Texto 2
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El Derecho Agroambiental funde sus raíces con el origen mismo de la agricultura, en la prehistoria,
cuando el hombre empezó a participar en la producción de su propio alimento. La actividad agraria
de sembrar, plantar, domesticar y criar implicaba la apropiación individual o colectiva, aunque
transitoria, de un terreno, la propiedad de cada cual o del grupo sobre el suelo.
La posesión o apropiación de un terreno por un grupo social y la actividad agraria de cultivo y cría,
dieron surgimiento a relaciones sociales regladas. Para que sea posible la convivencia, tenían que
estar sometidas a ciertas normas, no constitutivas desde luego, de un derecho formulado sino
consentido por la comunidad, es decir, de una costumbre jurídica, lo que dio lugar al nacimiento del
Derecho Agrario. El desarrollo posterior de la agricultura, la ganadería y la silvicultura, se constituye
en la principal fuerza propulsora del Derecho que por milenios es un Derecho, en lo patrimonial,
fundamentalmente agrario. La alimentación y el vestido son necesidades primarias experimentadas
en todos los tiempos y en todos los lugares, lo que trajo como consecuencia necesaria, que las
primeras normas jurídicas (consuetudinarias) tuvieran como objeto regular la actividad agraria.
Sin embargo, el moderno Derecho Agrario como disciplina jurídica, desgajada del Derecho Civil, es
de data reciente, surge con el desarrollo de la agricultura y los procesos de industrialización, a
finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, es el desarrollo del capitalismo, que le da otra dinámica
a la agricultura tradicional, reestructurando la tenencia de la tierra, introduciendo tecnologías
agrícolas, abonos químicos, mejoramiento de especies y niveles crecientes de especialización, que
dan lugar al tránsito de una economía de subsistencia a una economía de mercado. En este
contexto, la propiedad agraria es asumida como medio de producción y también como patrimonio,
es así que surge el Derecho Agrario para regular las relaciones sociales derivadas de la actividad
agraria, entendida esta como el cultivo de la tierra, la ganadería y las actividades forestales, sobre
la base del reconocimiento del derecho de propiedad agraria.
Posteriormente, surgen los derechos humanos colectivos de segunda generación, especialmente los
derechos económicos sociales y culturales, que son atribuidos a los grupos sociales que le darán
nuevos contenidos al Derecho Agrario, especialmente en lo que se refiere a las reivindicaciones
campesinas sobre su acceso a la tierra y los derechos de los pueblos indígenas, sobre recursos
naturales y territorio. En el ámbito de la propiedad y como manifestación directa de la nueva
concepción que valoriza el trabajo humano, aparece el concepto de la función social o función
económica social, como elemento intrínseco de la productividad de la tierra. El interés de la
sociedad en la producción que se manifiesta en la influencia publica por la protección y fomento de
la agricultura, por estar vinculada a la seguridad alimentaria, dan lugar a la generación de nuevas
normas que imponen condiciones, obligaciones y limitaciones para el ejercicio del derecho de
propiedad agraria. Finalmente emergen los derechos de tercera generación, en particular el derecho
al desarrollo y a un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, la seguridad alimentaria de los
consumidores, con los cuales se profundiza la especialización de la normativa agraria. (Ulate p. 22);
es a partir de la concepción de que las actividades agrarias deberían ser desarrolladas de forma
sustentable, es que se comienza a utilizar la denominación de Derecho Agroambiental, debido a la
dimensión ambiental del Derecho Agrario.
El actual Derecho Agrario boliviano como rama especializada del Derecho en general, tiene su
nacimiento a partir de la promulgación del D. L. Nº 3464 de Reforma Agraria, el 02 de agosto de
1953, cuyo propósito central consistía en la modificación de las relaciones de producción y la
modificación de la estructura de la tenencia de la tierra a partir del tránsito del modo de producción
feudal, basado en la renta de la tierra, al modo de producción capitalista, basado en el trabajo
asalariado y la propiedad privada de la tierra; en dicha normativa se establecen los principios
generales del Derecho Agrario boliviano que aún están vigentes, tales como el dominio originario
de la tierra, la tierra es para quien la trabaja y el cumplimiento de la función social de la propiedad
agraria.
Para modificar las relaciones de producción en el agro boliviano el Decreto Ley de Reforma Agraria,
cuyo objetivo central era y aún es la distribución, la redistribución y el reagrupamiento de la tierra,
reguló varios procedimientos, dando lugar a la creación de nuevos institutos jurídicos agrarios; es
así que se estableció la “afectación” con el propósito de eliminar el “latifundio” y la emancipación
de los trabajadores del campo que vivían bajo el régimen de “servidumbre”. Los latifundios deberían
ser la base de una redistribución democrática de la tierra, y es por esta razón que se creó el instituto
jurídico de la “dotación” de tierras de ex hacienda para los campesinos; por otra parte, para las áreas
de “colonización”, se instituyó la “adjudicación” de tierras, en favor de colonizadores; también, con
el propósito de propiciar la creación de unidades agropecuarias empresariales, la reforma agraria
instituyó las figuras jurídicas de “inafectabilidad” y “consolidación” de tierras en favor de los ex
hacendados y empresarios en el oriente boliviano, y con el fin de devolver las tierras a los indígenas,
se creó el instituto jurídico de “restitución” de tierras a las comunidades indígenas; posteriormente,
se reguló el mecanismo de la “reversión” de tierras, por tenencia improductiva o abandono
injustificado de la propiedad agraria.
La discusión y elaboración de la Ley Nº 1715 del SNRA, se realizó en un contexto diferente al del año
1953, los cambios en la economía mundial, la caída del muro de Berlín, la variable medioambiental,
la administración de los recursos naturales en el marco del concepto del territorio y la emergencia
de movimiento sociales de indígenas, ambientalistas y de mujeres entre otros, bajo la exigencia de
una mayor participación ciudadana; conjuntamente con las demandas de los distintos sujetos
sociales agroambientales de originarios, campesinos, colonizadores y empresarios, han configurado
un Derecho Agrario renovado que regula la compleja realidad rural boliviana.
De esta manera, la Ley Nº 1715 del Servicio Nacional de Reforma Agraria de fecha 18 de octubre de
1996, junto con la Ley Nº 1333 de Medio Ambiente de 27 de abril de 1992, la Ley Forestal Nº 1700,
de 12 de julio de 1996, la Ley Nº 3545 de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria de fecha
de 28 de noviembre de 2006, la promulgación de la nueva Constitución Política del Estado
Plurinacional y la Promulgación de la Ley Marco de la Madre Tierra de 15 de octubre de 2012, darán
nuevas contenidos al Derecho Agroambiental boliviano, redefiniendo los alcances normativos de
sus institutos jurídicos y sobre todo la separación de las atribuciones administrativas de distribución,
redistribución y reagrupamiento de la propiedad agraria, que le corresponden al Servicio Nacional
de Reforma Agraria, de las competencias de administración de justicia agroambiental,
instituyéndose la Jurisdicción Agroambiental.
Los contenidos del Derecho Agroambiental, estas signados por tres elementos, la actividad agraria,
la protección del medio ambiente y la justicia social, de tal forma que el Derecho Agroambiental
tendrá como objetivo la regulación normativa de la actividad agraria, para que ésta sea,
económicamente organizada, ecológicamente equilibrada y socialmente justa.
En primero de elementos precedentemente mencionados, tiene que ver con el desarrollo de las
actividades agrarias, estas actividades productivas darán lugar al nacimiento de relaciones jurídicas,
económicas, y sociales; es decir, a una estructura agraria, que se define como el conjunto de
elementos interrelacionados de la actividad agraria, que se realiza en un contexto histórico, social,
político y económico. La estructura agraria se organiza en tres aspectos básicos:
Económico y productiva: el mismo comprende los recursos disponibles, las características del suelo
y el acceso a agua de riego, la realidad socioeconómica de los agricultores y como es que se pueden
colaborar para permitir implementar la producción. Estos parámetros son importantes en cuanto
definen quiénes producen, qué y cómo producen, y para quiénes. Incluye a los recursos disponibles
y la manera en que estos se combinan para obtener resultados productivos.
Social: la misma comprende a los diversos grupos sociales que se dedican a las actividades agrarias,
tanto particulares, como empresariales o colectivos y las diversas formas mediante las cuales
interactúan, cooperan y se complementan. Se refiere al conjunto de actores sociales y al entramado
de relaciones sociales que se dan entre ellos.
Por lo tanto, el Derecho Agroambiental establecerá regulaciones en cuanto a formas de propiedad
agraria, formas de organización económicas agroambientales y sujetos sociales agroambientales,
estableciendo normas y reglamentos para la adquisición y conservación de la propiedad agraria, la
constitución y ejercicio de las unidades de producción agraria y los derechos y obligaciones de los
sujetos sociales agroambientales.
Partimos del criterio de que el Derecho Agroambiental tiene por objetivos, la planificación,
conservación, restauración y mejora de la capacidad de la tierra, para producir recursos vitales,
protegiendo y mejorando los recursos naturales y el medio ambiente para las generaciones
presentes y futuras. El punto de encuentro entre actividad agraria y medioambiente, es que las
actividades agrarias requieren como base para su producción de la tierra, el agua y el aire, dichos
elementos no pueden ser deteriorados, contaminados o destruidos. La dimensión ambiental del
Derecho Agrario esta referido a que la actividad agraria debe ejercitarse en armonía con la
naturaleza, no puede ser contaminada ni contaminante, deberá respetar el ciclo biológico, los
bienes destinados a la alimentación deben contribuir a mejorar la salud y prolongar la vida de los
consumidores. (Zeledón, 2009: 384).
Por esta razón, la agricultura no puede desenvolverse fuera de las normas establecidas para la tutela
del ambiente, porque agricultura y naturaleza están indisolublemente unidas; es así, porque es el
medio natural en que ella se desenvuelve y, si se deteriora el recurso natural suelo por una
explotación irracional, disminuye la producción y termina con su agotamiento. En consecuencia, es
vital el mantenimiento del potencial biológico y capacidad productiva del suelo con fines agrícolas,
pecuarios, forestales, agrosilvopastoriles, con base en un escrupuloso respeto a los ecosistemas.
(Delgado Miguel: 199).
Por estas razones, en primer lugar, debe primar las obligaciones de conservación, es decir un
disfrute racional y económicamente sostenible para proteger los recursos naturales renovables,
debe existir un sentido de protección imperativo para evitar su degradación y destrucción. Pero
también en segundo lugar, se percibe la necesidad de introducir límites y prohibiciones, tanto para
garantizar la planificación y la programación, como para combatir las prácticas nocivas o anti
ambientales en el desarrollo de actividades agrarias. Junto a estos dos tipos de obligaciones también
hay el de tercer tipo; son obligaciones de hacer, que van dirigidas hacia la organización de la
producción con el fin de evitar los daños, la contaminación y el control de la explotación de los
recursos naturales; porque la Empresa Agropecuaria no puede contaminar, dañar o afectar
negativamente a las demás empresas colindantes en la misma zona; tampoco resulta lógica una
defensa suya para protegerse de las otras. Se trata de un proceso ambiental complejo ubicable más
allá del propio fundo. Estas medidas han sido pensadas para una agricultura capaz de producir
bienes cada vez más sanos y limpios, naturales y no contaminados, susceptibles de llegar al mercado
con la garantía de respetar la naturaleza. Esta es la agricultura del mañana, la preferida por los
consumidores. (Ricardo Zeledón 2009: 103).
Como tenemos expuesto, el Derecho Ambiental se caracteriza por ser una disciplina transversal, que
recae en influye en todas las ramas jurídicas; el Derecho Ambiental trastoca el objeto del Derecho
Agrario, y éste se inclina más por una producción sustentable, para proteger los recursos naturales
que sirven de base al desarrollo de las actividades agrarias. Así, el Derecho Ambiental influye en el
conjunto normativo del Derecho Agrario debido a que se produce una gran conexitud entre
ambiente y actividad agraria; de esta manera, el Derecho Agrario se ve transversalizado por el
Derecho Ambiental, ya que la actividad agraria se desarrolla en un espacio geográfico, en un
territorio, donde es imprescindible proteger no solamente el recurso tierra, sino los demás recursos
naturales renovables.
Por lo tanto, el Derecho Agroambiental, no sólo debe ser un instrumento para fomentar y proteger
la producción agraria, sino también debe velar porque esa producción sea compatible con la
naturaleza. Debe convertirse en el instrumento por el cual se protejan y conserven los recursos
naturales, en el marco del desarrollo sustentable, entendido este como el proceso mediante el cual
se satisface las necesidades de la actual generación sin poner en riesgo la satisfacción de
necesidades de generaciones futuras.
Es este nexo común entre el Derecho Agrario y el Ambiental, entre el ciclo biológico de la actividad
agraria y el equilibrio ecológico, entre los institutos típicos del Derecho Agrario y los institutos del
Derecho Ambiental, que han motivado para que en nuestro ordenamiento jurídico se haya optado
renovar la denominación de Derecho Agrario, por el de Derecho Agroambiental, debido a que es
imperativo que las actividades agrarias, tales como el cultivo de la tierra, la cría de ganado y el
aprovechamiento forestal, deban realizarse en el marco del derecho a un ambiente sano y
ecológicamente equilibrado.
El Derecho Agroambiental se caracteriza por alcanzar el más alto grado de justicia social; por lo
tanto, tiene por función proteger y respetar, los derechos humanos de los grupos sociales más
desfavorecidos, para que estos cuenten con oportunidades de vivir bien. La justicia social, vela por
el equilibrio entre el bien individual y el bien común basado en los valores humanos fundamentales
principalmente los de dignidad, solidaridad, libertad e igualdad de los seres humanos. En este
sentido, el Derecho Agroambiental en aplicación de la justicia social enfoca sus esfuerzos en la
búsqueda del bien común, a través por ejemplo de la equidad en el acceso a la tierra, el respeto de
los derechos de las mujeres, indígenas, campesino y originarios, y el fomento y protección de las
actividades agrarias que son la base para la seguridad alimentaria.
En consecuencia, podemos mencionar como uno de los valores distintivos del Derecho
Agroambiental, el de justicia social, cuyos objetivos primordiales son la protección de los
económicamente débiles, la disminución de los márgenes de exclusión y discriminación, combatir
la pobreza, eliminar los privilegios que determinan la desigualdad y crear instituciones que busquen
discriminar la desigualdad económica y que permita al Estado una gestión de la cuestión agraria
propiciando un reparto más justo de la riqueza, en base a criterios de justicia y equidad social.
El artículo 4.13, de la Ley No. 300, Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral Para Vivir Bien,
desarrolla el concepto de Justicia Social en los siguientes términos: “El Estado Plurinacional de
Bolivia tiene como fin construir una sociedad justa, equitativa y solidaria sin pobreza material, social
y espiritual, que significa que el pueblo boliviano en su conjunto cuenta con las capacidades,
condiciones, medios e ingresos económicos necesarios para satisfacer sus necesidades materiales,
sociales y afectivas, en el marco del respeto a la pluralidad económica, social, jurídica, política y
cultural para la plena realización del Vivir Bien”.
En aplicación del valor de la justicia social, se relativiza la función del mercado para la redistribución
de la riqueza y se establece la intervención del Estado para implementar políticas publicas de lucha
contra la pobreza rural y fomento de las actividades agrarias.
En términos generales los principios jurídicos constituyen un tipo de normas fundamentales, que se
consideran valiosas y que deben ser realizadas, cuya función concreta es orientar y guiar el
ordenamiento jurídico. La palabra principio, en el mundo forense, significa aquello que concede
sustancia a la norma o al instituto jurídico.
Los principios generales del Derecho tienen tres funciones, que tienen incidencia importante en el
ordenamiento jurídico, estas son: la función creativa, la función interpretativa, y la función
integradora. a) La función creativa establece que antes de promulgar la norma jurídica, el legislador
debe conocer los principios para inspirarse en ellos y poder positivizarlos. b) La función
interpretativa implica que, al interpretar las normas, el operador debe inspirarse en los principios,
para garantizar una cabal interpretación. c) La función integradora significa que quien va a colmar
un vacío legal, debe inspirarse en los principios para que el derecho se convierta en un sistema
hermético e integrado.
Los principios generales del Derecho Agroambiental que informan su estructura, ejercicio y
contenido, han sido establecidos en nuestra CPE y en la legislación agraria vigente y que se
encuentran vinculados a los derechos humanos económicos, sociales y culturales de segunda
generación tales como: El dominio originario del pueblo boliviano sobre las tierras, la tierra es para
quien la trabaja, el cumplimiento de la función social, económica y ambiental de la propiedad
agraria, el carácter estratégico de los recursos naturales, al principio de pluralidad y pluralismo,
protección de los derechos de los pueblos indígena originarios campesinos y de las mujeres, y el
carácter social del Derecho Agroambiental.
También se han incorporado en nuestra Constitución principios de los derechos humanos de tercera
generación; como son el uso racional de la tierra, el principio de la seguridad alimentaria, el derecho
humano al desarrollo sustentable y el principio precautorio y de responsabilidad ambiental.
Este principio establece con claridad que los recursos naturales entre ellos la tierra, le pertenecen
por dominio originario al pueblo boliviano, éste, en ejercicio de su soberanía, delega su
administración y gestión al Estado que en el marco de la Constitución y las leyes y reglamentos que
rigen cada uno de los recursos naturales, administra directamente dichos recursos u otorga
derechos de propiedad, autorizaciones, permisos, concesiones para el uso y aprovechamiento de
los mismos.
Es en el marco de esta relación jurídico política en la que el pueblo boliviano delega y prorroga su
soberanía al Estado, es que el INRA, es quién distribuye, redistribuye y reagrupa las tierras en favor
de los integrantes del mismo Estado; cumpliendo, además, el mandato del pueblo boliviano, que
dicha administración de tierras, se la tiene que hacer en beneficio del conjunto social y subordinada
al bien común de la nación.
En síntesis, es el pueblo o la nación, quién tiene el dominio originario sobre la tierra; es decir un
“poder soberano y absoluto” del que emerge para los particulares cualquier derecho sobre ella, de
acuerdo con el ordenamiento jurídico interno; es por esta razón, que en nuestra CPE se determina
que las tierras son de dominio originario del pueblo boliviano; que comprende a la nación boliviana,
conformada por la totalidad de las bolivianas y los bolivianos, y las naciones y pueblos indígena
originario campesinos, y las comunidades interculturales y afrobolivianas y que en conjunto
constituyen el pueblo boliviano; (artículo 3 de la CPE) correspondiendo al Estado la distribución,
reagrupamiento y redistribución de la propiedad agraria conforme a las necesidades económicas
sociales y de desarrollo rural.
Partimos de que el trabajo, como ley practica y humana, le compete al orden moral y ético; el
hombre, en el mundo laboral, se hace sujeto moral y en sus repercusiones sociales tiene lugar la
eticidad, como una unidad dialéctica de la moralidad con la sociabilidad, que pertenece tanto a la
persona como la comunidad. En consecuencia cada individuo tiene el deber social al trabajo. Se
debe trabajar no solamente para nosotros, para nuestras necesidades y para nuestra satisfacción;
sino que también se debe trabajar para los demás, puesto que sin los otros no podríamos ser
nosotros. El trabajo es la condición primera y fundamental de la existencia humana, que no sólo
suministra al hombre los medios de existencia necesarios, sino que crea al propio hombre, es por
esta razón que el trabajo es un derecho individual pero tambien un deber para con la sociedad.
Así, el trabajo es un instrumento de emancipación de toda explotación, porque la tierra no solo sirve
de fuente de subsitencia, sino como fuente de libertad, de inspiración creadora y dignidad del sujeto
social agropecuario, el trabajo es el criterio máximo para apreciar la actividad de cada miembro de
la sociedad, que se realiza para prestar un servicio determinado, para tener derecho a determinados
productos, según normas establecidas, reglamentadas por la ley y vinculadas al bien común.
En aplicación del principio inspirador de la Reforma Agraria, “La tierras es para quien la trabaja”,
nuestra Constitución establece que: “El trabajo como fuente fundamental para adquirir conservar
la propiedad agraria”, lo que implica que el Estado para distribuir, redistribuir o reagrupar tierras,
para tutelar el derecho de propiedad agraria, tiene que verificar la existencia de trabajo productivo,
que implica un proceso que se da en la relación del hombre con la naturaleza, en el cual el trabajador
agropecuario determina, regula y controla las reacciones materiales entre sí y la naturaleza. Al
cambiar la forma de lo que está dado por la naturaleza, el hombre realiza su objetivo consciente,
adapta las cosas a las necesidades humanas. En aplicación de este principio, el Derecho
Agroambiental, privilegiara el proceso de trabajo que se desarrolla en las unidades de producción
agroamnbiental, protegiendo a la la actividad agraria o el trabajo propiamente dicho; el objeto del
trabajo caracterizaddo por la tierra y el uso de los instrumentos de producción con los cuales el
productor actúa sobre el objeto del trabajo y obtiene los productos agropecuarios.
Sin embargo es bueno aclarar que el trabajo no es una determinación absoluta para la protección
de la propiedad agraria, ya que también se garantiza el derecho de propiedad agraria, cuando ésta,
esta destinada para fines de protección. Por otra parte, también se relativiza el trabajo directo
personal, ya que se permite la organización de unidades de producción empresarial que de acuerdo
división social del trabajo unos realizan trabajo directo y otros trabajo de gerencia y organización,
ambos son imprescindibles para que la propiedad agraria cumpla su función, no ocurre lo mismo en
las formas de organización ecónomica familiar donde el trabajo manual e intelectual es ejercido por
la familia.
La Reforma Agraria de 1953, señalaba como principio fundamental: «La tierra es para quién la
trabaja». Esta idea fuerza, que influyó en la ejecución de la Reforma Agraria, se explica porque la
intencionalidad era incorporar unidades empresariales, en las cuales se exigía el concurso personal
del propietario o, en su caso, la inversión de capital suplementario, en contraposición a las antiguas
formas de producción basadas en la renta de la tierra. En consecuencia, las personas que no trabajan
la tierra perjudican el interés colectivo y el Estado puede devolver a su dominio originario del pueblo
boliviano las tierras ociosas. La CPE y la Ley No. 1715 del SNRA, regulan este principio al señalar que
las propiedades se conservan y reciben la protección del Estado siempre que cumplan una función
social o función económica social, es decir, que no sean abandonadas y sean utilizadas.
Por lo general cuando se habla de la función social, económica y ambiental de la propiedad agraria,
se refiere a que los derechos de dicha propiedad, deben estar limitados y regulados por la ley, con
la intención de que los dueños tengan, además de derechos, responsabilidades con la sociedad. Así,
el derecho de propiedad no sólo es subjetivo al servicio exclusivo y excluyente de su titular; sino
que va más allá, en tanto que conlleva una serie de deberes colectivos por el hecho de formar parte
de la sociedad, que pueden ir o no en consonancia con los intereses individuales. Dicho de otra
manera, los límites al ejercicio del derecho de propiedad agraria están establecidos por el bienestar
colectivo, de tal forma, que solo es posible ejercitar el derecho concedido por la ley hasta el umbral
en que éste no resultara nocivo o perjudicial a los intereses de la sociedad.
Es por esta razón que, en aplicación a este principio, los propietarios y poseedores de las
propiedades agrarias, están obligados a cumplir con la función social, económica y ambiental de la
propiedad agraria, desarrollando sobre las mismas actividades agrarias sustentables.
Nuestra CPE, en su artículo 348.II, determina que: “Los recursos naturales son de carácter
estratégico y de interés público para el desarrollo del país”. Es así, que recursos naturales
renovables, como el agua, el aire, el suelo, los bosques y la biodiversidad, son estratégicos, porque
son recursos vitales, absolutamente necesarios para el futuro de la sociedad boliviana. De esta
manera, un recurso natural obtiene su valor estratégico cuando es escaso, o relativamente escaso,
insustituible, o difícilmente sustituible y estar desigualmente distribuido, es por esta razón que es
clave en el funcionamiento de la economía y que de acuerdo a la percepción que se tenga de su
situación actual frente a su proyección a futuro, resulta imprescindibles para los fines de la siciedad
y del Estado. Estos recursos no serían calificados como estratégicos, sino se consideran que son
limitados y son susceptibles de agotarse y que sin ellos nuestra economía sufriría graves
desequilibrios, ya que no se encuentran distribuidos de manera homogena en la naturaluza, es por
esta razon que son importantes para la seguridad humana; por este motivo, el control de estos
recursos naturales crea puntos de tensión y son fuentes de conflictoobligandpo a los Estados a
desarrollar estrategias para controlar, regular, garantizar su acceso, protección y mantenimiento de
los mismos.
Debido a que los recursos naturales son estratégicos para el desarrollo del pueblo boliviano es que
el Estado ha establecido una regulación especial caracterizada por los siguientes elementos:
Gestión del Estado de los recursos naturales. En el parágrafo II del artículo 349 establece que es el
Estado, por mandato de el pueblo boliviano en el marco de la Constitución y las leyes es quién
reconocerá, respetará otorgará derechos propietarios individuales y colectivos sobre la tierra, así
como derechos de uso y aprovechamiento sobre otros recursos naturales. En aplicación de este
principio es que la distribución y redistribución de tierras.
Control y reversión de derechos. En mérito a lo dispuesto por el artículo 358, los derechos de uso
y aprovechamiento sobre los recursos naturales estarán sujetos a control periódico del
cumplimiento de las regulaciones técnicas, económicas y ambientales. El incumplimiento de la ley
dará lugar a la reversión o anulación de los derechos de uso o aprovechamiento.
Competencia privativa del nivel central. De acuerdo al artículo 298.I,17, es competencia privativa,
del nivel central del Estado, la Política general de tierras y territorio, y su titulación; es decir que la
legislación, reglamentación y ejecución no se transfiere ni delega a los gobiernos autonómicos y
están reservadas para el nivel central del Estado.
Nuestro estado se denomina plurinacional porque reconoce el pluralismo como principio, es así que
en la segunda parte del artículo 1ro. de nuestra CPE establece que, “Bolivia se funda en la pluralidad
y el pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del
país”.
Por esta razón aplicando este principio al Derecho Agroambiental, entendemos por pluralidad
cultural a la interculturalidad como el encuentro de distintas culturas que es el instrumento para la
cohesión y la convivencia armónica y equilibrada entre todos los pueblos y naciones; a la pluralidad
económica que articula las diferentes formas de organización económica agroambientales, sobre
los principios de complementariedad, reciprocidad, solidaridad, redistribución, igualdad,
sustentabilidad, equilibrio y armonía, donde la economía social comunitaria complementará el
interés individual con el Vivir Bien colectivo y la pluralidad jurídica en las relaciones de coordinación
y cooperación entre las distintas jurisdicciones que ejercen la función judicial única.
Por pluralismo reconocemos la diversidad cultural, como la variedad de culturas que interactúan y
conviven en un mismo espacio geográfico y que han desarrollado valores y relaciones particulares
con los recursos naturales renovables, entre ellos la existencia de diversas formas de propiedad
agraria; el pluralismo económico que se expresa el la existencia de distintas formas de
organizaciones económicas agroambientales tales como la comunitaria, la estatal, la privada, y la
social cooperativa, ejercida por distintos sujetos sociales agroambientales; y el pluralismo jurídico,
que es el reconocimiento de distintos sistemas jurídicos al interior del Estado Plurinacional, que son
ejercidos por las jurisdicciones ordinaria, agroambiental, indígena originaria campesina y las
especiales.
3.6. Protección de los derechos de los pueblos y naciones indígena, originario campesinos.
Este principio se halla contenido en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo
(OIT), sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes, ratificado por Bolivia mediante
Ley No 1257 del 11 de julio de 1991, cuya norma de protección a los derechos de los pueblos
indígenas; prescribe, entre otras disposiciones, que sus normas se aplican a los pueblos indígenas
en países independientes y que los gobiernos deberán asumir la responsabilidad de desarrollar, con
la participación de los pueblos interesados, una acción coordinada y sistemática con miras a
proteger los derechos de esos pueblos y garantizar el respeto a su integridad, imponiendo la
necesidad de adoptar las medidas especiales que se precisen, respetando la importancia especial
que para las culturas y valores espirituales de los pueblos interesados reviste su relación con las
tierras o territorios y en particular los aspectos colectivos de esa relación; también establece la
obligación del Estado de proteger los derechos de estos pueblos y de garantizar el respeto a su
integridad, en lo que concierne al acceso y tenencia de la tierra
El artículo 30.I de la CPE, establece que: “El Estado garantiza, respeta y protege los derechos de las
naciones y pueblos indígena originario campesinos consagrados en esta Constitución y la ley”.
Definiéndose que: Es nación y pueblo indígena originario campesino toda la colectividad humana
que comparta identidad cultural, idioma, tradición histórica, instituciones, territorialidad y
cosmovisión, cuya existencia es anterior a la invasión colonial española”.
El parágrafo II del mismo artículo menciona que las naciones y pueblos indígena originario
campesinos gozan del reconocimiento en nuestra Constitución de derechos, en lo referente al
régimen agroambiental y específicamente a la propiedad agraria estos derechos son: A la titulación
colectiva de tierras y territorios y a la gestión territorial indígena autónoma, y al uso y
aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables existentes en su territorio sin
perjuicio de los derechos legítimamente adquiridos por terceros.
Nuestra CPE en su articulo 395.I, reconoce el derecho a la titularidad que tienen las mujeres, al
acceso, distribución y redistribución de la tierra, sin discriminación por estado civil o unión conyugal,
mediante la dotación colectiva o comunitaria, como miembros de organizaciones indígenas
originarias campesinas, comunidades interculturales originarias, afrobolivianos y comunidades
campesinas. Este artículo permite a las mujeres a ser incluidas como beneficiarias de dotación de
tierras colectivas y comunitarias
Por otra parte, el articulo 402.2, del mismo texto constitucional establece que es obligación del
Estado, promover políticas dirigidas a eliminar todas las formas de discriminación contra las mujeres
en el acceso, tenencia y herencia de la tierra; con la que se garantiza el acceso de las mujeres, no
solamente a propiedades colectivas, sino, también a propiedades individuales, sean estas pequeñas
propiedades o propiedades empresariales.
La Ley 1715, en su artículo 3ro, párrafo V, establece que el Servicio Nacional de Reforma Agraria, en
cumplimiento a las disposiciones contenidas en la convención sobre la eliminación de todas las
formas de discriminación contra la mujer, ratificada por ley 1100 de 15 de septiembre de 1989,
aplicará criterios de equidad en la distribución, administración, tenencia y aprovechamiento de la
tierra a favor de la mujer, independiente de su estado civil.
Entendemos que el carácter social del Derecho Agroambiental, el principio que privilegia los
derechos de la sociedad antes que el interés individual, es por esta razón que las normas jurídicas
tienen un enfoque destinado a la realidad social de los sujetos sociales agropecuarios. En aplicación
de este principio nuestro ordenamiento jurídico, ha previsto de leyes, disposiciones y normas que
establecen las medidas de protección de los sectores sociales menos favorecidos y que permiten
resolver los conflictos sociales, su objetivo es ordenar y corregir las desigualdades que existen entre
los distintos sujetos sociales agroambientales.
Podemos mencionar que el carácter social del Derecho Agroambiental, es la forma que tiene
normativa jurídica de promover el orden y de reparar las diferencias que se pueden dar entre los
grupos sociales para dar protección, tomando en cuenta entre otros, los siguientes aspectos:
Igualdad social; por el cual se garantiza que los sujetos sociales agroambientales, exclusión, puedan
realizarse en el ejercicio de sus derechos humanos, la igualdad ante la ley y la igualdad de
oportunidades. Igualdad de oportunidades; por el cual se garantice sin importar el origen o clase
social a la que se pertenece, los sujetos sociales agroambientales tengan las mismas oportunidades
de desarrollo y de sacar provecho a sus dones naturales que los demás. Estado de bienestar; por el
cual es el Estado, es el encargado de proveer de acceso, seguridad, promoción, protección de la
propiedad y actividad agraria. Redistribución de la renta; se trata de enfrentar la desigualdad del
ingreso económico dentro de una sociedad determinada, repartiendo las rentas económicas de un
modo menos desigual, para otorgar más recursos a quien más los necesita.
