LITERATURA UNIDAD 8
LA NARRATIVA ESPAÑOLA POSTERIOR AL 36: TENDENCIAS, RASGOS
PRINCIPALES, AUTORES Y OBRAS MÁS SIGNIFICATIVAS
8.1. La novela en los años cuarenta: novela nacionalista y novela existencial y tremendista
(Carmen Laforet, Camilo José Cela…)
La guerra civil supuso una ruptura total con la literatura inmediatamente anterior y fue un
hecho determinante en la vida cultural posterior. Las consecuencias políticas, económicas, sociales
e ideológicas van a influir en la labor literaria del momento, y, por supuesto, condicionarán la
creación novelesca. Algunos escritores se verán obligados a emprender el destierro. Otros,
tuvieron que someterse a las dificultades impuestas por la censura. Pero también habrá muchos
escritores cuya afinidad con el régimen les lleve a escribir novelas de exaltación patriótica y de
propaganda ideológica (Rafael García Serrano, Agustín de Foxá, José María Alfaro, etc.).
En cualquier caso, el aislamiento exterior y el clima de intolerancia intelectual produjeron
un gran empobrecimiento cultural del país y solo algunos escritores de calidad logran que sus
novelas vean la luz, a pesar de las intransigencias y las prohibiciones.
• NOVELISTAS EN EL EXILIO.
Al finalizar la Guerra Civil en 1939, una serie de intelectuales (Miembros de las
Generaciones del 14, del 27 y de las Vanguardias), militares y civiles tuvo que emigrar a los diversos
países que los acogieron, en particular Méjico, Chile, Argentina, Puerto Rico, etc. Esta fuga de
cerebros empobreció la vida cultural de la posguerra española y enriqueció en cambio la de los
países de acogida.
Todos aquellos autores que salieron al exilio a raíz de la guerra civil componen la España
peregrina. Forman una lista muy larga, de las que solo unos pocos han alcanzado el justo
reconocimiento (Sender, Ayala, Aub o Andújar). Además, no resulta fácil agruparlos, ya que
apenas existen rasgos comunes entre ellos.
No obstante, podemos decir que hay tres aspectos comunes en casi todos:
1-La rememoración del conflicto bélico y de la España que abandonaron.
2-La presencia de nuevos lugares en los que tienen que vivir.
3-La reflexión sobre temas que afectan a la propia naturaleza y existencia del hombre (la guerra,
causas, consecuencias, el desánimo ante la certeza del regreso imposible).
o El más conocido y, a la vez, más prolijo de todos es RAMÓN J. SENDER (1902-1982). Estuvo
en campos de concentración franceses hasta que se exilió a México y finalmente a los
Estados Unidos, donde fue profesor de literatura. Antes del exilio, ejerció de periodista en
Madrid, lo que permitió que su estilo narrativo caminara entre el reportaje periodístico y
la novela.
Destacan Réquiem por un campesino español (1961) y Crónica del alba, novela
autobiográfica y crónica de una España que murió.
Hasta 1965 no se editaron sus libros en España. Permaneció en el exilio hasta 1976, volvió
transitoriamente a España y finalmente murió en California. Se le puede considerar heredero de
Pío Baroja por su habilidad para narrar, por la variedad de sus temas y su estilo sobrio y eficaz.
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o Las obras de Rosa Chacel (1898-1994) se caracterizan por un gran cuidado estético. Entre
sus novelas, destacan Memorias de Leticia Valle (1845), La sinrazón (1970), Barrio
Maravillas (1976) y Ciencias naturales (1988).
o Max Aub (1903-1972) aborda en su gran número de obras como tema principal el hombre,
como ser social, político y moral. Sus relatos tienen a veces un corte tradicional, galdosiano,
como Las buenas intenciones (1954), o La calle Valverde (1961); otras veces son de
intenciones experimentales, como Juego de cartas, presentada en naipes que incluso
pueden ser barajados. Escribe, además, un ciclo sobre la guerra civil desde su principio
hasta el fin, constituido por una serie de Campos: Campo cerrado (1943), Campo abierto
(1951), Campo de sangre ((1945), Campo del moro (1963), Campo de los almendros (1968)
y Campo francés (1965), todas ellas recogidas en una recopilación llamada El laberinto
mágico.
o Francisco Ayala, desde el exilio, ofrece su visión amarga y pesimista de la realidad, que le
lleva a escribir novelas de corte moralista. En ellas pretende reflejar los vicios del hombre
contemporáneo y criticar aspectos políticos y sociales desde una perspectiva humorística
o irónica. Muertes de perro (1958) se centra en la figura del dictador de una ficticia
república hispanoamericana, y El fondo del vaso (1962), en la corrupción de las clases
dirigentes.
