Liderazgo
Cómo Guiar a Otros con Integridad
Stephen Viars
Liderazgo fue publicado originalmente en inglés bajo el título Leadership.
Author: Stephen Viars
Publisher: New Growth Press
© 2012, Stephen Viars
A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina-
Valera 1960 ® © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovada © Sociedades Bíblicas
Unidas, 1988. Reina-Valera 1960 ® usadas con permiso.
© 2019
EB-531
ISBN 978-1-944839-79-6
Editorial Bautista Independiente
3417 Kenilworth Blvd
Sebring, FL 33870
www.ebi-bmm.org
(863) 382-6350
Liderazgo
Cómo Guiar a Otros con Integridad
Sabrina es una reservista de veintiséis años de edad en la Guardia Nacional. Su
comandante en jefe acaba de informarle que la seleccionaron para ascenderla a sargento
primera. Ahora será responsable de entrenar a los nuevos reservistas de su parte del
estado. Por un lado, Sabrina está encantada. Casi no puede esperar para contarle a su novio
lo que acaba de suceder. Su papá, un coronel jubilado de la Fuerza Aérea, explotará del
orgullo. Sabrina casi puede ver la amplia sonrisa sobre su rostro cuando se entere de la
noticia. Pero, por otro lado, su mente va a toda marcha mientras camina por el pasillo. El
corazón se le está llenando de miedo y aprensión porque tendrá que liderar a cientos de
personas. Nunca antes lo ha hecho. Se pregunta: ¿Cómo se lidera a las personas?
Juan acaba de terminar un destacamento de diez meses en la armada. Su esposa Bianca
ha hecho un excelente trabajo al guiar a sus dos hijos pequeños mientras él no estaba. Por
necesidad, tuvo que ser mamá y papá en muchos sentidos. Tanto Juan como Bianca cuentan
los minutos para volver a verse. Sinceramente, él anhela el momento de abrazar a su esposa
y sentir su calidez. En su mente, ve cómo sus hijos corren por los pasillos del aeropuerto.
Cuando llegue ese momento, los apretujará y ellos chillarán de contentos. Sin embargo,
Juan ha escuchado muchas historias de la boca de sus compañeros sobre la inevitable
tensión que surge cuando el esposo y padre regresa al hogar. Quiere asegurarse de hacer
bien las cosas, pero se pregunta: ¿Cómo se guía a las personas?
Juliana acaba de hablar por teléfono con su pastor. Hace varias semanas, los ancianos
de su iglesia le pidieron que se encargara del ministerio de guardería infantil. Hubo
problemas con la limpieza, la organización y los ánimos entre las personas que servían, y los
ancianos creen que Juliana es la persona perfecta para llevar este importante ministerio al
siguiente nivel de excelencia. Juliana lo habló con su esposo, y ambos creen que esta
responsabilidad le permitirá usar sus dones organizativos y su amor por los niños y las
familias jóvenes. Por eso, le dijo que sí a su pastor, y se sintió emocionada por la noticia.
Juliana tiene una sensación de satisfacción, porque verdaderamente cree que tomó una
decisión que honra al Señor. Sin embargo, ahora se enfrenta a una gran pregunta: ¿Cómo
se lidera a las personas?
Hace seis años que Franco está en el consejo directivo de la sede local de la Cruz Roja
estadounidense. Como bombero, fue testigo de la forma en que la Cruz Roja sirvió a familias
y bomberos en la línea de fuego del desastre, y le alegró poder unirse a la junta cuando se
lo pidieron. Pero ahora, el grupo le ha pedido que sirva como director del consejo durante
los próximos dos años. Cuando Franco mira a los miembros de este grupo de profesionales
médicos, empresarios, abogados y otros líderes de la comunidad, su nueva posición le
resulta intimidante. Para sus adentros, se pregunta: ¿Cómo se encabeza a las personas?
¿Cómo se guía a las personas en la dirección correcta?
No hay ningún enfoque generalizado para el liderazgo. Los buenos líderes vienen en
diversas formas y tamaños. Surgen de una variedad de trasfondos y experiencias de vida.
Sabrina dirigirá a sus tropas reservistas de una forma distinta a la que usará Juan para guiar
a su familia. El trabajo de Juliana en la guardería no será el mismo que los esfuerzos de
Franco con el consejo en la Cruz Roja. Pero para poder liderar bien a las personas, cada uno
de ellos necesitará cultivar y mantener un componente crítico en el proceso: la integridad.
Nadie puede liderar bien sin integridad.