El principio de Carácter Social del Derecho Agroambiental, ha sido establecido en el artículo 3, del
Reglamento a la Ley No.se expresa que este principio consiste en:
“a) Que el recurso tierra, al ser del dominio originario de la nación, retornará a ella de acuerdo a las
condiciones y causales establecidas en la Constitución Política del Estado, las Leyes N° 1715 y N°
3545 y el presente Reglamento.
b) Que las instituciones y autoridades públicas, aplicarán las normas especiales de esta materia,
siendo aplicables las normas ordinarias sólo cuando así se disponga de manera expresa.
c) Que el Estado reconocerá́ y hará́ cumplir la resolución de conflictos al interior o entre comunidades
campesinas, colonias y pueblos indígenas u originarios, adoptada con base en sus usos y costumbres,
en el marco del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo - OIT, la Constitución
Política del Estado y otras disposiciones vigentes.
h) Que el establecimiento de aranceles y cobros por los servicios que prestan las instituciones
relacionadas con la materia agraria, deberán ser los estrictamente necesarios, en el marco de una
racionalidad que esté de acuerdo con la realidad económica nacional, de tal manera que no se
impida ni se haga inviable el acceso a estos servicios.
j) La eliminación de toda forma de discriminación por los servidores públicos de las instituciones
involucradas en la temática agraria.
l) El impulso de oficio a los procesos administrativos o jurisdiccionales, sobre todo en lo relativo a las
citaciones o notificaciones de inicio de los procesos o con demandas o resoluciones finales, de tal
manera que no se deje a la voluntad exclusiva de las partes.
Finalmente, debemos recalcar, que dicha disposición reglamentaria en su inciso b), otorga
contenido al principio de especialidad del Derecho Agroambiental, expresando que las
instituciones y autoridades públicas, aplicarán las normas especiales de esta materia, siendo
aplicables las normas ordinarias sólo cuando así se disponga de manera expresa. Esto, permite la
aplicación exclusiva de la Constitución, leyes y reglamentos que regulan las actividades agrarias,
antes que la aplicación de normas de otras ramas del Derecho en general, que podrían distorsionar
los fines y objetivos del régimen jurídico agroambiental boliviano.
Solamente pasado algún tiempo y frente a la constatación de daños como la infertilidad del suelo,
la erosión de suelos, las dificultades de obtención de recursos hidrícos aptos para el riego,
disminución de áreas de pastoreo, disminución de áreas de vegetación nativa, al chaqueo
indiscriminado, uso indiscrimado de pesticidas y la reducción de la diversidad biológica, entre otros
factores, lo que ha propiciado un uso más racional del recurso tierra. El uso racional se puede definir
como la manera en que administramos el consumo de los recursos naturales; en ocasiones la gente
consume mas de lo que necesita , usamos demasiada agua y no tenemos un cuidado adecuado de
ella, consumimos mas de lo que en promedio utilizaríamos al día. Del uso de la razón y el correcto
aprovechamiento de los mismo depende en gran medida nuestro futuro.
El aumento de la población y el uso de tecnologica, son las dos fuerzas que fomentaron resiliencia,
producir mas de lo que necesitamos o de lo que no necesitamos. Estilo de vida es el mantenimiento
de las características edafoloógicas y que no pierdan su capacidad y aptitud para producir animales
y vegetales. Deterioro y contaminación de los suelos, Vocación natural de los suelos, Capacidad de
uso mayor de la tierra.
Con referencia a la capacidad de uso mayor de la tierra, el artículo 380.II de la CPE, estipula que:
“Para garantizar el equilibrio ecológico, los suelos deberán utilizarse conforme con su capacidad de
uso mayor en el marco del proceso de organización del uso y ocupación del espacio, considerando
sus características biofísicas, socioeconómicas, culturales y político institucionales”.
De acuerdo al artículo 405.1. de la CPE, El desarrollo rural integral sustentable es parte fundamental
de las políticas económicas del Estado, que priorizará sus acciones para el fomento de todos los
emprendimientos económicos comunitarios y del conjunto de los actores rurales, con énfasis en la
seguridad y en la soberanía alimentaria, a través de: “El incremento sostenido y sustentable de la
productividad agrícola, pecuaria, manufacturera, agroindustrial y turística, así ́ como su capacidad
de competencia comercial”; concordante con el articulo 407.2. del mismo texto constitucional que
dispone que son objetivos de la política de desarrollo rural integral del Estado, en coordinación con
las entidades territoriales autónomas y descentralizadas: “Establecer mecanismos de protección a
la producción agropecuaria boliviana”
El artículo 342 de la CPE, con relación al desarrollo sustentable establece lo siguiente: “Es deber del
Estado y de la población conservar, proteger y aprovechar de manera sustentable los recursos
naturales y la biodiversidad, así como mantener el equilibrio del medio ambiente”; concordante con
el articulo 380.I, que dispone que: “Los recursos naturales renovables se aprovecharán de manera
sustentable, respetando las características y el valor natural de cada ecosistema”.
Ley No. 338, en su artículo 7.12 define a la sustentabilidad, como: “La obligación de preservar los
sistemas de vida y los componentes de la Madre Tierra para las futuras generaciones, promoviendo
el desarrollo productivo integral para el Vivir Bien, en armonía con la Madre Tierra y preservando la
diversidad genética, respetando los usos y costumbres, reconociendo a la familia como el núcleo
principal de la producción y de la sostenibilidad productiva a través del tiempo”.
El principio precautorio implica que cuando haya peligro de daño grave e irreversible al ambiente,
se debe adoptar medidas cautelares provisorias para impedirlo o morigerarlo, aunque no hay
información o certeza científica plena respecto de los efectos del hecho, proceso o producto
objetado, elaborando estrategias tendientes a gestionar y controlar las eventuales consecuencias
del riesgo desconocido o poco conocido.
El artículo 4.4 de Ley No 300, Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral Para Vivir Bien, con
referencia al principio precautorio establece lo siguiente: “El Estado Plurinacional de Bolivia y
cualquier persona individual o colectiva se obliga a prevenir y/o evitar de manera oportuna eficaz y
eficiente los daños a los componentes de la Madre Tierra incluyendo el medio ambiente, la
biodiversidad, a la salud humana y a los valores culturales intangibles, sin que se pueda omitir o
postergar el cumplimiento de esta obligación alegando la falta de certeza científica y/o falta de
recursos”.
Tal como tenemos anotado, la aplicación de los principios generales del derecho agroambiental
en consecuencia, permitirán encontrar solución en los casos de lagunas legales, es decir, cuando
ni la ley ha previsto una regulación para al caso concreto que se plantea; pero al mismo tiempo,
visto su "carácter informador del ordenamiento jurídico", contribuyen en todo momento a una
interpretación y creación de las normas que sea congruente con la totalidad del sistema.
Ninguna rama del Derecho puede estar dotada de una autonomía absoluta, por ello, al Derecho
Agroambiental le resulta natural continuar sosteniendo su indiscutible especialización y una cierta
autonomía relativa, sin perjuicio de la interdisciplinariedad y una cierta dependencia de otras ramas
del derecho. La autonomía relativa del Derecho Agroambiental se caracteriza por haber logrado un
tratamiento especial caracterizado por lo siguiente:
4.1. Autonomía didáctica. Aquella que se distingue por haber fundado en varios países la metódica
y especializada enseñanza del Derecho Agroambiental, en las Facultades de Derecho, tales como las
Universidades de México, España, Argentina, Rusia, Italia; en Bolivia la materia de Derecho Agrario
o Agroambiental es impartida en el sistema universitario.
4.2 Autonomía científica. Es la que define para el estudio de esta materia, una sistematización
especial. Pero es la determinación del objeto del Derecho Agroambiental y, por esa vía, la del
método, las fuentes y la interpretación, dónde va encontrar lógicamente la existencia de los
principios generales. Éstos constituyen una fuente de la disciplina.
4.3. Autonomía jurídica. Define el carácter especial de esta materia, ya que la institucionalidad del
Derecho Agroambiental es peculiar e interdependiente en relación con el Derecho en general, es así
que en Bolivia se han promulgado normas que regulan los procesos de distribución, redistribución
y reagrupamiento de la propiedad agraria, el aprovechamiento forestal, las formas de organización
económicas agroambientales, los derechos de la Madre Tierra y también normas que regulan la
Jurisdicción Agroambiental, cuya competencia es la administración de justicia en esta materia; de
esta forma, es que tenemos normas especiales sustantivas y adjetivas que regulan estas relaciones
sociales tanto con el Estado como entre particulares.
4.4. Autonomía de codificación. Se distingue por la labor que, hasta este momento, han
emprendido varios países que ya tienen asentado Derecho y bases jurídicas agrarias para
catalogarlas en cuerpos legales unísonos y sistemáticos. Así tenemos la legislación en Rusia, España
México y Panamá, con sus códigos agrarios. En Bolivia la base de la legislación agroambiental está
contenida en la Ley Nº 1715 del Servicio Nacional de Reforma Agraria, la Ley, 3545 de Reconducción
Comunitaria de la Reforma Agraria y la Ley Forestal Nº 1700 y sus respectivos reglamentos.
El objeto agroambiental constituye la cosa o servicio que por su naturaleza o destino pertenece a la
actividad agraria o sirve para la realización de sus fines. De acuerdo con lo expresado el objeto
agroambiental se halla integrado por las cosas o bienes, o servicios que desde el punto de vista
estrictamente jurídico son las prestaciones de dar, hacer o de no hacer, vinculados a la actividad
agraria, a que se someten los sujetos agroambientales de acuerdo con los deberes u obligaciones
que imponen a los mismos las normas jurídicas agroambientales.
“La teoría de la agrariedad de Carroza, expresada como “la actividad productiva agrícola,
consistente en el desarrollo de un ciclo biológico, vegetal o animal, ligado directa o indirectamente
al disfrute de las fuerzas y de los recursos naturales y que se resuelve económicamente en la
obtención de frutos vegetales o animales, destinables al consumo directo, bien tales cuales, o bien
previa una o múltiples transformaciones”. En este sentido se entiende a la actividad agraria principal
orientada hacia la producción de animales y vegetales. Por ello también la teoría se denomina del
ciclo biológico, y el derecho agrario puede deducir de él, todo el conjunto de actividades,
normativizadas o no, derivadas de este tipo de producción”. ( Zeledón: 214.)
En síntesis, el objeto del Derecho Agroambiental es la actividad agraria, que bajo el concepto de
“agrariedad”, comprende el cultivo de la tierra, la cría del ganado, al aprovechamiento forestal y las
actividades conexas. Así, las actividades esencialmente agrarias son tres, la agricultura, la ganadería
y el aprovechamiento forestal o silvicultura.
Ahora bien, los caracteres que deben concurrir para que una actividad se considere esencialmente
agraria son:
a) Que tenga por objeto la producción de organismos vivos, vegetales o animales, bajo el control del
sujeto social agroambiental.
b) Que esté en relación con una cierta extensión de terreno agrícola, aprovechándose la fuerza
productiva natural de la tierra.
c) Que tenga por objeto el aprovechamiento económico de aquellos organismos vivos vegetales y
animales.
Los caracteres que deben concurrir para que se determine que una actividad es conexa son los
siguientes:
Si concurren estos elementos esenciales y conexos, estas actividades, serán reguladas por el
Derecho Agroambiental.
Por lo tanto, el núcleo del objeto del Derecho Agroambiental es la actividad agraria, entendida
como aquella que se realiza en desarrollo del ciclo biológico, vegetal o animal, ligado directa o
indirectamente con el aprovechamiento de los recursos naturales y que se resuelve en la
producción, transformación, industrialización y conmercializaci6n de productos agrarios.
Fuentes, son los elementos con los cuales se fija la norma y luego la ley. El Derecho Agroambiental,
como todas las ramas de derecho, tiene sus fuentes formales y materiales. Las primeras se hallan
constituidas por los hechos creadores de la norma jurídica agraria es decir de la forma normativa
específica que necesariamente debe revestir las valoraciones y convicciones vigentes para pasar a
formar parte del orden jurídico agroambiental con carácter de normas jurídicas obligatorias. Las
fuentes materiales, en cambio, sólo expresan una tendencia social susceptible de normativizarse, e
integran el ordenamiento jurídico agroambiental cuando asumen una forma determinada, a través
de un acto o una serie de actos que constituyen precisamente las llamadas fuentes formales.
Las fuentes formales constituyen las formas obligatorias y predeterminadas que deben caracterizar
a las reglas de conducta externa para imponerse en el ámbito social mediante el poder coercitivo
del Estado. En realidad, son las fuentes formales o directas las verdaderas fuentes del Derecho
Agroambiental entre éstas tenemos:
Ley agraria. La ley constituye la fuente primordial del Derecho. Es la norma jurídica agraria positiva
que permite ordenar regular jurídicamente a las relaciones agrícolas, sociales y económicas. La ley
agraria consiste en un conjunto de normas jurídicas que sirven para ordenar y regular las relaciones
entre los sujetos agroambientales o de aquellos que participan de la actividad agraria en
cualesquiera de sus formas y especificaciones.
Usos y costumbres agrarias. En la práctica de la vida existen ciertas normas conocidas como reglas
convencionales o usos sociales, como las tendencias, modales de trato, prácticas culturales,
conceptos de ética, que se observan o realizan de conformidad a la tradición, que se ejecutan u
observan, aunque exista cierta presión hacia su cumplimiento. Estas normas establecidas por la
costumbre son las que reciben el denominativo de Derecho Consuetudinario que es previo o
anterior a toda norma escrita, es decir es su antecedente. Las costumbres plasmadas en el Derecho
Consuetudinario, generalmente, configuran las normas escritas o leyes de los pueblos. De ahí,
algunos autores, con sobrada razón, manifiestan que el Derecho es producto cultural trasuntado en
normas coercitivas.
De la manera expuesta, los usos y costumbres manifestados desde tiempos ancestrales, en las
diferentes actividades agrarias de los pueblos, constituyen la fuente evidente del Derecho
Agroambiental que en su constante evolucionar a través de los años, han constituido el conjunto de
normas jurídicas agroambientales.
Doctrina. La doctrina, o sea el saber de los juristas del Derecho Agroambiental, que se va
construyendo y renovando gracias a sus investigaciones contribuye, de manera eficaz al
perfeccionamiento del Derecho y de la legislación agroambiental. El saber del jurista dedica al
Derecho Agroambiental podría aplicarse con provecho a través de la ley, de la sentencia, o de la
aplicación en aula.
7.2. Las fuentes materiales. Son los factores políticos, económicos, sociales, históricos y técnicos,
estando presentes en una determinada sociedad y en momento dado, que influyen de manera
importante en la producción de normas del ordenamiento jurídico agroambiental y en el contenido
de dichas normas. El hecho técnico constituye fuente importante del Derecho Agroambiental por
cuanto las nuevas tecnologías de generación de información catastral rural, las nuevas tecnologías
de producción agropecuaria, distintas formas de organizaciones económicas agroambientales y las
zonas geográficas entre otras; darán como resultado nuevas normas legales.
La interpretación debe vincularse con una actividad creadora y evolutiva. Porque la labor del
intérprete del Derecho Agroambiental no puede reducirse a una actitud pasiva frente a un texto, o
del texto en relación con otras normas ubicadas en otros cuerpos; por el contrario, significa un
trabajo constructivo de carácter axiológico, donde todas las normas deben interpretarse
sistemáticamente, con lógica, en un sentido valorativo y referido a una realidad concreta.
Naturalmente, toda esta elaboración debe partir de un conocimiento profundo de los institutos
jurídicos agroambientales, de sus vicisitudes en cuanto a límites o proyecciones, el proceso de doble
vía de aplicación de las normas a los hechos y de los hechos a las normas, en fin, del domino de la
materia jurídica agroambiental. Sólo así podría adquirir la dimensión correcta la comprensión actual
del problema hermenéutico porque deben conocer las normas y a ellas darles su verdadero sentido
en función de la historia, los valores y la realidad donde deben aplicarse.
Toda cultura jurídica tiene unos criterios y unas reglas de interpretación aceptados por la comunidad
jurídica que son los que guían el proceso interpretativo. Podemos mencionar los siguientes criterios:
Gramatical. Como construcción lingüística, la primera aproximación a la norma será de acuerdo con
el sentido propio de las palabras que contiene. Es lo que se llama interpretación literal: se trata de
ver el uso que normalmente tienen las palabras y las expresiones utilizadas en la norma dentro de
la comunidad lingüística.
Contextual o sistemático. Puesto que las normas, como hemos visto anteriormente, sólo adquieren
su sentido pleno en el marco de todo el ordenamiento jurídico, hará falta "situar" su contenido
dentro del entramado normativo para determinar así qué interpretación resulta más coherente con
el resto del sistema jurídico o con la institución concreta en la que la norma se encuadra.
Histórico. Toda norma acostumbra a ser el resultado de un largo proceso: luchas sociales, debates
ideológicos y jurídicos, regulaciones previas, procesos de reforma agraria. Conocer estos
antecedentes puede ayudar al juez a entender mejor los motivos por los que la norma se dictó y a
fijar con más precisión su sentido, pero teniendo siempre presente el carácter cambiante de la
realidad social.
Sociológico. Efectivamente, ya hemos visto que el Código civil establece, después del criterio
histórico, la regla de que quien interpreta y aplica el derecho no tiene que perder de vista la realidad
social en la que se mueve y tiene que procurar que su interpretación de la norma sea
suficientemente compatible con las exigencias sociales, culturales y económicas del momento.
Intencional o teleológico. El intérprete tendrá que buscar y tener presente en todo momento cuál
era la intención o la finalidad del legislador al establecer la norma o cuál es "el espíritu de la ley".
Sin embargo, resulta claro que para hacer efectivo este criterio nos tenemos que remitir
precisamente al texto de la norma. A pesar de la importancia central de este criterio, puesto que las
leyes existen precisamente para alcanzar una finalidad determinada, la interpretación más correcta
se obtendrá siempre de combinarlo con el resto de criterios.
Buena parte de lo dicho es aplicable a la tarea de interpretar y aplicar las normas, la que debe ser
guiada por un espíritu de moderación y requiere tener siempre presente los objetivos y fines que
persigue el derecho agroambiental, esto es, inducir el comportamiento de los agentes económicos
y la población en general hacia una finalidad de bien público, cual es el desarrollo armónico de las
actividades del agro.
Sin embargo, deberá ser más importante, en esta concepción de avanzada, admitir la
interdependencia del Derecho Agroambiental con otras ramas del Derecho, especialmente con el
constitucional y el ambiental. Solo de esta forma se podrá lograr un conocimiento más real y
profundo del complejo conjunto del nuevo sistema.
Los sujetos agroambientales son las personas físicas o jurídicas que ejercen o participan en la
actividad agraria productiva de manera habitual o quienes contratan protegen o fomentan a la
actividad agraria, en general, por razones de interés público o bienestar social. Por razón de la
naturaleza de la producción del lugar donde se obtiene y el destino ulterior que se le da en muchos
casos, el sujeto agroambiental ejerce actividades conexas además de las productivas. Puede el
sujeto ejercer una actividad agraria vinculada, pero lo único que le da el carácter de sujeto
agroambiental es la actividad agraria productiva. La actividad agraria ejercida por el sujeto se fija
por su actuación o participación en la producción. Los demás aspectos de la actividad agraria deben
considerarse siempre como accesorias o complementarias de la actividad fundamental que es la
productiva.
Los sujetos agroambientales se clasifican según su naturaleza, el tipo de actividad que realizan y el
grado de independencia que gozan en su actividad.
Según su naturaleza. Se clasifican los sujetos agroambientales en físicos, el hombre y la mujer que
realizan las tareas agrícolas en cualquiera de sus especializaciones de manera habitual; dentro de
esta categoría podemos ubicar a los empresarios, campesinos, originarios, indígenas e
interculturales, como personas individuales, que ejercen actividades agrarias, y;
Son sujetos agroambientales de naturaleza jurídica, las personas artificiales capaces de adquirir
derechos o contraer obligaciones agrarias y que tienen por finalidad principal desarrollar actividad
agraria en forma habitual. Como sujetos Agroambientales de este tipo se pueden mencionar, en
primer término, a los pueblos indígenas, comunidades campesinas, pueblos originarios,
comunidades interculturales, cooperativas agrarias, asociaciones agrarias y empresas
agropecuarias.
Dentro de los sujetos de existencia ideal, el Estado desempeña un papel fundamental, por ser la
persona jurídica que representa a la sociedad organizada políticamente. Se trata de una persona
jurídica pública cuyas funciones y atribuciones consisten en realizar el bienestar de la comunidad en
general.
Según el tipo de actividad que desarrollan. Los sujetos agroambientales pueden ser sujetos
productores, son los que desempeñan una actividad agraria productiva o que la dirigen
personalmente ya se trate del cultivo del suelo, la cría y el cuidado de animales y la actividad forestal.
Los sujetos productores son los sujetos agroambientales de mayor relevancia ya que ellos
personifican al agricultor, ganadero o forestal, en sentido amplio.
Según lugar que ocupan en el desarrollo de las actividades agrarias. Los sujetos agroambientales
pueden ser independientes o empresarios y dependientes o auxiliares.
Los primeros son los que asumen la responsabilidad plena de las tareas o actos inherentes a la
actividad agraria productiva que desarrollan en sus fundos por sí o por medio de representantes. El
sujeto agroambiental independiente o empresario puede ser calificado como tal en cualesquiera de
los niveles económicos a los que pueda pertenecer el fundo agropecuario que posea. Se entiende
aquí por fundo agropecuario a la organización productora agraria integrada por bienes y servicios
dirigidos por una persona que recibe el calificativo de sujeto agroambiental empresarial o
independiente. Los sujetos agroambientales auxiliares son las personas dependientes del sujeto
agroambiental principal o sea toda persona que trabaja o presta servicios en relación de
dependencia y que actúa por representación o por subordinación al sujeto agroambiental
independiente. En esta clase de sujetos agroambientales se pueden incluir varios tipos diferentes:
sujetos agroambientales auxiliares permanentes y los sujetos agroambientales auxiliares
transitorios.
10.2. Sujeto agroambiental público. El Estado por el hecho de desempeñar funciones de índole
agraria y ejercer atribuciones de protección fomento y control de la actividad agraria realizada por
los sujetos agroambientales en general puede ser denominado sujeto agroambiental público.
El Estado actúa por medio del gobierno que constituye la suma de los cuatro órganos
fundamentales: El legislativo que sanciona las leyes y entre las cuales figura las leyes
agroambientales; el órgano administrador o ejecutivo que hace cumplir las leyes agroambientales y
sus reglamentaciones por medio de sus instancias competentes; el órgano judicial que aplica las
leyes agroambientales por medio de los tribunales competentes en materia agroambiental y el
órgano electoral que administra la elección de los magistrados del Tribunal Agroambiental.
El Estado puede ser considerado como sujeto público agroambiental en función de las actividades
que realiza. No se trata de afirmar que el Estado sea un sujeto agroambiental, sino que por las
actividades que desempeña en el ámbito agroambiental, a través de sus poderes y de sus órganos
específicos, debe ser considerado, a los efectos de la sistematización, como sujeto agroambiental
público, estos sujetos son especialmente, las entidades que forman parte del Servicio Nacional de
Reforma Agraria, tales como la Presidencia del Estado, el Ministerio de Desarrollo Rural y tierras, la
Autoridad de Control y Fiscalización de Bosques y Tierras y el Instituto Nacional de Reforma Agraria,
la Autoridad de Control y Fiscalización de Bosque y Tierras; también son sujetos agroambientales
públicos, las autonomías departamentales, municipales e indígena originaria campesinas.
También el Estado puede constituir empresas públicas o mixtas, que desarrollen actividades
agropecuarias o de fomento y promoción de estas actividades, en estos casos, también el estado a
través de la representación legal de dichas entidades es sujeto agroambiental.
11. Capacidad
Se entiende por capacidad jurídica agraria, la aptitud o idoneidad que tiene una persona, para
realizar actos jurídicos agroambientales, lo que equivale a decir que es la aptitud para adquirir
derechos o contraer obligaciones agrarias y ejercerlos por si mismos. La capacidad constituye una
emanación de la personalidad jurídica agraria, con la cual se halla íntimamente vinculada.
La capacidad jurídica agroambiental, es la idoneidad aptitud que tiene una persona para ser titular
de derechos y sujeto de obligaciones, se adquiere con el nacimiento de una persona natural o con
la obtención de personalidad jurídica de una persona jurídica.
En las leyes agrarias se halla legislada la capacidad jurídica agroambiental de obrar, como conjunto
de normas que regulan la forma de ejercer estos derechos, de manera tal que, si bien todos o un
grupo de sujetos agroambientales son titulares de capacidad de goce, sólo los que reúnen
determinadas condiciones legales pueden ejercerlos.
La capacidad agroambiental de ejercicio se relaciona con los requisitos que la ley impone, para
poder ser titular de determinados derechos. Ejercer un derecho significa ponerlo en ejecución. La
persona que ejerce sus derechos agroambientales puede personalmente disponer libremente de
ellos, enajenar, gravar o ceder, es la posibilidad jurídica en la que un sujeto social agroambiental
hace valer directamente sus derechos.
Son capacidades de ejercicio en la legislación agraria, las que las leyes otorgan para adquirir tierras,
para explotar bosques, para utilizar aguas públicas, para acogerse a prórrogas legales en los
contratos agroambientales, a los beneficios de inembargabilidad o embargabilidad de ciertas formas
de propiedad agraria, o exención de pago de impuestos sobre la propiedad agraria.
Con referencia a la capacidad individual nuestra legislación establece que la capacidad de obrar o
de ejercicio se adquiere a los 18 año edad, en consecuencia, los sujetos sociales agroambientales,
mayores de 18 años, podrán ser beneficiarios de distribución de tierras y de realizar actos jurídicos
agroambientales.
También, en nuestra legislación la Disposición Final Duodécima, del Decreto Supremo Nº 29215, que
reglamenta la Ley Nº 1715 del SNRA, con referencia a la capacidad colectiva, establece lo siguiente:
“En los procesos agrarios se reconoce y garantiza la personalidad jurídica de las comunidades
campesinas, indígenas, pueblos originarios y colonizadores, quienes están facultados para adquirir
derechos y contraer obligaciones en todo el territorio nacional, con arreglo a las disposiciones
vigentes”. Implícitamente las unidades de producción empresarial, cooperativa y asociativa gozan
de los mismos derechos.
Por ejemplo, si las sociedades anónimas, por su interés puramente lucrativo y por el anonimato de
sus titulares, pueden resultar nocivas para la actividad agraria, sólo puede lograrse su exclusión
mediante la declaración de una incapacidad agraria de derecho, que les prohíba, por ejemplo,
adquirir bienes inmuebles rurales, el artículo 395.III, de la Constitución Política del Estado, establece
que: “Por ser contraria al interés colectivo, está prohibida la obtención de renta fundiaria generada
por el uso especulativo de la tierra”, es decir que las empresas de bienes raíces no tienen reconocida
capacidad de ejercicio para desarrollar actividades de lucro como producto de compra venta de
tierras agrarias.
Por otra parte, si se pretende que la gente, que inicia actividades en la agricultura por medio de
asentamiento humanos (colonización), sea apta para el trabajo agrario, es obvio que será necesario
«limitar» la capacidad agraria de derecho que la ley otorga a todo agricultor para adquirir tierra
mediante la creación de una incapacidad de hecho, o toda persona que carece de algún miembro,
padezca alguna enfermedad o se halle imposibilitada para trabajar por vejez.
12. Domicilio
El domicilio es el asiento jurídico de la persona, el lugar donde se supone que se hallará siempre
para todos los efectos legales.
Entre los requisitos que la Reforma Agraria exige a que los poseedores legales aspirantes de adquirir
tierras fiscales, es el que hayan residido o residan en áreas rurales; y entre las obligaciones que se
imponen en la adjudicación de tierras para asentamientos humanos, figura siempre la de fijar su
residencia en el predio. La legislación agroambiental establece como presunción legal que el
domicilio de un productor se halle en el predio donde vive con su familia y donde trabaja. Pero, la
cuestión inherente al domicilio llega a tener mayor importancia todavía, cuando la presunción legal
se desvirtúa por la comprobación de que el agricultor no vive en el fundo, en cuyo caso, la omisión
de tal requisito puede originar la causa de expropiación o reversión de la tierra.
En todos aquellos casos en que los propietarios no tienen sus domicilios en el predio, la presunción
legal puede originar la calificación de abandono y ello llegar a ser una agravante en la expropiación
o reversión del fundo.
Para el Derecho Agroambiental, el domicilio legal es el lugar donde la ley agraria presume sin admitir
prueba en contrario que una persona reside de manera permanente para el ejercicio de sus
derechos y cumplimiento de sus obligaciones agrarias, aunque de hecho no esté allí de modo
permanente. El domicilio legal es forzoso y por tal motivo la ley presume que la persona reside en
tal lugar. Para el Derecho Agroambiental el sujeto agroambiental principal tiene su domicilio en el
lugar donde debe realizar sus actividades agrarias, salvo que éstas fueran temporarias o periódicas.
El concepto de instituto jurídico está ligado a concepto de ordenamiento jurídico, que se articula en
cada una de sus ramas en torno a subconjuntos de normas que se ordenan alrededor de un núcleo
común de relaciones jurídicas. El ordenamiento jurídico que versa sobre el Derecho Agroambiental,
cuyo objeto es la actividad agraria, del cual derivan subconjuntos de normas y relaciones jurídicas
ordenadas en torno a una idea común se les denomina institutos jurídicos agroambientales, estos
constituyen una unidad mínima de análisis que conforman el sistema de normas. Tomando en
cuenta además que lo que dota de sentido a las normas agroambientales, es precisamente su
adscripción a un determinado instituto jurídico. Es así, que, para estudiar las normas del Derecho
Agroambiental, es necesario ordenar dichas normas, tomando como referencia un núcleo temático
común, un conjunto de normas que regulan determinadas relaciones jurídicas y construyen
conceptualmente un instituto jurídico.
«El instituto jurídico es la base para asentar el fundamento del sistema. Es el conjunto de
determinaciones normativas agrupadas bajo el influjo de un objetivo superior propio de las normas
singulares llamadas a conformarlo. Estas determinaciones no todos emanan del ordenamiento
estatal. Son creaciones plásticas representativas de la condensación de determinados contenidos
espirituales del derecho con fragmentos de la realidad económica y social. Si bien son producto del
arbitrio de un acto legislativo, preexisten al mismo legislados, pues siempre hay una idea suya cuya
representación es un núcleo de sedimentación vinculada a expresiones autóctonas y desarrolladas
en el seno de ordenamiento jurídicos particulares o paraestatales» (Zeledón 1990: 121).
Con base en los institutos jurídicos, se podría determinar hasta donde llega lo agroambiental y
cuando se está en presencia de lo no agroambiental, para lo cual es necesario remarcar, que el
común denominador entre los institutos jurídicos agroambientales, es la actividad agraria;
considerada como una categoría de análisis de las normas e institutos, no expresado por el
legislador en los ordenamientos jurídicos, pero preexistente, en consecuencia, metajurídico.
Los institutos están caracterizados, en primer lugar por su publicización, debido a que la actividad
agraria, son de interés público, en tal virtud, los derechos que derivan de dicha actividad tienen una
especial regulación normativa; en segundo lugar, por la socialización, debido a que en el derecho
agroambiental, no solo se busca fines económicos o la satisfacción de los intereses generales, sino
también que internamente se requiere un equilibrio social, donde la brecha entre los distintos
sujetos sociales agropecuarios, cada vez sea menor y en tercer lugar se caracterizan por su
humanización, debido a que el sujeto social agropecuario, es el centro del sistema y no la propiedad
agraria o los otros bienes, como forma de reivindicar los derechos humanos económicos, sociales y
culturales y una concepción contrastante con la fría economía o la globalización.
Finalmente debemos concluir que los institutos jurídicos de la materia, en su configuración jurídica,
ofrecen elementos de tutela y protección a la actividad agraria.
Los principales institutos jurídicos del Derecho Agroambiental, son la propiedad agraria, la
posesión agraria, las formas de organización económica agroambiental, los contratos agrarios, el
aprovechamiento forestal, el proceso administrativo agroambiental y el proceso jurisdiccional
agroambiental.
II
LA PROPIEDAD AGRARIA
La propiedad agraria es instituto típico y fundamental del derecho Agroambiental, pese a que en
nuestro ordenamiento jurídico positivo, no existe expresamente una definición de la propiedad
agraria; sin embargo su tratamiento, tanto en la Constitución Política del Estado como en la
legislación agraria, prefiguran los elementos esenciales estableciendo que se trata de un derecho
sobre el recurso natural suelo destinado a las actividades agrarias, cuyo uso racional y
aprovechamiento individual o colectivo debe ser compatible con el interés social, la necesidades
económicas y la protección del medio ambiente.
"Desde el punto de vista académico, científico y aún político, podemos afirmar que la propiedad de
la tierra constituye el pedestal y la base de toda la materia agraria. Ni la enseñanza, ni la
investigación, ni la acción política pueden prescindir de la propiedad de la tierra como institución,
cuando se trata de enseñar, investigar o gobernar sobre cualquier gestión relativa al campo y la
agricultura." (Juan José Sanz Jarque. “Derecho Agrario", Ed. Reus, Madrid 1985. p. 11)
Se puede distinguir en la evolución de la propiedad agraria seis etapas sucesivas que vamos a indicar
brevemente.
