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Cuentos cortos sobre Brook y su familia

Este documento presenta un resumen biográfico de Danilo De la Cruz Ramírez. Indica que es docente universitario, investigador y autor de varios libros sobre educación. También destaca su experiencia como formador de docentes y su participación en diversos programas y proyectos educativos a nivel nacional e internacional.

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Cuentos cortos sobre Brook y su familia

Este documento presenta un resumen biográfico de Danilo De la Cruz Ramírez. Indica que es docente universitario, investigador y autor de varios libros sobre educación. También destaca su experiencia como formador de docentes y su participación en diversos programas y proyectos educativos a nivel nacional e internacional.

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BROOK

ES
FAMILIA
Danilo De la Cruz Ramírez
Primera edición digital: Setiembre 2022
Hecho el depósito legal en la Biblioteca Nacional del Perú
N° -2022-10027
ISBN: 978-612-00-7912-6

Autor-Editor: Danilo Félix De la Cruz Ramírez


Calle 2 N° 101 A Urb. Carabayllo - Comas, Lima - Perú
Diseño y diagramación: Diana Bravo Pavone

Libro electrónico disponible en


www.apelec.org.pe
D���L���ÉL�� Actualmente es vicepresidente de la Asociación Peruana de Lectura y Escritura
(APELEC), organización de voluntariado que persigue la mejora del aprendizaje y la

D���A����Z��A�íR�� enseñanza de la lectura a nivel nacional; también es socio de Foro Educativo y


miembro de la Red de docentes Latinoamericana y del Caribe REDDOLAC.

Docente de la Facultad de Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia Coautor de los libros “Elaboración participativa del Proyecto Educativo Institucional”
(UPCH).Lima-Perú. Miembro de la Unidad de Investigación en el Mejoramiento de la y “20 años de recorrido en la educación básica” (2019) y autor de los libros “Cuento
Calidad de la Educación Básica, corresponsable del diseño, ejecución y evaluación de para Todos” (2020) y “Sigo contando para Todos” (2021).
procesos de los programas de formación continua de maestros y directivos en
servicio que desarrolla la universidad en las diversas regiones del país.

Posee vasta experiencia como coordinador académico y docente en los cursos de


diplomado en “Formación de formadores” y “Gestión y liderazgo escolar”, en los
cursos de actualización docente para profesores del nivel de Educación Básica, y como
responsable del componente de Formación en el programa “Amazonía Lee”, en el
marco del convenio UPCH-USAID.

Sus roles y responsabilidades están respaldados en los estudios de maestría en


“Gestión de la educación, docencia universitaria e investigación” y en “Lectura y
escritura”. Además de su formación como participante de la pasantía sobre la reforma
educativa en Chile (2001), becado por el PREAL, el “ Curso de formación de tutores
virtuales”, desarrollado en Miami - EE.UU. (2003), con el auspicio de la Organización
de Estados Americanos, el “Programa de formación de formadores para zonas
andinas”, desarrollado en Israel (2009), bajo el auspicio del Estado de Israel y el
diplomado en “Diseño y desarrollo curricular”, ejecutado en Montevideo por la
Universidad Católica de Uruguay (2010 - 2011) y auspiciado por la UNESCO.

3 4
C���e����
1. ¡Brook quiere tener más libertad!

2. ¡Brook en la veterinaria!

3. ¿Qué tienen esos libros que dejan


en silencio a mi familia?

