Ver fuente al pie Los Dos Testigos (11:3-14) En el captulo que estudibamos sobre los siete Espritus de Dios
nos referimos brevemente a estos dos profetas martirizados, que fueron resucitados por el Espritu de vida. Ahora los veremos ms detalladamente, teniendo en cuenta que estamos pasando de los adoradores del santuario a los testigos en la ciudad y que, tanto los adoradores como los testigos, dan testimonio del sacerdocio y de la realeza de Aqul de quien se dijo: "Se sentar y dominar en su trono, y habr sacerdote a su lado" (Zacaras 6:13). En cuanto al nmero e identidad de los dos testigos, muchas explicaciones han sido propuestas. Algunos expositores son de la opinin de que debemos interpretar a estos dos testigos como un nmero competente de siervos fieles de Cristo. El nmero dos, se dice, representa testimonio: "Slo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendr la acusacin" (Deuteronomio 17:6; 19:15). Por lo tanto, con el nmero de testigos lo que se pretendera es que hubiera un testimonio completo y adecuado. Sin embargo, nosotros rechazamos esta suposicin. El lenguaje usado aqu seala a dos personajes bien conocidos. Los trminos son definitivos y enfticos: "Mis dos testigos." Por lo tanto, stos deben haber sido conocidos por lo menos para Juan. Adems de esto, las palabras "testigos" y "profetizar" se aplican de ordinario a individuos, no a abstracciones. Los dos inspirados testigos, quienes han de ser resucitados para administrar consolacin a los afligidos, han sido identificados de varias maneras: como Moiss y Elas, Enoc y Elas, el Antiguo y el Nuevo Testamento, la Ley y el Evangelio, judos y gentiles, etc. Si los dos testigos son Enoc y Elas, esto les hara evadir la dificultad de morir por segunda vez, porque estos dos santos del Antiguo
Testamento nunca han muerto y por lo tanto quiz pudieran ser los testigos muertos por la bestia. (Vea Hebreos 11:5.) Juan no nos da ninguna clave en cuanto a su identidad, sino simplemente los describe como testigos, olivos, candeleros, profetas. (Un testigo podra ser el mismo Juan. Vea 10:11.) "Los dos olivos" nos hacen recordar a Josu y Zorobabel (Zacaras 4:3, 12), quienes ministraron al pueblo judo, tal como las dos ramas de olivo vertan de s el aceite en el depsito de la lmpara. Los "dos testigos" en el perodo de la tribulacin sern como canales de aceite que alunen taran al remanente, y como smbolos de la paz venidera. El Espritu Santo ser el aceite que habr dentro de ellos, el cual har que su ministerio de consolacin sea posible. Como "candeleros" o "lmparas", estos testigos debern dar un testimonio claro y firme. El ministerio de ellos se llevar a cabo a la luz clara de Dios, porque estn en pie delante del Seor de la tierra. Como portadores de luz tpicos, estos testificarn que aqul que ha sido negado por doquier est ahora a punto de ser reconocido universalmente como el legtimo Rey sobre todos. Como "profetas" (11:10), predicarn en forma tan fiel que harn que las conciencias de los hombres sean sacudidas. El pecado con sus consecuencias trgicas es un tema atormentador aun para las conciencias ms duras y cauterizadas. De manera que estos testigos tendrn un ministerio de tormento por medio de las plagas que podrn infligir y tambin por el testimonio que darn en contra de su ambiente humano. Los dos testigos debern profetizar vestidos de cilicio. Esto es, con un vestido de acuerdo con su mensaje (Mateo 11:21). El cilicio era el vestido que usaban los profetas cuando llamaban al pueblo a arrepentirse de sus pecados. Su apariencia externa iba de acuerdo con sus palabras (Joel 1:13; 1 Reyes 20:31). Puede ser que el vestido de cilicio de los testigos sea una expresin clave, para conectar este episodio bajo la sexta trompeta con el sol
ennegrecido como tela de cilicio (en un acto de justa retribucin contra los apstatas que rechazan la justicia de Dios), bajo el sexto sello (6:12). Los das de su profeca, o predicacin bajo la inspiracin del Espritu (un mensaje de juicio contra los apstatas) sern mil doscientos sesenta. En estos das ellos ejecutarn su misin proftica. La duracin de su misin ya est establecida. No darn un testimonio intermitente. Predicarn todos los das hasta que el perodo aludido se termine. Segn creemos, cubrir la ltima mitad de la semana de Daniel, o la gran Tribulacin propiamente dicha. Tambin es evidente que a estos testigos se les otorgar un poder ilimitado. Estarn capacitados para realizar milagros "cuantas veces quieran" (11:6) y aplicar con juicio inexorable su misin sobre los rebeldes (Salmo 68:18). Estos testigos repetirn los milagros que Moiss y Elas realizaron contra la esclavitud y la apostasa. Tal como lo hizo Elas, la lluvia ser detenida (Santiago 5:17, 18) y como lo hizo Moiss, las aguas se convertirn en