Delitos contra la fe publica :
Falsificación de sellos, timbres y
marcas oficiales
INTRODUCCION
Delito contra la fe pública que se concreta cuando una persona falsifica
sellos oficiales, papel sellado, sellos de correo o telégrafo o cualquier efecto
timbrado cuya emisión esté reservada a la autoridad y tenga por objeto el
cobro de impuestos; también cuando falsifica marcas, contraseñas o firmas
oficialmente usadas para contrastar pesas o medidas, identificar cualquier
objeto o certificar su calidad, cantidad o contenido, y cuando se las aplica
a objetos distintos de aquellos a que debían ser aplicados; o cuando
falsifica billetes de empresas públicas de transporte o altera la numeración
de un objeto registrada de acuerdo con la ley; o cuando hace desaparecer
un sello, timbre o marca oficial o se usa uno falso. CP, Título XII, cap. II.
libertad no menor de dos ni mayor de cuatro años, y con ciento ochenta
a trescientos sesenticinco días-multa, si se trata de un documento
privado.
El que hace uso de un documento falso o falsificado, como si fuese
legítimo, siempre que de su uso pueda resultar algún perjuicio, será
reprimido, en su caso, con las mismas penas.
Artículo 428.-Falsedad ideológica
El que inserta o hace insertar, en instrumento público, declaraciones
falsas concernientes a hechos que deban probarse con el documento,
con el objeto de emplearlo como si la declaración fuera conforme a la
verdad, será reprimido, si de su uso puede resultar algún perjuicio, con
pena privativa de libertad no menor de tres ni mayor de seis años y con
ciento ochenta a trescientos sesenticinco días-multa.
El que hace uso del documento como si el contenido fuera exacto, siempre
que de su uso pueda resultar algún perjuicio, será reprimido, en su caso,
con las mismas penas.
Artículo 429.-Omisión de consignar declaraciones en documentos
El que omite en un documento público o privado declaraciones que
deberían constar o expide duplicados con igual omisión, al tiempo de
ejercer una función y con el fin de dar origen a un hecho u obligación, será
reprimido con pena privativa de libertad no menor de uno ni mayor de seis
años.
Concordan
cias. C.P.:
29 y 244;
C.C.: 219 y 221;
Artículo 430.- Supresión, destrucción u ocultamiento de documentos
El que suprime, destruye u oculta un documento, en todo o en parte de
modo que pueda resultar perjuicio para otro, será reprimido con la pena
señalada en los artículos 427º y 428º, según sea el caso.
Ley Nº 26689 Art. 2
Artículo 431.- Expedición de certificado médico falso
El médico que, maliciosamente, expide un certificado falso respecto a la
existencia o no existencia, presente o pasada, de enfermedades físicas o
mentales, será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres
años e inhabilitación de uno a dos años conforme al artículo 36º, incisos 1
y 2.
Cuando se haya dado la falsa certificación con el objeto que se admita o
interne a una persona en un hospital para enfermos mentales, la pena
será privativa de libertad no menor de tres ni mayor de seis años e
inhabilitación de dos a cuatro años conforme al artículo 36º, incisos 1 y
2.
El que haga uso malicioso de la certificación, según el caso de que se
trate, será reprimido con las mismas penas privativas de libertad.
Ley Nº 26689 Art. 2
Artículo 432.-Inhabilitación
Cuando algunos de los delitos previstos en este Capítulo sea cometido
por un funcionario o servidor público o notario, con abuso de sus
funciones, se le impondrá, además, la pena de inhabilitación de uno a
tres años conforme al artículo 36º, incisos 1 y 2.
Artículo 433.-Equiparación a documento público
Para los efectos de este Capítulo se equiparan a documento público,
los testamentos ológrafo y cerrado, los títulos-valores y los títulos de
crédito transmisibles por endoso o al portador.
FALSIFICACION DE SELLOS, TIMBRES Y
MARCAS OFICIALES
Artículo 434.-Fabricación o falsificación de sellos o timbres oficiales
El que fabrica, fraudulentamente, o falsifica sellos o timbres oficiales de
valor, especialmente estampillas de correos, con el objeto de emplearlos
o hacer que los empleen otras personas o el que da a dichos sellos o
timbres oficiales ya usados la apariencia de validez para emplearlos
nuevamente, será reprimido con pena privativa de libertad no menor de
dos ni mayor de cinco años y con noventa a ciento ochenta días-multa.
