1.3.2.
CINQUECENTO:
Aunque cronológicamente el término Cinquecento hace referencia a todo el siglo XVI en Italia,
en lo artístico solo abarca el primer cuarto de ese siglo. Se denomina también Alto
Renacimiento o Renacimiento clásico.
A lo largo del periodo correspondiente al alto Renacimiento italiano, denominado
Cinquecento, el arte se verá obligado a adecuarse a las normas que el decoro imponga,
circunstancia derivada del hecho de que la mayor parte de las obras serán encargos destinados
a la decoración de edificios religiosos. Junto con esto, hay que añadir que el arte renacentista
clásico alcanzará en estos momentos su culminación, además de que el espíritu revisionista y
exhaustivo propio del Renacimiento dará origen a la aparición de tratados compendiosos del
lenguaje empleado, sin olvidar tampoco que ésta será una época condicionada artísticamente
por el quehacer de grandes figuras tales como Miguel Ángel, Rafael o Leonardo da Vinci.
En esta época fue que el Renacimiento llegó a su apogeo. La ciudad de Roma fue el centro
artístico en Italia y abarcó los Papados de Julio II, León X y Sixto V, cuyas intenciones fueron
convertirla en un poder político y espiritual. Es así como la ciudad desplazó a Florencia, que era
donde se asentaba el “Quattrocento”. Pero no solo fue en Roma, Venecia también adquirió
una relevancia especial en cuanto al aspecto artístico.
Algunas características que se identifican en la época del Cinquecento son:
Los artistas de esa época fueron los principales protagonistas de los medios de
expresión que surgieron durante el Quattrocento.
Había un equilibrio artístico en cuanto a forma y contenido.
Existía una armonía entre lo religioso cristiano y lo pagano.
Tras esta época se da el surgimiento del Manierismo, estilo que se caracterizó por el uso de
figuras exageradas, con posturas forzadas, un irreal tratamiento del espacio, una frecuencia de
efectos dramáticos y una aparente elección arbitraria del color. Supone el rechazo del
equilibrio y de la claridad del Renacimiento en busca de composiciones más dramáticas y
complejas y el deseo de efectos más emotivos.
Manierismo: El término manierismo se refiere a un estilo de características propias
dentro del Renacimiento. Se dio a lo largo de siglo XVI, especialmente a partir de 1520.31 La
característica que mejor lo define es la constante búsqueda de lo no convencional junto con
la destrucción de un equilibrio lógico aplicando líneas o posturas deformantes, algo que a
primera vista puede ser desconcertante para el espectador. Es el rechazo del equilibrio
adoptando posturas forzadas.
En el manierismo la escultura rehusó el clasicismo buscando formas curvilíneas y dinámicas,
la llamada serpentinata o composición de curva y contra curva en que los cuerpos giraban en
sí mismos, en espacios estrechos y a veces con escorzos muy pronunciados.
En Italia, la escultura manierista está representada por Juan de Bolonia. Aquí debiera
incluirse el Rapto de las Sabinas de Gianbologna o Juan de Bolonia, citada más arriba como
renacentista, Benvenuto Cellini y Miguel Ángel, uno de cuyos mejores ejemplos es la Piedad
florentina donde el Cristo se muestra con postura serpentinata.
Se difundió este estilo por Europa gracias a la extensa colección de grabados, y sobre todo en
el terreno escultórico en la profusión de pequeños bronces venidos de Italia. Así se desarrolló
en las cortes europeas de Francisco I en Fontainebleau con Francesco Primaticcio, que fue el
encargado de traer copias de antigüedades desde Roma. También se desarrolló en la corte de
Rodolfo II en Praga, y de Felipe II en El Escorial, donde la corrección académica caracterizó el
estilo del manierismo empleado por los Leoni.34 Influenciado por Miguel Ángel, Gaspar
Becerra impuso su estilo manierista en el retablo de la catedral de Astorga, y es en Valladolid,
donde se encontraba además de Becerra Juan de Juni, donde se realizó más escultura de este
tipo clásico-heroico.
