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Comuniones Celestiales y Santos

Este documento describe varios casos de místicas y santas que recibieron la comunión de manera celestial o sobrenatural, ya sea directamente de Jesús, la Virgen María, ángeles o santos. Entre las personas mencionadas que experimentaron esto se encuentran Santa Verónica Giuliani, María Julie Jahenny, y Santa Faustina Kowalska, entre otras. El autor proporciona detalles sobre cómo estas comuniones celestiales ocurrieron y los efectos espirituales que tuvieron en las almas privilegiadas.

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Comuniones Celestiales y Santos

Este documento describe varios casos de místicas y santas que recibieron la comunión de manera celestial o sobrenatural, ya sea directamente de Jesús, la Virgen María, ángeles o santos. Entre las personas mencionadas que experimentaron esto se encuentran Santa Verónica Giuliani, María Julie Jahenny, y Santa Faustina Kowalska, entre otras. El autor proporciona detalles sobre cómo estas comuniones celestiales ocurrieron y los efectos espirituales que tuvieron en las almas privilegiadas.

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P. ÁNGEL PEÑA O.A.R.

COMUNIONES CELESTIALES

S. MILLÁN – 2021

1
ÍNDICE GENERAL

INTRODUCCIÓN
Santa Verónica Giuliani.
María Julie Jahenny.
Mística María Luisa Zancajo de la Mata.
Beata Alexandrina da Costa.
María Marta Chambón.
Santa Faustina Kowalska.
Santa Juana de Orvieto.
Mística Domenica del Paradiso.
Santa Inés de Montepulciano.
Mística Teresa Palminota.
Mística Anna Henle.
Mística Rosalía Put.
Mística María Teresa Noblet.
Mística Sinforosa Chopin.
Beata Agnes de Langeac.
Santa Giuliana Falconieri.
Mística Domenica Lazzeri.
Santa Crescencia de Höss.
Beata María de San José.
Mística Teresa Neumann.
Santo Cura de Ars.
El ángel de Portugal.
María Esperanza de Bianchini.
Pierina Gilli, vidente de la Virgen en Montichiari.
Santa Verónica de Binasco.
Santa Catalina de Siena.

CONCLUSIÓN

2
INTRODUCCIÓN

Dios es maravilloso y manifiesta sus maravillas en las vidas de los santos.


Algunas de estas maravillas son las comuniones sobrenaturales o celestiales,
porque ya no son los sacerdotes de la tierra quienes dan la comunión, sino el
mismo Jesús personalmente o la Virgen María o algunos santos especiales o los
ángeles.

Estos hechos son reales y son certificados por la seriedad y sinceridad de


algunos santos, por lo que no tenemos derecho a ignorarlos y mucho menos a
ponerlos en duda. Además en algunos casos estos hechos fueron comprobados
por algunas personas presentes, que vieron la hostia consagrada aparecer sin
mediación alguna en la boca de esas personas como en las niñas de Garabandal o
la vieron en el aire y después ir directamente a la boca de la persona privilegiada
como en el caso de Pierina Gilli, la vidente de las apariciones de la Virgen en
Montechiari (Italia). Otras muchas veces la persona escogida nos confirma que
era el mismo Jesús en persona o la Virgen María o un santo o un ángel.

Es interesante anotar cómo en estos casos la comunión es dada con toda la


solemnidad posible. A veces el que da la comunión va acompañado de dos
ángeles con cirios encendidos y se ponen de rodillas ante la Majestad divina.
También es importante anotar que normalmente salvo algún caso raro, solo dan
la comunión cuando no hay sacerdote que se la pueda dar a quien la desea
ardientemente. Es como un regalo esplendoroso de Dios a algunas almas
escogidas.

Otro detalle es que, aunque dé la comunión un ángel o la misma Virgen


María, ellos no consagran la hostia. No pueden hacerlo por no ser sacerdotes.
Toman las hostias consagradas de alguna iglesia o capilla cercana. Todo esto nos
debe a nosotros hacer pensar en la realidad maravillosa de la presencia real de
Jesús en la Eucaristía y cómo debemos comportarnos ante su presencia y
recibirlo con toda la solemnidad y con todo el amor y fervor posible.

Que estas realidades, como veremos, nos ayuden a creer firmemente en la


presencia real de Jesús en la Eucaristía y a adorarlo y amarlo con todo nuestro
corazón. Amén

3
SANTA VERÓNICA GIULIANI

Con mucha frecuencia a lo largo de su vida recibió la comunión, no solo


del sacerdote capellán, sino también del mismo Jesús, de la Virgen María, de su
ángel o de algún otro ángel como san Miguel arcángel o de algunos santos.

Ella asegura: Mientras mi confesor comulgaba, vi en aquella hostia al


divino Niño venir también hacia mí con una hostia en la mano. Me dio la
comunión y al mismo tiempo me pareció que él mismo viniera a mí, del mismo
modo que había entrado en el corazón de mi confesor. Hoy 22 de marzo de 1703,
en la misa de la mañana he recibido la gracia que tuve ayer con la
particularidad de que el Niño Jesús me ha comulgado con una hostia grande
como aquella con la que comulgan los sacerdotes y me ha dicho: “Tu confesor
quisiera que yo, para darte la comunión, tomara una pequeña parte de su hostia.
Es la señal que quisiera tener para estar seguro de que soy yo quien te doy la
comunión” 1.

Esta mañana he recibido la comunión de mano de Jesús. Mientras tenía


en la mano la santísima hostia, he visto aquella hostia sacrosanta de una
claridad grande que parecía un lucidísimo cristal. Mi alma ha quedado de
momento sumergida en el mar de la divina gracia 2.

Tocaron a misa, y no pudiendo yo asistir a ella por no dejar a las


enfermas, me puse a hacer un poco de oración. Súbitamente me pareció que el
Señor me arrebatase los sentidos, y en aquel punto tuve la visión del Niño Jesús,
quién se me manifestaba muy alegre con una hostia en las manos, e invitando a
mi alma a nueva comunión. Con su propia mano me la dio. Fue tal el júbilo y
contento que experimenté en mi interior, que jamás he experimentado cosa
semejante 3.

Cada vez que comulgaba, sentía inflamarse, mi deseo de volver a


comulgar cuanto antes, y ofrecía dicha comunión en acción de gracias de la
misma, y la aplicaba en preparación para la comunión que debía hacer a los
pocos días. La noche antes de comulgar no había medio de poder descansar.
Toda la noche la pasaba en oración y penitencias; y a cada momento invitaba al
Señor. ¡Oh Dios! A veces con estas invitaciones hacía también muy
frecuentemente la comunión espiritual en la que sentía tal gusto y tales efectos,
como si hubiese comulgado corporalmente. Apenas lo llamaba, cuando
enseguida lo sentía dentro mi corazón. Yo no entendía, ni podía comprender,

1
Diario, Tomo VI, pp. 338-339.
2
Tomo VII, pp. 636-637.
3
Tomo II, p. 45.

4
cómo podéis hacer, vosotros los sacerdotes, para tener en vuestras manos a
aquel Dios, sin enloquecer de amor. Esta sola idea me arrebataba los sentidos.
Muchas veces tenía muy ardiente deseo de comulgar, y se lo decía al confesor;
pero éste, que debía conocer que no era puro deseo, me privaba de la comunión,
lo cual sentía yo no poco. Ofrecía yo a Dios ese acto de obediencia y quedaba
tan en paz como si hubiese comulgado. Muchas veces, a la que iba a comulgar,
el confesor me rechazaba, porque debía quizá ver que no estaba preparada para
ello. Y en efecto, reflexionando un poco, conocía que no era digna de tal gracia.
Pero ¡oh Dios! cuánto me disgustase no puedo explicarlo con la pluma, si bien
es verdad que me quedaba tan contenta por hacer aquel acto de obediencia. Y
alguna vez, después que el confesor me había rechazado de aquel modo, no
queriendo darme la sagrada comunión, la hacía yo espiritualmente, y el Señor
me comulgaba, como si la hubiese hecho corporalmente, y dejándose sentir me
decía: “Querida mía, he tenido sumo gusto de este tu disgusto. Pero está
tranquila, pues de todos modos he venido a ti” 4.

Cuando tocaron para la misa, yo no podía ir para que no quedasen


abandonadas las enfermas de la enfermería. Quedé en éxtasis y pronto vi al Niño
Jesús que se me presentó todo alegre con una hostia en sus manos, invitando a
mi alma a una nueva comunión. Y con su propia mano me dio en comunión por
sí mismo todo entero. Fue tal el júbilo y el contento que llenó mi interior que
jamás he experimentado cosa igual 5.

En el momento de la comunión del sacerdote ha tenido lugar para mí la


comunión sacramental de manos de María 6.

Todos estos días he recibido la comunión en la misa del siervo de Dios (su
confesor). En ella María santísima me daba la comunión por su mano y además
ha renovado en mí muchas gracias 7.