• LA NOVELA DE POSGUERRA.
El mayor interés del momento reside en la publicación de tres novelas muy importantes
para la literatura: La familia de Pascual Duarte (1942), de Camilo José Cela; Mariona Rebull (1944),
de Ignacio Agustí; y Nada (1945) de Carmen Laforet. Su importancia viene determinada por lo que
suponen de ruptura con la literatura oficial y de testimonio de una existencia desoladora y
conflictiva. Son novelas que recogen la tradición realista de la literatura española, aunque cada
una con un planteamiento y tonos distintos. En La familia de Pascual Duarte, desde la truculencia
y el tremendismo, al ahondar en los aspectos más desagradables de la realidad (pobreza, violencia,
muerte, etc.); Nada, desde el reflejo de la existencia vacía de la protagonista, que pone de
manifiesto la miseria de la posguerra barcelonesa. Presenta a una muchacha que, como la propia
autora había ido a estudiar a Barcelona, donde vive con unos familiares en un ambiente sórdido
de mezquindad, de histeria, de ilusiones fracasadas, de vacío. Esta novela fue la primera que
mostró el ambiente real y la problemática de una situación degenerada por la miseria en la
inmediata posguerra; y Mariona Rebull, desde el fiel reflejo de la sociedad a través de una novela
realista.
Si bien la calidad general de las novelas de este periodo es muy baja, hay que destacar la aparición
de unos autores que harán renacer el género. En esta década publican sus primeras obras Camilo
José Cela, Gonzalo Torrente Ballester y Miguel Delibes.
o Camilo José Cela (Premio Nobel de Literatura en 1989) merece una atención especial en la
literatura del siglo XX por toda su creación. Desde una imagen provocadora e inconformista
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y una obra extensa y desigual, ha conseguido una fama justificada por su calidad y por su
carácter innovador. Las novelas de Cela son una búsqueda continua de nuevas formas
narrativas y expresivas. Así puede observarse ya en La familia de Pascual Duarte, (1942)
con la que inicia una corriente denominada tremendista, por esa tendencia a presentar los
aspectos más desagradables y sórdidos de la condición humana. Esta novela ilustra una
concepción del hombre como criatura arrastrada por la doble presión de la herencia y del
medio social, un medio descarnado, violento y amargo. El autor retoma en esta obra la
tradición del realismo decimonónico y la picaresca. El relato de Pascual es la confesión de
un condenado a muerte que trata de explicar sus crímenes como consecuencia de las
circunstancias de su existencia.
8.2. La novela de los años cincuenta: novela del realismo social (Camilo José Cela, Rafael
Sánchez Ferlosio…)
Los años cincuenta van a suponer el renacer de la novela española, gracias a la aparición
de una nueva y fructífera generación de escritores que, junto a la primera generación de posguerra
(Cela, Delibes o Torrente Ballester), desarrollarán un nuevo tipo de novela tanto en su concepción
temática –asumen el compromiso social en su labor literaria, siguiendo las ideas del filósofo
francés Jean Paul Sartre-, como formal –la literatura se convierte en un instrumento de denuncia,
predominando la intención política sobre la estética.
