln, 1995 (citado en Finley) los clasifica en: a) el giro hacia una
ciencia social activista b) el surgimiento de la investigación con base en las artes
(y el giro hacia formas de arte activistas), y c) el giro hacia una investigación
basada en las artes de tipo radical, ética y revolucionaria (sumando a la aparición
de la pedagogía revolucionaria).

Los propósitos de la investigación, así como la construcción de los


significados del arte zapatista, se identifican con este nuevo paradigma de las

48
ciencias sociales creando un diálogo entre los y las participantes en lugar de con
la investigadora.

Lincoln (1995) habla sobre el cambio en la investigación cualitativa basada


en la acción, a partir de las capacidades relacionales, interpersonales, políticas,
emocionales, morales y éticas que se generan y se comparten entre
investigadores y participantes.

Pues bien esta propuesta es un giro hacia una ciencia social activista donde
mi posición como investigadora ha implicado una búsqueda permanente de unir
la teoría con la práctica. Esto es la creación de un espacio para la investigación
donde se redefinen los roles de la investigadora, así cómo de las y los
participantes en la investigación quienes se convierten en colaboradores eincluso
en co-investigadores de modo que la línea entre investigador e investigado se
vuelve borrosa.

Este propósito de la investigación se llevó a cabo en la medida que el


contexto, en este caso el zapatismo al tener como base su pedagogía del
“aprender haciendo”, permite de forma activa a través de una ética del cuidado,
crear y aprender a la vez, sin violentar, e imponer a la otredad, siendo de utilidad
a la comunidad. En este caso lo puedo enunciar como un intercambio, donde si
bien el propósito es pintar en conjunto, creando expresiones artísticas que tienen
un contenido político, compartimos en su totalidad un proceso transformador.

La transdisciplinariedad atraviesa el presente trabajo. Al ser los Estudios


Culturales una rama de las ciencias sociales que está en los intersticios entre
saberes, considero que la propuesta de Silvia Rivera ha sido fundamental para
entender la imagen como un recurso que permite entender los entramados
situacionales en el zapatismo.

Silvia Rivera (2015) hace una re-lectura de la antropología visual y la


sociología de la imagen. Para esto se remite a Alison Spedding (comunicación
personal) quien había dicho que la antropología es una sociología aplicada a una
sociedad o grupo ajeno, mientras que la sociología es una antropología aplicada
a la propia sociedad. Desde el punto de vista de lo visual, la sociología de la

49
imagen sería entonces muy distinta de la antropología visual, en tanto que en
ésta se aplica una mirada exterior a los "otr@s" y en aquélla el/la observador/a
se mira a sí mismo en el entorno social donde habitualmente se desenvuelve.

En la antropología visual necesitamos familiarizarnos con la cultura, con la


lengua y con el territorio de sociedades “Otras”, diferentes a la sociedad
eurocéntrica y urbana de la que suelen provenir las y los investigadores. Por el
contrario, la sociología de la imagen supone una desfamiliarización, una toma de
distancia con lo archiconocido, con la inmediatez de la rutina y el hábito. La
antropología visual se funda en la observación participante, donde el/ la
investigador/a participa con el fin de observar (Rivera, 2015).

La sociología de la imagen, en cambio, observa aquello en lo que ya de


hecho participa; la participación no es un instrumento al servicio de la observación
sino su presupuesto, aunque se hace necesario problematizarla en su
colonialismo/elitismo inconsciente (Rivera, 2015).

Otra diferencia entre sociología de la imagen y antropología visual es que


ésta última se orienta ante todo al registro (fotográfico, videográfico, fílmico) de
las sociedades que estudia para mostrarlas ante un público urbano y académico.
Es decir, es ante todo una práctica de representación. En cambio, la sociología
de la imagen considera a todas las prácticas de representación como su foco de
atención; se dirige a la totalidad del mundo visual, desde la publicidad, la
fotografía de prensa, el archivo de imágenes, el arte pictórico, el dibujo y el textil,
amén de otras representaciones más colectivas como la estructura del espacio
urbano y las huellas históricas que se hacen visibles.

Elegí investigar desde la acción con base a las artes que se complementa
con la propuesta de Rivera respecto a las prácticas de representación, que según
lo encontrado en el campo me permitió entender a las narraciones de las
imágenes pictóricas con una representación colectiva que desde el inicio hasta
el fin del proceso involucra a lo común que tienen las personas participantes, y
que se va construyendo a través de un diálogo permanente, donde me vi
involucrada en la acción participativa en diferentes roles; como organizadora del

50
espacio, gestora cultural para pedir el permiso e ingresar a los caracoles, a la vez
que gestionaba la convocatoria externa e interna y ya en el proceso de pintura
como tal. Cabe mencionar que este proceso no hubiera sido posible sin el apoyo
de mis amigos y amigas simpatizantes del zapatismo a quienes conocí en
encuentros dentro de los territorios autónomos, así como en otros espacios como
las redes de apoyo en el movimiento.

Así este proceso de investigación también tuvo una construcción colectiva.

3.1.2 Instrumentos de investigación

En el proceso de investigación/intervención, utilicé el diario de campo,


entrevistas, fotografías, audios y la pintura. Se configuraron como los principales
instrumentos de registros de la experiencia.

El registro de la acción participativa; la pintura de murales comunitarios se


realizó con fotografías y audios. Es importante mencionar que estos archivos de
campo fueron consensuados previamente con las juntas del buen gobierno de
los caracoles zapatistas.

La consigna sobre el uso de la imagen se planteó en dos vías, la primera


fue la aceptación individual y colectiva de las personas a ser fotografiadas y la
segunda, que utilicen paliacate o pasamontañas, es decir que no se muestren
sus rostros completos.

Con base en este acuerdo, la invitación a la auto-reflexión como


investigadora y la responsabilidad de sostener el vínculo con la comunidad a
investigar, me hizo asumir la ética profesional como un ejercicio real de trabajo
en territorios zapatistas. Reconociendo el lugar histórico que ha marcado la lucha
en contra del Estado, y que al ser perseguidos por su resistencia al sistema, es
necesario sostener y salvaguardar la integridad de las y los colaboradores.

El diario de campo en un primer momento permitió la descripción del


contexto inicial de los territorios zapatistas. La narración la dividí en dos partes;
las percepciones subjetivas y por otro lado la percepción objetiva del objeto de
investigación. Además se registraron los encuentros informales con la

51
comunidad, siendo el centro de atención, la descripción de la mirada de lo
femenino desde los hombres y mujeres. Y principalmente, la narración oral, junto
con los dibujos y colores de las imágenes de los murales.

Por otro lado, el registro de las entrevistas individuales y colectivas a través


de las grabaciones de voz, permiten archivar en primera persona la
intencionalidad de los encuentros artísticos para entender la construcción de
subjetividades zapatistas.

3.3 Diálogos artísticos en territorios autónomos

En mi formación como investigadora tuve la oportunidad de experimentar


diversas formas de establecer diálogos, y para esto la escucha activa de los y las
participantes, como con el arte zapatista, que se materializaron en el proceso
creativo pictórico compartido, en el cual a veces participé como artista y en otras
ocasiones como observadora, estas fueron las principales formas de construir un
diálogo con la comunidad zapatista.

Recordaba como el Subcomandante Marcos resumía su experiencia:


“Escuchar, aprender” sobre su contacto inicial con el movimiento indígena en
Chiapas. (El sueño zapatista, entrevista por Yvon Le Bot, citado en Jerome
Baschet, La Rebelión Zapatista). También lo menciona Lenkersdorf en su estudio
Tojolabal, la importancia de la escucha como un principio llamado cosmo-
audición, donde se habla desde el nosotros, y no desde la individualidad.

Es importante mencionar que la pintura al ser una narrativa que a través de


imágenes que en su proceso de elaboración como tal promueve un intercambio
de saberes, sentires y pensares, fue una vía de diálogo que permitió entender la
construcción del “ser zapatista” como una manifestación de las subjetividades.

De esos encuentros donde logre vivenciar la escucha, que se manifestaba


en pintura, puedo decir que aprendimos mutuamente. Puedo entonces resumir
en tres grandes dimensiones estas experiencias que describo a continuación.

52
3.3.1 Acercamientos a los Caracoles zapatistas

La convergencia en los encuentros artísticos con los y las simpatizantes del


mundo con el zapatismo, generaron varios espacios donde la articulación de las
luchas anticapitalistas, feministas, comunitarias se tejían en un mismo entorno.

3.3.1.1 Encuentro Internacional de Mujeres que luchan: cultural, artístico,


deportivo y político. Caracol Morelia marzo de 2018
Aunque a lo largo de los años el EZLN ha realizado numerosos encuentros
para dialogar con colectivos, organizaciones y movimientos en otras partes del
país y del mundo, el denominado “Primer encuentro de mujeres que luchan;
político, artístico, deportivo y cultural” sobresalió por ser la primera vez que se
hace una invitación abierta a las mujeres del mundo.

Mi primer acercamiento a los territorios zapatistas para realizar la


investigación fue en este festival, con mi llegada al caracol de Morelia el 8 de
marzo acompañada de tres compañeras de la maestría en Estudios Culturales,
decidimos ir al evento porque teníamos afinidad y curiosidad de conocer los
territorios rebeldes.

Al bajarnos de la camioneta que nos llevó desde el municipio de Altamirano


al Caracol de Morelia en Chiapas, nos encontramos con la primera imagen visual
que distinguía a las comunidades zapatistas.

Al ver la estrella roja, los significados contextuales de los que tanto había
leído y oído hablar se volvieron obvios inmediatamente, al leer las palabras que
acompañaban esta imagen que decía “zapatistas”.

Había llegado a los territorios rebeldes. Resulta imprescindible relatar la


sucesión de sensaciones que me atravesaron en esos momentos; la curiosidad
de conocer su territorio estaba frente a mis ojos, la expectativa de escuchar su
discurso, así como la cotidianidad de sus acciones y ver sus dinámicas de
interacción estaban por empezar. Mientras bajaba de la camioneta y caminaba

53
un kilómetro hasta llegar a la puerta de ingreso que nos invitaba a registrarnos,
sentía el inicio de una nueva aventura.

Fig. 8 Caracol de Morelia. Entrada a la escuelita zapatista

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018.

La segunda imagen que recuerdo, fue el cartel que señalaba un


planteamiento muy bien definido, los hombres no tendrían acceso a este
territorio, si bien es cierto en la invitación al encuentro planteaba que los hombres
se iban a quedar en la cocina, al leer esta manta, estaba dado por sentado y
tomaba forma el acuerdo inicial.

Al entrar a la escuelita zapatista, las mujeres de la comunidad nos dieron


la bienvenida a sus territorios a través de un discurso donde nos invitaban a
participar junto con ellas y las mujeres del mundo en la lucha contra el capitalismo
y el patriarcado, éste sería el marco de referencia desde el cual nuestro destino
de estos tres días iba a organizarse.

Las mujeres que luchan habían preparado obras de teatro con las que nos
podemos identificar. La mañana del 9 de marzo, el asombro me sobrecoge

54
inesperadamente: un grupo de alrededor de 40 o más zapatistas de diferentes
caracoles se reúne frente al templete principal para salir con cámaras y
grabadoras a cada una de las actividades para hacer su memoria y llevarla a
otras mujeres. Me pregunté ¿Cómo son sus políticas de archivo y memoria?,
¿cómo harán para conservar y difundir estos materiales entre otras mujeres y sus
comunidades?

Fig. 9 Caracol de Morelia. Entrada a la escuelita zapatista.


Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018

Dentro del sinnúmero de talleres que se proponían, mi elección fue


participar en el espacio de la pintura. Me llamó la atención este taller por varios
motivos, en primer lugar porque estábamos mujeres del mundo, simpatizantes
del zapatismo, con mujeres de las comunidades autónomas, juntas con un
propósito en común, “pintar colectivamente”. La persona que dirigía el taller,
Janeth, oriunda de la sierra de Puebla, nos compartió que la metodología de
trabajo sería colectiva, es decir; entre todas haríamos propuestas sobre las
imágenes que iban a pintarse sobre una manta. La temática era la misma del
encuentro de mujeres.

55
Se fue construyendo de forma espontánea a través de narraciones orales:
figuras, colores, personajes, elementos de la naturaleza que en colectivo fuimos
aportando. Las mujeres zapatistas señalaron que les gustaría que el elemento
central sea el maíz, puesto que nos hablaron de la importancia de la milpa en sus
comunidades.

Fig. 10 Caracol de Morelia. Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018

También se tomó como elemento la palabra, ellas eligieron la siguiente


frase “la lucha de la mujer es a la comunidad como el maíz a la milpa”. En esta
frase podemos ver que la idea de comunidad está atravesada por la relación con
la naturaleza. El maíz es un elemento fundamental de la cultura maya, menciona
Aura Cumes (2018), antropóloga maya que todos y todas venimos del maíz, para
esto hace referencia al popol vuh, donde se afirma que el origen de la vida se
relaciona con el maíz al ser el grano que contribuye a la base de la alimentación
de estas comunidades, principio que se mantiene hasta la actualidad.

Lo que observé en este espacio es que al inicio habían más mujeres


simpatizantes, que zapatistas, éramos alrededor de 20, al transcurso fueron
integrándose nuevas mujeres interesadas en la pintura y otras dejaron el taller,
las que permanecimos hasta el proceso final fuimos aproximadamente 10. En el
lugar de la permanencia lo que se mantuvo es la idea de continuar con lo que las

56
compañeras inicialmente aportaron, desde su palabra, el dibujo y el color. Así las
formas si bien fueron transformándose, la idea original siempre se mantuvo,
“representar el encuentro de las mujeres del mundo que tenemos las mismas
luchas, las mismas raíces, así como el cuidado de la vida”.

A continuación se muestra la imagen del trabajo final de la pintura colectiva.

Fig. 11. Fotografía pintura colectiva. Caracol de Morelia.


Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018

Cabe mencionar que en este encuentro participé en un segundo mural que


fue organizado por mujeres que participan en una escuela de formación muralista
de Hidalgo. Donde la dinámica empezó a partir de un boceto propuesto por las
compañeras de la escuela muralista, nos acoplamos a sus ideas que tenían un
mismo principio, hacer pintura de forma colectiva voluntaria. Los colores y las

57
formas que iban adquiriendo, tenía la marca de cada una y de todas al mismo
tiempo.

Es importante compartir estas dos experiencias de hacer murales, para


identificar las particularidades de cada proceso, así cómo lo común; la primera
experiencia fue enfocada a la participación durante todo el proceso de forma
colectiva y la segunda si bien se trajo un boceto de las imágenes, pude ver que
eso agilizo el proceso de la pintura sin dejar por fuera el trabajo en equipo de
mujeres interesadas en pintar. Cabe mencionar que los materiales son
autogestionados por las simpatizantes, lo que ofrece al zapatista es el espacio
para pintar, el cual primero necesita ser autorizado por la junta del buen gobierno.
Esta era la dinámica para todos los talleres presentados.

Eso da cuenta de la organización y la comunicación que existe en estos


espacios, tanto en la pintura como en la organización del territorio zapatista, y
que si bien nosotras pudimos acceder a estos lugares por primera vez de forma
abierta a todas las mujeres del mundo, no hay nada que no sea dialogado y
consensuado entre las partes involucradas, sean zapatistas o simpatizantes.

Fig. 12. Caracol de Morelia. Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018.

58
Puedo destacar que hay muchos aprendizajes que me han quedado de
estas dos experiencias de hacer murales, entre los cuales puedo decir que
aunque hubieron mujeres que tenían experiencia previa en pintar y otras que
estaban descubriéndose como creadoras, el proceso de pintura se vuelve
colectivo cuando se incluyen las diversidades en todo sentido (lugares,
ideologías, etnia, edades, saberes, lenguas) y se respetan los tiempos y los
caminos de cada una, en lo personal e ideológico y esto se ve reflejado en el arte,
y esto ocurre sin perder de vista el objetivo final, la pintura mural.