La comunión de cada mañana de manos de María santísima no me parece


que haya cesado nunca, aun cuando mi confesor alguna vez no haya dicho la
misa aquí. En el momento en que ha dicho misa en otra parte, me ha avisado mi
ángel custodio y he comulgado como me sucede cuando está aquí. Sea todo para
gloria de Dios 8.

Mi confesor celebraba la misa y mi ángel me avisó cuando el sacerdote


profería las palabras que dice cuando comulga. He recibido la comunión de

4
Tomo I, pp. 156-157.
5
Iriarte, p. 143.
6
Tomo VIII, p. 358.
7
Tomo VII, p. 553.
8
Tomo VII, p. 80.

5
manos de María santísima y en el acto de recibir a Jesús sacramentado lo he
sentido inmediatamente 9.

Cada mañana ha tenido efecto la comunión por mano de María santísima


como las otras veces 10.

Esta mañana para recibir la comunión me acompañó María santísima y


mi ángel custodio y, al recibir a Jesús sacramentado, me pareció que en ese
instante experimenté dolor de todos los pecados de mi vida 11.

Fueron muchas las veces que recibió la comunión de manos de María,


pero también las recibió de algún santo y de su ángel custodio.

Un día, durante la misa, después de la elevación quedé fuera de mí. Me


pareció ver a mi ángel custodio asistiendo a la misa, pero no comprendía quién
fuese el que la decía. Solo veía al sacerdote como una gran luz, rodeado de
ángeles sin número. A la vez que el sacerdote comulgó, se me acercó otro
sacerdote con la hostia en la mano y me dio la comunión. No conocí quién era.
Mi ángel me dijo que era santo Domingo. No puedo expresar con la pluma ni
con palabras el contento que entonces experimenté 12.

Esta mañana, mientras se celebraba la misa, he tenido la visión de María


santísima y de toda una comitiva de santos. Por mano de san Miguel arcángel he
recibido la santa comunión y en ella he conseguido muchas gracias 13.

Esta mañana en la misa he entendido que Dios quería que yo hiciera la


comunión sacramental por mano de mi ángel custodio, cuando mi confesor
comulgara, porque así me había mandado éste. Cuando se disponía a comulgar,
mi ángel me avisó que dicho padre me llamaba para darme la comunión y en ese
momento me ha parecido ver a mi ángel custodio con la hostia en la mano toda
llena de esplendor y me ha dado la comunión en lugar de mi confesor. Yo he
sentido la comunión en la boca como cuando comulgo 14.

Cuando mi confesor salió para celebrar la misa, tuve la visión de la


santísima Virgen, del Niño Jesús y de muchos santos, con asistencia de mi ángel
custodio. De pronto me pareció ver a mi confesor que estaba con la sacratísima
hostia en la mano como para darme la comunión y esto fue antes de que él

9
Tomo VII, p. 88.
10
Tomo VII, p. 602.
11
Tomo VII, p. 12.
12
3 de septiembre de 1697, tomo IV, p. 290.
13
Tomo VII, p. 619.
14
Tomo VI, p. 553.

6
comulgara por sí en la misa. Al ver esto, me parecía estar allí presente para
recibir a Jesús sacramentado y enseguida mi ángel me dio la comunión, tomando
la figura de mi confesor 15.

Otro día celebraba la misa mi confesor y comprendí que en el primer


“Memento” me encomendaba de un modo especial y que en la misa lo hizo tres o
cuatro veces. Pero antes de tomar él la comunión, Dios me avisó por medio de
mi ángel custodio que me preparase, porque mi confesor me quería dar la
comunión. He recitado el Confiteor y me parecía que dicho padre tenía el
Santísimo en la mano en actitud de dármelo y que mi ángel me lo ponía en la
boca. Todo lo he visto con visión corpórea y he sentido los mismos efectos que
siento en la comunión sacramental 16.

Un día anhelaba la sagrada comunión. De pronto me parecía oír a mi


ángel custodio, que me decía: “Está tranquila, que tu confesor quiere darte la
comunión; y yo seré el portador de tan gran alimento”. Estaba yo pensando
cómo podía ser esto; y me acordé que V. R. me había prometido venir a celebrar
la misa aquí, con nosotras. Así fue. Y mientras estaba en dicha misa, yo trataba
de prepararme para la sagrada comunión espiritual; pero fue todo lo contrario.

A la elevación del sagrado cáliz, fui arrebatada de los sentidos.


Hallándome en rapto, parecíame estar de nuevo en presencia del sacerdote que
celebraba la misa, y le veía como si le hubiese tenido ante mí. Estaba toda
ansiosa por comulgar con él; y mientras estaba para tomar el Santísimo para sí
mismo, me pareció que también a mí me hiciera una invitación a ello; y por
mano de mi ángel custodio, comulgué con la sagrada hostia, como si
visiblemente V. R. me hubiese comulgado. ¡Oh Dios! El contento y dulzura que
experimenté, no puedo describirlo 17.

Esta mañana Dios ha venido a mí espiritual y sacramentalmente como


estas otras mañanas, habiéndome dado la comunión mi ángel custodio 18.
Esta mañana de nuevo me ha dado la comunión mi ángel custodio. En el
momento de la comunión, Dios se ha dejado sentir en mí, diciéndome: “Di,
esposa mía, ¿quieres toda la tierra o bien el cielo?”. Respondí: “Mi cielo es
Dios y yo no deseo más que a Dios, no más tierra” 19.

En otra ocasión, me pareció que mi ángel custodio me avisaba para que


me preparase para la sagrada comunión, ya que así lo quería la obediencia... Vi

15
Tomo VI, p. 120.
16
Tomo VI, p. 158.
17
11 de octubre de 1697, tomo IV, p. 338.
18
Tomo VI, p. 162.
19
Tomo VI, p. 180.

7
a la santísima Virgen con muchos santos y ángeles que acompañaban al
Santísimo. Mi ángel custodio me dio la comunión y en el momento en que recibí
a Jesús sacramentado, me pareció pedirle la gracia de la contrición de mis
culpas 20.

MARIE JULIE JAHENNY

Fueron prometidas a Marie Julie 14 comuniones milagrosas, a la vez


sacramentales y místicas. Además, en el tiempo en que fue privada de la
comunión sacramental por el capellán, recibió muchas veces la comunión de
manos de san Miguel y de los ángeles custodios de Julie. Las hostias eran
milagrosamente sacadas del sagrario de la parroquia de Blain.

Un viernes, mientras vivía la pasión después de la segunda caída de Jesús


camino del Calvario, ella pidió ser consolada con el pan de los ángeles. Hizo la
señal de la cruz, recitó el Yo pecador y después: Señor, no soy digno... La
señorita Brulais declaró: Nosotros estábamos atentos. Yo estaba a unos 50
centímetros de la cara de Julie y vi sus dos manos juntas sobre el pecho. De
pronto ella abrió la boca y sacó la lengua. No había nada. Ella cerró la boca y
la abrió de nuevo y mostró la lengua, pero no había nada. De nuevo cerró la
boca y de nuevo la abrió. ¡Oh prodigio! Una hostia más brillante que la nieve
estaba allí, visible a nuestros ojos. Un grito de admiración salió de nuestros
corazones. Ella cerró la boca y dos veces más la abrió y nos mostró la hostia
sobre la lengua. No había posibilidad de ilusión o imaginación. Después abrió la
boca y ya no había nada. Ella tenía una sonrisa del paraíso y su éxtasis aumentó
su bienestar. Era el cielo y eso duró unos 15 minutos 21. Los presentes estaban
felices y oraban y adoraban a Jesús Eucaristía en unión con Julie 22.

El 25 de octubre de 1878 la señora Gregoire escribió al doctor lmbert que


Julie había recibido comuniones milagrosas cada domingo por la mañana a las
ocho.

Al recibir las comuniones milagrosas, según escribió el padre Barille, unas


lágrimas corrían suavemente por sus mejillas y una sonrisa se veía en sus labios.
Era el paraíso.

SOR MARÍA LUISA ZANCAJO DE LA MATA

20
Tomo VI, p. 185.
21
Pierre Roberdel, Marie Julie Jahenny la stigmatisée de Blain , Ed. Résiac, 1974, pp. 144-145.
22
Bourcier Henri-Pierre, Marie Julie Jahenny, une vie mystique, Ed. Tequi, 1990, p. 153.

8
Jesús presente en el sacramento de la Eucaristía era el centro y el amor de
su vida. En una oportunidad Jesús le dijo: Una sola misa celebrada por un santo
sacerdote, una sola comunión recibida por un buen cristiano, pesa más en la
balanza de mi justicia y misericordia que todas cuantas obras buenas han
podido hacer, hacen y harán los santos y cuantos actos de supererogación puede
ofrecer el mundo entero 23.