Las características principales de la novela social son:
a) Las novelas reflejan la realidad española y sirven como instrumento de denuncia de las
injusticias sociales.
b) Presentan ambientes centrados en: el mundo de la ciudad, la vida del campo, la vida burguesa
(sus frívolos comportamientos y su falta de conciencia social) o el mundo obrero (la dureza del
trabajo, las malas condiciones laborales, las pésimas retribuciones, etc.). Entre otros títulos
destacan La noria, de Luis Romero –de ambiente urbano-; Dos de septiembre, de Caballero
Bonald, y La zanja - de ambiente rural-, de Alfonso Grosso; Tormenta de verano, de García
Hortelano; Juegos de manos, de Juan Goytisolo –sobre la burguesía-; y Central eléctrica de López
Pacheco –sobre el mundo del trabajo.
c) El tratamiento formal se caracteriza por: el objetivismo (se excluye el punto de vista del autor);
el predominio del diálogo a través del cual los personajes muestran su forma de ser; el
protagonista colectivo, que representa al grupo social al que pertenece; desarrollo breve de la
acción y en reducidos espacios; un lenguaje poco elaborado, con frases cortas y léxico sencillo.
d) Incluyen temas como:
- El mundo cotidiano: la monotonía y la dureza de la vida en el campo en Los bravos, de Jesús
Fernández Santos.
- La soledad y la incomunicación del individuo con nombres como Ana María Matute o Carmen
Martín Gaite y su novela Entre visillos –la soledad dentro de una sociedad provinciana.
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- La visión crítica del pensamiento y la cultura de la época. Aunque sea un tema común a todos los
autores, sobresale la única novela extensa publicada por Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama. La
crítica se realiza de manera indirecta, ya que el pensamiento del autor no aparece en ningún
momento. Muy al contrario, en esta novela se emplea la técnica objetivista o conductista, pues
los personajes se nos presentan no por su psicología, sino por sus conductas. El autor es un mero
observador de una realidad intrascendente, de un suceso nimio y anecdótico: unos jóvenes que
van de excursión al río Jarama y mueren tras varios incidentes banales. Subyace una profunda
intención temática y simbólica: el hastío y la rutina de toda la sociedad del momento.
Muchos de los autores incluidos en la Generación del medio siglo van a sobresalir, sin embargo, a
partir de los años sesenta y setenta, una vez que abandonan la tendencia social en sus novelas y
participan de las nuevas técnicas narrativas (ejemplo significativo es Juan Goytisolo).
o Camilo José Cela asentó las bases de la novela de los años 50 en España. Primero con la
publicación de La familia de Pascual Duarte y posteriormente con La colmena (1951),
precursora de la novela social. Publicada en Buenos Aires en 1951 (ya que en España estuvo
prohibida por la censura), será su obra más sobresaliente y de más éxito. En el Madrid de
la posguerra, más de trescientos personajes nos muestran a través de múltiples y pequeños
fragmentos su vivir cotidiano, lleno de miseria y de penurias. Una novela, por tanto, sin
apenas argumento, cuya intención es presentar la degradación de la España de la
inmediata posguerra. Dinero, hambre y sexo se convierten en las únicas preocupaciones
de unos personajes alienados en esa gran colmena donde lo importante es sobrevivir. Su
estructura y la perspectiva narrativa adelantan algunas innovaciones habituales en las
novelas de fechas posteriores. Las consecuencias tanto en la forma como en el contenido
son: la presencia de un protagonista colectivo; la ausencia de un final preciso, por lo que
decimos que se trata de una novela abierta; el alcance existencial y social de la obra; el
desorden cronológico de los capítulos, divididos, a su vez, en secuencias; y cierto
objetivismo conductista en cuanto a la perspectiva narrativa, aunque las intervenciones
del autor son frecuentes.
o Miguel Delibes se da a conocer con La sombra del ciprés es alargada (1948), obra sin
demasiada calidad con tonos existenciales. Será en 1950 cuando vea la luz El camino, y con
ella, el habitual estilo sobrio y sencillo con el que pretende plasmar el mundo rural
castellano. Esa misma sencillez preside sus siguientes novelas –Mi idolatrado hijo Sisí, La
hoja roja, Las ratas- surgidas de la observación de la realidad, de los tipos que configuran
el campo castellano y las clases medias urbanas, de los ambientes rurales de la caza –Diario
de un cazador y Diario de un emigrante.
o Torrente Ballester se inicia pronto en la novela con Javier Mariño (1943), pero alcanza su
fama en la década de los setenta. La variedad de temas y de registros empleados serán los
rasgos más característicos de sus novelas: la trilogía de carácter realista Los gozos y las
sombras; Don Juan, donde ofrece una particular visión del mito; Off-side, crítica de los
negocios y del mundo del arte; La saga / fuga de J.B., su mejor novela, y La isla de los
jacintos cortados, reflexión sobre el propio hecho literario.