Cuando el agente emplea como auténticos o todavía válidos los sellos o
timbres oficiales de valor que son falsos, falsificados o ya usados, la pena
será privativa de libertad no menor de uno ni mayor de tres años y de
sesenta a noventa días-multa.
Ley Nº 26689 Art. 2
Artículo 435.-Fabricación fraudulenta o falsificación de marcas o
contraseñas oficiales
El que fabrica, fraudulentamente, o falsifica marcas o contraseñas
oficiales destinadas a hacer constar el resultado de un examen de la
autoridad o la concesión de un permiso o la identidad de un objeto o el
que a sabiendas de su procedencia ilícita hace uso de tales marcas, será
reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres años.
Ley Nº 26689 Art. 2
Artículo 436.-Inhabilitación
Cuando el agente de alguno de los delitos comprendidos en este
Capítulo es funcionario o servidor público, será reprimido, además, con
pena de inhabilitación de uno a tres años conforme al artículo 36º incisos
Artículo 437.-Marcas y sellos extranjeros equiparados a los
nacionales
Las disposiciones de este Capítulo son aplicables a los sellos, marcas
oficiales y timbres de procedencia extranjera.
Delito de omisión de contenidos en documento
El delito de «omisión de contenidos en documento» que sanciona
el artículo 429 del Código Penal constituyó una verdadera innovación en
materia de delitos contra la fe pública. Este fue regulado como una forma
especial de falsedad impropia consistente en una omisión dolosa de
contenidos imputable a quien redacta un documento público o privado.
Ahora bien, un problema interpretativo en torno a este ilícito se relaciona
con la identidad del sujeto activo que ha de realizarlo. Aparentemente, la
ley penal estaría criminalizando un «delito especial propio», ya que en la
redacción del tipo penal se alude a que el autor debe materializar la omisión
ilícita «al tiempo de ejercer una función» y siempre que se entienda esto
último como la redacción de un documento en desempeño de una función
pública (por ejemplo, las que corresponden a los secretarios, los notarios,
la policía, los magistrados, etc.). Todos ellos redactan, en su ejercicio
funcional, documentos donde deben hacer constar declaraciones verbales
o escritas, las que pueden ser dolosamente omitidas del contenido del
documento. No obstante, tratándose de documentos privados, la redacción
puede ejecutarla cualquier persona.
También el delito de omisión de contenidos en documento puede tener
lugar través de la expedición de duplicados o transcripciones de un
documento público o privado, en los cuales se omite, igualmente,
determinadas declaraciones que si constan en el documento original.
La tipicidad del delito, en sus dos modalidades, exige que junto al dolo
concurra también un elemento subjetivo especial, referido a la finalidad de
dar origen a un hecho o a una obligación a través de la omisión documental;
sin embargo, no es necesario que dicha finalidad alcance a concretarse en
la realidad.
Tratándose de supuestos de omisión propia, la tentativa no es configurable.
Delitos de falsificación y empleo de sellos o timbres oficiales de valor
La «falsificación de sellos o timbres oficiales de valor» es el delito tipificado
por el artículo 434 del Código Penal. El objeto de acción en este hecho
punible está representado por los sellos o timbres oficiales; es decir, por
símbolos o registros de identificación que solo pueden ser expedidos por
los órganos competentes del Estado y que tienen un uso restringido, sujeto
a requisitos y a circunstancias específicas. La ley permite distinguir la
regulación de tres modalidades delictivas:
• Fabricar sellos y timbres oficiales de valor sin autorización o en
número superior al autorizado.
• Falsificar o adulterar sellos o timbres oficiales modificando sus
caracteres o su valor específico.
• Emplear como válidos o auténticos sellos o timbres oficiales de
valor que el agente sabe o presume falsos, o que ya han sido
utilizados y, por ende, ha caducado su validez. Autor de este
supuesto debe serlo una persona distinta de aquella que falsificó
los sellos o timbres oficiales.
Los medios de los que se sirva el agente para cometer el delito no afectan
la tipicidad ni la sanción. El agente puede emplear, por tanto, medios
artesanales o industriales, manuales o mecánicos.