El Jueves Santo, 14 de abril de 1949, la Madre fue testigo de un fenómeno


eucarístico extraordinario. Ella refiere: Serían las nueve cuarenta y cinco de la
mañana, cuando se me apareció Jesús y me dijo: “Vengo a cumplir mi
promesa”. Y me entregó una sagrada forma ensangrentada. Esta sangre estaba
fresca. Me hizo saber que provenía de un sacrilegio y me encargó le diéramos
culto y le desagraviásemos toda la Comunidad, añadiendo: “Para eso he venido
aquí”.

El 28 de abril el padre Pedrosa contempló esa sagrada hostia y escribió su


testimonio junto con el de la Madre y el de la Superiora, que entregaron el 3 de
mayo al Visitador del obispado. El padre Pedrosa escribió: Doy fe de lo que he
visto con mis propios ojos y tocado la sagrada hostia con sangre seca y que el
viernes 29 de abril la vi con sangre roja líquida 24.

Durante mucho tiempo cuando no iba a la iglesia por dificultades físicas o


no le traían la comunión a casa, generalmente a las cuatro de la mañana, Jesús
mismo le daba la comunión.

Un día dice el padre Manuel Soria: Yo estuve toda la noche ayudándola en


sus luchas contra el demonio. Llegó la hora de la comunión. Todo normal, pero,
después de recibir la hostia sagrada de Jesús, invisible para mí, ella cerró los
ojos y cruzó los brazos como en actitud de acción de gracias. Yo le dije: “En
virtud de santa obediencia abra la boca”. La abrió y sobre la lengua estaba
humedecida, pero claramente visible sin duda alguna, la sagrada hostia. Lo
mismo sucedió el Jueves Santo de 1951 en La Almunia en casa de mis hermanas
donde se encontraba. Ese día Jesús le dio la comunión a las siete de la mañana.
Lo presenciamos varias personas y vimos la hostia sobre su lengua
completamente humedecida y teñida en sangre 25.

Otras veces era la Virgen quien le daba la comunión 26.

23
Antología, pp. 127-128.
24
Escondida en Jesús, p. 165.
25
Soria Agudo Manuel, Yo soy testigo, Hellín (Albacete), 1984, pp. 82-83.
26
Ib. p. 105.

9
BEATA ALEXANDRINA DA COSTA (1904-1955)

Su ángel se manifestaba especialmente en el momento de darle la


comunión de modo extraordinario, cuando no había sacerdote. Un día le dice
Jesús durante el éxtasis de la Pasión: Por el aniversario que hoy celebras
(cumplía un año de haber pasado la prueba de 40 días en ayuno total bajo la
vigilancia de los médicos) no quiero dejarte sin Eucaristía, sin la vida que vives.
Me doy a ti por medio de tu ángel custodio.

En ese momento, ángeles en gran número bajaron hasta mi cama,


cantando himnos melodiosos. Y mi alma dejó de ver a Jesús bajo el aspecto de
hombre para contemplarlo en una hostia blanca en las manos de un ángel. Los
ángeles cantaron por un poco de tiempo y se inclinaron ante Jesús, diciendo:
“Adoramos reverentes a nuestro Rey y Señor, nuestro Dios, el Dios del amor”.
Y, después, el ángel que tenía a Jesús dijo: “Corpus Domini nostri Jesu Christi”
(El cuerpo de nuestro Señor Jesucristo). Los himnos continuaron un poco
después de haber recibido a Jesús y, al poco rato, los ángeles fueron ascendiendo
como palomas batiendo sus alas. Pero mi ángel custodio permaneció junto a mí
con aspecto de hombre y me dijo: “Estoy siempre a tu lado. Estoy para
desempeñar la misión que Jesús me ha confiado. Estoy contigo y te sostengo en
tu sufrimiento y en tus luchas. Me consuelo totalmente al ver la reparación que
das a Jesús. Soy tu compañero en la vida y en tu pasaje de la tierra a la
eternidad” 27.

Otro día, después de vivir la Pasión, Jesús le dice: Vas a recibirme por
medio de tu ángel custodio. No vi a mi ángel. Sólo vi la hostia sagrada bastante
grande y blanca, muy blanca. Por tres veces oí decir las palabras “Ecce Agnus
Dei” (He aquí el Cordero de Dios) y las demás palabras que dicen los
sacerdotes. No veía a los ángeles, pero oí el batir de sus alas y les oí cantar:
“Nuestro Rey y Señor viene de su trono, de su prisión de amor (sagrario) para
darse en alimento… Reverentes lo adoramos como sobre su trono. ¡Gloria a Ti
nuestro Dios y Rey del amor!” 28.

El 19 de abril de 1946, Jesús le dice: Ahora me recibirás sacramentado


tan real como estoy en el cielo. Los ángeles ya están descendiendo y vienen como
bandadas de pájaros. Entonces, vi descender a los ángeles con las alas abiertas.
Sus cantos y melodías me encantaban. A mi alrededor se inclinaban con
reverencia. Uno de ellos se acercó y me dijo las palabras “Ecce Agnus Dei” y
me dio a Jesús. Un fuego fortísimo ardía en mi corazón.

27
Sentimentos da alma del 20 de julio de 1945.
28
Sentimentos da alma del 21 de setiembre de 1945.

10
Jesús me dijo: “Te fui dado por tu ángel custodio. Yo soy la vida de que tú
vives. Mira, ¿ves a los ángeles subir? Suben en grupos, algunos entonando
himnos, otros conduciendo las almas que salen del purgatorio, salvadas gracias
a ti. ¡Qué bella entrada! ¡Qué fiesta en el cielo!” 29.

Jesús le dijo el 20 de septiembre de 1946: Ven a recibirme en mi divino


Corazón. Me recibirás en comunión. Es tu ángel quien tiene el honor de
tomarme en sus manos para darme a ti. Escucha: Los ángeles descienden del
cielo con mi Madre bendita, vienen a cantar un himno de alabanza.

Los ángeles descendían y cantaban… A mi costado derecho estaba la


Mamita. Yo estaba en el Corazón de Jesús, dentro, pero como a la puerta de un
sagrario. La Mamita, arrodillada de costado con una taza de oro en sus manos,
me dijo: “Esta taza, hija mía querida, fue hecha con el oro de tus virtudes...
Arrepentida de mis pecados, dije: “Señor, no soy digna de que entres en mi
casa”, mientras el ángel sostenía en su manos la sagrada hostia y los otros
ángeles, con la cabeza inclinada, batían sus alas. Comulgué y se quedaron un
poco de tiempo en señal de adoración. La Madrecita se levantó, me besó, me
acarició y me abrazó fuertemente... Ella subió hacia lo alto y los ángeles la
acompañaron. Jesús dijo: “Los ángeles suben al cielo para acompañar a su
trono a mi Madre santísima” 30.

MARÍA MARTA CHAMBÓN (1841-1907)

La Superiora, Madre Revel, declaró en 1881: Ya hace 13 años que sor


Marta pasa las noches delante del Santísimo Sacramento, extendida sobre el
suelo de su celda con instrumentos de penitencia: brazalete de hierro, cilicio y
corona de espinas, salvo algunas veces cuando está enferma y dos o tres
semanas durante los grandes fríos del invierno, en que le exigimos que se meta
en la cama 31.

Un día estaba arrodillada ante el Santísimo Sacramento, cuando una


magnífica paloma, resplandeciente de luz, vino a posarse sobre su cabeza,
cubriéndola con sus alas. Al mismo tiempo sintió una inefable suavidad, que
llenó su alma de una gran paz y alegría.

29
Sentimentos da alma del 19 de abril de 1946.
30
Sentimentos da alma del 20 de setiembre de 1946.
31
Marie Marthe, Monastère de la Visitation sainte Marie de Marclaz, Soeur Marie Marthe Chambon,
2019, p. 190.

11
La Superiora anotó en su manuscrito: En las mañanas sor Marta se siente
fuertemente atraída hacia Dios y, a veces, en el momento de la comunión oye la
voz de Jesús que le dice: “Ven aprisa, esposa mía. Ven a hacer lo que los
bienaventurados hacen en el cielo, ven a tomarme en la comunión para gozar de
mí” 32.

SANTA FAUSTINA KOWALSKA

Hoy, ni siquiera he podido ir a la santa misa ni acercarme a la santa


comunión y, entre los sufrimientos del alma y del cuerpo, me repetía: “Hágase la
voluntad del Señor. Sé que tu generosidad es ilimitada”. Entonces oí el canto de
un ángel que narró, cantando, toda mi vida, todo lo que había contenido en sí.
Me he sorprendido, pero también me he fortalecido 33.

La hermana enfermera me dijo: Mañana usted no tendrá al Señor Jesús,


porque está muy cansada y luego veremos cómo será. Eso me dolió muchísimo,
pero contesté con gran calma: “Está bien”. Abandonándome completamente al
Señor traté de dormir. Por la mañana hice la meditación y me preparé para la
santa comunión, aunque no iba a recibir al Señor Jesús. Cuando mi anhelo y mi
amor llegaron al punto culminante, de repente, junto a mi cama, vi a un serafín
que me dio la santa comunión diciendo estas palabras: “He aquí al Señor de los
ángeles”. Cuando recibí al Señor, mi espíritu se sumergió en el amor de Dios y
en el asombro. Eso se repitió durante 13 días, sin tener yo la certeza de que al
día siguiente me la trajera, pero abandonándome a Dios, tenía confianza en su
bondad; sin embargo ni siquiera me atreví a pensar si al día siguiente recibiría
la santa comunión de este modo.