4. Bañarse en la veterianaria

5. La pandemia y mi familia en casa


Para todas las personas y
familias que hacen felices
a sus mascotas.
¡B���k
q���r�
más
1. libertad!
Soy un pug, pero me llaman Brook, a veces me dicen Bruchil, también Bruchito, y en varios cuesta un poco trepar las sillas del comedor y varias veces
momentos del día, me llaman hijito; eso es algo que me confunde. A los que viven conmigo ya me he caído pero no he sentido dolor, aunque debo
también debe pasarles lo mismo, pues, cuando los llaman responden a varios nombres, sin decir que aparento que me duele con el fin de recibir las
embargo, no se complican tanto como yo. A veces llegan personas extrañas a mi casa con caricias de mi familia.
diferentes nombres, algunos me gustan y otros no. Yo prefiero que me llamen Brook Muy temprano por las mañanas y también al oscurecer de
Me siento feliz en el lugar donde vivo. No duermo en el suelo como otros amigos míos, cada día, salgo con Danilo a dar un paseo, a orinar y hacer
unas noches duermo con Eduardo, otras veces con Ángela o con Sofía y Danilo. Ellos popó. No sé cómo decirle que me lleve sin correa; creo
son mi familia a pesar de que tienen solamente dos patas, pero las cuatro patas que yo que él aún no confía en mí; tiene razón porque, a veces, he
tengo me permiten desplazarme con seguridad: subo al sofá de un solo salto, claro que me corrido y él ha venido detrás mío muy agotado y enojado.

11 12
En algunas oportunidades, he querido pelear con otros animalitos parecidos a mí y alguna visita y no me cae bien ladro enojado, si algún desconocido llega y es de mi agrado
también me he acercado a enamorar a unas cachorritas muy lindas que veía al caminar. muevo mi cola en señal de alegría, incluso, cuando alguna comida no me gusta suelo emitir
Quizás allí nace su desconfianza y por eso me lleva sujetado con la correa. un ronquido. Todo eso me hago entender. Sin embargo, me pregunto: ¿cómo le hago
Voy a tratar de comportarme mejor para que Danilo me tenga confianza y yo pueda saber a Danilo que me saque a pasear sin estar atado a la correa? Me gustaría caminar
caminar sin esa correa en los paseos que damos muy temprano y también por las noches, junto a él sin ningún lazo. Sé que él lo hace por mi seguridad pero creo que no va a ceder,
aunque no sé cómo decirle lo que quiero; debo encontrar la manera de que él sepa que lo conozco muy bien. ¿Qué hago? ¿Cómo le demuestro que quiero caminar sin la correa?
no es necesario que me lleve con cinturón, me hace sentir muy pequeño y considero que ¿Qué tiene que ocurrir? ¿A quién le pregunto?
debo caminar con más libertad como otros lo hacen. En las siguientes salidas voy a observar a otros amigos de cuatro patas como pasean con
¡Mmm!, todos en casa entienden muchas cosas que quiero decir: cuando tengo sed rasco libertad. Allí aprovecharé para comunicarle de alguna forma que me deje caminar sin
la puerta del baño, si tengo hambre subo a la silla y pongo mi rostro apenado, si viene atamientos junto a él y, claro, prometeré obedecer para que no se enoje.

13 14
2.
¡B���k
e���a
veterinaria!
De pronto, empecé a sentirme mal: tuve un mareo y todo me daba vueltas;
entonces, decidí echarme en el piso y estirar mis cuatro extremidades que
las tenía frías y adoloridas. De repente, un ruido extraño hizo que me
pusiera de patas al piso y comencé a evacuar por mi hocico lo que había
comido y también, una intensa diarrea. Ángela corrió hacia mí, se puso a
llorar, no sabía cómo calmarla y me asusté; ella nunca había estado así.
En algún momento, escuché decir a Eduardo que se sentía mal del
estómago; no le pasaba el malestar y tuvieron que llevarlo al médico.
Después regresó a casa con una caja pequeña de pastillas, una botella con
agua rosada que debía beberla cada cierto tiempo. A todo esto, yo estuve
atento alguna vez y en este momento lo Sofía, aquella que me engríe y que a veces me dice
relacioné con lo que me estaba ocurriendo, “majadero” (que no sé si será un nombre más de los que
pero más me hacía sentir mal el tener ante mí ya tengo) tranquilizaba a Ángela diciéndole: -no te
a Ángela llorando a mi lado y dándome preocupes. En este momento llevo a Brook a la
palmaditas en mi estómago. veterinaria. No me van a creer, pero esa palabra
“veterinaria” me hizo recordar al lugar donde alguna vez
me llevaron y que una persona de blanco revisó todo mi
cuerpo y me abrió la boca para meterme unas pastillas,
que luego entre dos me pincharon una pata, lo cual me
dolió hasta el alma; pero debo reconocer que me sentí
mejor unas horas después.
Volví a la realidad y me di cuenta que en el momento
menos pensado estaba en camino a la veterinaria. Sofía
me llevaba en sus brazos calientes, Ángela pasaba sus
manos por mi cabeza tratando de aliviar mi malestar.
¡Oh, qué lindo es sentirse querido! Yo, allí con los
mareos pero con la alegría de sentir que se preocupaban
por mí. No pasaron ni cinco minutos y llegamos.