[Link] Escultura:
Durante el siglo XVI la escultura del Renacimiento continúo la línea
del siglo anterior (naturalismo, humanismo, proporcionalidad,
expresividad…) pero añadió el gusto por lo monumental,
(influencia romana), el uso de líneas curvas (al estilo griego) y la
llamada forma serpentinata para aumentar el dinamismo de las
composiciones.
La escultura del Cinquecento propendía hacia la idealización, la
preocupación por el cuerpo humano y lo grandioso. Las obras
escultóricas se inclinaban a lo realista y naturalista. Además, la
intención era reflejar una belleza que deleitase al espectador. El
gran protagonista de la escultura era el cuerpo humano, los
escultores les interesaba la anatomía, las proporciones de las Piedad Florentina (1547)
distintas partes del cuerpo y la musculatura humana.
El cuerpo humano era considerado como la expresión máxima de la belleza, lo cual hizo
posible el surgimiento del arte escultural. Fueron representados otros temas, como: lo
mitológico, lo alegórico y lo pagano. Los temas de religión cristiana seguían estando presente
pero tratados de una manera diferente. La mayoría de los artistas se concentraban en
Florencia y el artista genial que dominaba las esculturas renacentistas del siglo XVI fue Miguel
Ángel Buonarroti. Aunque le siguieron otros escultores como Benvenuto Cellini y Juan de
Bolonia.
Miguel Ángel Buonarroti, discípulo también de la escuela florentina, resume en su persona
casi todo el arte escultórico de su época en Italia (1475-1564). En los primeros treinta años
de su vida conservó algunas tradiciones del siglo XV produciendo obras moderadas y bellas,
aunque vigorosas. A esta primera época se deben sus ponderadas esculturas de la Madonna
de Brujas y la Piedad, con algunos Bacos y Cupidos y el David de Florencia. Pero desde que los
papas comenzaron a encargarle la construcción de grandiosos monumentos, creó un estilo
gigantesco, vigorosísimo, lleno de pasión, independiente y excepcionalmente suyo.
Benvenuto Cellini fue, además de escultor, un gran orfebre. Su obra monumental en bronce
de Perseo con la cabeza de Medusa fue un símbolo del triunfo de la familia Medici sobre la
República florentina. Es el autor del Cristo de mármol del monasterio de El Escorial.
Juan de Bolonia, inmerso en el Manierismo con el que finalizaba el Renacimiento, realizó un
profundo estudio de la antigüedad clásica, que tomó como modelo. Desarrolló su propio
estilo basado en el manierismo tal vez menos emotivo, pero más refinado y elegante. Sus
estatuas, como un todo, están cuidadosamente equilibradas, lo que les da ligereza y gracia.
Esto no concuerda mucho con la visión de autores como Miguel Ángel que creían que la
escultura debe recordar en cierta forma que es un pesado bloque de piedra extraído de la
roca y modelado, pero Juan de Bolonia rompe con dicha concepción, prefiriendo desafiar los
cánones y mostrar los efectos que se pueden llegar a lograr.
Michelangelo Buonarroti:
Michelangelo Buonarroti, conocido en español como Miguel Ángel Buonarroti, trabajó sobre
todo la piedra y el mármol de Carrara. Prefería trabajar con grandes bloques, adivinaba la
figura que había dentro del mármol y lo único que debía hacer era extraerla. Para él, la piedra
era algo más que un material, era el espíritu de la obra. Muchas veces trabajó de forma
directa, sin bocetos previos y, aun así, lograba figuras limpias y sin errores.
La figura de Miguel Ángel Bounarroti (1475-1564) es tan grande que eclipsa por completo al
resto de escultores de la primera mitad del siglo XVI. Fue una artista total que sobresalió en
todos los campos, pero se consideró, ante todo, escultor. Sus esculturas fueron el punto
culminante del clasicismo renacentista y el origen del manierismo Dedicó su obra a captar la
tensión espiritual contenida. No exterioriza los sentimientos de forma clara, prefiere ahogarlos
y provoca con ello la fuerza interior y la pasión que todas sus obras transmiten al espectador
(terribilitá). Miguel Ángel plasmó los sentimientos más profundos e intensos a través de lo que
los griegos llamaron el pathos, las pasiones reprimidas.