El serafín estaba rodeado de una gran claridad, se transparentaba en él


la divinización y el amor de Dios. Llevaba una túnica dorada y encima de ella un
sobrepelliz y una estola transparentes. El cáliz era de cristal, cubierto de un velo
transparente. Apenas me dio al Señor, desapareció.

Una vez, cuando tenía cierta duda que se había despertado en mí poco
antes de la santa comunión, de repente se presentó nuevamente el serafín con el
Señor Jesús. Yo, sin embargo, pregunté al Señor Jesús y sin recibir la respuesta,
dije al serafín: “¿Me confesarás?”. Y él me contestó: “Ningún espíritu en el
cielo tiene este poder”. En ese mismo instante la santa hostia se posó en mis
labios 34.

32
Ib. p. 130.
33
Diario 1202.
34
Diario 1676-1677.

12
SANTA JUANA DE ORVIETO

En una ocasión no pudo ir a la iglesia el día de Navidad por estar enferma.


Por eso, no pudo comulgar y, al día siguiente, vino sobre ella una luz maravillosa
bajada del cielo. Al mirar, vio una hostia blanquísima que salía de la luz y entró
en su boca. De esta manera no quedó privada en tan gran día del sacramento del
Cuerpo de Cristo. A veces, asistiendo a misa, sentía un olor suavísimo celestial
que la llenaba de alegría.

MÍSTICA DOMENICA DEL PARADISO

El día de Pascua de Resurrección bajaron muchos ángeles a su celda,


teniendo en las manos, lámparas encendidas; y su ángel custodio, del altar donde
el sacerdote celebraba la misa, tomó un pedacito de la hostia del sacerdote y le
dio la comunión. El sacerdote, al darse cuenta de que faltaba un pedacito a su
hostia, la buscaba sobre el altar y no la encontraba. Estaba inquieto hasta que
Domenica, después de la misa, le dijo que había recibido una comunión
milagrosa de manos de su ángel 35.

Otra vez suspiraba con el ansia de recibir la comunión y se le presentaron


cuatro ángeles, uno de los cuales venía acompañado de otro y llevaba un copón
con el S. Sacramento. Los otros dos llevaban cada uno un cirio encendido,
estando uno a la derecha y el otro a la izquierda. Domenica se consoló mucho y
mirando vio a Jesús en la hostia, el cual le sonreía con alegría. Entonces el ángel
que llevaba a Jesús sacramentado le dijo: Yo soy el arcángel Gabriel, el que me
acompaña es tu ángel y los dos que llevan los cirios son dos ángeles enviados por
Dios. La bendijo y le dio la comunión, cayendo ella en éxtasis de tanto amor y
alegría que sentía 36.

Otra vez cayó en éxtasis y vio a santa Catalina de Siena, que extendió
sobre el altar de su celda un corporal blanco y encendió unas velas y vio que su
celda se llenó de una niebla blanquísima y apareció el arcángel Gabriel, rodeado
de muchos ángeles. Tenía el Santísimo en sus manos y le dio la comunión 37.

SANTA INÉS DE MONTEPULCIANO

35
Benedetto María Borghigiani, Suor Domenica del Paradiso, Firenze, 1719, p. 253.
36
Ib. pp. 147-148.
37
Ib. p. 301.

13
Afirma el beato Raimundo de Capua: Las cuatro hermanas que me
informaron sobre la vida de Inés, me declararon que, mientras estaba en el
convento de Proceno, acostumbraba a ir sola al huerto del monasterio y orar
junto a un olivo. Esto lo hacía muchas veces y sucedió que un domingo por la
mañana fue a orar al huerto bajo un olivo, de rodillas y con las manos juntas,
como acostumbraba y llorando de emoción. Permaneció en ese lugar desde la
mañana hasta la tarde. Y se le apareció un ángel llevando consigo la comunión.
Ella hizo primero reverencia al Rey de los ángeles y después al mismo ángel y
recibió la comunión de su mano. De esta manera ni dejó su oración, ni fue
privada de la comunión, sino que fue confortada con el Santísimo Sacramento 38.

Y esto no sucedió una o dos veces sino durante diez domingos seguidos.
Piensa, amable lector, que al Señor no le bastaba que hubiera abundancia de
ministros humanos para darle la comunión. Leemos en las vidas de los santos
que algunos recibieron la comunión de mano de los ángeles, porque estaban en
lugares solitarios donde no había ministros para dar la comunión. Pero que esto
sucediera habiendo suficientes ministros es raro y fue un privilegio singular que
Dios le concedió 39.

MÍSTICA TERESA PALMINOTA

En enero de 1917, ocho años y ocho meses después de su primera


comunión, Teresa tenía 20 años y cuatro meses. Mientras estaba en adoración
ante el S. Sacramento expuesto, un rayo de luz salió de la hostia santa. Era como
un fuego inmenso, que le llegó al corazón.

Ella sentía necesidad de la Eucaristía. Sin ella no podía vivir y la vida le


resultaba insoportable. Cualquier sufrimiento era nulo ante la privación de la
comunión. Un día su deseo de comulgar llegó a tal extremo que quería comulgar
a toda costa. Como no podía conseguirlo, hizo un acto de perfecta resignación.
Jesús le dio la paz y ella hizo muchas comuniones espirituales. Pero Jesús, con
frecuencia, le daba personalmente la comunión, o lo hacía la Virgen María o su
ángel custodio.

Nos dice su confesor: Recuerdo que el último año de su vida, cuando su


debilidad física era mucha, el prodigio de la comunión milagrosa se repetía

38
Raimondo da Capua, Legenda beate Agnetis de Monte Policiano, Ed. Galluzzo, Firenze, 2001, pp. 22-
23.
39
Ib. p. 23.

14
mucho. Incluso en la víspera de su muerte, el 21 de enero de 1934, la recibió así,
a pesar de que no podía tomar alimentos normales, porque no podía pasarlos 40.

MÍSTICA ANNA HENLE (1871-1950)

El día que tuvo su primer éxtasis, el mismo día de su primera comunión


estaba presente un sacerdote. Ella declaró que un ángel la había llevado al cielo y
que Cristo le había hablado y le había predicho que dentro de tres años tendría
sus llagas, que ciertamente recibió cuando tenía 16 años. Tuvo muchos éxtasis,
que duraban desde las ocho de la mañana hasta la tarde. En las grandes
solemnidades los éxtasis duraban hasta las diez u once de la noche. Ella estaba
continuamente en cama y solo su propia hermana y la enfermera estaban a su
lado para ayudarla. Normalmente no recibía visitas.

Todos los años en el día de Navidad se repetía el milagro de la comunión


milagrosa. Muchos presentes veían venir la hostia, aunque algunos no la veían,
pero todos los presentes experimentaban una gran paz 41.

Durante siete años vio cada día que venía una hostia transportada por los
ángeles desde la India hasta su pueblo de Aichstetten 42.

En la hostia veía al Niño Jesús 43. Un día los 17 presentes entre los cuales
había dos sacerdotes vieron la hostia que venía a la habitación de Anna y se
acercaba a su boca. Todos cayeron de rodillas y decían: Jesús está aquí. El padre
Busert se acercó a la cama de Anna y dijo: Anna, pide al Señor que me sea
permitido darte la santa comunión 44. El Señor dio el permiso y el padre Busert
tomó la hostia que estaba en el aire con sus manos. Le sobrecogió una gran
felicidad que no se podía expresar con palabras. Tomó la hostia que Jesús,
invisible, tenía en sus manos. Entonces el padre Busert se puso a dudar si era o
no una hostia consagrada y si estaba allí Jesús y preguntó: ¿Eres tú el Salvador?
¿No eres una apariencia? La hostia comenzó a sangrar. La sangre corrió por los
dedos y sobre la estola del sacerdote. En ese momento, Anna dijo en voz alta:
Dame al Salvador antes que se desangre. Y el padre le dio la hostia en la boca a
Anna.

Lo que más llamó la atención a un protestante que estaba presente fue la


comunión milagrosa de Anna. Él refiere que tenía una lámpara para ver cuando

40
Lugi Fizzotti, Teresa Palminota, Ed. Eco, 1979, p. 27.
41
Anna Henle, Angelo con le stigmate, Ed. Segno, 2017, p. 29.
42
Ib. p. 30.
43
Ib. p. 42.
44
Ib. p. 43

15
Anna abría la boca por sus sufrimientos mortales. Su boca estaba absolutamente
vacía tanto sobre o bajo la lengua. Y en cierto momento abrió la boca para recibir
la hostia santa y apareció de improviso sobre la lengua algo blanco y redondo
que permaneció en su lengua unos cinco minutos, estando con la boca abierta sin
deglutirla 45.

