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Primera Tópica del Aparato Psíquico

La primera tópica del psicoanálisis describe tres niveles de la mente: el consciente, el preconsciente y el inconsciente. El consciente incluye pensamientos y emociones relacionadas directamente con la realidad, mientras que el inconsciente contiene deseos reprimidos y sigue el principio de placer en lugar del principio de realidad. Freud luego desarrolló la segunda tópica con el ello, yo y superyó para explicar las fuerzas que gobiernan el comportamiento consciente e inconsciente.

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Primera Tópica del Aparato Psíquico

La primera tópica del psicoanálisis describe tres niveles de la mente: el consciente, el preconsciente y el inconsciente. El consciente incluye pensamientos y emociones relacionadas directamente con la realidad, mientras que el inconsciente contiene deseos reprimidos y sigue el principio de placer en lugar del principio de realidad. Freud luego desarrolló la segunda tópica con el ello, yo y superyó para explicar las fuerzas que gobiernan el comportamiento consciente e inconsciente.

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asis: primera tópica del aparato psíquico

Psicoanálisis. Primera tópica: consciente, preconsciente e inconsciente


El aparato psíquico es el nombre que utilizó Sigmund Freud para denominar a la mente humana. En
una de sus teorías para describirla, El psicoanálisis alude a los lugares en los que ocurren los diferentes
procesos psíquicos y habla de cómo la mente se organiza y se divide en distintos sistemas interconectados
entre sí, cada uno con características y funciones específicas.
Tópico viene del griego topos que significa “lugar”, no obstante, el psicoanálisis no se refiere con su
teoría a lugares físicos específicos sino más bien a instancias o partes de nuestra psique.

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Piscoanálisis, definición de Consciente, Preconsciente e Inconsciente.
La primera tópica del psicoanálisis, habla de tres niveles: Consciente, Preconsciente e Inconsciente.
En el nivel consciente se encuentran todos los pensamientos, emociones y acciones directamente
relacionadas con la realidad: es el sistema más accesible para nosotros, mediante el cual nos relacionamos
con los estímulos externos o internos a través de los sentidos.  Este sistema está relacionado con la
memoria a corto plazo y representa nuestra percepción en el momento presente, tanto de nosotros como
del entorno.

preconsciente respetan las leyes lógicas y cronológicas de la temporalidad. Esto significa que están
ajustadas a la realidad y al momento presente. Sin embargo, el inconsciente es atemporal por lo que se
pueden confundir emociones de la infancia en la edad adulta o se puede soñar que se está en pleno
invierno y mezclarlo con sensaciones o acciones puramente veraniegas.
Otra característica común entre los primeros dos niveles de conciencia, según el psicoanálisis, es
el principio de realidad, por lo que estos sistemas nos permiten tanto adaptarnos a las circunstancias
como postergar nuestro deseo si este no se puede satisfacer en el momento. Por el contrario, el
inconsciente no tiene esta capacidad, sino que busca satisfacer su placer y deseo sin capacidad de
espera y control ya que en este caso predomina el principio de placer.