17 18
Recordé ese lugar y una no muy buena experiencia. Sentí ladridos de otros amigos
de cuatro patas y maullidos de gatos que se acercaban a olerme.
Nos recibió una persona a quien llamaban doctora; nos hicieron pasar a un lugar
con olores raros y me subieron sobre una mesa que estaba muy fría. En ese
momento, como aquella vez, la señora recorría sus manos por todo mi cuerpo
adolorido. Dijo que no tenía fiebre, luego de observar algo parecido a un lapicero.
Sofía le narró detalles de mi malestar con palabras que no entendí y de pronto llegó
una señorita de blanco con unas agujas; recordé ese pinchazo que me dieron
tiempo atrás. Desde allí, no recuerdo más.
Retornamos a casa, me sentí mejor, Ángela ya no lloraba y Sofía repetía:
- Ya no vas a tomar ni comer cosas que no te caen bien al estómago.
La verdad es que no entendía mucho. Pasaban los días, pues habían dejado de
darme cosas sabrosas, estaba restringido y obligado a beber unas aguas raras,
también a ingerir a la fuerza unas pastillas y a comer de un lata una crema que sabía
muy bien pero insuficiente para calmar mi hambre. Seguro que todas esas cosas lo
ordenó la doctora de la veterinaria.

19 20
3.
¿Q�é ���n��
e��� libros
q���d����
e���i����i�
a��� familia?
En la casa donde vivo siempre encuentro libros, así le llaman a esos
objetos de forma rectangular con una serie de símbolos extraños que
hacen que los miembros de mi familia muevan los labios de manera
silenciosa. Se concentran tanto que me dejan de lado, no me queda de
otra que sumarme a ello, es decir, leerlos.
Estos objetos llamados libros, en su presentación, son de distinto grosor
y colores y dicen muchas cosas interesantes que nos gustan y divierten;
pienso, también, que al leerlos los hace buenos conmigo porque siempre
me acarician y siento que me quieren de verdad. Seguramente esos libros
deben decir algo de nosotros los perritos: lo que nos gusta hacer,
nuestras travesuras, los tamaños que tenemos, las enfermedades que
pasamos, etc. Pienso que es así porque siempre hablan de cómo nos
deben cuidar, qué debemos comer y a veces los escucho decir que los
perritos nos parecemos a los niños.
Una vez traté de imitarlos leer: me puse frente a un libro de tapa gruesa,
movía mis ojos tal como lo hacen ellos, de vez en cuando respiraba
hondo y a veces hacía gestos como si algo me sorprendiera. Mi mirada a
otro lado comunicaba que había terminado de leer una página, así es que
me ayudaron a pasar las otras; creo que fueron cinco porque el olor a un
rico pastel me desconcentró ese instante de mi lectura y lo dejé.

