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Metafísica del Tiempo en Whitehead

Este documento presenta un resumen de la vida y obra del filósofo Alfred North Whitehead. Comienza describiendo su formación académica en física y matemáticas y su trabajo como profesor. Más tarde, Whitehead se interesó en la filosofía y se mudó a Estados Unidos, donde enseñó en la Universidad de Harvard. Sus obras más importantes fueron Ciencia y mundo moderno y Proceso y realidad, en las que desarrolló una filosofía metafísica basada en la ciencia. Whitehead creía que la metafísica

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Metafísica del Tiempo en Whitehead

Este documento presenta un resumen de la vida y obra del filósofo Alfred North Whitehead. Comienza describiendo su formación académica en física y matemáticas y su trabajo como profesor. Más tarde, Whitehead se interesó en la filosofía y se mudó a Estados Unidos, donde enseñó en la Universidad de Harvard. Sus obras más importantes fueron Ciencia y mundo moderno y Proceso y realidad, en las que desarrolló una filosofía metafísica basada en la ciencia. Whitehead creía que la metafísica

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SEMINARIO DIOCESANO DE TOLUCA

ESCUELA DE FILOSOFIA

Metafísica
Pbro. MARCO ANTONIO ORTÍZ RODEA

«El tiempo en la doctrina filosófica de


Alfred North Whitehead»

Trabajo de investigación documental que presenta:

ARMANDO TOPETE CRUZ


Alumno del 6to. Semestre de Filosofía

Ciudad de Toluca, martes 8 de marzo del 2022.


1. Alfred North Whitehead1

Nace en Ramsgate, Reino Unido, el 15 de febrero de 1861. Desde pequeño se distinguió


por ser un estudiante brillante, ofreciéndose a sí mismo un futuro, de suyo, muy
esperanzador. Su formación universitaria versó principalmente en el ámbito de la física
y las matemáticas, lo que le valió su principal labor como profesor de matemáticas en la
Universidad de Cambridge durante veintiséis años consecutivos (1884-1910). En 1893,
colaboró con Bertrand Russell, uno de sus más notables alumnos, para la redacción de
principia mathematica, obra en la que establece la lógica como la ciencia formal que
sustenta todo conocimiento matemático a partir de una serie de principios o axiomas
capaces de resolver unas ciertas paradojas que plagaron la lógica y la teoría de conjuntos
a principios del siglo XX. De hecho, según lo sugieren varios especialistas de la época,
es un escrito que señala el comienzo del desarrollo de la lógica moderna debido a su
oscuridad terminológica y conceptual2.

Cuando abdica de su catedra en la universidad inglesa, se muda a la capital con la


posibilidad de encontrar trabajo, sin embargo, poca fue su suerte. Un año después logró
un puesto como lectorer (desde luego, un cargo temporal) en la Univesity College de
Londres hasta 1914 en que aceptó su planta de base como titular de la asignatura en
matemáticas aplicadas. A partir de este suceso, su vida se ocupó en asuntos
administrativos de alto rango en el sistema educativo universitario de aquel país hasta su
partida hacia Estados Unidos en el verano de 1924, en cuyas aras desarrolló un interés
singular por la filosofía, pese a no contar con una formación en tales ámbitos, no obstante,
le bastó poco tiempo para alcanzar prestigio en este campo.

La Universidad de Harvard le abrió sus puertas para dar cabida a una serie de
actividades docentes en filosofía a petición de Henry Osborn Taylor, destacado

1
Biografía rescatada de la Stanford Encyclopedia of Philosophy: en: Enciclopaedia Herder, «Alfred North
Whitehead», en: https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Autor:Whitehead,_Alfred_North, (Consultado
el 27 de febrero del 2022), Ferrater Mora, J., «Whitehead» Diccionario de Filosofía de Bolsillo, Alianza,
Madrid, 2018 y Actis Perinetti, L., «A. N. Whitehead» en: Diccionario de filósofos, Centro de Estudios
Filosóficos de Gallarte, Madrid, 1986.
2
Para explicar el siguiente axioma 1+1=2 fueron necesarias 200 páginas y más de 60 silogismos. Por ello
muchos matemáticos lo han tachado de abstracto y poco claro.
historiador y filósofo versado sobre el pensamiento Antiguo y Medieval. Gracias a la
influencia de este último, el trabajo de Whitehead incursionó en una especie de síntesis
entre ciencia y filosofía que dio paso a una concepción metafísica indivisa y diferente del
pensamiento clásico al que tachaba de incompetente con la concepción del cosmos, ello,
en parte, por su extenuante labor como científico y, en otra, por su gran capacidad
analítica de la realidad que le convencía con mayor razón de su dificultad epistemológica.

