Obra de Teatro - Edipo Rey
Adaptación por: María Elena Noreña y Juan Felipe Chavarro
Escenas:
1- Edipo ante el oráculo
Edipo y Layo
Edipo y Esfinge
2- Yocasta y sirviente
3- Edipo en Tebas
Yocasta y Edipo
Yocasta y Sirviente
--Narrador—
4- Peste
Creonte y Edipo
Creonte y oráculo
5- Creonte, Edipo
Tiresias, Edipo y Yocasta
Yocasta, Edipo y mensajero
6- Muerte de Yocasta
7- El lamento de Edipo y su exilio
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Escena 1
Edipo: ¿Será este el lugar?... he venido desde muy lejos buscando al oráculo de Delfos, sólo espero
que tanto camino recorrido no sea en vano. Deseo profundamente conocer la verdad sobre mi
origen, ya que la gente de Corinto, afirma que no soy hijo de quienes siempre he considerado mis
padres, el rey Pólibo y la reina Mérope… sí, yo soy Edipo, soy el príncipe de Corinto, …o bueno, al
menos eso era lo que pensaba…
“Suena un trueno”
Edipo: Oh gran oráculo, ¿eres tú?
“Suena otro trueno”
Oráculo: Soy el Oráculo de Delfos, ¡dime lo que deseas!
Edipo: Gran oráculo, una preocupación me ha traído hasta aquí desde tierras lejanas. Debo
esclarecer un rumor que pone en duda mi verdadero origen y a su vez, lo que ahora no sé si puede
ser mi justo destino: heredar el trono de mi padre
Oráculo: ¡Edipo! Tu destino es ser Rey, pero antes de eso, causarás un gran mal: matarás a tu
padre, desposarás a tu madre y con ella tendrás hijos.
Edipo: Eso no es posible, nunca haría algo así, yo amo a mis padres.
“Suena otro trueno”
Oráculo: Tu destino ya está determinado.
Edipo: No, no pasará, me alejaré de mis padres y de la tierra que me vio crecer para evitar que
suceda, y si es necesario, no volveré jamás… ¿Oráculo?...
(Edipo sale de escena pensando en voz alta)
Edipo: debo alejarme de Corinto y no regresar jamás. demostraré que el Oráculo se equivoca.
(Camina sin rumbo durante días, hasta que se encuentra con Layo y su sirviente en un camino).
Edipo: Señor, disculpe, ¿podría apartarse para poder continuar con mi camino?
Layo: No joven, no pienso permitirle que continúe por este sendero.
Edipo: quién es usted para negarme el derecho de seguir mi rumbo, hágase a un lado.
Layo: Joven, es por su bien, usted se dirige hacia una muerte segura, mejor regrese por donde
vino.
Edipo: no pienso regresar nunca y no me importa si al final de este camino me espera la muerte,
porque sin duda, será mucho mejor destino que el que me han augurado los dioses.
Layo: si sigue adelante se encontrará con una bestia que le obligará a resolver 2 acertijos y en
caso de que no pueda lograrlo, así como otros que lo intentaron antes que usted, le devorará
entero.
Edipo: ¡No pienso repetírselo! (Edipo empuja a Layo hacia un lado del camino, Layo cae al suelo y
en la caída se golpea la cabeza con una piedra. El sirviente, que ha presenciado todo, se da cuenta
que Layo ha muerto y sale de escena).
(Más adelante Edipo encuentra a la esfinge)
Esfinge: viajero, no te he visto antes por aquí ¿hacia dónde te diriges?
Edipo: Voy sin rumbo fijo, tal vez termine en Tebas que es la ciudad más cercana ahora. Apártate
que deseo continuar.
Esfinge: No es tan fácil, yo soy la esfinge y estoy devorando a todo aquel que intenta entrar a la
ciudad de Tebas… Claro, me haré a un lado, pero antes debes descifrar 2 acertijos y si no lo logras,
tu carne será mi alimento.
Edipo: está bien, ¡acepto!, dime tus acertijos.