23 24
Hay momentos en mi casa que todo está en silencio y pueden ser por dos
razones: o es que salieron todos a algún lugar o se pusieron a leer.
Cuando leen lo hacen en distintos lugares y en diferentes posiciones de
cuerpo, claro, diferentes libros. He visto leer echados sobre la cama
boca abajo pronunciando las palabras; también alguien leyendo en el sofá
cerca a la ventana, moviendo los labios rápidamente; no falta el que lee en
el baño, seguramente alguna parte de un libro, así como el que lee en voz
alta a quien escucho y por eso me entero de lo que contiene ese objeto
de forma rectangular, de nombre libro.
Sí, leer es algo bueno y necesario, escucho decir. Si eso hace bien, me
debo unir a ellos. Ahora, ¿cómo puedo escoger qué leer?, ¿qué hago para
pasar las páginas como lo hacen los miembros de mi familia?, ¿cuál será la
mejor manera de leer?, ¿qué me enseñarán esos libros que hacen mover
los labios? No sé muchas cosas, pero lo que sí sé es que debo leer.

bla bla bla

25 26
4.
B�ña���
e���a
veterinaria
Existe un lugar adonde siempre me llevan; el que me atiende me habla como si fuera un
niño. Ni bien cruzo la puerta me dice: -¡Hola Brook! ¡Vamos a dejarte impecable!
¡Tranquilo como siempre, Brook! Lo que menos me gusta escuchar de este señor es que
le diga a mi acompañante de dos patas: -¡Puede regresar en una hora! Siento algo de
miedo porque se me viene la idea que ya no me van a recoger; aunque sé que eso no
ocurrirá nunca.
Ingreso a la tina de baño; primero me pasa el chorro de agua tibia por todo el cuerpo; eso
sí, el señor que me atiende tiene mucho cuidado conmigo. Creo que lo hace por tanta
recomendación de mi familia. Luego, me echa una crema de color blanco y olor agradable,
que al momento de echármelo me dice: -¡Tranquilo, Brook, esto es champú perfumado!
Seguidamente recibo unos masajes suaves por todo el cuerpo que me hace sentir
relajado. Ese olor a champú queda en mí por muchos días y es por ello que todos los que
se me acercan dicen: -¡Brook, qué rico hueles! y se quedan oliéndome por buen rato.
Nunca falta que otro amigo canino llegue a bañarse; en ese momento, el señor interrumpe
su labor conmigo y allí siento frío. Me cuesta esperar; es entonces cuando lanzo mis
ladridos en forma de queja con lo cual me dejo entender que estoy con frío. Con mucha
cautela mi bañador vuelve su atención conmigo y concluye con esa parte el baño.
Después del baño viene el secado de mi cuerpo; mi bañador conecta un aparato llamado
secadora y empieza a pasármelo por todo el cuerpo. Conforme pasa la secadora siento el
recorrer suave de un cepillo de cerdas de color blanco. Esta es la parte que me gusta más
porque me recuerda las caricias que recibo de los miembros de mi familia; ellos siempre
me acarician y cada uno tiene una particular forma de hacerlo. Todo ello me hace feliz.
Finalmente, me colocan la cinta alrededor de mi cuello; esta vez, es multicolor y me
queda bien. Me agrada que mi bañador al momento de ponérmela me felicite por haberme
portado bien y me diga que se siente feliz. En ese momento llega Danilo o Sofía o Ángela
o Eduardo; sin duda, allí soy más feliz aún porque ya me voy a casa.