3.3.1.2 Píntale caracolitos a los malos gobiernos, pasados, presentes y


futuros. Festival Comparte por la vida. Caracol Morelia agosto de 2018

Fig. 12. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

En Altamirano – Chiapas del 6 al 9 de agosto de 2018 en el caracol


zapatista “Morelia”, se realizó el festival: “CompARTE POR LA VIDA Y LA
LIBERTAD “, Píntale caracolitos a los malos gobiernos pasados, presentes y
futuros”, convocado por las Bases de Apoyo del movimiento zapatista.

59
En esta ocasión se apreció música, teatro, baile, pintura, escultura,
artesanías, deportes, declamaciones de las comunidades zapatistas en
resistencia y rebeldía.

De igual forma se presentaron manifestaciones artísticas de asistentes


nacionales e internacionales. A diferencia del encuentro de mujeres esta vez eran
más presentaciones que talleres.

Entre las obras que se presentaron en el templete principal, me llamó la


atención la presentación teatral del Caracol Oventik: “Los siete principios del
Mandar Obedeciendo”; “la destrucción Ambiental y social” y “La nueva forma de
Autogobernarnos”, pues entendí que el teatro es una herramienta política que
trasciende el discurso de la palabra y que refleja en el cuerpo de los y las artistas
las problemáticas sociales que no solo les suceden a las personas que habitamos
entornos urbanos, sino también a los pobladores de los territorios rebeldes.

El Subcomandante Moisés, en el Festival Comparte 2018, mencionó:

“Ahora estamos viendo que habrá mucho más colectivos de representantes, sus
quehaceres de diferentes maneras, eso tendremos que discutírselo y analizárselo,
ahora tenemos la tarea que nos han dado, el trabajo que nos han dado como por
ejemplo qué sucederá si se vinieran los miles de artistas, que somos en los cinco
caracoles, algo saldrá mucho más ahí, que dirán nuestros hermanos y hermanas”.

Lo que transmite este discurso es que el arte es colectivo, si bien es cierto


en el festival fueron representantes de los caracoles, en los territorios zapatistas
hay muchas más personas que crean desde los espacios cotidianos que habitan.

Hay muchos tipos de armas, pero no armas que matan, armas que cambian el
pensamiento, la idea. Con la ayuda y el material que hacen los compas de medios,
va ayudar mucho. Por ahora tenemos material para trabajar desde una práctica real,
esa es la sabiduría, la inteligencia, escuchar, ver y luego pensarla para ponerla en
práctica. El arte de ver y escuchar para que después se vea en la práctica en el
beneficio del propio pueblo. Se necesita del arte y la ciencia para poder destruir al
capitalismo, no sabemos cómo hacerlo pero tenemos que pensarlo. El trabajo es de
pensar cómo unirnos en contra del capitalismo, esa es la importancia del arte que
tenemos que pensarle, por eso esa enseñanza que nos dieron. Pronto llegará el
pensamiento de lo que creemos que les vamos a decir y ustedes decidirán si es así

60
o no, buscaremos el arte de cómo vamos a consensar del trabajo práctico en este
arte de lucha. (Subcomandante Moisés 2018).

Fig. 13. Caracol de Morelia

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Para el zapatismo, el pensamiento y la acción son dos propuestas


indisolubles que se ven reflejadas en el arte, esta forma de “consenso práctico”
como lo llaman, se hace colectivamente, si bien el festival Comparte fue realizado
por un tiempo específico, más sin embargo los y las que participamos nos
llevamos la tarea de difundir lo aprendido en sus territorios y de encontrar de
forma particular y localizada las diferentes formas de hacer arte, un arte que
permita reflexionar la lucha contra el capitalismo.

En este encuentro la primera pintura colectiva se realizó en el contexto de


un taller donde participamos voluntariamente aproximadamente 50 personas. En
esta ocasión la mayoría de participantes eran hombres zapatistas, aunque fueron
pocas las mujeres zapatistas las que participaron, su presencia fue igualmente
valorada como la de los compañeros, las personas simpatizantes fuimos 15
aproximadamente.

Es a partir de este encuentro que mi objetivo de visibilizar a las mujeres


artistas se puso a prueba y la investigación dio un giro, porque pude darme
cuenta en sus discursos y en su hacer, la importancia de construir en comunidad,

61
además que entendí que no podía segmentar a los participantes hombres,
porque también formaron parte del trabajo colectivo, y eso sería invisibilizarlos.

Fig. 14. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Fig. 15. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

62
La sorpresa que pude ver es que los hombres al narrar sus dibujos en la
mayoría por no decir en todos los casos representaron a las mujeres, pero
también hablaban mucho de la naturaleza, utilizaban elementos femeninos y
complementarios, narraciones que están compartidas a lo largo de este trabajo .
En resumen puedo decir que sus mensajes iban relacionados a construir mundos
diferentes, y a dar valor a las mujeres igual que los hombres. Cómo lo menciona
Marcelo:

Las mujeres tienen el mismo valor como hombres desde años atrás en el
levantamiento armado del 94. Las mujeres hacen trabajo de la milpa igual que los
hombres, yo lo veo como un trabajo comunitario. Así participan, hacen sus trabajos
colectivos, hacen pan y están en la organización. Hacen eventos para apoyar a la
organización. Se ocupan de eso. No tienen miedo, tienen más valor, tienen la
capacidad de organizar, de enfrentar políticamente y defender nuestra tierra con
todo tipo de trabajo, tienen el mismo valor. Si solo participa el hombre la lucha no
avanza. No sólo el zapatismo sino a nivel mundial. Lo que queremos es defender
nuestros territorios, lo que el capitalismo nos está invadiendo. (Comunicación
personal, agosto 2018, Caracol de Morelia).

Fig. 16. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Cabe mencionar que en esta ocasión la pintura colectiva la hicimos sobre


madera. Al inicio hicimos dibujos en parejas para luego compartir nuestras ideas
y elegir entre todos y todas las imágenes que en conjunto construirían el mural.

63
En este proceso aproximadamente nos demoramos 2 horas. Fue un proceso
enriquecedor porque pude registrar las narraciones de sus representaciones.

Fig. 17. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Sobre este dibujo menciona el compañero Luis:

Aquí en el dibujo representa una compañera que está llamando a los países del
mundo, está llamando, haciendo un grito para que se escuche hasta acá y vienen
hasta acá donde están las compañeras que son zapatistas y atrás de eso pusimos
unos caracolitos porque con las compañeras luchamos juntos porque somos de 5
caracoles somos de 5 zonas, acá es donde hay agua limpia, montañas verdes, todo
eso representa mi dibujo. (Comunicación personal, agosto 2018, Caracol de
Morelia).

Esta imagen fue uno de los personajes principales del mural. Vemos
claramente en este testimonio, la importancia que dan a la mujer zapatista, pero
no sólo a una, sino que es una imagen del llamado a las mujeres del mundo,
vemos que el zapatismo es un espacio de reunión, además de que el símbolo del
caracol representa algo que empieza en un lugar, en este caso en Chiapas y que
se expande por el mundo.

64
Fig. 18. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

En varias conversaciones con algunos miembros del movimiento pude


preguntar que significaba el caracol; y encontré varias respuestas; Soraya
“nosotros vamos como el caracol lento pero seguro, la autonomía lleva años de
construcción, eso es el caracol”, cuando ví el siguiente mural en Morelia pude ver
que esa palabra de Soraya estaba manifiesta en la pintura de la tienda colectiva
zapatista (Comunicación personal, agosto 2018, Caracol de Morelia).

Fig. 19. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

65
Al siguiente día mientras pintabamos el segundo mural donde la dinámica
era, la construcción voluntaria, pero que el inicio del mural no fue en un taller sino
fue dada por un par de simpatizantes de otros lugares de México, Argentina y
Ecuador, lo interesante es que en esta ocasión dos personas iniciaron haciendo
el rostro de un niño zapatista con quien habían compartido en el festival y luego,
las personas se iban sumando, yendo y viniendo y así fue tomando forma este
mural:

Fig. 20. Caracol de Morelia.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Le pregunté al compañero Esteban que junto a Juan estaban encargados


de pintar el caracol y poner un mensaje en su lengua originaria, qué significaba
el caracol, porque vi que era un símbolo que se repetía en muchos murales, pero
que además es el nombre que eligieron para nombrar a los territorios autónomos
zapatistas. A lo que Esteban me comentó que era llevar la voz de la autonomía
a todo el mundo (Comunicación personal, diciembre 2018. Caracol la Realidad).

Una anécdota importante que me parece necesaria compartir que me


marcó mucho, es que faltaba un pincel delgado, para hacer las letras que irían
dentro del caracol, y el compañero Juan, se fue a buscar una rama y cuando llegó
dijo: con esto podemos hacer las letras. Para mí fue un ejemplo de cómo la
resolución de problemas es más práctica que discursiva, ahí pude apreciar el
“aprender haciendo”, esta pedagogía que me ha servido como investigadora, y

66
como persona, porque son aprendizajes sencillos que me han transformado, al
ver la resolución de problemas de una forma más sencilla y práctica, además de
optimizar recursos, y utilizar a la misma naturaleza como un material de pintura.
Veo también cómo la naturaleza no se deslinda del proceso del arte porque pintan
con la naturaleza y no sólo es una fuente de inspiración. Así tiene sentido su
cosmovisión holística de ver el mundo.

Luego de esta anécdota y volviendo a la narración del caracol puedo


resumir que, la representación del “Caracol” en el zapatismo no es quedarse en
un territorio Chiapas- México y tampoco es cerrar su ideología a su realidad, sino
más bien es expandir, nutrir y transformar, según las necesidades de cada
localidad, como ellos dicen “a su modo y en sus tiempos”.

En estos espacios aunque tengan principios en común, hay un respeto a la


particularidad de sus localidades, es decir adecuan su forma de hacer
“autonomía”, según sus propias necesidades.

Para concluir este relato de mi experiencia en el festival CompArte, puedo


decir que estas imágenes y el proceso como tal de la pintura habla de la
dimensión política y propiamente decolonial e intercultural del neozapatismo ya
que la forma de construir desde lo colectivo, es única, porque si tomamos en
cuenta los cánones occidentales de perspectiva, volumen, entre otros parámetros
puedo decir que en estos espacios no son el centro de la expresión pictórica, lo
que prima es el concepto, la idea, el mensaje que se quiere transmitir, así leer,
sentir y observar otro tipo de pintura se vuelve una experiencia particular.

Es así que visibilizar estas memorias que han sido silenciadas bajo el
control de la representación y de la experiencia de hacer mural desde lo moderno
eurocéntrico es totalmente urgente y necesario. También porque muchas de
estas personas que participaron en estos encuentros artísticos no se identifican
como artistas y tal vez no necesariamente se identifiquen con las estéticas
decoloniales por su contexto, sin embargo para mí lo son porque están buscando
hablar de la pluralidad de experiencias e historias, de sus otros mundos que

67
habitan y construyen en su cotidianidad, los cuales son silenciados por el estado
mexicano.

Es por esto que las estéticas decoloniales hacen posible como lo nombra
Albán (2009) “que emerjan las otras formas de relación al mundo que han estado
suprimidas bajo el predominio de la visión y de la representación de la estética
moderna”.

Hoy vivimos en un mundo profundamente dominado por la representación,


y sobre todo por la representación visual, por lo que no podemos reducir a una
sola forma de habitar el mundo de las narraciones del color y de la imagen porque
existen diversas formas, y todas tienen su particularidad, seguir midiendolas bajo
el ojo eurocéntrico sería limitarnos. Frente a esto esto la pintura colectiva
zapatista es una invitación a mirar estas posibilidades de expandir la memoria
colectiva de las comunidades indígenas.

3.3.1.3 Acercamiento a la realidad del ser zapatista en “La Realidad”.

Fig. 21. Vía Margaritas - Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

68
La comunidad “La Realidad Trinidad” tiene un lugar de mayor importancia
al ser conocido como corazón del territorio autónomo zapatista. Hay dos motivos
principales por los que este territorio es reconocido; por ser el primer caracol
además de ser el lugar de origen y de la muerte del Comandante Galeano,
conocido en la comunidad como maestro José Luis Solís López, base de apoyo
zapatista.

En este territorio está la sede de la junta del buen gobierno, que se forma
por los representantes de las comunidades aledañas. Además está la comisión
de vigilancia conformada por personas que llevan largo tiempo en la lucha.

Este municipio autónomo tiene sus propios medios de transporte, que van
desde las Combis que transportan entre 13 y 16 personas día con día, los
camiones que transportan alimentos y la producción agrícola y ganadera,
además de un autobús para transportar a mayor cantidad de personas: 30
pasajeros.

De esta manera se inicia el viaje hasta el territorio enunciado en el 2004


como el Caracol I “La Realidad”. El cambio de un camino pavimentado a una
terracería nos acercaba a territorios lejanos de la urbanización, nos mostraba
cómo es otra forma de transitar sobre una carretera. La variación de imágenes
que me interpelan a mirar la infinidad de tonos verdes en los arbustos, así como
de flores y aves se mezclaban con arquitectura predominante de tablas y zinc en
las viviendas.

Fig. 22. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

69
En el transcurso del recorrido desde Las Margaritas hasta la Realidad
Trinidad existen 35 murales de denuncia al estado, sus mensajes señalan “fuera
ejército represor”, “el gobierno asesinó a Galeano”, “fuera paramilitares”. Por otro
lado, existen mensajes de apoyo a la campaña donde Marichuy se postuló como
candidata independiente a la presidencia de la República, representando al
consejo nacional indígena.

Fig. 23. Vía Margaritas - Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

Este Centro de Derechos Humanos Frayba se suma a la expresión de indignación


por la agresión armada en contra de las Bases de Apoyo del Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (BAEZLN) ocurrida el pasado 2 de mayo del 2014 en la
comunidad de La Realidad, Municipio Autónomo Rebelde Zapatista de San Pedro
Michoacán, Chiapas (municipio oficial de Las Margaritas), misma que fue perpetrada
por integrantes de la Central Independiente de Obreros y Campesinos Histórica
(CIOAC-H), Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y Partido Acción Nacional
(PAN) y que tuvo como consecuencia el asesinato de José Luis Solís López,
maestro de zona de La Escuelita La libertad según las y los zapatistas, así como

70
daños a la escuela, clínica autónoma de la comunidad y veintiocho personas
heridas.5

A partir de este suceso se han realizado varias intervenciones externas a


la comunidad como una forma de apoyo.

Fig. 24 Campamento civil. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

“Desde el Frayba somos testigos de la agresión que representa un ataque directo al


proyecto de vida que las y los zapatistas van construyendo en autonomía, a partir
del ejercicio de su derecho a la libre determinación que como pueblos originarios
tienen, basando su ejercicio en una práctica cotidiana desde su cultura y dignidad
humana” (Idem).

Si bien es cierto la historia del zapatismo empieza con Emiliano Zapata


como un referente de lucha, el acercarme a los caracoles zapatistas me permitió
entender que la memoria colectiva, no sólo se construye desde el pasado, en
este caso en 1994, sino que se sigue construyendo en el presente. Además, que
frente a estas formas de resistencia siguen siendo perseguidos y luchan contra
el estado, de diversas maneras, es importante mencionar que este territorio

5 https://www.jornada.com.mx/2014/05/23/politica/013a1pol#

71
actualmente sigue siendo perseguido por el estado, ahora en calidad del plan de
seguridad nacional conocido como “Guardia Nacional”.

Frente a estos ataques externos y la lucha por sobrevivir de las


comunidades zapatistas, me queda la reflexión que la rebeldía no solo se
transmite desde la palabra oral de una historia del pasado, sino que se sigue
construyendo en el presente desde la resistencia. Esta es la realidad dentro de
esta experiencia en “La Realidad”.

De ahí que en el viaje al Caracol se fue construyendo una historia con


diversas expresiones y referentes de esta transformación, me remitiré en el
capítulo siguiente a detallar cómo se interconectan en la pintura colectiva en el
zapatismo.