Esfinge: Muy bien… dime: ¿Cuál es el animal que en la mañana camina en 4 patas, en la tarde en 2
y en la noche en 3?
Edipo: Este animal es el hombre, porque la mañana representa la niñez cuando gatea en 4 patas,
la tarde representa al hombre adulto cuando camina en 2 pies, y la noche representa al anciano
que usa bastón.
Esfinge: Esa estaba fácil, pero esta no podrás resolverla… Hay dos hermanas, una de las cuales
muere al dar vida a la otra, y ésta a su vez muere para dar vida a la primera.
Edipo: está claro que se trata del día y la noche, porque en el amanecer muere la noche, y al
anochecer muere el día.
Esfinge: No puede ser, nadie había descifrado mis acertijos, ahora soy yo quien debe perecer. (La
esfinge desesperada se arroja a un precipicio y muere).
Escena 2
(La escena empieza con Yocasta caminando desesperadamente de un lado a otro, porque tiene un
mal presentimiento)
Yocasta: mi esposo Layo ha salido en busca de una solución para el terrible mal que azota nuestra
ciudad… La esfinge, es una bestia extraña que decidió asentarse a las afueras de la ciudad y allí
devora a todos los viajeros que intentan llegar a Tebas. Estoy muy preocupada por mi esposo,
hace un día que partió… temo que algo malo le haya sucedido.
Sirviente: Reina Yocasta, traigo noticias.
Yocasta: Habla rápido, dime que pasó, ¿son buenas o malas noticias?
Sirviente: son buenas y malas…
Yocasta: Dime entonces primero las malas, sólo por si después de escuchar las buenas logro
alegrarme tan siquiera un poco.
Sirviente: El rey Layo ha muerto no muy lejos de la ciudad.
Yocasta: No, Layo, no es posible, mi Rey… No pudiste darme una noticia más terrible que esta,
¿ahora qué será de mí? ¿Qué será de su reino sin él? ¿Habrán de llegar aún peores males a
nuestra ya desafortunada tierra? ¿Qué terrible maldición pesa sobre nuestras cabezas?... ¿Qué es
ese ruido? ¿Por qué celebran? ¿Es que no saben que su rey ha muerto?
(Se escuchan voces de la muchedumbre aclamando a Edipo. en medio de ellas, alguien grita que
Layo ha muerto y pide que Edipo sea su rey, a lo que los demás le hacen eco).
Sirviente: Ese ruido se debe a la buena noticia Reina Yocasta
Yocasta: ¿por qué? ¿Qué sucede?
Sirviente: Ha llegado a Tebas un joven llamado Edipo, que afirma haber vencido y destruido a la
terrible esfinge, el pueblo lo aclama y festejan su triunfo.
Yocasta: Dices que se llama Edipo… el pueblo puede festejar la muerte de la esfinge, pero yo estoy
en luto por la muerte de mi esposo… Ahora cuando el pueblo se entere que el rey Layo ha
muerto, querrán que ese tal Edipo sea su nuevo Rey e incluso yo tendré que aceptar que así sea.
Óyeme bien, pienso que ninguna de las dos noticias que me diste fue buena para mí.
Sirviente: Discúlpeme mi Reina, esa no era mi…
Yocasta: ¡Ya no importa!, manda a llamar a ese tal Edipo.
(El sirviente pide llamar a Edipo mientras observa a la reina secarse sus lágrimas).
Escena 3
(En medio de un gran alboroto entra Edipo. El sirviente lo ve, agacha su cabeza y se aparta un poco
para no ser reconocido)
Yocasta: ¿eres tú Edipo, el mismo que dicen ha liberado a Tebas de la maldición de la Esfinge?
Edipo: sí, su majestad, soy yo.
Yocasta: justamente hoy que te has dado a conocer como el salvador de Tebas he recibido la
noticia de que nuestro rey Layo ha muerto. Entenderás ahora que el pueblo te quiera como su
nuevo rey.
