Catecismo Del Compañero Masón
Catecismo Del Compañero Masón
La Letra G
Puede uno preguntarse, por qué anomalía la séptima letra del alfabeto latino interviene en un
simbolismo que debiera ser estrictamente universal. Es verosímil que un signo de un valor simbólico
más general, marcara primitivamente el centro de la gran luz de los Iniciados. El ideograma
alquimista de la Sal (círculo con una línea horizontal), después de haber sido abierto a la manera del
número 6, puede haber conducido, a nuestra G, pero, ¿No convendría más relacionar este carácter
alfabético al símbolo de la fecundación vital (círculo con una cruz dentro) de la cual deriva la antigua
cruz llamado Swastika? Esta rueda del movimiento universal, en la cual el Fuego animador ocuparía,
con justo título, el corazón de la Estrella Flamígera. No hay por lo demás referencia de ésta en ningún
ritual anterior a 1737, época en la cual este emblema fue adoptado por las Logias francesas, muy
influenciadas en ese entonces por la filosofía hermética. Los Masones del siglo XVIII profesaron
inmediatamente, además, una especie de culto por la letra G, en recuerdo de la cual, en los términos
de los más antiguos catecismos franceses, declaraban haberse hecho recibir Compañeros. En cuanto
a la significación de esta letra, es necesario buscarla en las palabras: Gloria, Grandeza, y Geometría;
Gloria para Dios, Grandeza para el Maestro de la Logia y Geometría para los hermanos. - “¿No tiene
además otro significado?”, interrogaba en seguida el Venerable, y se le respondía: - “Más grande que
Vos, muy Venerable Maestro”. - “Y, ¿Qué puede ser más grande que yo, que soy Maestro de una Logia
justa y perfecta?”. - “Dios mismo, de quien esta letra indica el nombre de la palabra God que es
inglesa”. No han faltado múltiples explicaciones, desde el misterioso monograma equivalente al
Gamma griego y al Gimmel Fenicio (especie de v invertida) que diseñan una escuadra y tienen el
tercer lugar en el alfabeto primitivo.
Geometría
Por poco que se le complique al Obrero el tallado de las piedras, le es imposible trabajarlas si no es
capaz de resolver ciertos problemas de geometría. Esta ciencia, la quinta según la clasificación
antigua, ha sida en otros tiempos muy honrada entre los Masones, que veían en ella la teoría racional
y en cierta manera la filosofía de su Arte. Su estudio no se limitaba solamente a la medida de las
diferentes clases de superficies y de sólidos, pues, después de haberlos guiado en su práctica
constructiva, la geometría debía todavía ilustrarlos sobre los misterios de la construcción del mundo.
Las figuras geométricas llegaban a ser, en esto, los símbolos reveladores gracias a las especulaciones
basadas sobre los números y sobre las formas. Es, en efecto, una Geometría puramente iniciática,
cuyos teoremas se aplican a las cuestiones más arduas de la metafísica y de la ontología. Pitágoras
las ponderaba y Platón estaba persuadido que solamente los Iniciados en el segundo grado podían
comprender el alcance de sus enseñanzas, razón de la famosa inscripción trazada en la puerta de su
escuela: “Nadie entra aquí si no es geómetra”. Esta misma geometría trascendental, que hace hablar
a los antiguos ideogramas, proporcionaba en Masonería la llave del supremo esoterismo, por lo que
debe ser poseída a fondo por el Compañero que aspira a la Maestría. En cuanto a ciencia de la
Construcción Universal, la Geometría masónica es, además, particularmente importante bajo el
punto de vista moral. Enseña a formar a los hombres en vista de su vocación, después a unirlos
armónicamente para su recíproca felicidad. Es la ciencia social en la más alta acepción de la palabra,
la que merece tener el primer lugar en las preocupaciones de todo verdadero Masón. En la serie de
las Cincuenta estampas florentinas, llamadas “cartas de Baldini”, grabadas, si no por el propio
Mantegna, a lo menos por uno de sus alumnos, la Geometría filosófica está representada bajo el
aspecto de una joven que, arrebatada por sobre las nubes, se absorbe en especulaciones inspiradas
por el Círculo, el Triángulo y el Cuadrado, figuras fundamentales en ideografía alquímica.
