El pecado original, una oportunidad para el salto al amor gratuito.
Profesor: Pbro. Lic. Marcelino Trujillo Barragán.
Alumno: Guillermo Cano Macedo.
Materia: Dogma: penitencia y Unción.
La realidad del pecado original para el conocimiento cultural cristiano, no nos
resulta para nada ajeno, más bien representa un tema que de alguno u otro modo hemos ido
abordando a lo largo de nuestra vida de fe en la Iglesia. El autor Claudio Daniel a de
mencionar que sin embargo, el hecho concreto y sus implicancia; lo que nos significa
aceptarlo como una realidad que impregna toda nuestra historia de salvación, como un
factor gravitante dentro de la historia de auto-comunicación de Dios; el cómo se manifiesta
y cómo nos afecta en lo concreto; las implicancias que tiene el hacer una abstracción de
éste en términos vitales o de no incorporarlo dentro del sentido de nuestras vidas en sus
características propias ya referidas por el dogma; el que todo hombre desde el primer
instante de su existencia es pecador, que esta condición supone una culpabilidad que sólo
puede ser eliminada por la redención en Cristo y que incluye una concepción comunitario
en sentido histórico, son aspectos de esta realidad inherente al hombre que no nos pueden
ser indiferentes, ya que nuestra historia de salvación se ha ido escribiendo incorporándolo
en su sentido más profundo y en dónde la misma realidad de la encarnación y la redención
encuentran su más profundo y pleno significado.
La Libertad humana como condición de posibilidad para el pecado del hombre:
Relación entre libertad, poder y la capacidad del mal por parte del hombre. Si bien la
temática que queremos abordar en este estudio es la del pecado original en sus dos
dimensiones individual y colectiva, es necesario partir expresando una realidad en cuyo
desarrollo se irá desvelando la propuesta de res-puesta a la pregunta.
El hombre, poseedor de una libertad finita donada por Dios y la posibilidad de su
necesidad de un “existencial sobrenatural “Sin embargo, la realidad del pecado original no
se explica desde sí misma, sino desde una realidad anterior a ésta dada al hombre por el
mimo Dios; la libertad. Libertad que aun siendo don de Dios, no es infinita, sino finita y
que otorgándole al hombre una auténtica autonomía, a la vez, se despliega y realiza en el
reconocimiento que por medio de ella, el mismo hombre puede hacer de sí mismo, pero
siempre gracias a las presencia de un otro.
Pero al mismo tiempo el teólogo Rahner plantea que el hombre posee además de
su dimensión espiritual, una potencia real para el amor de Dios que le permite la
congeniabilidad para con ese amor, y que esta potencia está siempre presente, “Esto se le
vuelve particularmente nítido cuando reflexiona sobre el “bien”, pues el hecho de que se
posee como autoconciencia, y no por sí mismo, sino de un modo tal que hace que se
reconozca debido a otro, apunta a la bondad de su fundamento”.
De este modo percibe con claridad que el bien (como la verdad) tienen que ver con
su autoposesión y su autorrealización, por lo que descubre implícita la idea de que ese
absoluto, del que se ve como una imagen, tiene que ser él mismo autoposesión, es decir,
espíritu.
El poder “otorgado por la Libertad”. La autodeterminación (que le ha sido dada) es
la máxima capacidad propia de un ser espiritual (y en esto tiene razón el estoicismo), pues
no puede ser sub-yugada por ningún poder externo. El teólogo Balthasar nos dice que ésta
es la tentación de los orígenes cuando refiere: “la autonomía de “ser como Dios conociendo
el bien y el mal” (Gn 3, 5), contra este pecado de origen es contra el que lucha Jesús en
desenmascarar el fariseísmo. Pues el fariseo reconoce que la ley procede de Dios, pero la
despoja de su origen y la toma bajo las propias órdenes, en definitiva tiene los mandatos y
prohibiciones de la ley bajo su control”.
Balthasar, en su texto nos hace poner la atención en el hecho de hasta qué punto es
seria la oposición entre el hombre y Dios en el hecho de la existencia de Jesucristo, lo que
revela una respuesta por parte del Creador como una cuestión propia, la autonomía -del
hombre -no puede ser pensada al margen de la dinámica de su origen y destinación”,
por lo que cuando éste se auto-atribuye la referencia de su ser Espiritual.
Pecado original en su dimensión individual y universal bajo estos presupuesto es
que se nos permite plantear con consistencia el problema del mal, y expresamente el del
pecado original como manifestación del mal; esa opción que nos privó de la comunión con
Dios y la que nos significó, por pura bondad y misericordia, el Salvador (“felix culpa”). De
hecho, la realidad y verdadera posibilidad de reconciliación dada por Cristo, sólo es posible
de modo universal, gracias a ese lazo misterioso que nos une a todos y nos hace partícipes
de ese pacto y promesa de Dios con el primer Adán. Culpa y sufrimiento del mundo. Un
último punto en que nos gustaría detenernos es en el hecho de la realidad de la desmesura
del sufrimiento en el mundo. Si bien podemos ser conscientes de que la falta cometida y de
la que todos participamos para bien y para mal explica muchos de los sufrimientos a los que
estamos expuestos por esa escisión a la que el mismo hombre se causó.
Racionalización Teológica: como ya hemos abordado anteriormente, la realidad del
mal en el hombre, en cada uno de nosotros, es algo que atraviesa toda la historia; la
experiencia del desorden interior y de la incapacidad para obrar siempre de acuerdo al bien
y evitar el mal. A este mal es al que la revelación bíblica le llama pecado, mal frente al cual
el hombre mismo se siente inocente en cierta medida, pero que a la vez, la misma Biblia
nos refiere que no sólo afecta al culpable y a la sociedad de los demás hombres, sino
que también se dirige a Dios.
La libertad como “acontecimiento de comunicación”. Aun cuando todo el desarrollo
anterior nos aproxime algo más a la realidad del pecado y cómo afecta al hombre de modo
individual y colectivo, resulta muy limitado y puede conllevar a equívocos. De este modo,
el actuar en libertad propio del hombre, siempre se da en el contexto de la relación con
otros. Es más, la propia existencia del hombre.
Es así, que a la luz de la fe, anticipando la plenitud por la esperanza y en el
encuentro de caridad con Cristo, la realidad universal del pecado original se con-vierte en
una nueva posibilidad, para todo y cada uno de los hombres, para el encuentro, la
apertura de la libertad hacia la gracia, y movidos y sostenidos por ella, a Dios mismo.