Puedes leer más sobre el psicoanálisis y otras teorias entrando en este enlace
Otra diferencia entre los sistemas que describe Freud, en el desarrollo del psicoanálsis, se refiere a la
lógica de realidad. Mientras que el nivel consciente y preconsciente están prescritos a los códigos de
lenguaje y los contenidos tienen significado literal y no oculto, el inconsciente no sigue ningún orden
lógico, es incoherente y caótico y por tanto tiene significados que van más allá de lo evidente y literal.
El contenido de estas tres instancias es dinámico y por tanto se mueve y va pasando por los diferentes
niveles. El objetivo en las terapias psicoanalíticas es hacer consciente lo inconsciente.
ianoPsicoanálisis: de la primera a la segunda tópica
La revolución llevada a cabo por Freud y el psicoanálisis es bastante simple: la
teoría psicoanalítica consiste en desintegrar al sujeto humano, modificar la concepción que tanto
Descartes entonces Kant habían elaborado como sujeto dotado de una facultad de representación, es decir,
la conciencia.
La conciencia en la filosofía clásica era una y única, de un solo bloque, algo monolítico. Es Freud quien
se encarga de desgranarla al desarrollar el psicoanálsis, desarrollando dos teorías del inconsciente: en la
primera tópica, se dividió en tres partes (consciente, preconsciente, inconsciente) pero Freud comprendió
rápidamente los límites de esta concepción.
Para ello, en la segunda tópica (1923) creó una segunda “topografía”, construida sobre el tríptico ello, yo
y superyó. Es este segundo tema el que marca más profundamente la ruptura con la filosofía clásica. De
hecho, el psicoanálisis Freud define tres instancias presentes en el hombre, que rigen su
comportamiento, tanto consciente como inconsciente.
El ello, polo pulsional
Al ello, según el psicoanálsis, se le atribuye la característica de “gran reservorio” de la líbido, de las
energías pulsionales y del deseo. Es descrito por Freud como un caos. Según él, el ello se encuentra en
conflicto con las otras dos instancias (yo y superyó) que describiremos a continuación: persigue su afán
de expresar esa energía y promover la descarga de la misma.
El ello designa la parte más inconsciente del hombre, es el depósito de los instintos humanos, el
receptáculo de los deseos reprimidos y no reconocidos en las profundidades, según la teoría
psicoanalítica.
Estas necesidades pulsionales necesitan ser canalizadas, en particular a través de la sublimación (que
consiste en realizar un deseo instintivo de forma indirecta). El ejemplo que da el psicoanálsis de Freud, es
el artista sublimando sus impulsos a través del arte.
Psicoanálsis: El yo, mediador
El yo designa la parte de la personalidad que asegura las funciones conscientes. Según el psicoanálisis
Freudiano, el yo es la parte defensiva de nuestra personalidad. Trata, gracias a un rol de mediador, de
responder a los intereses respectivos del ello y del superyó.
El yo es descrito como una pobre criatura que debe obedecer a tres amos: al mundo exterior, al ello o polo
pulsional y al superyó, el juez. El yo asegura la estabilidad del sujeto, impidiendo que libere sus impulsos
en el día a día mediando entre las demandas del ello y las exigencias del superyó.

Teoría Psicoanalítica: el superyó, la ley


El superyó, en el psicoanálisis de Freud representa una interiorización de las prohibiciones
parentales, un poder de interdicción que el yo está obligado a tener en cuenta. De hecho, durante la
infancia, el ser humano sufre una larga dependencia expresada por el superyó.
El superyó es esa voz en nosotros que dice “no debemos”, una especie de ley moral que actúa sobre
nosotros sin comprender su origen, pero que guarda una fuerte relación con los valores de la(s) cultura(s)
y subcultura(s) en la que estemos inmersos y en la que nos hayamos desarrollado.
De forma simplificada, el superyó es aquella voz que nos dice lo que está mal y que nos empuja a
acercarnos al ideal de aquello que está bien y es correcto.

El principio del placer vs principio de la realidad


Según Freud, el principio del placer junto con el principio de realidad son principios que rigen el
funcionamiento psíquico humano. La noción de principio del placer fue inicialmente formulada por
Fechner en 1848 bajo el nombre de «principio del placer de la acción», pero es Freud quien tematiza a lo
largo de sus obras la noción de principio de placer entendido como rector de los actos que tienden a la
consecución del placer o, mejor dicho, al alejamiento del dolor o displacer. En una primera etapa Freud lo
denominó «principio de la inercia de las neuronas», y según él, es el que rige el funcionamiento del
sistema neurónico para mantenerse en un estado de baja excitación ya que, en caso contrario, aparece el
dolor o displacer. Más adelante concebirá este principio como regulador general de la estructura
psicológica, de forma que, a partir de su división en tres estructuras de la psique: el ello el yo y
el superyo, considerará que el ello, que es inconsciente, está regido por el principio del placer que tiende a
la inmediata satisfacción y realización de todos los deseos y pulsiones bien realmente, bien en la fantasía,
a efectos de reducir la excitación. El yo, en cambio, a instancias del superyo, se rige por el principio de
realidad, que en base a las exigencias éticas socialmente establecidas, modifica los impulsos surgidos del
ello. Mediante el principio de realidad el yo toma la decisión de si debe realizar o postergar la satisfacción
de los deseos o, incluso, si debe suprimir la aspiración de la pulsión por condiderarla peligrosa. La
formación del yo se determina a partir de esta tensión entre los dos principios psíquicos fundamentales.
En Más allá del principio del placer, Freud dedendió la existencia de un instinto de muerte (thánatos) que
tiene como misión el retorno de todo lo animado al estado de inanimado, en oposición al eros cuya misión
es, por el contrario, perpetuar la vida

Principio de realidad

El principio de la realidad es exactamente el contrario del principio del placer; el mismo se


encuentra gobernado por el «yo», que controla la mentalidad de gratificación instantánea del «ello».
En este principio se presenta en la mente algo que no solamente es agradable, sino lo que es algo real,
aunque puede llegar a ser desagradable.