1° Es fácil comprender que la propiedad agraria no tiene razón de ser en las tribus que viven de la
caza, ni siquiera en los pueblos pastores que viven en estado nómada. Esta propiedad nace con la
agricultura. Aún en las primeras fases de la vida agrícola no se constituye todavía; primero, porque
durante en ese período, hay tierra en cantidad superabundante, nadie siente la necesidad de
trabajar su parte; y, segundo porque estando todavía en estado embrionario los procedimientos de
producción agrícola, el labrador abandona su campo tan pronto como está agotado, para tomar
otro. La tierra, en los comienzos, pertenece a la sociedad entera, o más bien a la comunidad,
únicamente los frutos pertenecen al productor.
2° Sin embargo, la población se vuelve poco a poco más sedentaria y se fija cada vez más en el suelo;
se hace también cada vez más densa y se siente la necesidad de recurrir a un cultivo más productivo.
Entonces, a la primera fase sucede otra: la de la posesión temporal con reparto periódico. La tierra,
aunque considerada siempre como perteneciente a la sociedad, está repartida igualmente entre
todos los jefes de la familia, no de una manera definitivamente todavía, sino solo por cierto tiempo:
primeramente sólo por un año, pues tal es el ciclo ordinario de las operaciones agrícolas; luego,
poco a poco –a medida que los procedimientos agrícolas se perfeccionan y que los labradores tienen
necesidad de disponer de un espacio de tiempo más grande para sus trabajos- por períodos de
tiempo cada vez más prolongados.
3° Los repartos periódicos caen en desuso, porque perjudica a aquellos que han mejorado sus
tierras, y que son despojados periódicamente, en provecho de la comunidad, dando lugar a la
constitución de la propiedad familiar, pues cada familia queda entonces definitivamente con
dominio de su parcela. Sin embargo, esto no es todavía la propiedad individual, puesto que no existe
el derecho de disponer: el jefe de la familia no puede vender la tierra, darla o disponer de ella
después de su muerte, precisamente porque es considerada como un patrimonio colectivo y no
como una propiedad individual.
4° La evolución de la propiedad agraria pasa por una fase vinculada a los procesos de conquista; no
hay un solo territorio, en la superficie de la tierra que no haya sido en una época cualquiera quitado
por la fuerza a la población que la ocupaba, para ser atribuido a la fuerza conquistadora. Sin
embargo, los vencedores, precisamente porque eran los vencedores y los amos, no se preocuparon
por cultivar la tierra, y, atribuyéndose simplemente la propiedad legal, el “dominio eminente” como
se decía antes, dejaron a la población conquistada la posesión del suelo bajo forma de dependencia
y limitada por las condiciones mismas de la concesión que había sido hecha al labrador, por las
servidumbres que sobre él pesaban, por los censos que tenía que pagar el propietario superior, por
la imposibilidad de enajenar sin la autorización de éste.
6° No quedaba más para asimilar por completo la propiedad agraria a la propiedad mobiliaria, y
marcar así el último término de esta evolución, queda una sola etapa que recorrer: la movilización
de la propiedad agraria, es decir, la posibilidad, para todo individuo, no sólo de poseer la tierra, sino
aun de disponer de ella con la misma facilidad que de un objeto mobiliario cualquiera. Este último
paso fue dado en un país nuevo, en Australia, por el célebre sistema conocido bajo el nombre de
sistema Torrens, el cual transforma el derecho de propiedad sobre la tierra en simples asientos en
un registro, permitiendo así al propietario poner, en cierto modo, su tierra en cartera bajo la forma
de una hoja de papel, y traspasarla de una persona a otra, casi con la misma facilidad que una letra
de cambio.
Para comprender los procesos agrarios en Bolivia debemos hacer un recuento cronológico de los
aspectos más sobresalientes de la evolución de la estructura de tenencia y propiedad de las tierras.
El Ayllu. La base sobre la que descansaba la estructura de la sociedad andina fue el Ayllu. Estaba
formado por variados grupos de familia que rendían culto a una misma "huaca" y poblaban un
mismo territorio.
El ayllu puede ser definido, según Xavier Albó y Joseph Barnadas (Albó 1990: 20), como «una unidad
social básica basada, a partir del parentesco por línea paterna en la que la dispersión de sus terrenos
en diversas áreas geográficas provocaba que sus habitantes también vivieran en áreas dispersas.
Originalmente cada ayllu, estaba organizado de modo que todos sus miembros compartieran, a
través de múltiples, comunidades, los distintos recursos que ofrecía la agricultura andina»
Organización del Trabajo. La economía del imperio incaico tuvo una fuerte base en la producción
agraria, particularmente en el cultivo de maíz y la papa. La división del trabajo fue un elemento
central en la organización y se refería básicamente a tres grandes actividades productivas: la pesca,
la caza y la agricultura.
Distribución de Tierras. Las tierras del Ayllu, bajo el Imperio Incaico, estaban divididas en tres
partes:
• Colectivas. Destinada al culto y al Inca, los miembros del ayllu o «hatunrunas» tenían la
obligación de trabajar la totalidad de esas tierras;
Mediante la mita, los miembros del ayllu estaban obligados a trabajar durante determinados
periodos de tiempo, en las grandes obras públicas como caminos, andenes, fortalezas y minas. La
mita constituyó el trabajo por turnos, fue el elemento central organizativo del Imperio Incaico. Para
ser autoridad dentro la comunidad o para acceder a ciertos trabajos, una forma de adquirir prestigio
era el cumplimiento disciplinado de los turnos. El turno para el trabajo o para el desempeño de
algunas funciones de autoridad regulaba el flujo de la mano de obra y redistribuía las cargas por
servicios prestados. La unidad económica y social encargada de esta regulación era «la marca» o
comunidad (Mesa 1998: 65).
El trabajo colectivo era una obligación que se destinaba para atender las necesidades públicas
comunales locales o estatales, sin embargo, cabe destacar que las asignaciones familiares, es decir,
el dominio de las familias sobre sus tierras, era mucho más importante que el trabajo colectivo.
Estas asignaciones familiares de tierras, de ninguna manera, eran igualitarias en cantidad y calidad.
Seguridad alimentaria. Como sociedad altamente previsora, los incas no conocieron el hambre. El
excedente de los productos alimentarios no consumidos era depositado religiosamente en
despensas para ser utilizados en cualquier eventualidad: sequías, heladas y otras calamidades.
Con la llama, domesticada, formaban rebaños para el transporte de los productos obtenidos que,
en buena parte, eran recogidos por el Estado y almacenados en depósitos o graneros denominados
«colcas». Estos se construían a la vereda de los caminos a fin de abastecer a los ejércitos. El pueblo
recibía su parte como compensación otorgada por el Estado, y cada individuo por el trabajo que
cumplía. Este sistema se conoce con el nombre de «redistribución». Se consumía también carne de
camélidos, coca y chicha (Mesa 1998: 65-66).
Cédulas Reales de Gracia o Merced. La Corona de Castilla, con objeto de estimular la colonización
española de sus dominios en América, había añadido a las encomiendas y repartimientos otorgados
a los conquistadores las llamadas Cédulas Reales de Gracia o Merced. Esas «cédulas» incluían el
otorgamiento de tierras y de brazos en forma gratuita en retribución de servicios prestados o por
prestar; esto dio origen a encomiendas y a repartimientos particulares que, si bien eran menores
que los concedidos a los conquistadores, no estaban atadas a la reversibilidad.
La tierra, especialmente aquella cercana a los centros poblados o abierta a los caminos, se valorizó
pronto. La corona advirtió, entonces, que podía convertirla en una fuente regular y segura de
recursos para su tesoro perpetuamente exigido y de esa advertencia, nacieron, por Real Cédula de
1591, los remates de tierras en pública subasta y los remates a título de «censo alquitar», que
consistía en rematarlas en su dominio útil y directo, a cambio, no de una cantidad específica, sino
de un canon anual y tendió a favorecer a aquellos cultivadores sin suficiente dinero para cancelar,
al contado, el valor de la propiedad que les era adjudicada.
Como resultado de los diversos tipos de concesiones, aparecieron propietarios de tierras que no
tenían quién las trabajara, concesionarios de brazos que no poseían tierras para ocuparlas,
propietarios temporales y propietarios a perpetuidad.
Ese desorden halló solución en tres disposiciones reglamentadas por las «Leyes de Indias»: la
institución del yanaconazgo, el tributo y la composición (Fellman 1978: 118 -122).
Visitas Toledanas. El tener o no derecho legal a la posesión y dominio de las tierras de Indias
constituyó para España, en el Siglo XVI, un verdadero problema. Con el objeto de organizar un
registro público de tierras, el V Virrey de Perú, don Francisco de Toledo, en 1572, diseñó y ejecutó
las famosas “visitas" que permitió acopiar información sobre cantidad de tierras, ubicación, y si se
estaban en poder de españoles, criollos o comunidades indígenas. Según algunas obras de
referencia, Toledo fue tan osado que había confeccionado los primeros planos de predios rurales.
Como consecuencia de las reformas Toledanas, resultó la coexistencia de dos tipos de propiedad
territorial: la propiedad privada del latifundio semifeudal y el reconocimiento de la propiedad
comunal del ayllu, puesto que la corona no acabó jamás en decidirse por liquidar el ayllu. Toledo
trató de acreditar los títulos de los ayllus a nombre de los curacas y no de todos sus miembros y
convirtió a algunos curacas, en latifundistas, lo cual fue resistido por los comunarios, ya que, en el
interior de cada ayllu, cada natural era dueño de una o varias parcelas o tierras, para el sustento de
sus familias.
Establecimiento del sistema de hacienda. Durante la Colonia se desarrolló una forma muy
particular de «hacienda». El origen de las haciendas son las Mercedes de Tierras otorgadas que
conferían dominio. Según las Leyes de Indias, las medidas precisas asignadas eran la «peonía» y la
«caballería» (Albó citado por Urioste 1992: 33)
La hacienda fue el segundo rubro de importancia después de la minería. A principios del siglo XVII,
la encomienda estaba obsoleta y casi todas las tierras pertenecían a los comunarios y/o particulares
que las habían comprado de los propios indios o simplemente se habían apoderado de ellas. Estos
nuevos propietarios eran los hacendados que al morir legaban la tierra a sus herederos
indefinidamente. Estas tierras se podían alquilar o vender según la conveniencia del propietario. No
trabajaban en ella indios originarios sujetos al tributo, sino forasteros que habían dejado sus
comunidades.
Decretos bolivarianos. Simón Bolívar tomó medidas que tendían al mejoramiento de la situación
del indio, a liberarlo y destruir el sistema feudal y/o comunal que lo oprimía. Los Decretos de Trujillo
y Cuzco en 1824 y de Chuquisaca en 1825, buscan ampliar la democracia e incorporar al indio como
ciudadano, inspirados en los contenidos ideológicos de la Revolución Francesa, reconociéndole
derechos de corte liberal. Se trataba de convertir al indio en propietario individual de la tierra que
poseía, suprimiendo la propiedad comunitaria, los trabajos gratuitos y declarando obligatorio el
pago de salario en los obrajes y haciendas. Arturo Urquidi (Urquidi 1947: 95) al respecto sostiene:
Bolívar, el genial organizador de la Guerra de la Independencia rindiendo homenaje a los ideales
dominantes en su época, estructuró a los países por él liberados en los principios fundamentales de
credo liberal. En cuanto a la clase aborigen, fue manifiesta su preocupación por constituir la pequeña
propiedad indígena, sin pensar que su noble propósito sería el origen de mayores desdichas para la
raza que quería redimir.
El decreto de 4 de julio establecía, en su artículo primero, que «El título y la autoridad de los caciques
quedan extinguidos» (Ibid: 7). No sólo fueron los españoles los que usurpaban tierras a los indígenas
originarios en la época de la colonia, también fueron los mismos caciques o curacas indígenas que
invocando su autoridad política cometían abusos de este género. Los caciques acumulaban tierras
comunales para su propio beneficio, ganaban poder económico y se apropiaron del modo de vida
hispánico a tal punto que los campesinos llegaron a identificarlos con la elite colonial española.
En todo caso, no fue injusto ni arbitrario el régimen legal que se les ofreció a los caciques en los
decretos bolivarianos, el artículo tercero ordenaba: “Los antiguos caciques deberán ser tratados por
las autoridades de la República como ciudadanos dignos de consideración”. (Ibid: 7).
Por otra parte, el tercer decreto de Bolívar de julio de 1825, daba un tratamiento esencialmente
democrático a este problema, cuando establecía que las tierras usurpadas o adquiridas ilícitamente
por los caciques serían objeto de distribución entre los indígenas, y no serían declaradas propiedad
del Estado ni de particulares.
Finalmente, el artículo cuarto del mismo decreto, estatuía que los caciques que acreditaran títulos
de dominio (composición, adjudicación o repartimiento) fueran declarados propietarios absolutos,
en toda su extensión, de las tierras que tenían en posesión.
El segundo decreto de Bolívar ordena el pago de salarios a los indígenas, con el propósito de
transformar a una parte de los trabajadores indígenas en proletarios asalariados, para desarrollar
las fuerzas productivas de las naciones emancipadas de la corona española, la disposición primera
estipulaba: «Que ningún individuo del Estado exija directa o indirectamente el servicio personal de
los indígenas, sin que preceda un contrato libre del precio de su trabajo». (Ibid: 8)
Otra disposición ordenaba de manera textual: «Los jornales de los trabajadores en minas, obrajes y
haciendas, deberán satisfacerse en dinero contante, sin obligarlos a recibir especies contra su
voluntad...» (Ibid: 8)
El tercer decreto declara a los indígenas propietarios de sus tierras y ordena un repartimiento de
ellas; de esta forma, Bolívar declaró a los indios propietarios de las tierras que tenían en posesión y
ordenó que a los que carecían de ellas (agregados, forasteros, yanaconas) se les concedieran
también en calidad de propiedad. La finalidad era democratizar la propiedad de la tierra para que
todos tuvieran un predio agrario, «de manera que ningún indio, pueda quedarse sin su respectivo
terreno» (ibid: 8), según establece el artículo cuarto del decreto de 8 de abril de 1824.
Los decretos normaban tres aspectos: por una parte la venta de tierras del Estado, donde no se
incluía la propiedad de los «denominados indios», con preferencia a los que estaban en posesión,
cultivando la tierra o tenían contratos de arrendamiento; en segundo lugar estatuía el
reconocimiento de la propiedad a los indígenas en posesión precaria, es decir, aquellas tierras de
comunidad que solamente usufructuaban la tierra, pero no tenían títulos de propiedad, cuya
titularidad, por el derecho inminente ahora pertenecía al Estado. Por esta razón, el artículo segundo
establecía que en las ventas de tierras del Estado «no se comprenden... las tierras que tienen en
posesión los denominados indios, antes bien se les declare propietarios de ellas, para que puedan
venderlas o enajenarlas de cualquier modo». (Ibid: 8). Se excluían las tierras de origen que habían
sido adquiridas por los propios comunarios en la época del coloniaje mediante cédulas de
composición.
Leyes de Exvinculación. Entre los años entre 1874 y 1895, aparecen una serie de medidas legislativas
tendientes a expandir el sistema de hacienda. Dichas normas jurídicas son conocidas como Leyes de
Exvinculación, que tenían como finalidad disolver los ayllus y desvincular a los indios de sus
comunidades como era el deseo de Simón Bolívar.
En este período, vuelven a surgir dos corrientes respecto a la existencia o supresión de la propiedad
comunitaria. Una de ellas sostenía que, por derecho propio, el indígena era propietario originario
de los terrenos que trabajaba, además, mostraba una mayor capacidad de productividad frente a
las haciendas feudales. Dentro esta concepción también se manejaba ideas de corte liberal en
cuanto se trataba de incorporar al campesino al mercado mediante un sistema de intercambio,
previa disolución de las comunidades y entregando títulos parcelarios. La otra tendencia era la
teoría de las "manos muertas", en la que se sostenía que las comunidades junto con su modo de
producción eran una rémora para el país y el desarrollo de la agricultura.
Este derecho otorgado incluye necesariamente el concepto de propiedad privada liberal, lo que
implica que no admite otras formas de propiedad, en el entendido de que la agricultura debería
incorporarse al proceso mercantil inaugurada por la minería. El desconocimiento de jure de las
comunidades indígenas tiene como objetivo fundamental desarticular la forma de organización y
resistencia colectiva, para que en adelante no pudieran plantear ningún recurso a título de
comunarios, sino como propietarios individuales del terreno.
El espíritu de la mencionada Ley, estaba dirigida a extinguir la comunidad indígena, tal como se
evidencia de la lectura del artículo siete que dice expresamente: «Desde que se han conferido los
títulos de propiedad, la ley no reconocerá comunidades; ningún individuo o reunión de individuos
podrá tomar el nombre de comunidad o ayllu; ni, apersonarse por estos ante ninguna autoridad»
(Balderrama 1954: 284). Se puede vislumbrar claramente que la intención de la indicada Ley, en
última instancia, proclama la disolución de los vínculos comunarios a favor de la propiedad privada
individual, y abre a la vez dentro el principio liberal, la libre disposición de la propiedad, es decir, la
transacción de tipo mercantil como paso previo para la usurpación. De conformidad a la nueva
situación jurídica, cada comunario debería recabar su título individual ante las comisiones
revisitadoras, que tenían las funciones de medir y delimitar los lotes que luego serían adjudicados.
Resultaba mucho más decente, otorgarle derechos de «enajenación al indígena ignorante y luego
comprarle su tierra por cuatro reales, que arrebatarle de la misma forma como hiciera Melgarejo
(Echazú 1983: 72).
La situación política del país junto a la sequía y la Guerra del Pacífico, impidieron poner en práctica
las Leyes de Exvinculación. Es a partir de 1880 que se empezó en forma legal y “decente” una
expropiación tan descarada como la de Melgarejo; ahora se hablaba de compra a los comunarios.
Los decretos y resoluciones autorizaban a las gentes del Fisco poner en venta las antiguas tierras
comunales si lo juzgaba útil para el interés público.
Se deduce que estas últimas disposiciones son la puerta abierta para las usurpaciones rurales, ya
que los campesinos tenían todos los actos de dominio de las tierras que poseían, entre ellas, la
enajenación que la realizaron por las buenas o por las malas; de esta manera, se produjo un proceso
de expansión del latifundio a costa de las comunidades indígenas.
Consolidación del sistema de hacienda A partir de 1880, se pone en marcha nuevas rebeliones
indígenas, casi siempre reprimidas por el ejército. Así, desde 1885 hasta 1900, se pasa de la
estructura de la propiedad comunaria a la estructura de haciendas feudales, creándose una nueva
estructura de propiedad del suelo, con todas las características propias de nuestro país. De esta
manera, se consolida el sistema de hacienda con una combinación de intereses con los empresarios
mineros, cuyos centros de actividad se convierten en mercados de consumo.
Pese a que los indígenas se resistieron a las formalidades previas a la dotación de los títulos y a la
división y partición, manifestando que sólo se conformaban con que se les adjudique la propiedad
en lo proindiviso. «La Orden Circular de 3 de agosto del año de 1881, establecía cuatro medidas
operativas:
a) Que la subasta pública de las comunidades debía verificarse en las capitales de cantón y a medida
que se iban practicando las operaciones de revisita.
b) Que la oposición de los indígenas a la revisita de sus terrenos, debía entenderse como una
oposición de hecho, en cuyo caso los prefectos debían dictar las medidas convenientes para que la
resistencia quede vencida y continúen las operaciones de la revisita.
c) Que era obligatorio para los revisitadores realizar el recorrido de los terrenos, la división de la
propiedad comunal y la extensión de títulos, para que de este modo quede disuelta la comunidad
tanto administrativa como civilmente.
d) Recomendaba a los revisitadores mucha sagacidad y prudencia, pues, el Gobierno descansa por
completo en la probidad e ilustración de los señores revisitadores.
La resolución de 16 de agosto de 1881 concedía que los indígenas de una comunidad, sin excepción,
«consiente y convengan» en ello, podían solicitar que la propiedad se les adjudique en lo
proindiviso, siempre que ofrezcan cómoda división, y en caso contrario se procedería a la venta en
pública subasta». (Rodríguez: 7)
En el curso de este proceso, el altiplano se convirtió en una tensa frontera interna asediada por los
terratenientes; los territorios comunales veían progresivamente constreñido su espacio de
reproducción y desmantelado su universo ideológico – con la ofensiva latifundista– bajo tres
modalidades de apropiación monopólica de los bienes y recursos de la colectividad: el monopolio
del comercio, el monopolio de la tierra y del poder político.
Zárate Willca, oponiéndose a este proyecto y a todo ese programa restrictivo de corte liberal,
planteó su programa de reivindicaciones, que podemos sintetizar en los siguientes puntos:
4. Constitución de un gobierno indio autónomo bajo la autoridad de su máximo líder. (Rivera 1984:
28).
Sintetizando, este periodo hasta 1900, se caracteriza por una resistencia de las comunidades contra
la usurpación de las tierras de comunidad indígena. Después del establecimiento de las propiedades
privadas de hacienda, los indígenas, convertidos en colonos arrendatarios, se debatirán sobre el
monto del sobre trabajo que será transferido como renta (ya sea como renta trabajo o como renta
producto), en la medida que los terratenientes desean agrandarla y los colonos disminuirla.
El fin último del proceso de Reforma Agraria consiste en la modificación de las relaciones de
producción y la modificación de la estructura de la tenencia de la tierra a partir de tránsito del modo
de producción feudal, basado en la renta de la tierra, al modo de producción capitalista, basado en
el trabajo asalariado y la propiedad privada de la tierra.
En síntesis, el Decreto Ley de Reforma Agraria, al cancelar el latifundio y abolir la servidumbre del
campesino indígena; al liberar las fuerzas productivas del agro, debería crear las condiciones
necesarias para que el país cuente con una agricultura industrializada y floreciente, mediante la
inversión de fuertes capitales y la amplia comercialización de los productos.
El 2 de agosto de 1953 se firma el Decreto Ley No. 3464 de Reforma Agraria, elevada a rango de Ley
el 29 de octubre de 1956, que da inicio a una política de administración de tierras en Bolivia. Las
medidas en las que se enmarca dicha Ley de Reforma Agraria son la distribución y redistribución de
tierras. Por tanto, es la creación de nuevos derechos propietarios sobre la tierra, aplicando el
principio de que “la tierra es de quien la trabaja”.
Para analizar estos criterios es necesario remitirse al texto de la Ley donde se exponen los objetivos
más significativos y fundamentales, enunciados en el considerando número 10, que a la letra dice:
Ahora bien, este objetivo significa en primer lugar, consolidar con carácter de propiedad las antiguas
parcelas que los campesinos habían venido trabajando como arrenderos, sayañeros, etc., se ratifica
a nuevo titulo una situación preexistente.
Al respecto debemos indicar que este objetivo se orienta a la creación de una economía parcelaria
tanto en la zona de los valles centrales como en las montañas.
b) Restituir a las comunidades indígenas las tierras que les fueron usurpadas y cooperar en la
modernización de sus cultivos, respetando y aprovechando en lo posible sus lo tradiciones
colectivas.
Estos objetivos, si bien toca uno de los puntos básicos de nuestra problemática agraria, carecen de
la perspectiva de una solución viable, se orientan al proteccionismo y no guarda coherencia con el
proyecto principal del gobierno, pues se parte de una falsa concepción sobre las comunidades
originarias. Se pensaba en un sentido comunitario que habría persistido desde los incas a lo largo
de cuatro siglos, por lo tanto, la creación de cooperativas agrícolas teniendo como base la
comunidad, había chocado con un proceso diferente de apropiación individual de la tierra por parte
de los comunarios.
A nuestro criterio, este es el objetivo fundamental que sustenta toda la Ley de Reforma Agraria
impulsada principalmente a la creación de una economía agraria capitalista.
Nuestra Reforma, bajo las circunstancias en que se produce, es de naturaleza burguesa, en tanto
destruye las relaciones de producción feudal predominantes y las reemplaza por relaciones pre-
capitalistas, más llanas a la dominación del capital. No solamente en Bolivia la reforma es burguesa,
toda reforma agraria tiene un carácter burgués, así lo señala Gutelman (1978: 17): «... sin vacilación
se puede calificar la Reforma Agraria en si misma, es decir en el proceso de apropiación y
redistribución de la tierra, como reforma burguesa, aún en el caso que se realice en el marco de una
revolución proletaria violenta».
Para aumentar la producción con una reforma agraria, se la efectúa mediante la extensión de la
racionalización capitalista de la agricultura; justamente la reforma agraria está concebida como
reforma en el sentido que introduce cambios en la agricultura dentro los marcos del capitalismo,
acorde a un programa específico que forma parte de un global desarrollo económico.
Otro objetivo de la Reforma Agraria estaba destinado a la protección del medio ambiente, aunque
en ese periodo todavía no se había elaborado el concepto de desarrollo sostenible, se pretendía
implementar un desarrollo capitalista preservando los recursos naturales:
e) Conservar los recursos naturales del territorio, adoptando las medidas técnicas y científicas
indispensables.
Por último, producto de la Guerra del Chaco, donde una de las causas de la pérdida se atribuía a la
mala distribución demográfica de la población con una baja densidad en el oriente y el chaco
boliviano, la ley de Reforma Agraria se impuso como objetivo lo siguiente:
La firma del Decreto Ley y su inmediata ejecución fue en cierto modo, como lo señalan varios
autores, un intento de poner término a las ocupaciones espontáneas y por vía directa de la toma de
tierras de propiedad terrateniente, reconduciendo este proceso por los cauces señalados por Ley;
habiéndose reconocido la existencia de las siguientes formas de propiedad de la tierra: El solar
campesino, la pequeña propiedad, la propiedad de la comunidad indígena, la mediana propiedad,
la empresa agrícola y la propiedad cooperativa.
La anterior Constitución promulgado el año 1967, garantizaba el ejercicio del derecho de propiedad
agraria, otorgando seguridad jurídica; al respecto, el artículo 167 de dicha norma fundamental
indica que «reconoce la propiedad privada, cooperativa y comunaria», de esta forma se reconocía
la coexistencia de propiedades individuales y colectivas o comunarias.
A principios de los años 90, el Estado boliviano comienza una etapa de reconocimiento de su
realidad multiétnica y pluricultural, la cual se inicia a consecuencia de la “Marcha por la Vida y el
Territorio” de los pueblos indígenas del Oriente boliviano. Posteriormente, en 1994 se modifica la
Constitución Política del Estado, la cual reconoce esta realidad y declara al Estado como
“multiétnico, multicultural y plurilingüe”. Además, establece dentro del régimen agrario a las Tierras
Comunitarias de Origen (TCOs)2 como el espacio de tierra necesario para el desarrollo de su
pueblo/comunidad indígena desde el punto de vista económico, político, social y religioso.
(Fernando Crespo “Sistema de administración de tierras en Bolivia. P.10)
Con la aprobación de la CPE, el año 2009, se reconoce en favor de los pueblos y comunidades
indígena, originario campesino, el derecho a la tierra y el territorio, en el marco del Estado
Plurinacional, que como se puede advertir es resultado de las luchas y reivindicaciones históricas de
los pueblos y naciones indígena originario campesinos, descritos precedentemente. Finalmente,
como resultado del proceso de ejecución del proceso distribución, reagrupamiento y redistribución
de la propiedad agraria, del proceso de ejecución de la Reforma Agraria, en aplicación de la D.L.
3464 de 1953, la Ley del Servicio Nacional de Reforma Agraria No. 1715 de 1996, modificada por la
Ley de Reconducción Comunitaria de la Reforma Agraria No. 3545 del año2006, los datos oficiales
de tenencia de la tierra indican que, Bolivia tiene una superficie de 109.858.100 Ha., de las cuales
los ríos, caminos, áreas urbanas, ocupan 3.559.325 ha. y la superficie objeto de saneamiento es de
106.298.775 ha.; actualmente, según datos oficiales del INRA, del 80 % de la tierra saneada, un
31% fue reconocida en propiedad a los pueblos indígenas y originarios de Bolivia como Tierras
Comunitarias de Origen 17% en tierras bajas y 14 % en tierras altas 24 millones de hectáreas; un
33% se identificó como tierras fiscales (de dominio del Estado como áreas protegidas, concesiones
forestales y tierras disponibles para redistribuir); un 26%, 20 millones ha., a favor de comunidades
campesinas y pequeñas propiedades individuales en favor de campesinos e interculturales, y un
10% 8 millones de ha., a favor de la mediana propiedad y la empresa agrícola. (Audiencia Publica de
Rendición de Cuentas Final Gestión 2015 Instituto Nacional De Reforma Agraria Santa Cruz, Febrero
2016).
Con lo que podemos concluir que, como resultado de la aplicación del proceso de saneamiento, se
ha operado un acceso mas razonable a la tierra por parte de los indígenas originario campesinos e
interculturales de aproximadamente el 59 % del total de la tierra distribuida, frente al 10% titulado
en favor de los empresarios agropecuarias del país, aunque la brecha todavía es significativa si
analizamos en función de número de beneficiarios.
3. Definición de propiedad agraria
La propiedad agraria consiste en el derecho exclusivo que tienen las personas de usar, gozar y
percibir frutos de la tierra, donde se desarrollan racionalmente actividades agrarias sustentables,
con restricciones, condiciones y obligaciones establecidas por la ley.
Es una propiedad posesiva, debido a que se exige de manera obligatoria la presencia del propietario
en el bien, nuestra Constitución establece que para adquirir y conservar la propiedad agraria se
requiere el concurso del trabajo del propietario. En consecuencia, solamente el propietario
poseedor podrá ejercer todos los actos de dominio y podrá reivindicar la propiedad agraria, siempre
y cuando demuestre que ha ejercido actos posesorios; en síntesis, en materia agraria existe título
perfecto si concurren simultáneamente el derecho de propiedad acreditado por un título y la
posesión acreditada por el desarrollo de actividades agrarias, nuestra legislación privilegia al
poseedor sin título, respecto del propietario que solamente tiene documentos de propiedad y que
no trabaja la tierra.
Es una propiedad que se caracteriza por su función económica, debido a que se trata de un bien
productivo, cuya obligación del propietario es poseer, cultivar y mejorar el bien para la obtención
de bienes y productos destinados al mercado, así como a su transformación, industrialización y
comercialización; está íntimamente vinculada con la seguridad alimentaria, su incumplimiento
deriva en sanciones establecidas por la normativa agraria.
La propiedad agraria tiene que ser sustentable, porque debe ser ejercida en armonía con los demás
recursos naturales, como parte de la naturaleza, por eso no se la debe destruir o degradar, la
propiedad agraria impone al propietario, un uso sustentable de la tierra consistente en su
protección, conservación y cumplimiento de la función productiva en armonía con la naturaleza.
La propiedad agraria tiene características particulares, debido a que el origen del derecho de
propiedad agraria deviene del dominio originario del Pueblo boliviano; por lo tanto, el derecho de
propiedad agraria tiene como antecedente dominial necesariamente un título ejecutorial, que es el
instrumento mediante el cual el Estado a través del Servicio Nacional de Reforma Agraria ha
realizado transferencia de dicha propiedad agraria.
En aplicación de las normas agrarias, una de las formas de adquirir la propiedad agraria es cuando
se invoca la posesión de la misma. Es así que, las tierras fiscales que pertenecen al dominio originario
del pueblo boliviano, pueden adquirirse por procedimiento administrativos de dotación o
adjudicación, si se invoca una posesión agraria, esto es que exista posesión justificada por actividad
agraria, este hecho configura el instituto típico del Derecho Agroambiental.
Por otra parte, es imprescindible que las personas que tengan interés de adquirir la propiedad
agraria, cumplan con ciertos requisitos legales para hacerlos tales como acreditar que son
productores agropecuarios, que dichas tierras serán destinadas para fines productivos y que las
mismas no son adquiridas para obtener renta fundiaria generada por el uso especulativo de la tierra,
tal como dispone nuestra Constitución.
Con referencia a los modos adquisitivos de carácter derivativo, se puede decir que la adquisición
por actos intervivos resulta regulada por formas de prelación legal, que se diferencian
sensiblemente en la causa y el procedimiento, de las prelaciones del derecho civil, un ejemplo es
la inembargabilidad de ciertas formas de propiedad, así como el régimen de hipotecas y
gravámenes en procesos de reversión y expropiación, al margen de la indivisibilidad de la propiedad
agraria, por debajo de la unidad mínima de producción, es decir de la pequeña propiedad agraria.
En cuanto a la adquisición derivativa por acto mortis causa, son conocidos los caracteres diferentes
de los propios del derecho sucesorio común que, en amplitud creciente de aplicación, han ido
asumiendo los institutos del Derecho Agroambiental hereditario, como es el régimen de indivisión
forzosa de la propiedad agraria, especialmente de la pequeña propiedad y los mecanismos legales
de protección de las unidades de producción empresarial agropecuaria.
Por otra parte, los propietarios de medianas propiedades y empresas agropecuarias, tienen la
obligación de mantener unidades de producción económicamente viables, con niveles de
producción y productividad razonables.