Edipo: si es este el reconocimiento que he de recibir por haber derrotado a la bestia que
atormentaba a Tebas, tomaré el trono porque así lo desea el pueblo. De mi parte demostraré que
soy tan digno de ser su rey como aquel por quien ahora lloran.
Yocasta: como rey tienes derecho de elegir a tu reina.
Edipo: no es mi deseo que alguien usurpe el lugar que te corresponde como reina. Es por eso que
te elijo a ti.
Yocasta: en medio del dolor que me cobija agradezco tu deseo. Desde ahora toda mi disposición
será servirte como tu reina. sirvientes, preparen a Edipo para que tome su lugar como el nuevo
rey.
(Aparecen sirvientes que salen con Edipo).
Sirviente: Reina Yocasta, le solicito me conceda el permiso para partir de Tebas, ahora que ya no
he servir al difunto rey Layo y mi lealtad aun le pertenece. Comprenderá que sería para mi muy
difícil servir tan prontamente a un nuevo rey y por un tiempo creo que debo rendir luto a su
memoria.
Yocasta: te concedo tu permiso y comprendo lo que sientes. Me alegro por ti que puedes partir y
no tienes como yo, una obligación hacia tu pueblo, ante la cual me veo forzada a elegir entre mi
amor por Tebas y mi amor por Layo, sacrificando así mi corazón y poniendo por encima el
bienestar de mi gente. Vete ahora mismo,
(Sale el sirviente cuidándose de no ser visto).
Escena 4
Narrador (voice in off): el rey Edipo y la reina Yocasta gobernaron durante mucho tiempo la
ciudad de Tebas acompañados por sus cuatro hijos, dos mujeres y dos varones. Su dicha se vio
interrumpida años después cuando una peste incontrolable azotó a Tebas, arruinando casi por
completo el reino.
Creonte: rey Edipo, el número de muertes por causa de la peste está diezmando la ciudad. Habrá
que hacer algo, pues de no ser así, pronto no quedará más que el recuerdo de todos los que aquí
habitamos.
Edipo: ya lo hemos intentado todo. Esta peste parece obra de alguna maldición.
Creonte: aún hay algo que no hemos hecho y es acudir al oráculo de Delfos para encontrar una
solución a este problema. Si tú me lo permites, podría dirigirme ahora mismo hacia allá para saber
si hay alguna explicación.
Edipo: ¡el oráculo! Ya una vez se equivocó conmigo, pero si no hay otra cosa que podamos hacer,
ve y regresa para contarme lo que hayas averiguado.
(Creonte sale del palacio rumbo a Delfos).
Creonte: soy Creonte. Me presento ante ti en nombre del rey Edipo de la ciudad de Tebas. Una
peste atormenta a nuestro pueblo, cobrando la vida de nuestra gente. Todo lo hemos intentado,
pero todavía no hayamos la causa y mucho menos la solución. La desesperación me ha traído
hasta aquí. Te suplico que nos digas que podemos hacer.
Oráculo: conozco muy bien la maldición que se cierne sobre tu ciudad.
Creonte: ayúdanos entonces, gran oráculo. Salva a nuestro pueblo.
Oráculo: solo cuando se castigue al culpable de la muerte de Layo los males de Tebas cesarán.
Creonte: ¿cómo encontraremos al asesino de layo?
Oráculo: Está más cerca de lo que crees. Busca a Tiresias.
(Creonte corre a Tebas a dar la noticia).
Escena 5
Creonte: Rey Edipo, ya he hablado con el oráculo.
Edipo: ¡Cuéntame! ¿Qué averiguaste?
Creonte: Al parecer la causa de todos los males que pesan sobre nuestra ciudad es sólo una.
Edipo: ¿Y cuál es la causa de esta maldición?
Creonte: El asesino de nuestro anterior Rey, es decir, de Layo, debe ser castigado.
Edipo: ¿Cómo lo encontraremos si no sabemos quién es?
Creonte: Debemos preguntarle a Tiresias.