Todavía en Norteamérica escribe dos de sus obras filosóficas mas importantes:


Ciencia y mundo moderno (1925) y Proceso y realidad (1929) que desglosan su postura
frente a la filosofía de la ciencia moderna, desafiando la común e invertebrada opinión
de sus coetáneos. Se sabe que en sus últimos años como profesor en Harvard fue evidente
la buena recepción de su trabajo que no faltaron pocos meses para publicar su obra en
países del primer mundo, cosa que, además, le costó varios adeptos críticos a su
pensamiento. Tal fue su alcance, que muchos filósofos han comparado la obra de 1929
con la ilustre Critica a la razón pura de Immanuel Kant. Según una interpretación de
Actis Perinetti, L., se suele sugerir que la primera obra filosófica de este matemático de
profesión es An enquiry concerning the principles of natural knowledge escrita en 1919
cuando aún vivía en Reino Unido y muy posiblemente así lo sea ya que su motivación
por emigrar a Estados Unidos estuvo fuertemente influenciada por su deseo de irrumpir
en el espacio de la filosofía.

Alfred North Whitehead muere en su casa a consecuencia de una neumonía el 30


de diciembre de 1947, diez años después de haber optado por retirarse de las aulas
definitivamente. Hoy sus restos se conservan en el cementerio Union Hill en East
Hampton, Connecticut, y su legado a la filosofía de la ciencia, a las matemáticas y a la
metafísica siguen siendo vigentes en las aproximaciones interpretativas que han hecho
cientos de investigadores a lo largo y ancho del globo.

1. Whitehead y la filosofía.
1.1 Interpretación metafísica.
Como hemos dicho anteriormente, la formación intelectual de este autor no se
acerca ni siquiera a las nociones mas elementales de la filosofía, es más, no hay ningún
dato extrauniversitario que nos lo corrobore. El primer aspecto filosófico de Alfred
Whitehead es su tardía propensión al frente de esta área, pues su actividad científica
dominó su ejercicio académico hasta cerca de los setenta años. Ello tiene repercusiones
en su propia consideración sobre la manera y significado de filosofar, ya que para él la
filosofía debe ser esencialmente una integración de los resultados de la ciencia y una
prolongación de los mismos destinada a dar respuesta a las exigencias que la misma
ciencia hace surgir, pero que no es capaz de satisfacer3.

Debemos reconocer que Whitehead se encontraba en una época despreciadora de


la metafísica por considerársela un desperdicio de tiempo frente a las pruebas empíricas
que desarrollaban los métodos convencionales de la ciencia; sin embargo, para él la labor
de los científicos y los filósofos se cimentan siempre en suposiciones sobre el
funcionamiento del universo; no hay una diferencia radical entre uno y otro, aunque si
una prevalencia de comprensión por parte de los filósofos quienes toman la delantera al
formular los primeros principios de metafísica. Habló de manera objetiva sobre el
desarrollo de la ciencia y la filosofía conjuntamente: sí la ciencia y la filosofía son
incapaces de valerse de la metafísica entonces no hay una generación de conocimientos
de calidad.

Una manifestación de lo anteriormente dicho es la relación que mantuvo con la


física einsteiniana, a la cual dedicó dos interpretaciones a manera de ensayo, tituladas:
Space, time and relativity (1915-1916) y La théorie relationniste de l’espace (1916). Así,
es viable afirmar con toda franqueza que el conocimiento filosófico de este personaje se
vale de los resultados científicos para construir una interpretación cosmológica general
en la que entran en juego un cumulo de cosmovisiones basadas en la física relativista, la

3
Actis Perinetti, L., «A. N. Whitehead» en: Diccionario de filósofos, Centro de Estudios Filosóficos de Gallarte,
Madrid, 1986, p.1403.
mecánica cuántica e implicaciones éticas, esencialistas y metafísicas distintas a las
propuestas por el pensamiento clásico4.

Es menester traer a colación la transformación acaecida en la filosofía del siglo


XIX. Pudiera aceptarse que la revolución científica de los siglos XVII y XVIII contó con
variados elementos de las categorías aristotélicas, claro, con una nueva interpretación
fundamentada en las aportaciones que surgieron de los eventuales descubrimientos,
observaciones y experimentos científicos.