La propiedad agraria está al servicio de las unidades de producción, debido a la función que se da a
la tierra destinada a actividades, agrícolas, pecuarias, forestales o de conservación de la
biodiversidad; por lo tanto, es necesaria la intervención del Estado para constituir, mantener y
tutelar las actividades agrarias que realizan las distintas unidades de producción, aprovechamiento
o protección en la propiedad agraria.
Estos elementos inciden profundamente sobre la estructura o sea el contenido del derecho, que
dan como resultado una regulación intensiva; estableciendo limitaciones, restricciones, condiciones
y obligaciones para el ejercicio del derecho de propiedad agraria.
Por otra parte, se constata que la propiedad, cuando es calificable como propiedad agraria, no está
sustraída a los efectos de la prescripción extintiva, en caso de que no exista ejercicio del derecho
durante cierto tiempo, como es el caso de la reversión de medianas propiedades y empresas
agropecuarias por abandono injustificado.
A partir del reconocimiento que hace nuestra Constitución Política del Estado sobre el Estado
Plurinacional Comunitario, también se constata diversas formas de apropiación, uso,
aprovechamiento y tenencia de la tierra, que son parte de la diversidad cultural y de la economía
plural, como son las unidades familiares de producción campesina y de interculturales; las
propiedades agrarias comunarias de campesinos, las propiedades agrarias comunitarias de
indígenas y originarios, y unidades de producción capitalista, como las medianas propiedades y
empresas agropecuarias. Cada una con sus propias características, finalidades y regulación
normativa diferenciada.
Estas disposiciones, reorientan los contenidos del Derecho Agrario boliviano, tienen la función de
guiar el desarrollo legislativo, para la elaboración de la futura ley de tierras, en el marco de una
sociedad diversa y heterogénea.
El artículo primero de la Constitución Política del Estado establece que: “Bolivia se constituye en un
Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario, libre, independiente, soberano,
democrático, intercultural, descentralizado y con autonomías. Bolivia se funda en la pluralidad y el
pluralismo político, económico, jurídico, cultural y lingüístico, dentro del proceso integrador del
país”.
Un Estado plurinacional, es la organización política y jurídica de una sociedad de varias naciones
unidas en un solo Estado con Gobierno de representación plurinacional y sujetas a una única
Constitución Política. Lo que presupone la existencia de varios pueblos y naciones, con su propio
acervo cultural con su propio derecho y sus propias formas de tenencia colectiva de la tierra, que,
junto con formas de apropiación individual, sea familiar o empresarial, dan como resultado un
reconocimiento jurídico de varias formas de propiedad agraria que coexisten al interior del Estado
Plurinacional.
Esta pluralidad, ya fue reflejada en la Ley Nº 1715, que en sus contenidos normativos establece
equilibrios entre los distintos sujetos sociales agroambientales ligados a la tenencia de la tierra, y
sus disposiciones contemplan diferentes visiones de desarrollo y de futuro de estos grupos sociales;
por esta razón, nuestra legislación agraria contiene normas jurídicas diferenciadas para empresarios
agropecuarios, campesinos, interculturales, originarios e indígenas. Reconoce que Bolivia es un país
plural y heterogéneo; además, se funda en la diversidad como potencialidad del desarrollo de
nuestro país. La diversidad nos muestra que no todos somos iguales, así, cada cultura tiene una
forma diferente de ver la vida, la tierra y la naturaleza; en consecuencia, corresponde también una
legislación que contemple estas diferencias y que establezca equilibrios entre los distintos sujetos
sociales agroambientales que conviven y coexisten en nuestro País.
El origen del derecho de propiedad agraria deriva del dominio originario de los recursos naturales,
que en la anterior constitución se atribuía unas veces al Estado y otras a la Nación boliviana; en la
actual Constitución, en su artículo 349.I, se especifica que: “Los recursos naturales son de propiedad
y dominio directo, indivisible e imprescriptible del pueblo boliviano, y corresponderá al Estado su
administración en función del interés colectivo”.
El Dominio originario; es decir el primer derecho le corresponde al pueblo boliviano, son los
bolivianos que ene ejercicio de su voluntad soberana, transfieren y prorrogan poder a los
gobernantes, para que éstos, en su nombre y representación administren el recurso tierra, en el
marco de la CPE y de las leyes del país. El Estado a partir del establecimiento de este contrato social,
es quien regula y ejecuta la distribución, redistribución y reagrupamiento de la tierra.
En este marco, el Estado boliviano garantiza el ejercicio del derecho de propiedad agraria, otorgando
seguridad jurídica; al respecto, la Constitución Política del Estado en su artículo 56 establece que
“Toda persona tiene derecho a la propiedad privada, individual o colectiva, siempre que ésta cumpla
una función social”; en consecuencia, nuestra legislación reconoce las propiedades individuales y
colectivas, dentro de las primeras garantiza la propiedad agraria privada individual, siempre que el
uso que se haga de ella no sea perjudicial al interés colectivo y también se garantiza el derecho a la
sucesión hereditaria sobre estas. Por otra parte, reconoce la existencia de propiedades colectivas
comunarias o comunitarias que pertenecen a indígenas originarios o campesinos.
II. La pequeña propiedad es indivisible, constituye patrimonio familiar inembargable, y no está sujeta
al pago de impuestos a la propiedad agraria. La indivisibilidad no afecta el derecho a la sucesión
hereditaria en las condiciones establecidas por ley.
III. El Estado reconoce, protege y garantiza la propiedad comunitaria o colectiva, que comprende el
territorio indígena originario campesino, las comunidades interculturales originarias y de las
comunidades campesinas. La propiedad colectiva se declara indivisible, imprescriptible,
inembargable, inalienable e irreversible y no está sujeta al pago de impuestos a la propiedad agraria.
Las comunidades podrán ser tituladas reconociendo la complementariedad entre derechos
colectivos e individuales respetando la unidad territorial con identidad”.
Finalmente, el artículo 315 dispone que el Estado reconoce la propiedad empresarial de la tierra a
todas aquellas personas jurídicas legalmente constituidas en territorio nacional siempre y cuando
sea utilizada para el cumplimiento del objeto de la creación del agente económico, la generación de
empleos y la producción y comercialización de bienes y/o servicios.
El artículo 3 de la Ley Nº 1715 establece lo siguiente: «Se reconoce y garantiza la propiedad agraria
privada a favor de personas naturales o jurídicas». En este sentido, garantiza la existencia del solar
campesino, la pequeña propiedad, las propiedades comunarias, cooperativas y otras formas de
propiedad privada. La mediana propiedad y la empresa agropecuaria, gozan de la protección del
Estado en tanto cumplan una Función Económica Social y no sean abandonadas.
De acuerdo con el artículo 41 de la Ley Nº 1715, la propiedad agraria se clasifica en solar campesino,
pequeña propiedad, mediana propiedad, empresa agrícola, tierras comunitarias de origen,
propiedades comunarias, propiedad cooperativa y pública.
Podemos advertir que nuestra legislación reconoce que hay formas de propiedad que escapan a la
clásica división del derecho de propiedad en pública y privada, ya que las propiedades comunarias
y comunitarias, no pueden ser caracterizas o explicadas a partir de esta doctrina; las comunidades
son producto del proceso histórico de los movimientos sociales indígenas originarios y campesinos
que logran el reconocimiento del Estado de estas formas de propiedad que podemos caracterizarlas
de la siguiente manera
a) Propiedades Colectivas, existen dos formas de propiedad colectiva reconocida por nuestra
legislación:
Propiedades comunitarias: son las propiedades colectivas de la tierra, que tienen por propietarios
a indígenas y originarios que las usan, aprovechan y administran aplicando sus propias normas; por
lo tanto, no están reguladas por el Derecho Civil.
Propiedades comunarias, son las que pertenecen a los campesinos e interculturales, cuya
característica fundamental es que se encuentran al interior de una comunidad o colonia conformada
también por propiedades familiares; en suma, en un mismo espacio geográfico se ha procedido a
la titulación de propiedades colectivas y propiedades individuales, específicamente pequeñas
propiedades, la suma de estas dos formas de propiedad conforman la comunidad campesina.
Esta forma de propiedad, ha sido omitida en la nueva CPE, debido fundamentalmente a que nos es
una propiedad agraria productiva, sino predios pequeños, donde los campesinos han construido sus
viviendas.
En la anterior legislación constituía la unidad mínima de dotación y tenía como finalidad satisfacer
racionalmente las necesidades de una familia campesina.
En la actual legislación no existe norma expresa sobre la prohibición de transferir estas formas de
propiedad, siempre y cuando se las transfiera en su totalidad. Actualmente, existe un fuerte debate
sobre la inembargabilidad de estas formas de propiedad, por una parte, se manifiesta que esta
institución es una garantía porque impide hipotecar y, en consecuencia, cierra la posibilidad de que
las entidades financieras rematen estas propiedades por mora y se reconstituya el latifundio; por
otra, está la argumentación más sólida de que la falta de crédito condena a la pobreza al campesino
y no permite que la propiedad agraria pueda otorgarse como garantía hipotecaria, limitando
seriamente las posibilidades de crecimiento por falta de capital suplementario. Además, existe una
contradicción, la ley permite la transferencia definitiva de la pequeña propiedad que es una
disposición absoluta del bien inmueble y no así una disposición condicional como es la garantía
hipotecaria.
También, esta forma de propiedad es irreversible, están exentas del pago de impuestos que grava
a la propiedad inmueble rural, pueden ser expropiadas por abandono injustificado y son adquiridas
del Estado vía adjudicación, a precio concesional, a 0,10 centavos de boliviano por hectárea.
Es la que pertenece a personas naturales y jurídicas y se explota con capital suplementario, régimen
de trabajo asalariado y empleo de medios técnico modernos.
Tanto la mediana propiedad como la empresa agrícola, no solamente son cualificados como medios
de producción, con valor de uso; sino que también son consideradas como mercancía con valor de
cambio, como activos; son unidades de producción capitalista, por esta razón, se pueden transferir,
dividir, pignorar o hipotecar, conforme a las leyes civiles y comerciales.
Estas propiedades, son expropiables por causas de necesidad y utilidad pública, pagan impuestos
que grava a la propiedad inmueble rural, son reversibles por incumplimiento de la función
económico social y son adquiridas del Estado por adjudicación a valor de mercado.
Además, en la gran mayoría de las comunidades campesinas, se ha realizado una titulación mixta,
de distribución de propiedades individuales y colectivas, de tal forma que en la actualidad la
composición del especio geográfico que ocupa una comunidad campesina confluyen pequeñas
propiedades junto con propiedades colectivas; lo que no ocurren en las TCOs., donde no existe
titulación individual en favor de sus miembros.
Son espacios geográficos a los cuales los pueblos y comunidades indígenas y originarias han tenido
tradicionalmente acceso y donde mantienen sus propias formas de organización económica, social
y cultural de modo que aseguren su sobrevivencia y desarrollo. Constituyen el hábitat de estos
pueblos.
El articulo 310 de la CPE, con referencia a las cooperativas, establece los siguiente: “El Estado
reconoce y protege las cooperativas como formas de trabajo solidario y de cooperación, sin fines de
lucro. Se promoverá́ principalmente la organización de cooperativas en actividades de producción”.
Ahora bien, nuestra legislación permite que la forma de organización económica cooperativa pueda
tener como base productiva distintas formas de propiedad agraria individual y colectiva, es decir
que son resultado de la conjunción de estas propiedades en comunidades campesinas, indígenas u
originarias, en este caso no hablamos de propiedad cooperativa. Nos referiremos jurídicamente a
propiedad cooperativa, cuando los títulos ejecutoriales o los derechos de propiedad agrarias se
encuentran registradas a nombre de la cooperativa agraria; en este caso. a dicha forma de
propiedad se le aplica la legislación que regula el régimen de propiedad agraria empresarial. Esta
forma de propiedad agraria cooperativa con destino al desarrollo de actividades agrarias, esta
estipulada en el artículo 3.II d e la Ley Nº 1715, que dispone que se garantiza la existencia del solar
campesino, la pequeña propiedad, las propiedades comunarias, cooperativas y otras formas de
propiedad privada.
La disposición final décimo segunda, de precitada Ley Nº 1715, establece los principios que debe
regir la organización de estas unidades productivas: “La Cooperativa Agropecuaria es una sociedad
económica de administración democrática cuyas actividades se rigen por los siguientes principios:
Nuestra legislación reconoce la propiedad del Estado de dominio público, y las propiedades agrarias
públicas patrimoniales, estas últimas son denominadas tierras fiscales, las mismas se caracterizan
porque no salieron del dominio del Estado, o por haber sido revertidas, expropiadas u objeto de
nulidad de títulos ejecutoriales. Dichas tierras se encuentran registradas a nombre del INRA en
representación del Estado, tanto en el Registro Único Nacional de Tierras Fiscales que forma parte
del Sistema de Catastro Rural, administrado por el Instituto Nacional de Reforma Agraria y en las
oficinas de Derechos Reales; las mismas pueden ser disponibles o indisponibles.
Son tierras fiscales disponibles aquellas que, por su capacidad de uso mayor, pueden ser usadas
para el desarrollo de actividades agropecuarias, las mismas han sido identificadas como resultado
del proceso de saneamiento de la propiedad agraria, son tierras sobre las cuales no se identifico o
reconoció derecho de propiedad agraria, o contando con documentos de propiedad las mismas han
sido expropiadas, revertidas, o sus títulos y procesos han sido declarados nulos o como resultado
de la revocatoria de derechos de las tierras otorgadas en concesión forestal. Estas tierras pueden
ser objeto de distribución mediante los procedimientos de adjudicación o dotación.
Son tierras fiscales no disponibles, las susceptibles de compensación por tierra insuficiente para
comunidades campesinas e indígenas y de conversión a concesiones de aprovechamiento forestal
no maderables; las áreas protegidas del sistema nacional de áreas protegidas que se encuentren
bajo gestión del Servicio Nacional de Áreas Protegidas y aquellas en las que de acuerdo a su ley o
decreto supremo de creación y a su plan de manejo vigente estén prohibidos expresamente los
asentamientos humanos, salvo la compatibilidad de estas áreas con los pueblos indígenas u
originarios; las concesiones forestales que se mantengan vigentes; las tierras que sean requeridas
por instituciones o empresas publicas para la ejecución de proyectos u obras de interés nacional y
otras tierras clasificadas por norma legal.
Las propiedades agrarias públicas, gozan de la protección legal del Estado y existen normas que
establecen la prohibición de poseerlas, impiden su usucapión, aprovechamiento, avasallamiento y
tenencia, las autoridades administrativas del INRA, podrán disponer medidas precautorias parta su
protección.
Nuestra legislación no contempla la propiedad forestal, como una forma de propiedad agraria; sin
embargo, establece que las medianas propiedades y empresas agropecuarias, pueden realizar
aprovechamiento forestal, este derecho esta reconocido en la Ley Forestal, como autorización de
aprovechamiento forestal en propiedad privada, y es una de las actividades que acreditan el
cumplimiento de la función económica social en medianas propiedades y empresas agropecuarias.
Por lo tanto, un empresario, pueden destinar todo o parte de su propiedad, para aprovechamiento
forestal, maderable o no maderable, cumpliendo los requisitos establecidos en la Ley Forestal y sus
Reglamentos.
También al interior de las propiedades agrarias, clasificadas como tierras comunitarias de origen o
tierras comunales tituladas colectivamente, se pueden desarrollar actividades forestales, ya sea
mediante autorización de aprovechamiento forestal en propiedad privada o en alianza con
empresas forestales a través de la suscripción de contratos subsidiarios. Tal como desarrollaremos
posteriormente.
La presente disposición se aplica, en caso de que exista propiedades agrarias con desarrollo de
actividades agropecuarias, al interior de tierras que son objeto de derechos forestales, las mismas
serán respetadas y tendrán prevalencia al derecho otorgado por la autoridad forestal. Sin embargo,
si las propiedades agrarias se encuentran al interior de las tierras clasificadas por norma legal como
de protección o producción forestal, el beneficiario deberá cumplir las regulaciones con respecto al
uso mayor de la tierra, establecidas en normas especiales, es decir que no podrá desarrollas
actividades consuntivas o de producción agropecuaria; en consecuencia, el propietario tendrá que
reconvertir sus actividades agropecuarias a actividades de protección, ecoturismo o
aprovechamiento forestal.
6.10. Latifundio.
Existe una nueva caracterización del llamado neolatifundio cuyos rasgos distintivos están
establecidos en el artículo 398 de la CPE, cuando dispone que: “Se prohíbe el latifundio y la doble
titulación por ser contrarios al interés colectivo y al desarrollo del país. Se entiende por latifundio la
tenencia improductiva de la tierra; la tierra que no cumpla la función económica social; la
explotación de la tierra que aplica un sistema de servidumbre, semiesclavitud o esclavitud en la
relación laboral o la propiedad que sobrepasa la superficie máxima zonificada establecida en la ley.
En ningún caso la superficie máxima podrá exceder las cinco mil hectáreas”.
Por lo tanto, podemos definir al latifundio como a las propiedades de grandes extensiones
superficiales, escasamente o deficientemente trabajadas, que no cumplen la función económico
social y cuya propiedad perjudica el interés colectivo.
Es necesario aclarar que con referencia a las propiedades actuales que tienen extensiones mayores
a cinco mil hectáreas las mismas se respetan por imperio de lo dispuesto por el artículo 399.I de la
CPE, que dispone que: “Los nuevos límites de la propiedad agraria zonificada se aplicarán a predios
que se hayan adquirido con posterioridad a la vigencia de esta Constitución. A los efectos de la
irretroactividad de la Ley, se reconocen y respetan los derechos de posesión y propiedad agraria de
acuerdo a Ley”.
Una de las fuentes materiales del derecho Agroambiental boliviano es la geografía. Es tomando en
cuenta esta variable que se ha determinado las formas de propiedad agraria en nuestra legislación.
El Estado Plurinacional de Bolivia, es un país mediterráneo situado en el centro de América del Sur.
Su extensión territorial es de 1,098,581 Km2 y cuenta con tres zonas geográficas diferentes: la
andina o altiplano, la subandina ó valles templados y los llanos orientales o tierras bajas. La región
andina abarca el 28% del territorio con una extensión estimada de 307 mil km. Esta zona se halla a
más de 3,000 metros sobre el nivel del mar (msnm) y esta ubicada entre dos cadenas montañosas:
las cordilleras Occidental y la cordillera Real. La región subandina esta ubicada entre el altiplano y
las tierras bajas. Tiene una extensión de 143 mil Km2. lo que significa el 13% del territorio boliviano.
Esta región comprende los valles templados, incluyendo los Yungas que tienen una topografía
accidentada y un clima sub tropical. En promedio, esta región está a 2,500 metros de altura y se
caracteriza por su actividad predominantemente agrícola. Las tierras bajas tienen una extensión de
648 Km2, abarcando el 59% de la superficie nacional y se ubican esencialmente al norte y sudeste
de la cordillera Real. Es una tierra de llanuras y bajas mesetas, cubierta por extensas reservas
forestales y selva. En general registra una temperatura media anual de 22 a 25°C, pudiendo llegar a
temperaturas extremas en verano de 40°C. La zona es forestal por excelencia con grandes pastizales
naturales para la ganadería y extensas zonas para una agricultura extensiva.
Estas tres zonas geográficas pertenecen a diferentes sistemas hidrográficos: a) la cuenca Amazónica
ubicada al Nor Este boliviano, la cual está formada principalmente por el río Beni y Madre de Dios.
b) La cuenca Lacustre ubicada al Occidente del país está conformada por los lagos Titicaca y Poopó́,
por el río Desaguadero y los grandes salares; y c) la cuenca de La Plata que está al Sur-Este,
esencialmente compuesta por el río Pilcomayo. (Fernando Crespo Valdivia, “Sistema de
Administración de Tierras en Bolivia”. La Paz – Bolivia, abril del 2002:3)
Si bien el artículo 41 de la Ley 1715 establece, en su última parte, que las características y la
extensión serán sujetas a reglamentación, tomando en cuenta las zonas agroecológicas, la
capacidad de uso mayor, las cuencas, la productividad, el ordenamiento territorial, la protección y
conservación de la biodiversidad y el desarrollo económico; y posteriormente el artículo 394.I de la
CPE establece que: “La propiedad agraria individual se clasifica en pequeña, mediana y empresarial,
en función a la superficie, a la producción y a los criterios de desarrollo. Sus extensiones máximas y
mínimas, características y formas de conversión serán reguladas por la ley”; ninguna de estas
disposiciones ha sido desarrollada reglamentaria o legalmente, es por esta razón que aún esta
vigente la clasificación establecida como resultado del proceso de Reforma Agraria; de esta manera,
nuestra clasificación fundamentalmente esta regida por la extensión superficial, sin que hasta el
momento se haya establecido las demás funciones y características.
Pequeña propiedad
Zona Sector Extensión ha
Altiplano Lago Titicaca 10
Lago Poopó 35
Valles Cerrado con riego 4
Cerrado sin riego 8
Abierto con riego 6
Abierto sin riego 12
Cabecera de valle 20
Sub tropical Yungas 10
Santa Cruz 50
Chaco 80
Propiedad pequeña Ganadera 500
Mediana propiedad
Zona Sector Extensión ha
Altiplano Sub zona Norte Con influencia lago 80
Altiplano Sub zona Norte Sin influencia lago 150
Altiplano Sub zona central 250
Altiplano Sub zona sur Semidesértica 350
Empresa Agrícola
Zona influenza por el lago 400
Zona andina, altiplano y puna 800
Valle abierto no adyacentes a Cochabamba, ni
influenciados por riego de la Angostura 500
Valle Cerrado en tierra cultivable de valle 80
Valle cerrado serranía 150
Zona tropical y subtropical región oriental 2.000
Gran empresa ganadera 50.000
La clasificación vigente de la propiedad agraria, solamente se rige por la extensión superficial de los
predios, y no se ha elaborado una ley que aplique los criterios establecidos en la Constitución, que
debía tomar en cuenta las variables de producción y desarrollo; tampoco ha elaborada la
reglamentación al artículo 41 de la Ley Nº 1715, que debía tomar en cuenta las zonas
agroecológicas, la capacidad de uso mayor, las cuencas, la productividad, el ordenamiento
territorial, la protección y conservación de la biodiversidad y el desarrollo económico.
También debemos aclarar, que estas extensiones se aplican a tierras distribuidas antes de la
promulgación de la actual CPE, ya que en la misma se establece la extensión superficial máxima a
ser distribuida de 5.000 hectáreas para las empresas agropecuarias.
De acuerdo al artículo 394.I de la Constitución Política del Estado, la propiedad agraria individual se
clasifica en pequeña, mediana y empresarial, en función a la superficie, a la producción y a los
criterios de desarrollo, en el parágrafo segundo de dicho artículo se establece que: “II. La pequeña
propiedad es indivisible, constituye patrimonio familiar inembargable, y no está sujeta al pago de
impuestos a la propiedad agraria. La indivisibilidad no afecta el derecho a la sucesión hereditaria en
las condiciones establecidas por ley”.
El artículo 41.I.2 de la Ley Nº 1715 del SNRA, reconoce la existencia de la pequeña propiedad y
determina que: “La Pequeña Propiedad es la fuente de recursos de subsistencia del titular y su
familia. Es indivisible y tiene carácter de patrimonio familiar inembargable”.
Por otra parte, también se establece la indivisibilidad de las tierras tituladas colectivamente, ya que,
en el marco de la Constitución y las leyes dichas propiedades son la base material y de sustento de
los pueblos y comunidades indígena originario campesinos, y no pueden ser transferidos ni
divididos.
“No serán revertidas el solar campesino y la pequeña propiedad, las tierras comunitarias de origen
ni las comunales tituladas colectivamente.
Esta excepción se aplica únicamente a las tierras tituladas por el Servicio Nacional de Reforma
Agraria o el Instituto Nacional de Colonización como solar campesino, pequeña propiedad,
propiedad comunal o tierra comunitaria de origen y, en ningún caso, a las propiedades tituladas
como medianas o empresas agropecuarias, que hubieran sido divididas por efecto de contratos o
sucesión hereditaria”.
De otro lado, si se permite que varias propiedades, puedan fusionarse para constituir una unidad
empresarial, de esta forma, las pequeñas propiedades que sean objeto de esta fusión, cambian de
régimen jurídico y se aplica a estas las disposiciones que regulan a la mediana propiedad o
empresaria agropecuaria, según sea el caso, tal como lo determina el artículo 181 del Reglamento
a la Ley No. 1715, “Son susceptibles del procedimiento de reversión las propiedades medianas y
empresas agropecuarias, sus futuras divisiones como efecto de contratos o sucesión hereditaria así ́
como las propiedades fusionadas cuya superficie final se encuentren dentro los limites de la mediana
propiedad o la empresa agropecuaria”.
Partamos de que el derecho a la sucesion hereditaria de la propiedad agraria está garantizada por
el el artículo 56 de CPE. De la misma aforma, se garantiza el derecho de las mujeres a la herencia de
la tierra por imperio del artículo 402.2 del mismo texto constitucional.
Por otra parte, el rtículo 394.I de la CPE, dispone que si bien la pequeña propiedad agraria es
indivisible, esto no afecta el derecho a la sucesión hereditaria; en consecuencia, los herederos
podrán conservar la totalidad de la propiedad bajo el régimen jurídico de acciones y derechos.
Uno de los principios esenciales que se aplica a la sucesión hereditaria de bienes agrarios y por
supuesto de la propiedad agraria, radica en que, ante todo se debe proteger, favorecer y respetar,
la continuidad de la actividad agraria de que se desarrolla sobre la unidad productiva agraria. es por
esta razón que el Juez que conozca la causa, de oficio a pedido de parte determinará medidas
precautorias de conservación y protección para asegurar la continuidad de la actividad agraria, en
aplicación de las disposiciones constitucionales y legales, que regulan la función social, económica
y ambiental de la propiedad agraria.
También el Juez, antes de adjudicar derechos, instará a los herederos, que de común acuerdo,
designen a uno o varios de ellos para continuar la actividad agraria del causante evitando el
fraccionamiento del bien si se trata de medianas propiedades o empresas agropecuarias, ya que las
pequeñas propiedades están bajo el régimen de indivisión forzosa. Además, que en dicha
adjudicación de derechos al momento de la división y partición de los bienes de naturaleza agraria,
se deberá tomar en cuenta qué herederos tienen mayor aptitud para continuar con las actividades
agrarias y el cumplimiento de la función social o económica social.
Con respecto a la autoridad jurisdiccional competente para sustancia la sucesión hereditaria, la regla
a aplicarse es que, si en la sucesión existen solo bienes agrarios dentro de la herencia, la misma debe
se someterse a la Jurisdicción Agroambiental. Sin embargo, para el caso de que los bienes
hereditarios, se encuentre constituida por bienes de naturaleza agraria y bienes de naturaleza no
agraria, la competencia deberá determinarse a prevención con la Jurisdicción Civil.
También se establece que la gestión será con respeto al objeto de creación de las áreas protegidas;
es decir tanto el Estado como los pueblos deben hacer la gestión compartida respetando los valores
naturales y culturales del pueblo boliviano por los cuales fueron creados.” (SERNAP, Plan Estratégico
Institucional, agosto 2017: 5.).
En Bolivia las áreas protegidas son declaradas desde el año 1939, cuando se crea el Parque Nacional
Sajama; posteriormente, en cumplimiento de lo dispuesto por la Ley 1333, artículo 63, se crea el
Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), cuya función es integrar y establecer normas
generales de administración y gestión, cuyo brazo administrativo es el Servicio Nacional de Áreas
protegidas (SERNAP: 3).
El Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SNAP), tiene como objetivos conservar el patrimonio
natural y cultural de las áreas protegidas y su entorno, y también contribuir al desarrollo sostenible
nacional, regional y local. El SNAP, que incluye las áreas protegidas nacionales, departamentales y
municipales, abarca alrededor del 23% de la superficie total del país. Las 22 Áreas Protegidas
Nacionales constituyen el 17% del territorio. Actualmente estas 22 áreas se encuentran bajo la
administración del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (SERNAP), y el resto de las áreas protegidas
departamentales y municipales, se encuentran bajo tuición de las gobernaciones y gobiernos
municipales. Al interior de las áreas protegidas se concentra la mayor biodiversidad del país, así
como también muestras representativas del patrimonio cultural, histórico y arqueológico. También
albergan alrededor de 200.000 habitantes y se relaciona con alrededor de cien municipios y
coinciden con 14 Territorios Indígenas Originario Campesinos. (SERNAP 2008:3).
10.1. Definición
Áreas protegidas son unidades de manejo territorial, con o sin presencia humana, límites definidos,
base legal específica y categoría de manejo determinado, cuya finalidad es preservar el patrimonio
natural y cultural de país.
10.2. Objetivos
• Proteger las especies de flora y fauna silvestre en particular las que están en peligro y
amenazadas de extinción y endemias.
• Proteger paisajes singulares, formaciones geológicas y fisiográficas, así como yacimientos
paleontológicos.
10.3. Beneficios
Las áreas protegidas aportan beneficios económicos, sociales, culturales y ambientales, tanto para
las poblaciones locales como para el resto de la sociedad y el mundo, las podemos clasificar en:
Beneficios directos. El uso y aprovechamiento sostenibles de las áreas protegidas permiten a las
comunidades campesinas e indígenas, satisfacer sus necesidades, de la misma forma las actividades
de investigación y ecoturismo pueden reportar beneficios directos a sus beneficiarios, así como
retribuciones por la generación de oxígeno en superficies boscosas.
Beneficios indirectos. El principal beneficio es que se preserva la riqueza natural y cultural para las
futuras generaciones. Por otra parte, las áreas protegidas contribuyen a mantener un equilibrio
ambiental global, ya sea aportando en la generación de oxigeno, controlando los ciclos de
renovación del agua y de la biodiversidad, las actividades de investigación pueden generar
conocimientos para el mejoramiento de la calidad de vida de millones de personas, en aplicaciones
industriales y medicinales, el ecoturismo puede generar recursos financieros y divisas para el país.
Son denominaciones técnicas de las áreas protegidas, definidas según las particularidades, valores
naturales y potenciales, que determinan las acciones de conservación, manejo y aprovechamiento
de los recursos. Son los siguientes:
Parque Nacional. Es un área natural protegida, de significación nacional, poco intervenida, por la
actividad humana, establecida en tierras fiscales, con una superficie que garantice los procesos
ecológicos y evolutivos de sus ecosistemas. El objetivo fundamental de su gestión es proteger
muestras de áreas biogeográficas, recursos genéticos, especies de singular importancia, sitios
geomorfológicos y paisajes naturales. En los parques nacionales no se permite la utilización directa
de los recursos naturales, salvo para investigación autorizada y calificada por el MDSP, también está
permitida la recreación.
Santuario nacional o departamental. Es aquella área natural de importancia nacional, cuyo objetivo
fundamental de gestión es la protección estricta y permanente de especies de flora y fauna,
silvestres endémicas amenazadas o en peligro de extinción, una comunidad natural o un ecosistema
singular. No se permite la utilización directa de los recursos naturales.
Monumento Natural Nacional. Es aquella área de importancia nacional cuyo objetivo principal de
gestión es proteger y preservar rasgos naturales sobresalientes de particular singularidad, tales
como formaciones geológicas y fisiográficas o yacimientos paleontológicos.
Área natural de manejo integrado nacional o departamental. Es aquella área natural dedicada a la
práctica de diferentes modalidades de protección y usos sostenible de los recursos naturales, tiene
por objeto compatibilizar la conservación de los recursos biológicos y el desarrollo de la población
local. Esta área natural constituye un mosaico de áreas que incluye muestras representativas
naturales y zonas de sistemas tradiciones de uso de la tierra y zonas de uso múltiple de recursos
naturales.
Reserva natural de inmovilización. No es una categoría de manejo, tiene por función precautelar
áreas donde, por los valores naturales identificados que es susceptibles de determinar su creación
como área protegida, pero que aun debe pero que no se cuenta con la información suficiente para
determinar su categoría de manejo.
Las áreas protegidas se constituyen en patrimonio del Estado y de interés publico y social, debiendo
ser administradas según sus categorías, zonificación y reglamentación en base a los planes de
manejo.
La Ley 1333 establece que la declaratoria de áreas protegidas es compatible con la existencia de
comunidades tradicionales y pueblos indígenas. Se garantiza su participación en la gestión en las
áreas protegidas, como coadministradores o en el comité de gestión.
Las áreas protegidas establecen restricciones, prohibiciones y limitaciones técnico legales para el
ejercicio de la propiedad agraria. La declaratoria de áreas protegidas no enerva el derecho de
propiedad agraria, sino que establece restricciones al uso y aprovechamiento del recurso tierra; sus
propietarios deberán limitar sus actividades de acuerdo con las directrices establecidas en el
respectivo plan de manejo del área protegida. En caso de que la presencia humana altere y ponga
en peligro los ecosistemas protegidos, especialmente en parques nacionales, santuarios, y
monumentos naturales, así como en las áreas naturales, el Ministerio del ramo, expropiará e
indemnizará a los propietarios. Sin embargo, en las reservas naturales de vida silvestre y las áreas
de manejo integrado, son permitidas las actividades agropecuarias que indudablemente deben
aplicar criterios de sustentabilidad.