P.- ¿Qué relación tiene Generación con el grado de Compañero?
R.- El Compañero es llamado a hacer obras de vida. Debe saber poner en acción energía vital y le
interesa, en consecuencia, profundizar los misterios de la vida, y ésta tiene su fuente en la
Generación, cuyas leyes han inspirado las más notables doctrinas de la antigüedad. (Ver:
Generación).
Generación
Sí, como antiguamente, la Masonería no construyera sino con materiales inertes, los conocimientos
teóricos del Masón podrían limitarse a la Geometría. Pero, el Templo se construye con la ayuda de
piedras vivas y su edificación se prosigue según las leyes de la fisiología. Esta nos enseña cómo se
desarrollan los seres animados que proceden de un germen El Iniciado debe; pues, profundizar los
misterios de la Generación si desea participar útilmente en el trabajo de la Construcción Universal.
Le corresponde, en particular, discernir acerca de los dos factores que se asocian para la generación
de todo ser; están, de una parte, una energía activa, concentrada, que tiende a desenvolverse a fin de
construirse un organismo susceptible de cumplir la función que es su razón de ser. Este espíritu de
iniciativa, de ambición, de conquista y de expansión inmoderada, tiene por símbolo la Columna B∴,
a la cual hace pendiente y en cierta manera contrapesa, la Columna J∴. Esta representa, en efecto, la
contención limitativa, sin la cual la energía más generosa, se malgastaría a pura pérdida, además que
no podría ser conservada, gobernada y aplicada juiciosamente sin que los impetuosos esfuerzos
estén debidamente disciplinados y se coordinen sabiamente. Toda acción persistente descansa así,
sobre las dos columnas simbólicas levantadas a tan justo título delante del Templo del G∴ A∴ D∴ U∴.
Ellas representan el Binario perpetuamente creador, gracias al cual se engendra, se desenvuelve y se
mantiene todo lo que debe nacer, vivir, durar y cumplir su destino. Además, como el Compañero está
llamado a colaborar en la Gran Obra, debe para ayudar útilmente a la edificación del Progreso
Humano, saber intervenir con inteligencia en la génesis de las cosas. El porvenir es preparado por
Obreros perspicaces que, desdeñando el presente y sus satisfacciones efímeras, saben influenciar en
sus gérmenes las futuras formaciones renovadoras. Es necesario remontarse a las fuentes mismas
de la Generación para operar las transmutaciones ambicionadas por el Adepto; de aquí la
importancia de la segunda significación atribuida a la letra G. Nuestras dos columnas tienen además
relación con el antiguo Culto de la Generación, que fue la manifestación religiosa más universal de la
humanidad primitiva, porque el misterio de la vida y de su transmisión intrigó a los hombres desde
que fueron capaces de reflexionar. El poder procreador les parecía entonces como algo divino y en
sus primeras adoraciones recurrían a piedras de forma fálica erigidas en alturas. Los “menhires”,
que, como se sabe, consistían en monumentos formados por una piedra larga colocada
verticalmente, tuvieron un significado análogo, como también los “obeliscos” que sugieren las
columnas fundidas por Hiram, cuya forma, reconstituida según las indicaciones de la Biblia, es
característica. Todo lo que se relaciona con la generación conservó su carácter sagrado en tanto
prevalecieron las religiones de vida, cuyo ideal es terrestre, pero que vinieron a ser suplantadas por
las regiones de muerte, prometedoras de las felicidades de ultratumba. Y la Masonería procede de
los cultos de la vida, de los que ha conservado los símbolos. Ella enseña a los hombres a construirse
en la tierra su felicidad colectiva, sin impedirles que crean en una vida futura, si tal es su sentir. Pero
las preocupaciones del porvenir no deben distraer al Masón de su actual tarea constructiva. Vivir
bien la vida transitoria de aquí abajo, tal es el deber inmediato, y más particularmente del
Compañero cuya religión es la del Trabajo y de la acción.