Es autor de uno de los más admirables desnudos masculinos jamás
esculpidos, el David (1501-3), en el que demostró su perfecto
conocimiento de la anatomía. Fue esculpido para la plaza de la
Signoria de Florencia, como un símbolo de la ciudad. Es una
escultura de enormes dimensiones que se ven potenciadas por su
pedestal. Cuentan sus biógrafos que realizó esta escultura a partir
de un gran bloque de piedra desechado por otro escultor en
forma de cubo rectangular. Miguel Ángel se sintió fascinado por el
bloque de piedra incluso antes de empezar a trabajar en él.
El momento elegido es diferente al de Donatello, justo en el
instante previo al lanzamiento de la piedra, cuando la
concentración y la tensión son más fuertes. En su mano sostiene la
honda que cuelga por su espalda. La mirada está fija en su
enemigo. Pero la energía aún está contenida, un movimiento en
potencia que recuerda a Discóbolo. Toda esa energía interior
aflora a través de su piel, en las manos, con las venas acentuadas,
en el rostro, ligeramente fruncido. Se diferencia también del
modelo de Donatello en que representa una figura varonil, más desarrollada, aunque también
desnuda.
La perfección de la obra se rompe en pequeños detalles, como el tamaño de la mano derecha
es demasiado grande en proporción al resto del cuerpo, y la sensación plana del conjunto,
debido a que había sido extraída de un bloque desechado y que obligó al escultor a adaptarse.
La Piedad del Vaticano (1497) es un claro
ejemplo de la tensión espiritual contenida, del
pathos. Muestra un momento de máximo
dramatismo y tristeza, pero con gran
contención. Su composición es clara,
equilibrada, de forma piramidal, típicamente
renacentista. El bello y juvenil rostro de María
pone de manifiesto el carácter eterno de su
virginidad2 y la búsqueda platónica de la belleza
ideal. Su gesto muestra resignación ante la
injusticia o la voluntad de Dios, pero también es
un gesto maternal. El cuerpo de María, por
contraposición, se muestra recio, de volúmenes
plenos, capaz de soportar el peso del cuerpo
inerme de su hijo muerto. La figura de Cristo
pese a ser un cadáver se muestra joven, pero cae a peso muerto de entre los brazos de su
madre.
I.3.2.2. Pintura
La pintura del Cinquecento supone la cumbre del Renacimiento italiano. Se desarrolló, como
su nombre indica, en la Italia del siglo XVI, pero no abarca toda la pintura de ese siglo, sino
solamente la del primer tercio, ya que el clasicismo y el equilibrio propios de este Alto
Renacimiento desaparecen a partir de la década de los veinte. Para el período 1520-1600 se
prefiere usar el término de Pintura manierista. Representan la cumbre del renacimiento tres
maestros de la escuela florentina que, sin embargo, destacarán por sus trabajos en otras
ciudades, especialmente Roma: Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio.
Con respecto a la pintura del Quattrocento, se ha producido un avance notable. Sigue
trabajándose sobre todo la temática religiosa, pero se tratan también otros temas. Los
pintores ya no se obsesionan con la perspectiva lineal y geométrica, sino que procuran una
mayor naturalidad en sus obras. Alcanzan así un clasicismo que expresa un mundo en orden y
perfectamente equilibrado entre fuerzas aparentemente contrapuestas como la dualidad
entre lo real y lo irreal o el movimiento y el reposo. Rafael y las obras de juventud de Miguel
Ángel ejemplifican esta serenidad ideal, buscando el modelo ideal que subyace a las formas
naturales del cuerpo humano.