Desde que nacen, los niños tienden a buscar la gratificación inmediata. Solo quieren las cosas que les
generan placer y evitan el dolor en la medida que puedan. Sin embargo, a medida que los niños crecen
comienzan a comprender que a veces deben tolerar el dolor y retrasar la gratificación, se vuelven más
realistas sobre sus deseos y empiezan a comprender que la vida tiene sus limitaciones, en este momento
comienzan a operar bajo las órdenes del principio de realidad.

El «yo» detiene los impulsos instintivos «del ello» y los amolda a las situaciones reales, pues este sabe
que los impulsos de placer enviados por el «ello» desde la mente inconsciente no siempre serán bien
recibidos por el mundo exterior y el contexto cultural en el que se encuentre el sujeto. El principio de
placer se encuentra principalmente regido por la moral y es parte de la mente consciente del individuo.

Desde el punto de vista económico, el principio de realidad corresponde a una transformación de


energía libre en ligada, desde el punto de vista tópico caracteriza esencialmente al sistema PRCC-
CCC y desde el punto de vista dinámico se basa sobre cierto tipo de energía pulsional que se hallaría más
especialmente al servicio del yo.

Ejemplo: Un claro ejemplo del principio de placer puede ser la violencia. Por ejemplo, si en un cruce de
palabras el sujeto se encontrara regido por el principio de placer y lo domina la ira, el mismo tenderá a
reaccionar violentamente hacia la otra persona, sin importarle las consecuencias de sus actos; en cambio,
cuando se encuentra gobernado por el principio de realidad, el sujeto sabe que reaccionar violentamente
no será bien visto, y no logrará nada, incluso sentirá placer por unos minutos y luego sentirá
remordimiento, por tanto decide solucionar la situación de otra manera que se amolde a la realidad. Otro
ejemplo pueden ser los impulsos sexuales; una persona con deseo sexual alto debe aprender a controlar
sus impulsos, pues sería poco práctico y socialmente inaceptable tener relaciones sexuales cada vez que lo
deseara.

La búsqueda de la satisfacción y el mundo exterior…

Ambos principios forman un par, modificando el principio de realidad al de placer en la medida que
logra imponerse como principio regulador. La búsqueda de la satisfacción ya no se efectúa por los
caminos más cortos como cuando bebes sino mediante rodeos y aplaza su resultado en función de las
condiciones impuestas por el mundo exterior. Por ejemplo, si un bebe quiere orinar lo hace en el
momento, mientras que siendo adultos y si estamos en una reunión, aplazamos las ganas de orinar, en pro
de otros fines.

Estos dos principios pueden ser comparados con el triunfo de la razón sobre la pasión, la cabeza sobre el
corazón y la mente racional sobre emocional.

El PRINCIPIO DEL PLACER


El “Principio del placer” (Lustprinzip) denomina según Sigmund Freud el deseo del ser humano de
obtener la gratificación inmediata de las necesidades mediante la obtención del placer y evitación del
displacer. Freud, el padre del psicoanálisis, creía que este principio rige el funcionamiento de la mente, y
por eso sostenía que el conjunto de la actividad psíquica tiene como finalidad evitar el displacer y
procurar el placer.
También afirmaba que el displacer va ligado al aumento de las cantidades de excitación, y el placer a la
disminución de las mismas.
Según el psicoanalista francés Laplanche, Freud toma de su admirado de Gustav T. Fechner el término,
aunque el filosofo alemán lo llamaba “Principio del placer de la acción“. Fechner decía “no es que la
finalidad perseguida por la acción humana sea el placer, sino que nuestros actos vienen determinados
por el placer o displacer producidos en el presente por la representación de la acción a realizar o de sus
consecuencias“.
En su obra “Más allá del principio del placer“, publicada en
1920, Freud señala la conveniencia de distinguir entre displacer y sentimiento de tensión pues existen
tensiones placenteras, decía él
Cómo explica Freud la angustia?

A mediados del siglo XX, en 1926, Freud funda una nueva visión sobre la angustia. Establece que es un
afecto displaciente, producto de una situación percibida como peligrosa. Se expresa principalmente en la
fisiología del organismo, a través de la aceleración del ritmo cardiaco y la sensación de ahogo.
. inestabilidad, mareo o desmayo. desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización (estar
separado de uno mismo) miedo a perder el control o volverse loco. miedo a morir.
La ansiedad según Sigmund Freud surge a partir del conflicto mental.