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8.3. La novela de los sesenta y principios de los setenta (Luis Martín-Santos, Miguel
Delibes...)
Factores sociales, económicos y culturales –industrialización, turismo, flexibilización de la
censura- unidos a factores literarios –agotamiento de la novela social anterior e irrupción de la
nueva novela hispanoamericana conocida como el boom (Mario Vargas Llosa obtendrá un éxito
unánime con la novela La ciudad y los perros, año 1962, el descubrimiento de Gabriel García
Márquez, Julio Cortázar)- causarán una renovación en las tendencias narrativas que se van a
desarrollar en esta década. También hay que añadir la influencia de narradores europeos como
Marcel Proust, Kafka con la Metamorfosis, James Joyce con Ulises.
Son los propios autores de la Generación del medio siglo lo que van a participar de esta
transformación del género, que, en gran medida, se produce tras la aparición en el año 1962 de
Tiempo de silencio, de Luis Martín-Santos. El realismo social de los años cincuenta evolucionará
hacia la novela estructural, cuya intención es la indagación en la personalidad del individuo a
través de la estructura de su conciencia y de todo su contexto social (G. Sobejano).
Las innovaciones son especialmente intensas en el campo de las técnicas empleadas, la
composición, frente a los contenidos sociales, políticos o ideológicos.
Estos nuevos procedimientos afectarían a los siguientes aspectos:
- El argumento pierde importancia y la acción es en muchas ocasiones mínima, dando paso a la
anécdota.
- Los personajes se reducen y el protagonista cobra un especial interés. Se emplea el monólogo
interior para reproducir el fluir de la conciencia del personaje.
- El espacio se vuelve impreciso y simbólico. El tiempo también se complica. El caos temporal
requiere de un lector activo que acabe él mismo recomponiendo la historia.
- La estructura también se hace compleja. El capítulo suele sustituirse por la secuencia y se recurre
a la técnica del contrapunto: varias historias que se narran simultáneamente y que se van
combinando. A veces hay finales abiertos.
- El narrador cambia alternativamente los puntos de vista.
Todas estas renovaciones están precedidas por la que se ha considerado la obra inaugural de la
nueva etapa de la narrativa española: Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos, 1962, va a ser la
novela que cambie el rumbo de la novela castellana al introducir grandes novedades a través de
una revisión intelectual de la realidad y de una profunda renovación de las técnicas narrativas.
La ironía y el humor son el medio empleado por el escritor para mostrar los problemas de la
sociedad española, desde las clases sociales (clases acomodadas, clases medias y lumpen-
proletariado), hasta las circunstancias culturales (viejas consideraciones sobre España, el atraso
científico, la pobreza del pensamiento filosófico…). Sin embargo, lo que pretende dejar claro Luis
Martín Santos es que los condicionamientos sociales no son los únicos aspectos de la realidad del
hombre que determinan su comportamiento y, por tanto, sus éxitos o fracasos. El tono existencial
y la carga simbólica marcan el contenido de una novela que refleja una sociedad y una existencia
vacías.
Pero el verdadero carácter innovador de la obra lo establecen el lenguaje y los procedimientos
narrativos empleados. Se caracteriza por una gran riqueza léxica, que, en ocasiones, tiende al
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barroquismo dificultoso por medio de un lenguaje cultista y científico –que resulta chocante con
la realidad que presenta y una sintaxis compleja.
Entre los recursos novedosos destacan:
- Presencia del autor omnisciente (tercera persona), que aprovecha el poder narrativo para emitir
su opinión acerca de la realidad presentada, junto a otras perspectivas narrativas: la primera
persona, identificándose levemente con el narrador y el personaje; y la segunda, para expresar el
pensamiento y la personalidad del protagonista (denominado fluir de conciencia o monólogo
interior).
- La división del relato en secuencias separadas por espacios en blanco.
- La ruptura de la secuencia cronológica, si bien el desarrollo en esta novela es lineal y no ofrece
más que algunos saltos en el tiempo y una tendencia a la concentración temporal.
- Abundantes referencias simbólicas, digresiones e intervenciones irónicas y sarcásticas por ese
afán del autor por comentar los sucesos.