Edipo: mándalo a llamar, él es el único que puede decirnos quien es el asesino de Layo, y así
podremos poner fin a la peste que ha tenido sometida a nuestra ciudad durante tantos años. ¡El
asesino debe ser castigado como se merece!
Creonte: Ya mismo lo llamo mi Rey.
Edipo: Sólo un sabio como Tiresias, que a pesar de su ceguera puede ver más allá de lo que todos
vemos, es el único capaz de disipar esta tormenta. (Camina de un lado a otro).
Pensé que al abandonar Corinto mi suerte sería otra, pero la felicidad duró poco ya que pese a que
gobierno un gran reino, poseo una hermosa esposa y 4 maravillosos hijos, la desgracia regresa
para recordarme el terrible destino del que salí huyendo.
(Entra Tiresias acompañado de Creonte)
Creonte: Rey Edipo, traigo conmigo al sabio Tiresias
Edipo: ¿sabes por qué he solicitado tu presencia?
Tiresias: Creo saberlo mi Rey
Edipo: Es importante que tú, que lo que no sabes lo adivinas, nos digas quién es el asesino del Rey
Layo.
Tiresias: Es cierto que lo sé, y aunque se encuentra entre nosotros, no lo sabrás de mi boca.
Edipo: Soy tu Rey, exijo que respondas, o ¿acaso pretendes encubrir a alguien? (Mira a Creonte)
Tiresias: Sólo diré que pronto caerá la desgracia sobre ti.
Edipo: ¿Cómo te atreves?, ¡no eres más que un ciego insolente!
Tiresias: Yo te hago saber a ti que me tratas de ciego insolente, que si tú ves mucho, no ves ni en
qué males estás, ni dónde habitas ni con quienes vives. (Sale Tiresias)
Edipo: (grita) ¡YOCASTA! Ven ahora mismo.
Yocasta: ¿Qué te pasa esposo mío?
Edipo: El insolente de Tiresias afirma que no sé en dónde ni con quién vivo y hasta ha insinuado
que soy el asesino de Layo. Nunca antes te lo pregunté, pero necesito que me digas ahora cuáles
fueron las circunstancias en las que murió tu anterior esposo.
Yocasta: No deseo volver a ese momento, pero si es necesario para tu tranquilidad, te lo diré.
Supe de su muerte el mismo día que llegaste a este reino después de derrotar a la esfinge. El
sirviente que lo acompañaba me relató como en un cruce de caminos se toparon con un joven que
venía en esta dirección y se negó ante el pedido de Layo de cambiar su rumbo.
Edipo: (mirando al público) no es posible, recuerdo haber vivido un momento similar hace varios
años.
Yocasta: En su intento por seguir a pesar de la advertencia de Layo, el joven lo empuja a un lado
del camino. Layo cae y golpea su cabeza contra una piedra muriendo al instante. Según el
sirviente, aquel joven no se percató de la muerte que ocasionó.
Edipo: Fui yo ese joven, que impulsado por el deseo de cambiar el terrible destino que me predijo
el oráculo, pasé de largo y sin mirar atrás, ignoré el crimen que había cometido.
Yocasta: (Llorando) no puedo creer que el hombre con el que me casé y al que ahora amo, sea
precisamente el asesino de Layo.
(Llega un mensajero, acompañado de un sirviente real)
Mensajero: Rey Edipo, traigo noticias desde Corinto. Ha sido difícil llegar hasta aquí, pero es
necesario que sepa lo que debo comunicarle.
Edipo: Apresúrate y habla, no quiero que presencies más este momento colmado de tragedia.
Mensajero: El Rey Pólibo ha muerto, pero antes de morir, ha dejado un mensaje especialmente
para usted.
Edipo: Dime, ¿de qué se trata?
Mensajero: El rey Pólibo dijo que usted no podrá heredar el reino de Corinto, ya que usted no es
su hijo legítimo, a pesar de haberlo amado y tratado como si lo fuera. Dijo que lo encontró
abandonado a su suerte, colgado de los pies, bocabajo en un árbol, al verlo así, se apiadó de usted
y desde ese día lo adoptó, le puso como nombre Edipo, que significa, el de los pies hinchados.