El acercamiento a este espacio fue en cuatro momentos, el primero como


observadora de derechos humanos que logré hacerlo a través del Frayba.

Fig. 25. Tienda de mujeres. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

72
En esta experiencia fui acompañada con Vanesa y Matías, doscompañeros
Argentinos con quienes recibimos una capacitación por el Frayba durante una
semana. Y por mi parte una capacitación de Junax para certificarme como
voluntaria en Chiapas. Los principales temas fueron: conocer la historia de
violencia a la población indígena en Chiapas y la lucha actual donde el estado
mexicano sigue intimidando a la población. Esto es lo que puedo compartir de
esta experiencia ya que el resto de la información es confidencial, por protección
a la población zapatista.

Lo que se conoce públicamente es que en estos territorios vivía el


Subcomandante Galeano, a quién asesinaron en el 2004, es a partir de esta
muerte que los locales piden apoyo externo como una forma de protección, y
llegan las brigadas del Frayba para participar como observadores de derechos
humanos y de esta manera cuidar, ser veedores de la relación entre partidistas y
no partidistas.

Fig. 26. Campamento civil. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

73
Durante la estadía hay los siguientes acuerdos: sólo se puede habitar en el
territorio destinado para las y los observadores, las salidas de ese espacio sólo
son a las tiendas zapatistas que están alrededor.

Fig. 27. Campamento civil. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

Hay un río al lado y de frente está la carretera principal donde circulan los
vehículos que van a la laguna miramar, y la tarea es estar atentos a la circulación
de los militares del estado mexicano que transitan por aire y por tierra.

Fig. 28. Campamento civil. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018

74
En la estadía lo importante era estar abierta a los diálogos con las personas
de la comunidad, para aprender sobre el ser zapatista. A continuación compartiré
algunas experiencias que me marcaron.

Una noche mientras los observadores platicamos con Esteban (2018) un


joven de la Realidad, regresamos a ver el cielo que estaba muy estrellado, y
mostramos nuestra alegría, frente a lo cual Esteban nos preguntó, que si en el
lugar donde vivíamos el cielo no se veía así, ante lo cual le respondímos que no,
por la contaminación. En esta misma conversación preguntamos dónde compran
comida cuando no querían cocinar, y nos respondió que no compran comida
hecha, que siempre se hace.

En estos dos testimonios podemos ver claramente la diferencia entre la


ciudad y la vida fuera de ella. Me atrevería a decir que en ambas situaciones la
relación con la naturaleza es más estrecha puesto que es cotidiano ver un cielo
estrellado así como alimentarse con la comida que ellos y ellas mismas preparan.

Dentro de este contexto alimentario cabe mencionar que lo que ofrecen


las personas zapatistas a los y las campamentistas todos los días es una gran
porción de tortillas hechas a mano, alimento base de Fig. 29. Campamento civil.
Caracol de la Realidad
las comunidades.

Un día, una de las mujeres de la comunidad


Celia, me enseñó a hacer tortillas a mano, una
actividad muy común de las mujeres, me comentó que
se levanta muy temprano para que su marido salga a
las 4:00 am al trabajo de la milpa. Me pareció
interesante aprender hacer esta actividad, primero
para conocer cómo un alimento tan importante para la
dieta mexicana se realiza a mano y luego porque en
mi intercambio con la comunidad me era necesario
involucrarme con las mujeres y sus quehaceres
cotidianos, siendo un puente para que podamos
conversar y acercarnos más. Fuente: Lorena Altamirano.
Febrero 2018

75
Cabe recalcar que en este encuentro conocimos a un personaje importante
para la comunidad, “el chompiras” un camión que transportaba principalmente
alimentos, en la cosmovisión maya tojolabal, los objetos inanimados tanto como
lo no humano, tienen vida, es decir forman parte de la comunidad como un
humano, tienen sus roles y participación en el desarrollo de la vida.

Fig. 30. Campamento civil. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018

Este camión, formó parte del período de división donde el territorio que hoy
se denomina “La Realidad”, se separó entre partidistas y zapatistas, comentan
que esto sucedió en los años donde asesinaron a Galeano. Actualmente este
camión se mantiene afuera del terreno donde está el campamento de
observadores.

En las noches es el punto de encuentro de las y los jóvenes, y también es


el lugar donde los y las campamentistas podíamos interactuar con la comunidad.

Es por esto que junto a mis compañeros campamentistas decidimos hacer


un pequeño mural de este personaje de la comunidad.

76
Fig. 31. Campamento civil. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018

En este encuentro tuvimos mucha interacción con las y los niños quienes
cotidianamente pasaban por el terreno para ir a la escuelita, eran
aproximadamente 50 niños y niñas que estaban escolarizadas. En el receso, así
como para ir al baño atravesaban el río. Esto me parecía muy llamativo, ya que
su relación con el agua se volvía muy cercana. Vemos que el río cumple muchas
funciones; ser la fuente donde se recogía el agua para la alimentación y en
general los usos domésticos del agua, así como era el lugar donde se bañaban,
el lugar de distracción y encuentro de las juventudes. Además de ser el lugar de
lavar la ropa, está actividad me permitió interactuar con las mujeres jóvenes
quienes generalmente eran las encargadas de lavar su ropa, también habían
hombres, pero ellos generalmente iban de acompañantes y ayudantes.

Cabe mencionar que el jabón, detergente o shampoo utilizados tenían que


ser orgánicos. Nosotros como campamentistas también teníamos las mismas
formas de relación de cuidado del agua.

Me llamó la atención que los baños eran ecológicos, los conocidos baños
secos. Por otro lado el consumo de la electricidad era limitado, teníamos luz entre
las 7:00 y 10:00 pm. No teníamos refrigeradora, lo que implicaba una creatividad
en la alimentación y en el uso consciente de los alimentos, porque en las tiendas

77
zapatistas habían días específicos que llegaban los vegetales, las frutas y al ser
limitados se acababan muy rápido. Además de que cocinamos en leña, lo cual
implicaba un par de horas en espera de la cocción y mantener prendido el fuego,
tarea que no es tan sencilla como pensé. En general los tiempos eran otros. Y
esto de cierta manera nos mantenía en el presente, en poner toda la atención en
cada actividad y nos confrontaba al trabajo en equipo sin olvidarnos de los
tiempos de cada quien.

Fig. 32. Campamento civil. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Febrero 2018.

Al final de estos días visitamos en el caracol a la junta del buen gobierno,


lugar donde realizan su trabajo, pero que además viven ahí durante su período
de trabajo de 15 días, para luego ir a sus trabajos personales y después viene el
otro grupo.

En el caracol tienen una gran cancha de basket, al parecer es una actividad


muy común en los espacios zapatistas. Menciona la compañera Soraya (2018)
que antes las mujeres no podían acceder a estos espacios de deportes, lo cual
me parece que es una forma de visibilizar que el acceso de las mujeres a los
espacios públicos como el deporte que antes era sólo para los hombres es una
forma de transformar los lugares públicos de acceso a las mujeres.

La junta del buen gobierno nos recibió de forma muy acogedora, sin
embargo yo sentía que era un momento muy solemne, no cualquier persona

78
puede tener acceso a estos espacios. Y es que en realidad estos personajes
pueden estar en las comunidades transitando como cualquier persona. Y
nosotros no sabremos si son los encargados de la comunidad. El diálogo que
mantuvimos con estas personas, lo he compartido en el transcurso de este
trabajo.

Fig. 33. Cancha de Basket. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

Lo que puedo rescatar de este encuentro es que la participación por edades


y género es visible, tras generaciones donde la mitad de miembros son hombres
y la otra mitad son mujeres. Sin embargo la voz de los mayores tienen mayor
importancia “por su experiencia”.

De esta experiencia en la Realidad lo que puedo rescatar es qué hay


muchas diferencias con la ciudad, que en lo personal me han hecho reflexionar
sobre mis propios consumos sobre todo de la luz y del agua, así como una
reflexión sobre las comodidades que tenemos en lo urbano y la importancia de
organizarnos y optimizar los recursos. Haciéndome más consciente sobre lo que
realmente es necesario para tener una vida digna, aprendí a ahorrar recursos
materiales y naturales.

79
El segundo momento fue en el evento anual que realizan las comunidades
para conmemorar el alzamiento zapatista del 1ro de enero, en esta ocasión a sus
25 años.

Fig. 34. Vía Margaritas - Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre 2018.

En esta ocasión conocimos un nuevo caracol “Huellas de memoria,


subcomandante insurgente Pedro Cumplió”. Ubicado antes de Guadalupe
Tepeyac, al llegar estaban en un gran encuentro de las redes de apoyo al
zapatismo de todo el mundo. Se hablaban de varias problemáticas actuales en
cada localidad, y se compartían las formas en las que se organizan para
contrarrestarlas.

En la primera noche hubo música y baile, venta de comida por parte de las
comunidades zapatistas, los precios son muy económicos, en realidad me parece
que es más una forma de apoyar a los y las participantes, que de buscar
ganancias. En esta ocasión nos quedamos en nuestras casas de campaña. Y al
siguiente día a las 4:00 am estaban esperando los transportes de los compas, los
cuales nos llevaron al territorio de la Realidad.

80
Fig. 35. Vía Margaritas - Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre 2018.

De esta experiencia nació mi interés por pertenecer a una red de apoyo la


cual encontré en Tuxtla Gutiérrez- Chiapas. Luego de ese encuentro me
contactaron con la red de apoyo “La Fig. 36. Invitación zapacine. Red de
resistencia y rebeldía “La Otra Tuxtla”
Otra Tuxtla”, espacio donde empecé a

participar hasta la actualidad. En este grupo


reflexionamos desde lo urbano acerca de las
problemáticas capitalistas/coloniales que nos
afectan, para contrarrestar estas
problemáticas, hemos realizado algunas
actividades para generar encuentros de
análisis y de creación de alternativas, además
de la difusión de la propuesta del zapatismo,
sobre la autonomía. Así como el apoyo a otras
organizaciones sociales, lo cual me ha llevado
a conocer otras formas de lucha en Chiapas
más allá del zaptismo.

Fuente: Facebook. La otra Tuxtla.


Descargada marzo 2018.

81
Fig. 37. Apoyo a Ecuador por el paro nacional.
Red de resistencia y rebeldía “La Otra Tuxtla”.

Fuente: Red de resistencia y rebeldía “La Otra Tuxtla”. Descargada octubre 2019.

El tercer momento fue solicitar el permiso a la junta del buen gobierno y a


la junta de la resistencia y rebeldía.

Este proceso que si bien se inició en el evento de los 25 años del


levantamiento, donde solicité el permiso a la junta del buen gobierno, cuando
regresé al Caracol de la Realidad en la fecha acordada, me comentaron que
hubieron nuevas disposiciones y que ahora tenía que ir al Caracol de Morelia a
solicitar la autorización de la Junta de la Resistencia y la Rebeldía, organización
política que era nueva.

Emprendí mi viaje a ese Caracol, durante 6 horas de movilización hasta


Altamirano, para solicitar la autorización, en el viaje iba pensando; que no es tan
sencillo el acceso a los territorios autónomos como en un inicio imagine, sin
embargo no desistí en el camino. Al llegar a Morelia en medio del Caracol,
estaban en un templete 5 personas (3 mujeres y 2 hombres), eran los miembros
de la Junta de la Resistencia y Rebeldía, cada uno representando a cada Caracol,
a quienes compartí el propósito de la pintura mural. La respuesta fue afirmativa,
la reunión no duró más de 20 minutos.

82
Frente a esta labor de dar vueltas para la autorización, lo que comprendí
es que actualmente el neozapatismo cuida mucho su territorio, puesto que
muchos investigadores han ido a absorber el conocimiento sin devolverles nada,
sino más bien se vuelve un espacio extractivista. En general la apropiación de los
espacios zapatistas sin un aporte a la comunidad nos invita a reflexionar sobre
las capitalizaciones de conocimiento que se realizan en la academia, en el
turismo, en el marketing y otros espacios. Son formas de seguir reproduciendo la
hegemonía del poder.

En este momento es importante mencionar que la intención de la pintura


siempre fue hacerla en colectivo para romper con estas lógicas donde el que
tiene mayor conocimiento del arte sea el centro del proceso, sino que sea un
intercambio de experiencias y creación en conjunto.

En este encuentro en la Realidad me quedé un par de días compartiendo


con los campamentistas en turno, algunas de estas personas son quienes me
acompañaron para el siguiente momento.

El cuarto momento, la pintura colectiva organizada y gestionada por mí,


para iniciar este relato es importante reconocer la participación de mis
compañeros y compañeras simpatizantes del zapatismo.

Fig. 38. Sala de reunión de promotores de educación. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

83
Con este grupo emprendimos el viaje al caracol de la Realidad, lugar donde
nos quedamos durante 5 días. El campamento era un lugar familiar para la mitad
del grupo, que habíamos sido observadores de derechos humanos, lo que
variaba en esta ocasión era que en esta oportunidad íbamos a realizar la pintura
colectiva ya no observadores.

Este proceso fue autogestionado, cada quien aportó para los víveres y su
transporte, a excepción de los materiales para la pintura los cuales fueron
gestionados por mí. Cabe mencionar que todos y todas somos simpatizantes del
zapatismo, lo cual permitió que la inserción en la comunidad sea rápida,
espontánea y fluida.

Este mural tuvo una dinámica de construcción colectiva, mientras unos


elegimos pintar, otros se encargaban de la comida. Los roles iban rotando, había
momentos donde todos y todas estuvimos juntos en la pintura.

Este espacio fue asignado por la Junta del Buen Gobierno, que es el lugar
donde se reúnen los y las promotoras de educación, nos dejaron realizar un
boceto inicial para que lo aprueben y pasar a la pintura en madera.

En esta ocasión la participación de los y las zapatistas fue procesual y


temporal, se iban uniendo poco a poco y según la disponibilidad de sus tiempos
libres. A diferencia de los anteriores murales donde su actividad laboral no estaba
presente porque estábamos en festivales, en esta vez pude ver la dinámica de
su cotidianidad, lo que no fue una limitante de la participación. Sino más bien
nosotros como externos nos acoplamos a sus tiempos. También es importante
mencionar que el basket fue una actividad que luego de pintar nos permitió
integrarnos, divertirnos, y generar trabajo en equipo.

Durante el primero y segundo día de pintura, lo que puedo rescatar como


un factor que se repite es que, es importante la palabra escrita en los murales, y
en su lengua originaria, además de símbolos que nos iban pidiendo cómo: el
caracol, la paloma y las estrellas. Y en este principalmente el árbol, como una
metáfora del conocimiento que es una forma de sembrar la autonomía.

84
Fig. 39. Sala de reunión de promotores de educación. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

Fig. 40. Sala de reunión de promotores de educación. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

Los siguientes días nos enfocamos en pintar los pilares que estaban afuera
de la junta del buen gobierno, con los siete principios zapatistas.para este
proceso nos tomamos una mañana donde hicimos un proceso etnográfico
pictórico, para interactuar con las mujeres de la comunidad y que sean quienes

85
a través de sus relatos nos den
Fig.41.Junta del Buen Gobierno.
elementos que quisieran ver plasmados Caracol de la Realidad.

en los murales. Así, los principios


zapatistas tenían elementos reales de su
práctica cotidiana.

Obedecer y no mandar

El pueblo tiene, en todo momento,


la facultad de cambiar al mandatario que
no cumpla con su función a cabalidad. El
gobierno obedece a las necesidades de
cada comunidad o localidad sin decidir
cuál es la mejor forma de vivir nuestras
vidas, simplemente cumpliendo con
organizar y planificar. Quien manda,
obedece la voluntad del pueblo. Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

Representar y no suplantar Fig.42. Junta del Buen Gobierno.


Caracol de la Realidad.
El principio de todo gobierno está
en la representación de una voluntad.
Los representantes son elegidos de
forma rotativa, incluso sin que ellos lo
soliciten, pero no es visto como una
imposición, sino como un servicio a la
comunidad. Su trabajo es igual de
importante que el de cualquier otra
persona en la comunidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

86
Bajar y no subir

El zapatismo no aspira a la toma del poder porque sabe que el poder


proviene del pueblo. Hacer comunidad es poner los saberes y las técnicas al
servicio de la sociedad, aceptar que cualquier trabajo es igual de importante que
un cargo público.