Tal vez te sorprenda enterarte de que la integridad es esencial para un buen liderazgo.
Quizá te preguntes: ¿Por qué no el don de gentes? ¿Y las habilidades organizativas? ¿O ser
un comunicador eficaz? Es cierto que puedes lograr que las personas hagan lo que quieres
utilizando una serie específica de habilidades, pero eso no es un liderazgo verdadero. El
verdadero liderazgo implica cuidar y proteger a aquellos a quienes Dios ha colocado a tu
cuidado, y hacerte responsable de su bienestar. Los líderes piadosos no usan su autoridad
para aprovecharse de los demás o para mejorar sus propias vidas; en cambio, la utilizan
para ayudar a las personas sobre las cuales Dios les ha dado autoridad.
Lamentablemente, los que están en posiciones de liderazgo suelen hacer exactamente
lo opuesto: usan su autoridad para aprovecharse de las personas que son llamadas a guiar.
Todos los líderes se ven tentados a obtener lo que quieren de su posición de autoridad en
lugar de hacer lo que Dios quiere y lo que es mejor para las personas a las que están
dirigiendo. Por eso, todos los líderes necesitan integridad. Sin integridad, puedes lograr que
los demás hagan lo que quieres, pero no estarás haciendo lo que es mejor para ellos ni lo
que Dios te ha llamado a hacer.
El diccionario define la integridad como: (1) Estado de una cosa que tiene todas sus
partes o que no ha sufrido alteración. (2) Cualidad de una persona íntegra, recta, honesta.
Esto es lo que Sabrina, Juan, Juliana, Franco y cualquier otro líder necesita para ocuparse
verdaderamente de las personas que Dios ha puesto bajo su autoridad. Liderar con
integridad significa que los demás pueden confiar en que no les mentirás ni intentarás
manipularlos. En cambio, tomarás decisiones según lo que es correcto y lo que más les
conviene a ellos. La persona que lidera con integridad se transforma en un líder completo;
alguien que no solo tiene las habilidades necesarias para el liderazgo, sino también el
carácter necesario para dirigir bien a las personas.
Por supuesto, todos nosotros podríamos responder diciendo: “Estas son cualidades que
no siempre tengo. No me siento completo o perfecto, y sé que a veces no estoy a la altura
de lo que implica la rectitud, la honradez y la sinceridad. ¿Por qué acepté este cargo si estoy
tan lejos de estar a ese nivel?”.
¿Te gustaría escuchar una buena noticia? Dios te ha dado su Palabra para ayudarte y
guiarte, para que te transformes en un líder con integridad. Pablo le dijo a Timoteo (un
joven a quien el apóstol estaba entrenando para que fuera líder): “Toda la Escritura es
inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia,
a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”
(2 Timoteo 3:16–17).
Compara la definición del diccionario de integridad con lo que Pablo explica sobre el
propósito de la Biblia. A nuestro gran Redentor le encanta glorificarse empezando con
personas débiles e insuficientes, y transformarlas en hombres y mujeres idóneos y
capacitados para toda buena obra; personas íntegras. En la Palabra de Dios, hay muchos
pasajes para ayudar y capacitar a los líderes, pero considera el siguiente:
Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro
Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la
cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios. Y no sólo
esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la
tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la
esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros
corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:1–5).
Estos versículos nos dan los cuatro principios para ayudarnos a liderar con integridad.
Principio del Liderazgo N.º 1: Establece una Relación con el
Líder Supremo
En Romanos 5:1, Pablo describe una relación con Jesucristo que es real, íntima y
transformadora. Nos explica que debido a nuestra condición pecaminosa y nuestra
incapacidad de salvarnos, Dios envió a su Hijo Jesús a morir en la cruz en nuestro lugar. Esto
llega a un clímax en el capítulo 10, cuando Pablo declara: “si confesares con tu boca que
Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.…
porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9, 13).
Espero que tengas esta clase de relación con Cristo, porque conocerlo y confiar en él es
la única manera en la que puedes transformarte en un líder que ayude verdaderamente a
las personas que están bajo tu autoridad. Si no lo conoces, ahora sería un excelente
momento para reconocer tu necesidad de Jesús y poner tu fe en él. Si lo conoces, puedes
estar seguro de que conocerlo cada vez más es lo que te capacitará para la posición de
liderazgo en la que Dios te ha puesto. No importa si hace años que eres creyente o si acabas
de recibir a Cristo, recuerda que no estás tratando de transformarte en un líder eficaz por
tu cuenta. Por fe, estás relacionado personalmente con el Líder más grande de todos los
tiempos.