Gravitación
Para que una construcción sea sólida debe tomarse en cuenta las leyes de la pensantez. El Universo
mismo, debe su coordinación armónica y su estabilidad a la atracción que todos los cuerpos ejercen
los unos sobre los otros. La Gravitación, que rige así el mundo físico, llega a ser en el dominio moral,
la imagen de esta fuerza de cohesión, sin la cual, los materiales vivientes del edificio masónico se
separarían. Si la Iniciación se limitara a cultivar la inteligencia, ella llegaría a ilustrar a individuos
aislados, pero será incapaz de hacerlos trabajar colectivamente. Su obra quedará así, sin alcance
práctico, pues, aisladamente el hombre no realiza nada grande, porque no se hace fuerte sino por la
unión. Pero la unión permanente, indispensable a toda acción fecunda, se basa sobre el poderío de
los sentimientos que animan a los miembros de una misma asociación. Ha habido en todos los
tiempos escuelas filosóficas muy interesantes y agrupaciones intelectuales más o menos brillantes,
pero, los Pensadores no han logrado ejercer una influencia decisiva sino cuando han podido disponer
de una organización como la F∴ M∴. Esta, en efecto, agrupa opiniones parecidas, sino sentimientos
idénticos. Ella exige de sus adeptos que se amen entre sí hasta el sacrificio de su interés personal, y
que estén unidos en un amor profundo por la Humanidad. El Aprendiz no pasa a ser Compañero, Sino
cuando llega a hacerse apto para tomar parte en el trabajo común, asociándose no tan sólo por el
corazón, sino también por el espíritu. El poder de pensar permanece estéril, mientras no se apoya en
el poder de amar. El M∴ debe pues, desarrollar sus facultades afectivas con el fin de obedecer mejor
a la ley soberana que, aproxima las almas y las gobierna a la manera de una misteriosa Gravitación,
cuyos efectos repercuten, inevitablemente, en todas las manifestaciones de la personalidad humana.
La letra G, merece así, ser meditada en su tercera significación tanto como en las dos primeras.
Genio
El Compañero que, bajo el punto de vista psíquico llega a realizar el programa de su grado, no trabaja
más aisladamente. Se sobrepasa en lo que emprende, como si estuviere poseído de una inspiración
que en otro tiempo habrían atribuido a los dioses, a las musas, a los ángeles, a los demonios o a los
espíritus. En realidad, misteriosas influencias le facilitan su concurso, pero ellas se explican muy
naturalmente, por la acción psicológica que ejerce la colectividad sobre todo individuo que ha sabido
entrar con ella en una comunión efectiva. No basta pertenecer a la Masonería simplemente de
cuerpo, perteneciendo a una Logia y cumpliendo las obligaciones materiales contraídas en la
iniciación. No se llega a ser verdadero Masón sino por el alma, al dejarse penetrar por las vibraciones
transformadoras de la individualidad profana. No seremos verdaderos Obreros de la Gran Obra, sino
cuando nuestra entidad intelectual y moral vibre al unísono con la gran alma de la Masonería. Cada
uno de nosotros, en esto, debe aspirar al Genio, que, bajo una forma u otra, no puede dejar de ser la
herencia de todo Compañero auténtico.
Primer Viaje
El Aprendiz acomete desde luego, a la Piedra bruta, con la ayuda de una especie de pico o martillo
con punta, llamado “common gavel” en los rituales ingleses Este instrumento no sirve más que para
un desvastamiento somero, así es que hay que recurrir al Martillo o Mazo y al Cincel para hacer
desaparecer una tras otras todas las asperezas del block que es necesario convertir en una impecable
Piedra Cúbica.