- El argumento se ve complementado con el tratamiento de la anécdota: unas veces, por medio
del simbolismo y las referencias a esquemas míticos; otras, por la inclusión de géneros
considerados menores (novela policiaca, novela folletinesca, etc.), generalmente, con tono
paródico.
- Personajes en conflicto con su entorno y con su propia personalidad.
- Gran importancia del monólogo interior, con el que se nos permite conocer el mundo interior de
los personajes, al reproducir sus pensamientos que, por lo general, brotan de un modo
incontrolado.
• LA NOVELA DE LOS SETENTA.
Con el tiempo (década de los 70 y 80) la novela irá recuperando formas tradicionales; se vuelve al
relato, a la anécdota, al placer de contar. En algunos casos, esta evolución ha derivado a la novela
de género (histórica, policiaca, lírica, etc.), si bien, el realismo –de distintas formas de
presentación- es la línea más seguida por los novelistas actuales.
Esta línea renovadora va a tener continuidad en estos años a través de:
a) Los autores de la primera promoción de la posguerra: Cela, Delibes y Torrente Ballester.
b) Los novelistas de la Generación del medio siglo, quienes se lanzan a la aventura de la
experimentación.
-Miguel Delibes: el tono crítico y de denuncia ha ido incrementándose progresivamente en sus
obras, como se comprueba en su mejor novela Cinco horas con Mario (1966), en la que introduce
grandes innovaciones en la técnica narrativa (el monólogo interior, el lenguaje coloquial, la
reiteración, etc.). En ella, Carmen vela el cadáver de su marido, Mario, y con él conversa durante
toda la noche. En ese soliloquio en el que la viuda le reprocha al marido su forma de comportarse,
descubrimos dos formas de entender la vida: la egoísta y reaccionaria de la mujer y la liberal del
marido. Llama la atención en esta novela el lenguaje: el léxico vulgar, imprecisión, reiteraciones y
en su técnica narrativa el uso del monólogo interior y esa constante segunda persona del discurso,
que increpa, que se obsesiona, que hace las más caprichosas asociaciones. A través de una
pequeña historia de infidelidad, de sentimiento de culpa, Delibes nos hace un maravilloso retrato
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de los valores morales de la sociedad franquista a través de las ideas de Carmen sobre el sexo, el
dinero, el matrimonio, la religión, la diferencia de clases….
El tono crítico continuará en novelas posteriores tales como El príncipe destronado, y, sobre todo,
Los santos inocentes o Mujer de rojo sobre fondo gris y El hereje.
o Juan Goytisolo es el escritor en el que se produce el cambio más radical en la forma de
novelar. Empezaría con obras de un claro un afán de denuncia social, pero en 1966 publica
Señas de identidad, que supone una renovación sustancial. El tema de la novela es la
búsqueda de un sentido a la vida. Álvaro, un joven perteneciente a una familia burguesa
catalana, llega a su finca de Barcelona para recuperarse de un infarto sufrido en París –
donde vive exiliado-. A través de cartas, fotos y otros documentos va rememorando su
pasado y el de la vida española. Es un reencuentro con sus señas de identidad y una
reflexión sobre esa España de la que se ha ido desvinculando. Recoge todas las
innovaciones y añade otras como los artificios tipográficos, como no puntuar algunos
párrafos, o rasgos estilísticos que van desde el uso de un lenguaje coloquial, a la presencia
de párrafos en otros idiomas, e incluso de formas discursivas no literarias.
En sus libros posteriores –Reivindicación del conde don Julián, Juan sin tierra (escrita en caracteres
árabes) y Makbara, continúa con las renovaciones formales por medio de la búsqueda del pasado,
el sentimiento de desarraigo de su patria y un progresivo rechazo de sus orígenes.
o Juan Benet también encabezó la vanguardia experimental y se opuso al realismo social
anterior como puede comprobarse con su primera novela, Volverás a Región (donde
Región es Asturias, símbolo aquí de España). Se trata de una novela de estructura compleja,
en la que los personajes y las acciones se introducen de un modo desordenado y confuso.
En Una meditación las innovaciones llegan al extremo de suprimir los capítulos y las
secuencias, quedando un relato continuo. Otras obras suyas son Saúl ante Samuel y El aire
de un crimen.
