I.2.
Hamartología
I.2.1 Teología bíblica del pecado
ACTIVIDAD:
Le atentamente: Norman R. Gulley, Teología sistemá tica: Creation, Christ, Salvation
(Berrien Springs, MI: Andrews University Press, 2012), 158-159.
Realiza un bosquejo y explícalo frente a tus compañ eros:
I. Definición del pecado.
a. Ausencia del bien.
i. "Tomando una pá gina de Plató n, Agustín defendió que el mal no es una
fuerza diabó lica que asola las almas de los pecadores, sino la ausencia
de bien".
ii. Esto significa que el pecado no puede ser causado por Dios, ya que Dios
no puede crear la ausencia de bien porque É l es bueno.
iii. Dios es una Trinidad relacional. Desde la eternidad ha experimentado
una relació n recíproca de amor, en la que cada Persona ama a las otras
dos má s que a sí misma.
iv. La creació n es el desbordamiento de este amor, por lo que los seres
humanos (hechos a Su imagen, Gn. 1:26-27) debían reflejar una
relació n de amor que imaginara la relació n de amor entre la Trinidad.
En otras palabras, una Trinidad relacional hizo a los humanos como
seres relacionales. Agustín dijo que "la pérdida del bien ha recibido el
nombre de "mal". Esta definició n de la filosofía no es suficiente, así que
acudimos a la Escritura:
b. El pecado como acción (acto).
i. La Escritura define el pecado como "la transgresió n de la ley" (1 Juan
3:4, RV), o "la anarquía" (NVI, RSV). "El pecado es siempre contra
Dios". "Por tanto, al que sabe hacer el bien y no lo hace, le es pecado"
(Sg 4:17).
ii. Hay muchas palabras hebreas y griegas traducidas por la palabra
españ ola “pecado” que enfatizan el pecado como un acto. He aquí
algunos ejemplos;
1. šā gâ y šā gag significan "error".
2. tā ʿâ significa "errar" o "vagar".
3. parakoē significa "oír incorrectamente".
4. ḥ ā ṭā ʾ y hamartanō significan "errar el blanco".ʿā bar significa
"cruzar" o "pasar de largo", con parabainō como equivalente
griego.
5. La palabra ʿā wal significa "desviarse de un curso correcto".
6. pā šaʿ y mā rad significan "rebelarse", apeitheia, aphistēmi y
apostasia como equivalentes griegos.
7. Las palabras mā ʿal y bā gad significan "traició n".
8. parapiptō significa "caer".
9. ʿā wā h significa "doblar o torcer".
10. šiqqû ṣ significa "abominació n".
iii. Sin embargo, muchas de estas palabras también implican o sugieren un
estado de pecado.
c. El pecado es más que un acto.
i. El pecado es una raíz:
1. Romanos 14:23 nos dice que "todo lo que no proviene de la fe
es pecado".
2. El contexto se refiere a actuar sin fe. Aquí la definició n de
pecado se remonta detrá s del acto hasta el motivo que lo causa.
Esta es la vida interna y má s profunda del pecado. Son "los
pensamientos y actitudes [ennoiō n, literalmente intenciones]
del corazó n" (Heb. 4:12). Jesú s dijo que el fruto corrupto
proviene de un á rbol corrupto (Mateo 12:33-35); del mismo
modo, el mal sale del corazó n (mente) humano (Marcos 7:21-
23).
3. Por eso la ley tiene algo má s que una relació n externa con el
creyente, pues Dios dijo "pondré mis leyes en sus mentes y las
escribiré en sus corazones" (Heb. 8:10; cf. Jer. 31:33; Heb.
10:16).
4. Por eso, Jesú s habló del significado interno del cumplimiento
de la ley, o de la violació n de la ley (pecado), como algo que
tiene que ver con los pensamientos y los motivos, aunque no se
produzca ningú n acto externo.
a. Así, una mirada lujuriosa es lo mismo que cometer
adulterio, aunque só lo se produzca en la mente (Mt.
5:28). Por eso el décimo mandamiento va má s allá de
los actos externos, pues la codicia es el acto/estado
interno que los precede (É xodo 20:17).
d. El pecado es una tendencia:
i. "Ya desde su nacimiento los malvados se extravían; desde el vientre
materno son díscolos, difundiendo mentiras" (Sa 58:3).
ii. Así llega la palabra a Israel: "Desde tu nacimiento fuiste llamado
rebelde" (Is 48:8).
iii. La Escritura penetra má s allá de los pensamientos, los motivos y los
sentimientos que se esconden detrá s de los actos externos de pecado,
hasta una tendencia al pecado que es inherente a la naturaleza humana
caída.
iv. David habló de esto cuando dijo que era "pecador desde que mi madre
me concibió " (Sal. 51:5). Nó tese que dice que no só lo era pecador
desde su nacimiento, sino desde su concepció n. Al comentar este
versículo, Keil y Delitzsch dicen: "David confiesa aquí su pecado
hereditario como la raíz de su pecado real. La declaració n se remonta
desde su nacimiento hasta la concepció n, por lo que penetra hasta el
punto má s remoto del comienzo de la vida".