Los tipos de ansiedad según Sigmund Freud


En el modelo topográfico de la personalidad de Sigmund Freud, el  Yo es esa parte de nuestro
ser que se relaciona con la realidad. Sin embargo, esta tarea no siempre es fácil. En primer lugar
no lo es porque surgen constantes conflictos  y fricciones, desavenencias con nuestros deseos más
profundos, con nuestros instintos y también con ciertos hechos inconscientes… En segundo lugar,
todas esas dinámicas inconscientes negativas generan a menudo determinados trastornos mentales.
Hablar de los tipos de ansiedad según Sigmund Freud es referirnos a esas instancias psíquicas
que conforman nuestros procesos mentales. Así, además del  Yo  antes citado, tenemos al   Ello,
esa expresión psíquica donde se contienen nuestras pulsiones y deseos. Asimismo, nuestro
atareado Yo debe lidiar también con el Superyó, esa instancia moral e idealista que según este
enfoque está ahí para juzgarnos, para ser ese “gran hermano” vigilante y sancionado
La ansiedad, surge como resultado de todo ese choque de fuerzas. Un conflicto mental y de
afectos que nos aboca a situaciones que pueden gestar lo que Freud denominó como conductas
neuróticas y conductas psicóticas . Veamos, no obstante, esos tres tipos de ansiedad que estableció
el psicoanálisis en sus primeros años.

1. La ansiedad realista
Entre los tres tipos de ansiedad según Sigmund Freud, con el que más nos identificaremos
será la “realista”. Esta surge como reacción a un hecho concreto, objetivo y ante todo real.
Hay miedos  que pueden aparecer en nosotros en un momento dado por un fin muy concreto: para
animarnos a huir de lo que hace daño, de lo que atenta a nuestra integridad, a nuestra supervivencia.
Todos experimentamos ansiedad realista cuando vemos fuego, cuando alguien se acerca a nosotros
en actitud violenta, cuando se desata un huracán u otro hecho donde hay un riesgo objetivo.

Los tres tipos de ansiedad según Sigmund Freud

En su teoría psicoanalítica, Freud distinguió tres tipos de ansiedad: la realista, la neurótica y la moral.
Veámoslas en detalle

La ansiedad según Sigmund Freud, surge a raíz del conflicto mental. Sería como una
“transformación tóxica” de nuestras energías, de un  Ello que necesita determinadas cosas y que no
puede alcanzar ni satisfacer. También de esas obsesiones que a menudo escondemos y que nos traen
miedos injustificados o incluso la sombra persistente de ciertos traumas enquistados.
Más allá del tiempo transcurrido desde que se asentaran esas primeras bases del enfoque
psicoanalítico (allá por 1896), hay un hecho que no podemos menospreciar. Dejando incluso a un
lado sus polémicas teorías sobre la libido o la represión sexual, algo que debemos agradecerle a
Freud fue su determinación en curar lo que él denominó como “ansiedad neurótica”.
“La mente es como un iceberg, flota con un 70% de su volumen sobre el agua”.
-Sigmund Freud-
Si bien es cierto que en la actualidad trabajamos esta dimensión desde muchos más enfoques, este
médico neurólogo y padre del psicoanálisis fue uno de los pioneros en explorar los fenómenos
inconscientes de la mente humana . Así, algo que percibió desde muy temprano es que si había
una condición que afectaba en exceso al ser humano, era la ansiedad. Pocos estados resultaban
tan desgastantes, pocas situaciones arrebataban a la persona las riendas del control sobre sus
propias vidas.
Freud puso los cimientos de muchas de las teorías que hemos seguido desarrollando a día de
hoy. Para él, la ansiedad era una parte indiscutible de su teoría de la personalidad y como tal le
dedicó un extenso trabajo, un amplísimo recorrido que quedó reflejado en una buena parte de sus
publicaciones.
La ansiedad según Sigmund Freud surge a partir del conflicto mental.