También Juan Marsé en su primera obra importante, Últimas tardes con Teresa, ofrece una visión
crítica de la burguesía catalana, utilizando todas las nuevas técnicas narrativas. Otras obras lo
confirman al autor dentro del género: La oscura historia de la prima Montse (1970) o El amante
bilingüe (1990).
Otros autores de esta generación que publican en los años 70 a la estela de esta corriente
experimental o novela estructural son: Alfonso Grosso, J. García Hortelano, Luis Goytisolo,
Carmen Martín Gaite y J.M. Caballero Bonald.
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FRAGMENTOS:
LUIS MARTÍN SANTOS: Tiempo de silencio
Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté. ¿Por qué? ¿Por qué? Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo no
la maté. Ya estaba muerta. Yo no fui.
No pensar. No pensar. No pienses. No pienses nada. Tranquilo, estoy tranquilo. No me pasa nada. Estoy
tranquilo aquí así. Me quedo así quieto. Estoy esperando. No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy así
tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no
pensar en nada, de fijar la mirada en la pared, de hacer otro dibujito con el hierrecito del zapato, un dibujo
cualquiera, no tiene que ser una muchacha, puedes hacer un dibujo distinto, aunque siempre hayas
dibujado mal. Tienes libertad para elegir el dibujo que tú quieras hacer porque tu libertad sigue existiendo
también ahora. Eres un ser libre para dibujar cualquier dibujo o bien hacer una raya cada día que vaya
pasando como han hecho otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres libre de hacer rayas todo
lo largo que tú quieras y nadie te lo puede impedir…
¡Imbécil! “
MIGUEL DELIBES: Cinco horas con Mario
“De acuerdo, el señorío no se improvisa, se nace o no se nace, es una de esas cosas que da la cuna, aunque,
bien mirado, la educación, el trato, puede hacer milagros, que ahí tienes, sin ir más lejos, el caso de Paquito
Álvarez, un artesano cabal, no vamos a decir ahora, que de chico trabucaba las palabras que era una juerga,
bueno, pues le ves hoy y otro hombre, qué aplomo, qué modales, yo no sé qué maña se ha dado, pero los
hombres es una suerte, como yo digo, si a los veinte años no estáis bien, no tenéis más que esperar otros
veinte. Y, luego, esos ojos. Hay que reconocer que Paco siempre los tuvo ideales, de un azul verdoso, entre
de gato y agua de piscina, pero ahora como ha engordado y tiene más representación, mira de otra manera,
como con más intención, no sé si me explico, y, además, como no se apura al hablar, que habla solo lo justo
y a medio tono, con ese olor a tabaco rubio, que es un olor, que a mí me chifla, resulta, es uno de esos
hombres que te azaran, fíjate, quién se lo iba a decir a él. Yo daría lo que fuese porque tú fumases rubio,
Mario, que te parecerá una tontería, o por lo menos emboquillado, hace otra cosa, y no ese tabaco tuyo,
hijo, que ya no se ve por el mundo, nunca he podido con él, que cada vez que en una reunión te pones a
liar uno, me enfermo, como lo oyes, que luego ese olor, a pajas o qué sé yo, a saber qué gusto puedes
sacarle a es bazofia, que si siquiera fuese elegante o así, vaya, pero liar un cigarro, lo que se dice liarlo, ya
no se ve más que a los patanes, ni los hijos de las porteras, si me apuras, que te queman la ropa y te pones
hecho un asco, como yo digo. Claro que dirás tú que a ti la ropa qué, que ésa es otra, que nunca te dio por
ahí, que me has hecho pasar unos apuros que ni imaginas, hijo, siempre hecho un adán, que yo no sé qué
arte te das que a los dos días de estrenar un traje ya está para la basura, que ni sé cómo me enamoré de
ti, francamente, que el traje marrón aquel, el de las rayitas, me horrorizaba, que yo me hacía ilusiones de
cambiarte, pero ya, ya, genio y figura, a esa edad ya se sabe, romanticismo pero ni tanto ni tan calvo, Mario,
calamidad, que bien poca suerte he tenido contigo en este aspecto, que me has hecho sufrir más que otro
poco”.