Fig.43.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

87
Servir y no servirse

La cooperación desde los cargos públicos y hasta cualquier actividad


requiere de una acción solidaria y desinteresada. Servir a la comunidad no es un
trámite burocrático ni un trabajo remunerado, se trata de una expresión de la
colectividad.

Fig.44.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

88
Convencer y no vencer

Principio fundamental para la creación de un nuevo mundo. De nada sirven


las absurdas contiendas electorales y las campañas que no representan los
intereses reales del pueblo. La nueva política se hace a través del
convencimiento, no de la decisión de unos cuantos.

Fig.45.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

89
Construir y no destruir

La construcción de un mundo nuevo no tiene un instructivo; ni el zapatismo


ni nadie tiene la verdad ni la capacidad para elegir qué forma de gobierno resulta
más adecuada para cada pueblo y nación que integran la realidad
latinoamericana y mundial.

Fig.46.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

90
Proponer y no imponer

El rompimiento con la política que domina a la sociedad requiere de un


cambio radical. Proponer a través de la acción y la palabra, actuar en
consecuencia con la realidad y con un fin social es una máxima tanto de los
individuos como del gobierno para lograr una transformación en la sociedad.

Fig.47.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

91
Estos fueron los principios que representamos en imágenes. La única
petición de la junta fue que hubieran estrellas rojas y caracoles en la pintura.

Fig.48. Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

92
Fig.49.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

Fig.50. Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019.

93
Es importante mencionar que para hacer el registro fotográfico
esperábamos primero tener un vínculo con las personas y a partir de su
consentimiento se realizaron las fotos. En los anexos comparto más registros de
este proceso de pintura.

Lo que puedo resumir de estas experiencias, es que cada momento fue un


tejido con la comunidad zapatista, donde poco a poco fui entendiendo sus
dinámicas de convivencia, en base a lo cual se generaron espacios horizontales.

Respecto a los tiempos de organización puedo decir que son distintos a lo


urbano, no hay la premura, como vivimos en la ciudad. Además, el consenso
basado en la escucha, principio básico para la organización de la vida, se
manifiesta en todos los aspectos: sociales, económicos, de salud, en lo
educativo. Y pude ver una participación activa de la comunidad en todo momento,
por ejemplo si no podía una persona resolver un problema, otro compañero/a
inmediatamente se hacía cargo.

La pintura fue el puente para conocer a través de las imágenes, el color y


la forma como estos principios comunitarios van tomando forma en sus territorios,
así como las tensiones, ambos elementos se ven reflejados en sus identidades
zapatistas, que se construyen entre la herencia maya y la influencia de lo que en
la actualidad constituye la ideología zapatista. Puedo decir que en mi propio
proceso de entender el zapatismo, pudo transformarse de modo que ahora veo
a las personas que forman parte de este espacio como personas a las que admiro
pero que ahora las veo muy humanas, más cercanas, no tan idealizadas y eso
ha sido muy enriquecedor porque me he permitido trascender en mi propia forma
de mirarme y mirar los entornos con los que me vinculo, con una mirada más real
de la vida.

3.3.2 El uso del color y la ideología zapatista

La temporalidad marcada por la expansión del capitalismo y consigo el


proceso de blanqueamiento ha dejado por fuera de la historia del arte lo anterior
a la modernidad, creando una lógica de existencia sobre la base de la jerarquía
del color de la piel, haciendo una jerarquización existencial.

94
Fig.51. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Albán (2015) a esto lo ha nombrado “cromática del poder” como un sistema


de exclusión que se originó a partir de una categorización donde el color jugó un
papel fundamental, puesto que se configuró todo un sistema de representación
de esos “otros” (indígenas) pintados con el pincel del colono. Este proceso ha
impedido que ellos y ellas puedan re-presentarse a sí mismos.

Fanon (1974) concuerda con la propuesta de Albán al mencionar que la


imagen del “otro” construida, negó la posibilidad de configurar una mismidad del
sujeto colonizado, a esto lo llamó “imposibilidad ontológica”, el otro se apropiaba
de la representación, asumiéndola como su propia re-presentación.

Este cuadro que configuró la colonialidad (Quijano 2001) fue pintado con
una paleta de colores en donde la diversidad cromática se convirtió en un
problema; había que pintarlo todo de blanco o por lo menos matizarlo. Fanon lo
definió como un proceso de blanqueamiento, es decir, la despigmentación de la
piel y de la conciencia para asimilarse a la supremacía de lo aséptico, puro,
luminoso e inmaculado: lo blanco. En ese sentido, la cromática coadyudó a la
racialización, la negación y la exclusión.

95
Como una forma de contrarrestar estos procesos surge el EZLN, un campo
de disputa por el re-conocimiento, las auto-afirmaciones étnicas e identitarias. Es
una apuesta política que apunta a colocar en el presente, a quienes
históricamente han estado “pre-estigmatizados y vilipendiados, exotizados y
convertidos en piezas de museo inmóviles y sin la oportunidad de cambio o riesgo
de perder sus identidades” (Albán, 2015, p. 9.)

Soraya, representante de la Junta del Buen Gobierno del Caracol de la


Realidad, si bien no pudo acompañarnos en el proceso de pintura, nos direccionó
en el contenido de los murales. Y en este diálogo nos mencionó lo siguiente:

No solo resistimos sino que también hacemos la guerra política e ideológica.


Resistimos internamente en nuestras familias, resistimos afuera al mal gobierno.
Saber organizar la resistencia es un arma poderosa. La organización es invisible,
porque no deja sangre, no deja huérfanos, huérfanas (Comunicación personal, abril
2019).

En este testimonio podemos ver el contenido ideológico manifiesto en su


palabra, cabe mencionar que una de las indicaciones que habían decidido en la
junta del buen gobierno es que dibujemos la estrella roja y los animales caracoles.
Símbolos que si bien tienen que ver con una ideología de izquierda se
entremezclan con su cosmovisión tojolabal de relación con lo animal y lo vegetal,
como parte de su existencia.

Albán, luego de esta reflexión sobre cómo funciona el mundo


moderno/colonial, nos acerca al concepto de arte, entendiéndolo como “un
sistema de interpretar, re-presentar, com-prender, imaginar, simbolizar y
problematizar el mundo” (2015, p, 10).

Si bien el mundo moderno colonial instauró categorías de lo que puede y


no ser arte

En este universo de la creatividad, las producciones de las comunidades étnicas


estuvieron a la saga de las tendencias de los movimientos, corrientes de
pensamiento y de los circuitos de mercado que se consolidaron en torno al arte
(Albán, 2015, p.10).

96
Por es esto que esta experiencia de habitar en conjunto la pintura zapatista,
fue una puerta que permitió acceder al mundo zapatista, que tiene su
particularidad manifestada en su ideología, cuyo principio básico es “la
autonomía”, Rogelio me dijo, “no hay un libro donde esté la autonomía zapatista
escrita para entenderla hay que vivirla” (Comunicación personal, 2018 diciembre,
Caracol de la Realidad). Estoy de acuerdo con Rogelio, vivir incluye el arte, en
este caso su manifestación pictórica, de todas las experiencias de hacer murales,
me parece muy singular como hay predominancia en el uso del color.

Me atrevería a decir que si está cromática zapatista tiene una paleta de


colores, como ellos lo llaman “los colores de la tierra”, tienen que ver
principalmente con la naturaleza.

El maíz, como elemento principal junto al sol, se representan en el amarillo.

Fig.52. Sala promotores educación. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

97
Fig.53.Entrada. Caracol de la Realidad.

Fuente: Lorena Altamirano. Abril 2019.

Fig.54. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Abril 2019.

98
Fig.55. Caracol de la Realidad

Fuente: Lorena Altamirano. Abril 2019.

Fig. 56. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

99
Fig. 57. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

También las flores, cuyos matices son los amarillos contrastados con el
verde y rojo.

Fig. 58. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

100
Fig. 59. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Fig.60.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

101
Fig.61.Junta del Buen Gobierno. Caracol de la Realidad

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

El rojo sería el color que junto al negro tienen una trascendencia histórica
en las luchas de izquierda, y que se ven reflejadas en la herencia del
neozapatismo. En su paliacate podemos ver estos tres colores; la base es el rojo,
con el negro y unos rasgos de amarillo. Vemos que el paliacate usan las personas
y los animales.

Fig. 62. Caracol de Morelia. Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018.

102
Fig. 63. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

En ese sentido, si la reflexividad del arte estuvo influenciada por el


eurocentrismo, proyecto hegemónico que estableció una geografía de lo
moderno y del arte correspondiente. El zapatismo con su paleta de los colores de
la tierra vienen a irrumpir en esta monocromática de la blanquitud. Devolviendo
la mirada a la madre tierra.

La posibilidad de concebir un Fig.64 Junta del Buen Gobierno.


Caracol de la Realidad
arte Latinoamericano, estuvo siempre
mediada por la narrativa de la
universalidad, dejando fuera las
especificidades de los contextos
locales en una suerte de necesaria
universalización de un arte
deslocalizado y ubicado en la esfera
de su propio universo de creación y
producción (Albán, 2015, p. 11). Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

Estas razones han sido el motivo por el cual las acciones artísticas y las
producciones de los pueblos con trayectorias diferentes que sufrieron la
interiorización, han quedado silenciadas y relegadas, considerándolas como
103
artesanías o productos para el consumo de turistas necesitados de exotismo para
reafirmar su centralidad.

3.3.2.1 Lo pedagógico y lo político a partir del arte zapatista


Los pueblos originarios en general no han alcanzado un reconocimiento
suficiente respecto al campo de las artes, sus producciones y sus actos creativos,
menos aún a sus formas de crear conocimiento.

Vemos que en ese sentido el zapatismo al ser un espacio que visibiliza al


sujeto etnico y que si bien cuestiona y propone otras visiones alrededor de lo
artístico como representación, no cuentan con la legitimación suficiente por los
espacios que institucionalizan el arte y en realidad no sabemos si es de su
interés.

Lo que sí, es que más allá de la institución que aprueba, canoniza y acepta,
lo que es o no arte, existe el arte etnico y se sigue reproduciendo, en cada espacio
con sus particularidades.

Por otro lado, el arte actual de los pueblos originarios, permiten pensar la
posibilidad de la pedagogía decolonial, es decir “una pedagogía que nos aliente
a reflexionar en torno a las diferencias propias de estos pueblos con genealogías
y trayectorias creativas diferentes a los presupuestos del arte occidental” (Albán
2015, p. 12).

Esta forma de re-existencia a través del arte básicamente es la forma de


volver a la auto-representación, irrumpiendo en los procesos de blanqueamiento
que vivimos a partir de la colonia y que se han extendido en la hegemonía de
poder dentro de los espacios artísticos.

Los y las zapatistas, a través de su pedagogía decolonial, nos enseñan que


se pueden crear nuevas trayectorias artísticas.

Para nosotras, nosotros, zapatistas, el arte se estudia creando muchas


imaginaciones, leyendo en la mirada, estudiando en la escucha, practicando. Poner
en la práctica, o sea haciéndolo, se va a llegar a ver el resultado del arte de
imaginación, de la creatividad (Moisés, agosto 2018, Festival Comparte).

104
El zapatismo no ve al arte como una forma monetaria donde las cruzadas
creativas buscan una remuneración; como otros aspectos del zapatismo, la
creación es un síntoma de la forma en la que se relaciona la riqueza con la
abundancia, que gracias a su resistencia están en la búsqueda constante de
encontrar su libertad. Así, el arte es una forma de mayor creatividad puesto que
convierten lo intangible en tangible.

El proceso de la pintura se nutrió de un componente pedagógico


participativo y de la experiencia, donde se impulsó a que sean las personas
zapatistas quienes expresen sus sentires y pensares sobre sus realidades,
además de ser un espacio para conocer su necesidades, aspiraciones y
celebraciones.

Pusimos en práctica la pedagogía zapatista del “aprender haciendo”, a


través de aprender hacer en común para el disfrute común.

Las pautas sustantivas que puedo mencionar que son relevantes para que
se dé a cabo la pintura participativa es; consultar a la comunidad, integrar un
grupo creativo de la comunidad y pintar comunitariamente.

A continuación planteó un esquema del desarrollo de este proceso.

Preproducción:

● Solicitar autorización de las comunidades zapatistas.


● Identificar el lugar específico y la base (material) sobre la cual se va

pintar.

● Comprar los materiales; pinceles de diferentes tamaños, pintura de


base blanca y de los colores primarios (amarillo, rojo, azul, negro),
envases para realizar mezclas de colores y trapos para limpiar
pinceles.
● Conformación del equipo nuclear para acercarse a la comunidad.

Producción:

● Inserción a la comunidad con el equipo nuclear.

105
● Conformación del grupo ampliado donde participa el equipo nuclear
con las personas de la comunidad.
● Gestación de la pintura basada en los discursos de la comunidad.
● Realización de la pintura participativa.

Postproducción :

● La devolución o cierre del proceso: en este caso luego de las pinturas


resultantes, las personas de la comunidad comentan que identifican
sus ideas, se reconocen a sí mismas, recuperan su historia y fortalecen
su identidad. Denuncian sus problemas y exponen sus aspiraciones,
se reinventan.
● A partir de esta actividad creativa comunitaria, se ha realizado la
difusión en coloquios de universidades en México y Ecuador, así como
charlas en espacios de arte, principalmente en el conocido espacio de
arte rebelde internacional y esta tesis. Con la aspiración de continuar
escribiendo sobre este tema.

La intención de sistematizar este proceso es promover la multiplicación de


este método y que la creación de pinturas comunitarias participativas en diversos
contextos sociales se expanda.

Las pinturas zapatistas son un relato de la historia particular de las


comunidades, puesto que hablan de su cotidianidad, así como son la historia del
movimiento y crean pedagogías subversivas a través del arte.

3.3.3 Las formas como mensaje de la autonomía zapatista

En las culturas originarias de Chiapas, la producción artística pictórica


existía antes de la construcción del EZLN. Cómo. Unos en el segundo capítulo,
la pintura rupestre que realizaban los mayas desde antes de la llegada de la
colonia, son un claro ejemplo de esos registros iniciales del encuentro con las
producciones desde el color y las formas.

Lo afirma Alessandro Zagato (2016, parraf. 1):

106
Este germen cultural (prácticas artísticas pre-existentes en los pueblos antes
del inicio del EZLN, más el interés particular de la guerrilla por las creaciones
culturales) es lo que seguramente explica el enorme volumen de propuestas
de arte que concurrieron a la convocatoria del Festival Comparte en su
llamado interno a las comunidades

Fig. 65. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Esto supone que el arte zapatista tiene una significación cultural relativa,
puesto que ha ido variando conforme los procesos comunitarios de estos
territorios se han transformado. Esta producción artística construye una relación
inmediata con el sujeto creativo. Pero ¿quién es la o el individuo creativo
zapatista? El conocido en occidente como “artista”, la persona que lleva a cabo
la expresión artística.

No es que el artista sea un sujeto creativo diferente a todos los demás seres
productivos, sino que se constituye como tal por una serie de razones sociales
que lo objetivan diferencialmente de los otros, ya que el ser algo depende de los
elementos culturales con los que se han construido las tradiciones, aprendizajes,
modelos, y conductas de la comunidad a la que se pertenece y de la personalidad
del individuo” (Flores y Herrera, 2015, p. 81).

De acuerdo a los autores, el/la artista se construye en función de la


producción artística, que a su vez se construye por los elementos culturales

107
mencionados, en este caso, hablar de la creatividad en el zapatismo, es
reconocer un proceso de creación de “otras maneras de existir”.

Este proceso es descrito por Albán (2015) en un sentido más radical como
la re-existencia, que vendría a ser una consecuencia de la resistencia, no se trata
solamente de una cuestión de negar un poder opresor, sino también de crear
otras formas de sentir, pensar y actuar.