Generalmente, los grandes maestros tienden a dar más importancia al dibujo que al color. Solo
en las pinturas de Leonardo alcanzan también una proporción adecuada el énfasis en uno u
otro aspecto; la preponderancia del color sobre el dibujo es típica, sin embargo, de la escuela
veneciana. Quedan así caracterizados los dos centros pictóricos en torno al año 1500: por un
lado, Roma, donde predomina la preocupación por el dibujo y la forma, que alcanza
dimensiones escultóricas y colosales en Miguel Ángel; y por otro lado Venecia, donde se
prefiere el color. En paralelo, el dibujo va perdiendo preeminencia, a medida que los contornos
se van difuminando, con lo que se logra un claroscuro de luces y sombras que permiten
modelar suavemente las figuras para que aparezcan más redondeadas. De esta manera se
logra una mayor sensación de volumen y, en el paisaje, la profundidad de la perspectiva aérea
o cromática, por contraposición a la estricta perspectiva geométrica propia del Quattrocento.
Para conseguir este volumen se utilizan, además, otras técnicas, como la de colocar un brazo
por delante de la persona retratada, lo que inmediatamente sitúa el tronco del retratado en un
segundo plano. Esto se ve en La Gioconda, lo mismo que en el Autorretrato de Durero del
Prado.
Esta característica se relaciona con otra circunstancia que permite diferenciar a los cuadros del
Cinquecento de los del Quattrocento: el uso de la luz. En los cuadros de Botticelli, por ejemplo,
la luz era directa, resultando un dibujo un poco plano, de manera que parecía vivir siempre en
una eterna primavera. En cambio, apenas una generación después, la luz incide de manera
distinta, creando sombras que aportan mayor realidad y perspectiva. No son ya escenas
vibrantes y luminosas, sino que aparece la neblina o el crepúsculo.
Al lograr ese perfecto equilibrio en tan solo una generación, se cerraban las vías hacia un nivel
más alto o una nueva creatividad, porque no era posible mejorar la perfección. De este modo,
los altos niveles conseguidos por Leonardo, Rafael y Miguel Ángel no podían mejorarse y sí
tratar de imitar una y otra vez, pintando los artistas posteriores a la maniera (esto es, «con el
estilo») de esos grandes maestros del Alto Renacimiento, que es lo que se ha dado en llamar el
Manierismo o «Renacimiento tardío» (1520-1600). En esa segunda mitad del siglo XVI el arte
se hace caprichoso, se toman temas alegóricos, muchas veces de difícil comprensión. Se pierde
la sensación de orden, equilibrio y serenidad, sustituida por otra de nerviosismo y
desequilibrio: el Manierismo anticipa claramente el Barroco.
El rigor en la composición, con tendencia a adoptar formas piramidales, producen esa
sensación de orden y equilibrio. Las figuras se colocan, por lo tanto, dentro de un claro
triángulo, relacionándose entre ellas por las miradas y las manos.
Durante el periodo se consolidaron los logros y tendencias del siglo XV, pero también se
introdujeron algunas novedades:
Predominio de la pintura al óleo sobre tela (aunque también se pintaron frescos
monumentales como los de la Capilla Sixtina).
Utilización del claro-oscuro: lo contorno dejan de definirse con líneas para hacerlo con
un juego de luces y sombras, dando como resultado un modelado más blando.
El sfumato y la perspectiva aérea sustituyen a las perspectiva lineal y matemática.
Las composiciones son grandiosas, simplificadas y la claridad, frente a la complejidad
de las pinturas del siglo XV.
Desaparece lo anecdótico y la influencia flamenca pues se supera.
Los marcos arquitectónicos se reducen al mínimo.
Los pintores se concentraron en la búsqueda de la belleza ideal1 y la perfección,
prestando gran atención al cuerpo humano, especialmente desnudo (tanto masculino
como femenino).
Leonardo da Vinci, Miguel Ángel Buonarroti y Rafael Sanzio:
Leonardo da Vinci (1452-1519) constituyó, con su pasión por las más diversas formas del
saber, el gran arquetipo renacentista, mostrándose tan apto para la ciencia como para la
creación estética. Ya en la Virgen de las Rocas (1483-85) se había demostrado su gran maestría
en el dominio de la composición triangular y de los efectos lumínicos. Somete al dibujo a un
efecto de difuminado (el sfumato), por medio de contrastes suaves de luces y sombras, que
crean volumen y provocan aire enigmático a las figuras.