Asimismo, conviene recordar —como lo hizo en su momento A. N. Whitehead—


que toda metafísica encuentra su base en lo físico, es decir, de los fenómenos concretos
desarrollados en un tiempo-espacio limitados. Por ello, el mundo descubierto por Galileo
y Newton aportan información nueva que, al reinterpretarse de la cosmología al orden
social, configuran la manera de concebir la realidad en todos los ámbitos (háblese ya de
política, economía, cultura, religión…). No por nada la estrecha relación de las leyes de
Newton con el liberalismo estriba en la concepción misma de los derechos humanos.

Su mayor convicción respecto a la metafísica la logró en sus últimos años durante


su ejercicio catedrático en Harvard, pues creía profundamente que esta rama del saber
nos debe orientar a todos a vivir mejor. Tanto la metafísica como la física de Whitehead
se complementan y no son sino dos vistas diferentes, desde diferentes panoramas, de una
misma realidad. En un tenor pragmático, la postura filosófica de este hombre va en que
una vida mejor le permite al hombre su pleno desarrollo como ser humano5.

Entre otros aspectos de su filosofía, podemos destacar una de sus mayores críticas
filosóficas a la tesis cartesiana sobre la constitución del universo. Como recordaremos,
según Rene Descartes, la realidad está compuesta de partículas de materia subsistentes
por si mismas pero independientes entre sí. Para Alfred esto era algo muy abstracto para
que sea objeto de la filosofía de la naturaleza y hasta cierto punto inconcebible, pero

4
Cfr. Ídem.
5
Cfr. Enjuto, J., La filosofía de Alfred North Whitehead, en: «Boletín del Seminario de Derecho Político» 2,
Universidad de Salamanca, 1964, p.103.
quizás convenga explicarlo en un siguiente apartado porque, en realidad, va muy
relacionado con su famosa propuesta denominada «filosofía del proceso».

1.1.2 Filosofía del proceso

Todo empieza cuando, en sus elucubraciones sobre la filosofía precedente a su


tiempo, se da cuenta de unos cuantos errores (tal es la situación, como he advertido) con
la tesis cartesiana. A diferencia del filósofo francés, Whitehead cree que no es así, sino
que la realidad se consolida de procesos interrelacionados entre sí, no separados e
individuales como la idea racionalista lo propone. Esto lo afirmó cuando llegó a la
conclusión de que el paso de ciertas etapas hacia un fin supone la aceptación del cambio
y, este hecho, en sus consecuencias inmediatas, no necesariamente conviene a lo
cambiante, que busca afincarse en la permanencia en base personal6.

Fue muy crítico con el paradigma científico mecanicista que propagaba la noción
de que todo eran entidades fundamentales no vivientes cuyas operaciones dependían de
las llamadas leyes fijas de la naturaleza por encima de todo. Él enfatizó la importancia
del flujo y la interrelación y, por lo tanto, rechazó la idea de la materia bruta irreductible
y las leyes fijas de la naturaleza, ya que no tienen en cuenta el cambio. Su filosofía es una
ontología de proceso en oposición a una ontología de sustancia, pues creía que el mundo
estaba compuesto de procesos y relaciones en lugar de entidades fundamentales de lo que
comúnmente llamamos materia.

No podemos dudar de la influencia que ejercieron Paltón y Aristóteles en su


instrucción filosófica. Ambos pensadores griegos son eludidos innumerables veces en
casi toda la obra de nuestro autor, a quienes suele denominar como los «padres de toda la
reflexión occidental». Realmente, las directrices de su filosofía redundan en unas cuantas
críticas a las categorías que emplea Aristóteles; en especial a la de substancia. 7

Las pretensiones de Whitehead podrían equipararse con las de un Kant, por


ejemplo, al tratar de proteger a la filosofía y la ciencia de un irreparable dualismo

6
Ídem.
7
Cfr. Ibidem, p.111.
reduccionista que, lejos de comprender el mundo de una forma holística, lo único que
logra es la incomprensión esencial del mundo real. En consecuencia, las nociones
aristotélicas son enunciadas reiteradas veces, sobre todo cuando reemplaza el concepto
de substancia aristotélico por el de su categoría de lo último (también llamada
«creatividad»)8.

Henri Bergson, filósofo francés contemporáneo a Whitehead, lo describe como el


representante de la naturaleza en proceso y continuo devenir, en virtud de que, dentro de
sus implicaciones metafísicas, la substancia es definida como un proceso de actividad;
es un actuar que posee una forma o carácter9. A partir de esta tesis, la comprensión de la
existencia de los entes se entenderá únicamente por medio de su actividad de devenir: El
ente real es el ente activo, y la naturaleza última de las cosas es la actividad10.