Convertirse en un hecho que in-surge, es decir que se muestra, devela,


cuestiona, problematiza, interpela el orden establecido, permitiendo al sujeto
creador en cualquier instancia de la vida social asumir el compromiso crítico de
precisar su lugar de enunciación, reafirmando su condición socio-cultural, étnica,
generacional, de género, de opciones sexuales, religiosas, políticas y reivindicar
lo local como un acto de reafirmación de lo que nos es propio o de lo que hacemos
propio (Albán, 2008, p. 6).

En los hallazgos de campo se reconfiguró la idea “el individuo creativo” por


“personas creativas” en colectivo, dando paso a la construcción de una
subjetividad artística colectiva, por eso el título de la investigación “pintura
colectiva”.

Esta nueva forma de encontrarse con el color y las formas como una
práctica/teórica de un interés por construir conocimientos junto/con/ para/ entre
l@s zapatistas y las personas simpatizantes pertenecientes a movimientos
críticos de lo social que apostamos por la autonomía, se construye
simbólicamente como una forma de re-existencia para ambas partes. Lo que une
a estas dos formas de existir es la “Autonomía (práctica -palabra - concepto –
límite), que no viene del griego si no del lenguaje común que compartimos
aquellos que decimos estar “abajo y a la izquierda” (Biehl y Baschef, 2015, p. 3).

A partir del desarrollo de la consciencia de la construcción de su propio


horizonte de representación a través de la autonomía, esta categoría que empezó
en mí como un concepto teórico y abstracto, en mi acercamiento a las
comunidades pasó a ser una categoría práctica y particular que se enriqueció a
través de significados “situados”. Este “despertar localizado” como muchos

108
teóricos del zapatismo lo mencionan, es el reflejo de una revisión de su propio
nacionalismo/indigenismo, donde el quehacer cotidiano es la respuesta a la
igualdad y a la búsqueda de una vida digna.

Fig. 66 Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

En mi participación en la construcción de los diferentes murales,


principalmente en el Caracol del pueblo tojolabal, pude observar en el accionar
colectivo varias apreciaciones que afirman las bases materiales y concretas del
trabajo comunitario basado en la escucha colectiva.

Lenkersdorf (2013) señala que en el pueblo tojolabal el término de lengua


o palabra deviene en dos conceptos: 'ab'al y k'umal. El primero corresponde a la
lengua o palabra escuchada y el segundo se refiere a la lengua o palabra
hablada. Se enfoca, pues, el fenómeno “lengua” desde dos aspectos, el hablar y
el escuchar.

El acto creativo de la pintura en los caracoles como lo señale en el escrito


anterior, conlleva una organización previa, donde el espacio y la temática a
realizarse parten de la palabra escuchada y la palabra hablada como la base para
llegar a los acuerdos sobre ¿qué se va a pintar, donde se va a pintar y cómo se
va pintar?

109
Fig. 67. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida..

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Además en el proceso de la pintura si bien es cierto teníamos una noción


de construirla de forma horizontal y colectiva, ellos y ellas fueron, para nosotros,
maestros, nos enseñaron lo que sabían y lo que nosotros no conocíamos del
zapatismo.

El proceso de pintura además, se hizo dialógico, nosotros aprendimos


sobre lo que les gusta dibujar, pintar y, en ocasiones, les enseñamos nociones
básicas de uso del color y la forma. La relación entre simpatizantes es decir
nosotros y l@s zapatistas se transformaba, cuando los roles de educadores
rotaban y no eran estáticos, su conocimiento era recibido de igual manera que el
nuestro.

110
Fig. 68 Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Carlos, un joven de la comunidad Tizcao que estaba de paso por el Caracol


“La Realidad”, se unió a pintar un mural, él nos enseñó a pintar estrellas tanto a
los simpatizantes como a l@s jóvenes zapatistas, actividad que realizaba luego
de terminar su trabajo en la milpa. Aunque cada uno tenía una idea previa de
dibujar estrellas, el solo intercambio de las diversas formas y el compartir una
nueva manera de dibujar nos ubicaba en un lugar de pares, primero hicimos
varios borradores en hojas para luego plasmarlas a color en el cielo del mural
que estaba en curso.

Fig.69. Caracol de la Realidad. Sala de promotores de educación.

Fuente: Carina Aparicio. Abril 2019

111
La idea del cielo estrellado puedo enunciarlo como una influencia de la
artista Beatriz Aurora,

las formas también se construyen a través de los lenguajes visuales que


han llegado a los territorios a través de las narraciones en las imágenes de los y
las simpatizantes. Volviendo a la pintura participativa.

La barrera del extraño/a que se adentra en territorios zapatistas se


desdibujaba, para luego reafirmarse en la participación de un partido de
basquetbol, junto con otros jóvenes zapatistas, acción con la cual afirmábamos
que el vínculo con la comunidad se transformó.

112
Capítulo IV: Resultados.
Encuentro con lo femenino desde
la pintura colectiva zapatista

4.1 Manifestación de la subjetividad zapatista

El concepto de subjetividad está permanentemente presente en el discurso de lo


cultural, es entendido como un proceso inherente al funcionamiento tanto del ser
humano como del mundo social, generado por sus producciones y prácticas
culturales. Es pues, del total interés de los Estudios Culturales.

Para entender la subjetividad del “ser zapatista” abordado como un lugar


ontológico, es importante entender mi propia subjetividad, si bien es cierto, el
presente trabajo ha permitido entretejer una relación entre lo indígena con mi
subjetividad de ser mujer mestiza y en este diálogo he podido intercambiar
saberes desde un espacio horizontal, esta investigación se ha convertido en un
puente entre el zapatismo y la academia, lugares que han interpelado en el
entendimiento de la subjetividades colectivas e individuales, incluyendo la
transformación de mi propia subjetividad.

Hasta ahora he tratado de ver cómo una parte de los quehaceres de las
personas zapatistas van tomando cuerpo en las categorías referidas al hacer y
hacerse en el mundo, que en este caso se manifiestan en la pintura. Sin lugar a
dudas, ha transformado la percepción y la organización de la vida misma, con
toda la carga valorativa que esto implica.

Argumenta Millán (2014):

Los movimientos sociales desarrollan políticas culturales (Álvarez, Dagnino y


Escobar, en Millán 2014) tendientes a intervenir en la interpretación del orden
nacional e internacional, local y global, y muy singularmente, en las políticas que

113
intervienen en lo cotidiano, y que conforman marcos éticos, identitarios y subjetivos.
Comprendo la subjetividad como “un ángulo particular desde el cual podemos
pensar la realidad” (León y Zemelman, 1997, p. 21).

Las personas zapatistas producen su particularidad en tiempos y lugares


contrarios a una visión occidental unidimensional, donde hay una supremacía de
la capacidad intelectual; por el contrario, la forma de relacionarse con la realidad
tiene otras cualidades basadas en la cosmovisión maya, lugar donde el
pensamiento no va desligado de las emociones, las relaciones reales tienen una
combinación intrínseca entre el sentir y el pensar.

La concepción del tiempo y del espacio en el zapatismo, por el contrario de


la percepción de la organización occidental, señala que la vida tiene una suerte
de interacción con la naturaleza, lo animal, lo humano y lo no humano.

En la última parte de su obra, Vigotsky menciona que las condiciones de la


cultura se ven implicadas en los procesos simbólicos que ocurren en las
configuraciones subjetivas, de donde se derivan dos conceptos importantes: la
noción de sentido y vivencia:

El sentido aparece en la procesualidad del lenguaje; es una compleja


formación dinámica, fluida, que tiene diversas zonas que varían en su
accesibilidad, a diferencia del significado que es sólo una de esas zonas del
sentido que la palabra adquiere en el contexto del habla (Vigotsky en González,
1973, p. 30). Por otro lado, señala que la vivencia se produce, no se interioriza
(idem, p. 31).

González también menciona como una posibilidad de conciencia teórica a


la producción de sentido, comprendida como toda nueva experiencia y no como
el reflejo de la realidad. Sentir la experiencia vivida aproxima a la idea de
interiorización dando paso a la producción, dimensión fundamental para
considerar la subjetividad en su naturaleza específica.

A partir de Geertz se entendió la cultura como una práctica simbólica, “la


comprensión de la cultura como un sistema simbólico de prácticas humanas que

114
caracterizan las diferentes formas de organización e institucionalización de las
actividades sociales” (González, 1973, p.15).

Así entonces, la producción humana se organiza a partir de sistemas


simbólicos culturalmente establecidos que están en constante desarrollo en el
curso de la historia humana.

El ser zapatista no es un mero producto de su ambiente pero tampoco esos


ambientes rebeldes son arcilla para el auto modelado. Ocurre una tensión entre
realizar y ser realizado, lo cultural del zapatismo transita entre la racionalidad, la
ideología y la espontaneidad.

La noción de subjetividad se desarrolla en las propias prácticas culturales


del zapatismo sobre las que se organiza la vida social; sin embargo, es
irreductible a las representaciones y creencias del accionar humano.

No todo es color de rosa y menos cuando se trata de organizarnos muchos


compañeros y compañeras. Los primeros 10 años fueron muy duros en cuanto a la
preparación y realización de los trabajos en la clandestinidad. Después de 1994
comienza una serie de trabajos que tienen que ver con economía en su mayoría,
pues las consultas, las convenciones y actividades políticas lo demandan. Tenemos
trabajos colectivos desde la familia, trabajos colectivos municipales, por zona y por
región (Paulina, comunicación personal, diciembre, 2018. Caracol de la Realidad).

Así, el sentido subjetivo, al estar atravesado por un proceso simbólico que


no está únicamente asociado a la palabra, representa el sentido subjetivo de la
experiencia del ser zapatista. Entonces, el sentido subjetivo del ser zapatista es
la forma en que una persona vive subjetivamente su experiencia.

Menciona González (1973), que la vivencia de lo vivido es inseparable de


la configuración subjetiva que se realiza en el curso de la experiencia; ella existe
en la atención entre lo realizado y lo que está por realizar.

La elaboración de la pintura participativa son narrativas vivenciales al


implicar los relatos de la construcción de la vida zapatista. Hablan de ¿quién soy?
y también ¿a dónde pertenezco? Es una forma de buscar anclajes a sus raíces

115
en una línea de tiempo que conecta el pasado, el presente, además de la
proyección al futuro.

Simone Weil, escribió acerca del tener raíces, señala que el ser humano
tiene raíces en virtud de su real, activa y natural participación en la vida de una
comunidad que preserva vivos tesoros particulares del pasado y ciertas
expectativas particulares del futuro (citada en Gilda Waldman, 2016, p. 7).

Para que un proceso de construcción de arte mural se vuelva comunitario,


el proceso, la relación con la pintura, tendría que estar atravesado por la
generación de un vínculo entre todos los participantes. Lo que se visibilizó en
campo al tener la articulación entre simpatizantes del zapatismo y los y las
zapatistas, es que no fue casual la construcción de las imágenes. Es decir, la
narrativa a ser manifestada tenía que ver con la recuperación de la memoria con
respecto al zapatismo.

En esta confluencia híbrida de subjetividades se marcaba la consistencia


de la exposición de la vivencia propia con respecto al zapatismo en un espacio
público. Sin embargo, me atrevería a decir que esta exposición también tenía una
narrativa: el yo.

De esta manera, se trató ciertamente de la expresión de la subjetividad,


sea como una exhibición narcisista del ser zapatista o una exhibición voyerista
de exposición en los espacios visibles que podrían ser espacios tomados por lo
mediático o la difusión en general de la imagen del zapatismo. No se descarta la
idea de que podrían los murales representar un imperativo de reafirmación o
enraizamiento de la propia identidad.

Beatriz Sarlo habla del giro subjetivo. Las narrativas vivenciales logradas
en la construcción de pinturas colectivas fue una estrategia de conocimiento para
aproximarnos a los otros nombres, voces, cuerpos, memorias, historias
singulares y concretas, más allá de las nociones como autonomía, libertad para
permitir un conocimiento profundo de la sociedad zapatista, entender la
complejidad del comportamiento humano y sus motivaciones para continuar esta
lucha contra el capitalismo.

116
De esta manera, la brecha entre estudiar desde afuera al zapatismo y luego
estar muy cerca a la vida concreta de sus participantes, ha sido el impulso para
ampliar mi horizonte sobre esta ideología política y epistémica, así como ofrecer
la palabra al actor social en sí mismo.

En este caso los murales, al ser un espacio de narración del ser zapatista,
también podrían alentar al intercambio permanente con las personas
simpatizantes del zapatismo, así como también con las personas que no
simpatizan con el movimiento.

La pintura colectiva del ser, en una experiencia compartida y vivida con los
y las compañeras, permitían este proceso activo de creación de significados, si
bien es cierto no se logró recrear la totalidad de una vida, la intención fue generar
un nuevo discurso cuyo sentido se configura de acuerdo a los momentos y
circunstancias en que se produce este sentido.

La pintura colectiva es una narrativa vivencial, no sólo como una


descripción de los sucesos, sino como una muestra de la realidad procesada,
interpretada, infiltrada por el punto de vista del creador y el actor externo con sus
creencias y sus valores.

Captar la realidad desde la perspectiva subjetiva de los y las protagonistas


del zapatismo, entendiendo al mural comunitario como un proceso social que
tiene la finalidad de recuperar su palabra viva en el momento actual del zapatismo
a través de sus micro-relatos plasmados en imágenes. De esta manera, la
pluralidad de las voces de las personas participantes permite visibilizar las
historias personales de hombres y mujeres que muchas veces han pasado como
anónimos dentro de este gran territorio denominados caracoles zapatistas. Los
murales permiten dar voz y color a las comunidades donde día a día tejen sus
vidas.

Castoriadis (1997) propone la subjetividad como un proyecto de


construcción de sujetos autónomos, reflexivos, ligados a una búsqueda de acción
deliberada. Esta mirada psicoanalítica y filosófica muestra la tensión en la

117
construcción de la subjetividad desde la determinación proveniente del Otro, que
genera una relación heterónoma y la lucha por la autonomía.

Otro elemento incluido en su obra es la imaginación y la relación con la


subjetividad, este elemento que al introducir la creación en el núcleo de la psique
hace la indeterminación de la subjetividad.

El sujeto, en tanto psique socializada, a través de un proceso de


socialización se constituye por una autofinalidad, construcción de un mundo
propio, mundo a su vez habitado por representaciones, afectos y deseos.

Esto nos lleva a preguntarnos si la subjetividad zapatista tiene su propio


modo de representarse, más allá del psiquismo.

La respuesta hallada a esta pregunta luego del trabajo de campo, al


observar a las mujeres y hombres en su cotidianidad, en su organización familiar
y en su lugar político en el movimiento, se puede decir que la subjetividad de lo
femenino encuentra su sentido al pertenecer y reconocer al “zapatismo” como un
proyecto en construcción. Esto coincide con lo que Castoriadis (1997) denominó
“la institución imaginaria de la sociedad”. Es decir el “ser zapatista” es una
actividad que se hace sobre los productos de la psique por la psique colectiva
misma, en este caso el zapatismo.

Las subjetividades zapatistas buscan nexos entre la historia del pasado y


los dilemas del presente; la pintura es una forma de re-actualizar estas historias,
es un emprendimiento comunicativo donde el pensar y el sentir plasmado en
imágenes nos invitan a conversar con estas subjetividades emergentes,
portadoras de la concepción del mundo zapatista, generando epistemes
alternativas. A partir de que surgen los festivales artísticos, la reorganización del
movimiento se despliega a la visibilización de “otra forma de contar la historia”.

La gestación de una subjetividad desobediente tiene como punto de partida


la acción decolonial, esto implica el reconocimiento y la interpelación de la
estructura normativa dada por la colonialidad y la modernidad patriarcal que
caracteriza entonces la desobediencia epistémica.