De acuerdo al artículo 385.II. de la CPE, donde exista sobreposición de áreas protegidas y territorios
indígena originarios campesinos, la gestión compartida se realizará con sujeción a las normas y
procedimientos propios de las naciones y pueblos indígena originaria campesinos, respetando el
objeto de creación de estas áreas.
La gestión compartida de las áreas protegidas entre el Estado, como entidad responsable por la
administración de los bienes y patrimonio del país y los pueblos y comunidades que viven dentro
las áreas delcaradas por norma legal, se realizara aplicando las normas propias de estos últimos; es
decir respetando los derechos de propiedad de la tierra, el derecho de uso de la tierra, derecho al
uso sustentable de los recursos naturales y biodiversidad en sus territorios, y a organizarse para la
gestión de estos recursos.
Reglas jurídicas para el tratamiento. La declaración de áreas protegidas no deja sin efecto el
derecho de propiedad agraria, ya que la misma establecen regulaciones destinadas a espacios
geográficos de interés nacional para conservar y preservar el patrimonio natural y cultural del país;
en consecuencia, la declaración de áreas protegidas no otorga derecho de propiedad al Servicio
Nacional de Áreas Protegidas, quienes tienen atribuciones de gestión territorial de las mismas.
Por lo tanto, si la titulación de la propiedad, es anterior a la creación del área protegida, la normativa
agraria, protege el derecho de propiedad; sin embargo, el propietario esta obligado a reconvertir y
adecuar sus actividades agrarias, realizando usos permitidos por cada categoría de manejo de las
áreas protegidas.
Si las titulaciones de propiedades agrarias, se han realizado con fecha posterior a la creación de las
áreas protegidas, las mismas, están viciadas de nulidad absoluta en razón de incompetencia, ya que
el SNRA, no tenía competencia para distribuir tierras fiscales al interior de áreas protegidas.
Si el desarrollo de las actividades agrarias, sin incompatibles con las categorías de manejo, y no es
posible, desarrollar otras actividades, opera la expropiación por la causal de protección de la
biodiversidad, a cargo del Ministerio correspondiente
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El derecho procesal puede definirse como la rama del derecho público que estudia el conjunto
de normas y principios que regulan la función jurisdiccional del Estado en todos sus aspectos y
que por tanto fijan el procedimiento que se ha de seguir para obtener la actuación del derecho
positivo en los casos concretos, y que determinan las personas que deben someterse a la
jurisdicción del Estado y los funcionarios encargados de ejercerla.
Derecho, acciones y proceso son expresiones diversas de una misma realidad social, unidas por
una relación de complementariedad, cuya realidad impide concebir la existencia aislada de unos
sin el otros. El Derecho Agroambiental, sin el proceso resulta inconcebible porque aún en un
ordenamiento jurídico perfecto los sujetos deben recurrir mediante las acciones, a la autoridad
judicial en busca de la definición de sus derechos cuya tutela ejerce el Estado; igualmente resulta
inconcebible el proceso sin el Derecho, porque precisamente al derecho sustantivo le
corresponde establecer los fines y premisas sobre las cuales se determina la mayor o menor
incidencia del juez en la búsqueda de la verdad; con la participación de las partes para satisfacer
intereses privados, o bien con amplios poderes para la satisfacción de intereses públicos.
1.1. Características.
La oralidad. El proceso agrario se funda en el principio de oralidad; porque por su medio se logra
alcanzar una de las mayores metas como es la humanización del proceso y la justicia pronta y
cumplida. La oralidad es la forma de expresión más lógica y normal de los seres humanos para
comunicarles a los juzgadores, sus criterios, percepciones, sufrimientos, pretensiones, además
le permite al Juez apreciar integralmente a las partes, con todos sus valores culturales, sociales
económicos, asistir al lugar del conflicto y percibir la realidad. El simple hecho de comunicarse
con el Juez, establece una relación inmediata sin intermediarios, que posibilita una convicción
más real y humana de la controversia, y busca acuerdos conciliatorios. Lo mas importante de la
oralidad es que le permite al juez recibir la prueba, la valoración de la misma y dictar sentencia
en audiencia.
La labor de juez protagonista. Sin variar en lo más mínimo la facultad de las partes de disponer
sobre el objeto, y sobre todo de su libertar probatoria consistente en ofrecer las pruebas
necesarias para demostrar sus pretensiones; el proceso agroambiental concibe al Juez más
activo, con más poderes de dirección e impulso procesal, dotado de amplias facultades para
apreciar la prueba, que le permite dictar un fallo lo más cerca posible de la verdad material
derivada de las pruebas evacuadas.
La función activa del juez dentro del proceso a través del ejercicio de importantes poderes. …Esa
función fue entendida para asegurar orden y rapidez del procedimiento y sobre todo para
garantizar la finalidad social de la igualdad efectiva de las partes en el proceso, por esta razón,
el juez puede realizar el impulso procesal, innovar y desarrollar su creatividad y diligencia.
El carácter social del proceso. El carácter social del proceso agrario ha sido desarrollado por las
propias prácticas de los jueces agroambientales, que atendiendo que se trata de un derecho
social, se despoja de los formalismos ritualistas del proceso y se flexibiliza el proceso sobre todo
en cuanto al cumplimiento de requisitos formales y cumplimiento de plazos. También se aplica
la gratuidad, la desigualdad de las partes y la protección de las actividades agrarias, tomando en
cuenta que el fin social del proceso es arribar a soluciones que restituyan las relaciones
fracturadas y se continúen con las actividades agrarias, ya que el proceso no es el fin en si mismo,
sino la composición de la controversia.
Y para completar este cuadro se imponen a las partes obligaciones de transparencia, honradez
y veracidad, porque el compromiso con la verdad no es solo un problema del juez o de la
administración de justicia, sino de toda la sociedad, y en el caso especifico de las partes y de los
abogados en tanto usuarios y beneficiarios del sistema de la administración de justicia. Por tal
razón las obligaciones éticas impuestas a ellos son intrínsecas con una sociedad con aspiraciones
de una sana moralidad.
El fin social también se expresa en garantizar a las partes la efectiva, y no solo formal, igualdad
dentro del proceso. Esto significa darle un tipo de protección al más pobre, más ignorante, en
general al más débil, sobre el más rico o preparado o docto. Este aspecto se vincula con la
interposición de la demanda, que faculta al juez prevenirle con el objeto de corregir los errores,
omisiones o imprecisiones a la parte menos astuta, menos preparada, o peor asesorada, que no
a interpuesto correctamente la demanda. La peor injusticia es tratar iguales a los desiguales. El
juez neutral en el proceso corresponde a un concepto atrasado e indiferente de la realidad y lo
que se quiere es un gran protagonismo del mismo que busca la verdad y la justicia.
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El fin social del proceso oral agroambiental también se expresa mediante la equidad del proceso,
mediante la cual, el juez logre resolver la desigualdad de las partes elevando a la parte más débil
al mismo nivel que la parte más fuerte.
Única instancia. Una de las características relevantes del proceso agroambiental, es que en el
mismo se contempla la única instancia, es decir que contra la sentencia dictada por el Juez
Agroambiental únicamente procede el recurso extraordinario de casación, esto permite evitar
la doble instancia y la revisión excesiva; es decir, reduce el proceso, a una única instancia
garantizando el resultado final con una sola revisión por parte del Tribunal Agroambiental, quién
realizara el control de la legalidad objetiva, no subjetiva, para la recta interpretación del
Derecho.
Así se restituye la confianza en los jueces, y se evita el proceso pernicioso que a título del debido
proceso se revisa los revisado, y se anulan los procesos para impedir el dictado de la sentencia
y su cumplimiento.
La única instancia, posibilita también reducir a su mínima expresión los incidentes, que
solamente puede ser interpuesto en el momento procesal correspondiente y por las causales
establecidas por ley; muchos de los cuales que sin son planteados en audiencia, son resueltos
inmediatamente, sin posibilidad de apelación, así el ingreso al proceso de todo tipo de
discusiones, cuyo efecto principal es tratar de destruir todo el camino cumplido para volver
comenzar de nuevo, es bloqueado por las previsiones procesales en metería agroambiental.
Nulidades. Por otra parte, en lo referente a las nulidades, que están vinculadas a los incidentes,
como consecuencia de los errores cometidos por los jueces o la parte contraria cuya reserva y
correcta aplicación en un momento procesal determinado, el proceso oral establece que en la
audiencia existe la actividad de saneamiento procesal, antes de ingresar a la fase probatoria,
lo que permite corregir dichos errores y no proseguir la sustanciación, con la advertencia de que
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La amplia jurisprudencia con referencia a las nulidades procesales, a aplicado los principios, de
legalidad cuando estas estén expresamente calificadas como tales en las normas procesales, lo
de convalidación por las cuales deben ser presentadas oportunamente bajo riesgo de caducidad,
con ello se pretende sanear los posibles vicios evitando anular las etapas procesales cumplidas,
en algunos casos irrepetibles; de trascendencia las derivadas de infracciones a derechos
constitucionales cometidas antes o durante el proceso, de esta manera las nulidades absolutas
deben son asumidas por la jurisdicción agroambiental como excepción y no como regla.
Régimen de supletoriedad. El artículo 78 de la Ley 1715 dispone que los actos procesales y
procedimientos no regulados por la presente ley, en lo aplicable se regirán por disposiciones del
Código de Procedimiento Civil; sin embargo, esta aplicación tendrá que consultar los principios
del proceso expuesto, especialmente el que se refiere al de integralidad y de oralidad.
Este régimen de supletoriedad; en ningún caso permite aplicar una norma civil adjetiva en
sustitución de otra prevista por la Ley 1715; además, para aplicar una norma supletoria, es
necesario e importante ver el contexto del proceso, cuidando de no vulnerar las normas
procesales expresas en materia agroambiental, así como de los principios específicos aplicables
a la administración de justicia agroambiental; esto significa que no se puede aplicar
discrecionalmente las normas del procedimiento civil. (Miranda 2004: 13).
Una de las características del régimen de supletoriedad, solo se aplica a normas procesales
especiales, con normas generales, en caso del agroambiental con el Código Procesal Civil, que
felizmente, ahora tiene el mismo contenido doctrinal aplicado a procesos orales, lo que permite
una supletoriedad mucha mas genuina, sin embargo, la supletoriedad no puede prescindir de
la aplicación de los principios especiales del derecho procesal agroambiental, que son diferentes
a los principios del derecho procesal civil.
También es necesario destacar, que cuando la ley especial contiene ya disposición procesal
concretas, como por ejemplo en materia agroambiental, la contestación a la demanda debe
realizarse en el plazo de 15 días calendario, diferente a la establecida en la ley procesal civil, se
aplica la norma especial.
Es necesario también explicar, que por imperio del artículo 2 del Reglamento a Ley Nº 1715, en
los procesos sometidos a la jurisdicción agroambiental, se aplicarán, supletoriamente las normas
procesales de dicho Reglamento; exceptuando los actos procesales y procedimentales, previstos
por el régimen de supletoriedad del Articulo 78 de la Ley No 1715. Lo que significa que, por
jerarquía normativa, se aplica la Ley procesal agroambiental, en caso de ausencia de norma, se
aplica el Código Procesal Civil y finalmente, se aplican las disposiciones procesales contenidas
en el Reglamento a la Ley Nº 1715.
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Significa que cuando exista ya regulada una figura jurídica en el ordenamiento legal, pero no se
encuentra desarrollada, se acudirá a la ley procesal supletoria, en la que sí se regula
específicamente. Por ejemplo, el proceso oral agrario no prevé los requisitos de forma y
contenido de la demanda, en cuyo caso corresponde remitirse al Art. 110 de la Ley 439. O por
ejemplo no está establecido el procedimiento de la verificación de la Función Económico -Social,
se podrá aplicar el Reglamento.
Con referencia a la aplicación del Código de Procedimiento Civil abrogado, es cierto que dada la
etapa de transición que aún persiste en materia agroambiental en Bolivia, el Tribunal
Agroambiental ha dispuesto su aplicación para sustanciar procesos contencioso administrativos,
debido a que no existe normas procesales que regulen la sustanciación de este procedimiento
en el Código Procesal Civil.
La conciliación previa al proceso es cuando las partes pueden intentar un arreglo conciliatorio
previo a un proceso judicial, ante el juez agroambiental competente. La solicitud conciliación
debe ser enteramente voluntaria, como lo es la suscripción del acuerdo conciliatorio que pondrá
fin a las diferencias existentes, el conciliador sólo apoya orientando a las partes en conflicto y
no interviene en la resolución misma de la controversia.
Si las partes llegaren a un acuerdo sólo parcial, este hecho, constará en acta. Cualquier demanda
judicial posterior recaerá únicamente sobre los puntos no conciliados.
La conciliación durante el proceso, el juez tiene la ineludible obligación, bajo pena de nulidad,
de instar a conciliación durante el desarrollo de la audiencia o hasta antes de dictar sentencia,
es así que la conciliación lograda ante el juez agroambiental, pone fin a la controversia y surte
los efectos jurídicos de la transacción y tendrá entre las partes y sus sucesores a título universal
la calidad de cosa juzgada. Durante el desarrollo de esta actividad procesal, el juez
agroambiental se despoja de su investidura y, actúa como un facilitador en la búsqueda de
soluciones que eviten que el proceso llegue a estado de sentencia, por ello, las opiniones
emitidas por los jueces en la audiencia de conciliación no son causa de recusación; de la misma
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forma lo expresado por las partes en la audiencia de conciliación no podrá ser alegada como
confesión o prueba en juicio.
Se moderniza la justicia agraria tradicional para abrir brecha a nuevos mecanismos jurídicos de
solución de conflictos Agroambientales, tales como la conciliación, la mediación y el arbitraje,
para lograr una justicia agraria más pronta, cumplida y con equilibrio social.
La itinerancia del juez agroambiental. Debido fundamentalmente a que los asientos judiciales
del juez agroambiental son generalmente espacios territoriales que un mucho caso con
secciones municipales y provincias, es que se ha asumido la determinación que el juez pueda
desplazarse a los lugares donde se produce el conflicto agroambiental, tomando en cuenta
además que en la mayor parte de los casos se requiere realizar una inspección judicial, donde
también se puede recibir las declaraciones testificales.
Aunque únicamente se refiere a una de las particularidades del derecho Agroambiental, como
es la itinerancia de los jueces, es evidente que en ella se comprenden todos los principios
derivados de la oralidad, la búsqueda de la verdad real, el contacto físico y directo del juez con
las partes, con la prueba, con el medio.
1.2. Principios
Los principios generales del Derecho Agroambiental, también se aplican a las normas adjetivas,
debido a que el objeto del proceso está íntimamente relacionado con el contenido del derecho
sustantivo agroambiental, así los principios procesales tienen una directa correspondencia con
la naturaleza de las relaciones jurídicas agroambientales caracterizadas por relaciones humanas
y técnicas especiales; en consecuencia, el derecho procesal agroambiental, tiene un carácter
instrumental respecto de su derecho sustantivo.
De acuerdo al artículo 186 de la CPE, la Ley Nº 025, Ley Nº 1715 y su Reglamento, la Jurisdicción
Agroambiental se rige por los siguientes principios:
Por el que prevalecen el interés de la sociedad, de la Madre Tierra y del respeto a los derechos
humanos sobre toda actividad de uso o aprovechamiento de la tierra, los recursos naturales y la
biodiversidad, y cualquier actividad que ocasione impacto al medioambiente.
Principio de Integralidad. Tiene por objeto la concreción de los derechos fundamentales del ser
humano tanto con el respeto a sus libertades como con el disfrute de condiciones adecuadas de
existencia socioeconómica, cultural, histórica, política y ambiental. Mediante la defensa de la
integralidad, indivisibilidad e interdependencia entre los derechos humanos para que las
personas y colectividades puedan llevar a cabo los modos de vida que consideran valiosos para
sí mismos, esto dentro del respeto a la diversidad social y cultural, respetando los derechos de
las diversidades, las identidades, el diálogo intercultural, y las cosmovisiones en torno al
desarrollo y a la protección ambiental.
Principio de dirección. El gobierno de los procesos es de competencia del titular del órgano
jurisdiccional sin perjuicio de los poderes jurídicos que competen a las partes.
En aplicación de este principio el Juez tiene el deber de revisar la demanda e indicar a la parte
la correción, tanto en el derecho como en las pretensiones, si la misma esta formaulada de
manera incorrecta, para evitar que se sustancie un proceso inutil; el juez puede disponer la
producción de prueba, para mejor resolver con el fin de descubrir la verdad material de los
hechos; Tiene facultades de saneamiento procesal de oficio para evitar vicios o evitar la
indefensión, disponer que se realicen actuaciones pendientes de oficio para impulsar el proceso,
dirige el debate en la audiencia, puede interrogar libremente a los testigos y a las partes,
procurar la conciliación, habilitar días y horas inhabiles, decretar las medidas precautorias o
cuatelares necesarias para garantizar los resultados del proceso y la eficacia del fallo, en suma
en aplicación de este principio se incrementan los poderes del Juez Agroambiental y se
restringen las facultades de las partes. El proceso no puede estar supeditado únicamemente a
los intereses particulares de las partes, debido a que la actividad agraria por los fines
socioecoómicos y ambientales que persigue, son de interés publico, es por esta razón que se le
otorga amplios poderes al Juez para la búsqueda de la verdad material.
Principio de inmediación. Este principio determina que el juicio se realizará con la presencia
ininterrumpida de los jueces y de todas las partes, es el contacto directo y personal del titular
del órgano jurisdiccional con las partes y el manejo del proceso como condición esencial de la
oralidad que excluye cualquier medio de conocimiento indirecto del proceso. Su aplicación
implica que el juez tendrá relación directa con los sujetos procesales.
Que determina la presencia directa e ininterrumpida de los jueces durante toda la tramitación
del proceso asegurando la convicción plena y oportuna del juzgador, mediante la relación
directa con las partes y los hechos.
Consiste en el contacto directo y personal del juzgador con las partes y el manejo del proceso
como condición esencial de oralidad, que excluye cualquier medio indirecto. Este principio trata
de humanizar la administración de justicia que estaba mediatizada por abogados y apoderados.
El proceso oral no prescinde de ellos, pero permite expresar sus demandas y sentimientos de
las partes al juzgador, los abogados ya no monopolizan el uso de la palabra, pero tampoco
pierden facultades para velar por los derechos de su defendido.
Principio precautorio. Que obliga a evitar y prevenir, de manera oportuna, eficaz y eficiente,
daños al medioambiente, la biodiversidad, la salud humana y a los valores culturales intangibles,
sin que el juzgador pueda omitir o postergar el cumplimiento de esta obligación alegando la falta
de certeza científica; cuando haya peligro de daño grave e irreversible, antes que el daño se
haya producido; la falta de certeza científica y/o falta de recursos no debe ser utilizada como
razón para postergar la adopción de las medidas en función a los costos para impedir la
degradación del ambiente evitar los daños al medio.
Responsabilidad ambiental. Que obliga a una amplia, efectiva y plena reparación de los daños
causados al medioambiente y la naturaleza, sin interesar la condición del responsable. En
consecuencia, quien contamina es responsabable, independientemente de la existencia de
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culpa, de reparar los daños causados al medio ambiente y terceros afectados, como una
responsabilidad objetiva.
Principio de prevención. Ante la certeza de que toda actividad humana genera impactos sobre
el ambiente, se deben asumir prioritariamente las medidas necesarias de prevención y
protección que limiten o mitiguen dichos impactos, un mecanismo estatal son los
procedimientos administrativos que llevan a analizar, examinar e ir evaluando la actividad para
minimizar sus efectos adversos.
El artículo 76 de la Ley 1715 establece los principios generales que deben regir el proceso oral.
En nuestro criterio los más importantes que diferencian al procedimiento civil son los
siguientes:
Que las instituciones y autoridades públicas, aplicarán las normas especiales de esta materia,
siendo aplicables las normas ordinarias sólo cuando así ́ se disponga de manera expresa. Art- 3.b)
del Reglamento.
Principio de competencia. Toda causa debe ser conocida por el juez competente, que es el
designado de acuerdo a la Constitución y a esta ley.
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Otros principios. También son principios del Derecho Procesal Agroambiental, los de publicidad,
gratuidad, responsabilidad y celeridad, que son principios generales del derecho procesal.
2. La jurisdicción agroambiental
2.1. Antecedentes
A partir de la promulgación del D.L. Nº 3464 de 2 de agosto de 1953, que puso en vigencia el
proceso de Reforma Agraria, se creó el Servicio Nacional de Reforma Agraria, compuesta
fundamentalmente por el Consejo Nacional de Reforma Agraria y los Jueces Agrarios, que
conformaban la “Judicatura Agraria”.
Es así, que la judicatura agraria, antes de la Ley Nº 1715, formaba parte del Servicio Nacional de
Reforma Agraria; de esta manera, el Consejo Nacional de Reforma Agraria, los jueces agrarios,
los funcionarios del Instituto Nacional de Colonización y las Inspectores de Trabajo y Justicia
Campesina, eran designados por autoridades del Órgano Ejecutivo. En estos funcionarios
confluían atribuciones y competencias administrativas y jurisdiccionales. Si bien los procesos de
adjudicación, consolidación y dotación de terrenos eran administrativos, generalmente se
tornaban contenciosos, especialmente cuando la dotación y la consolidación eran producto de
la afectación de latifundios, lo mismo ocurría con la adjudicación de tierras en áreas de
colonización y con los procesos de intervención y reversión de tierras producto del abandono
injustificado; dichos casos se tornaban en contenciosos, es por esta razón que, las sentencias
emitidas por los jueces agrarios podían ser apeladas por ante el Consejo Nacional de Reforma
Agraria.
Posteriormente, con la promulgación de la nueva Ley del SNRA Nº 1715, se precedió a delimitar
las atribuciones administrativas que le corresponden al SNRA y que forma parte del Órgano
Ejecutivo; de las atribuciones jurisdiccionales, que son competencia de la Judicatura Agraria, así
lo dispone el Art. 1 de dicha la norma, establece que la Ley tiene también por objeto la creación
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El artículo 12 del texto constitucional, establece que la estructura del Estado organiza su poder
público a través de los órganos Legislativo, Ejecutivo, Judicial y Electoral. La organización del
Estado está fundamentada en la independencia, separación, coordinación y cooperación de
estos órganos. El Artículo 178, establece que, la potestad de impartir justicia emana del pueblo
boliviano y se sustenta en los principios de independencia, imparcialidad, seguridad jurídica,
publicidad, probidad, celeridad, gratuidad, pluralismo jurídico, interculturalidad, equidad,
servicio a la sociedad, participación ciudadana, armonía social y respeto a los derechos; además,
dispone como garantías de la independencia judicial: el desempeño de los jueces de acuerdo a
la carrera judicial y la autonomía presupuestaria de los órganos judiciales.
El Artículo 179, determina que la función judicial es única y es ejercida por el Órgano Judicial, a
través de distintas jurisdicciones entre ellas, la agroambiental; ésta, desempeña una función
especializada y le corresponde impartir justicia en materia agraria, pecuaria, forestal, ambiental,
aguas y biodiversidad.
2. 3. Tribunal Agroambiental.
Cumplir con los requisitos generales establecidos para los servidores públicos, haber cumplido
treinta años de edad, poseer título de abogado, contar con especialidad en materia
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Elección. De acuerdo al artículo 188 de la CPE, los (as) magistrados (as) del Tribunal
Agroambiental serán elegidas y elegidos mediante sufragio universal, por mayoría simple de
votos, de nóminas de preselección por departamento, aprobadas por dos tercios de votos de
los miembros presentes de la Asamblea Legislativa Plurinacional.
Tiempo de ejercicio. El tiempo de ejercicio, es de seis años sin derecho a reelección. Cesarán
en sus funciones por cumplimiento de mandato, sentencia ejecutoriada emergente de juicio de
responsabilidades, renuncia, fallecimiento y demás causales previstas por ley.
Organización
El Tribunal Agroambiental, está por dos Salas compuestas cada por dos vocales, la reunión de
ambas salas y el Presidente conforman Sala Plena.
Sala Plena
- Dirimir los conflictos de competencia que se susciten entre juezas y jueces agroambientales;
- Elegir al Presidente del Tribunal Agroambiental, por mayoría absoluta de votos del total de sus
miembros;
De acuerdo a lo establecido por el artículo 144 de la Ley Nº 025, las Salas del Tribunal
Agroambiental, en el marco de su comptencia, tienen las siguientes atribuciones.
1. Resolver los recursos de casación y nulidad en las causas elevadas por los juzgados
agroambientales;
3. Conocer y resolver en única instancia los procesos contencioso administrativos que resulten
de los contratos y negociaciones sobre autorizaciones y otorgación de derechos de
aprovechamiento de los recursos naturales renovables, de aguas, biodiversidad y su
componente intangible asociado; así como de la autorización de la ejecución de actividades,
obras y proyectos otorgados por la Autoridad Ambiental Competente;
7. Conocer en única instancia las recusaciones interpuestas contra las juezas y los jueces
agroambientales.
4. Juzgados Agroambientales
Para acceder al cargo de jueza o juez agroambiental, además de los requisitos establecidos, se
requiere, contar con especialidad en materia agraria, forestal, de aguas, ambiental, de recursos
naturales renovables o biodiversidad y haber ejercido con idoneidad, ética y honestidad la
jurisdicción agraria o la jurisdicción agroambiental, el ejercicio de la profesión de abogado libre,
asesor legal o la docencia universitaria en el área de la especialidad, durante al menos dos (2)
años.
Itinerancia. Las juezas y los jueces, cuando las condiciones lo exijan, en consulta con el Tribunal
Agroambiental, podrán fijar para el ejercicio de su competencia territorial una o más sedes
temporales, la que debe ser comunicada públicamente.
De acuerdo al artículo 152 de la Ley Nº 025, las juezas y los jueces agroambientales tienen
competencia para:
2. Conocer las acciones que deriven de controversias entre particulares sobre el ejercicio de
derechos de uso y aprovechamiento de los recursos naturales renovables, hídricos, forestales y
de la biodiversidad conforme con lo establecido en las normas especiales que rigen cada
materia;
3. Conocer acciones para precautelar y prevenir la contaminación de aguas, del aire, del suelo o
daños causados al medio ambiente, la biodiversidad, la salud pública o al patrimonio cultural
respecto de cualquier actividad productiva, extractiva, o cualquier otra de origen humano, sin
perjuicio de lo establecido en las normas especiales que rigen cada materia;
6. Conocer las acciones para el establecimiento y extinción de servidumbres que puedan surgir
de la actividad agropecuaria, forestal, ambiental y ecológica;
8. Conocer las acciones que denuncien la sobreposición entre derechos agrarios, forestales, y
derechos sobre otros recursos naturales renovables;
9. Conocer las acciones sobre mensura y deslinde de predios agrarios previamente saneados;
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10. Conocer interdictos de adquirir, retener y recobrar la posesión de predios agrarios, y de daño
temido y obra nueva perjudicial; para otorgar tutela sobre la actividad agraria en predios
previamente saneados;
11. Conocer otras acciones personales y mixtas derivadas de la propiedad, posesión y actividad
agrarias o de naturaleza agroambiental;
12. Conocer procesos ejecutivos, cuya obligación tenga como garantía la propiedad agraria o
derechos de aprovechamiento o uso de recursos naturales;
13. Velar porque en los casos que conozcan se respete el derecho de las mujeres en el registro
de la propiedad agraria; y
Avasalllamiento y Tráfico de Tierras. Con referencia a este último inciso, la Ley Contra el
Avasalllamiento y Tráfico de Tierras Nº 477, en su artículo 4, establce que son competencia de
la Juzgados Agroambientales, conocer y resolver las acciones de avasalllamiento y tráfico de
tierras.
Acciones Agroambientales
1. Definición.
Nuestra legislación no contiene una definición de las acciones reales, a diferencia del Código
Civil Argentino que lo define en estos términos: "Acciones reales, son los medios de hacer
declarar en juicio la existencia, plenitud y libertad de los derechos reales, con el efecto accesorio,
cuando hubiere lugar, de indemnización del daño causado".
Podemos definir en consecuencia que las acciones reales agroambientales, son los medios de
defender en juicio la existencia, plenitud y libertad de los derechos reales agrarios, contra
ataques que impiden su ejercicio.
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El artículo 152.1, de la Ley Nº 025, establece que es comptencia de los jueces agroambientales,
conocer las acciones reales agrarias en predios previamente saneados, concoedandante con los
dispuesto por el artículo 39 de la Ley Nº 1715, que establece que los jueces agrarios tienen
comptencia para: “5. Conocer las acciones para garantizar el ejercicio del derecho de propiedad
agraria” y “8. Conocer otras acciones reales sobre la propiedad agraria”.
Una de las acciones reales fundamentales, es aquella por la que se reclama el derecho al ejercicio
de propiedad agraria; su importancia radica fundamentalmente, en que se erigen en medios de
protección de la propiedad por excelencia, y cuya efectividad resulta innegable para definir el
derecho real que ostenta el propietario de una propiedad agraria mueble o inmueble.
Las acciones reales son la reivindicatoria, negatoria, mejor derecho, desalojo por
avasallamiento, servidumbres, y mensura deslinde. Prescripción adquisitiva.
Definición
La acción reivindicatoria, es una acción por medio de la cual el propietario, que ha perdido la
posesión de la propiedad agraria, demanda frente a terceros, el reconocimiento de su derecho
de propiedad y la consiguiente restitución del bien.
Características
La acción reivindicatoria, requiere que el proceso recaiga sobre un bien de naturaleza agraria;
es decir, sobre un bien productivo, donde se pueda desarrollar la función social, económica o
ambiental de la propiedad agraria. Se trata de una acción de naturaleza real, mediante la cual
el propietario que ha sido despojado en forma ilegítima, solicita la recuperación del bien, y la
condena en daños y perjuicios.
Según Enrique Ulate Chacón: “La acción reivindicatoria es una acción de naturaleza real, con
efectos erga omnes, cuya finalidad esencial es la restitución de la propiedad agraria mueble o
inmueble a su propietario legítimo, y de la cual ha sido despojado por un tercero quien la posee
ilegítimamente. Es la “actio in re” por excelencia. Con esta acción el propietario ejercita el “ius
possidendi” ínsito en su derecho de dominio. La doctrina más especializada en esta materia
atribuye a esta acción las siguientes características: a) De naturaleza real, que puede ejercitarse
contra cualquiera que posea la propiedad agraria sin derecho; b) Es recuperatoria o restitutoria:
Su objetivo básico es obtener la posesión material del bien; c) Es de condena: la sentencia
favorable al actor impondrá un determinado comportamiento al demandado. La acción
reivindicatoria constituye el más enérgico remedio procesal frente a la agresión más radical que
puede sufrir el propietario y que es el despojo de la propiedad agraria que le pertenece.
Requisitos. Los requisitos para iniciar la acción reivindicatoria son los siguientes:
El accionante, debe demostrar, para tener éxito en su demanda, tres presupuestos o requisitos
de validez:
a) Legitimación activa: El actor debe demostrar ser el titular registral del fundo agrario que
pretende reivindicar. Para el caso de reivindicar una propiedad agraria inmueble, debe acreditar
su calidad de propietario mediante el título ejecutorial u otro documento traslativo de dominio
con antecedente en titulo ejecutorial, debidamente registrado en DD.RR.
d) Legitimación pasiva: También debe demostrarse que el demandado o los demandados han
despojado al actor y son poseedores ilegítimos, y no ostenten una causa justa o válida para
poseer la propiedad agraria.
e) Identidad del bien: El fundo agrario sobre el cual recae la reivindicación debe ser idéntico: Es
decir el reclamado por el propietario o poseedor legítimo debe corresponder al que ha sido
objeto de despojo. La identidad del fundo, no solo es documental o catastral, sino que debe
establecerse con prueba idónea en la materialidad del bien, sea pericial o a través de la
inspección judicial. Para lo cual el juez hará un reconocimiento judicial. Que la propiedad agraria
que se pretende reivindicar debe estar perfectamente individualizada, como requisito además
de carácter procesal, la demanda será deducida por escrito y contendrá la propiedad agraria
demandada, designándola con toda exactitud.
No debe perderse de vista que estas acciones, no solo proceden respecto de bienes inmuebles
(fundos agrarios), sino también respecto de bienes muebles de carácter agrario; por ejemplo,
un tractor o maquinaria agrícola utilizada en la actividad agraria.
Medidas precautorias. El titular del derecho real que recurre a la acción reivindicatoria en
demanda del reconocimiento de su derecho, puede verse afectado por medidas tomadas por el
demandado en términos que le impidan conseguir la concreción del propósito perseguido, ya
sea causando deterioros o realizando mejoras innecesarias; para evitar estas situaciones al
reivindicante le asiste el derecho de pedir medidas cautelares o precautorias, como la
prohibición de innovar o de realizar mejoras.