MÍSTICA ROSALÍA PUT

Ella quería ser religiosa, pero cayó gravemente enferma el día previsto
para entrar en el convento y ese mismo día recibió la unción de los enfermos. No
murió, pero nunca volvió a gozar de perfecta salud. Estuvo paralizada y en cama
durante 25 años. Sufría y no se quejaba, porque sabía que era una gracia de Dios
para la salvación de los pecadores. Solo lamentaba no poder ir a misa para recibir
la comunión. Una sola vez en 30 años consiguió que la llevaran a la iglesia, ya
que los sacerdotes de la parroquia raras veces le llevaban la comunión a su casa.
Sin embargo, Jesús tenía otros medios para darle la comunión. Era por medio de
su ángel custodio que le daba de comulgar.

Una amiga de Rosalía declaró: Cada noche Rosalía recibía la comunión de


manos de un ángel. Una vez era un arcángel, que venía vestido como un
sacerdote o como un peregrino y estaba acompañado de tres o cuatro almas que
Rosalía acababa de rescatar del purgatorio. Una campanilla anunciaba la llegada
del ángel. Rosalía le confesó al padre Duchateau que el arcángel venía en sus
visitas nocturnas a darle la comunión. Este sacerdote quiso convencerse y asistió
un día. Se instaló un sillón junto al lecho de Rosalía. Cuando oyó la campanilla,
señal de la llegada del ángel, que vino acompañado de tres almas del purgatorio,
el sacerdote se espantó y dijo después: No quiero nunca más ver algo parecido.
Si el Señor no me hubiera ayudado, hubiera muerto de espanto 46.

45
Ib. pp. 61-62.
46
Robert Ernst, Rosalie Put, Ed. Leysen, 1953, p. 11.

16
MÍSTICA MARÍA TERESA NOBLET (1889-1930)

Muchas veces, cuando el sacerdote no le llevaba la comunión, se la


llevaban los ángeles y todo era normal, a pesar de que normalmente no podía
pasar nada por la garganta 47.

Cuando faltaba un sacerdote para darle la comunión, un ángel se la daba y


esto le ocurría no seguido, aunque el sacerdote faltara, para que no se
acostumbrara a una gracia tan extraordinaria. Un día escribió: Durante la noche
el pequeño mensajero (el ángel) me ha traído a Jesús hacia las dos de la
mañana. He tenido un instante de verdadero descanso, pero después he sufrido
de nuevo con mucha fiebre.

Otro día refiere: Esta mañana el padre capellán tenía fiebre y no hubo
misa. Yo me quedé en la capilla suplicando a los ángeles de tener piedad de mí,
que estaba agotada por una noche de sufrimientos. Mi corazón estaba lleno de
un gran deseo de amor. Oí un ligero roce y la pequeña hostia tan deseada estaba
sobre mi lengua. Salí de la capilla, después de dar gracias por ese regalo como
un avaro ocultando su tesoro. Creía que todo el mundo adivinaba mi alegría 48.

Esta gracia de la comunión dada por ángeles estaba acompañada de otra:


la prolongación de la presencia real de Jesús sacramentado en su alma sin que se
corrompieran las especies sacramentales durante muchos días. En 1921 la
comunión se la dio nuestro Señor en Jueves Santo y quedó sin corromperse hasta
el Sábado Santo. Este hecho ocurrió muchas otras veces 49.

MÍSTICA SINFOROSA CHOPIN (1924-1983)

La noche de Navidad de 1965 estaba enferma en cama y no pudo ir a la


misa de medianoche, pero cayó en éxtasis y un ángel le dio la comunión. Y ante
la presencia del ángel había tanto resplandor en la habitación que algunas
persona llamaron a los bomberos y vinieron pensando en un incendio. Muchas
veces un ángel le dio la comunión estando en hospitales.

47
Primeau André, Marie Therese Noblet, Ed. Dillen, Paris, 1934, p. 115.
48
Ib. p. 401.
49
Ibídem.

17
BEATA AGNES DE LANGEAC

Agnes de Langeac refiere, según su director espiritual: Dos jueves recibí


la comunión de manos de mi ángel custodio 50. Su ángel le dijo: ¿Estás contenta?
Respondió que sí, porque hacía la voluntad de su esposo Jesús. Su ángel añadió:
Ama a tu esposo y sírvele bien. Te aseguro que nunca te abandonará 51.

SANTA GIULIANA FALCONIERI

Se cuenta que tenía tanta sed de amar a Jesús Eucaristía y de recibirlo en


la comunión que, como el sacerdote de la parroquia no le quería dar la comunión
por sus vómitos, cuando estaba ya en sus últimos días, le suplicó que al menos
acercase a Jesús Eucaristía con la hostia santa lo más cerca posible de su pecho.
El sacerdote aceptó y colocó sobre su pecho un corporal (pañito que se coloca
sobre el altar para celebrar la misa) y sobre él colocó la hostia consagrada. Ella se
sintió muy feliz de tener a Jesús tan cerca y suspiraba diciendo: Oh dulce Jesús
mío. Y en ese momento la hostia desapareció ante la vista de los presentes y ella
murió en ese mismo instante. Jesús estuvo presente con ella en el momento de su
muerte para defenderla de los ataques del demonio y la acompañó feliz al cielo52.

MÍSTICA DOMENICA LAZZERI

El padre Santuari sabía que Domenica le había dicho que a veces tenía
dificultades para deglutir la hostia. Una vez debió tener la hostia en la boca
durante medio día, otra vez fue un día entero. En otra ocasión la tuvo durante tres
días.

En una carta el padre Degiampietro afirma: El 4 de agosto de 1838,


comulgó, pero no pudo pasar la hostia. El día 5 recobró el conocimiento, me dijo
que la tenía todavía en la boca. Me pareció conveniente sacársela, pero no se
pudo porque, apenas abría la boca, las convulsiones comenzaban y cerraba
fortísimamente la boca con violencia; fue imposible sacársela. Estoy escribiendo
el día 17 y la hostia todavía la tiene en la boca, toda entera, como si acabara de
comulgar y no puede pasarla a pesar de sus esfuerzos. Un verdadero milagro de
Dios.

50
Panassiere Esprit, Mémoires sur la vie d´Agnes de Langeac, Ed. Cerf, Paris, 1994, p. 111.
51
Ib. p. 113.
52
Storia panegírica della beata Giuliana Falconieri, scritta da F. Prospero Bernardi, Firenze, 1681, pp.
70-71.

18
SANTA CRESCENCIA DE HÖSS

El 15 de julio de 1721, fiesta de la virgen y mártir santa Crescencia, su


patrona, la sierva de Dios, durante la misa, se moría de ganas por comulgar. No
era un día de comunión de la comunidad, pero Jesús pensó en ella y al Domine
non sum dignus (Señor, no soy digno) una procesión de ángeles, visibles a los
ojos de Crescencia, partieron del altar y un serafín, llevando la hostia consagrada,
se le acercó para darle la comunión según el rito de la Iglesia. Y eso, como
hemos dicho, sucedió por dos años enteros hasta el 27 de octubre de 1723.

El padre Lieb dudaba de muchas cosas de Crescencia. Un día le pidió al


Señor que por tres días no permitiera a los ángeles llevarle la comunión y al
mismo tiempo le prohibía a ella mentalmente comulgar. Al terminar el tercer día,
preguntó a Crescencia cómo estaba. Ella le respondió: Cómo voy a estar. No
estoy tranquila. Temo haber cometido algún pecado, ya que hace tres días que
no recibo la comunión.

El buen padre le pidió de nuevo al Señor: Si la comunión es un regalo de


tu liberalidad, dádselo de nuevo a vuestra sierva. Al día siguiente Crescencia
toda alegre le dijo que los ángeles habían venido a darle la comunión 53.

En una oportunidad Crescencia cayó enferma de tal manera que todos


pensaron que iba a morir. El confesor y la Superiora, después de pensar que los
remedios del médico no hacían efecto, decidieron que quizás el mejor remedio
podía ser la comunión diaria. Ambos estuvieron de acuerdo en esto y se lo
dijeron al padre provincial, quien aceptó que hicieran la prueba. Comenzó a
comulgar y se consiguió lo que se pretendía: la salud de la sierva de Dios.

En otra oportunidad el padre Lieb le prohibió comulgar para probarla. Ella


obedeció humildemente. La mañana en que debía dejar de comulgar, el padre, en
el momento de tomar la hostia para comulgar él, con grande estupor no encontró
en la patena más que la mitad de la hostia. Para encontrar la otra mitad comenzó
a buscar, pero en vano. Terminó la misa y el padre comenzó de nuevo la
búsqueda que resultó infructuosa. Todo consternado habló con la Superiora,
quien llamó a Crescencia. Ella dijo: Mi ángel custodio me ha dado a mí la otra
mitad de la hostia 54.

