Las Bacantes (Eurípides)
Adaptación de Rubén de León
Acto 2 Escena 6
Dioniso alza las manos al cielo, Penteo mira hacia arriba y empieza
a dar vueltas sobre sí mismo. Dioniso sale de escena, entra Bacante
1 con el vestido. Le coloca el vestido a Penteo y sale de escena.
Entra Corifeo con una cuerda, seguida de Bacante 1 con un arnés.
Bacante 1 le coloca a Penteo el arnés y la cuerda.
Bacante 1: Aquí asistimos en la escena el travestismo de
Penteo. Injuriado por Dioniso, decide vestirse
de mujer para subir a los montes a espiarnos
en nuestros rincones secretos.
Corifeo: Vale aclarar que Penteo se encuentra en un
estado desconocido, como si estuviera ebrio.
Dioniso dice que las sorprenderá si ellas no
lo hacen primero.
Bacante 1: Así […] decide pasear por la ciudad porque se
ve parecido a su tía, se ve parecido a su
hermana y le pide a Dioniso que lo lleven
antes a recorrer toda la metrópolis.
Corifeo: Dioniso promete claro, otro de allá lo traerá.
Corifeo y Bacante 1 se unen al coro de bacantes. La cuerda de
Penteo le sube al cielo. Dioniso entra en escena.
Dioniso: ¡Mujeres, el hombre está en la red! Va hacia
las bacantes donde pagará con la muerte.
Dioniso el trabajo es tuyo. Sácalo de sus
cabales con una rabia ligera. Mientras piense
bien no querrá vestirse de mujer, enloquecido
se lo pondrá. Cuando vaya así vestido se
reirán de él. Le colocaré el adorno que lo
llevará al infierno a morir a mano de su
madre. Conocerá al hijo de Zeus, a Dioniso,
que nació como un dios, perfecto y terrible,
aunque para los mortales es el más dulce.
Bacante 1 y 2: En las danzas nocturnas bailaremos empapadas
de rocío, bacantes.
Agave y Bacante 3: Mostrando nuestras pieles al cielo como
ciervos que escapan de la caza terrible.
Bacante 1 y 2: Saltando delante de las perras.
Agave y Bacante 4: Es inmenso el poder de los dioses, castigan a
los mortales que no los adoran.
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Coro: Cada uno deposita en algo su felicidad y su
fuerza.
Bacante 1 y 4: Tienen infinitas esperanzas.
Bacante 3: A unas se les cumple.
Bacante 4: Otras se les desvanecen.
Agave: Al que hoy es feliz
Coro: Lo felicitamos.
Las bacantes vuelven a su esquina, mirando hacia Dioniso y Penteo.
Penteo: Veo dos soles y dos ciudades de siete puertas.
Sos un toro, te salieron dos cuernos en la
cabeza.
Dioniso: El dios va con nosotros, ahora ves lo que
tienes que ver.
Penteo: Vamos, vamos.
Dioniso: Seré tu primer amigo cuando veas a las
bacantes.
Penteo: ¿Podré llegar al escondite de las bacantes?
Dioniso: ¡Sí! Ahora ves lo que tienes que ver. No
destruyas la sede de las ninfas y el retiro
donde Pan hace su música.
Penteo: Tienes razón, tienes razón, tienes razón. Me
voy a esconder, no hay que ir con fuerza
contra las mujeres.
Dioniso: Volverás en manos de tu madre.
Penteo: Sí, tengo lo que merezco.
Dioniso: Sos terrible, y vas hacia terribles
sufrimientos. Se halla la gloria en el cielo.
Su madre y sus hermanas tiendan la mano a este
hombre que condujo un gran combate. Donde
caerá derrotado por Bromio y por mí.
Acto 2 Escena 7
Las bacantes alzan las manos al cielo hacia Penteo. Dioniso sale de
escena. Las bacantes bailan gruñendo hacia donde cuelga Penteo.
Corifeo: Perras de la rabia, pasen al monte. A donde
tienen su guarida las hijas de Cadmo. Acosen
al que pillan vestido de mujer. Su madre, la
primera que lo verá espiando, llamará a las
bacantes.
2
Agave: ¿Quién es este que viene a la montaña? ¿Quién
es su madre? Porque no es nacido de mujer,
sino de alguna leona o algún monstruo
terrible.
Bacante 1: Justicia, venid y que con su espada corte el
cuello al sin dios y el sin ley.
Bacante 4: Que con resolución injusta y cólera criminal
contra las orgías báquicas
Bacante 3: Se dispone, como si pudiera, a dominar por la
violencia a lo invencible.
Bacante 2: Que los mortales no renuncien a los dioses,
hay que tener una razón para vivir sin pena.
Las demás bacantes bailan enloquecidas alrededor del coro.
Bacante 3: Mostrate como un toro.
Bacante 2: O como un dragón.
Bacante 1: O como un león.
Agave: Que respira fuego.
Coro: Al que quiere cazar a las bacantes enlazalo
con la muerte, Baco.