Del mismo modo, puede ocurrir que el demandado munido de un título aparentemente válido,
decida enajenar el bien el litigio, para lo cual le asiste el derecho al reivindicante de pedir la
medida cautelar de anotación preventiva, cuya finalidad es poner a conocimiento de los
terceros, a través de la publicidad de los registros públicos, la situación jurídica litigiosa que
afecta a los bienes registrables que son objeto del juicio con la consecuencia de que los terceros
no podrán alegar la ignorancia ni la buena fe y consecuentemente le podrán ser oponibles los
efectos de la sentencia.
En general los requisitos o presupuestos genéricos de las medidas cautelares son los siguientes:
c) otorgar contra cautela para responder de todas las costas y de los daños y perjuicios que
pudiera ocasionar si hubiese pedido sin derecho, salvo aquellos casos en que no se requiera por
la naturaleza de la medida solicitada.
Sentencia
Cosa juzgada material. En las acciones petitorias o reales, como el de la acción de reivindicación,
se discute el derecho de propiedad, con amplio debate conforme al proceso oral agrario, y las
partes pueden valerse de todos los medios de pruebas que la ley admite, y su resultado es una
reglamentación definitiva de la propiedad, por lo que la sentencia que recaiga en el juicio causa
estado, hace cosa juzgada material.
En cuanto a los efectos la acción de reivindicación puede tener por objeto, además de la
reafirmación del derecho de propiedad en el reivindicante y restitución de la propiedad agraria,
la reclamación de frutos indebidamente percibidos por el poseedor y el resarcimiento de los
daños causados a la propiedad agraria objeto de la acción.
19
Jurisprudencia
ANA-S1-0037-2016
En ese sentido, una de la condiciones "sine qua non" para la viabilidad de la acción de
reivindicación, es acreditar plena y fehacientemente haber ejercido real y activamente la
posesión antes y durante el surgimiento de los actos de eyección provenientes de un tercero;
extremo que no fue acreditado en el caso de autos, toda vez que conforme se evidencia de los
actuados y medios probatorios cursantes en el expediente, la demandante no ha demostrado
plena y fehacientemente haber ejercido posesión real, activa, continua y pacífica en el predio
motivo de la litis, con las características propias que configuran la posesión agraria; que de los
fundamentos expuestos en los puntos anteriores, se infiere con meridiana claridad, que la
demandante no ejerció posesión anterior en el predio con las características propias de la
posesión agraria traducida en el cumplimiento de la Función Social o Económica Social de las
propiedades agrarias y más al contrario pretende recién poseer esa parte del predio a través de
la presente acción reinvindicatoria; habiendo demostrado la actora solo su condición de
propietaria en virtud Título Ejecutorial, emergente del Testimonio de Transferencia N° 375/2006
realizada el año 2006, pero no así los otros requisitos; evidenciándose más al contrario que el
que ejercía y ejerce posesión agraria en la parte del predio que se pretende reinvindicar, es el
demandado y no así la demandante, incumpliendo de este modo con dicho presupuesto
indivisible y concurrente que hace procedente la acción reivindicatoria; aspecto de orden fáctico
y legal que no fue considerado correctamente por la jueza a quo en resolución, pues al no
sustentar la sentencia recurrida, respecto de la posesión que debió ostentar la parte actora desde
el momento de la transferencia, implica también que no hubo desposesión de parte del
demandado en virtud al contrato de arrendamiento realizado por el anterior propietario Carlos
Hugo Medina Méndez el 8 de marzo de 2001, por espacio de 15 años; constituyendo en el caso
de autos, una interpretación errónea por parte de la jueza de instancia, respecto del instituto de
la posesión y la desposesión en materia agraria, toda vez que la aplicación de lo previsto por la
normativa sustantiva civil está supeditada a los principios y normas que rigen en materia agraria
dada la especialidad de la misma, donde el instituto de la posesión en su alcance y finalidad
conlleva en su concepción características peculiares distintas a las concebidas en materia civil,
mismas que tienen que ver con conceptos referidos al cumplimiento real, efectivo y continuo de
la Función Social o Económica Social de las propiedades agrarias, constituyéndose el
cumplimiento de dicha función en un requisito primordial e inexcusable para lograr que el Estado
tutele el derecho propietario para garantizar la actividad agraria que en ella se desarrolla;
consecuentemente, al no haber existido posesión de la parte actora sobre la parte del predio que
pretende reinvindicar, no pudo haber existido por parte del demandado eyección o desposesión
en relación a la supuesta posesión ejercida por la actora y menos la ilegitimidad de la posesión
del demandado; lo que implica que tampoco se acreditó el tercer presupuesto para la viabilidad
de la acción reivindicatoria como es la desposesión o despojo por parte del demandado,
incurriéndose consiguientemente en la sentencia recurrida en una interpretación errónea de los
20
alcances y las finalidades de la acción reivindicatoria contenidas en el art. 1453 del Cód. Civ.;
siendo errado el análisis y definición que sobre el particular efectuó la jueza de instancia. Que,
por los razonamientos efectuados supra, se concluye que la jueza a quo, tramitó la causa en
ausencia de sindéresis jurídica, apartándose de la razonabilidad y la verdad material
concernientes al art. 1453 del C.C., por lo que en estricta observancia a lo prescrito por el art. 87-
IV de la Ley N° 1715, corresponde aplicar lo previsto por los arts. 220-IV y 278-I de la L. N° 439
por aplicación supletoria prevista en el art. 78 de la Ley N° 1715 y conforme las Disposiciones
Transitorias Cuarta-I y Sexta de la L. N° 439.
Definición
La acción negatoria es una acción de carácter real, cuya pretensión es la obtención de una
declaración judicial de carácter negativo respecto de un derecho subyacente al derecho
propietario, existiendo además la posibilidad de solicitar el resarcimiento del daño.
Características
La acción negatoria es la que corresponde al propietario o titular de cualquier otro derecho real
y puede ser ejercida contra todo tipo de derechos subyacentes que afecten el derecho del actor,
contra todo tipo de perturbaciones no posesorias que afecten a su derecho; es decir, que
afecten al ejercicio de su derecho sin llegar a privarle del mismo; busca defender la libertad del
dominio, declarando la ausencia o inexistencia de gravámenes sobre él.
El propietario puede demandar a quien afirme tener derechos, sobre la cosa y pedir que se
reconozca la inexistencia de tales derechos. Es una acción de cesación, que tiene el propietario
para hacer cesar las perturbaciones ilegítimas de su derecho, que no consistan en la privación o
detentación indebidas de la posesión. Si existen perturbaciones o molestias, el propietario
puede pedir el cese de ellas y el resarcimiento del daño.
También es una acción de abstención, pues el propietario también tiene acción para exigir la
abstención de otras actividades futuras y previsibles del mismo género.
Esta acción se usa para defender a los derechos reales que se ejercen por la posesión, pero
siempre que haya un daño, lesión o ataque de menor gravedad que la desposesión es decir que
haya perturbación de derecho; que ponga en riesgo el ejercicio del derecho de propiedad
agraria.
21
Por lo tanto, la acción negatoria tiene por función específica de restablecer el ejercicio de los
derechos reales cuando la libertad fuere restringida por una comisión de actos que atentan
contra ella. Se trata de un medio de defensa contra la inquietación o intromisión en la propiedad
ajena, cometida sobre la base de atribuirse un derecho.
1. La justificación del dominio actual del actor, acreditar su calidad de propietario mediante
título ejecutorial u otro documento traslativo de dominio con antecedente en titulo ejecutorial,
debidamente registrado en DD.RR.
4. Esta perturbación tiene que haber sido realizada con la pretensión de ostentar un derecho
real sobre la propiedad agraria, puesto que para reprimir perturbaciones de mero hecho puede
utilizarse las acciones posesorias.
Según Enrique Ulate Chacón la acción negatoria tiene los siguientes antecedentes: “En principio,
y a partir de las fuentes romanas, la acción negatoria era concedida básicamente al propietario
quien, al verse inquietado o perturbado por un sujeto que se atribuía para sí un derecho de
usufructo o servidumbre, solicita declarar la inexistencia de tal derecho. Refiriéndose a dichas
fuentes romanas, la doctrina española cita los siguientes casos de acción negatoria: “Es ésta la
acción propia del dueño de un fundo contra una persona que pretende tener un usufructo sobre
el mismo cuando el propietario niega la existencia de este usufructo”. “Es ésta la acción
correspondiente al propietario de un fundo contra la persona que injustamente pretende tener
un derecho de paso a través del mismo.” Desde esa perspectiva, estaba legitimado para ejercer
la acción negatoria únicamente el propietario. El legitimado pasivamente podía ser no solo
contra aquellos que pretendieren mantener una posible servidumbre, sino que bastaba con la
existencia de un estado o situación de hecho que objetivamente se correspondiera con el ejercicio
de una servidumbre o usufructo. De esa forma era una acción limitada. La doctrina tradicional
exigía como requisitos de la acción negatoria los siguientes: “1. que el actor justifique en principio
su derecho de propiedad (mediante la presentación del correspondiente título de adquisición de
la propiedad agraria). 2. Que pruebe la perturbación que el demandado le haya causado en el
goce de su propiedad (perturbación que ha de ser realizada con pretensión de ostentar un
derecho real, pues para reprimir perturbaciones de puro hecho no hace falta acudir a esta
22
Modernamente la acción negatoria tiene otro perfil práctico. No es solo para la defensa del
derecho de propiedad. Debe admitirse que titulares de otros derechos reales sobre la propiedad
agraria tengan protección contra quienes ejerzan sobre aquélla supuestos derechos que les
perjudiquen. Indudablemente merecen una protección por parte del ordenamiento jurídico,
independientemente de que se le llame acción negatoria o de otro tipo. En la doctrina española,
se admite hoy día la posibilidad de ejercitar la acción negatoria, no solo frente a actos
perturbatorios derivados de un presunto ejercicio de un derecho real de servidumbre o
usufructo, sino también cuando la perturbación o molestia lo es de puro hecho o alegando haber
adquirido mediante un documento privado un derecho que ahora el titular le niega. En este
caso estaríamos ante un supuesto de acción negatoria puramente declarativa. Se persigue
obtener la declaración de que nuestra propiedad no está gravada, al igual que es posible la
acción declarativa de la propiedad.
La acción negatoria tiene dos claros efectos. En primer lugar se trata de una acción de cesación:
Es la acción que tiene el propietario para hacer cesar las perturbaciones ilegítimas de su derecho
que no consistan en la privación o detentación indebidas de la posesión. En segundo lugar, es
una acción de abstención: El propietario tiene también acción para exigir la abstención de otras
actividades futuras y previsibles del mismo género.
No procede cuando no hay perturbación, lo que acontece si los hechos en que se pretende hacer
consistir aquella no perjudican el interés del propietario en su propiedad. Tampoco procede
cuando, por ley o negocio jurídico, el dueño debe soportar o tolerar la perturbación. No resulta
posible su accionamiento cuando los actos perturbatorios privan completamente el derecho
propietario o cuando dichos actos son fruto de una cesión legal por parte del propietario.
Legitimación activa
Conforme ya se tiene referido, la acción negatoria resulta protectora del dominio, es decir, del
derecho de la propiedad, por lo que el propietario conforme a los alcances normativos en
materia agraria es quien se encuentra legitimado activamente para su ejercicio. No obstante, de
ello y en puridad corresponde a todo titular de derecho real, pues no sólo protege el dominio o
propiedad, sino que sirve también para preservar otros derechos frente a perturbaciones no
posesorias. Por ejemplo, se reconoce la acción negatoria de servidumbre.
Legitimación pasiva
El que origina o mantiene la perturbación, esto es, quien la crea o perpetúa el estado de cosas
en que la perturbación consiste, es el que debe responder de sus consecuencias.
La perturbación
23
De abstención: en esta faceta, se dirige a evitar un riesgo, consistente en que continúe el mismo
estado de cosas en que consiste la perturbación. Busca pues, impedir perturbaciones futuras, lo
que exige que el juez haga un juicio diagnostico de probabilidad.
Jurisprudencia
ANA-S2-0043-2004
establezca que la cosa está libre y franca de determinada carga, o que la carga es inexistente,
puede tratarse de una servidumbre, usufructo, uso inmobiliario, habitación. A diferencia de la
acción reivindicatoria, el demandado no se encuentra en posesión de la cosa". En el mismo
sentido, los demandantes en su demanda de acción negatoria de fs. 42 a 45, citando precedentes
emitidos por el Tribunal Agrario Nacional, señalan expresamente que los presupuestos para
intentar dicha acción son: 1) El derecho propietario del demandante acreditado mediante título
auténtico de dominio con relación al predio objeto de la demanda; 2) Que el demandado alegue
y afirme tener un derecho real secundario o derivado de la propiedad sobre el predio de
propiedad del actor; consiguientemente, la acción negatoria es una acción de defensa de la
propiedad y no de la posesión, cuya procedencia tiene que ver con la acreditación por parte de
los demandantes respecto de la afirmación que la parte demandada manifiesta tener en su favor
los referidos derechos derivados, como son: las servidumbres, usufructo, uso inmobiliario,
habitación y no así con relación a derechos propietarios o posesorios que indica tener la
nombrada demandada sobre el predio en cuestión, no habiendo por tal los demandantes
acreditado que la demandada Ruth Irigoyen de Gamboa afirmaba tener en su favor los referidos
derechos derivados de propiedad de los actores para declarar su inexistencia, lo que determina
la inviabilidad de la pretensión de los demandantes Francisco Jaillita Arias y Demetria Quinteros
de Jaillita”.
Cuando se trata de un problema de doble titularidad, sea que tanto el actor como el demandado
poseen un título debidamente inscrito en el registro público, si el bien sobre el cual recae el
conflicto es un fundo agrario, deberá tramitarse la acción de mejor derecho. La titularidad
definitiva se resuelve, no a favor de quien demuestre tener el título más antiguo, sino, a favor
de quien aparte del título demuestre haberse comportado como dueño, es decir, haber ejercido
una actividad agraria estable y efectiva tendiente a cumplir la función social o función
económica social de la propiedad agraria.
Que el juez de instancia admite la demanda respecto a dos presupuestos, el primero como el
mejor derecho propietario demandado por los actores; acción que persigue la declaración y
reconocimiento de un derecho de propiedad sobre otro derecho respecto del mismo predio, por
lo que los presupuestos para ser viable esta pretensión están relacionados, en principio acreditar
25
que el derecho propietario del actor como del demandado emergen de un mismo vendedor o
lo que es lo mismo tienen un mismo origen, conforme establece el art. 1545 del Código Civil, sin
embargo de esto la interpretación de esa disposición no debe limitarse a un sentido restringido,
es decir, a establecer que el causante del actor y del demandado sea la misma persona, por el
contrario, en sentido amplio, dicha determinación orienta a establecer el origen del derecho
propietario, vale decir establecer si los derechos contrastados tienen un mismo origen.
No basta la situación legal de tenencia de un bien inmueble rural, sino una posesión real y
continuada en una superficie determinada; en este sentido es necesario puntualizar que la
posesión en materia agraria, por la especialidad de esta, refiere al poder de hecho sobre un bien
de naturaleza productiva unido tal poder al ejercicio continuo de la explotación económica,
efectiva y racional, con la presencia de un ciclo biológico, vegetal o animal ligado directa o
indirectamente al disfrute de las fuerzas y recurso naturales.
Jurisprudencia
ANA-S2-0025-2015
Que, mediante la acción de Mejor Derecho Propietario, el actor pretende que el órgano
jurisdiccional le reconozca derecho preferente o superior, sobre el que tiene el demandado;
consiguientemente, la controversia va más allá de la simple posesión, tiene que ver con la
titularidad misma sobre el predio; es decir, la Litis consiste en determinar a cuál de los
contendientes le corresponde de acuerdo a ley, el derecho propietario respecto del inmueble
objeto de demanda; por lo tanto, en ésta acción tanto el actor como el demandado, alegan tener
perfecto derecho propietario sobre el mismo inmueble, incertidumbre jurídica que debe ser
resuelta en sentencia.
Que, las Presunciones "constituyen el juicio formado por el Juez, valiéndose de un razonamiento
inductivo o deductivo, para afirmar la existencia de hechos desconocidos fundándose en los
conocidos" (TEXTUAL).
Que, de acuerdo a lo dispuesto por el Art. 375 del Código de Pdto. Civil, concordante con el Art.
1.283 del Código Civil (Carga de la Prueba), que textualmente refiere: "Quien pretenda en juicio
un derecho, debe probar el hecho o hechos que fundamentan su pretensión", disposición legal
que teniendo en cuenta los datos existentes en el proceso y de todo lo analizado y compulsado;
se tiene, que la parte actora ha probado y demostrado los hechos expresados en su demanda; es
decir, tener Mejor Derecho Propietario que las demandadas, sobre el predio rural objeto de
proceso, denominado: "La Ciénega"; y ser perturbados en su posesión sobre la parcela objeto de
proceso, por hechos atribuidos a las demandadas.
2.4.1. Antecedentes.
terrenos agrícolas con fines urbanos, de manera ilegal), y avasallamientos, que mediante el uso
de la fuerza se asumían medidas de hecho, alterando el orden constituido.
Esta Ley tiene por finalidad precautelar el derecho propietario, el interés público, la soberanía y
seguridad alimentaria, la capacidad de uso mayor y evitar los asentamientos irregulares de
poblaciones sobre propiedades con derechos legalmente constituidos. Para ello establece el
régimen jurisdiccional que permita al Estado resguardar, proteger y defender la propiedad
privada individual y colectiva, la propiedad estatal y las tierras fiscales de los avasallamientos y
el tráfico de tierras.
Definición
Es una acción real de carácter sumario, que tiene por objeto la protección y la defensa del
derecho de propiedad agraria, frente a ocupaciones de hecho ilegales. En consecuencia, se
entiende por avasallamiento de tierras las invasiones u ocupaciones de hecho, así como la
ejecución de trabajos o mejoras, con incursión violenta o pacífica, temporal o continua, de una
o varias personas que no acrediten derecho de propiedad, posesión legal, derechos o
autorizaciones sobre propiedades privadas individuales, colectivas, bienes de patrimonio del
Estado, bienes de dominio público o tierras fiscales.
Características
Acción real de protección. Esta acción esta destinada a garantizar el ejercicio del derecho de
propiedad agraria, sea que se trate de propiedad individual, colectiva, propiedad estatal o tierra
fiscal; por lo tanto, mediante esta acción no se dirimen derechos de propiedad agraria; los Autos
Agroambientales Plurinacionales S2a N° 94/2018; y S1a N° 28/2015, refieren el Título Ejecutorial
obtenido, constituye prueba idónea no susceptible de ser impugnada en este tipo de proceso,
tampoco es admisible discutir el mejor derecho de las partes en controversia, para el caso de
que el Juez verifique la existencia legal de un derecho preestablecido deberá declarar improbada
la demanda.
Función Social o económico social. Tomando en cuenta que el proceso de desalojo por
avasallamiento, es una acción real de resguardo del derecho de propiedad agraria, no
corresponde la verificación de la Función Social o Económico Social, en el entendido que no es
27
Medidas precautorias. Con referencia a las medidas precautorias, estas pueden ser solicitadas
por el demandante; sin embargo, bajo el principio de Dirección del Proceso, pueden ser
determinadas también de oficio por el Juez Agroambiental. De acuerdo al artículo 6 de la
referida Ley la Autoridad Agroambiental podrá disponer como medidas precautorias:
Paralización y suspensión de todo tipo de trabajos. Determinación de la custodia del bien con
auxilio de la Fuerza Pública o Fuerzas Armadas, según corresponda. Decomiso preventivo de los
medios de perpetración.
Procedencia
Legitimación activa. Esta acción puede ser interpuesta tanto por personas privadas, individuales
y colectivas, así como por el Estado a través de sus instituciones en resguardo de la propiedad
pública o fiscal.
Legitimación pasiva. La demanda debe ser interpuesta contra todos quienes participaron de
acciones de avasallamiento material o intelectualmente.
Requisitos
Invasión u ocupación de hecho, los hechos demandados deberán referirse a incursiones en una
propiedad ajena, sean violentas o pacificas, temporales o continuas, es decir que debe ser
constitutiva de actos materiales ilegítimos y ejercidos sin invocar ningún derecho, al respecto la
norma exige que el avasallador no debe tener ningún derecho de propiedad sobre el predio,
tampoco posesión legal o no tener ningún derecho o autorización que le permita ocupar el
predio que no le pertenece.
Procedimiento.
Presentación escrita o verbal de la demanda por parte del titular afectado ante el Juez
Agroambiental que corresponda, acreditando el derecho propietario y una relación sucinta de
los hechos.
Señalamiento, en el plazo de veinticuatro (24) horas, de día y hora para desarrollar la audiencia
de inspección ocular y notificación al o los demandados.
La audiencia se realizará en el plazo máximo de veinticuatro (24) horas desde la citación con la
demanda.
En caso de desalojo voluntario, mediante auto definitivo se dispondrá́ el plazo máximo para su
ejecución, así como la conclusión del proceso imponiendo el pago de daños y perjuicios, y costas,
cuando corresponda. En estos casos no corresponde la acción penal, salvo cuando se trate de
bienes de patrimonio del Estado, de dominio publico o tierras fiscales.
En caso de que no se llegue por la vía conciliatoria al desalojo voluntario; realizada la audiencia
y valorados los antecedentes, el Juez Agroambiental emitirá, en el plazo de tres (3) días,
29
La sentencia que declare probada la demanda dispondrá un plazo para el desalojo voluntario
que no excederá́ las noventa y seis (96) horas. De no ejecutarse el desalojo voluntario, dispondrá́
de un plazo perentorio para su ejecución con alternativa de auxilio de la fuerza pública de ser
necesario, así como la sanción establecida en la Disposición Adicional Primera de la presente
Ley, con comunicación al INRA
Ejecución del desalojo Los desalojos dispuestos en sentencia que no sean cumplidos
voluntariamente dentro de los plazos establecidos, serán ejecutados por la Policía Boliviana en
el plazo de diez (10) días calendario siguientes, bajo responsabilidad, salvo necesidad de
acciones y evaluaciones indispensables y propias en cada caso.
2.4. Servidumbres
Conocer las acciones para el establecimiento y extinción de servidumbres que puedan surgir
de la actividad agropecuaria, forestal, ambiental y ecológica;
Por la servidumbre el propietario de un fundo puede, para utilidad o beneficio propio, realizar
actos de uso en fundo ajeno o impedir al propietario de éste el ejercicio de algunas de sus
facultades, de lo que deriva la consecuencia de la necesidad de dos fundos o inmuebles, predio
sirviente y otro en beneficio del cual se establece dicho servicio o gravamen, predio dominante.
Además, deben coexistir dos propietarios diferentes. La servidumbre no podría existir entre dos
predios pertenecientes al mismo propietario.
Las servidumbres de paso y acueducto pueden constituirse por sentencia judicial, si no hay
acuerdo entre partes. El propietario de un fundo enclavado entre otros que no puede procurarse
salida a la vía pública tiene derecho a obtener paso por el fundo vecino, para lo que deberá
interponer la demanda de establecimiento de servidumbre de paso que le garantice el ejercicio
de la actividad agraria de no constituirse la servidumbre el terreno sería una propiedad
improductiva.
Por reunirse en una sola persona las calidades de propietario del fundo dominante y del
sirviente.
Pro renunciar el propietario del fundo dominante a favor del propietario del fundo sirviente.
Pro la prescripción, cuando la servidumbre no se ejerce durante cinco años, desde el día en que
se interrumpe cuando es discontinua, o desde el día en que se ejecuta un acto contrario cuando
es continua.
Jurisprudencia
ANA-S2-0067-2014.
Conocer las acciones sobre mensura y deslinde de predios agrarios previamente saneados;
La necesidad de aclarar en todo o en parte los linderos de una propiedad, sea porque estos se
encuentran confusos o porque algún vecino los alteró, además deberá probar que esa propiedad
no se encuentra edificada, se efectiviza a través de un proceso voluntario y la mensura se dará
cuando del recorrido de los linderos se viere la necesidad de medir el terreno.
Sin embargo, el proceso se torna contencioso, si el o los colindantes objetan los limites del
accionante, en este caso la demanda se tramita en proceso oral agroambiental. Por lo
anteriormente mencionado se debe tomar en cuenta que toda demanda de deslinde tiene por
objeto determinar los límites de un predio y/o propiedad (agraria) por lo que, en el curso del
proceso no se discutirá, precisamente el derecho propietario y en todo caso, dará lugar a una
sentencia declarativa más no constitutiva de derechos.
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a) Legitimación activa: El actor debe demostrar ser el titular registral del fundo agrario que
pretende reivindicar, pero también debe acreditar el ejercicio. La doctrina agrarista, ha
demostrado esta evolución a nivel de legislación especial agraria como exigencia de la función
económica y social de la propiedad; es decir, se requiere haber ejercido actividad agraria
productiva y sostenible.
b) Legitimación pasiva: También debe demostrarse que el demandado o los demandados han
despojado al actor y son poseedores ilegítimos, sea que no cuentan con una causa justa o válida
para poseer la propiedad agraria.
c) Identidad del bien: El fundo agrario sobre el cual recae la reivindicación debe ser idéntico: Es
decir el reclamado por el propietario o poseedor legítimo debe corresponder al que ha sido
objeto de despojo. La identidad del fundo, no solo es documental o catastral, sino que debe
establecerse con prueba idónea en la materialidad del bien, sea pericial o a través de la
inspección judicial. Para lo cual el juez hará un reconocimiento judicial.
Nuestra legislación agraria regula los actos y las acciones jurídicas relativas a la posesión, como
un medio de adquirir la posesión derivada de un título traslativo o simplemente declarativo de
dominio; de igual forma regulan las acciones tendientes a la retención, restablecimiento y
restitución de la posesión.
Los interdictos agrarios tiene por objeto mantener una situación de hecho, actual y
momentánea, hasta tanto no sea resuelta en la vía ordinaria o contencioso agraria el derecho
de poseer una cosa, independientemente del derecho de propiedad, al no entrar al análisis del
derecho de propiedad agraria, los proceso interdictos exclusivamente tienden al pronto
restablecimiento del estado de hecho, ya sea amparando al que fuere inquietado en la posesión,
o restableciendo en ella a quien ha sufrido despojo.
a) Probar el hecho de ser poseedor por más de un año continuo a título personal o sumado el
de sus antecesores en este caso en mérito a la conjunción de posesiones.
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Las acciones posesorias como se dijo antes, están encaminadas a la retención y recuperación de
la posesión, las que en nuestra legislación conocemos como interdictos.
El proceso en el cual se desarrolla la acción, es en juicio oral agroambiental, que tiene por
objeto, decidir interinamente sobre la actual y momentánea posesión o sobre el hecho de la
posesión, sin perjuicio del derecho de los interesados de ocurrir a ante el mismo Juez
Agroambiental para discutir lo relativo al dominio, propiedad o la acción que estimen
conveniente las partes.
En el desarrollo de los procesos que nacen con las acciones interdictales o posesorias
hablaremos de cada uno de ellos, conceptualizándolos, y detallando los presupuestos procesales
de forma y de fondo necesarios para que dichas acciones prosperen, o sea el tratamiento
procesal que debe dársele a cada uno de estos interdictos.
Como se puede observar los interdictos citados difieren uno de otro, pues regulan situaciones
jurídicas diferentes, pero todos ellos tienen en común que se tramitan en proceso oral
agroambiental.
Resulta importante destacar, que los actos de posesión no se presten a equivoco posible. Ellos
deben revelar de modo cierto e indudable la intención del poseedor, y han de revestir, en
consecuencia, todos los caracteres que sean peculiares del derecho que se pretenda ejercer.
Además desarrollaremos las características del interdicto de daño temido cuando la amenaza
provenga de una construcción de infraestructura productiva, un árbol, o cualquier otro objeto
pertenecientes o poseídos por un tercero; y que recaiga sobre un fundo agrario. El cual se siente
34
racionalmente amenazado en su posesión su posesión, así sea esta legitima o precaria, de modo
que pueden denunciar el daño temido, tanto el dueño exclusivo como el que solo goza del
usufructo de la propiedad agraria, el arrendatario o aparcero.
Por último, analizaremos los interdictos de obra nueva perjudicial, para temer que una obra
nueva, cause perjuicio a una unidad productiva agraria, puede denunciar la juez de la obra nueva
para temer que una obra nueva.
II. INTERDICTOS
En concreto, está basado en la presunción de que toda posesión es legítima. Esto es, se presume
que si una persona tiene una propiedad agraria en su poder es por un motivo legítimo. Por ello,
si alguien trata de irrumpir en esa posesión por la fuerza, el poseedor puede acudir al juez
agroambiental rápidamente, sin tener que demostrar la legitimidad de su situación, bastándole
entonces con demostrar que la posesión efectivamente era suya. No es necesario que
demuestre su propiedad u otro título posesorio aunque si puede hacerlo.
Por otro lado, si el poseedor no es legítimo, el legítimo propietario siempre tiene la posibilidad
de acudir a otro tipo de acción real agraria, demostrando dicha situación, aportando
documentos que demuestren su propiedad tiene título ejecutorial o como subadquirente con
antecedente en título ejecutorial, para recuperar legalmente la posesión al poseedor irregular
por decisión judicial.
El conocimiento de los interdictos que versen sobre posesión en fundos rústicos, corresponde
exclusivamente a la Jurisdicción Agroambiental, y es el Juez Agroambiental competente para
35
conocer los interdictos el que ejerza la jurisdicción en el asiento judicial donde esté situada la
el predio rural objeto del litigio.
Interdicto de adquirir la posesión.- Este es un proceso que puede iniciarse en la vía voluntaria,
esta acción se interpone para adquirir la posesión que nunca se tuvo, es decir, que el interdicto
de adquirir tiene como objetivo que el peticionario o la parte demandante demuestre su
derecho a la posesión o a la tenencia mediante un título idóneo; uno de los requisitos para su
procedencia es que el inmueble no se halle en posesión de tercero a igual título o de
usufructuario, además que la propiedad agraria no se halle en poder de un tercero a título de
poseedor o tenedor, es decir que el predio no se encuentre en posesión o tenencia de otra
persona. El interdicto de adquirir la posesión no es para dar posesión a quien la tiene sino para
hacer adquirir la posesión a quien nunca la tuvo.
La acción interdicta de adquirir la posesión por previsión del artículo 596 del Código de
Procedimiento Civil procede cuando quien lo solicitare presente título autentico de dominio
sobre la cosa y este no se encontrare en poder de un tercero con título de dominio o
usufructuario
El proceso interdicto de adquirir la posesión tiene por finalidad que en un acto público se
ministre a una persona posesión judicial a titulo propietario o hereditario sobre un determinado
bien del cual no se estuvo en posesión anteriormente, el interdicto de adquirir la posesión no
tiene por finalidad proteger la posesión o la tenencia, al contrario, su finalidad es adquirir una
posesión que nunca se tuvo, en consecuencia no es viable interponer un interdicto de esa
naturaleza para mantener una posesión que se tiene o para recuperar una posesión que se
perdió, la autoridad judicial para dar viabilidad a este tipo de interdicto, debe constatar y
considerar no solo las condiciones explicitas que la norma establece para su procedencia, sino
también debe considerar la naturaleza de la institución.
El Profesor Borda indica "Que el interdicto de adquirir es una figura anómala dentro de las
acciones posesorias, en sentido propio, porque no tiende a defender la posesión ni se basa en
el solo hecho de poseer sino que a diferencia de todas las acciones o interdictos posesorios, hace
falta demostrar el titulo o derecho a la posesión"
Jurisprudencia
Que, en merito a lo manifestado por los arts. 30 y 39 - I núm. 7) de la ley 1715, Ley del Servicio
Nacional de Reforma Agraria, corresponde a la judicatura agraria, ahora agroambiental el
conocimiento y la resolución de todos los conflictos emergentes de la posesión y derechos de
propiedad agraria y por ende esta instancia tiene jurisdicción y competencia plena, para conocer
la acción planteada por los demandantes.
Que, por aplicación en forma supletoria de los arts. 596, del código de procedimiento civil, por
mandato expreso del art. 78 de la ley Nº 1715, se establece que esta acción interdicta de Adquirir
la Posesión, exige para su procedencia, dos aspectos trascendentales, 1.- que quien la solicitare
presente título autentico de dominio sobre la cosa y 2.- esta - predio - no se hallare en poder de
un tercero con título de dueño o usufructuario, quien así la poseyere no será privado de su
derecho sin ser oído y vencido en proceso ordinario.
Que, no se debe perder de vista que las acciones posesorias comprendidas en las previsiones de
los arts. 596 al 601 del Código de procedimiento Civil solo protegen la posesión sin tener en
cuenta el derecho propietario, puesto que la posesión es un hecho real de trascendencia jurídica,
por lo que la ley debe defender contra cualquier alteración material.