El carácter de Jesús es tan rico y multifacético que la Escritura usa muchos nombres para
ayudarnos a entender su belleza y majestad. Varios de estos nombres enfatizan el líder
maravilloso que es Jesús. Por ejemplo, Isaías profetizó que él sería: “Admirable” y el
“Príncipe de Paz” (Isaías 9:6). Sus discípulos lo llamaron “Maestro” (Lucas 8:24, Marcos 4:38)
y “Señor” (Mateo 14:28). El escritor de Hebreos usó el pintoresco “autor de la salvación de
ellos” (Hebreos 2:10) para describir la posición que Jesús tiene en la vida de sus seguidores.
La vida de Cristo es un estudio sobre cómo obrar con integridad. Sus palabras estaban
llenas de gracia y de poder. Sus acciones se caracterizaban por la compasión y la autoridad.
Con razón, más adelante, el apóstol Juan resumiría la vida de Jesús diciendo: “Y aquel Verbo
fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14). Personas de una variedad de trasfondos
étnicos y económicos seguían a Jesús. Incluso después de que Cristo ascendiera al cielo,
cuarenta días después de su resurrección, su liderazgo no se terminó. Al poco tiempo de
que Jesús dejara esta tierra, el Espíritu Santo prometido fue derramado sobre sus
seguidores. La promesa de Jesús a los discípulos de que no los dejaría huérfanos, sino que
vendría a ellos, se hizo realidad (Juan 14:16–18). Cuando fueron llenos del Espíritu Santo,
experimentaron el poder de Dios para cambiarlos y equiparlos. Como resultado, a los
seguidores de Jesús se les acusó de trastornar el mundo (Hechos 17:6).
Relacionarse con Jesús significa que tienes el mismo Espíritu de poder, amor y dominio
propio que lo llenaba a él. Estás en Cristo (Efesios 1:4) y él está en ti (Colosenses 1:27). Con
humildad, puedes acudir al Señor y reconocer tu absoluta incapacidad de liderar a otros por
tus propias fuerzas. Imagina lo poderoso y eficaz que puede ser tu liderazgo si buscas guiar
a otros en la sabiduría y el poder de Cristo. Junto con el apóstol Pablo, puedes mirar las
grandes responsabilidades que Dios ha dado y proclamar: “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece” (Filipenses 4:13). Los líderes sabios nunca intentan hacer todo por su cuenta;
pero no hace falta que enfrentes esta tarea solo si has establecido una relación personal
con el Líder más grande de todos los tiempos.
Ayuda para Sabrina
¿Qué hace Sabrina con una verdad como esta? La usa para prepararse para los desafíos
que enfrenta como líder. En la mañana de su primera reunión con su nuevo equipo,
mientras se viste y se prepara para el día, se recuerda que no entrará sola a la sala de
reuniones. Mientras se mira al espejo y sonríe, piensa: Estás en Cristo… eso es lo que te
define y te da dirección para este día. Se toma su tiempo antes de salir de la casa y se sienta
a orar a su Señor y Rey, dándole gracias por haberle prometido que nunca la dejará ni la
abandonará. Reconoce sus temores y le pide que le dé fuerza, sabiduría y gracia. Le dice a
Jesús que desea que los demás lo vean a él en la manera en que ella dirigirá. El evangelio
quita la soledad que a veces viene con el liderazgo, porque la unión de Sabrina con Cristo a
través de su Espíritu significa que nunca está verdaderamente sola. Está liderando con
integridad, a medida que aprende lo que significa estar completa en Cristo.
Principio del Liderazgo N.º 2: Mírate a Ti Mismo y a los Demás a
Través de la Lente de la Gracia de Dios
Los líderes cristocéntricos entienden que su relación con Dios depende absolutamente
de la gracia. Por eso, se miran a sí mismos y a las personas que lideran a través de la lente
de la gracia de Dios. Pablo les explicó a los efesios: “por gracia sois salvos por medio de la
fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”
(Efesios 2:8–9).
El apóstol dejó en claro que los seguidores de Jesús han sido introducidos por fe “a esta
gracia en la cual estamos firmes” (Romanos 5:2). Tu potencial para el liderazgo no es tan
solo la suma de todo lo que has hecho en el pasado. Gracias al maravilloso evangelio de
Cristo, estás metido hasta las rodillas en la gracia de Dios. Recuérdate cada día que Dios te
ve como su hijo amado, y que te dará la gracia que necesitas cada día para cualquier
problema y desafío que enfrentes.