Tallada de manera de tener exactamente su lugar en el edificio construido por la Franc-Masonería,
esta Piedra terminada, es la imagen misma del Compañero, destinado a ser incorporado en el Templo
Viviente, en el cual los iniciados son, a la vez, los constructores y los materiales. Pero para que sea
posible su incorporación, el Obrero Materia debe saber transformarse, haciendo en sí mismo un
constante trabajo de perfeccionamiento. Dos útiles le son indispensables para esto. El primero
representa las resoluciones adoptadas por nuestro espíritu: es el Cincel de acero, que se aplica sobre
la piedra sujeta con la mano izquierda, lado pasivo, correspondiente a la receptividad intelectual, al
discernimiento especulativo (Columna B∴, Norte). El otro figura la voluntad que ejecuta: es el Mazo,
insignia del mando, que es blandido por la mano derecha, lado activo, referente a la energía activa y
a la determinación moral de donde fluye la realización práctica (Columna J∴, Sur). Sin el concurso de
estos dos instrumentos nada se realizará, el intelectual, armado únicamente del Cincel sabe muy bien
lo que hay que hacer y no ignora los medios de hacerlo, pero, sin la energía realizadora, y valor activo,
nada puede hacerse, todo queda en estado de proyecto o de resolución estéril. Al contrario, el Mazo,
solo, no produce sino ruido, imagen de la fuerza moral, que, falta encontrar en qué emplearse
juiciosamente, se consume en manifestaciones infecundas. El obrero hábil trabaja con las manos a la
vez, sacando partido de las aptitudes de cada una. Pide a la izquierda mantener el Cincel inmóvil en
el lugar escogido y en la dirección deseada, mientras que la derecha descarga con vigor golpes de
Mazo bien certeros. Esto quiere decir que la Belleza no se realiza sino uniendo la Sabiduría que
concibe, con la Fuerza que ejecuta. El teórico brillante, pero, escéptico, conviene menos a la obra de
la Masonería, que el hombre sinceramente convencido y apasionado por la acción, pero condenado
a obrar inútilmente, falto de calma reflexiva y de sabio discernimiento. La Iniciación no se contenta
sólo con enseñar a razonar correctamente y a ver con claridad, esto no es más que la primera parte
de su programa, el que se refiere más exactamente al grado de Aprendiz, en cuanto se aplica a colocar
el neófito en estado de Ver la Luz. Pero la teoría es vana si no conduce a la práctica; también la acción
se impone al Iniciado por el hecho mismo de que ve claro y no es un ciego dispensado de trabajar.
Por esto es que el Compañero está más especialmente llamado a prepararse para la acción por la
cultura razonada de su fuerza de voluntad. Debe terminar de instruirse y aprender a querer El Cincel
y el Mazo son dos útiles altamente significativos a este respecto.
Segundo Viaje
La capacidad de trabajar no se adquiere sino con la condición de ejercitarla desde luego con nosotros
mismos. Nuestra inteligencia y nuestra Voluntad, deben aplicarse a nuestro propio
perfeccionamiento, antes que nos sea permitido ambicionar una acción más extensa. El Compañero
está lejos, sin embargo, de estar condenado a usar solamente el Cincel y el Mazo. Estos instrumentos
son, sin duda, para él de una capital importancia, pues, con ellos trabaja los materiales para pulirlos.
Pero son indispensables otros útiles para la comprobación y control del trabajo efectuado gracias a
los dos primeros. Entre ellos la Regla y el Compás son los más necesarios, pues bastan ellos solos
para construir todas las figuras geométricas sin excepción. Pero, desde el punto de vista simbólico,
conviene considerarlos como los generadores de la línea recta y del círculo. La una susceptible de
ser prolongada en los dos sentidos hasta el infinito, el otro circunscribiendo un espacio limitado.