La Superiora también quiso probarla. Un día de comunión, le mandó que


fuera a trabajar a la cocina durante la misa. Ella obedeció. Estaba absorta en

53
Jeiler Ignacio, Vita della beata Madre María Crescenzia Höss, secondo gli atti della beatificazione,
Firenze, 1900, p. 165.
54
Ib. p. 162.

19
Dios, mientras trabajaba, y Jesús le envió por medio de un serafín la comunión
en la misma cocina donde estaba por mandato de la Superiora 55.

BEATA MARÍA DE SAN JOSÉ

Una religiosa nos dice: En una ocasión, estando nuestra Madre un poco
enferma, comulgó como de costumbre, a las seis y treinta de la mañana; a las
dos de la tarde, más o menos, sintió náuseas y ¡qué sorpresa! arrojó la hostia
entera, no la había digerido. Caso inexplicable, pues había desayunado, y a las
doce del día, almorzado. Tomó la hostia con mucha reverencia y la guardó en
una cajita. ¿Qué pasó después? 56.

Este es un fenómeno sobrenatural extraordinario que pocos santos han


recibido. Es la conservación milagrosa de la Eucaristía en su cuerpo de una
comunión a otra. Estos santos son sagrarios vivientes, pues tienen
permanentemente a Jesús sacramentado, como hombre y como Dios, en su pecho
sin que se corrompan las especies sacramentales como normalmente sucede.

Sobre esto nos dice san Antonio María de Claret: El 26 de agosto de 1861
el Señor me concedió la gracia grande de la conservación de las especies
sacramentales y tener siempre, día y noche, el Santísimo Sacramento en el
pecho; por lo mismo, yo siempre debo estar muy recogido y devoto
interiormente; y además debo orar y hacer frente a todos los males como así me
lo ha dicho el Señ[Link] mérito y sin talento, sin empeño de personas, me ha
subido de lo más bajo de la plebe al puesto más encumbrado. Ahora al lado del
Rey del cielo 57.

MÍSTICA TERESA NEUMANN

Las especies sacramentales, que normalmente permanecen en nuestro


cuerpo una media hora, en ella permanecían de una comunión a otra. El Jueves
Santo, dado que el Viernes Santo no se comulgaba, permanecían 48 horas. Teresa
era un verdadero sagrario viviente, llevando sobre sí permanentemente la
presencia viva y real de Jesús en la Eucaristía. Como prueba, citemos dos casos.

El 26 de julio de 1930 Teresa se sintió mal y vomitó sangre y también la


sagrada hostia que había recibido en la mañana. La recibió intacta en su pañuelo

55
Ib. p. 168.
56
Sumario del Proceso de canonización, pp. 276-277.
57
Autobiografía N.º 694.

20
limpio. Llamaron al párroco, quien al llegar, como ella no podía pasarla por no
poder deglutir, se la acercó con el pañuelo a la boca y, sin hacer ella movimiento
alguno, la hostia desapareció y entró de nuevo en su cuerpo. Según dijo ella más
tarde, esto había sucedido para expiar el pecado de una muchacha enferma que,
al comulgar, se sacaba la hostia de la lengua para mostrarla a otros y burlarse.

Otro día, el 4 de abril de 1942, según el profesor Franz Mayr, Teresa


sentía náuseas y, en un momento dado, entre las náuseas y vómitos de flema,
salió la hostia y la mostró en su lengua. Se había conservado intacta durante tres
días y tres noches que no había comulgado por las náuseas. El párroco Naber le
pidió que no se preocupara y que rogase a Jesús que volviera a entrar en ella. Ella
obedeció, oró con las manos juntas y levantadas, y de pronto quedó con una
expresión de paz y felicidad. Ya no estaba Jesús en su lengua. Parece que en esta
ocasión también había sucedido por un sufrimiento expiatorio, pero el Señor le
dijo que ya no le ocurrirían más esos vómitos 58.

En cuanto a comuniones milagrosas, el padre Naber escribe el 8 de


noviembre de 1932 que un día, al regresar de Waldsassen, quiso dar la comunión
a Teresa y, al llegar, la encontró en éxtasis. Dice: Al preguntarle sobre lo que
había sucedido, supe que el anhelo del Salvador había sido tan fuerte en Teresa
que el corazón le dejó de latir y sólo latía para quedarse parado algunos
minutos. Para evitarlo, el Salvador había descendido del sagrario sin la
colaboración de ningún sacerdote y había ido a Teresa 59.

Otro caso concreto sucedió en 1929, cuando Teresa estaba en Eichstätt el


29 y 30 de abril. Tenía graves sufrimientos físicos y espirituales. Temiendo por
su vida, tenía el padre Wutz una hostia consagrada en la capilla de su casa. De
pronto, Teresa entró en éxtasis. Al poco rato se le oyeron estas palabras: La Rels
ha recibido al Salvador. El padre Wutz fue a la capilla, abrió el sagrario y ya no
había ninguna hostia 60.

El 30 de enero de 1931 escribió el padre Naber: Antes del mediodía ha


venido Teresa a rogarme que le diese la sagrada comunión. Yo tenía que
despedirme de dos sacerdotes y Teresa se adelantó hacia la iglesia. Al llegar yo,
la encontré en éxtasis. Le pregunté si el vicario le había dado la comunión y me
dijo que no, pero que, como estaba a punto de desmayarse, el Salvador había
venido a ella; una sagrada hostia había venido volando de modo milagroso 61.

58
Steiner Johannes, Teresa Neumann, Ed. Herder, Barcelona, 1991, p. 193.
59
Naber Joseph, Tagebücher, Ed. Schenell & Steiner, München, 1987, p. 122.
60
Steiner Johannes, o.c., p. 187.
61
Naber Joseph, o.c., p. 99.

21
Su hermano Ferdinand contaba otro caso: Yo vivía en casa del padre Wutz
en Eichstätt y un día le ayudé a misa y preparé tres hostias pequeñas para
comulgar mi hermana Otilia, mi hermano Hans y yo. Como la misa comenzó un
poco tarde, mi hermano Hans tuvo que salir antes de comulgar para ir a
estudiar. Pero, a la hora de dar la comunión, sólo había dos hostias y no tres.
Buscamos y no la encontramos. Al poco tiempo, telefoneó Teresa desde
Konnersreuth, diciendo que aquella mañana no estaba el párroco ni el vicario
para darle la comunión y que había asistido a la misa de Eichstätt y después del
“Domine non sum dignus” (Señor no soy digno) una hostia consagrada había
entrado en ella62.

El padre Fahsel declara: Yo fui testigo presencial el 26 de julio de 1931 de


un suceso que me impresionó. Teresa presentaba muy mal aspecto y se resentía
de una visible debilidad. Mientras el párroco y yo rezábamos el acostumbrado
“Confiteor” (Yo confieso) saqué el copón del sagrario. Cuando estaba
aproximadamente a un metro de distancia de ella y había levantado la hostia
para las últimas invocaciones, me causó asombro que ella no se volviera. Estaba
recogida con la boca y los ojos cerrados y los brazos en forma de cruz sobre el
pecho… Entonces ella levantó un poco la cabeza y abrió la boca. En ella vi una
hostia resplandeciente y blanca, comprendiendo que ya había recibido el
sacramento 63.

Y sigue diciendo: Nunca olvidaré la expresión de júbilo y de sublime


dicha antes de recibir la comunión el día de Pascua. Desde su cama se abalanzó
hacia el párroco en una posición que pugnaba con las leyes físicas de equilibrio
y de gravedad…

Después de recibir la comunión, se notaba en ella mucha fortaleza


corporal. Con frecuencia se encontraba antes en un estado lastimoso de
debilidad. Sus ojos aparecían achicados y hundidos, con grandes ojeras. Apenas
recibía la comunión, desaparecía todo y, por eso, el párroco decía: “No sé lo
que pasa, Rels está siempre joven” 64.

El periodista Fritz Gerlich escribió sobre una comunión a la que él asistió:


Cuando el párroco vino con el copón, Teresa manifestó un deseo vivísimo de ir
al encuentro del Salvador. Su rostro se iluminó. Sus ojos irradiaban luz. Todo su
cuerpo estaba algo levantado como si quisiera elevarse. Al acercarle la hostia,

62
Steiner Johannes, o.c., p. 189.
63
Fahsel Helmut, Teresa Neumann de Konnersreuth, Ed. Dinor, san Sebastián, 1953, pp.159-160.
64
Fahsel, o.c., pp. 154-155.

22
ella abrió mucho la boca y sacó la lengua. El párroco depositó una hostia entera
en la punta de su lengua y repentinamente la hostia desapareció 65.

El padre Wutz me contaba, dice Johannes Steiner, que tenía la costumbre


de apretar un poco la hostia sobre la lengua de los comulgantes, pero en la
comunión mística de Teresa la hostia desaparecía de entre sus dedos y el dedo se
le quedaba húmedo. Yo mismo pude ser testigo de este hecho. Y puedo testificar
que la hostia que yo antes había visto depositar sobre la lengua, sin movimiento
alguno de deglución, desapareció de la boca inmediatamente después de retirar
la mano el sacerdote 66.