En La Última Cena (1495-97), en el
Convento de Santa María de las
Gracias, de Milán, podemos ver, a
pesar de su deterioro (provocado
por el escaso cuidado que se tuvo
en su conservación, y por las
sustancias químicas que el pintor
introdujo en sus pigmentos), el
impresionante equilibrio y
estabilidad de la composición,
enmarcada por una arquitectura a la medida de los personajes, y situando el punto de fuga
central detrás de la cabeza de Cristo.
La Gioconda (1503) es, sin duda, su más famosa obra, el delicado sfumato aparece tan
perfeccionado que los contemporáneos lo calificaron de milagroso. Las formas están
construidas con capas de veladuras tan maravillosamente sutiles, que se diría que toda la
obra refulge por efecto de una suave luz que ardiera en el fondo.
La obra de Rafael Sanzio (1483-1520) es muy amplia, gran parte de ellas se deben a su taller y
sólo los detalles más importantes son obra del pintor de Urbino. Su prematura muerte hizo
que toda su obra sea de la época de juventud y refleja el positivismo e idealismo clasicista en
toda su época, que fue truncado por el saqueo de Roma que él no vivió.
Es innegable el encanto de sus Madonnas y la calidad de los elementos pictóricos de sus obras:
luces, color o composición. Sus grandes aportaciones fueron la concepción espacial de sus
obras: profundidad y la amplitud de espacio en que se mueven las figuras de las grandes
composiciones, como en La Escuela de Atenas o en La Disputa del Sacramento de las logias
vaticanas.
Los Desposorios de la Virgen (1504) es una obra de su etapa
en Perugia (1501-1504), donde se formó en el taller de
Perugino. La composición se asemeja a la obra de su
maestro La entrega de las llaves a San Pedro, con un suelo
geométrico que ayuda a generar profundidad. En el primer
plano observamos la aparición de los personajes más
importantes en una boda judía: en el centro se sitúa un
rabino que sirve como eje de simetría de la obra; a los
lados, la Virgen María, representada como una mujer de
gran belleza, y José, junto a ellos el resto de los personajes
formando dos grupos (mujeres y hombres, uno de ellos
rompe una vara como parte del ritual. Al fondo un templo
de planta central al estilo de Bramante con una gran cúpula
y pórtico jónico. Destaca la belleza y el idealismo, es una
pintura influida por el neoplatonismo.
Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) fue, fundamentalmente, un escultor y eso se plasmó en
su pintura, que conserva la energía del dibujo y el deseo de movimiento y fuerza que inspiró su
obra plástica.
El tondo de la Sagrada Familia o Tondo Doni (1503) es una de las pocas
pinturas de caballete de Miguel Ángel. Es una composición pre-
manierista con escorzos profundos y las torsiones, sobre todo en
la figura de María. Miguel Ángel prescinde de signos
iconográficos como las aureolas. Destaca la importancia del
dibujo, que matiza los contornos. Pinta sus figuras con
tratamiento escultórico, todas muy musculosas, incluso las
mujeres. Los colores muy vivos, predominando los primarios. El
paisaje de fondo es muy original, poblado de figuras desnudas,
verdaderos estudios anatómicos masculinos que no se sabe muy bien
que representan.
Bóveda de la Capilla Sixtina (1508-1511). Miguel Ángel recibió el encargo de pintar las
bóvedas de la Capilla Sixtina del papa Julio II sin gran entusiasmo, pues le apartaba de los
proyectos escultóricos que realmente le motivaban, además no dominaba la técnica al
fresco. Finalmente, el artista debió ceder ante la presión del papa.
I.3.2.3. Arquitectura
Equilibrio, austeridad, robustez y predominio de la arquitectura sobre la decoración son
características principales de las edificaciones cinquecentistas clasicistas, como se puede
apreciar claramente en las obras de uno de sus principales representantes, Bramante. Se
emplean ahora los volúmenes con un sentido plástico, buscándose el contraste y el juego
mediante la conjugación de las formas y el manejo de la luz (elementos cuyo uso teatral se
buscará deliberadamente, exagerándolo, durante el periodo manierista).