118
Mignolo (2010) proponen la noción de desobediencia donde hace
referencia a un acto que implica el desnudamiento y desmonte de la ley; así surge
la desobediencia epistémica, que implica erosionar la autoridad de los
fundamentos y enunciar desde principios de equidad epistémica, saberes que
son rápidamente colocados en jerarquías precisas; comunidad-mito-magia.

Para Mignolo, (2010) la noción decolonial depende, en algún sentido, de


un “darse cuenta”, ¿pero qué pasa cuando el sujeto no se da cuenta? ¿Qué pasa
cuando no hay desobediencia? En ese sentido, no sólo nos importa la verdad o
la mentira con respecto al poder, sino su capacidad para hacer creer que no
existe, cuando es evidente que el poder sigue siendo capaz de ejercerse.

Estamos generando insumos conceptuales y analíticos para eso, de esta


manera la desobediencia epistémica va direccionada a desnudar el poder,
comprender su lenguaje desde una forma de representación que no puede ser
administrada por el sostenedor del código, por eso Mignolo propone conectores
y no significantes vacíos para hablar en Latinoamérica de democracia, de justicia;
un significante vacío reclama significados primarios, un conector en cambio
impide el cierre e invita permanentemente el cuestionamiento, esta invitación es
el legado de hacer, pensar y vivir la decolonialidad.

Podemos, entonces, observar que el ser zapatista, como construcción de


una nueva subjetividad, es eminentemente decolonial, pues su relación con el
poder se confronta continuamente con lo establecido, desde el hacer una política
llamada autonomía, que básicamente es crear nuevos espacios de educación,
trabajo, salud, vivienda y alimentación alterna al sistema capitalista, creando el
cuidado de la reproducción de la vida desde lo femenino y no lo patriarcal, que
es la muerte.

4.2 Lo femenino como construcción ideológica en el zapatismo

Frente a la construcción patriarcal del estado nación, el zapatismo viene a


ser un movimiento que opera de forma subversiva como una re-apropiación de

119
la “feminización” que el orden dominante hace de lo indígena, para hablarle de
regreso al estado y cuestionarlo en su ordenamiento simbólico.

Fig. 70. Caracol de Morelia. Entrada a la escuelita zapatista.


Segundo encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre de 2019.

La construcción de lo femenino, se constituye como uno de los pilares de


la ideología zapatista. Lo afirma Margaret Milán:

Como movimiento por la justicia y el reconocimiento, el neozapatismo trastoca las


representaciones de la mujer indígena, abreviando y apropiándose a nivel simbólico
de la patria, la bandera, la madre y lo femenino (Milán, 2013, p. 304).

Por eso resulta central el cuestionamiento de lo femenino, entendido no


sólo desde el orden de género, sino como un posicionamiento político del
movimiento frente al Estado, entendido éste como una forma patriarcal de
dominación social.

A través de una serie de intervenciones “escénicas”, características de su


política, este nuevo actor en el proceso de de-construcción de la nación-estado,
como lo menciona Millán (2013) que es a su vez develamiento y construcción de
la nación “natural”, la de los “de abajo”, la de la gente color de la tierra, y las
mujeres tienen un papel predominante en ello.

120
Recuperar la potencia colectiva de organizarse de manera autónoma, es
hacer que el poder de arriba centrado en el hombre se vuelva horizontal y
equitativo, por ende pasa a ser una forma de despatriarcalizar.

Si bien es cierto, un concepto que se enuncia es “la autonomía zapatista”,


este concepto no hace referencia a la construcción occidental de sujeto
individual, sino más bien habla de una colectividad.

Muchos teóricos y las y los zapatistas mencionan que busca “desmontar


desde abajo el poder de arriba”. “Los zapatistas llaman autonomía a ese esfuerzo
de construcción que hace tangible otro mundo posible, necesario y urgente. Por
autonomía se puede entender la unión indisociable de una perspectiva colectiva
de emancipación y de modalidades no estatales de lo político” (Baschet, 2017, p.
19).

Es una dinámica que demuestra una descentralización del poder del


Estado, volviendo la mirada a la gente común, devolviéndoles la confianza en
que los territorios y sus luchas por defender sus propias formas de vida son
válidas. El autogobierno sería así, una forma de auto-determinarse, de auto-
nombrarse, así se puede avanzar en contra, fuera del capitalismo y del Estado.

Fig. 71. Caracol de Morelia. Entrada a la escuelita zapatista.


Segundo encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre de 2019.

121
La construcción de los murales claramente es un ejemplo donde se puede
observar la reapropiación simbólica de la patria, de la madre, de lo femenino.
Entendiendo lo femenino como una forma de buscar lo equitativo, opuesto a lo
patriarcal, que centraliza en el hombre su estructura social.

El capitalismo está por desaparecer, pero nuestra madre naturaleza no se va a


poder recuperar de la contaminación de ríos, aguas y mares; la contaminación de
tierras provoca que la tierra no produzca ya, el capitalismo buscará refugio en los
cerros o montañas, donde nos mandaron cuando no nos querían en sus ciudades,
entonces tenemos que prepararnos, defender y luchar por nuestra madre tierra
(Erika, comunicación personal, agosto, 2018. Caracol de Morelia).

Por otro lado, en el taller del festival CompArte 2018 también se evidenció
el interés por representar “la autonomía”, como una forma de luchar contra el
capitalismo, no sólo dentro de los territorios zapatistas, sino en todo el mundo.

Recordamos un poco la historia, hace 520 años que cortaron el gran árbol que son
nuestros ancestros, pero quedó una semilla, que luego quiso penetrarse hasta el
fondo de la madre tierra, luego creció una planta con unas florecitas, luego creció
un árbol grande que es la autonomía, que tiene sus flores, sus frutos pero que ese
árbol, queremos que esas semillas se vayan a todo el mundo, al norte, al sur, al
este, al oeste, a todo el mundo que es diferente, pusimos a unas compañeras
zapatistas porque no somos los protagonistas, pensamos también a otras
compañeras de otras partes del mundo” (Luis, comunicación personal, abril, 2019.
Caracol de la Realidad).

Fig. 72. Caracol de Morelia. Festival comparte por la vida.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

122
Queda claro cómo la autonomía puede representarse con elementos de la
naturaleza como el árbol, herencia de los y las ancestras. El zapatismo vendría
a ser el re-nacimiento o la re-existencia de las semillas sembradas antes de la
colonia que resistieron. Las flores y los frutos son, concretamente, los procesos
autónomos en cuanto a organización política, educativa, productiva, alimentaria
y de salud.

Otras formas de evidenciar la ideología zapatista respecto a lo femenino,


es a través de los referentes como la Virgen de Guadalupe, y las comandantas.
Son los motivos principales en los murales del caracol de Oventik, ubicados en
la Clínica donde se cura principalmente con plantas (herbolaria), también están
los promotores de salud, conocedores de la medicina occidental.

Fig. 73. Fotografía de mural en la Clínica Fig. 74. Fotografía de mural en la Clínica
del Caracol de Oventik. del Caracol de Oventik.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre


2018. 2018.

En el Caracol de Morelia (Chiapas) también se encuentran referentes de lo


femenino en el zapatismo como la comandanta Ramona.

123
Fig. 75. Fotografía de mural. Caracol Morelia.
Segundo encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre 2019.

En el camino al caracol de la Realidad, se encuentran murales de apoyo a


Marichuy, candidata independiente por CIG (consejo indígena de gobierno) quien
se postuló como candidata independiente a la presidencia de la república en el
año 2018. Realizó un recorrido por todos los caracoles zapatistas, e incluso por
varios estados del país.

Para el caso particular del análisis de lo femenino y su relación con lo


ideológico, encontré un punto de contacto en el discurso visual y estos son sus
referentes de mujeres que no necesariamente son zapatistas, como lo es la
Virgen María. Con esto me refiero a que incluso representaciones religiosas
forman parte de la ideología zapatista.

Como ejemplo de creación plástica, la pintura zapatista es una forma de


replantear el papel de la visualidad y también sirve como una forma de
resistencia.

Nelson Maldonado (2017) vincula al arte como territorio de re-existencia,


es una expresión del deseo de establecer una relación con el Otro a tipo de
ofrenda que provoca preguntas, expone límites a la percepción existente y
sugiere formas de espacio, de tiempo, de subjetividad y de intersubjetividad
donde los sujetos pueden existir dándose unos a otrxs en múltiples comunidades
(p. 27).

124
Se fundamentó en la necesidad de incorporar en el discurso político los
atributos que contienen el lenguaje del arte, tales como los de persuasión y
representación, por mencionar algunos (Maldonado, 2017). Es decir, la mirada
en la pintura como una experiencia completa, orgánica, que implica otros
sentidos también como la escucha, el tacto. De esta manera, se reintegra la
mirada al cuerpo, a los cuerpos, a lo femenino de la vida. Estos son puestos a
trabajar en pos del discurso político, lo que ha producido una nueva estética,
observando que este arte que surge como medio de transmisión de un discurso
político, no pretende ningún fin estético, que le hagan perder la riqueza de
expresión.

Formando así subjetividades dentro del colectivo social, en donde se valora


lo autodidáctica y el grafismo des-sacralizado del lenguaje no docto, que rompe
con los cánones occidentales (Maldonado, 2017).

Otro elemento frecuente en la narración oral en la pintura es la paloma.

Fig.76. Caracol de la Realidad. Junta del buen gobierno.

Fuente: Lorena Altamirano. Diciembre 2018.

En las narraciones de la ideología zapatista el símbolo de las palomas a


través de una narración visual, hace visible una lucha no sólo local. Es evidente
que a pesar de sus vidas sencillas tienen conocimientos o están pensando en los
otros lugares a nivel mundial. Es decir, tienen presentes todas las luchas.

125
El dibujo que hicimos nosotras donde representa las palomas, donde tiene agarrada
la hoja, donde representa que nosotras como mujeres tenemos la libertad de hacer,
de crear nuestros trabajos colectivos o tenemos la libertad de elegir los cargos que
queremos, y el otro dibujo representa que nosotras no queremos más violencia
contra las mujeres, porque hay en otros países mujeres que sufren y nosotras eso
es lo que no queremos, eso es breve de explicar. (Esther, comunicación personal,
diciembre 2018. Caracol de la Realidad).

A través de estas manifestaciones, los pensamientos individuales


finalmente se transforman en un discurso colectivo, lo que significa el ejercicio
como tal de la autonomía zapatista.

Las narraciones orales como las narraciones visuales en el zapatismo


hablan de la naturaleza, de las formas de sustentabilidad y del cuidado de la
tierra. Se debe entender que el ser zapatista es un paradigma totalmentediferente
para enfrentar la existencia y para relacionarse con ella. Por otro lado, la relación
con el territorio lo tienen muy arraigado; entendiéndolo como un espacio físico
donde se habita con los animales (las vacas, las gallinas, las hormigas, los
caracoles). De esta manera, se reflejan los lugares que habitan. Al narrar en
imágenes el territorio físico que habitan, hacen hincapié en lo que son.

Fig. 75. Fotografía de mural. Caracol Morelia.Festival Comparte.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

126
Lo femenino se ha entendido como lo artístico desde las narraciones, el
ejercicio de los hombres de ir a pintar da cuenta de esto. Alguien que está en una
guardia militar, y que también se da la posibilidad de vincularse con el pincel,
hacer trazos muy finos, de motricidad fina, da cuenta de lo femenino en su
corporalidad y por ende de complementariedad. Lo femenino atraviesa el cuerpo.
No hay hombre o mujer, sino lo femenino constituye a lo humano como lo
masculino.

Fig. 76. Fotografía de mural. Caracol Morelia.Festival Comparte.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

El cuerpo de un hombre, observado desde occidente, estaría limitado a esa


posición masculina, en el rol masculino.

Fig.77. Caracol de la Realidad. Junta del buen gobierno

Fuente: Lorena Altamirano. Abril 2019.

127
4.3 ¿Cómo des-hacer el el patriarcado capitalista en los usos y
costumbres de los territorios zapatistas?

La demanda de des-hacer el patriarcado evoca a todas las sociedades. Si


bien, las mujeres zapatistas tienen una gran fuerza y son un referente para las
luchas femeninas y por ende las luchas por la vida , ellas reconocen que ha sido
difícil romper con las opresiones de las mujeres y hablar de sus formas de
solución porque en sus contextos históricamente primo la experiencia, la palabra
y la autoridad de los hombres o más bien la autoridad masculina. Sin embargo
su experiencia de cambiar estas costumbres y modificar las tradiciones es un reto
directo a la estructura social del sistema-mundo de Wallerstein, (un mundo
opresivo e interconectado) para fraguar la utopía de un mundo diferente.

La Ley Revolucionaria de Mujeres es el primer espacio del despertar de


una subjetividad específica, la de las mujeres indígenas, en un proceso de
rearticulación comunitaria. Muestra un ejercicio de afirmación de la identidad
indígena (la permanencia), al tiempo que pone a prueba radicalmente la
democracia comunitaria (el cambio).

Fig.78. Caracol de Oventik.Festival de Cine.

Fuente: Lorena Altamirano. Noviembre 2018.

Las mujeres zapatistas están repensando la tradición, porque en ella se


estructuran gran parte de los mecanismos que las colocan en la posición de
subordinación de género. Sin embargo mencionan: que la tradición tiene cosas
buenas y cosas malas. Así la definición de la identidad cultural indígena no radica
en la inmutabilidad de sus tradiciones, sino en el afirmarse cambiándolas y
actualizándolas.

128
Lo poco que tenemos en la organización es para sostener el trabajo de la lucha
desde nuestras familias, tenemos que trabajar colectivamente como compañeras
mujeres, tenemos diferentes trabajos de apoyo como mujeres, granjas de pollos, de
ganadería o de puercos, hay milpas, cafetal, platanar, cooperativas. No se puede
decir "no se o no puedo" porque todo se debe poder cuando se trabaja en colectivo”
(Soraya, comunicación personal, enero 2019, Caracol de la Realidad).

El zapatismo como movimiento político y social indígena sitúa el cambio de


la política y la modernidad en un sentido inclusivo, así mismo las mujeres
indígenas zapatistas con toda agudeza también están problematizando los
contenidos últimos de la modernidad, la tradición y la democracia.

Lo que es muy claro en los espacios zapatistas y que ha sido criticado por
algunas visiones radicales feministas es que las relaciones de género no
excluyen a los hombres, por el contrario, los consideran necesarios para el
cambio. En ese sentido las mujeres zapatistas no conciben su lucha sin los
hombres, pues es con ellos que construyen en colectivo.

Para entender esta visión del mundo es necesario acercarse a dos saberes
fundamentales de la cosmovisión maya: el consenso y la complementariedad.

En las referencias cosmológicas y en las prácticas contemporáneas de las


luchas sociales indígenas no existe el concepto de individuo auto-contenido ni
para la mujer ni para el varón. Existe el “nosotros” comunitario. (Lenkersdorf en
Marcos 2011, p. 22).

Podemos caminar juntos compañeros y compañeras”, “luchar junto con ellos”, “que
tengamos respeto hombres y mujeres”, “la lucha nos dice que tiene que ser las dos
partes”, “que tengamos unidad” (Marcos, 2011, p. 69).

En estas frases se puede ver repetidamente que para el zapatismo la lucha


es de ambos, a esto Sylvia (2011) lo llama la lógica de fusión y fluidez de
opuestos, resignifica el concepto de dualidad mesoamericana: está es la forma
subyacente de la dualidad de contrarios y complementarios que no se ancla en
uno solo y que oscila hacia el otro. La búsqueda del equilibrio y balance entre

129
ambos pone un marco analítico que permite poner juntos a los opuestos sin que
se invaliden el uno al otro.

Por otro lado, el consenso es el puente entre ambos, “el acuerdo media
frecuentemente las relaciones varón/mujer, las opresiones y limitaciones
ejercidas por el varón sobre la mujeres y apoyadas frecuentemente por los usos
y costumbres” (Marcos 2011, p. 71), entonces el acuerdo salva del abismo a las
mujeres porque implica volver a buscar el equilibrio y la armonía propio de las
culturas mesoamericanas.