Que, sobre este punto cabe resaltar, que por su característica propia el interdicto de Adquirir la
posesión no tiene por objeto proteger la posesión o la tenencia; sino por el contrario, conseguir
la investidura en una posesión o tenencia judicial, a través de la presentación de la
documentación requerida, es decir a diferencia de lo que ocurre con las restantes interdictos, la
procedencia del interdicto de Adquirir se halla supeditada a la demostración por parte del
peticionario, de su título o derecho a la posesión o tenencia.
Que, durante la tramitación de esta causa solo se debe analizar y estudiar de las pruebas
aportadas por las partes, a efectos de verificar si estas se adecuan a la normativa legal señalada
con antelación, aplicable al caso de litis, siendo que la demanda principal es la de Interdicto de
adquirir la Posesión, por lo que se analiza únicamente los requisitos y presupuestos que deben
de ser probados por los litigantes, demandantes y demandados”
Interdicto de retener la posesión.- Este interdicto tiene por objeto amparar al poseedor o
tenedor de un bien inmueble contra las perturbaciones o amenazas de perturbación mediante
actos materiales por parte de un tercero, este se puede pedir dentro del año transcurrido desde
que se le perturbó, asimismo la acción de interdicto de retener la posesión, se concede si la
posesión ha durado por lo menos un año en forma continua y no interrumpida, ya que la
posesión adquirida en forma violenta o clandestina, no da lugar a esta acción, a menos que haya
transcurrido un año desde que cesó la violencia o clandestinidad, además es condición para la
procedencia de este interdicto, que la amenaza de perturbación sea efectiva, o sea a través de
actos materiales o de hecho que puedan encaminarse a privar de la posesión o que haga temer
racionalmente que pueda llegar a realizarse, porque las simples palabras son insuficientes para
propiciar la procedencia.
Si estos hechos se han producido hace más de un año a la fecha de la demanda, la acción está
caduca y por lo tanto se hace improcedente; sin embargo, la caducidad en estos casos no debe
ser entendida como caducidad del derecho tutelado por ley, pues si la acción no puede ser
admitida por la vía del interdicto, tiene la posibilidad de interponer la acción ordinaria en
defensa de sus intereses.
Los interdictos se refieren a todos aquellos procesos o juicios sumarios por excelencia cuya
finalidad primordial es establecer una decisión acerca de la actual o momentánea posesión o
sobre el hecho de la posesión sin menoscabo del derecho de los interesados, así como también
evitar un hecho que pueda causar un daño o perjuicio. Doctrinariamente se establece una
clasificación que comprende la existencia de interdictos posesorios o interdictos prohibitivos,
caracterizados estos últimos por crear una protección cautelar que lleva implícita o establece
normas de seguridad que eviten un daño temido.
Protege al poseedor contra las perturbaciones de que pueda ser objeto su posesión. Tiene como
fin hacer cesar dichas perturbaciones para restablecer la situación existente antes de que esta
ocurriera. Este supone un perturbación posesoria consumada no basta la simple tentativa ni el
temor fundado en ella, se entiende esta perturbación como todo acto voluntario que contradiga
la posesión de otro, con ánimo de querer sustituir la posesión propia la que hasta entonces se
ejerce e implique un cambio que impida al poseedor seguir ejerciendo la posesión como la venía
ejerciendo.
Si este cambio es tan drástico que priva al poseedor de su posesión, no hay perturbación
posesoria si no recobrar la posesión.
Las personas que pueden promover el interdicto de retener la posesión son todas aquellas que
obren por sus propios derechos en virtud de que posee animos domini, y también al
arrendatario.
Se requiere de un hecho material o civil, efectivo y arbitrario que altere o lesione o menoscabe
la posesión, porque se ejecute con la intención deliberada de oponer a la posesión del
accionante un derecho contrario que colide con ella y la ponga en discusión, la ley exige que
haya intención, en el perturbador, de desconocer la posesión ajena.
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Para que un acto sea calificado de perturbación se debe ejecutar sin el consentimiento o contra
la voluntad del poseedor. Lo que un tercero ejecuta con permiso expreso o tácito de otro, no es
arbitrario, ni implica desconocimiento de derecho de quien lo autoriza o consiente; y si en juicio
comprueba el demandado que existe dicha autorización por cualquier medio de prueba legal,
impedirá que prospere la demanda.
Para que exista una perturbación posesoria no es necesario que se cause daño material o
económico al poseedor. Aun cuando se solicite resarcimiento de esos daños, constituye un
petitorio independiente al de retener la posesión.
La perturbación puede ser de derecho cuando el perturbador pretende hacer valer un derecho
contra el poseedor. O de hecho cuando el perturbador no invoca ningún derecho contra el
poseedor.
La perturbación puede afectar la posesión de toda la propiedad o fundo rústico o solo parte de
ella. Para ello las pruebas defensas y efectos del fallo se limitan a la posesión de la parte
correspondiente.
Legitimación activa
Si alguien es perturbado en una propiedad agraria muy reciente le bastará haber poseído
legítimamente el terreno por más de un año.
El poseedor precario puede intentar la acción en nombre e interés del que posee, a quien le es
facultado de intervenir en juicio, en este caso la persona para quien posee el detentador deber
ser poseedor legítimo. Quien posee la posesión legitima de un derecho real y la posesión
precaria de la cosa puede intentar el interdicto tanto en nombre e interés propio como en
nombre e interés de la persona para quien posee.
Para que pueda prosperar un interdicto de retener la posesión, es necesario que la posesión sea
legitima, continua, ininterrumpida, pacífica, pública, no equivoca y con la intención de poseer la
cosa como suya propia. Las condiciones de continuidad y de no interrupción no son sinónimas.
La continuidad es cuando el poseedor no ha dejado voluntariamente de ejercer de modo
sucesivo y constante los actos reveladores de su derecho sobre la cosas, la no interrupción es
cuando ninguna causa, extraña al libre querer del poseedor, le ha obligado a abandonarla a
poner cese a los actos que la constituyen, la discontinuidad es siempre voluntaria la, la
interrupción no lo es.
Los actos de posesión se reputan continuos aunque se ejecuten a intervalos, siempre que así lo
requiera la naturaleza o el uso o el destino de la cosa poseída, como por ejemplo; del ejercicio
del derecho de paso o el de hacer los cortes en un bosque talar.
Para su legitimidad la posesión ha de ser pacífica y pública, los actos violentos y clandestinos no
pueden servir de fundamento para adquirir la posesión; pero esta puede comenzar cuando haya
cesado la violencia o la clandestinidad.
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Es necesario que los actos de posesión no se presten a equivoco posible. Ellos deben revelar de
modo cierto e indudable la intención del poseedor, y han de revestir, en consecuencia, todos los
caracteres que sean peculiares del derecho que se pretenda ejercer.
Cuando el accionante alega tener posesión legitima de alguna cosa, solo necesita probar que
esa posesión es continua, no interrumpida, pacifica, pública y no equivoca, pues la presunción
legal referida lo dispensa de probar que obra con ánimo de dueño.
Legitimación pasiva
Debe intentarse contra el autor de la perturbación o sus sucesores a titulo universal. El hecho
de no realizar los actos perturbatorios, no excluye que quien haya encargado a otro la realización
de los mismos sea considerado autor de la perturbación.
El interdicto de retener la posesión puede ser propuesto contra quien quiera que sea el autor
de la perturbación, aun contra el mismo propietario. Cuando la perturbación se hiciere por el
arrendatario, el aparcero u otra persona que pretenda no haber obrado sino en nombre de
tercero, es principio de doctrina que la acción de retener la posesión puede intentarse, a
voluntad, contra el propio ejecutor, por su hecho personal, o contra el tercero por cuya cuenta
y en cuyo favor se ejecutó, igualmente procede el interdicto de retener la posesión contra los
actos de los funcionarios y de cualesquiera otras personas que, en ejecución de obras de la
administración nacional o de los Estados o Municipios, perturben la posesión de los particulares,
sin que haya precedido la expropiación legal por causa de utilidad pública.
Bienes protegidos
De acuerdo con nuestra legislación el interdicto solo procede cuando se trata de una posesión
de una propiedad agraria.
Plazo
Excepciones
La caducidad de la acción.
Jurisprudencia
“Lino Enrique Palacios define el interdicto de retener la posesión como "la pretensión procesal
en cuya virtud el poseedor o tenedor de un bien inmueble, reclama el retener la posesión judicial
frente a la existencia de actos materiales que importan una turbación potencial o efectiva al
ejercicio de la posesión o tenencia , en otras palabras :" para que proceda el interdicto de retener
la posesión se requerirá 1) Que quien lo intentare se encuentre en la posesión actual o tenencia
de un bien inmueble o inmueble 2) Que alguien amenazare perturbarlo o lo perturbare en ella
mediante actos materiales " de donde se extrae los requisitos de procedencia de esta acción
cuales son: a) que el actor se encuentre ejerciendo la posesión sobre el bien mueble o inmueble
que es objeto del litigio b) que la posesión del actor se vea amenazada con ser perturbada o sea
perturbada con actos materiales y 3) tiempo en que tuvieron los actos perturbadores, mismos
que según lo prescribe el artículo 592 del CPC deben tener lugar dentro del año anterior a la
fecha de instauración de la demanda. A este efecto se entiende a) por posesión la situación de
hecho en la que se encuentra el actor cualquiera sea su naturaleza, sin importar si es poseedor
legítimo o simple detentador, si es de buena o mala fe o si tiene derecho o no a poseer b) la
perturbación debe exteriorizarse en actos materiales, es decir en ataques de hecho no de
derecho, realizados contra la voluntad del poseedor. El término señalado por el artículo 592 del
Código de Procedimiento Civil para la instauración de los interdictos de retener la posesión es
de un año desde que se produjeron los actos materiales de perturbación.
II.-La posesión de una cosa, poder sobre la cosa al decir de Messineo, ha de entenderse como el
ejercicio de hecho y posesión de un derecho, el ejercicio de hecho correspondiente a uno de los
derechos reales de goce sobre cosa ajena. La posesión supone la existencia de dos elementos
esenciales: el corpus y el anímus. El corpus es el elemento físico de la posesión, supone el
contacto material con la cosa, pero este contacto directo con la cosa no es el que define la
posesión; más aún, una persona realmente se convierte en poseedora cuando tiene la
posibilidad material de hacer de la cosa lo que se quiera, impidiendo toda injerencia extraña.
Pero no basta con el corpus, para que una persona sea poseedora, es necesario que la posea
con el animus de dueño, la intención de ejercer el derecho de usar, gozar y disponer la cosa
como dueño.
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Nuestra legislación, en el artículo 87 del código sustantivo define a la posesión como el poder
de hecho sobre una cosa mediante actos que denota la intención de tener sobre ella el derecho
de propiedad u otro derecho real”.
“Que, por disposición del Art. 607 del Código de Procedimiento Civil, aplicado por el régimen de
supletoriedad establecido por el Art. 78 de la Ley 1715, para que proceda el interdicto de
Recobrar la Posesión, es imprescindible que la parte demandante haya estado en posesión
efectiva del predio y, que haya sido despojada con violencia o sin ella, debiendo intentarse esta
acción dentro el año de producidos los hechos. El interdicto, es un instituto que manifiesta el
interés de la sociedad por proteger una situación que se presenta como actual, mientras se
discute en otra vía el derecho. La posesión ad- interdictan como se le conoce en la doctrina, se
expresa entonces como un poder de hecho que se tiene sobre una cosa, el cual se demuestra
mediante la realización de una serie de actos de carácter posesorio. En materia agraria, la tutela
interdictal clásicamente adquiere características particulares, por cuanto tratándose de
propiedad o posesión agraria, los actos ejecutados en virtud de ese poder de hecho, debían
corresponder a la naturaleza de los bienes. En otras palabras, si la función económica y social de
la propiedad agraria es de carácter productivo en su perfil subjetivo, apta para la producción de
vegetales y animales a través del ciclo biológico, los actos debían ser los propios de las
actividades agrarias de cultivo de vegetales o crianza de animales o propender hacia ello”.
La violencia, supone el empleo de la fuerza irresistible por parte del despojante, para apoderarse
de la cosa. La clandestinidad, presupone la existencia de actos ocultos o que se realizan en
ausencia del poseedor, es así que la demanda de interdicto de recobrar la posesión, debe
establecer en forma clara como se concretó el despojo; es decir, con violencia o clandestinidad,
señalando además los hechos que sirven de fundamento e indicando la fecha en que se produjo
la desposesión o despojo, toda vez que estos procesos caducan si la demanda no ha sido
presentada antes del año de haberse producido los hechos.
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El interdicto de recobrar la posesión tiene lugar cuando sin previo juicio ha sido desposeído el
poseedor. Deberá probar los hechos y la fecha de los actos de desposesión. Su objeto es devolver
o restituir la posesión a quien la ha perdido, aunque el título del despojante fuera mejor.
1.- El interdicto presupone el recobrar la posesión del poseedor, entendiéndose por recobrar la
posesión, el acto de privar a alguien de la posesión o de la simple tenencia de una cosa contra
su voluntad, con el ánimo de sustituirse en esa posesión o tenencia.
2.- El recobrar la posesión puede ser total o parcial según afecte la posesión o detentación de
toda la cosa o de una parte de ella. En ambos casos procede el interdicto; pero es evidente que
en el segundo caso las pruebas y defensas así como los efectos del fallo que recaigan se limitan
a la parte demandada.
Legitimación activa
El interdicto de recobrar la posesión puede intentarlo quien haya sido despojado de su posesión
ejercida sobre una propiedad agraria, contra el autor, aunque fuere el propietario, con el fin de
que se le restituya en la posesión.
Legitimación pasiva
• El interdicto de recobrar la posesión sólo puede ser intentado contra quien posea o
detente la propiedad agraria arbitrariamente, porque caso contrario el juicio sería inútil ya que
no podría producir su efecto propio.
1. Que era poseedor, es decir que cumplía con la función social o económico social en el
predio agario, a momento mismo en que ocurrió el despojo.
5. La identidad entre la predio agrario de la cual fue despojado el actor y la que posee o
detenta el demandado.
Efectos
Jurisprudencia
“Que, en merito a lo manifestado por los arts. 30 y 39 - I núm. 7) de la ley 1715, Ley del Servicio
Nacional de Reforma Agraria, corresponde a la judicatura agraria, ahora agroambiental el
conocimiento y la resolución de todos los conflictos emergentes de la posesión y derechos de
propiedad agraria y por ende este juzgado tiene jurisdicción y competencia plena, para conocer
la acción planteada por la parte actora.
Que, por aplicación en forma supletoria de los arts. 607, del Código de Procedimiento Civil, por
mandato expreso del art. 78 de la ley Nº 1715, se establece que esta acción interdicta de
Recobrar la Posesión, exige para su procedencia, la concurrencia de requisitos esenciales cuales
son: 1.- Que, quien lo intentare se haya encontrado en posesión o tenencia de un bien, mueble o
inmueble; y 2.- Que alguien lo haya eyeccionado de ella con violencia o sin ella. Por lo que la
prueba debe en consecuencia versar sobre la posesión o tenencia que tenían los demandantes y
sobre la eyección realizada o atribuida al demandado; y la fecha en que hubieren ocurrido, este
último aspecto para verificar si se cumple o no con el presupuesto fijado por el art. 1461-I del
Código Civil.
Que, de los requisitos exigidos y citados con antelación se puede puntualizar que los procesos
interdictos, sirven para mantener una situación de hecho, y no de derecho, para evitar de esta
manera la perturbación al ordenamiento jurídico vigente, con la finalidad de restaurar el orden
jurídico perturbado, por quien se propase al tomarse justicia por mano propia, debiendo esta ser
rápida, inmediata eficaz y amparándola de tal forma, que aun, así sea de manera provisional el
interés del litigante que impetra justicia sea atendida y escuchada; por lo que la finalidad del
trámite y la prueba a ser producida y aportada debe estar referida a los actos de posesión,
eyección, y la fecha de la eyección, sin discutir ni tener en cuenta el derecho propietario que
aducieren tener los litigantes.
Sobre este hecho, el tratadista Gilberto Palma Guardia en su libro Practica Forense Agraria,
señala que "en las acciones interdictas no se discute ni está en litigio la titularidad sobre el predio,
siendo únicamente la posesión el objeto de litis, toda vez que su finalidad no es otra que la de
lograr la tutela y protección del elemento físico y material de la posesión en aras de garantizar
la actividad agraria entre tanto se dilucide el derecho propietario en otro proceso.
Que, en caso de autos, se discute únicamente la POSESIÓN, y no así el derecho propietario u otro
derecho real; por lo que al respecto corresponde señalar que, de acuerdo a lo establecido por el
art. 87 del Código Civil, la Posesión es definida como "El poder de hecho ejercido sobre una cosa
mediante actos que denotan la intención de tener sobre ella el derecho de propiedad u otro
derecho real" la norma citada conlleva implícitamente la concurrencia de dos elementos
constitutivos cuales son: a) EL MATERIAL o el corpus que es el poder de hecho sobre la cosa y b)
EL PSICOLOGICO, o el animus , que es la voluntad del poseedor de tener la cosa como propietario
con carácter absoluto y perpetuo. Al respecto es necesario puntualizar que en materia agraria,
la posesión significa el ejercicio permanente sobre la tierra, en el trabajo y la actividad productiva
que vaya en beneficio de la familia del agricultor y en bien de la colectividad: constituyéndose
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El predio objeto de litis, se clasificaría como pequeña propiedad y por su especial naturaleza debe
de cumplir una función social, destinada al bienestar de la familia del agricultor, de acuerdo a lo
establecido por el art. 397-II, de la Constitución Política del Estado y art. 2 y 41-I inc. 2 de la ley
Nº 1715, Ley del Servicio Nacional de Reforma Agraria.
En base a este análisis lo que debe protegerse a través de esta acción es la posesión, para
mantener el orden público, en virtud al interés de orden económico-social y un interés de
seguridad de los actos jurídicos reconocidos por las leyes”.
El interdicto de daño temido, procede cuendo un sujeto docial agroambiental, tiene motivo
racional para temer que una construcción, un árbol u otro objeto poseído por él, produzcan
daño tanto en la infraestructura productiva, en los sistemas de riego, en la residencia en las
servidumbres agrícolas; en consecuencia el poseedor, tendrá derecho a denunciarlo al Juez y
de obtener, según las circunstancias, que se tomen las medidas conducentes a evitar el peligro,
o que se intime al interesado a la obligación de dar caución por los daños posibles.
Supuesto de procedencia
Que la amenaza provenga de una construcción, un árbol o cualquier otro objeto pertenecientes
o poseídos por un tercero; y que recaiga sobre un bien de naturaleza agraria, que este en
posesión el denunciante.
Las cosas que constituyen la amenaza denunciada pueden ser, según el texto, construcciones,
edificios, árboles u otro objeto cualquiera, y dada la amplitud de estos conceptos el legislador,
dichas cosas podrían ser muebles, como animales, o acumulación de materiales de construcción,
o bien inmuebles, ya se trate de construcciones o fábricas de toda especie, como casas, muros,
columnas, arcos, puentes, o de árboles, así sean altos y robustos o de escasa corpulencia, con
tal que puedan causar daño, o de obras diversas, como excavaciones, acequias, vigas clavadas
de pie, empotradas o apuntaladas, acueductos, diques, terrenos elevados que amenacen
deslizarse o derrumbarse.
La práctica nos dice que casi siempre se trata de objetos contiguos o situados a inmediaciones
del que amenaza de daño próximo, pero la ley no exige, y con razón, la concurrencia de otra
circunstancia para que proceda el interdicto, porque el daño puede recaer directamente sobre
cosa lejana de la que lo produzca, como lo causaría la inundación, ocasionada por el
quebrantamiento de un dique, sobre plantaciones, u otros bienes situados a gran distancia del
lugar del suceso.
La acción interdictal corresponde a todo poseedor amenazado en su posesión, así sea esta
legitima o precaria, de modo que pueden denunciar el daño temido, tanto el dueño exclusivo
como el que solo goza del usufructo, el arrendatario, aparcero o el acreedor.
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No procede este interdicto por uno de los miembros de una comunidad contra los otros o contra
la Organización Territorial de Base a la que pertenece, en razón del peligro con que amenace la
cosa común a la porción de la misma ocupada por él, ni podría dicho comunero proponerlo
contra los otros miembros de la comunidad tratándose de propiedades comunarias o colectivas
por amenaza de la cosa común que recayese sobre un predio u otra cosa de que él esté en
exclusiva posesión. Sería demandarse a sí mismo, pues él se haya tan obligado como todos los
demás comunarios a reparar la cosa común y a evitar que amenace daño a otros, en caso de
conflictos en aplicación de la Ley de Deslinde Jurisdiccional es competencia de la Jurisdicción
Indígena Originaria Campesina conocer estos conflictos.
Quien tenga razón para temer que una obra nueva emprendida por otro, sea en su propio
terreno, sea en terreno ajeno, cause perjuicio a una propiedad agraria, a un derecho real o a
otro bien de naturaleza agraria, poseído por él, puede denunciar ante el juez la obra nueva
perjudicial, con tal de que no esté terminada y de que no hay transcurrido un año desde su
principio.
El juez previo conocimiento del caso puede asumir medidas precautorias y prohibir la
continuación de la nueva obra o permitirla ordenando las precauciones oportunas; en el primer
caso, para asegurar el resarcimiento del daño producido por la suspensión de la obra, si la
oposición a la continuación resultare infundada por la sentencia definitiva; y en el segundo para
la demolición o reducción de la obra y para el resarcimiento de los daños que puedan sobrevenir
al denunciante, si este obtiene sentencia definitivamente favorable, no obstante el permiso de
continuar la obra.
Es indispensable que el accionante tenga razón para temer que la obra nueva cause perjuicio a
la cosa poseída por él. Ese temor es el interés de la acción, y el perjuicio debe nacer de la
ilegitimidad del hecho que lo ocasione, nunca de los actos ejecutados en legal ejercicio de un
derecho.
El perjuicio no debe estar consumado, sino debe constituir un derecho futuro. Si lo está, podrá
determinar una perturbación o un recobrar la posesión o dar lugar a una acción de daños y
perjuicios, pero no al interdicto de obra nueva judicial.
Supuesto de procedencia
Para que proceda el interdicto que tratamos es necesario que exista una obra nueva emprendida
por otro se en propio suelo, sea en suelo ajeNº
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• Para que sea obra nueva se requiere que se trate del resultado de una actividad humana.
• Es necesaria que la obra sea ejecutada "en el suelo" lo que comprende las obras
ejecutadas en cosas que a su vez estén incorporadas al suelo. Por lo demás es irrelevante que el
suelo en cuestión pertenezca al ejecutor de la obra o un tercero.
• El actor debe tener razón para temer que la obra cause perjuicio a un inmueble, a un
derecho real o a otro objeto.
Ese temor debe ser fundado, puesto que la ley lo concede a quien tenga razón para temer la
determinación de que si el temor es fundado o no, es una cuestión de hecho que en último
término corresponderá apreciar al juez si la misma resultare perjudicial. El temor debe ser
causado por el peligro o los perjuicios que representa la continuación de la obra nueva
El objeto amenazado puede ser un inmueble, un derecho real u es decir una propiedad agraria.
Es necesario que la obra no esté concluida porque la finalidad que puede perseguir el actor al
intentar el interdicto es que se paralice la construcción o que se tomen ciertas precauciones en
caso contrario.
El interdicto a de intentarse antes de que haya transcurrido un año desde el principio de la obra.
El simple hecho de acumular los materiales constituye el principio de la obra, en otros casos se
exige que hay comenzado la construcción, se sostiene que debe empezarse a contar desde el
momento en que se realicen los actos enderezados a la ejecución de la obra que permitan
descubrir con certeza la intención de ejecutarla.
En todo caso el plazo corre independientemente de que el posible actor conozca o ignore el
hecho de que se ha emprendido la obra nueva.
Aunque los trabajos de ejecución de la obra sean suspendidos por un lapso más o menos largo,
el término corre de igual manera desde el inicio de aquella.
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Legitimación activa
Quien tenga la razón para temer que una obra nueva, cause perjuicio a una propiedad agraria,
a un derecho real u a otro objeto poseído por él, puede denunciar la juez de la obra nueva
perjudicial. En el mismo sentido puede alegarse que la norma figura en el título consagrada a la
posesión.
El interdicto puede ser intentado no solo por el poseer propiamente dicho sino también por el
detentador.
Dada la finalidad de la acción, se considera por algunos autores que el interdicto puede ser
intentado por el actor a título de propietario o de titular de un derecho real.
El accionante debe hallarse en posesión de las cosas amenazadas de perjuicio, quien no esté es
posesión de las cosas o derechos reales amenazados no puede promover la acción de obra
nueva. No es suficiente ser propietario de ellas, pues si otro la posee, no en nombre de aquel,
sino por derecho propio, como el arrendatario, aparcero o usufructuario, a éstos, y no al dueño,
compete intentar el interdicto.
Legitimación pasiva
Si se admite que este interdicto es personal sus efectos sólo podrían hacerle valer frene al
ejecutor de la obra nueva o a sus sucesores a titulo universal. Caso contrario, también puede
hacerse valer contra cualquier causahabiente del ejecutor de la obra, aun cuando lo sea a título
particular. Esta última opinión es criterio más acertado porque el objeto de derecho del actor es
la obra misma, si el juez dicta la prohibición de proseguir la obra, dicha prohibición subsiste aun
cuando opere un cambio de dueño.
Efectos
Naturaleza
Se ha considerado el interdicto de obra nueva como una acción posesoria. Contra esta opinión
se ha señalado que en este interdicto no se discute la posesión en el sentido de que ninguna de
las partes pretende sustituirse en la posesión de la otra. Quienes admiten que este interdicto
puede ser intentado por el propio titular de un derecho real en su condición de tales y sin que
sean poseedores, necesariamente habrán de concluir que, al menos en esa hipótesis, el
interdicto es una acción petitoria.
En la división y partición de la propiedad agraria, los jueces agrarios deben tomar debida nota
de las prohibiciones contenidas en la L. Nº 1715, la propiedad agraria, bajo ningún concepto
podrá dividirse en superficies menores a las establecidas para la pequeña propiedad. Las
sucesiones hereditarias se mantendrán bajo el régimen de indivisión forzosa. Deberá tomarse
en cuenta la clasificación y extensión de la propiedad agraria objeto de división y partición
Conocer procesos ejecutivos, cuya obligación tenga como garantía la propiedad agraria o
derechos de aprovechamiento o uso de recursos naturales;
posibilidad de que el Juez Agroambiental pueda ampliar la garantía a los bienes muebles e
inmuebles del deudor, hasta alcanzar el valor de la suma líquida exigible, sin contemplar si tales
bienes se encuentran en área urbana o rural, aspecto que halla sustento en la previsión del
artículo 1335 del Código Civil, aplicable por el régimen de supletoriedad conexo, que
textualmente establece: “Todos los bienes muebles e inmuebles, presentes y futuros del deudor
que se ha obligado personalmente constituyen la garantía común de sus acreedores. Se
exceptúa los bienes inembargables” de donde se tiene que, al ser la pequeña propiedad agraria
inembargable, el embargo ejecutivo debe alcanzar a otros bienes del deudor, así como al
excedente del producto generado en la pequeña propiedad que no afecte la porción destinada
al consumo personal y/o familiar, aspecto que deberá ser analizado y fundamentado por la
autoridad judicial, para cada caso concreto, conforme la sana crítica y el prudente arbitrio, que
permita alcanzar el valor justicia, ello en consideración a que cada región del país, tiene
peculiaridades que deberán ser consideradas en atención a los principios de integralidad,
servicio a la sociedad y verdad material (este criterio fue vertido en la ciudad de Cochabamba,
puesto que en las ciudades de Sucre y La Paz, se estableció que la garantía es embargable, por
tanto, no podría otorgarse en garantía la pequeña propiedad ni el producto que de ésta emerja);
c) en cuanto a los plazos procesales para la tramitación del proceso ejecutivo; en las ciudades
de Sucre y La Paz, se sugirió que por las características de la jurisdicción agroambiental y siendo
que el régimen de supletoriedad, es solo en lo aplicable, sugieren que el plazo de 10 días para
contestar de excepciones sea flexible; por su parte, en la ciudad de Cochabamba se pidió que se
respete el plazo de los 10 días, por el principio y derecho del debido proceso; d) otro aspecto
que mereció análisis (en todos los eventos) resulta ser el hecho de que la obligación tenga como
garantía los derechos de aprovechamiento o uso de recursos naturales.
Por otra parte, se realizó un análisis acerca de las medidas cautelares que pueden ser propuestas
en los procesos ejecutivos, proponiéndose una redacción alternativa en cuanto a los procesos
interdictos de retener la posesión, cuya redacción es la siguiente: “Quien lo intente o se
encuentre en posesión actual del predio desarrollando actividad productiva agraria o forestal, o
se encuentre realizando actividades de producción y aprovechamiento, explotación, o
protección, conservación o investigación de recursos forestales, recursos naturales o de la
biodiversidad, amparado en una licencia, autorización, contrato o concesión de uso de esos
derechos; y que alguien amenace perturbarlo o lo perturbe mediante actos materiales”,
redacción que contempla la posibilidad de ampliar el entendimiento y la aplicabilidad de la
norma a los derechos de uso y aprovechamiento de recursos naturales y temáticas ambientales
o biodiversidad, siendo el elemento que apertura la competencia, la existencia de una licencia,
autorización, contrato o concesión; al respecto, se analizó la posibilidad de tramitar la
impugnación tanto en la vía administrativa como en la vía jurisdiccional, siendo que en ésta
última solo se tramitaría a través de la acción interdictal, por la que se tutela un derecho de uso
y aprovechamiento, en el mismo sentido que un derecho de posesión que en última instancia
implica la tutela sobre la actividad que se realiza en un determinado lugar.
Finalmente con relación al interdicto de obra o actividad nueva perjudicial y de daño temido, se
puso en consideración el siguiente texto: “Quien se considere perjudicado con el inicio de una
obra de infraestructura, excavación o cualquier actividad similar que afecte a un predio agrario
productivo o predio en el que se desarrollen actividades forestales, de conservación, protección
o investigación de recursos naturales y biodiversidad debidamente autorizadas; y la misma no
se sujete a las normas establecidas para las servidumbres, o cuando hubiere temor fundado de
que éstas puedan causar daño, podrá promover estas acciones para impedir su ejecución o
concreción”, redacción que al igual que en los anteriores casos mereció análisis en cuanto a la
competencia, que por unanimidad, no hubo criterio en contra, y respecto al desarrollo de
actividades de índole ambiental, el elemento articulador de la competencia también se
encuentra sustentado en las autorizaciones emitidas por la autoridad competente.
No obstante, desde la vigencia de la Ley 1715 y por mandato expreso del régimen de
supletoriedad en cuanto a la aplicación del entonces Código de procedimiento civil, ahora
Código procesal civil (Ley 439), se vio la dificultad en su tramitación con el proceso oral agrario
En consecuencia, la garantía resulta ser el elemento esencial que habilita la competencia del
juez agroambiental.
éstos casos que el título ejecutivo dentro de un proceso agroambiental debe necesariamente
derivar de la propiedad, posesión y actividad agraria, entendimiento que fue desarrollado en la
52
5. ACCIONES AMBIENTALES.
Antecedentes.
Por esta razón, cualquier persona, a titulo individual o en representación de una colectividad, se
encuentra plenamente facultada para ejercitar las acciones legales en defensa del derecho al
medio ambiente, sin perjuicio de la obligación que tienen las autoridades e instituciones publicas
de actuar de oficio (sin necesidad de requerimiento previo) frente a los atentados contra el
medio ambiente. Todo ello al tenor combinado de lo previsto por los artículos 33 y 34 de la CPE,
considerando sobre todo que el Estado garantiza a todas las personas y colectividades, sin
discriminación alguna, el libre y eficaz ejercicio de los derechos establecidos en la Constitución,
las leyes y los tratados internacionales de derechos humanos (artículo 14, parágrafo III
constitucional). En complemento de lo anterior, todas las bolivianas y bolivianos, tenemos el
deber ineludible de proteger y defender un medio ambiente adecuado para el desarrollo de los
seres vivos (articulo 108, numeral 16 constitucional).
Ahora bien, según el artículo 3 de la Ley, la Madre Tierra se entiende como aquel “sistema
viviente dinámico conformado por la comunidad indivisible de todos los sistemas de vida y los
seres vivos, interrelacionados, interdependientes y complementarios, que comparten un
destino común”.