SANTO CURA DE ARS

El santo cura de Ars era celoso de las ovejas que Dios le había
encomendado. En ellas incluía también a todos los fieles de otros lugares que
venían a confesarse con él o a pedirle consejo. Pero, sobre todo, estaba muy
sobreaviso cuando algunos protestantes se acercaban a sus ovejas para querer
extraviarlas por caminos equivocados.

Una mañana, en medio de la multitud, un hombre se permitió llamarle con


palabras poco cultas y él le preguntó:

- ¿Quién es usted, amigo mío?


- Soy protestante.
- Oh, mi pobre amigo, usted es pobre, muy pobre, los protestantes ni
siquiera tienen un santo cuyo nombre puedan dar a sus hijos. Se ven
obligados a pedir nombres prestados a la Iglesia católica 67.

Una tarde, vinieron dos ministros protestantes que no creían en la


presencia real de Nuestro Señor en la Eucaristía. Yo les he dicho: ¿Creen
ustedes que un pedazo de pan pueda irse solo a posar en la lengua de alguien
que se acerca a recibirlo? Dijeron: No. Escuchen: Había un hombre que tenía
dudas sobre la presencia real de Jesús en la Eucaristía, pero él quería creer y le
rezaba a la Virgen de obtenerle la fe. Pues bien, a mí me sucedió. Al momento en
que este hombre se presentó para recibir la comunión, la santa hostia se fue de
mis dedos, cuando él estaba a buena distancia, y se fue a posar en la lengua de
este hombre 68.

65
Gerlich Fritz, Die stigmetisierte Therese Neumann von Konnersreuth, Munich, 1929, tomo I, pp. 166-
167.
66
Steiner Johannes, o.c., p. 186.
67
Miguel Tournassand, Proceso apostólico ne pereant, p. 1135.
68
Monnin Alfred, Esprit du curé d'Ars, Ed. Tequi, Paris, 1975, p. 46.

23
EL ÁNGEL DE PORTUGAL

Dice Lucía de Fátima: La tercera Aparición del ángel, me parece, debió


ser en octubre o fines de septiembre de 1916, porque ya no íbamos a pasar las
horas de siesta a casa.

Rezamos allí nuestro rosario y la oración que en la primera Aparición nos


había enseñado. Estando, pues, allí se nos apareció por tercera vez, trayendo en
la mano un cáliz y sobre él una hostia, de la cual caían dentro del cáliz, algunas
gotas de sangre. Dejando el cáliz y la hostia suspensos en el aire, se postró en
tierra y repitió tres veces la oración:

—Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro


profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de
Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los
ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que él mismo es ofendido. Y por los
méritos infinitos de su Sacratísimo Corazón y el Corazón Inmaculado de María,
te pido la conversión de los pobres pecadores.

Después, levantándose, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la hostia, y


me dio la hostia a mí y lo que contenía el cáliz lo dio a beber a Jacinta y a
Francisco, diciendo al mismo tiempo: Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de
Jesucristo, horriblemente ultrajado por les hombres ingratos. Reparad sus
crímenes y consolad a vuestro Dios”.

De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros tres veces más la


misma oración “Santísima Trinidad” y desapareció.

Llevados por la fuerza de lo sobrenatural que nos envolvía, imitábamos al


ángel en todo esto, postrándonos como él y repitiendo las oraciones que él decía.
La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa que nos absorbía y nos
aniquilaba casi del todo 69.

69
Memorias de Lucía, La vidente de Fátima, Madrid, 1974, pp. 140-143.

24
MARÍA ESPERANZA DE BIANCHINI

Sobre la vida de María Esperanza Medrano, la vidente de la Virgen en


Finca Betania (Venezuela) dice el padre Byerley: Hubo varias ocasiones en que
algunos testigos observaron a María Esperanza detenerse repentinamente
mientras estaba en plena actividad cotidiana y luego sentir el impulso de caer de
rodillas, después abría la boca, extendía la lengua e inmediatamente algo
parecido a una hostia redonda y blanca aparecía sobre ella, la consumía y
permanecía en oración por un rato. La sierva de Dios decía que el Señor le
pedía que hiciera esto en reparación por aquéllos que no recibían la santa
comunión o por aquéllos que la recibían indignamente. También explicó que
algunas veces era san Gabriel arcángel el que le daba la Eucaristía.

Tibisay Alzuarge estuvo presente una de las veces en que ocurrió este
fenómeno, he aquí su relato del acontecimiento: Una noche rezando el rosario en
la capilla de la casa Finca Vista Linda de la señora María Esperanza (la fecha
exacta no la sé), ella sintió retirarse de repente a su cuarto, pero repentinamente
no terminó de subir las escaleras cuando se hincó de rodillas y abrió su boca.

Mi cuerpo se puso frío, sudaba porque no entendía qué estaba sucediendo


y de repente alguien dijo: “Va a recibir la comunión.” Yo estaba muy cerca de
ella y me arrodillé también juntó con 14 personas que estaban en ese momento
allí. Vi claramente cuando la señora María abrió la boca y se le materializó una
hostia blanca, grande y la cara de ella era como si estuviera en otro mundo, algo
verdaderamente sobrenatural 70.

PIERINA GILLI, VIDENTE DE LA VIRGEN EN MONTICHIARI

Nos dice ella: En la mañana del 16 de septiembre de 1947 me encontraba


en la sala común del hospital, enferma en la cama. Estaba disgustada porque no
podía recibir la comunión. Así que mientras se celebraba la misa en la capilla,
invité a las enfermas a rezar el rosario para estar unidas también nosotras al
gran sacrificio de la santa misa.

En un instante, un rayo de luz alcanzó mi mirada y busqué alrededor de la


sala para ver qué era aquella luz. ¡Qué espectáculo se presentó ante mis ojos!
En medio de la sala, alzada en lo alto, vi una hostia tan luminosa de esplendor
que enviaba rayos de luz, que parecía que era una bellísima custodia. A un lado,

70
P. Timoty Byerley, María Esperanza y la gracia de Betania, Edición en New Jersey, 2014, pp. 213-
214.

25
a la derecha de la custodia, estaba la Virgen y a la izquierda la beata sor
Crocifissa, en actitud de venerable adoración. Las dos estaban de rodillas.

¡Oh, qué hermosa la Virgen! Arrodillada, con las manos juntas, con la
mirada fija y dirigida hacia la hostia, presentaba una sonrisa tan llena de amor
hacia el Señor, que se ocultaba dentro en aquella pequeña hostia blanca... ¡Me
dio la impresión que tanto la Virgen como la beata sor Crocifissa veían al mismo
Señor en la hostia! Sus rostros y comportamientos eran muy hermosos y plenos
de felicidad, manifestando que se encontraban precisamente ante la presencia
real del Señor.

La Virgen era particularmente superior respecto a la beata sor Crocifissa


en lo que se refería a su expresión paradisíaca, e incluso su vestido blanco
mostraba un candor inigualable, embellecido apropiadamente ante la presencia
del Señor. ¡Qué éxtasis! ¡Cómo contemplaba la Virgen la hostia!

La beata sor Crocifissa me dijo con mucha dulzura y con sonrisa


celestial: “He aquí que ahora se cumple la gracia milagrosa. Ha sido la Virgen
la que ha intercedido ante el Señor. Ahora Jesús desciende a ti”.

Mientras sor Crocifissa pronunciaba estas palabras, la hostia se movió


hacia mí y en un cierto momento me encontré como paralizada y entró en mi
boca. La Virgen siguió con su dulce mirada y sonrisa la sagrada hostia, pero no
se movió de su lugar 71.

SANTA VERÓNICA DE BINASCO

Sucedía muchas veces que una hostia venía por la ventanilla de comulgar
y volaba hasta su boca. Después ella quedaba en éxtasis. Sus hermanas la veían
arrobada, pero no sabían la causa, porque no habían visto la hostia llegar a su
boca. Esta manera de recibir la comunión le duró casi toda su vida, sobre todo
cuando el confesor de la comunidad celebraba la misa. Y era cosa singular que el
sacerdote nunca advirtió que a la hostia que iba a sumir le faltase una parte 72.

Un año en la fiesta del Corpus Christi, Verónica veía con sus ojos
corporales al Niño Jesús cada vez que iba a la iglesia a rezar el Oficio divino o a
cumplir sus devociones. Cuando la cortina de la reja estaba bajada, acabada la

71
Diario de Pierina, p. 106.
72
Font Jaime, Vida milagrosa de la extática y seráfica virgen santa Verónica de Binasco, 1693, pp. 284-
285.

26
elevación de la hostia y del cáliz en la misa, ella no veía más que ángeles que
estaban allí en adoración hasta que se consumía la hostia consagrada en la misa.