Esta es una época de grandes construcciones y autores, a lo largo de este siglo XVI se inicia el
desarrollo y ejecución de uno de los más importantes planes arquitectónicos como el
destinado a la creación de la basílica de San Pedro del Vaticano (es preciso señalar de nuevo
que Roma ostenta la capitalidad artística en estos momentos, además de la cristiana, con lo
que se hacía necesaria una intervención de estas características que viniera a reforzar y
recalcar dicha realidad).
Entre las características de la arquitectura clasicista renacentista del Cinquecento, podemos
destacar que:
Se inspira directamente en los modelos clásicos, buscando la armonía, el orden y la
proporción.
Hay una tendencia hacia el Purismo: ausencia de ornamentación.
Opta por las plantas centralizadas con cúpula
En el segundo tercio del siglo XVI, se empieza a abandonar el equilibrio y la armonía de
tendencia clásica, perdiendo el interés por la proporción y la serenidad, y centrando la
atención en el decorativismo. Ello anuncia la crisis del Renacimiento y el inicio del
manierismo que triunfará en Venecia. Con el desarrollo del Manierismo en el segundo tercio
del siglo XVI, se produce la revisión interna y la difusión exterior de la arquitectura humanista
del Cinquecento.
Los principales arquitectos del Cinquecento son Bramante y Miguel Ángel, cuya producción
se centra en Roma. En un segundo plano, estarían los arquitectos manieristas como
Sansovino, Vignola y Andrea Palladio.
Características:
• La primera diferencia que se aprecia en la arquitectura del Cinquecento con respecto al
siglo anterior es la grandiosidad creciente de los edificios. Se buscaba, de un modo
consciente, la equiparación con las construcciones de la Roma imperial, sobre todo en las
termas y mansiones.
• Donato Bramante es el arquitecto que mejor representó los nuevos enfoques de la
arquitectura. Era un hombre plenamente renacentista, que se formó en la corte humanista
de Federico de Montefeltro, duque y mecenas de la ciudad de Urbino. Sus inicios como
arquitecto se movieron dentro de los postulados clásicos preconizados por Brunelleschi y
Alberti; poco a poco, sin embargo, su obra fue evolucionando al entrar en contacto con las
obras romanas de la ciudad papal.
• Fue precisamente en su labor romana donde se manifestaron
las innovaciones que diferencian el siglo XV del XVI. En Roma,
las obras realizadas por los arquitectos clásicos podían ser
apreciadas más de cerca, y su majestuosidad y grandeza se
contagió a los nuevos edificios. La pureza de los elementos
arquitectónicos se hizo más notoria y el elemento ornamental
perdió relevancia. Del mismo modo había sucedido en la propia
Roma predomina el principio de la firmitas y de la utilitas. Lo
mismo sucedió con las obras del siglo XVI: de súbito parecía que
fuese fundamental mostrar los elementos arquitectónicos
dentro de una estética de gran austeridad.
• Las grandes cúpulas siguieron vigentes, pero comenzó a emplearse la planta centralizada
en lugar de la de cruz latina del siglo anterior. Era un tipo de planta que se compaginaba
mejor con los presupuestos neoplatónicos, que consideraban como ideal los brazos de igual
longitud. Los parámetros empleados en las construcciones presentan una tendencia al uso de
materiales de aspecto rústico, más acordes con la idea de la simplicidad y de la austeridad.
Los ejemplos más significativos de la obra de Bramante muestran esos cambios.
• El modelo de palacio del siglo
XV se reforma ahora siguiendo el
diseño de la fachada del Palacio
Farnesio de Roma, construido en
1514 por Antonio de Sangallo y
modificado por Miguel Ángel. La
superficie es sobria y el aparejo
almohadillado se reduce a la
portada. En el piso principal las
ventanas son adinteladas y se cubren por frontones alternos (curvos y triangulares), en un
esquema que tendrá gran éxito. El edificio se remata con una pronunciada cornisa. La
decoración de las fachadas de los palacios se realiza con elementos arquitectónicos como
único adorno. Uno de los esquemas decorativos más repetidos será la utilización de los
diferentes órdenes clásicos en cada uno de los pisos, de los considerados más consistentes a
los más aéreos. Así, el orden dórico se empleaba en el piso bajo, continuando en los
superiores con el jónico y el corintio. A este esquema lo denominamos superposición de
órdenes.