Los tipos de ansiedad según Sigmund Freud


En el modelo topográfico de la personalidad de Sigmund Freud, el  Yo es esa parte de nuestro
ser que se relaciona con la realidad. Sin embargo, esta tarea no siempre es fácil. En primer lugar
no lo es porque surgen constantes conflictos  y fricciones, desavenencias con nuestros deseos más
profundos, con nuestros instintos y también con ciertos hechos inconscientes… En segundo lugar,
todas esas dinámicas inconscientes negativas generan a menudo determinados trastornos mentales.
Hablar de los tipos de ansiedad según Sigmund Freud es referirnos a esas instancias psíquicas
que conforman nuestros procesos mentales. Así, además del  Yo  antes citado, tenemos al   Ello,
esa expresión psíquica donde se contienen nuestras pulsiones y deseos. Asimismo, nuestro
atareado Yo debe lidiar también con el Superyó, esa instancia moral e idealista que según este
enfoque está ahí para juzgarnos, para ser ese “gran hermano” vigilante y sancionador.
La ansiedad, surge como resultado de todo ese choque de fuerzas. Un conflicto mental y de
afectos que nos aboca a situaciones que pueden gestar lo que Freud denominó como conductas
neuróticas y conductas psicóticas . Veamos, no obstante, esos tres tipos de ansiedad que estableció
el psicoanálisis en sus primeros años.

1. La ansiedad realista
Entre los tres tipos de ansiedad según Sigmund Freud, con el que más nos identificaremos
será la “realista”. Esta surge como reacción a un hecho concreto, objetivo y ante todo real.
Hay miedos  que pueden aparecer en nosotros en un momento dado por un fin muy concreto: para
animarnos a huir de lo que hace daño, de lo que atenta a nuestra integridad, a nuestra supervivencia.
Todos experimentamos ansiedad realista cuando vemos fuego, cuando alguien se acerca a nosotros
en actitud violenta, cuando se desata un huracán u otro hecho donde hay un riesgo objetivo.

2. La ansiedad neurótica
La ansiedad neurótica o secundaria surge a partir de la anticipación de hechos
o circunstancias. Reaccionamos ante hechos, pensamientos e ideas que solo tienen realidad en
nuestra mente, pero no fuera de ella, no en nuestro entorno. Así, ante ese miedo surgido en nuestra
psique desplegamos toda una serie de procesos defensivos: nerviosismo, necesidad de huida,
descontrol…
Freud veía el origen de este tipo de ansiedad en nuestro Ello.  En nuestros deseos frustrados, en
nuestros instintos soterrados pero ansiosos por ser satisfechos en una realidad siempre limitada.
Asimismo, además de esas pulsiones inconscientes están nuestros miedos, esos que según el
psicoanálisis arrastramos desde nuestra infancia en forma de traumas no elaborados . Por
tanto, serían estados mentales en conflicto que nos quitarían la oportunidad de  ser felices , de
permitir que nuestro “yo” se muestre de forma libre y auténtica.

3. La ansiedad moral
Puede que, entre los tres tipos de ansiedad según Sigmund Freud, la que más extrañeza nos suscite
es aquella que hace referencia a la moralidad. Sin embargo, para entenderla vamos a relatar algunos
ejemplos. Pensemos en el hijo que, en un momento dado, piensa que ha defraudado a sus padres al
no convertirse en aquello que estos querían. Pensemos también en el empleado que no se siente
capaz de alcanzar los objetivos de la empresa .
Esa angustia, esa ansiedad proviene según el psicoanálisis del influjo del superyó . Es ese
mundo social interno que todos tenemos donde se orquestan nuestros “debería”, nuestros “mandatos
inconscientes” y ese miedo o vergüenza al fracaso o incluso al castigo en cualquiera de sus formas
(desprestigio, desamor, despidos, soledad…

Manifestaciones de la ansiedad
La ansiedad se puede expresar de diferentes maneras, desde situaciones localizadas o
determinados objetos  -como en las fobias- hasta una sensación crónica de ansiedad
generalizada.
Los casos de ansiedad localizada suelen evidenciarse mediante comportamientos evitativos que
reducen, en mayor o menor grado, la libertad del individuo para desenvolverse en su vida.
Por su parte, la ansiedad generalizada y crónica, es una fuente de sufrimiento considerable para
aquellos que la sienten. Pues, estas personas se mantienen constantemente en la hipervigilancia
como respuesta a una sensación de peligro, la cual es interna y muchas veces inconsciente
Para concluir, estamos seguros que estos tipos de ansiedad según Freud nos serán sobradamente
conocidos. Más allá de esa arquitectura de la personalidad erigida en esos tres juegos de fuerza
del yo, ello y superyó,  hay una base que a día de hoy seguimos aceptando: el conflicto mental .
Hablar de ansiedad es referirnos a una crisis  interna, a un instante donde la realidad nos supera, y
donde la mente cabalga desbocada por rumbos que ni entendemos.
Calmarla, darle equilibrio, control y sentido requiere de tiempo y de adecuadas estrategias. Las
mismas que pueden ofrecernos muchos de los enfoques terapéuticos con los que contamos en la
actualidad.

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