29 30
5.
L��Pandemia
y��� ����l��
e���a��
Antes de la pandemia, a las siete de la mañana, yo ya había salido a realizar mis necesidades
fisiológicas, y al retornar a casa comencé a ver la salida de los miembros de mi familia, cada
uno de acuerdo con su rutina y sus propios estilos. Se despedían de mí con frases diferentes:
¡pórtate bien, Brook!, ¡te queremos mucho, Brook!, ¡volvemos en la noche, Brook!, ¡cuida la
casa, Brook!, etc. Entonces, empezaba el silencio y mis movimientos por los ambientes de la
casa; sonido o voz fuerte que escuchaba, mis ladridos eran la respuesta hacia ellos; mis
galletas y el agua los tenía como mis alimentos del día hasta las siete y treinta de la noche,
hora en que comenzaban a llegar uno a uno.
Un día, como todos los demás de la semana, volví a casa y encontré a la familia desayunando
y conversando, y no era fin de semana. Por la televisión escuchábamos las noticias de los
contagios y el fallecimiento de muchas personas, asimismo, la prohibición de no salir a las
calles, salvo para algunas cosas como la compra de alimentos y también que las mascotas
teníamos permiso para salir. Luego, los comentarios que todo se cerraba y solo algunos
podían salir a trabajar. Todo cambió, la rutina de siempre se había movido: todos estábamos
en casa y yo feliz.
En esas semanas, meses y ya casi dos años, sentí el cariño, el amor y el engreimiento de mi
familia. Estaba presente en las conversaciones, los juegos y mis raciones de alimentos eran
mucho mejores porque una cosa es comer solo y, otra, acompañado. Mi familia compartió
muchas historias, de alguna manera cada uno demostró otras habilidades, sin ninguna duda la
vida fue diferente. Eso sí, cada uno con sus particularidades y actividades que pude vivenciar
de cerca y también aprender a valorar y amar mucho más, aunque algunos dicen que las
mascotas no tenemos sentimientos.
Esos tiempos de pandemia fueron para Sofía un compromiso mayor con la educación

33 34
peruana. Recuerdo muchos de sus días de amanecida con tazas
de café o agua y yo a sus pies descansando; al menor
movimiento, despertaba para ver cómo le iba. Ella
concentrada en su computadora, en mensajes y llamadas
por el celular, en reuniones, coordinaciones y también en
discusiones. Una Sofía valiente y resistente para darse con
todo, descuidando a veces su salud. La contemplaban esos
amaneceres fríos y calurosos que me angustiaba porque
dormía pocas horas.
También vivencié a Ángela Junet, mi primera
madre; ella habilitó su habitación-oficina,
pues desde allí desarrolló sus actividades
profesionales. Con actividades intensas
y a veces con desregulada alimentación.
En tiempos de pandemia las
interacciones con las personas con las
que trabajaba se hicieron complejas. Era
a la que menos veíamos por su carga
laboral, pero yo sabía que estaba allí.
Algunos días de la semana la acompañaba y
era testigo de esas batallas laborales.
Danilo, convertido en el chef de la
casa hasta casi un año y medio de
pandemia, sus alimentos
sorprendieron a la familia; se
implementó un horario de
consumo de alimentos y una
comida muy variada. Tenía su
centro de labor en la biblioteca de
la casa, allí participaba de las
reuniones y además desarrollaba sus
actividades profesionales; fui testigo de
varios de sus webinares, hasta que una
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vez me echó por ladrar e interrumpir su charla.
También gocé a Eduardo Daniel, estudiante y
amante de todo tipo de vehículos motorizados,
aparte de sus actividades universitarias un poco
complejas en su desarrollo. Sumaba, además, sus
ejercicios físicos en casa con algunas máquinas
acondicionadas. Es quien resolvía toda la parte
electrónica del hogar y la organización de algunas
actividades recreativas familiares.
Sin duda, la pandemia me hizo conocer a mi
familia y amarla mucho más; conocí los cuidados
y previsiones que hay que tener en esos casos y
tiempos difíciles para la humanidad. Vi cómo
todo esto afectaba a mi familia, pues ellos son
muy sensibles; entonces escuchar las trágicas
noticias, los problemas de salud de amigos y
familiares complicaban de alguna manera la salud
emocional al cual yo me incluyo.
No me imagino cuando todos vuelvan a sus
labores: ¿será igual que antes?, ¿qué lecciones nos
ha dado la pandemia y el tanto sufrimiento de la
humanidad? Espero acostumbrarme a lo nuevo,
al cambio, pero nunca dejar de amar a mi familia.

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