Tercer Viaje
Para indicar su papel intelectual y en cierta manera pasivo, la Regla y el Compás son tomados con la
mano izquierda; no pasa lo mismo con la Palanca, instrumento activo por excelencia, que no puede
usarse sino con la mano derecha, bien que es necesario tomarla con las dos manos y cargar todo el
peso del cuerpo cuando masas pesadas deben ser removidas. Nada resiste, desde luego, al poder que
la Palanca simboliza en la Iniciación, por lo que Arquímedes parece haber hablado como iniciado
cuando pretendía poder levantar el Mundo, gracias al instrumento del cual acababa de descubrir la
ley de su aplicación. Pero, ¿Cuál es el poder misterioso y en cierta manera ilimitado con el cual el
Compañero, está llamado a ser investido? ¿Qué sortilegios empleará para poner en movimiento hasta
las rocas más inertes? ¿Cómo ejercitará una acción soberana, tan estupenda como profunda y
fatalmente irresistible? Estas preguntas se refieren al secreto más formidable de la Masonería. Sin
traicionarlo nos es permitido afirmar que una voluntad inquebrantable, inteligente y desinteresada
triunfa de todas las cosas. Es cierto, en efecto, que una voluntad voluble, es impotente, pues no será
capaz de generar ninguna energía. Firme, pero apasionándose por lo absurdo, la fuerza considerable
que ella despliega se encuentra desviada, puesta en trabajo a pura pérdida. Si el egoísmo la inspira,
produce infaliblemente una catástrofe. Una voluntad constante, calmada, pero vigorosa y sobre todo
ilustrada se impondrá, por el contrario, invenciblemente, si toma como su punto de apoyo la
abnegación absoluta por una causa elevada, noble y generosa. Un instrumento de la importancia de
la Palanca, no podrá ser confiado sino a los Compañeros conscientes. Por esto no la obtienen sino
después de haber hecho sus pruebas con el Compás y la Regla. Cuanto más formidable es su poder,
tanto más hay que velar para que no se abuse de él, la del Iniciado, se volvería contra él, si al aplicarla
sus intenciones no fueran de una pureza absoluta, únicamente inspiradas en la Regla inflexible que
debe apoyar contra su corazón, para que se le autorice a usar la Palanca.
P.- ¿Por qué el último viaje del Compañero debe hacerse con las manos desocupadas?
R.- Porque habiendo terminado su transformación en Piedra cúbica, ya no tiene que preocuparse de
su propio perfeccionamiento. Le corresponde en adelante, concentrarse y observar, dejando
penetrar en su cerebro la claridad intelectual que debe iluminar progresivamente su entendimiento.
(Ver: Quinto Viaje).
Quinto Viaje
Habiendo permitido la Regla y la Escuadra comprobar que la Piedra está terminada, que es
impecable en su forma y dimensiones, el Compañero es iniciado en un género de trabajos que se
cumplen sin la ayuda de ningún útil; hasta la Regla es ahora superflua. Efectivamente, libre de todos
los vicios profanos, no teniendo dentro de sí el menor germen, el Iniciado, modelado para las
exigencias de una vida superior, no está sometido, en efecto, a ninguna molestia. Ha llegado a ser
soberanamente libre, y su voluntad que es buena, no puede sino llevarlo a actos conforme con su
tarea de Obrero del Progreso. Después de haber empleado toda su actividad, el Compañero debe,
finalmente, consagrarse a la contemplación, es decir a la elaboración interior de las observaciones
recogidas en el curso de sus viajes. Estas son exploraciones que tienden a obtener abundantes
materiales cuya asimilación no podría efectuarse al momento. Es una digestión intelectual que sólo
permite apropiarse las nociones debidas a esfuerzos de atención, de ahí el carácter meditativo del
último viaje del obrero llamado a construir su propio edificio mental. Todo viaje se efectúa en Logia
a imitación del trayecto diario del Sol. Partiendo del Occidente el viajero se hunde en la noche del
Septentrión para alcanzar el Oriente y regresar por el Mediodía. El Occidente es el dominio de la