• Otro fenómeno característico del siglo XVI, paralelo a esa vuelta a la sobriedad clásica, fue
la construcción de villas en las afueras de las ciudades. Las familias aristocráticas salieron de
los cascos urbanos, en parte debido a su crecimiento, en parte a los problemas higiénicos y
sanitarios que encerraban en caso de guerra o enfermedad. Si en el siglo XV se constataba la
edificación de los palacios en las ciudades, en el XVI estos se levantaron en el campo, aunque
fueron las mismas familias las que los costearon.
I.3.2.4. Tipos de edificaciones
Podemos hacer una diferenciación entre la arquitectura manierista y la arquitectura del
clasicismo. En la primera, la preocupación principal de los arquitectos es lograr efectos
visuales.
Rechazo de las normas, buscando un concepto de belleza y la libertad individual.
Yuxtaposición de los elementos arquitectónicos, así como el empleo de elementos clásicos,
pero combinados de forma novedosa.
En la arquitectura clásica, la principal protagonista será la antigua ciudad de Roma. Modelos
clásicos como principal fuente de inspiración. Ausencia de ornamentación y una búsqueda de
purismo.
El Vaticano en el siglo XVI fue considerado toda una fábrica de arte. Sus artistas más
reconocidos en el Cinquecento fueron Bramante, los Sangallo, Rafael y Peruzzi.
Donato Bramante (1444-1514):
Donato d'Angelo Bramante, conocido simplemente como Bramante (1444-1514), tuvo una
formación quattrocentista, pero su plenitud artística la alcanza en el s. XVI. Su estilo
arquitectónico está caracterizado por la severidad y el uso de planta central cubierta con
cúpula. Sus obras más destacadas se encuentran en Roma.
Arquitecto italiano, considerado el más influyente del
alto renacimiento. Al principio se trabajó como pintor,
pero en 1482 se instaló en Milán y comenzó su labor
como arquitecto. Sus más famosos proyectos en Milán
son la iglesia de Santa María presso, San Satiro, el ábside
de Santa María delle Grazie y muestran la influencia de
Leon Battista Alberti y Leonardo da Vinci.
Iglesia de Santa María Presso
Bramante tuvo dos grandes proyectos que no se
llevaron a cabo: la reconstrucción de la basílica de
San Pedro y el plan para los palacios del Vaticano.
Entre los últimos proyectos de Bramante, destaca el
del Cortile del Belvedere, que nunca llegó a realizarse
con la forma que Bramante diseñó. Sin embargo,
este proyecto es una muestra del porqué Bramante
es considerado uno de los representantes artísticos
del alto renacimiento italiano, ya que consiguió unir Cortile del Belvedere
con éxito los ideales de la antigüedad clásica y los de
la cristiandad.
Giuliano da Sangallo (1445-1516):
Arquitecto y escultor. Una de sus primeras obras fue la residencia
de Lorenzo de Médicis en Poggio de Caiano. A sus cuarenta años
construye su obra maestra: la Basílica de Santa María delle Carceri
(1485-91), en Prato, es una de las
primeras construcciones de plan
central, es decir, con planta de cruz
griega adaptada a los tiempos
Santa María delle Carceri modernos, esto da el efecto que la
obra es una sola unidad; logra integrar la función con la
decoración con materiales florentinos.
Antonio da Sangallo el Viejo (1453–1534):
Arquitecto italiano, de la línea Renacentista. Inicialmente trabajó con su hermano Giuliano da
Sangallo, luego se independizó y logró cobrar fama como ingeniero militar. Entre sus
principales trabajos figuran la construcción de muros y fortificaciones en Arezzo,
Montefiascone, Florencia y Roma.