Como los seguidores de Cristo ahora están firmes en la gracia de Dios, podemos
regocijarnos en que Dios decide no mirarnos según nuestros fracasos, errores y pecados del
pasado. La Escritura llega incluso a decir que, debido a la gracia de Dios, él arroja nuestro
pecado tan lejos como el oriente está del occidente (Salmo 103:12). Entender este principio
ayuda a los líderes piadosos a reaccionar bien ante los fracasos y las deficiencias de las
personas a quienes están intentando guiar. Deberíamos acostumbrarnos a pensar: “Puesto
que Dios decidió ser misericordioso conmigo, yo buscaré ser misericordioso con aquellos
que tenga el privilegio de liderar hoy”.
Una Gracia que Habilita
La historia de quiénes somos en Cristo sigue siendo asombrosa después de que
acudimos a él en arrepentimiento y fe. La Escritura enseña que el Señor elige relacionarse
con sus hijos por gracia. Esto incluye los dones y las habilidades que se nos han confiado,
descritas en la Palabra de Dios como “dones, según la gracia que nos es dada” (Romanos
12:6). Esto es lo que motiva a los líderes cristianos a responder a los demás con humildad y
sabiduría. Cualquier habilidad para el liderazgo que poseamos es sencillamente una
característica que nuestro Dios generoso nos ha concedido. Por eso, Pablo nos instruyó más
adelante en Romanos 12: “Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los
humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión” (v. 16). Lo hacemos porque sabemos
que cuando estamos frente a otros intentando dirigirlos, no nos apoyamos en nuestras
propias fuerzas y habilidades naturales, sino en la sublime gracia de nuestro Dios.
Una Gracia que Dirige
La gracia es gratuita para el que la recibe, pero muy cara para el que la otorga. Poder
disfrutar del regalo gratuito que recibimos en Cristo nos exige pagar el costo que sea
necesario para servir de manera sacrificada a otros. “Porque ya conocéis la gracia de
nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que
vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos” (2 Corintios 8:9). Las personas a las que
lideramos deberían saber que aunque se esperará que su desempeño demuestre un alto
grado de compromiso y capacidad, esas expectativas siempre estarán en un contexto de
gracia.
Una Gracia que Sustenta
El liderazgo puede ser cansador… y a veces, agotador. En esos momentos, podemos
acudir al evangelio de Jesucristo y encontrar un generoso suministro de gracia. Considera
al apóstol Pablo mientras contemplaba su terrible aguijón en la carne. La promesa de Jesús
para él durante ese desafío fue: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la
debilidad” (2 Corintios 12:9). Más adelante en el mismo versículo, la respuesta de Pablo a
esa increíble noticia fue: “Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,
para que repose sobre mí el poder de Cristo”.
Nuestra posición ante Dios no se basa en nuestra incompetencia y nuestros fracasos.
Los seguidores de Cristo se paran ante Dios vestidos de la obra completa de Jesucristo. Por
lo tanto, podemos decidir responder a aquellos a quienes somos llamados a guiar de una
manera similar a la que el Señor decide usar para guiarnos a nosotros. Todo es cuestión de
gracia.
Ayuda para Juan
Uno de los desafíos más grandes para un soldado es lograr una transición sin problemas
al regresar al hogar, después de un destacamento extenso. Por un lado, Juan no debería
concentrarse en sus fracasos como esposo y padre en el pasado. ¿Quién no ha fracasado en
todo sentido alguna vez? La Palabra de Dios es clara: como cristiano, Juan se para en el
umbral de su casa metido hasta las rodillas en la gracia de Dios.
Por otro lado, Juan no debería tratar a su esposa y familia con dureza y exigencia. Puede
ser amable y paciente con ellos porque la manera en que su Padre celestial ha sido amable
y paciente con él lo ha marcado de forma permanente.
La gracia ayuda a Juan a liderar con integridad. Su plenitud y entereza no surgen de sus
propios talentos y habilidades, sino de entender que sus fracasos del pasado fueron
perdonados por Cristo, y que ahora tiene el Espíritu de Cristo para ayudarle a guiar bien a
su familia.
Principio del Liderazgo N.º 3: Busca Glorificar a Dios
Nuestro pasaje clave de Romanos 5 afirma también que “nos gloriamos en la esperanza
de la gloria de Dios” (v. 2). Nuestro deseo no es atraer la atención hacia nosotros, sino vivir
de tal manera que las personas a las que guiamos vean a Jesús en nuestra vida. Glorificar a
Dios es darles a los demás una opinión correcta de él. Las personas deberían tener una
mejor comprensión de quién es Dios y cómo es él al observar nuestra forma de liderar.