La principal aportación de las mujeres zapatistas es su insistencia en la


necesidad de pensar la cuestión de la mujer desde las propias realidades que se
viven en sus comunidades y como parte de un proyecto que apuesta a la
construcción de otros mundos posibles.

Para finalizar me remito a Silvia Rivera Cusicanqui (2010), quien hace una
reflexión necesaria para entender a la cultura zapatista complementaria y
consensual. “los pueblos indígenas –las mujeres y los hombres- no somos piezas
de museo, somos seres contemporáneos, coetáneos y esta condición es un
derecho que debemos defender.

Es decir, las mujeres zapatistas no tienen por qué pensarse como una
cultura eterna, van cambiando y en esos cambios también van haciendo cultura
como cualquier grupo de mujeres que luchan contra el patriarcado. Tienen
derecho a dignificar su pasado y lo hacen en conexión directa con el presente y
el futuro.

Concuerdo con Rita Segato (2008) en que no es la repetición de un pasado


el que hace a un Pueblo, sino la deliberación constante de lo que quiere ser, a
partir de una diálogo que logre trenzar su historia de una manera diferente a la
que ha sido.

Cómo lo menciona Claudia (2015), las sociedades matriarcales han


existido y sobreviven hasta hoy, a pesar de ser atacadas por el neoliberalismo. Y
aunque sigan siendo una segunda cultura dentro de la cultura patriarcal hay

130
manifestaciones que no se han abolido todavía estas formas son: la maternidad,
el amor, la amistad y la hospitalidad.

Estas autoras en la medida en que reconceptualizan el patriarcado,


plantean “formas otras” de supervivencia en esta sociedad moderna patriarcal
que bien se aplican a la ideología zapatista, puesto que al ser un movimiento que
busca deshacer el patriarcado desde sus prácticas estructurales, son un ejemplo
de que los usos y costumbres si bien tienen herencias positivas, lo negativo que
refiere a los ejercicios de poder de se intentan diluir.

Lo que se intenta entonces en el presente trabajo es recuperar la


visibilización de las mujeres zapatistas que buscan tejer los hilos de su propia
historia. En este caso, volveré los ojos al quehacer de su cotidianidad, a sus
actividades públicas, específicamente me ha interesado su quehacer artístico
pictórico que surge como un recurso necesario para manifestar sus sentires y
haceres de otros mundos posibles.

4.4 Lo parejo, lo parejo (lajan-lajan), lo complementario en la


pintura colectiva zapatista

“Nacimos diferentes pero iguales para vivir en comunidad”


Julieta Paredes.

El movimiento zapatista, en su búsqueda por democratizar la existencia, se


rebela contra el par mayor/menor articulado en el Patrón-Estado/ indígenas-
explotados. Al hacerlo, promueve el espacio de emparejamiento de sus
estructuras internas, de las “oposiciones pertinentes”. Aparece en la doxa con
toda claridad la metáfora “el hombre es patrón de la mujer” (Millán, 2013), incluso
en el discurso masculino que auto reflexivamente reconoce esta tensión.

Esta propuesta de buscar lo equitativo, es nombrada en tojolabal como el


lajan, lajan, para la comunidad, lo “parejo, parejo” incluye hombres y mujeres. “Se
desnaturaliza el dominio masculino, se visibiliza y transparenta. Y aparece
también la imposibilidad práctica en el cotidiano de asumir la coherencia
discursiva de “lo parejo” (Millán, 2013).

131
Fig.79. Caracol de la Realidad. Junta del buen gobierno.

Fuente: Lorena Altamirano. Abril 2019.

En la observación de campo se pudo constatar que los espacios de


organización política están constituidos por un número parejo de hombres y
mujeres, además de los cargos milicianos y en la cotidianidad.

Las reuniones son de hombres y mujeres. Podemos platicar, dialogar, cómo es que
nos relacionamos. Tenemos diferente forma de lenguaje pero nos adaptamosrápido.
Nos falta todavía, reconocemos que nos falta, es muy complicado, el sistemanos está
poniendo una forma y se nos dificulta, también hay gente que no es organizado en
la ciudad (Esther, comunicación personal, diciembre 2018. Caracol de la Realidad).

La construcción de lo parejo de la vida, sin duda, atraviesa la forma en que


se relaciona la cotidianidad; pensar y expresar lo vivido, a partir del
reconocimiento de lo conocido y familiar, que pudiera ser problematizado.

132
Fig. 80. Fotografía. Caracol Morelia.Festival Comparte.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Fig.81. Caracol de Oventik.Festival de Cine

Fuente: Lorena Altamirano.Noviembre 2018

133
Para Silvia Rivera (2010) la búsqueda de la igualdad tendría que ver con
“repolitizar la cotidianidad”, ya sea desde la cocina, el trabajo o la huerta. Articular
el trabajo manual con el trabajo intelectual, producir pensamiento a partir de lo
cotidiano.

Es decir, el zapatismo al buscar lo parejo “lajan, lajan” construye una nueva


política que trabaja sobre colectivos pequeños en los territorios denominados
caracoles y sus acciones cotidianas hablan de la relación con el cuerpo y el
territorio, permitiendo que florezcan espacios de libertad.

La mayoría de las compas zapatistas hablan de igualdad, en cuestión de salud. Los


partidistas hay machismo todavía, les maltratan y no deberían. Nosotras hemos
caminado con un compa y no pasa nada (Roxana, comunicación personal, abril
2019. Caracol de la Realidad).

Los y las zapatistas mencionan constantemente que en actividades como


estudios y trabajos participan hombres y mujeres, menciona Emiliano “podemos
dormir en el mismo lugar, podemos caminar juntos y no pasa nada, el momento
que haya un problema rápido nosotros que pasa compañeros con los derechos
de las compañeras” (Comunicación personal, abril 2019. Caracol de la Realidad).

Esto da cuenta en su discurso de un compartir cotidianamente actividades


para vivir lo parejo “lajan, lajan”. Vemos que también mencionan la importancia
del cuidado de la igualdad de derechos de las mujeres.

Estamos avanzando en eso porque cuando ellas deciden hacer sus reuniones, lo
hacen todo. Pintan murales, hacen obras de teatro, aprenden a hablar en público;
no todas, pero ya una gran parte. En la organización deben ir hombres y mujeres,
compañeras y compañeros. Las compañeras tienen su entendimiento (Luis,
comunicación personal, abril 2019. Caracol de la Realidad).

La pintura colectiva me permitió dar cuenta de las narraciones de un


pensamiento complementario. Es un ejercicio real de cómo la metáfora de la
lucha se vuelve concreta.

134
Fig.82. Caracol de Oventik.Festival de Cine

Fuente: Lorena Altamirano.Noviembre 2018.

En los talleres de pintura, si bien es cierto, el número de participantes de


hombres fue mayor al de las mujeres. En las conversaciones con las compañeras
pude identificar que el factor que no les permitía acercarse al taller era “la
vergüenza”, en general compartir con nosotros simpatizantes requería de un
tiempo de convivencia para fortalecer la confianza; sin embargo, por otro lado
evidencié que compartir los espacios mixtos en el arte sí es un ejercicio efectivo
del “lajan-lajan”, lo parejo está en dar la oportunidad a las mujeres igual que a
hombres de participar en todas la actividades. Un claro ejemplo de esto fueron
las mujeres que les gusta hacer música o jugar fútbol.

Las mujeres que acudían a los talleres participaban más entre ellas para
realizar los bocetos; para la cultura occidental estas distancias podrían ser
interpretadas como construcciones de género establecidas por una cultura
patriarcal; sin embargo, en el transcurso de la investigación comprendí que son
formas de acompañarse en la lucha cotidiana. Además esa no es señal de que
no puedan interactuar con los hombres.

135
Fig.83. Fotografía del grupo de música. Caracol de Morelia
Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano.Marzo 2018

Fig.84. Fotografía del taller de pintura. Festival Comparte.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Hombres y mujeres luchan junt@s, es decir, tienen una dualidad implícita


en su constitución. Lejos de una fusión o de la hibridez, se trata de convivir y
habitar con lo complementario. No negar una parte ni la otra, sino admitir que la
subjetividad se construye entre lo femenino y lo masculino.

Nos hemos organizado en colectivo porque vemos la necesidad, el trabajo colectivo


es el único camino que vemos para vivir en nuestra resistencia, porque allí sacamos

136
la economía en nuestra lucha en la que vamos, lo hemos practicado desde nuestros
pueblos y nuestros municipios (Emiliano, comunicación personal, abril 2019.
Caracol de la Realidad).

Fig.85. Fotografía del taller de pintura. Festival Comparte.

Fuente: Lorena Altamirano. Agosto 2018.

Algo muy particular del zapatismo es que mencionan que la autonomía se


va construyendo poco a poco: Takal, takal. Eso es lo que dicen las mujeres en la
Realidad, refiriéndose al sueño de construir un mundo más parejo. “No sabemos
cómo organizarnos porque el gobierno no sabe si tenemos un derecho; no sólo
los compañeros tienen derecho, tenemos derecho de caminar juntos” (Celia,
comunicación personal, octubre 2018. Caracol de la Realidad).

La coexistencia entre lo masculino y lo femenino en cada subjetividad. No es la


separación ni la segregación, sino la yuxtaposición de las dos fuerzas, de los dos
principios en cada subjetividad. Silvia Rivera Cusicanqui.6

6
https://www.elsaltodiario.com/feminismo-poscolonial/silvia-rivera-cusicanqui-producir-pensamiento-
cotidiano-pensamiento-indigena?fbclid=IwAR2db8Hggczhazilapb3i0wRYbsuH-
HKN3o63Ub5FMO9Z0xoTHTW41pDDvk#

137
En conclusión lo parejo tiene sus tiempos y sus modos, dirían los y las
compañeras zapatistas y se va construyendo poco a poco.

Fig.86. Fotografía. Caracol de Morelia Encuentro de mujeres que luchan.

Fuente: Lorena Altamirano. Marzo 2018.

De algún modo, la identidad del zapatismo y de las mujeres zapatistas es


definida desde afuera, y por eso la resistencia consiste en autodefinirse. Para
Esther (diciembre 2018), compañera participante de los talleres de pintura, la
mujer zapatista se define en “la participación de las mujeres, en las asambleas,
junto con los hombres, ahora tienen la libertad de participar” (Comunicación
personal. Caracol de la Realidad).

La construcción de la imagen zapatista sería una gran metáfora de la


interculturalidad. Las mujeres siempre tejen relaciones con el otro, con lo otro.
Con lo salvaje, con lo silvestre, con el mercado, con el mundo dominante.

Como ya dijo el compa nosotras cubrimos turno de 15 días, estamos aquí no porque
nos paguen un salario sino nuestra conciencia, dejamos nuestra familia, el trabajo
del campo, el cuidado y venimos hacer nuestro trabajo con la junta. Tenemos un
área cada uno que desempeñar, nuestra participación ya sea en el pueblo, la zona,
municipios. Unas están desempeñando de autoridad, de promotoras de salud,
educación entre otros trabajos que hay. Las decisiones las tomamos entre ambos,
no los compas pueden decidir solos sino en colectivo (Soraya, comunicación
personal, diciembre 2018. Caracol de la Realidad).

Al parecer la propuesta del zapatismo de buscar lo parejo tiene que ver con
dar un lugar a la mujer igual al del hombre en cuanto a derechos, esto implica

138
que la mujer zapatista tiene voz y voto en los espacios públicos tanto como en lo
privado.

Lo que pude observar en campo es que lo que nos une a las mujeres
zapatistas y a las feministas urbanas es la lucha por conseguir esa igualdad, ellas
tienen una ventaja, los hombres hacen un trabajo en conjunto. Por ello, en la
investigación se transitó de las mujeres hacia “lo femenino” pues esta condición
del ser atraviesa también a los hombres, es decir ellos también participan en toda
la transformación de las mujeres y la viven junto con ellas. Así que lo femenino
es un proceso complementario y no oposicional. Aunque a veces fallan, lo
reconocen, creo que van avanzando poco a poco.

No solo participamos en la junta, participamos en diferentes áreas de educación,


salud, hay compañeras promotoras de salud, de pueblos, de municipio, las que
están trabajando en el hospital y como ya conocimos cuales son nuestros derechos.
Una compañera salió a aprender a leer y escribir salió de la escuela. La compañera
puede decidir si toma una cargo de organización si quiere aprender, ser promotora
de salud, ella decide no hay los compas que digan que no puede decir, que no puede
hacer ese trabajo, ya conocimos nuestro derecho, ya tenemos la palabra pues. En
las asambleas cuando podemos participar damos nuestra opinión pues (Celia,
comunicación personal, octubre 2018. Caracol de la Realidad).

El camino de la resistencia es duro. Es valorado como el mejor camino,


ofrece múltiples opciones, donde se encontrará, y se encuentra ya, la
autoafirmación y el autoreconocimiento. Pero es una senda difícil, dicen algunas
personas entrevistadas, porque es duro y difícil cambiar al mundo.

Sin embargo, también he visto la luz de la alegría que proviene del


reconocimiento de los propios logros, de la satisfacción y el gusto por la
“autonomía”, del recuento de las acciones valerosas que alimentan la
autoafirmación y la esperanza de construir un mundo donde quepan otros
mundos. Y en esas acciones, son cada vez más las mujeres que se reconocen.

Ellas manejan muy bien la cuestión económica. Hacen reuniones de zona, platican
como van hacer, también se reúnen con los compañeros. Esto piensan las
compañeras después empezamos a organizar. Sabemos que el cambio no ha sido

139
totalmente pero por ejemplo, antes las compañeras trabajaban y los compas
borrachos, gastando dinero. Cualquier cosa nos avisan, hay limitaciones, sí, pero
en sus derechos no hay limitaciones, hoy yo estoy aquí otro día le toca a mi
compañera, yo me quedo con mis hijos y cuidando las gallinas, no me queda de otra
cuando mi compañera me dice que va a venir. Así vamos, pienso que vamos
tranquilos (Juan comunicación personal, octubre 2019. Caracol de la Realidad).

Con este testimonio vemos que hombres y mujeres participan en el


autocuidado de la autonomía, camino aún en construcción, pero ya trazado de
manera firme y permanente, desde hace más de 35 años.

Puedo concluir luego de este trabajo de acercamiento al zapatismo que no


se trata ya de pensar “teorías” que nos ayuden a comprender la “realidad”, sino
encontrar la teoría “en” la realidad, más aún si estamos hablando de
decolonialidad.

Así, el zapatismo según Zibechi (2010) produjo una revolución teórica que
hubiera sido impensable en las disciplinas, por la simple razón de que las
disciplinas están asentadas sobre el pre-juicio y el principio de que el
conocimiento es representación y que los acontecimientos sociales deben ser
representados por el conocimiento disciplinario, lo cual impide considerarlos
como conocimientos en sí mismos. Y menos aún conocimiento teórico. Es así
que el resultado de este trabajo ha sido ir tejiendo los hilos de esta manifestación
“la pintura colectiva” para que tomen forma y sean visibilizados como un
conocimiento que aporta a la construcción de subjetividades decoloniales.

Finalmente, puedo mencionar que la pintura colectiva es una forma de


mostrar la revolución del zapatismo y tiene su expresión más simple en lo que
Marcos llama “la traducción” o, mejor, en su capacidad para pensar “entre” y, de
ahí, su capacidad como lo dice el propio Marcos, de “crear sentido”.

140
Conclusiones

Para cerrar este proceso de investigación me parece importante iniciar con un


relato personal sobre los recuerdos que en mí se despliegan en imágenes
sensitivas, como sensaciones imaginativas con “lo indígena”, las mismas que
tienen que ver con una experiencia enraizada en mi inconsciente.

En mi estancia en la maestría, así como en mi proceso personal como


investigadora he descubierto cómo las relaciones y las formas de entender la
identidad étnica a través del acto de crear y re-crear la historia que no nos ha
sido contada, han dado sentido a la historia de la resistencia y la re-existencia
como una lucha frente a la colonialidad del poder, del saber y del ser. Ahora bien,
este entretejido de relaciones tienen que ver con la consciencia colectiva y la
búsqueda personal de recuperar la memoria de los pueblos indígenas en lo que
hoy se conoce como América, para romper con la estructura de la norma
ontológica de la colonialidad.