sensación, de la observación directa de los fenómenos cuyo conjunto se alza ante el espíritu como la
fachada de las apariencias tras la cual se oculta la enigmática realidad. Para concebir esto
arriesgamos hipótesis, aventurándonos en brumas teóricas y especulativas (Norte, Luna,
Imaginación). El Oriente proyecta en seguida una claridad crítica que desilusiona, que incita a
regresar por el sendero ardiente que ilumina implacablemente el Sol de Mediodía (razonamiento
riguroso, espíritu científico). El circuito se continúa sin detenerse, porque para conquistar la luz se
necesita pasar sucesivamente de los hechos (Occidente) a su interpretación hipotética (Norte),
después de procurar una sintetización infructuosa (Oriente), que obliga a un minucioso examen
racional (Mediodía). El saber iniciático se liba, pues, como la miel que tenía su papel en los misterios
de Mithra. Pero para poseer tanto la teoría como la práctica el obrero se instruye en su Arte. En el
curso de sus viajes, se enriquece con todos los perfeccionamientos aportados al trabajo; los obreros
más hábiles lo hacen aprovechar de su experiencia. Sólo le resta coordinar en su espíritu las nociones
recogidas de esta manera para encaminarse naturalmente a la Maestría. Sabiendo razonar lo que
hace, discerniendo el porqué de las cosas a la luz de una estética refinada, es en adelante el Artista
perfecto, autorizado para seguir su propio genio, emancipándose de las muy estrechas reglas del
simple oficio.
P.- ¿La actitud que los compañeros adoptan para ponerse al orden, no hace alusión también a
secretos especiales del grado?
R.- La mano izquierda levantada, semeja un llamado a las fuerzas exteriores, energías captables, que
la mano derecho crispada, se esfuerza por su parte en contener en el corazón, donde ellas se
acumulan.
El Iniciado, listo a arrancarse el corazón, proclama, además que tiene que dominar sus sentimientos
y que no cederá jamás a un arranque irreflexivo.
P.- ¿Esta palabra no tiene para nosotros otro significado más iniciático?
R.- Traducida, puede relacionarse con los misterios de Ceres, cuyo simbolismo era agrícola, si bien el
Iniciado debía en Eleusis, sufrir alegóricamente la suerte del grano de trigo, que, sepultado en la
tierra en invierno renace en la primavera bajo la forma de una nueva planta.
P.- ¿En qué se diferencia la manera de deletrear la palabra sagrada del segundo grado de la
del primero?
R.- Como el principiante es incapaz de descubrir por sí mismo los primeros elementos de la ciencia
iniciática, es menester encaminarlo, y es por esto que al Aprendiz se le da la primera letra de la
palabra sagrada con el fin de que pueda encontrar la segunda por su propio esfuerzo. Tan pronto
pueda darla, recibirá la tercera y así sucesivamente.
El Compañero no es ya un ignorante; ha debido dar pruebas de iniciativa intelectual; así, se le puede
pedir que de antes de recibir.
P.- ¿Qué relación tienen las Columnas B∴ y J∴ con los salarios de los Aprendices y de los
Compañeros?
R.- Colocadas a cada lado de la puerta principal del Templo, estas columnas corresponden a los
obeliscos de los santuarios egipcios. Como éstos, estaban cubiertas de jeroglíficos o de ideogramas,
cuyo sentido debía descubrir el Iniciado. Es, pues, su instrucción iniciática y no un salario material
lo que los Aprendices y Compañeros reciben en las dos columnas.
P.- ¿Qué dimensiones asignó la Biblia a las dos columnas simbólicas, obras del fundidor Hiram
de Tiro?
R.- El primer libro de los Reyes (capítulo VII, vers. 13 y siguientes) les da 18 codos de altura, sin
contar el capitel que mide 5 codos. Hay también en otras una reja de 12 codos envolviendo cada
columna. El capitel termina en un casquete hemisférico rodeado de una doble fila de granadas. Estas
proporciones dan a las columnas del templo de Salomón un aspecto fálico y las asemejan a
numerosos monumentos fenicios consagrados al poder generador masculino.