Considera estos pasajes cruciales de la Escritura:
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas
obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos (Mateo 5:16).
Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios
(1 Corintios 10:31).
Toma un momento y usa las siguientes preguntas para considerar cómo tu liderazgo
ayuda a los demás a entender mejor a Dios.
1. ¿Las personas entienden mejor la misericordia de Dios por la manera en que
respondo a sus errores?
2. ¿Entienden mejor la santidad de Dios gracias a mis altos parámetros éticos?
3. ¿Entienden mejor la paciencia de Dios debido al tiempo que les concedo para que
crezcan y se desarrollen?
4. ¿Entienden mejor la veracidad de Dios por la forma en que me comunico con
honestidad?
5. ¿Entienden mejor la fidelidad de Dios al ver que cumplo mis promesas?
6. ¿Entienden mejor la bondad de Dios como resultado del tono de mi voz?
7. ¿Las personas entienden mejor el amor de Dios porque me desvivo por ayudarles y
servirles mientras las dirijo?
8. ¿Entienden mejor la gracia de Dios porque evito ser áspero y exigente de manera
irrazonable?
Si Dios te ha puesto en una posición de liderazgo, ¿por qué no te sientas con algunas de
las personas a las que guías y les preguntas si creen que estás glorificando a Dios con tu
manera de liderar? Pregúntales qué impacto tienen tus palabras y tus acciones sobre su
forma de pensar acerca de Dios. ¿Se sienten más inclinados a amarle y a servirle debido a
sus experiencias contigo?
Liderar Siguiendo el Ejemplo del Gran Siervo Jesucristo
Una de las tantas conversaciones fascinantes que tuvo Jesús con sus discípulos sobre el
liderazgo se registra en Mateo 20. El Señor les estaba hablando a sus seguidores sobre su
inminente muerte, sepultura y resurrección. Lamentablemente, a sus discípulos les
importaba más quién sería el mayor en el reino de Cristo. Esta sed de poder y autoridad era
el polo opuesto de un estilo de liderazgo motivado en honrar y glorificar a Dios. Estaban
liderando con egoísmo para obtener algo del proceso. En ese contexto, Jesús declaró:
Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son
grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el
que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser
el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para
ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:25–
28).
Es asombroso tener la posibilidad de obrar de manera tal que ayudamos a los demás a
entender más plenamente cómo es Dios debido al tiempo que pasan con nosotros. Por eso,
Pablo dijo que debemos gloriarnos “en la esperanza de la gloria de Dios” (Romanos 5:2).
Este objetivo maravilloso trae claridad y propósito al millar de tareas que enfrentan los
líderes cada día.
Ayuda para Juliana
La disposición de Juliana de dirigir la guardería es una excelente oportunidad para el
ministerio como así también una posible mina explosiva. Enfrentará la tentación de
exaltarse a sí misma y su sobresaliente talento organizativo. La realidad es que las
capacidades que para ella son naturales no son tan sencillas para otros. Juliana podría
volverse demasiado crítica con los voluntarios que no siempre se desempeñan según sus
estándares elevados, o podría condenarlos abiertamente por no hacer las cosas tan bien
como podría hacerlas ella. En el proceso, se glorificaría a sí misma y sus habilidades, en lugar
de señalar al Salvador.
Juliana debe asegurarse de concentrar sus energías en la esperanza de glorificar a Dios.
De todos modos, puede animar a los demás a tener normas elevadas y un deseo de servir
bien a cada niño y cada padre. Pero al decidir liderar como sierva, no atrae la atención sobre
sí misma, sino que señala al Salvador. Las personas que la rodean podrán entender mejor a
Jesús por haber trabajado bajo su liderazgo lleno de gracia. En el proceso, Juliana
desarrollará integridad, porque los demás verán que su motivación para el liderazgo es
genuina y sincera.
Principio del Liderazgo N.º 4: Aprovecha los Desafíos en el
Liderazgo
Pablo termina este párrafo explicando que incluso podemos “[gloriarnos] en las
tribulaciones” (Romanos 5:3–5). Toda persona en cualquier nivel de liderazgo sabe que los
problemas son algo habitual. Sin embargo, no tienes por qué huir de los desafíos; puedes
abordarlos con decisión. Aquí tienes algunas razones por las cuales no tienes por qué temer
a las luchas que vienen con el liderazgo.