Cuando las religiosas comulgaban, ella veía muchos ángeles dispuestos en


coros por donde las hermanas debían pasar, y otros que rodeaban al sacerdote. Y
oía que todos los ángeles alababan al Señor con cantos y música celestial.
Igualmente, cuando el padre espiritual llevaba la comunión a alguna hermana
enferma, ella veía en la hostia al Niño Jesús y veía también al sacerdote rodeado
de ángeles. Esto se lo confió ella al padre espiritual y a la Madre Superiora, sor
Tadea Bonali.

Un día Verónica rezaba por el padre Alciati, porque él no estaba seguro de


que las experiencias sobrenaturales de Verónica fueran auténticas y el Señor en
éxtasis le manifestó: Vendrá un día en que aquel por el que tanto rezas, habrá
reservado una parte de la hostia que había consagrado en la fiesta del Corpus
Christi para darte la comunión y no la encontrará, porque te será dado
ocultamente y entonces abrirá los ojos. La Superiora escuchó estas palabras y,
aunque no oyó las palabras del Señor, por lo que decía Verónica entendió de qué
se trataba y, para asegurarse, le preguntó a Verónica sobre el asunto.

Al acercarse ese año la fiesta del Corpus, Verónica estaba ansiosa de que
se cumpliese esta promesa y tenía temor de que podría ser objeto de admiración
ante sus hermanas, lo que rechazaba su profunda humildad. Al año siguiente, en
la noche del viernes al sábado después de la octava del Corpus, cayó en éxtasis y
una voz suave la llamó y le dijo: Levántate, hijita, y recibe el Santísimo
Sacramento que te manda el Señor, Dios tuyo. Ella salió del éxtasis y vio su
celda iluminada y en medio de ella una majestuosa luz en la que vio al ángel con
una hostia en la mano. Se acercó y le dio la comunión y después desapareció.

A la mañana siguiente vino el padre espiritual para dar la comunión a las


hermanas con la hostia grande que partía en pedacitos. Verónica comenzó a
temer que la hostia que el padre había dejado en el sagrario podía haber sido la
que le dio el ángel en comunión. Ella pidió al Señor que nadie se enterara. De
hecho, la parte de la hostia estaba todavía en el sagrario. Pudo ser que el ángel
tomó la hostia de otra iglesia o que el Señor la hizo multiplicar. Lo que no
recordaba es que el Señor le había dicho que la parte de la hostia le sería
administrada por el mismo Jesús, no por el ángel. Es decir, todavía no era el
momento de cumplir la promesa.

Después de dos años, la noche que precede al viernes después de la octava


del Corpus, el ángel se le apareció en su celda y le dijo: Dirás al padre espiritual
que reserve una parte de la hostia ya consagrada. Le pidió a la Supriora que se
lo dijera al sacerdote y él así lo hizo. Pero en la noche del viernes al sábado,

27
estando Verónica en su celda, el ángel le dijo: Levántate, hijita, y vete a la
iglesia, donde harás la genuflexión ante el Santísimo. Después verás una nube
resplandeciente que viene a tu encuentro y después verás lo que hace el Señor.

Verónica después de hacer la genuflexión, volvió en sí y vio sobre el altar


una vela encendida y otra encendida sobre un gran candelabro que estaba en el
suelo. Esta última vela se acostumbraba a encender cuando las hermanas rezaban
el Oficio divino. Después vio el copón elevarse por sí y salir del sagrario. Veía
que el copón se movía, pero no veía quién lo hacía. De pronto una nube rodeó el
altar. Después vio levantar el copón y una hostia sobre el cáliz. Ella no veía a
ninguna persona, veía solo el resplandor de la nube y en medio muchísimos
ángeles, vestidos de varios colores de luz resplandeciente. Ellos, al levantar la
hostia sobre el cáliz, entonaron un canto dulce y armonioso a dos coros. Ella se
arrodilló como solía hacerlo al comulgar y le pareció que la hostia volaba a su
boca y comulgó. Y oyó una voz dulcísima que decía: Recibe mi cuerpo, hija mía.
Yo soy aquel en el que tú siempre has creído. De este modo, Jesús cumplió su
promesa y él mismo le dio la comunión.

Verónica, después de esa comunión sobrenatural, se fue a la celda para no


ser sorprendida en éxtasis por las demás. Al volver en sí, la Madre Tadea, la
Superiora, fue a visitarla y entendió que algo extraordinario había sucedido.

SANTA CATALINA DE SIENA

Un año, el día de la fiesta de san Marcos evangelista, ella le dijo a su


confesor fray Raimundo de Capua: “Padre, si supieseis cuánta hambre tengo”.
Él le respondió: “Ya ha pasado la hora de celebrar y yo estoy muy cansado”.
Después de otro rato le volvió a repetir que se moría del deseo de comulgar.
Entonces el padre celebró la misa. Después que él consumió el sacramento, vio
el rostro de Catalina como el de un ángel, lleno de rayos y resplandores. Y vio
que la hostia se fue por sí misma de la patena y dio de comulgar a Catalina 73.

Otro día pasó algo parecido, ya que ella deseaba mucho comulgar. El
padre Raimundo celebró la misa y Catalina estaba al fondo de la iglesia, porque
sus hermanas le habían dicho que no comulgase por las murmuraciones de
algunos, al comulgar todos los días. El padre Raimundo observó que una parte de
la hostia había desaparecido del altar y se preocupó, buscando dónde podía
estar… Después de la misa, al ver a Catalina, ella se sonrió y le manifestó: Recibí
la hostia de mano de Jesucristo nuestro Señor 74.

73
Taurisano Innocenzo, I fioretti di Santa Caterina da Siena, Roma, 1927, 2do tomo, p. 12.
74
Ibídem.

28
Era tan grande su deseo de la santa comunión que algunas veces, si no
comulgaba, padecía su cuerpo tan duras pasiones que casi llegaba a punto de
morir 75.

Y, cuando comulgaba, eran tantas las gracias y celestiales consolaciones


que recibía que redundaba en su cuerpo… y le mudaba la naturaleza de su
estómago que no tenía necesidad de manjar corporal y, si comía algo, recibía un
gran tormento corporal. Y, si alguna vez porfiaba y se hacía fuerza en comer
alguna cosa, padecía un gravísimo dolor y ninguna digestión hacía 76.

Un día Catalina fue a misa a su parroquia de Santo Domingo en Siena,


se acercó al momento de la comunión, pero el sacerdote hizo como que no la
había visto y pasó de largo. Otros dos sacerdotes celebraron la misa después,
pero tampoco le dieron la comunión, pues el prior del convento, Bartolomé
Montucci, había prohibido que ese día le dieran de comulgar. Catalina se quedó
tranquila en su lugar y, de pronto, vino una claridad celestial y vio a Dios Padre
y a su divino Hijo, sentados uno junto al otro en un trono de gloria, y al Espíritu
Santo sobre ellos en forma de paloma. Después apareció una mano de fuego,
sosteniendo una hostia de deslumbradora blancura, y una voz dijo: “Tomad y
comed, esto es mi cuerpo”. Catalina sintió la hostia consagrada pasar como un
carbón ardiente por sus labios y penetrar en ella como una chispa de fuego 77.

75
Ib. II, 4.
76
Ib. II, 4.
77
Jörgensen, pp. 136-137.

29
CONCLUSIÓN

Después de haber leído estos hechos sublimes y maravillosos de las


comuniones celestiales, ojalá tomemos más en serio la realidad de Jesús en el
sagrario de nuestras iglesias y lo tratemos con todo el amor y fervor que se
merece. Esto quiere decir, por ejemplo, no pasar delante del sagrario sin hacer la
debida genuflexión, ir a la iglesia bien vestidos. Estar preparados con el alma lo
más limpia posible para comulgar. Cuando pasemos delante de una iglesia donde
está Jesús, dirijámosle unas palabras mentalmente de saludo y cariño. Y cuando
entremos en una iglesia o capilla donde está Jesús, no nos detengamos solamente
en pasear para ver lo bonita que es como los turistas, sino primero saludemos al
dueño de casa, a Jesús, que siempre nos espera como un amigo en el sagrario.

En una palabra, Jesús está esperándonos en el sagrario. Jesús quiere ser


nuestro amigo y quiere que lo tratemos con confianza y a la vez con respeto. Él
es el amigo que siempre nos espera. Por eso, cuando tengamos algún problema
grave personal o familiar, ahí está esperándonos para consolarnos y bendecirnos
y darnos su paz. No nos olvidemos de Jesús. Está bien que acudamos al médico o
al psicólogo o al psiquiatra, si lo necesitamos, y tomemos las medicinas que nos
ordenen, pero recordemos que la salud es un regalo de Dios, aunque nos la dé por
medio de los médicos y de las medicinas. Algunas personas mandan bendecir las
medicinas por un sacerdote antes de tomarlas, porque la bendición sacerdotal
siempre es eficaz, cuando se da con fe y cuando se recibe también con fe.

Que Dios los bendiga por medio de María.

Tu amigo en Jesús.
P. Ángel Peña O.A.R.
Agustino recoleto

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