P.- ¿Qué espesor tenía el bronce de esas columnas según la tradición masónica?
R.- Cuatro pulgadas, ya que se les suponía huecas para contener el tesoro de los Aprendices y
Compañeros.
P.- ¿Por qué la marcha de los Compañeros tiene pasos hacia los lados?
R.- Para indicar que un Compañero no está obligado a seguir siempre la misma dirección. Con el fin
de buscar la verdad por todas partes donde se oculta, le es permitido separarse de la ruta
normalmente trazada. Pero la búsqueda del misterio no debe desorientarlo, toda desviación
momentánea debe ser inmediatamente seguida de una pronta vuelta al camino recto.
P.- ¿Por qué la Estrella Flamígera es el símbolo esencial del grado de Compañero?
R.- Porque el Iniciado del segundo grado, está llamado a convertirse él mismo, en un hogar ardiente,
fuente, a la vez, de calor y de luz. La generosidad de sus sentimientos deben incitarlo a dedicarse sin
reservas, pero con el discernimiento de una inteligencia verdaderamente esclarecida, porque ella
está abierta a todas las comprensiones.
La Estrella Flamígera
Al terminar su quinto viaje con las manos enteramente libres, el Compañero se ha debido esforzar
en ponerse en estado de receptividad en relación a cierta luz ambiente, invisiblemente difundida en
el espacio. Saber atraer hacia sí esa obscura claridad a fin de saturarse de ella progresivamente, tal
es el secreto capital del segundo grado de la Iniciación, que corresponde al verdadero Iluminismo.
Para descubrir esta luz misteriosa es necesario subir suavemente por cinco gradas de colores
diferentes y marcadas cada una por un signo planetario (para llegar a la Cámara del Medio es
necesario subir por siete gradas misteriosos, pero desde la quinta comienza la iluminación
característica del grado de Compañero). La primera es negra y lleva el signo de Saturno. Hace alusión
a la purificación por la Tierra y a la necesidad de profundizar las cosas, sin dejarse detener por sus
apariencias externas.
La siguiente es azul y consagrada a Júpiter. Recuerda la purificación por el Aire y la obligación del
Iniciado de separar lo sutil de lo denso, lo significado del significante y el espíritu vivificante de la
letra muerta. La tercera es verde, color de Venus. Se refiere a la purificación por el Agua, que tiene
por efecto, lavar el espejo mental donde se reflejan las concepciones de lo intuitivo, tan bien que se
llegue a considerarlo puro. La cuarta es roja, en honor de Marte. Corresponde a la purificación por el
Fuego, en otros términos, a la exaltación del ardor interno hasta la invasión ígnea de toda la
personalidad. En cuanto a la quinta grado, ella es transparente y por consiguiente incolora, porque
está en relación con Mercurio. Ella no es accesible sino después de la purificación integral por los
cuatro Elementos conducidos a la unidad de su quinta esencia común. Llegado a esta altura el
iniciado no corre peligro de ser deslumbrado por la claridad cegadora del Sol, ni tampoco encantado
por los dulces rayos de la Luna, puesto que sólo tiene delante de sí una profundidad del negro más
absoluto. Sin embargo, mientras que se esfuerza en sondear las tinieblas, un punto luminoso, apenas
perceptible, aparece súbitamente. Resplandor desde luego, ínfimo, es pronto una estrella que crece
rápidamente para resplandecer, en fin, con una claridad tal, que la oscuridad se disipa. En este
momento el Astro misterioso, toma el aspecto de un Pentagrama Flamígero, en cuyo centro se
distingue un ideograma que se ha introducido por la letra G.
P.- ¿Qué lugar ocupa la Estrella Flamígera en relación con el Sol y la Luna?
R.- Está colocada entre estos dos astros para formar con ellos un triángulo.