“AÑO DEL FORTALECIMIENTO DE LA SOBERANIA NACIONAL”
DOCENTE: AMANDA MORENO PAREDES
ALUMNO: VICTOR GABRIEL LU LAM NAVARRO
GRADO: 6°
SECCION: “D”
TARAPOTO – PERU
2022
Mi hermano sufrió un terrible accidente y estuvo a
punto de morir. Era un día soleado. Nos
encontrábamos nadando en la alberca del club
deportivo, cuando Riky pidió permiso para ir al
trampolín. Se lo dieron. A mí, tal vez me lo
hubieran negado. Él era el hijo perfecto: alegre,
ágil, simpático y buen estudiante. Yo, en cambio,
tímido, torpe y sin gracia; todo me salía mal. Como
soy el mayor, siempre me decían que debía cuidar
a mi hermanito. Riky salió de la alberca y caminó
hacia la fosa de clavados. Sentí coraje y fui
corriendo tras él. Lo rebasé y subí primero las
escaleras del trampolín. Trató de alcanzarme.
Venía detrás de mí; podía escucharlo jadear y reír. Como siempre, él
pretendía llegar a la plataforma de diez metros para llamar la atención
desde arriba y lanzarse de pie, derechito como un soldado volador.
Luego, mis padres aplaudirían y me dirían: “¿viste lo que hizo tu
hermanito? ¿Por qué no lo intentas?” Jamás había podido arrojarme
desde esa altura, pero esta vez me atrevería. No permitiría que Riky
siguiera haciéndome quedar en ridículo. Llegué hasta el último
peldaño de la escalera y caminé despacio. Un viento frío me hizo
darme cuenta de cuán alto estaba. Respiré hondo. No miraría hacia
abajo. - ¡Hola, papá! ¡Hola mamá! –grité -. Allá voy. Avancé decidido,
pero justo al llegar al borde de la plataforma, me detuve paralizado de
miedo. Riky ya estaba tras de mí. Me dijo: - ¡Sólo da un paso al frente
y déjate caer! ¡Anda, sé valiente! Tuve ganas de propinarle un golpe,
pero no podía moverme. - ¿Qué te pasa? -me animó -. No lo pienses.
Quise impulsarme. Mi cuerpo se bamboleó y Riky soltó una carcajada.
- ¡Estás temblando de miedo! Quítate. Voy a demostrarte cómo se
hace. Llegó junto a mí. - ¡Papá, mamá! Miren. Mis padres saludaron
desde abajo. Cuando se iba a arrojar, lo detuve del brazo. -Si eres tan
bueno –murmuré -, aviéntate de cabeza, o de espaldas. Anda.
¡Demuéstrales! - ¡Suéltame! Comenzamos a forcejear justo en el
borde de la plataforma. - ¡Vamos! –repetí -. Arrójate dando vueltas,
como los verdaderos deportistas. - ¡No! ¡Déjame en paz! Mis padres
vociferaban histéricos desde abajo: - ¡Niños! ¡No peleen! ¡Se pueden a
caer! ¡Se van a lastimar! ¿Qué les pasa? ¡Felipe! ¡Suelta a tu
hermanito! Riky me lanzó una patada. Aunque era más ágil, yo era
más grande. Hice un esfuerzo y lo empujé; entonces perdió el
equilibrio, se asustó y quiso apoyarse en mí, pero en vez de ayudarlo,
lo volví a empujar. Salió por los aires hacia un lado
Me di cuenta demasiado tarde de que iba a caer, no en la alberca, sino
afuera, ¡en el cemento! Llegaría al piso de espaldas y su nuca
golpearía en el borde de concreto. Escuché los gritos de terror de mis
papás. Yo mismo exclamé asustado: - ¡Nooo! Muchas cosas pasaron
por mi mente en esos segundos: El funeral de mi hermano, mis padres
llorando de manera desconsolada, los policías deteniéndome y
llevándome a la cárcel de menores. De haber podido, me hubiese
arrojado al aire para tratar de desviar la trayectoria de Riky y salvarle
la vida.