Al entender la sustancia como acción (creatividad) unida a un carácter (forma) se


da una relación de semejanza entre la materia y la forma de la teoría hilemórfica del
estagirita [véase Tabla 1]. Por esas y muchas cosas más, podemos decir que Alfred W. es
un gran representante de la cosmología (no se diga también cosmovisión) evolutiva y de
lo que en adelante ha de denominarse filosofía del proceso.

Aristóteles Whitehead
Materia Acción – creatividad
Forma Carácter – forma
Tabla 1. Aristóteles vs Whitehead

1.2 El tiempo

El descubrimiento de los fenómenos electromagnéticos y las nuevas teorías que


dieron lugar a una nueva interpretación del universo donde vivimos, son aspectos del
siglo pasado que debemos subrayar para entender cuál es el advenimiento de ciertas
cosmovisiones que dieron un giro inesperado a las categorías filosóficas referentes al
espacio-tiempo. Con estas revelaciones de la física, las leyes inmutables y absolutas del

8
Cfr. Idem.
9
Artigas, M., Filosofía de la naturaleza, 5ª. Edición, EUNSA, Pamplona, 2003, p.63.
10
Ídem.
cosmos newtoniano no parecen responder favorablemente al nuevo terreno de fenómenos
y la metafísica de corte aristotélico entra en un estado de crisis irremediable. Ahora bien,
si la filosofía intenta ser una rama del saber enfocada en las ultimas causas, entonces el
corpus filosófico ha de adaptarse a la luz de nuevos paradigmas.

Según Isaac Newton, el tiempo y el espacio son dos entes concretos,


independientes, e inalterables. El espacio absoluto es inmóvil, se mantiene en un orden
casi perfecto, y el tiempo absoluto (como el de un reloj que rige el devenir en todo el
universo) fluye uniformemente, sin depender de fatores externos. En su consideración, el
tiempo no puede partir de elementos subjetivos (como el de la relación que el hombre
mantiene con los objetos sensibles, -aristotelismo-), al contrario, lo que intenta es
simplificar el tratamiento conceptual del tiempo al punto de permitir una relación
matemática mas rigurosa.

Por su parte, Leibniz, acérrimo crítico del físico inglés, afirmó concretamente que
el tiempo era, mejor dicho, algo puramente relativo, ideal, racionalista y local. Él estaba
convencido de la imposibilidad de un ritmo universal de tiempo en virtud de la constante
relación que el hombre muestra ante el mundo caduco y finito. Esto lo resumió en una de
sus máximas: el tiempo es local a cada acontecimiento, adelantándose casi tres siglos al
pensamiento de Albert Einstein. Esto quiere decir que el tiempo no es ajeno a las cosas
materiales, sino que, sin materia, no hay sucesos y sin sucesos menos hay tiempo. Creo
que este filósofo cuenta con muchos mas elementos para discutir sobre el tiempo-espacio,
sin embargo, es suficiente quedarnos con la idea general que sostiene acerca de la
temporalidad, dado que tiene severas repercusiones en la filosofía de Whitehead.

Por último, vale la pena desenmarañar la postrema influencia que ejerció Einstein
en el pensamiento de nuestro autor en pugna con la finalidad de saber por qué el tiempo
whithediano es innovador en cuanto aporta una familiarización distinta del universo. Para
Einstein, el tiempo es un concepto que no puede estar separado de las tres dimensiones
espaciales de la realidad, sino que, al igual que ellas, depende del estado de movimiento
del observador (cf. sistema de referencia relativo)11. En pocas palabras, el tiempo no
transcurre al mismo tiempo en todos lados.

Entre ambos pensadores hay una comprensión de la realidad con alcances


competentes a la materia necesarios de enunciar aquí. Einstein, percibe la realidad a partir
de la masa que le dicta al espacio-tiempo la forma en cómo comportarse, es decir, el
contenido material es quien crea el espacio y el tiempo; lo corpóreo concede una primacía
a la bifurcación entre sujeto y predicado, sustancia y cualidad, sujeto y objeto. En ese
sentido, una interpretación de la materia como algo irreductible que no está propensa al
cambio. Sin embargo, Whitehead, por su parte, prescinde de la idea de masa para afirmar
que la realidad esta compuesta de sucesos a los que él llama entidades actuales y que
sintetizan los aspectos subjetivos y objetivos sin comprometerlos ni rivalizarlos entre sí.

Desde esas bases, el pensamiento de Whitehead se desarrolla en forma de una


cosmología, que –como ya lo he dicho– intenta sustituir la sustancia por un elemento
dinámico, y el monismo sustancialista por un pluralismo que evita las dificultades propias
del dualismo. Le bastaba conocer los descubrimientos científicos hasta 1925 para darse
cuenta de la naturaleza del mundo físico que con el tiempo iría confirmándose en la
evolución de la ciencia hasta nuestros días.