Ahora bien, es importante precisar que solo de manera enunciativa el
legislador se refiere a las estampillas postales. De modo que también
pueden ser objeto del delito otra clase de sellos, como los conmemorativos
o las calcomanías que tengan un carácter oficial (por ejemplo, las de
revisión técnica de vehículos).
El delito se consuma con la fabricación o la adulteración de los timbres o
sellos oficiales. En esta hipótesis no es necesaria la utilización material de
los mismos; sin embargo, la ley exige que tales actos fraudulentos hayan
tenido por finalidad un posterior empleo de los timbres falsificados por el
propio agente o por terceros.
Lea también: Curso de redacción jurídica en materia penal. Inicio: jueves
7 de abril
En el supuesto delictivo del «empleo de timbres o sellos oficiales
fraguados, adulterados o inválidos para su uso», el ilícito se consuma
en atención únicamente a la utilización de aquellos en cualquier
circunstancia idónea. La tentativa para este caso es configurable, al igual
que en los ilícitos anteriores de fabricación.
Históricamente, la jurisprudencia nacional sobre estos delitos ha sido
limitada y ha registrado sobre todo resoluciones judiciales vinculadas a
actos de utilización de sellos falsificados (ejecutoria suprema del 27 de
febrero de 1979, publicada en Revista Jurídica del Perú [1979, p. 256]).
Delito de falsedad genérica
El artículo 438 criminaliza de modo subsidiario y enunciativo otras
conductas, diferentes de las ya analizadas, que implican también una falta
de veracidad. Por ello, la doctrina especializada denomina a este tipo penal
como «delito de falsedad genérica». La ley, alternativamente, declara
punibles formas de simulación, suposición o alteración de la verdad
mediante palabras, hechos, usurpación de nombre, calidad o empleo, o
suponiendo vivas a personas muertas o que no han existido realmente. La
norma exige que la falsedad genere perjuicio a terceros. Por tanto, si esa
afectación no se produce, el hecho puede configurar una tentativa punible.
El decreto legislativo 1351 (del 6 de enero de 2017) ha incluido una
modalidad agravada de falsedad genérica con el artículo 438A. Como tal,
se sanciona con mayor penalidad el hecho de «expedir u ofertar»
certificados, diplomas u otras constancias análogas referidas a grados
académicos o títulos profesionales a favor de quienes no han realizado los
estudios y exámenes que habilitan para obtener tales documentos. Cabe
destacar que no se trata de documentos falsificados ni adulterados, ya que
ello materializaría los delitos previstos en el artículo 427, sino de expedir
documentos reales y formales, pero que no corresponden al cumplimiento
de los requisitos esenciales propios de su emisión y entrega, como haber
realizado y aprobado estudios regulares o exámenes de suficiencia.
ANEXOS
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penal/#:~:text=El%20sistema%20de%20delitos%20contra,en%20docume
ntos%20(art%C3%ADculo%20429).
https://www2.congreso.gob.pe/sicr/tradocestproc/clproley2001.nsf/pley/79
5CF032AC0BA97C05256E2A005C51D0?opendocument
Conclusiones
La fe pública es un concepto sumamente complejo que ha variado a
lo largo de la historia de la humanidad al devenir de los cambios
sociales y políticos. La comprensión actual del delito de falsedad
documental debe igualmente tener en cuenta la importancia con que
en la actualidad social y política cuentan los documentos.
Nuestro Código Penal, en la actualidad, maneja un concepto de fe
pública tomado de la obra de Carrara, concepto que no corresponde
ni con la ac-tualidad de nuestra realidad nacional, ni con las
necesidades de nuestra sociedad, ni con el contenido del Código
Penal. Adicionalmente, se trata de un concepto demasiado ambiguo
y de definición casi que imposible, tal como lo demostramos en la
presente obra. En tal sentido, es necesario eliminar el concepto fe
pública de nuestro Código Penal y dar paso a una denominación
genérica de falsedades documentales.
El concepto de fe pública no debe separarse del entendimiento de la
estructura del delito y ésta a su vez está determinada por la
confirmación de la estructura normativa de la sociedad. En tal
sentido, la falsedad en todas sus manifestaciones protege la confianza
colectiva en determinados signos, valores u objetos que cuentan con
capacidad probatoria y en los que los miembros de una comunidad
confían. Esta confianza es el objeto de tutela penal y surge de la
evolución histórica y de las costumbres de una sociedad determinada.