v. En contraste con estas afirmaciones, Juan el Bautista estaba "lleno del
Espíritu Santo incluso antes de nacer" (Lucas 1:15). Leon Morris señ ala
que Juan el Bautista es el ú nico ser humano del que se habla así en el
Nuevo Testamento. Por supuesto, Juan fue una excepció n porque fue
un precursor elegido para preparar el camino de Cristo.
vi. Al menos podemos decir de la historia que, aunque el Espíritu Santo
esté con los humanos desde su nacimiento, todos, excepto Cristo, han
cedido a la tendencia a pecar a pesar de la presencia del Espíritu Santo.
"Por cuanto todos pecaron y está n destituidos de la gloria de Dios"
(Rom. 3:23). Por eso todos los seres humanos necesitan nacer de
nuevo (Juan 3:5).
vii. En los Diez Mandamientos, Dios dice: "Yo, el SEÑ OR tu Dios, soy un
Dios celoso, que castiga a los hijos por el pecado de los padres hasta la
tercera y cuarta generació n de los que me odian, pero que muestra
amor a los miles que me aman y guardan mis mandamientos" (É xodo
20:5-6, RSV; cf. 34:7; Num. 14:18; 1 Reyes 21:29).
1. Este pasaje parece enseñ ar el castigo imputado. Hay que
estudiarlo a la luz de Ezequiel 18:20, en el que se nos dice: "El
hijo no sufrirá por la iniquidad del padre, ni el padre sufrirá
por la iniquidad del hijo" (Ezequiel 18:20, RSV).
2. Lo que está en juego aquí es la responsabilidad individual por
el pecado. Los resultados naturales pueden transmitirse, pero
la culpa y el castigo nunca se imputan. Independientemente de
los padres, todos los bebés nacen con una tendencia a pecar.
3. Por lo tanto, los seres humanos entran en el planeta con
necesidad de un Salvador antes de pecar. Pero, ¿por qué? A
esto nos referimos ahora al considerar lo que hay detrá s de la
tendencia de la humanidad a pecar.
e. El pecado como separació n de Dios.
i. Detrá s de estas dos raíces del pecado se encuentra la necesidad de
entender exactamente cuá l fue el pecado de Adá n, lo que le hizo y lo
que transmitió a la raza.
ii. Dios les dijo a Adá n y a Eva que no comieran del fruto del á rbol que
estaba en medio del jardín (Gn. 3:1-5). Ellos desobedecieron.
1. La Caída resultante fue el alejamiento de una relació n de
confianza con Dios. Así que la esencia del pecado es la
separació n de Dios, ya que rompe la relació n con Dios.
2. Tan pronto como Adá n y Eva pecaron, se escondieron de Dios
(Gn. 3:8) porque el pecado había cortado sus lazos con É l.
3. Antes del acto manifiesto de comer el fruto, Eva había roto su
relació n con Dios. Fue la duda -una relació n rota- lo que llevó a
la desobediencia (Gn. 3:1-7). Como señ ala Heppenstall: El
pecado original no es per se un mal hacer, sino un mal ser. Por
lo tanto, existe una conexió n causal entre el primer pecado del
primer hombre y el egocentrismo de su posteridad.... Tratar de
localizar el pecado o la transmisió n del pecado genéticamente
simplemente pasa por alto el verdadero problema. La cuestió n
es espiritual y no algo en un gen. El pecado no se transmite
genéticamente de padres a hijos. El pecado no debe ser
reducido a algo físico.
4. Por lo tanto, debido a Adá n, la humanidad también está en una
relació n rota con Dios. Pero, gracias a Dios, É l proveyó el
camino de regreso en y a través de Jesucristo (Juan 14:6) quien
es "la luz verdadera, que alumbra a todo hombre que viene al
mundo" (Juan 1:9, RV).43 Es por esto que cada humano debe
nacer de nuevo (Juan 3:5-8). Esta es la raíz má s profunda del
pecado original, y la esencia misma de lo que Adá n transmite a
la raza: "una disposició n heredada al pecado " a partir de una
relació n rota con Dios.
5. La esencia del pecado heredado de Adá n es espiritual (relació n
rota) y no genética (física). Aunque todos los humanos son
físicamente má s pequeñ os y viven menos tiempo que Adá n, su
pecado original nos afecta espiritualmente.
6. La cuestió n de la justicia de Dios está implicada en la forma de
ver los efectos del pecado de Adá n. Heppenstall tiene razó n
cuando concluye: "Cualquier posició n que haga del pecado
heredado genéticamente o de sus consecuencias morales el
motivo específico de la condena de la raza, implica a Dios en la
responsabilidad". Una vez que la solidaridad con Adá n se
interpreta como la transmisió n del pecado por una posteridad
procreada, la responsabilidad vuelve a recaer en el Creador".