Se dice que en su obra La ciencia y el mundo moderno (1925) habla de la realidad


física constituida por materia corpuscular que fundaba la individualidad, discontinuidad,
distancia e interacciones entre las cosas12. Quiere decir, entonces, que (el tiempo) no se
aleja completamente de las nociones de masa, pero logra ir más allá de la mera
determinación substancial dándole un carácter dinámico que tiene que ver directamente
con una consecución de eventos actuales agrupados en estructuras por medio de
prehensiones físicas y conceptuales13. Tales eventos consecutivos y consolidantes son
atribuciones meramente subjetivas que dan unidad al cosmos entero. En consecuencia, el

11
Conviene revisar la paradoja de los gemelos que pretende explicar el fenómeno del tiempo respecto a los
sistemas de referencia relativos al movimiento.
12
Armengol, G., Whitehead y la imagen de dios desde la ciencia, en: «Pensamiento» 63, 238, España, 2007,
p.803.
13
Cfr. ibidem, p.804.
tiempo viene a ser, para este ilustre, una noción estrechamente relacionada con la
duración y las relaciones temporales [las cuales] poseen una realidad que no se identifica
con los modelos de la física matemática14. Es un concepto de índole metafísico no
substancial advenida en los procesos de cambio inmanente a su naturaleza ya que la mente
sitúa en relación con él todos los sucesos, tanto los pasados como los presentes y los
futuros.

Conclusiones

Pocos cerebros en nuestro planeta han sido capaces de perseverar y distinguirse


por su extraordinaria capacidad de aprehender el cosmos desde las antípodas del
conocimiento humano y su eventual dicotomía: ciencia-filosofía en la edad
contemporánea. Es difícil imaginar que el remoto interés por la filosofía sea capaz de
suscitar reflexiones adecuadas a un nuevo horizonte de realidad, consecuencia de la física
einsteniana; sin embargo, Whitehead nos ha demostrado que es posible abrir la
posibilidad a nuevas interpretaciones metafísicas para resignificar las categorías
heredadas por la cultura occidental y de manera muy especial de Aristóteles.

Debo destacar un ligero problema con esta investigación documental, ya que no


cuento ni logré encontrar obras de este hombre ilustre, por lo que es difícil inferir una
conclusión acerca de lo que él piensa acerca del tiempo. No obstante, es posible advertir
la consecuencia de su postura materialista con respecto a las dimensiones espacio-
temporales desprendidas de la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica para llegar
a cuenta cabos de los eventos que se efectúan en la masa como una consecución de
relaciones temporales y nada más. Esto en gran parte para justificar toda una serie de tesis
secundarias que apoyan a su llamada filosofía del proceso, considerada de evolucionista
y procesualista al margen del mismísimo Henri Bergson.

Finalmente, experiencia formidable ha sido el desentrañar los innumerables


artículos y diccionarios que contienen la esencia filosófica de este gran matemático
inglés. Creo que hace falta mucho por penetrar en sus bastos escritos, descubriendo en

14
Artigas, M., Filosofía de la naturaleza, 5ª. Edición, EUNSA, Pamplona, 2003, p.195.
ellos los enigmas que envuelven el universo todavía insólito para los millones de personas
que habitamos esta pequeña porción de materia. Es menester abordar con seriedad las
repercusiones del procesualismo en la filosofía de la naturaleza del siglo XX y, obvio, las
variadas opiniones acaecidas en torno a la relación de esta doctrina y los reduccionismos
ontológicos que afectan la comprensión del hombre, mundo y Dios, respectivamente.

Bibliografía

ACTIS PERINETTI, L., «A. N. Whitehead» en: Diccionario de filósofos, Centro de Estudios
Filosóficos de Gallarte, Madrid, 1986.
ARTIGAS, M., Filosofía de la naturaleza, 5ª. Edición, EUNSA, Pamplona, 2003.
ENCICLOPAEDIA HERDER, «Alfred North Whitehead», consultado en:
https://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Autor:Whitehead,_Alfred_North,
(27 de febrero del 2022).
ENJUTO, J., La filosofía de Alfred North Whitehead, en: «Boletín del Seminario de
Derecho Político» 2, Universidad de Salamanca, 1964.
FERRATER MORA, J., «Whitehead» Diccionario de Filosofía de Bolsillo, Alianza,
Madrid, 2018.
ARMENGOL, G., Whitehead y la imagen de dios desde la ciencia, en: «Pensamiento» 63,
238, España, 2007, pp. 801-806.

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