Mi construcción simbólica, donde se materializa esta búsqueda, tiene que


ver con mi relación con la “pachamama” (madre tierra), con lo femenino de la
vida. Esta inscripción con la cosmovisión andina empezó a tener sentido cuando
hago consciente la relación con mi abuela materna como la base de estos
recuerdos.

Aunque vivíamos en dos lugares diferentes ella en el campo yo en la


ciudad, las formas de entender el mundo nos acercaba en una resonancia
compartida que hoy permanece en mí, la visión holística del mundo, esto es; la
relación de lo humano con los animales, lo vegetal y lo no humano, la
complementariedad en la vida.

Diría Walsh (2008) que la colonialidad de la madre naturaleza, con base en


la división binaria naturaleza/sociedad, descartó lo mágico-espiritual, social de la
relación integral de la cosmovisión indígena donde la madre naturaleza es la que

141
establece, da orden y sentido al universo y a la vida. Es así, que lo dicho sobre
“mundo biofísicos, humanos y espirituales, incluyendo el de los ancestros da
sustento a los sistemas integrales de vida y a la humanidad misma” (Walsh, 2008
p,138), me identifica y toma sentido con mis experiencias de re-encuentro con lo
indígena.

Mi abuela se auto-reconocía como una mujer mestiza, se comunicaba


generalmente en español, aunque algunas veces hablaba en kichwa (dialecto
originario de Ecuador), la particularidad era que sólo lo hacía para dirigirse a sus
colaboradores indígenas. Tanto hombres como mujeres cocinaban, sembraban,
cultivaban, cuidaban a los animales, negociaban, al mismo tiempo que cuidaban
de los niños y las niñas de la casa. Estas interacciones, no eran aisladas, ni
contrapuestas, las reconozco como complementarias.

Recuerdo que los juegos con y en la naturaleza, tenían que ver con la vida
misma. Aprendí la tolerancia a la frustración en situaciones muy sencillas como
jugar en el pasto, tener una caída y al instante, en lugar de parar con el juego, la
comunidad (mis primos y los colaboradores de mi abuela), me motivaban a
continuar jugando. La construcción de la fortaleza no tenía que ver con los
estereotipos de lo masculino o lo femenino, ni con edades, ni con la etnia, sino
con la existencia en sí.

Estas personas me compartían su concepción de complementariedad


desde lo empírico, cuando íbamos al arroyo y veíamos correr el agua o al ver las
nubes cargadas, yo podía experimentar la fuerza de la naturaleza en cada acción
que complementaba a otra, así entendí como la fuerza del verde de las hojas de
un girasol generaba un contraste complementario con los matices de colores de
las hojas de un árbol de aguacate o de una planta pequeña. También descubrí
que la fuerza del espíritu de un conejo recién nacido, así como de un huevo o de
una gallina eran tan importantes como una gran vaca o de una persona.

De esta manera, sin saberlo iba entendiendo el sumak kawsay (buen vivir),
una vida en sociedad que busca armonía con el entorno, esto no implicaba que
no hubieran dificultades o caer en romantizar lo indígena, sino de plantear un

142
repensar en el campo relacional para la transformación social donde todas la
vidas importaban.

Walsh (2008, p. 150) propone “re-imaginar y refundar como un proceso que


camina a una nueva forma de convivencia para alcanzar el sumak kawsay o buen
vivir como una labor de descolonización”.

Con estas experiencias, hoy puedo asimilar que el proceso de racialización


o discriminación operó de forma distinta en mí. Mi vínculo con “lo indígena”, lo
natural, la madre tierra, la feminidad, lo masculino, desde la infancia fue horizontal
y formaba parte de un todo, en el fondo el ser diferentes pero iguales era una
realidad.

De esta manera durante todo el transcurso de mi existencia estas


relaciones siempre estuvieron presentes, unos momentos con más intensidad,
otros con menor frecuencia. Es así que hace 6 años, curiosamente con el final de
la vida terrenal de mi abuela, que mi búsqueda por reencontrarme con mi origen
se intensificó, aunque mi vínculo con la cosmovisión andina desde hace 9años
aproximadamente ya había tomado forma y nombre en el proceso de
descolonización desde lo artístico, el feminismo, la psicología comunitaria, lo
antropológico, lo comunitario en sí. Poco a poco fui conociendo propuestas
emancipatorias y me acerqué al movimiento zapatista.

A los 20 años del alzamiento zapatista leí una entrevista de Julio Scherer
García al subcomandante Marcos:

Nosotros estamos marcando el mundo que camina hacia el reconocimiento


de las diferencias. Nosotros no estamos planeando el regreso del comunismo
primitivo ni de una igualdad a rajatabla. Pretendemos que cada sector social
tenga las posibilidades de levantarse como tal, buscamos la oportunidad de
construirnos dentro de este país como una realidad diferente (Scherer, en Revista
Proceso, p. 78).

La posibilidad de construir otro tipo de relaciones a partir del


reconocimiento de la diferencia fue la premisa que desde que fui niña siempre
me acompañó, y desde hace un tiempo se ha convertido en el puente entre

143
Ecuador y México. Lugares donde la praxis política y la significación de los
movimientos indígenas han creado proyectos que buscan una transformación
profunda. Algunos académicos la han llamado interculturalidad, decolonialidad, a
estos procesos emancipatorios.

Lo que me motivó a llegar a la maestría fue esta articulación y la curiosidad


por entender con mucha más profundidad lo ahora tiene el nombre de
decolonialidad. Me ha acompañado la certeza de que para entender estos
procesos no es necesario ser indígenas, ni sólo estudiar el mundo indígena, basta
con acercarse a los saberes ancestrales a través de la convivencia cotidiana para
comprender estas realidades sociales, políticas y culturales.

El proceso de militancia en mí, ha significado construir opciones de vida


distintas a partir de crear condiciones en mi propia cotidianidad desde el ser,
saber y existir, además ha generado un compromiso con las luchas de Abya-yala,
así tomó sentido mi vínculo con lo académico, en este caso con los Estudios
Culturales; sin embargo, considero que no podría limitarse a esta investigación,
sino la intención ha sido involucrar e involucrarme con la comunidad para pensar
con los movimientos y no hablar por ellos.

En estos encuentros, la identidad cultural y las subjetividades han


entretejido las luchas, desde la acción social y desde la academia invitando a una
reflexión conjunta como una forma de reorganizar las relaciones sociales,
incluyendo el reconocimiento de los movimientos sociales, los avances y los
desafíos a través del reconocimiento de las diversidades.

Estas relaciones hoy son la apuesta política personal que encauza el río
que me llevó a la investigación de lo cultural en el zapatismo, como todo cauce
se fue transformando y mutando hasta el final de la investigación. Lo que cambió
de entrada y fue necesario, ha sido la dirección de la observación, pues el reto
fue dejar de considerar únicamente de un lado, o sea, ser la observadora y por
otro lado las otras personas que son observadas.

Ahora reconozco que, si bien una parte es la que tiene una intencionalidad
al provocar los encuentros (mi lugar de investigadora), más bien son ambas

144
partes (investigadora-colaboradores) quienes interpretan y vinculan los aspectos
que les unen, diferencian y aproximan.

Después de este largo proceso de investigación, de extraordinarias


experiencias vividas, y de una modificación sustancial de mi forma de ver el
mundo, a través de mi proceso de migración, puedo compartir que la movilidad
no sólo fue de territorio sino también ideológica, puesto que mi feminismo urbano
se vio transformado, trastocado por lo comunitario, gracias a mi acercamiento a
las comunidades zapatistas, donde pude ampliar mi entendimiento de la lucha de
las mujeres por una vida digna, a la lucha complementaria de hombres y mujeres
por la continuidad de la vida.

Considero haber alcanzado los objetivos de la investigación y presento las


conclusiones de la misma, con la consciencia de que es un trabajo en
construcción permanente, que ha iniciado con este documento pero que no
concluye con él.

En una línea de tiempo en la continuidad de la historia del muralismo en


México, los murales zapatistas vienen a ser una nueva forma de entender la
pintura colectiva sobre muros, como una nueva propuesta de arte desde lo
decolonial y marca e irrumpe en el proyecto de la modernidad colonial y a partir
de él empieza otra etapa, porque es el movimiento anticapitalista más reconocido
a nivel mundial y por ende, como el arte es una manifestación de sentido, viene
a irrumpir en esa línea de tiempo en el muralismo mexicano.

La pintura colectiva zapatista se diferencia del muralismo mexicano


tradicional porque a diferencia de este, se realiza de forma colectiva sin buscar
una autoría individual. Además los y las artistas no necesitan tener un talento
innato o una preparación profesional específica en la pintura y el dibujo y los
recursos materiales para tener la posibilidad de acceder a esos espacios
creativos. Así, los cánones estéticos occidentales desaparecen ante la fuerza de
la expresión ideológica individual y colectiva, que les construye e identifica como
zapatistas.

145
Lo que importa aquí no es el resultado final de la obra porque no tiene un
objetivo mercantil, sino lo que interesa es lo que genera el proceso de
construcción de la obra, donde hay un intercambio de ideas, pensamientos,
sentires, y haceres, que aunque sean diferentes son respetados por todas las
personas, pues se dirigen al “bien común”, que se manifiesta en el arte, siendo a
la vez una representación de lo que significa la autonomía zapatista.

Sobre la configuración subjetiva de las mujeres zapatistas y lo femenino


aún queda mucho por explorar, pero de manera preliminar, es posible visualizar
que lo femenino en el zapatismo forma parte de su construcción ideológica tanto
como de su vida cotidiana y se resume en la forma política de continuar con la
reproducción de la vida.

Se concluye que hablar de lo femenino no es hablar sólo de “la mujer”, sino


que “lo femenino” es la enunciación ontológica de la existencia de la cosmovisión
maya que complementa a “lo masculino”. En el centro de esa economía
simbólica, no se concluye que el hombre está en el centro como en la visión
occidental patriarcal, lo que está en el centro es la relación de la
complementariedad que alimenta la ideología zapatista.

Las subjetividades zapatistas tanto en hombres como mujeres están


atravesadas por lo femenino. Al contrario de occidente, en este espacio lo
femenino es igual de importante que lo masculino, el equilibrio de estas fuerzas
son necesarias, no significa que están dadas y son estáticas, sino que están en
constante transformación.

En un inicio la investigación se enfocó en la construcción del “ser mujer”


como “lo femenino”. Es importante aclarar que esto en el trabajo de campo dio
un giro, permitiendo ampliar el horizonte ontológico de “lo femenino” como algo
más complejo, que más allá de lo que entendemos como humano, incluye a la
naturaleza (lo vegetal, lo animal) y lo no sólo humano. Todo lo que representa lo
femenino para la cosmovisión indígena sobre la vida.

Luego de experimentar en los territorios zapatistas la autonomía; lugar que


me invitó a entender la descolonización como un conjunto de imágenes que se

146
construyen a través de prácticas, tales como la educación autónoma, la salud
herbolaria y occidental, la organización colectiva y la recuperación de horizontes
antiguos, que pueden volver como presente y futuro, donde las relaciones entre
los géneros buscan ese equilibrio de complementariedad, intuyo que la
construcción de nuevos horizontes emancipatorios como la construcción de una
nueva epistemología, no es un fin sino un medio para irrumpir en el sistema
patriarcal.

El zapatismo se podría enunciar como una propuesta decolonial, porque


ofrece políticas sociales y subjetivas “otras”. Visibiliza y se construye en una base
étnica de política de resistencia, modificando la percepción de los pueblos
indígenas considerados como estáticos, pasan a ser actores sociales activos y
políticos. Así la autonomía no está dada sino que es construida
permanentemente, tanto en el plano teórico, como en el plano de la construcción
de sus identidades, como en el plano de las prácticas comunitarias.

Este paradigma teórico-político emergente es abierto y urgido de


transformación de la realidad presente, afirmando a la vez que transforma la
“forma comunitaria”, y por otro lado, se articula con la necesaria refundación del
Estado-nación. El zapatismo como un movimiento político anti estatal se deslinda
de la estructura hegemónica del Estado sin embargo mantiene la identificación
con la construcción de nación, entendido cómo el ser mexicano. Por esto, son
considerados como un referente de insurgencia decolonial de gran importancia
para Latinoamérica; de aquí en adelante la lucha es por la descolonización
organizada desde la subalteridad, desde lo indígena, donde las mujeres
participan con voz y acción política al igual que los hombres.

La creación de la Ley Revolucionaria de Mujeres y su participación en


espacios políticos ha permitido instaurar la agenda de género como un tema
específico de las necesidades femeninas en el movimiento, creando condiciones
para que ellas enuncien peticiones propias, solicitando la inclusión de las mismas
en las demandas generales del movimiento, pero llevándolas también a la
construcción de espacios de interpelación propios que poco a poco van

147
trascendiendo en las comunidades de las que forman parte. Así impactan a las
formas tradicionales de trato a la mujer, y con esto, favorecen la inclusión de
formas de relación comunitarias que dignifican la vida.

Las mujeres zapatistas construyen “subjetividades” activas que se reflejan


en sus procesos de revalorización a través de su participación dentro de sus
comunidades, al crear distintos recursos que interpelan al “sector femenino”; pero
también han creado interpelaciones dirigidas a las mujeres de otros contextos,
tanto nacionales como internacionales.

El espacio de mujeres en el neozapatismo ha sido socialmente construido


desde las experiencias, las expectativas, los anhelos de sus necesidades desde
el ser mujer indígena, de esta manera se integran a las estrategias de las
conformaciones sociales en las que está inserto el movimiento en la lucha por un
mundo diferente, que busca la equidad.

Estas nuevas subjetividades proponen a su vez una nueva


conceptualización de las relaciones de género y de las identidades. En la medida
en que las mujeres zapatistas transforman las relaciones de género, emergen
nuevos significados de autonomía, que a su vez afectan la naturaleza del
proyecto. La autonomía colectiva no sacrifica lo personal sino que se
complementa con la relación en colectivo. “En ese sentido la lucha zapatista
contempla a la mujer como parte de ese proyecto quien también es sujeto de
transformación” (Olivera y Ramírez, 2000, p.37).

Este proceso de conclusión se torna especialmente motivador pues tengo


la esperanza de que otras formas de hacer arte fuera de los modelos
hegemónicos se fortalezcan y se den a conocer a más personas y que más
lugares del mundo puedan seguir este ejemplo de la iniciativa artística zapatista
como una propuesta decolonial y antipatriarcal.

Lorena Isabel Altamirano Romo julio de 2021.

148
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Videos:

Mujeres zapatistas y 20 aniversario del EZLN, en Luchadoras. Rompeviento TV.


1/1/2014

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Anexo 1

Guía de entrevista a participantes

1. ¿Cuál es tu nombre?
2. ¿Cuántos años tienes?
3. ¿En qué lugar vives?
4. ¿Con quiénes vives?
5. ¿A qué te dedicas?
6. ¿Cómo es la vida en tu comunidad?
7. ¿Qué es ser zapatista para ti?
8. ¿Crees que las mujeres zapatistas comparten ideas, pensamientos en
común?
9. ¿Te gusta el arte? Qué arte prácticas?
10. ¿Qué te motivó a pintar?
11. ¿Qué significados piensan transmitir en los murales? ¿Qué quieren
representar ?
12. ¿A quienes van dirigidos los murales?
13. ¿Qué significados tienen los colores y las imágenes?
14. ¿Porqué ponerlo en español o en tu lengua originaria? (En caso de que
el mural tenga frases)
15. ¿Consideras que pintar colectivamente es una expresión propia del
EZLN?
16. ¿Qué elementos son primordiales para reconocer una pintura zapatista?
17. ¿Dónde aprendiste a hacer murales?
18. ¿Cómo son los espacios de aprendizaje?

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