Las bacantes bailan, se echan por el suelo, se arreglan el pelo.
Corifeo apartada de ellas. Entra el mensajero de Penteo.
Mensajero: ¡Casa del viejo rey! Como añoro por vos yo que
no soy más que tu tutor.
Corifeo: ¿Traes alguna novedad de las bacantes?
Mensajero: Penteo murió.
Entra un telón de plástico separando a Corifeo y al mensajero de
Penteo y las bacantes.
Coro: ¡Bromio, rey, te muestras como un gran dios!
Corifeo: Mujeres, ¿se alegran por la desgracia de mis
señores?
Coro: Grito ¡evohé!
Mensajero: Así actúa vos en esta ciudad, ¡cobarde!
Corifeo: Dioniso me manda, no esta ciudad.
Mensajero: Mujeres, no se alegren por la muerte.
Corifeo: De qué... ¿De qué modo murió un hombre tan
injusto?
3
Mensajero da unos pasos hacia delante. Corifeo sale de escena.
Mensajero: Después de que cruzamos el río pisamos la
ladera de un monte. Penteo, yo que lo seguía y
el extranjero que nos guiaba. Llegamos a un
valle sin lecho para poder ver sin ser vistos.
Era un rincón cerrado por peñascos umbrío y
húmedo. Las bacantes se mantenían ocupadas,
algunas poniéndole hiedra al tirso otras
cantaban a Baco otras danzan. El desgraciado
de Penteo que no vio el mundo de mujeres dijo
“de aquí no llego a ver a las ninfas.” Y allí
fui testigo de todos los milagros que hizo el
extranjero, agarró la rama más alta lo trajo
hacia la tierra de manera sobrehumana, la
dobló como un arco y puso a Penteo entre las
ramas. Fue soltando su tronco poco a poco, en
vez de ser visto fue visto por las bacantes
apenas llegó arriba. Cuando el extranjero no
era visible una voz gritó “Muchachas os traigo
a quien se ríe de nuestras orgías y de
nosotros. ¡Castíguenlo!”
Las bacantes se levantan del suelo, forman un coro y buscan con la
mirada a la voz.
Mensajero: En el cielo y en la tierra se fijó un fuego
sagrado y el silencio dominó todo. Ellas, que
no habían escuchado la voz se pusieron a
buscar con la mirada. Él repitió la orden y
cuando reconocieron la voz de Baco las hijas
de Cadmo se lanzaron a la carrera. Agave y sus
hermanas y todas las bacantes corrieron
enloquecidas.
Las bacantes corren juntas hacia Penteo. Saltan de una en una
intentando alcanzarle.
Mensajero: Cuando vieron a mi desgraciado señor subido al
árbol le lanzaron piedras, pero no le
alcanzaban. Y Agave dijo “¡Muchachas!
Atrapemos a esta fiera para que no delate los
secretos del dios.”
Agave: ¡Muchachas! Atrapemos a esta fiera para que no
delate los secretos del dios.
La cuerda de Penteo baja, las bacantes lo cogen de las piernas y de
los brazos.
Mensajero: Y ellas con sus manos arrancaron el árbol.
Saltó hacia arriba y el de arriba cayó dando
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alaridos, dándose cuenta de su desgracia. Su
madre como una sacerdotisa comenzó el
sacrificio. Él para que no lo matase le dijo
acariciándola “Madre mía”
Penteo: ¡Madre, no, mamá no me mate!
Mensajero: “¡Tened compasión, soy tu hijo Penteo, no me
mates!” Ella echando espuma por la boca no le
hizo caso. Agarrando sus brazos y poniendo el
pie en el costado del infeliz le arrancó el
hombro. Su tía lo desgarró y las otras
bacantes se le echaron encima.
La cuerda de Penteo baja del todo, las bacantes se echan encima de
él hasta que están sentadas en el suelo alrededor de su cuerpo.
Mensajero: Él gemía y contuvo el aliento mientras se
llevaban un pie, otra un brazo, poco a poco
fueron quitando de sus miembros. Todas estaban
ensangrentadas jugando con la carne de Penteo.
Su cuerpo se yace desparramado y la cabeza del
infeliz en el tirso de su madre.
Agave grita, levantando la cabeza de Penteo al cielo.
Mensajero: Que la vi en la ciudad invocando a Bromio en
el triunfo que solo le traía lágrimas.
Las bacantes siguen gruñendo sobre el cuerpo de Penteo.
Mensajero: Yo me marcho lejos de esta desgracia.
El mensajero sale de escena. Entra Corifeo mientras Agave ríe con
las bacantes. Las bacantes vuelven a la esquina del escenario,
donde están sentadas en el suelo todas menos Agave.
Corifeo: ¡Dancemos en honor de Baco! Y anunciemos la
desgracia de Penteo, el descendiente del
dragón, el que vestido de mujer recibió el
tirso del infierno. Y tuvo a un toro como
iniciador de su desgracia.
Corifeo pasa por el telón a unirse con las bacantes.