La mejor obra de este arquitecto es la Iglesia de San
Biagio en Montepulciano. El edificio, presenta una
planta de cruz griega, común en los edificios de culto
católico de la época. Antonio da Sangallo el Viejo utilizó
como referencia la basílica de Santa María delle Carceri
en Prato, diseñada una generación antes por su
hermano Giuliano da Sangallo. La misma planta,
derivada de algunos trabajos de Filippo Brunelleschi, se
aplicó al proyecto original de Bramante y Michelangelo Iglesia de San Biagio (Montepulciano)
Buonarroti para la basílica de San Pedro o la iglesia de
Santa María della Consolazione de Todi, de origen incierto.
Antonio da Sangallo el Joven (1484-1546):
Arquitecto del Renacimiento italiano. Se trasladó muy joven de su Florencia a Roma, ahí fue
alumno de Donato Bramante, quien influyó sus trabajos en gran medida, llegando a ser el
continuador del estilo de su maestro.
Una de sus obras es la iglesia de Santa Maria di Loreto de
Roma, que está construida en ladrillo y travertino y es notable
por la gran belleza de proporciones y el efecto noble que
produce de manera muy sencilla. El orden inferior es de
planta cuadrada, la parte superior es octogonal y el conjunto está coronado por una elegante
cúpula y una alta linterna erigidas más tarde por Giacomo Del Duca, discípulo de Miguel
Ángel.
En la fachada hay una Madonna de la escuela de Andrea Sansovino mientras que los ángeles
que están en las puertas laterales son obra de Jacopo del Duca. El interior es de forma
elíptica con cinco altares. Un mosaico de Santa Caterina della Rota adorna el nicho lateral. A
los lados del altar central, dos obras del manierismo italiano del siglo XVII, la Presentazione al
Tempio de Filippo Micheli y el Sacro Cuore di Gesù del Finelli, proporcionan un telón de
fondo del icono de Nuestra Señora de Loreto, icono venerado desde el siglo XVI, que se
tradujo en la erección de la iglesia dedicada a él.
Michelangelo Buonarroti y la creación del nuevo lenguaje Arquitectónico:
La arquitectura de Miguel Ángel no respetó los cánones
renacentistas que utilizaban los elementos clásicos con
rigor, él los modificaba con su propia interpretación. Esto
hizo que se le considerara precursor del manierismo, ya
que el término maniera, usado ya en el siglo XV para
indicar el estilo de cada artista, fue empleado por Giorgio
Vasari en el siglo XVI, refiriéndose a las obras de Miguel
Ángel.
Miguel Ángel logra mostrar movimiento y tensión en sus
obras y lo hace jugando con el muro, el vano, las formas y el color. Los elementos
arquitectónicos los trabaja de forma escultórica, pero utilizando un orden de tamaño colosal.
Este nuevo lenguaje arquitectónico de Miguel Ángel fue adoptado por otros arquitectos y
terminó generando el Manierismo, que años más tarde se convirtió en el Barroco.
Sebastiano Serlio (1475-1554):
Arquitecto italiano de la línea manierista. Trabajo con un grupo de
artistas italianos en la construcción del Palacio de Fontainebleau.
Uno de sus aportes a la arquitectura es que colaboró en la
clasificación de los órdenes clásicos, lo hizo en su tratado “Tutte
l'opere d'architettura et prospettiva”.
El primer volumen de su tratado apareció en Venecia en 1537. El
modelo de fachada de iglesia propuesto por Serlio en este tratado
fue una versión más clásica que la diseñada por Alberti en Santa
María Novella, en Florencia.
Tutte l'opere d'architettura
et prospettiva
Jacopo Sansovino (1486-1570):
Diseñó palacios, iglesias y edificios públicos, en los que unía la tradición clásica de Bramante
con un estilo más ornamental, propio de Venecia. El palacio Corner, que diseñó en 1532,
posee la primera fachada con elementos clásicos de Venecia. La obra maestra de Sansovino,
la Biblioteca Marciana (1536-1588), se basa en el antiguo teatro de Marcellus de Roma, Con
columnas dóricas en el primer nivel, mientras que en el segundo piso las columnas jónicas
crean una fachada majestuosa. Sansovino ejerció una enorme influencia en los arquitectos
venecianos posteriores, como Andrea Palladio.
Fuentes (Links):
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