En el ámbito estrictamente jurídico, debe considerarse que para efectos de la protección y tutela
de sus derechos, la Madre Tierra adopta el carácter de sujeto colectivo de interés público, por
lo que ella y todos sus componentes, incluidas las comunidades humanas, son titulares de todos
los derechos inherentes reconocidos en la misma ley. Así, la aplicación de los derechos de la
Madre Tierra debe tomar en cuenta las especificidades y particularidades de sus diversos
53
En definitiva, todas las bolivianas y bolivianos que formamos parte de la comunidad de seres
que componen la Madre Tierra podemos ejercer los derechos establecidos en la mencionada
ley, de forma compatible con nuestros derechos individuales y colectivos, teniendo presente
que el ejercicio de los derechos individuales está limitado por el ejercicio de los derechos
colectivos en los sistemas de vida de la Madre Tierra. Por ello, cualquier conflicto entre derechos
debe resolverse de manera que no se afecte irreversiblemente la funcionalidad de los sistemas
de vida, de acuerdo a lo dispuesto por el artículo 6 de la citada ley. (VARGAS Lima Alan E., “El
derecho al medio ambiente en la Nueva Constitución Política”, Anuario de Derecho
Constitucional Latinoamericano, Año XVIII, Bogota, 2012: 251-267).
Definición
Acción ambiental, es una facultad o poder legal de acceder, promover e impulsar la protección
jurisdiccional del Estado en materia ambiental, de los derechos de la Madre Tierra; ejercitando
una de las variadas acciones reconocidas por el ordenamiento jurídico ambiental.
Características
El paradigma ambiental que representa la jurisdicción ambiental implica una ruptura con el
derecho tradicional, enfocado en la protección de intereses individuales. El Derecho Ambiental
que corresponde aplicar a la jurisdicción ambiental se centra en la protección de intereses
colectivos, difusos, sus normas son flexibles y la ponderación de intereses juega un papel
importante. El modelo de juez ambiental es de tipo proactivo, no es un sujeto pasivo, con un
fuerte compromiso en la protección social del medio ambiente, coordinador de acciones e
instituciones en función de prevenir y reparar daños ambientales.
El artículo 189.1 de la CPE, establece que el Tribunal Agroambiental es competente para conocer
recursos de casación respecto a acciones ambientales, es decir de aquellas tramitadas por los
jueces agroambientales sobre demandas de actos que atenten contra la fauna, la flora, el agua
y el medio ambiente; y demandas sobre prácticas que pongan en peligro el sistema ecológico y
la conservación de especies o animales.
El articulo 152. 3, de la Ley Nº 025, establece que es comptencia del Juez Agroambiental,
conocer acciones para precautelar y prevenir la contaminación de aguas, del aire, del suelo o
daños causados al medio ambiente, la biodiversidad, la salud pública o al patrimonio cultural
respecto de cualquier actividad productiva, extractiva, o cualquier otra de origen humano, sin
perjuicio de lo establecido en las normas especiales que rigen cada materia.
De la misma forma en el precitado artículo 152, 4, de la Ley 025, se establece que el Juez
Agroambiental tiene comptencia para, conocer acciones dirigidas a establecer responsabilidad
ambiental por la contaminación de aguas, del aire, del suelo o daños causados al medio
ambiente, la biodiversidad, la salud pública o al patrimonio natural, para el resarcimiento y para
la reparación, rehabilitación, o restauración por el daño surgido o causado, sin perjuicio de las
competencias administrativas establecidas en las normas especiales que rigen cada materia.
En este sentido, podemos colegir que las acciones ambientales que el Juez Agroambiental puede
conocer son las siguientes:
Acción reparadora. La acción reparadora se interpondrá́ cuando el medio ambiente haya sufrido
o está sufriendo un daño, con la finalidad de que la autoridad jurisdiccional agroambiental
establezca la responsabilidad ambiental y disponga la cesación, reparación, rehabilitación, o
restauración del medio ambiente.
Como la vía contenciosa administrativa en general, que tiene por finalidad someter a control
jurisdiccional los actos administrativos de autoridades dependientes de Ejecutivo, en estos
procesos, la finalidad es dicho control es verificar la legalidad de los actos que realiza el Estado
a través de sus funcionarios administrativos para precautelar los intereses del administrado,
cuando a juicio suyo o incluso del mismo Estado en algunos casos, las resoluciones de la
autoridad administrativa, afectan derechos de particulares o del propio Estado, al no haberse
procedido conforme a ley, de esta manera en primer término mediante este proceso se
pretende equilibrar y controlar el ejercicio del poder, cuando en la vía administrativa se han
agotado todos los recursos o cuando de manera expresa la ley señala que procede este recurso,
por ejemplo a la emisión de resoluciones finales de saneamiento, de reversión o de
expropiación, ello en materia agraria.
No todo acto administrativo es impugnable por la vía contencioso administrativa, así en la Ley
1715, se señala de forma expresa que resoluciones pueden ser impugnadas por esta vía y el
plazo para interponer la demanda, actualmente también el procedimiento agroambiental,
56
tendría que establecer con claridad estos aspectos tomando en cuenta además las actuales
competencias del tribunal Agroambiental, norma que también debe contener en el ámbito de
la autonomía procesal que se pretende los requisitos para la procedencia de la demanda que
hasta la fecha ha estado utilizando la norma civil supletoria, con ciertas especificidades propias
de la materia como el exigir se identifique a posibles terceros interesados que eventualmente
pueden ser afectados con la decisión asumida o la necesidad de adjuntar la resolución
impugnada y la certificación o documento que acredite la notificación con la resolución objeto
de la impugnación para verificar que la demanda está presentada en plazo previsto por ley.
Al no existir aún una norma que regule el desarrollo del proceso, se ha asumido el procedimiento
establecido para los procesos contencioso administrativos ante el entonces Corte Suprema de
Justicia, es decir el proceso ordinario de puro derecho.
La demanda debe ser interpuesta ante el tribunal agrario superior, antes el Tribunal Agrario
Nacional, hoy el Tribunal Agroambiental, conociendo el proceso una de sus Salas y la misma será
en contra de la autoridad que emitió la resolución que se impugna, por ejemplo, tratándose de
una Resolución Suprema emitida a la conclusión del proceso de saneamiento, el demandado
será el Presidente del Estado Plurinacional, admitida la misma, se corre en traslado a la
autoridad demandada para que responda en el plazo de 15 días. A tiempo de contestar la
demanda, la parte demandada puede oponer excepciones que, conforme a la línea
jurisprudencial del Tribunal Agrario Nacional, únicamente proceden las contempladas en la Ley
Nro. 1715, estas son: incompetencia, incapacidad o impersonería del demandante o demandado
o de sus apoderados, litispendencia, conciliación y cosa juzgada. Es importante señalar al
respecto de que en materia agraria no resulta muy usual la interposición de algunas de estas
excepciones por estar claramente identificada por ejemplo la autoridad judicial a la que
corresponde conocer estos procesos, siendo la más usual la excepción de impersonería.
Contestada la demanda, se corre en traslado al demandante para que haga uso del derecho a la
réplica y con ésta al demandado para la dúplica. Agotado este trámite, se dicta Autos para
Sentencia y luego de procederse al respectivo sorteo de relator, éste debe emitir la resolución
en el plazo de 40 días computables de la fecha de sorteo
A) Formas de Resolución
1. Definición
1.- Dentro los 30 días a partir de su legal notificación con la resolución final de sobre procesos
tramitados por el Servicio Nacional de Reforma Agraria.
2.- Dentro los 45 días a partir de la Resolución Administrativa en materia ambiental, forestal, de
biodiversidad y de aguas
En caso de que la demanda fuera presentada fuera de los plazos anteriores puede ser rechazada
por extemporánea
3. Características.
3. Requisitos
La demanda contencioso administrativa deberá ser presentada cumpliendo los requisitos del
Art. 210 del Código de Procesal Civil, con las siguientes características:
Procedencia
Los procesos contenciosos administrativos proceden contra las resoluciones finales y definitivas,
después de haber agotado todos los recursos en sede administrativa, del Ministerio de
Desarrollo Rural y Tierras, Ministerio Medio Ambiente y Aguas, Autoridad de Control y
Fiscalización de Bosques y Tierras, Servicio Nacional de Áreas Protegidas y del Servicio Nacional
de Reforma Agraria.
Procedimiento
Se tramita en la vía de puro derecho en única instancia, ante el Tribunal Agroambiental Nacional,
cuyo conocimiento corresponde a una de sus salas. Una vez admitida la demanda, se corre en
traslado para que sea contestada en el plazo de 15 días; el demandado podrá oponer las
excepciones de impersonería y conciliación. Las excepciones de litigio pendiente y cosa juzgada
no son oponibles en este proceso, porque la demanda tiene como base una resolución final
administrativa, y lo que se impugna son los contenidos de esa resolución. Independientemente
de otros procesos judiciales, la excepción de incompetencia, tampoco es oponible, porque la Ley
determina con claridad que es el Tribunal Agroambiental Nacional en una de sus Salas la que es
competente para conocer este tipo de demandas.
Formas de Resolución
Efectos
II. Las Instituciones del Servicio Nacional de Reforma Agraria y la Superintendencia Agraria no
serán objeto del cobro de valores y aranceles en los procesos ante la Judicatura Agraria en los
que sea parte, asimismo no serán condenadas a costas procesales.
59
Demandas de nulidad de
títulos ejecutoriales
Agraria. Se trata de una innovación jurídica incorporada entre las atribuciones de la judicatura
agraria en Bolivia... el objetivo radica en el hecho de otorgar la seguridad jurídica en la tenencia
de la propiedad agraria principalmente en los casos de sobreposición de derechos de propiedad
agraria. Los actos administrativos en un Estado de derecho, son susceptibles de revisión por el
órgano jurisdiccional, cuando ellos hubieran incurrido en defectos formales y subsanables o la
carencia absoluta de elementos constitutivos del acto propiamente dicho. Las sentencias
dictadas por el órgano jurisdiccional, causan estado, por lo que, los fallos del Tribunal
Agroambiental Nacional, al no admitir recurso ulterior, otorga la suficiente seguridad jurídica al
titular legitimo de la propiedad agraria. (TAN 2000: 32). La terminología que usaremos será de
nulidad y anulabilidad para referirnos a la nulidad absoluta y nulidad relativa, respectivamente.
La anulabilidad es la condición del acto jurídico que puede ser declarado nulo e ineficaz por
existir en la constitución del mismo un vicio o defecto capaz de producir tal resultado. Este acto
puede ser confirmado o subsanado si la tierra se encontrare cumpliendo la función social o
económica social. Es susceptible de confirmación o subsanación de irregularidades; no incide
sobre la esencia del acto, es retroactiva, debiendo ser subsanada por autoridad competente,
opera previa verificación del cumplimiento de la función económica social o función social.
La nulidad relativa o anulabilidad debe ser demandada sólo por las partes interesadas y no
puede ser pronunciada de oficio; es decir, es la que ha de ser alegada o probada por ciertas
personas para que la invalidación surta efectos. Son susceptibles de confirmación, porque sus
defectos no son substanciales en absoluto, ni de orden público inexcusable. La nulidad no
depende sólo del elemento viciado, sino de la relevancia de la infracción del orden jurídico y la
anulabilidad en este mismo ámbito se debe a vicios leves o errores subsanables.
Las siguientes causales de nulidad son aplicables a los títulos ejecutoriales y expedientes
sustanciados ante el Instituto Nacional de Reforma Agraria:
Es Absoluta cuando los actos administrativos que dieron lugar a la emisión de título ejecutorial,
contengan vicios insubsanables o inexistencia propiamente dicha. Las causales de nulidad
absoluta de acuerdo con el artículo 50, parágrafo cuarto, de la Ley 1715 y 243 de su Reglamento,
son las siguientes:
• Ausencia de causa, por no existir o ser falsos los hechos o el derecho invocado
La Relativa se entiende también como anulabilidad. Procede cuando los actos administrativos,
contengan elementos subsanables, como la falta de formalidades previstas por ley en
cumplimiento de procedimientos administrativos. De conformidad al parágrafo sexto del
artículo 50 de la Ley 1715, los títulos ejecutoriales están viciados de nulidad relativa cuando:
• Los títulos que adolecen de estos vicios, podrán ser subsanados y confirmados si la tierra
se encontrara cumpliendo la función económica social, caso contrario serán anulados.
62
Se regirán conforme lo previsto por la disposición final décima cuarta de la Ley 1715, que
dispone que las causales serán aplicadas a los trámites sustanciados ante el ex Consejo Nacional
de Reforma Agraria y el ex Instituto Nacional de Colonización. Se resolverá teniendo en cuenta
los requisitos contenidos en las disposiciones vigentes a tiempo de su otorgamiento referidos a:
De acuerdo con la jurisprudencia sobre la materia podemos mencionar los siguientes ejemplos:
Cualquier acto, que contravenga lo dispuesto por las normas citadas, que afecten la validez del
acto, por falta de jurisdicción y competencia, está viciado de Nulidad, de acuerdo a lo dispuesto
al artículo 31 de la Constitución Política del Estado.
b) Disposiciones de las leyes que prohíben terminantemente o dejando de hacer lo que ordenan
del mismo modo en perjuicio de la causa pública o de tercero interesado.
El artículo 92 de la Ley de Reforma Agraria establece que el límite para la adjudicación de tierras
por familia se hará a razón de una unidad de dotación equivalente a la extensión de la pequeña
propiedad.
Inobservancia de los requisitos que debe contener la solicitud o petición de acuerdo a lo previsto
en el artículo 1 del Manual de Procedimiento de Adjudicación de Tierras, en los procesos
substanciados a partir de 26 de enero de 1979.
Son nulas las dotaciones y adjudicaciones, en áreas clasificadas cuyas normas de creación,
prohíban el asentamiento con fines agropecuarios. Especialmente dotaciones y adjudicaciones
en parques nacionales, cuya finalidad principal es la protección de la biodiversidad y es
incompatible con actividades consuntivas, por los tanto no es posible desarrollar actividades
agropecuarias.
2. Procedimiento
Demanda y requisitos
La demanda de nulidad y anulabilidad del título ejecutorial y proceso Agroambiental que sirvió
de base para otorgar el título, deberá reunir los requisitos señalados en el artículo 110 del Código
Procesal Civil, la demanda debe estar dirigida contra el titular del derecho cuestionado o sus
subadquirentes, deberá especificar el título ejecutorial y el número de expediente
Agroambiental según sea el caso, si la demanda presente defectos de forma, será aplicable el
artículo 333 del citado Código.
Contestación
Citado con la demanda de nulidad, el demandado deberá contestar dentro el plazo de 15 días,
con la ampliación del término por distancia, cumpliendo con los requisitos previstos por los
artículos 345 y 346 del Código de Procedimiento Civil. En caso de no ser contestada dentro del
término señalado procederá la declaratoria de rebeldía y se sustanciará conforme a lo previsto
por el artículo 68 y siguientes, del citado Código Adjetivo.
Excepciones
En las demandas de nulidad y anulabilidad de títulos ejecutoriales, solo podrán oponerse las
excepciones señaladas por el Art. 81 de la Ley Nº 1715, es decir: Incompetencia, incapacidad o
65
Reconvención
Traslados
3. Formas de resolución
Las Salas del Tribunal Agroambiental Nacional resolverán en el plazo de 40 días computables a
partir de la fecha del sorteo de una de las siguientes formas:
Efectos
En caso de declararse la nulidad absoluta se tendrá como si las tierras nunca hubieran salido del
dominio originario del Estado y se dispondrá la cancelación de las partidas en el registro de
Derechos Reales. Si la propiedad cuyo título anulado se encontrara cumpliendo la Función Social
o Económica social, según sea solar campesino, pequeña propiedad, las TCO y tierras
comunarias tituladas colectivamente o en el segundo caso mediana propiedad o empresa
agrícola, su titular tendrá derecho a adquirirla por dotación tratándose de propiedades
comunarias y por adjudicación simple tratándose de otras formas de propiedad, en proceso
administrativo sustanciado ante el Instituto Nacional de Reforma Agraria.
En el caso de declararse la nulidad relativa, los títulos ejecutoriales pueden ser subsanados,
siempre que las irregularidades u omisiones no lleguen a impedir la existencia de alguno de sus
elementos esenciales y si la tierra cumple la función social o económica social.
66
1. Antecedentes.
A partir del año 2000, cuando entran en funcionamiento los juzgados agrarios, en Bolivia se
sustancian procesos orales agrarios, como una nueva propuesta de administración de justicia
ágil, eficiente y oportuna. La oralidad que privilegia la audiencia como la etapa principal del
proceso, forma parte de las reformas introducidas en la administración de justicia. Sin embargo,
es preciso aclarar que estos procesos en estricto sensu, no son solamente orales, sino también
escritos, ya que la primera etapa del proceso, como es la presentación de la demanda,
contestación y reconvención, así como los recursos y demandas ante el Tribunal Agroambiental
son escritos.
El juez, al finalizar la audiencia, valorando la totalidad del elemento probatorio puede y debe
dictar la parte dispositiva de la sentencia, bajo pena de nulidad, pues sólo, así, se garantiza y
salvaguarda la identidad física del juzgador. Sólo excepcionalmente procede el recurso de
casación, contemplándose expresamente los casos y la forma en que es procedente el recurso
ante el superior.
Todos sabemos que el proceso requiere de tiempo para su desarrollo y, aunque la Ley señale
plazos, no necesariamente se cumplen. Mientras transcurre el proceso, hasta la sentencia,
pueden ponerse en peligro uno o más bienes agroambientales, la producción agraria, o los
recursos naturales, causando consecuencias irreparables e irreversibles para los interesados
directos y para la sociedad en general.
Por eso, el juez agroambiental, bajo su poder cautelar atípico, debe desprenderse de todo temor
y tomar las medidas cautelares necesarias en defensa de la producción agraria y el ambiente. El
legislador ha sido muy claro en la necesidad de otorgar este poder cautelar en la jurisdicción
agraria, como un instrumento procesal idóneo para lograr una tutela efectiva del derecho
Agroambiental sustancial y, de esa forma, evitar un fallo ineficaz.
67
Con el objeto de obtener una Justicia pronta y cumplida, la lógica jurídica del desarrollo del
proceso agroambiental se desarrolla bajo los siguientes parámetros:
a) respeto del principio dispositivo para permitir a las partes determinar el contenido de la
discusión judicial, a través de la formalización de la etapa de la demanda en actos escritos y
documentos, para corresponder al final del proceso con una sentencia también escrita y en
forma de documento, b) establecimiento de la oralidad procesal para permitir al juzgador un
contacto directo con la realidad, c) eliminación de todo tipo de formalismos procesales,
recursos, articulaciones y discusiones innecesarias, para permitir la simplicidad y la celeridad
procesal, d) establecimiento de libre valoración probatoria, sin sujeción estricta a valores
predeterminados en la ley sobre cada una de las pruebas, para permitirle al Juez señalar la
realidad de los hechos investigados y no la de una realidad ajustada a criterios probatorios
predeterminados para el servicio de la ordenación procesal escrita.
El proceso oral agrario en Bolivia, se halla constituido pro tres etapas o fases claramente
definidos y diferenciados al igual que en el proceso ordinario civil que consta también de tres
partes, que son: 1) Fase escrita, 2) Fase Oral y 3) Resolución.
El proceso oral agrario se tramita ante los jueces agroambientales bajo el siguiente
procedimiento.
Fase escrita
La demanda será presentada por el demandante ante el juez agrario competente, del asiento
judicial respectivo, acreditando personería y cumpliendo los requisitos del Art. 110 del Código
Procesal Civil, además, con la demanda acompañará la prueba documental, propondrá la prueba
testifical, pericial y otros medios de prueba.
Una vez admitida la demanda por el Juez Agrario, corre en traslado al demandado intimándole
a contestar en el plazo de 15 días calendario, computables desde el día siguiente de su citación
legal con la demanda. La contestación y en su caso la reconvención deberá cumplir también los
requisitos del Art. 110 del Código de Procedimiento Civil, además deberá acompañar y proponer
prueba que quiera producir en el desarrollo de la audiencia.
En caso de reconvención se corre traslado para que en el plazo de 15 días sea contestada; con
la contestación a la demanda en su caso a la reconvención, el Juez señalará día y hora para la
realización de la audiencia, que tendrá lugar dentro de los 15 días siguientes.
La demanda.- Deberá ser presentada por escrito ante el Juez Agrario competente, acompañando
toda la prueba documental que tenga en su poder y proponiendo otra prueba que se quiera
producir durante el desarrollo de la audiencia; si la prueba no fuera presentada adjuntando a la
demanda, no existe otra oportunidad para hacerlo, salvo la prueba documental de la que no se
tenga conocimiento y se obtenga después de planteada la demanda y puede ser presentada en
audiencia bajo juramento de reciente obtención.
Qué contendrá la demanda.- La demanda será́ escrita, salvo disposición expresa en contrario, y
deberá́ reunir los siguientes requisitos de forma y contenido:
.El bien demandado designándolo con toda exactitud. La relación precisa de los hechos.
El demandante acompañará la prueba documental que obre en su poder y propondrá toda otra
prueba de que intentare valerse. La lista de testigos con designación de sus generales de ley.
69
Además, el demandante propondrá toda otra prueba de que intentare valerse, por ser el
momento procesal oportuno establecido por el procedimiento agrario y porque en el proceso
oral agrario no existe una etapa intermedia para hacer uso de la misma. De no hacer así el juez
a momento de desarrollar la actividad procesal, no procederá a su admisión, por haberse
producido la caducidad por su ofrecimiento extemporáneo o tardío.
Fase Oral
Las partes deberán comparecer a la audiencia en forma personal, salvo motivo fundado que
justificare la comparecencia por representante, la inasistencia de una de las partes no
suspenderá la audiencia.
• Tentativa de conciliación instalada por el juez, respecto de todos o algunos de los puntos
controvertidos debiendo proseguirse el proceso por los puntos no conciliados.
Las providencias o autos interlocutorios simples admiten recurso de reposición sin recurso
ulterior, se resolverán en forma inmediata si fuese interpuesta en audiencia.
En caso de inasistencia de una de las partes por motivos de fuerza mayor, la audiencia previa su
instalación se suspende por una única vez, la próxima se llevará a cabo con la parte que concurra.
2.- Contestación a las excepciones opuestas y recepción de las pruebas propuestas para
acreditarlas.
3.- Resolución de las excepciones y, en su caso, de las nulidades planteadas o las que el juez
hubiere advertido y de todas las cuestiones que correspondan para sanear el proceso.
71
4.- Tentativa de conciliación instada por el juez respecto de todos o algunos de los puntos
controvertidos. Si se llegare a un acuerdo total, este será homologado en el acto poniendo fin al
proceso; empero, si la conciliación fuere parcial, será aprobada en lo pertinente, debiendo
proseguir el proceso sobre los puntos no conciliados.
Fase de resolución.
Tercera fase.
La sentencia pondrá fin al litigio, contendrá decisiones expresas, positivas y precisas; recaerá
sobre las cosas litigadas en la manera en que hubieren sido demandadas sabida que fuere la
verdad por las pruebas del proceso y bajo los principios de integralidad del recurso tierra y
función social o económico-social. El fallo, al constituir la parte fundamental y resolutoria del
proceso y en estricta observancia de los principios de concentración y celeridad, contendrá no
sólo la parte resolutiva, sino la considerativa y dispositiva; es decir, en la audiencia el juez dictará
sentencia completa, bajo sanción de nulidad. Después de dictada la sentencia, el juez no podrá
sustituirla ni modificarla y concluirá su competencia respecto al objeto del litigio, en la sentencia
se hará constar que la misma puede ser impugnada mediante recurso de casación y/o nulidad
ante el Tribunal Agroambiental. Contra las sentencias y los autos interlocutorios definitivos
pronunciados por los jueces agrarios procederá el recurso de casación y nulidad, ante una de las
salas del Tribunal Agroambiental.
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Recursos.- Los recursos, son los actos procesales mediante los cuales la parte que se considera
agraviada por una resolución judicial pide su modificación o anulación, total o parcial, sea
mediante el mismo juez o tribunal que la dictó o a un juez o tribunal jerárquicamente superior.
En el proceso oral agrario, las resoluciones judiciales emitidas pueden ser enmendadas o
revocadas por el mismo juez agrario que las dictó o por un tribunal superior, pueden impugnarse
mediante el recurso de reposición y el recurso de casación y nulidad. Cabe aclara que en el
proceso oral agroambiental no existe el recurso de apelación como medio de impugnación de
las resoluciones judiciales.
Recurso de reposición.- Procede contra las providencias o decretos de mero trámite y los autos
interlocutorios simples, sin recurso ulterior, con la finalidad de que el juez agroambiental que
lo hubiere dictado, advertido de su error, pudiere modificarlos o dejarlos sin efecto, mediante
este recurso se pretende que el juez agroambiental que dictó la resolución impugnada la
modifique o revoque por encontrarse contrario al derecho. Si el juez dio lugar al recurso,
contempla la posibilidad que la parte que ha resultado agraviada con motivo de la decisión de
la aludida revocatoria, pueda interponer por su parte un nuevo recurso de reposición.
4. Recurso de casación.
El recurso de casación, se concederá para invalidar una sentencia o auto interlocutorio definitivo
en los casos expresamente señalados por la ley. Podrá ser de casación en el fondo y de casación
en la forma. Este es un recurso extraordinario y no una instancia adicional del proceso, que es
resuelto por el Tribunal Agroambiental, contra los autos interlocutorios definitivos y sentencias
pronunciadas por los jueces agroambientales dentro de un determinado proceso.
Definición.
El recurso de casación, es un medio de impugnación que busca invalidar las sentencias y autos
interlocutorios definitivos pronunciados por el juez agroambiental, cuando la resolución
recurrida contenga violación, interpretación errónea o aplicación indebida de la ley, cuando
dichas resoluciones contengan disposiciones contradictorias o cuando en la apreciación de las
pruebas, el juez hubiera incurrido en errores de derecho o, de hecho; o por violación de formas
esenciales del proceso.
Características.
- Sus causas están previamente determinadas, las cuales se pueden agrupar básicamente, en
infracciones al procedimiento, es decir, errores de forma e infracción del derecho, o sea errores
de fondo. El recurso de casación protege la observancia de la ley; está destinado a que se
restablezca el imperio de la ley infringida.
73
Control de legalidad. Por cuento para resolver el recurso se aplican argumentos estrictamente
jurídicos y por motivos prestablecidos legalmente y tiene por objeto el enjuiciamiento de la
sentencia o el auto interlocutorio definitivo, Está instituido para preservar la correcta aplicación
de la ley, por parte de los operadores de justicia, llegándose a denominar este criterio, como
control de legalidad de las resoluciones judiciales el Auto Agroambiental Plurinacional S2a No
003/2019 de fecha 13 de febrero de 2019 con referencia a este punto, establece que:
El recurso de casación al equipararse a una demanda nueva de puro derecho, debe interponerse
cumpliendo ineludiblemente, con los requisitos insoslayables contenidos en el art. 274-I numeral
3) del Código Procesal Civil, el cual debe expresar con claridad y precisión, la ley o leyes
infringidas, violadas o aplicadas indebida o erróneamente interpretadas, especificando en qué
consiste la infracción, la violación, falsedad o error, ya se trate de recurso de casación en la forma
o en el fondo o ambas. Estas especificaciones deberán haberse planteado precisamente en el
recurso y no fundarse en memoriales anteriores, ni suplirse posteriormente, norma que es de
orden público y de cumplimiento obligatorio, cuya inobservancia hace inviable el recurso de
acuerdo a la vasta y uniforme jurisprudencia sentada por los tribunales de casación.
Garantía de recurrir el fallo judicial ante tribunales superiores. Ante la observación de que la
inexistencia del recurso de apelación conculcaría el derecho a la impugnación de las resoluciones
judiciales, nos permitimos manifestar que, el articulo 180 parágrafo II de la Constitución Política
74
del Estado, establece que: “Se garantiza el principio de impugnación en los procesos judiciales”,
y conforme a la amplia jurisprudencia constitucional, el derecho de recurrir, garantizado por la
CPE, constituye un elemento del debido proceso, reconocido como derecho fundamental,
garantía jurisdiccional y derecho humano en la norma suprema, contenida en el artículo 115.II
de la CPE, garantizándose la posibilidad de control de las resoluciones judiciales por los
tribunales superiores que conozcan los correspondientes recursos, como se puede advertir el
procedimiento contempla y cumple con el requisito de el derecho a recurrir del fallo ante juez o
tribunal superior, solo que en materia agroambiental, esta previsto el recurso de casación para
impugnar las sentencias o autos interlocutorios definitivos.
Per saltum. Con referencia al per saltum, en el sentido de que en materia agroambiental estaría
contemplado la aplicación de este principio , no es correcto, ya que el mismo se aplica cuando
se ha llegado a una instancia, sin haber pasado por otra instancia inferior, conforme al orden
establecido, en otras palabras, es el conocimiento o avocación per saltum de resoluciones o
sentencias por un tribunal superior soslayando instancias intermedias por cuestiones
excepcionales establecidas en la ley, en el procedimiento agroambiental conforme lo establece
el artículo 87 de la Ley Nº 1715, no esta previsto el recurso de apelación y en consecuencia no
se existe el per saltum.
Sin embargo, es bueno precisar que, en los procesos orales agroambientales no existe el recurso
ordinario de la apelación, debido a que la estructura de la Jurisdicción Agroambiental,
predetermina la inexistencia de tribunales de apelación, debido a que solamente existen
juzgados agroambientales, quienes desarrollan los procesos orales agrarios en única instancia y
el Tribunal Agroambiental. La justificación radica en que, en los procesos orales, por el principio
de inmediación, es el juez de la causa quien tiene contacto directo con las partes y las pruebas,
esta cercanía hace que el juez tenga una aproximación privilegiada a la verdad material, lo que
no ocurriría en segunda instancia, donde el tribunal de apelación no tiene la misma oportunidad
de verificación objetiva del caso.
Procedencia
Los recursos de nulidad y casación proceden contra los autos interlocutorios definitivos que
cortan procedimiento ulterior, pronunciados durante el desarrollo de las actividades procesales
establecidas en el articulo 83 de la Ley 1715, pueden emitirse cuando resuelven las excepciones
opuestas que pongan fin al litigio, así también respecto de aquellos autos definitivos que no
admitieron la demanda y contra las sentencias dictadas por el Juez Agroambiental.
Causales
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En cuanto a las normas procesales, sólo constituirá causal la infracción o la errónea aplicación
de aquellas que fueren esenciales para la garantía del debido proceso y reclamadas
oportunamente ante los jueces agroambientales.
No se considerarán como causales de casación los errores de derecho que no afectaren la parte
resolutiva de la sentencia.
Improcedencia
6. Requisitos
1. Será presentado por escrito ante la Jueza o Juez que dictó la sentencia o auto definitivo cuya
cesación se pretenda.
2. Citará en términos claros y precisos la sentencia o el auto definitivo, del que se recurriere, y
su foliación.
3 Expresará, con claridad y precisión, la ley o leyes infringidas, violadas o aplicadas indebida o
erróneamente interpretadas, especificando en qué consiste la infracción, la violación, falsedad
o error, ya se trate de recurso de casación en el fondo, en la forma o en ambos. Estas
especificaciones deberán hacerse precisamente en el recurso y no fundarse en memoriales
anteriores, ni suplirse posteriormente.
Legitimación. El recurso de casación sólo podrá interponerse por la parte que sufrió un agravio
en la sentencia o auto definitivo.
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Procedimiento
El Recurso debe ser interpuesto ante el mismo Juez que dictó la sentencia en el plazo fatal de 8
días hábiles, conforme a lo dispuesto por el articulo 90 parágrafo II de la Ley 439, Código Procesal
Civil, aplicable por el Régimen de Supletoriedad dispuesto por el articulo 78 de la Ley Nº1715,
computables a partir de la notificación con la sentencia o el auto definitivo, cumpliendo con los
requisitos del Art. 274 del Código de Procesal Civil. El Juez correrá en traslado para que sea
contestado en el mismo plazo. Con la contestación del recurso o vencido el plazo, el Juez
concederá el recurso y ordenará la remisión del expediente ante el Tribunal Agroambiental.
Formas de resolución
Infundado, cuando no se ha encontrado haber sido violada la ley o leyes acusadas en el recurso;
en consecuencia, se evidencia que el juez agroambiental ha actuado correctamente
Anulando el proceso con o sin reposición de obrados, hasta el vicio más antiguo, en el primer
caso; cuando la resolución judicial ha sido dictada por un juez incompetente o impedido o cuya
excusa o recusación estuviere pendiente o hubiere sido declarada legal por el Tribunal
Agroambiental; faltar alguna diligencia o trámite declarados esenciales, falta expresamente
penada con la nulidad por la Ley.
En el segundo caso, cuando, se otorgue más de lo pedido por las partes o sin haberse
pronunciado sobre alguna de las pretensiones deducidas en proceso y reclamadas
oportunamente ante el Juez Agroambiental
Recurso de compulsa
El recurso de compulsa procede por negativa indebida del recurso de casación, a fin de que el
Tribunal Agroambiental declare la legalidad o ilegalidad de la resolución objeto del recurso.