Corifeo: Bacantes de esta ciudad, al vencedor lo
sometisteis a lágrimas. Buena batalla, sacad
goteando las manos con la sangre del hijo.
Agave se levanta, alza una mano al cielo con la cabeza de Penteo.
Agave: ¡Bacantes de Asia! La madre de Penteo.
Coro: ¡Desorbitada!
Corifeo: ¿Por qué gritas?
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Agave: Traigo desde el monte esta presa bien
aventurada. Cacé este cachorro de león.
Corifeo: ¿En qué desierto?
Agave: Acá, en el monte sagrado.
Corifeo: ¿Quién le vio primera?
Agave: Agave, yo, quien será invocada en los himnos
de Baco.
Corifeo: ¿Y quién fue la segunda?
Agave: Las otras, sus tías.
Corifeo: Caza bien aventurada.
Agave: Venid al banquete.
Corifeo: ¿Cómo voy a participar?
Agave: El ternero es joven, la barba le florece bajo
su cabellera.
Agave, acercando la cabeza de Penteo a Corifeo, hace que se besen y
se ríe junto a las otras mujeres.
Corifeo: Como la cabellera de un animal salvaje.
Agave: Baco marcó su presa a las bacantes.
Corifeo: Porque es un rey cazador.
Agave: ¿Me alabas?
Corifeo: ¿Por qué lo haría?
Agave: Pronto los ciudadanos ensalzarán a mi hijo
Penteo, y a su madre, claro.
Corifeo: Porque logró cazar este cachorro de león.
Coro: ¡Grande!
Agave: ¡Grandísimo!
Corifeo: ¿Estás orgullosa?
Agave: ¡Estoy feliz! Ahora soy famosa.
Corifeo vuelve a pasar por el telón hacia el público.
Corifeo: Mostrá tu presa infeliz.
Agave: ¿Cómo no?
Agave pasa por el telón y se dirige al público con la cabeza de
Penteo en la mano sostenida en alto.
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Agave: ¡Habitantes de esta ciudad hermosa! Vengan a
ver esta fiera que nosotras las hijas de Cadmo
cazamos con nuestros propios brazos. Nosotras
lo descuartizamos. ¿Dónde está Penteo? ¿Dónde
está mi padre? Quiero que claven en el frente
de nuestra casa esta cabeza de león.
Acto 2 Escena 8
Cadmo habla desde fuera de escena.
Cadmo: Síganme, servidores, trayendo la triste carga
de Penteo. Que encontré descuartizado en la
selva enmarañado. Venía yo trayendo el cuerpo
de mi hijo caído cuando alguien me contó cosas
horribles.
Corifeo y Cadmo entran a escena.
Cadmo: Y me dijo que Agave había entrado cantando y
bailando a la ciudad. Aquí está, visión
malaventurada.
Agave: Padre, podes estar orgulloso de tus hijas. Las
mejores cazadoras. Pero sobre todo de mí.
Recibid este regalo, padre bendito.
Agave se inclina hacia su padre enseñándole la cabeza de Penteo.
Agave: Invita a tus amigos, ¡vamos a dar un gran
banquete!
Cadmo: Venimos de hacer un sacrifico hermoso a los
dioses, ¿y vos nos invitas a un banquete?
¡Bromio, siendo nuestro familiar, cómo nos
ataca!
Agave: Pero qué torpe es la vejez, y qué corta de
vista. Ojalá, mi hijo fuera tan buen cazador
como su madre, pero él... Él se impone a los
dioses. Vos tiene que guiarlo. Sí vos. Vos,
padre, tiene que guiarlo. ¿Quién lo llama para
que me vea feliz? ¿Quién? ¡Penteo! ¡Penteo!
Cadmo: Si te dieras cuenta de tu desgracia sufrirías
un dolor horrible, pero si seguís así no te
vas a dar cuenta de nada.
Agave: ¿Qué es lo que no está bien, padre? ¿O qué
está mal?
Cadmo: Mira hacia al cielo, ¿te parece el mismo o
cambia?
Agave mira suspirando contenta al cielo.
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Agave: Ah, está más abierto, más brillante, ah.
Cadmo: ¿El frenesí sigue en tu alma todavía?
Agave: Estoy tranquila, no conozco esa palabra.
Agave sigue mirando embobada al cielo, dando vueltas.
Cadmo: Escucha bien, ¿me entendés lo que te digo?
Agave: (riendo) Olvidé lo que dijiste.
Cadmo: ¿De quién es este rostro que tienes en la
mano?
Agave: ¡De un león, como dije, de las cazadoras!
Cadmo: ¡Míralo bien! ¿Acaso te parece un león?
Agave: A ver.
Agave levanta la cabeza de Penteo y lo mira, dándose cuenta de que
es la cabeza de su hijo la deja caer al suelo. Se derrumba,
gritando y sollozando, dando arcadas mientras repite el nombre de
su hijo.
Agave: Quién... quién... ¿Quién lo mató? ¡Quién lo
mató!
Cadmo: Vos lo mataste, y tus hermanas. ¡Ustedes lo
mataron!