Puedes Crecer en el Proceso
Por favor, no cometas el error de creer que el liderazgo solo se trata de lo que Dios
quiere hacer en la vida de las personas a las que guías. También se trata de lo que el Señor
quiere hacer en ti. Las dificultades que encuentras al liderar pueden producir perseverancia,
la cual, a su vez, puede generar un carácter cabal. ¿Recuerdas la definición de integridad
que aprendiste al principio de nuestro debate? ¿Cómo te transformas en una persona
completa que posee un nivel de confiabilidad, honestidad y credibilidad que los demás
querrían seguir? La respuesta suele surgir al permitir que el dolor de la adversidad te
impulse a estar más cerca de Cristo. La dificultad que estás enfrentando ahora puede tener
menos que ver con lo que Dios quiere hacer en la persona que te está frustrando y más con
lo que él desea hacer al moldearte a la imagen de su Hijo.
Hay Posibilidad de una Gran Esperanza
El desafío del liderazgo que estás enfrentando ahora puede parecerte abrumador. Tal
vez te veas tentado a abandonar o a recurrir a un sinnúmero de maneras pecaminosas de
lidiar con el estrés. No obstante, Pablo afirma que a medida que la perseverancia y el
carácter probado se desarrollan mientras caminamos con Cristo en medio de la batalla,
percibimos que algo más va surgiendo en nuestro corazón: esperanza. Y no es cualquier
clase de esperanza, sino una esperanza que “no nos defrauda” (Romanos 5:5 RVC). A veces,
los líderes renuncian justo antes del punto donde Dios los quiere llevar: a un nivel
completamente nuevo de crecimiento y eficacia. Los que permanecen fieles aun cuando
sea difícil hacerlo serán recompensados con un nuevo sentido de esperanza en el poder de
Dios para ayudarles a realizar cosas maravillosas.
El Espíritu Santo Ofrece Poder para Resistir
Este proceso que describe Pablo no es una iniciativa humana. Los versículos terminan
con el importante recordatorio de que todo lo que hacemos para Dios está lleno de poder
“por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:5). Podemos liderar de una manera
que nos sorprenda a nosotros y a los demás, gracias al poder del Espíritu Santo que obra en
y a través de nosotros.
Sin duda, habrá momentos complicados. Por cierto, será difícil. Podemos estar seguros
de que seremos tentados a desanimarnos ante la oposición o la falta de progreso. Sin
embargo, que sea difícil no significa que no sea productivo. Acepta los desafíos del liderazgo
que enfrentes, y hazlo con la expectativa firme de que el Espíritu Santo puede usar la prueba
para traer crecimiento a tu vida. Cuando veas que esto sucede, tu corazón se llenará aun
más de esperanza respecto a las oportunidades que Dios tiene planeadas para tu futuro.
Ayuda para Franco
La primera reunión del consejo que tuvo Franco no salió demasiado bien. Uno de los
participantes le faltó el respeto. Otra persona no había completado la tarea asignada. Al
principio, Franco pensó en renunciar. Quizá lo mejor sería arrojar la toalla. Pero ¿dónde está
la integridad en eso? Tal vez Dios está tratando de usar esa prueba para transformar a
Franco en el líder completo y maduro que quiere que sea. En definitiva, Franco decidió
seguir cumpliendo su función y permitir que el proceso lo transforme en un hombre más
piadoso. Cuanto más avanza el proceso, más descubre él que su corazón se llena con la clase
de esperanza que solo viene del poder del Espíritu de Dios. Se está transformando en un
líder íntegro.
¿Qué Me Dices de Ti?
¿De qué manera te ha llamado Dios a liderar hoy? ¿Qué otras oportunidades puede
haber en el horizonte? ¿Por qué no pedirle que te ayude a transformarte en un líder
íntegro?
Asegúrate de tener una relación personal con el líder más grande de todos los tiempos;
y cobra ánimo, porque nunca tendrás que liderar solo. Aprende a disfrutar de la gracia de
Dios y permite que esto se transforme en la lente a través de la cual dirijas a los demás. Que
tu objetivo sea glorificar a Dios y someterte al proceso de crecimiento y cambio cuando el
andar se vuelva difícil. Tal vez te sorprendas de lo mucho que Dios puede utilizarte. Y quizá
te sorprenda en la misma medida la forma en que él te irá transformando durante el
proceso. Que Dios te ayude a liderar con integridad.