Edipo: Entonces Pólibo no era realmente mi padre… sin embargo, su muerte sólo se suma al dolor
y a la desgracia que ahora destrozan mi corazón, porque él siempre se comportó como un
verdadero padre para mí, a diferencia de los que me abandonaron a mi suerte, cuyos motivos para
tan condenable acción aún desconozco.
(Yocasta grita, rompe en llanto y sale rápidamente de escena)
Edipo: ¡Yocasta!, ¿A dónde vas?...
Mensajero: Rey Edipo, con su permiso yo me retiro.
Edipo: Si, márchate, ya has empeorado bastante la situación.
(sale el mensajero)
Edipo: ¡Creonte, trae de nuevo a Tiresias!
Creonte: ya mismo voy por el mi Rey
Edipo: Ahora soy yo el asesino que debe ser castigado por causar la muerte del Rey Layo, además
no soy quién yo pensaba, Pólibo no era mi padre… El sabio Tiresias debe ayudarme a resolver todo
esto.
Tiresias: ¿Para qué me has llamado nuevamente?
Edipo: Hace un momento dijiste que la desgracia caería sobre mí, y así ha ocurrido… Acabo de
enterarme de que el hombre al que consideré mi padre, realmente no lo era, lo supe gracias a un
mensajero a quién el Rey Pólibo envió en su lecho de muerte y como si eso fuera poco, también
supe que el asesino del Rey Layo fui yo, hace muchos años, justo antes de llegar a Tebas me
encontré con un anciano y arremetí contra él, cegado por mis miedos y por culpa de un descuido
acabé con su vida.
Tiresias: Ciertamente así fue… ¿Y ahora que deseas saber?
Edipo: Quiero saber quiénes eran mis verdaderos padres y por qué me abandonaron de una forma
tan miserable.
Tiresias: Tú no fuiste el único que cometió errores tratando de huir de su destino. Hace mucho
tiempo, el Rey Layo consultó con el oráculo ansioso de saber cómo sería el futuro de su único
heredero al trono, es decir, ¡de su hijo!, pero la predicción que le dio el oráculo, no era lo que Layo
esperaba.
Edipo: Vamos dime, ¿cuál fue esa predicción?
Tiresias: El oráculo le dijo: tu propio hijo te matará, se casará con tu esposa y tendrá hijos con ella.
Edipo: ¡Noooo!
Tiresias: Entonces el Rey Layo abrumado por la desesperación, le pidió a un sirviente que se
llevara a su hijo muy lejos, y lo matara, pero al final el sirviente no tuvo el valor de cometer este
crimen, y dejó al niño colgado de un árbol, amarrado por los pies, y allí fue en donde lo encontró
mas tarde el Rey Pólibo…
(Entra Creonte)
Creonte: Rey Edipo, hemos encontrado a la Reina Yocasta muerta en su habitación.
Edipo: ¿Qué? ¡Yocasta!
Escena 6
(Yocasta se ha ahorcado con sus trenzas y está colgada en la habitación)
(Entra Edipo)
Edipo: Mi Reina, ¿Qué has hecho Yocasta?... Ahora he quedado completamente solo, mi alma
atormentada y mi conciencia deberán cargar con los terribles crímenes que cometí, no puedo
soportar tanto dolor, el peso de esta culpa es demasiado grande para un solo hombre, no podré
darle la cara al pueblo de Tebas, ni a mi gente, mucho menos podré volver a mirar a mis hijos a los
ojos… Todo este tiempo fui el hombre mas ciego que haya existido, no pude ver lo que hacía. Y
ahora nunca mas volveré a ver, para no tener que enfrentar ante nadie más esta vergüenza que
pesa sobre mi… (Edipo arranca sus ojos) …
En realidad, nunca merecí las alegrías de las que disfruté acá, y ahora nunca más volveré a ser la
desgracia ni la maldición de Tebas, y tampoco de mi familia… El exilio será mi justo castigo.