sangre (xodo 7:17), Pero los dos predicadores vestidos de cilicio sern "inmortales hasta que su trabajo haya terminado". La garanta inmediata del cumplimiento de su misin se indica con las frases "si alguno quiere daarlos", "si alguno quiere hacerles dao" y "cuando hayan acabado su testimonio". Profetizarn en Jerusaln, el centro de inters profetice y poltico durante los ltimos tres aos y medio de la Tribulacin y sern invencibles hasta que hayan terminado su dinmica y espectacular tarea. La conclusin del ministerio proftico de los dos testigos les vendr a travs de una muerte violenta. "Acabado su testimonio" es una frase en la que se usa el mismo verbo usado en la descripcin del final del ministerio de Pablo, tambin por muerte violenta. "La bestia (o bestia salvaje, como aparece en el original) sube del abismo." Slo el
anticristo, quien es mencionado aqu por primera vez en el Apocalipsis, encaja en este cuadro. Esta bestia es descrita detalladamente en Daniel 7:8, 11 y Apocalipsis 13:1, prueba innegable de la unidad de las Escrituras. El triunfo de esta bestia, quien excede en crueldad y blasfemia a toda maldad que haya aparecido jams sobre la tierra, evidentemente es total, porque logra callar y matar a los dos testigos. Todo el martirio y la masacre de santos de todas las generaciones alcanzan su punto cimero aqu. Con la muerte de aquellos testigos revestidos de poder divino, aparecen fuerzas brutas para triunfar sobre la verdad y la justicia. Para aumentar la humillacin y el menosprecio hacia los dos testigos, se permitir que sus cuerpos permanezcan en la calle un nmero de das igual al nmero de aos que dur su ministerio. Por tres das y medio los espectadores se regocijan al ver los cadveres de los testigos con un deleite infantil y diablico a la vez. Los nombres "Sodoma y Egipto" se aplican a Jerusaln para simbolizar la opresin y la esclavitud. "Sodoma" representa la inmundicia y la maldad (Gnesis 18:20, 21; Judas 7; 2 Pedro 2:6-8). "Egipto" fue la nacin donde Israel fue oprimido. La jubilosa celebracin por haber cesado las actividades de los dos profetas fue universal; los trminos "pueblos, tribus, lenguas y naciones" indican la cudruple distribucin de la familia humana. Los hombres se envan regalos entre s como si se tratara de un alegre festival. La causa del regocijo pblico es la muerte de la verdad. Sin embargo, la venganza divina estaba a la puerta. Pronto, el regocijo sera reemplazado por el remordimiento. El da de la risa de Dios estaba por llegar. El envilecimiento pblico ahora cede el paso a la vindicacin pblica. El Espritu de vida de parte de Dios hace revivir los huesos muertos de los testigos y entre los
espectadores cunde el pnico. Muchas similaridades pueden trazarse con los huesos secos de Israel (Ezequiel 37:10, 11; Oseas 6:2) y la resurreccin de nuestro Seor despus de tres das. La ascensin de Cristo tuvo lugar en presencia de sus amigos (Hechos 1:9). Y lo mismo ocurri con Elas (2 Reyes 2:11). Pero la ascensin de estos dos testigos resucitados se llev a cabo a plena vista de sus enemigos. (Compare 11:12 con 4:1.) Ahora, la justicia retributiva se derramar muy pronto sobre el pueblo y la ciudad para el malicioso y perverso derramamiento de la sangre de los dos testigos. Un terremoto, calificado como "grande" debido a la asombrosa destruccin que ocasiona, al hacer que se derrumbe la dcima parte de la ciudad y que siete mil personas pierdan la vida. En el nmero partitivo "dcimo" tenemos la idea de juicio completo, porque el diez es smbolo de perfeccin en cuanto al orden divino. En los siete mil muertos vemos la lista negra de Dios. Estos hombres estaban designados ya como muy merecedores del justo castigo de Dios. En forma de contraste, recordemos a los siete mil que Dios haba reservado para s mismo en Israel (1 Reyes 19:18). En este nmero definido de la gente que perece nos encontramos con los dos nmeros perfectos y comprensivos siete y mil, que implican as la destruccin plena y total de los no arrepentidos. Haciendo un resumen del valiente ministerio de los dos testigos, vemos que declaran que Cristo, a quien los impos haban rechazado, es el Seor de toda la tierra. Denuncian severamente la iniquidad humana, por lo cual incurren en el odio de los pecadores. Proclaman el carcter justo del Juez, haciendo ver a la gente la justa retribucin que estaba por llegarles, deplorando las blasfemas pretensiones de la bestia salvaje y predicando contra Jerusaln (la cual, aunque santa segn el propsito de Dios, est corrompida y en destruccin).
De "los dems" (es decir, los israelitas que haban sobrevivido) se dice que estn aterrorizados y dan gloria al Dios del cielo, a donde son llevados los dos testigos. Despus de tanto, el Dios del cielo es reconocido tambin como Dios de la tierra.